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Aracnofobia [Campaña]

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Aracnofobia [Campaña]

Mensaje por Vanidad el Sáb Dic 03, 2016 12:07 am

Arena, arena por todas partes, eso era lo único que había en ese perdido  y completamente olvidable rincón del mundo. La diablesa hacia lo que podía para sobrevivir al abrasador calor del desierto, concretamente, se había agenciado un manto blanco para evitar que su armadura de cuero negro la friera y no había salido de la sombra en… dos días, sin exagerar. –Hey, estas en medio.- Un hombre, el capitán de ese curioso barco de arena, la estaba mirando con cara de pocos amigos mientras estaba tranquilamente sentada en una caja, bajo la enorme sombra que proyectaba la vela. –Tengo que estar arriba, vigilando la zona, por si acaso.- No era enteramente cierto, había sido contratada por el dueño del barco como escolta, pero no para proteger el barco. No había caído en lo raro que era hasta que ya estaban navegando, y cuando había preguntado, ese diminuto hombre con monóculo y barba blanca se había limitado a decir que quería hacer “una excursión”. O bien era algo que prefería que sus guardias habituales no vieran o bien era muy peligroso y tenía que contratar a alguien prescindible.

Sin embargo, por más que el capitán se quejara de tener un estorbo en cubierta, en realidad agradecía tener un soldado extra, en caso de que atacaran los piratas, o los gusanos de arena, aunque estaba bastante segura de que le habían estado tomando el pelo con eso último. Al principio se habían presentado recelos, debido a su aspecto frágil, pero las dudas se habían disipado en cuando le partió la nariz a uno de los marineros, Larry, un tipo muy majo en realidad. Pero por suerte para esos marineros, no hubo necesidad de un guerrero extra, puesto que no se veía ni un alma desde hacía un par de días, de hecho, la diablesa se sorprendió cuando vio lo que le recordaba vagamente a un pequeño cerdo con trompa al lado de una planta. –Hey Matt, ¿qué es eso?- Pero en una fracción de segundo, la tierra al lado del cerdo desértico se abrió como si de una trampilla se tratara y una araña lo agarró, una araña casi del tamaño de un caballo. Luego desapareció otra vez bajo tierra, algo más lento esta vez al estar arrastrando un cadáver. -¿Huh? No veo nada…- el marinero (¿o debían llamarse areneros al no estar en el mar?) se había girado demasiado tarde, cuando el espectáculo hubo acabado. –Era… una araña muy grande.- ese cerdo ya le traía sin cuidado, ese depredador tan curioso había captado toda la atención de la diablesa. -Oh, te refieres a las arañas de seis ojos- siguió hablando al ver la cara de confusión de Luzbel -¿sicarias de arena? Tienen seis ojos en vez de ocho y se entierran en la arena para cazar algún pobre animal que pase por allí.- Sonaba muy siniestro.

-Entonces, ¿son antropomorfas? ¿Aquí también tenéis Woe?-


-No… estoy seguro, deberías hablar con algún erudito para eso. Pero nunca he visto a ninguna hablar ni nada remotamente parecido. No atacan a los viajeros, cierto, pero creo que se debe más al miedo que nos tienen que a una inteligencia real.- Era interesante cuando menos, nunca había considerado las arañas como nada más que bichos asquerosos a aplastar.

-Hey, Luzbel, nos vamos.- El tipo que la había contratado, un hombre pequeño y de barba sorprendentemente blanquecina para sus cuarenta años llamado Talereon.

-¿“Nos vamos”? ¿Dónde?-
Miró a su alrededor, estaban, literalmente, en medio de la nada, solo se veía arena, más arena y algo parecido a un cañón en la distancia, pero sin ningún rio visible en el.

-Tomaremos una de las barcas e iremos al barranco, tengo ciertos…clientes discretos.- Contrabandistas, seguro, un negocio discreto, para financiar la travesía.

La verdad, ni siquiera se había fijado en que tenían barcas, pero efectivamente tenían, una embarcación de madera que a duras penas podía llamarse así, con sus escasos tres metros de largo por uno de ancho, ocupado en mayor parte por la enorme vela necesaria para moverse por la arena de esa forma tan surrealista. Al contrario de lo que había pensado Luzbel inicialmente, ese mercader, su patrón, no era solo un tipo rico que ya era rico o se había enriquecido de casualidad, un tipo aburrido que hacia tratos dudosos con contrabandistas para añadir un poco de emoción en sus vidas. No, estaba manejando, en solitario y sin absolutamente ninguna ayuda de la peliblanca la pequeña barca, y la hacía recorrer las dunas con una velocidad y precisión espectacular. Debía haber empezado como capitán de navío.  –Vale, tengo que preguntar… ¿Por qué llevamos cerdos?- El poco espacio que no ocupaba la vela, la diablesa o Talereon estaba ocupado por jaulas con cerdos jóvenes, del tamaño de un perro medio. –Ya lo veras, mujer de poca fe…- No quiso insistir, porque parecía concentrado manejando la vela del navío con una fuerza y vigor que no parecía tener, ni ahora ni nunca a juzgar por ese pequeño cuerpo. Sin embargo, ese mensaje tan críptico no ayudo en nada a tranquilizar a la diablesa. ¿Qué contrabandista de pacotilla aceptaba cerdos como moneda? Cierto que no debían poder criarse en el desierto, con todo el calor y la falta de agua y vegetación, pero de allí a considerarlos un objeto de contrabando había un largo camino. Al final resultó que no tenía que preocuparse por el posible daño cerebral/insolación de los contrabandistas, no era por eso. Era por un motivo mucho peor.

Llegaron al interior del cañón, aunque empezaron a aminorar la velocidad antes, para el confort de la diablesa, que se veía estampada contra las rocas en la forma de un bonito mural rojo. Cuando finalmente entraron al cañón a una velocidad aún menor a la de una carrera, pararon y bajaron. Luzbel se desperezó como un gato bajo la reconfortante sombra que suponía el accidente geográfico y cogió una de las tres jaulas con cerdos. Solo una, no la pagaban para transportar mercancía, sino para proteger, y no podría proteger nada si tenía las manos ocupadas con esas criaturas chillonas, pero sabía perfectamente que Talereon no podría con tres jaulas. –Veas lo que veas, no te asustes cielo, actúa solo si nos atacan.- Muy tranquilizador, totalmente.

Pero todas sus dudas se despejaron en cuando empezó a oír una serie de pequeños chasquidos y unas figuras de un tono marrón canela aparecieron. “Figuras”, arañas, eran tres arañas marrones y una negra como la noche, que se movían silenciosamente hacia ellos mientras emitían pequeños chasquidos al mover sus fauces. La diablesa tenso los músculos y flexionó las rodillas ligeramente, preparándose para saltar.

-Espera… las estábamos esperando- La diablesa miro a las arañas, luego al mercader y finalmente a las arañas otra vez con cara de incredulidad. Ahora que estaba más cerca, podía apreciarse que la negra llevaba lo que parecía ser una cesta de mimbre. No ocurrió nada destacable, la araña negra, que parecía ser la jefa, se adelantó, dejando la cesta en el suelo y luego se retiró junto a sus compañeras a una distancia prudencial, luego ellos se acercaron a la cesta, dejaron sus cerdos y cogieron la cesta, que estaba cargada de una preciosa seda negra como la noche. Aun sin ser una experta en textiles, Luzbel sabía perfectamente que un vestido con esa seda tan espectacular valdría una autentica fortuna, muchísimo más que unos miserables cerdos. Ambos grupos se separaron sin que hubiera derramamiento de sangre. –¿Como hiciste este…trueque por primera vez?- les había echado un buen ojo a las arañas, eran literalmente arañas, pero enormes y con seis ojos en vez de ocho, no antropomorfos. ¿Habría tantos cambiaformas arácnidos por la zona? Lo dudaba, todo aprecia indicar que esos bichos eran lo suficientemente inteligentes como para entender que si no se comían a ese tipo y le daban seda, los cerdos seguirían llegando. –Veras, mi primer barco fue atacado por piratas, siendo yo el único superviviente. Cuando esas cosas se acercaron yo… les tire comida, esperando que se la comieran y me dejaran en paz y… bueno, me dieron agua a cambio. Luego fui rescatado, y cuando pude volver al negocio, solo fue cuestión de enseñarles lo que quería... Pero a mis hombres no les hace demasiada gracia estar cerca de esas cosas.-

A las pocas horas llegaron por fin a Loc-Lac, donde su contrato finalizo y volvía a ser libre de nuevo. Allí, un amable local le enseño la ciudad, en lo que parecía ser una costumbre local, a cambio de dinero, por supuesto, no tenía la menor duda, pero fue un bonito detalle, especialmente cuando ese local, un muchacho que no debería llegar a los quince años, le enseñó ese tablero de misiones del Gremio, donde una llamo la atención. Esas arañas tan majas con las que acababa de negociar, las que no atacaban a los locales, al parecer sí que lo hacían, lo suficiente como para que alguien pagara para su exterminio. Incluso habían tenido el detalle de adjuntar un mapa de la supuesta guarida de bestias, y un nombre en una taberna, para aceptar el trabajo y pedir más detalles. Eso era interesante.


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Re: Aracnofobia [Campaña]

Mensaje por Almena el Jue Mar 02, 2017 9:21 pm

__Una sensación extraña en la boca, como si la tuviera llena de bolitas que rechinaban en los dientes. Aun ensueño, comencé a tratar de quitármelos restregando la lengua contra mi paladar, pero el abrir la boca para expulsarlos, solo conseguí que mi lengua volviera aún más llena de ello. Algo se me metió en la nariz, estornudé. Cambié de posición la cabeza restregando mi cara contra la granuda almohada que parecía tener esta noche, pero algo se me metió en el ojo izquierdo. ¡No aguanté más!
__Enfadada por el improcedente despertar, me alcé de un brinco frotándome la cara furiosamente, tratando de quitarme todo lo que se me había metido en los ojos y la nariz, antes de pasar a rascarme la lengua con las uñas, aún sin conseguir abrir los ojos.
__-¿Ped'ro qué?-mascullé enfadada y dormida, con la lengua fuera mientras abría los ojos para encontrarme rodeada de arena-¡Me cak'go en 'a...!-escupí.
__Me limpié mejor los ojos, tratando de espabilarme, y miré a mí alrededor mientras se me escapaba un bostezo. Gigantescas dunas de brillante arena dorada cubrían todo hasta el horizonte en absolutamente todas las direcciones. ¿Qué narices había pasado mientras había estado transformada?
__Me llevé de nuevo la mano a la boca mientras recorría con la lengua el espacio entre los dientes y las mejillas, aún me quedaba arena en ella.  Escupí otro par de veces, acabe de secar mi ya limosa boca. Después me limpié con la otra mano el ojo, aun me lloraba. Luego suspiré.
__-Desde luego ya no estoy en Thargund-me rasqué el pelo y me dejé caer de espalda de nuevo, cerrando los ojos, quería seguir durmiendo, pero no podía así, perdida en medio de ninguna parte y con la boca pastosa y seca. Suspiré de nuevo-Necesito agua...

__Me di la vuelva alargando un "aaaaayyy..." de tedio, quedándome boca abajo de nuevo. Tras unos instantes de remoloneo más me volví a alzar de un brinco, quedándome sentada. Me llevé la mano al collar, activando su efecto y recuperando mi ropa y pertenencias, perfectamente vestidas y colocadas tal y cómo las dejé. Sin abrir aun los ojos di la vuelta al macuto, dejando en frente mío, y solo una vez abierto volví a enfrentarme al deslumbrante sol, para buscar en el interior la bota de agua.
__Eché un pequeño trago al que le di cuentas en la boca para remojarla antes escupir todo. Luego me eché unas gotas en la mano izquierda que me pasé por los ojos y acabe secando en el pelo, y finalmente di el ansiado y largo trago de agua. Al menos estaba fresquita. ¡Que gusto!

__Guardé el pellejo y, dando otro bostezo me levante para volver a mirar a mi alrededor. Realmente no se veía nada más que arena en el horizonte, mirara por dónde miraba. Bueno, tampoco tengo tan buena vista, pero eso. Suspiré profundamente. ¿A dónde iba yo ahora? Debí pensar mejor el riesgo de no controlarme con las lunas antes de salir de casa.
__-Me ve mi madre, me mata...-
__Miré al sol; el cielo estaba completamente despejado, ni una sola nube en la lejanía; di por sentado que era por la mañana y me decidió por encaminarme hacía el Norte. Tan perdida daba un tanto igual que dirección tomar, pero al menos  así me aseguraba no andar en círculos y  así si se hacía de noche, me podría seguir guiando por la constelación de Melisuna.
__Me eché el macuto a la espalda y ya comenzaba a andar cuando de pronto vi algo que consiguió alegrarme un poquito la mañana, al menos contentarme después del mal despertar. Allí, reptando entre las arenas se me iba acercando mi pequeña compatriota ofidia. ¿Cómo se las había arreglado para seguirme en este mar de arena? La verdad, no tengo ni idea, pero no os hacéis una idea de cuánto me alegró verla.
__-¡Anku!-la llamé mientras me acercaba a ella y extendía mi mano para que ésta se enroscará en ella. En ese momento sentí lastima de que mi compañera fuera una serpiente y no un animal más grande; me hubiera encantado poder recibirla con un abrazo.



__Llevaría caminando ya unas dos horas, y después de haber quemado con plena seguridad la nuca, las orejas y alguna parte más, decidí continuar el camino transformada. Y aunque ahora el pelo me protegía la piel y caminaba más rápido; el acceso al agua era más difícil y requería que parase, transportar a Anku era más complicado y había perdido rango de visión con lo de andar a cuatro patas. De verdad no estaba seguro de cuál era mejor idea. ¿Por qué, lado salvaje mío? ¿Por qué te has metido en un desierto? ¿Mi inconsciente es suicida, acaso?
__Había pasado un buen rato desde que había llegado a una zona en la que la arena era mucho más fina de lo normal, tanto que mis patas se hundían en cada zancada. No es que fueran arenas  movedizas o algo por el estilo, al final hacías pie, pero... era como caminar justo después de una gran nevada, salvo que sin los pies helados, aunque la arena de debajo sí que estaba menos caliente que la de la superficie, y eso al ir descalza, se acaba agradeciendo.

__Estaba a punto de llegar a la cima de una gigantesca duna, la más grande que había visto desde que aparecí aquí, estaba colocada justo en dirección este-oeste y si quería seguir mi camino me tocaba atravesarla justo por donde había más pendiente. Subí en diagonal.
__Y menos mal, porque cuando estaba a punto de poder ver por encima de la duna, un barco, un bicharraco de madera, partió la duna en dos y siguió su camino justo en dirección contraria a la que yo iba. No aplasto de milagro, pero me dejó medio enterrada en la arena.
__No tuve mucho tiempo para molestarme, había algo más apremiante. Me impulsé con las patas delanteras y me transforme a la vez que me alzaba.
__-¡¡Hey!! ¡¡Aquí!! ¡¡Ayuda'a!!-el último grito lo pegué con un gallo entre lo alto que gritaba y el darme cuenta de que no había usado el collar y estaba gritando desnuda en medio de la arena, por un momento agradecí hasta que no me oyera mientras me llevaba la mano al colgante.-¡¡HEY!! ¡¡ALTO!! ¡¡ESPERAD POR FAVOR!!-seguí gritando, mientras comenzaba a correr tras la barca, solo unos pasos, después me di cuenta de que me dejaba a Anku atrás y tuve que volver a recogerla. Sigo sin entender mucho al animal, pero estoy bastante segura de que me miraba molesta por haberla tirado de mi espalda al transformarme.-Lo siento Anku- me disculpe bajito mientras la recogía a toda prisa y me la echaba al cuello para volver a salir corriendo-¡¡¡EEEEEH!!! ¡Por favor! ¡Aquí detrás!

__Las velas que movían la barca se plegaron y poco a poco éste se fue deteniendo mientras un hombre entrado en años se alzaba para observarme desde el interior. Sorprendido de ver a alguien en medio de ninguna parte, me miraba como si fuera un espejismo mientras yo corría para llegar hasta el barco.
__¡Por Ymler! ¿Qué haces en medio del desierto, muchacha?-me preguntó el hombre cuando estuve lo suficientemente cerca para oírle sin que éste tuviera que gritar. Su voz era grave y carrasposa, además parecía tener un tono amable.
__-Eso me pregunto yo-contesté tratando de sonreír mientras recobraba el aliento tras la carrera, mi vida dependía de que el hombre se apiadará de mí. Aun con todo, no pude evitar rascarme la cabeza por los nervios-¿Me creería usted si le digo que me he perdido?
__Me preocuparía bastante más si dijeras no estarlo-respondió él.
__-Perdone si soy algo brusca, pero... ¿podría subir a su barco? Me importa poco a dónde vaya, la verdad, pero no creo que aguante vida mucho más tiempo por aquí.
__Si, comprendo el mundo, no parece estar en muy buena situación...-sus llamativos ojos grisáceos atizonaron el horizonte un par de veces, cómo buscando de dónde había podido yo salir, o puede que buscando si no estaba sola, luego me miró de arriba abajo y se quedó mirando hacia mis hombros, hacia Anku-Aunque debes de entender que desconfíe, en estos tiempo cada vez los bandidos usan estratagemas menos corrientes, y tu historia parece difícil de creer estando a más de treinta millas de la ciudad más cercana.
__¿Tan a tomar por saco estaba? ¿Pero qué narices había hecho mientras estaba transformada?
__-Lo comprendo perfectamente...-comencé a responder, pero paré. No sabía que decir; no podía contarle la verdad, seguramente no me creería y aunque lo hiciera había más posibilidades de que  desconfiaría de mi más por ello que de lo contrario. Traté de mirarle directamente a los ojos en vez de desviar la mirada como siempre, confiaba en que mi rostro transmitiera la sinceridad de mi petición-...pero no tengo una mejor explicación. Llevo andando un buen tiempo y no parece que este desierto se acabe, viene usted a ser mi única esperanza de salvación... ¿Qué he de hacer para que se fie de mí? Puede revisar mi mochila, no llevo nada peligroso, un cuchillo a lo más.-le expliqué mientras le me quitaba la bolsa de la espalda y la abría para que pudiera ver su interior.
__El hombre se inclinó hacia mí y revisó receloso el macuto, sin acercarse demasiado, luego me miró de nuevo, aún no había cambiado la expresión en su cara desde que había detenido su embarcación, me ponía algo incomoda, no podía saber si lo estaba convenciendo o no.
__-¿Y la serpiente?-exclamó señalando a Anku, que aún seguía en mis hombros.
__-¡Oh! Ella...-respondí llevando una mano a su cabeza y acariciándola-...es mi mascota, se puede decir... Mentiría si dijera que es inofensiva, es bastante venenosa en verdad. Pero Anku es bastante tranquila, desde que la tengo nunca ha mordido ni escupido a nadie.

__El hombre se quedó observando en silenció hasta que acabe mi explicación, y luego un poco más, realmente era incomodo, volvió a revisar el horizonte una vez más, echó luego un visto a su barcaza y finalmente suspiro, al fin cambió de expresión.
__-Esta bien-dijo, indicándome su barco con su dedo pulgar-Sube. Pero ten al animal vigilado, que no se te escape.
__-¡Oh, Gracias! ¡No sabe cuánto se lo agradezco! La cobra no se apartará de mí, se lo aseguro.
__-Si, me hago una idea-suspiró mientras yo me subía, indicando un hueco vació entre todas las cajas que portaba el bote, para que dejará mis cosas y me sentará supuse. Luego se volvió hacía el timón, y al pasar al lado de las velas me pegó otro aviso-Ya que estas, ayúdame con esto, ¿quieres?
__-Voy
__-Tira de esas cuerdas de allí y pásamelas por detrás del mástil
__-Vale-tiré de las cuerdas y poco a poco la vela se fue alzando, y con ellas, la barca se puso de nuevo en movimiento.-Aquí tienes.
__-Gracias.-junto las cuerdas con otras que había levantado él y las amarró con un sofisticado nudo a una cornamusa y luego se dirigió hacia el timón.
__Poco a poco, el viento fue soplando, impulsando cada vez más las velas y aumentando la velocidad de la embarcación. El sonido de la madera rozando contra la arena fue intensificándose hasta convertirse en un sonido continuo de fondo. Cuando adquirieron suficiente velocidad, realmente parecía que estaban sobre un mar de agua dorada en vez de sobre un desierto de arena; el casco de la barcaza arremetía contra las dunas cómo si estas fueran olas que se dirigían hacia ella.
__-Mi nombre es Dawda-se presentó el navegante una vez tuvo el barco en marcha--Nasir Dawda
__-¡Ah! Eeh... Perdón. Yo me llamó Almena Ysun.-respondí
__-¿Y de dónde eres, señorita Ysun? Si se puede preguntar.-apartó la vista de mí, creo que al ver que me había puesto nerviosa, y volvió a mirar al horizonte mientras mantenía la mano en el timón.
__-Soy de un pueblecillo de Keyback llamado Mustelheim. No es muy conocido.
__-¿De Keyback? No sabía que había deseh tan al norte. Buen viaje a tenido que ser el tuyo si has acabado perdida Woestyn Olum, muchacha.
__-¿Woestyn Olum?-lo había pensado por lo de la arena infinita pero esto lo confirmaba, ¿Pero cuánto había andado transformada? ¿Cómo podía haber ido tan rap... No, no puedo haber ido desde Thargund hasta Woestyn Olum en tres días, es imposible. ¿Cuánto tiempo ha podido pasar? De pronto me di cuenta del silencio que había provocado--¡Eh! Eeh... ¿Y a dónde nos dirigimos, señor Dawda?
__-Hacía Loc-lac. Por fin en casa después de tanto tiempo viajando-esta ultima frase la dijo casi como hablando consigo mismo, con una sonrisa bajo la barba.
__-¿Ha estado mucho tiempo fuera?-pregunté, para una vez que sabía cómo seguir una conversación.
__-Si.-seguía mirando al horizonte, con una sonrisa en la cara. Parecía que no iba a decir nada más, y yo ya me estaba reacomodando otra vez cuando siguió hablando-Hasta Physis y vuelta atravesando el prado de fuego.
__-¿Physis?-observé las cajas que había en el barco, la mayoría parecían vacías a excepción del barril de agua-¿Y para qué ir hasta ese bosque? Si no es indiscreción.
__-Para conseguir una mercancía rara.-ya me veía revisando otra vez las cajas con la mirada, cuando decidió seguir, se veía que en verdad el buen hombre estaba deseando hablar sobre el tema.-Mi hija, Phara, está muy enferma. Su madre murió hace poco, la misma enfermedad. Yo había estado muy ocupado por los negocios, ni sabía que ellas estaban enfermas, mi mujer me lo había ocultado para que yo pudiera seguir viajando. Me enteré cuando ya era demasiado tarde.
__>>Ni los médicos ni los curanderos ni los alquimistas me han sabido de qué enfermedad se trata, ni tampoco saben cómo curarla. Mi hija parece echarme en cara el no haber estado allí para su madre y ahora siquiera me habla. Pero mis sirvientes me dijeron que ella se había encaprichado con un libro sobre unas mariposas que vivían allí en Physis, así que decidí partir a buscarlas, aunque solo sea para poder dale una alegría antes de lo inevitable.
__>>Fue un duro viaje, y costó convencer a mis socios de que seguramente habría más gente que quisiera tener esas mariposas y que por tanto valdría la pena, pero conseguir partir con una buena caravana hacía el Yestinder, desde donde luego embarcamos hacía Geanostrum para llegar al bosque por el linde norte dos meses después de la partida. Cuándo al fin encontramos el camino hacía el claro entre los gigantescos árboles y lo vimos... Esas preciosas criaturas azules parecían poseer el aire con el batir de sus alas. Nos dejaron maravillados.
__>>Atrapamos tantas como pudimos y regresamos. Varias semanas después, al llegar al puerto, me dio por revisar las jaulas y encontré a todas las mariposas muertas. Esos bichos no vivían tanto tiempo. Tuvimos que regresar al claro y descubrir una forma de transportarlas. Al final recogimos capullos y comida para que llegase una segunda generación, y de nuevo al llegar al puerto cuando estábamos preparándonos para zarpar, detuve la caravana. Había oído un rumor sobre una medicina milagrosa en un país del sur de geanostrum. Si esa panacea era real, debía por lo menos tratar de salvar a mi hija.
__>> Mis socios me abandonaron allí mismo, esos bastardos... decían que ya habían gastado demasiado dinero por unas mariposas como para encima seguir gastando por tan solo un rumor. Viaje yo solo hasta Zherrakia y al llegar allí conseguí comprar un vial de esa "Sangre". Realmente era cara, espero que funcione. Y aquí estoy, ha pasado más de un años desde que partir pero por fin voy a llegar a Casa, veré a Phara, le entregaré las mariposas y la curaré. Todo abra merecido la pena dentro de poco.

__No supe qué responderle a una historia así, pero tenía que decir algo. Estaba bastante segura de que la había contado más por él que por mí. Resultaba conmovedora, más cuando quién te la cuenta está a punto de llorar, pero había pasado más de un año, ¿de verdad su hija había aguantado tanto con la enfermedad mortal? ¿Había algo capaz de curar algo así? Las huestes de Ghadrakha de verdad provocan tragedias terribles en este mundo.
__-Perdóname, muchacha, no era mi intención deprimirte-exclamó finalmente al ver que yo no decía nada.
__-¡No! No es eso, es...-"que no sé cómo responder", creo que eso no lo dije-De verdad me alegro de que pueda volver a ver a tu hija,señor Dawda. De verdad.-no añadí el "solo espero que no llegues tarde".



__El viaje duró varias horas más, no hablamos mucho más, él parecía concentrado en la navegación y a mí no se me ocurría que preguntarle. Las únicas conversaciones fueron sobre si podía beber del barril de agua y que él me aconsejó tratar de conseguir alguna clase de ungüento para las quemaduras cuando llegáramos a la ciudad, al verme quejarme varias veces del cuello.
__Al final, poco a poco, comenzamos a ver más barcos de arena, algunos más grandes que una posada, otros simples barcas aún más pequeñas que la de Dawda. Todos moviéndose por el viento y levantando una nube de arena tras de sí. Todos dirigiéndose o saliendo de detrás una gran roca que se alzaba en la inmensidad de las arenas, una roca que actuaba cómo un gran muro que protegía de las tormentas de arena y que ocultaba el gigantesco puerto de Loc-lac detrás de ella. Una inmensa zona de atraque donde gigantescos barcos de madera y hueso eran vaciados, pertrechados o remendados por una infinidad de cazadores.
__Atracamos en una zona llena de barcos más pequeños, dónde lo único que se veían era un bosque de mástiles. No tuve tiempo ni de dar gracias de nuevo a Dawda antes de que este cogiera dos cajas del barco y desapareciera, estaba claro que llevaba prisa. Me mojé la cabeza una última vez con el agua del barril, agarre mi macuto y a Anku y baje finalmente del barco.

__Avance esquivando gente entre los estibadores, cazadores, areneros y gente que solo pasaba por allí. De pronto comenzaba a echar de menos estar perdida por el desierto. Parecía que la línea de puerto daba a otra que se componía solo por tabernas, una zona dónde pequeños edificios que actuaban de barra y bodega se situaban casi periódicamente entre grandes zonas de terraza donde la gente se reunía u bebía. No me detuve allí, esta zona era aún más bulliciosa y concurrida que la anterior, seguí avanzando para llegar hasta las calles de la ciudad en sí. Eran amplias, con telas entre los edificios para proteger de la luz del sol, y un mercadillo constante en la mayoría de ellas. Aquí ya me di por rendida, no iba a encontrar un sitio tranquilo en toda la ciudad.
__Acabe comprando por los tenderetes. Empecé comprando el ungüento para las quemaduras que me había recomendado Dawda. Luego compre un lagarto que vendían ahumados en las tiendas para que Anku pudiera tragar algo. La cosa es que mientras estaba esperando a que ella acabase de tragar me entró antojo de comprar una uvas en el puesto que había delante de dónde me había sentado, era un puesto concurrido en el que un elfo silvano vendía toda clase de comida vegetal que difícil de hallar en el desierto, y esas uvas eran grande y jugosas, no me pude resistir.
__Después de comprar la fruta, encontrar un pozo donde rellenar el odre y descubrir un pequeño callejón entre dos casas por dónde no pasaba absolutamente nadie donde comer tranquila, comprobé que aún me quedaban doce kull de plata en el monedero. Para poder salir de Woelym calculaba que me costaría más o menos diez de ellos tirando por lo alto, lo cual me dejaba dos de sobra. Así pues de decante por tratar de comprar algo de ropa para para andar por la zona, mejor prevenir que curar más quemaduras.
__Acabé de comer las uvas, así que debió de pasar más de una hora, volví a la fuente para lavarme los dedos y dejar de estar pringosa y me puse a buscar entre los tenderetes algo para cubrirme la piel. Fue horrible. Estaba claro que era la hora punta y todas las calles se llenaron aún más si eran posible. Los vendedores gritaban que se la pelaban, los compradores gritaban aún más, los niños extraviados entre la multitud aullaban y se lastimaban, y yo me escurría como un ratón entre la multitud tratado de no chocarme con nadie.
__No sé cómo pero conseguir llegar a una calle mucho más tranquila en la que encontré una pequeña tienda de telares que hacía esquina con la clase de la que escapaba. Me quedé refugiada allí buscando alguna prenda útil. Tarde lo mío, pero acabé encontrando un pantalón que me gusto, de estos amplios que parecía llevar la gente de por allí, parecía muy como aun siendo largo, seguro que me vendría bien. Para la parte superior lo único que me convenció fue una tela grande con un hueco para la cabeza, un poncho lo llamaban, era como una mezcla entre bufanda y manta, y aunque no soy yo muy de usar bufandas, seguramente me cubriría lo suficiente sin llegar a ser molesto, además lo podía usar para taparle la cabeza, y ganaba mucho.
__Pillé las dos prendas por menos un kull de plata, y estaba yo saliendo la tienda y metiéndolas en la mochila hasta que encontrase un sitio tranquilo en el cuál cambiarme, cuando una musiquilla tintineante proveniente de un pequeño tenderete cercano me llamó la atención. Me acerque para descubrir un pequeño artefacto, seguramente enano, era como un caja pequeña de metal con una manivela que al dar vueltas a esta hacía sonar una canción. Me quedé allí oyéndola un rato, dándole vueltas a la manivela.
Música
__-¿Te gusta, niña?-me preguntó la anciana que llevaba la tienda al rato de estar allí.
__-Si-asentí-Es muy bonita. ¿Cuánto vale?
__La anciana sonrió ante mi respuesta
__-Dos y media de plata-era muy cara, debió de ver mi mirada de extrañeza y desilusión cuando me dijo el precio, porque comenzó a explicarme-Es un artefacto poco común que solo fabrica un maestro artesano enano del prado de fuego. Tarda varios meses en crear cada una, es hasta barato si lo piensas así.
__-Hasta tenía sentido, pero no andaba yo tan sobrada de dinero para gastarlo en algo tan nimio por mucho que me gustará. Saque mi bolsa de kulls y conté otra vez, de verdad que no me podía arriesgar a gastar tanto pero sonaba tan bien.
__Estaba guardando, ya abatida, mi bolsa, suspirando, cuando de pronto, se oyó un grito de mujer proveniente de la parte superior de la tienda donde acababa de estar. Varios guerreros que pasaban por el lugar se metieron en la tienda corriendo, subiendo las escaleras, y cuando miré hacía la ventana vi a una criatura, cómo un mono pero mucho más extraño, saltando desde ella hacía el tejado de enfrente.*
__Sorprendida y extrañada por lo que acababa de pasar, no reaccioné a tiempo cuando los cazadores que habían subido las escaleras volvieron a bajarlas y salieron a tropel de la tienda, tirando a mí, la bolsa de monedas que tenía en la mano y mi mochila. Comenzó a pasar mucha más gente corriendo por la zona, la mayoría parecía perseguir al mono, y por culpa de ellos que no dejaban de tropezarse conmigo, no pude recoger mis cosas y levantarme hasta que ya era tarde.
__Cuando pasó la turba y llegue a recoger mis pertenencias, alguien había decidido agenciarse mi bolsa de kulls. ¡Me cago en su...! Busque con la mirada, pero no encontré a nadie sospechoso, la mayoría corría a cuenta de lo del grito y en menos de un minuto había pasado más gente por esa esquina que la que había ahora en toda la calle.
__Tras una carrera furiosa por la calle buscando quién narices podía haber sido acabe resignándome. Al menos solo me habían quitado eso, todo lo demás seguía en su sitio. La cosa era cómo salía yo ahora de Loc-lac.



__Trate de pedir ayuda a los cazadores que parecían actuar como guardias, pero no me hicieron mucho caso, estaban demasiado ocupados con lo de "un demonio ha aparecido en la ciudad". Nadie parecía tener intención de ayudarme, y a mi cada vez me daba más pudor seguir preguntando a más gente.
__Me retiré hacia el puerto, a ver los barcos zarpar, si encontraba algún sitio tranquilo por lo menos me podría relajar allí un poco mientras pensaba qué hacer después. Encontré ese sitio en el tejado de un bar, casi en el linde del puerto con el desierto, no pasaba casi nadie por allí y se veía a los barcos salir y perderse entre las dunas. Me subí al tejado escalando por unos barriles y me quede allí tumbada, no creo que el dueño se enterará siquiera de mi presencia allí.
__Empezaba a anochecer, y yo seguí allí jugando con Anku cuando oí una conversación proveniente del tranquilo bar.
__-¡Omar, tienes el tallón echo un asco! ¿Es que acaso no limpias las misiones completadas?
__-Si tanto te molesta, Izacar, limpiarlo tú mismo, al final nadie coge las cacerías aquí,
__Con eso me saltó la chispa, Loc-lac otra ciudad de cazadores, ¿funcionaría como Zheroker? ¿Cualquiera podría coger un cartel e intentar el trabajo? Era muy posible y desde luego merecía la pena echar un vistazo.
__Baje de un salto del tejado y di la vuelta hasta llegar al bar, donde vi al tipo quitando panfletos de susodicho tablón, uno gigantesco de madera lleno de carteles.
__-Eh... Esto... ¡Disculpe! ¿Cómo funciona lo de las cacerías-le pregunté al tipo mientras señalaba los carteles.
__-¿Cómo quieres que funcionen? Coges el papel, vas a dónde te dicen, matas y cobras. Se acabó.-me dijo medio enfadado, si no fuera porque estaba realmente a cero, me hubiera largado de allí.
__-Pe...pero me refiero... ¿hay que ser miembro del gremio o...?
__-No, elige la que quieras, niña-me espetó, y luego se fue tras la barra dejando la tarea a medio a hacer.
__No me preocupe mucho más por aquel imbécil, me daba igual el problema que tuviera. Revisé el tablero, había demasiadas misiones, desde conseguir un cargamento de pieles de algún animal llamado "rocoso" hasta ir a cazar "ballenas de arena". No tengo ni de cómo sería una ballena de arena, pero estoy seguro de que me gustaría ver una. Ahora de allí a cazarla...
__Seguí mirando. Misiones en Mashamba, misiones en el prado de fuego, más criaturas que no conocía pero que sonaban gigantescas. Y después por fin ve una asequible: cazar arañas. Según las describían arañas grandes, tamaño caballo al parecer, pero parecía asequible, decidí coger ese cartel y probar a ver.


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Re: Aracnofobia [Campaña]

Mensaje por Tyrande Whisperwind el Vie Mar 03, 2017 10:58 am

La vida de una sacerdotisa selenita a veces puede ser más difícil de lo que parece, en ocasiones debes soportar a todo tipo de personas, que quizás no entienden en lo que crees o lo irrespeta por el tipo de vida que han llevado, considerando tu camino “aburrido” o “tonto”, pero aun con todo eso sobre la mesa, el deber divino siempre termina predominando e ignorar su llamado resulta casi imposible.

En esta oportunidad el lugar a donde mi camino me dirigía estaba lejos, un lugar que la primera vez que lo había visitado me pareció poco amistoso, tanto por las personas, como por el ambiente, demasiado calor, arena en exceso, personas viviendo en total descontrol, sin decir que prácticamente no importa que fueras en este lugar, sino eras un cazador con grandes logros, eras simplemente un ser más que existía, pero que perfectamente podía morir ignorado el resto de sus días.

Efectivamente esta descripción no podía encajar con otro lugar que no fuera Loc-Lac, “bendita” ciudad pensé mientras renegaba para mí, en medio de los Reinos de Akhdar de Woestyn Olum, no podía entender como aún no se había convertido en un pueblo fantasma con los riesgos que corrían sus habitantes en busca de formarse un renombre como cazadores, eso sin contar lo engañoso y traicionero que podía resultar viajar por los desiertos circundantes.

Para mi suerte, el desierto había decidido ser generoso con el transporte del que formaba parte, un gran barco “turístico” que se encargaba de movilizar la mayor cantidad de personas que deseasen viajar a la antigua ciudad de los cazadores.

Cuando emprendí el viaje no tenía totalmente claro el hecho de por qué me habían enviado desde los templos selenitas hacia este lugar, pero los rumores que había tenido la oportunidad de oír dentro de la embarcación, hablan de un encargo algo especial, una tarea complicada que llevaba ya un tiempo en búsqueda de una persona o más bien de un grupo de estas, que lograra darle solución al problema con unas arañas, las cuales según los rumores llegaban a ser gigantes.

Al principio había ignorado un poco el hecho de los comentarios, puesto que la mayoría al nombrar aquella encomienda, lo que ponía como prioridad era la cantidad de kulls que se ofrecía como recompensa, pero a medida que avanzó el viaje, llego un punto donde alguno nombro que estos animales estaban siendo causantes de desapariciones. Lo que contaban en el barco no especifica el por qué se los llevaban, como las arañas elegían a sus presas, lo que si habían repetido y muchas veces, era la altísima cantidad de personas que ya habían desapareció a causa de esto.

-Pues aquí estamos, espero que todos esos años entrenada como guardiana del bosque me sirvan ahora… Porque esta noche iremos de caza- mi tono de voz llevaba rasgos de aliento y motivación, intentando convencerme a mí misma de que deseaba hacer esto, si bien era cierto que me impulsaba la idea de ayudar a la ciudad, las situaciones que posiblemente se presentarían me hacían sentir dubitativa, siendo bastante sincera esperaba que el grupo de personas que estuvieran anotadas para la misión fuera bastante grande, quizás eso me haría sentir más tranquila.

Sin darle más vueltas al asunto, evitando pensarlo demasiado para no arrepentirme, me concentre en buscar algo de comida decente para mí, cualquier lugar por el que pasaba solo estaba lleno de olor a carne, pero ni siquiera bien especiada sino cocida de las maneras más rudimentarias posibles, lo que me hacía negar con la cabeza de modo desaprobatorio cada que lo veía. Definitivamente sería mejor buscar algo de fruta, con suerte no serían totalmente unos animales depredadores todos los habitantes y alguien tendría algún puesto de venta.

Pase un buen rato recorriendo calles y callejones, pero más allá de bares, no lograba encontrar lo que buscaba, hasta que un saludo en mi lengua natal me hizo girarme con bastante presteza sonriendo, al mismo tiempo que agradecía que quien sea que fuere, me llamara al notar mi cara, que probablemente expresaba muy bien mi sentir, tanto de la necesidad de comer, como de querer algo diferente a lo que abundaba en el lugar.

-Buenas lady, me parece por manera de vestir además de su expresión, que no había estado nunca por aquí, es un pueblo difícil para los de nuestra raza, pero si sabes adaptarte puedes sobrevivir bien-

La voz del elfo era amable, por lo que me mantenía sonriente mientras desaprobaba con la cabeza en actitud amigable, definitivamente no me creía capaz de adaptarme a una vida, como esa.

-No lo creo, pero agradezco su amabilidad, además del detalle de saludar en elfico para que pudiera notar que era conmigo, sinceramente estaba buscando comida, pero lo que venden por aquí no es lo mío… Para mi suerte, tu estas aquí y tienes fruta… La cual se ve bastante deliciosa por cierto-

Reía un poco, mientras examinaba todas las frutas que tenía el comerciante en su pequeño tenderete, todas se veían bastante bien, por lo que me dispuse a comprar un poco de todo, para reponer las provisiones que después de tanto viaje ya me estaban fallando, saque de mi bolso, un pequeño saquito de kulls, pague todo lo que había pedido guardando todo en mi bolso a excepción de unas uvas que serían mi comida en esta oportunidad.

Al verme sacar las uvas note como el elfo comenzó a reírse, por lo que una de mis cejas se alzó, poniéndome en actitud un poco defensiva, pues parecía estarse burlando de mí, quizás lo noto y  con la voz jocosa causa de la misma risa se excusó, mientras intentaba detener un poco las carcajadas – Lo lamento lady, no se enoje conmigo, mi risa no es una burla, es simplemente que hace un rato alguien más también vino y eligió las uvas, como lo has hecho tu ahora, quizás sean mágicas y no me he dado cuenta… De cualquier modo disfrútalas-

Luego de escucharle asentí, relajando un poco mi expresión, me despedí con la mano al tiempo que mis labios recitaban una frase de despedida en elfico que cerraba así nuestra conversación y me permitía de nuevo tomar paso hacia lo que me esperaba.

Sin una dirección concreta del lugar donde había escuchado a todos decir que se tomaban los encargos, mis pies se pusieron en marcha mientras mis manos se coordinaban para hacer que del racimo de uvas, se hiciera un desfile de una en una con dirección a mi boca. Al tiempo que mis boca terminaba con la última uva, mis pies decidieron detenerse, terminando de recorrer un trozo de camino dejándome justo en la entrada de un lugar, no era el más glamoroso que había visto, pero tampoco podía decir que era el peor sitio en el que había estado, sin más remedio entre, notando rápidamente que este también era una taberna, para mi suerte no estaba tan “lleno” como estuvieron los otros que había visitado hoy en esta ciudad en búsqueda de comida.

Por mera curiosidad mi vista examinaba el lugar, luego de unos instante mis ojos se toparon con el tablón de encargos que reposaba en una de las paredes, estaba rebosado de papeles, me acerque de modo presto a aquel trozo de madera, encargos de todo tipo estaban expuestos ahí, aunque estos por las indicaciones y las misiones que tenían se notaban que eran por mero placer personal para otras personas o fines comerciales. Mientras buscaba se me hizo raro no encontrar el encargo sobre las arañas, el no verlo me hizo sentir nerviosa, por mi mente empezaba a pasar la idea de que alguien más ya lo hubiese completado y todo mi viaje hubiera resultado un esfuerzo vano, esperaba que no, tenía que asegurarme de que no.

Con paso acelerado me dirigí hacia la barra llamando la atención del tabernero encargado, mientras con el tono más amable posible, tanto como mi compostura me lo permitió, intentando ocultar la ansiedad que me había causado la falta del papel, en aquel trozo de madera.

-Buenas señor, ¿Sabe usted que ha pasado con el encargo de las arañas? es que he buscado el anuncio y no lo he encontrado… ¿Sabe si ya se ha completado? ¿O es que hay muchas más personas interesadas?-

El hombre se me quedo mirando con una cara de pocos amigos, parecía molestarle mi pregunta, quizás ya se la habrían hecho muchas veces en el día o quizás era simplemente que no le gustaba el trabajo, pero al menos se tomó el tiempo de responder aunque su tono fue bastante seco. -Buenas elfa, la verdad es que no lo sé, sino te has dado cuenta es un pueblo de caza recompensas, aun nadie ha avisado de haber completado el encargo, pero si te sirve de algo  puedo darte el nombre del lugar donde puedes pedir toda la información-

Asentí  con la cabeza, el hombre entendió mi seña y sin sacar mucha conversación me dijo el nombre y la dirección que me había ofrecido de mala gana antes. Le agradecí y sin mucho más que hacer allí, salí con paso ligero hacia el lugar del cual había adquirido la dirección, deseaba saber que había ocurrido con el dichoso encargo.


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Re: Aracnofobia [Campaña]

Mensaje por Vanidad el Dom Mar 05, 2017 12:37 pm

Luzbel fue la primera en llegar a la taberna indicada en el panfleto. “El escorpión asado, segundo piso, Simon”. No había muchas dudas al respeto, especialmente después de comprobar que era la única taberna con un nombre tan particular, nombre que esperaba de todo corazón, no fuese debido a su plato estrella, puesto que seguramente tendría que quedarse unos días, esperando a un grupo.

Simon era un tipo de unos cuarenta años, en forma pero sin llegar a ser musculoso, de piel morena y armado con una cimitarra, aunque el ojo experto de la diablesa estableció que era más disuasoria que real, puesto que parecía moverse de manera incomoda con ella, chocando contra los marcos de las puertas, las mesas y reajustándola cuando se sentaba. Esa serie de torpezas alargaron a casi el triple el proceso de salir de su habitación, acercarse a la diablesa, darle la mano y ofrecerle un asiento delante suyo en la sala de estar del segundo piso, en una de las mesas. El siguiente en llegar fue un imponente orco. Dos metros, piel verdusca, pero más grisácea que la de los orcos que ella había visto y unas pocas cicatrices por la cara. Pero eso no bastaba para impresionar a la peliblanca, esos dientes y joyas colgados de su armadura, en cambio, eran otra cosa. Si la cultura orca se parecía lo más mínimo al estilo de ciertos demonios, cada una de esas baratijas pertenecía a un enemigo muerto en combate. ¿Cómo era la expresión…? ¿“Pagar con hierro”? Eso sumada a la cota de mallas que llevaba el hombre, sin duda con un gambesón debajo si tenía la más mínima idea de lo que hacía, despertaron una pequeña chispa de respeto en la diablesa, debía tener un calor infernal debajo de eso.

-Borgul- fue lo primero que dijo esa mole de músculos verdes. -¿Tu ser Simon? ¿Aranjas?- se puso dos dedos frente a la boca, simulando las fauces arácnidas al ver la confusión en el rostro del humano, hasta que comprendió y asintió. No parecía dominar mucho el idioma, pero su acento era sorprendentemente entendible, puede que llevase mucho tiempo viajando sin molestarse en aprender común, o que el acento de su zona fuese mejor al de la media. Borgul dejó su arma, una pesada hacha de doble filo, que no había manera de llevar de otra manera que a dos manos en la mesa y se sentó junto a Luzbel. El banco de madera crujió audiblemente, pero aguantó. –Trabajo ¿sí?-

Spoiler:


-Como supongo que tardaremos un poco en reunir a más miembros, podría empezar por vosotros y ya inf…- pero dos mujeres llegaron una detrás de la otra, preguntando por él, así que agitó la mano en el aire para que lo viesen y una vez se hubieron sentado, empezó otra vez. –Soy de un pequeño poblado del norte, que crece alrededor del oasis de Delfis, no habréis oído hablar de él.- hizo un gesto con la mano, como descartando la importancia de lo que acababa de decir, mientras ordenaba sus ideas. –Al principio dejábamos a las arañas tranquilas, porque eran grandes, pero inofensivas mientras no te acercaras a los huevos, incluso aunque estén anidadas sobre metales preciosos, pero últimamente…- un escalofrió recorrió su cuerpo –las personas empezaron a desaparecer, no solo de mi pueblo, también de los cercanos, incluso algunos de los barcos de arena más pequeños fueron asaltados.- Luzbel tenia genuina curiosidad para saber cómo se las habían arreglado unas malditas arañas para derribar uno de esos barcos de arena sin ser aplastadas por la pura inercia, por más que fuese de los pequeños. Pero el tipo seguía hablando, independientemente de los silenciosos pensamientos de la diablesa. –Seguro que han sido ellas, ahora, en cuando intentamos acercarnos, empiezan a sisear, a hacer esos chasquidos tan asquerosos con las mandíbulas…-

-Espera… ¿no las habéis visto hacerlo entonces?-

-¿Importa? ¿Quién sino iba a llevarse a alguien del pueblo? Estamos en medio de la nada, solo pueden haber sido ellas.- Las arañas no la habían atacado ni a ella ni al mercader, así que cabía la posibilidad de que reconocieran las caras, como los cuervos, que distinguieran amigos de enemigos. Y esa línea de pensamiento le llevo a pensar en cuanto ofrecería su mercader por encontrar una solución alternativa a las desapariciones, una que no implicara extinguir la única fuente de seda de primera calidad de la zona, arruinándolo. Seguramente un montón.

-Podemos solucionar el problema de las desapariciones…- se limitó a decir, sin mojarse. –Pero tendrás que ser un poco más concreto, necesitaremos el mapa, por ejemplo, y una manera de llegar allí.- Un pedazo de papel fue puesto encima de la mesa por su patrón, nada impresionante, un par de cruces y un pequeño círculo con el nombre “Delfis”, con líneas que los conectaban, con números. -¿Eso son horas?-

-Sí, horas desde Delfis hasta las dos entradas a su madriguera que hemos sabido encontrar, puede que haya más. Y podéis usar mi barco para llegar una vez me dejéis en Delfis.-

-¿Alguno sabe navegar un barco de arena?- Ella desde luego no, y suponía que la elfa tampoco.

-Borgul saber.- tenia serias dudas al respeto.

-¿Estás seguro de que sabes pilotar un barco de arena? De esos con velas para nav…- pero fue interrumpida por el orco.

-Borgul navegar en barco muchas lunas, Borgul saber.- sonaba convencido, y aunque no parecía el orco más achispado, su tono tenía el de alguien que sabe que tiene la razón, así que la peliblanca lo dejo correr. Su siguiente pensamiento fue dirigido al sol, que hacía ya tiempo que el astro había pasado su punto álgido, de hecho, estaba a punto de ponerse.

-¿Cuantas horas de viaje hay hasta tu pueblo?- Simon lo medito brevemente, captando la mirada de la diablesa.

-Un par, demasiadas, es peligroso navegar de noche, será mejor que partamos mañana.-

-Y si… ¿nos enseñas el barco? Para asegurarnos de que Borgul…-


-¡Borgul saber navegar!-

-Seguro que sí, no tengo la más mínima duda…- pero claramente la tenía, puesto que los llevo fuera de la taberna durante unos minutos, hacia las afueras, hasta que llegaron a lo que parecía ser un puerto, una estructura con largas pasarelas de madera que se adentraban en la arena, con barcos reposando junto a ellas, dando una pista de su uso a los poco observadores. –Iremos un poco apretados, pero servirá.- El hombre no tenía más que decir, y la luz se estaba yendo rápidamente por el horizonte, lo que hacía que la temperatura empezase a bajar poco a poco hasta que estuviesen tiritando de frío, así que si ninguno de los presentes tenía alguna duda en el viaje de vuelta, cada uno se iría a dormir y se reunirían mañana al amanecer en el puerto. Dado que Delfis era un pueblecito pequeño, no podían confiar en que les proveyeran con suministros, por lo que tendrían que hacer las compras y preparativos en la ciudad, antes de salir.

Una vez todas las dudas estuvieron aclaradas, cada uno se separó, o al menos eso creía, ella desde luego se fue sin mirar atrás. En el caso de Luzbel, ella simplemente apretó el paso hacia su taberna, antes de helarse por el frío de la noche y una vez estuvo dentro, se tomó su tiempo en prepararse para el viaje. Compro un par de mantas (muy posiblemente, no habrían acabado el trabajo en unas pocas horas y tendrían que hacer noche en el desierto, una idea en absoluto atractiva para ella), tres odres de agua para sumarlos al que ya tenía y provisiones, además de la cena, un estofado que le llamó la atención por su buen olor. Cargada con todo eso, subió a su habitación haciendo equilibrios entre su cuenco de estofado y todo el peso de las provisiones, hasta que dejo los paquetes en el suelo y cerró la puerta con un golpe de talón. Iba de camino a su cama cuando se paró en seco, sospechosa. –Esto está muy tranquilo…- estaba empezando a mirar a su alrededor cuando algo aterrizó en su cabeza, mordisqueándole un mechón de pelo para su horror. -¡Que susto! Y no me he apartado porque no lo he visto venir, absolutamente no ha sido para que el estofado no se cayera.- le rascó la cabeza a su wyvern, que emitió un ronroneo. -¿Qué tal te has portado pequeña?- La soborno con un trozo de carne estofada para que bajara a su hombro y dejase de mordisquearle su pelo blanquecino, que arregló con unos pocos minutos de concentración. Una vez tanto ella como Tenebra estuvieron llenas, ella tuvo que arreglar la cama, la cual aprecia haber sufrido una estampida de animales salvajes, seguramente culpa de haber dejado a un wyvern hiperactivo demasiadas horas solo. –Mañana vendrás conmigo Tenebra.- La draconido reaccionó al oír su nombre, haciendo un gruñidito. No podía dejarla allí un número indeterminado de días, y aunque la misión fuera claramente peligrosa, estaría mejor que en esa habitación muerta de hambre y sed.


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Re: Aracnofobia [Campaña]

Mensaje por Almena el Mar Mar 07, 2017 2:54 am

__Una pija con espada y escudo vestida de negra y blanco; una elfa que me daba mala pinta aunque no tuviera ni idea de que raza élfica; un orco gris gigante lleno de cicatrices con un hacha y yo. Esas fuimos las cuatro personas contratadas para el trabajo. Por un lado no parecía un grupo que diera mucha confianza de entrada, por otro al menos así tendría la entrada asegurada, es más, no tuve que decir ni mu para que me aceptarán.
__Simon, el patrón, nos explicó por encima lo que quería de nosotros y nos enseñó su barco, el cuál al parecer nos iba a dejar usar durante el encargo. Un bote pequeño, de una sola vela, bastante parecido al de Dawda. Tras ésto, se decidió que partiríamos al amanecer y todos se fueron cada uno por su camino. Salvo yo, que no tenía dónde ir.

__Al principio, al ver que todos se iban hice como que yo también tenía a dónde ir y me perdí entre las calles de la ciudad para luego volver al puerto y comprobar que el barco estaba desierto. Si hay que esperar para ir a un sitio y no tienes dónde ir de mientras, lo mejor es esperar en ese sitio, o por lo menos eso creo. Y así lo hice, me quede en el barco, esperando al día siguiente.
__Había oído no sé dónde ni cuándo que en el desierto, a pesar de ser conocido por el calor, por la noche hace un frío tremendo. Y gracias a Kring que me acorde de esto según me acerque a recoger agua del pozo cercano (bueno, gracias a mi memoria, a Kring y a un par de chicos que iban hablando sobre el frio que hizo el día anterior y a los que pude o no haber oído), porque de no haberlo hecho seguramente no hubiera tenido tiempo suficiente para abortar el plan de pasar la noche al raso e inventar uno nuevo para refugiarme del frio nocturno sin quedarme congelada en el proceso.
__Primero busqué por las cercanías algo que me sirviera de refugio pero al no encontrar nada que no fuera privado, me decante por tratar de hacerme un refugio en lo que era el barco de Simon. Se supone que yo ya estaba contratada y que iba a trabajar allí, si lo dejaba luego todo como lo había encontrado antes de que llegara nadie no deberían tener que notarlo y no debería sentirme mal por usarlo sin permiso, ya que, más o menos lo tenía. ¿No?
__Busque qué llevaba a bordo, y encontré dos cajas con comida, un cabo de repuesto y dos odres de agua, además de una manta. Mejor suerte era difícil. Bajé la vela del barco cómo le vi a hacer a Dawda cuando llegamos y en vez de recogerla la estire, colocándole las cajas de comida encima como peso y haciéndome una improvisada tienda de campaña en el barco. Luego recogí la manta del barco, aproveche que ya se había recogido casi toda la gente para cambiarme de pantalón por el largo nuevo y me quite el poncho para usarlo como otra manta más. Coloqué la el macuto a modo de almohada junto al mástil, deje a Anku libre por os tablones y me transforme, mejor tener una capa de pelo que una solo de piel. Arrastre el poncho y la manta con las garras y me enrolle en ellas, metiéndome después debajo de la vela. Más o menos quedé resguardada y aunque no era la mejor cama del mundo... no... Tampoco era siguiera decente, pero bueno, no dormí tan mal.

__Desperté por la mañana temprano al sonido de los gritos primeros estibadores llegando al trabajo, nada como levantarse aprendiendo algunas nuevas blasfemias endémicas del lugar. Bueno, en verdad agradecí bastante que me despertarán tan pronto, me dieron tiempo para colocar el barco tal y como estaba antes de que me montará mi campamento. Me resistí a coger nada de comida para desayunar, estaba tratando de que no se notará que había dormido allí después de todo.
__Cuando acabé de dejar la barca como estaba eche otro viaje al pozo para despejarme, ocultandome en una esquina de un callejón para mear de mientras. Estoy bastante segura de que la gente me miro rara por mi forma de caminar, más dormida que despierta, pero no sabría decirlo con certeza, porque de verdad estaba más dormida que despierta. ¡Que prueben ellos a dormir solo seis horas con un escalón en el riñón, a ver qué tal despiertan!
__Tras lavarme la cara y llenarme el estómago de agua volví a la barca y me encontré con que el orco había llegado en mi ausencia. Llevaba puesta su armadura y como equipaje traía un macuto con comida y un hacha casi tan grande como yo. He de decir que a pesar de su aspecto intimidante de los compañeros que tenía en la cacería el que mejor primera impresión me había dado. No parecía tan bruto como la gente solía poner a los orcos y se parecía muy dispuesto a ayudar. Decidí tratar de hacer un esfuerzo y entablar conversación, a ver si había suerte y acababa cayéndome bien. O mejor aún, no le acababa cayendo bien yo.
__-Hola-le salude al acercarme.
__-Hola-me respondió secamente, no sé si intencionalmente o por la dificultad con el idioma que parecía tener, pero al menos me había respondido.
__-Esto...-seguí, rascándome ya la nuca y mirando al suelo, anda que tardé mucho-Soy Almena. Eeh... ¿Cuál era tu nombre, perdona?
__-Borgul-me respondió señalándose a si mismo con el dedo, luego me apuntó a mi con el mismo, lo tenía más grande que una salchicha.
__-Y, esto... ¿de dónde eres Borgul?
__-Viejas montañas.-respondió, haciendo un gesto bajando la mano, tarde en pillarlo, pero creo que trataba de hacer referencia a la altura de los enanos. Sería de Daulin supongo.
__-¿Y...? eh...-ya me estaba quedando sin temas de conversación, ¡dioses, sí soy mala en ésto!-¿Y llevas mucho tiempo siendo cazador?
__Me respondió alzando tres dedos, me hizo gracia cómo contaba con el pulgar, quedaba con más estilo, a decir verdad.
__Lo que siguiendo fue un silencio, me senté a su lado, apoyada en el casco del barco, no sabía cómo seguir la conversación y él tampoco era muy hablador. Quiero decir, normal que no lo fuera, no sabe bien el idioma, si yo estuviera en su lugar tampoco diría mucho. Aun así el silenció era incómodo.
__-Um... Tu... tu hacha parece bastante pesada, es casi más grande que yo.-comenzó a decir de nuevo, realmente no se me ocurría que otra cosa decirle-No me imagino cómo puede alguien combatir con eso sin cansarse. Tiene que ser brutal
__Al decir esto agarró el hacha y me la ofreció a sostener. Me levante y la agarre, aunque me la estaba dando con el filo hacía mí. En el momento en el que él la soltó, comencé a ceder, yo, acabando casi aplastada por el peso del arma. ¿¡Cómo narices era él capaz usar eso en combate!?
__Justo antes de quedar sepultada bajo el metal, el orco acudió en mi ayuda, levantándome a mí y al hacha con una sola mano mientras hacia algún tipo de mueca con una sola mejilla.
__-Pesaba mucho más de lo que me esperaba.-respondí medio riendo. De verdad ese peso era ingente, podía haberme quedado allí mismo para siempre.


Última edición por Almena el Jue Mar 23, 2017 3:36 am, editado 1 vez


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Re: Aracnofobia [Campaña]

Mensaje por Tyrande Whisperwind el Dom Mar 19, 2017 7:40 pm

“El escorpión asado”. Aun rebotaba el nombre de la taberna en mi mente, no sé qué me parecía más raro, si el encargo sobre las arañas o el nombre del lugar, definitivamente por más que intentaba olvidar y dejar de lado mis actitudes despectivas y racistas, no podía evitar sentir que el resto tenía poco ingenio o inteligencia, obligándolos así a poner nombres como el de este caso a sus establecimientos, pero esperaba tener más suerte con los “compañeros” que me tocaran para la misión.

Entrando al lugar, mi mente solo pensaba en encontrar a Simón, el nombre del hombre que estaba organizando la expedición en la que por convicciones religiosas y esa auto-imposición de ayudar me había embarcado. Realmente no fue apenas difícil, luego de pasar la puerta del establecimiento, basto con nombrarle, para que me indicaran específicamente quien era, eso aunado a su gesto de levantar la mano para llamar mi atención y el de otra humana que luego me di cuenta que iba en la misma dirección que yo.

Mientras escuchaba la historia del hombre, dándole toda mi atención auditiva, mi capacidad visual se encargaba de analizar a los que me acompañaban en dicha mesa:

La primera, la que ya se encontraba allí cuando llegue, una mujer de pelo blanco, realmente largo, de una piel de tez muy clara y portadora de una armadura que por el vistazo que le di, podría clasificar como bastante pesada.

El segundo era un gigantón, quien ya también reposaba sentado a la mesa, de piel verde, aunque con un tono más apagado de lo normal, lleno de músculos por donde se le viese, el cual imagine que era el dueño del hacha que reposaba sobre la mesa, ya que mi mente no tuvo forma lógica de aceptar que dicha armas de tamaños colosales, pudiera pertenecer a la chica o al hombre que estaba haciendo la contratación.

Siguió la tercera en la mesa, una chica, que no podría clasificar como mujer, si bien es cierto que no es que hubiera convivido enormemente con humanos, ni estudiado los cambios de su cuerpo, por su apariencia sucia y descuidada me dejaba claro que era una niña, en ese momento mi vista giro alrededor del lugar buscando alguien que la acompañara, pero sorprendentemente estaba sola, este hecho me hizo liberar un suspiro, mientras no podía dejar de pensar que ahora aparte de completar el encargo debería cuidar a una chiquilla loca que vagaba por ahí de modo irresponsable.

Finalmente mi vista termino sobre quien daba las indicaciones, un hombre que no parecía realmente un cazador, se podía notar por cómo se arreglaba el arma cada tanto que esta pareciera estorbarle, dejando ver bastante que muy probablemente siquiera pudiera usarla bien.

La historia parecía normal, hasta que una incongruencia apareció en las anécdotas, sin ningún motivo aparente las arañas que nunca se habían metido con el pueblo, empezaron a raptar personas, de hecho fue algo que una de las otras participantes presentes también cuestiono, ante lo que el empleador se puso nervioso, afirmando sin dar ninguna explicación sobre el asunto.

Puso todo a nuestra disposición, su barco de arena, el que supuestamente seria pilotado por el orco, realmente no tenía muy claro que tan bien saldría eso, como hilaba las palabras no podía confirmar si es que no sabía el idioma o si era cosa de que su inteligencia era demasiado baja para formar frases continuas y coherentes.

Finalmente salimos del recinto para observar la embarcación que sería nuestro medio de transporte al lugar donde residían las arañas, realmente no era muy diferente del que había debido tomar para llegar aquí, quizás más pequeño sí, pero definitivamente parecía bastante funcional, al menos no tendría que preocuparme de quedar varada en mitad del desierto por algún fallo en la nave.

Sin mucho más que hablar, se terminó la conversación, sin despedidas ni más cortesía, cada uno eligió su rumbo, tomando diferentes direcciones y en mi caso no fue la excepción. Mientras caminaba en dirección a la taberna anterior donde había estado en busca de una habitación para pasar la noche, en mi mente seguía retumbado la historia, sobre todo la parte donde mencionaba que antes las arañas tenían otro comportamiento. ¿Qué las habría llevado a hacer eso? ¿Realmente serían las arañas las culpables? Este par de dudas me acompañaban y ahora probablemente no me dejarían hasta averiguarlo, así que debía descansar para el día de mañana.

Dentro de la taberna rente una habitación, le pague al tabernero, quien me miro con una cara de “otra vez tu elfa”, cosa que ignore, mientras mis pasos siguieron hacia el lugar al que llamaría “hogar” por esta noche. Luego de acomodar mis cosas en los espacios disponibles, fue mi cuerpo el que se acomodó sobre la cama, realmente no fue necesario demasiado tiempo, en menos de lo esperaba ya estaba durmiendo, quizás a causa del largo y cansado viaje.

Pasaron las horas y mi reloj biológico me despertó. Por la ventana aún se veía oscuridad, debía ser de madrugada, lo agradecí bastante, puesto que el calor de la tarde pasada había sido bastante molesto, aunque ahora hacia frio de un modo algo intenso, podía decir que lo prefería un poco.

Aun luchando con mis ganas de seguir durmiendo, me quite la investidura de sacerdotisa que solía portar, para cambiar estos ropajes de solemnidad por la armadura de cuero, estaba segura que la necesitaría, así que prefería estar preparada, no conocía la zona ni que tan hostil podía llegar a ser y recordando que era zona de cazadores, mas desconfianza tenia aun.

Tome mi bolso, acomodándolos sobre mi espalda junto al carcaj, revise que todo estuviera en perfectas condiciones, luego de esto, simplemente me tome el tiempo de comer algo de fruta de la que tenía conmigo para desayunar y cuando el sol es tuvo en su lugar, sali de la taberna.

De camino al barco mi mente analizaba que cosas podrían ser necesarias, puesto que no sabía cuánto tiempo estaríamos en el desierto, lo mejor era tener algo para protegerme del sol, definitivamente no quería que mi piel sufriera por eso, mas allá de temas estéticos, por que definitivamente seria incomodo usar un arco con la piel insolada. Para resolver esto no me costó más que pasar de camino a un par de tiendas, una donde adquirí un par de frascos bastante grandes he decir, que contenían un líquido bastante espeso que tenía como finalidad proteger la piel de los rayos del sol y otra donde compre algo de ropa holgada de esa que podría usar perfectamente sobre la armadura y era igual de útil tanto como para cubrir del sol, como para arropar del frio.

Me coloque esta prenda de ropa, poncho me habían dicho que se llamaba, extraño nombre, pero definitivamente algo muy útil, lograba cubrirme totalmente los brazos y el torso, además de llegar a media pierna, un poco apenas encima de la rodilla, ciertamente no era totalmente practico, pero su función sí que la cumplía, además el ser de una tela ligera le favorecía, de cualquier modo estaría atenta para quitármelo si terminaba representado demasiados inconvenientes.

Mientras me acercaba al muelle, pude divisar claramente al orco grisáceo que había estado con el grupo ayer, sino recordaba mal su nombre era Borgul o bueno eso imaginaba, había usado esa palabra para referirse a sí mismo en varias ocasiones, así que definitivamente era su nombre o era algún apodo por el que le gustaba ser nombrado. Mis pasos continuaron en dicha dirección, notando que también estaba junto a él la niña de aspecto descuidado, suspire al confirmar que sería parte del viaje, pero realmente ese ánimo duro poco puesto que una risa se escapó de mis labios al ver una graciosa escena, donde casi resultaba aplastada por el hacha del orco, quien al final levanto el arma y a la chica al mismo tiempo.

Estando ya más cerca hice un gesto de saludo con la mano, mientras les sonreía, para luego girar mi cabeza buscando al resto, aún faltaban en el lugar la chica del pelo blanco y Simon, al que por cierto deberíamos escoltar a su pueblo antes de irnos, ahora que me fijaba en este detalle, esperaba que de camino al pueblo de Delfis no tuviéramos inconvenientes con quizá algún enemigo que este hombre pudiera tener y la misión terminara convirtiéndose en una de escolta.


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Re: Aracnofobia [Campaña]

Mensaje por Vanidad el Miér Mar 22, 2017 9:21 pm

La diablesa se desperezó como un gato aun en su cama, meditando largo y tendido el por qué no sentía las piernas, rememorando lo que había hecho el día anterior, hasta que finalmente se percató y echo a Tenebra de sus rodillas, que gruño largo y tendido ante semejante ultraje hacia su persona, solo para volver a enroscarse veinte segundos más tarde, apenas diez centímetros más allá. No pequeña, nos vamos, venga…- la diablesa ya había recuperado lo suficiente sus capacidades motrices como para cojear hasta su ropa, meticulosamente plegada y empezar a vestirse. Una vez se aseguró de que cogía todo lo necesario y que Tenebra estaba dormitando en su sombra, bajo abajo, a por su almuerzo. El tabernero le dedico una extraña mirada cuando pidió estofado a esa hora, como cuestionando sus decisiones dietéticas, pero ese tipejo no tenía un wyvern hambriento al que alimentar, una maldita bestia que parecía devorar su propio peso en carne, así que se limitó a dedicarle una mala mirada y comerse su estofado a medias con su pequeña bola de escamas, para luego pagar e irse por la puerta.

Llego poco antes que Simon, cuando todo el resto ya habían llegado, más o menos equipados para el viaje. Todos subieron en el navío, siendo Borgul el último, que tomo el timón por instinto. Simon iba a protestar, pero se lo pensó mejor, seguramente intimidado por la estatura del orco. Este quito el amarre raudamente y desplegó la vela, girando en un golpe súbito que impulso al barco de golpe, obligando a apoyarse a todos los presentes, si no lo estaban ya. Todos salvo el orco, que siguió impasible como una estatua, haciendo pequeños ajustes en el timón que los sacaron del puerto en un periquete. –Norte ¿sí?- y señaló la dirección.

-Un poooco más a la izquierda, como cinco grados.- Silencio, finalmente se decidió a señalar la dirección exacta con el dedo y Borgul ajustó el rumbo. Lo que seguía eran un par de horas de viaje, por lo que la diablesa dejo salir un poco a su pequeña, que saco su escamada cabeza por entre los pliegues de su manto blanquecino, abrió la boca cual perro por la ventana de un carruaje e hizo un sonido muy raro en cuando ese viento caliente le lleno la boca de arena, momento en el que volvió a la sombra de Luzbel.

No pasó nada destacable, eran dos horas contemplando la arena, decenas de runas ligeramente diferentes a las anteriores, pero como con los copos de nieve, a nadie le importaban lo suficiente como para percatarse de la diferencia. De vez en cuando, algo rompía la monotonía, algo que parecía un chacal bastante grande, cactus dispersos, más cactus, pero sin pinchos, buitres… criaturas solitarias y dispersas, aburridas, lo único que llamo la atención de la diablesa, aburrida hasta la saciedad a los diez minutos de viaje, fue una sección de tierra agrietada. Parecía que algo había roto la roca de debajo, filtrando la arena hacia abajo, pero que de alguna manera las rocas aguantaban lo suficiente como para no hundirse completamente y formar un boquete. –Hacia allí están las arañas.- se limitó a decir Simon al percatarse de que la diablesa miraba en esa dirección. –El pueblo está a la izquierda de la zona de arañas, somos el pueblo más al norte dentro del desierto.-

-¿El que está más al norte? ¿Por qué no hay ningún otro?-

-Es tierra sagrada, nadie va allí…- No era una explicación demasiado satisfactoria, pero bastaba de momento.

Finalmente llegaron a ese público, Delfis, que era exactamente lo que se esperaba de un pueblo en medio de la nada. No más de veinte casas, todas rodeando un lago, “oasis” técnicamente, porque estaban en el desierto, o porque procedía de un acuífero, a saber, no era hidromante. Había multitud de barcos de arena como el suyo, uno o dos por casa, aunque estos parecían estar a punto de partir. Cuando el orco aparco el navío, a una distancia prudencial puesto que realmente no sabía dónde dejarlo exactamente, todas las miradas se pusieron en ellos, observándolos, y una mujer llego corriendo hacia ellos, con cara de extrema preocupación.

-¿Está contigo? Dime que está contigo.- Simon ni siquiera había bajado del barco y esa mujer ya lo estaba agarrando del manto, tirando hacia ella.

-¿Qué? ¿Quién? No hay nadie más-

-Lyssa, Lyssa no está! ¡Se la han llevado!- Luzbel miro a su alrededor. Eso explicaba la actividad, era una partida de búsqueda. –No nos han pagado para buscar a la niña, pero aun así…- paro allí, porque sonaba a “podemos ayudar”, cuando en realidad quería decir “es una pista”. Y la mujer estalló abruptamente un mar de lagrimas y mocos... Mortales...


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Re: Aracnofobia [Campaña]

Mensaje por Tyrande Whisperwind el Jue Mar 23, 2017 7:02 pm

Luego de mi llegada junto a la chica, el orco y el barco, el tiempo pareció apretarse aún más, puesto que en un corto lapso de tiempo aparecieron los dos miembros que nos faltaban, la peliblanca de armadura, que sería nuestra compañera y nuestro empleador, Simon.

Sin necesidad de palabras, como si todos fuéramos cómplices nos fuimos subiendo uno tras otro al barco que sería nuestro transporte, el último fue el orco, quien hizo temblar la embarcación nada más pisarla, para acto seguido hacer que girara mientras preguntaba la dirección, la cual le fue señalada por el creador del encargo que aquí nos reunía.

Nuevamente internada en el desierto, no era la primera vez que viajaba por parejas como este, puesto que la vida como sacerdotisa y pregonera de la palabra de Selene, me hacía moverme por todo Noreth, pero para ser sincera, eso no afectaba en nada el aburrimiento que llegaba a ser, todo lleno de arena, lo único que me mantenía atenta al viaje, era el hecho de sabia sobre las arañas que habitaban por esta región, no me confiaba en que se mantuvieran simplemente guardadas en sus madrigueras, la historia que nos habían contado estaba inconclusa y por algún motivo sospechaba que algo más las estaba molestando, nunca es bueno confrontarse con una fiera enojada.

Mientras pasábamos junto a una sección de tierra firme, pero que resultaba estar llena de grietas por todos lados, surgió un pequeño intercambio del que lo único interesante que me resalto y que pude captar gracias a mi odio elfico fue: “Tierra Sagrada”, aún más extraña se tornaba la situación ¿Por qué habría tierra sagrada abandonada?,  definitivamente o me estaba volviendo paranoica por la edad o por el contrario la experiencia de tantos años comenzaba a serme útil.

Al fin se acabó el trayecto, debía agradecer la genial idea de comprar aquella prenda de tela para cubrirme del sol, además de los frascos con aquel liquido protector para los rayos del sol, aunque eso no había evitado en absoluto que estuviera sudando a mares, mismo sudor que para mi suerte al final servía para refrescarme por la humedad que dejaba sobre mi piel.

Sin siquiera habernos podido bajar del barco, ya había una mujer allí esperando, por lo visto conocía a Simon muy bien, podía deducirlo por la confianza, era eso o la mujer realmente se encontraba en un estado profundo de desesperación. Luego de las palabras que libero lo entendí, por lo que rápidamente camine hasta estar más cerca de ambos, notando más el llanto y el estado de la mujer.

-¿Lyssa? ¿Es su Hija? ¿Quién se la llevo? ¿Fueron las arañas? ¿Las vieron hacerlo?- obviamente se podía notar la preocupación en mi tono de voz, algo que se intensificó cuando mis ojos vislumbraron como el puerto al que habíamos llegado, estaba llenos de barcos como en el que aún nos encontrábamos, todos y cada uno listos para salir.

-¿Saben hacia donde se la llevaron? Tenemos que ir a buscarla y averiguar por qué este pasando esto- estas últimas palabras sonó más a una orden que aun simple comentario, de inmediato me gire hacia el resto del grupo observándolos, buscando sus reacciones o su pensar sobre el asunto, por que definitivamente mi accionar estaba más que marcado, como sacerdotisa de Selene, tenía que asegurarme de que esta chica que acaba de desaparecer volviera al igual que el resto que  antes se habían llevado y de no ser así, averiguar por qué estaba ocurriendo y acabar con lo que sea que lo estuviese ocasionando.


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Re: Aracnofobia [Campaña]

Mensaje por Almena el Vie Mar 24, 2017 12:33 am

__Los demás no tardaron mucho en llegar, primera la elfa, luego la mercenaria pija y, convenientemente, el último en llegar fue nuestro patrón. Así pues, en cuanto éste llego, nos montamos en el barco, el orco tomó el timón, Simon se colocó justo detrás de él sin quitarle en ningún momento el ojo de encima y partimos hacia el norte.
__Pillé un sitio del lado izquierdo del barco (babor creo que se llama), justo debajo de las velas buscando la sombra. La elfa se había colocado en la proa, como si fuera un viaje de placer y ella fuera el pasajero principal, y la mercenaria del lado contrario a dónde estaba yo. Eso colocaba al orco como la persona que tenía más cerca, puede que lo hubiera hecho de forma inconsciente, por ahora era el que mejor me caía, no me gustaba nada cómo se miraban entre si todos los demás.
__El viaje fue largo, pasé las primeras hora viendo cómo se levantaba el sol entre el mar de dunas, aprovechando para darme un poco más de ungüento en las quemaduras del día anterior, mirando el mismo paisaje del que me había salvado ayer (por muy bonito que fuera, la verdad es que estar a punto de morir en él te hace cogerle un poco de manía), rascándome arena del pelo (que gustirrinin da, vale la pena tenerlo sucio), jugueteando a escondidas con Anku y observando a mis acompañantes. La elfa parecía llevar la misma ropa que llevo, el manto ese, “poncho”. No sé si eso quería decir que había escogido bien o todo lo contrario.
__Me encontraba despatarrada sobre la baranda del barco, con los brazos por fuera y a punto de quedarme dormida cuando oí lo que parecía un gruñido. Al darme la vuelta para ver su procedencia descubrí un lagarto negro que se escondía bajo la sombra que producía la mercenaria, pero no era un lagarto cualquiera: tenía alas. ¡Era un wyvern!
__¿La…la pija tenía un wyvern de mascota? No podía creerlo. ¡La había juzgado mal estaba claro! ¡Era majísimo! Parecía comportarse cómo un cachorro de perro.
__Poco a poco, me fui acercando lentamente hacia la criatura, con la mano por delante como muestra de buena voluntad. Su reacción fue lanza un gruñidillo, y la de su dueña fue observarme con la mirada vacía. A decir verdad esa peliblanca me daba algo de escalofríos, pero por su mascota valía la pena la molestia. Respondí con un gruñido parecido, bastante animal, casi un ronroneo, mientras seguía acercando poco a poco la mano hacía la parte superior de su cabeza, normalmente eso y el no mostrar agresividad alguna solía valer para ganarme la confianza de los animales, tal y como esperaba comenzó a olerme, así que espere a que terminara antes de hacer el siguiente movimiento, que fue tratar de acariciarle la barbilla, pero por desgracia alejó la cabeza, así que en respuesta baje la mía para mostrar respeto y confianza, a lo que el animal respondió saltando sobre mí y sentándose sobre ésta, formando un pequeño nido sobre mi cabello y se quedó allí hasta que su dueño la llamó de vuelta con un silbido poco antes de llegar a nuestro destino. Estuvo bien mientras duró.

__Finalmente, llegamos a Delfis, un pequeño pueblo de casas blancas con el tejado en cúpula alrededor de un grupo de palmeras que debían de indicar el oasis, parecía un sitio bonito, aunque algo simple.
__Al acércanos descubrimos a un grupo de gente, que por la cantidad de tejados que se veían podía ser todo el pueblo, lista para partir en sus barcos de arena. Y más tarde, al instante de atracar, una mujer se arrojó sobre nuestro patrón llorando, preguntando sobre una tal “Lissa”. Yo me encontraba detrás de todo el grupo en ese momento y no dije nada, seguramente nadie me notará siquiera detrás de Borgul; pero me pareció extraña la reacción de mis dos compañeras, sobre todo la de la elfa, que era hasta exagerada.
__Quiero decir: “¡Oh! Alguien ha desaparecido y probablemente se la han llevado las arañas” ¿No venimos nosotros exactamente para eso allí? No es que cambie mucho la situación, aún no sabemos ni lo qué está pasando, habrá que explorar el terreno primero. ¡Digo yo!
__O más bien, pensé, ya que no dije nada, tan solo me cruce de brazos y esperé a que el resto se moviera.


Fin del comunicado
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Re: Aracnofobia [Campaña]

Mensaje por Vanidad el Vie Mar 24, 2017 10:36 pm

La mujer, al borde de un ataque, se vio temporalmente avasallada ante las preguntas de la elfa, antes de recuperar la compostura. –Es mi pequeña, la luna de mis estrellas.- pero su cara se entristeció aún más ante la última pregunta. –No…SI…puede, le gusta jugar en la llanura de las rosas, le gusta jugar con esas estúpidas rocas, por más que le diga que es peligroso. No la dejo ir desde lo de las arañas pero…puede…-

-No creo que debas venir Simon…- se limitó a decir Luzbel cuando el hombre volvió a sentarse, pero no se interpuso de ninguna manera real, era su problema si moría, seguro que algún otro del pueblo les pagaría.

-¿Y como vais a encontrar el campo de rosas vosotros solitos?- con direcciones generales, por supuesto, pero lo entendía y no dijo nada más, el tipo se venía. Los diferentes barcos de arena se fueron esparciendo en espiral, cubriendo todo el terreno posible. Seguramente estaría allí, donde las rosas, y por lo tanto estaban perdiendo el tiempo, pero querían ser exhaustivos, lo entendía. Con Simon delante, guiándolos, estuvieron en ese campo en un periquete, demasiado rápido incluso para el gusto de la diablesa, que hizo una mueca cuando empezaron a aplastar esas bonitas rocas con la quilla del barco. La niña no estaba a la vista, eso era malo, debería haberle pedido a la madre un pañuelo o una prenda. Le parecía un uso denigrante de sus capacidades, pero al menos serviría para acabar ese ridículo rescate más rápido, olería el cadáver y listos, pero no había caído y estaba allí atrapada durante hor… -Derecha, gira a la derecha… así, sigue recto.-

-¿Cómo lo sabes?- Simon no estaba muy contento con que su búsqueda se interrumpiera por una corazonada, salvo que no lo era.

-Huelo sangre, mucha sangre.- no necesitaba un pañuelo para oler sangre, sobre todo cuando había tanta, al menos de un cadáver entero, puede que más.

-Espera, para para para…-

-Sigue Borgul. En serio, huelo sangre en esta dirección, confía en mí Simon.-

-Nonono, BARRANCO-
el barco viro súbitamente en cuando el orco entendió el peligro, prácticamente derribándolos, pero el barco freno metros antes de que se acabara el suelo, y el grupo pudo avanzar a pie.

Aunque usualmente “barranco” implicaba que te matabas si te caías, las dunas provocaban un descenso, súbito, cierto, pero que desde luego no tendría como resultado un cráneo roto, solo el equivalente en arañazos a veinte metros rodando por la pendiente de arena si tenías la mala suerte de tropezar al principio. ¿Pero en un barco? Se habría hecho astillas, y las astillas se les habrían clavado, provocando una desagradable muerte.

Pero no estaban allí para admirar las características geográficas del terreno, sino para buscar a una niña, que no fue muy difícil de localizar, no solo porque lloraba, sino porque era lo único remotamente humano allí abajo. El barranco había tenido un desprendimiento y formaba una U a nivel del suelo, la niña estaba en la parte interior, rodeada de paredes salvo hacia delante, donde había tres arañas, dos marrones, como la tierra mojada y una negra como la noche. El tufo a sangre que olía la diablesa procedía de los últimos integrantes de la fiesta. Eran hienas, tenían que serlo, pero Luzbel jamás había visto una hiena tan grande. Si uno de esos seres normalmente llegaba, como mucho, a los noventa centímetros, un tamaño considerable pero nada despreciable, esos bichos llegaban, a cuatro patas, a la altura del pecho a todos los presentes salvo al orco. Algunos parecían tener clapas de pelo, y se les marcaban los huesos dándoles un aspecto enfermizo, seguramente nada alejado de la realidad, pero aun así tenían un tamaño más que suficiente como para partir huesos con un buen mordisco. De los ocho animales, uno estaba empalado en una estaca de piedra negra que para nada lucia natural, y un par presentaban heridas aquí y allá, seguramente causadas por las arañas a juzgar por los cortes blanquecinos que presentaban a su vez las marrones.

-Deberíamos pensar muy bien c…- pero el orco ya se estaba corriendo barranco abajo con el hacha desenvainada. –Dioses…- o también podían hacer eso. La diablesa puso un pie sobre la pendiente, luego el otro y dejo que su cuerpo patinara por la arena, teniendo un acercamiento más suave que el orco, cuya carrera en una bajada tan pronunciada aceleraba aún más su carga, que basto para enviar por los aires a la primera hiena que se encontró. ¿Letal? Seguramente no, pero tardaría un poco en recuperarse.


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Re: Aracnofobia [Campaña]

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