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Desafortunado infortunio.

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Desafortunado infortunio.

Mensaje por Nerina el Lun Ene 16, 2017 8:53 pm

Era la quinta o cuarta vez que sus pies se habían tropezado con unos ajenos, teniendo que disculparse a alguna raza ajena a la suya por haber metido la pata donde no debía. Se había encontrado ya con dos enanos y creía que tres humanos, los cuales la miraban con una mirada que emanaba desaprobación. Era la primera vez que se encontraba tan lejos de casa, pero le vendría bien tomarse un descanso y pretender que eran unas vacaciones. Además, había llegado bastante rápido, gente se había dispuesto a llevarla en sus carruajes por una suma de dinero bastante pequeña, por lo que todo iba, relativamente, bien.
- ¡D-discúlpeme! - soltó por sexta vez la elfa.

Las concurridas y ruidosas calles le dejaron escuchar unas súplicas que venían de unos niños desesperados, rezando por una ayuda que les concediera un alma caritativa. Nerina no pudo evitar ir hacia ellos, aunque sus pasos dudaron durante un solo segundo. Quizá estaba metiendo las narices en un lugar peligroso.

- ¿Qué os sucede, jóvenes? - preguntó agachándose hacia la única mujercilla que había en el grupo. Pensó en preguntar por sus padres, pero viendo que estaban sucios y sin ningún adulto cerca, posiblemente eran huérfanos. Era mejor no tocar temas insensibles.

El rostro lleno de llantos y tristeza de la niña ablandó enormemente su corazón, no hizo falta que le dijese nada más sobre lo sucedido, ella ya estaba aceptando. No aguantó nada ante el engaño, mas notó que, detrás de ella, las risas pícaras de los niños que la acompañaban eran fruto de sus robos. Pensó en ambos casos, podían ser realmente ladrones o... por otro lado, necesitaban eso como sustento. Trató de no darle atención al asunto. ¿Qué iba a cambiar ella? Una riña seguramente no iba a ser suficiente, y tampoco tenía la capacidad de parece autoritaria ante ellos, medían casi lo mismo. No podría hacer que su voz se escuchase lo suficientemente dictatorial para que esos niños no siguieran haciendo esas travesuras. Pero si era su verdadero sustento, no sería lo más adecuado. De algo tenían que vivir estos niños, y le apenaría que no tuvieran con qué comer esta noche.

Mientras los tacones de la botas de Nerina se escuchaban en las paredes del camino a los calabozos, imaginó la forma en la que podría socorrer al grupito que aún seguía elogiándola por su gran caridad hacia ellos. No podía ignorar su ligero ruborizado al oír tantas buenas palabras, cuando aún no había cometido el acto en sí, y eso la llenaba, de alguna manera, de júbilo. Estaba algo preocupada por tener que cargar con la responsabilidad de esos niños, se había hecho un deber que no le correspondía, pero que sentía que si podía, tener que hacer algo para que estos se sintieran en mejores condiciones. Quizá podría enseñarles una forma de sustento, colocarlos en una casa donde los atenderían. Seguro que era mejor que las precarias condiciones de la calle, mohosas y llenas de suciedad y bacterias. Su casa estaba siempre impoluta por lo mal que lo había pasado en su época. Ella sabía lo incómodo que era vivir en un entorno lleno de miseria.

El calabazo era un lugar lúgubre como algunas de las cuevas donde Nerida se había escondido años atrás, unas paredes que solo recogían humedad, suciedad y malos olores. ¿Cómo podían trabajar en semejante agujero? Como si fuera algo natural, Nerida entró sin pensarlo dos veces. No esperaba que fuera tampoco la última vez en la que se adentraba en un agujero oscuro como ese. Eso sí, no se quitaba de la cabeza que quizá estaba metiéndose donde no debía inmiscuirse. Pero la niña seguía regalándole esa sonrisa que tanto la cautivó. No se soltaron de la mano todo el recorrido, teniendo el tiempo de sentir algunas de las cicatrices que tenía la jovencita en las manos. Como ella.

El pago del preso se hizo con rapidez, no tuvieron que esperar mucho tiempo desde que soltó el dinero de su mochila a manos de los guardias, la cual la miraron de arriba a abajo al notar que su vestimentas y sus maneras no guardaban relación a los jóvenes que la acompañaban. Su ropa seguía en perfecto estado, salvo algunos bordes de su capa, que se habían visto dañadas por el polvo y la tierra en su largo camino a Shading desde su casa.

La sorpresa se dio cuando el presunto padre era un humano más joven que ella. ¿Se habría equivocado?

- Perdona, jovencita, pero... ¿ese es su pa-... ? - no terminó de articular su frase que ya el humano se presentaba ante ellos con una gran sonrisa de satisfacción. Algo no estaba bien aquí.

Saltando las características lógicas de la diferencia que había entre el humano y Nerida, esta volvió a dudar en si debía decir algo más aparte de responder a su agradecimiento. Lo contempló de arriba a abajo para notar nuevamente que no concuerda su edad con lo que los niños le habían dicho. Miró un momento hacia la niña que la había estado guiando hacia la retención del muchacho, la cual parecía que había entendido automáticamente las cuestiones que Nerina tenía en mente. Esta apartó el rostro y la elfa devolvió la sonrisa al moreno, con cierto nerviosismo que le quitaba sinceridad, cosa que el resto ignoró.

- No es algo que haya hecho a sabiendas de su situación, joven. Estos niños se veían muy afectados por su próxima pérdida, y no pude evitar pensar que usted sería alguien de suma importancia para ellos - no quiso sonar como si le quitase importancia al chico, por lo que cerró ligeramente los ojos y endulzó su rostro lo máximo posible, esta vez con más sinceridad que la anterior vez. Esto no quitaba que seguía teniendo preguntas para estos chicos. Rechazó, sin embargo, lo ofrecido por este. No tenía necesidad de pasar mucho tiempo alrededor de ellos, tenía sus propios planes, y no quería ser una molestia para gente tan modesta como ellos.

El jovenzuelo se giró y asintió, enseñando los dientes ante su gran alegría, su libertad recuperada. Este parecía estar eufórico por encontrarse de nuevo con su pandillita, la cual se llevó consigo mientras guiaba a Nerina por los recovecos de la ciudad hasta llegar a una pequeña casa, bastante derruida y sin ningún signo de que sea capaz de durar más de dos años en pie.

- ¿Seguro que no quieres que te ofrezcamos nada..., eh...? - el joven volvió a dirigirse a ella, tratando de buscar su nombre al mismo tiempo.

- Nerina, y no, gracias, es usted muy amable por preocuparse, pero ya tengo un lugar donde pasar la noche. ¿Usted es...?- quizá lo mínimo que podía hacer era tratar de conocer los problemas por los que pasaban aquellos niños, podría ayudarlos de algún modo, aunque quizá debía tener más cuidado con ellos de manera que no saliera la elfa herida. Nunca se sabe qué es lo que estos le van a dar de vuelta por su ayuda. Un pago o un nuevo delito contra ella.

El menor dejó pasar primero a los niños en el interior de la casa, y cuando la invitó de nuevo a entrar esta negó con ambas manos y su cabeza. Pensaba que ya había su buena acción del día. No había derrochado mucho dinero, le quedaba una buena cantidad ahorrada, así que tampoco iba a ser algo que le iba a arruinar las vacaciones. Se encontraba lista para partir a continuar con sus vacaciones y su merecido relax. No tenía por qué estar al tanto de la felicidad de otros cuando por fin podía centrarse en la suya después de tanto trabajo, quizá ser un poco egoísta tampoco estaba tan mal.

Se encontraban en un callejón de mala muerte en el que solo se podía oír el susurro de las pisadas de los caballos y los otros seres en una de las calles más cercanas, que quizá estaban a unos 200 metros y gracias al eco del silencio que primaba en aquel sitio, se podía oír. El moreno no parecía haber estado satisfecho con su primer rechazo, por lo que trató de señalar la puerta con un pequeño movimiento de cabeza para insistir.

- Vamos, señorita, al menos deje que los niños puedan despedirse de usted. Serán dos minutos - su voz se tornaba algo más sombría que antes, no tan jovial y llena de vida, lo cual causó un inmediato escalofrío en la espalda de la peliazul -. Sería lo mínimo,  espadachina, irse sin más quizá les rompa el corazón.

La forma en la que llamó a Nerina le llamó rápidamente la atención, llevándose la mano a su cintura para verificar que su arma seguía en su lugar. Efectivamente, continuaba en su puesto, pero lo que no notó fue su bolsa, la cual colgaba de la mano escondida del humano. Despertó como si de un resorte se tratase, y se quitó la capucha por completo para ver con claridad al ladrón. No había notado que le habían robado, seguramente cuando posó sus manos en el hombro de Nerina al salir del calabozo tomó la oportunidad de aprovecharse de su despiste y confusión por lo ocurrido dentro.

- P... ¿por qué ha hecho eso? Devuélvamela, por favor. No le he hecho nada, le he ayudado para salir de allí - la petición de la elfa era diplomática, sin querer peleas, sin querer pleitos que tuvieran que ver los niños. Era demasiado temprano para que tuviera que provocar esto. Juntó sus dos manos para hacerle ver que quería devuelta su bolsa sin ningún tipo de enfrentamiento.

Él no parecía tener la misma idea. Se había fijado en la calidad textil que llevaba la elfa, en que su arma, aunque no muy decorada con perlas ni accesorios que aumentaran su precio, sí vio en ella una oportunidad en la venta de seres. Seguro que alguien quería poseer a una pequeña elfa para sus deseos más oscuros. Era bella, se veía muy joven, y además, los elfos eran longevos, lo que daría más utilidad a sus compradores. Este sacó su propia arma, quería enfrentarla u obligarla a que se metiera junto a los niños en aquella pútrida vivienda. No podía aceptar que estos niños corriesen también el mismo destino. ¿Estarían ellos, bajo alguna influencia, siendo extorsionados por aquel indeseable?

- No, no, no. Tú vas a entrar conmigo aquí - señaló con su daga la entrada -, y te vas a ocupar de los niños como yo te diga. Y quizá serás alquilada, te ves enclenque, seguro que podrás servir de algo para gente con dinero. Los elfos os vendéis bien en este tipo de mercados, y creo que vas entendiendo que si me has sacado de aquel agujero es que tengo alguna experiencia con esto de lo que te hablo.

- ¿Qué le hace pensar que estoy dispuesta a seguir lo que me dice? - trató de dar dos pasos hacia atrás para dar distancias, pero él volvió a acercarse.

- No estás en condiciones de elegir algo en este momento. Y no creo que tampoco quieras ver a los niños sufrir delante de ti. Me vales más que ellos, ganaré mucho dinero contigo si te tengo como una puta de los de arriba - balanceó un poco su bolsa para llamar su atención sobre ella -, y no creo que fueras capaz siquiera de venir a por esto. Además, si haces un movimiento que no me gusta, llamaré a uno de los niños de dentro y los usaré como rehenes.

Estaba usando lo necesario en contra de ella, sabía que ella iba a reaccionar de esa manera si utilizaba a los niños como carnada hacia ella. ¿Qué podía hacer entonces? No quería eso, no quería sacar su arma contra una persona. Y los menores se encontraban cerca. No era el sitio para empezar algo como esto, pero él se veía con todas las intenciones de salir ganando en esta discusión. Prostituirla era algo que jamás pensaría que le sucedería. Estaba en una situación horriblemente mala. Con sus manos ahora dentro de su capa, ocultando todo su cuerpo con sus tejidos, trató de pensar en si algo podría salvarla de aquel desafortunado suceso. ¿Tendría que usar su estoque para neutralizarlo? De otra manera, podría usar su magia. De una forma u otra, no tuvo mucho tiempo para pensar, a cada paso que ella se alejaba de él, el humano volvía a aproximarse de manera amenazante, con el arma en una mano y la bolsa en la otra. Parecía que se estaba encendiendo la llama de su impaciencia, lo que provocó que, con un grito, se abalanzara contra la elfa y esta respondiera con un gran "¡no!", moviendo sus manos inconscientemente hacia delante, provocando que su poder se desatase en un golpe de aire que lo empujó contra una de las paredes cercanas a la pútrida vivienda. El golpe que este recibió hizo que se quedase atontado, lo sucedido también lo dejó sumamente confuso y sin saber cómo reaccionar. Se quedó tirado en el suelo, sin poder apenas mover sus ojos debido al golpe que este recibió en la cabeza, y Nerina, ante la confusión y a no darse cuenta de que lo que usó fue parte de sus poderes, trató de entender qué había pasado. Había tenido los ojos cerrados, por lo que no entendió con totalidad lo ocurrido.

El golpe y el grito se había escuchado desde todo el callejón, así que fue de esperar que los niños saliesen a ver qué era lo que estaba pasando. Ante la duda de si el joven seguía consiente o no, Nerina entró en pánico y no supo qué decir. Ninguno podría haber dicho que ella le había noqueado, que lo había dejado en el estado en el que se encontraba. El pánico volvió a ella, ya no sabía dónde colocarse, no sabía qué palabras tenía que articular, y el rostro confundido de los niños no la ayudaban en ese momento. Pensó rápido.

Lo más sencillo fue tomar las cosas y huir, tal como había hecho. Se encontraba muy asustada por el hecho de que habían pensado ponerla en venta para finales lujuriosos en algún barrio de mala muerte. Había recuperado su bolsa y verificó que todo estaba en el interior. No faltaba nada. Se adentró en una taberna, donde buscó cobijo y una mesa donde comer algo. Estaba exhausta de tanto correr y del día que había tenido. El susto le había abierto el apetito. El lugar estaba repleto de gente que miraba carteles situados en las paredes de la misma instancia. Sin embargo, el característico olor a cerveza y a sudor no se perdía en ninguna parte. El lugar era enorme, podía entenderse, y la comida estuvo más deliciosa de lo que se había imaginado que podría ser. Fue entonces cuando algo llamó su atención. En una pequeña sección de entre todo el papeleo colgado en las paredes, se encontraba una zona en la que se buscaba a ciertos delincuentes que rondaban la ciudad: uno en específico lo reconoció: "Mat Hedmon; se busca por robo y homicidio".

Se le calló la cuchara con la que se estaba comiendo la sopa. Había dejado suelto a un asesino.


Narrativa / Diálogo  / Pensamiento.
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Re: Desafortunado infortunio.

Mensaje por Talian el Lun Ene 16, 2017 11:17 pm

Una Hijra completada correctamente. En la brevedad posible recibirá usted su respectivo color, espero disfrutase escribiéndola tanto como yo leyendo.
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