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Tormentas de Papel [Priv. Cassandra y Luxon]

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Tormentas de Papel [Priv. Cassandra y Luxon]

Mensaje por Casandra Von Schuyler el Jue Ene 12, 2017 1:32 am

La unión de nobles había vuelto a hacer de las suyas y, sinceramente, no me gustaba. Desde el inicio de mi existencia, de mi "verdadera existencia" en la que era un objetivo público y con suficiente poder para participar en política y cambiar la ciudad, esa unión había sido un dolor en el culo, metafóricamente hablando. Mis reformas, planes e ideas habían sido bien recibidas por muchos de los nobles menores y propietarios, por lo que, con su apoyo había conseguido ponerlas en práctica. Sin embargo, en cada proceso, legislación, permisos o discusión, la unión siempre aparecía con quejas, molestias o prohibiciones, por no hablar de las tasas que sacaban en más de la mitad de las ocasiones en las que había que meter al gobierno por medio para realizarlas. Ahora, esos imbéciles con tres papadas por cada lado de la cabeza, me habían ordenado que marchase a Nanda, en la región de Ujesh-Varsha, para firmar una serie de tratados comerciales y establecer una alianza con la verdadera fuerza detrás del poder económico de la ciudad, de la región y ,por que no decirlo, del continente, los Thalak . Eso había sido hace menos de dos meses.

Me convocaron en el despacho de una de las grandes familias, la familia Rox, y en ella tuve una pequeña reunión con el señor de la unión de nobles y mi archienemigo en mi propia ciudad, Lord Einberg Rox. Fue una pequeña reunión, tan pequeña y repulsiva que mi sangre aun hierve ante el recuerdo de por que fue ten breve. Tras las presentaciones de cortesía y preguntas insípidas, meramente, me ordenó ir a Nanda con una simple e inocua explicación y tras eso, me despidió. A mi. La segunda princesa de Zhalmia y una de las principales impulsoras de la puñetera ciudad que ese imbécil administraba... Entendía que no tuviese respeto por mi título, pues mi origen y el propio reino hacían al mismo puramente un par de letras tras mi nombre, pero, al menos debería de pensar en las consecuencias de enfadar a un promotor de la riqueza en la zona. Aun notaba como mis oídos se taponaban, todo mi cuerpo se tensaba y mi sangre se encendía como si un horno se hubiese encendido en mi pecho...Pero, pasando página, ese aviso tan falto de información vital y el poco tiempo que me daba para prepararme, obligó a que me tuviese que mover rápido. El viaje duraría al menos, mes y medio, por lo que tenía que planear cada movimiento en esa ciudad, cada palabra y reunir recurso en menos de dos semanas. Así pues, me esmeré. Moví mis hilos y conseguí que las bibliotecas de varios nobles y conocidos me entregaran cada documento referente a la ciudad que tuviesen, mediante varios espías me enteré de los contenidos de los tratados y, finalmente, conseguí que muchos de mis aliados me prestasen algunos de sus recursos que tenían en la ciudad; y si, me refiero a espías, asesinos y todo el bajo mundo, además de varías sastrerías, médicos de confianza y conocidos a los que pedir un favor, en caso de que fuese necesario. En esas dos semanas, descubrí un total de tres cosas.

La primera, la región de Ujer- Varsha era rica. Eso no era una sorpresa, cualquiera con un poco de educación y geografía te lo podía decir, pero lo que realmente fue impactante era cuanto. Normalmente, al hablar de la riqueza de la región uno habla de comercio, liquidez y recursos, pero, cuando te encuentras una situación en la que te has de mover con más factores, debes de medir más cosas. Influencia, personajes llamativos, redes clientelares y de espías, medios de producción, de transporte, fuerza armamentística... Y, en el caso de Ujer-Varsha, si le tuviéramos que poner nota a estas, todas estarían en torno al 9,5/10. Era un lugar peligroso con el que hacer tratos, por que para conseguir ganancias tenías que ser muy duro o sacrificar cosas.

La segunda cosa que había descubierto era que los negociadores que habían enviado no eran duros, así que habíamos sacrificado cosas. Los negociadores habían sido terceros hijos, primos y similares afiliados a las grandes familias, algunos eran novatos, incluso, por lo que las negociaciones eran, más que un mero tratado, una imposición unilateral. Esto me revolvió las tripas. Era estúpido, realmente estúpido...cada vez que leía cada cláusula me empezaba a resultar normal que muchos consideraran a mis compatriotas estúpidos. Y nos iba a hacer daño. Por ello, tuve que pedir, para mi desgracia, ayuda...a mi medio hermano Alexander. Gracias a él, conseguí una carta trampa en el asunto, una resolución judicial, a la que ni siquiera Lord Einberg Rox podría rechistar. Si mi hermano se tomaba algo en serio, eso era la justicia. Aunque, pronto se enteraría que la proclamación de la demanda y juicio no llegaría a los oídos de Lord Einberg hasta que yo ya estuviera en Nanda...Dios, cuando regresara iba a morir por una regañina...

La tercera cosa que me había dado cuenta era que, a pesar de que cada aspecto de la ciudad parecía completamente impenetrable por ningún medio, había pequeñas fracturas. Entre las verdaderas fuerzas de la ciudad había roces, tanto entre ellas como internas, y eso podía resultar útil. Necesitaba armas arrojadizas y, además del propio código jurídico de la ciudad, tenía pocas. Información, debilidades, tensiones...necesitaba eso y mucho más. Gracias a los nobles menores y comerciantes que se habían movido por Nanda había recaudado muchas de ellas, pero no bastaban, eran solo meros rumores, por lo que tuve que recurrir a espías. Sin embargo, estos resultaron inútiles. Para ser un lugar que trataba con la incertidumbre del comercio, tenían un firme agarre en sus horarios, encuentros y secretos.

Tras comprender estos tres puntos, me puse en  marcha. El mar no me daba miedo y aun menos el constante balanceo del barco, aunque a mis sirvientes les costaba un poco acostumbrarse a la vida del marinero. Matilda mantenía la cara, una sonrisa impenetrable, pero en esa férrea e inmutable expresión se veía con claridad como la tonalidad de su rostro variaba del rojo al blanco en cuestión de segundo por los constantes mareos. Thomas, directamente, vomitaba cada cinco horas, volviendo a sus tareas luego como si nada hubiera pasado. Decir que mis sirvientes no daban todo de ellos era una mentira evidente. Cuando estábamos a mitad del recorrido, yo ya me había empapado de la mitad de documentos existentes sobre Nanda, sus gentes, políticas y leyes, Matilda se podía mover con facilidad por el barco y Thomas solo vomitaba cada tres días. Mientras las olas golpeaban el barco, de nuevo, había tenido varias revelaciones. A pesar de que la élite de Nanda era completamente perfecta y sin fallos, no se podía decir lo mismo de sus hijos y familiares. Algunos eran estúpidos, otros vagos y otros no tenían adjetivos para describir su incompetencia. Eso era un flanco por el que atacar...por lo que nada más llegar a un puerto, en busca de suministros, Matilda localizó a uno de los espías afiliados a mi y pidió que se investigase a ciertos individuos y me trajeran un informe nada más llegar a la ciudad. Una cadena solo es tan fuerte como lo es su eslabón más débil, después de todo.

Finalmente, llegamos a la ciudad. Si bien, tras vivir en una ciudad costera casi toda mi vida, el tráfico marítimo no me sorprendía, el ver tantos barcos y personas en el barco me produjo una reacción, pues no se podía definir de otra forma. Cientos de barcos, de diferentes formas, colores y vistiendo en su superficie marcas y banderas de diferentes reinos y estados, todos ellos moviéndose con lentitud y seguridad en el agua. Miles de personas, trabajando con velocidad y diligencia, con el sonido de la multitud y el bullicio de trasfondo. Mi cuerpo empezó a temblar y yo apreté mis manos entre ellas, en un gesto que parecía delicado y femenino, pero que perdía esos sinónimos por como se emblanquecían mis nudillos por la fuerza y como mis brazos y dedos temblaban por la excitación. Mis pupilas se dilataban y me tuve que morder el labio para contener una sonrisa extremadamente histérica y eufórica, a pesar de que sentía una sequedad en la garganta impropia e irritante. Una ola de emociones me embriago durante unos instantes, fragmentando mi mente en pequeñas voces que intentaban analizar esos sentimientos. Envidia, por no tener esa fluidez de barcos, Ira, contra aquellos que habían visto esto y se habían dejado embaucar para no obtener un resultado familiar, Alegría, al poder contemplar una escena tan maravillosa, Temor, por vérselas con aquellos que habían logrado una hazaña tan increíble, y, la más indescifrable y peligrosa de todas, la que pronto derrocó a las demás y devoró todo lo que había en mi. Deseo. Deseaba esa ciudad, deseaba ver a su ciudad con el mismo frenesí interno, con la misma fuerza y alegría que reinaba en los astilleros del lugar...Quería todo lo que esa ciudad tenía que ofrecer y más.

Cerré los ojos un momento y respiré. Note como mis pulmones se llenaban del olor salado, a veces agradable y otras veces no tanto, del puerto y como mis músculos se iba relajando gradualmente. Cuando me calme, desenrede mis dedos de su propio agarre, notándolos levemente insensibles, y me puse en marcha. No podía permitirme parecer intimidada o excitada frente a gente con la que tendría que negociar. Una delegación nos esperaba en el mismo puerto, con varios carruajes y emisarios, enviados para explicarnos la situación de nuestras viviendas durante la estancia y el horario de los sucesos importantes que teníamos que seguir. Tras cargar nuestro basto equipaje, marchamos en dirección de la misma.

Al parecer, nos alojábamos bajo la cortesía de la familia Marel. El lugar era pequeño, probablemente una muestra de falta de interés en una potencia que se había dejado engañar como bobos en las negociaciones de un tratado, pero había que reconocer que era hermoso. Era una casa de dos pisos, de ladrillos de piedra y columnas que habrían un recibidor en la fachada, completamente rodeada por un jardín silvestre, contenido por muros del mismo material que servían para proteger el lugar y separarla de la calle. El interior era igual de reservado y hermoso. Había una recepción más, esta vez interna, que daba a dos salones, uno informal, dedicado a tomar el té y otras tareas ociosas, y otro con una mesa y sillas de madera noble, resaltando su uso como comedor. Además, había una cocina, un baño para el servicio y las habitaciones para estos. En el segundo piso había un par de habitaciones para los señores, otro baño, más lujoso y con varios productos, cortesía de los Marel, y un despacho con varias decenas de libros. Nada más leer sus títulos se podía ver que eran obras propagandísticas y nacionales. Los Marel se acababan de ganar un punto en mi escala de apreciación personal, solo por eso.

Sin embargo, nuestra apreciación de la arquitectura de la casa se vio cortada por el horario del que nos habían hablado. Teníamos que asistir a una fiesta de bienvenida. Una fiesta...Había tenido muchos pensamientos en el tiempo en el que nos dijeron esto y llegamos a la casa. ¿Por que? ¿Celebrar una firma de un tratado insípido, que, a pesar de que le da muchos beneficios a Nanda, es completamente insignificante en los grandes planes del país? ¿Querían distraerme de algo? ¿A lo mejor querían alejarme de mis cosas y ver mis pertenencias? ¿Que planeaban? Suspiré pensando. Para evitar cosas así, todos los personajes importantes tienen sus métodos y de sus encuentros con Lady Rosselia, ella había desarrollado los suyos. Sonreí mientras sacaba mis cosas y las iba colocando por mi cuarto. Ropas, libros, documentos y, finalmente, las joyas. Las joyas estaban en una pequeña caja de nácar y al abrirla se extendían mediante un ingenioso juego de resortes. Había cientos de diferentes cosas, brazaletes, pendientes, collares, anillos, pero lo importante eran los camafeos. Pequeñas obras de arte, mostrando perfiles de mi familia, personajes ilustres y similares. Eran cosas completamente irreemplazables, a no ser que se tuviese tiempo y se preparase bien, pues todas y cada una tenían pequeños mecanismos que las abrían y me permitían esconder documentos en estos con completa tranquilidad y conocimiento de que nadie se daría cuenta.

Y era necesario, por que esta noche, un espía iba a traerme el informe y no podía permitirme que viniese y encontrase otras piezas de información. Sin embargo, si que deje una pequeña carta, informando a este, en un código único, lo que debía de hacer esta noche.

Tras colocar las cosas y esperar que mis sirvientes hicieran lo propio y preparasen la casa, saqué el vestido, los zapatos y las joyas que me iba a poner para la fiesta. Tras hacer esto, le pedí a Matilda que me preparase un baño, en el cual me hundí nada más entrar en la habitación. Tras mes y medio en un barco, nadie me podía recriminar el hecho de que necesitaba esto. Solté un gemido ante el contacto del agua caliente contra mi cuerpo y empece a lavarlo, inundando cada parte de mi con un aceite de vainilla, inundando mi cuerpo y cabellos con el aroma de la flor. Tras esto, me levante y vestí, sin embargo, añadí una enorme capucha negra al conjunto, para evitar mancharlo en el camino y que nadie lo viese hasta la fiesta. Después de todo, me había informado hasta de la moda imperante en el lugar. Sonreí, mientras mis sirvientes, vestidos en pulcros y elegantes uniformes gemelos, me ayudaban a entrar en el carruaje que nos habían asignado nada más llegar.

Podría decir que mi mente se concentró en la fiesta, mientras nos dirigíamos a la misma, pero no era así. Mis ojos se desviaron a los edificios y gente. La arquitectura aquí era tan sorprendente como al de Zhalmia, pero más colorida. En Zhalmia predominaba el mármol y el granito, por lo que sus calles siempre se convertían en esqueletos de marfil, puros e indistinguibles de la nieve que caía casi todo el año sobre estas, pero aquí había una tormenta de rojos, verdes y otros colores que sobrexcitaban la vista. Además, entre mi gente y la suya también existía la misma diferencia. No había mucho cambio, pero aquí la gente no tenía que ir abrigada, por lo que se la veía más ligera y con ropas más coloridas, mientras en mi país, el negro, marrón y gris predominaban por el hecho de llevar siempre abrigos o parecidos. Me mordí el labio de nuevo, conteniendo una sonrisa excitada. Estaba en un lugar nuevo, con cientos de posibilidades, y el deseo de poseer cada cosa se alzaba cada segundo, controlado solo por mi voluntad. Suspiré y me concentré en el camino.

Cuando llegamos a nuestro destino, el lugar me parecía...soso. La fachada no tenía decoraciones, más que un par de detalles alrededor de las ventanas, la puerta y varias figuras en el tejado. En mi país, las fachadas de los poderosos siempre tenían suficientes decoraciones en mármol y oro que parecía que el lugar iba a estallar. Sin embargo, pronto esa concepción desapareció. El interior podría haber sido, perfectamente, un mundo diferente. Murales decoraban cada pared, mostrando escenarios tan detallados y hermosos que uno podía ignorar perfectamente los detalles en oro, las lámparas de araña y los lujosos muebles, para perderse en el mundo que representaban. De nuevo, me habían descolocado con un mundo de color, contraste del mio. Pronto, nos llevaron, ante las miradas despectivas de varias mujeres y hombres, por mi atuendo, hasta una escalera que daba a una sala inferior mucho más grande que el recibidor en el que nos habían introducido. Grandes columnas sostenían un techo que, igualmente a las salas anteriores, había sido decorado con detallismo y atención al detalle. Tres enorme lámparas iluminaban la estancia con una potente luz, bajo la cual, cientos de personas se movían. Pronto, note la mirada de muchos de ellos. Y yo sonreí.

Matilde y Thomas me quitaron la capa con la elegancia que solo un verdadero sirviente, experimentado y con conocimiento, podía hacerlo. En otras palabras, de manera espectacular. Bajo el incoloro manto que me había cubierto, mi vestido contrastó, haciendo que cada mirada se centrará en él.

El color de la temporada en Nanda había sido el morado y el diseño de moda había sido severo, con múltiples bordados, que con el abultamiento de los aparatejos que muchas veces llevábamos las mujeres, resaltaba más. Yo había mandado al infierno todo.

Aquel que viese este vestido solo podría pensar en la noche estrellada y en una clara desnudez. Una tela blanca descendía con lentitud desde mi cuello, donde se enroscaba en una sola pasada, por mi pecho, causando que pareciese que iba desnuda, sin embargo, al llegar a mi cadera se extendía y se retorcía alrededor de mis piernas, envolviéndome como si fuese el capullo de una flor, el cual parecía fusionarse casi con el suelo, aunque ni siquiera lo rozaba. Sin embargo, entre esas capas, se revelaban capas de un color negro oscuro, que contrastaban con claridad y que creaban pequeñas tiras de tela, semi translucidas y que creaba destellos gracias a pequeños cristales, que ascendían por mi espalda hasta mis hombros, cubriéndolos y saltando hacia el lienzo blanco que era mi pecho, envolviendo mi cadera luego, en un corte en X. Esto parecía dejar al descubierto mis brazos, pero también estaban cubiertos por dos largos guantes blancos, que ascendían hasta mis antebrazos, dejando solamente una tira de piel visible. Gracias a mi piel blanca como la nieve, el vestido creaba la ilusión de que solamente la tela negra era el vestido y que yo andaba desnuda por el sitio, al menos hasta que se me veía dos veces. A esto, se le sumaba que llevaba mi cabello suelo, cayendo gracilmente sobre mis hombros y espalda, tapando las tiras de tela, dando el aspecto de que mostraba también mi espalda. El público masculino, por lo que vi en los pocos segundos de mi revelación, parecía distraído. Bien...La fiesta acababa de empezar.
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Casandra Von Schuyler

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Re: Tormentas de Papel [Priv. Cassandra y Luxon]

Mensaje por Luxon Vildelgers el Jue Ene 12, 2017 11:05 pm

[Retirado por cuestiones legales sobre los derechos de autor con la administración del foro. Este contenido queda eliminado hasta que se resuelva el litigio]
 
¿Qué es el derecho de autor?
En la terminología jurídica, la expresión “derecho de autor” se utiliza para describir los derechos de los creadores sobre sus obras literarias y artísticas. Las obras que se prestan a la protección por derecho de autor van desde los libros, la música, la pintura, la escultura y las películas hasta los programas informáticos, las bases de datos, los anuncios publicitarios, los mapas y los dibujos técnicos
 
Para saber más: http://asistencia.foroactivo.com/t15237-abusos-y-litigios#700604
Vea también: http://noticias.juridicas.com/base_datos/Admin/rdleg1-1996.l1t1.html#l1


Última edición por Luxon Vildelgers el Mar Jun 20, 2017 8:21 am, editado 1 vez
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Re: Tormentas de Papel [Priv. Cassandra y Luxon]

Mensaje por Casandra Von Schuyler el Vie Ene 20, 2017 3:08 am



Muchas veces había escuchado decir, principalmente de la boca de múltiples hombres, que los encuentros en bailes y similares solamente tenían importancia para hacer tratos tras las puertas. No sabían como de equivocados estaban. Una fiesta, en cualquier entorno, es  un juego de influencias. ¿Quien ira? ¿Que harán? ¿Cuanto puedo gastar? Es el juego de mirar y de que te miren. Nada más entrar en el lugar, a través de la multitud, había conseguido encontrar a al menos cinco miembros del grupo que había tratado con la comitiva de Rodelfia. Dos de ellos se habían encerrado sobre si mismo y en torno a una pareja extraña. La mujer daba extrañas sensaciones y su expresión era similar a la de una niña que acaba de entrar en su primera fiesta; todo ilusión, alegría y elegancia...Ja. Sin embargo, el hombre parecía todo lo contrario. Un individuo hastiado de celebraciones y que sabía que la mejor manera de no perder en un juego como este era el no ser visto en el mismo.

Pronto, el mundo empezó a girar a mi alrededor. Era simple el romper un patrón de conducta, modelos y estilos en un entorno como un baile, casi se podría decir que era un arte que había llevado a la perfección y el papel que hoy ostentaba me lo hacía más fácil. La dignataria de un pueblo de idiotas que se han bajado los pantalones y embadurnado sus nalgas de lubricante en un tratado comercial extremadamente importante. Tenia que ser tonta, tenía que ser brillante...tenía que ser una noble en una fiesta. Así pues, puse mi sonrisa más beata y modifique mi forma de hablar de manera en el que el potente y musical acento de mi idioma se notase cada vez que hablase. Pronto, tenía a los hombres comiendo de mi mano, pues las matemáticas que realizaban en su cabeza eran extremadamente simple; buen cuerpo, sin cabeza...posible oportunidad en los bajos...Por cosas así, a veces, el género masculino me decepcionaba gravemente.

Finalmente, me encontré con otra mujer, la cual me tendió la mano con una sonrisa y no pude evitar paralizarme un segundo. Fue un mero segundo, pero era fácil de ver tras la fachada de la mujer. Su ropa no era la adecuada para una fiesta en el interior, por lo que o no era noble o tenía un pésimo gusto. Su mano se notaba amplia y gruesa, aunque aun bastante femeninas, lo que mostraba que estaban mucho más trabajadas que la de muchos hombres en la ciudad. Su forma de entrar también fue extraña, demasiada cercana, ansiosa...

Por lo que me lance a sus brazos. Más publicidad y una oportunidad clara para poder observar de cerca a la mujer. Aspire suavemente y confirme que no tenía colonia, ni una suave gota detrás de las orejas. Primer punto a favor en contra de que fuese noble. Acepto mi abrazo sin más. Segundo punto. Su musculatura, la cual superaba a la mía y yo era la clara muestra de una noble extremadamente musculada, era excesiva para una señora que meramente se sentaba y veía pasar la vida. Tercer punto. Y...si lo demás no me hubiese convencido, el hecho de tener dos dagas y una especie de armadura ligera dentro del vestido me confirmaba que no era una noble...¿Una mercenaria?¿ Asesina? ¿O una guardaespaldas? No sabía lo que esa muer era, pero me iba a dar problemas...

De repente, lo noté. Hacia años que no había notado la sensación y los recuerdos me inundaron. Era la misma sensación que había tenido en compañía de mi medio hermano Reginald...Ese enano con aires de grandeza era extremadamente terrorífico, por el mero hecho de que su habilidad le permitía manipular y modificar el alma y corazón humano, y el lo utilizaba indiscriminadamente. Si la sensación fuese algo descriptible sería algo como notar la misma esencia del frío en cada parte de tu cuerpo, muy levemente, como si una brisa se presionara con tu cuerpo y al acabar toda la calidez que esa impresión te había arrebatado volvía a ti, como un maremoto.

Recuerdos empezaban a esbozarse en mi cabeza, de lo que la otra estaba buscando, sumergiéndose en mis recuerdos como si de un lago se tratasen, y no pude evitar morderme el labio.

"El olor de las flores del patio inundaba la casa. Me apenaba tener que salir de Rodelfia en esta época del año, en el que el jardín florecía, las aves regresaban a posarse entre los árboles y las noches se llenaban de ruido, música y luz.

Sin embargo, me tocaba marcharme de mi casa para iniciar una misión diplomática con dificultades demasiado desafiantes para cualquiera que no tuviese mi cabeza...Lo cual no quería decir que fuese excesivamente arrogante, simplemente es que el resto de personas que trabajaban en la administración de la ciudad pecaban de mediocridad en las mejores ocasiones. Las preparaciones me habían llevado tiempo y aun ahora me dedicaba a prepararme. Varios tratados de diferentes países con Nanda y manuales de jurisprudencia se extendían sobre mi escritorio, mientras mi pluma rozaba constantemente, en un frenesí, el papel.

Un golpe en la puerta me despertó de mi trance y me hizo girar la cabeza.

-Pase...-dije, mientras movía el documento en el aire, para que se secase la tinta, a la vez que procuraba que no se viese su contenido. Al momento, Thomas entra en la habitación, seguido por un caballero. El hombre era claramente un enano, traído de los barrios más cercanos al puerto, donde se había conformado una auténtica serie de barrios únicamente para enanos desde que Rodelfia había empezado a producir dinero. Ciertamente, los enanos tenían un olfato para el oro...bueno, ¿quien no? Suspiré, mientras el hombre me mostraba el fruto de su trabajo.

En la mesa, posó con delicadeza una caja rectangular, elegante y con pequeños grabados propios de Zhalmia, cuyo interior se encontraba dividido en pequeños cuadrados, en los que descansaban múltiples monedas. Cada moneda era de un valor, tamaño y forma diferente, pero todas mostraban con claridad la historia numismática de mi país. Toque suavemente las monedas, sonriendo ante lo propio del regalo que me iba a llevar a Nanda, mientras el hombre me explicaba los entresijos del trabajo artesanal que le había pedido, entre tímido y un poco asustado de estar haciendo algo ilegal.

-Un pequeño roce activará el mecanismo y revelará.."

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"El cuarto de Alexander siempre me había parecido axfisiante y cómodo en partes iguales. El resisdir solamente en un cuarto hacía que la personalidad de su dueño saliese a flote y en medio de esa pequeña estancia se podía el alma del primer príncipe de Zhalmia, sin embargo, la cantidad de libro, la estrechez del lugar que daba el mobiliario y la presencia de más de dos personas en el mismo dejaba a los visitantes con una sensación de aun más estrechez.

-Ciertamente hay indicios de abuso de poder y tráfico de influencias...-replico el príncipe desde su asiento, dándome la espalda, mientras movía los papeles que le había suministrado- Y una clara muestra de que las familias nobiliarias han llegado a un punto excesivo en la reproducción selectiva para crear estos imbéciles...- Añade, haciendo un montón con todos los documentos y encerrándolos en una carpeta barata de color marrón, usada y al punto de deshacerse.- Podré entregarte la orden de anulación en menos de una semana y el juicio se iniciará tras tu regreso de Nanda...

Afortunadamente, mi hermano no estaba viendo como movía el puño y el brazo en un gesto de victoria. Chúpate esa, Einberg, chúpate esa con extra de salsa. Mi danza de la victoria fue cortada cuando noté que mi hermano se giraba para encararme, momento en el que tome la posición de una dama privilegiada de alta sociedad, que no hace aspamientos para declarar que uno de los altos dirigentes de la ciudad debía de chupar partes masculinas.- Sin embargo, sabes que debo anunciar esto de manera pública y entregar cartas a los afectados, por lo que te tendrás que ver con el acoso de los Rox...

Suspiré, mientras observaba a mi hermano- Para ser un príncipe, eres demasiado rígido con la justicia...¿que daño haría el no contárselo hasta...digamos, que me haya ido? - comentó, haciéndome la inocente. El cuello de mi hermano se giró, como si fuese el de un búho, encarándome con un gesto serio. Mierda....

Pase las siguientes dos horas sufriendo el monólogo de como la justicia era lo que mantenía unida nuestra nación y como el actuar tras bambalinas había iniciado el caós y el sufrimiento en el que viviamos hoy...Maldita sea mi bocaza."

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"El palacio de San Rhoel era frío. A pesar de las lámparas, a pesar de las fiestas y de la multitud, la sensación términa era la de un frío espectral, profundo, que no se me alejaba de los huesos.

Era mi primer contacto con la aristocracia y el mundo que frecuentaba mi ausente y esquivo padre. Mi madre me había embozado en un vestido rosa perla, con suficiente decoraciones y floripondios, que en vez de una princesa parecía una bola de tela que se desplazaba entre los adultos. Lo cual era otra cosa. Era la única niña en toda la fiesta, por lo que en mi campo de visión solamente veía traseros, enormes faldas y la ocasional exhibición de enormes flores de telas, permanentemente colocadas de forma que intentase asfixiarme al pasar. Finalmente, cansada de intentar integrarme en el mar de telas y panderos, decidí explorar el enorme palacio por mi misma.

No era tonta, mi madre ya me había contado que no debía alejarme mucho del salón, que el palacio era demasiado complicado para explorarlo y que muchos sirvientes habían tardado días en encontrar el camino de vuelta cuando se perdían...o directamente no lo encontraban. Sin embargo, yo solo quería ver las habitaciones alrededor del gran hall. La mayoría tenía las puertas cerradas, pero logre encontrar una que estaba abierta.

La habitación estaba a oscuras, solamente la luz que entraba del pasillo iluminaba con delicadeza el interior. Enormes sabanas blancas cubrían los muebles y los cuadros de la estancia, sin embargo había una parte de la habitación que no estaba oculta. Una parte de la pared se encontraba completamente desnuda y dos puntos de luz, localizados a la altura del rostro de un adulto se elevaba en su superficie. Sacrificando lo impoluto de mi vestido, conseguí arrastrar uno de los muebles hasta colocarse bajo estos dos agujeros. Cuando vi que era seguro, salté sobre el viejo mueble de madera y miré por el agujero.

La imagen aun me acosa en la noche...atemorizándome cada momento y recordándome que no tengo el suficiente poder, la suficiente fuerza... Mi madre se encontraba de rodillas, con el vestido que tan felizmente había confeccionado, roto, mostrando de esa manera sus piernas, brazos y un pecho. Tres mujeres se reían delante de ella, soltando comentarios hirientes, mientras de vez en cuando la golpeaban. "Debiste haberte quedado en tu caseta, como una buena perra" "¿A que has venido? ¿A ver si al abrirte de piernas puedes conseguir algo más?""Las ratas como tú deberían de conocer su situación... y morirse en el barro como buenos súbditos" Durante media hora, el intercambio continuo y yo me quedé mirando cada acción, grabándome sus palabras en el corazón."

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"Estaba lloviendo. Era algo muy peculiar y poco duradero en la mayoría del país, pues  la lluvia tendía a convertirse en nieve a los pocos segundos de entrar en contacto con el frío clima del país. Sin embargo, la zona oeste no era tan fría y la lluvia caía con fuerza.

Una capa mugrosa y gastada me cubría. Hoy no llevaba ningún vestido, simplemente un traje negro, perteneciente a la orden de ejecutores menores y verdugos. Hoy no venía por trabajo, venia exclusivamente por placer.

Tres mujeres se alzaban en medio de la plaza, en el patíbulo, ambas con sus vestidos, anteriormente coloridos, llenos de heces, suciedad y porquería acumulada. Había pagado mucho para convertir su existencia en un infierno durante su estancia en la prisión. Cada una estaba acusada de diferentes crímenes.

La primera, Lady Sophía, había sido pillada golpeando de manera constante y agresiva a la hija del anterior matrimonio de su marido con un bastón. Al parecer, había estado torturándola durante los últimos diez años, según los testimonios de la chica. Desde cristales en la comida hasta meter a hombres en su cama para violentarla. Había sido todo un escándalo y su esposo no había tardado en acusarla y mandarla a prisión. El hecho de que la niña se inventase todo es una cosa que nadie sabrá nunca...

La segunda, Lady Renasa, se había dedicado a robar objetos y dinero de las casas a las que iba de fiesta. Eso había arruinado su reputación y a los tres días de descubrirse el suceso, su propio marido había tenido que despreciarla y echarla de la mansión para poder mantener un poco de la dignidad que le quedaba. Tras meses deambulando por las calles, había intentado robar de nuevo, pan en este caso, y había sido pillada con las manos en la masa...Demasiado fácil.

La tercera y mi favorita, Lady Mariane, había sido una obra de arte y mi mejor trabajo, pues se merecía cada uno de mis esfuerzos al ser la mente tras el acoso a mi madre. Cada sirviente, masculino o femenino, la habían acusado, públicamente, de pedirles favores sexuales en horas de trabajo y obligarlos a cumplir fantasías tan rocambolescas y repugnantes que el juez había vomitado tras la segunda sesión del juicio. Sin embargo, había salido libre, pues no había motivo para encerrarla. Su marido había sido encontrado muerto, envenenado, al día siguiente, al parecer asesinado por Lady Mariane en un intento de evitar que la despreciase, como había ocurrido en su círculo de amigas. Y de esta manera, había caído en completa desgracia.

El sonido de la madera crujiendo bajo mis pies, según ascendía al patíbulo, era una delicia. Mi figura y mi rostro, como el de todo los verdugos, se encontraba oculta por la capucha y la tela de la capa. Sin embargo, estaba lo suficientemente abierta para que mi rostro fuese visto por las tres acusadas. En el momento que alzaron su rostro para pedir clemencia, las tres se encontraron con mi faz. Oh...que satisfacción. Que placer. Como sus caras se tornaron blancas, como sus ojos se ampliaron y sus bocas se formaron en un horror puro. Esa era la expresión que la escoria como ellas debían de tener al contemplar a la segunda princesa de Zhalmia. Pronto, las tres intentaron gritar o decir algo, pero, sinceramente, ya no le presté atención, solamente susurre, para ellas tres, como mi regalo de despedida, una frase.

-En vez de dedicaros, como perras, a abriros de piernas para sacar cosas de vuestros maridos, debisteis haberos preparado para encontraros conmigo...

Cuando las tres quisieron insultarme, mi mano bajo con rapidez el mecanismo y las compuertas bajo sus pies se abrieron, dejandolas caer. Las tres, por intentar hablar en ese momento, chocaron sus dientes contra sus lenguas, cortándolas de tajo, causando que varios choros de sangre mancharan mi ropa y se deslizase por su cara y gargana, axfisiandolas aun más que las cuerdas. Las observé, sonriente, mientras los tres cuerpos luchaban por vivir. No pestañee siquiera, observe cada espasmo, cada bocanada e intento desesperado con la sádica complacencia que daba la venganza. Hoy dormiría bien..."

---------------

Me alejé, finalmente, de la mujer. Lo que me había parecido una eternidad solamente había sido una fracción de segundo, por lo que aun mantenía mi perfecta expresión. Sin embargo, por dentro, era otra cuestión. En mi garganta, la bilis se acumulaba y mi estomago deseaba expulsar todo su contenido, mientras que mis dedos resistían contra la punzante sensación de lanzarse hacia la garganta ajena...

-Es un placer conocerle. Mi nombre es Merida Bellish.- dijo la mujer, en un gesto complacido y claramente satisfecho. Como un animal, mi primer instinto era cortarle las venas de su cuello con mis dientes, pero me contuve y meramente sonreí.

-Siempre es un placer conocer a gente nueva...sobretodo en un lugar tan maravilloso como Nanda -respondí, mostrando una expresión placida, sin inteligencia detrás y con un tono musical y áspero, propio del acento de mi país. No me podía caer ahora, no así.

-Comparto el gusto por conocer gente nueva. Y mas si son personas tan importantes como usted.- Sonríe y se aparta un poco para quedar lado a lado con el caballero que tenía al lado y tomarlo del brazo. -¿Que le parece la fiesta? Estoy segura que habrá asistido a algunas mas entretenidas en su tierra.

-Oh, solo vengo como representante...no soy para nada importante...-replico, ahogando el murmullo que se habia levantado en algunas personas ante el gesto de la mujer. ¿Acaso ese hombre era importante? Su rostro intentaba surgir en mi mente, pero no lograba situarlo. Y, si tenía dudas de la presencia que había notado antes en mi mente, ahora estaban completamente confirmadas. Je...Mierda. Sonreí de la misma manera, bobamente y sin reservas, como haría una extranjera que desconoce sus costumbres- Si, pero allí no te puedes inundar del atardecer de esta tierra...siempre nieva y tenemos que recurrir a grandes lamparas de espectáculo un espectáculo, pero nada como ese haz de luz meloso -digo, patéticamente en un intento de hacer poesía, como muchas nobles, cuya única habilidad era la de parecer monas.

La mirada de Merida paseaba sobre lo rostros de todos los presentes, inspeccionándolos de la misma manera que había hecho yo, bajo la fachada de inocencia y pureza. -Yo no logro acostumbrarme a estas fiestas... Mi hermano y yo no salimos mucho a estas reuniones, aunque siempre es bueno tener el apoyo de la familia  ¿No cree así? Para que te ayuden en momentos complicados o simplemente te apoyen en tus tonterías.- El hombre cierra los ojos y niega lentamente con la cabeza mientras sonríe para Merida.

- No...-afirmo, quitándome durante un momento la máscara de turista despistada y sobrexcitada. Mis ojos se clavan en los de la mujer que tenía ante mi. Mentía al referirse al otro sobre su hermano, lo sabía, y aun más sobre ser noble. Si creía que por ser psíquica, vidente o la mierda que fuese podía ganarme en un juego de ingenio y suposiciones, la iba aplastar. Al poco, sonrió de nuevo, pero mantengo mi mirada en ella, creando tensión- Si...en fiestas como estas uno podría esperar que alguien, para evitar el aburrimiento se trajese incluso armas debajo del vestido ¿no crees? -digo, inclinando la cabeza y soltando una leve risa, infantil y bromista. Esta mujer era peligrosa, peor yo lo era mas...

Mérida se sonroja un poco y cubre su boca con una mano de forma dramática. -Oh por dios. ¿Usted cree que alguien se atrevería? Siempre me han dado nervios las armas y realmente con tantos soldados por aquí solo espero que estemos muy seguros. Con lo que me aterra que algo le pudiese pasar a mi queridisimo hermano y a mi familia. ¿Usted tiene hermanos señorita Casandra?-

-Oh, querida, creo que ha habido una confusión. Creia que usted era forofa a las armas...por sus manos...-respondo, con una mirada apologética, casi digna de llamarse de borrego.- Si que tengo...con algunos me llevo maravillosamente, con otros....no...-respondo meramente, mientras le observa- Así que este es su hermano...-digo, observando al hombre que estaba a su lado- Como pensé, no se parece en nada...-Fue un segundo, pero mi acento desapareció y mire directamente a ambos. Una sonrisa sádica y el regocijo de haber pillado una mentira siempre era algo que disfrutaba....y me hacia pensar que llevaba mucho tiempo con Alexander- No se preocupe...pasa en las mejores familias.

-¿Verdad que si? Podría incluso pensar que somos hermanos de diferentes madres. - Ríe para si misma.Esta zorra estaba jugando con fuego y lo sabía...Quizás, si esto no repercutía demasiado en mis planes, puede que me cayese bien y todo. -Y cuénteme algo... ¿Cuales son sus razones para venir a esta pequeña y humilde ciudad?

-Ciertamente...-El hecho de que hiciese esos comentarios me estaba confirmando lo que ya suponía. Había caído en una trampa...pero ¿de quien?- Oh, solamente vengo como representante de mi pequeña ciudad para firmar un tratado con la suya...-replico, honestamente y casi de manera cortés, en un intento de aparentar que estaba aparentando ser formal, lo cual era bastante difícil. Imitar una expresión o sentimiento era una cosa, el fingir fallar ese sentimiento, expresando otro, era algo más complicado.

-Nosotros realmente no sabemos nada de eso. Poco nos cuentan nuestros amigos en las otras casas nobles ¿La han tratado bien en esta ciudad? No la habran molestado con los impuestos y todo eso... La primera vez que vine fue un infierno por eso mismo.- Da un sorbo de la copa que tiene en la mano y continua. Eso...era información interesante.

-¿Oh? Así que no es originaria de Nanda...con lo próximos que están a su país pensé que las mujeres preferían dar a luz aqui y no en otros lados...-respondo, observándola lentamente. Ella me había sacado cosas, yo pensaba desnudarla directamente.- No ha habido impuestos, afortunadamente,...no eramos un vagón comercial, si no una delegación invitada..

-Nací en esta hermosa ciudad pero he pasado toda la vida viajando. Es que soy una mujer muy inquieta, siempre me ha gustado explorar cosas nuevas. Y ahora gracias a usted me gustaría conocer su tierra, quizás también pueda ir como una invitada.- El hombre que acompañaba a Merida observa como varias personas en la fiesta están muy atentos a la conversación. Era normal. En estos círculos, esto se podría considerar hasta un duelo -[color:ca71=#[color=#990066]Es bueno que mi querida hermana haga nuevas amistades pero creo que es un poco tarde y deberíamos retirarnos.-Comenta, hablando finalmente, mientras sonríe confiado y regala una reverencia a la dama albina. -¿De verdad? Pero si al fin me estaba divirtiendo.- Dice Merida con todo de reproche.

-Oh...creía que los habitantes de Nanda no necesitaban pagar impuestos de entrada...-replico casi de manera depredadora, pero regresando a mi expresión de sorpresa y placidez al momento- ¡Oh, me encantaría que vinieses a mi tierra! ¡Sería encantador que conocieses mi cultura! - Y que te corten el cuello en una espectacular función popular por haberme abierto como si fuese una triste cebolla. Cuando el hombre que esta a su lado habla, asiento y le hago una reverencia- Espero volver a vernos, fue un placer conversar con ustedes....

-Merida sonrie y extiende la mano para despedirse. Un acto inocente en principio, pero que, ahora que sabía sus peligros, tenía la misma inocencia que clavarte un puñal envenenado por la espalda.-Un placer Casandra, siento que seremos muy buenas amigas.- Dice Mérida, a lo que yo, meramente, observo fijamente la mano dela otra y sonrío, pero sin abandonar mi reverencia- Ciertamente...-respondo, mirándole directamente a los ojos, pero sin tomar su mano

Merida ríe tímidamente y se retira mientras levanta una mano para despedirse. -Dile a Thomas que lo mejor para los terrores nocturnos es el te de manzanilla.- Ambos nobles se permiten un par de minutos en la fiesta mientras se despiden de todos los presentes.

Me mordí el labio y me tragué la bilis ante esa última afirmación, conteniendo las ganas de contestarle. Esa perra no se andaba con chiquitas, al parecer. La fiesta, con su despedida, continuó sin más incidentes, sin embargo, la pareja había dejado una clara marca en mi mente. Por un lado, el rostro del hombre me resultaba familiar, de los archivos, sin duda, pero no lo lograba colocar en el escenario que habían sido los tratados con Rodelfia. Mientras que, por el otro, la mujer seguía alimentando las llamas de mi furia, frustración e instintos asesinos más bajos. Al llegar la noche, la fiesta acabo y los nobles se dispersaron, despidiéndose entre ellos mientras subían a los carros.

Thomas y Matilda me esperaban en la entrada, como habían hecho el resto de sirvientes con sus jefes. Nada más verme, Thomas frunció el ceño y torno sus labios en un línea dura, mientras que Matilda me miraba con una ceja levanta, expresión claramente homóloga a la mía cuando sentía confusión por algo. Yo sonreía. Mientras íbamos al carruaje asignado, seguía sonriendo, y cuando entramos, las esquinas de mis labios empezaban a dolerme. Thomas se removía en su asiento, un poco nervioso, y, probablemente, pensando en que hacer cuando llegáramos a casa, mientras que Matilda, meramente, miraba a través del cristal, sabiendo lo que iba a ocurrir nada más entrar en la pequeña casa.

Salí sonriendo del carruaje y le dí las gracias al conductor, claramente un espía de la familia Mariel, mientras yo entraba en los límites de la propiedad. Sonreía al entrar, sonreía mientras caminaba sobre el pequeño camino de piedra que daba a la puerta, sonreía mientras Thomas y Matilda me seguían y me abrían la puerta, sonreía cuando me quede quieta en medio de la habitación, sonreía cuando me gire y marche en dirección a uno de los jarrones que decoraban el lugar y sonreía cuando lo agarré. Ya no sonreía cuando lo lancé con fuerza contra la pared contraria, alzando mi voz en un gritó de furia.

-¡Hijos de puta tramposos!¡Una psiquica!¡Se han llevado a una puñetera psiquica!- digo, mientras Thomas saltaban en dirección al jarrón, agarrándolo en el aire, antes de que estallase contra la pared- ¡Eso es trampa!¡¿De que sirve aprender cada puñetero movimiento, baile y costumbre de un país para ir a un baile cuando esos mamones se llevan a una psíquica a sacarme las entrañas?! -gritó, notando como el acostumbrado fuego, incandescente como el magma, se extiende por cada vena de mi cuerpo, llenándome de energía y furia.- ¡Es como llevarse un puto golem a una lucha con cuchillos!

Nada más decir eso, cojo la mesa en la que antes estaba posado el jarrón por una de las patas y lo alzo en el aire, haciendo que gire y se prepare para estrellarse contra el suelo. Sin embargo, Matilda está preparada y antes de que de la primera vuelta, coge dos patas del mueble y lo coloca de nuevo en su posición original, con un fuerte Tak resonando al hacerlo.

-Señorita, calmesé...-replica la sirvienta, mientras continuo haciendo aspamientos con las manos y moviéndome por la casa. Matilde me sigue y recoge los objetos delicados que lanzo por los aires. Huevos de cerámica, cuadros, jarrones...sin embargo, los cojines, plumas y flores que se dispersan con cada uno de mis actos se mantienen en el suelo, haciendo una estela de destrucción a mi paso. Thomas había desaparecido durante unos momentos, mientras Matilda me agarra de los hombros. Antes de que pueda decir algo  más, noto como soy movida por una fuerza superior a la de mi furia y soy obligada a sentarme en uno de los sillones de la estancia. Las manos firmes de Matilda me mantienen en el sitio- Entiendo su frustración, pero comprenda que, en momentos como este, cosas así estaban destinadas a pasar...¿O acaso usted no habría hecho lo mismo?

Intento responder, pero no puedo, aplastada por su argumento- En ocasiones te odio...¿lo sabes? -digo, golpeando repetidamente el suelo con mi tacón y ahogando un grito, tapándome la cara y la boca en un gesto de frustración. Al poco, el olor del té caliente llegá a mi nariz y  observo como Thomas me coloca un té en la mesita, frente a mi- ¿Ves? Aprende de tu hermano...-digo más calmada, pero sin intención alguna. Sin Matilda o Thomas, la casa habría acabado en ruinas y yo aun seguiría en estado berserker, intentando clamar mis frustraciones contra el mobiliario ajeno. Me llevo el té a la boca, sin importarme que me escaldase los labios o se manchase el vestido. El caliente liquido pasa por mi garganta, asfixiando a la ira, y yo suspiró....Mañana iba a ser duro. De repente, cuando noto el sabor de la manzanilla, miro a Thomas. Este me devuelve la mirada y, gracias a sus reflejos, consigue esquivar la taza de té...
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Casandra Von Schuyler

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Re: Tormentas de Papel [Priv. Cassandra y Luxon]

Mensaje por Luxon Vildelgers el Vie Ene 27, 2017 6:25 pm

[Retirado por cuestiones legales sobre los derechos de autor con la administración del foro. Este contenido queda eliminado hasta que se resuelva el litigio]
 
¿Qué es el derecho de autor?
En la terminología jurídica, la expresión “derecho de autor” se utiliza para describir los derechos de los creadores sobre sus obras literarias y artísticas. Las obras que se prestan a la protección por derecho de autor van desde los libros, la música, la pintura, la escultura y las películas hasta los programas informáticos, las bases de datos, los anuncios publicitarios, los mapas y los dibujos técnicos
 
Para saber más: http://asistencia.foroactivo.com/t15237-abusos-y-litigios#700604
Vea también: http://noticias.juridicas.com/base_datos/Admin/rdleg1-1996.l1t1.html#l1


Última edición por Luxon Vildelgers el Mar Jun 20, 2017 8:22 am, editado 1 vez
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Re: Tormentas de Papel [Priv. Cassandra y Luxon]

Mensaje por Casandra Von Schuyler el Mar Mar 07, 2017 2:44 pm

La mañana vino, a pesar de mis frustraciones y nerviosismo, con mucha rapidez. La luz entró por las ventanas de la casa sin misericordia, golpeando mis ojos al momento en el que entró. Gruñí y me puse una de las almohadas encima de mi rostro, bloqueando el rayo de luz. Podía parecer sorprendente, pero no me gustaba despertarme temprano. Si era necesario lo hacía o, en su defecto, no dormía en absoluto. Mi cuerpo se acostumbro a esa posición y a la presión de la almohada sobre mi rostro, haciendo que volviese a caer en el sueño. Sin embargo, como la inmisirecordiosa luz, las manos de Matilda me devolvieron al mundo. Sus pasos me alertaron de su presencia, pero decidí ignorarlo, hasta que mi colcha y mis sabanas desaparecieron, invitando al frío a rozar mi cuerpo.

-Santa madre...-dije al notar el hálito matutino contra mi piel, levantándome súbitamente y haciendo que la almohada saliese volando ante la repentina acción. Matilda me saludo con una sonrisa adorablemente fría y profesional, tirándome de una pierna para que me levantase.

-Es hora de trabajar, señorita...-dijo, con ese tono de "No me obligues a tirarte un cubo de agua..sabes que soy perfectamente capaz de hacerlo". Sinceramente, muchos señores soportarían mucho menos de sus sirvientes ¿Sabes? Muchos te habrían ajusticiado o castigado severamente...Y el hecho de que seas la única capaz de hacerme despertar no te salvará en el futuro...ni que me des un poco de miedo cuando te pongas así ¿sabes?.

Mis pensamientos sobre justicia cósmica contra mi mejor ayudante se vieron solapados por mis acciones de levantarme y el movimiento casi invisible de Matilda a mi alrededor. Sus gafas brillaban con la poca luz que había en la estancia, pero el resto de su cuerpo se movía como una sombra en la penumbra del cuarto. Rápidamente, mi corsé fue abrochado con la soberana fuerza de una sirvienta experta, haciendo que mis pensamientos, como el aire de mi pecho, saliesen a la nada. Finalmente, cuando eso estuvo preparado, se me coló un pequeño vestido de andar por casa, blanco y casi traslúcido. Suspiré, poniéndome las zapatillas y marchando al piso inferior, con Matilda detrás de mi.

-Hoy es el gran día, su ilustrisima...-dijo Matilda, con un tono formal, pero tras todos estos años podía escuchar su verdadero tono. "Espero que les arranque las gargantas y arrastre sus cadáveres hasta la plaza". Matilda podía ser todo lo dulce que quiera, pero en lo que se refería a mi trabajo y proyectos...era mi mas fiel ayudante y amiga...Aunque cuando se expresaba de verdad me daba un poco de miedo.

-Si, Matilda... -digo en un sutil suspiro, seguido por un bostezo. Los escalones y mis pasos resonaron en el amplio y vacío recibidor, mientras nuestras figuras se deslizaban con gracia y pereza hasta el comedor.- Hoy veremos de lo que están hechos los comerciantes de Nanda...

Nada más llegar al comedor, me encontré con varios platos de fruta y un plato de gachas delante de mi asiento, con Thomas apartando el mismo para permitirme sentarme. Me senté y empecé comer, con la cabeza aun entre la cama y la reunión que se aproximaba. Iba a ser un encuentro difícil. Suspiré, mientras devoraba las gachas.

-Thomas...-convoque, llamándole su atención, mientras me acercaba un pañuelo para limpiar la comisura de mis labios.- ¿Esta todo preparado? -Pregunté, aceptando el mismo y posandolo suavemente sobre mis húmedos labios.

-Si, su señoría...-respondió, con un asentamiento de cabeza, colocando su manos sobre su corazon y su brazo flexionado sobre su pecho, en un gesto claramente servicial.- Los tres secretarios han sido convocados y estarán aqui en breve, los documentos se encuentran actualmente en su despacho, un total 25 portafolios, se ha pedido la entrega de varios tochos de papeles para su regreso y se recibirá tras su reunión varias botellas de tinta...-Dijo, enumerando mis peticiones para la reunión y para después.

Volvía  suspirar, solo que ahora un poco menos tensa y algo más aliviada, mientras repasaba en mi cabeza todo el material que tenía. Si esto fuese uno de los juicios de mi hermano, se podría decir que tenia un caso sólido, sin embargo no quería acusarlos, quería sacarles el din...crear lazos comerciales fuertes con ellos.

Finalmente, acabe la comida y me levante, marchando a mi cuarto para la continuación de la tortura. Remplace mi simple vestido, por le traje que llevaría a la reunión. Las manos de Matilda y las mías propias volaban alrededor de mi cuerpo, para acomodar el vestido. La falda de un blanco marfil se expandía, en una prolongada, pero elegante curva, alrededor de mis caderas, gracias a las almohadas preparadas para esto. Mientras, que mi parte superior, era bañada en una camisa semitransparente blanca, la cual era cubierta por una chaqueta de corte rígido y profesional, de un color perla, que caía suavemente sobre la misma falda, evitando que nadie viese que no era una sola pieza. Finalmente, el espacio que la chaqueta dejaba sobre mi escote fue oculto por varias telas solapadas, creando una cascada de tela, elegante y delicada, rematada en uno de los broches ocultos. Al final, recogí mi cabello con delicadeza, creando un moño, apretado con suaves cordeles, decorados de manera intercalada con hermosas perlas grises, que contrastaban con claridad con mi pelo casi albino, y piezas doradas, meramente decorativas. Cuando mi armadura estaba lista para la marcha, me senté en frente de mi escritorio, suspirando.

Iba a ser un momento de excesiva tensión y, sinceramente, estaba arriesgando demasiado con el juego que iba a practicar. Cuando había llegado a Nanda, me había dado cuenta de que la realidad que los libros que había recibido no era una exageración, creada por escritores nacionalistas. Era una nación poderosa y con riqueza. Solamente hacía falta oler el aire del puerto, lleno no solo de sal y pescado, si no del potente olor de las frutas, de las telas y de las maderas, materiales y objetos que uno no solía dejar a solas en la intemperie. Me mordí el labio, mientras tocaba, irritada, en un ritmo constante, la madera del escritorio de oscura madera. Si perdía en este juego, mi habilidad se quedaría en entredicho y perdería poder entre los nobles de Rodelfia y mi propio prestigio se vería extremadamente dañado. Y, probablemente, por eso me había convocado aquí Einberg Rox. Cuando había leído el texto que, claramente ya no, tenía que firmar, me había inundado la rabia. "¡Tanta estupidez no merecía ser retratado en papel y tinta!¡Es un insulto para los materiales, los artesanos que lo prepararon y un crimen contra la humanidad!" había pensado nada más leer los primeros párrafos y con esa rabia, vino el pensamiento de sobrescribir cada gota de tinta con la mía propia y abofetear a ese narcisista con aires de arrogancia en la cara, con la menospreciadora labor que me había asignado. Y Rox lo había sabido todo este tiempo y lo había permitido. Si jugaba mis cartas y perdía, regresaba con bochorno e infamia, probablemente arruinando mis posibilidades de crear cualquier tipo de cambio en la ciudad y mi candidatura a la corona. Si no las jugaba y firmaba me habría mantenido neutral, no habría acabado con algo dañino para mi ciudad y como cabeza de turco del documento, toda consecuencia del mismo recaería sobre mi. Además, daría la imagen de ser un mero peón de Rox para mover a su voluntad.  Solo tenía una opción y era ganar. Llamas volvían a rellenar mi alma y cada pequeño resquicio de mi cuerpo. Mi carne temblaba y mi piel sentía el recorrido de un cosquilleo repulsivo e irritante. De repente, note un dolor en mi mandíbula, como si pequeñas agujas atravesasen el músculo. Pestañeé y relaje la misma, notando como el dolor dejaba de atenazar mi boca y se marchaba. Inconscientemente, había apretado demasiado la mandíbula. De nuevo, suspiré.

A la media hora, llegó el carruaje de la familia Mariel, siendo este un poco más pequeño y menos ostentoso que el que nos había llevado a la fiesta, y Matilda vino a mi cuarto a avisarme. Mis pasos resonaron en el suelo de madera, haciendo resonar mis tacones, y me lance hacia la puerta. Matilda me paró, colocando una mano en mi pecho, evitando que saliese del marco de la puerta en mi estado de frenesí.- Señorita...por favor, recuerde...-Tras eso, mi ayudante retiró la mano y la entrelazo con la otra, para después ponerla delante de ella, subiéndolas y bajándolas al mismo ritmo que su pecho al expulsar y aspirar el aire- Aspire...Inspire...

Casi estuve a punto de gruñirle que se dejase de tonterías, pero me decanté por hacer los puñeteros ejercicios. Era casí una tradición. Cuando era pequeña y, concretamente, cuando murió mi madre, me tuve que enfrentar sola a un mundo lleno de adultos, quienes querían que me casase con alguno de sus hijos o varios de ellos o quienes querían quitarme de en medio para darle fuerza a su propia fracción. Era un mundo injusto. Un mundo al cual solamente sabía enfrentarme haciendo todo el daño posible. Eso había hecho que cada vez que me tenía que enfrentar al mundo usase la mejor herramienta para hacer daño al momento, la ira. Ante los primeros choques debido a ese método, Matilda y Thomas habían creado un método para que me relajase antes de cualquier acto o enfrentamiento social.

"Aspire, inspire" Matilda repitió el mantra, junto con los lentos y acompasados movimientos. Y yo, su jefa, me mordí la lengua y moví mi cuerpo para imitar sus movimientos.

"Imagine estar en los valles helados de Zhalmia" susurró la voz de Matilda, mientras cerraba los ojos, a lo que yo repetía. Pronto, mi imaginación, guiada por Matilda, recreó el escenario. Pronto corrientes de aire frío chocaron con violencia contra mi cuerpo, creando un remolino alrededor de mi cuerpo, enfríando la llama que se había prendido en mi cuerpo. A mi alrededor, solamente se podía ver la blancura de la nieve, inundando la tierra y el cielo, además de todo lo que había en medio.

"No hay nada más, excepto usted y mi voz" Continuo, relatando, Matilda, mientras yo notaba como la presión y tensión de mi cuerpo se esfumaban al momento. "No hay problemas, ni enfrentamientos, solamente usted y la nieve" Asentí, mientras que, respirando muy suavemente, imaginé como me derretía, cayendo en el blanco líquido, haciéndome uno con él, notando como el frío recorría mis huesos, como el toque de una parca.

"Aumentará el sueldo de su empleada nada más todo termine" Esa era la señal para que yo abriese los ojos, volviese a la realidad y afirmase, con rotundidad- Ya cobras demasiado, debería reducirte el sueldo...-dije, mirándole a los chispeantes ojos de mi asistenta, quien reía suavemente por lo bajo. Sin embargo, era evidente que me había relajado- Gracias...-Añadí, a lo que ella meramente asintió con la cabeza.

Finalmente, me encaminé al carruaje, observando con curiosidad este. No era como el de la fiesta, en el que se había podido apreciar la apariencia de una noble en el exterior, bañado en decoraciones y tonterías varias, con el único sentido de mostrar la ostentosidad del rango se había sustituido por un simple carruaje, en madera negra, casi funeraria. "Que propio..." pensé, ante esta muestra de humor negro. Creian que iban a llevar a un cadáver a su funeral. Me monté sin esbozar mis pensamientos, mirando directamente al cochero durante unos segundos, un simple sirviente, con cara apática y una sonrisa que no llegaba a cortés, pero que lo intentaba.

El viaje fue corto y ameno. La firma se daría en uno de los edificios más conocidos de la ciudad, la sala de los Thar, un lugar majestuoso y enorme, cuya principal función era la de sala de reuniones y la de zona ceremonial para las firmas comerciales. En otras palabras, era, como todo lo relacionado con un gobierno, un despacho glorificado. Sin embargo, el camino hacia allí estaba lleno de mercados, gente moviéndose y gritos sonoros, convocando a la gente a comprar u observar la magnifica mercancia. Por la ventanilla, el olor a vainilla, sal y telas se colaba sin verguenza, calmandome y haciendome esbozar una sonrisa...Algun día Rodelfia también sería asi.

Cuando llegamos, los tres escribanos que habíamos traido con nosotros de Zhalmia nos esperaban en la puerta, distrayéndose con otros personajes, que como ellos, estaban esperando a sus señores. Pronto, a nuestra parada, se acercaron y, junto con Thomas y Matilda, descargaron los documentos que habían resistido un més entero dentro de un barco. Cada uno cargo, entre sus brazos, cinco enormes portafolios, casi pareciendo que, en vez de documentos, cargaban cajas con algo pesado.

Si había que reconocerle algo, aunque fuese únicamente esto, era que sabían hacer algo impresionante y que te dejase con la sensación de no ser realmente importante. Los arcos que conformaban la entrada, mosntruosos y hermosos, eran, en la simpleza de su diseño, impresionantes, casi gritando que, cualquier delicado maestro puede crear hermosas decoraciones, pero pocos pueden, realmente, crear edificios tan macizos y elegantes. Era lo contrario a mi país, donde cada pequeño detalle de los lugares en los que la nobleza colocaba sus tacones estaba perfectamente decorado, recreando ángeles, plumas y demonios en el material duro que era el mármol. Aun asi, toda sensación de impresión, desapareció al entrar. No fue que la gente que había me relajase, ni la actividad, ni el calor humano que parecía fusionarse con la calidez del exterior, creando una sensación casi axfisiante. Fue el olor a tinta y el olor a papel. Mi cuerpo se relajo, visiblemente, al llegar, notando como esos suaves aromas me volvían a envolver. Recuerdos de mi niñez, de mi trabajo como ingeniera y de mi trabajo como noble me envolvieron, llenandome de calidez, haciendo que la presión que Rox y los mercaderes habían ejercido en mi psiche desapareciese por completo. Sin embargo, la presión volvió en el mismo momento en el que mi tacón rozo el frío marmol. Como si de una divinidad fuese, un camino entre la multitud se abrió ante mi, como si fuese el instinto mismo de la masa de gente el abrir camino ante la presencia de emisarios, devolviéndome a la horrible realidad. Tomé aire y segui caminando, con mi comitiva detrás.

De esta manera, con mi séquito y separada de la masa humana, llegué al inicio de las escaleras. Eran unas escaleras muy largas. Muy largas e inclinadas. Ciertamente, no hechas para gente con tacones...o, al contrario, específicamente hechas para gente que llevaba tacones, lo cual implicaba una clara misoginia entre las filas de los Thar o una falta de calculo horrible. Sin embargo, a este desafío se le sumo otro. Nada más acercarme a las escaleras, cual heraldo de metal, se alzó ante mi persona una criatura u hombre. Su cuerpo, musculoso y metálico, se interponía en mi camino, observandome con frialdad o una carencia de sentimientos que facilmente podía reemplazarla.

-Entreguen sus armas, por favor.-profirió suavemente, pero con firmeza el ser que se alzaba frente a las escaleras. Sus cristalina mirada se plantó en mi persona.

-No tenemos ningún arma...-replique con el mismo tono, sin achantarme ante ese frío recibimiento.- A no ser que los suyos consideren el papel como arma...por que eso diría mucho...-entrecerré la mirada, alzando mi mentón con una leve sonrisa, mientras le devolvía la mirada al ser. ¿Creían que me iba a achantar por una mirada sin sentimientos pronunciado por la marioneta mecánica de turno? Je...Habia mirado directamente a los ojos de muertos o a través de ellos, seres cuya mirada podía invocar en tu alma el sentimiento de que el final llegaría, llenos de hambre por la vida. Sin embargo, mi sonrisa se desvaneció y  mis mejillas cobraron un leve tono rosado en el momento que el ser paró la mirada a mi cadera. No por vergüenza puritana, si no por que la mirada del ser estaba clavada en mi reloj. Mi reloj dorado...o, en otras palabras,  mi arma oculta. ¿Pero como...? Una sonrisa maliciosa entre nobles y un abrazo en el que había pagado de más sacudieron mi cerebro. Mi garganta se secó al instante, sintiendo el amargo y ácido sabor de la bilis queriendo salir....¡Esa zorra!

-Entreguen sus armas, por favor.-repitió la criatura, elevando ahora su mano entre la misma y una servidora. Con un chasquido de lengua, volvía sonreír, cortésmente.

-Por supuesto...-Dije, moviendo mi cabeza y mi cabellera levemente, inclinándola hacia un lado, mientras mis dedos rozaban suavemente la cadena de oro. Y, pronto, mi reloj voló en el aire...

Como un enorme pulmón, la masa que había sido testigo del suceso absorbió el aire de la sala, casi resoplando y solamente dejando el ruido que la dorada cadena producía en el aire. Cuatro soldados, a los lados del que me había pedido el arma llevaron sus manos a sus espadas, mientras que el reloj parecía casi mantenerse en el aire. Sin demora, pasé al  lado del soldado, subiendo los tres primeros escalones, casi al mismo tiempo que la cadena daba contra su muñeca, enrollándose en torno a esta, dejando reposar el reloj sobre su palma metálica. Miré fijamente las espaldas del ser, desde los pocos centímetros de superioridad que me otorgaban los escalones.

-¿Satisfecho? -pregunto, mientras la criatura observaba el reloj, meramente asintiendo. Al poco, las criaturas se alejaron y mi comitiva continuó con la marcha, ahora por las puñeteras escaleras, golpeando mis tacones sin compasión contra el mármol, desquitándome un poco contra el duro material.

>Tac-Tac>

Primero, me habían atrapado, usando una psíquica, para destapar mis secretos.

>Tac-Tac<

Segundo, me habían abochornado pidiéndome mis armas, descubriendo mi arma oculta y pidiéndome que la entregue ante la multitud.

>Tac-Tac<

Y, tercero y probablemente no final, me estaban haciendo ascender unas escaleras con tacones.

>Tac-Tac<

Soy Casandra Von Schuyler, segunda princesa al trono de Zhalmia, no una vulgar burócrata fácilmente intimidable. ¿Queréis usar psíquicas y magia? Pues preparaos para que os enseñe como se defiende uno sin necesidad de usar magia. ¿Quieres quitarme mis armas? El hecho de que me quitéis un filo de hierro no implica que no acabéis sangrando...tengo más y peores armas. ¿Queréis verme subir unas escaleras con tacones? Je...soy una aristócrata...¿cuanto tiempo creéis que puedo aguantar en unos tacones? ¿Cuantas fiestas que han durado horas he atendido?

>Tac-Tac<

Mi figura se notaba ligera, ascendiendo a toda velocidad, pero aun así notaba como mis músculos se tensaban, como ardían con cada gesto y movimiento, con cada aumento de velocidad. Mi sonrisa había perdido la cordialidad y el control, tornándose casi una retorcida expresión de euforia e ira, una extraña mezcla, casi bestial. Por que, con todo esos indicios, lo sabía...casi podía olerlo. Alguien estaba buscando pelea y estaban pinchándome con un palo. Pues vamos...juguemos...

>Tac-Tac<

-Señora Casandra... -escuché detrás de mi, entre jadeos, pero no me importaba. ¿Donde estaba? ¿Quien era? Casi me tentaba buscarlo por el olor, como las bestias de la estepa, y, sinceramente, podía saborear la sangre en mis dientes, un efluvio de mi ira y mis ganas de enfrentamiento, aunque no podía descartar que también fuese debido a ascender tres tramos de los dioses saben cuantas escaleras en menos de cinco minutos. Mis ojos pronto se clavaron en la puerta que había al final de las escaleras y mis tacones rechinaron, aumentando la velocidad para alcanzarlo. Estaba ahí...Alce mi mano, mientras marchaba a toda velocidad y potencia hacia ella, mientras los guardias a los laterales de la misma me observaban, dudando entre dejarme pasar, por mi falta de armas, o detenerme en caso de que me lanzase al cuello de alguien.- ¡Señora Casandra!

Solo unos pasos más...Solo un momento antes de luchar...

De repente, una mano me agarró del hombro, desestabilizandome y haciendo que me quedase completamente quieta. Mi garganta se notaba arder y mi lengua captaba sin duda el sabor a sangre, probablemente de la tensión a la que mi sonrisa sometía a mis encias. Mi cuerpo se giró al segundo de pararse, para acabar de manera definitiva con aquel o aquella que me habia detenido, y junto a mi cuerpo mi mano estuvo de lanzarse al cuello del culpable.

Mi mano se quedo a pocos centímetros de cerrarse alrededor del delicado cuello de Matilda. Mis ojos se quedarón clavados en su rostro, quien me miraba con preocupación, sin rasgo de miedo. Finalmente, el fuego que había sentido devorarme se retiró a lo más profundo de mi alma. Necesitaba calmarme...No podía aparecer asi...

-Señorita...recuerde...-dice, mientras agarra mi mano, aun estática en su cuello y la coloca en su mejilla. Thomas aparece a mi lado, agarrándome la otra mano. Hasta ese momento...no había notado como de fría estaban mis manos...Suspire, mientras, finalmente, notaba como mi cuerpo había sufrido por ese ataque. Mi respiración estaba agitada, mis piernas adoloridas y mis tendones en tensión...Cerré los ojos y me deje llevar por las palabras de mi asistenta- Recuerde el frío de Zhalmia, la tormenta que todo se lo lleva...recuerda ese mar blanco...-Tras eso, mi respiración se calmó y pude respirar de nuevo. Finalmente, asentí y apreté mis manos sobre las suyas.

-Gracias...-dije, mientras me giraba, encarando la puerta en una expresión neutra, abriéndolas de una puñetera vez.

Al abrirla, una corriente de luz nos golpeó con profunda fuerza, cegando a todos menos a mi. Mi mirada se centró en las tres sombras, notando como la luz creaba puntos rojos en mis córneas, pero demasiado centrada como para cerrar los ojos. Ahi estaban...mis enemigos. De nuevo, la sensaciónd eira, odio y hambre se empezó a remover en mi interior, rozando y moviéndose bajo mi piel. Sin embargo, solamente sonreí.

-Perdonen la tardanza...-dije en tono dulce, mientras mis compañeros se adentraba en la habitación, seguidos por mi, debido a la jerarquía, estirando levemente las comisuras de mis labios en una dulce y educada sonrisa. Cuando llegué al centró de la habitación, coloque la mano izquierda sobre mi pecho e hice una cordial reverencia, estirando la mano derecha, con la palma hacia abajo, hacia atrás. Mi rostro encaró el suelo durante unos segundos, pero después lo eleve, observando ahora con mas detenimiento a los hombres.- Mi nombre es Casandra Von Schuyler, enviada por la ciudad de Rodelfia para la firma de un tratado comercial....Es un placer hacerme conocida de sus señorías.-dije, estirando aun más la sonrisa, para después inclinar levemente el rostro.

Los hombres presenten me habían demostrado con cada acción que iban a jugar duro,que no iban a irse con estupideces ni aires por que yo fuese mujer o cualquier otro motivo ridículo. Pues muy bien, si ellos sacaban la artillería, yo también...

Juguemos, señores de consejo de los Thalak.

Juguemos
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Casandra Von Schuyler

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Re: Tormentas de Papel [Priv. Cassandra y Luxon]

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