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Novel o (El Preludio de un Cuento de Venganza).

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Re: Novel o (El Preludio de un Cuento de Venganza).

Mensaje por El Cazador el Miér Feb 22, 2017 10:41 am

Por las noches, luego de una búsqueda infructuosa, escuchaba a su madre llorar hasta quedarse dormida, su cama parecía naufragar en un enorme océano, y él estaba a la deriva, sin timón. Su madre ya no estaba ahí, había sido reemplazada por otra, por un animal desesperado que sudaba lágrimas todo el día. Se tenía que llevar las manos a los oídos y aferrarse al hecho de que el cuerpo de su hermana al menos no había aparecido, cosa que a él le parecía ligeramente mejor que el hipotético caso de que la hubieran encontrado muerta ya. Al menos eso le daba la ligera esperanza de que estuviera viva. Y lejos, en un barco con rumbo desconocido, buscando una mejor vida. Vanir era así, despreciaba esa vida en lo profundo de su ser.

Ala Moteada no lo había notado hasta el momento, pero recordaba a su hermana con sus pequeños gestos de superioridad ante el Barrio. Vanir no podía tomar agua de una taza que no estuviera recién lavada por sus propias manos, y también tenía su propio cuchillo y tenedor. Recordaba su rostro de asco cada vez que Buri pasaba cerca de ella sin haberse bañado en días y ella sentía su olor. Y lo mismo le pasaba con Lok, no podía resistir que el cite le besara la mejilla cuando le saludaba, alegando que le resultaba asqueroso el tacto de esas púas que tenía por barba en su piel.

Vanir huyó por su cuenta, se dijo. Ella está en un sitio mejor. Le dio vueltas a ese pensamiento mientras la vela que había olvidado apagar su madre se consumía. Se quedó dormido mirando una tela de araña en la esquina de su habitación.
Al siguiente día se encontraba más descansado, con algo de energía, algo que le permitía pensar más claramente. Se preguntó que hubiera hecho un cazador de la Escama Azul para resolver aquel caso. ¿De qué manera cazaría a mi hermana? Se dijo.
En vez de salir a buscar a Vanir junto la escuadrilla del barrio y su madre, decidió mover sus propias fichas en el tablero. Buscó al Chillón.

Todos los niños del Barrio conocían al Ala Moteada, y sabían que el muchacho vivía en La Antorcha, y que se codeaba con todas las féminas del lugar. Entre ellos se decía que Ala Moteada había estado entre las piernas de Hela, y el muchacho no había querido desmentirlo. Esto le había otorgado un lugar de respeto entre sus compañeros.

El mestizo a esa edad ya sabía de lo que trataba el local a la perfección, y había logrado averiguar bastantes detalles observando desde las fisuras del techo, a través de las cortinas mal cerradas, agarraba algunas frases que oía en el salón y los pasillos sobre el amor, y desentrañaba toda la información a sus compañeros del Barrio como si las hubiera vivido en primera persona. Y es que estaba tan familiarizado con las formas de las mujeres, con sus ropajes y maquillajes, que resultaba ser una fuente de incontable información para los otros niños, habidos de desentrañar el secreto que representaba para ellos el cuerpo de una mujer.

No era raro por eso ver que aquellos desarrapados le siguieran en todo lo que decía, sin rechistar. En sus averiguaciones con las muchachas, lo único fuera de lugar aquella noche en que su hermana desapareció habían sido cuatro hombres que habían llegado allí gracias a la recomendación de un mercader llamado Marin. Según lo que había mencionado Sól y Daga, Marin no resultaba ser un armero, pero sí tenía buenas conexiones para encontrar, vender y comprar materiales de difícil acceso, como acero enano, zafiacero y mitrhil.
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Re: Novel o (El Preludio de un Cuento de Venganza).

Mensaje por El Cazador el Miér Feb 22, 2017 10:44 am

Cuando el muchacho del ala jaspeada encontró al Chillón, le dijo que juntara a todos los niños, y una vez reunidos, les dijo solemnemente.

Necesito encontrar a un comerciante de metales llamado Marin. Es un hombre viejo, de panza oronda, calvo, pero con espesa patilla. Su casa debe estar por la calle de los armeros, o al menos allí en algún taller le irán a recordar. Necesito hallar a ese hombre. Busquen por todos lados, mequetrefes, y quien logre encontrarlo le daré una noche con la muchacha que ustedes elijan.

Como ratas huyendo de un barco que se hunde, los niños del Barrio que se habían reunido para escuchar al Ala Moteada, desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos. El muchacho se cruzó de brazos y esperó. Para él solo, aquella tarea hubiera resultado titánica, pero con el atajo de críos que existía en el Barrio, aquello no podría tomar más de una o dos horas.

Pero lamentablemente tomó tres días enteros.

La Antorcha había perdido un poco su brillo. Las muchachas debieron regresar lamentablemente al trabajo, pues la dueña no podía permitir que las puertas se cerrar por mucho más. Escuchó los reclamos de Elena, y le perdonó el tiempo que fuera necesario para encontrar a la niña. El piano permanecería en silencio entonces.

Para Ala Moteada cada noche era un sufrimiento. Ver a su madre consumirse de aquella manera tan rápida y letal, le fue carcomiendo como si una rata le royera el corazón. Se juró que encontraría a su hermana, no por el bien de ella, pues estaba seguro de que la niña se encontraba bien. Sino por el bien de su madre.
Al tercer día, Chillón apareció junto con un niño que sabía exactamente dónde encontrar a Marin aquel día y hora. El muchacho del ala jaspeada asintió.

Los tres llegaron hasta un barrio lejano a su parte de la ciudad. Los transeúntes se les quedaban mirando con cara pasmada y gesto irracional, como si de pronto viesen cocodrilos reptando por las paredes.

Allí es. —Le dijo el niño que lo había encontrado. Su rostro era oscuro y su cabello duro estaba pegado al cuero cabelludo, su nombre era Pete, pero le decían Suave por sus pequeñas manos encallecidas por el trabajo en el muelle—. Vive en esa posada, le he visto entrar y salir de allí, pero regresa en la noche.
Cuando aparezca tendrás tu recompensa.

Los tres se escondieron en un callejón que daba vista directa al edificio donde se supone estaría Marin. Ala Moteada no lo conocía, pero cuando la noche abrió sus alas, cuando el sol caía por el borde del mundo, apareció un hombre de edad algo avanzada, con la frente llena de arrugas y nada de cabello. Sus mejillas estaban tupidas con una barba gris, y su obesidad era notoria. Podría haber quizá mil personas con las mismas características en la ciudad, pero allí estaba él, y allá el muchacho, tendría que arriesgarse.

Ten. Te lo has ganado.

El mestizo le puso en la mano a Suave una moneda de plata, el equivalente a menos de un cuarto de lo que llevaba ahorrando desde que asaltaba a los adinerados en el puerto. Lo suficiente para una noche entera con Hela. El muchacho del ala jaspeada era alguien de palabra.
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Re: Novel o (El Preludio de un Cuento de Venganza).

Mensaje por El Cazador el Miér Feb 22, 2017 10:45 am

El Chillón y el niño se fueron, dejando al Ala Moteada solo. El muchacho se acercó al amparo de la oscuridad, y voló por fuera de las ventanas a cierta distancia para averiguar en cuál de ellas se alojaba el comerciante. Sól le había dicho que le resultaría imposible sonsacarle información de sus clientes al viejo Marin, porque ellos contaban con el silencio del armero. Cosa que le hacía pensar con qué clase de persona se estaba a punto de mezclar.

Cuando encontró su habitación se quedó observando unos instantes. Marin escribía una carta sobre un escritorio, al lado tenía el bote de tinta y una vela encendida. No se veía ningún arma cerca, el muchacho sintió un soplo de esperanza en su pecho. Sabía de la manera en la que tenía que actuar para poder obtener lo que necesitaba, era por eso que se vestía con el poncho y por debajo llevaba el cuchillo de su padre.

El muchacho del ala jaspeada esperó a que el flujo de gente bajara para actuar. Desde dentro de la posada se podía oír música y gritos festivos. El mestizo cruzó la calle y se metió al callejón lateral del edificio. Allí, entre ratas y basura, esperó en silencio a ver si alguien se asomaba por la parte posterior de la posada. Por suerte, la puerta que daba a la cocina se mantenía abierta para expulsar el calor y los vapores de las ollas y marmitas sobre los braseros. El muchacho se amparó en la oscuridad y observó el interior para ver qué posibilidades tenía de entrar. La puerta en la parte posterior de la posada daba directamente a la cocina, una disposición que siempre ocurría en esos antros, pues era más fácil hacer entrar los víveres directo a las bodegas interiores por detrás.

Arrodillado entre cajas de madera que olían a muerte, el muchacho vio que solo había una persona encargándose de la cena, una señora oronda con un delantal que hace tiempo dejó de ser blanco. Sus dedos como salchichas vertían especias y verduras picadas dentro de las ollas, las que de cuando en cuando probaba con una gastada cuchara de madera.

Cuando la mujer salió de la habitación para repartir la cena, el muchacho entró rápido como una serpiente, miró alrededor y reparó en una puerta que hasta el momento había permanecido escondida por la perspectiva desde la que veía hacia el interior. Entró sin pensarlo dos veces, y se escondió bien apretujado entre barriles sellados, cajas y sacos apilados unos sobre otro. Cerró la puerta de la bodega y quedó en la completa oscuridad.

Entre olores a pescado, verduras y queso, permaneció inamovible hasta que el bullicio de la cocina cesó por completo. Su respiración era serena. No era la primera vez que se metía a lugar ajeno, y se encontraba relajado a pesar de que esta vez no se dedicaría a robar.
La posada con el avanzar de la noche fue quedando en silencio. La música fue la primera en caer, luego los cantos aislados de los paisanos entonados por la bebida, y por último las conversaciones. Dentro de la cocina pudo oír como la mujer lavaba las ollas y barría. En un momento se abrió la puerta y la mujer extrajo un salame y una barra de pan. El muchacho permanecía escondido tras los barriles, pero el corazón se batía como un pájaro enjaulado cuando la mujer puso la comida sobre un barril cercano y comenzó a prepararse una última cena.
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Re: Novel o (El Preludio de un Cuento de Venganza).

Mensaje por El Cazador el Miér Feb 22, 2017 10:48 am

La noche avanzó, y para cuando solo se podía oír el casi inaudible chillar de los ratones, salió de entre los barriles impregnados del salado olor del muelle, y caminó en cuclillas hasta el segundo piso.

En la oscuridad del pasillo, posó su mano en el muro de la derecha y avanzó palpando las puertas. Contó hasta la cuarta, era ahí donde estaría Marin. Solo tenía una oportunidad de acertar. Si entraba en una habitación ajena todo su plan se iría al garete.
Esperó con la oreja pegada a la puerta, y luego siguió esperando hasta estar completamente seguro de que encontraría al comerciante durmiendo. Una vez concluyó que sus ronquidos quedos eran tranquilos y convincentes, abrió la puerta.

Dentro de la habitación no había más iluminación que la luz de la calle traspasando una gran ventana cuadrada, una luz amarillenta del fuego brillando dentro de los viejos faroles. El muchacho del ala jaspeada barrió con la mirada el interior y reconoció el escritorio, el papel y el tintero. Estaba en la habitación indicada. Analizó concienzudamente lo que se encontraba en el resto del lugar. Un armario de dos puertas de pie al lado de la puerta. Un baúl a los pies de la cama, la vela sobre la mesita de noche, apagada. Cerró la puerta tras de sí.

Los ojos de Ala Moteada ya se habían acostumbrado a la oscuridad. Avanzó haciendo crujir un par de tablas, se quedó quieto. El durmiente pareció no notar nada. El miedo era un vidrio roto debajo de su lengua. Estaba tan tieso como una tabla, sudando a mares. Quizá no era la primera vez que se colaba a una casa, pero hasta ahora nunca había tenido que amenazar más que a niños de su edad. Rezó a cualquier dios que lo estuviera escuchando para que le fuera bien.

Luego de minutos largos como noches sin luna, decidió avanzar nuevamente. Llegó hasta al lado de la cama, calmó su respiración, pero la mano que sostenía el cuchillo templaba desenfrenada. Apoyó una rodilla sobre la orilla y la colcha se hundió bajo su peso. El comerciante se removió un poco pero volvió a quedar bajo la tranquilidad que ofrece el sueño.
El rostro de Marin estaba sereno. El filo del cuchillo se posó en su barbilla. La mano del muchacho ya no temblaba.

Comerciante. Marin. —Dijo el muchacho—. Abre los ojos.
El hombre abrió los ojos y su cabeza se hundió en la almohada por el susto que le provocó la silueta negra de anchas alas que recortaba la luz amarillenta que traspasaba la ventana.
¿Q-Q-Quién eres? —Contestó el comerciante, hundió un poco más su cabeza la almohada cuando sintió el frío tacto del acero en su cuello.
Hace una semana llevaste unos hombres a La Antorcha. Cuatro soldados.
No-No sé de qué me habl… —El filo del cuchillo se deslizó lentamente por la barbilla del hombre a modo de amenaza.
Si vuelves a decir eso te corto el cuello. Ahora, concéntrate. ¿Esos cuatro soldados se fueron de la ciudad? ¿Se fueron en barco?
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Re: Novel o (El Preludio de un Cuento de Venganza).

Mensaje por El Cazador el Miér Feb 22, 2017 10:54 am

No-No lo sé. —El muchacho le produjo un ligero corte en el cuello al comerciante, el hombre gritó de susto, trató de sacar las manos debajo de la colcha, pero el muchacho le colocó la otra mano en el hombro y presionó el cuchillo tanto que si el comerciante hubiera tragado saliva, se hubiera cortado—. Ssssí. —El acero presionó un poco menos—. Mencionaron que un barco los esperaba, no sé nada más.
El muchacho se quedó en silencio. Aquello coincidía con lo que había supuesto. Su hermana ya no estaba en la ciudad.

¿Por qué deseas saberlo?
¿Cuál fue su destino? —La voz del muchacho estaba impregnada decisión.
Te juro que no lo sé. —El comerciante se encogió dentro de la cama. Su rostro era una pulla de dolor y miedo—. No sé nada más. Nada más.
Más te vale que lo sepas. —Ala Moteada respiraba airado, alguna rabia interna lo estaba vistiendo en esos momentos. El sentimiento de pérdida que le había generado su hermana se había condensado en odio hacia aquel hombre por haber traído a los soldados hasta ella—. Más te vale, o te mato.

Eran mercenarios. Me contactaron por medio de otro hombre, su nombre es Horner. Búscalo a él, yo no tengo nada que ver con ellos, simplemente les vendí zafiacero.
Y los llevaste a La Antorcha. —Dijo el muchacho con fría determinación—. Se llevaron a mi hermana.
¿Eres el hijo de Elena? ¿Eres M…?

La puerta se abrió de improviso. El susto hizo que el muchacho retirara el cuchillo de manera abrupta del cuello del comerciante, abriéndole la tráquea solo lo suficiente para que la sangre comenzara a brotar como de una botella de vino cuando se cae.
En el marco de la puerta, y a medio iluminar por la luz de la calle, una figura alta y siniestra avanzó con pasos calculados dentro de la habitación, sus ropas eran negras, llevaba un sombrero de ala ancha, y un bigote blanco y bien cuidado.

¿Qué haces aquí, muchacho?

Ala Moteada se levantó de la cama y se quedó de pie al lado de la mesilla de noche, la ventana estaba a su espalda. Su mano no temblaba, estaba… extrañamente calmado.
Acababa de matar a un hombre, eso era malo. Pero, entonces, ¿por qué se sentía bien?

El hombre de negro dio un paso hacia delante. La luz de la calle le dio en la cara, era un hombre mayor, de rostro arrugado y ojos limpios y claros. Su mano derecha fue hasta su cinturón, llevaba una pistola.
El mestizo se tensó, apretó el cuchillo y entendió que sus posibilidades eran nulas. El hombre de negro lo miró ligeramente de lado, como si lo calculara. En la cama, Marin se revolvía con las manos en el cuello, tratando de detener la hemorragia.
Hijo, más te vale tener una buena explicación.

Ala Moteada cerró sus alas, se giró de lleno y saltó por la ventana rompiendo el vidrio en mil pedazos.
Cayó entre esquirlas, el suelo se acercó como un león a punto de abalanzarse sobre él. El muchacho abrió las alas, detuvo la caída y usó el impulso para remontar el vuelo. Aleteó dos veces y subió por sobre los edificios.
Antes de perder de vista la posada, miró hacia abajo. Por la ventana rota se asomaba el hombre de negro, se levantó el ala del sombrero y le miró.
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Re: Novel o (El Preludio de un Cuento de Venganza).

Mensaje por El Cazador el Miér Feb 22, 2017 10:56 am

Al día siguiente, Ala Moteada había ido hasta el puerto a ver al Chillón y le había pedido que reuniera nuevamente a los niños del Barrio, ahora tenía un nuevo hombre que necesitaba encontrar.

En su camino de regreso, iba hilando sus ensueños de ambición y venganza. Recordaba lo sucedido como un relato extraño, como si le hubiera ocurrido a alguien más. En su memoria la sangre no tenía color, no habían palabras, y mucho menos había sido descubierto. Sólo estaba la liberación de su terror y miedo. Si había sido capaz de haberle dado muerte a un hombre, eso habría de demostrar que podría con los soldados.

Su poncho estaba manchado en una esquina, y el cuchillo estaba guardado en la funda de su bandolera con la sangre aun ceca. La noche anterior luego de regresar había echado tierra en la mancha roja de su vestimenta para ocultar el color rojo, y se había lavado las manos.

Camino a su hogar pensaba en lo feliz que estaría su madre cuando trajera de vuelta a Vanir.
Elena había vuelto a sus quehaceres, y había dejado del trabajo a los guardias de la ciudad. ¿Qué otra cosa podía hacer? Aun debía mantener a su hijo y a ella alimentados y bajo un techo, no podía dejar de lado su obligación como madre. ¿Pero dónde quedaba esa obligación para con su hija?

Su mundo de pronto se había silenciado. Nadie la podía comprender del todo y sentía que el Barrio se había vuelto en su contra. Las habladurías decían que la niña se había escapado con un tipo a vivir un amor prohibido. Otras que la tenían trabajando día y noche en el prostíbulo.

El rostro de su madre se había demudado en una máscara de desesperanza y llanto. Las muchachas ya no sabían qué decirle, y las conversaciones morían cuando ella pasaba. El mundo le parecía mudo y hostil. Sus ojos se habían hundido y su mirada se había vuelto aplastante. Estaba aniquilada, embrutecida y descorazonada. Su cuerpo se había vuelto casi fantasmal.

La mujer deseaba con toda su alma tener algo más de dinero para poder cubrir sus gastos y así no tener que recurrir a tocar el piano por las noches, y lavar y coser por el día. Le había contado sus inquietudes a la dueña de La Antorcha, le había comentado sus intenciones y le había pedido un préstamo. Pero la negativa de la dueña fue rotunda.
Elenita, de verdad lamento lo que le sucedió a tu hija. Pero debes entender que tú no lograrás nada por tu cuenta. Deja que los guardias se encarguen, el caso ahora está en sus manos. Ya tienen la descripción de la niña. Es cosa de tiempo para que la encuentren.

Eso es justo lo que no tengo, doña. Tiempo. Deme un adelanto, por favor, o perdóneme una cuota del arriendo. Yo necesito estar allá afuera con ellos. Los días pasan y no hay noticias de ella, y siento que cada vez está más lejos, que cada vez que sale el sol nuevamente estoy un paso más lejos de encontrarla.
No puedo dormir ya de la angustia, ¿sabe? Necesito encontrar a mi hija.
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Re: Novel o (El Preludio de un Cuento de Venganza).

Mensaje por El Cazador el Miér Feb 22, 2017 10:59 am

La dueña estaba también destrozada con la situación, pero por sobre todo para ella estaban los negocios. No podía perder dinero, el local no se lo permitía. Prestarle una pieza a una amiga era una cosa, pero mantenerla a ella y a su hijo era otra. Además, si Elena no tocaba el piano tendría que pagarle a alguien para que lo hiciera, ¿y dónde iba a encontrar a otro pianista por el mismo dinero que le pagaba a ella?

Como última instancia, la dueña le había ofrecido la posibilidad de que se uniera a las muchachas del local para así poder ganar el dinero suficiente para poder mantener a su hijo y tener tiempo para buscar a su hija.

Elena dijo que lo pensaría.

Cuando el muchacho del ala jaspeada regresó al prostíbulo entró por la puerta principal y ahí se quedó un instante, con un pie dentro y otro fuera. Un escalofrío recorrió su nuca. Algo andaba mal.
Desde el portal, se giró y miró hacia el frente. Al otro lado de la calle estaba él. El hombre de negro.

Ala Moteada retrocedió lentamente como si hubiera sido testigo de una aparición demoniaca. El hombre de negro sonrió bajo ese bigote blanco y lo volvió a mirar de lado, lo estaba calculando de nuevo.
Con el alma en los pies, el muchacho siguió caminando hacia atrás hasta que chocó con el generoso pecho de Edda.
¿Qué te pasa cabro leso? Deja de jugar y camina como los hombres.

Con un rostro trastornado, el muchacho evitó mirar a los ojos a la mujer y se coló dentro de la casa.
El acento del hombre de negro hacía evidenciar que no era de la ciudad.
Hola, dama. Así que esta es La Antorcha.
Edda no pudo hacer nada para evitar que el hombre pasara. Sus ojos claros, de un celeste acuoso dejaron muda a la mujer. Eso, y las dos pistolas que colgaban de su cinturón.

El pistolero entró al salón. A esa hora se encontraba desierto, con las velas apagadas y el aire limpio. El hombre de negro avanzó hasta la pequeña cantina que ocupaba la orilla de la escalera y se sentó en un banquillo.

Está cerrado, señor. —Era la dueña, que alertada a por Edda había ido a despachar al forastero.
A mí me parece que está abierto. —Dijo sacando del bolsillo de su camisa gastada un kull de oro—. Tengo entendido que este es uno de los pocos lugares donde uno puede amar a una mujer y beber un trago de buen whisky al mismo tiempo. —Dejó el kull sobre la barra—. Yo solo deseo un poco de lo segundo.

La dueña mandó a Edda para que le sirviera y le hiciera compañía. Luego cruzó el patio y gritó hacia las habitaciones.
—: ¡Hela, Mime, Frida, Álfar, Buri, pasen al salón!
Minutos después fueron apareciendo las muchachas de una en una, soñolientas, silenciosas, vestidas sin arte ni gracia, con el maquillaje de la noche anterior corrido y el cabello desordenado.
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Re: Novel o (El Preludio de un Cuento de Venganza).

Mensaje por El Cazador el Miér Feb 22, 2017 11:05 am

El pitido de un barco a punto de zarpar rompió el silencio. Edda rellenó el vaso que el hombre de negro acababa de vaciar.
Se ven cansadas, niñas. Vengan, las invito a una cerveza.

La dueña miró de brazos cruzados como otra moneda de oro era puesta sobre la primera, y se preguntó si aquel hombre canoso supondría un problema para ella y sus muchachas. El hombre de negro dejó una tercera moneda dorada y pidió que dejaran la botella de whisky sobre la mesa. La dueña sonrió.

La animación brotó luego de la tercera ronda de cerveza, los rostros parecieron encenderse y las mujeres comenzaron a hablar con el pistolero y entre ellas. Primero a media voz, después de la cuarta ronda, a sus anchas.
El muchacho estaba en su habitación sentado en el suelo mientras se agarraba la cabeza con ambas manos. Se refregaba la cara y los cabellos tratando de pensar en algo. Imaginando en lo que el hombre de negro estaría hablando con las muchachas y la dueña. ¿Y su madre, dónde estaba?

Finalmente tomó algo del valor de la noche anterior. Lo sujetó entre sus dedos, deshilachado por la mirada bajo el sombrero de ala ancha del pistolero. Respiró hondo y se fue al salón.
Antes de llegar escuchó el piano, y risas. Su madre estaba ahí con él. Su paso resolutivo se detuvo, sus alas cayeron. Ella ya lo sabía todo.

El cuchillo de su padre, escondido bajo el poncho ya no era un arma, sino la evidencia suficiente para mandarlo a una celda, y luego a la horca.

Abrió un poco la puerta del salón, la música se escapó por el pasillo. Asomó la cabeza.
El hombre de negro fue el primero en verlo.
Oh. ¿Y quién es ese pequeño? —Dijo como si no lo conociera. El muchacho quedó desconcertado.
El piano siguió sonando.
Ese es el hijo de Elena. —Contestó Edda desde el otro lado de la barra, tenía las mejillas rojas por haber probado el whisky—. Váyase hijo, acá no es sitio para usted.
No. Déjalo pasar. Hace tiempo que no veo un divium.

El pistolero tenía una ligera sonrisa, lo miró de lado. Lo estaba retando. El muchacho entendió el mensaje. El miedo ya no formaba parte de él. El Barrio lo había moldeado, lo había fabricado con barro y temple. Un forastero no le daba más miedo que llegar tarde y que su madre lo descubriera. Entró.

Las muchachas reían alrededor del pistolero. El hombre, con un brazo en la barra y el otro descansando sobre su pierna en una posición casual, vio avanzar al muchacho.
Venga a saludar, hijo. —Le dijo Álfar, ya bastante tomada—. Este chiquillo tiene pinta de calladito, pero es más molestoso que un grano en el culo.
No le digas eso, mujer. —Resopló Hela—. No me quiero imaginar todo lo que ha sufrido este niño.
¿Por qué? —Preguntó el pistolero.
Su hermana está perdida. —Dijo la mujer con una profunda pena—. La niñita se llamaba Vanir.
Se llama, no llamaba. —Respondió el muchacho de mala gana.
¿Y cuál es tu nombre, muchacho? —Le preguntó el hombre de negro.
Se llama… —La frase de la mujer quedó interrumpida.
Me llamo Ala Moteada.
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Re: Novel o (El Preludio de un Cuento de Venganza).

Mensaje por El Cazador el Miér Feb 22, 2017 11:09 am

El pistolero volvió a soltar aquella media sonrisa. Las muchachas rieron de la broma, pero el mestizo se mantuvo en silencio, con rostro desafiante y mirada hosca.

El hombre de negro se bebió el contenido de su vaso y se llevó la mano al cinturón. Al muchacho se le puso la piel de gallina, su respiración se aceleró y su boca se volvió una línea fina. Pero no se movió de su sitio, ni sus ojos melancólicos dejaron entrever miedo.
El hombre pasó su mano cerca de la pistola, en un compartimento del cinturón extrajo un pequeño y cuadrado artefacto. En su otra mano apareció un cigarrillo y al mover el artefacto entre sus manos una diminuta llama apareció para encenderlo.

Todas las muchachas ovacionaron al hombre por aquel acto mágico. Pero el muchacho lo miró con ojo crítico. Ya sin el velo de la noche, aquel hombre no resultaba ser más que un viejo. Su mostacho bien cuidado era lo único que evitaba que su imagen se desbaratara por todos los pliegues en su piel. Sus manos al encender el cigarrillo se veían callosas y malogradas, evidenciando una vida de trabajo con ellas.

A pesar de ser un pistolero, él no tenía la fuerza ni el vigor del muchacho. Él no era más que un viejo tratando de demostrar que lo había encontrado, pero ¿qué mierda importa? Pensó el muchacho. Ya me cargué a un viejo, con o sin pistolas puedo cargarme a otro.
Y el mío es El Recuerdo.
Aquello hizo disminuir las risas, las muchachas no sabían si el hombre bromeaba o no. Luego de un corto pero denso silencio, el hombre de negro rio, contagiando a las muchachas. La única que se mantuvo en silencio fue Elena, quien miraba a su hijo de manera extraña.
Un gusto. —Dijo el pistolero.
Estiró la mano y el saludo fue recibido por el muchacho, ambas manos se tocaron, frías y filosas como dagas.
Con la llegada del hombre de negro las cosas se desordenaron un poco. Las mujeres se arreglaron tarde, y por primera vez hubo un invitado que se quedase a almorzar.

El hombre se fue un poco antes de que tocara la hora del té. A pesar de que había pagado por whisky y cerveza, apenas y había probado, por lo que salió recto como lanza por la calle con rumbo hacia el sur.
El muchacho del ala jaspeada, conmocionado por cómo habían sucedido los acontecimientos, por como a pesar de saber su secreto, el viejo los había guardado, decidió seguirlo para pedirle una explicación. Ala Moteada era otro, y ese otro no se venía con cuentos.
Corrió tras del pistolero hasta alcanzarlo en la vuelta de una esquina. El hombre lo vio antes de que llegara, pero siguió avanzando. El muchacho se adecuó a su marcha y le habló.

—: ¿Por qué ha hecho eso?

Estaba muy buena la cazuela, y el whisky, muchacho. Buen rato me pasé con ustedes. Ahora me debo retirar.

¿Pero…?
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Re: Novel o (El Preludio de un Cuento de Venganza).

Mensaje por El Cazador el Miér Feb 22, 2017 11:17 am

El pistolero cambió de rumbo, y evitando a la gente de la calle se metió a un callejón. Ala Moteada lo siguió sin miedo.
¿Por qué fue hasta La Antorcha? —Volvió a preguntar el muchacho.
El hombre de negro lo miró, estaba fumando otro cigarrillo.
¿Por qué lo mataste, muchacho? —Dijo el pistolero, respondiendo su pregunta con otra.
El muchacho se quedó en silencio. Tragó saliva, miró hacia la entrada del callejón y luego le devolvió la mirada al viejo.

Fue sin querer. Yo, yo solo deseaba obtener información de él.
Uno nunca desenfunda el arma si no la va a utilizar.
El muchacho frunció el ceño, no podía creer que le exigieran una explicación.

¡La culpa es toda suya! —Gritó molesto—. ¡Si usted no hubiera entrado, yo no me hubiera asustado y el comerciante seguiría vivo!
¿Lo hubieras dejado vivir? —El hombre de negro se apoyó contra la pared y le dio una calada a su cigarrillo.
El muchacho del ala jaspeada lo pensó por unos segundos, el comerciante lo había reconocido.
No.
Hubo silencio. Ala Moteada miró el suelo, sentía las mejillas calientes. Alzó la mirada, no había llanto ni resentimiento, solo rabia.

Fue ese comerciante quien llevó a los soldados que se llevaron a mi hermana.
¿Esos soldados raptaron a tu hermana? ¿Ya lo sabe la guardia de la ciudad?
No. —Al muchacho se le formó un nudo en la garganta al hablar de su hermana—. Nadie lo sabe más que yo. No hay pruebas de ello. Pero estoy seguro, encontré una flor.
Hijo. —Dijo el hombre con voz pasiva y tranquila al verlo aguantar el llanto—. El camino que acabas de tomar no tiene vuelta atrás.
Yo… No quiero volver atrás. Matar a ese viejo solo me provocó placer. —Se miró las manos, le temblaban—. Sentí que hacía algo por mi hermana al matarlo.
Pero no era así. Sólo hiciste algo por ti.

El hombre de negro le dio la última calada a su cigarrillo, lo tiró y pisó. El muchacho lloraba en silencio. Algo hizo eco dentro de él. El viejo tenía razón, no lo había hecho por su hermana, sino por el placer de vengarse de alguien.
Máteme. —Dijo al fin el muchacho, había roto en llanto.
¿Por qué? —Preguntó el pistolero. Su voz sonaba cansada.
Me lo merezco por haber matado a ese hombre. Pero más que eso, porque no sentí remordimientos. Hoy pensaba matar a otro en cuanto supiera en donde vive.
¿Para vengar a tu hermana?
Para saber dónde está. Si no me mata iré tras él y haré lo mismo.
¿Y dejar a tu pobre madre sin hijos? No. Gracias.
El muchacho miró con odio al viejo. Sus puños apretados se pusieron blancos.
¡Anda! ¡Hazlo! ¡¿Acaso te burlas de mí?! ¿Por qué me seguiste entonces?
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Re: Novel o (El Preludio de un Cuento de Venganza).

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