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De suspiros que van al aire y lágrimas que terminan en el mar

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Re: De suspiros que van al aire y lágrimas que terminan en el mar

Mensaje por Tyrande Whisperwind el Mar Mayo 16, 2017 3:55 pm

Había descubierto hace poco que era hidromante, algo que me alegraba bastante, puesto que saber que aparte de mi conexión con la diosa tenía un conexión mágica con el agua, era sensacional, más porque el agua para mi representaba una cantidad de cualidades increíbles, pero si debía resaltar alguna creo que sería versatilidad, esa capacidad de mantener la quietud o de la nada ser capaz de tener una violencia imparable, era algo misterioso al tiempo que increíble a menos para mi humilde opinión.

Recordaba mi paso por el templo de Nubibus Ferreum, una de las cosas que pude aprender en mi estancia en ese lugar fue el como la luna guiaba las corrientes marinas, esto como parte del estudio de la astronomía que había tenido, por desgracia mi estancia había sido más corta de lo que desearía, así que solo había podido aprender lo básico, algo que profundizaría luego seguramente, pero que hasta ahora era la única guía para imaginar cómo podría “manejar” el agua, sobre todo apoyando la teoría, en que yo seguía siendo sacerdotisa de la luna y mi elemento era el agua, una relación parecida al menos debía existir en este caso.

Al principio todo era felicidad, pues la emoción de la nueva experiencia me llenaba aunque con el paso de los días dejo de parecérmelo ya no sabía si no era felicidad o en realidad si lo era, lo que tenía claro era que mi ímpetu me estaba amargaba un poco, sobre todo por el hecho de mis intentos, donde fallaba a la hora de  mover el agua dentro de un pequeño recipiente, logrando apenas diminutas hondas, siendo más efectivo simplemente empujar el cuenco con la mano para crear reacciones en el agua, estaba creando frustraciones en mí, el ver como mi manejo de ese gran don era tan pobre… Necesitaba un maestro.

Pero no podía ser un maestro cualquiera, necesitaba alguien que tuviese la experiencia suficiente en el elemento, alguien que tuviese aprecio y conexión con él, que lo siéntese como gran parte de su ser, por lo que solo me ocurría que pudieran ser merrows o si tenía más suerte aun, alguna ondina, la rama de las ninfas nacidas desde el propio elemento. Con todas estas descripciones en mente, solo un lugar podía ocupar mi mente: Eblumia, la cuidad sumergida y en palabras de lo que había podido escuchar de rumores a lo largo de mi vida, la única ciudad donde había posibilidades de conseguir estos seres, aunque tampoco es que estas posibilidades fuesen en exceso altas.

“Abandonando” parte de mis responsabilidades como sacerdotisa, cosa que realmente era casi imposible, pero así me lo habían planteado en la orden, comenzó mi largo viaje, describirlo sería complicado, de hecho no deseaba casi ni acordarme de todas las vicisitudes que había pasado, pero si tuviese que describirlo con una palabra definitivamente  seria la palabra “Traumático”, una cosa que no deseaba volver a hacer era emprender un viaje por caminos de estilo sola, una ciudad tan remota, tan alejada de todo, tan escondida, de no ser por mis noches de oraciones, que terminaron en visiones de la guía divina de mi diosa, probablemente no la hubiese encontrado nunca, definitivamente deseaban que esta ciudad no fuese en exceso visitada y quizás lo difícil no era encontrar merrows y ondinas en ella, sino el propio calvario que resultaba encontrarla sino conocías los caminos específicos para llegar a su ubicación.

Pero aquello había quedado atrás, estaba en la ciudad algo caótica, con gente bastante  apática, al menos en mi sentir, quizás mi vida me había acostumbrado a otro tipo de ambientes y personas pero algo que mis oídos elficos no pudieron parar de captar era el nombre de la taberna que parecía ser la más famosilla por el lugar, una tal taberna “Sol Naciente”. Además había borrado un poco de mi ignorancia escuchando a los transeúntes, el lugar donde estaba justo ahora efectivamente era Eblumia, puesto que esta era la zona, pero la ciudad en si se llamaba Melk, al menos esta información marcaba un buen comienzo de saberes en este viaje.

Justo era el momento en que la tarde terminaba dando paso a la noche, en un lugar húmedo como este el frio comenzaba a hacerse más fuerte, un tanto implacable para los poco abrigados, tal como era en mi caso. Mientras caminaba iba frotándome los brazos cada tanto, solo podía concentrarme en encontrar un lugar decente para dormir, necesitaba por fin un lugar verdaderamente confortable para recuperar energías, donde no debiese preocuparme por ser atacada por animales salvajes o incluso por otros viajeros, un lugar donde el clima no fuera una tortura, un lugar donde la música me arrullara… Fue pensar aquello y que sonidos jocosos llenos de vitalidad llegaran a mis oídos, aunque se escuchaba algarabía, yo no podía imaginar más que las camas de aquel lugar, por lo que sin siquiera meditarlo fue esa dirección la que mis pasos tomaron.

Sin tiempo de meditarlo mucho me encontraba frente a un edificio con un cartel algo viejo donde se leía “Sol Naciente”, así que al fin había dado con el dichoso lugar, apenas mi vista bajo para inspeccionar la entrada, una hermosa humana, de ropas que poco dejaban a la imaginación lleno mi vista, trague profundo y casi pude sentir que mis mejillas se pusieron rojas cuando cruzo su mirada conmigo haciéndome un gesto con la mano para que me dirigiese hacia donde estaba, algo que casi como si su mano me jalara termine haciendo hasta quedar frente a ella donde con un tono nervioso apenas pude liberar palabras

-E...E… Este es el ¿Sol Naciente?- Vaya pregunta más tonta había hecho, si el cartel lo decía, la risita de la chica tras su abanico para cubrirse el rostro remarco lo tonta que habían sido aquellas palabras pero igual de modo amable respondió mientras me asentía con la cabeza.

-Efectivamente My Lady, el mejor lugar para descansar, relajarse y disfrutar de una sensacional noche, si así lo desea-

Su tono de voz, que me sonaba a dobles intenciones, aunque quizás era su misma actitud coqueta la que me impulsaba a seguir allí. –Pues sí, creo que lo que necesito definitivamente es tener una buena noche-

-Este es el lugar que buscabas entonces- esas fueron las últimas palabras que cruce con la mujer de la entrada, antes de entrar al local, donde la música se hizo más fuerte o quizás solo mis oídos así lo sintieron, mi vista cruzo de un lado a otro en tan solo un momentos y no me costó nada darme cuenta que aquello era un lugar donde las mujeres prestaban su servicio de “compañía” a los hombres. Realmente esto  no me importaba demasiado de cierto modo, podía decir que todos representaban la “lujuria” de la luna roja, así que no eran tan distantes de mí en algunas cosas, aunque yo solo podía desear dormir en este instante, el mayor deseo que pudiese sentir ahora mismo, era mi cabeza sobre una almohada.

Una vez dentro una chica me tomo del brazo entrelazándolo con el mío, aun con mis agudos sentidos ni siquiera la había visto venir y antes de siquiera reaccionar íbamos de camino hacia una habitación que estaba un poco más atrás, esperaba yo que no para lo que por mi mente pasaba, puesto que saciar placeres carnales no estaba entre mis intereses de momento. Al entrar en la habitación un hombre estaba allí bebiendo como casi todos en el establecimiento, delante de un tablero de ajedrez por sus fachas pude comprender rápidamente que si no era el propio dueño del lugar, al menos debía ser el encargado.

Con la misma presteza, con la que antes me había tomado, ahora la chica me dejaba abandonando la estancia dejándome a sola con aquel hombre, quien me examino de arriba abajo con una mirada bastante lasciva que me causo algo de repulsión y me  hizo respirar profundo, mientras intentaba mantener mi rostro con la expresión más neutral posible.

-Así que… ¿Te gustaría probar los servicios del Sol Naciente?, hermosa elfa- su tono de voz  profundo seguía molestando mis oídos, por alguna razón no podía sentir otra cosa que no fuese aversión por él, pero tenía que tragármela.

-Sí, Deseo una habitación para pasar la noche… A solas de ser posible- remarque lo último porque no tenia del todo claro si realmente funcionaria como una posada normal este lugar.

-Oh, no es lo típico, ni lo común que vienen  buscando nuestros clientes, pero efectivamente podemos brindarte ese servicio, serían unos 2 kulls de plata-

El precio me pareció un poco alto, aunque imaginaba que ese era el valor del servicio completo que ofrecían aquí, sin rechistar simplemente saque de mi bolso de las monedas que tenía, las que me quedaban de mi estadía en Erenimar, colocando el valor que me había pedido sobre la mesa, pero el tipo nada más verlas las tomo y me las regreso a la mano.

-Aquí no aceptamos eso My lady, así que si no tienes dinero común tendrás que marcharte… Aunque bueno…- Volvió a mirarme con ojos llenos de perversidad –Podríamos hacer un trato si gustas.-

Antes de que siquiera terminara la frase ya yo había guardado las monedas, mi respiración podía notarse claramente pesada, quien se creía este idiota, para insinuarme siquiera un cambio de favores sexuales por estadía, en su pocilga. Salió con un paso fuerte, casi podía sentir como si mis pasos hicieran temblar el suelo, aunque seguramente era la ira de aquel momento,  no tarde mucho antes de regresar a la puerta, aunque con una cara totalmente diferente a la que me acompañaba cuando entrara.

Respire profundo buscando a la luna con la vista, cuando la encontré solo pude cerrar los ojos – Perdóname por eso Selene, ha sido un momento de debilidad, sé que debo mantenerme serena- murmure del modo más bajo antes de volver a abrir mis ojos.

Tenía que moverme a buscar algún lugar, sino definitivamente mi viaje comenzaría mal, pasar la noche a la intemperie en una ciudad que no conocía, en la primera noche de viaje, no era algo que me pareciese para nada un buen comienzo… de hecho era todo lo contrario lo más nefasto que podría pasarme.
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Re: De suspiros que van al aire y lágrimas que terminan en el mar

Mensaje por Amethist el Mar Mayo 16, 2017 11:02 pm

XI. ¿Entrenamiento?

Cuando corro bajo los árboles, me siento volar. Los pies apenas si se posan sobre la tierra o las manos si al caso, rozan la corteza rugosa de los troncos secos. No parezco dejar huellas, ni siquiera el suspiro de que alguna vez hubiese pisado el suelo húmedo. Donde pongo la mirada, la flecha va y acierta. A veces, como si tuviera la capacidad de Yusuf, no necesito mirar… un suspiro, un sonido de hoja seca, la pisada insensata, y tengo certeza de adónde debo disparar. Las piernas ahora se aferran bien al suelo cuando se trata de pelear. La misma rapidez con el arco se traduce en el cuerpo: firme, flexible, se ajusta al soporte del estoque y a la defensa con la daga. Necross estaría orgulloso.

Sí, mucho ha cambiado desde nuestra llegada al Hogar, una casa en lo alto de una montaña: al sur tiene el lago y al norte la vista de Uzuri.


El Hogar

Y cuando veo mi rostro reflejado en las aguas claras del arroyo, apenas si atisbo en la mirada la sombra de quién fuera cuando llegué, una chica insegura pero sensata, perdida en el tiempo y en el mundo, tratando de encontrar mi lugar. No lo había encontrado, para eso faltaba, pero al menos sentía que el cambio ya lo respiraba no afuera de mí, sino dentro, en el alma. Las manos callosas, las piernas con músculos marcados, los brazos torneados, la mirada aguileña, nada en mí era natural y, sin embargo, ya era parte de mi naturalidad.

Aún me parece increíble que los tres meses hayan corrido como el viento. Lejano se ve el día en que llegara al Hogar… No puedo evitar esa sonrisa de complicidad que viene con los recuerdos, ahora cómicos, pero en ese entonces…

Tres meses atrás…

Si alguien me hubiese explicado que limpiar establos, alimentar animales, trasquilar ovejas, recolectar frutas, ordeñar, cultivar, pelar cebollas, recoger la mierda de los animales, o hacer la cena, eran tareas más complicadas que degollar o matar, definitivamente hubiese dado media vuelta y desandado los pasos en dirección a Melk. De pronto, con el transcurso del primer día en esa casa, supe que la oferta del dueño del “Sol naciente” no era tan desdeñosa. ¡No me importaría fungir de puta si con eso podía librarme del karma de oler a estiércol o cuidar críos!

Desde nuestra llegada al Hogar, ese olor a rancio mezclado con aloe vera nos abordó desde atrás dando la bienvenida. Y desde entonces siempre estuvo tras mío como una sombra pegada a mis piernas, Madame Celestina. Si alzaba la paja, ella estaba allí cuando alguna brizna salía fuera de la carga; si debía alimentar las gallinas, con un respingón indicaba a aquella que había salido del galpón; no faltaba el ceño fruncido si la sal se iba de más en la sopa, incluso cuando sin querer (pero queriendo, y con muchas ganas) lanzaba a uno de los niños al Gran Lago para que dejara de pisotear los cultivos que yo debía recolectar. ¡Allí también estaba la anciana, observando por encima de sus lentes de marco grueso, criticando cada paso que hacía o que no!


Madame Celestina

Robusta, con el ceño fruncido y unos lentes que le llegaban hasta la nariz; gorda, severa, con arrugas, pero no tan profundas como las de Doña Celia, caminó erguida hacia nosotros exhibiendo unos trajes usados, algo untados de lodo, manchas de comida, y supieran los dioses qué más menesteres. Un delantal que en tiempos pasados fuera blanco y los lentes susodichos, de marco grueso y aumento notado, era la indumentaria de la dama más recia que jamás en la vida hubiera conocido jamás, y conocería.

En la noche caía rendida, solo para al otro volver a realizar la misma rutina desde las tres de la madrugada. Y ¿quién estaba a esa hora? ¡Madame Celestina!

De su mano aprendí lo básico, cultivar, cocinar, tratar los animales e incluso a los niños, 4 que habían sido recogidos por el amo de la casa en tiempos en que las nereidas perseguían a los pescadores del lugar. Huérfanos de 5, 7, 8 y 10 años los cuatro eran peor que todos los demonios juntos. Aprendí a tratar el resfrío, la diarrea y la indigestión. Incluso la ingesta de frutos venenosos de la zona la logré afrontar gracias a los conocimientos de la yerbatera; algo que hubiese sido innecesario si los niños no fueran como una plaga de langostas.

El primer mes se pasó así… bajo la mirada de una mamá, una guardiana, y una enemiga. Porque por más que le pusiera empeño, que lograra las cosas mejor de lo esperado, que alcanzara lo que ninguno, allí estaba la ama de llaves de aquella granja para decirme cúan incompetente era.

Y creo que en ese momento no lo aprecié, pero cuando veo lo que ahora soy capaz de hacer, sé que tras la espalda de un gran guerrero se esconde un gran maestro. Y el mío… no fue Yusuf, fue esa vieja cascarrabias que sentó las bases sobre las cuales pude enfrentar mis propios demonios.
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Re: De suspiros que van al aire y lágrimas que terminan en el mar

Mensaje por Tyrande Whisperwind el Sáb Mayo 27, 2017 6:52 am

Me había puesto en marcha pasado el pequeño momento que me tome para tranquilizarme luego de la salida de aquel bar, aunque no tenía idea de hacia dónde podía dirigirme, ni hacia donde me dirigía ahora mismo, mi mayor preocupación era alejarme de dicho lugar, al que  ya mentalmente había fichado de la peor manera y precisamente por las actividades que pudiesen llegar a realizarse dentro que es lo que posiblemente podría pensar alguien más si le comentaba mi impresión, sino más bien por el dueño o encargado que tenía, bien había una frase que en algún momento escuchaba que decía “Las personas no deben sentirse obligadas. Deben ser capaces de elegir a su propio líder”, pero por la actitud y el modo en que me hablo, su actitud dejaba más que en claro que él no era de los que dejaba elegir a nadie.

No tenía idea de que tan lejos podía estar de aquel lugar puesto que ya había oscurecido bastante, solo algunas casas mantenían linternas exteriores encendidas, lo que dificultaba la visión aun con mi vista elfica, lo que termino obligándome a detenerme en algún punto…

Justo en ese momento de quietud pude escuchar muchos pasos de botas, golpeando contra el suelo, parecía como si un pequeño grupo de gente corriera buscando algo o alguien, pero se notaban apresurados, el sonido iba in crescendo, para cuando finalmente pude identificar que el sonido venia en mi dirección ya era bastante tarde.

-¡Ahí esta! ¡Detengan a esa elfa o el jefe descargara su ira sobre nosotros!- Mis pies instintivamente se pusieron nuevamente en movimiento estaba vez en una carrera, a los que me perseguían desde atrás podía mantenerles la distancia, por mi  ligereza y agilidad, aunque no duraría mucho, podía sentir los estragos del largo viaje en mis músculos debía encontrar una vía de escape pronto.

Mi mente intentaba procesar lo más rápido que podía, pero la desesperación y la fatiga no ayudaban en nada, mi vista seguía lo más aguda posible y finalmente pude divisar un callejón que parecía perfecto para huir y escabullirse. Al llegar a la entrada e intentar cruzar sentí como chocaba con algo o más bien con alguien.

-Sorpresa guarra ¿Pensabas irte a algún lugar?- Habían logrado rodearme, conocían la ciudad, posiblemente ya no podría escapar, cuando me gire para intentarlo otro me recibió poniéndome un trapo sobre la nariz y la boca, intente gritar pero el sonido era contenido por la tela y aunque mantuve la respiración el mayor tiempo posible, termine por necesitar aire, apenas inspire lo que sea que fuese esa sustancia de olor fuerte entro en mi sistema, note como dejaba de sentir mi cuerpo, perdiendo el control sobre este, aunque mi conciencia se mantenía intacta ¿Qué clase de poción seria esa? ¿Por qué usarían algo así conmigo?

Sin poder oponerme ni presentar alguna resistencia fui llevada cual un saco de algún fruto, sobre el hombro de uno de los desgraciados que habían sido enviados para secuestrarme, sin poder moverme mis ojos solo alcanzaban a ver los edificios que había visto de camino hasta aquí, es decir que posiblemente caminaban por el mismo camino que yo había tomado  pero de regreso… Me llevaban a ese inmundo lugar, me llevaban al “Sol Naciente”.

A último momento, en el último tramo del camino vi como tomaron un desvió, imaginaba yo que para usar alguna entrada alternativa, pues por muy distraídos y liberales que fuesen los clientes dudo que pocos aprobaran el hecho de lo que estaban haciendo. Un túnel oscuro fue lo siguiente, ya podía escuchar nuevamente la música y la algarabía, ahora eso era un mundo ajeno, una cara de la moneda, la que todos veían y yo… Yo me encontraba en la parte oculta, en el lado oscuro de este local.

Me dejaron en una habitación oscura, donde habían lámparas, pero todas pagadas, mis ojos no pudieron captar nada en esa ausencia de luz total, de repente pude escuchar cómo se abrió la puerta, el mismo cerdo de antes, el que me ofreció tener sexo con él por servicios de esta pocilga estaba aquí.

De modo casi religioso, se tomó la molestia de encender las lámparas que estaban en la habitación para que quedara iluminada, podía ver su cara era asquerosa, casi podía sentir como el maldito disfrutaba tenerme frente a él, mas seguramente por estar en este estado, donde para mi desgracia no podría resistirme a nada.

-Ves elfa, esto es lo que pasa cuando no aceptas mis cortesías… cortesías de un hombre influyente, ahora simplemente te tocara ser usada, como al resto de inútiles que me rodea…-

Sus palabras fueron más que claras para mí, sabía lo que iba a pasar, lagrimas brotaron de mis ojos y solo pude respirar profundo no quería mirar, no quería sentir en absoluto, intente bloquear mi mente, pero realmente no podía, así que simplemente cerré los ojos, eso no evitaría que sintiera el resto de las cosas, pero al menos podría evitarme la maldición de recordar su cara que probablemente resaltaría el placer que iba a sentir.

Pasaron horas, no sé cuántas, solo sentí que fueron las horas más largas de mi vida y eso era mucho decir considerando los más de 300 años de vida que me acompañaban, llorar era el único desahogo que tenía, aunque no servía de nada, en este momento solo podía maldecir todo, el haber venido a esta ciudad, el haber visitado este maldito lugar, incluso si bueno no fue una maldición, mentalmente no podía dejar de reclamarle a Selene por haber permitido que esto me pasara.

Finalmente me quede dormida, desnuda ultrajada, sintiéndome asquerosamente sucia como ninguna otra vez, sentía algo debajo de mi piel, una sensación de impureza que me parecía iba a acompañarme el resto de mi vida…

Desperté desnuda en medio del bosque, para mi sorpresa con todas mis cosas, esto confirmaba el hecho de que lo vivido la noche anterior no fue un acto más que de regocijo personal de aquel maldito, que solo lo hizo para sentirse poderoso y superior… Me vestí poniéndome mi investidura, la cual a pesar de estar sucia para haber reposado todo aquel tiempo sobre el suelo, no se encontraba en mal estado, todo la noche anterior había sido hecho con mucha lentitud y paciencia, imaginaba yo que con el propósito de volver cada momento una tortura, algo que al final había conseguido.

Comencé a caminar sin saber bien en qué punto me encontraba, ni hacia donde me dirigía, pero suponía que caminando en una línea recta debería salir del bosque en alguna dirección, iba mirando sin mirar, realmente mis ganas de hacer cualquier cosas eran mínimas, me sentía sin identidad, sin propósitos, pero sobre todo me sentía traicionada y abandonada por mi Diosa, a quien después de todo había entregado gran parte de mí, solo podía sentirme vacía por dentro.

En algún momento termine de comer lo que tenía de provisiones de frutas y carne seca, además de beber agua y recoger más de los riachuelos que me iba encontrando. Seguía sin haber descansado nada, porque no podía decir que el haberme dormido luego de aquello me hubiese servido para recuperar fuerzas, tampoco había comido nada en condiciones, si seguía moviéndome era por fuerza de voluntad más que alguna otra cosa y eso era mucho decir, considerando la casi nula fuerza de voluntad que me quedaba.

Horas caminando, el bosque parecía solo crecer, pero no podía asegurarlo, es decir no conocía el bosque, ni en que dirección iba, no podía asegurar si iba de salida, si me internaba más, lo que si podía ver era el cambio de la luz luego del paso del día, primer día y no había llegado a ningún lugar, definitivamente comenzaba a pensar que Selene se había olvidado de mi existencia y que ahora me encontraba totalmente abandonada a mi suerte.

Días y noches pasaron, mi paso cada vez más lento, más cansado, apenas podía dormir buscando una salida, los ruidos del bosque me perturbaba, las pocas veces que intentaba dormir mi cuerpo recordaba las incomodas sensaciones del ultraje, sentía como si mi vitalidad se agotara, como si nada fuese suficiente para ayudarme, como si no fuera a poder reponerme nunca y mente solo comenzaba a clamar una cosa… Ver pagar al malnacido que me había hecho esto.

Había sobrevivido comienzo de frutos que encontraba por el bosque y tomando agua de los riachuelos, pero ya no podía más, mi limite había llegado, me sentía demacrada, iba mirando sin mirar, sin prestar ya casi nada de atención a ningún lado, pues mi mente ya no podía más estaba extenuada al igual que mi cuerpo, el cual se recostó contra un árbol y termino deslizándose para terminar sentada sobre las raíces que sobresalían, mis ojos ya ni podían mantenerse abiertos… ¿Qué pasaría conmigo? No podía saberlo, ni asegurar nada, pero ya mi mente se apagaba.

Confiara en el ser en el que estaba puesta toda mi fe a pesar de todo lo ocurrido  y de mis berrinches, de mis malas actitudes hacia ella los últimos días, después de todo solo estaba pensando en lo malo y no recordaba lo bueno que me había dado… De cualquier modo si realmente consideraba mi existencia era un buen momento para demostrarlo.

-Selene, la vida que me diste aquella vez, cuando me salvaste de la muerte, ahora la vuelvo a dejar en tus manos, haz de mi tu Sierva lo que consideres adecuado a tu voluntad…- Termino mi susurro, era lo último de mí que quedaba en energías, ahora todo dependía de ella, al menos para mí, ella seguía teniendo los derechos de hacer conmigo lo que necesitara.
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Re: De suspiros que van al aire y lágrimas que terminan en el mar

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