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El camino del lagarto

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El camino del lagarto

Mensaje por Emiliano Cortés el Jue Nov 03, 2016 1:28 pm

Emiliano llevaba unos días viajando con una caravana de comerciantes. Le habían contratado como escolta, sabiendo que los caminos en tiempos difícil tendían a plenarse de bandidos. Nada como un antropomorfo reptiloide de dos metros, junto con un par de mercenarios bien armados, para ahuyentar a una panda de rufianes cobardes. La verdad es que al lagarto no le desagradaba hacer aquella clase de trabajos, muy rara vez suponían peligro alguno. Evidentemente el hecho de que su aspecto fuese realmente intimidante si que conseguía disuadir a la mayor parte de bandidos de atacar a las caravanas que escoltaba. La paga, por otra parte, era razonablemente buena y, ya que él era poco más que un nómada, no le importaba mucho hacia que lugar se dirigiesen los comerciantes o cómo de lejos se encontrase. No era tonto, sin embargo, y negociaba el precio utilizando estos factores como base.

El viaje planeado esta ocasión incluía varias paradas en pueblos que cogían de camino, lo que en varias ocasiones dejaba a Emiliano fuera de los mismos por el temor de los supersticiosos lugareños. Era un temor bien fundado, sin embargo; no era un antropomorfo del montón. Era un woe y esta variedad tenía una fama horrible entre el resto de razas. Como fuese: al reptiliano no le importaba quedarse fuera de los pueblos y tener un rato de soledad en el que cobijarse. Que no le desagradasen aquella clase de encargos no quería decir que le gustase la presencia de los humanos. Al menos en la soledad de una hoguera, alejado de los demás, podía permitirse el lujo de sentir algo de nostalgia por la antigua vida que tanto había disfrutado junto a los de su tribu.

En el séptimo día de camino pararon en un pueblo que colindaba con un bosque de mala reputación, donde un buen puñado desapariciones habían sido reportadas a lo largo de los años. Los más pragmáticos entendían que simplemente habrían sido devorados por los lobos o cualquier otro de los animales que vagaban por allí. Cabía entre los más miedosos las historias de demonios, brujas y espíritus que raptaban a aquellos que tenían la mala fortuna de toparse con ellos. Emiliano, harto de escuchar ese tipo de fábulas sin fundamento, hizo caso omiso de las advertencias acerca de no adentrarse en él.

Caminó hacia sus adentros durante varios minutos, concentrado en dejar la mente en blanco pero siempre alerta ante posibles peligros. Durante aquellos siete días sus pesadillas habían estado incordiándole especialmente, acrecentando poco a poco su dolor de cabeza hasta rozar las migrañas. Estaba huraño, más de lo normal, y mascaba maldiciones entre dientes por cada paso que daba. Incluso el crujir de las hojas secas hacía que sus párpados se entrecerrasen, intentando ocultar sus ojos de la luz del sol y su punzante aguijón.

- Woke up this morning and got myself sword...- canturreó para que su mente desconectase, dejando a su cuerpo responder exclusivamente al ritmo de la canción.

Sin darse cuenta comenzó a adentrarse más allá de los límites de la precaución en el bosque. Bien era cierto que la mayoría de animales solían rehuirle, pero aun así era un territorio desconocido y no era para nada prudente alejarse de masiado de la linde del lugar. Sus andares terminaron por topar con un claro desde el cual se escuchaba crepitar una hoguera, emanando de este un curioso aroma de carne cocinándose. Asomó el hocico, contemplando a un hombre de peculiares rasgos, vestido de blanco, que azuzaba las llamas con un palo. Estuvo cocinando con mimo lo que se encontraba en el interior del cazo, ignorando aparentemente la presencia del gran lagarto.

- ¿Quieres un poco de mi estofado? - exclamó finalmente el extraño, dirigiendo su mirada al reptiliano - es probable que no sea de tu gusto, pero a muy seguro soy un cocinero cuyos manjares no son dignos de desprecio - sonrió a Emiliano, sin mostrar una pizca de temor.

- Hmmm... - el lagarto caviló. Era bastante raro encontrarse con un humano que no mostrase signos de miedo ante la presencia del enorme antropomorfo, lo cual le hizo desconfiar profundamente de él. A su adolorida cabeza acudieron inmediatamente las historias que los mercaderes habían estado contando acerca del bosque, sobre las desapariciones que durante los años se habían ido dando en él. Miró entonces el estofado con mayor atención, dejando a su imaginación volar acerca de la procedencia de dicha carne.

- Te ves como un ser apañado... oh, pero mis modaaales - rió - soy un humilde amante de la comida, puedes llamarme Ronald - volvió a centrar su atención en el estofado, con gesto despreocupado. El reptiliano se rascó la barbilla con la garra del índice, observando con detenimiento y escuchando sin articular palabra - hay unos suculentos jabalíes en este bosque, los cuales me gustaría cocinar. Sin embargo carezco de las habilidades para darles caza, cosa que para ti, en apariencia, parece que no sería un problema... ¿Los cazarías para mi? Obviamente hay recompensa - sonrió afablemente, dejando discernir unos dientes ligeramente afilados tras sus labios gruesos.

Emiliano se acercó, observando con más detenimiento el contenido del cazo. Puso más énfasis en olisquear la carne, intentando identificarla. La cosa es que le resultaba familiar, pero al estar cocinada con especias no terminaba de dar con la respuesta - ¿Qué es? - le preguntó al hombre de blanco.

- Un conejo gordito... - contestó, dejando apreciar un tono de titubeo - se veía realmente suculento y se lo compré a uno de esos cazadores del pueblo - añadió, revelando que no era especialmente familiar con el pueblo cercano por su forma de escoger las palabras.

Emiliano supo inmediatamente que aquello no era conejo. Se había alimentado de diferentes tipos de carne y, a pesar de que no le prestaba especial atención a esos detalles, era lo suficientemente inteligente como para quedarse con ellos y así poder identificarlas. La palabra ''Humano'' apareció de repente en la cabeza. Ya había comido humano anteriormente; los Hijos de la ciénaga no desperdiciaban nada y, cuando estos irrumpían en su territorio, les daban caza y los devoraban en banquete.

- Hmmm...- no tardó prácticamente ni un segundo en llevar las manos a la empuñadura de su mandoble y decapitar al hombre de blanco. Apenas le había dado tiempo a mostrar su verdadero rostro, se había quedado a medio transformar. Unas fauces lupinas se habían comenzado a formar en su mandíbula, junto con el hocico y los ojos amarillentos. Un cambiaformas con aires de exquisitez que se había dedicado a alimentarse de los humanos del pueblo. Al extender las comilonas a lo largo del tiempo había evitado llamar la atención y que las desapariciones se quedasen en cuentos de viejas. Obviamente el reptiliano había apostado porque aquel sujeto suponía una amenaza, evitándose riesgos. Si realmente hubiese resultado ser simplemente un humano tampoco hubiese habido drama por parte de Emiliano. Se había alejado bastante y el cuerpo era sencillo de ocultar.

- Nunca he probado la carne de cambiaformas - pensó Emiliano, hundiendo las garras en el cuerpo de su inesperada presa y comenzando a cortar un trozo para devorarlo.
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Re: El camino del lagarto

Mensaje por Señorita X el Dom Nov 06, 2016 3:23 pm

He leido el hijra y tal y como lo ha puesto Orange, está correcto, aunque tenga un desenlace totalmente inesperado a lo que se le propuso.

Le doy color. Un saludo
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