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A enrolarse, damisela!

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A enrolarse, damisela!

Mensaje por Gerarld Amattore el Vie Nov 04, 2016 3:00 pm

Hace un par de meses que ya estaba buscando activamente una buena tripulación para mi barco, algunos esporádicos estaban bien, a cambio de algunas monedas, pero necesitaba una tripulación, eso estaba más claro que el ron,… que el agua, mi ron es de todo menos claro.

Como era usual, se ponían avisos ocultos en varios puertos de dudosa legalidad, avisando que se buscaba tripulación. Ya había estado hace poco en un puerto, con algún resultado útil, y ahora tocaba el siguiente, el aviso lo había colocado hace un mes, una forma audaz de pedir tripulación era hacerse pasar por mercader, haciendo hincapié en que transportaban mercancía peligrosa. Otra forma era sutilmente decir que se busca marinero para dedicación completa al mar. Otros simplemente decían que buscaban bucaneros.
En mi caso, me basto poner por escrito el día de mi llegada en una taberna, y firmarla con una A, después de todo, ya se encargaban las mujeres de la zona de esparcir la información a quien pudiera interesar.

Se hizo el día, era un lunes, los domingos eran días peligrosos, por distintos motivos tanto legales, como de seguridad. Así que pensé que sería buen día que fuera el día siguiente. Había cuadrado para después del mediodía, pero ya estaba ahí desde la mañana, tenía todo un rincón de la taberna para mí y un compañero que me acompañaba y asesoraba, era un buen amigo, y también capitán de otro navío pirata, su nombre era Jenkins, y no tenía mucho que hacer estos días así que me obligo prácticamente a que dejara que viniera conmigo.
Pasaron las horas, charlábamos, bebíamos un poco, y hasta nos pusimos a comer de un no tan apetitoso almuerzo preparado por el tabernero. Está claro que el sitio era para beber… Analizábamos la situación, los pueblerinos, los marinos de la zona, vimos como el tabernero, que tenía una pinta de delgaducho y debilucho, se partía el lomo trabajando solo, no había demasiada clientela, pero superábamos la decena al medio día y todos pedían algo al momento. Pero resultaba muy curioso como tres hombretones entraban por la puerta, y el tabernero, obvio a los demás y sirvió directamente a esos tres hombres con una sonrisa. Y hablando con familiaridad.

Los hombres se sentaron al otro lado de la taberna, en su propio rincón, y se dedicaron a sus asuntos. Por ahora nada de lo que veía lo entusiasmaba, ni siquiera el antro. Era oscuro, de madera oscura, unas pocas ventanas, una puerta completa, y opaca. Lo único bueno era que se notaba el espacio, era grande, y alargado, rectangular. Había varias mesas en los rincones, grandes, con sillones de madera. Muy prácticos para pequeños grupos de personas, o para intimidad, y luego en el centro varias mesas normales con sus sillas, para terminar con una barra única y grande en el centro, con algunos detalles tallados en madera y rodeado de taburetes, también de madera, esta s encontraba en la pared grande, justo enfrente de la entrada que se encontraba en la pared opuesta.
Entonces entraron dos hombres, uno detrás de otro, hablando en voz baja y mirando alrededor, claramente estaban inspeccionando la zona, y detrás de ellos llego una mujer que bien conocía yo, no era muy buena en la cama, pero suplía sus carencias con sus grandes pechos perfectamente colocados, no eran demasiado grandes, pero sí que estaba muy bien colocados. Un milagro de la naturaleza, eso y que era aún joven, no me había parado a preguntarle la edad, pero era la hija del posadero del pueblo, y una buena fuente de información.

La joven hizo que le pidieran e invitaran a un trago, y después me señalo con el dedo, claramente eran posibles candidatos, así que me tome mi tiempo para analizarlos mientras se acercaban a nuestra mesa.
Eran altos, más altos que yo, aunque no era difícil, pero tampoco eran más altos que Jenkins, uno tenía varias cicatrices a lo largo de su cuerpo, por todos lados, igual un pasado de esclavo, o una muy mala pelea, el otro no tenía ninguna marca, ambos parecían jóvenes. Inspeccione todo lo que tenía a la vista, ninguno tenía espada, sable ni cimitarra. Al menos no a la vista, uno de ellos tenía un bulto en la gabardina negra y grande que tenía posiblemente una pistola, el otro no tenía nada de nada a la vista, podría ser interesante si tenía tan buena habilidad para ocultar las armas.

-Sois amigos? Compañeros?-
pregunte antes de que se sentaran, se miraron, y negaron.

-Mejor, porque sería un fastidio si uno de los dos no me parece apto- Los hombres se miraron, y dudaron, por lo visto pensaban que sería algo de venir y enrolarse en un barco, sin más. Estaban equivocados, y esa mirada les restaba puntos.

-A ver, tú tienes posiblemente una pistola, no? Llevas tiempo manejando ese tipo de armas?- Dije mirando a uno, y luego mire al otro –Y tú, que tipo de armas usas?-

-Bueno, la pistola es relativamente nueva, me la agencie lo vi útil para enrolarme en una tripulación- dijo el primero de ellos, una respuesta nada placentera en un principio. –Pero se me da bien tirar dagas- dice finalmente abriendo su gabardina y mostrando varias dagas ocultas en el cinto, parecido a como lo hacía yo.

El otro hombre miro a su compañero, y contrincante por la plaza que se disputaban, hincho su pecho y comenzó a hablar con orgullo. –Yo he sido entrenado en el uso de la espada, se me da de forma magistral, y sin exagerar-

-y por qué no la has traído?- EL hombre me miró y perdió su confianza…-La razón por la que he venido a meterme en este embrollo es que ando sin blanca, he caído en la quiebra y he vendido mi espada-

-pfff, puedes irte, no pintas nada en mi tripulación si no tienes ni si quiera espada ni agallas para conseguir sobrevivir sin venderla- EL hombre perplejo tardo en enfurecerse, yo le indique con mi mirada la posición de mi sable –Yo si la tengo conmigo, a diferencia de ti- le dije, con tono normal, no hacía falta enfatizar más en la amenaza, el hombre dio un porrazo a la mesa y se marchó.

Unos minutos más tarde, el otro también fue descartado, sugerencia de Jenkins, no lo veía útil, y yo la verdad tampoco demasiado. Pasaron 5 minutos antes de que llegara el siguiente, y Jenkins estaba hablando en la barra con la hija del posadero para entonces. Parece que ya no tenía tantas ganas de aconsejarme viendo al bombón listo para comer frente de sus ojos.

En medio de la entrevista vi como Jenkins salía de la taberna. –Maldito bravucón jaja- reí, olvidándome del hombre que tenía al frente, era bajito rechoncho, peludo, sucio, y mal hablado, además apestaba a alcohol, tenía toda la pinta de pirata que era imposible dudar… pero algo en su forma de actuar y hablar no me convencía, así que acabé diciéndole que no. Cuando se fue, volví a mirar al antro, no me había dado cuenta, una mujer estaba ahora en la barra.

Una muy atractiva, rubia, me encantaban las rubias, sobre todo las que tienen una piel muy blanca, y ahí estaba… me estaba planeando dejar lo de buscar tripulantes, para ir a ligarme a esa preciosa jovencita, entonces la mujer se giró y me miro, y comenzó a acercarse a mí. Oh por los dioses, de frente era aún más atractiva, tenía una ropa muy sugerente, le veía los muslos casi al completo con lo poco que cubría su falda.

-Siéntese por favor damisela- le indique con la mano en un gesto mientras inclinaba la cabeza a modo de saludo. –Gerarld a su servicio- Me presenté y le sonreí levemente.

Entonces la mujer sin dudar se sienta y me contesta firmemente –Lia- me mira por un momento y suelta la bomba-Estoy buscando una tripulación a la que enrolarme- La miro un momento de nuevo, cierto es que venía armada… aun que me fije más en sus curvas. Pero enrolarse ella, no tenía el aspecto físico de alguien capaz de manejar la vida de pirata.

En ese momento me puse más serio, no era un juego entrar en mi tripulación, no podía dejarla simplemente por ser guapa, debía de ganarse el puesto como cualquier otro, pero por alguna razón desconfiaba de que me dijera la verdad debía ponerla a prueba.

-una tripulación? para ti? lo siento no soy mercader, igual deberías preguntar por el puerto- Doy un sorbo de mi bebida y la vuelvo a mirar con picardía – más igual puedes enrolarte conmigo en una aventura momentánea, tú, yo, una buena experiencia para los dos-

-Yo tampoco soy mercader, ¿y enrolarme contigo? Hmm... No quiero otra mala experiencia. ¿Tu tripulación es competente? Espero que sí- Vaya había sido cortante, una lengua afilada, y astuta, me había dado en el orgullo, sonreí tal vez podría servir, pero aun necesitaba probarla, y defender mi orgullo como amante y capitán.

-pff por favor chiquilla, tengo más experiencia en la cama de la que puedes imaginar, cuántos años tienes? 17? no creo ni que puedas saber lo que es una tripulación competente-
- Tengo 22… Y he estado, literalmente, toda la vida a bordo de un barco pirata- La mujer guardaba compostura, y su respuesta era buena, la verdad es que podría valer, pero ahí me encontraba, en silencio, analizando los pros y los contra... una atractiva mujer dentro de su tripulación? pff tenía bastantes contra, necesitaba buscar más cosas a favor.
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Re: A enrolarse, damisela!

Mensaje por Lia Redbart el Sáb Nov 05, 2016 2:53 pm

Hace ya tiempo que estoy sin tripulación. Necesito volver al mar, lo anhelo. Ojalá... ojalá encuentre pronto a una tripulación competente con la que estar un largo tiempo, quizá varios años. He oído rumores de que se buscan tripulantes, voy a ver si tengo suerte. Ya ha pasado tiempo desde que mataron a mi padre, pero voy a seguir buscando a su asesino. Eso fue premeditado, un barco no se incendia así como así.

Ahora eso da igual. Tengo que centrarme en encontrar a alguien que me permita enrolarme en su barco, y lo cierto es que espero que sea una buena tripulación. Entro en una taberna, un auténtico antro, pero bueno. Lo único bueno que tiene es que es amplio. Por casualidad, veo como un hombre, un Divium Tenebrii realmente atractivo, despacha a dos hombres. Así que es él quién busca tripulación... Hmm, interesante. No hay muchos Diviums piratas, creo. Espera... Uno de ellos me suena. Esa voz... Ah, no. Me confundí, no es él. No creo que sobreviviera... ya se habría puesto en contacto conmigo, ¿no? Bueno, ahora debo centrarme en ir a lo que iba. Enrolarme en esa tripulación. Creo que estará bien entrar, si lo consigo.

Me acerco a él, a ver si consigo que me acepte. Me será algo difícil, supongo que algo más que a los otros sólo por ser mujer. Aún así, lo he notado bastante exigente. Deberé hacerme valer, entonces, y es algo que no se me da mal. Me siento en una mesa enfrente de él, y uso un tono más bien firme, no quiero que piense que puede torearme de cualquier manera.

Por lo que veo, de momento piensa que soy una damisela delicada, aunque no abandono mi tono firme en ningún momento. No lo veo muy dispuesto a aceptarme, pero pienso hacer que cambie de opinión. A ver si lo consigo. Por ahora parece que sólo me quiere para una aventura, y no una a bordo de un navío, precisamente. Cruzo las piernas y echo la espalda hacia atrás, apoyándome en el respaldo de la silla, cuando le digo que he estado toda la vida a bordo de un barco pirata, literalmente.

-A ver... ¿Haciendo qué? -pregunta. Parece desconfiar de mí-. ¿Qué... habilidades tienes?

-He participado en abordajes (y han salido bien), sé arriar las velas, manejar el timón y tengo nociones de cocina y medicina.

-Ya tenemos un cocinero -dice. No parece muy interesado en cogerme para su barco.

-¿Y un médico?

-¿Qué tal se te da complacer? -pregunta con picardía, como quitándome importancia.

¿Qué se cree este? ¡Eso es el colmo! Debo dejarle claro que no soy ninguna dama delicada a la que pueda torear como quiera ni una chica demasiado fácil de seducir. Me cruzo de brazos a la vez que mi mirada se endurece, y le espeto:

-No es algo de lo que vaya alardeando. Hay que descubrirlo.

-Mm, no negaré que eres fiera, supongo que algo de verdad hay en tus historias... Pero se te ve delicada, para serte sincero. No quiero a bordo de mi navío algo que se deba proteger, ya tengo bastante con proteger mi navío.

Vaya, así que es eso. Que parezco delicada. No lo soy, en absoluto. No me conoce, no lo sabe, pero... La delicadeza y yo somos extremos opuestos.

-No soy alguien a quién se deba proteger -le suelto.

-Eso lo tengo que decidir yo -bueno, él es el capitán y a eso poco puedo objetar-. Mmm... Vete y dale una paliza al tabernero. Dile que la cerveza estaba aguada, arma una revuelta.

Esbozo una media sonrisa. Eso está hecho. Miro hacia la barra y veo que el tabernero es un hombre delgado, incluso escuchimizado. No será difícil noquearlo. Me levanto con la jarra de cerveza y voy hacia allí. Con un sonoro golpe, pongo el recipiente sobre la madera.

-¡Eh, tú! -le espeto al tabernero-. ¿Qué es esta mierda de cerveza que me has servido? Está muy aguada. Ponme otra.

Se asusta, pero parece ser que se niega. Las palabras salen a trompicones de sus labios, hasta tartamudea un poco. Me subo a uno de los taburetes y lo agarro por el cuello de la camiseta, a la vez que le pongo una de mis dagas en el cuello.

-He dicho que otra -le susurro-. Y que no esté aguada.

Entonces lo suelto y se va hacia el barril, pero el miedo lo hace ser torpe y derrama la jarra. Frunzo los labios y, de un salto, me pongo en el otro lado de la barra. Poniéndole las manos en los hombros para mayor impacto, le doy un rodillazo en la entrepierna y cuando, con un quejido, se dobla, le doy un golpe con la empuñadura de la cimitarra en la nuca.

Vuelvo a la mesa y me siento otra vez en la silla como si no hubiera hecho más que ir al baño. No ha sido difícil, el hecho que el tabernero fuera débil, sumado al factor sorpresa, me han facilitado las cosas.

-Interesante... Los tienes puestos, sabes moverte, y atacas sin compasión a las partes débiles. Primera parte de la prueba superada -sonrío, complacida-. La segunda parte es que no sabes que el barman es familia de esos tres de ahí.

Me señala a tres hombres fornidos, de aspecto amenazador, que se levantan y se dirigen hacia mí. Yo, con tranquilidad, poniendo una mano en la empuñadura de la cimitarra, también me levanto y los encaro.

-¿Buscáis pelea, vosotros tres? -les espeto.

Me rodean y se lanzan, sin ningún tipo de organización, a atacarme. Los esquivo con facilidad y elegancia, sacando la cimitarra. A uno lo reduzco de una patada en el diafragma que lo deja sin aire, y miro de frente a los otros dos, que sacan afilados cuchillos. Con una media sonrisa, guardo mi arma y saco ambas pistolas. Disparo una vez al aire, con la otra los apunto.

-Quietos. Le volaré los sesos al que se mueva.

Uno (ese es el listo de los tres, seguro) se queda quieto, mientras que el otro vuelve a ir hacia mí para atacarme. Necio. Le disparo en la pierna y, con un grito de dolor, cae. El otro, acobardado, se lo lleva a un rincón del local y lo atiende. Entonces recargo y guardo las pistolas.

-Mm, interesante -oigo decir a Gerarld.

No me da tiempo a reaccionar cuando alguien me agarra ambas muñecas y me empotra levemente contra la mesa. Es Gerarld. Mi respiración se acelera y mi corazón se desboca, y lo miro a los ojos. Se acerca a mi rostro, y siento su rodilla entre las piernas.

-¿Qué...? -digo, sorprendida.

-¿Y qué harás ahora? -pregunta él-. Soy un hombre, y a la vez tu capitán. Me debes respeto y obediencia, ¿serías capaz de obedecer... hasta el final?

Sube un poco más su rodilla, casi llega a mi entrepierna (pero aún no). Trago saliva y asiento casi imperceptiblemente y, entonces, me da un beso. Es un beso profundo, al que correspondo, cerrando los ojos, a la vez que su rodilla, que ahora sí toca mi zona íntima, me arranca un pequeño gemido. Después, cuando se aleja, no sé si sentirme aliviada o decepcionada. Supongo que aliviada... Yo no pedí nada de esto. Respiro profundamente, tratando de que los latidos de mi corazón no sean tan frenéticos.

-Consejo, no seas tan sumisa -me dice-, o serás la comidilla de toda la tripulación. Y no me faltes al respeto tampoco, no te preocupes, no voy a pedirte nada que no quieras. Mañana zarpamos al mediodía, si estás ahí te vienes con nosotros.

Con una mirada resuelta, asiento a sus palabras. ¡Me ha cogido! ¡Bien! Espero dar la talla, y que su tripulación sea buena. Supongo que sí, visto lo exigente que es...

-Ahí estaré -digo en tono firme.
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Re: A enrolarse, damisela!

Mensaje por Gerarld Amattore el Lun Dic 19, 2016 2:53 pm

La labor de conseguir tripulación era algo difícil, si se hacía bien, algunos podrían simplemente ir a lugares concurridos y contratar a cualquiera, así podías tener una tripulación en cuestión de días, y llenar un nao completo, pero esa tripulación por lo general era únicamente leal al dinero que ganaban, fácilmente convencidos por otros para que trabajen para ellos, o peor, fácilmente convencidos por sus avariciosas mentes para y robar dinero a escondidas, o incluso amotinarse.

Eso sin contar la cantidad de ineptos que tendría a su cargo, no valía la pena pagarle a alguien para que luche junto a ti para que no se defienda diestramente con la espada… dinero malgastado.. Aunque claro si morían rápido podría ser gratis, pero seguía sin valer la pena.

El éxito estaba en la calidad, en saber buscar, en descubrir el talento oculto, en saber quién tiene madera de pirata, y quien es simplemente una rata inmunda de polizón, o un adolescente con ganas de aventuras y nada de cerebro ni talento. Podías encontrar un diamante en bruto en cualquier lado, pero lo realmente difícil, era separar la tierra arcillosa de las piedritas de oro.

Yo estaba contento, creía que aquella mujer podría tener algún futuro, esa seguridad, el porte, si fuera verdad lo de que era pirata, no tenía ni idea, no se recordaba de ninguna chica pirata menor de edad, así que igual no era de las cercanías, tendría que haberle preguntado. Estaba dispuesto a levantarme del puesto para ir al encuentro de ella, que seguía aquí, amedrentando al tabernero con su presencia.
Pero algo me frenó. Era un hombre corpulento y de altura, tendría algo menos de dos metros, por su forma de casi dar con la parte alta de la puerta, tal vez 1,90… La camisa corta revelaba unos brazos bien trabajados, y definidos, y unas manos ásperas, de un navegante, o un labrador. El sujeto tenía una mirada decidida, ojeo el sitio y al verme sonrió levemente mientras se aproximaba hacia mí.

El hombre no iba de harapos, ni vulgares vestimentas, aunque tampoco exhibía lujo ni abundancia, Era una ropa simple, exenta de detalles, pero pulcra. Era un hombre rubio, con el pelo largo y algo rebelde cayendo por la espalda, de cara algo cuadrada, tenía un atractivo típico de regiones más al norte, ojos azules como los míos propios, quizás un poco más grandes, una mandíbula cuadrada, desprovista de barba alguna, y denotando que aún era un chico, un chico enorme, pues ese ser era grande en general.

El chico se acercó, me miro y se sentó sin siquiera pedir permiso, pero tenía confianza, así que no era del todo malo. El chico, sentado me sacaba aun una cabeza de altura… tenía que levantar la vista, y para ser sincero me incomodaba un poco, más un capitán no se deja influenciar por nimiedades de ese estilo, y si tuviera que enfrentarle, no apostaría ni un bronce por su victoria, he enfrentado cosas peores, de eso estaba seguro.

-Saludos joven- Inicie la conversación, pues me pareció que o no sabía que decir o no quería comenzarla. -¿Qué se le ofrece?

El joven tenía una mirada viva, pero mantenía la compostura, era como si quisiera temblar por hiperactividad más mantenía la postura rígida, muy rígida, igual demasiado, pues no se movía sino su diafragma al respirar.

-Saludos, mi nombre es Erick Rodhick- comenzó, el chico, y siguió con su discurso ensayado –Soy hijo de la familia Rodhick, una estirpe de pescadores, pero no cualquier pescador, pescamos en los mares más fríos del norte, donde el tiempo es un enemigo constante, el hielo amenaza el barco en cada giro, y los peces más grandes pueden incluso volcarnos –

Si bien impresionaba la introducción que había hecho, fue algo… innecesaria, no le había preguntado nada de eso, y poco me importaba los detalles que daba de mas sobre su oficio, seguía siendo un pescador. Aunque bueno podía deducir que sabía todo lo que había que saber de un barco. Mantuve un silencio, mientras lo observaba y pensaba, su aspecto era rudo, curtido, claramente evidenciaba sus palabras, no había motivo de dudar de ello, mi silencio sin embargo claramente le inquietaba asi que eso también confirmaba mis pensamientos de que era joven.

-tu edad chico- le dije pausadamente, esperando que se calmara un poco.
El joven pareció entenderlo, pues respiro antes de contestar -Tengo veinte años señor y … -]

-Señor? No me llames señor, suena horrible- le interrumpí – Eres un poco joven, es que buscas aventuras de libros? Tienes experiencia alguna en combate?-

El chico desenfundo entonces un poco su espada, dejando ver por encima de la mesa el pomo de la misma, tenía ciertos detalles en el pomo y la guarda también, claramente no era una espada cualquiera, seguramente una herencia familiar.

-Se usar bien la espada, los mares del norte no son famosos precisamente por que la ley y el orden los gobierne, y tenemos que aprender a defendernos- Volvió a enfundar su espada y prosiguió. –También tengo práctica con arma de fuego, he practicado con las de familiares o amigos, pero no he tenido dinero para conseguir una propia aun-

-vera… joven, no intento ser grosero, mas parece usted la clase de persona que busca aventuras idílicas, y que realmente no tiene la clase de sangre necesaria como para ir arrancar a inocentes de sus pertenencias- Me inclino y mantengo la mirada seriamente.

-esto es un viaje sin retorno, mancharas tus manos de sangre, y o estas hecho para esto, o no- El chico cambio la mirada, la luz que brillaba en sus ojos se apagó un poco, y dio lugar a seriedad y decisión.

-Soy Erick, y se dónde me estoy metiendo, tengo mis propios motivos y no niego que estoy algo emocionado pues no he sido pirata antes, pero ni tengo un sitio al que volver, ni tiene usted que preocuparse por mis manos-

La respuesta era buena, merecía una oportunidad. Necesitaba dársela. Y sabía cómo hacerlo. Así que le hice señas para que se acercará a mí y le indiqué una persona con la que debería buscar problemas.
Erick se sorprendió por la petición, le ofrecí un trago de cerveza por si le hacía falta pero negó, se levantó… y caminó a lo largo de la taberna, parecía que pasaba por detrás de la mujer, la presunta pirata y futura camarada, Lia.

Erick hizo como si fuera a seguir de largo, pero en el último momento, se giró, agarro a Lía por la espalda, sujetando el cuello de la camisa y la arrojó del taburete de espaldas, escuchándose un pequeño grito de sorpresa, y un golpe seco contra el piso.
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Re: A enrolarse, damisela!

Mensaje por Lia Redbart el Mar Dic 20, 2016 3:58 pm

Me quedo en la barra sentada, con una jarra de ron entre las manos, cuando la puerta se abre de nuevo y entra un chico que no parece mayor que yo. Es alto, rubio, sus rasgos son nórdicos. Me vuelvo otra vez hacia la barra, el tabernero parece asustado. Sus tres familiares, lo mismo, sobre todo el que ha recibido el disparo en la pierna. Los miro a todos con gesto indiferente.

No presto atención a la entrevista entre el capitán y ese muchacho, pero por lo poco que capto él parece seguro de querer enrolarse en su tripulación. Ya veré si lo cogen o no, no debo suponer cosas antes de hora. Apoyo la cabeza en una mano y miro al frente, a la barra. El tabernero, acobardado, intenta no tener ninguna clase de desliz por miedo a que lo noqueen como he hecho yo antes.

Siento las miradas de los tres hombres corpulentos clavadas en mí. Estoy segura de que, si no supieran que les volaré los sesos como se me acerquen de nuevo, me atacarían otra vez. Doy otro trago al ron y, justo cuando lo dejo, siento cómo me cogen por detrás de la camisa y me tiran de espaldas al suelo. Suelto un pequeño grito de sorpresa, y se oye un golpe seco cuando toco ese suelo de madera. Me levanto enseguida, sin apenas darle tiempo a mi atacante para pillarme indefensa.

Saco la cimitarra, a la vez que esquivo un ataque suyo. Ah, es el chico que ha entrado. Lo miro con los ojos gélidos.

-¿Quieres problemas? -digo secamente.

Mas no responde, y pienso que debe de ser un tipo de pocas palabras. Simplemente saca su espada, yo hago lo mismo con la cimitarra, y ataca. Respiro hondo, me tomo una milésima de segundo para pensar mi movimiento, y luego lo ejecuto. Doy un giro hacia la derecha, esquivándolo, y contraataco yo. Para mi acometida, y es él el que lanza otra, que también detengo.

Es diestro, más de lo que en un principio imaginé. Es alto y corpulento, además de tener fuerza. Sin embargo, su corpulencia no le resta agilidad, al contrario de lo que se podría pensar. Se nota que ha entrenado desde pequeño el combate con espada, ya que sus movimientos para nada son torpes ni se descontrolan, aunque en alguno de ellos quizá se deja llevar demasiado por la emoción del combate y entonces no me basta con pararlo, sino que debo esquivar, cosa que hago a veces con más dificultad y otras con menos.

Una gota de sudor se desliza por mi frente y mi rostro, la respiración se me acelera y un brillo acerado se apodera de mis ojos. Estamos bastante igualados, ninguno de los dos logra imponerse, hasta que él se detiene y guarda la espada. Hago lo mismo.

Casi sin resuello, nos sentamos en una mesa y pedimos una jarra de ron. Hasta que no doy un trago no lo miro, y él lo mismo. Esboza una media sonrisa y me tiende una mano, que yo encajo. Siento toda su mano rodear la mía, que es considerablemente más pequeña, y noto que su palma tiene ciertas durezas que muestran que está acostumbrado al trabajo duro, quizá a manejarse con cabos.

-Erick -se presenta, con una voz grave-. Erick Rodhick.

-Lia. Lia Redbart.

Doy otro trago al ron, y me doy cuenta de que ya he vaciado la mitad de la jarra. La dejo en la mesa, sosteniendo el asa, y respiro a fondo. Estoy más cerca de lo que he estado en los últimos meses de embarcar en un barco cuya tripulación parece competente. No pienso arruinarlo, y mañana a mediodía voy a estar totalmente puntual en el puerto. Por ahora estoy sentada en la mesa junto a Erick, y nos mantenemos en un silencio cómodo mientras acabamos el ron.

-¿Hace mucho que navegas? -lo oigo preguntar.

-Sí, hace bastantes años ya -no concreto, por ahora no lo haré-. ¿Y tú?

-Vengo de una estirpe de pescadores, navegábamos en los más fríos mares del norte. Los bloques de hielo y los peces más grandes podían hacernos naufragar.

-Ya veo. Tienes experiencia en malas aguas, entonces.

-Así es.

Nos volvemos a quedar callados, pensativos. Tengo bastantes ganas de zarpar ya, pero no debo ser impaciente. Respiro de nuevo a fondo y, con las puntas de los dedos de una mano, rozo la empuñadura de la cimitarra. Da un par de tragos más y se levanta. Veo que vuelve a la mesa de Gerarld y asiento casi imperceptiblemente con la cabeza. Me acabo el ron y me quedo allí sentada.
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Re: A enrolarse, damisela!

Mensaje por Gerarld Amattore el Jue Feb 09, 2017 6:08 pm

Aquel joven no se desenvolvió del todo mal, le falta aún, pero eso podría arreglarse con entrenamiento y con batallas reales. Por ahora seguiría a prueba.

-¿Puedo?- preguntó el chico, supongo que lo que realmente quería era saber si estaba conforme con su habilidad, la verdad es que si pero no pensaba decírselo. Me quede callado mirándolo en silencio, unos segundos de espera y luego responder secamente.

-No voy a impedir que te sientas donde quieras chico, adelante-
Erick se sentó y aproveché para preguntarle que pensaba de su contrincante. Por lo visto al principio esperaba menos resistencia, le pillo con la guardia baja, es normal, quien se espera eso de una mujer que tiene pintas de delicada, mientras hablaba no podía evitar mirar de vez en cuando hacia la chica, era guapa, que guapa, era preciosa, no podía pensar en ella como camarada de barco, sino más bien de alcoba.

Si bien no sería la primera vez que me acuesto con una tripulante… si lo sería como capitán, ¿debería de autoimponerme la regla de no acostarme con mis subalternos?...Vuelvo a mirar a la chica y mis ojos captan cada curva de su cuerpo… tonterías.

Al rato le digo a Erick que me deje tiempo para pensar, que se vaya pero no demasiado lejos, aún no había decidido del todo sobre él. Mientras se levanta, eso llamo la atención de la pirata, que se giró a nuestra mesa, y le dedico un gesto sonriente en respuesta.

“Vamos Gerarld, hazle más pruebas, si no las pasa, te acuestas con ella” Pensaba para mí.

Erick se fue y se dirigió a la joven, pase de ellos y me sumí en mis pensamientos tenía que decidir, los otros estaban totalmente descartados, normalmente en este oficio a parte del curriculum, cuenta bastante la primera impresión, el instinto es el mejor de todos los sentidos, y hablando de instintos, un hombre grande fornido, con varias cicatrices entró a la taberna, la estudio con la mirada, tenía cara de pocos amigos, serio.

Pero no tenía pinta de provocar peleas, simplemente era el aspecto de una persona robusta y ruda.
Se acercó a mí al poco, quería unirse a la tripulación. Claramente era un hombre que tenía todo el aspecto de ser capaz.

-Hasta hace poco estaba a bordo del “Jane in deep”- Me sonaba ese nombre, era de un pirata despiadado, era famoso, y fuerte, y normalmente solo tenían a gente fuerte con ellos, es el mejor curriculum posible, pero esos piratas también eran gente de la peor calaña. Normalmente si asaltaban un barco no solo robaban todo, que es lo normal, si no que destruían el barco por diversión, apalizaban a los tripulantes por diversión aun estos habiéndose rendido. Y dios no quiera que hubiera mujeres guapas dentro por que las violaban en masa… en parte por eso el nombre, Jane in deep… dicen que fue en honor a la primera víctima del capitán.

-Buen hombre, veo a simple vista que estas hecho para la batalla, curtido en mil combates, y seguro que podrías con diez hombres, mas temo darle la noticia de que ya el cupo está lleno-
Mi instinto solía ayudarme, y ese hombre me dio la respuesta a la interrogante de si aceptar a los otros dos. No quería aquel salvaje en mi gente, además las probabilidades de motín se multiplicaban por 10 con un hombre como ese a bordo.

-QUEE!?!!- rugió el hombre, aún mantenía la compostura, pero su mirada estaba encendida. –¿Quiénes?- Dijo calmadamente.

-Unos cuatro que ya están en el barco, y esos de ahí. Son hábiles y lo han demostrado, y no tengo más literas disponibles en el barco-
-QUE!!?!- volvió a rugir el hombre, ahora su semblante era un poco más amenazador. –Esas ratas de agua dulce, musarañas sin dientes, no valen ni la mitad de lo que valgo yo!- me espetó.

-Mas han demostrado ser lo suficientemente buenos para el puesto- dije en un tono suave mientras terminaba la copa que había en la mesa.

-Voy a demostrarte mi habilidad- Dijo apartándose de mi mesa y con la vista clavada en los dos empezó a moverse en su dirección.

No podía permitirlo, no sabía si esos dos podían defenderse, es probable que sí, sobretodo trabajando en equipo. Pero podrían salir heridos y no quiero empezar el viaje con gente herida. Así que en un movimiento rápido di un pequeño salto en el sitio, puse los pies encima del taburete, cogí el sable y luego me impulse con otro salto más grande por encima de la mesa. Mis alas se desplegaron inmediatamente en el aire, por encima del individuo que maldiciendo en voz baja avanzaba en dirección al par de novatos. Pase por encima del sujeto, casi rozando el techo y con una voltereta aterrice enfrente de los dos y en medio del camino del hombretón.

El filo del sable apuntaba directamente a su pecho, el hombre enfadado aparto de un manotazo el sable, yo aproveche ese movimiento, plegue las alas al máximo, y gire acompañando la fuerza de desvió de mi arma, mi cuerpo giró 180º acompañados de un juego de pie y el filo del sable quedo a la altura del cuello del hombre nuevamente.

No espere segunda reacción le di un pisotón con el pie, otro juego de pies con otro giro de 180º y ahora estaba parado frente al hombre, pero con una de las piernas detrás de su pierna, Con la mano desarmada lo empuje, con el pie hice un barrido hacia atrás, y el hombre cayó al suelo arropado nuevamente por el filo del sable que volvió a posarse sobre su cuello.

-¿Espero, caballero que ahora si nos estemos entendiendo?-

El hombre se levantó y se marchó. Aún tenía ganas de pelear, se lo notaba, pero no tendría tiempo de desenfundar su arma a tiempo.

-Disculpen señores- digo, luego una reverencia y me vuelvo a mi sitio. A pensar en el próximo paso a hacer.

Veo que Erick y Lia se separaron, cada uno por su cuenta, supongo que esperando por mi decisión, bueno que esperen yo estoy esperando también por alguien, maldito Jenkins no podía hacerlo rápido… ¿cuánto ha pasado ya?.

En eso que por fin entra Jenkins, venía con aire triunfal, sonriente, y un paso animado se acercó a mí no sin antes desviar la mirada a Lia por un segundo.
-Maldito perro, eres más obvio que la bandera negra en el palo mayor-
Jenkins se ríe de la comparación, pero no dice nada. –Que, estuvo bien no? Es una chica de lo más flexible-

Pero Jenkins dice sonriente –Un caballero no habla de sus hazañas-

-Habrá que buscar ese caballero del que hablas entonces- le replico con una sonrisa. Entonces me pongo a hablar con él y le comento mis decisiones y como proceder. Mi amigo sonriente se levanta.

-Pues entonces es hora de beber, voy a por las botellas- Dice mientras se aleja en dirección la barra y llama al tabernero. Yo por mi parte sonriente busco con la mirada tanto a Lía como a Erick, y con un gesto les digo que se acerquen.

-Caballero, damisela sentaros por favor- Ambos hicieron lo pedido y tras un segundo de pausa les sonrió.-Por ahora pueden ustedes considerar que están contratados, si bien no es definitivo, sí que os acepto en el barco-

Entonces llega Jenkins con 3 botellas de alcohol. –Así que vamos a celebrar y brindar por esta nueva unión que el destino ha preparado para nosotros, y espero que vuestras aventuras, que esperemos sean muchas, además de vivencias, nos hagan ricos! –

Tras ese brindis, comenzamos a beber, y la charla al principio tensa poco a poco se volvió amena pues tanto yo como mi buen amigo Jenkins intentábamos relajar la situación, y así se volvió con el paso del tiempo y las copas del todo informal. Bebíamos, reíamos, contamos a Jenkins la anécdota del sujeto enorme que venía con ganas de repartir leña a los pobres chicos, y hasta alabamos los tres la belleza de Lia.
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Re: A enrolarse, damisela!

Mensaje por Lia Redbart el Vie Jun 09, 2017 3:00 pm

A pesar del mal comienzo con Erick, a medida que hablo con él veo que me cae bien. Me siento relajada cuando hablamos, cosa que en realidad no me había pasado con apenas nadie y, aunque no sonrío, eso es habitual en mí, por lo que no puedo decir que no esté cómoda. Después de que él hable con Gerarld vuelve hacia aquí, y seguimos charlando durante un rato, aunque tampoco demasiado, y pronto nos sumimos en un silencio cómodo.

Un hombre se dirige hacia nosotros y, por lo que he visto, ha sido rechazado. Lo más probable es... Espera, ¿va a atacarnos? Miro a Erick a los ojos y asentimos suavemente con la cabeza, acordando levantarnos al mismo tiempo, pero no hace falta. Gerarld vuela cerca del techo y se planta frente al individuo, y enseguida lo derriba y le pone la espada en el cuello. Lo miro, y me doy cuenta de que aún me falta bastante práctica para llegar a su nivel. Mi padre me enseñó bien, sí, pero tengo relativamente poca experiencia real. Al menos, en comparación a él y quizá a Erick, aunque lo he visto a mi nivel, bastante igualado. No creo que sea mucho mayor que yo, hace cara de tener veinte, quizá unos pocos más. Y por cómo habla también lo pienso.

Suspiro, aliviada, al ver que no tendremos que enfrentarnos a ese tío que iba con intención de atizarnos. Vuelvo a sentarme, más tranquila, y termino en pocos tragos la jarra de ron que he pedido. Apoyo la cabeza en una mano, y ese codo en la barra, para observar de forma distraída todo lo que ocurre dentro del local. Alzo las cejas cuando veo que un hombre, que va directo hacia el capitán, me mira por un momento, y le devuelvo esa mirada sin saber bien cómo tomarla, con precaución.

Hoy ha sido un día movido, y tapo un pequeño bostezo la mano. Sin embargo, voy a quedarme aquí, por ahora. ¿Qué horas son éstas para retirarse? Es demasiado temprano todavía, aún hay mucho tiempo por delante y mucho que beber. Pero, por lo que estoy viendo, no en solitario. Beber sola es aburrido, no hay nadie con quién bromear, charlar y cantar, por lo que no es lo ideal, a no ser que se beba por despecho o algo similar. Entonces sí que es mejor estar solo con la propia pena, aunque reamlente no es nada divertido. Pero bueno, hay de todo, ¿no?

Me acerco a la mesa donde están Gerarld y el otro hombre, y también Erick lo hace. Nos sentamos los cuatro alrededor de una mesa, y empezamos a beber y bromear. Yo he tomado ya una o dos jarras de ron durante la tarde, así que esta tercera me sube ya un poco. Se me nota, ya que estoy más risueña que de costumbre, además de que, a menudo, subo el tono de voz y hablo un poco más alto de lo que debería.

No soy la única a quién el alcohol afecta, aunque sí a la que más, a pesar de haber bebido todos más o menos la misma cantidad. Ya prácticamente no hago más que reír tontamente y decir cualquier chorrada que se me pase por la cabeza. Cuando han tomado algunas jarras más que yo (he decidido moderarme un poquito, mañana no quiero terminar con resaca), empiezan a alabarme, y no puedo evitar sonrojarme un poco y reír de forma nerviosa. No suelen alabar mi belleza, eso es cierto… bueno, qué importa. Esta noche lo estamos pasando bien, y eso es genial.
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Re: A enrolarse, damisela!

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