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Mensaje por Ithilwen Erulaëriel el Miér Jun 07, 2017 11:43 pm

III.
Confutatis maledictis,
flammis acribus addictis,
voca me cum benedictis.
Oro supplex et acclinis,
cor contritum quasi cinis,
gere curam mei finis.


(Refutados los malditos
arrojados a las llamas voraces
hazme llamar entre los benditos.
Te lo ruego, suplicante y de rodillas,
el corazón acongojado, casi hecho cenizas:
hazte cargo de mi destino)

Anónimo. Dies Irae. Libro XI del Códice de la Luz.


Contrario a lo que podía pensarse, el hostal había resultado una pausa cómoda luego de las letanías de oración. Ithilwen, con la parsimonia ceremonial que bien le venía de cuna, agradeció a la jovencita del local las tonadas amenas como la comida, un codillo de cerdo ahumado cuyo calor le había reconfortado los huesos como el espíritu. También dio sus cumplidos al bardo, dejando en sus manos par kulls de plata como reconocimiento por su talento. El trovador, un elfo derrochado de ingenio, agradeció los cumplidos como las atenciones, y aunque mucho insistió en sacar de los señores solares anécdotas de sus aventuras, nada recibió.

-Ës ïst nïcht nür kömïsch, söndër aüch gëfärhlïch für Sïë, sö viël Zëit hïër mïtzübrïngën, Mëïnë Dämë (No solo es raro sino peligroso quedarse más tiempo de lo debido, milady). No conocemos los lugareños de esta zona de Thargund, tampoco los problemas que enfrentan. ¿Por qué no reconsidera la opción de partir y viajar en la noche bajo el manto de las lunas?

-Vëstëhe ich Ihrë Sörge, lïeblïngër Lüdrïelh, äber ich häbe jëtzt mëhr këine Lüst auf mëhreren Rëisen zu mächën (entiendo vuestra preocupación, querido Lüdrielh, pero no tengo las fuerzas para emprender nuevos viajes)- aclaró la longeva mientras caminaba hacia su recámara. -El mundo es peligroso aún con la protección de los tres astros, pues la noche es el dominio de la oscuridad, donde los solares más indefensos estamos. Tratad de descansar mi buen amigo, que con los rayos del sol partiremos de vuelta a casa.

Su sonrisa no dio más vueltas a discusión. Una inclinación del capitán y, dando media vuelta marcial sobre los talones, se retiró del lado de la elfa.

Al entrar a su recámara, la encontró perfecta. Modesta, algo oscura, pues la pálida vela sobre una mesa rústica de maderas de pino y roble a enas si alcanzaba a iluminar la cabecera de la cama; aseada, con una ventanilla que daba a las afueras de un vecindario sumido en oscuridad, Ithilwen se sintió recompensada por los dioses. En el centro del habitáculo, propio de aquellos que solventaban más dinero por sus lugares, yacía un cántaro grande, con otros más pequeños, donde el agua estaba dispuesta para un baño.  Sin embargo, aquello no le apeteció. A sabiendas que el agua estaría helada, pasó derecho directo al lecho.

Dejó caer sobre la colcha el morral que la acompañaba a todos lados, saliendo a relucir el tomo de oraciones, el Dies Irae, una lectura que siempre le hacía buena compañía; también retiró su capa llena de polvo y mugre, por los días transcurridos en los caminos; su arco, ya tallándole la espalda de tanta presión en el viaje, y Glïndölïn, la espada sagrada cuya hoja pálida le devolvía con su filo el reflejo de una de las lunas. Suspiró pesada, cansina, y sin más se sentó en la cabecera de la cama, inclinada hacia el frente, con las manos entrecruzadas y el rostro caído. Aunque la mente no se ocupaba en nada, parecía que con el cansancio repasaba todo. Lo que fue, lo que era, y lo que podría ser. Y fue así que le alcanzó el sueño, dejándose caer hacia atrás en medio de una inquietante duermevela.

--//--

-Ëinë Nëuichkëit vön diësed Dörf? (¿Alguna noticia de este lugar?)-inquirió Lüdrielh en la lengua de Erínimar al ver aparecer a Certero. -No me gusta este lugar, y menos la gente que lo frecuenta.

El capitán de la avanzada elfica, apostado a la puerta de quién era la princesa de los solares, cumplía con su deber de guardia, rígido, inflexible, sin siquiera haber descargado sus morrales o sus armas. Certero por su parte, encargado de observar con atención la entrada del hostal como también la primera planta de la taberna, asintió dándole la razón a su comandante.

-Problemas hay en este pueblo, capitán-  advirtió, rebujándose la capa: -Recomendaría que no demoráramos mucho nuestro paso por estas tierras asoladas por medianos… o al menos así los llaman.

- ¿Medianos? ¿Y eso qué es?

-Lo que hablan los lugareños, unas criaturas similares a… alimañas. Podría arriesgar conjeturas, pero a este punto, lo más sabio es dejar que nuestra dama descanse un poco y retomar el camino al alba. Tarde o temprano, esta región entrará en conflicto como parece ser el destino en todos los rincones de Noreth.

-Eso… ¿lo cuentan las gentes o algo más os hace creerlo, Öldraht?

-Lo dicen, pero… les creo. La taberna rebulle con comentarios sobre esas criaturas y una incursión que ha dejado a los incrédulos nerviosos.  

-Entonces procederemos con cabeza fría y mente aguda: abrid los ojos y dejad la cerveza de estos pueblerinos para el momento en que nuestro deber este cumplido.

Certero asintió, cubriéndose la boca, reconociendo que tenía cierto aliento alcoholizado. Sin embargo, a ese punto, ya nada podía hacer. Solo restaba dar media vuelta y volver a la taberna donde de seguro más de un chisme se gestaba o alguna conspiración se fraguaba. En la lógica de ambos guerreros solo yacía la esperanza baldía de pasar aireados y sin contratiempo por Jemyca, un lugar del que apenas nada sabían.
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Mensaje por Vanidad el Miér Jun 07, 2017 11:49 pm

Ni ella ni el divium habían matado a ninguno de los goblins, pero eso fue una excepción, no tardaron en morir como moscas a manos de los campesinos, y esos bichos salieron por patas con una ingeniosa trampa de harina, que Luzbel evito con presteza, y no solo porque no se había molestado en perseguirlos. Habían huido, por un túnel, podría haberse transformado y mirado si tenía algo de especial, pero no quería ensuciarse, además de darle un poco de pereza. Simplemente dio media vuelta y volvió al pueblo, ya se enteraría de si había ocurrido algo interesante cuando la batida volviera al pueblo, mientras tanto, paso el rato en la taberna.

Como ya había sospechado durante el combate, ese tipo, ese divium era el que había conocido tiempo atrás en el desierto, hacia…. Ni se acordaba, la percepción del tiempo era diferente para los demonios. En cualquier caso, el perro lo reconoció, y ella reconoció al chucho, confirmando sus sospechas sobre su amo. Intercambiaron unas pocas palabras, pero ella ya se dirigía a su habitación, y una banal charla no iba a impedírselo, así que se levantó, susurrando un “adiós” que ni siquiera llego a oírse.

Se había llevado comida a su habitación, y cuando Tenebra salió de donde fuese que iba cuando se metía en su sombra, la compartió con ella, mientras meditaba que hacer. Era temprano, no iría a dormirse aún, y todo el pueblo, menos la gatita y el tipo de la posada, estaban reunidos en un mismo sitio, en la mansión Biquard, donde, al preguntar, le habían dicho que no estaba invitada. Bueno, muy mal por ellos, porque se pasaría igualmente. Apuró lo que quedaba de comida, decidida y con una sonrisa en los labios, mientras se desnudaba. Capa, botas, guanteletes, camisa y pantalones, todo fuera hasta quedar desnuda, luego abrió la ventana. -¿Nos vamos pequeña?- Tenebra se sumió en sombras con un gruñidito. Y un único gato salió a los tejados de la ciudad, un precioso y elegante gato, de largo pelo y ojos de un bonito verde esmeralda. Luzbel recorrio los tejados, con sus uñas repiqueteando sobre las tejas, saltando de techo en techo, hacia la mansión. Era fácil de reconocer, porque era una mansión, y era prácticamente el único lugar iluminado. Pero también le echo una ojeada al pueblo con su visión gatuna, parecía un momento perfecto para robar al pueblo, que parecía ser el objetivo de esos trasgos. Pero no vio nada raro, así que se dirigió allí, a la mansión rodeada por la pequeña muralla. Y con la puerta abierta, paso por delante de los guardias. ¿Quién iba a parar un maldito gato? Especialmente uno que lucía tan elegante y bien cuidado, esos tipos simplemente asumieron que era el gato de la casa. Su fino olfato la deleitó en cuando entró en la casa. Había comida, mucha comida, así que ignoro un poco a los aldeanos, dedicándole más bien poca atención al hunta de antes discutiendo con un noble gordo, mucho menos del que dedico contemplando las cabezas de los animales que decoraban las paredes. En cualquier caso, se puso bajo una mesa y comió hasta hartarse, subiendo y bajando de esa mesa cuando nadie lo miraba, puesto que considero que un tentáculo saliendo de debajo un mantel habría llamado demasiado la atención, y luego de devorar el delicioso faisán y demás manjares, volvió a su habitación en la taberna, para un muy merecido descanso.


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Mensaje por Aulenor el Dom Jun 11, 2017 3:29 am

__En el preciso momento en el que el último rayo de sol desapareció más allá de los picos de Daulin y el nublado cielo comenzó a perder ese precioso color anaranjado para pasar a la oscuridad de la noche, la criatura salió del bosque. Avanzó rápida y silenciosamente, su rubio pelaje la camuflaba entre las secas hierbas del verano y ninguna de las patrullas ciudadanas desplegadas por la zona fueron capaces de detectarla. Antes de que el trueno anunciase el inicio de la lluvia ya había llegado a los campos de trigo que colindaban con la empalizada del pueblo por la zona sureste.
__Un instante después, el relámpago alumbró la bajada del pequeño jinete de aquella bestia y lo que pasó a continuación nadie hubiera sido capaz de verlo. La criatura se había acostando entre el trigo mimetizándose con este; y su compañero era tan pequeño que ni su picudo y estrambótico sombrero de hechicero conseguía sobresalir sobre el alto cereal. Así pues, nadie vio cómo preparaba el ritual y, a pesar de que le tomó mucho más tiempo que las veces anteriores por la magnitud de éste, ninguna de las patrullas le descubrió.

__A pesar de la conmoción de la tarde, aquella noche en Jemyca estaba siendo una calmada. Afuera una tormenta veraniega azotaba el ambiente y desde dentro de sus confortables casas la gente observaba, algunos agradecidos otros preocupados, como la abundante lluvia caía tras dos lunas de calor extremo.
__Sin embargo, y a pesar de que el sonido de la torrencial lluvia no permitía realmente el silencio, los vecinos podían notar este como reptando por el suelo de la aldea, esperando para alzarse en cualquier momento. Casi la mitad de los habitantes habían decidido aceptar la oferta de Lenno y habían partido durante la tarde para refugiarse en la mansión de los Biquard. Los que quedaban habían preferido la comodidad de lo conocido ante la supuesta seguridad de aquellos muros de piedra, y sin embargo, ahora en la oscuridad de la noche, mientras trataban de conciliar el sueño, el temor a que hubieran tomado la decisión errónea les turbaba.
__Y hacían bien.
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Música
__Era ya pasada la media noche cuando el hechicero terminó su ritual. La esencia se condensó encima del poblado atrayendo un rayo de la tormenta que la encendió como una hoguera, iluminándola, dejando ver el extraño círculo que formaba sobre los tejados. Fue entonces cuando la gente comenzó a despertar, hostigada por la energía que atravesaba su cuerpo cambiándolos, transformándolos, deformándolos... Los aldeanos se retorcían en sus lechos, sintiendo como una fuerza intangible los
aplastaba quebrándoles los huesos que crujían mientras su cuerpo menguaba y sus orejas se agrandaban; mientras su piel se teñía y los dedos de sus pies se fusionaban. Podían sentir como cada fibra de su cuerpo se redimensionaba y recolocaba; cómo su sangre palpitaba y sus órganos se oprimían incapaces de seguir la velocidad de decrecimiento de sus huesos. Sin embargo, a pesar de todo, el dolor que sentían era casi anecdótico, tanto que la mayoría pensó que se trataba solo de un sueño demasiado vivido.
__No fue hasta más tarde, cuando el círculo desapareció, la transformación había finalizado y las gentes de Jemyca se encontraban enterradas bajo sus antiguas ropas que ahora eran capaces de cubrirles enteros, que se dieron cuenta de que no despertaban; de que no era un sueño. Y entonces, el pánico reinó.


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Mensaje por Vanidad el Dom Jun 11, 2017 2:39 pm

Tenía calor, y un extraño hormigueo, lo que la despertó de su ligero sueño. Seguro que Tenebra había vuelto a espachurrarse sobre su cuello y la estaba abrasando. Pero no, no era eso, ella conocía muy bien esa sensación. Saltó de la cama, en pánico. ¿Se había relajado y ahora se transformaba en demonio? ¿Allí mismo? Iba a destruir la posada. Pero no, hacía décadas que eso no pasaba, y ahora estaba despierta, concentrada… ¿veneno? Un pequeño espasmo en una pierna la hizo caer al suelo. Sus huesos crujían, sus músculos se tensaban, estaba acostumbrada, PODIA pararlo, hacerlo completamente indoloro, y aun así… no esa vez. Para cuando acabo, era mucho más pequeña, pero no se trataba de su adorable forma gatuna, seguía a dos patas. Se miró las manos, se tocó la cara, las orejas. –Una mierda…- Llamó a Tenebra de entre las sombras. La reconocía, pero cuando le hablaba, cuando le ordenaba hacer alguno de los trucos que le había enseñado, no obedecía, no entendía las palabras. Y ahora que ella era más pequeña, ese bicho escamado lucia mucho más grande, casi podía montarlo, casi, pero de momento agradeció que la reconociera y no estuviera hambrienta, con su forma actual sí que era un peligro para ella. Cogió la espada, ahora muy, muy grande, y escribió algo en el suelo primero en común, luego en demoniaco. Lo entendía, pero eso no era ni común ni demoniaco era… ¿gnómico? –Vale, tranquilízate, piensa.- Maldiciones, eso era casi seguro magia profana, ella sabía de eso, podía revertirlo, seguro. Se escurrió bajo la cama, buscando marcas, bolsas de hechizos, algún pentagrama que marcara esa cama como el objetivo de un conjuro. Nada. ¿Se la habían lanzado durante el día y había estado latente hasta que se fue a dormir? ¿No se habría dado cuenta? Y notaba una sensación extraña, que no se iba, como un hambre, pero diferente…

-Nonononononono.- sabía que era eso, no lo había sentido nunca antes pero lo sabía, todos los demonios lo sabían. Su conexión a este plano, a Yigoniath, se debilitaba, su cuerpo demoniaco se debilitaba sin su fuente de energía profana. La diablesa inspiró, concentrándose. Notaba la misma cantidad de energía fluyendo hacia ella, pero ese cuerpo era extraño, sin tanta afinidad como el anterior, no conseguía absorberla correctamente. Tanteó un poco esa energía, centrándose activamente en absorberla. Podía, podía absorber la justa y suficiente como para mantenerse en ese plano, no era Yigoniath dejándola de lado, era la interferencia de un tercero. Y si eso no era…si no estaba siendo expulsada de ese plano por el mismo que la trajo allí… se concentró, esforzándose como nunca se había esforzado en la vida. Provo con su forma humana, pero solo recibió un hormigueo. ¿Gatuna? Consiguió unos bigotes antes de volver a esa horrible forma. ¿Tentáculos? Nada. Finalmente lo envió todo a la mierda e intentó volver a su gloriosa forma, estaba anulando transformaciones, volviendo a su forma autentica, eso SI podría hacerlo.

Nada.

Podía…podía enviar su forma al Foso, para recibir otro cuerpo, pero… si ni siquiera podía volver a su forma demoniaca…puede que esta fuese la forma con la que volviera… no podía arriesgarse a hacer ese ridículo, tenía una reputación que mantener. ¿Y pedir ayuda al propio Yigoniath? Seguro que no le hacía nada de gracia que algún mago donnadie interfiriera con sus demonios. Si funcionaba con ella, funcionaria con casi cualquier demonio, puede que incluso lo considerara una magia muy útil, que la transformara de vuelta solo para que se la llevara… era una posibilidad a considerar.

El siguiente paso fue probar como de horrible era ese cuerpo. Movió las orejas, algo raro para una persona normal, pero hacia exactamente lo mismo cuando era un gato, así que no fue más que una curiosidad. Luego llegó la hora del cuerpo en sí. Extendió los brazos, las piernas, los flexiono, toco el suelo con las puntas de los dedos, luego siguieron unos pocos golpes de práctica, una voltereta, era un cuerpo lento, pero razonablemente capaz. Era como su forma humana, pero en pequeño y muy cabezona, tendría problemas si decidía enfrentarse a un hombre adulto, pero podría darle a otro gnomo la paliza de su vida.

Ahora tenía que saber si se la había elegido como objetivo solo ella. No tenía sentido coger sus armas, eran demasiado grandes, solo la entorpecerían, así que bajo a la sala principal con su armadura de cuero. Su andar era dudoso, no estaba acostumbrada a las proporciones de ese cuerpo, pero tampoco se le hacía extraño, al menos hasta que tuvo que bajar las escaleras. Finalmente, tras una tarea inusitadamente difícil, llego a la planta baja de la taberna, no había nadie, así que fue a la parte de atrás, el tabernero y esa gatita debían vivir allí. Y allí había otros dos trasgos, mirándose a ellos mismos y entre ellos con pánico, no entendían que pasaba, sus limitadas mentes mortales no comprendían ese hecho tan simple… suspiró, mortales. Menos mal que allí estaba ella, Luzbel, la portadora de Luz, la protectora de la humanidad…. O algo, más bien necesitaba peones, pero era un pequeño detalle sin importancia. Le dio un bofetón al que lucía como un hombre, que suponía que sería un tabernero. –Ahora eres un gnomo, no puedes quedarte aquí, si los de la mansión no se han transformado y vuelven, ¿Qué crees que pasara?- Su voz era firme, serena, no le hacía ni pizca de gracia la situación, pero desde luego su sorpresa era mucho menor y no sentía la más mínima pizca de pánico. Encontraría al desgraciado que le había hecho eso y lo mataría. Subió a la mesa de la cocina, necesitando solo tres intentos. Le dio una patada al mango de una cazuela y este saltó hacia su mano, luego cogió un cucharón y empezó su propio concierto. Cuando el ganado estaba descarriado, seguían al líder, que solía ser aquel con un plan, o al menos alguien que pareciera que lo tenía.

-DESPERTAD Y BAJAD.- primero comprobaría si todos en la taberna se habían transformado, luego comprobaría las calles. –Necesitamos comida y armas, coge todos los cuchillos que encuentres, y paellas y cacerolas.- Las cacerolas servirían de casco, más o menos, y una paella sería un escudo razonablemente decente al menos hasta encontrar rodelas. Una vez hubiera encontrado a todas las ovejas descarriadas, seria hora de buscar respuestas. Un mago había hecho eso, obviamente, así que tendría que encontrar un mago, entender como lo había hecho y matarlo, no necesariamente en ese orden. Y por supuesto, esos gnomos de antes tendrían que dar unas cuantas explicaciones. O bien eran víctimas, igual que ellos, o los culpables, aunque viendo esas tácticas, organización y el saco de harina, tenía toda la pinta de que fuesen humanos. Pero aun podían ser los culpables.

Si ella fuese un gnomo, mago, solo en una zona con un profundo odio hacia ellos, sin familia ni amigos… seguramente se tomaría las molestias de conseguir más gnomos. Y si podía hacerlo vengándose de los habitantes del pueblo, mejor que mejor. “Fui transformado como vosotros, hace unos años, no temáis pequeños, os enseñare lo que hay que saber”. El gnomo más gnomo de ese grupo de antes moriría, sin la más mínima duda. Tenía que pensar muy bien que hacer en cuando reuniera su rebaño de gnomos, estaban en una zona donde los matarían en cuando los vieran, sin una forma de comunicarse debido a… vete a saber qué. Y según recordaba, el auténtico líder de ese pueblucho no estaba allí, y volvería con no menos que una escolta de guardias, seguramente…

Esta se acababa de volver una zona de guerra, donde tendría que manejar suministros, armas y vidas de esos patéticos mortales gnómicos, aunque solo fuese para tener información de la zona, carne de cañón y exploradores… menos mal que eso se le daba muy bien…

Y por primera vez desde que se había despertado, Luzbel sonreía. Eso iba a ser entretenido. Si no moría, volver así al Foso sería muy humillante.

Se había distraído de su concierto de paella-cucharón, así que volvió a ello, mientras subía las escaleras, ella tenía una mochila, le vendría grande, pero podría almacenar más cosas, en ese momento eran carroñeros, debían conseguir todo lo que pudieran antes de que ese tipo volviera. No estaba segura de cuando volvería, así que seguramente tendrían al menos un par de días, al menos si los de la mansión se habían transformado también. Tendría que asegurarse, y conseguir agua, comida, armas… Alguien iba a pagar por esa ofensa a su gloriosa forma. Gnomo, en serio, ¿qué manía tenía todo el mundo en impedir que se transformara? Su forma de gato era suave adorable.


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Mensaje por El Cazador el Jue Jun 15, 2017 10:20 pm

Una suave y tibia lluvia veraniega empapó las calles de Jemyca. Y las lunas, camufladas tras las nubes negras, ignoraron por completo los torrentes de magia, que como torrentes sin cauce, se esparcían por todo el pueblo. Ignorantes también permanecieron los habitantes de todas las razas, exceptuando los animales. Quizá fuera por algún ligero olor, o una extraña sensación, que Kiluyu se despertó con las orejas alzadas a los pies del camastro del mestizo. Alzó la nariz, incapaz de oler la esencia que traspasaba las casas para llegar hasta las últimas habitaciones, pero aun así alerta ante el extraño suceso.
___El mestizo, envuelto en su sueño ligero, estaba teniendo un vivido sueño en donde su cuerpo ardía y sus alas se evaporaban. Y aunque sonaba a pesadilla, el hombre que se hacía llamar El Cazador, permaneció en su intranquilo sopor.
___Pronto su can comenzó aullar, un lastimero sonido que parecía ser el llamado solitario de un lobo. Abajo comenzó un batir de sonidos, como si alguien estuviera lanzando cazos en la parte inferior de la taberna, apagando el aullido. Kiluyu se encaminó a la puerta y la comenzó arañar. Y con un ladrido, o dos, despertó a su amo.

El mestizo abrió los ojos, sin entender si aún se mantenía en el sueño o había regresado a Jemyca. Se encontraba recostado de espaldas, mirando el techo de madera desbastada. Había dejado de llover hacia un rato, y la luz de la luna blanca se colaba por entre las nubes, iluminando la calle y parte de la habitación. Los ojos del mestizo se trataron de acostumbrar a la luz, Kiluyu volvió a ladrar y rasguñó nuevamente la puerta.
___¿Debes ir al baño? ¿A esta hora?
___El silencio reinó en la habitación. El mestizo se aclaró la garganta, extrañado por su rara voz. Su can gruñó.
___¿Kilu?
___El Cazador giró la cabeza, o más bien trató de hacerlo, pues al momento de hacerlo su ancha cabeza se enterró en la almohada. Kiluyu estaba observándolo al borde de la cama. El gruñido aumentó, Kiluyu parecía haber encontrado algo peligroso.
___El Cazador abrió poco a poco los ojos, sin entender cómo parecía haber tanta luz en el interior de la habitación. Pensando que había algo tras de él, llevó la mano lentamente bajo la almohada para sacar su pistola. Palpó el arma, se sentía muy grande. Trató de empuñarla. Algo iba mal.
___Entonces el can se lanzó con un gruñido de terror y sus fauces abiertas de par en par, sobre la cama, obligando al mestizo a escapar como un virote accionado por una polea de ballesta. Saltó de la cama, y no alcanzó a ponerse de pie o girar, simplemente perdió el equilibrio y cayó por el borde. El hocico de Kiluyu se cerró justo antes de que el mestizo perdiera el equilibrio, y había alcanzado a coger parte del camisón del medio divium, quedándose con un trozo en los dientes. El mestizo gateó, sudando y gritando a su perro que se calmara. Pero algo iba mal, terriblemente mal. Su voz no era la misma, y todo dentro de la habitación parecía enorme.
___Se arrastró hasta un rincón de la habitación, apostando su mano derecha a que todo era una muy vivida pesadilla. La verdad es que nunca había despertado, de seguro estaba aún en la cama, o algo así elucubraba su mente en esos instantes. Llegó hasta el rincón. El can dio un salto y quedó a sus pies.
___¡Kiluyu! —Le dijo con las manos estiradas frente a él en un movimiento natural de defensa—. Soy yo, soy Ma
___Kiluyu volvió a lanzar un ladrido como el estridente tañido de una campana vieja. El mestizo notó que el perro tenía ahora el tamaño de un caballo. Todo había cambiado, incluyendo sus manos… Notó el dorso y los dedos, se miró las palmas. Esas no eran sus manos. Eran las manos de un… Kiluyu se acercó a él. Olió sus manos. El mestizo las dejó estiradas mientras el can aspiraba su olor. Se calmó.
___Jodido perro. Te dije que era yo.

Luego de unos largos minutos acariciando el lomo de su can, y unos cuantos lametones, el terror de ser devorado se diluyó por completo. Trató de caminar hacia la ventana, dudoso de lo que encontraría, pero el equilibrio se había quedado junto con su antiguo cuerpo. Sin las alas era complicado caminar, supuso que era la costumbre del contrapeso de ellas. Dio unos cuantos pasos, como un crío, y regresó al suelo.
___Esto tomará su tiempo.
___Abrazado a su perro para poder moverse por la habitación llegó hasta la ventana. Pero no había nada más que un pueblo durmiente bajo el velo de la noche. En la cama revisó la almohada. Sus manos eran torpes, y pequeñas para manejar el revólver. Tendría que pensar en otra cosa para combatir a quien sea que le haya hecho eso. Tendría que pensar incluso en cómo vestirse.
___Necesitaré botas nuevas. —Murmuró.
___Fue hasta su morral, se caló el sombrero con una ligera sonrisa ante lo bien que le quedó, y comenzó a improvisar algo de ropa. Se encontró con el cuchillo con el que solía hacer de todo, y lo consideró adecuado para maniobrar. Abrió un petate donde tenía algo de pólvora y lo dejó a un lado, por si acaso. Tomó una camisa vieja y la miró imaginando una camisa más pequeña en el interior. Comenzó a buscar hilo y aguja en los cajones de la mesita de noche dispuesta en la habitación, y se encontró con el trozo de papel donde había transcrito la escritura que había encontrado en la granja de los Keath. Giró el papel hacia un lado, luego al otro. Musitó algo.
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Mensaje por Ithilwen Erulaëriel el Vie Jun 16, 2017 12:36 am

Tuba mirum spargens sonum
per sepulcra regionum,
coget omnes ante thronum.
Mors stupebit et Natura,
cum resurget creatura,
iudicanti responsura.


La trompeta, esparciendo un sonido admirable
por los sepulcros de todos los reinos,
reunirá a todos ante el trono.
La muerte y la Naturaleza se asombrarán,
cuando resucite la criatura
para que responda ante su juez.

Anónimo. Dies Irae. Libro XI del Códice de la Luz.

La noche se tornó profunda. El cansancio acumulado en el camino, la suciedad que cubría incluso sus rostros, el peso menguante de la misión que aún los aguardaba más adelante, les robaba la tranquilidad y, en ocasiones, el sueño. Ithilwen dio media vuelta, cuando despertó. Pensó que ya sería la mañana, pero la sorprendió sentir que el lecho era más grande de lo esperado. A medio camino entre el sueño y la vigilia, no pudo caer en cuenta de cuán diferente se sentía todo alrededor. Solo rascó sus ojos y se acomodó de medio lado, buscando con la mano su equipaje.

No lo encontró. Estiró más los brazos y tampoco. Entonces, sus ojos encontraron el camino directo para salir de ese estado duermevela. Asustada se sentó. Movió la cabeza a un lado, luego al otro, con el sopor del susto aún a cuestas. Contrario a lo que pensara, sí allí donde las había dejado, reposaban aún sus cosas solo que… mucho más grandes y la distancia que las separaban de ella era más lejana.

-Mëinë Däme…Mi señora…- se oyó tras la puerta una voz angustiosa, profunda, tan sorprendida como ella, pero casi aterrada con lo que aún no podía imaginar. Y en eso la puerta se abrió.

La de cabellos ensortijados no reconoció aquella voz, aunque sí le sorprendió que a pesar de su registró tan agudo pudiera expresarse tan bien en la lengua de los Altos Solares. Se puso en pie para atender al recién llegado cuando…

PUFF

Pequeña, tan diminuta como para que la distancia que la separaba de la cama al suelo fuera más de la calculada, la doncella de los solares cayó rodando de su lecho al suelo, dando vuelcos hasta golpear con el lado izquierdo de la mesa de madera donde reposaba un hermoso jarrón de cerámica con par de flores amarillas, quizás cortadas de los campos que rodeaban el poblado.

-Mëinë Dämë, häben Sïe weh gëtän? Sïnd Sïe Güt?- inquirió angustiada una criatura que vio con horror apenas abrió los ojos. Vestido con la camisa de Lüdrielh, pero portando apenas un palo de escoba afilado, el pequeño monstruo la observaba compungido y con preocupación. Ella estiró los brazos para impedir que aquel ser la tocara y en eso se percató de lo inevitable.

-¿Aber Wäs?? ¿Wäs ïst däs??? ¿Wäss?- exclamó horrorizada la elfa. El dolor del golpe como la ansiedad de la caída se habían minimizado ante la pequeña criatura que tenía al frente. Estiró los brazos para espantarlo, cuando se percató en los suyos propios, volando en la ropa que antes portara.

Lüdrielh, o lo que ahora era tras unos sucesos que nunca tuvo claro, le explicó la manera como tanto Oldräht como él se transformaron. Así supo la primogénita que no era la única con aquel aspecto, horrible a sus ojos cuando se vio reflejada en el cuenco del agua, y como los suyos, también tomó su camisa, cortando con la espada sus mangas, y portándola a manera de vestido.

Nada de lo que tenían podía servirles ya: solo el equipaje con las provisiones y los libros. Armaduras, armas, incluso parte de sus vestidos, todo, pasaban al archivo de cosas que ya no les sería de utilidad. Al menos hasta que consiguieran una solución a aquel problema de imagen.

-¿Os encontráis bien mi señora?- preguntó el Certero rascándose los pocos cabellos que le quedaban en su rostro lleno de verrugas.

-No es nada- aseguró la ex elfa, tomando de su báculo la piedra de Ommlet, luego de frotarse la frente. -Fue solo un golpe que entre tanta fealdad será una imperfección más. Dejemos todas las cosas juntas, ocultas, en un mismo lugar, y de esa manera cuando este entuerto se solucione podremos ir por ellas. No quiero que ninguno de vosotros habléis con estos lugareños. No al menos hasta que sepamos exactamente en qué estamos metidos…Lo último que pienso creer es en la coincidencia de goblins y ahora transformaciones.
-Mi Lady, ¿esto es por las noticias que la hörige dijo en la taberna antes de servirnos la cena?
-Sí Lüdrielh, y porque por la cara de Certero huelo que también tenéis noticias más inquietantes con respecto a todo esto, ¿me equivoco?

La petulancia como su frialdad no se le movía un ápice a pesar de lo extremo de la situación. Certero narró su encuentro con aquel que se llamaba a sí mismo Cazador y las noticias sobre una querella entre la gente mediana y los lugareños.

-Somos el enemigo- aseguró Lüdrielh, mientras guardaba tras uno de los tablones de madera del piso sus pertenencias. El sistema era simple: el piso de madera guardaba grietas por las que, con ayuda de las armas, pudieron levantar. Algunas estaban con estuco fijadas, por lo que nada se podría guardar allí, pero otras estaban solo cubriendo el vacío por el que acomodaron todo lo que pudieron. Al final sus cosas quedarían bajo el piso, ocultas a ojos curiosos por el mismo suelo que pisaban.

Para suerte de la dama su arete lector aún podía llevarlo sin problemas. Otro dilema era la piedra.

-¿Qué haréis Ithilwen? ¿Cómo nos llevaremos la Gema del Aquelarre?
-Como un collar. Será pesado, pero es la única cosa que no puedo dejar atrás… eso y mis libros- aseguró acomodándose el joya en el pecho, apenas hilvanada a ella por un tirón de su vestido a manera de collar.

Y así salieron de la recámara de la longeva, con camisas como prendas y palos de escoba afilados como armas; ella por su parte con algo de dolor en la cabeza, pero los tres con la frente en alto dispuestos a decidir cómo decantarse en una contienda que nada tenía que ver con ellos y en donde la decisión más sensata era tomar sus cosas y dejar ese pueblo a la suerte de los mortales que lo habitaban. Podrían quedarse así para siempre, horribles y pequeños como los odiados enanos de tiempos lejanos, pero nada podía servir de pretexto para levantar los puños contra criaturas menores, quizás ingenuas o inocentes, en un conflicto que solo ellas podían arreglar.  
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Mensaje por El Cazador el Lun Jun 26, 2017 7:53 am

Abrazado al cuello de su mascota, el Cazador salió de su habitación sin más ropa que una camisa que había cortado para que no se arrastrara, unos retazos de tela gruesa de lo que había sido su muda de pantalón a modo de taparrabos, y su poncho. La pieza de lana había sido doblada un par de veces y ajustada para que le quedara como una enorme túnica, dejando los brazos y la cabeza liberados. Sus pies desnudos tocaban la madera fría del pasillo, iba casi renqueando, con sus pasos tambaleantes e inseguros los cuales eran soportados por su mascota. «Tomará un tiempo acostumbrarme a la falta de alas.» pensó.
___Kiluyu alzó las orejas, alguien que subía por las escaleras. Se quedaron los dos quietos, sin más que la luz de la luna por una ventaba lejana. Finalmente apareció un trasgo, o más bien, una trasgo con los tonos níveos de la albina.
___¿Luzbel?
Por un momento se sintió mal por toda esa belleza vuelta de pronto en una cosa pequeña e informe, pero pronto se alegró al saber que al menos todos en la taberna se encontraba de esa manera.

Al llegar a la cocina se encontró de frente con las dos figuras de, su ahora, misma especie. Kiluyu gruñó, pero el Cazador le puso una mano tranquilizadora en el lomo.
___Soy Cazador. No os haré daño. ¿Zaza y Edenwood?
___Aquellos dos trasgos se diferenciaban bastante de los que vio en la granja de los Keath. No tan sólo en su vestimenta, sino también en sus expresiones atemorizadas y descolocadas.
___El cinturón que solía usar para llevar la espada ahora solo cargaba con la funda del cuchillo. Le dio varias vueltas alrededor de su cadera, por sobre la camisa pero por debajo del poncho, para que no se arrastrara. Y les explicó a los dos trasgos en pocas palabras lo que tenía en mente.
___Lo que sea que nos haya hecho esto volverá aparecer para terminar lo que empezó —«A menos que su único fin haya sido jodernos» dijo para sí—, y cuando lo haga lo estaremos esperando.
___Cuando les avisó que saldría para averiguar si aquella maldición había caído sólo sobre ellos, tanto el posadero como su hija decidieron acompañarlos.

Las calles del pueblo de Jemyca se encontraban en descontrol. A pesar del horario, los pocos habitantes que no habían viajado a la propiedad de Birquad iban de un lado a otro por las calles, gritando, llorando o simplemente avanzando sin rumbo fijo, con sus enormes ojos perdidos. Todos ellos vueltos trasgos.
___Los pocos que se encontraban en sus cabales fueron reuniendo a la gente en la plaza, el sitio neurálgico del pueblo, el mismo lugar donde el viejo trasgo en que se había convertido Wellager llamaba a la calma.
___El Cazador dejó al dueño de la posada junto con el anciano y luego de pedir indicaciones fue a ver a su amigo El Suave.
___¿Robert? Robert, ¿estás en casa? Soy Cazador.
___Luego de haber recorrido el pueblo, no le quedaban muchas dudas de que todos se habían transformado. Pero si Robert, El Suave había logrado salvar, podría pedirle salir del pueblo en busca de ayuda.
___Volvió a llamar a la puerta.
___¡Robert!
___«¿Y si de pronto es humano y mis palabras no son para él más que un gruñido inteligible?» —pensó.
___Kiluyu, ladra.
___Su can no entendió de buenas a primeras, pero luego de unos cuantos intentos, comprendió.
¡Por los dioses menores! ¡Hagan callar a esa bestia! —Robert abrió y se encontró de frente con la figura pequeña de su amigo—… TrTraaaasss

Resultó que Robert no había despertado todavía para notar que había pasado, y en su duermevela hasta abrir la puerta, no se había percatado que medía medio metro menos.
___¿Todos en Jemyca? ¡Por Eilian! ¡Si tan solo lo hubiera sabido habría puesto cien kilómetros entre mí y Jemyca! —Entonces lo pensó por un instante—. ¿Y si esto ha afectado a los pueblos colindantes? ¿Alguien fue siquiera a mirar la residencia de los Birquad?
___Creo que no. —Dijo, y luego añadió—. De hecho, preferiría visitar otro sitio.
___El Cazador le mostró el papel con el pictograma, ahora perfectamente entendible para los dos.
___Es increíble lo que nos ha hecho esta magia. Si quisiéramos hablar con alguien más. O sea. Quiero decir. Si quisiéramos hablar con un humano, éste no oiría más que un atajo de gruñidos.
___Robert necesito encontrar Abrigo del Soren. —Puntualizó Cazador, haciendo caso omiso de las divagaciones de su amigo.
___No sé qué sea eso, amigo. Sé que nací aquí, pero no me suena para nada.
___En fin. Le preguntaré al viejo Wellager. Necesito llegar al meollo de este asunto.
___¿Y pretendes ir así desarmado?
___Mi tamaño me impide usar las pistolas. Pero llevo un buen cuchillo a modo de espada.
___Te dejaré que uses mi ballesta de una mano, es bastante pequeña. Bueno, ahora no —Le entregó el arma que el comerciante solía usar para protegerse en sus viajes—. Espero entiendas por qué no puedo acompañarte. Las aventuras de ese tipo no van con un comerciante.
___Te entiendo.

Al regresar a la plaza, Cazador ya podía mantenerse de pie solo, y solo se tropezó tres veces.
___Wellager. Necesito encontrar un sitio.
___Le mostró el papel garabateado al viejo trasgo, y le explicó dónde y en qué circunstancias lo había hallado.
___Quizá sea la única pista que tengamos para poder resolver este asunto.
___El viejo se frotó el mentón, y luego dijo:
Abrigo del Soren no es más que una cueva a los pies del Monte Soren. Queda tomando un camino perdido en el bosque yendo hacia el Aserradero de Karth.
___Quizá no sea nada, pero debo descartar las opciones que nos quedan.
___Lo mejor será que vayas mañana temprano para no arriesgarte a perderte por el bosque. —Dijo con tono conciliador el Jefe de Jemyca.
___El tiempo se nos acaba —aclaró el cazarrecompensas—. Si no voy ahora quizá para mañana sea tarde.
___Debes tener mesura, jovencito. Cuando salga el sol mandaré un equipo de exploración contigo. Lenno te acompañará.
___El Cazador se alejó haciendo una reverencia con su sombrero. Sabía que el viejo tenía razón. Pero lo haría con o sin su ayuda.

Cazador terminó de alistar a su can. Le había adaptado una manta y unas cuerdas  a modo de silla de montar. Su cuchillo seguía en su funda y la ballesta reposaba colgando de su hombro.
___Irás de todas maneras, ¿verdad?
___La pequeña Zaza apareció en la caballeriza de la posada con su padrea al lado.
___Lo siento, pero no me detendrán.
___No te detendremos. Iremos contigo.
___Es muy arriesgado.
___Entonces es mejor que seamos tres en vez de uno.
___El Cazador afianzó las cuerdas y probó la silla. Kiluyu comenzó a sacudirse y tiró al cazarrecompensas al suelo.
___Te ayudaré a encontrar el camino. Sé orientarme muy bien, he ido varias veces al Abrigo.
___Señor Cazador —Agregó el posadero—. Si usted logra encontrar algo que nos pueda quitar esta horrible forma, me arriesgaré con usted a como dé lugar para vernos liberados.
___»Pero si algo que no estoy dispuesto arriesgar es mi querida Zaza. Pero ella es la única que conoce como llegar a ese sitio en el menor tiempo posible. No estorbaremos, sino que le ayudaremos a que llegue cuanto antes. Por favor, insisto.

Fue así como los tres trasgos salieron de la posada con rumbo al Abrigo del Soren. Los caminos estaban desiertos y callados. Pero el bosque era harina de otro costal.
___Varias veces notaron como los guardias que Wellager había dispuesto entre los árboles seguían patrullando, totalmente humanos. Lo que dificultó enormemente su avanzar.
___Finalmente llegaron a la gran cueva, conscientes de que se acercaba la mañana.
___Escondeos aquí cerca. Entraré solo.
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Mensaje por Vanidad el Mar Jul 04, 2017 11:25 pm

Su llamada a las armas había tenido resultados variados, no tenía el ejercito de confusos trasgos a los que mandonear, cosa que habría sido ideal, y ahora le dolía horrores la cabeza, pero se había encontrado con Cazador y su ahora enorme chucho, que se les habría lanzado al cuello si su amo no hubiera intervenido, intercambio unos pocos saludos y se escurrió en cuando vio que se centraba en sus acompañantes, el tabernero y la ex-gata. Pero al menos los de la taberna se habían espabilado, y eso le dio tiempo a volver a su habitación, pensando su próximo movimiento. Por su cabeza corrían cálculos, armas, flechas, provisiones, aproximaciónes de cuando debía comer un trasgo.

La ex-diablesa ocultó su espada y escudo bajo la cama, vacío su mochila de todo lo que no fuera a necesitar y solo entonces se dio cuenta de que sus pantalones estaban en el suelo. Se miró los bajos, había estado llevando su armadura de cuero como camisón… sinceramente, seguiría haciéndolo, le daba un poco igual, pero se llevó su capa, para usarla como falda en caso de que encontrara al desgraciado que había hecho eso. Finalmente volvió a la cocina y la saqueo. Un cuchillo y la tapa de una olla como armas, comida para alimentar a un regimiento. Luego dejo por última vez la mochila en su habitación y se dirigió a la mansión. A medida que cruzaba las calles, veía “gente2 aquí y allá, transformada en trasgo, habría considerado la situación una oportunidad perfecta para reunir un ejército, si no fuesen…bueno, trasgos… o uno de ellos fuese el potencial culpable. Los reuniría igualmente, a la vuelta.

Siguió avanzando, saliendo del pueblo y pisando la hierba con sus pies desnudos… cierto, las botas, pero simplemente ignoro la molestia en sus pies, así sería más sigilosa. Podían pasar dos cosas, o bien se habían transformado y era la portadora de malas noticias o no se habían transformado y ella era la viva imagen de su archienemigo, en cuyo caso sería mejor que no la viesen si no quería morir horriblemente. Ese era el principal motivo por el cual estaba avanzando con extremado cuidado. Aunque ella estuviera acostumbrada a adaptarse a nuevos cuerpos y por lo tanto fuera muy posiblemente el trasgo más capaz de ese pueblucho, eso no significaba que fuese a ganarle a un guerrero bien armado con un cuchillo de cocina, no estaba segura de ser tan buena, seguramente habría tenido más posibilidades en su forma de gato.

Avanzó, cuidadosamente, sumida en la oscuridad que proporcionaban los árboles, con todo el sigilo del que fue capaz, hasta llegar a la mansión en la que había estado esa misma noche. Aunque esta vez no entro, no fue necesario, los guardias de la casa que la habían confundido con un gato doméstico seguían allí, perfectamente humanos… en realidad puede que no fuesen los mismos, no se había fijado y desde luego le traía sin cuidado, pero eran humanos, por lo que los de dentro de la casa lo serian también casi con total seguridad, eso era malo. Así que volvió por donde había venido, en silencio, sin hacerse notar, tenía que volver al pueblo, recuperar sus cosas y guiar aquellos lo suficientemente inteligentes como para escucharla hacia las montañas, lejos del pueblo. No podía haber muchos lugares donde esconder un montón de tragos, habría…  ¿Cuántas? ¿Tres, cuatro cuevas? Esos tipejos que no había matado antes estarían allí, en alguna de ellas, casi seguro, solo tenía que encontrarlos y zurrar al más viejo.


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Mensaje por Aulenor el Lun Jul 10, 2017 3:38 am

__Una pequeña transformada se deslizó por la resbaladiza entrada de la blanca cueva hasta llegar a la cavidad en la otros tantos cómo ella dormían sobre unas improvisadas camas de hojas y paja, rodeados de pequeños montones de materiales, víveres y otros vienes saqueados. Una vez allí, caminó con cuidado de no hacer ruido hasta una de las camas más apartadas dónde otro goblin, más alto que ella con el castaño cabello despeinado y la piel gris, dormía.

__-Matt-susurró sacudiendole ligeramente el hombro-¡Matt!

__El trasgillo soltó algunos quejidos remolones, obligandola a agraviar el meneo. Finalmente abrió los ojos, y levantándose la vió.

__-¿Daunar?-respondió confundido, mientras se rascaba los ojos-¿Qué es lo que quieres?

__-Estaba de guardia y he oído voces. No sé qué debería hacer, probablemente ni nos vean, pero tambien es posible que vengan hacia aquí. No lo sé. No quiero avisar a Blank o a Karth antes de tiempo y ondergang-explicó la chica hablando muy deprisa. Estaba tan nerviosa que ni siquiera se dio cuenta de que la ultima palabra le había salido en enano.

__-Vale, tranquila. Vuelve a la entrada, y vigila, escondida. Voy a coger mis cosas y me reuno contigo en un minuto.

__-Gracias Matt.

__La que antes fuera una enana, salió corriendo hacía su puesto de guardia, mientras que el llamado Matt se quedó en su lecho unos instantes, observándola marchar mientras se masejeaba la cabeza tratando de despejarse. Había al menos veinte pequeñas criaturas durmiendo tranquilamente en aquella cueva salina. Se levantó en silencio y recogió un cuchillo de una mesa al fondo de la cueva, guardaselo en el cinturón, se dispuso a reunirse con su compañera.

__Al acercarse a la entrada, la chica, quién estaba oculta tras una blanquecina piedra de sal, le hizo un gesto para que avanzará despacio, con cuidado. Al llegar juntó a ella, pudo ver cómo uno de aquellos trasgos se acercaba hacía la cueva.

__-Avisa a Blank y a los otros, diles que hay un transformado acercándose. Yo le entretengo, diré que me desperté al oírte entrar y salí a ver qué pasaba.-le indicó

__La ex-enana asintió como respuesta y rápidamente se deslizó hacia el interior de la cueva, perdiéndose en la sombra. El desconocido no frenaba en su avance hacia la cueva, así pues, Matt salió de su cobertura para interceptarle.

__-¡Un momento! Quédate quieto un momento, por favor ¿Quién eres?

__Cazador, que era quién se acercaba a la cueva, se posicionó casi instintivamente delante del posadero y su hija quienes se escondian detrás de un arbusto. Apartando su poncho a un lado para mostrar el cuchillo enfundado en su cinturon.

__-No quiero problemas. Sólo estamos aquí siguiendo la pista de una inscripción grabada en la granja de los Kreath.-explicó mientras Matt le miraba de arriba a abajo, casi como si no hiciera caso-Uno de ustedes pidió ayuda. Ahora yo necesito de la vuestra.

__-¿Dónde...? ¿Cuánto lleváis transformados?-preguntó.

__-¿Cómo sabes que somos transformados?-respondió Cazador llevándose la mano a la daga.

__Matt lo miró extrañado, como si la pregunta no tuviera ningún sentido para él.

__-¿Estas de broma? Como si alguien fuera así de feo de nacimiento.

__Fue en ese momento que la ex-enana regreso junto con otros cuatro transformados. Cazador reconoció al instante a uno de ellos, era aquel barbudo azulado al que se enfrentó en la granja la tarde anterior. Un segundo traía consigo flechas y un arco, era aquél arquero que parecía haberle salvado la vida al primero; tenía la piel marrón y de los cuatro que habían llegado, el que tenia cara de menos amigos. Los otro dos eran indicutiblemente una pareja, se movian casi pegados el uno al otro en perfecta sincronia; el hombre era bastante más alto que la mujer y tenia la piel blanca; mientras que ella, más bajita y anchota, la tenía muy morena.

__-¿Qué haces aquí Matt, cómo has llegado tan rápido?-preguntó el arquero, extrañado al ver a su amigo hablando con el ex-divium. Él solo se encogió de hombros como respuesta y se retiró a un lado, junto a la ex-enana, dejando paso a los que acababan de llegar.

__-Oh no, ¿han atacado otro sitio? Soy Kreath. ¿De dónde venís?-exclamó el tipo alto de piel blanca, dirigiendose hacía Cazador.

__-Somos de Jemyca. Bueno, yo no. Ellos-explicó haciéndose a un lado y dejando via libre para que se viera al posadero y su hija- Yo fui contratado para mantener a raya a los... a ustedes.

__-Han... ¿Han convertido el pueblo? ¿¡Entero!?-exclamó horrorizada la mujer de piel morena.

__-Si-respondió rotundo Cazador- ¿Así que, todos ustedes son de la granja Kreath? ¿Hay más humanos transformados con ustedes, de otros sitios?

__-Inbare-maldijo por lo bajo el de la barba. Tanto él como la pareja parecían estar bastante consternados por la noticia.

__-No, no todos-intervino desde atrás la ex-enana viendo que sus compañeros tardaban en responder.

__-Algunos tampoco somos de aquí, solo estábamos de paso en la posada cuando nos hechizaron-continuó la explicación el arquero-Pero lo importante ahora no es eso. ¿Cuantos han sido convertidos? ¿Queda algún sitio sin atacar?

__-El pueblo entero fue transformado. Eso es todo lo que sé. Puede que el monasterio, o la gente en las tierras de Birquad se hayan salvado.

__-No, al parecer el monasterio fue el primer sitio en ser atacado-explicó Matt desde detrás.

__-No sé si es bueno o malo que quede gente sin transformar-dijo el barbudo, hablando más hacía la pareja y el arquero que hacía los demás-Es dificil rastrear a esos goblins teniendo que estar escondiéndonos.

__- Ahora no Karth, tenemos otro problema. Si hay gente sin transformar tenemos que evacuar el pueblo, no creo que nadie quiera volver a matar a sus vecinos.- le respondió el arquero.

__-Aquí no caben mucha gente más-exclamó la mujer-¿Cuantas personas hay en el pueblo?

__-Kreath-intervinó de pronto el posadero, avanzando hasta ponerse a la altura de Cazador-¿Has dicho que eras tú, no? Soy Edenwood. La mitad del pueblo se fue a donde los Biquard para estar más seguros, y según veníamos había patrullas.

__-Vale, ¿Cómo esta la cosa en el pueblo?

__-Se ha vuelto un caos. Quizá nadie se lo tome con la misma calma que ustedes.-explicó Cazador-¿Hace cuánto que os han transformado? ¿Un día?

__-Una semana-respondió el blanco. Luego apuntó hacia el arquero-A ellos hace dos-por ultimo apunto al barbudo-Y a él tres.

__-¿Tienen idea a qué nos enfrentamos?-les gritó Cazador-¿Saben quién fue el que nos hizo esto?

__-Aun nada, sabemos que hay unos goblins ocultos en el bosque, creemos que han sido ellos o que al menos saben algo, pero aun no los hemos encontrado.

__-Buscarlos en pleno día fue toda una odisea. No quiero pensar de noche. Creo que lo mejor será volver al pueblo. Y averiguar si queda gente sin transformar. Hay que alertarlos a todos

__-Si hay gente sin transformar, el pueblo no es seguro.-dijo el arquero.

__-Daunar, acaba de despertar a la gente-le ordenó el barbudo a la ex-enana-Los Kreath y yo iremos al pueblo y trataremos de explicar la situación a todos. Si hay gente sin transformar el pueblo no es seguro, menos si hay patrullas. Tenemos que traer a todos aqui. Tendremos que montar una distracción mientras tanto

__-Esto es una locura-exclamó para si mismo el ex-divium. Luego agregó en voz alta-Os ayudaré. Somos muchos, creo que podríamos neutralizar a las patrullas sin necesidad de herirlas.

__-Si lo descubres avisa, llevamos con ese problema bastante tiempo.
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Y solo los más pequeños quedaron atrás... - Página 2 Empty Re: Y solo los más pequeños quedaron atrás...

Mensaje por Aulenor el Miér Jul 19, 2017 1:39 pm

__Los primeros rayos del sol comenzaron a elevarse por encima del horizonte, allá en el Este dónde los días despejados casi se podían distinguir las plantas más altas de Swash. Hasta ese momento, todas aquellas personas que se encontraban en la Residencia de los Biquard, tanto sus residentes habituales como aquellos que el día anterior huyeron del pueblo, habían permanecido ignorantes a los acontecimientos de aquella noche. Sin embargo, con el alba, apareció la primera y alterada patrulla.

__-¡¡Abran el portón!! ¡¡Rápido!!

__-¡Abram! Que pronto has vuelto hoy. ¿Cómo es que vienes solo?-contestó un guardia desde la muralla

__-¿¡Es que no me has oido Roy!? ¡Abre la maldita puerta!

__-¡Bueno, bueno! ¡Nos tranquilizamos! Inez, abré el portón.

__-Será mendrugo en tío este...

__El rastrillo comenzó a elevarse, mientras las grandes puertas de madera se abrían tras de él; dejando tras de ver el campamento de carromatos y tiendas que se había formado en lo que antes era el jardín de aquella mansión amurallada. El guarda no espero a que las puertas se abrieran del todo antes cruzarlas a toda prisa hacía el interior, dónde fue recibido por otros tres centinelas.

__-¿Qué es lo que te pasa para estar de tan malas pulgas?

__-¿¡Quieres cerrar la bocaza de una vez, Roy!? ¡Han atacado el pueblo! Llamad a Tadewi de una vez.

__La consternación se apoderó del rostro de los tres centinelas, así como de la poca gente que se había levantado ya y comenzaba a rondar por el terreno, quienes al oir los gritos del guardia, comenzarón a aparecer cerca de la puerta para oír las noticias. Abram tuvo aun que hacer un gesto con la mano para que uno de sus compañeros saliera corriendo de una vez hacía la mansión para llamar al castellano, pero no tuvo que recorrer demasiados metros, ya que Lenno apareció por la puerta casi al instante.

__-¿Ya regreso la patrulla? ¿Qué ha pasado?-preguntó al ver al guardia frenar justo frente a él y la turbación de los presentes.

__-¡Mi señor!-exclamó el patrullero, corriendo hacia el hunta-Nos informarón de un avistamiento cerca del puente del bosque y la mayoría de las patrullas nos dirigimos a apoyar, ahora mismo hay una escaramuza contra los trasgos. Sin embargo, yo pertenezco al grupo que fue a avisar al pueblo de este hecho, pero ya no había a quién avisar.

__-¿Cómo dices?

__-Hay decenas de goblins saliendo de la aldea, parece que ya lo han tomado.

__Lenno apartó un instante la mirada, ahogando una maldición hacía el suelo, al instante volvió a alzar la vista con decisión.

__-Levantad a toda la guardia, quiero a todos listo para partir en diez minutos, y que no se entere nadie de los del pueblo. ¡Rapido!-los tres centinelas salieron disparados en distintas direcciones, en cuanto desaparecieron, el castellano, colocó una mano sobre el hombro del recién llegado.-Ha hecho un buen trabajo,
señor Lewres. Pero aun necesito a todos los hombres, ¿Cree que le aguantaran las fuerzas para lugar un poco más?


__-No tiene ni que preguntarlo, señor. Por mi ya estarían luchando contra esos demonios enanos.


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