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Aracnofobia [Campaña]

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Re: Aracnofobia [Campaña]

Mensaje por Vanidad el Miér Ago 09, 2017 4:17 pm

Esas visiones no eran nada agradables. Seguramente no eran tan horribles para ella, ya que la transición de demonio a demonio debía ser más suave que de mortal a demonio, porque esa cosa tenía que ser un demonio, seguro. Eran fragmentos de recuerdos, mostrados de manera inconexa, pero que claramente estaban conectados, aunque no necesariamente en el orden que tocaba. Todo por un amuleto, el amuleto de Samarkanda… y que el nombre le resultara familiar no era bueno en absoluto, pero ya pensaría en ello, pero viendo lo que le había hecho a ese demonio, lo mejor sería que lo encontrara rápido y en circunstancias diferentes a las de ese pobre desgraciado.

-Yo... no sé qué has tocado, pero no vuelvas a tocar nada más.- se limitó a decir mientras se recuperaba de la visión.  Una explicación siguió, pero solo confirmó que la chica había tocado o pisado algo que no debía, cosa que no necesariamente habría sido mala si no se hubiese quedado mirando como el monstruo crecía ante ella, lo que denotaba unas prioridades…preocupantes. Lo dejo pasar, ahora que ya estaba muerto, no importaba, tampoco había sido tan difícil, solo… exótico. -Nosotros también tuvimos la visión.-

La charla se alargó un poco, pero la falta de sueño y el combate la habían cansado, y sus músculos le pedían un descanso a gritos, así que corto allí la discusión. -Mañana lo descubriremos, siempre que OTRA bestia sanguinaria no intente matarnos.- No le dedico demasiadas palabras a la elfa. Estaba en shock, así que simplemente no podría dormir, además de básicamente hacer todo lo que le pidiera, así que le pidió que hiciera guardia. Por supuesto, agotaría su cuerpo y todo eso, pero tampoco haría nada útil igualmente en ese estado, así que le traía sin cuidado. Simplemente se fue a dormir, con un sueño ligero eso si, por si acaso.

Se despertó un par de horas más tarde, mordisqueando un poco de comida en cuando se sentó, compartiendo un poco con Tenebra y finalmente ella y el orco siguieron a la cambiaformas en el segundo intento de exploración al templo. Almena estaba hablando, pero la diablesa estaba ojeando el libro en el atril, en busca de pistas. Ella tampoco encontró demasiado en el libro, así que rápidamente lo descarto y lo dejo donde lo había encontrado.

Pasaron las salas, abriendo las puertas una a una, asegurando el perímetro para avanzar, aunque solo fuese para relajar un poco la paranoia del orco. No podía culparlo realmente, una caza de arañas normal y corriente había adquirido toques… sobrenaturales cuanto menos. Bajaron la escalera a regañadientes, descubriendo al final del pasillo el lugar de la última visión. A la diablesa no le hizo mucha gracia que la niña se lanzara hacia la sala más alejada, ignorando salas repletas de potenciales peligros, ninguna gracia en absoluto, pero después de ver que ninguna de las puertas se abría para desatar una horda de lobos espectrales devora almas o lo que fuese que hubiera allí, la siguió.

No era nada en especial, no cuando ya la habían visto en la visión, con ese altar con el cristal destrozado, vacío desgraciadamente, y un túnel en el fondo de la sala.  -Posiblemente, pero no creo que sea muy directo que digamos.- Se limitó a responder ante la pregunta de Almena. Dudaba que hubiera muchas cosas en el desierto capaces de hacer túneles tan grandes, pero dudaba aún más que las hiciera convenientemente del punto A al B, seguramente era más bien un laberinto de túneles técnicamente conectados, pero innavegables para alguien que no supiera exactamente lo que hacía…suponiendo que no te encontraras con lo que fuese que los hubiera hecho.

Sin mucho más que hacer allí, dedicaron su atención al resto de salas, la gran sala a la derecha fue la primera, justo a tiempo para que otra maldita visión los asaltara.

Eres un niño, de unos diez años, sujetando un bebe en tus brazos, tu hermano, recuerdas. A tu lado está un hombre con una túnica negra, como la que llevas tú ahora, pero mucho más decorada, con motivos dorados que dejan patente su posición de líder.

-Bien, Ma'at, ha llegado el momento- el líder empezó a hablar, con una mano en la puerta, listo para abrirla. -Ayer tu padre partió para hacer comunión con la diosa, para renacer como uno de sus hijos, te he traído aquí para que veas su glorioso renacer. Normalmente solo los altos rangos pueden contemplar el milagro, pero la diosa sabe que mereces una alegría después de...lo de tu madre.-la puerta se abre, revelando un hombre tumbado en el suelo, tu padre. Un amasijo de carne yace a su lado, una bola de patas y cola aparentemente muerta. Unos pocos huevos están esparcidos por la sala, que llegan hasta casi tu nariz, hasta la cadera de un hombre adulto, supones. Solo uno está abierto.

Tú padre se despierta, no por voluntad propia, sino cuando un espasmo recorre su cuerpo, una y otra, y otra vez con un grito de dolor, su pecho se abre, dejando salir entre borbotones de sangre una pequeña criatura serpentil.-¿No es magnífico?- dice el hombre por encima de los llantos de tu hermano, que ha empezado a llorar. -Algún día, tu, tu hermano, todos, nos uniremos a nuestra señora, pero de momento tendremos que conformarnos con enseñar a sus hijos, a las almas reencarnadas de nuestros compañeros.-Tu, decides, allí mismo, sin un ápice de duda, que ni tu ni tu hermano sufriríais el mismo destino, y que te asegurarías de que nadie lo sufriera, jamás.

Luzbel cerró la puerta que la niña había abierto, arrastrando a la niña con ella, literalmente en cuando gano control de su cuerpo. Había visto que allí dentro había huevos, y había sumado dos más dos. NO iba a entrar allí, y parecía que la niña pensaba lo mismo, así que no hubo discusión, fueron hacia otra sala, una de las de la izquierda. La primera era una simple despensa, llena de comida, ahora seca y arrugada. Puede, solo puede, que aun quedara algo comestible, pero la verdad era que prefería simplemente no arriesgarse. Nada los ataco, así que miraron la siguiente, una biblioteca. Ella y la niña se dedicaron a ojear unos pocos libros. Había ejemplares sobre magia, invocación, cocina, geografía, no tenían demasiado valor ahora mismo, pero la niña encontró uno que rompía  ese patrón. Uno muy similar al que habían encontrado en el altar. Parecía el mismo libro, pero una versión infantil, con letras más grandes y algunas en común “Nosotros te imploramos, Kalros” era la más leíble, exactamente donde había habido una de esas frases ininteligibles. Ya tenían una al menos, hurra por ellos. Luego fue el turno de comedor, también con un número nulo de bestias sanguinarias, pero también un cadáver. Después de asegurarse de que el orco estuviera cerca, la niña examino el cadáver, con mucho cuidado, como si fuera a levantarse y arrancarle la cabeza…cosa que visto lo visto no sonaba del todo descabellado sinceramente.

Era un cadáver resecado, lo que ya lo hacía diferente a los montones de huesos y cenizas que habían visto, con una túnica roja intenso, con una cartera de cuero marrón colgándole del hombro. La diablesa podía ver unos pocos royos sobresaliendo de ella, y empezó a sacarlos y verlos. En algunos casos se trataba de diagramas, dibujos muy, muy bien hechos con carboncillo de bestias locales y artefactos que no conocía, en otros eran párrafos de texto en un alfabeto completamente ajeno a ella, que sinceramente lucia inventado, como un código. Estaba a punto de rendirse cuando encontró uno de los escritos en común. –Es un diario… la última entrada supongo.- miro al fiambre momificado. Seguramente codificar a la vez que escribías no era nada fácil, por lo que primero escribía y luego traducía… -Hoy… bla bla bla, libros sagrados en un lenguaje que no comprendo…bla bla bla, aquí, “finalmente, con la ayuda de unos pocos libros de la biblioteca, he conseguido descifrar el idioma, además de conseguir abrir la despensa. La comida luce un poco mal, pero no tengo nada mejor, así que esperemos que sea comestible mientras espero un rescate…- miro al muerto… puede que no fuese tan comestible como había pensado al principio al fin y al cabo. –bla bla… aquí esta.


Oh, gran devoradora, señora de estas tierras, la que de negro todo lo cubre.
Nosotros te invocamos, te rogamos.
Acude a nuestra llamada, devora a nuestros enemigos.
Nosotros te rogamos, protege a tus súbditos.
Nosotros te imploramos, Kalros-


Sintió un escalofrió que no le gustó nada en absoluto al haber dicho esas palabras… pero no pareció haber pasado nada en realidad, ni horribles temblores, ni bestias espectrales ni visiones.


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Re: Aracnofobia [Campaña]

Mensaje por Almena el Lun Sep 25, 2017 3:15 pm

Oh, gran devoradora, señora de estas tierras, la que de negro todo lo cubre.
Nosotros te invocamos, te rogamos.
Acude a nuestra llamada, devora a nuestros enemigos.
Nosotros te rogamos, protege a tus súbditos.
Nosotros te imploramos, Kalros-

__Por algún extraño motivo, cuando la mercenaria leyó aquellas palabras... ¿Cómo lo diría? Sonaron más profundas de lo normal. Por algún motivo, y a pesar de que personalmente no me decían nada, sentía que aunque pasarán años, sería capaz de repetirlas tal cuál las acababa de oír.
__Puede que mi compañera también sintiera algo parecido, ya que hubo un instante de pausa tras acabar la lectura. Sin embargo, nunca lo sabré, ya que antes de que ella pudiera dar alguna impresión sobre la plegaria fue interrumpida por un fuerte sonido acompañado de un temblor, ambos provenientes de la dirección dónde se encontraba el orco.

__Al parecer, Borgul se había apoyado en la pared que no debía y ahora está se estaba moviendo, desvelando tras de sí una nueva sala oculta. Una vez más, volví a demostrar cuán novata era; en cuando la pared se dejó de mover, mi primer instinto fue dirigirme hacia el nuevo y oscuro umbral para alumbrarlo con la antorcha y descubrir qué había en el interior. Fue detenida por mis compañeros, quienes se habían puesto en guardia nada la primera pequeña apertura dio un atisbo de que tras la pared había una estancia.
__Por suerte para todos, no parecía que hubiera nada hostil que fuera a salir de aquella nueva estancia, así que la mercenaria me hizo un gesto para que me aventurará a iluminar dentro, tal y como intentaba hacer hacía un momento.

__Así lo hice. Resultó ser una especie de arsenal. Dispuestas por las paredes de la habitación había varios huecos perfectamente tallados para contener las armas expuestas, unas armas tan negras como el resto de la estancia. Sin embargo, la mayoría de huecos estaban vacíos. De las treinta y tantas armas que debía de haber en su momento en la sala a juzgar por los huecos (lanzas, espadas, arcos, hachas, dagas y otras tantas que no supe reconocer solo por la silueta) solo quedaban cinco, y dos de ellas, un arco y una lanza, yacían rotas por la mitad en el suelo.
__Borgul enseguida considero las restantes como un botín y arrancó de la pared derecha un hacha de guerra de doble filo igual o más gigantesca incluso que la que ya llevaba consigo. La compañera no tardó en seguir su ejemplo, adueñándose del precioso escudo alrededor del cual parecían estar colocadas las demás armas de forma simétrica; éste tenía unos extraños relieves por la superficie que parecía juguetear bordeando un pequeño boquete en el probablemente antes hubiera habido algo engarzado.
__Siguiendo el ejemplo, yo me quede con el arma restante: una pequeña daga negra, casi oculta bajo el emplazamiento del escudo. Había perdido a su gemela, cuyo espacio vació se encontraba a su lado, pero era ligera y afilada; supongo que no estaba nada mal para mi primer arma.

__Tras conseguir aquel pequeño botín Borgul se dirigió hacia la escaleras y la mercenaria lo siguió. Al parecer, la tiempo para explorar había acabado y había que volver a la misión principal.


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Re: Aracnofobia [Campaña]

Mensaje por Vanidad el Mar Oct 03, 2017 7:57 pm

La pausa dramática que seguía a todo verso sectario que se preciara fue brusca y anticlimáticamente interrumpida por el orco, que a primera vista había derrumbado una pared, pero con un poco más de atención la diablesa se dio cuenta que la pared simplemente estaba cediendo por algún mecanismo oculto, que estaba diseñada precisamente para abrirse. Tanto ella como el orco se movieron al unísono, como si tuvieran telepatía, preparándose para lo que pudiera salir de allí y en el caso de la diablesa, agarrar además a la cambiaformas que se dirigía directa allí, como un gato curioso, pero no tardaron demasiado en darse cuenta de que era solo una falsa alarma y nada amenazaba con matarlos… de inmediato.

El motivo quedo claro rápidamente, detrás de esa falsa pared se escondía un tesoro. No un tesoro monetario, eso le habría traído un poco igual a la diablesa, no, se trataba del único tipo de tesoro que valía la pena. Luzbel pasó el dedo suavemente por las armas, admirándolas. Allí había habido más, claramente, y ahora solo quedaban aquellas que no habían satisfecho a los saqueadores…o legítimos propietarios, la verdad era que le daba un poco igual, puesto que ya había fijado sus ojos en un precioso escudo negro como la noche. Parecía que alguien le había arrancado la valiosa gema engarzada en vez de llevarse el escudo, y nada más cogerlo entendió el porqué; pesaba, mucho más de lo que parecía, incluso más que el de acero purificado que llevaba encima en ese mismo instante. Acaricio la superficie, dándole unos golpecitos con su guantelete, al menos su dureza se correspondía con el peso.

No fue la única en saquear la armería, el orco había cogido un hacha antes, e incluso la cambiaformas se decidió por una pequeña daga, negra como todo el resto de la armería y las paredes. Ya estaba todo visto, salvo que se internaran en esos siniestros túneles, cosa que todos sabían que no iba a pasar, así que con una simple mirada profesional, Luzbel y el orco se entendieron y se dirigieron hacia la salida, a seguir con la misión.

A duras penas habían sido deslumbradas por el sol de la mañana cuando la misión vino a ellos. Todo el grupo sin duda recordaba las caras de los ladrones de huevos, por más estragos que el veneno hubiera hecho en sus cerebros. Estaba esa mujer cubierta de tatuajes, Dila, Sam, el tipo pálido con túnica y frascos, y dos figuras más, un tipo con una sencilla armadura de cuero, pelirrojo y el último y más interesante, una mujer con una túnica marrón, la única que estaba de pie en el “barco”. A la diablesa se le había pasado por la cabeza la pregunta de qué idiotas hacia su maligna base secreta en medio del coto de caza de gusanos del tamaño de un dragón, y ante ella tenía la respuesta. El barco no era más que una simple cascara, sin ningún tipo de vela, sino con cuatro círculos de piedra negra, uno a cada esquina, que de alguna manera, gracias a la mujer de la túnica, a sus palmas extendidas y su pose ominosa, hacían flotar al barco. Por suerte, el barco estaba pasando de largo a unos buenos setenta metros, ni se habían fijado en las figuras que estaban saliendo del templo, sino que salían otra vez de excursión, en busca de huevos posiblemente.

-No tocan suelo, no gusanos, ¿cierto?- Pregunto el orco, en la misma línea de pensamiento que Luzbel.

-Eso parece…-

-Si tocan tierra, ¿si gusanos?-

-Si… no veo porque no, parecen guiarse por las vibraciones, como los espejos del des…… ¡espera!- demasiado tarde, el orco había cogido carrerilla y con un único y fluido gesto había lanzado su recién adquirida hacha horizontalmente, como si fuera un maldito cuchillo. No había manera de que ese estúpido plan funcionara.

Luzbel había esperado que el hacha cayera a los veinte metros como mucho, alzo una ceja cuando vio que pasaba de los treinta, abrió la boca con sorpresa cuando llego a los 50 y soltó una palabra impropia de una señorita cuando llego a los setenta y se estampo de lleno en la mujer de la túnica marrón, mandándola a volar fuera del barco. Sin duda habrían oído el silbido que un hacha giratoria debía producir al acercarse, pero con esa monstruosa fuerza, no habían tenido tiempo para reaccionar, y mucho menos ahora que su cascara de nuez glorificada se estampaba de lleno contra una duna al dejar de levitar por culpa de la muerte de su geomante.

-Bien… ahora estarán muy cabreados, ¿cuál es el plan?-

-Borgul pensar solo hasta aquí.- la diablesa alzo una ceja alarmada antes de que pudiera seguir –ser broma. Gusanos no oler ni ver, o atacar a barco volador. Ser como espejos de arena ¿sí? Ellos escuchar, venir y comérselos.-

-Tienen un alquimista, puede que simplemente hayan conseguido camuflar su olor.- El orco dudo un breve momento, alterando su mirada entre los accidentados enemigos y ella. –Pero tener un geomante solo para mover un barco parece un desperdicio… aunque puede que tarden en venir…o no tengan hambre, el plan tiene fallos- pero seguiría con el plan, era mejor que nada. La diablesa saco su escudo, su espada y los golpeo, haciendo un fuerte tañido. Las caras de horror de los supervivientes cuando el tañido capto su atención fueron toda la confirmación que necesitó. Borgul se apuntó al jaleo y fue entonces cuando los… realmente no estaba segura de llamarlos náufragos, decidieron hacer algo al respecto. Todos salvo el pelirrojo y la muerta corrieron hacia ellos, desesperados por conseguir piedra firme bajo sus pies ahora que empezaba a oírse un rumor lejano, como un rio. El pelirrojo decidió probar un enfoque más directo y les arrojo una bola de fuego, con la esperanza de que se callaran. Pero la bola de fuego fue algo triste, poco más grande que un puño, y se estampo contra el nuevo escudo negro de Luzbel sin más inconvenientes que mancharle un poco los zapatos de carbonilla.

Entonces vino, gloriosa, majestuosa, escalofriante, para los mortales que lo presenciaron, debía ser comparable a un ratoncito viendo por primera vez a un tigre, menos para el piromante, Tim, la diablesa dudaba que pudieras sentir algo más allá de dolor cuando un gigantesco gusano del desierto te comía. El gusano había aparecido súbitamente, sin advertencia, justo por debajo del piromante, que aparentemente había cometido el error de empezar a correr cuando vio que su bola de fuego había fallado estrepitosamente en su misión. Luego les tocaba al resto, todos lo sabían, lo que provoco que su frenética carrera se intensificara hasta límites que la diablesa creía imposibles. Solo quedaban Dila y Sam, y se volvió solo Dila en cuando esta empujo al pobre alquimista, haciendo que se cayera, solo para seguirlo segundos después cuando Luzbel, sutilmente, enfundó la espada y estampó una púa en el pecho de la mujer. Una última pasada de ese gusano basto para tragárselos. Esa horrible bestia les dedico una última mirada antes de hundirse en las arenas.

-Bien… os dais cuenta de que tenemos que movernos de aquí en un barco que volverá a traerlo… ¿cierto?-

-Puede que esperar…-

Esperaron cinco horas, mano sobre mano, hasta que finalmente se decidieron a probar suerte, subiendo en el barco y dirigiéndose hacia la otra estructura visible. Hubo una breve discusión sobre si sería mejor dar unas pocas vueltas al templo, para asegurarse de si los gusanos venían a comérselos, pero la idea fue descartada ya que aunque vinieran, no podían hacer nada al respecto, así que lo mejor sería salir tan rápido como pudieran de la arena, lo que implicaba una rápida carrera en barco.


No fueron devorados por un gigantesco gusano dentado del desierto, lo que era genial, y finalmente consiguieron llegar a la única estructura aparte del templo, la formación de roca aparentemente natural pero extrañamente suave y cilíndrica cortesía seguramente de las frecuentes tormentas de arena del desierto o algo así, que iba a saber ella, no era geóloga. Había una pequeña y modesta entrada, una apertura en la roca lo suficientemente grande para un barco, que entraba en la roca en una especie de puerto subterráneo., o su equivalente para los barcos de arena, con un embarcadero de madero que conducía a una apertura con escaleras. La diablesa había sido la primera en bajar, armas en mano y wyvern en cuello, seguida del orco. Se había traído a las otras dos, a la cambiaformas y a la elfa traumada, porque realmente no tenía sentido dejarlas en el templo a la espera de que apareciera otro bicho, sin barco y desde luego NO iba a volver a por ellas y arriesgarse a ser comida por gusanos más de lo absolutamente necesario. Solo por si acaso, antes de adentrarse giraron el barco, para que encarara directamente a la salida.


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Re: Aracnofobia [Campaña]

Mensaje por Almena el Mar Oct 10, 2017 2:06 am

__Tras... la impresionante demostración de... ¿fuerza, destreza? No lo sé, pero fue increíble lo que Borgul hizo con su hacha. Lo que no fue tan magnifico fue tener que esperar horas tras haber visto a cuatro personas ser devoradas por gusanos gigantes. Te hace pensar en cosas...
__Como sea, al menos estuvimos refugiados dentro del templo y allí no hacía demasiado calor ni tampoco frío, lo cual es fantástico para estar en medio de un desierto. Pudimos recuperar las horas de sueño que habíamos perdido, quejarnos de nuestras quemaduras y tratarlas... ¡Eso sí! Había que tomar como apunte que se nos estaba acabando el agua tras ser usada como arma improvisada la noche anterior.

__Una vez el sol estuvo bien alto, y tras una breve discusión, zarpamos; a pesar de lo poco recomendable que suene viajar al mediodía por plena tierra muerta, pero era eso o perder el día. Acabamos llegando a guarida de aquellos tipos: una enorme formación rocosa en medio de aquel mar de arena. No tardamos en encontrar una gruta con un embarcadero en su interior dónde anclamos el barco.
__La gruta se extendía más allá del embarcadero, dando a una sala grande, sobre todo en altura, iluminada solo por los pocos rayos que se colaban por dónde habíamos entrado, pero estos resultaban más que suficientes. La habitación tenía una gran mesa de roca en el medio, a como de comedor, y en sus laterales había cuatro habitaciones pequeñas. Al fondo, se veían unas escaleras que ascendían hacia una gran puerta de madera.
__Siguiendo las indicaciones de los expertos al mando, yo y la elfa, quién seguía sin ser la misma desde ayer, nos dirigimos hacia las escaleras del fondo, dónde estuvimos vigilando mientras Borgul y la chica del wyvern inspeccionaban las pequeñas habitaciones una por una, no fuera que hubiera más sorpresas.

__A la voz de "Despejado" la cosa pareció relajarse un poco, y se me concedieron unos minutos para saciar mi curiosidad: me dirigí a inspeccionar yo misma las cuatro salas.
__Resultaba obvio que eran las habitaciones de aquellos tipos del barco volador al que había visto ser devorados por la mañana. La primera a la que llegue era una bastante austera; estaba prácticamente vacía: una cama al fondo, un par de libros colocados ordenadamente a los pies de esta, un par de túnicas marrones colgadas de la pared y en el centro, una alfombra que ha decir verdad daba ambiente a la habitación. La segunda añadía un brasero apagado en el centro de la habitación, así como un armario y unos tapices rojos en las paredes; en el fondo, junto a la cama, había una mesa con unas estanterías llenas de libros encima; tal vez cuando acabásemos el trabajo podría echarles un ojo a ver si había alguna historia interesante. La tercera de las habitaciones tenía todos los muebles movidos para hacer hueco a un desgastado pelele de paja, como los que usan los soldados para entrenarse; además tenía las paredes decoradas con armas, me sorprendió que Borgul no hubiera cogido nada de ésta al revisarla.
__Fue la última de las habitaciones la más interesante y la única en la que perdí algo de tiempo. Esta última estancia era obviamente la de un alquimista y parecía más laboratorio que habitación. Apenas se distinguía la cama entre los libros y las estanterías y estanterías llenas de pociones e ingredientes todos en etiquetados en sus tarritos. El centro de la sala estaba coronado por una gran mesa de trabajo llena de cachivaches sobre los que colgaban hierbajos varios. Me detuve a inspeccionar las estanterías de pociones en busca de algo útil, sin embargo yo no tengo ni pajolera idea de alquimia, y todo me sonaba a enano. "Extracto de Beholder", "Leche de flor de Selas", "Prisa de Eryth", "Cera de Alcan", "Luz de Luna", "Decocción de Cieno"... y así decenas de frasquitos. ¡Cómo para enterarse una de algo! Como cogiera alguna de aquellas bien podría estar cogiendo una bomba, que un té de hierbas, o que abono del recién defecado. Puede que estuviera cogiendo la panacea definitiva que un veneno mortal. No podía arriesgarme. Y cuando ya estaba por salir de la habitación vi un nombre que reconocí, un frasco con un líquido transparente cuya etiquita citaba "Agua Bendita".
__Bien sabio es que  si hechas agua bendita sobre un demonio les quema la piel más rápido que el fuego; y, dado que tenía la buena sospecha de que teníamos uno en el grupo desde el encontronazo con las hienas, me parecido buena idea coger el frasquito. Solo por si las moscas, la chica del wyvern no parecía tener intención ni motivo de volverse contra el resto, pero mejor prevenir que curar.


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Re: Aracnofobia [Campaña]

Mensaje por Vanidad el Jue Oct 26, 2017 10:38 am

Luzbel ya se hizo una idea de la situación en cuando abrió lentamente la puerta, después de negarle con la cabeza al orco una única vez cuando se disponía a reventarla de una carga que, sospechaba, habría tumbado a cualquier cosa más pequeña que un dragón adulto. En cuando abrió la puerta, pudo oler el incienso, no cualquier incienso que usaba el abraza-arboles medio, sino uno muy concreto, uno que supuestamente calmaba a los demonios y ayudaba a que colaboraran en el proceso de invocación. ¿Funcionaba con algún demonio siquiera? No estaba segura, a ella hacia qué le supiera la boca a hierba quemada, cosa que no era demasiado agradable, pero puede que funcionara con los más débiles.

En cuando abrió un poco más la puerta, pudo localizar al enemigo que faltaba, al supuesto jefe. Había un largo pero ancho pasillo, que desembocaba en una amplia sala, todo a oscuras a excepción de la luz que proporcionaba un círculo de velas de llamas violáceas y los cuencos con incienso que se chamuscaban lentamente. Y allí dentro, vagamente iluminado por las velas que lo rodeaban estaba el hechicero, recitando algo. No podía ver sus rasgos, ocultos por una túnica negra, solo podía verse un bonito amuleto muy familiar colgando de su cuello.

Luzbel había tenido problemas para entender el común del orco, debido a su fuerte acento, pero ahora mismo tenia frente a ella un caso aparte. SABIA que ese tipo estaba hablando en demoniaco, invocando a algún pobre desgraciado a ese plano, lo había conseguido de hecho, a juzgar por como el huevo de araña en el centro del círculo parecía sufrir espasmos y una araña emergía de él. No era un recipiente adecuado, cualquier demonio lo sabría, pero por si acaso, esa araña era la prueba viviente, con miembros retorcidos, púas saliéndole por el cuerpo (púas de hueso que claramente no pertenecían a un arácnido) y unos espasmos de puro dolor mientras un cuerpo que ni siquiera era un mamífero intentaba adoptar la forma de lo que posiblemente era un diablillo de la única manera que sabía, con fuerza bruta. A medida que se acercaban, fue inevitable que el brujo los viera, armas en mano, lanzándose contra él.

-Alahaktor, mátalos.- Esa grotesca araña se abalanzo contra ellos, ante la incredulidad de Luzbel. No podía ser tan idiota. La araña salto con una velocidad sobrenatural hacia ella, apuntando a su cuello con sus colmillos. Un aura de puro terror emergió de ella mientras miraba la araña saltarina y pronunciaba unas pocas palabras.

-Abandona este plano y regresa con tu señor, te lo ordeno por tu verdadero nombre, Alahaktor.- La araña cayó como un peso muerto a su lado. Seguía viva, posiblemente, pero el demonio había abandonado su cuerpo. Había un contrato implícito en una orden con un nombre verdadero entre dos demonios. Por supuesto, técnicamente no estabas obligado a nada, podías arriesgarte a desobedecer, motivo por el que tantos hechiceros morían como pardillos invocando un demonio de manera descuidada, pero con el nombre y los conjuros adecuados podías… persuadir al afectado, generalmente de manera violenta y eterna. Puede que se hubiera arriesgado a matarla si hubiera sido humana, pero… ¿con un demonio? Simplemente no te arriesgabas a una eternidad de sufrimiento con alguien que podía vivir y hacerte vivir literalmente hasta que las estrellas se apagaran. –A veces me pregunto cómo habéis sobrevivido tanto tiempo siendo tan idiotas, ¿por qué crees que los demonios usan versiones cortas de sus nombres, como mucho? Para que no pase precisamente eso…- Una púa de hueso salió disparada de su mano, directa al pecho del brujo y se quedó suspendida en el aire, inmóvil, hasta finalmente caer al suelo con un repiqueteo. Eso no había pasado nunca...

-Tú también puedes usar demonios…- Si algo tenía que admitir de los mortales era que aprendían rápido, no volvería a canturrear nombres verdaderos en un futuro próximo. –Pero nada puede dañarme con el amuleto de Samarkanda. Ahora… matadlos.- Unos suaves repiqueteos invadieron la estancia, a medida que decenas de arañas demoníacas aparecían en su campo de visión, antes ocultas por culpa del pasillo en el que estaban.

-No ser bueno…-

-Tenemos que matarlo rápido e irnos.-

-¿Tener idea?-


-Solo una… ¿Has clavado nunca con un martillo?- El orco la miro confundido, hasta que la diablesa hizo girar su espada en la mano con una floritura y entendió. Luzbel emprendió una carrera contra el brujo, seguida por el orco. Le arrojo el escudo, que se quedó suspendido en el aire a un metro antes de caer, momento en el que lanzo una estocada con toda su inercia. La espada llego un poco más lejos, con la punta rígida en el aire a 70 centímetros del pecho del brujo. Y entonces Luzbel se apartó tan rápido como pudo, porque a duras penas un segundo después de haberse ido, con la espada aun flotando antinaturalmente, el orco estampó el plano de su hacha a dos manos contra su espada, como si la bateara.

El golpe fue brutal, a Luzbel se le revolvió el pelo simplemente por estar cerca, y aun así, la espada solo avanzó un poco, a duras penas tocando el precioso amuleto, con la punta de la espada apenas hundiéndose un milímetro en el precioso rubí, creando una finísima grieta.

-Os he dicho que no sirv…- El amuleto brillo con un resplandor violáceo y un humo oscuro empezó a emerger de él. Luzbel podía saborear el miedo, el terror que sufría el mago mientras intentaba apartar la nube negra a manotazos, pero inevitablemente entro en su cuerpo, poseyéndolo. La túnica se calcinó, sin quemar en lo más mínimo la piel, que se tiño rápidamente de rojo. Para cuando un poco más de humo estaba formando una armadura de placas negras, dejando al descubierto solo la cabeza y las manos, Luzbel ya estaba retrocediendo, saboreando su propio terror. Los cuernos y la cara, blanca como la nieve, como si llevara puesta una máscara de fina porcelana, junto a unos ojos que literalmente brillaban con luz rojiza y una boca de afilados dientes de la cual goteaba sangre eternamente le confirmo lo que sospechaba.

Todas las razas, todas las especies, tenían sus cuentos, sus leyendas. Algunas como Pedro y el lobo eran educativas, a forma de advertencia, otras como Siegfried el asesino de dragones, inspiradoras, y los Terribilis no eran diferentes.

-Udoroth, el Rey Tortuoso.- el demonio sonrió al reconocer su nombre y, en cuando Luzbel parpadeo, estaba a su lado, con una mano en su hombro.

-Luego jugaremos hermana, primero quiero deshacerme de ese irritante picor… y comer un poco.- Y en otro parpadeo estaba sobre la elfa. Luzbel no hizo nada, dudaba que nadie pudiera, su mera presencia, su mero toque, le había puesto todos los pelos de punta, el primitivo cerebro mortal cuyo cuerpo habitaba le estaba dando todas las señales posibles de peligro, le estaba suplicando con una cualidad que había permitido a los seres de ese plano sobrevivir durante milenios que corriera por su vida sin mirar atrás. No sabía cuánto de eso era su aura de terror, infinitamente mejor que la suya propia y cuanto era el conocimiento de quien era. ¿Cómo iba a enfrentarse a Udoroth? Era el séptimo heraldo de Phobos, el único que había llegado a ese puesto sin ser ascendido por su señor, sino ascendido una vez había llegado a él… sin siquiera ser un demonio. ¿Cómo iba a enfrentarse a posiblemente el único humano que había llegado a ser el heraldo más poderoso de un señor, por encima de su padre, antes de volverse siquiera un demonio, muy posiblemente solo para que dejara de matar demonios y bañarse en su sangre? Era una leyenda, habían hecho malditas canciones sobre él.

La elfa estaba pérdida, que le dieran, no había sido la misma desde el día anterior, la muerte era una liberación si la alternativa era una vida de horrores y pesadillas constantes. O lo habría sido si se la hubiera comido un gusano y no fuera el juguete del peor de los suyos, pero sus acompañantes no tenían que saber eso.

-Tenemos que huir, AHORA.- el orco no le hizo demasiado caso, ninguno en realidad, a juzgar por como su hacha descendió sobre un maldito archidemonio… y fue literalmente calcinada, dejando solo tras de sí un palo negruzco de apenas dos palmos en las manos del orco y un montón de metal fundido en el suelo. Cada uno de los siete tenían alguna habilidad especial, que se transmitia a su descendencia de alguna manera u otra a juzgar por ella y su hermano, pero la del Rey Tortuoso era… diferente, destruir almas permanentemente para potenciar conjuros había sido una idea… muy exótica durante la guerra, y era si bien no necesariamente el don más útil de los 7, sin duda era el más poderoso. Simplemente NO podían ganarle con su poder actual.

-… No molestéis…- las arañas poseídas se movieron al unísono contra el grupo, hasta ahora paralizadas de puro terror, deseosas de evitar una horrible muerte obedeciendo al archidemonio, una de ellas derribando a Luzbel por la espalda mientras el archidemonio pasaba suavemente sus garras por la piel de la elfa, dejando tras de sí solo unos levísimos rasguños, que sin embargo la hacían gritar de dolor a pleno pulmón.


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Re: Aracnofobia [Campaña]

Mensaje por Almena el Jue Nov 16, 2017 9:56 pm

__¿Cómo podría contar lo que pasó cuando ni yo misma estoy segura? Si el día anterior había notado algo espeluznante proveniente de la mercenaria del wyvern, si el corazón me había pegado tal vuelco que el pecho me siguió doliendo hasta poco antes de adentrarme a explorar el templo esa noche; la sensación que tuve cuando aquel demonio se apoderó del brujo hizo que lo de día anterior no pareciera siquiera un susto.
__Como ya he dicho, no sabría describirlo, estaba completamente aterrada, la sangre se me había helado, los pelos de punta; el corazón, si no fuera porque podía sentirlo latiendo por todo mi cuerpo juraría que había salido disparado, el dolor no se pasaría en días.
__Pero sorprendentemente, o por lo menos a mí personalmente me sorprende, no salí corriendo. No me quede paralizada, ni perdí el conocimiento ni nada de lo que esperaría de un miedo tan grande. Simplemente actué. Por instinto, no son acciones que pueda decir que hice yo, o no las reconozco como mías, solo lo viví.

__Una de aquellas arañas-demonio se dirigía directa hacía mí. Había otra encima de la mercenaria, y el orco estaba rodeado por tres. Mi brazo derecho se transformó, adquiriendo pelo y garras, mientras el izquierdo tomo el frasco que acababa de coger en la sala anterior y lo descorchó y lanzó un chorro de su contenido hacía la cara de aquella bestia. El fluido comenzó a hervir al contacto con la piel y la criatura lanzó un desgarrador chillido mientras se retorcía.
__Mi cuerpo se movió entonces hacía mi compañera y plaqué a la araña que tenía encima librándola de su yugo.
__-Haz algo-dijo mi boca-Tú sabes.
__Y mientras la mercenaria se levantaba y devolvía un monótono "Gracias" aparecí frente al orco y estampé el resto del bote en la espalda de una de las arañas. Al instante un proyectil no identificado proveniente de la compañera se clavó en la cara de la segunda araña y Bolgur se encargó de la restante por su cuenta.
__No tardamos mucho en encontrarnos escapando de hacia el barco. Sé que antes de huir miré a la elfa, estaba envuelta por un conjunto del demonio y unas extrañas sombras mágicas. No sé qué sé me pasó por la mente, pero sé que la dejamos atrás. Huimos entre gritos ascendentes de dolor que parecían ir adquiriendo un tono espectral y atravesaban las paredes.
__Sé que echamos zarpamos echando a patadas a las arañas que nos perseguían y conseguían subirse al barco, y juraría que todo se veía gris, aunque puede que fuera ya estuviera alucinando.

__Una vez navegando por la arena, mientras veía cómo nos alejábamos de la formación rocosa, volví poco a poco en mí. El dolor del pecho me estaba matando; notaba toda mi cabeza palpitar terriblemente; sudaba a mares; estaba cerca de la hiperventilación, y notaba nuevos arañazos, moratones y heridas menores en los brazos y piernas. Y sin embargo, notaba una cierta alegría de haber salido de allí con vida; una alegría que seguía superada por el gigantesco terror de qué narices hacer con esa criatura.
__-¿Qué narices ha sido eso?
__-Udoroth, el Rey Tortuoso. El heraldo más poderoso de Phobos.
__-¿En lengua común?
__-Phobos es la personificación del terror, y este es el demonio más poderoso bajo sus órdenes.
__-¿Tan mal?
__-Tan mal.-la mercenaria comenzó a reírse de forma nerviosa.
__-¿Y qué hace aquí? ¿Cómo ha salido de...? No, más importante, ¿Qué hacemos? ¿Cómo se puede matar a eso?
__-Como matas a un archidemonio? No puedes, no sin tener tu propio y mejor archidemonio. Y no lo tenemos.
__Mire las alternativamente las caras de mis compañeros en busca de alguna solución, algún plan, alguna esperanza. No la había, aun con su experiencia se les notaba nerviosos y asustados, decaídos. Solo podíamos huir.
__Me senté, o más bien me tiré, en la cubierta, observando a la distancia cómo aquel demonio salía de la roca y comenzaba a andar por la arena siguiendo nuestra estela, acabando con las pocas arañas que alcanzaba a su paso.
__-Gusanos aun cerca.-dijo Borgul.
__-Ojalá alguno se lo trague.-respondí alicaída.
__-Dudo que una serpiente crecida baste para pararlo.-aportó la mercenaria, se veía que estaba por la labor de animar al grupo.
__-¿Crees que debiéramos parar en el templo para evitarlos?
__-Huir primero. Con suerte, vivir.
__Por si no bastaba el hecho de que aparentemente uno de los mayores demonios de Noreth nos estuviera persiguiendo, y que probablemente el que estuviera suelto por el mundo fuera culpa nuestra, probablemente acabaríamos en el estómago de un gusano de arena por tener tiempo de parar en el maldito templo. Sabía elegir bien las aventuras, estaba claro. Solo faltaría que se uniera aquel bicho que reposaba en el temp...
-Nosotros te imploramos, Kalros-
__De pronto, aquellas palabras invadieron mi mente. En realidad todo el salmo que encontramos el día anterior se repitió en mi mente con una voz ajena y profunda. Como si fuera otra de aquellas visiones, solo que sin perder la consciencia, solo un pensamiento.
__-Kalros... Espera. ¡El templo!-me dirigí hacia el orco de un salto.-¡Borgul! ¡Llévanos al templo! ¡Rápido! Creo que tengo un plan.


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Re: Aracnofobia [Campaña]

Mensaje por Vanidad el Vie Dic 08, 2017 10:27 pm

Las arañas eran grandes, pero comparativamente, en peso, pesaban menos de lo que uno esperaría de su equivalente en lobo o caballo, pero aun así, era un poco difícil deshacerse de una araña demoníaca furiosa enganchada a tu espalda, por lo que la diablesa estaba teniendo problemas para deshacerse de ella, empotrada contra el suelo y algo aturdida. Estuvo a punto de mandar la discreción a la mierda y apartarla creando un tercer brazo cuando la chica hurón se estampo contra la causante de sus problemas.

La diablesa se levantó, soltó un seco “gracias” por haberle evitado tener que dar explicaciones y busco al orco con la mirada con cierto reproche. Pero ese tenía sus problemas con más arañas. Dedicó una breve mirada a la araña que se retorcía de dolor por un ácido inodoro y escupió una púa que se clavó completamente en la cara de una de las arañas que molestaban al guerrero orco. “Haz algo, tu sabes” como si fuera a abrir un maldito portal al foso y patear a todos los demonios de la sala de vuelta a donde habían venido. Necesitaría al menos sus nombres, y a saber dónde había acabado ese libro.

Y el grupo salió disparado hacia el barco sin necesidad de discutirlo. Borgul parecía tener cierto brillo en los ojos, cierta palidez en la piel (si eso era siquiera posible en un orco), como si estuviera recordando algo extremadamente traumático. La chica estaba aterrorizada, y Luzbel simplemente tenía suficientes problemas expulsando de su cuerpo las gigantescas cantidades de poder profano que la invadían, envenenandola con su mera presencia. Un aura que robaba hasta el color de las cosas. Las historias no exageraban, pero tampoco era completamente cierto, nada había perdido su color, simplemente… ese absurdo poder afectaba la visión, entre otras cosas que no iba a tomarse el tiempo de averiguar. Seguramente le dedicaron algún pensamiento a la elfa, pero no Luzbel. Si tenía suerte, ya estaría muerta. Sino, desearía estarlo.

Algunas arañas intentaron detenerlos, nada de lo que no pudieran encargarse en su estado de frenético terror. Habría sido delicioso si no lo estuviera sintiendo ella misma también.

-¿Qué narices ha sido eso?-


-Udoroth, el Rey Tortuoso. El heraldo más poderoso de Phobos.-

-¿En lengua común?-

-Phobos es la personificación del terror, y este es el demonio más poderoso bajo sus órdenes.-
y se estaba quedando corta… habían hecho jodidas canciones sobre él.

-¿Tan mal?-

-Tan mal.-
Luzbel no pudo evitar soltar una risotada. Dudaba que pudiera huir a tiempo, y hacerlo la repugnaba. Pero la alternativa era morir y volver al Foso, y realmente no quería hacer eso, suponiendo que Udoroth tuviera la decencia de no devorarla, cosa que sinceramente dudaba. ¿Así se sentía un mortal ante la verdadera muerte? Era… menos excitante de lo que había pensado.

-¿Y qué hace aquí? ¿Cómo ha salido de...? No, más importante, ¿Qué hacemos? ¿Cómo se puede matar a eso?-

-¿Cómo matas a un archidemonio? No puedes, no sin tener tu propio y mejor archidemonio. Y no lo tenemos.-
Tal como estaba su poder ahora, a duras penas podría enfrentarse a su hermano, mucho menos a su padre, y desde luego NO a Udoroth.

El archidemonio finalmente salió al sol del desierto, ya habiendo acabado con la elfa. Alguna araña estaba en su camino, aún persiguiéndolos, pero no por mucho tiempo a medida que estallaban en llamas y se volvían cenizas. Estaba jugando, sin duda podía volar, muy muy rápido, incluso corriendo los habría podido atrapar. La diablesa suspiro, juntando las piernas y las yemas de los dedos, como había visto hacer a algunos mortales cuando necesitaban pensar, concentrarse. Puede que sí reunía suficiente poder pudiera intentar matarlo, suficiente energía para un único golpe al menos. Si fallaba, puede que al menos respetara el intento. ¿Pero que debía darle a Phobos, o Yigoniath por ese intento? Dudaba que menos de un brazo, y no sabía si bastaría.

-Gusanos aun cerca.-dijo Borgul.

-Ojalá alguno se lo trague.-respondió la chica

-Dudo que una serpiente crecida baste para pararlo.-sentenció ella.

-¿Crees que debiéramos parar en el templo para evitarlos?-

-Huir primero. Con suerte, vivir.

-Kalros... Espera. ¡El templo!-de repente se había emocionado y se dirigió hacia el orco de un salto.-¡Borgul! ¡Llévanos al templo! ¡Rápido! Creo que tengo un plan.-

-¿Kalros?- ¿no era ese el nombre del bi…? –Supuestamente expuso un dragón…- realmente esperaba que el cuento no fuera una exageración. Al menos podía probar ese plan antes de perder un brazo para, casi con total seguridad, no conseguir nada.

La cambiaformas se dirigió al altar que habían visto el día antes, el que tenía la estatua del gusano de arena. Teniendo en cuenta que había surcos con forma de mano y un bache donde irían las rodillas, eras bastante sencillo asumir la posición correcta, simplemente arrodillarse frente al altar, con las manos encima. Ahora solo quedaba rezar.

-Oh, gran devoradora, señora de estas tierras, la que de negro todo lo cubre.
Nosotros te invocamos, te rogamos.
Acude a nuestra llamada, devora a nuestros enemigos.
Nosotros te rogamos, protege a tus súbditos.
Nosotros te imploramos, Kalros-

Había pasado…algo, pero nada en especial, solo cierto silencio en el aire, así que se probó el rezo una segunda vez, lo que le dio tiempo a la diablesa a pensar. Un gusano que usaba vidas humanas para reproducirse y que podía ser invocado… incluso aunque tuvieran la suerte de que fuera bueno, dudaba que bastará con pedirlo amablemente, había un precio. Y como solo había una persona rezando…. Todo el precio recaía sobre ella.

Y la diablesa sentía ciertos… reparos en dejar que un dios rarito devorara el cuerpo y el alma de la bola de pelo que la había salvado de las arañas. Cierto era que podría haberse encargado ella sola, pero la cambiaformas no lo sabía, y le había ahorrado problemas, además… ¿Qué era para ella una o dos almas como precio a pagar para no ser eternamente barrida de la existencia? Con un suspiro, Luzbel sacó la espada y se hizo un pequeño corte en la palma de la mano izquierda, poniéndola sobre las manos de la chica a medida que el segundo rezo acababa.

-Nosotros te imploramos, Kalros- el altar empezó a palpitar, absorbiendo la sangre que estaba derramándose sobre la mano de la chica y un poco más de energía de la que le habría gustado. Las líneas de los pilares mellizos que rodeaban el altar empezaron a brillar con un poco más de intensidad. La cambiaformas entonó el rezo una tercera vez, y Luzbel la acompañó.

No hubieron acabado el primer rezo cuando fueron interrumpidas por un fuerte sonido. BRUUUUM. Una nube de energía verde se había formado en lo alto de cada pilar y había bajado a velocidad espeluznante, haciendo temblar todo el suelo. Tras cada verso, otro haz de energía verde se estampaba contra el suelo del templo y hacía temblar toda la zona.

-Nosotros te imploramos, Kalros-

Con un último BRUUUUM, los pilares se acallaron y el silencio se hizo en el desierto. Chillido seguido inmediatamente de un horrendo chillido que hizo temblar la arena. Udoroth, el demonio que los había estado persiguiendo, había adoptado una mezcla de curiosidad y diversión mientras andaba tranquilamente hacia su posición, pero tras el chillido, todo cambio. Las manos de Luzbel aun temblaban por esa irritante aura de terror que desprendía el archidemonio, pero sonreía, porque lo olía, lo saboreaba, notaba el miedo en Udoroth.

Y es que era difícil mantenerse impasible ante ese monstruo. Si los gusanos que los habían estado persiguiendo podían comerse de un bocado un caballo, puede que incluso un carro si eran optimistas, ese gusano podría haberse comido una casa. La sierpe sacó su cabeza de la arena, arrebatando cualquier duda que la diablesa pudiera tener sobre la veracidad de la historia sobre espantar a un dragón. Kalros olisqueo el aire y dirigió su mirada hacia el demonio, que respondió sacando un par de alas de puro humo. Un rayo rojizo salió de su palma, estrellándose contra una duna cuando la sierpe se sumergió en el desierto.

Kalros sacó la cabeza brevemente, nadando por la arena como si de un río se tratara y una tormenta de arena negra se formó en el aire, destripando prácticamente de inmediato las alas de Udoroth y enviándolo hacia el suelo, aunque fue atrapado en plena caída como un perro atraparía un dulce.

-Vaya… eso ha sido… anticlimático.-
un segundo chillido interrumpió sus quejas, procedente de la sierpe que se retorcía y expulsaba fuego violeta por la boca. Kalros escupió al demonio contra el suelo, haciendo que rebotara de manera poco elegante, cubierto de llamas. Y allí se quedó, recibiendo de lleno lo que parecía ser sin lugar a dudas un aliento dracónico de llamas negras. Hubo oposición, podían verse las llamas negras luchando por abrirse camino en un mar de violeta, a medida que el demonio gastaba todas las almas que podía para potenciar sus conjuros y no ser alcanzado… pero un poder que incitaba a destruir almas para potenciar tus conjuros… ciertamente era sin duda el heraldo más poderoso, pero también debía ser el que menos almas había acumulado, y tener amplias reservas de poder era muy importante cuando te enfrentabas a… lo que fuese que era Kalros, seguramente algún dragón anciano o un extraño y antiguo elemental primigenio. Finalmente las llamas cedieron y lo único que quedó del infame archidemonio Udoroth fue una estatua de obsidiana en una plataforma de la misma piedra, allí donde la arena se había petrificado también. Tormenta de arena que se había mantenido en el aire bajó entonces al unísono, haciendo trizas la estatua.


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