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Aracnofobia [Campaña]

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Re: Aracnofobia [Campaña]

Mensaje por Vanidad el Miér Ago 09, 2017 4:17 pm

Esas visiones no eran nada agradables. Seguramente no eran tan horribles para ella, ya que la transición de demonio a demonio debía ser más suave que de mortal a demonio, porque esa cosa tenía que ser un demonio, seguro. Eran fragmentos de recuerdos, mostrados de manera inconexa, pero que claramente estaban conectados, aunque no necesariamente en el orden que tocaba. Todo por un amuleto, el amuleto de Samarkanda… y que el nombre le resultara familiar no era bueno en absoluto, pero ya pensaría en ello, pero viendo lo que le había hecho a ese demonio, lo mejor sería que lo encontrara rápido y en circunstancias diferentes a las de ese pobre desgraciado.

-Yo... no sé qué has tocado, pero no vuelvas a tocar nada más.- se limitó a decir mientras se recuperaba de la visión.  Una explicación siguió, pero solo confirmó que la chica había tocado o pisado algo que no debía, cosa que no necesariamente habría sido mala si no se hubiese quedado mirando como el monstruo crecía ante ella, lo que denotaba unas prioridades…preocupantes. Lo dejo pasar, ahora que ya estaba muerto, no importaba, tampoco había sido tan difícil, solo… exótico. -Nosotros también tuvimos la visión.-

La charla se alargó un poco, pero la falta de sueño y el combate la habían cansado, y sus músculos le pedían un descanso a gritos, así que corto allí la discusión. -Mañana lo descubriremos, siempre que OTRA bestia sanguinaria no intente matarnos.- No le dedico demasiadas palabras a la elfa. Estaba en shock, así que simplemente no podría dormir, además de básicamente hacer todo lo que le pidiera, así que le pidió que hiciera guardia. Por supuesto, agotaría su cuerpo y todo eso, pero tampoco haría nada útil igualmente en ese estado, así que le traía sin cuidado. Simplemente se fue a dormir, con un sueño ligero eso si, por si acaso.

Se despertó un par de horas más tarde, mordisqueando un poco de comida en cuando se sentó, compartiendo un poco con Tenebra y finalmente ella y el orco siguieron a la cambiaformas en el segundo intento de exploración al templo. Almena estaba hablando, pero la diablesa estaba ojeando el libro en el atril, en busca de pistas. Ella tampoco encontró demasiado en el libro, así que rápidamente lo descarto y lo dejo donde lo había encontrado.

Pasaron las salas, abriendo las puertas una a una, asegurando el perímetro para avanzar, aunque solo fuese para relajar un poco la paranoia del orco. No podía culparlo realmente, una caza de arañas normal y corriente había adquirido toques… sobrenaturales cuanto menos. Bajaron la escalera a regañadientes, descubriendo al final del pasillo el lugar de la última visión. A la diablesa no le hizo mucha gracia que la niña se lanzara hacia la sala más alejada, ignorando salas repletas de potenciales peligros, ninguna gracia en absoluto, pero después de ver que ninguna de las puertas se abría para desatar una horda de lobos espectrales devora almas o lo que fuese que hubiera allí, la siguió.

No era nada en especial, no cuando ya la habían visto en la visión, con ese altar con el cristal destrozado, vacío desgraciadamente, y un túnel en el fondo de la sala.  -Posiblemente, pero no creo que sea muy directo que digamos.- Se limitó a responder ante la pregunta de Almena. Dudaba que hubiera muchas cosas en el desierto capaces de hacer túneles tan grandes, pero dudaba aún más que las hiciera convenientemente del punto A al B, seguramente era más bien un laberinto de túneles técnicamente conectados, pero innavegables para alguien que no supiera exactamente lo que hacía…suponiendo que no te encontraras con lo que fuese que los hubiera hecho.

Sin mucho más que hacer allí, dedicaron su atención al resto de salas, la gran sala a la derecha fue la primera, justo a tiempo para que otra maldita visión los asaltara.

Eres un niño, de unos diez años, sujetando un bebe en tus brazos, tu hermano, recuerdas. A tu lado está un hombre con una túnica negra, como la que llevas tú ahora, pero mucho más decorada, con motivos dorados que dejan patente su posición de líder.

-Bien, Ma'at, ha llegado el momento- el líder empezó a hablar, con una mano en la puerta, listo para abrirla. -Ayer tu padre partió para hacer comunión con la diosa, para renacer como uno de sus hijos, te he traído aquí para que veas su glorioso renacer. Normalmente solo los altos rangos pueden contemplar el milagro, pero la diosa sabe que mereces una alegría después de...lo de tu madre.-la puerta se abre, revelando un hombre tumbado en el suelo, tu padre. Un amasijo de carne yace a su lado, una bola de patas y cola aparentemente muerta. Unos pocos huevos están esparcidos por la sala, que llegan hasta casi tu nariz, hasta la cadera de un hombre adulto, supones. Solo uno está abierto.

Tú padre se despierta, no por voluntad propia, sino cuando un espasmo recorre su cuerpo, una y otra, y otra vez con un grito de dolor, su pecho se abre, dejando salir entre borbotones de sangre una pequeña criatura serpentil.-¿No es magnífico?- dice el hombre por encima de los llantos de tu hermano, que ha empezado a llorar. -Algún día, tu, tu hermano, todos, nos uniremos a nuestra señora, pero de momento tendremos que conformarnos con enseñar a sus hijos, a las almas reencarnadas de nuestros compañeros.-Tu, decides, allí mismo, sin un ápice de duda, que ni tu ni tu hermano sufriríais el mismo destino, y que te asegurarías de que nadie lo sufriera, jamás.

Luzbel cerró la puerta que la niña había abierto, arrastrando a la niña con ella, literalmente en cuando gano control de su cuerpo. Había visto que allí dentro había huevos, y había sumado dos más dos. NO iba a entrar allí, y parecía que la niña pensaba lo mismo, así que no hubo discusión, fueron hacia otra sala, una de las de la izquierda. La primera era una simple despensa, llena de comida, ahora seca y arrugada. Puede, solo puede, que aun quedara algo comestible, pero la verdad era que prefería simplemente no arriesgarse. Nada los ataco, así que miraron la siguiente, una biblioteca. Ella y la niña se dedicaron a ojear unos pocos libros. Había ejemplares sobre magia, invocación, cocina, geografía, no tenían demasiado valor ahora mismo, pero la niña encontró uno que rompía  ese patrón. Uno muy similar al que habían encontrado en el altar. Parecía el mismo libro, pero una versión infantil, con letras más grandes y algunas en común “Nosotros te imploramos, Kalros” era la más leíble, exactamente donde había habido una de esas frases ininteligibles. Ya tenían una al menos, hurra por ellos. Luego fue el turno de comedor, también con un número nulo de bestias sanguinarias, pero también un cadáver. Después de asegurarse de que el orco estuviera cerca, la niña examino el cadáver, con mucho cuidado, como si fuera a levantarse y arrancarle la cabeza…cosa que visto lo visto no sonaba del todo descabellado sinceramente.

Era un cadáver resecado, lo que ya lo hacía diferente a los montones de huesos y cenizas que habían visto, con una túnica roja intenso, con una cartera de cuero marrón colgándole del hombro. La diablesa podía ver unos pocos royos sobresaliendo de ella, y empezó a sacarlos y verlos. En algunos casos se trataba de diagramas, dibujos muy, muy bien hechos con carboncillo de bestias locales y artefactos que no conocía, en otros eran párrafos de texto en un alfabeto completamente ajeno a ella, que sinceramente lucia inventado, como un código. Estaba a punto de rendirse cuando encontró uno de los escritos en común. –Es un diario… la última entrada supongo.- miro al fiambre momificado. Seguramente codificar a la vez que escribías no era nada fácil, por lo que primero escribía y luego traducía… -Hoy… bla bla bla, libros sagrados en un lenguaje que no comprendo…bla bla bla, aquí, “finalmente, con la ayuda de unos pocos libros de la biblioteca, he conseguido descifrar el idioma, además de conseguir abrir la despensa. La comida luce un poco mal, pero no tengo nada mejor, así que esperemos que sea comestible mientras espero un rescate…- miro al muerto… puede que no fuese tan comestible como había pensado al principio al fin y al cabo. –bla bla… aquí esta.


Oh, gran devoradora, señora de estas tierras, la que de negro todo lo cubre.
Nosotros te invocamos, te rogamos.
Acude a nuestra llamada, devora a nuestros enemigos.
Nosotros te rogamos, protege a tus súbditos.
Nosotros te imploramos, Kalros-


Sintió un escalofrió que no le gustó nada en absoluto al haber dicho esas palabras… pero no pareció haber pasado nada en realidad, ni horribles temblores, ni bestias espectrales ni visiones.


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Re: Aracnofobia [Campaña]

Mensaje por Almena el Lun Sep 25, 2017 3:15 pm

Oh, gran devoradora, señora de estas tierras, la que de negro todo lo cubre.
Nosotros te invocamos, te rogamos.
Acude a nuestra llamada, devora a nuestros enemigos.
Nosotros te rogamos, protege a tus súbditos.
Nosotros te imploramos, Kalros-

__Por algún extraño motivo, cuando la mercenaria leyó aquellas palabras... ¿Cómo lo diría? Sonaron más profundas de lo normal. Por algún motivo, y a pesar de que personalmente no me decían nada, sentía que aunque pasarán años, sería capaz de repetirlas tal cuál las acababa de oír.
__Puede que mi compañera también sintiera algo parecido, ya que hubo un instante de pausa tras acabar la lectura. Sin embargo, nunca lo sabré, ya que antes de que ella pudiera dar alguna impresión sobre la plegaria fue interrumpida por un fuerte sonido acompañado de un temblor, ambos provenientes de la dirección dónde se encontraba el orco.

__Al parecer, Borgul se había apoyado en la pared que no debía y ahora está se estaba moviendo, desvelando tras de sí una nueva sala oculta. Una vez más, volví a demostrar cuán novata era; en cuando la pared se dejó de mover, mi primer instinto fue dirigirme hacia el nuevo y oscuro umbral para alumbrarlo con la antorcha y descubrir qué había en el interior. Fue detenida por mis compañeros, quienes se habían puesto en guardia nada la primera pequeña apertura dio un atisbo de que tras la pared había una estancia.
__Por suerte para todos, no parecía que hubiera nada hostil que fuera a salir de aquella nueva estancia, así que la mercenaria me hizo un gesto para que me aventurará a iluminar dentro, tal y como intentaba hacer hacía un momento.

__Así lo hice. Resultó ser una especie de arsenal. Dispuestas por las paredes de la habitación había varios huecos perfectamente tallados para contener las armas expuestas, unas armas tan negras como el resto de la estancia. Sin embargo, la mayoría de huecos estaban vacíos. De las treinta y tantas armas que debía de haber en su momento en la sala a juzgar por los huecos (lanzas, espadas, arcos, hachas, dagas y otras tantas que no supe reconocer solo por la silueta) solo quedaban cinco, y dos de ellas, un arco y una lanza, yacían rotas por la mitad en el suelo.
__Borgul enseguida considero las restantes como un botín y arrancó de la pared derecha un hacha de guerra de doble filo igual o más gigantesca incluso que la que ya llevaba consigo. La compañera no tardó en seguir su ejemplo, adueñándose del precioso escudo alrededor del cual parecían estar colocadas las demás armas de forma simétrica; éste tenía unos extraños relieves por la superficie que parecía juguetear bordeando un pequeño boquete en el probablemente antes hubiera habido algo engarzado.
__Siguiendo el ejemplo, yo me quede con el arma restante: una pequeña daga negra, casi oculta bajo el emplazamiento del escudo. Había perdido a su gemela, cuyo espacio vació se encontraba a su lado, pero era ligera y afilada; supongo que no estaba nada mal para mi primer arma.

__Tras conseguir aquel pequeño botín Borgul se dirigió hacia la escaleras y la mercenaria lo siguió. Al parecer, la tiempo para explorar había acabado y había que volver a la misión principal.


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Re: Aracnofobia [Campaña]

Mensaje por Vanidad el Mar Oct 03, 2017 7:57 pm

La pausa dramática que seguía a todo verso sectario que se preciara fue brusca y anticlimáticamente interrumpida por el orco, que a primera vista había derrumbado una pared, pero con un poco más de atención la diablesa se dio cuenta que la pared simplemente estaba cediendo por algún mecanismo oculto, que estaba diseñada precisamente para abrirse. Tanto ella como el orco se movieron al unísono, como si tuvieran telepatía, preparándose para lo que pudiera salir de allí y en el caso de la diablesa, agarrar además a la cambiaformas que se dirigía directa allí, como un gato curioso, pero no tardaron demasiado en darse cuenta de que era solo una falsa alarma y nada amenazaba con matarlos… de inmediato.

El motivo quedo claro rápidamente, detrás de esa falsa pared se escondía un tesoro. No un tesoro monetario, eso le habría traído un poco igual a la diablesa, no, se trataba del único tipo de tesoro que valía la pena. Luzbel pasó el dedo suavemente por las armas, admirándolas. Allí había habido más, claramente, y ahora solo quedaban aquellas que no habían satisfecho a los saqueadores…o legítimos propietarios, la verdad era que le daba un poco igual, puesto que ya había fijado sus ojos en un precioso escudo negro como la noche. Parecía que alguien le había arrancado la valiosa gema engarzada en vez de llevarse el escudo, y nada más cogerlo entendió el porqué; pesaba, mucho más de lo que parecía, incluso más que el de acero purificado que llevaba encima en ese mismo instante. Acaricio la superficie, dándole unos golpecitos con su guantelete, al menos su dureza se correspondía con el peso.

No fue la única en saquear la armería, el orco había cogido un hacha antes, e incluso la cambiaformas se decidió por una pequeña daga, negra como todo el resto de la armería y las paredes. Ya estaba todo visto, salvo que se internaran en esos siniestros túneles, cosa que todos sabían que no iba a pasar, así que con una simple mirada profesional, Luzbel y el orco se entendieron y se dirigieron hacia la salida, a seguir con la misión.

A duras penas habían sido deslumbradas por el sol de la mañana cuando la misión vino a ellos. Todo el grupo sin duda recordaba las caras de los ladrones de huevos, por más estragos que el veneno hubiera hecho en sus cerebros. Estaba esa mujer cubierta de tatuajes, Dila, Sam, el tipo pálido con túnica y frascos, y dos figuras más, un tipo con una sencilla armadura de cuero, pelirrojo y el último y más interesante, una mujer con una túnica marrón, la única que estaba de pie en el “barco”. A la diablesa se le había pasado por la cabeza la pregunta de qué idiotas hacia su maligna base secreta en medio del coto de caza de gusanos del tamaño de un dragón, y ante ella tenía la respuesta. El barco no era más que una simple cascara, sin ningún tipo de vela, sino con cuatro círculos de piedra negra, uno a cada esquina, que de alguna manera, gracias a la mujer de la túnica, a sus palmas extendidas y su pose ominosa, hacían flotar al barco. Por suerte, el barco estaba pasando de largo a unos buenos setenta metros, ni se habían fijado en las figuras que estaban saliendo del templo, sino que salían otra vez de excursión, en busca de huevos posiblemente.

-No tocan suelo, no gusanos, ¿cierto?- Pregunto el orco, en la misma línea de pensamiento que Luzbel.

-Eso parece…-

-Si tocan tierra, ¿si gusanos?-

-Si… no veo porque no, parecen guiarse por las vibraciones, como los espejos del des…… ¡espera!- demasiado tarde, el orco había cogido carrerilla y con un único y fluido gesto había lanzado su recién adquirida hacha horizontalmente, como si fuera un maldito cuchillo. No había manera de que ese estúpido plan funcionara.

Luzbel había esperado que el hacha cayera a los veinte metros como mucho, alzo una ceja cuando vio que pasaba de los treinta, abrió la boca con sorpresa cuando llego a los 50 y soltó una palabra impropia de una señorita cuando llego a los setenta y se estampo de lleno en la mujer de la túnica marrón, mandándola a volar fuera del barco. Sin duda habrían oído el silbido que un hacha giratoria debía producir al acercarse, pero con esa monstruosa fuerza, no habían tenido tiempo para reaccionar, y mucho menos ahora que su cascara de nuez glorificada se estampaba de lleno contra una duna al dejar de levitar por culpa de la muerte de su geomante.

-Bien… ahora estarán muy cabreados, ¿cuál es el plan?-

-Borgul pensar solo hasta aquí.- la diablesa alzo una ceja alarmada antes de que pudiera seguir –ser broma. Gusanos no oler ni ver, o atacar a barco volador. Ser como espejos de arena ¿sí? Ellos escuchar, venir y comérselos.-

-Tienen un alquimista, puede que simplemente hayan conseguido camuflar su olor.- El orco dudo un breve momento, alterando su mirada entre los accidentados enemigos y ella. –Pero tener un geomante solo para mover un barco parece un desperdicio… aunque puede que tarden en venir…o no tengan hambre, el plan tiene fallos- pero seguiría con el plan, era mejor que nada. La diablesa saco su escudo, su espada y los golpeo, haciendo un fuerte tañido. Las caras de horror de los supervivientes cuando el tañido capto su atención fueron toda la confirmación que necesitó. Borgul se apuntó al jaleo y fue entonces cuando los… realmente no estaba segura de llamarlos náufragos, decidieron hacer algo al respecto. Todos salvo el pelirrojo y la muerta corrieron hacia ellos, desesperados por conseguir piedra firme bajo sus pies ahora que empezaba a oírse un rumor lejano, como un rio. El pelirrojo decidió probar un enfoque más directo y les arrojo una bola de fuego, con la esperanza de que se callaran. Pero la bola de fuego fue algo triste, poco más grande que un puño, y se estampo contra el nuevo escudo negro de Luzbel sin más inconvenientes que mancharle un poco los zapatos de carbonilla.

Entonces vino, gloriosa, majestuosa, escalofriante, para los mortales que lo presenciaron, debía ser comparable a un ratoncito viendo por primera vez a un tigre, menos para el piromante, Tim, la diablesa dudaba que pudieras sentir algo más allá de dolor cuando un gigantesco gusano del desierto te comía. El gusano había aparecido súbitamente, sin advertencia, justo por debajo del piromante, que aparentemente había cometido el error de empezar a correr cuando vio que su bola de fuego había fallado estrepitosamente en su misión. Luego les tocaba al resto, todos lo sabían, lo que provoco que su frenética carrera se intensificara hasta límites que la diablesa creía imposibles. Solo quedaban Dila y Sam, y se volvió solo Dila en cuando esta empujo al pobre alquimista, haciendo que se cayera, solo para seguirlo segundos después cuando Luzbel, sutilmente, enfundó la espada y estampó una púa en el pecho de la mujer. Una última pasada de ese gusano basto para tragárselos. Esa horrible bestia les dedico una última mirada antes de hundirse en las arenas.

-Bien… os dais cuenta de que tenemos que movernos de aquí en un barco que volverá a traerlo… ¿cierto?-

-Puede que esperar…-

Esperaron cinco horas, mano sobre mano, hasta que finalmente se decidieron a probar suerte, subiendo en el barco y dirigiéndose hacia la otra estructura visible. Hubo una breve discusión sobre si sería mejor dar unas pocas vueltas al templo, para asegurarse de si los gusanos venían a comérselos, pero la idea fue descartada ya que aunque vinieran, no podían hacer nada al respecto, así que lo mejor sería salir tan rápido como pudieran de la arena, lo que implicaba una rápida carrera en barco.


No fueron devorados por un gigantesco gusano dentado del desierto, lo que era genial, y finalmente consiguieron llegar a la única estructura aparte del templo, la formación de roca aparentemente natural pero extrañamente suave y cilíndrica cortesía seguramente de las frecuentes tormentas de arena del desierto o algo así, que iba a saber ella, no era geóloga. Había una pequeña y modesta entrada, una apertura en la roca lo suficientemente grande para un barco, que entraba en la roca en una especie de puerto subterráneo., o su equivalente para los barcos de arena, con un embarcadero de madero que conducía a una apertura con escaleras. La diablesa había sido la primera en bajar, armas en mano y wyvern en cuello, seguida del orco. Se había traído a las otras dos, a la cambiaformas y a la elfa traumada, porque realmente no tenía sentido dejarlas en el templo a la espera de que apareciera otro bicho, sin barco y desde luego NO iba a volver a por ellas y arriesgarse a ser comida por gusanos más de lo absolutamente necesario. Solo por si acaso, antes de adentrarse giraron el barco, para que encarara directamente a la salida.


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Re: Aracnofobia [Campaña]

Mensaje por Almena el Mar Oct 10, 2017 2:06 am

__Tras... la impresionante demostración de... ¿fuerza, destreza? No lo sé, pero fue increíble lo que Borgul hizo con su hacha. Lo que no fue tan magnifico fue tener que esperar horas tras haber visto a cuatro personas ser devoradas por gusanos gigantes. Te hace pensar en cosas...
__Como sea, al menos estuvimos refugiados dentro del templo y allí no hacía demasiado calor ni tampoco frío, lo cual es fantástico para estar en medio de un desierto. Pudimos recuperar las horas de sueño que habíamos perdido, quejarnos de nuestras quemaduras y tratarlas... ¡Eso sí! Había que tomar como apunte que se nos estaba acabando el agua tras ser usada como arma improvisada la noche anterior.

__Una vez el sol estuvo bien alto, y tras una breve discusión, zarpamos; a pesar de lo poco recomendable que suene viajar al mediodía por plena tierra muerta, pero era eso o perder el día. Acabamos llegando a guarida de aquellos tipos: una enorme formación rocosa en medio de aquel mar de arena. No tardamos en encontrar una gruta con un embarcadero en su interior dónde anclamos el barco.
__La gruta se extendía más allá del embarcadero, dando a una sala grande, sobre todo en altura, iluminada solo por los pocos rayos que se colaban por dónde habíamos entrado, pero estos resultaban más que suficientes. La habitación tenía una gran mesa de roca en el medio, a como de comedor, y en sus laterales había cuatro habitaciones pequeñas. Al fondo, se veían unas escaleras que ascendían hacia una gran puerta de madera.
__Siguiendo las indicaciones de los expertos al mando, yo y la elfa, quién seguía sin ser la misma desde ayer, nos dirigimos hacia las escaleras del fondo, dónde estuvimos vigilando mientras Borgul y la chica del wyvern inspeccionaban las pequeñas habitaciones una por una, no fuera que hubiera más sorpresas.

__A la voz de "Despejado" la cosa pareció relajarse un poco, y se me concedieron unos minutos para saciar mi curiosidad: me dirigí a inspeccionar yo misma las cuatro salas.
__Resultaba obvio que eran las habitaciones de aquellos tipos del barco volador al que había visto ser devorados por la mañana. La primera a la que llegue era una bastante austera; estaba prácticamente vacía: una cama al fondo, un par de libros colocados ordenadamente a los pies de esta, un par de túnicas marrones colgadas de la pared y en el centro, una alfombra que ha decir verdad daba ambiente a la habitación. La segunda añadía un brasero apagado en el centro de la habitación, así como un armario y unos tapices rojos en las paredes; en el fondo, junto a la cama, había una mesa con unas estanterías llenas de libros encima; tal vez cuando acabásemos el trabajo podría echarles un ojo a ver si había alguna historia interesante. La tercera de las habitaciones tenía todos los muebles movidos para hacer hueco a un desgastado pelele de paja, como los que usan los soldados para entrenarse; además tenía las paredes decoradas con armas, me sorprendió que Borgul no hubiera cogido nada de ésta al revisarla.
__Fue la última de las habitaciones la más interesante y la única en la que perdí algo de tiempo. Esta última estancia era obviamente la de un alquimista y parecía más laboratorio que habitación. Apenas se distinguía la cama entre los libros y las estanterías y estanterías llenas de pociones e ingredientes todos en etiquetados en sus tarritos. El centro de la sala estaba coronado por una gran mesa de trabajo llena de cachivaches sobre los que colgaban hierbajos varios. Me detuve a inspeccionar las estanterías de pociones en busca de algo útil, sin embargo yo no tengo ni pajolera idea de alquimia, y todo me sonaba a enano. "Extracto de Beholder", "Leche de flor de Selas", "Prisa de Eryth", "Cera de Alcan", "Luz de Luna", "Decocción de Cieno"... y así decenas de frasquitos. ¡Cómo para enterarse una de algo! Como cogiera alguna de aquellas bien podría estar cogiendo una bomba, que un té de hierbas, o que abono del recién defecado. Puede que estuviera cogiendo la panacea definitiva que un veneno mortal. No podía arriesgarme. Y cuando ya estaba por salir de la habitación vi un nombre que reconocí, un frasco con un líquido transparente cuya etiquita citaba "Agua Bendita".
__Bien sabio es que  si hechas agua bendita sobre un demonio les quema la piel más rápido que el fuego; y, dado que tenía la buena sospecha de que teníamos uno en el grupo desde el encontronazo con las hienas, me parecido buena idea coger el frasquito. Solo por si las moscas, la chica del wyvern no parecía tener intención ni motivo de volverse contra el resto, pero mejor prevenir que curar.


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Re: Aracnofobia [Campaña]

Mensaje por Vanidad el Jue Oct 26, 2017 10:38 am

Luzbel ya se hizo una idea de la situación en cuando abrió lentamente la puerta, después de negarle con la cabeza al orco una única vez cuando se disponía a reventarla de una carga que, sospechaba, habría tumbado a cualquier cosa más pequeña que un dragón adulto. En cuando abrió la puerta, pudo oler el incienso, no cualquier incienso que usaba el abraza-arboles medio, sino uno muy concreto, uno que supuestamente calmaba a los demonios y ayudaba a que colaboraran en el proceso de invocación. ¿Funcionaba con algún demonio siquiera? No estaba segura, a ella hacia qué le supiera la boca a hierba quemada, cosa que no era demasiado agradable, pero puede que funcionara con los más débiles.

En cuando abrió un poco más la puerta, pudo localizar al enemigo que faltaba, al supuesto jefe. Había un largo pero ancho pasillo, que desembocaba en una amplia sala, todo a oscuras a excepción de la luz que proporcionaba un círculo de velas de llamas violáceas y los cuencos con incienso que se chamuscaban lentamente. Y allí dentro, vagamente iluminado por las velas que lo rodeaban estaba el hechicero, recitando algo. No podía ver sus rasgos, ocultos por una túnica negra, solo podía verse un bonito amuleto muy familiar colgando de su cuello.

Luzbel había tenido problemas para entender el común del orco, debido a su fuerte acento, pero ahora mismo tenia frente a ella un caso aparte. SABIA que ese tipo estaba hablando en demoniaco, invocando a algún pobre desgraciado a ese plano, lo había conseguido de hecho, a juzgar por como el huevo de araña en el centro del círculo parecía sufrir espasmos y una araña emergía de él. No era un recipiente adecuado, cualquier demonio lo sabría, pero por si acaso, esa araña era la prueba viviente, con miembros retorcidos, púas saliéndole por el cuerpo (púas de hueso que claramente no pertenecían a un arácnido) y unos espasmos de puro dolor mientras un cuerpo que ni siquiera era un mamífero intentaba adoptar la forma de lo que posiblemente era un diablillo de la única manera que sabía, con fuerza bruta. A medida que se acercaban, fue inevitable que el brujo los viera, armas en mano, lanzándose contra él.

-Alahaktor, mátalos.- Esa grotesca araña se abalanzo contra ellos, ante la incredulidad de Luzbel. No podía ser tan idiota. La araña salto con una velocidad sobrenatural hacia ella, apuntando a su cuello con sus colmillos. Un aura de puro terror emergió de ella mientras miraba la araña saltarina y pronunciaba unas pocas palabras.

-Abandona este plano y regresa con tu señor, te lo ordeno por tu verdadero nombre, Alahaktor.- La araña cayó como un peso muerto a su lado. Seguía viva, posiblemente, pero el demonio había abandonado su cuerpo. Había un contrato implícito en una orden con un nombre verdadero entre dos demonios. Por supuesto, técnicamente no estabas obligado a nada, podías arriesgarte a desobedecer, motivo por el que tantos hechiceros morían como pardillos invocando un demonio de manera descuidada, pero con el nombre y los conjuros adecuados podías… persuadir al afectado, generalmente de manera violenta y eterna. Puede que se hubiera arriesgado a matarla si hubiera sido humana, pero… ¿con un demonio? Simplemente no te arriesgabas a una eternidad de sufrimiento con alguien que podía vivir y hacerte vivir literalmente hasta que las estrellas se apagaran. –A veces me pregunto cómo habéis sobrevivido tanto tiempo siendo tan idiotas, ¿por qué crees que los demonios usan versiones cortas de sus nombres, como mucho? Para que no pase precisamente eso…- Una púa de hueso salió disparada de su mano, directa al pecho del brujo y se quedó suspendida en el aire, inmóvil, hasta finalmente caer al suelo con un repiqueteo. Eso no había pasado nunca...

-Tú también puedes usar demonios…- Si algo tenía que admitir de los mortales era que aprendían rápido, no volvería a canturrear nombres verdaderos en un futuro próximo. –Pero nada puede dañarme con el amuleto de Samarkanda. Ahora… matadlos.- Unos suaves repiqueteos invadieron la estancia, a medida que decenas de arañas demoníacas aparecían en su campo de visión, antes ocultas por culpa del pasillo en el que estaban.

-No ser bueno…-

-Tenemos que matarlo rápido e irnos.-

-¿Tener idea?-


-Solo una… ¿Has clavado nunca con un martillo?- El orco la miro confundido, hasta que la diablesa hizo girar su espada en la mano con una floritura y entendió. Luzbel emprendió una carrera contra el brujo, seguida por el orco. Le arrojo el escudo, que se quedó suspendido en el aire a un metro antes de caer, momento en el que lanzo una estocada con toda su inercia. La espada llego un poco más lejos, con la punta rígida en el aire a 70 centímetros del pecho del brujo. Y entonces Luzbel se apartó tan rápido como pudo, porque a duras penas un segundo después de haberse ido, con la espada aun flotando antinaturalmente, el orco estampó el plano de su hacha a dos manos contra su espada, como si la bateara.

El golpe fue brutal, a Luzbel se le revolvió el pelo simplemente por estar cerca, y aun así, la espada solo avanzó un poco, a duras penas tocando el precioso amuleto, con la punta de la espada apenas hundiéndose un milímetro en el precioso rubí, creando una finísima grieta.

-Os he dicho que no sirv…- El amuleto brillo con un resplandor violáceo y un humo oscuro empezó a emerger de él. Luzbel podía saborear el miedo, el terror que sufría el mago mientras intentaba apartar la nube negra a manotazos, pero inevitablemente entro en su cuerpo, poseyéndolo. La túnica se calcinó, sin quemar en lo más mínimo la piel, que se tiño rápidamente de rojo. Para cuando un poco más de humo estaba formando una armadura de placas negras, dejando al descubierto solo la cabeza y las manos, Luzbel ya estaba retrocediendo, saboreando su propio terror. Los cuernos y la cara, blanca como la nieve, como si llevara puesta una máscara de fina porcelana, junto a unos ojos que literalmente brillaban con luz rojiza y una boca de afilados dientes de la cual goteaba sangre eternamente le confirmo lo que sospechaba.

Todas las razas, todas las especies, tenían sus cuentos, sus leyendas. Algunas como Pedro y el lobo eran educativas, a forma de advertencia, otras como Siegfried el asesino de dragones, inspiradoras, y los Terribilis no eran diferentes.

-Udoroth, el Rey Tortuoso.- el demonio sonrió al reconocer su nombre y, en cuando Luzbel parpadeo, estaba a su lado, con una mano en su hombro.

-Luego jugaremos hermana, primero quiero deshacerme de ese irritante picor… y comer un poco.- Y en otro parpadeo estaba sobre la elfa. Luzbel no hizo nada, dudaba que nadie pudiera, su mera presencia, su mero toque, le había puesto todos los pelos de punta, el primitivo cerebro mortal cuyo cuerpo habitaba le estaba dando todas las señales posibles de peligro, le estaba suplicando con una cualidad que había permitido a los seres de ese plano sobrevivir durante milenios que corriera por su vida sin mirar atrás. No sabía cuánto de eso era su aura de terror, infinitamente mejor que la suya propia y cuanto era el conocimiento de quien era. ¿Cómo iba a enfrentarse a Udoroth? Era el séptimo heraldo de Phobos, el único que había llegado a ese puesto sin ser ascendido por su señor, sino ascendido una vez había llegado a él… sin siquiera ser un demonio. ¿Cómo iba a enfrentarse a posiblemente el único humano que había llegado a ser el heraldo más poderoso de un señor, por encima de su padre, antes de volverse siquiera un demonio, muy posiblemente solo para que dejara de matar demonios y bañarse en su sangre? Era una leyenda, habían hecho malditas canciones sobre él.

La elfa estaba pérdida, que le dieran, no había sido la misma desde el día anterior, la muerte era una liberación si la alternativa era una vida de horrores y pesadillas constantes. O lo habría sido si se la hubiera comido un gusano y no fuera el juguete del peor de los suyos, pero sus acompañantes no tenían que saber eso.

-Tenemos que huir, AHORA.- el orco no le hizo demasiado caso, ninguno en realidad, a juzgar por como su hacha descendió sobre un maldito archidemonio… y fue literalmente calcinada, dejando solo tras de sí un palo negruzco de apenas dos palmos en las manos del orco y un montón de metal fundido en el suelo. Cada uno de los siete tenían alguna habilidad especial, que se transmitia a su descendencia de alguna manera u otra a juzgar por ella y su hermano, pero la del Rey Tortuoso era… diferente, destruir almas permanentemente para potenciar conjuros había sido una idea… muy exótica durante la guerra, y era si bien no necesariamente el don más útil de los 7, sin duda era el más poderoso. Simplemente NO podían ganarle con su poder actual.

-… No molestéis…- las arañas poseídas se movieron al unísono contra el grupo, hasta ahora paralizadas de puro terror, deseosas de evitar una horrible muerte obedeciendo al archidemonio, una de ellas derribando a Luzbel por la espalda mientras el archidemonio pasaba suavemente sus garras por la piel de la elfa, dejando tras de sí solo unos levísimos rasguños, que sin embargo la hacían gritar de dolor a pleno pulmón.


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Re: Aracnofobia [Campaña]

Mensaje por Almena el Jue Nov 16, 2017 9:56 pm

__¿Cómo podría contar lo que pasó cuando ni yo misma estoy segura? Si el día anterior había notado algo espeluznante proveniente de la mercenaria del wyvern, si el corazón me había pegado tal vuelco que el pecho me siguió doliendo hasta poco antes de adentrarme a explorar el templo esa noche; la sensación que tuve cuando aquel demonio se apoderó del brujo hizo que lo de día anterior no pareciera siquiera un susto.
__Como ya he dicho, no sabría describirlo, estaba completamente aterrada, la sangre se me había helado, los pelos de punta; el corazón, si no fuera porque podía sentirlo latiendo por todo mi cuerpo juraría que había salido disparado, el dolor no se pasaría en días.
__Pero sorprendentemente, o por lo menos a mí personalmente me sorprende, no salí corriendo. No me quede paralizada, ni perdí el conocimiento ni nada de lo que esperaría de un miedo tan grande. Simplemente actué. Por instinto, no son acciones que pueda decir que hice yo, o no las reconozco como mías, solo lo viví.

__Una de aquellas arañas-demonio se dirigía directa hacía mí. Había otra encima de la mercenaria, y el orco estaba rodeado por tres. Mi brazo derecho se transformó, adquiriendo pelo y garras, mientras el izquierdo tomo el frasco que acababa de coger en la sala anterior y lo descorchó y lanzó un chorro de su contenido hacía la cara de aquella bestia. El fluido comenzó a hervir al contacto con la piel y la criatura lanzó un desgarrador chillido mientras se retorcía.
__Mi cuerpo se movió entonces hacía mi compañera y plaqué a la araña que tenía encima librándola de su yugo.
__-Haz algo-dijo mi boca-Tú sabes.
__Y mientras la mercenaria se levantaba y devolvía un monótono "Gracias" aparecí frente al orco y estampé el resto del bote en la espalda de una de las arañas. Al instante un proyectil no identificado proveniente de la compañera se clavó en la cara de la segunda araña y Bolgur se encargó de la restante por su cuenta.
__No tardamos mucho en encontrarnos escapando de hacia el barco. Sé que antes de huir miré a la elfa, estaba envuelta por un conjunto del demonio y unas extrañas sombras mágicas. No sé qué sé me pasó por la mente, pero sé que la dejamos atrás. Huimos entre gritos ascendentes de dolor que parecían ir adquiriendo un tono espectral y atravesaban las paredes.
__Sé que echamos zarpamos echando a patadas a las arañas que nos perseguían y conseguían subirse al barco, y juraría que todo se veía gris, aunque puede que fuera ya estuviera alucinando.

__Una vez navegando por la arena, mientras veía cómo nos alejábamos de la formación rocosa, volví poco a poco en mí. El dolor del pecho me estaba matando; notaba toda mi cabeza palpitar terriblemente; sudaba a mares; estaba cerca de la hiperventilación, y notaba nuevos arañazos, moratones y heridas menores en los brazos y piernas. Y sin embargo, notaba una cierta alegría de haber salido de allí con vida; una alegría que seguía superada por el gigantesco terror de qué narices hacer con esa criatura.
__-¿Qué narices ha sido eso?
__-Udoroth, el Rey Tortuoso. El heraldo más poderoso de Phobos.
__-¿En lengua común?
__-Phobos es la personificación del terror, y este es el demonio más poderoso bajo sus órdenes.
__-¿Tan mal?
__-Tan mal.-la mercenaria comenzó a reírse de forma nerviosa.
__-¿Y qué hace aquí? ¿Cómo ha salido de...? No, más importante, ¿Qué hacemos? ¿Cómo se puede matar a eso?
__-Como matas a un archidemonio? No puedes, no sin tener tu propio y mejor archidemonio. Y no lo tenemos.
__Mire las alternativamente las caras de mis compañeros en busca de alguna solución, algún plan, alguna esperanza. No la había, aun con su experiencia se les notaba nerviosos y asustados, decaídos. Solo podíamos huir.
__Me senté, o más bien me tiré, en la cubierta, observando a la distancia cómo aquel demonio salía de la roca y comenzaba a andar por la arena siguiendo nuestra estela, acabando con las pocas arañas que alcanzaba a su paso.
__-Gusanos aun cerca.-dijo Borgul.
__-Ojalá alguno se lo trague.-respondí alicaída.
__-Dudo que una serpiente crecida baste para pararlo.-aportó la mercenaria, se veía que estaba por la labor de animar al grupo.
__-¿Crees que debiéramos parar en el templo para evitarlos?
__-Huir primero. Con suerte, vivir.
__Por si no bastaba el hecho de que aparentemente uno de los mayores demonios de Noreth nos estuviera persiguiendo, y que probablemente el que estuviera suelto por el mundo fuera culpa nuestra, probablemente acabaríamos en el estómago de un gusano de arena por tener tiempo de parar en el maldito templo. Sabía elegir bien las aventuras, estaba claro. Solo faltaría que se uniera aquel bicho que reposaba en el temp...
-Nosotros te imploramos, Kalros-
__De pronto, aquellas palabras invadieron mi mente. En realidad todo el salmo que encontramos el día anterior se repitió en mi mente con una voz ajena y profunda. Como si fuera otra de aquellas visiones, solo que sin perder la consciencia, solo un pensamiento.
__-Kalros... Espera. ¡El templo!-me dirigí hacia el orco de un salto.-¡Borgul! ¡Llévanos al templo! ¡Rápido! Creo que tengo un plan.


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Re: Aracnofobia [Campaña]

Mensaje por Vanidad el Vie Dic 08, 2017 10:27 pm

Las arañas eran grandes, pero comparativamente, en peso, pesaban menos de lo que uno esperaría de su equivalente en lobo o caballo, pero aun así, era un poco difícil deshacerse de una araña demoníaca furiosa enganchada a tu espalda, por lo que la diablesa estaba teniendo problemas para deshacerse de ella, empotrada contra el suelo y algo aturdida. Estuvo a punto de mandar la discreción a la mierda y apartarla creando un tercer brazo cuando la chica hurón se estampo contra la causante de sus problemas.

La diablesa se levantó, soltó un seco “gracias” por haberle evitado tener que dar explicaciones y busco al orco con la mirada con cierto reproche. Pero ese tenía sus problemas con más arañas. Dedicó una breve mirada a la araña que se retorcía de dolor por un ácido inodoro y escupió una púa que se clavó completamente en la cara de una de las arañas que molestaban al guerrero orco. “Haz algo, tu sabes” como si fuera a abrir un maldito portal al foso y patear a todos los demonios de la sala de vuelta a donde habían venido. Necesitaría al menos sus nombres, y a saber dónde había acabado ese libro.

Y el grupo salió disparado hacia el barco sin necesidad de discutirlo. Borgul parecía tener cierto brillo en los ojos, cierta palidez en la piel (si eso era siquiera posible en un orco), como si estuviera recordando algo extremadamente traumático. La chica estaba aterrorizada, y Luzbel simplemente tenía suficientes problemas expulsando de su cuerpo las gigantescas cantidades de poder profano que la invadían, envenenandola con su mera presencia. Un aura que robaba hasta el color de las cosas. Las historias no exageraban, pero tampoco era completamente cierto, nada había perdido su color, simplemente… ese absurdo poder afectaba la visión, entre otras cosas que no iba a tomarse el tiempo de averiguar. Seguramente le dedicaron algún pensamiento a la elfa, pero no Luzbel. Si tenía suerte, ya estaría muerta. Sino, desearía estarlo.

Algunas arañas intentaron detenerlos, nada de lo que no pudieran encargarse en su estado de frenético terror. Habría sido delicioso si no lo estuviera sintiendo ella misma también.

-¿Qué narices ha sido eso?-


-Udoroth, el Rey Tortuoso. El heraldo más poderoso de Phobos.-

-¿En lengua común?-

-Phobos es la personificación del terror, y este es el demonio más poderoso bajo sus órdenes.-
y se estaba quedando corta… habían hecho jodidas canciones sobre él.

-¿Tan mal?-

-Tan mal.-
Luzbel no pudo evitar soltar una risotada. Dudaba que pudiera huir a tiempo, y hacerlo la repugnaba. Pero la alternativa era morir y volver al Foso, y realmente no quería hacer eso, suponiendo que Udoroth tuviera la decencia de no devorarla, cosa que sinceramente dudaba. ¿Así se sentía un mortal ante la verdadera muerte? Era… menos excitante de lo que había pensado.

-¿Y qué hace aquí? ¿Cómo ha salido de...? No, más importante, ¿Qué hacemos? ¿Cómo se puede matar a eso?-

-¿Cómo matas a un archidemonio? No puedes, no sin tener tu propio y mejor archidemonio. Y no lo tenemos.-
Tal como estaba su poder ahora, a duras penas podría enfrentarse a su hermano, mucho menos a su padre, y desde luego NO a Udoroth.

El archidemonio finalmente salió al sol del desierto, ya habiendo acabado con la elfa. Alguna araña estaba en su camino, aún persiguiéndolos, pero no por mucho tiempo a medida que estallaban en llamas y se volvían cenizas. Estaba jugando, sin duda podía volar, muy muy rápido, incluso corriendo los habría podido atrapar. La diablesa suspiro, juntando las piernas y las yemas de los dedos, como había visto hacer a algunos mortales cuando necesitaban pensar, concentrarse. Puede que sí reunía suficiente poder pudiera intentar matarlo, suficiente energía para un único golpe al menos. Si fallaba, puede que al menos respetara el intento. ¿Pero que debía darle a Phobos, o Yigoniath por ese intento? Dudaba que menos de un brazo, y no sabía si bastaría.

-Gusanos aun cerca.-dijo Borgul.

-Ojalá alguno se lo trague.-respondió la chica

-Dudo que una serpiente crecida baste para pararlo.-sentenció ella.

-¿Crees que debiéramos parar en el templo para evitarlos?-

-Huir primero. Con suerte, vivir.

-Kalros... Espera. ¡El templo!-de repente se había emocionado y se dirigió hacia el orco de un salto.-¡Borgul! ¡Llévanos al templo! ¡Rápido! Creo que tengo un plan.-

-¿Kalros?- ¿no era ese el nombre del bi…? –Supuestamente expuso un dragón…- realmente esperaba que el cuento no fuera una exageración. Al menos podía probar ese plan antes de perder un brazo para, casi con total seguridad, no conseguir nada.

La cambiaformas se dirigió al altar que habían visto el día antes, el que tenía la estatua del gusano de arena. Teniendo en cuenta que había surcos con forma de mano y un bache donde irían las rodillas, eras bastante sencillo asumir la posición correcta, simplemente arrodillarse frente al altar, con las manos encima. Ahora solo quedaba rezar.

-Oh, gran devoradora, señora de estas tierras, la que de negro todo lo cubre.
Nosotros te invocamos, te rogamos.
Acude a nuestra llamada, devora a nuestros enemigos.
Nosotros te rogamos, protege a tus súbditos.
Nosotros te imploramos, Kalros-

Había pasado…algo, pero nada en especial, solo cierto silencio en el aire, así que se probó el rezo una segunda vez, lo que le dio tiempo a la diablesa a pensar. Un gusano que usaba vidas humanas para reproducirse y que podía ser invocado… incluso aunque tuvieran la suerte de que fuera bueno, dudaba que bastará con pedirlo amablemente, había un precio. Y como solo había una persona rezando…. Todo el precio recaía sobre ella.

Y la diablesa sentía ciertos… reparos en dejar que un dios rarito devorara el cuerpo y el alma de la bola de pelo que la había salvado de las arañas. Cierto era que podría haberse encargado ella sola, pero la cambiaformas no lo sabía, y le había ahorrado problemas, además… ¿Qué era para ella una o dos almas como precio a pagar para no ser eternamente barrida de la existencia? Con un suspiro, Luzbel sacó la espada y se hizo un pequeño corte en la palma de la mano izquierda, poniéndola sobre las manos de la chica a medida que el segundo rezo acababa.

-Nosotros te imploramos, Kalros- el altar empezó a palpitar, absorbiendo la sangre que estaba derramándose sobre la mano de la chica y un poco más de energía de la que le habría gustado. Las líneas de los pilares mellizos que rodeaban el altar empezaron a brillar con un poco más de intensidad. La cambiaformas entonó el rezo una tercera vez, y Luzbel la acompañó.

No hubieron acabado el primer rezo cuando fueron interrumpidas por un fuerte sonido. BRUUUUM. Una nube de energía verde se había formado en lo alto de cada pilar y había bajado a velocidad espeluznante, haciendo temblar todo el suelo. Tras cada verso, otro haz de energía verde se estampaba contra el suelo del templo y hacía temblar toda la zona.

-Nosotros te imploramos, Kalros-

Con un último BRUUUUM, los pilares se acallaron y el silencio se hizo en el desierto. Chillido seguido inmediatamente de un horrendo chillido que hizo temblar la arena. Udoroth, el demonio que los había estado persiguiendo, había adoptado una mezcla de curiosidad y diversión mientras andaba tranquilamente hacia su posición, pero tras el chillido, todo cambio. Las manos de Luzbel aun temblaban por esa irritante aura de terror que desprendía el archidemonio, pero sonreía, porque lo olía, lo saboreaba, notaba el miedo en Udoroth.

Y es que era difícil mantenerse impasible ante ese monstruo. Si los gusanos que los habían estado persiguiendo podían comerse de un bocado un caballo, puede que incluso un carro si eran optimistas, ese gusano podría haberse comido una casa. La sierpe sacó su cabeza de la arena, arrebatando cualquier duda que la diablesa pudiera tener sobre la veracidad de la historia sobre espantar a un dragón. Kalros olisqueo el aire y dirigió su mirada hacia el demonio, que respondió sacando un par de alas de puro humo. Un rayo rojizo salió de su palma, estrellándose contra una duna cuando la sierpe se sumergió en el desierto.

Kalros sacó la cabeza brebemente, nadando por la arena como si de un río se tratara y una tormenta de arena negra se formó en el aire, oscureciendo la vista de la pelea durante unos minutos durante los cuales solo se oyeron chillidos, aunque todo volvió a ser visible cuando esa tormenta se arremolino en pequeños tornados, destripando prácticamente de inmediato las alas de Udoroth y enviándolo hacia el suelo, aunque fue atrapado en plena caída como un perro atraparía un dulce.

-Vaya… eso ha sido… anticlimático.-
un segundo chillido interrumpió sus quejas, procedente de la sierpe que se retorcía y expulsaba fuego violeta por la boca. Kalros escupió al demonio contra el suelo, haciendo que rebotara de manera poco elegante, cubierto de llamas. Y allí se quedó, recibiendo de lleno lo que parecía ser sin lugar a dudas un aliento dracónico de llamas negras. Hubo oposición, podían verse las llamas negras luchando por abrirse camino en un mar de violeta, a medida que el demonio gastaba todas las almas que podía para potenciar sus conjuros y no ser alcanzado… pero un poder que incitaba a destruir almas para potenciar tus conjuros… ciertamente era sin duda el heraldo más poderoso, pero también debía ser el que menos almas había acumulado, y tener amplias reservas de poder era muy importante cuando te enfrentabas a… lo que fuese que era Kalros, seguramente algún dragón anciano o un extraño y antiguo elemental primigenio. Finalmente las llamas cedieron y lo único que quedó del infame archidemonio Udoroth fue una estatua de obsidiana en una plataforma de la misma piedra, allí donde la arena se había petrificado también. Tormenta de arena que se había mantenido en el aire bajó entonces al unísono, haciendo trizas la estatua.


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Re: Aracnofobia [Campaña]

Mensaje por Almena el Jue Ene 11, 2018 2:55 am

-Oh, gran devoradora, señora de estas tierras, la que de negro todo lo cubre.
Nosotros te invocamos, te rogamos.
Acude a nuestra llamada, devora a nuestros enemigos.
Nosotros te rogamos, protege a tus súbditos.
Nosotros te imploramos, Kalros-

__No sabía lo que estaba haciendo. Nada más llegar de nuevo a ese templo me había tirado frente al altar, allí donde la erosión en las losas indicaba que había que colocarse, y me había puesto a recitar aquel salmo ajeno. Tenía que hacerlo, tenía que funcionar, era la única forma de librarnos de aquel demonio que nos perseguía.

-Oh, gran devoradora, señora de estas tierras, la que de negro todo lo cubre-
-Nosotros te invocamos, te rogamos-

__¿Por qué no funcionaba? ¡Maldición! ¿Acaso hacía falta algo más? ¿Puede que aquel ser estuviera tan muerto como sus acólitos? Pero entonces, ¿qué podíamos hacer? Aquel ser... Si miraba a mi espalda podía verlo a la distancia, caminando hacia nosotros. Nos iba a matar, y no solo a nosotros, lo acabábamos de liberar en el mundo. ¡Por favor, funciona!

-Acude a nuestra llamada, devora a nuestros enemigos-

__¡¡Por el amor de Kring, funciona!! Espera... ¿acaso es por eso? ¿Es esto sacrílego? ¿No me aceptará justamente por adorar a Kring? ¿Será un insulto a la luna hacer esto? Tal vez debería parar pero... ese ser no para de acercarse.


-Nosotros te rogamos, protege a tus súbditos-
-Nosotros te imploramos, Kalros-

__¿¡Por qué no funciona!?
__De pronto, una mano se posó sobre las mías, una mano blanca y ensangrentada, al levantar la cabeza pude ver que pertenecía a la mercenaria del wyvern. Ella ni siquiera me miraba, mantenía ese semblante gélido suyo mientras alzaba la vista hacia la estatua, impasible ante el corte que acababa de auto infligirse en la mano.

-Oh, gran devoradora, señora de estas tierras, la que de negro todo lo cubre.
____-Oh, gran devoradora, señora de estas tierras, la que de negro todo lo cubre.
Nosotros te invocamos, te rogamos.
_Nosotros te invocamos, te rogamos.
Acude a nuestra llamada, devora a nuestros enemigos.
Acude a nuestra llamada, devora a nuestros enemigos.
Nosotros te rogamos, protege a tus súbditos.
Nosotros te rogamos, protege a tus súbditos.
Nosotros te imploramos, Kalros-
Nosotros te imploramos, Kalros-

__Un sonido, como un zumbido gigantesco comenzó a sonar, palpitando junto con el altar hacia el que comenzaron a volar las rojizas gotas que emanaban de las manos de mi compañera. Cerré los ojos, concentrándome más fuertemente según aquel sonido se agravaba y comenzábamos el salmo por cuarta vez.

-Oh, gran devoradora, señora de estas tierras, la que de...   *BRUUUUM*   ...negro todo lo cubre-
-Oh, gran devoradora, señora de estas tierras, la que de...   *BRUUUUM*   ...negro todo lo cubre-
-Nosotros te invocamos, te rogamos-
_-Nosotros te invocamos, te rogamos-
-Acude a nuestra llamada, devora a nuestros enemigos-
-Acude a nuestra llamada, devora a nuestros enemigos-
-Nosotros te rogamos, protege a tus súbditos-
-¡Nosotros te rogamos, protege a tus súbditos!-
-¡Nosotros te imploramos, Kalros!-
-¡¡Nosotros te imploramos, Kalros!!-
*BRUUUUM*

__De pronto todo el ruido cesó, y un silencio sobrenatural reino en aquel desierto durante unos instantes solo para ser interrumpido inmediatamente por un horrendo chillido inhumano que hizo temblar todo la arena. Acto seguido una enorme ola dorada se levantó al norte de nuestra posición y un instante ante de que el polvo nos alcanzara y cegara, distinguí a ver la enorme cabeza de la sierpe que habíamos convocado.
__Para cuando recuperé la visión, tras sacarme los malditos granos de arena de los ojos y conseguir dejar de llorar (o al menos lo suficiente para ver), en medio de las nuevas dunas, se encontraba una zona de aquella roca negra, como calcinada, y en su centro, lo que había quedado del tal Udoroth, completamente petrificado, en una pose de agonía.



__Esperamos un rato antes de partir. Puede que nosotros hubiéramos invocado a esa bestia colosal, pero eso no quería decir que no nos zamparía si osábamos zarpar mientras se encontraba en los alrededores. Por eso no zarpamos, volvimos a cubrirnos del sol bajo la sombra de los adornos de aquel templo y esperamos. Y puede que no fuera del todo buena idea.

__No había ya peligros, no al menos mientras estábamos allí esperando. Lo que dejaba tiempo para pensar sobre todo lo acontecido y sentirlo de una vez en el cuerpo. Las quemaduras, que aun molestaban desde que amanecí en mitad de aquel maldito océano de arena (aproveche para darme algo más de ungüento aunque ya fuera solo piel seca); los moratones y arañazos de las peleas, caídas y movimientos bruscos (increíblemente no me había hecho realmente nada durante toda aquella pesadilla de aventura); el pecho, que aun dolía a cada movimiento; la boca y los labios secos por la sed (ya casi no quedaba agua, maldito demonio de ceniza), y Anku reptándome bajo el sudado traje (¿cómo podría no asfixiarse?), al menos no le había pasado tampoco nada a la serpiente.
__Toda aquello era ahora notorio, pero realmente no era nada. Menos que nada. No, tenía derecho a quejarme. ¡Maldita sea!
__¿Cómo había podido sobrevivir a todos aquellos demonios? ¿Cómo me había metido en todo esto? Yo solo quería un poco de dinero para un billete para salir de aquel desierto, ¡ni siquiera lo necesitaría si no me hubieran robado!. Cogí una misión sencilla, de encontrar a gente desparecida por culpa de arañas, una en la que no muriera gente, ¡No una con demonios y gusanos asesinos! ¿Cómo podría haber sabido yo que acabaría así? Si no hubiera tenido tanta suerte probablemente yo... habría acabado como la elfa. ¡Maldita sea! ¿Cómo se llamaba? Ni siquiera puedo acordarme del nombre en un momento así. Espero que las lunas cuiden de ella.
__Realmente había tenido suerte. Puede que realmente Kring cuide de mí. Aun no entiendo cómo reaccione cómo lo hice en aquella roca, tanto mi cabeza como mis instintos me gritaran que huyera pero yo sabía que no podía, y los salve, pero en cuanto Borgul estuvo libre, en cuanto supe que podíamos huir, lo dejé, solo corrí. ¡¿Y por qué no iba a haber corrido!? Ella ya estaba muerta, y si no hubiera corrido yo también ¿no? Yo lo que hice fue salvarnos, como con el demonio de ceniza, fue gracias a mí. ¡Soy una heroína! Nosotros... yo... estoy viva. Estoy viva. No he muerto. Estoy viva.

__Lloré. Traté de no ser demasiada escandalosa, pero no pude reprimirlo, necesitaba llorar. Borgul me dijo que "Para. No hay agua." y la chica me dio unas palmaditas en la cabeza al pasar junto a mí. No les hice caso. Lo cierto es que no estoy muy segura de cómo no lo había hecho hasta ahora. Se sintió bien. Hizo que el dolor del pecho se atenuará. ¡Aunque fuera una perdida innecesaria de agua! Se sintió bien.



__Cuando la mercenaria se hartó de esperar, zarpamos de nuevo hacia la guarida de aquellos tipos. Ninguno de los tres dijo nada, probablemente todos tuviéramos las mías ganas de que todo aquello se acabara, pero si no regresábamos para tratar de salvar algo entonces todo aquello hubiera sido en vano.

__Al atracar de nuevo en la roca, nos recibieron las arañas endemoniadas sobrantes, y yo ya me estaba escondiendo tras Borgul cuando la chica hizo algo y las arañas parecieron huir hacia el interior del complejo. Teníamos vía libre. Así pues, llegamos a la sala donde aquel mago había invocado al archidemonio ese y... Bueno, a decir verdad, me encontraba demasiado rendida así que no preste demasiada atención, solo seguí a Borgul. Me fije demasiado en la habitación, había algo en el centro que no tenía intención de mirar; solo diré que estaba patas arriba, después de nuestra última visita, el suelo estaba lleno de sangre y pergaminos.
__Borgul se dirigió había un pasaje que había al fondo a la derecha, yo le seguí, pero la mercenaria se quedó en aquella sala. Un terrible y nauseabundo olor provenía de aquel corredor, y no era de extrañar sabiendo lo que se encontraba en el otro extremo, una sala llena de celdas y cadáveres. En cada una de las celdas había dos o tres cajas con un cadáver medio descompuesto dentro, en el fondo había un grupo amontonado. La mayoría parecía haber reventado desde dentro.
__No pasé de la puerta, el olor... era demasiado... Borgul siguió hasta el fondo y pronto se oyó un... ¿grito? más bien un intento de grito femenino, la voz estaba demasiado apagada y gastada para poder sonar muy alto.
__-¿Borgul?-exclamé al oírlo-¿Has encontrado a alguien?
__-¿Tú ser de Delfis?-le oí preguntar
__Al poco salió de uno de una de las celdas junto con una chica, era joven, bueno, no tanto como yo, me sacara unos ocho-diez años; con el pelo moreno y largo; una comprensible expresión de terror en el rostro, y con unos harapos bastante sucios como ropaje, bueno, en realidad todo ella estaba bastante sucia, bueno... como yo.
__No dije nada, ni la chica tampoco, casi ni me dirigió la mirada, aunque yo tampoco. La acompañamos hasta nuestro barco y Borgul la ayudó a "acomodarse".
__-Esperar aquí, llevaremos casa.-le dijo, y la chica pareció comprender, ya que respondió asintiendo.
__Luego, el orco me hizo un gesto para que le acompañara, y regresamos hasta la sala central, la del ritual. Allí comenzamos a recoger los huevos de araña que aún estaban intactos y a transportarlos hacia el barco para cargarlos. Parecía que al final podríamos regresar aunque fuera a unos pocos a ambas tribus. No había sido en vano.


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Re: Aracnofobia [Campaña]

Mensaje por Vanidad el Sáb Ene 27, 2018 12:52 pm

Cada uno fue a hacer lo suyo, o al menos así lo hizo la diablesa. En cuando volvieron a la guarida del mago, ella se separó del mago y se abrió paso entre las arañas. Estas no estuvieron… entusiasmadas por su presencia, pero su presencia, cortesía de su señor, bastaba para mantenerlos alejados. Antes había pensado que era por miedo, pero una vez se hizo con el libro que el mago había usado, entendió que era respeto. Ella era… una prima, de la misma manera que un gato y un tigre eran primos. Por eso los rituales salían tan mal… esos pequeños eran criaturas simples, el equivalente a un diablillo, cada uno encarnando un único miedo. En circunstancias normales, habrían actuado como niños pequeños, ocultándose y asustando a los mortales con el miedo que encarnaban. Algunos serian figuras llameantes, otros no-muertos, bufones, otros doncellas de hierro que encerraban dentro a los mortales… claro, ALGUNOS representaban el miedo a las arañas, así que técnicamente en unos pocos casos funcionaba, pero meter a un diablillo que representaba el miedo al fuego en el cuerpo de una araña… estaba sorprendida de que no explotara en una nube de chispas la verdad.

Pero en cualquier caso estaba segura de que cada segundo era una agonía, así que después de recoger los fragmentos de ese amuleto que contenía a Udoroth, decidió que les haría un favor. Abrió el libro, saltando los rituales y yendo directamente a la lista de nombres, convenientemente ordenados por tipos, con pequeñas marcas al lado que, supuso, indicaban que ese demonio ya había sido invocado. Ojeo unas cuantas páginas, para comprobar si ella estaba en el libro, así como Padre, Madre o cualquiera de los otros heraldos de Phobos, o sus siervos. Como pensaba, Madre y sus siervos eran demasiado…abstractos, y ese libro se centraba obviamente en Udoroth, por lo que las menciones al resto de señores eran escasas, incluso para sus súbditos. En cualquier caso, fue liberando a esos pobres demonios de sus cuerpos, uno a uno en un proceso que se le hizo eterno. Lo que quedo en su lugar fueron arañas igual de espantosas, puesto que finalizar una posesión no afectaba al cuerpo,  pero el respeto había cambiado ligeramente… seguramente el único motivo por el que no la atacaban era el veneno de esa matriarca araña, debían verla como una madre.



Aparto ese horrible pensamiento y pensó en qué hacer con esas arañas. No cabrían en el barco, mucho menos teniendo en cuenta que aún tenían que llevar los huevos, pero ese templo de antes tenía túneles… ¿cierto? Si las dejaba allí, las otras arañas podrían recogerlas… posiblemente.

Finalmente aparecieron sus compañeros de grupo, llevando…a alguien más, una chica de pelo largo y moreno, algo sucia, aunque realmente no podía culparla juzgando como olía a muerte y miedo.

Obviamente, no cabían todos en el barco si además llevaban los huevos, incluso aunque decidiera volar, así que alguien tuvo la genial idea de atar un armario al final del barco y llenarlo hasta arriba de huevos. Funcionaba… más o menos, iban lentos, pero estaban consiguiendo llevar la totalidad de los huevos. Por supuesto que si ahora mismo un gusano intentaba comérselos, podrían hacer absolutamente nada si no cortaban la cuerda, pero esas cosas parecían haber corrido por su vida cuando mama-gusano apareció. Debían ser fuertemente territoriales y los pequeñajos se habían atrevido a vivir en su territorio… En secreto se preguntó si no habían forzado los gusanos fuera de sus cotos de aza habituales y por lo tanto habían contribuido a esparcir la especie por toda la maldita zona… bueno, se enteraría en unos meses seguramente, cuando hubiera encargos para matarlos, aunque realmente no estaba segura de poder o querer matar a uno de esos horribles bichos ahora que sabía que había una madre cabreada por allí, liberada por… un grupo con escasa visión de futuro.

Fue un viaje tranquilo, aunque al principio tuvieron que esforzarse para tolerar a la reciente incorporación del grupo, Sasha, que una vez se hubo acostumbrado a ellos, los acribillo a preguntas sobre ellos, lo que hacían allí e incluso sus pasadas aventuras, lo que realmente sonaba como el tipo de charla que encantaba la diablesa, si las circunstancias fueran distintas. –Xerragathya.- susurro la diablesa, muy flojo, para que nadie la escuchara, provocando un escalofrió en la mujer. –Ha sido un día muy largo, estamos cansados, seguro que tus preguntas pueden esperar a que lleguemos a tu casa…- Ambas mujeres intercambiaron miradas. Confusión en el caso de Sasha, fría advertencia en el caso de Luzbel, mientras tamborileaba con los dedos sobre cierto tomo, una recién adquisición. Después de un breve choque de voluntades, la morena bajo la mirada y se disculpó, momento en el que pudieron disfrutar tranquilamente del viaje.

Ya se había hecho de noche para cuando consiguieron llegar donde las arañas. El agujero había sido agrandado, seguramente alguno de esos arácnidos había pensado que no podrían traer los huevos si a duras penas cabían por el agujero, así que ahora era posible andar por el túnel, aunque tenían que hacerlo medio encorvados ya que esos bichos aparentemente no se acordaban de que la gente normal tenía una cabeza sobre los hombros. Por suerte, el orco se había quedado con la chica vigilando el barco o estaría teniendo un muy mal momento intentando llevar los huevos por ese apretado tunel.

Los estaban esperando, puesto que cuando el túnel se agrando, había una pequeña corte de arañas listas para recoger los primeros huevos y una pequeña horda subió por el túnel… esperaba que el orco no decidiera aplastarlas en un ataque de pánico…

Ella y la cambiaformas, mientras tanto, fueron escoltadas otra vez en frente a la matriarca araña, igual de negra que la primera vez.

-Esto… los huevos que ya nacieron… he conseguido salvar a la mayoría, están esperando allí.- la diablesa no estaba segura de que protocolo se seguía con la realeza arácnida, pero ya se conocían y les había hecho un gran favor así que…

Cuando hablo, la voz de la reina sonaba…lejana, distante, seguramente era el efecto del veneno dejando sus cuerpos, o puede que estuviera agotada, no tenía ni idea, no era aracnóloga. –Sí, puedo escuchar su voz, débil, no tardaran en unirse a la canción…- eso era bueno, una cosa menos de la que preocuparse. –Gra-cias pequeños... habéis traído reliquias también…- Luzbel le dedico una mirada de confusión, pero la araña señalo su escudo negro como la noche con una de sus mandíbulas. –Despertaremos su poder, pero tardara un ciclo.- ¿Hablaba de un día, un mes, un año? En cualquier caso, la diablesa dejo todo lo que había encontrado en esa tierra sagrada. Su escudo, el amuleto, incluso algún que otro anillo cuyo dueño ya no echaría en falta en la tripa de un gusano, y era de esperar que la cambiaformas dejara sus dagas también. Aún quedaba la enorme hacha de Borgul…pero ese tipo no era muy fan de sus nuevos amigos arácnidos, así que seguramente las mandaría educadamente a la mierda cuando le dijeran que tenía que bajar a darles su bonita y brillante arma nueva a las arañas siniestras.

Aunque ahora que ya no tenían el armario a reventar de huevos de araña sin duda viajarían más rápido, seguía siendo negra noche, por lo que tendrían que dormir allí si no querían arriesgarse a estrellarse contra alguna roca o a ser cazados por algún depredador nocturno… no sería peor que los gusanos, cierto, pero era mejor no arriesgarse. Así que hicieron trizas el armario (usando el plural para un trabajo que hizo el orco en exclusiva con un par de buenos golpes de hacha) y montaron una fogata en el desierto, a una distancia prudencial de las arañas y fueron a dormir. La diablesa hizo la primera guardia, envuelta por su capa, aunque Sasha no tardo en apretarse contra ella.

-Oye… tu pareces haber viajado mucho… ¿Cómo es el mundo?-

-Peligroso, sabroso… puede que estés andando tranquilamente y te ataque un grifo, o que hagas algo que no le gusta a alguien e intente matarte… pero para mí es mejor que arriesgarse a quedarse en un único sitio y no crecer.-

-Arriesgarse…- pareció evaluar sus palabras, en silencio.

Llego la mañana y con ella, el inevitable viaje a Delfis, no solo porque tenían que dejar a la chiquilla, sino porque ese tipo, Simon, tenía que pagarles. Cierto, técnicamente NO habían matado las arañas, pero no volvería a haber problemas con las personas desaparecidas…posiblemente… hasta que llegaran los gusanos… bueno, ese sería el problema de otro, bueno, Luzbel se limitó a decir que las arañas “ya no serían un problema” y que los “verdaderos responsables habían sufrido muertes horribles”, para luego alejarse del coro de lágrimas que el regreso de Sasha provocó, cruzando una última mirada con la chica, que le dedico una sonrisa.


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Re: Aracnofobia [Campaña]

Mensaje por Almena el Miér Mayo 02, 2018 2:38 am

__Alguien debió avistar nuestro barco desde lejos y avisar a la gente del pueblo, ya que cuando llegamos de madrugada a Delfis un más que decente grupo de personas, con Simon a la cabeza, se encontraban a las puertas de la aldea para recibirnos.
__La decepción y la tristeza de aquellas gente al ver nuestra nave casi vacía no nos paso desapercibida. Lo cierto, es que no tuve para acercarme a explicar lo que nos habíamos encontrado, fue la mercenaria de nuevo la que hizo el trabajo. Llevo a la chica hasta su familia, la única que podía realmente alegrarse de las allí presentes, que la recibieron calurosamente entre sonrisas y lagrimas. Luego habló con Simon un buen rato. Bueno, más bien Simon pareció interrogarla un buen rato, no es que la oyera decir más de dos frases. Pero cuando acabo, nuestro patrono parecía por lo menos reticentemente satisfecho. La chica volvió con tres bolsas de monedas que nos entregó tanto a mí como a Borgul, así que el contrato parecía completado.
__-¿Y ahora?-pregunté-¿Volvemos a Loc-Lac?
__-Primero tenemos que recuperar nuestras "reliquias" de las arañas.
__-¿Y el barco?-añadió Borgul.
__-No ha dicho nada.

__Estuvimos haciendo tiempo en el pueblo hasta la tarde, solo nos encontramos a la hora de comer. Me parece que Borgul fue a hablar con nuestro patrono al respecto del barco de arena. No tengo ni idea de qué estuvo haciendo la compañera. Yo pasé la mayor parte del día junto al lago (o charco, no sé, un termino intermedio entre ambos, puede que charca fuera lo mejor). Estaba bastante marrón, pero varias plantas crecían alrededor suyo y era agradable. No solo por la sombra, que por supuesto que se agradecía y mucho, si no por la vista, era tranquila.
__He de decir que me hubiera gustado darme un chapuzón, esta incluso más sucia de lo normal despues de estos días, pero por desgracia no pude. Aunque era la zona era silenciosa, la orilla más metida en el pueblo estaba bastante concurrida, y desde ella se veía por completo el resto de la charca. No me atreví.

__Nos volvimos a reunir sobre la hora de la siesta y zarpamos de nuevo rumbo a la guarida de las arañas. De nuevo, Borgul se quedo esperando fuera, junto al bote, mientras nosotras dos nos reuniamos de nuevo junto a la reina araña, la cuál parecía estar esperándonos.
__A una orden usa, comenzaron a desfilar frente a nosotras  un grupo de araña portando los presentes con sus patas delanteras. Una a una, vuestros acercándose a nosotras y ofreciendonoslos.

__El primero fue un escudo de lagrima, parecido ya en poco al que entrego ayer mi compañera; era negro, con relieves representando lo que parecían demonios, enfatizados por un baño dorado en algunos segmentos y con una figura de mujer en centro mucho más claro. En el ojo central de una de las criaturas representadas, que parecía tener cuatro más, brillaba espectralmente lo que parecía una gema de algún tipo.
__-La reliquia ha sido engarzada, y aunque rota, su poder debería poder ayudarte en los días venideros.

__El segundo una daga, presumiblemente la que yo entregué el día anterior. Esta no había sufrido tantos cambios esteticos como el escudo, pero si que parecía más pulida. Ademas estaba el olor, no demasiado fuerte lo suficiente para que yo lo notase. Olía mal, olía a muerte.
__-Esta reliquia ha sido impregnada con mi esencia, thurirl, para imitar uno de mis dientes.
__No estaba segura de entender lo que quería decir con eso (suena a que está envenenada ¿no?), pero la recibí de la forma más ceremonial de lo que fui posible y luego, busque, tratando de ser discreta, un sitio para guardarla entre mis ropajes donde ni me tocase ni tuviera riesgo de caerse.

__El tercero fue un amuleto, un colgante. No estoy muy segura de dónde salió. Era de metal, negro por supuesto, decorado con motivos arácnidos.
__-Esto es para vuestro thurirl, ahora ya no tendra que temer por nosotras.-parecía referirse a Borgul.

__Y el cuarto fue un anillo plateado, tallado por completo con la forma de una araña y con un trozo de la piedra negra perfectamente engarzado como abdomen. La traía una de las arañas sobre una bandeja que sujetaba con las patas delantera, y aunque era pequeño destacaba bastante contra la oscura piedra de está.
__-Y por ultimo, ésto. Por si alguna de vosotras quiere ser una con la canción.
__No estaba dirigida a ninguna de las dos en especial, pero probablemente hubiera sido ella quién entregó el anillo, porque lo recibió sin dudarlo.

__-¿Cuánto tiempo podremos oírte?-preguntó entonces mi compañera.
__-Un par de ciclos mas. Pero...-una araña apareció entonces portando el mismo cuenco de cristal negro del que bebimos la primera vez, y la reina araña volvió a soltar una gota de su veneno sobre éste-Beber otra vez asentaría la canción.
__Sin dudar demasiado, mi compañera se acercó y dio otro trago a aquel liquido verde. Dudé sobre si seguirla, aun recordaba perfectamente el malestar de hacía unos días, cuando bebí de aquella sustancia. Pero lo cierto, es que no parecía que tuviera más inconvenientes a la larga, el malestar se pasaría en unas horas y después... no tenía nada que perder.
__Así pues, me acerqué lentamente, tratando de convencerme a mí misma de que beber era lo mejor, tratando de no recordar aquel sabor, de no olerlo, de que no me dieran arcadas. Y entonces decidí dejar de pensar, y acelerandome me apoderé del bol y bebí. De nuevo, tuve una intensa lucha por no vomitar, puede que peor que la anterior. Esta vez, los efectos secundarios, esos de la luz y tal me dieron más igual. Pero el sabor y lar arcadas... aun se me revuelve el estomago de recordarlo.

__Después de eso, no hubo mucho más. Nos despedimos de aquellas criaturas y volvimos a nuestro bote junto a Borgul. Le entregamos su amuleto, que al principio pareció reticente a aceptar pero lo hizó de tofos modos. Un botín era un botín. Ahora solo quedaba volver a Loc-lac y separar nuestros caminos.


Fin del comunicado
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