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La Esfinge de los Hielos

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Re: La Esfinge de los Hielos

Mensaje por Rorik Endrin el Jue Ago 23, 2018 6:02 am

__-¡Saludos, enano!-la de un voz anciano se alzo por encima de los fuertes soplidos del viento en aquella tormenta helada-¿Eras parte del grupo de allá atrás? ¿Qué le sucedió al Nieveroja?

__Rorik miro a su espalda para descubrir como desde la densa nevada surgían cinco figuras a caballo.

__-Saludos viajeros.-les recibió a su vez el enano-No, me temo que me los encontré tal y como los habeis encontrado vosotros. Y respecto a la bestia, me dirigía hacia el pueblo cercano para preguntar al respecto.

__-El pueblo más cercano queda justo a nuestras espaldas-comentó el anciano apuntando con el pulgar por encima de su hombro-. Y allí no encontrarás mucha más información que la que os daré yo ahora: Hace años que no se ha visto un Nieveroja por esta montaña-Se apoyó en su hacha y se puso a cavilar en voz alta—. Habré tenido unas trece primaveras cuando el Yarl Heisser mató al último de ellos que asolaba nuestros caminos.

__-¿Quién lo diría? Hubiera jurado que seguía al Este de Berk. Parece que me perdí en la tormenta.-exclamó el enano bastante consternado, mirando con interes la dirección que le indicaba el enano y tratando de traer a su mente el mapa de la zona. Luego se dirigió hacia el anciano de nuevo-Sois de la zona, imagino. Os agradecería si a vuestro regreso informarais al yarl de que me dispongo a cazar a la bestia.

__-No vamos a regresar pronto-le explicó-Nos dirigimos a la cima de la montaña. Aunque, de momento nos vamos a desviar, ya que también íbamos a dar caza al Nieveroja. No es del tipo de bestias que se les puede pasar por alto. En otra oportunidad hubiera enviado un emisario para informar a la aldea, pero prefiero hacerlo por las mías. Así le daré algo de ejercicio a mis huesos.-Guardó su hacha y flexionó el brazo y los hombros para no entumirse. Estaba claro que no estaba en condiciones de tal empresa, pero no quería explicar al enano que por mucho que avisara a la aldea, nadie iría a cazar al Nieveroja, pues, no quedaba ya nadie en la aldea con esas aptitudes-. Mi nombre es Logd,  es un gusto. Si lo deseas, puedes caminar con nosotros. Me parece que entre más seamos, mejor.

__-¿A la cima de la montaña? ¿Con esta tormenta?-se extraño el enano.

__-Mal asunto, ¿no te parece?-el hombre se encogió de hombros y se acercó al enano manteniendo la precaución-Para seros honestos, allá arriba hay algo peor que un Nieveroja. Esta variopinta compañía que ves aquí ha sido escogida para lidiar con ello.

__-¿Algo peor? ¿Acaso se dirigen a la caza de un dragón?

__-No sé si desees saberlo realmente.-contestó el viejo, colocando sus brazos en jarra mientras sopesaba la respuesta.-Es un tema un tanto delicado. Sólo te puedo decir que es magia, y de la problemática.

__-¿Acaso la existe alguna que no cause problemas?-se mofó el enano.

__-Eso mismo solía decir mi esposa.-rió de vuelta el anciano de mala gana.

__Rorik aprovecho la broma controversial para sopesar al resto de aquel grupo. Todos ellos parecian dirigirse miradas con suspicacia, al menos a los que no ocultaban su rostro bajo exageradas capucha. Al parecer, encontrarse a un enano solitaria en medio de aquella tormenta era para ellos igual o aún más sospechoso que la escena del ataque que acababan de pasar. No se les podía culpar.

__-Como sea-continuó el Rorik-, si tienen una misión tan importante no se puede permitir que se lastimen luchando contra bestias menores. Aceptaré vuestra oferta y les acompañare un trecho hacia la cima ya que también hacía allí se dirige el rastro. Pero como he dicho, la bestia peluda es mía, no me gusta dejar una caza a medias una vez la he empezado, y lucho mejor solo.

__-Me parece bien-concedió el portavoz del grupo-Si te presentas con la cabeza del Nieveroja en Berk serás bien recompensado. Además, la propia piel ya es una recompensa en sí.

__-Rorik Endrin, a vuestro servicio-se presentó final mente el cazador, quitándose el yelmo e inclinándose hasta que la cabeza casi rozara la nieve, dada su estatura..

__-Bien-Aventurado, Rorrik Endrrin. Mi nombre es Duneyrr. Y este es Cuervo.-gruño la estrambotica voz de un orco desde la silueta de mayor envergadura.
__-Petizo, petizo, petizo-gorjeó el pájaro desde el hombro de éste.

__-¿No conocías a ninguno de esos desafortunados de atrás?-inquirió una voz más penetrante desde una silueta encapuchada.

__-Ese es Strindgaard-le introdujo el anciano. Luego señalo a la jineta que iba a su lado-, y esa de ahí es Hemmi.-la mujer estaba de brazos cruzados mirando con cara de pocos amigos al enano.

__-No-contestó Rorik-. Por suerte o por desgracia, no conocía a ninguno.

__-Bien. No me hubiera gustado tener malos entendidos-Strindgaard se abrió la capa y dejó ver una espada enana con su funda y cinturón incluidos.-Tú hubierais hecho lo mismo. A fin de cuentas, a su antiguo dueño no le vendrá en falta.- se excuso. El kazukan decidió ahorrarse los comentarios al respecto en pos de la convivencia.

__-Finalmente, aquella dama pálida de acá es Katarina.-El vikhar abarcó al grupo señalando con su palma-. Rorik Endrin nos acompañará parte del camino de subida-dijo en voz alta al grupo-. Se encuentra en búsqueda del Nieveroja para darle muerte, algo que le agradezco profundamente. Le apoyaremos en el viaje en lo que podamos. Es lo mínimo que le debemos.


Fin del comunicado
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Re: La Esfinge de los Hielos

Mensaje por Strindgaard el Dom Oct 07, 2018 2:56 am


Logd parecía satisfecho con haber añadido al recién llegado a su empresa, sin duda tener a alguien que conociera tanto de metales y de armas como él de pronto hacía que el viaje fuera poco menos pesado para sus viejos huesos. De las pocas cosas que conocía además de saber cocinar carne al espetón y hacer un estofado medianamente decente, era de armas. Su padre, el único herrero que había en la aldea, había muerto hace bastante tiempo, y de pronto ya no había nadie con quien conversar sobre el batir del hierro, los tiempos de templanza y de cómo identificar cuánto calor debía recibir el acero según su color.
Luego de haber perdido tiempo revisando el carro enano destrozado y las pistas del paradero del Nieveroja, el grupo se había retrasado un par de horas y el viejo forzó el avance del grupo para alcanzar a llegar a una de las cuevas que servían de refugio para los vikhars en sus viajes a la cima de la montaña. Era de esperarse que con una buena marcha recuperasen el tiempo perdido, pero el mal tiempo y la nieve que ya les cubría los pies dificultaban su avanzar. La tormenta no amainaba, y a medida que subían parecía empeorar aún más. ¿Había sido un idiota al hacer de guía para el último grupo de mercenarios? Por supuesto. Miró a la yegua que tiraba del carro con las provisiones y tiendas y pensó que de seguro ella lo estaba soportando mejor que él.

Con la tarde ya echada encima, el viejo se resignó y decidió que acamparían en el primer sitio que pareciera remotamente adecuado. Mientras avanzaba sus rodillas se quejaban, así que se acercó al recién llegado enano para acompasar sus cortos pasos con los de él, y así dar algo de descanso a sus extremidades.
Y, dime, ¿Qué te ha llevado a deambular por estas cumbres? —Preguntó con la esperanza de conocer un poco más al cazador.
Simplemente estaba de paso.
¿Ibas a vuestro hogar, o de viaje a algún sitio?
Me dirigía hacia los llanos. Sé que el camino no es el usual, pero justamente en los caminos usuales es dónde menos trabajo encuentra uno.
El viejo asintió, dando razón a sus palabras.
Te entiendo perfectamente. Es inusual también encontrar enanos errantes, sobre todo los que se dedican a cazarrecompensas. Quizá habré visto un puñado en toda mi vida, y la mayoría se dedicaba al comercio. ¿Tú de casualidad no sabrás forjar? —preguntó con la esperanza de poder dar comienzo a la charla sobre hierros y armas que tanto deseaba—. En mi aldea les vendría bien tener espadas y cuchillos de buena factura. No hay un herrero de profesión desde que murió mi padre hace algunos años.
¿Como soy kazukan tengo que saber forjar? —respondió el enano dejando entrever cierta molestia en su pregunta.
El viejo, alzando sus arrugadas manos en señal de defensa no pudo evitar soltar una sonrisa torcida entre disculpa y obviedad.
Da la casualidad de que sí, sé forjar, mi familia se dedica al negocio. —Una sonrisa se dejó entrever en su poblada barba, pero su tono de voz no varió.
Pensé que estaba metiendo la pata en la trampa del oso. Me parece que todo el mundo da por sentado que los enanos forjan —Se encogió de hombros y continuó—. A veces nadie se detiene a pensar que existen enanos pescadores, o mineros, o vaya, yo qué sé. En fin, lo que quiero decir es que, si gustas, luego de cazar al Nieveroja podrías ofrecer tus servicios en mi aldea. Estarían encantados con ello.
Me temó que debo retrasar la oferta. Dejé el negoció hace tiempo, llevo décadas sin pisar la forja y cualquier trabajo que hiciera deshonraría el nombre de los Endrin.
»Además, no tengo por costumbre detenerme de más en un mismo sitio.
Me parece bien. —El viejo suspiró y miró la nieve caer frente a su rostro—. Me hubiera gustado tener algo bien forjado entre manos, pero qué se le va hacer.
No dijo nada más, al parecer la charla sobre metales, hachas y espadas nunca iba a ocurrir. Soltando otro suspiro continuó con su marcha, agradeciendo en silencio las piernas cortas del enano que hacían su marcha menos dolorosa.
Entonces, Rorik Endrin, pasando a otro tema, ¿hasta qué edad viven los enanos? ¿Qué edad tienes? —El brujo había aparecido sorpresivamente al costado de Logd sin que éste lo hubiera notado—. He leído una que otra cosa sobre vuestra raza, más que nada información sobre vuestra maestría para con los metales. —Sin dejar de hablar, de entre sus ropas sacó el arma que le había birlado a los muertos del carro—. No espero que me cuentes ningún secreto, pero me parece que el acero enano ha de tener más ingredientes que, además de una clase de hierro especialmente “cosechado” por ustedes y carbono, puede ser que níquel, no estoy seguro. Pero me parece que el hecho de que sea tan buen metal ha de estar en la forja. Quizá en la temperatura en que manejan el metal, o puede ser el temple. Hay tantas variables, realmente me gustaría estar metido en una fragua y conocer el proceso.
Para cuando terminó de hablar, el brujo notó que ni siquiera le había dado un momento para responder al enano.
En fin, ehmm. Lamento que te hayas alejado de ese camino, Rorik, cualquiera pensaría que aún tienes temas pendientes con ello. —Sin decir más, le entregó el arma que sostenía en sus manos a Lodg—. Te la regalo, es muy pesada para mi gusto.

Al otro costado de la marcha, Hemmi no parecía muy contenta con la llegada del enano. Le molestaba tener que reducir la marcha por culpa del piernascortas, aunque también se podría decir que estaba molesta por tener que lidiar con el olor del orco y el retintín de la conversación del brujo. Además, el frío le estaba jugando una mala pasada. Tenía helados los pies, y eso que se había puesto un par de largas botas de cuero en vez de andar descalza como lo había hecho desde siempre. Estúpida ropa, si no te puede mantener caliente, ¿de qué sirve?
Se encontraba meditando sobre lo odioso que podía llegar a ser ese brujo parlanchín cuando cayó en cuenta de la elfa. Aquella pálida estaba muy a gusto entre el frío, o eso parecía decirle su rostro inexpresivo. Se acercó a ella, más que nada porque eran las únicas dos mujeres en el grupo, y siempre pensó que las mujeres se deben apoyar entre ellas. Cuando llegó a su lado notó lo mucho que le recordaba esa mujer a los nigromantes de Taimoshi Ki Nao, y algo de ella comenzó a bullir.
Miss Hemorragia. Me parece que todos los demás aquí se tomaron a la ligera que una necromante con tan extraños dotes, pero yo no puedo dejar pasar la oportunidad para decirte que te voy a transformar en la viva imagen de tu escuela si osas siquiera usar tu esencia sobre . —Dicho esto se llevó la mano a la empuñadura de su katana—. ¿Entiendes lo que digo?
Aquello no había salido tan bien como lo había planeado en un principio, pero alguien tenía que hacerle saber a esa levantamuertos quien era ella.


Luna Llena
IV




Al haber perdido tiempo en detenerse para revisar la escena de caza del Nieveroja, el grupo no alcanzó a llegar al primero de los refugios que ofrecía la montaña para los viajeros que subían a su cima, por lo que debieron improvisar un campamento en medio de una arboleda de frondosos pinos a pocos metros del camino. La noche cayó sobre ellos antes de que tuvieran listas las tiendas, las nubes grises no se detuvieron ni un instante, y los pinos cargados de nieve sirvieron para al menos evitar que la tormenta los golpeara con su viento y los cubriera con su nevada.
Luego de haber levantado el campamento, levantar la nieve en un improvisado parapeto, y hecho un hoyo entre la nieve dura para encender un fuego, el grupo se dedicó a comer. Con una rapidez inusitada el viejo logró componer un estofado de carne de ciervo, patadas y calabaza dulce, mezclada con semillas para darle espesor. Algo de grasa y sal fueron el ingrediente secreto.
En el silencio de la cena, ante la luz de la hoguera apareció una alta figura de aspecto peludo.
Oh, qué alivio ver un fuego por aquí —Con una voz gutural, el animal se fue encogiendo a medida que se acercaba al grupo, en un claro plan de parecer menos amenazante—. ¿No tendrán algo de comida para compartir?
Cuando la luz de la hoguera lo iluminó por completo, el grupo pudo darse cuenta que se trataba de un hombre lobo, una bestia desnuda surcada de cicatrices, tuerto de un ojo y con una oreja rota.
Su aspecto era el de una bestia temible, pero su comportamiento era sumiso.
No he comido nada decente en días. Ni siquiera una ardilla. Por favor, tened piedad —dijo casi en un gemido.

El viejo se puso de pie de un salto. La ninfa se levantó lentamente del tronco y llevó su mano al cinto de su espada. Duneyrr simplemente se giró un poco para poder verlo claramente, pues se encontraba de espaldas al recién llegado. Strindgaard, quien se encontraba más alejado del lobo se mantuvo sentado. Rorik y Katarina, se encontraban a la derecha del lobo. El grupo, que formaba un círculo alrededor del fuego de pronto quedó expectante.
Luego de oír a la bestia, Logd se quedó en silencio, pues no estaba seguro de qué iba todo ello, y tratando de pensar si había una jauría alrededor de ellos o solo se trata de un lobo solitario, se quedó de pie mirando de frente al extraño con las manos a los costados. Hemmi, quien se había levantado lentamente para escuchar algún arco tensarse o pisadas cercanas no alejó su mano derecha de su katana, y Duneyrr, quien no era alguien violento por naturaleza sino por vocación, parecía despreocupado del todo por lo que estaba sucediendo, pues aquel peludo no parecía una amenaza en lo absoluto para el verde. Strindgaard, quien en ningún momento se puso de pie, preparó un hechizo en su mente y se mantuvo tenso mientras analizaba qué tan en peligro parecían encontrarse todos. La única que parecía llevarlo igual de tranquilo que el orco era Katarina, quien tampoco parecía afectada por el recién llegado.

Rorik, quien se puso de pie cuando el lobo entró en el campo de visión del grupo avanzó hacia el lobo un par de pasos, como si quisiera hacer de portavoz del grupo, lanzó una mirada a la ninfa al notar sus intenciones, y luego miró al viejo esperando, quizá, saber su opinión al respecto.
Logd se tardó en responder, pues no estaba muy seguro de lo que estaba por ocurrir. Rompió el tenso silencio al preguntar:
¿Te encuentras solo? ¿Qué te sucedió?
El lobo, con la cabeza gacha al notar el revuelo que causó su aparición se apegó aún más al suelo.
Me encontraba atravesando la montaña, soy un emisario de un grupo de cambiaformas que vivimos al este de esta zona en forma pacífica. Me encontré con esta horrible tormenta y me perdí por varios días. Desesperado y ya sin alimento me encontré con el camino que está aquí cerca y decidí averiguar hasta donde llegaba. Como pueden ver, me he deshecho de mi ropa y demás pertenencias ya que hay un animal más grande por la zona y mi olor le podía llamar la atención. Ha sido un milagro que en medio de la noche haya podido ver a la distancia su fuego.
El Nieveroja, ¿sabes si está cerca?. —Preguntó el demonio.
Así que están al tanto del Nieveroja. No, lo que más quisiera es saber a qué distancia me encuentro de esa cosa, pero con esta tormenta es imposible oler algo. Al menos para mí.
Te puedo dar algo de carne y grasa que guardaba para el camino, pero no es más que una ración. No puedo disponer de nada más. —Respondió el viejo, puesto ya a despachar al lobo.
Muchas gracias, gran guerrero. Has sido muy piadoso. Gracias. —Aulló el cambiaformas—. ¿Es posible que me acerque a vuestro fuego? Tengo las extremidades ateridas por el frío.
¿Tenéis alguno un abrigo de repuesto? —Dijo el enano mirando al resto del grupo—. No creo que el mío le sirva.
Yo podría darte una de mis capas de piel, pero no creo que puedas quedas acercarte. Lo siento.
El grupo miró al viejo ante su seca respuesta.
¡Por Kharzún! Dale algo de abrigo y que se acerque. Esta desnudo. ¿No ves que está temblando? ¿De verdad quieres dejarlo a la intemperie con esta tormenta?
Se trata de un lobo, no es nada personal Rorik, pero nunca podría confiar en una de esas bestias. Me parece suficiente con darle parte de mi comida, cosa que nadie más hizo por lo demás.
Si se acerca al fuego te aseguro que dejará de parecerte un lobo. ¿Verdad caminante?
El lobo, al notar la disyuntiva del grupo y ante la posibilidad de tener que alejarse de vuelta a la oscura tormenta decidió perder su piel y transformarse en humano. Fue un proceso corto y casi instantáneo en el cual el grueso pelaje quedó de lado para dejar una pálida tez cubierta de cabello negro. El barbudo que quedó tras el lobo quedó de rodillas frente al grupo. Su cabello caía en cascada por sus hombros, y junto a su barba larga hacían difícil distinguir sus facciones.
Joder, ¡qué frío hace! —Gimió al quedar a la intemperie totalmente desnudo.
Duneyrr, quien se encontraba más cerca de él, se puso de pie haciendo que su cuervo aleteara de su cuello.
¡Lobo, lobo, lobo!
Oh, parezez una cría humana, buenhombre. —Se desprendió de su capa y se la entregó sin pensar en que la helada—. Enga, acercaoz.
Solo falta un palomo. —Soltó el enano al notar la variopinta reunión de razas.
¿Así nada más? No me gusta que apenas llevemos una jornada y ya estemos rodeados de extraños —bufó la ninfa al ver que habían decidido aceptarlo.
El viejo se desprendió de una de sus capas como prometió y le entregó una de las menos gruesas al recién llegado. Una piel de lobo gris. Parecía gustarle la ironía cuando le hizo entrega, pero el hombre poco se fijó en el origen y se caló en ella mientras se acercaba a las llamas de la hoguera.
¿Y quién nos dice que este enano y este cambiaformas no se conocieran de antes? —La ninfa seguía sin dar crédito al hombre lobo—. ¿Qué hayan planeado todo esto para hacernos una sonrisa en el cuello cuando todos estemos dormidos? ¡¿Por qué defiendes tanto a este pordiosero, he patascortas?!
Porque no estoy a favor de que nadie más muera en esta montaña.
Bah, la vida está sobrevalorada por estos días. —Gruñó la mujer.
Déjalo Hemmi. Te daré mi parte de la cena y podrás dormir cerca del fuego —comentó el ilusionista—. Pero te mantendrás en tu forma humana mientras estés con nosotros.
Yo lo prefiero en su forma animal —mencionó de paso la ninfa—, así arderá más rápido en caso de que haga algo estúpido —sentenció adornando sus palabras con una alta llama que surgió de su mano.

El brujo le tendió su cuenco de estofado al recién llegado, quien lo empinó como si se tratara de maná.
Acá hay una cuchara de sobra —dijo el viejo, pero el humano ya iba por la segunda dentellada al trozo de carne de ciervo que sostenía su mano—. Olvídalo.
De paso alguien podría darle un par de botas a este hombre. Yo no tengo más que las mías, pero quizá tú Logd lleves unas extra. No creo que nadie más tenga un par que le quede a nuestro invitado. Por cierto, ¿cuál es tu nombre?
Lop —respondió el hombre entre bocados—. Mi nombre es Lop.


Lop luego de alimentarse con el estofado del trozo de carne que le dio el viejo y una brocheta de cecina que le tendió Katarina, se agazapó entre las capas que le habían entregado y se quedó cerca del fuego. Luego de un rato después de la cena le permitieron volver a su forma animal para que no perdiera los pies producto del frío.
Vaya tormenta nos ha tocado. Encima en verano. Estoy pasmado, qué locura de clima, ¿no creen?
Mal asunto, de hecho. Aunque algo me dice que se pondrá peor a medida que subamos.
¿Van subiendo? —Lop miró las caras de los integrantes del grupo impresionado—. Cuánta valentía.
O idiotez. —Agregó la ninfa, que sostenía un leño en sus manos para volverlo carbón para así hacer durar más el fuego de la hoguera.
No quisiera entrometerme, pero… —Comenzó a decir Lop.
Entonces no lo hagas. —Lo cortó la ninfa.

El grupo se quedó en silencio. Era momento de comenzar con la guardia, pero Logd se encontraba dormitando así que a falta de otra imagen de autoridad cerca la ninfa decidió por todos.
Yo comenzaré con la guardia, seguirá pocoseso —apuntó con el dedo al grandullón—, luego pálida, carroñero, piernascortas y finalmente el viejo.
¿Yo carroñero? Sólo tomé una espada del carromato. —Respondió ofendido el brujo—. Ni que me hubiera puesto a revisar si cargaban con joyas o dinero —Mintió.
La ninfa iba a decir algo, pero en vez de eso alzó la cabeza al cielo.
¿Oyeron eso? ¿Son… aullidos?




Lop se irguió cuan alto era y la capa se deslizó por sus hombros. Sus orejas estaban en punta y su hocico olfateaba el aire.
¡Ni se te ocurra, cabrón!
Los lejanos aullidos comenzaron a llegar con más fuerza, y Lop los respondió de forma automática.
¡¿Lop, qué haces?!
¡Detente! —Bufó la ninfa sacando su espada de su saya.
Es… instintivo. ¡No lo puedo controlar! —Gruñó Lop, tratando fuertemente de evitar alzar de nuevo su hocico—. ¡AAAUUUUUUUUHHH!
¡Joder!
¡¿Qué hacez, Ka-chorro?! —El cuervo en el hombro del orco comenzó a graznar con fuerza, ante los aullidos.
¡Está llamando a su manada, eso hace! ¿Están igual de hambrientos que tú, eh, bolsa de pulgas?!
Hemmi se acercó con la katana en posición.
¡Joder, si no te detienes ahora mismo te separo la cabeza de los hombros. —Miró a los demás—. ¿Qué dicen? ¡¿Están conmigo?!
El grupo debía decidir pronto, por la cantidad de aullidos provenientes de la lejanía, no serían pocos los lobos que estarían próximos a llegar.



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Re: La Esfinge de los Hielos

Mensaje por Katarina el Lun Oct 08, 2018 11:07 pm

-No es como si pudieras hacer algo al respecto chispita.- dijo con su mejor sonrisa a la ninfa, que ya se iba, acumulando una chispa de poder en las puntas de los dedos, por si acaso. Realmente no era muy partidaria de todo eso de alzar muertos para que sirvieran todos sus caprichos, pero algunas personas la tentaban tanto a hacer excepciones aquí y allá.

No hubo más incidentes, pero tampoco avanzaron todo lo que debían a juzgar por la cara de su guía, por lo que se vieron obligados a acampar en el bosque, cerca del camino, lo que atrajo a cierto desconocido. La elfa lo miró detenidamente, mientras apuraba lo que quedaba de su estofado. No iba a rechazarlo por las buenas si de ella dependía, su cultura, y la enana, al parecer, consideraban la hospitalidad algo muy serio, y aunque sin duda tomaran precauciones, no rechazarían a alguien necesitado si no daba motivos de alarma. Y no los dio, al ver como revertía su forma peluda ante la sugerencia del enano, aunque no se le escapo la manera tan fluida en la que lo hacía. Escucho la historia a medias, atenta a su alrededor más que al tipo, pero al parecer era consciente del Nieveroja, pero eso hacia aún más raro que su manada decidiera atravesar esa zona en concreto. Sobretodo si todos estaban tan demacrados como él. Bueno, a juzgar por los aullidos, no tardaría en conocerlos. Como era de esperar, el campamento entro en pánico.

Invitar a un lobo hambriento a su fuego, ¿Qué podría salir mal? Aparentemente eso que estaba pasando justo ahora. Y por una vez estaba de acuerdo con la ninfa, pero por diferentes motivos. Seguramente se estaban llamando, eso lo tenía bastante seguro, pero no creía que fueran a apuñalarlos en medio de la noche, por un simple motivo. Lo único que sabía de los Nieveroja era que atacaban en medio de la tormenta, y estaba bastante segura de que sordos no eran.

Así que básicamente tenían un enorme y chillón reclamo al lado, y uno más pequeño pero igual de chillón con ellos. Al menos podía solucionar el segundo. Hilos de sangre salieron de su mano, orbitando alrededor del hombre lobo hasta cerrarse sobre su boca como un bozal, silenciando los gritos. El hombre araño su sangre, ya endurecida, pero no tardó en darse cuenta de que era demasiado dura como para arrancársela, así que intento huir, solo para tropezarse con el resto de su sangre, alrededor de sus piernas, para acabar cayéndose en el suelo… justo donde estaba la fogata. La elfa soltó una palabra elfica impropia de una señorita y se levantó, arrancándose la capa. Aparto al hombre de la fogata de un puntapié y lo cubrió con la manta, para apagar las llamas. Hasta allí llegaría para ayudarlo a no ser horriblemente asesinado, o se calmaba, o lo apuñalaba ella misma.

-Todos listos, de una forma u otra, habrá visita.- Podían encargarse de un atajo de hombres lobo hambrientos, no dudaba de eso. La pregunta era si el monstruo decidiría pasarse a dar un bocado y, más importante, si lo haría antes o después de que se encontraran a sus amigos. O puede que no hubiera aullado lo suficiente como para que los encontraran.

Casi soltó una carcajada al pensar que a lo mejor tenia suerte.
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Re: La Esfinge de los Hielos

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