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Novel o (El Preludio de un Cuento de Venganza).

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Re: Novel o (El Preludio de un Cuento de Venganza).

Mensaje por El Cazador el Miér Feb 22, 2017 10:17 am

Aquí es. Aquí está tu padre. —La voz de Elena se había roto apenas al comenzar la frase.
Ala Moteada se acercó hasta la reja y observó la sombra de un padre que alguna vez tuvo. Paris había sufrido una especie de corrupción en la cárcel. Su piel y ojos estaban cambiados, y sus manos ya no eran como su hijo las recordaba. Ahora estaban más flacas, las venas reptaban por su dorso, como las raíces de un árbol caído.

Aquella figura que se levantaba de su camastro y se acercaba a la reja no era la de su padre, era la del asesino del cuchillo. El hombre llegó hasta las barras de metal y se apoyó en ellas con una mano, mientras con la otra tocaba el pecho de su hijo.

Estás grande. —Hasta su voz era diferente. Los ojos de Paris estaban hundidos y demacrados, sus dientes amarillos y su barba era lo más cercano a uno de los peines corroídos por el uso de Buri.

Elena sintió que perdía sus fuerzas. Soltó a su hijo de la mano y usó las dos manos para entregarle el paquete a Paris, como una ofrenda.
Te traje ropa, está limpia. —Le dijo ella, las lágrimas le corrían ante la imagen de ver a su hijo junto a su padre, separados por los barrotes.
No quiero la ropa usada de tu amante. —Soltó su marido. El olor del alcohol le llegó como un tufo maloliente de acequia portuaria.

Paris le dio un manotazo al paquete y lo mandó al suelo. Ala Moteada dio un paso atrás al notar el vaivén del cuerpo de su padre, estaba borracho. La ropa en el suelo se desdobló y se soltó la sencilla amarra que le había fabricado Elena.
Su esposa comprendió que ni siquiera en su encierro Paris entraría en razón. De su garganta surgió un grito envalentonado. Comprendió que con eso todo acababa.

¡Maldito mal agradecido! ¡No te veré más! ¡Juro que no te veré más!
Su hijo estaba petrificado. La imagen del cuchillo flotó frente a sus ojos, e imaginó a su madre apuñalando a su padre con sus gritos. Pero al ver sus manos eran estas las que tenían manchas de sangre.
¡Vámonos hijo!
Elena estaba pálida, arrastró al niño del ala jaspeada de un brazo y se lo llevó fuera de las celdas.




La puerta de La Antorcha, por las noches colgaba, como bien dice el nombre del lupanar, una antorcha que se aferraba a un aro de hierro al lado de la puerta. Dentro le seguía un pasadizo que llegaba directo al patio. Era al corazón del prostíbulo. En cada habitación que rodeaba el patio había tres o cuatro camastros de sencilla hechura, separados los unos de los otros mediante cortinas corredizas colgadas de pared a pared.

Las puertas de toda la casa no poseían perillas, y las ventanas carecían todas de vidrios exceptuando las que daban al exterior.
En cada habitación, al lado de cada camastro había una endeble silla o alguna mesita de noche a modo de velador, con un cabo de vela sobre este. En sus cajones se podía encontrar medias de colores, algún peine y una vela de repuesto. Abajo del mueble solían dejar las botas altas, y bajo los catres un lavatorio con agua limpia que tenían que ir ellas mismas a cambiar al pozo.
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Re: Novel o (El Preludio de un Cuento de Venganza).

Mensaje por El Cazador el Miér Feb 22, 2017 10:18 am

Sobre las sillas dejaban los vestidos siempre bien cuidados. La mayoría de estos los fabricaba alguna amiga de la dueña que se los vendía a precios exorbitantes con la mentira de que eran de telas de lugares lejanos o que seguían la moda de la realeza de tal o cual lugar. Era un buen sistema para mantenerlas explotadas y amarradas a la deuda constante que las mantenía como ciervas.
Indudablemente las prendas terminaban durando poco por culpa de la agitación de su empresa, y siempre terminaban haciéndose de otro, de tal manera en que estaban siempre endeudadas. Pero las muchachas no respetaban el dinero. No le daban ninguna importancia.


El salón principal era la parte mejor hecha y cuidada del local: ancho, espacioso y alfombrado casi en su totalidad. Su dueña se propuso arreglarlo bien para que el sitio diera cobijo a las mejores fiestas del Barrio, y mandó a cubrir sus paredes del color pasional de la luna Sanctra. Las poltronas y los sillones del mismo color que las paredes, eran mullidos y de buena hechura, mandados a hacer al mejor artesano de la zona. También el hombre había tallado en madera de fresno y nogal la larga y curvada barra de la cantina, donde la bebida principal era el vino, que servía tanto para avivar como para liberar las penas.

Altos eran los candelabros dorados que colgaban del techo, y sus velas eran cuidadosamente cambiadas cada mes. El piano en una esquina de la estancia era negro y brillante en su pulcritud. Su sitio estaba sobre una tarima a modo de escenario.
Los espejos altos estaban dispuestos en sitios específicos para dar la impresión de espaciosidad, tenían marcos de madera que la dueña había comprado en un barco proveniente de las islas al otro lado del mapa. Y en el resto del espacio de las paredes, los cuadros de historias famosas estaban colgados aquí y allá para que nada quedara al azar. Las pinturas eran variadas: las mujeres que habían dado vida a las tres ciudades, un árbol enorme que cruzaba con sus raíces el mundo, un barco que cruzaba una tormenta en medio del mar, y una mañana tranquila en donde se podía apreciar dos ejércitos a punto de verse sumergidos en la batalla.

Para dar el tono final, había innumerables velas rojas aquí y allá, dispuestas para dejar nichos de soledad en cada lado del salón.
La habitación de la dueña estaba escondido en el fondo del local. Y era allí donde tenían que ir a pagar los hombres antes de llevarse a una mujer a las habitaciones, diciendo primero por cuánto tiempo la tendrían. Constantemente se veía a la dueña entrando y saliendo de su habitación, y ninguna muchacha sabía a ciencia cierta cómo era el interior.

La vida de las muchachas era brutal incluso cuando no estaban en plena faena. Por las mañanas se despiertan quejándose de dolores de cuerpo por haber dormido poco o en mala posición, con una mano dándole masaje a las sienes mientras con la otra se visten lentamente.

Su expresión astuta de la noche es reemplazada por la de la resaca. Almuerzan luego de haberse alisado las cabelleras y haberse limpiado el maquillaje
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Re: Novel o (El Preludio de un Cuento de Venganza).

Mensaje por El Cazador el Miér Feb 22, 2017 10:20 am

Conversan sin tratar de mencionar nada de lo que hubiera sucedido en la víspera anterior, como si de esa manera hubiera quedado vedado. La hora especial era cuando tomaban el té. Aquella infusión traída por los barcos, que aletargaba y tranquilizaba los nervios. Es en ese momento cuando conversan sobre recuerdos lejanos y vagos en sus memorias, cosas que oyeron o que hubieran sacudido la monotonía de sus vidas.

Al caer la tarde, el brasero del patio se hubiera apagado y el té acabado, se levantan cada una y se comienzan a preparar para la noche.

Cuando el sol se pierde por el este, y las luces de la calle se comienzan a encender, dentro de La Antorcha ya comienza a servirse bebidas a los primeros comensales de la noche. Cigarrillos y cerveza negra para avivar a las muchachas y luego el vino que despierta las pasiones. Ya cerca de medianoche la orgía está en pleno en las habitaciones, y la dueña mientras tanto cuenta y apila las monedas para organizarlas. Cada cliente que ha escogido a una muchacha tiene que pagar por adelantado el tiempo que estará en la habitación. Y ninguna de ellas acepta estar por toda la noche antes de que la fiesta haya acaecido por completo, pues saben que hasta cierta hora, con la cantidad de hombres, es mucho más beneficioso estar una hora o menos.
Mientras su madre toca el piano, Ala Moteada gusta de asomar por el resquicio de la puerta, para admirar el interior del salón. La música parece restallar en todos sitios, y las conversaciones y las risas parecen envolverse dentro de ella. El prostíbulo a veces le parecía un demonio gritón y pendenciero. El cual con su voz lujuriosa y loca zumbaba alrededor de su cabeza.

Cuando no podía dormir pensaba en Hela, en su rostro y bonitas manos. A veces le gustaba imaginarse siendo el hombre de turno que la seducía antes de llevársela a los interiores del local. Otras noches miraba el cuchillo y se imaginaba blandiéndolo frente a aquel hombre bajo las celdas que no era su padre. O salía al patio para respirar el violento y penetrante aire que subía por el parrón. Se paseaba por el techo y volaba por el Barrio mientras tanto su madre lo hacía dormido. Sabía que tenía que volver antes de que se terminara todo el boche. Y siempre lo hacía cuando despachaban hasta el último de los hombres.
Algunas veces se quedaba mirando como algunos hombres se batían con navajas, espadas o dagas en medio de las calles o en los callejones, poseídos por el alcohol o drogas más duras, se destripaban los unos a los otros como las vacas y los cerdos que iban a parar a los mataderos. La imagen de la sangre negra brotando de las tripas de esas personas le provocaba conmoción, pero con el tiempo se fue acomodando a los sucesos, y al final simplemente los veía como parte de la vida. Como nacer y morir. La gente moría, todos en algún momento lo harán, pensaba. Aunque imaginarse muerto, o alguien de su familia le arrancaba una débil lágrima, su joven mente entendía a su manera.

Algunas veces, simplemente se quedaba en la orilla del puerto, mirando los barcos, o las nubes. A pesar de la atracción malsana que ejercía el Barrio sobre él muchacho, la curiosidad por el basto mundo lo atraía.
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Re: Novel o (El Preludio de un Cuento de Venganza).

Mensaje por El Cazador el Miér Feb 22, 2017 10:21 am

El mar era una completa mancha negra, que era rasgada por la espada del faro que con soltura iluminaba los barcos para que pudieran atracar en el puerto sin temor. Justo en el techo de ese edificio, abrazando sus piernas, permanecía sentado Ala Moteada soñando despierto con el gigantesco cielo, lleno de peligros para sus alas, que a esa edad ya demostraban no tener la capacidad de mantenerlo en lo alto por mucho tiempo. Se imaginaba volando libremente por el mar del oeste, visitar ciudades lejanas y alejarse para siempre de la Ciudad de los Rencores.

Lo que más le gustaba imaginar era que llegaba a ser parte de La Escama Azul, el gremio de cazadores de Zheroker. Él creía tener pasta de cazador, se sentía fuerte, hábil y diestro. Sus alas le llevarían lejos, hasta los verdes campos de la tierra donde una vez vivió el Dragón Azul.

Su hora de regreso siempre era la misma, y la calculaba al ojo mirando la luna pasar por la constelación del Dragón del Este, y siempre regresaba a su cama cuando las muchachas tomaban café, al finalizar su turno. Elena las acompañaba a beber, a todas les servía para descansar la mente, o evadir la borrachera.

Elena, luego del distanciamiento de su esposo continuó con su vida como si nada hubiera sucedido. De Paris ya no se hablaba, y sus dos hijos parecían haberlo olvidado.
La mujer no había notado el cambio repentino en sus hijos luego de verse liberados del padre. Su hijo mayor se había vuelto más callado de costumbre, y los contactos con Lok, quien solía visitar a su madre, lo volvían a veces hosco y pesaroso. Su hija, por otro lado, había sufrido un cambio mucho más silencioso, una extraña maduración acelerada que gracias al contacto constante con el lupanar se fue potenciando en pocos meses.

A sus catorce años mantenía la atención de la mayoría de los hombres de la calle, que se mordían los labios al verla caminar. Su precoz coquetería, alentada por las muchachas, y el balanceo de sus incipientes caderas cuando iba y venía recogiendo ropa para que su madre la lavara o cosiera, era motivo de conversaciones malévolas desde los más jóvenes hasta los más viejos.

Y es que su desarrollo había dado un salto prodigioso luego de que hubiera cambiado su plumaje albo, su pecho se había visto inflado y sus brazos y piernas, que un año antes se asemejaban a baquetas de tambor, habían adquirido una redondez armoniosa. Su cabello había tomado un espesor de melena de león, y los bucles que caían alrededor de su rostro sano y lozano, eran como torbellinos que revelaban que su sangre estaba más cercana a la divium que la humaba.

A su edad, no solía tener ninguna amiga verdadera, y le gustaba hablar mal a las espaldas de ellas con las demás, generando cizaña entre las niñas que solían juntarse a jugar con ella. Solía arreglarse las pestañas y las cejas con los utensilios de su madre para darle cierto acento a su rostro.
Desde hacía años que estaba cansada que le dijeran que tenía bonitos ojos, se lo decían las muchachas, en el puerto, en el mercado y en el almacén.
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Re: Novel o (El Preludio de un Cuento de Venganza).

Mensaje por El Cazador el Miér Feb 22, 2017 10:23 am

Las viejas que la veían pasar aseguraban que su cuerpo ya no era casto porque sus caderas se habían ensanchado demasiado de un momento a otro. Pero en realidad la niña estaba intacta y su madre la defendía con instinto salvaje cuando oía aquellos comentarios desabridos.

Vanir a pesar de su cuerpo, seguía siendo mentalmente una niña. Y mantenía la extraña esperanza de que algún día llegaría un príncipe que la sacaría a golpe de magia de la realidad del Barrio.

Un día, en medio de la noche fiestera, entraron cuatro soldados de fiero armamento acompañados de un comerciante conocido del lupanar. Todos los hombres de arma eran jóvenes y de buen aspecto. No tuvieron problema para traspasar la gruesa cascara de miradas furiosas del Barrio, y mucho menos se las tuvieron que ver con los clientes que en ese momento se paseaban por La Antorcha, quienes se desdibujaron en silencio luego de notar el calibre de las espadas que portaban los caballeros.

El asunto no mejoró para las muchachas, quienes con una mezcla de miedo y coquetería implícita se acercaron a los recién llegados.
El comerciante hizo las presentaciones, dejó a buen recaudo a los soldados, y se retiró.
Dio la casualidad de que Vanir se encontraba solitaria calentando agua en el patio para tomarse un té antes de dormir, y al devolverse a su habitación la curiosidad la tensó al notar el silencio del salón que hace tan solo unos momentos se derretía bajo el sonido de los gritos y el piano.

—… Y ella es Hela, acá está Daga, Sól y Buri —Decía la dueña del lupanar mientras le presentaba a los cuatro las muchachas—. Y esta señorita es Edda.
Vaya, ¿una señorita en un prostíbulo? —Dijo el solado de barba negra con una carcajada—. Marin no mentía cuando hablaba de la calidad de este lugar.

Entonces, Vanir vio por la puerta a su príncipe. Era rubio y joven, quizá tan solo un par de años mayor que ella. El muchacho gracias a la armadura de cuero que vestía parecía evocar una especie de hombría que a la niña le embriagó tan solo al caer bajo esos ojos castaños.

Vanir huyó a su habitación roja como una manzana a punto de madurar. Dejó el agua a un lado y buscó su vestido más corto a sabiendas de que tenía que impresionar a su príncipe. Al fin había llegado a por ella, era igual como en las historias que le contaba Edda, rubio y de perfecta mandíbula, alto y recio, con la fineza del bailarín y la fuerza del soldado.

Aprovechando de que su hermano se había escapado a volar bajo las lunas, se arregló como jamás lo había hecho antes, con tanta coquetería que rozaba la apariencia de cualquiera de las muchachas en el mejor de sus días. Por primera vez echó mano de las pinturas que encerraba su madre en una cajita de madera dentro de la mesita de noche, y manchó con carmín sus labios carnosos y pálidos. Se acicaló el cabello enmarañándolo con un peine viejo y al lado de la cara y por sobre la oreja izquierda se arregló una flor de las que reposaban en el florero de su mesilla.
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Re: Novel o (El Preludio de un Cuento de Venganza).

Mensaje por El Cazador el Miér Feb 22, 2017 10:28 am



Estaba bellísima, si no fuera porque sus zapatos parecían recogidos de la calle, remendados infinitas veces, y sucios por la tierra de la calle. Se los quitó y dejó debajo de la cama. Sus pies se encontraban limpios y presentables, pues ella solía limpiar su cuerpo cada dos o tres días, pues sentía que era insoportable el olor de la suciedad.

Mientras la niña se arreglaba, en el salón ya iban por la quinta ronda, y tanto las mujeres como los soldados disfrutaban de la fuerte cerveza negra que la dueña guardaba bajo la barra. Dos de los hombres ya habían escogido, y Hela fue la primera en perderse. Sól y Galia fueron las segundas en partir, y para cuando apareció Vanir en el resquicio de la puerta, el salón se había vuelto a llenar con los beodos malditos de siempre.

Cuando notó que ni él ni varias de las muchachas estaban ahí, le pareció que todo había terminado, se sintió desamparada e inútil. Corrió deshecha hasta su habitación y se lanzó a su camastro a llorar.

Cayó en un llanto que duró poco menos de una hora, aterrada porque su oportunidad se había escapado de entre los dedos. Cuando se tranquilizó, pensó en todo el tiempo que iba a pasar para que alguna vez su príncipe volviera a pasar por ahí, y al poco tiempo comprendió que aquello no sucedería nunca. Aquella había sido su oportunidad única, y la había perdido.
Entonces se puso de pie, y caminó hasta el patio y esperó escondida mientras la farra continuaba dentro de las habitaciones y el salón. Sus lágrimas se secaron, esperaría a que su príncipe saliera, y le pediría que la llevara con él.

Pero cuando los soldados se retiraron del lupanar, y se encontraron bajo la antorcha de la entrada a Vanir, no comprendieron qué era lo que estaba hablando.

Por favor, mi príncipe. Llévame contigo.
Lo siento, niña. —Dijo el implicado a modo de excusa—. Pero no entiendo a qué te refieres.
Vanir se aferró a su brazo, y sintió que las lágrimas se le agolpaban de nuevo en los ojos, pegó su cara a la armadura de cuero y volvió a repetir la misma frase buscando que su príncipe recapacitara.
Vamos Adam. Hay que dormir algo antes de partir. —Le dijo el otro soldado rubio, quien por el parecido, denotaba ser su hermano.
Por favor, por favor Adam. —Dijo Vanir, extasiada al conocer el nombre de su amado—. Adam. Adam.
Yo arreglaré esto. —Dijo al fin el hombre de la barba negra, acarició la cabeza de la pequeña y sonrió ante la belleza virginal de Vanir—. Acompáñanos niña.

¿De qué diantres hablas, Garden? —Ladró el hermano mayor del joven soldado rubio.
Tranquilo, Erick. Te dije que lo arreglaría.
Vanir sonrió ante la idea de poder partir al fin, y soltó a Adam para mirar expectante a los dos soldados mayores resolver su disputa.
Eric avanzó hasta Garden y lo encaró con disimulo unos pasos más allá del grupo.
Estás loco si piensas que te puedes llevar a esa niña. —Le espetó susurrante para que desde dentro del lupanar no oyera nadie. Pero era imposible que lo hicieran de todas maneras, el sonido que provenía desde dentro era mucho mayor que el de afuera.
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Re: Novel o (El Preludio de un Cuento de Venganza).

Mensaje por El Cazador el Miér Feb 22, 2017 10:32 am

Mañana estaremos a cientos de millas de esta ciudad, ¿qué mierda importa? Además, si no la quiere Adam me la quedaré yo.
Maldito enfermo, no lo permitiré.
El soldado de la barba negra sonrió con malicia y se llevó la mano a la empuñadura.
Pues me gustaría verte intentarlo. —Contestó Garden con una voz que rayaba en lo lúgubre.

Vanir no notaba hasta el momento nada de lo que sucedía realmente en aquella escena, pues se encontraba clavada a Adam que la miraba debiéndole una incómoda y extraña sonrisa. La niña, con la poca enseñanza y la nula capacidad de ver la realidad, se mantenía flotando en el ensueño de poder salir de una vez por todas del Barrio y del lupanar. Quería ser una dama de las que viven en el campo en medio de la tranquilidad como le contaba Edda, o una aristócrata de la ciudad como solía contarle Galia. Quería estar en cualquier lado, ser cualquier persona con tal de no estar ahí.
El hombre de la barba negra miró a sus demás compañeros, y al ver que no obtenía objeción de ningún otro, sonrió con verdadera jovialidad a la niña.
Todo está arreglado, melocotón. Vendrás con nosotros.


Cuando Ala Moteada llegó en medio de la noche a su habitación, no notó que su hermana no se encontraba ahí, pues las velas estaban apagadas. El muchacho se sacó los zapatos y se metió a la cama tal cual como estaba, sin importarle siquiera quitarse los pantalones.

Cuando apareció su madre, ya habían pasado horas. Entró al pasillo con una vela en la mano, con la cual encendió la de la mesilla. Se quitó el poncho que vestía para salvaguardarse del frío de la noche y al girarse notó que la cama de la niña estaba vacía.
Lo primero que pensó al ver desordenadas las sábanas fue que se encontraba en el baño, así que se terminó de desvestir, y se acostó. Esperó en la cama y a los pocos minutos se levantó extrañada, se fue a la cama de la niña y notó que estaba fría. No había estado acostado ahí nadie por horas.

¡Hijo! —Gritó entonces, asustada como si una visión infernal hubiera traspasado la oscuridad de la habitación para hincarle los dientes en el cuello.
El pequeño del ala jaspeada dio un salto en su cama y preguntó que sucedía.
¡Tu hermana! ¡¿Dónde está Vanir?!
No lo sé. —Dijo simplemente el muchacho, despertando a duras penas de su sopor.

Elena se trastornó. Gritaba cada vez más fuerte por su hija. La dueña del lupanar puso a buscar a las muchachas, y pronto estaban todas dando vueltas por el local buscando a la niña.
¡No puede estar muy lejos! —Chillaba la madre—. ¡Dejó sus zapatitos! ¡Los dejó debajo de la cama!

Ala Moteada buscó por el techo y se aventuró por el aire buscando a su hermana. El temor dentro de su pecho era como una piedra a medio tragar. No estaba en el prostíbulo ni tampoco en las casas de sus amigas. A medida que amanecía el llanto lo embargó, y no podía pensar en nada que no fuera fatídico que le hubiera ocurrido.

Y todo era culpa de él.
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Re: Novel o (El Preludio de un Cuento de Venganza).

Mensaje por El Cazador el Miér Feb 22, 2017 10:34 am

Se culpaba a sí mismo mientras corría por las calles gritando con las manos alrededor de la boca el nombre de su hermana.
Yo no estaba ahí. Yo no estaba ahí. —Se decía en silencio.
Le había dicho a su madre que él se había acostado como siempre y se había quedado dormido. Pero era mentira. Elena había dicho que si a la niña se la hubieran raptado, al menos el hermano la hubiera escuchado gritar o algo parecido.
Pero mi niño no escuchó nada. ¿Entonces? La niña debe estar en algún lado escondida. Nos está jugando una mala broma. ¡Esa mocosa de moledera!

Su madre no quería pensar en lo peor. Se rehusaba a pensar en lo peor. Pero Ala Moteada ya estaba barajando la posibilidad de que a la niña la hubieran sacado de su cama en medio de la noche sin que ella pudiera mediar resistencia.
Y solo había una persona que podría hacerlo.

Se devolvió a su casa esperando novedades, pero el asunto seguía igual. La patrona de la casa repartió más café para que las mujeres pudieran permanecer despiertas, y todas permanecieron en vela buscando a Vanir sin descanso.

El muchacho del ala jaspeada se quedó en su cama, sentado pensando en su padre. No se le ocurría a nadie más que hubiera podido cometer tremenda fechoría. Levantó el colchón de paja y sacó el cuchillo. Y como no tenía donde esconderlo en sus ropas, se dejó puesto el poncho para poder llevar el cuchillo al cinto sin ser notado.
Cuando amaneció estaba frente a las puertas de la guardia.

Quiero ver a mi padre. —Dijo el muchacho con voz decidida. El guardia se acercó a él mirándolo con cara extrañada.
El hombre se arregló el cinturón y miró unos segundos al mestizo, como calculándolo.
Hoy no es día de visita. —Le contestó seco—. Lárgate.
El guardia se alejó lentamente de vuelta a su puesto.

¡Necesito verlo! —Gritó Ala Moteada, su voz resonó en la garita del guardia.
El guardia se mostró enojado, pero tan solo pensar que el pobre crío tenía a un padre metido ahí dentro se le revolvió el estómago.
No me interesan tus necesidades. No me vuelvas a hablar, o te contestaré con la porra.

El guardia se alejó y lo dejó solo. El muchacho se agarró la cabeza con ambas manos. Nadie le dijo que sería fácil. Caminó alrededor de la cárcel tratando de recordar en cual ala se encontraba su padre. El sol comenzaba a lanzar su manta tibia por sobre el arrabal, pronto comenzaría a apurar el proceso de descomposición de la basura amontonada en las esquinas.

El mestizo se detuvo frente a la pared lateral del edificio, respiró profundo mientras el miedo se aferraba a su pecho. Si su padre estaba ahí no sabría qué más hacer. No sabía dónde más buscar. Su hermana menor… Recordó su rostro, abrió sus alas y saltó.
No alcanzó a despegar los pies cuando el mismo guardia que lo había echado, lo aporreó con su garrote justo en la espalda baja. El golpe le quitó el impulso, lo mandó contra la pared y luego cayó al suelo.
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Re: Novel o (El Preludio de un Cuento de Venganza).

Mensaje por El Cazador el Miér Feb 22, 2017 10:37 am

Sabía que ibas a hacer algo parecido. ¡Malcriado de mierda! —Gruñó el guardia—. Si veo que te pasaste hacia dentro, te voy a meter dentro de una celda para que veas qué tal tratamos a los mocosos como tú.
El mestizo lloró en silencio mientras se retorcía de dolor.
¡Lárgate ya! —Le gritó. Iba a darle una patada, pero se arrepintió.

El muchacho se puso de pie como pudo y salió corriendo.

Sobajeándose la espalda llegó hasta el puerto. Su rostro manchado de lágrimas secas se mantenía imperceptible para las decenas de personas que iba y venía por el lugar.

El muelle estaba igual que siempre. Miró el mar y se preguntó si su hermana no se hubiera escapado. Pero ella no era capaz de tal cosa, pensó. Ella no sería capaz.

Se quedó mirando el horizonte, él realmente apenas y conocía las intenciones de su hermana, apenas la veía cuando pasaba por la casa. No le gustaba pasar tiempo con ella, eran demasiado diferentes. Él siempre se había sentido resentido por haber sido desplazado en todo por culpa de ella… Pero era su hermana, y el vacío en su pecho era inconmensurable.
Entonces bajó la vista, y encontró una flor, era del mismo tipo que las que crecían en el patio del lupanar, las que su madre gustaba dejar en un florero sobre la mesilla con un poquito de agua para que no se marchitaran. Una amapola naranja.

Tomó la flor y miró el sitio vacío en el muelle, se conmocionó. ¿Acaso era posible que…?
Regresó corriendo con la flor en las manos. Decidido a creer que aquello era una señal.

Encontró a su madre en el comedor, y se llevó una justa bofetada al llegar a su lado.
¡¿Dónde diantres has estado?!  —Le chilló su madre al verlo.
Elena no se había calmado desde que la niña había desaparecido, y mucho menos se había detenido a comer. Era por eso que la tenían sentada en una de las mesas, frente a un plato de sopa de verduras y cerdo. Daga y Sól estaban con ella, y le hablaban igual como se le habla a los borregos para que no estén asustados.

La visión de un segundo hijo perdido había enmudecido a su madre, y al ver al fin aparecer a su varón, una mezcla de felicidad y rabia la había embargado, siendo esta última la que había reinado en la mujer.
Ala Moteada se fue a esconder a su habitación para llorar. Se encontraba furioso y apenado por igual. ¡Había salido a buscar a su hermana! ¡Estaba ayudando igual que los demás! ¡¿Por qué le tenían que pegar por ello?!

El sol ya se cargaba por el este, brillante como una cuenca de oro, iluminando la habitación del muchacho. Éste, sentado en su cama, observó el florero y notó que un tallo cortado, vacío junto a las demás flores, y revisó la flor que traía entre manos.
El corte calza justo… —Se dijo al notar que la muesca irregular del tallo cortado del florero era idéntico al tallo de la flor.

Se alegró demasiado. Corrió hasta donde su madre y le comentó lo que había encontrado. Cuando llegó al comedor su madre no se encontraba ahí.
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Re: Novel o (El Preludio de un Cuento de Venganza).

Mensaje por El Cazador el Miér Feb 22, 2017 10:40 am

¿Dónde está mi madre? —Le preguntó a Sól, quien se encontraba en el patio. Las demás mujeres no estaban en el local, sino que se encontraban fuera, hablando con todos sus conocidos para comenzar una búsqueda ciudadana.
Sól dejó la ropa que estaba colgando bajo el parrón de vuelta en la canasta de mimbre y trató de hablarle al niño con todo el tacto posible.

Doña Alana le dio un té para que durmiera, hijito. La tiene en su habitación descansando.
Ala Moteada corrió hasta la habitación de la patrona, tocó la puerta y cuando la dueña del lupanar salió, lo atajó al instante.
Deja a tu pobre madre dormir, cabro leso. —Le contestó la dueña, la pérdida de la niña la había afectado tanto como a la propia madre, pero ella debía mantener la compostura, era la dueña al fin y al cabo y debía mantener un renombre—. Necesita una siesta para bajar los nervios.

Despiértela. Necesito decirle que encontré una flor en el puerto —Le dijo el muchacho atropellando sus palabras—, una flor naranja.
Mírate la cara muchacho. Elena está con los nervios tomados. —La dueña le pasó el pulgar por la mejilla al muchacho, la bofetada que le había dejado su madre le había dibujado líneas rojas en la cara—. Deja que duerma un rato.

El muchacho del ala jaspeada se giró en seco y salió corriendo fuera del lupanar. Aleteó por sobre las casas y el sitio militar olvidado para alcanzar el muelle lo antes posible. Sus alas se agarrotaron y sudaba como cerdo en matadero, peor aun así llegó hasta la parte del puerto donde había encontrado la flor.
Señor, ¿sabe usted qué barco zarpó desde este sitio? —Le preguntaba a cualquiera que pasase—. Dama. ¿Sabe usted qué barco zarpó desde este sitio?
En el puerto nadie tiene tiempo para detenerse a pensar en nada. La gente pasaba del muchacho como el noble pasa del mendigo. Los adultos nunca tienen suficiente tiempo para los niños, y si así fuera el caso, ¿por qué habrían de recordar qué barco se encontraba ayer allí? Todos los barcos se parecen, y el hecho de que alguien se hubiera acordado de que era un buque o una goleta, eso no servía para nada. Pero ahí estaba el muchacho del ala jaspeada, intentando lo imposible. Con la desesperación tensando su pecho como la cuerda de un arco a punto de disparar una flecha que lo llevaría a la locura.

La búsqueda se amplió por el resto del día, y por la noche la dueña de la antorcha había cobrado unos favores para poder tener tanto a guardias como personas de la calle buscando a Vanir por el Barrio y más allá. El asunto de la flor había pasado desapercibido. Elena se encontraba demasiado preocupada por otros asuntos como para fijarse en lo que su hijo tenía que decir respecto a una marchitada amapola.

Ala Moteada vivía con sus propias quimeras. La vida que lo había hecho y moldeado en el barrio siempre le ponía zancadillas, pero la desaparición de su hermana le resultaba intolerable.
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