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Diamantes y oro

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Re: Diamantes y oro

Mensaje por Necross Belmont el Jue Feb 16, 2017 4:26 pm

XI-Los ojos de esmeralda.


-¡Hey! ¡Vamos ojitos, despierta!-

Abrí los ojos apenas escuche que me gritaban, y sentía como me sacudían. En mi herida vi un nuevo manojo de tela deteniendo la sangre, a Deon le faltaba la otra manga de la camisa. -Soy… Mi nombre es Necross…- Deon me ofreció su mano para ponerme de pie, sobre el trozo de tela que detenía la hemorragia tenía la anterior, la que estaba manchada de sangre, rodeando mi torso y ayudando a la tela a mantenerse en posición.

Tome la mano del esclavo calvo, y con dificultad me puse de pie, creo mi capacidad de renegación volvió de alguna manera, aunque no completamente, pues si bien aún sangraba, la herida se había cerrado un tanto. -¿Estas bien, Necross?- Sonreía, exhalaba, y le negaba con la cabeza a Deon. -No, pero eso no importa, ¿cierto?-  Deon suspiro con pesadez, me entregó la picota, y regresamos al trabajo.

Esta vez trabajé con más calma, sin tanta furia, con un poco más de relajo. Claro, pasaba más tiempo trabajando la misma piedra, pero estaba seguro que no se volvería a abrir la herida. Necesitaba estar sano si quería escapar de este agujero de mierda, debía tener todas mis capacidades si quería vengarme de Vladimir. De vez en cuando escuchaba que los guaridas pasaban, le gritaban  a los esclavos y a otros menos afortunados los golpeaban, ninguno se acercó a donde estábamos, quizás le daba pereza caminar hasta aquí para golpearnos. El poco aire y el calor que se acumulaba hacían difícil la labor, y para mí se me hacía aún más complicado al estar herido, pero aun así… no había nada más que hacer que trabajar.

Al picar y romper la piedra vi un trozo amarillento dentro de esta, con dolor me agaché para tomarlo, y luego se lo mostré a Deon, este levanto el pulgar en señal de aprobación. -Bien, con eso podrás comerte un pedazo de pan tan grande como tu uña.- Ambos reímos, y se me hacía difícil reír, no por las heridas o el cansancio, sino por la situación. Pero lo necesitaba, aun con todo el cansancio del mundo, y este mismo contra mí, sacaba de la nada los ánimos para dibujar una sonrisa.
Pero nuestras melancólicas y tristes risas pronto se apagaron, de algún lugar escuchamos un fuerte rugido, el mismo que haría una peligrosa bestia. Le pregunté a Deon que demonios era eso, pero el esclavo calvo no me supo responder. -Llevo mucho tiempo escuchándolo, pero nunca nadie ha sabido responderme. Solo sé que en algún lugar de este agujero del demonio hay  algo, y allí llevan a quienes no saben comportarse.- Había una bestia escondida en la cueva, no me sorprendería si tuvieran un minotauro que solo alimentan con carne humana.

Al intentar golpear nuevamente la roca el dolor en mi herida me hizo caer con una rodilla al piso, Deon se apronto para ayudarme pero con la misma mano que sostenía la picota le hice un ademan. -Déjame, yo puedo.- El hombre levantó las manos y se alejó, yo me puse de pie y continúe con el trabajo. Al terminar el día, después de muchas horas de trabajo, nuestras canastas apenas si tenían algunos pedazos de roca, de estos poco se podía ver el amarillento color del oro, pero era mejor que nada. Al llegar la noche  nuevamente nos hicieron ponernos en fila, uno al lado del otro, yo era el último, o quizás el primero. El condenado Vladimir estaba a varios cuerpos de distancia, la única mujer que hasta ahora había visto estaba cerca de él.

Cuando el guardia se apareció frente a mí, en vez de tomar mi canasta y simplemente irse decidió burlarse, entretenerse un rato. - Ah se te paso el dolor de estómago. Te toca trabajar más duro ojitos.- Ambos guardias, -el que se encargaba de descargar los canastos y el que empujaba el carro- comenzaron a reír. Por mi parte fingía una sonrisa cada vez que uno de ellos miraba en mi dirección.

A todos se nos entregó un pedazo minúsculo de pan duro y añejo, y nos ordenaron mantenernos en fila mientras pasaban repartiendo agua sucia, agua de  color café. Tenía hambre, no era el único, a Deon le sonaron las tripas después de comer el pedazo de pan. Sentía el cuerpo acalorado, durante todo el día había sufrido de fiebre y dolor de cabeza, aun así continúe por supuesto con el trabajo. De a poco me recuperaría, y cuando lo hiciera… bueno, saldría de aquí. Por ahora solo regresaría a donde pase la noche ayer.

Al acostarme sobre el montón de paja Deon me preguntó cómo estaba la herida. -Pues mal, si tuviera comida que cagar con solo hacer fuerza se me abriría.- El esclavo calvo imito mi postura mientras reía, eso hasta que escuchamos unos pasos acercarse. Primero vi sus pies morenos, me costaba mucho enfocar la vista entre el cansancio, el dolor, y el sudor que corría por mi rostro.
Pronto aquellos pies se quedaron frente a mí, luego una persona se agacho hasta quedar a mi altura, era una mujer, con unos bellos ojos azules, y aunque eran bonitos, su mirada solo denotaba una profunda tristeza.

La mujer intentó tocar mi herida,  como pude la empuje, haciendo que ella cayera de espaldas. -Tranquilo, solo quiero cocer tu herida.- La mujer me mostró las manos y en ellas vi aguja e hilo. Con la mirada la mujer me pedía permiso, sin saber que hacer miré a Deon buscando ayuda, este solo asintió. -Adelante.- Le dije con toda la seriedad que el momento y los varios dolores me permitían.  La mujer quitó el vendaje ensangrentado, al abrir la herida un fuerte olor a pus salió de la tela.

Ni siquiera sentí la punta de la aguja cuando entró en mi piel, el dolor de la herida abierta era más fuerte. Pero el hilo, el hilo si lo sentí, por supuesto no era el implemento que usaban los curanderos para cerrar las heridas, de hecho el hilo era delgado, pero no lo suficiente, pues de igual manera lo sentía moverte entre mis carnes y cerrar la herida.  -Por… ¿porque me ayudas?- Aunque sentía dolor, mi curiosidad era grande. Vi a Deon ponerse en cuclillas con las piernas abiertas, sus hombros estaban caídos, miraba con interés como la mujer de tez morena me cerraba la herida. -No hay razón más que querer ayudar a un hermano Shadeshiano, eres conocido por los hijos de Shading, Necross Belmont- Me sorprendí, me sorprendí muchísimo, ella era la primera Shadeshiana que no quería matarme desde que escape de esa maldita ciudad. - ¿Cómo… cómo te llamas, hija de Shading?-

La mujer le dio un tirón al hilo para cortarlo, dolió más que la apuñalada de Vladimir. -Esmeralda, adiós entrenador.- Esmeralda, de pie, me miró con una sonrisa altanera. La mujer se fue y yo me quede pensando en sus ojos, azules, casi celestes, hermosos e iguales al cielo, un cielo que jamás volvería a ver…
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Re: Diamantes y oro

Mensaje por Necross Belmont el Dom Mar 19, 2017 12:00 am

-XII El vals del pasado.

Una semana llevaba en este hoyo  de mierda –creo, era difícil tener en cuenta el tiempo cuando no sabías si era de día o de noche-. La herida de la puñalada, y las que de antes tenía ya habían cerrado, no estaba bien, de hecho me dolía el cuerpo cada vez que respiraba, pero ya no debía preocuparme por desangrarme al caminar. Con Esmeralda no volví a hablar, fue raro que solo se acercara para cerrar mis heridas y no volviera a dirigirme una mirada, pero supongo era lo mejor, no se podían gastar energías hablando.  

Un nuevo día de trabajos forzados se había terminado, después de comer pan con sabor a antigüedad y beber agua con pedazos de algo –tierra o piedras esperaba- me quedé conversando con Deon. La verdad prefería estar comiendo pan añejo a lo que sirvieron a la hora de almuerzo, y es que el menjunje de ingredientes aparte de darle un mal olor a la comida, no le daba un muy buen sabor. -¿Por qué estás aquí, calvo?- Con Deon ya tenía la confianza para hablar de tú a tú. Solo entre nosotros hablábamos, pues aparte de la aparición de Esmeralda hace unos días, nadie más se acercaba a este lado de la mina.

El hombre, que de cuclillas saboreaba su añejo pan, espero a terminar de tragar para hablar. -Ah mi amigo muñón…- Como tenía el brazo de acero, el muy desgraciado me decía muñón todo el tiempo. -… la historia del gran Deon, defensor de los indefendibles, y protector de los desprotegidos comenzó hace mucho tiempo…- Resulto que Deon era un ladrón, pero no cualquier clase de ladrón, si no uno que por un bien mayor paso del lado contrario de la justicia. El ladrón Deon en su natal Thonomer se metía a la casa de la gente acomodada para robar todo lo que encontraba, luego el dinero que conseguía de contrabando lo entregaba en orfanatos y a cualquier pobre que encontrara.

-Tenía tan poco cuidado, tan poco respeto por mi vida que la única manera que tenia de sentir emoción era cuando los guardias de los nobles me perseguían. Incluso me sentía poderoso cuando la gente me agradecía entre lágrimas. Ellos creían que lo hacía para ayudarlos, por la bondad del corazón, pero en realidad lo hacía por mí, para sentirme importante entre cucarachas, quería ser la cucaracha más importante.-

El relato del antiguo ladrón me pilló sorprendido, fue su honestidad más que sus acciones. Asumir que lo hacía por su propio ego y no por el beneficio de otros era algo curioso, supongo el tiempo que llevaba encerrado lo había hecho reflexionar sobre sus pasos en la vida. -¿Cómo es que tu terminaste aquí, muñón?- Reí mientras repasaba las cicatrices de la apuñalada más reciente en mi cuerpo.

-Es una historia demasiado larga realmente.-

-Mañana despertaremos cansados igual, así que ya da lo mismo hasta que hora te alargues con tu historia.-

Al malaventurado le conté sobre mis días en Shading, sobre como escapamos y forme la banda de los alas negras, le conté sobre mi hija, sobre Amethist, sobre Arianna, y sobre el día que me capturaron. - Lo tenía todo, la lealtad de los soldados, amigos, una hija que me quería aun cuando yo no era cariñoso con ella. Tenía dos mujeres que sentían algo por mí, dos a quienes quería, una más que la otra claro. Y de un momento a otro… nada, solo pan mohoso y agua de dudosa procedencia. – El hombre me dio una sonrisa lastimera, para luego decir: -Podría ser peor, podrías haber muerto por los ballestazos.- Si… siempre podía ser peor. Mientras nuevamente repasaba la herida en mi vientre caí en cuenta de algo, Deon nunca me dijo porque específicamente había terminado como esclavo, y no me quedaría tranquilo hasta conocer la respuesta, por lo tanto procedí a hacer la pregunta.

-Ahh cierto cierto, bueno. Resulta que no se me ocurrió nada mejor que entrar en la casa de un conde en las Nalini. Su casa tenia demasiada protección, y yo por no tener precauciones me descuidé. No logre sacar nada, y no pase más que algunos minutos allí, pero en fin. Los guardias me golpearon hasta que ya no podía abrir los ojos por los moretones, y lo siguiente que supe es que me encerrarían aquí por orden de aquel conde… Creo que Waltz era su apellido.-


Al escuchar el nombre del conde me quede helado, la sonrisa que hasta el momento tenía desapareció al instante, mi rostro de sorpresa debió asustar a Deon pues de inmediato me preguntó si me encontraba  bien. -Si, no te preocupes. Ya es tarde Deon, deberíamos dormir.- Y sin más me eché sobre el montón de paja cubierto por una sucia tela. Lo único que podía pensar era en que, si Deon terminó encerrado por culpa de Waltz, ¿quizás él también me había encerrado a mí? No, debía ser solo una coincidencia.

Condenado Waltz, maldito hijo de perra… aun al día de hoy no me puedo librar de su fantasma…



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Re: Diamantes y oro

Mensaje por Necross Belmont el Mar Abr 18, 2017 11:11 pm

-XIII El primer paso.

La monotonía reinaba en la cueva, todos los días eran iguales. Despertábamos, trabajábamos, en la tarde nos daban algo de comer para luego continuar trabajando, durante la noche nos repartían míseros pedazos de pan, no moriríamos de hambre, pero de ninguna manera llegaríamos a sentirnos satisfechos. Tres meses llevaba en la mente, en el lugar donde pasaba la noche tenia marcado los días, pero de nuevo, era difícil saber si era de día o de noche dentro de una cueva que siempre se mantenía oscura.

A Deon le hacía pensar que todo estaba bien, pero con cada nuevo día me sentía más aterrado, tenía miedo de que en cualquier momento Waltz se apareciera por la única entrada a la cueva… si me encontraba aquí, de seguro me saludaría cariñosamente.  Durante estos aproximados tres meses he buscado y preguntado si alguien alguna vez había escapado, si había maneras de hacerlo. Si una cosa tenían en común mis compañeros esclavos es que todos habían abandonado la idea de huir, no hay pueblos cerca de la mina, y la guardia constante puede usar caballos para corretear a los que intenten escapar.

Cruzar las puertas ya era un mérito, y por lo que Deon me contó, los pocos que lo hicieron desaparecieron, no los mataron frente a los esclavos, si no que los encerraron en una habitación lejana, donde el rugido de una bestia se oía constantemente; en otras palabras, los usaban de alimento para aquella criatura.  Aparentemente… no había manera de escapar, no desde dentro por lo menos. ¿Me estarán buscando los alas negras? Una parte de mi lo deseaba, pero la otra rechazaba la idea, ellos estarían mejor siendo liderados por Mary Ann, ella sería una mejor líder.


Una nueva jornada se terminaba, y al llegar el fin del día, con Deon nos poníamos a conversar de nada y de todo a la vez, hasta que llegaba la hora de dormir. Hace tiempo noté que el bandido en desgracia tenia tatuajes a lo largo de sus brazos, como no teníamos nada más que hacer decidí preguntarle por ellos. -Pues… infiltrado en la casa de un noble vi unas runas talladas en roca, supongo eran decoración. Pero me gustó tanto el diseño que le dije a un tipo que las hiciera en mis brazos. Fue difícil explicarle los diseños, y estos símbolos quedaron de aquella vez, no significan nada en realidad, creo…- Ambos reímos con suavidad. - ¿Tu tatuaje significa algo?- Preguntó el bandido con calma, para mantener la conversación.


Pero la sorpresa en mi rostro ante la pregunta dejó confundido al bandido en desgracia. -¿Qué tatuaje?- Pregunté de inmediato, pues en mi vida solo he tenido un tatuaje, la marca que Adrammalech dejo en mi espalda cuando se unió conmigo, pero esta había desaparecido hace mucho tiempo. -Tienes una marca entre el cuello y la espalda muñón... ¿acaso te la hiciste ebrio?-  Llevé la mano derecha a la espalda buscando aquellos símbolos de los que hablaba Deon, y en efecto, algo tenia allí. ¿Podría ser esto lo que no me deja invocar a Dracul, ni usar mi magia? Aquella pregunta rondaba mi mente, pues recuerdo sentir que algo hizo Gwynevere en mi cuello, quizás fue esta marca, quizás esto me estaba robando poder.

-Deon, necesito un favor. Toma tu herramienta, y has sangrar el tatuaje…- El calvo se sorprendió ante la petición, dudaba si hablaba en serio o estaba fastidiando, de inmediato sus dudas se disiparon al ver la seriedad en mi rostro. -¿Estás seguro muñón? No sabía que eras de esos sujetos.- Reí con el chiste de Deon, pero le asentí, necesitaba que rompiera el sello, de alguna manera. -Está bien, si eso es lo que quieres… espérame aquí.-  

El bandido se puso de pie, y sin explicar nada más se alejó del lugar. Pensé por un momento que había huido, que fue a buscar a alguien más para hacer lo que le pedí. Sería el colmo si trajera a Vladimir para hacer el trabajo… A los pocos minutos Deon volvió con un objeto que supe reconocer, en la mano traía el mismo cuchillo con el que me apuñalaron. -Le dije a tu amigo que necesitaba su navaja para hacerte daño y… extrañamente me lo entregó sin preguntar, hasta se puso a reír.-

-No entiendo porque estaría tan contento, cuando somos tan buenos amigos…-

-Je, ya arreglaran sus problemas amorosos. ¿Estás listo?-

-No, pero si te apresuras pronto terminaremos con esto.-

El bandido se puso detrás de mí, mientras yo me quitaba  el cabello para que él trabajara mejor. Deon comenzó a pasar el filo del cuchillo por debajo de la carne, sabía lo que haría, intentaría quitarme la piel tatuada. Pero hablar de filo era demasiado, la navaja esta algo oxidada, y podía sentir en mi piel el dolor de un filo roñoso, era doloroso, pero necesario. Me mantuve con los ojos cerrados intentando sobreponerme al dolor, la hoja del arma pasaba lentamente por debajo de mis carnes, cortando con lentitud. Deon no lo hacía por tener cuidado, si no que el cuchillo no permitía más velocidad.

El líquido vital comenzó a recorrer mi pecho con velocidad, las heridas acumuladas, más el cansancio de trabajar sin parar me estaban pasando la cuenta. Sudaba como si estuviera laborando bajo el sol, la visión se me nublaba, y me costaba mantener los ojos abiertos. El dolor poco a poco iba creciendo, pero no era el dolor que la cuchilla causaba, mas parecía que mientras esta más carne cortaba, más dolor despertaba.

Era desesperante…

Mi cuerpo temblaba sin poder controlarse, quería decirle a Deon que ya era suficiente, que no podía aguantar más. Pero la voz no salía, no podía hablarle. Pero a medida que más dolía la herida, con más fuerza podía sentir como fluía la electricidad en mi cuerpo. Sentía los rayos acumularse en mi brazo izquierdo. Quería gritar, quería explotar, pero no podía, el sello me lo impedía.  Finalmente sentí como Deon de un jalón me arrancó un pedazo de piel, y de inmediato levanté el brazo de acero, y desde la palma de mi mano salió disparado un poderoso rayo de electricidad, que causó un pequeño derrumbe en una de las paredes.

Después de liberar la energía acumulada caí de inmediato inconsciente. Sentí como los demás esclavos se acercaban, seguramente a ver que fue el causante del estruendo reciente. Estaba demasiado débil como para mantener los ojos abiertos, pero ya gracias a Deon había dado un gran paso. En mi poder, nuevamente estaba la electricidad de Adrammalech. El primer paso para salir de aquí.



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Re: Diamantes y oro

Mensaje por Necross Belmont el Vie Mayo 05, 2017 9:43 pm

-XIV Imparable.

Me sentía bien, me sentía excelente. La herida que la cuchilla que Deon causó ya había cerrado, al destruir el sello mi capacidad de regeneración había regresado. Incluso las heridas anteriores ya habían sanado, sentía que yo solo podría enfrentarme a todos estos desgraciados. Pero de Dracul aún no sabía nada, no podía hablarle en mi subconsciente, no sentía su presencia dentro de mi mente, incluso le dije al bandido calvo que me hiciera enojar, pero nada resultaba, es como si mi segunda mitad ya no existiera.

No podía decir que estuviera contento, pero era de alguna manera un alivio.

He pasado tanto tiempo junto a Dracul, he vivido días y noches con el terror en el cuerpo, el miedo a que algún día no pudiera controlarlo y le hiciera daño a mis seres queridos. Siempre pensé en  mí como una bomba de tiempo; cuando tenía a Foxhound, creía que moriría en cualquier momento por mi idiotez, al tener a Dracul, me di cuenta que en cualquier momento podría perder el control y dejar que todo su salvajismo se liberara. Y si, de alguna manera me sentía aliviado, pero era un alivio que llegaba en el peor momento, ahora es cuando más necesitaba la brutalidad del engendro…

-¿Cómo es que después de sacarte pedazos de piel te sientes tan bien?-

Junto a Deon nos encontrábamos labrando las piedras, trabajaba como nunca antes, con energías, era primera vez en cinco meses que me movía tan rápido. -Tu lo dijiste hace tiempo, soy de esos tipos.- Ambos reímos, aun con la situación, aun sabiendo que no podríamos salir, había tiempo para reír… casi parecía que había aceptado que no podría escapar, me sentía demasiado cómodo en la cueva.

De vez en cuando había altercados, aunque más parecían peleas arregladas para deshacerse de quienes los prisioneros consideraban agitadores. Habían varias miradas sobre mí, pero mi rencilla era con Vladimir, aunque solo hemos intercambiado miradas de furia, aún no hemos llegado a los puños.  ¡Pero como quería que así pasara! Hace tiempo que tengo ganas de romperle la cara,  y las cosas están tan tensas que siento que en cualquier minuto explotara todo, y cuando suceda, cuando todo se salga de control, le demostraría lo poderoso que puede ser mi brazo de acero.

-Necross… ¿te has enterado de las noticias?- El tono de voz de mi compañero era de preocupación, aun así, le sonreí con camaradería, no había nada que me matara el humor. Recogí un pedazo de piedra que tenía un poco de mineral dentro, y le negué con la cabeza a Deon, pues no tenía idea de que me estaba hablando. -Escuché por ahí que Waltz vendrá a inspeccionar la mina. Y yo llevo años aquí, él nunca antes vino a inspeccionar… Creo que viene por ti.-

No podía decir que estaba sorprendido, la verdad después de que me enteré de quien era el dueño de este pedazo de tierra, ya lo estaba esperando. Suspiré con fuerza, me quedé mirando el piso, tratando de entender las mil emociones que recorrían mi cuerpo. -Pues Waltz sí que sabe cómo hacerme sentir especial.-

No importaba como me sintiera ante su presencia, que pensara, las cosas que llegarán a pasar. Me sentía imparable, podría yo solo detener un ejército completo. Si bien no podía ya escuchar la voz de Dracul, tenía una imagen más importante en mi mente. Nadine dibujaba su rostro en mi memoria, su voz me sonaba clara, sus juegos me hacían sonreír cuando ya no había nada por sonreír.

Por ella saldría, no por los alas negras, no por mis amigos, no por mí, sino porque se lo debía a esa pequeña niña, porque me prometí que le daría una vida con un padre… no dejaría que un fantasma del pasado volviera para atormentarme.



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Re: Diamantes y oro

Mensaje por Necross Belmont el Dom Mayo 07, 2017 4:45 am

-XV Pour L'Eternite.

Spoiler:

Escuché las pisadas de los caballos, el bullicio del exterior, como los soldados se movían de lado a lado intentando ordenar todo, y dejar las cosas a punto para la llegada del gran señor. Mientras rompía las rocas y recogía el oro escuchaba como los gritos de los soldados afuera ordenaban que todo estuviera listo para la llegada de lord Waltz.

Mi corazón saltaba, estaba agitado, Deon lo sabía pero no decía nada ¿Qué podría decir? Nada serviría, ninguna palabra de apoyo podría ayudarme realmente. El bullicio del exterior nos tenía a todos desconcertados, pues todos los esclavos habían parado sus labores para intentar escuchar que sucedía, pero claro, a latigazos y golpes los hicieron volver al trabajo.

Eventualmente se alcanzó a oír el ruido de una carroza deteniéndose, y a los pocos segundos se abrieron las grandes puertas de acero, dejando pasar la luz. Por un segundo alcancé a ver el azul del cielo, y el fulgor del sol cegó mis ojos acostumbrados a la oscuridad. Cuando las puertas se cerraron lo vi de nuevo, siempre pulcro, con una sonrisa de arrogancia que ya conocía. De pie como estaba, mantenía las manos con los dedos entrecruzados frente a su torso. Con los dedos repasaba sus muchos anillos, parecía disfrutar el momento.

Lord Waltz:

-¡Abran paso para Lord Waltz!-

Gritó uno de los guardias, mientras Waltz comenzaba a descender. Los esclavos se pararon en fila en el lado izquierdo de la cueva, el dueño de la cueva con disgusto avanzó entre ellos, mirándolos con desprecio, caminando hacia mí, con dos soldados a su lado. Suspiré con fuerza, aguantando los nervios, era difícil admitirlo, pero Waltz me daba miedo…

-Lucard Wasser, el hombre del lobo, el hombre del parche, el amigo de los elfos… Necross Belmont, ha pasado mucho tiempo desde que nos vimos cara a cara.-

-Je, no ha sido suficiente.-

Lord Waltz, el conde de Abanisia que intentó derrocar un gobierno, el hombre  al que mis soldados le robaron las recaudaciones de impuestos, estaba frente a mí, como la sombra de un pasado distante, como un recuerdo de días de antaño.  -Cuando Shading te capturó tuve que mover muchos hilos, cobrar muchos favores, y pagar bastante por ti. Eres importante para mi Lucard.- Tenia la pica en las manos, con un solo movimiento podría partirle la cara… -Tu sí que sabes cómo hacerme sentir especial.- Escupí al piso, cerca de sus botas de cuero ennegrecido y adornadas con oro, los soldados a su lado hicieron amago de querer golpearme, pero Waltz los detuvo.

-Sigues siendo tan testarudo como antes. ¿Cuánto ha pasado ya? ¿Nueve, diez años?- Sus expresiones y gestos eran exagerados, realmente él estaba disfrutando el momento. -Como dije, no ha sido suficiente. ¿Qué haces aquí?- Uno de los soldados dio un paso adelante, y con su dedo cubierto de armadura me apuntó. -Si sabes lo que te conviene le hablaras a nuestro señor con respeto malnacido.-  Waltz rió, yo bajé la cabeza. -Es simple, Lucard, tú me robaste, y vengo a cobrar la deuda. Pagaras con sangre todo lo que me has hecho. Los intereses han subido desde nuestro encuentro en Abanisia.-

Intenté clavar la pica en la cabeza del conde, pero de inmediato los guardias me tomaron de los brazos, me golpearon un par de veces en el estómago para calmarme. -No esperaba menos Lucard, llévenlo con los demás.- La escolta de Waltz me lanzó al piso frente a los otros esclavos, mientras me ponía de pie intentaba descifrar que planeaba Waltz. -Cualquiera de ustedes, que quiera una reducción en sus años de servicios, dará un paso adelante y golpeara a mi amigo aquí presente.- Volteé el rostro hacia Waltz, lo vi riendo, a continuación sentí un puñetazo en  el rostro. El primero en golpearme fue Vladimir, no me sorprendió realmente.

Poco a poco los demás esclavos comenzaron a golpearme, solo un era un puñetazo, y la mayoría se apiado pues sus golpes no dolían. -Sé que pueden hacerlo mejor señores, si mi amigo no sangra no hay trato.-  Lo veía en sus rostros, el arrepentimiento... No los conocía, no sabía sus nombres, pero no les tenía odio, de hecho ellos tampoco hacia mí, más la oferta era demasiado buena como para dejarla pasar.

Los esclavos comenzaron a golpearme con fuerza, intentaba mantenerme de pie pero la oleada de golpes y patadas me lo ponía difícil. Deon y Esmeralda se mantenían lejos, mirando con horror como me convertía gradualmente en pulpa. Me golpeaban el estómago, el rostro, algunos las piernas para hacerme caer, pero estoico me mantuve de pie hasta el momento en que ya no pude más. Caí de rodillas, con el rostro ensangrentado e hinchado, casi no podía ver, la boca me sabía a sangre. Sentí que un par de manos me tomó el rostro, al enfocar la vista me di cuenta que era Waltz. -Resulta que tenías dos ojos, y yo que te creía tuerto, no dejas de sorprenderme Lucard.-

Un chasquido de dedos y ya me tenían nuevamente de pie, los guardias de Waltz me habían levantado de los brazos, pues apenas si me podía mantener parado. -No creas que esto acabo amigo mío, aún nos queda mucho que pactar. Así que descansa por hoy, mañana continuaremos.-  Deon y Esmeralda se aprontaron a ayudarme cuando los soldados me dejaron caer. -¡Alto ahí! Si lo ayudan les cortare los dedos.- Levanté mi mano izquierda, temblorosa, sangrienta, con un ademan les hice entender que no necesitaba su ayuda. Comencé a arrástrame hacia mi lugar de descanso, pase al lado de Waltz , el cual me miraba con la misma sonrisa de imbécil que siempre llevaba, sin duda, él estaba disfrutando el momento.



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Re: Diamantes y oro

Mensaje por Necross Belmont el Lun Mayo 08, 2017 12:22 am

XVI- El viento, el viento sopla.


Todos los días, a la misma hora, las grandes puertas de metal se abrían para dejar pasar los rayos de sol,  por medio segundo todos los esclavos eran capaces de ver el cielo azul nuevamente. -Todo gracias a ti, Necross Belmont, hijo de Shading.- Esmeralda desde el otro lado de la puerta todos los días venía a hablarme, no se quedaba mucho, pero no fallaba en su cometido. -E-es que nunca lo dije, s-soy bastante im-importante.- Desde hace ya varias semanas Lord Waltz había formando un campamento fuera de la cueva, todos los días a la misma hora, regresaba a la celda donde me habían metido para torturarme.

Era bastante creativo la verdad, eso debo admitirlo. Pues ya no dormía en el piso, si no que pasaba mis horas colgado de los brazos, día y noche, hasta que el torturador de Waltz me bajaba por pocos minutos. Y el conde se rodeaba de ingeniosos compañeros, pues su torturador no solo me pateaba, si no que tenía la extraña fascinación de orinarme encima, pareciera que este tipo guardaba sus meados para mí.

Se notaba el dinero que Anthony Waltz tenía en sus juguetes, pues no escatimo en gastos para traer las más atroces barbaridades para mí, él sí que me hacía sentir especial. Las marcas de acero hirviendo se acumulaban alrededor de todo mi cuerpo, así también las cicatrices de latigazos. Una de las cosas que Waltz particularmente disfrutaba era de clavarme pequeños, delgados,  y filosos cuchillos en las piernas. Todos los días perdía una cantidad considerable de sangre, pero no era suficiente para morir, el torturador de Waltz lo aconsejaba bien.

-Lo siento Necross… ya debo irme, Lord Waltz pronto vendrá.-

Tenía ganas de agradecerle la compañía, pero era difícil cuando apenas tenía las fuerzas para mantenerme despierto. Escuché los pasos metálicos de los soldados, Waltz pronto entraría por la puerta, una vez más, dando paso a una luz que realmente no quería ver. Deseaba con toda mi alma mantenerme en la oscuridad, ni siquiera era capaz de usar la electricidad, pues no tenía fuerzas ni energías. Cada vez que escuchaba como se abría la puerta, mi cuerpo se contraía, y el miedo se hacia uno conmigo.

-Ah Lucard, ¿Cuánto ha pasado ya? ¿Tres semanas, un mes casi? Aun no entiendo de donde sacas la fuerza para seguir vivo. Me sorprendes viejo amigo. Pero claro, esto es bueno para el negocio, vivo puedes seguir pagando todos los problemas que me causaste.- A pesar de vivir constantemente con dolor, ya no sentía los brazos, el derecho me lo habían roto hace tiempo, pusieron una tabla en su extensión y la golpearon con una maza de hierro. -Ven conmigo Lucard, hoy veras a tus compañeros.- Los soldados escoltas de Waltz cortaron la soga que me mantenía colgando, y me arrastraron hasta el centro de la cueva, donde luego llamaron la atención de los demás esclavos para que se acercaran.

-¡Ustedes nobles trabajadores conocen a este hombre! Gracias a él tienen el privilegio de tener mi presencia en este agujero infernal. Pero no lo conocen tanto como yo. Verán, este hombre decía ser tuerto, y si hay algo que no puedo aguantar son los mentirosos… Desde el piso, vi que Waltz sacó una cuchilla entre sus ropajes, y la clavó en el piso, frente a mí. -…Aquel que le quite el ojo izquierdo se ira de esta prisión, sin preguntas, y sin problemas.-

Los murmullos no se tardaron, pero nadie se atrevió a dar un paso adelante, ni siquiera Vladimir. Sacando fuerzas de la nada me puse de rodillas, miraba a Waltz con odio, con ganas de matarlo, él se regocijaba en mi miseria. -¡Yo lo hare!- Se escuchó en algún lado de la masa de esclavos. -¡No! ¡Necesito salir de aquí!- Pronto los esclavos comenzaron a empujarse entre ellos, a pelear por mí, era una competencia de quien  me arrancaba el ojo primero.

Algunos en su intento desesperado por tomar el cuchillo de Waltz comenzaron a patearme, a golpearme, pensaban que matándome a golpes podrían conseguir la tan anhelada libertad. -¡Señor! ¡Por favor deténgase!- Para el momento en que Deon alzó la voz yo estaba de espaldas, tirado en el piso, convertido en una masa de moretones, la sangre se me escapaba por todos lados. Mi señor, por favor. Ya hemos tenido suficientes torturas. Mire a Necross, ya no puede más. Le imploro piedad.- No pude verlo, pero escuché cuando uno de los guardias golpeó tan fuerte a Deon que lo hizo caer al piso. -Muchacho insolente, ahora por tu culpa Lucard deberá pagar aún más. Quiero su brazo, cualquiera que lo traiga se ira de aquí.-

Spoiler:

Mi brazo… el brazo de acero… no podía hacer nada por defenderme, mi poca visión me permitía ver a Esmeralda llorando a la distancia, a Deon intentando forcejear con los demás esclavos para que me dejaran tranquilo. No los entendía, no éramos  amigos, no habíamos compartido nada aparte del trabajo de esclavo; pero aun así, ahí estaban, lamentando mi destino. Una parte de los esclavos me tomó de la cintura, otra del brazo derecho, y la última del brazo izquierdo, usaban el cuchillo para cortar mi carne y así separar el brazo. Forcejee, por supuesto, pero de nada servía, logre invocar un par de chispas desde las palmas de mis manos, pero no tenían la fuerza suficiente como para alejar a los esclavos.

Deon se hizo frente a mí, con el rostro lleno de preocupación, intentando convencer a los esclavos que se detuvieran, algunos lo golpeaban, otros intentaban alejarlo… -¡Maten a ese imbécil!- La multitud iracunda dejo salir su rabia con Deon, los golpes que le causaron fueron mortales, puñaladas, patadas, incluso con sus herramientas de trabajo atacaron al pobre bandido. -D-Deon… p-por favor… Pero ya era tarde, Deon cayó al piso, con incontables puñaladas y heridas, y el rostro en un estado de permanente horror.

Después de que mataron a Deon los esclavos volvieron a su tarea, comenzaron a jalar el brazo izquierdo con toda la fuerza que tenían. Sentí como la piel se separaba del brazo, como los nervios eran jalados, los huesos del hombro se me rompían, trizaban, el dolor era inmenso, jamás había sentido algo como ello. Para aquel momento ya había entrado en un estado de shock, los espasmos eran constantes, la saliva se convertía en espuma en mi boca, de un último tirón, los esclavos lograron sacarme el brazo.

-Muy bien muchachos, muy bien. Ha sido divertido. Pronto me iré, pero nadie podrá decir que no soy un hombre de palabra, son libres de irse, ustedes cinco. Soldados, lleven a este… pedazo de basura donde guardamos al Wyvern.-

-Mi señor, en todos los años que llevo aquí no sabía que había un Wyvern.-

-¿Nunca se preguntaron de quien eran los rugidos? Compré a esa bestia hace mucho, pero como no supo comportarse decidí encerrarla aquí, en la oscuridad para siempre.-


No sé cómo… no sé porque, pero seguía vivo, aun me mantenía consiente. Los soldados de Waltz me tomaron de los pies, y comenzaron a arrástrame por el piso, hacia donde estaba el wyvern. He sentido miedo en mi vida, he sentido el dolor en mi cuerpo, pero nunca una frase, un nombre me había aterrado tanto. Ni siquiera cuando Waltz me torturaba, tampoco cuando sentí que ahora moriría por el desangramiento. -P-por fav…-

-Lo siento esclavo, nosotros solo cumplimos ordenes.-

Y sin pena ni cuidado me lanzaron a una nueva habitación, apestaba a muerte, por donde mirara veía huesos, osamentas humanas. Cuando cerraron la puerta la oscuridad se hizo total.  Los sonidos de grandes cadenas alertaron mis ya débiles sentidos, luego fueron grandes pisadas, que trituraban los huesos de antiguas víctimas. -N-no… Dos grandes y amenazantes ojos se aparecieron en la oscuridad, así también una hilera de dientes… sentí un calor en la entrepierna, me había orinado del terror que sentía al ver nuevamente a un dragón. Las grandes mandíbulas se abrieron y con una fuerza violenta y poderosa se lanzaron hacia mí. -¡NO!-

Desde la palma de mi ahora única mano un rayo de electricidad golpeó el rostro de la criatura, la luz que causo mi magia me dejo verla por un segundo… era horrible. Escuché como la criatura se alejó, confundida, molesta, no volvió a acercarse, sus dientes se cerraron, pero en la oscuridad seguía viendo sus aterradores ojos…

Este era yo ahora mismo, un ser mutilado, herido, meado, humillado… Atrás quedo el héroe de muchas historias, el hombre del parche, el hombre del lobo. Ya no era más que un fantasma de lo que alguna vez fui… No era más que un cadáver, alguien a quien pronto vendría Elthias a reclamar.

Si no me mataba el dragón lo haría el desangramiento… esperaba que pronto el dios de la muerte viniera a buscarme…

En mi mente, mientras lentamente era víctima de la inconciencia, el recuerdo de mi hija aparecía. En un campo abierto, donde el pasto era verde, donde los árboles se meneaban pacíficamente con el viento, donde Nadine era despeinada por la brisa…



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Re: Diamantes y oro

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