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Diamantes y oro

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Diamantes y oro

Mensaje por Necross Belmont el Miér Nov 23, 2016 12:11 am


I- Los alas negras.

Durante la mañana me quede mirando el campamento desde mi tienda, los soldados ya comenzaban con sus prácticas matutinas, yo por mi parte pronto debería encerrarme por horas en la carpa de Necross, para revisar todos los papeles que no revise ayer.  Necross, el hombre del parche, nuestro capitán... el hombre que bautizo nuestro grupo de mercenarios hace semanas que había partido a buscarnos un mejor lugar para vivir. Yo, como su segunda al mando, no podía hacer más que simplemente tener las cosas listas para cuando regresara.

Y aunque el cuervo tuerto estaba lejos, nuestro trabajo como mercenarios no se acababa, nunca se acabaría. Nuestra reputación se ha elevado mucho en estos últimos meses, el trabajo que hemos hecho en Maletta no solo nos ha servido para ganar las monedas que tanto necesitábamos, si no que para que el  nombre de nuestro grupo  corriera de boca en boca. Ahora nos contratan para patrullar, para buscar bandidos,  como apoyo del ejército de Maletta contra Halteese. Pero lo más sorprendente ha sido la cantidad de gente que se nos ha unido este último tiempo; podría fácilmente decir que el cuerpo de los alas negras consiste en más de seiscientas personas… Sin contar a los que están siendo entrenados, o su habilidad va más allá del combate.

Legato se acercó a mí durante la mañana, estaba en el lugar de reuniones típico para organizar todo, la tienda más grande en todo el campamento. El bandido se me acercó pues quería los últimos detalles de su misión antes de partir, su trabajo era localizar y exterminar un grupo de bandidos que ha estado atacando los poblados aledaños en las Nalinis. -Recuerdo que Necross llego diciendo que en el  poblado pesquero donde cruzamos el rio se encontró con unos bandidos. Quizás sean los mismos, pues en la descripción que me diste hablan de un pelirrojo era su líder; y el tipo en la historia de Necross era pelirrojo también.-

-¿Ese tipo no logro dejar noqueado a Necross?-

Legato rio suavemente con mis palabras, yo lo acompañe con una risa escondida. -Creo que sí, aunque recuerdo que Necross dijo que solo le gano porque estaba cansado.- El de cabellos purpura se despidió con un gesto de su mano izquierda, su escuadrón ya estaba listo para partir. Me quede entonces sentada, mirando fuera de la tienda, perdida en el paisaje. Los soldados pasaban de un lado a otro, algunos cargaban cajas, otros llevaban  armas, otros simplemente intentaban no hacer sus labores diarias. Ya me levantaría a regañarlos, nos les pagábamos para hacer de vagos.

-Señorita, tenemos dos nuevos reclutas.-

Erk llegó con noticias de dos nuevas personas que se querían integrar. Levante las nalgas de la silla pues ya estaba aburrida con tanto papeleo, iría a saludar a estas dos personas solo para escaparme un poco de las labores.  Mientras caminábamos, Erk me contaba sobre los nuevos reclutas: -Son una orco, y un centauro. Según ellos el mismo Necross los envió. – Por seguridad, a cada nuevo recluta que nos llegaba los encerrábamos en una fosa cerca de las letrinas, no podíamos bajar la guardia por nadie que no conociéramos.

Llegamos a la fosa y me puse de cuclillas, saludé con la mano derecha al par, la orco estaba de brazos cruzados mirando el piso, el centauro se veía más calmado. -¿Así que conocieron a nuestro comandante? Soy Mary Ann, capitana de los alas negras. ¿Qué los hace querer unirse a nuestro grupo mercenario?- El centauro levantó la mirada hasta encontrarse con la mía. -El hombre del parche nos dijo que los buscáramos, necesitamos un lugar donde cobijarnos.- El centauro se veía tranquilo, mas su compañera, la orco, no estaba tan calmada. - ¡Sí! ¡El tuerto nos invitó a unirnos a sus bandidos!- Sin duda la orco tenia los ánimos, pero después del ímpetu pareció que se le acabaron las palabras, el centauro puso su mano sobre el hombro de la mujer para intentar calmarla.

-Si Necross los invito no hay mucho que pueda hacer. Bienvenidos sean a los alas negras.-

Llame a uno de los soldados para que me ayudara levantar a los nuevos reclutas, necesitaría ayuda… sobre todo con el centauro…


Última edición por Necross Belmont el Lun Mayo 08, 2017 10:26 pm, editado 1 vez



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Re: Diamantes y oro

Mensaje por Necross Belmont el Jue Nov 24, 2016 11:09 pm

II- El hombre sin parche.

Recuerdo… recuerdo sentir que me levantaron entre dos personas, recuerdo también que pusieron mis manos en la espalda y luego las ataron, así también las piernas. Recuerdo escuchar la voz de Gwynevere… recitaba una especie de canto, con magia algo le hizo a mi cuerpo. Durante aquel momento no podía ver mucho, solo un pequeño haz de luz pasaba por mis ojos, luego todo se volvió oscuridad, pues sentí que me pusieron una bolsa en la cabeza.  

Pude escuchar la voz de Gunnar gritándole a sus hombres que se apresuraran, que debían sacarme rápido de allí. Intenté gritar, intenté liberarme de sus manos y escapar, pero estaba tan débil que apenas si podía respirar... Me habían atrapado, y ya nada podía hacer para escapar, nadie vendría a salvarme. Los soldados de Shading me lanzaron a lo que pienso era un carromato, pues aunque no podía ver nada, el sonido de los caballos y el movimiento del piso me lo hicieron entender. No tengo idea donde me están llevando, quizás con Strife, quizás me matarán a un lado del camino. Mejor si es así, prefiero ser alimento de buitres que ver a mi rey nuevamente, no… Realmente no quiero ir con él pues de seguro me torturará, y aquello me hace temblar de solo pensarlo.

Llevamos varios días en el camino, no sé dónde estamos. No me han alimentado desde que salimos de la fortaleza, lo único que hacen es lanzar –lo que creo que es agua- sobre el saco, esperando que así la beba… podría ser peor. Durante el viaje alguien se acercó y empezó a tocar mi cuerpo, por un momento creí que se tomarían turnos para violarme, gracias a Elthias que no soy atractivo. No, el tipo que se me acerco empezó a vendar mis heridas, lo que me hizo dudar más. ¿Para qué querían que me recuperara si me iban a matar? Quizás Strife me quería en las mejores condiciones posibles para luego el mismo destruirme.

El tipo encargado de mi recuperación comenzó a hablar… y yo que ya empezaba a disfrutar de la soledad: - Yo te admiraba, recuerdo aun cuando tu solo volviste a Shading cuando nos atacaron los orcos. No puedo creer que ahora seas un maldito traidor, ¿después de que luchaste tanto por defender la ciudad vas y matas a lord Kolts?  Y no solo a él, sino que a mis amigos también, las mismas personas que tu entrenaste. Me das asco Necross…- Creo que el tipo esperaba algún tipo de respuesta, en su lugar, me quede en silencio. -¿No vas a decir nada? ¿No pedirás perdón por las personas que mataste?- Quizás si le debía explicaciones al muchacho, pues en su mente él creía que había matado a Kolts, y estoy seguro de que él sigue vivo. -Yo… yo tengo.. Tenia la garganta seca, me costaba un poco hablar. -Yo tengo… una gran comezón en el brazo, ¿me puedes rascar?- Creo que al tipo no le gusto mi respuesta, pues paso el resto de la noche golpeándome, sus amigos se unieron también, je… es bueno entretener a los jóvenes.

Los constantes movimientos bruscos del carro me hacían caer una y otra vez, a veces sentía pequeños mordiscos en los dedos, creo había ratas dentro del vehículo, como no tenía energías para hacer nada no podía levantarme, solo espantar a las ratas que me querían comer. Hace dos noches, mientras mis captores descansaban, escuché a los guardias hablar, me querían matar, querían venganza para sus compañeros caídos. Pero Gunnar los detuvo antes de que pudieran hacer algo, les dijo que pensaran en la recompensa que pronto llegaría, supongo que les pagarían bastante por entregarme vivo, ahora entiendo porque estaban vendando mis heridas…

Después de varias semanas en el camino, al sentirme mejor, intenté invocar a Dracul para escapar, incluso intenté usar la electricidad cuando uno de los guardias se me acerco para cambiar las vendas, nada funcionaba. Incluso el hecho de que aun necesitara vendas me sorprendía, usualmente mis heridas por alguna razón se cierran con facilidad… algo me había hecho la maldita Gwynevere. A los pocos días después de mi muy fallido intento de escape el carro se detuvo definitivamente, por fin habíamos llegado a Shading.

-Con un demonio… me pica la nariz.-

Como aún estaba atado de pies y manos, no había mucho que pudiera hacer.



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Re: Diamantes y oro

Mensaje por Necross Belmont el Sáb Nov 26, 2016 5:03 am

III- De un bandido a otro.

Logramos espantar a los bandidos después de que hicimos contacto, se enteraron de alguna manera que pronto llegaríamos. No importa, los alejamos del pueblo, pronto podríamos largarnos y cobrar. Durante el camino pasamos por el pueblo pesquero donde vivía el viejo Lucio, pero no había nadie, ningún alma rondando por el lugar. Por supuesto aquello me asustó. ¿Dónde estaba toda la gente?

No podríamos perder tiempo buscando a los bandidos, así que aunque quería explorar el pueblo del viejo Lucio,  no se me permitiría. Pero quizás Necross sepa algo de esto, le preguntaré cuando regrese. Logramos perseguir a los bandidos hasta la montaña, ya estaba oscuro y nuestra visión había disminuido demasiado. Algunos querían retomar la búsqueda en la mañana, pero yo quería pronto regresar al campamento. Había algo en el ambiente que se sentía pesado.  Nos adentramos en el bosque bajo la montaña, por donde habían escapado los bandidos, el silencio era absoluto, lo que no era nada bueno. Nuestro grupo era de quince personas, hasta ahora teníamos la suerte de no haber perdido a nadie, y esperaba que así se mantuviera.

Del bosque no se escuchaba nada, no habían animales cerca, ni siquiera el viento nos silbaba, solo logramos escuchar una voz humana pedirnos que nos fuéramos. -Por favor… ya casi nos han aniquilado. Déjennos en paz.- En su voz pude oír el tono de quien está cansado, pero aquello era extraño pues… es primera vez que nos encomiendan esta tarea. ¿Quizás han sido muchos los grupos que les han dado caza a estos bandidos?  -Sabes cómo funciona esto. Nos pagaron para matarlos por las fechorías que han hecho. Te apuesto los pueblos que saquearon también pidieron misericordia.-

-Desde hace mucho ya dejamos de asaltar pueblos. ¡Déjanos en paz!- Por supuesto, un bandido acorralado diría cualquier mentira con tal de vivir un día más… yo mismo lo hice, suerte que el tuerto me creyó.

-//-

Desde que Demuth escapó de Halteese las cosas fueron de mal en peor, nuestros reyes se preocuparon más de sí mismos que de la población. Nosotros como meros peones no podíamos hacer más que aceptar las migajas que mensualmente nos entregaban, robar era penado con la muerte, por eso éramos pocos los que siquiera se atrevían a hacerlo. Yo y mis hermanos fuimos los pocos que si se atrevieron.

Pero no robamos en nuestra natal Halteese, nuestro plan era escapar, viajar a Dalkia o Maletta y de allí obtener el oro necesario para ayudar en parte a la familia. No alcanzamos a cruzar la frontera cuando atraparon a mi hermano menor, yo siendo el de en medio de inmediato quise volver por él. Mi hermano mayor no me lo permitió, me recordó que no solo el robo era penalizado con la muerte.

Nadie podía escapar de Halteese, todos debían dar su fuerza para reforzar las filas del ejército, nuestros reyes estaban dispuestos a todo con tal de recuperar la tierra que Demuth se robó hace ya varios años. Por fuerza mayor a nosotros tuvimos que escapar a Maletta, las fuerzas de Halteese no nos atraparían allí, pero quizás por el solo hecho de ser oriundo de esas tierras nos ejecutarían sin pensarlo. Mi hermano mayor murió de hambre antes de que pudiéramos llegar a uno de los pueblos de Maletta, cargue su cadáver por varios kilómetros hasta que las fuerzas ya no me lo permitieron. La última vez que lo vi fue en un prado verde, su rostro demacrado no era la sombra de lo que alguna vez fue.

Durante varios meses me dedique a robar todo lo que pudiera, y juntar todo el dinero posible para después volver a Halteese, sabía que no sería sencillo, pero se lo debía a mi madre y a mis hermanos. Uno de aquellos días, y como el golpe final, me decidí a entrar al mismo palacio de Demuth y sacar todo lo que pudiera, tenía ya suficiente oro para regresar, pero aun así… lo había hecho tan bien que estaba seguro podría lograrlo una última vez.

Meterme al castillo de Demuth no fue difícil, los soldados estaban tan acostumbrados a la paz que casi se dormían durante sus guardias. Fue un juego de niño llegar a la sala de los trofeos del rey exiliado, incluso me perdí varias veces dentro del laberinto que era el castillo, aun así nadie logro verme.  Pero hubo un pequeño cambio en los vientos, para mi desgracia aquel día un grupo de mercenarios había sido convocado al palacio, estos llegaron un tiempo después de que yo entre.

Estaba atrapado, rodeado completamente. Solo necesite hacer un poco  de ruido para que me encontraran… intente correr pero uno de sus virotes se alojó en mi pie haciéndome caer. Pude ver a Demuth en ese momento acercarse, no estaba enojado, pero si parecía decepcionado. -Oh joven, no hay necesidad de que uno de los míos se dedique a robar. Maletta tiene trabajo para todos sus hijos.-

-Je… pues que pena para mí, no soy hijo de Maletta.-

La misericordia en el rostro de Demuth se desvaneció de inmediato, luego ordenó que se me ejecutara, “no hay lugar para sucias escorias en mi palacio”.  Vi que una sombra con una espada inmensa me arrastró hasta una habitación, no pude ver su rostro hasta que se paró frente a mí. -¿Qué clase de idiota le roba al rey cuando tiene un grupo de mercenarios cerca?- La luz poco me dejaba ver, pero de igual manera alcancé a ver el parche del tuerto. Su comentario casi me hace reír, pero no lo logro, me dolía demasiado la pierna.

El tuerto llamo a una pelirroja para que lo ayudara a atarme de pies y manos, antes de eso con un trozo de tela me cerraron la herida en la pierna. -Que… ¿qué están haciendo?- Pregunté con miedo, la hora de morir ya se acercaba y no podía seguir con la mentira de ser valiente. -Escuchaste al rey, ahora estas muerto. Se buen cadáver y no digas nada.- No entendía nada, pero al escuchar la puerta de la habitación abrirse de inmediato jugué mi papel, estaba muerto y debía actuar como tal.

El hombre del parche y la pelirroja le explicaron a Demuth que el trabajo estaba listo, poco después de eso se llevaron “mi cadáver” y me metieron a un carromato.

Necross me saco del palacio, y cuando estuvimos lo suficientemente lejos me dio dos opciones, podía unirme a los mercenarios, o irme, sin ningún tipo de represalia. No dude por un segundo, seguiría al hombre del parche hasta la muerte… se lo debía. Días después de entrar en los alas negras me entere de que mi madre había muerto por demencia. La única razón que me quedaba para volver a Halteese ya no estaba… por una parte me sentí destrozado, durante el camino había perdido a toda mi familia, pero al mismo tiempo también me sentí aliviado. Ya no tenía lazos que me restringieran.

-//-

- Largo, váyanse, corran lo más lejos que puedan y nunca regresen. Si los alas negras se enteran de que siguen con lo mismo, caeremos con toda la fuerza que tenemos y de ustedes no se recordara nada.- El bosque de pronto se llenó de sonidos, de los arbustos un grupo de diez pelagatos salieron corriendo, un pelirrojo barbón los lideraba, este me dio una mirada de agradecimiento antes de perderse en el bosque.



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Re: Diamantes y oro

Mensaje por Necross Belmont el Dom Ene 15, 2017 5:34 pm

-IV  Alas que no han tocado el cielo.

Siempre me dice que no me preocupe, que volverá pronto, que volverá con bien. Vater es un hombre fuerte, A Sif y a mí nos protegió cuando viajamos a Shading, se preocupó en todo momento por nosotras cuando se perdió en el desierto. Se preocupa también por Mary Ann y el resto, por los soldados, incluso también por la gente que desde Shading nos sigue. Es por eso que Vater quiere que aprenda a luchar, para ayudarlo en la batalla. Han pasado tres meses desde que se fue, cuando regrese seré una arquera tan buena como Mutter, y ahora podre yo protegerlo a él.

Mary Ann hoy me dijo que si seguía practicando tanto no tendré energías suficientes para saludar a Vater cuando este llegue. Me pidió que la acompañara a comer, le dije que iría enseguida… el resto de la tarde lo pase junto a Sif, ambas escondidas en el bosque, comiendo trozos de carne seca que la loba logró robarse.

Al día siguiente la señorita Mary se acercó para regañarme por no ir a comer ayer, le dije que lo lamentaba. -Está bien Nadine, solo ve a comer hoy. ¿Está bien? Le asentí y luego ella se fue, me quede con Sif mirando el campamento, como todos los soldados se movían haciendo las tareas que les ordenaban, era la única que podía entrenar sin preocupaciones. Como todos los días, antes del mediodía, Vince me pidió que lo ayudara a encender el fuego para comenzar con el almuerzo, para mí no era problema alguno crear una pequeña llama entre mis manos, el señor Vince me recompenso con un pan dulce que había estado guardando.  -¿Sabes Nadine? Deberías practicar también con el fuego, creo serias una muy buena maga.- Después de sus palabras me despeino el cabello, me hizo reír, él también reía.

Cuando termine de ayudar al señor Vince regresé al mismo lugar de siempre para esta vez practicar con el fuego. Lo primero era respirar, inhalar y exhalar mientras formaba la llama entre mis manos.

-Necesito que te concentres bodoque. Respira, busca en tu mente aquello que te haga feliz, busca un recuerdo cálido, uno agradable. Siente como la energía fluye a través de tu cuerpo.-

Queelana, la piromante del pantano me dijo que para practicar el calor necesitaba tener en la mente un recuerdo cálido, y mi recuerdo fue el de Vater apoyándome cuando cruzamos la oscuridad del pantano para buscar a la que sería mi maestra. Él confiaba en mí, en que podía hacer nacer la llama. Abrí los ojos, y entre mis manos el cuerpo del fuego se veía fuerte, grande, poderoso. Sentía el calor de la llama llenar mi cuerpo, pero al mismo tiempo el frio del agua, mis ojos estaban empapados… extrañaba a Vater, lo necesitaba para alentarme, ya no quería pasar más noches sola.

El señor Legato entonces se apareció para practicar también junto a otros soldados, pero al verme con el fuego les dijo que volvieran después. Apague la llama y me seque las lágrimas, pero él sabía que estaba llorando… -Oye Nadine, si tu papá te viera ahora estaría muy orgulloso.- Sé que sí, pero sus palabras me cansaban, todos en el campamento sentían pena por mí.  Le agradecí las palabras al joven Legato y junto a Sif me perdí en el bosque, solo quería estar con la loba.

Al llegar la noche nuevamente me perdí el almuerzo y la cena, una vez más pase la tarde junto a Sif, ambas perdidas en el bosque comiendo pedazos de pan duro del día anterior. Regresé hasta la tienda para dormir, se veía grande como siempre, vacía… Sif ocupo un lugar de la cama y yo me acosté a su lado. Antes Vater ocupaba ese lugar, y desearía que él nuevamente lo hiciera.

Vater… vuelve pronto…



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Re: Diamantes y oro

Mensaje por Necross Belmont el Mar Ene 17, 2017 1:04 pm

V- V de Vince.

Usualmente los días en el campamento son siempre los mismos, yo, como el encargado de alimentar a los soldados soy siempre el primero en despertar. Los últimos informes de Mary Ann dictan que ya tenemos más de quinientas personas, muchas mas realmente. Si Necross viera lo mucho que hemos crecido desde que escapamos de Shading, en los últimos cinco meses que lleva fuera… seguro una sonrisa saldría en su endurecido rostro.

Pero claro, el mérito de cocinero no me lo podía llevar solo, porque gracias a Elthias que algunos de los soldados prefieren ayudarme a tener que combatir. Somos veinte personas las encargadas de repartir pan en las mañanas, y de inmediato comenzamos a trabajar en el almuerzo, algunos van por agua, otros picamos las verduras, y si tenemos suerte preparamos la poca carne que tenemos para echarla a la sopa. Aunque siempre comemos sopa, intentamos que sea lo más llenadora posible, y claro, que tenga buen sabor también.

Hace unas semanas Mary Ann logró que un pueblo campesino que nos pidió ayuda, nos pagara con cosechas y animales en vez de monedas, desde ahí, dos de cada cinco trabajos que completamos se cobran así. Claro, los bolsillos se ven más vacíos, pero el estómago de los alas negras esta siempre lleno.  Siempre antes de que empezáramos con el almuerzo Nadine llegaba para usar su magia y encender el fuego. Antes se quedaba conmigo y me ayudaba a gritarle a los ayudantes, pero ahora no hace más que entrenar; cuando tengo tiempo me escapo del sector y la voy a ver. La niña ha mejorado muchísimo, ahora es ya capaz de atinar sus flechas en el centro de los blancos; pero se esfuerza mucho.

Cuando los brazos ya no le sirven es cuando recién regresa al campamento, han sido varias las veces que se le olvida comer.

El almuerzo ya había acabado, y por una hora -a veces dos-  el campamento estaba en total tranquilidad. Algunos soldados se dedicaban a tomar la siesta, otros a hacer vida social. Algunos incluso le pedían permiso a la dama de hierro para escapar por algunos días y gastar el dinero que habían ganado. Aunque éramos mercenarios, cada ala negra debía estar comprometido con el resto, un cuervo no puede volar si las plumas de sus alas desaparecen.

Use este tiempo de descanso para ir con Mary Ann y simplemente hablar con ella, aunque vivimos en el mismo campamento, hace mucho tiempo que no nos veíamos. Me  encontré a la dama de hierro hablando con un grupo de hombres, supuse que eran nuevos reclutas, pues es primera vez que los veía. Aunque mas que conversar, Mary Ann parecía discutir con ellos.

-Nos contaron que el líder de los alas negras era un hombre, un tal Nécros. Un hombre de cabello oscuro, un hombre que usa un parche, ¡UN HOMBRE!-

-Por tercera vez, Necross esta fuera, ocupado, busca hacer crecer nuestra empresa. Por el momento yo estoy a cargo, pero si no les gusta bien pueden regresar por donde llegaron. No tolerare a quienes no sepan respetar la cadena de mando, y mucho menos lo haría él-

Los hombres dejaron de discutir, se disculparon, y pidieron nuevamente una oportunidad para unirse, eran cinco. Hasta aquel momento me mantuve en silencio, pero con una sonrisa les di la bienvenida a nuestro grupo de mercenarios. Erk se llevó a los nuevos reclutas para informarlos, y darles un mejor equipo, ya que las prendas que traían se veían desgastadas y a punto de romperse. -Juro por Mordekaiser que podría matar a ese tipo de gente sin ningún problemas.- Con una ceja arqueada, y una sonrisa convincente, la dama de hierro dirigió su mirada hacia mí. -Vamos Mary, de seguro que en Shading tenías gente peor.-

Nos quedamos conversando, sentados sobre el tronco de un árbol, que hace poco habían tirado, mirando el campamento, lo inmenso que ahora era. -Sabes… la gente sigue llegando, el campamento sigue creciendo, el negocio es cada vez más grande y cada vez somos más solicitados… Pero nuestro líder no puede ver nada de esto.- Su rostro hasta el momento sonriente por la plática que llevábamos, de pronto se cayó, no en tristeza, si no en preocupación. -Tu bien sabes que Necross suele tomarse las cosas personales, prefiere hacer todo él. Ya pronto volverá, quizás con qué tipo de aventuras para contarnos.- Su rostro seguía afligido, miraba las nubes buscando en estas una respuesta.

-¿Estas bien?-
-Nunca se había tardado tanto. Creo ya van cuatro meses desde que Nadine lo vio.-

Pasé mi brazo por su hombro, buscando consolarla un poco, la dama de hierro descanso su cabeza en mi hombro, y juntos nos quedamos mirando el campamento. Sabía que pronto volvería a sus tareas, y tal cual, después de un rato regresó al sector de entrenamiento; para atormentar un poco a los nuevos reclutas.

Por mi parte debía regresar  a mi sector, el pan para la mañana siguiente no se haría solo. Y mientras amasaba con el resto de mis compañeros, la pequeña Nadine se acercó a mi lado, pidiéndome un pedazo de carne. Supuse que debía estar hambrienta de tanto entrenar, pero la carne no era para ella, era para Sif, su loba. -Mira, te daré dos pedazos de carne, uno será para Sif, y el otro para ti. ¿Qué te parece?- La niña asintió contenta, tomo ambos pedazos de carne, y supongo regresó para continuar sus prácticas con el arco.

Al  ver a la niña tan contenta se me ocurrió una idea. A la dama de hierro le haría un pan especial, relleno con carne para alegrarle la tarde; después de todo es ella quien casi que controla toda nuestra empresa. Durante la noche y cuando todo el campamento estaba dormido me encamine hasta la tienda de dormir de nuestra líder. Aún estaba despierta, pues el interior de su tienda estaba iluminada, pero… habían sombras, no estaba sola…

Hubo forcejeo, vi a Mary Ann escapar de su tienda justo en el momento que una soga la atrapaba desde el cuello. Sabiendo que no podría dejarla sola, deje el pedazo de pan sobre un barril cercano, y luego tome el cuchillo de carnicero que siempre portaba. -Jamás hemos trabajado para una mujer y no planeamos hacerlo ahora, pero si vamos a enseñarte tu lugar, y lo que realmente deberías estar haciendo en el campamento.- Alcancé a escuchar, y por lo que las sombras me dejaban ver uno de los tipos estaba estrangulando a mi capitana.

-Oye Mary Ann, ¿recuerdas el mapa que me entregaste?- Grité. Me quede fuera de la tienda, haciéndome el tonto, como si nada pasara, necesitaba que salieran de allí. La vela al interior de la tienda se apagó de inmediato, luego uno de los sujetos salió para encontrarse conmigo. -La señorita Mary está hablando con mis compañeros, nos dará la bienvenida.- Una sonrisa lasciva se dibujó en el rostro de aquel sujeto, la cual se mantuvo aun cuando tuvo clavada la hoja de mi navaja entre ceja y ceja. Tres de sus compañeros salieron de inmediato e intentaron golpearme, más bien, lo lograron, me lanzaron al piso y entre patadas me restringieron de todo movimiento.

Sentí un dolor punzante en el estómago, luego un líquido tibio, uno de los sujetos me había apuñalado antes de que me hicieran caer.

Pero allí apareció ella, con una patada mando a volar a uno de los tipos, con espada en mano hizo un corte en la pierna del segundo, y usando sus conocimientos de las técnicas cuerpo a cuerpo logro hacer que el cuerpo del tercero girara en el aire, para hacerlo aterrizar de cabeza. Todo antes de que lograra pestañear, por algo Necross la tenía como segunda al mando.

-¡GUARDIAS!-

En menos de diez segundos todos los mercenarios que rondaban el lugar se aparecieron frente a la dama de hierro, un par me ayudaba a cerrar la herida, para luego ayudar a cargarme y llevarme con los curanderos. Antes de que me alejaran de la dama de hierro, pude escucharla decir: -Preparen las cruces…-

La noche la pase entre mareos, vómitos, y dolores varios, pero por suerte para la madrugada ya estaba mejor. Creo que pase todo el día durmiendo, pues cuando desperté ya estaba oscureciendo, Mary Ann llego al rato después, para ver cómo me encontraba. -Estoy bien, tu deberías preocuparte por los soldados, que creo la comida de hoy quedo espantosa.- La pelirroja rio suavemente y luego asintió, al parecer la comida si había quedado mal. - De cualquier manera, yo comí mejor que el resto, cerca de mi tienda había un gran y gordo pan lleno de pedazos de carne. Estaba bastante bueno.- Le mostré mis dientes a la dama de hierro, estaba tan contento de que haya encontrado el pan que olvide todo el dolor de las heridas.

-Gracias Vince.-

-Oh no se preocupe capitana, para eso estamos.-

Un silencio repentino se hizo entre nosotros, eso hasta que le pregunté qué había pasado con los sujetos de la noche anterior, ella me miro a los ojos, y me dijo: -Cuando estés mejor, míralo por ti mismo.- Luego de aquello se retiró, excusándose de que tenía muchas cosas que hacer aun. Durante dos días estuve en la enfermería, a veces me iban a visitar mis compañeros de cocina, cuando tenían tiempo claro, incluso aprovechaban de llevarme la comida. La pequeña Nadine también aprovecho de visitarme, pasaba parte de su tarde leyéndome historias que tenía en un pequeño libro, un libro desgastado por el uso constante.

Cuando ya me sentí mejor decidí salir de la enfermería y pasear por el campamento, después de todo no debía hacer trabajo físico, y para cargar los sacos le podía pedir ayuda a mis compañeros, quería ir a ver que paso con los sujetos que intentaron atacar a Mary. Lo primero que hice fue caminar hasta donde teníamos las fosas, usualmente allí encerraban a quienes se mal comportaban, pero los sujetos no estaban allí.  Camine por todo el campamento buscando a los sujetos, si conozco a la dama de hierro, algo había hecho con ellos, no los dejaría caminar libremente por ahí sin algún tipo de represalia.

Así, caminado, llegue hasta la entrada del bosque, y aun lado del camino vi cinco cruces de madera, en ellas estaban los sujetos colgando. Desnudos, con moretones en todo el cuerpo, secos por el sol que ya hace dos días debían venir sintiendo. Entre gestos intentaban pedirme ayuda cuando me vieron, no podían hablar pues tenían la boca amordazada.

Por un segundo pensé en ayudarlos, luego recordé lo que intentaron hacer, lo que me hicieron. Di media vuelta para regresar al campamento, quizás aún podría ayudar a hacer la comida, claro, si las fuerzas me lo permitían.



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Re: Diamantes y oro

Mensaje por Necross Belmont el Mar Ene 17, 2017 1:12 pm

VI- Ayuda.

Solo se necesitó un día para que los malparidos nos encontraran, malditos hijos de puta, ¡Déjennos en paz! - Samovar, tenemos que dejar a Jerry o la hermandad nos atrapará.- Llevamos mucho tiempo escapando de los guerreros de Luminaris, de nuestro grupo ya solo queda un puñado de hombres. No quería dejar a nadie atrás… pero la gangrena de Jerry nos estaba retrasando, debíamos dejarlo a morir y escapar, o matarlo nosotros mismos y ahorrarle el sufrimiento.

Siempre fuimos bandidos, ninguno de nosotros encajaban en ningún lugar para ser sincero. En nuestros cinco años asaltando caravanas nos hicimos de un nombre, mi reputación se elevó hasta las nubes. En las Nalini decían que fui criado por hombres en las montañas, en Valashia que mi cabello era una llama constantemente encendida “Samovar, el terror del triunvirato”. Eran buenos tiempos, lo fueron hasta que nos contactaron para cazar a una mujer, y un hombre tuerto.  

-Samovar, tenemos que irnos ahora mismo.-

Tomé una de las dagas del gangrenoso Jerry y con esta misma le corte la garganta, el hombre estaba listo para morir, pues sabía que ahora mismo solo era un peso muerto, y no teníamos la opción de aparecernos en alguna ciudad y pedir ayuda, mi cabello y la cara de alguno de mis compañeros era demasiado reveladora.  Dejamos el cuerpo del ahora muerto Jerry descansando sobre un árbol, y nosotros no alejamos lo más rápido que pudimos de ese lugar.

Mi primer encuentro con el tuerto fue curioso e interesante, nos vimos las caras en una aldea cerca de Naresh, nos enfrentamos a puños como antaño, como hombres. Por supuesto gané aquella pelea, pero desde aquel momento supe que me volvería a encontrar con él. Hace muchos meses atrás un soldado se acercó a nosotros, tenía una misión y una bolsa de oro. Podría pude  matarlo y quedarme con el oro, pero la codicia pudo más, pues nos prometió un segundo pago después de terminar con el trabajo, teníamos que atrapar  a una muchacha de cabellos oscuros, una vampira. Nos dijeron que está viajando con un hombre tuerto, que lleva un mandoble en la espalda. Es peligroso, tengan cuidado.-


Estaba seguro que era él, Necross Belmont, el bandido de Shading. Antes de que nos presentaran aquella misión me puse a investigar sobre el hombre del parche, lo poco que supe de él  es que  Shading lo buscaba por matar a uno de sus nobles, un amigo del rey por lo que supe, que tenía una hija, y había formado un grupo de mercenarios, estos se escondían en algún lugar de Valashia, pero nadie sabía dónde.

La cosa es que envié a mis compañeros a capturarlo, el tipo se veía amenazante por supuesto, pero todos ellos vieron cuando le di una paliza y lo deje inconsciente de un solo puñetazo. Era un trabajo sencillo, y quizás también mis muchachos se podrían divertir con la chica al capturarla, sabía que lo necesitaban. Pero la misión no fue sencilla, el tuerto y la muchacha seguían matando a mis amigos, pensé en ir yo mismo, pero para ese momento ya les habíamos perdido el rastro, y habíamos gastado el dinero que nos dio la hermandad.

A los pocos días llego nuevamente el mismo soldado que nos encomendó la misión, nos dijo que debíamos pagarle de vuelta pues no habíamos cumplido con el acuerdo. Lo matamos ahí mismo y robamos todo lo que tenía, ese fue uno de los tantos errores que habíamos cometido.

Se podría decir que tengo algunas reglas para vivir, un credo, si quieres llamarlo así. Uno que por supuesto rompí varias veces.

Nunca confíes en:

-Una mujer cuando llora.
-Un mercader cuando jura.
-Un ladrón cuando dice que pagara.
-Un ebrio que reza.
-En una serpiente cuando duerme.
-Ni en los fanáticos religiosos.

Después de algunas semanas nuestro pequeño refugio fue atacado, una choza escondida en los bosques de las Nalini, alejada de los caminos principales… la incendiaron, nuestro hogar fue destruido completamente, y desde ahí hemos estado escapando. La hermandad nos ha aniquilado, de los treinta malhechores que éramos, no quedamos más de veinte, perdón, diecinueve… pobre Jerry.

Los siguientes días los pasamos escapando, los que corrimos a tiempo del ataque anterior fuimos los que sobrevivieron, lo lamento por los que dejamos atrás, pero así era la ley de los bandidos, debías sobrevivir el día a día no importaba como. Dejamos de asaltar caravanas y saquear pueblos por el miedo que teníamos, sabíamos que la hermandad era una fuerza considerable, no sabíamos de donde podían aparecer, los ataques eran incesantes, nos querían extinguir.

Nos alimentábamos de la naturaleza, de bayas, fruta, animales, cualquier cosa nos servía. Durante la noche avanzábamos, no nos podíamos permitir dormir pues el constante miedo a ser atacados vivía en nuestra cabeza, durante el día descansábamos algunas horas antes de seguir. Mis compañeros todos los días me miraban buscando alguna esperanza, algún plan mágico que nos librara de la sombra mortal de la hermandad. Pero yo no tenía nada, ni una idea, ni una sorpresa, nada… solo las ganas de seguir viviendo.

Con el pasar de las semanas nuestro grupo se redujo a un puñado de hombres, de los diecinueve que logramos escapar, ya no éramos más de diez. Fue en una de esas noches que nuevamente nuestros enemigos nos encontraron. Eran… varios, no pude deducir su número pero aunque solo fueran dos pelagatos no podríamos hacer nada contra ellos. Estábamos heridos, cansados, hambrientos. Apenas si teníamos fuerzas para movernos. Pero por la piedad de algún dios, nuestros verdugos nos dejaron ir. Vi al que los lideraba, un muchacho de cabellos violeta, mucho más joven que yo. Pero lo más curioso es que se hacían llamar los alas negras, eran los mercenarios del tuerto…

El tuerto, yo lo conocía.

Tuve una idea, ¿Qué tal si le pedíamos ayuda a los alas negras? Por un momento pensé en simplemente colarnos entre sus mercenarios, pero aquella idea más pronto que tarde moriría, el tuerto me conocía, el tipo de cabello purpura también. Hubo una cosa que pude deducir, que para los alas negras ya estábamos muertos, que su misión de cazarnos ya se había acabado, pero la hermandad aun nos seguía, y no se cansarían hasta que nos mataran. Debía pedirle ayuda a Necross Belmont.

No necesitaba de su piedad, con tal de que nos mantuvieran como prisioneros ya era suficiente, era mejor que correr de lado a lado o pasar las noches sin dormir. Si fuera por mí, ya hubimos huido a otro país, pero tal como estábamos se me hacía difícil pensar que teníamos la fuerza para lograrlo.



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Re: Diamantes y oro

Mensaje por Necross Belmont el Miér Ene 25, 2017 1:33 am

VII-  Seis meses.


Debía ir al campamento de los alas negras pues ya estaba asustado de lo que podía pasar. Yo, como soldado de la hermandad tenía la obligación de saber que pasaba con ellos, que había sucedido con Necross y porque nunca llegaron a la fortaleza. En nuestro hogar, le pregunte a mis líderes que había pasado con el hombre del parche, y  porque después de tanto tiempo sus mercenarios no se habían unido a nuestro grupo. Ni Gwynevere, Benhart o Vincent supieron responderme. Pero no me dejaron sin respuesta, -pues en las palabras de Benhart- no debía molestarme en ayudar a quienes no querían ser ayudados.

Pero conocía a Necross, desde hace mucho tiempo ya, él no se tomaría tantas molestias para ayudarnos sin buscar algo a cambio, se preocupaba por su gente,  y el tener a los alas negras en nuestra fortaleza era su más grande meta; algo había pasado. Entonces, sin informarle nada a nadie, durante una calurosa tarde decidí salir de la fortaleza y buscar por mí mismo las respuestas que necesitaba.

-Buenos días Biggs. ¿Sales solo?-

-Así es amigo mío. Necesito unos materiales para trabajar el metal, volveré en unos días.-

Sin decir más me despedí del soldado que custodiaba el peaje, y junto a mi caballo marchamos.

Al tuerto lo conocí hace muchos años ya, cuando con mi compañero Wedge nos vimos involucrados en el incidente del castillo de Arthias. En ese tiempo aún seguía ciegamente a la orden, mas después de la muerte de Wedge, y de sobrevivir la noche al castillo, mis pensamientos extremos fueron muriendo. Conocí el mundo, logre aceptar que había otras razas y que no todas eran malvadas, o una aberración; como desde pequeños nos enseñaban.  Por supuesto también conocí a la madre de Nadine. Tiempo después junto a ella y el tuerto logramos desbaratar  el gobierno corrupto de Abanisia, ellos se perdieron cuando el caos tomo la ciudad, solo yo me quede para combatir. Fue allí cuando vi por última vez al hombre del parche y a la divium, después de la guerra, y ya cuando me había separado de la orden, seguí la búsqueda de lord Waltz, la mente maestra detrás de todo el conflicto en Abanisia.

Pase años buscando al desgraciado, aunque realmente no tenía claro porque lo hacía. Quizás era un tema que debía cerrar, quizás se lo debía a Ondine, pues ella había sufrido mucho por culpa mía y  de Waltz. Hace varios meses supe que estaba viviendo en Naresh, que era un noble con poder, en aquel momento le di el dato a los alas negras para que le robaran las monedas que le cobraba a la gente; porque si, también seguí la pista de Necross.

La vida de un soldado es corta, dura, y sangrienta, un impulso instintivo me hacía querer buscar las pocas amistades que realmente tenia, y el tuerto es el único que después de tantos años ha sobrevivido todas las desgracias que la vida el entrega. Por eso mismo quería ver a los alas negras dentro de las filas de la hermandad, los soldados tenemos que mantenernos unidos.

Llevaba una semana días en el camino, aun me faltaba para llegar a Maletta, al bosque donde se escondían los alas negras.  Era inevitable para mi recordar el pasado, volver a mis días de entrenamiento como soldados, cuando hui de la orden, como me uní a la hermandad. Mi creencia en Luminaris siempre fue la misma, mi dios es un dios caritativo y bondadoso, pero el poder hace que la gente olvide su verdadera naturaleza, y los supuestos designados para esparcir su voz no piensan en nadie sino en sí mismo. La hermandad es distinta, ayudamos a cualquiera que necesite ayuda, nuestros líderes tienen la sabiduría suficiente para  tomar buenas decisiones, y aquello llenaba mi alma de alegría. Después de tantos años logre encontrar mi hogar.

Al llegar al bosque sentí un escalofrió correr por mi espalda. En la entrada de la arbolada habían varias cruces clavadas en la tierra, de estas colgaban cadáveres, la escena en si era tétrica. Entre al bosque silbando, y a los pocos minutos de la nada apareció un soldado buscando escoltarme, evadimos las trampas hasta que llegamos al corazón del bosque, donde en un prado artificial estaban todas las tiendas de los mercenarios. Pero algo estaba pasando, pues varios hombres estaban arrodillados, atados de pies y manos, mientras Mary Ann les gritaba.

A ella también la conocía, por supuesto, desde que conozco a Necross de hecho, siempre me pareció una mujer atractiva… Mary Ann se veía molesta, quizás los hombres arrodillados eran traidores, quizás intentaron hacer algo… Me acerque al grupo junto a las escoltas que me ayudaron a cruzar el bosque; cuando Mary Ann me vio se le inyectó el rostro de enojo.

-¡Biggs!- Interrumpió su regaños para  decir mi nombre, luego miró con la misma furia a un pelirrojo que resaltaba entre los apresados. -Samovar, de pie. ¡Rápido!- Uno de los soldados con presteza se acercó al pelirrojo y corto sus ataduras, junto a él nos hicieron caminar hasta la tienda más grande del lugar, y allí Mary Ann se encerró con nosotros.

-Biggs, ¿Qué haces aquí?- La segunda al mando del tuerto hablaba con tranquilidad, pero aun así… se notaba cierta hostilidad en sus palabras, no terminaba de entender que sucedía.  Vine a ver a Necross, Mary. No puedo comprender porque rechazó el acuerdo con la hermandad. ¿Dónde está?- El pelirrojo, -creo se llamaba Samovar- me miro con miedo, lo hizo cuando mencione a la hermandad, se veía tan incómodo que recogía su cuerpo cuando lo miraba. -Vienes a ver a Necross. Entiendo. Este hombre también vino a verlo, viene buscando, pidiendo asilo porque a él y a sus compañeros los está persiguiendo la hermandad. Necross lleva seis meses desaparecido, ¡se supone que estaba con ustedes!-

¿Necross desaparecido? Pero si ya estaba todo arreglado para que los alas negras fueran a la fortaleza. -Mary… no sé qué sucede. Necross tenía la vía libre, tenía ya el permiso para dejar a los alas negras entrar en nuestra fortaleza. Sobre la cacería de este hombre, no sabría responderte, aquella información nunca se me entregó, ni lo conozco.- La dama de hierro, la mujer que encontraba muy atractiva… cuando terminé de hablar Mary Ann desenvaino su espada y la apunto a mi cuello, levanté las manos de inmediato, no quería luchar. -Mary, por Luminaris, tranquila.-

-Tranquila estoy, Biggs. Ahora empieza a hablar, ¿Dónde está Necross?-

Las siguientes horas las pase explicando y relatando mi último encuentro con el hombre del parche. Le conté a la pelirroja el acuerdo que Necross tenía con los líderes de la hermandad, sobre el bosque, las criaturas con las que luchamos, y los aliados que encontramos. -¿Un centauro y una orco? Hace meses se nos unió una orco y un centauro. Quédense aquí.- Mary Ann salió de la tienda y al abrir la tela, por un segundo vi que fuera habían varios soldados haciendo guardia.

-¿Cuál era su nombre, amigo?-
-Samovar. Y no soy tu amigo, los tuyos me han hecho mucho daño.-

El ambiente estaba tenso, el hombre cambio su mirada cobarde por una llena de odio, la verdad no tenía idea de que estaba pasando.  Al poco tiempo regreso Mary Ann, y junto a ella venia Bagh’nakh y el centauro, este último no pudo entrar en la tienda pues era muy grande, la orco se alegró al verme, pues una gran sonrisa se dibujó en su rostro.

-¡Biggs! ¡Qué bien que estas aquí! ¿Podemos ir por fin con ustedes?- Nuestras caras largas le hicieron entender a la orco que algo sucedía, algo andaba mal… y ninguno de nosotros tenía idea de que era.

La orco se unió a nuestra reunión, y después de un tiempo logramos entender porque Mary Ann me acusaba y a la hermandad de atentar contra Necross. Según ella, al  grupo de Samovar los estaban siguiendo pues intentaban acallarlos. Ellos fueron los últimos enemigos del tuerto, y ahora estaban rindiéndose ante los alas negras, ellos no pudieron matarlo, -por lo que supe los torturaron por varias horas y nadie dijo algo relacionado a Necross- los últimos que tuvieron contacto con el hombre del parche fuimos nosotros, pero estaba seguro que si intentaba buscar la verdad nuestra hermandad saldría inocente.

Pero… al recordar las palabras de Benhart mi corazón dio un brinco. Ellos sabían o al menos tenían información sobre donde estaba Necross… de algún lado tenía que venir la advertencia del anciano. Si bien mi ser estaba para siempre encadenado a la hermandad, mi lealtad estaba con mis amigos. Volvería a la fortaleza y buscaría pistas, se lo debía al tuerto.



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Re: Diamantes y oro

Mensaje por Necross Belmont el Sáb Ene 28, 2017 2:01 pm

VIII- Diamantes y oro.



-Henos aquí, Necross. Este será tu nuevo hogar, espero te guste, pues no habrá otro.-

No estábamos en Shading, realmente no tenía idea de donde estábamos. Mientras Gunnar me hacía caminar mire alrededor, habían varios hombres que con pereza parecían mantener vigilado el lugar, estábamos en un área de tierra seca, con parches de lodo por todos lados, rodeados por una débil valla de madera, y varios puestos de vigilancia en las alturas. Nos rodeaba una gruesa columna de murallas de piedra, estábamos en un agujero, y por supuesto, por las murallas se paseaban varios hombres. Con la misma actitud perezosa que los demás.

Frente a mí, en la pared vi un gran y oscuro agujero, hacia allí me estaban haciendo caminar. Estaba nervioso, sudaba sobre mi cuerpo a torso desnudo y vendado, las piedras en la tierra seca y caliente se clavaban en mis descubiertos pies, el corazón me latía como nunca… ¿realmente este sería mi fin? Mientras Gunnar me arrastraba, pues las piernas apenas me sostenían, me puse a pensar en todo lo que hice. En todas las aventuras, en todas las peleas, en todas las situaciones en que creí que sería mi fin. Aun cuando me enfrente con orcos, luche contra hordas de trasgos,  combatí con dragones, y bueno, morí; logré salir con bienestar de todo, o por lo menos encontré una manera de seguir adelante. De seguro seria lo suficientemente astuto para salir de este agujero de mierda.

-Mira el sol por última vez Necross.- Y haciéndole caso a mi antiguo hermano de armas, volteé el rostro y por última vez, mire el sol que en lo alto me miraba de regreso. -Genial… ahora por culpa tuya me duelen los ojos.- Gunnar me empujó para avanzar mientras abría y cerraba mis ojos con incomodidad. -Camina imbécil, si sigues con esos chistes te dolerán otras cosas.-

Una vez que entramos un escalofrió subió por mi espalda. El interior de la cueva era una mina, y varios muertos de hambre estaban picando la piedra, otros eran azotados por los guardias. Un hombre particularmente limpio, pues todos los demás estaban llenos de tierra, se acercó a Gunnar y le entregó un pequeño saco, que por el sonido que hizo deduje eran monedas.

El hombre paso su mano por mis hombros y la poso a mi espalda, me hizo caminar mientras Gunnar se marchaba. -Bienvenido, bienvenido. Como veras nuestra comunidad trabaja por el bien común. Entenderás amigo mío, que para ganarte las sobras de pan, y el agua sucia que necesitas para mantenerte vivo deberás pagar una cuota semanal de diamantes y oro. Espero te lleves bien con el resto, serán tus nuevos amigos.- La sonrisa del hombre me daba asco, tenía ganas de golpearlo pero habían muchos guardias alrededor.

Antes de bajar a las entrañas de la mina debíamos pasar por un portón metálico, detrás de este un guardia abrió la puerta, y el hombre con su mano a mi espalda me dio un empujón para avanzar. El guardia me tomo por el hombro, y otro que no haba visto cerró de inmediato el portón.  -Ten.- El guardia que me atrapó me entrego una picota, una canasta, y un pedazo añejo de pan. -Te sugiero te comas eso ahora.- Y sin rechistar mientras bajaba unas endebles escaleras de madera devoré el pedazo de pan, pues tenía hambre.

Al llegar a la planta baja, la única fuente de luz que tenía eran antorchas repartidas por todo el lugar, del sol que se despidió de mi antes de entrar nada se veía, la oscuridad dentro de la luz era abrumadora. Me quede mirando un poco más el lugar, los otros esclavos ni se tomaron la molestia de ponerme atención, mejor así, lo último que quería eran conflictos.

-¡Oye ojitos! ¡Ponte a trabajar mierda!-

Mire al guardia que desde las alturas me gritaba, mientras me mordía el labio superior, seguramente, se me veían los dientes amarillentos.



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Re: Diamantes y oro

Mensaje por Necross Belmont el Lun Ene 30, 2017 12:55 pm

-IX Un mundo en tinieblas.

Sin tener más que hacer que minar, me puse a trabajar sacando fuerzas que realmente no tenía. Durante el camino apenas si me daban sobras para comer, lo suficiente para mantenerme vivo, pero no al punto de poder hacer algo, mis tripas rugían constantemente, y con solo sostener la picota un par de minutos ya sentía mi brazo cansado. Aun así, y sabiendo que tenía que mantenerme vivo hasta encontrar alguna manera de escapar, tome la herramienta con el brazo izquierdo, lo apreté entre mis dedos metálicos, y busque un lugar donde comenzar a minar.

Me acerqué a un tipo, grande, calvo, y musculoso, se veía bien alimentado. -Hey… algún… ¿algún consejo para un novato?- El tipo me miró de arriba abajo por un segundo, luego, me sonrió con cortesía. -Pero por supuesto amigo mío. Quédate conmigo, este es un buen lugar para sacar algunos pedazos de oro.- La verdad, me esperaba que el tipo me mandara al demonio, su amabilidad me sorprendió mucho, agradecía de igual manera tener un respiro entre tanto que había pasado.

Junto a Vladimir –el tipo calvo- pasamos el resto del día minando, y aunque sentía el cuerpo agotado, di lo mejor de mí para romper la roca, el trabajo pesado me tenía cansado y sudado, pero si me quería ganar el pan debería continuar. Y continuaba, pues debía recuperar las energías y sanar las heridas si quería escapar de aquí, y lo haría, de aquello estaba seguro. Los pedazos de piedra sobrante a veces caían sobre mis descalzos pies, a Vladimir aquello no le preocupaba, no se quejaba si la roca sobrante era grande, filosa, o picuda, creo ya estaba más que acostumbrado al trabajo.

Mientras picaba la roca de vez en cuando encontraba pequeñísimas e insignificantes piezas de oro, como buen esclavo las dejaba en mi canasta para acumularlas y después entregarlas, cada vez que encontraba algo, por muy miserable que fuese, Vladimir me sonreía, siempre con los ojos cerrados.

A pesar de la situación, de que me habían vendido a una mina en algún lugar de Noreth, me sentía tranquilo, pues creí al cruzar el gran portón que desde ahora todo sería difícil, o por lo menos los primeros días serian duros. Si todo seguía así de sencillo, podría planear desde mucho antes una manera de escapar, y con Vladimir de mi lado, un hombre corpulento y fuerte, de seguro estaría a salvo.

Vladimir me aviso que la noche había llegado, debíamos entregar lo recolectado y reclamar algunos pedazos de pan para sobrevivir la noche, luego era hora de dormir. El hombre no hablaba mucho, de hecho en todo el día no intento hacer ningún tipo de conversación conmigo, supongo que estaba demasiado concentrado en su tarea como para perder energías hablando; cada vez me caía mejor el sujeto.

A los pocos minutos nos hicieron formarnos en fila, uno al lado del otro, yo me vi entre Vladimir y otro tipo, ninguno de los dos era más alto que yo, pero ambos eran calvos, fornidos. Y éramos varios los esclavos, vi que uno de los guardias paso empujando un carro y allí mientras los prisioneros dejaban la recopilación de día, otro guardia anotaba datos en un papiro.  Aún faltaban varios esclavos antes de que me tocara a mí depositar el pobre contenido de la canasta en el carro. Vladimir y el otro sujeto comenzaron a hablar, detrás de mi cabeza, no los veía ni puse atención en lo que decían, el cansancio era tal que solo deseaba dormir un poco.

Fue allí cuando sentí un dolor punzante en el costado izquierdo de mi torso, al tocarme la piel, sentí un líquido correr por mi cuerpo, y  cuando me fui a ver la mano la tenía con sangre. Me arquee de inmediato mientras apretaba con fuerza la herida con ambas manos, la canasta se me cayó al piso y Vladimir la recogió, cuando levante la mirada lo vi sonriendo, era la misma sonrisa que me daba cada vez que encontraba algo. -Para ser tan viejo eres estúpidamente ingenuo. Gracias ojitos, esta semana comeré muy bien.- Tome la camisa del desgraciado con la poca fuerza que tenía, mientras lo miraba a los ojos. -Hijo de puta…- Su sonrisa altanera no desapareció ni por un segundo.

Cuando los guardias pasaron para recolectar los minerales, a mí me tenían tirado detrás de la fila de hombres, aún estaba consiente pero me concentraba principalmente en detener el sangrado con mis manos. -¿Y a este que le pasa?- Dijo uno de los guardias. -Tiene dolor de estómago, no recolectó nada en todo el día.- Contestó Vladimir. -Siempre los nuevos que se asocian contigo tienen dolor de estómago antes de morir. Je, comerás bien esta semana.-

En aquel momento perdí todo control que tenía sobre mis movimientos, pues mis piernas empezaron a moverse y saltar erráticamente, sentía que el mundo se me apagaba, no sabía si estaba pronto a morir o simplemente quedaría inconsciente…

Lo último que vi fue como los esclavos abandonaban el lugar y me dejaban allí, para morir en soledad por un ataque a traición.



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Re: Diamantes y oro

Mensaje por Necross Belmont el Miér Feb 01, 2017 12:22 pm

X- Lobo herido.

Ella ya tenía mucho tiempo viviendo en la intemperie, entre el cuidado de los elfos vivió por más de siete años, ahora por culpa mía debía soportar el terrible frio de la noche, la hambruna que constantemente sentíamos, la falta de un padre a su lado, que le de las buenas noches antes de dormir. Quizás, quizás si solo su madre estuviera conmigo…

La veía sentada en un gran prado, ella estaba apoyando la espalda en el único y gran árbol en todo el territorio. Leía uno de los libros que desde hace tiempo estaba reuniendo para ella. Como siempre, mi pequeña divium mientras leía repetía cada palabra, sin  hacer ningún sonido, solo movía los labios. Estaba lejos de mí, pero sabía que sola no estaba, pues Sif, la loba, dormía a su lado. -¡Nadine!- Le grité para llamar su atención.

Pero al escucharme la loba, se puso de pie, y erizada comenzó a gruñirme con desprecio, mi pequeña al verme se puso triste, el prado comenzó a arder, así también el árbol que servía de respaldo para la niña. Sif corrió hacia mí con  la mera intención de atacarme,  su cuerpo se quemaba, la piel se iba cayendo mientras se acercaba. La loba se lanzó sobre mí mientras el rostro de Nadine se iba derritiendo a causa del fuego. -¡¡Nadine!! ¡¡Nadine!!-

El rostro entristecido y deformado de mi niña seguía derritiéndose, los huesos que ahora eran la loba comenzaron a morder mi rostro. -Nadine por favor… ¡Nadine!- Intente alzar la mano derecha para alcanzarla, pero su cuerpo…

-¡¡Nadine!!-

-//-

El piso esta frio, rocoso, al costado de mi cuerpo vi una venda y una especie de manojo de tela cubriendo la herida de la apuñalada. A unos metros de mí, un hombre en cuclillas me estaba mirando mientras masticaba pan.

Imagen aproximada:

El hombre me miraba curioso, entre dolores intenté recoger mi cuerpo para alejarme aún más de él, pero el dolor y el cansancio me lo impedían. -Hey... mmm… ¿Quién es Nadine?- Mientras intentaba sentarme sobre la tierra, exhale con fuerza, mi respiración estaba agitada, solo podía respirar por la boca. -¿Quién demonios eres?- Me encontraba igual que un lobo herido, gruñendo, intentando intimidar cuando bien sabía que nada podía hacer.


- Pues mi nombre es Deon. Un placer, supongo. Quédate tranquilo, que no eres el primero en caer bajo la trampa de Vladimir.- El tipo sin cambiar de posición se movió hacia adelante y estiró para ofrecerme un pedazo de pan, diminuto. De inmediato lo mire y negué con la cabeza, no caería dos veces en la misma trampa. -Oh vamos, que si te quisiera muerto no hubiese roto mi camisa para tapar tu herida.- En efecto, una de las mangas de la camisa del hombre estaba rota. Aun con sospechas tome el pedazo de pan y con timidez me lo lleve a la boca, siempre mirando a los ojos del tal Deon.

El  calvo esclavo se veía despreocupado, tenía un aire que me hacía pensar que nada le importaba, quizás por eso compartió las migajas que tenía conmigo. -Gr…Gracias.- El sujeto sonrió suavemente, antes de echarse sobre un montón de paja, sobre esta había un pedazo de tela, yo mismo estaba en una cama igual a la suya. - Aprovecha de dormir, que somos esclavos y mañana toca trabajar. No porque estés herido te libraras de aquello.-

Con dificultad volví a recostarme, en posición fetal para aguantar mejor el dolor, o más bien, fue la primera posición que logre, no quería moverme más. Los ojos me pesaban como nunca, sabía que pronto caería nuevamente inconsciente. En mi mente se repetía la imagen de la pesadilla que hace poco tuve, Nadine quemándose, lejos, la loba atacándome. ¿Era acaso un mensaje? ¿Nadine me odiaba por desaparecer tan seguido? Mi niña…

El constante sonido del metal contra el metal me despertó, no tengo idea que hora era, si aún estábamos en la noche o ya había amanecido. Tampoco sabía cuántas horas había dormido, solo tenía la certeza de que seguía cansado, y la herida seguía abierta.

Deon estaba frente a mí, ya listo y preparado para comenzar un nuevo día de labores forzadas. -¿Y cómo te sientes?- De pie como estaba, se acercó a mí y estiró su mano para ayudarme a levantar. -Como la mierda.- Tome su mano y con dificultad me puse de pie. -En un tiempo más olerás como ella también.- Ambos reímos, pero no a carcajadas claro está, solo un leve amago de sonrisa fue más que suficiente.

Al salir del hoyo en la pared donde pasamos la noche, lo primero que vi fue a Vladimir sonriendo frente a mí, a unos cuantos metros de distancia. -Hijo de puta…-  Di un paso adelante con toda la intención de golpearlo en  su petulante rostro, la mano de Deon sobre mi hombro izquierdo me detuvo. Vladimir sonrió nuevamente, dio la vuelta, y se perdió entre la masa de esclavos. Junto a Deon nos encaminamos a una parte alejada de la mina, no había tanta gente en comparación a donde estaba el día de ayer, el calvo me explico que no recogía muchos minerales en aquel lugar, pero al ser el más solitario se alejaba de los conflictos permanentes en la mina.

Antes de comenzar a trabajar vi a una mujer a la distancia, esta estaba sentada sobre una silla y la misma silla levantada por varios hombres. La mujer me vio, pero su rostro desanimado se volteó de inmediato. -Ella puede oler el oro, es por eso que la tratan como una diosa. Aunque claro, solo algunos son los privilegiados que pueden cavar donde ella indica.- De seguro Vladimir estaba en aquel selecto grupo, con fuerza le quite la picota a Deon y me acerqué a un pedazo de roca para intentar romperla.

La mano derecha la usaba para sostener y apretar la herida, la izquierda y metálica para romper la roca. Sudaba, respiraba por la boca, sentía que el sudor se me metía por los ojos. Y aunque era de acero, el brazo izquierdo me temblaba, era notable la falta de fuerzas. Deon se me acercó para decirme que no me esforzara demasiado, que si seguía así se me abriría más la herida. Puse la mano derecha sobre su pecho, y con fuerza lo empuje para alejarlo, su pecho quedo manchado de rojo, la herida se había abierto nuevamente.

Levante el brazo izquierdo para golpear un trozo de roca, pero la punta de la herramienta se fue hacia un lado, lo que causo que mi cuerpo se  pronunciara hacia adelante. Al caer me golpeé con la piedra y luego caí al piso.

Quería levantarme, pero no había caso, sentía nuevamente los ojos pesados…



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