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¡GUERRA!

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¡GUERRA!

Mensaje por Khiryn el Jue Feb 23, 2017 4:40 pm

II

Apenas una semana antes los capitanes habían sido convocados al castillo Aele; en la ciudad de Puerta del Cielo. Tan pronto llegó el último de ellos, sólo cuatro días después fueron puestos al tanto de su misión. El Conde; de nombre Aelle Sthepen –Ael Steven- habló todos juntos y en persona. La misión era simple de entender. Serían contratados como mercenarios para defender la ciudad del avance de la horda, con la condición de defenderla fuera de las murallas para “mantener las muertes fuera de la ciudad,” dijo.

Cada capitán que viviera luego de la guerra; sería recompensado con su peso en diamantes, Además de 3 baúles llenos de plata para repartir a sus soldados. -¿Por qué una ciudad capaz de tal riqueza no poseía ejercito? No. Sí que lo poseía, pero Aelle no estaba interesado en que sus hombres murieran. Y dada la desbordante riqueza que les proporcionaban sus minas, estaba en la perfecta situación de salvaguardar las vidas de su pueblo, a costa de las de los mercenarios.

Como muestra de con confianza, el conde Aelle les entregó a cada capitán dos armas de excelente calidad. Así mismo, les otorgó monturas a aquellos que las quisieron. Esa noche todos, capitanes y soldados comieron un banquete y bebieron cuanto quisieron. A la mañana siguiente, todos se vieron expulsados de la ciudad y montaron su campamento.

De la ciudad apenas vieron una parte. La muralla de unos cinco metros de alto y fabricada con piedra sólida cortada en bloques, tenía una enorme puerta de madera que era cerrada por dos mecanismos de cadena. La puerta, abierta se tendía como un puente sobre el foso con estacas al pie de la muralla. Detrás de la puerta, había una reja de acero forjado.

Dentro, las calles eran de barro, y sólo ya cerca del castillo es barro era remplazado por piso sólido de piedra. Las edificaciones eran en mayoría de madera con techos de paja. Mientras se avanzaba hacía el castillo, las construcciones se iban haciendo progresivamente más regías. Remplazando la madera con piedra y los techos de paja con techos de madera o loza. Frente al castillo había una elegante plaza con piso de piedra y mármol. Un obelisco coronaba el centro de la plaza. El castillo, estaba rodeado por su propia muralla; y dentro era un conjunto de edificaciones fuertes que se adosaban a las paredes de la torre del homenaje. La torre del homenaje en su planta baja era un enorme y legante salón adornado con blasones de oro y plata, y tejidos de seda y pieles.

A los lados, los salones regulares correspondientes a la cocina, las caballerizas, la prisión en un extremo y el salón de los soldados.

En cuando a su fuerza militar, los capitanes pudieron advertir que en efecto, la ciudad contaba con sin número de soldados que por su rango vestían armaduras desde petos de cuero hasta armaduras completas de acero. Ballesteros, lanceros, hombres de armas y arqueros. Era extraño que una ciudad de apariencia tan próspera y con la capacidad de obvia de defenderse de un ataque así, contratara mercenarios y les pagara tan bien.

La gente de a pie, era gente común y corriente, que no evitaron en muchos casos el sobresalto al ver marchar murallas dentro, un ejército tan vasto y aterrador y variopinto como el que los capitanes habían convocado. Demonios, horiges y humanos, eran entre ellos algunas de las razas convocadas.

-//-

Los capitanes se reunían con frecuencia en la tienda más grande para discutir el plan de acción. Las noticias que les había dado el explorador confirmaban el terror y la potencia del enemigo. Ahora era justo y necesario tomar una decisión. Enviaron con el mismo emisario la noticia al conde; para darle por enterado la gravedad del ataque de la hora. Dos horas luego de que partió, el mismo explorador regresó al campamento acompañado de un centenar de ballesteros. –Muestra de la buena voluntad del conde.-

Estos ballesteros equipaban ballestas grandes de palancas de metal y cuerpo de madera. Tenían el mecanismo de cranequín para la recarga, lo que hacía que el poder del disparo fuera el más potente, sin embargo, el tiempo de carga era lento. Apenas dos tiros por minuto. Alternativamente, cada ballestero cargaba un escudo y una espada; en caso de que la refriega llegara contra ellos, pudieran defenderse. Estos cien ballesteros se dividirían por veintenas a las órdenes de cada capitán.

Era ya de noche –cerca de las 8- y la batalla, había sido prometida por la horda al amanecer. –Alrededor de las 6- Los capitanes tenían 10 horas, o lo que durara la noche para tomar su decisión.
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Re: ¡GUERRA!

Mensaje por Vanidad el Sáb Mar 04, 2017 12:01 am

Luzbel había llegado a la ciudad de Puerta del Cielo, un nombre que le pareció curioso, pero esos humanos se reproducían tanto que seguramente se habían quedado sin nombres que inventarse. En cualquier caso, no estaba allí para estudiar el curioso nombre, ni para saborear los sorprendentemente buenos dulces locales, como su tercera bolsa vacía podía atestiguar (aunque ciertamente era un plus), sino por el anuncio. La ciudad buscaba mercenarios. No un grupo desorganizado de cazarecompensas individuales, sino grupos de mercenarios organizados, de los que se usaban en guerras para redondear los números, o triplicarlos, según el poder financiero del cliente.

La diablesa fue a preguntar, por curiosidad, pero no le dijeron nada, al parecer querían revelar el objetivo una vez hubiese suficientes bandas de mercenarios, para que el rumor no corriera seguramente, insultante para su orgullo y curiosidad, pero comprensible. Técnicamente, la habían contado como líder de una banda de mercenarios sin tener la banda de verdad. Es decir, podía tenerla, pero no le gustaba recurrir a esos métodos y sus Garras Níveas aún estaban muy verdes para una batalla a gran escala, así que únicamente recurriría a alguno de los dos métodos si la recompensa valía la pena, cosa que dudaba. Pero lo era, vaya si lo era. Todo capitán que sobreviviese a la misión recibiría su peso en diamantes, y plata para sus soldados. Realmente no necesitaba el dinero, pero eso era mucho, muchísimo, y para rematar la oferta, estaba la misión. Una horda de orcos, que por lo que había entendido no eran orcos en su totalidad, pero serian muchos más que ellos, machismos más a juzgar por el número de capitanes mercenarios que se habían presentado. El dinero era un plus, defender el hogar de tan deliciosos dulces era otro, pero ninguna de las dos cosas habría bastado para que aceptara la misión, habría emprendido el vuelo y abandonado la ciudad en pos de pastos más verdes. No, era la falta de hombres lo que la motivaba. No se habría unido a un combate igualado, pero la idea de ser superada 3 a 1, puede que incluso más, y salir triunfante, resolver la duda de “¿puedo hacerlo?”, la mera posibilidad de alcanzar ese grado de satisfacción bastaron para que la diablesa aceptara de inmediato.

Además, eso le serviría para resolver algunos asuntos pendientes. Usualmente, pedir ayuda habría requerido tragarse el orgullo, pero las cosas habían cambiado. La diablesa se encontraba en las afueras de la ciudad, con un cerdo atado con una cuerda y un cáliz de plata. Se sentó en el suelo, en el que no crecía ninguna hierba, llenándose de polvo, puso el cáliz frente a ella y le rajo el cuello al cerdo, llenando la copa hasta que prácticamente reboso el líquido carmesí. Luzbel acarició los bordes del cáliz con un dedo, haciendo círculos y provocando un sonido armónico, musical. –Peccata patris sunt peccata filium, per venas currit per potestatem, quaero, complens juramentum paganorum.- La sangre se agitó en el cáliz, como si estuviese presenciando un terremoto, a medida que los abanderados de su padre respondían al juramento. Con su padre sellado y su hermano desaparecido, era la siguiente en el linaje y, con ello, la heredera del juramento, de las tropas de Diablo, el señor del Terror. Lástima que no supiese lo suficiente de magia profana como para convocarlos a todos y cada uno, pero bastaría con los más poderosos.

La orden ya había sido mandada, así que no necesitaba la copa para nada más, dejaría el cerdo para los lobos o lo que fuese que había allí, pero un gruñidito la saco de su trance. Su sombra se difuminó ligeramente y una cabeza escamada salió de ella, mirando al cerdo y soltándole a la diablesa un sonido muy similar a un mullido gatuno. -¿Tienes hambre?- Le acarició la cabeza con un dedo y uso un cuchillo para cortarle una tira de carne a Tenebra. Para un bicho tan pequeño, la condenada devoraba la comida como una jauría de perros, pero estaba creciendo, así que no se quejaría, le daría todo el cerdo si quería. Por suerte, el pequeño wyvern no devoro lo que debía ser 30 veces su propio peso en cerdo, sino que se conformó con un par de tiras más antes de bostezar, subir a su hombro de un saltito y ponerse a dormir hecha un ovillo en la capucha de su capa.

Sus tropas habían sido convocadas, pero aun había muchas cosas que hacer antes de que llegaran, por suerte disponía del capital para hacerlas. Antes de ir a dormir exploraría la zona, un par de vueltas por el aire en busca de las características principales del terreno, cualquier peculiaridad, pero antes de que las tiendas cerraran, había cosas más urgentes. Lo primero que hizo fue pasear por la calle, buscando a un niño en harapos. No le costó demasiado, sinceramente, y ese niño en particular estuvo encantado de hacerle de guía por unas pocas monedas, sin intentarle robarle la bolsa primero, lo que sin duda era una señal de integridad inusual para un niño vagabundo.

Lo primero que necesitaba era un carro, para llevar absolutamente todo lo que iba a comprar, por lo que le pidió al niño que le llevara a la plaza principal y tras un breve regateo con un conductor de caravanas, la diablesa tenía un carro y conductor durante unas pocas horas. Ya que estaba en la plaza principal, siguió haciendo negocios. Necesitaba unas pocas planchas de madera, como protección contra los arqueros del enemigo, así que hablo con unos pocos carpinteros y les dio instrucciones precisas, roble, tres dedos de grosor, cuadradas y lo suficientemente altas para que un hombre pudiese agacharse detrás. Obviamente, en su inmensa mayoría tenían que hacerse, así que eso aún no lleno el carro.

Luego fue el turno del aceite. Estaba en una ciudad con un comercio floreciente, una ciudad llena de oportunidades, sobretodo para los pocos mercaderes a los que la diablesa compró el aceite de pescado pasado, que apestaba horrores y era completamente inútil en esa ciudad de lujos y mercaderes. Pero el aceite pasado ardía igual que el normal, y era mucho, mucho más barato puesto que en general había que tirarlo. Con las ánforas de aceite, el carro iba bastante lleno, pero aún tenía otra parada que hacer. Paradas, en plural, aparentemente, porque el barrio de los herreros era muuuy largo, y fue incapaz de encontrar a alguno que hablase para el resto, un maestro del gremio como en el resto de ciudades. Posiblemente estaría borracho en algún lugar, lo que la obligo a ir de herrería en herrería, una a una, explicando lo que quería a cada uno de los herreros, así como pactando el precio individualmente. No quería nada del otro mundo, los abrojos eran sencillos de hacer, podían forjarse prácticamente en masa y requerían apenas un poco de trabajo manual para juntar los dos filamentos metálicos en un tetraedro, agradeció las sugerencias de los distintos herreros, que proponían mejoras como puntas arponadas para empeorar aún más la herida, pero los rechazo educadamente, todas y cada una de las veces, quería el clásico, el que llevaba siglos funcionando, los que dejaban la zona infranqueable, no le servía que un abrojo incapacitara a un solo enemigo, simplemente porque había demasiados enemigos.

Luego solo necesito encontrar un lugar donde dejar toda la basura que había comprado, siendo el candidato final una taberna más que decente que le dejo usar el sótano como almacén.

A los pocos días, sus tropas llegaron, alas negras surcando el cielo, iluminadas por el amanecer de manera dramática como mesías oscuros. La diablesa se reunió con ellos en las afueras de la ciudad, para evitar sobresaltos, donde los archidemonios fueron aterrizando uno tras otro, haciendo vibrar el suelo con el peso añadido de su equipo de guerra, unas preciosas armaduras rojas, de apariencia cristalina, como si alguien hubiese esculpido púas de sangre sobre los demonios. Sus futuros siervos no estaban demasiado encantados de que una mujer humana los hubiera convocado, así que el más grande de ellos se acercó a ella, con cara de pocos amigos, aunque cuando los ojos de Luzbel pasaron a rasgarse y tener un tono ambarino, se calmó un poco.

-Eres… ¿La pequeña? Pensábamos que nos había convocado tu hermano.-

-Bueno, como puedes ver no soy mi hermano.-


-¿Y porque deberíamos obedecerte? No eres más que una niña a la que su padre mimo dem…- no acabo la frase antes de ser interrumpido por Luzbel.

-Fecisset- el archidemonio, esa gigantesca masa de músculos comparable a un troll se arrodilló ante ella, involuntariamente, cortesía del equivalente de la marca del orgullo de su padre. Sin embargo, aun arrodillado estaba a la altura de la forma humana de Luzbel, con la cabeza directamente en frente de la suya. – Incluso sellado, los juramentos de mi padre te traen problemas ¿uh? Menudo capullo, ¿cierto? Dime, ¿Qué cualidades crees que ha heredado la hija favorita de Diablo de su padre?- mientras hablaba, pasaba la mano por encima de la armadura, acariciándola con su mano, convertida en su equivalente demoniaco, pero cuando llego a la mejilla del archidemonio, paro. -¿Esos irritantes juramentos? Sin duda, ¿el poder demoniaco? Por supuesto, pero…. ¿algo más? Puede que… ¿algo muy especial?- Su sonrisa se ensanchó al ver que el demonio abría los ojos, comprendiendo la amenaza velada. –Pero por más ganas que tenga de devorar tu alma y tomar tu poder, lo que necesito son manos extra, así que incluso añadiré una pequeña oferta. Obedeced  ahora y no os volveré a convocar durante… cinco años. Incluso aunque muráis, eso os debería dar mucho tiempo para divertiros, ¿cierto?- Se giró, contenta de sí misma, no tenía la más mínima duda de que aceptarían. –Ireis a buscar rocas en cuando descanséis.- Y de aquí a cinco años… sería la única bajo la cual podrían saquear, puesto que su padre y su hermano estarían algo más que sellado y desaparecido.

Después de eso, el tiempo pasó frenéticamente rápido a medida que la diablesa apuraba los preparativos. El banquete, los preciosos guanteletes de adamantio y las garras a juego, el explorador en pánico, seguramente exagerando los números debido a la inexperiencia, o eso esperaba.

Pero su plan seguía siendo bueno, y por lo tanto lo expuso en la reunión de capitanes: un ataque antes del amanecer, con pocos hombres, que se retirarían rápidamente y serian cubiertos por sus archidemonios y el aceite, retirándose en una táctica que era, literalmente, tierra quemada. Luego había los pequeños detalles, como la zona central cubierta de abrojos. Unos orcos no tendrían otra opción que cargar contra ellos, humillados por el hecho de ser atacados por apenas un puñado de conejos.


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Re: ¡GUERRA!

Mensaje por Necross Belmont el Mar Mar 07, 2017 10:19 am

-Uno

Armamos el campamento apenas llegamos, no solo para prepararnos para cualquier eventualidad, sino que también para mandar un mensaje, estábamos decididos a responder al llamado de la ciudad amurallada. Desde las alturas, pues sobrevolaba el campamento sobre Ashtar, inspeccionaba que no hubiera problemas. Un hombre salió de la ciudad a caballo, con una bandera que tenía –lo que supongo era-  el símbolo de la ciudad. Aquel jinete le demando a Mary Ann saber porque estábamos levantando el campamento fuera de la ciudad, la dama de hierro chifló con fuerza para llamarme.

En aquel momento no respondí, Ashtar se mantenía aleteando sobre el cielo, yo miraba a la distancia, al gigantesco campamento oponente. Con una caricia en las escamas de la cabeza le ordene al wyvern que descendiera, mi segunda al mando de inmediato notó que algo me pasaba. -Son muchos Mary… muchísimos.- Mary Ann con una tranquilidad maternal posó sus manos sobre mis hombros, no solo para tranquilizarme, si no que para hacerme reaccionar. -El tipo aquí quiere saber porque estamos armando un campamento fuera de la ciudad, le expliqué la situación, pero el tipo quiere hablar con nuestro líder.- A veces odiaba ser comandante…

Le informe al jinete que estábamos allí respondiendo al llamado de la ciudad, que éramos mercenarios, nos presenté como los alas negras, soldados de tierra de nadie. El sujeto se quedó en silencio por varios segundos, luego me ordenó que no hiciéramos desordenes; que no éramos invitados de lujo. Le pregunté por la situación, por el inmenso campamento de enemigo  que se veía a la distancia, el tipo no me respondió nada, solo le basto decirme que cuando llegaran más mercenarios se nos informaría de la situación.  

Por ahora, el tipo representando al conde que había orquestado todo me ofreció un regalo, podría escoger dos armas del depósito de la ciudad. -Por ahora no requiero de ningún equipo, pero si permiso para entrar a comprar provisiones.- El jinete nos dio permiso de meter un pequeño grupo de soldados y carros a la ciudad para abastecernos, dejé a cargo a uno de los soldados de todo el asunto, yo debía hablar con Mary Ann.

-¿A qué te referías con que son demasiados?- Ambos estábamos de brazos cruzados, mirando como los alas negras iban y venían. -Los enemigos, necesitamos refuerzos sí o sí. Solo le di una mirada rápida al campamento y eso fue suficiente para darme cuenta que solo nosotros no tendríamos oportunidad.- La dama de hierro se me quedo mirando, al tiempo que asentía. -Necross… Incluso si envió un mensajero ahora mismo tardarían dos semanas mínimo.- Con la mano derecha me hice el cabello hacia atrás, al tiempo que me quedaba mirando el cielo. -Está bien, asegúrate de que no hayan desordenes. Iré a hablar con los soldados.- A los alas negras les explique lo que sabía de la situación, que no estaba seguro del número preciso de enemigos, pero de que sin dudas eran muchos más que nosotros. No los podía obligar a luchar, pero tampoco podía permitirles irse y dejarnos con menos soldados. Les pedí que lucharan junto a mí, y que la recompensa a sobrevivir seria inmensa.

Los días pasaron sin noticias, y odiaba aquello, a la distancia estaba el enemigo haciendo presión. Prefería que atacaran de una vez a tener que esperar. Cuando por fin nos convocaron, a mí y al resto de los capitanes, de alguna manera me alegraba que hubiese más grupos de soldados, y no mercenarios solitarios buscando una paga rápida. Cuando fue hora de festejar, pues la ciudad invitaba al jolgorio, decidí quedarme con mis soldados, no tenía ganas de beber ni estar entre la burguesía de la ciudad, usualmente ven a los mercenarios como perros salvajes, criaturas exóticas.  

Durante las últimas horas antes del ataque me quede pensando, en quien era el enemigo, en cuanto nos pagarían, de cuan dispensables éramos para ellos. Yo estaba perplejo, los orcos son enemigos de temer, y los números… eran demasiados, pero claro, lamentablemente yo ya sabía aquello. Más pronto que tarde una peliblanca alzó la voz en el consejo de guerra, tenía la idea de atacar el campamento durante la noche, y no sé si fue por los nervios de saber quién era el enemigo, o si realmente no me gustaba el plan, pero cuando la chica terminó de hablar le contesté con un dejo de violencia. - Soy Necross Belmont, líder de los alas negras.- Comenté desde mi silla para pedir la palabra. - Chiquilla, no puedes esperar que nos mantengamos luchando toda la noche. Ahora mismo nuestras fuerzas son superadas por demasiado, y no tendremos un apoyo considerable de la ciudad.-

De inmediato me di cuenta que ya estaba muy viejo, y teníamos muy poco tiempo como para discutir entre nosotros, si queríamos sobrevivir, teníamos que ponernos de acuerdo de inmediato. Y como la peliblanca fue la única que hasta ahora había expuesto una especie de plan, lo mejor sería revisarlo y pulirlo. -A menos que su líder no sea un caudillo orco no nos van a atacar antes del amanecer. Atacarlos durante la noche podría herir su sensible sentido del honor. Si peleamos durante la noche nos veremos en desventaja.-  Le hice entender a los demás por experiencia propia que los orcos no se detendrían a menos que derrotáramos a su líder, pues bajar sus fuerzas hasta igualar las nuestras se me hacía difícil de creer. - Por ahora, refinemos el plan de… la peliblanca. Podemos atacar antes del amanecer, darles un falso sentimiento de tranquilidad hasta un par de horas antes de que salga el sol. De pie, detrás de la silla en la que antes me había sentado,  extendí mi mano como muestra de apoyo a la fémina, así también lo hacía para  tranquilizar mis humos. -Si vamos a hacer esto lo mejor será comenzar cuanto antes, tienes el apoyo de los alas negras para armar las trampas, si es que necesitas una mano extra.-

Al terminar la reunión volvería con Mary Ann y los soldados, necesitaba compartir con ellos todo lo que aquí se hablara. Quería compartir tiempo con los alas negras antes de comenzar la batalla. -Oh Khiryn… siempre que estas cerca nuestras oportunidades de sobrevivir disminuyen…- Mascullé al tiempo que volvía a sentarme, con una sonrisa forzada en el rostro.



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Re: ¡GUERRA!

Mensaje por Niris el Mar Mar 07, 2017 11:02 am

Aun no me acostumbraba a despertar para encontrarme rodeada con otros como yo, llevaba varios meses que había encontrado aquella villa en el bosque donde podía vivir entre otros Horigës de la familia de los conejos. No me aceptaron de inmediato pero me había ofrecido a mí misma para apoyarles por una oportunidad de vivir entre ellos, aunque sea por solo un par de temporadas, pensaba que quizás sería una manera de conocerme a mí misma después de años de vivir entre humanos y buscar un poco de paz después de recorrer completamente perdida el mundo. Hable con los líderes de lo que había visto en el mundo, del cual parecían fascinados, mis tareas por el momento se asignaron a recolectar alimento, mostrar algo de la medicina humana que conocía y cuidar a las crías lo cual disfrutaba mucho.

Fisico de Niris al inicio del conflicto:


Poco a poco empecé a ganarme la confianza de la gente, empecé a sentir un poco más que aquello era un hogar he incluso no paso mucho tiempo antes de que algunos guapos jóvenes empezaran a mostrar interés en mí. Lamentablemente la región parecía empezar una situación tensa con noticias de devastación causada por orcos que recorrían la región devastando todo a su paso. Temían que la villa fuera a estar en camino de los orcos por lo que me encargaron junto a dos guerreras del clan la tarea de ir a la comunidad más cercana y usara mi carisma y experiencia tratando con los humanos para hacer frente común con algo que nosotros no podríamos controlar.

Fue algo muy extraño el encontrar que buscaban mercenarios para atender el problema de los orcos, por un momento me imagine que podría ser un buen plan ya que el unir fuerzas era la idea que teníamos, seguro si todos poníamos todo lo que teníamos a nuestra disposición podríamos repeler a los orcos antes de que causaran. Una vez de regreso comente las cosas con líderes de la comunidad quienes no estaban seguros de participar en algo tan arriesgado para su pueblo, una sugerencia que salió al aire incluso fue abandonar el lugar, pero muchos terminarían muriendo de los niños, mujeres en cinta y viejos.

Salí de la villa pensando en lo que debía de hacer, camine al bosque cargando un par de dagas buscando despejar mi mente, pensaba en huir como lo había hecho antes, pero también una parte de mi estaba ansiosa por establecerme y encontrar una tranquilidad duradera. Entonces algo en el bosque me llamo, una voz realmente suave que apenas podían percibir mis largas orejas, llegue a un extraño lugar en el bosque lleno y extraños símbolos colgando de los árboles. Sin entender lo que sucedía pedí ayuda a aquello que me llamaba y prometiéndoles que estaría endeuda.

Al verme volver acompañada de los espíritus guardianes del bosque, los líderes cambiaron de parecer y se convencieron de que debían luchar contra lo que se avecinaba. No podían dejar el pueblo completamente desprotegido, pero un grupo de cazadoras y guerreras conocidas como las hijas de Inle me acompañarían para pelear, mientras que inspirados algunos médicos y habitantes decidieron unirse a la empresa para proteger y procurar traer con vida a sus seres queridos.

Cuando llegamos me sorprendió ver que ya había otras fuerzas reunidas para defender la ciudad y como representante de la villa mi papel sería el de hablar con quienes nos habían reunido hay así como a los demás capitanes que sin duda parecían estar mucho más experimentados que la mayoría de la gente que venía conmigo. Me sorprendí mucho, he incluso me sentí algo traicionada, el hecho de que solo unos pocos de la Puerta al Cielo nos apoyarían mientras defendíamos su pueblo (y la región en general), aquella noticia me quito por completo el apetito, como muestra de buena voluntad nos ofrecieron por adelantado objetos he incluso monturas, de los cuales me vi atraída por un traje ligero revestido y un hermoso látigo con punta de cristal.

Había algo de esto que no me gustaba y pronto note a otra como yo pero de origen felino que parecía buscarme con la mirada. Termino el banquete y estaba por comenzar la planeación del ataque cuando aquella que se hacía llamar Khiryn se me acerco al oído, sus palabras me hicieron sudar frio pero me alegraba que alguien más tuviera las mismas impresiones que yo de los humanos, no era la primera vez que los humanos buscarían aprovecharse de otros en mi experiencia. Antes del consejo llame a las hijas de Inle para que averiguaran lo que pudieran, ya sea ocultas o usando sus encantos.

Ya en el consejo algunos rieron al escuchar que buena parte de la gente que me acompañaba no eran más que simples aldeanos. Pero rápidamente los otros capitanes empezaron a verlos como un útil recurso que parecía querer aprovechar para tareas sencillas que no consideraban aptas para sus soldados. Ciertamente estaba intimidada pero con paciencia escuche la idea de usar a mis exploradoras para lo que sonaba una misión suicida. -Suena demasiado arriesgado, consultare con ellas si creen ser aptas para una incursión al campo enemigo, aunque confió en que su sigilo y velocidad pueda alejarlas de peligro.- Aquello no sabía cómo tomarían aquello las hijas de Inle, pero si pudieran derrotar a alguna cabecilla, probablemente su ataque seria menos organizado y podría darnos una oportunidad mejor. -Lo que no me agrada es la idea de usar abrojos y otras cosas que puedan evitar que las exploradoras puedan evitar el volver al punto donde ustedes estarían esperando, quizás pueda pedirle a los espíritus del bosque y la tierra que cubran su retirada con zarzas, fango y rocas que ellos puedan colocar en el campo en el momento justo mientras sus magos cubren la retaguardia.- Tenia que usaran a mi gente carnada, pero aún faltaban algunos por dejar claro su papel.

Terminando el consejo busque a quien nos había contratado, me acerque mostrándome algo asustada mientras le tomaba del brazo y acercaba mi cuerpo al suyo. Le insinué que aun que mi pueblo pelearía por ellos, pero me sentiría más valiente si pudiera liberar el estrés quizá compartiendo una noche juntos, con una botella de jerez. Quizás no era una súcubo como mi madre adoptiva pero confiaba que sus lecciones y mis atributos me permitieran seducirle, el plan era simple, embriagarnos un poco y con suerte sacarle algo de información de lo que realmente pensaban que sucedería con nosotros.

Al día siguiente nos sacaron de la ciudad y fue más obvio aun que ya no nos permitirían retirarnos en caso de que pasara lo peor. La idea era ayudar con el encuentro, pero deje bien en claro a las personas a mi cargo que si las cosas salían mal y había una oportunidad de escapar, nuestra vida estaba primero. Hable con algunas de mis protectoras sobre lo que habían descubierto por su parte y envié a un par a intentar infiltrarse a la Puerta del Cielo y estar atenta de poder abrir el acceso a la ciudad, no me importaba el dinero, si las cosas salían mal escaparíamos a través de la ciudad con la esperanza de que quienes nos contrataron entren al conflicto y que de mi gente sobrevivan los mas posibles.

Una vez que se llego a un acuerdo me acerque a Khiryn quien anteriormente se me había acercado. -No soy una persona acostumbrada a los conflictos, veo los ojos de los demás como si hubieran visto ya tantas cosas horribles he ir a ellas, si tienes algún consejo para mantener a mi gente con vida... quizás no debí traerlos en primer lugar. Temo las decisiones que he tomado pero si no detenemos a los orcos aquí, es posible que mas gente de nosotros muera.- Esperaba una palabra de aliento, un consejo, incluso una palmada acompañada de una exhalación de resignación, algo que me diera un indicio de lo que sucedería antes de que todo termine en desastre.
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Re: ¡GUERRA!

Mensaje por Héredor Magnusson el Jue Mar 09, 2017 1:37 pm

Comprender lo que un dios quiere, a veces es sencillo, otras veces es complicado. Karzun era un dios que poda ser ambas cosas, bueno en realidad es posible que todos los dioses puedan ser ambas cosas.

Héredor ahora viajaba más por el mundo que antes, buscando la peregrinación y la inspiración. Tenía un objetivo claro, y pensaba cumplirlo, pero los caminos de Karzun a veces están ocultos detrás de vetas muy resistentes, y hay que picar mucho antes de llegar al diamante.

El revivido Magnusson estaba en un pequeño pueblo minero de la zona, tenían buena caza, buena cerveza, y buenos metales, y por fortuna su nombre era conocido en ese pequeño pueblo, parece ser que en el pasado hicieron un pedido importante a su casa y este cumplió sin problema alguno y con maestría. Mientras bebía de una jarra enorme y hablaban de las batallas del pasado contra orcos, contra minotauros, algunos contra elfos… Era curioso, pero no era casualidad que Karzun, uno de los dos dioses principales de los enanos, sea conocido, entre otras cosas como Dios de la guerra, eso demostraba la clara inclinación de la raza por la batalla. Héredor lo sabía, había batallado en el pasado contra orcos, contra demonios, incluso había muerto en batalla, aunque eso se lo guardaba para sí mismo.

Sería destino, seria cosa divina, o casualidad. Pero en ese momento en esa taberna apareció el mensaje. Se necesitaba ayuda contra los orcos en una ciudad cercana. Era una ciudad que por lo visto compraba bastante al pueblo minero, asi que tenían trato con ellos, y era contra orcos, estaba claro que ningún enano que se apreciara se negaría a tal oportunidad.
El herrero enano se levantó de golpe con la jarra en alza, antes que todo el mundo. -Vamos a esa guerra!- exclamo con brío, y la multitud rugió. Casualmente en el pueblo había un ejército, consolidado tiempo atrás para la defensa contra orcos locales, no era numeroso, pero era bueno, tenía calidad, Héredor se comprometió a preparar runas para todo el mundo, y con ese gesto se había ganado la confianza del grupo.

Días después, llegando a la ciudad Puerta del Cielo, Héredor casi no había descansado por el día, iban en caravana, había un grupo montado en cabras bastante numeroso, por lo que moverse no era problema, pero el herrero estaba en un enorme carromato, casi vacío, solo para él en el que tallaba runas en las armaduras de los compañeros. Por las noches bebían y descansaban y dos días de viaje después llegaron.

Al enano no le gustaba el nombre de la ciudad… Eso junto al hecho de que la muralla media más o menos 5 veces su tamaño lo hacían sentir pequeño, y eso le molestaba, pero tampoco era para darle importancia. Cuando llegaron había ya un campamento a las afueras montado, un grupo numeroso de humanos, pero se dio cuenta que no solo eran humanos, había cierta heterogenia entre los mercenarios. Cuando se convocaron los líderes en la ciudad, escogieron al heraldo de Karzun para representar a los enanos… Después de todo Héredor había estado todo el viaje trabajando por el día y motivando por la noche a los enanos, Magnusson no lo hacía con intención alguna, nada más lejos. Simplemente tiene un ferro sentido del deber, tanto para su trabajo como para su dios, y uno de sus deberes, o al menos así lo piensa, es motivar a los enanos que estén a punto de batallar, y hacerles saber que Karzun está con todos.

Habían varias cosas que no encajaban… no luchar con murallas era una idiotez, pero su peso en diamantes era un incentivo muy pero que muy bueno. Sobre todo porque el enano no pesaba precisamente poco.

La ciudad en sí, era relativamente fácil de invadir, murallas de 5 metros no son gran cosa si el enemigo tenía trolls, y siendo orcos, probablemente los tengan, y por lo menos la mitad exterior parecía fácil de incendiar si se usara fuego… el centro era otra historia, y el hecho de que tuvieran ejercito propio también, seguramente sería fácil de entrar pero no tan fácil de conquistar… Aun así… su misión, era evitar que llegara a ese punto.

Hubo banquete, que los enanos disfrutaron mucho, y para ser francos, Héredor también, no puede rechazar comida y cerveza tan fácilmente, pero claro está que se controló tampoco debía acabar con las existencias de cerveza de la ciudad y acabar mal para el día siguiente. Día en el que el herrero rúnico se dedicó a tallar las ultimas runas, estas eran la de los jefes de escuadrón, y después de una larga charla con ellos, vio en ellos la capacidad, y el potencial de poder portar la bendición de Karzun. Era arriesgado, pero valía la pena.

Estas runas eran más difíciles y requerían una gran concentración por parte del herrero, por lo tanto al enano casi no se le vio durante todo el día. Razón por la que no estuvo en las primeras reuniones con los otros líderes, también aprovecho para tallar las suyas propias y repasarlas.
Sin embargo al día siguiente sí estuvo, presentándose ante todos y disculpándose por su ausencia al principio. Se puso al día de la situación por lo visto los superaban en número según el humano, el enano puso en manifiesto sus tropas, dos escuadrones en monturas, y un escuadrón bastante resistente, era de noche, y recibieron la noticia del explorador… la cosa era grave, bastante de hecho, pero así es la vida, las cosas no son fáciles y a veces la gloria hay que sudarla y sangrarla para alcanzarla.

-Si realmente piensan en hacer una incursión a la noche, no cuenten con mi infantería, esos hombres no pueden hacer nada en esas condiciones y prefiero que duerman y estén en óptimas condiciones para el día siguiente, sin embargo tenía pensado tener un escuadrón montado a la retaguardia para maniobras defensivas, ellos no necesitan dormir tanto, podrían hacer una rápida incursión junto a los asesinos, y salir con la misma… claro está que la incursión sería ruidosa, rápida y caótica para el enemigo, pero mis enanos tienen fuego y pueden prender fuego y esparcirlo rápidamente.-

Sinceramente no le gustaba demasiado ese juego, no iba con el estilo de lucha de los enanos, pero el herrero sabía que su enemigo era fuerte y numeroso, y sabía que tendría que trabajar en equipo para vencerlo, así que hacía a un lado sus pensamientos personales y se esforzaba por hacer lo mejor para esa guerra.

“Karzun, seguro estará orgulloso de esta guerra a la que vamos”
pensó el enano, estaba ansioso por su futuro.


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Re: ¡GUERRA!

Mensaje por Khiryn el Sáb Mar 11, 2017 5:58 pm

III

Desde el campamento se podían ver muchos cascos de metal reflejando las últimas luces del día detrás de las murallas de la ciudad. También cientos de cabezas desnudas amontonadas sobre las almenas, mirando. Khiryn se sentía como la atracción principal de uno de esos circos que mostraban animales exóticos, y realmente no disfrutaba de la atención, aunque no podía culpar a la gente normal de la ciudad. Aquel espectáculo fuera de los muros era algo que seguramente nunca habían visto y con dificultad volverían a ver.

Los estilizados horiges con orejas grandes, altos y delgados; espíritus del bosque, que en la ciudad eran llamados vulgarmente como “ents.” Los enanos, ya por sí mismos son un espectáculo; pues rara vez se dejan ver en tierras bajas y nunca en grandes números, pero éstos, además, iban montados en soberbios borregos de montaña. Elefantes de las praderas del mashamba siendo atosigados por horiges felinos, y hasta la extraña marcialidad de los jinetes humanos guiados por uno que montaba… ¡Un dragón! Todos juntos. Increíble. Improbable.  Pero nada, nada era tan impresionante y sobrecogedor como la visión tenebrosa de aquellos archi demonios. Esas enormes y terribles criaturas, aladas y poderosas. Con sus armaduras de sangre.

La gente en la ciudad no podía evitar la mirada. Estaban intrigados más allá de la sorpresa. Extasiados. Los soldados trataban de ocultar su asombro detrás de un gesto duro y marcial sin lograrlo. Esa gente muros dentro, estaba fascinada ante aquella congregación hirviente e inestable fuera de su ciudad. Esa gente muros dentro, les temía.

-//-

La noche del banquete había quedado atrás y para unos fue menos placentera que para otros. Si bien las tropas habían recibido buenos alimentos y los capitanes regalos, lo que había ocurrido en las sombras era un poco más interesante.

La joven y atractiva Niris había echado mano de sus encantos y su conocimiento lascivo para hacerse de los favores del mismísimo Aelle Stephen. Por supuesto, el conde, que no era de piedra, tomó provecho de la situación y con gran placer y ardor tomó a la Horige para vaciar su lujuria en ella. Después de todo ella misma se había ofrecido.  Bebieron el jerez, o al menos Aelle bebió y ni aun borracho, ni luego de haber regado la flor de Niris con su espeso, abundante y blanco amor, ésta, la Horige, no pudo sacarle ni una palabra que él no hubiera dicho antes. Lo que sí pudo sacar en claro Niris es que el conde, era un amante arrogante y egoísta. Ruin y pervertido. Pero precoz.

Esa misma noche, las horiges conejas de Niris no tuvieron mucha mejor suerte obteniendo información. Salvo algunos comentarios sueltos de parte de los guardias de la ciudad que soltaban la lengua de más luego de unos tragos de alcohol. Algunos decían que el conde no debía haberlos llamado. Que obligarlos a defender la ciudad murallas fuera era una idiotez… que era despiadado…. Que nos matarían. Otros decían que el conde en realidad, no confiaba en nadie y que no dejaría que forasteros, ni aquellos bajo contrato pusieran pie en la ciudad más tiempo del soportable. Alguno más se reía como si supiera algún secreto y afirmaba que Aelle era una gran conde; con una gran inteligencia.

Ciertamente Aelle era carismático; y sin duda su gente le quería,  pues les había procurado una ciudad segura, limpia y la mayoría de la población tenía bienestar. Los métodos por los que habían conseguido dicha estabilidad y avance no eran claros.

Claramente los enanos fueron quienes disfrutaron más de la hospitalidad del conde. Pero no por el conde, sino por ellos mismos. El conde se había asegurado de aclarar a toda su gente, que, fuera quien fuera quien pasara esa noche las puertas de la ciudad debía ser tratado con respeto. Los enanos, por supuesto eran confiando y seguros de sí mismos, y aunque las miradas pudieran parecer caer de forma pesada sobre ellos, la verdad es que tenían buena fama.

Sin embargo y a pesar de no haber sido víctimas de groserías directas el resto de los soldados de los demás ejércitos parecían más bien cohibidos. Los demonios no siquiera habían entrado a la ciudad. Los humanos preferían su propia compañía, y los horiges, se retraían. No estaban acostumbrados a las ciudades humanas y temían y les molestaba ser observados como animales más que como personas; aunque ciertamente se enorgullecían de su herencia animal por sobre la humana, en aquella situación embarazosa, preferían, la igualdad. A veces, los prejuicios vienen en sentido contrario.

-//-

El campamento, era un total caos. La noche comenzaba a caer sobre sus cabezas y apenas si tenían medianamente  trazado un plan. Los ánimos eran malos y la actitud de la mayoría también. Se podía sentir la tensión y los nervios en el aire. Sobre todo de aquellos menos experimentados, que eran por supuesto, quienes estaban de peor humor. No era fácil hacer que unos trabajaran con otros, y menos cuando alguien que no conoces te da órdenes como si fuera el dueño de la situación. Como si fuera el dueño de tu vida. Había desconfianza entre los clanes y cualquier chispa podría hace estallar ese campamento y hacer que nos matáramos unos a otros antes si quiera de empezar a defender la ciudad.

Los líderes de cada regimiento se discutían el trabajo de mantener trabajando a los hombres y de apagar cualquier iniciativa violenta entre los ejércitos aliados. Era por demás decir, una tarea dura. Mientras, los capitanes apenas y podían ponerse de acuerdo. Atacarían de noche. O más bien antes del amanecer.  
Ese era el plan.

Y a algunos el plan no les convencía. Sin embargo, respetaban y apoyaban el plan. Después de todo era un plan y era el único que tenían. Sólo una de ellos había tenido las agallas para declarar sus ideas en voz alta. Por su parte; Necross acertó en acreditar a la capitana y apoyar el plan. Sin duda, discutir si ese era o no el mejor movimiento sólo provocaría separación. Si nadie más hablaba, lo mejor era, por supuesto, al menos, apoyar a quien había aportado algo. El resto de los capitanes parecieron afirmar aquello. Sólo Niris se veía seriamente consternada con la situación. Como si una sombra se hubiera anidado en su semblante.

Y claro que tenía razón para estarlo. El plan era atacar el campamento orco antes del amanecer. Y como si esto no fuera ya suficientemente terrible, -es decir, no es un campamento cualquiera; es un campamento con alrededor de 3000 soldados dirigido por orcos- los detalles de dicho ataque no quedaban claros para nadie. Así mismo la formación que los estaría esperando para cubrir la retirada o la formación que habrían de tomar inmediatamente en caso de que la horda orco, humillada se decidiera a atacar justo en ese momento.

Se había hablado de que los archi demonios de Luzbel podrían defender lanzando piedras; incluso los espíritus controlados por Niris; y sin embargo, nadie había siquiera preguntado por una cantera. Así que piedras no había.

Sin embargo, había una cantera. Justo al norte del campamento, fuera de la muralla. Como a unos 600 metros desde el campamento. Pero, sin la orden real para usarla no podrían extraer piedra de la misma; a menos claro, que la tomaran por la fuerza y se organizaran rápido para ir y venir con la mayor cantidad de piedras, y que estas, fueran del tamaño adecuado para poder ser lanzadas ya fuera por los demonios o por los espíritus.

Lo que sí había, -y es que al menos una se había tomado la molestia,- eran algunos tramos de palizada, cofres con abrojos y muchos odres con aceite. Algunos de los horiges civiles de Niris a sabiendas de no ser de mucha más utilidad que aquello, se propusieron a ayudar apuntalando las palizadas, o repartiendo los abrojos u organizando el aceite. Otros lo hacían a regañadientes. Odiaban recibir órdenes de los demonios. En realidad, todos odiaban recibir órdenes de cualquiera.

-//-
–Necross, tu volaste sobre el campo y viste el campamento del enemigo. Hay algo que debamos saber antes de mandar a los soldados hasta ahí… Preguntó Khiryn.

Necross explicó que no se había acercado demasiado al campamento pues detectó arqueros y temió por que le derribaran. Sin embargo, pudo distinguir con mediana claridad como estaba dividido aquel campamento. – No tienen palizada, y tampoco muchas tiendas. En general todos duermen al aire libre y sea alejan poco del campamento para cagar. Ese campamento debe ser un asco… Necross se arrodillo y comenzó a dibujar con el dedo en la tierra. –Al norte, en la parte más alejada del campamento están los huargos. Son feroces y tienden a descontrolarse. Perciben el miedo de los demás y eso los pone nerviosos. Como dije, no hay palizadas, así que los trasgos clavan estacas al suelo y encadenan a sus lobos a éstas. Detrás ellos están sus jinetes y delante los trasgos lanceros. A un costado hacía el centro están sus arqueros. Es decir, todos los trasgos están concentrados del lado norte del campamento. En centro, una destacada tienda. Enorme. Debe ser la tienda del caudillo.

Frente a la tienda, el ejercito formado enteramente por orcos. Al sur, los inconfundibles trolls. Y detrás de los trolls, flanqueando la tienda principal, los orcos acorazados…



mapa del campamento orco:



Para Khiryn, el ver dibujar a Necross y explicar de modo tan claro la situación le trajo algunos recuerdos de su época como cuchilla. No pudo sino sentirse complacida por la guía del humano.

–Así que… ¿Cómo queremos atacar? No podremos atacar la tienda principal a menos que rodeemos su campamento, cosa que nos llevará mucho tiempo. Tampoco, creo que sea buena idea tratar de escurrirnos entre ellos, al parecer, tienen antorchas encendidas, aunque es una ventaja que no dispongan de palizadas. Y bien… ¿qué atacaremos? ¿Cómo nos formaremos para regresar? ¿Quién dará cobertura?

-//-

La junta finalizó y todos salieron de la tienda. La noche era clara y mostraba un cielo abierto. El fresco del clima era reconfortante para el calor que la gente parecía llevar dentro. El pasto seco tronaba bajo las plantas de los cientos de personas congregadas trabajando afanosamente en el campamento. Las llamas bailarinas de las hogueras y antorchas proyectaban las sombras de todos sobre el suelo, como demonios o espectros de muerte esperando con la guadaña levantada y las manos secas cobrarse las vidas de aquellos.

Niris se acercó a Khiryn justo antes que está se fuera. [color:164d=0099ff]--No soy una persona acostumbrada a los conflictos, veo los ojos de los demás como si hubieran visto ya tantas cosas horribles he ir a ellas, si tienes algún consejo para mantener a mi gente con vida... quizás no debí traerlos en primer lugar. Temo las decisiones que he tomado pero si no detenemos a los orcos aquí, es posible que mas gente de nosotros muera.-

Khiryn se había acercado a la capitana la noche anterior. Sólo al verla había sentido un gran pesar en el corazón. Era muy joven. Demasiado joven para llevar sobre ella la carga que representa una guerra. Sintió lástima y empatía por la otra horige y tuvo que hacer un esfuerzo enorme para convencerse a sí misma de que, aquella joven, era en realidad, junto a ella, un igual. Niris, como ella misma estaban al frente de sendos ejércitos. Por una u otra razón, más allá de la experiencia o la edad, todos los capitanes estaban en igualdad de rango. No era justo para Niris tratarla como si fuera una niña.

Esa primer noche Khiryn tuvo que refrenar sus lágrimas al recordar el daño que la guerra le hace a los más jóvenes y detuvo con el corazón aplastado un fuerte instinto maternal. Se acercó a la Horige convencida de que hablaría con una igual. Y hablándole con respeto se dirigió a ella por su rango de capitán y le propuso la posibilidad de averiguar detalles sobre la ciudad, y nuestro contratador. La respuesta de Niris en ese momento fue altamente satisfactoria para Khiryn. Le pareció que se dirigía a una persona inteligente y observadora. Cualidades que ella admiraba, sobre todo en las mujeres jóvenes, y que así mismo consideraba necesarias para sobrevivir.

Pero ahora, en ese momento las palabras de Niris dejaron sin armas a Khiryn. Conmovida hasta los huesos no pudo ahora bien contener una lágrima. El miedo y la sinceridad eran situaciones naturales, pero siempre incompatibles en este tipo de situaciones. Todos tenían miedo. La mayoría no quería admitirlo, y aun aquellos que lo admitirían, no gustaban de expresarlo. Y aun quienes lo dijeran, jamás lo harían de una forma honesta.

Khiryn se secó la mejilla con el dorso de la mano izquierda y con la misma mano tomó a Niris por el hombro. Se inclinó un poco al frente para estar a la misma altura. Recordó su vida en el mashamba milele y mirando directamente a sus ojos le dijo:

–Hakuna matata; Una forma de ser. Hakuma matata… nada que temer.
Luego empezó a cantar y bailar como loca. - Sin preocuparse, es como hay que vivir. A vivir así yo aquí aprendí. Hakuna matata!

Off: LOL! No puede evitarlo. Lo siento, lo siento! Por supuesto eso no fue lo que dijo; continuo con el verdadero on abajo. XD

–Tienes razón en todo. Niris. Tienes razón en que quizás no debiste haber venido; y tienes razón en temer las decisiones que has tomado. Pero aun más es verdad que si no detenemos aquí a los orcos más gente morirá. Mucha más gente. Las hordas orco rara vez se organizan de tal manera. Y cuando lo hacen es un poder terrible que debe ser detenido antes que devore todo a su paso. Esta fuerza no mengua, sino que crece. Y crece o es eliminada. La gente simple de Noreth no lo sabe; pero pequeños clanes orcos son derrotados antes de crear gandes hordas como esta todo el tiempo. Son derrotados por minotauros, enanos y elfos en su mayoría. Pero a veces estos clanes rebasan la capacidad de aquellos que en las sombras y sin recompensas siempre nos protegen. Es aquí cuando debemos defendernos por nosotros mismos.

Niris, es cierto que gente morirá aquí. Gente que está contigo. Y es verdad que deberás lidiar con esas muertes por siempre.
Khiryn agitó su brazo metálico como recordatorio de aquellos que habían perecido años atrás bajo su mando. El hombro le dolía. –Pero también es cierto que estás aquí ahora. Y es verdad que contamos con tus fuerzas para salier adelante.  Es verdad que necesitamos a todas y cada una de las manos que has traído. Que son tuyas y que confían en ti. Es verdad que ellos saben algo que quizás tu no, Niris. Y es que ellos antes de venir, pusieron en ti su confianza y a pesar de que muchos son civiles, aceptarán la batalla y la muerte como soldados. ¿Vez que enorme es? Esa gente ha venido contigo, porque igual que tu, saben que la horda debe ser detenida ahora. Pero han venido bajo tu bandera porque todos necesitan un líder. Ellos saben que tú eres su líder. Y el preocuparte por ellos así, como lo haces, demuestra el por qué te han seguido.

Es ahora que debes ser más firme. Ellos ya están contigo. Nosotros contamos contigo.
Ve a ellos y háblales el plan. Lidera tu grupo, apóyalos. Habla con ellos. Confórtalos, se firme pues necesitan saber que tú no te desvaneces. Eleva su moral. Te necesitan de una pieza. Te necesitamos de una pieza. Y si algo te confunde, apóyate en los demás capitanes, algunos tienen experiencia en cuestiones de guerra; la estrategia es importante, pero es la voluntad de los soldados la que gana las batallas… Confiamos en ustedes.


Ambas salieron de la tienda y Niris se dirigió a los suyos. Khiryn dio un fuerte respiro y miró la noche. Como clavando sus ojos en el firmamento. Como si no hubiera visto nunca un cielo igual. Necross estaba de pie cerca de la tienda supervisando a sus hombres.
–Veo que tu pandilla de maleantes ya casi parece un ejercito… has crecido, Necross.
El humano se sonrió y luego pareció pensativo. Finalmente habló.
-Oh Khiryn… siempre que estas cerca nuestras oportunidades de sobrevivir disminuyen…-  
–¿Pero acaso hemos muerto? –Dijo Khiryn complacida. Luego lo pensó dos veces. –…Bueno, al menos ninguno de los dos a muerto cuando ha estado cerca del otro… Khiryn sonrió y se alejó dirigiéndose hacia sus hombres.

-//-

Las antorchas del campamento orco iluminaban el cielo sobre ellos. Desde ese campamento, los orcos podían ver igual espectro anaranjado y amarillo sobre el campamento de los aliados. Al igual que los aliados los jefes de la horda se reunían en diferentes tiendas para hablar.

-¡QUIERO ESE DRAGÓN! –Dijo demandante el jefe de la horda refiriéndose al wyvern que había volado sobre el campo esa misma mañana.
–Pero señor… –Decía el capitán de los arqueros. –Será casi imposible derribarlo son matarlo. Señor. Esas criaturas son, demasiado peligrosas y ariscas como para capturarlas vivas. ¡Aun más si ya han tenido un jinete!
–Me da igual. Si alguno mata a ese dragón, me aseguraré de que sufra, y sufra… y ruegue durante años. Quiero ese dragón con vida…

El caudillo no estaba impresionado por la fuerza de los aliados. Sin duda, le molestaba de modo particular la presencia de enanos, a quienes de entre todo, veía como a los enemigos más formidables. Los elefantes, los demonios y los espíritus le eran prácticamente desconocidos, pero sabía que, como con todo, sólo bastaba la simple fuerza para derribar hasta gigantes. Aunque ciertamente le preocupaba tener tan pocos datos y poca experiencia sobre aquellas criaturas no era algo que le hiciera temblar. Él se había, sobre todo obsesionado con el wyvern. Criatura de gran majestad, y ya se podía imaginar entrando a Puerta del Cielo montado en tal criatura. Lo quería. Lo deseaba. Su corazón era arrogante.


– OFF: Si algo llegara a faltar en este post, lo pondré en el off.
Saludos.
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Re: ¡GUERRA!

Mensaje por Vanidad el Jue Abr 06, 2017 12:06 am

La diablesa dejó dormir a sus no demasiado pequeños soldados dormir tanto como el plan lo permitía, hasta que un poco antes del amanecer, incluso antes que el resto de grupos, los despertó. Eran veteranos, incluso para los estándares militares de las razas que la rodeaban, así que aunque se quejaron en voz baja, todos estuvieron listos en un periquete, con sus cristalinas armaduras preparadas pero no puestas y las ánforas de aceite y los barriles de abrojos al lado, por más que no acabaran de entenderlo. Envió a uno de sus dos piromantes y a otro par de demonios con la coneja. Llamaban demasiado la atención como para pretender que formaran parte del plan, pero darían apoyo pesado si las cosas se torcían, o lanzarían una bola de fuego como solicitud de refuerzos, para cualquier otra cosa, estarían detrás, lo más lejos de la vista posible. Luego llegó la hora de preparar el campo. Coloco a sus demonios a los lados del campamento y les hizo avanzar exactamente en línea recta, para luego llenar de aceite y abrojos la zona que quedaba entre ellos con un vuelo rápido, usando unos pocos que se quedaron quietos como guías para la distancia máxima.

Luego volvieron, se equiparon para la guerra con sus armas y armaduras y partieron con ánforas de aceite, a pie. No había suficientes nubes como para pretender hacer un ataque sorpresa, y el peso extra los habría agotado, así que irían a pie, dando un rodeo, y esperarían a oír los sonidos de la batalla, luego alzarían el vuelo y ánforas en mano, regarían a los huargos con ese asqueroso aceite de pescado antes de volverlos deliciosamente crujientes. Sus ballesteros seguían en el campamento, con órdenes de apoyar al resto de sus compatriotas, así que no se preocuparía por ellos, otro los mandonearia por ella.

Cuando considero que ya estaban finalmente a una distancia aceptable del campamento, aun fuera de la vista, hizo parar a sus archidemonios y les ordeno descansar. –Almorzad un poco más.- La energía extra siempre venía bien, y desde luego no eran de esos novatos que vomitaban hasta su primera papilla ante la idea de ir a la guerra, nada más lejos de la verdad. –En silencio- puntualizo al ver como unos pocos empezaban a hablar en susurros. Se habían alejado mucho, pasando según sus cálculos a los trasgos y situándose en una línea perfectamente recta que cruzaba los huargos y los arqueros. Su pequeña maniobra dependía de que los arqueros se dieran cuenta tarde de que había ciertos blancos de tiro volando hacia ellos, lo suficientemente tarde como para que pudiese al menos regar a los chuchos, luego solo necesitaba una bola de fuego. Las armaduras pesadas no protegían las alas, por lo que cuando estuviesen justo encima de los huargos, lanzando el aceite, serian extremadamente vulnerables a las flechas lanzadas con trayectoria arqueada, que les darían por encima y no por debajo, donde las armaduras cubrían el cuerpo y las alas, parcialmente al menos. Y claro, el piromante debía sobrevivir lo suficiente, pero ya se había encargado de eso, había diseñado una formación en rombo tridimensional, como dos pirámides unidas por la base. Seis demonios formando las esquinas y otros 8 cubriendo las caras. Casi imposible que ninguna arquero consiguiera atravesar a su mago a través de tanta carne y metal.

Pero allí estaban, esperando una señal que nunca llegaba, y la diablesa se impaciento. –Manda a buscar a los ballesteros.- fue todo lo que le dijo a uno de los demonios, que se retiró para volver en unos minutos con sus preciados ballesteros. El plan era sencillo, absurdamente sencillo, pero aun así exótico para quien no la conociera, así que se aseguró de que se la entendiera muy bien. –Estaréis colocados en línea y disparareis a ciegas Disparara únicamente el soldado que escuche el maullido justo delante suyo, supongo que serán trasgos, por lo que os tendréis que agachar o algo así, vosotros sabréis. ¿Preguntas?-

-Señora…¿maullido?-

-¿Esa es la única pregunta? Perfecto, si, maullido, “Miau”, lo que hace un gato. Vamos a ello.- y dejo atrás un muy confuso capitán para internarse en la oscuridad, transformando su elegante cuerpo en una variante aún más elegante y mucho más peluda, así como bastante más pequeña.

Unos metros y segundos más tarde, un trasgo con arco miraba muy confundido la adorable bola de pelo en forma gatuna que gritaba a los cuatro vientos “nobleza”, a pesar de encontrarse literalmente en medio de la nada. –Miau- se limitó a decir la gata, de un largo y suave pelaje blanco, con una cola tan esponjosa que recordaba más a una ardilla que a un felino. El guardia finalmente salio de su estupor, recuperándose de la sorpresa y saco poco a poco una flecha. ¿Qué se creía? Ni que fuese un gorrión. Pero sus soldados no podían tardar mucho más. -¿Mrrrriau?- que traducido al común significaba “daros prisa inútiles”. Y funciono, puesto que el trasgo acabo con una saeta entre ceja y ceja. El guardia estaba a unos sesenta metros, y no parecía haber más a esa distancia, así que sus hombres avanzaron un poco más.

El plan funciono un par de veces más, llegaba, era adorable y los guardias morían por ello. Casi falla cuando uno se agacho a acariciarla, pero un arañazo lo hizo retroceder justo a tiempo para el virote, y tuvo que agarrar el cuerno ella misma para evitar que la alarma sonara con sus adorables y peludas patitas para cuando un virote dejo al tipo moribundo pero no muerto, hasta que se desangró. Finalmente, ella y sus hombres se encontraban a treinta metros del campamento, sin que hubiera más centinelas, por lo que volvió a su forma humana y reapareció ante sus hombres, que muy posiblemente se preguntaban cómo diablos su jefa había adiestrado a un gato para detectar guardias. Dejaría que se lo preguntaran un rato más…

Se quedaron un rato esperando en la oscuridad, esperando la señal. Era aburrido, sin duda, pero no cargaría de frente y se arriesgaría a represalias directas, así que se quedó mirando los trasgos, sumamente vagos, yendo de un lado a otro, a excepción de alguno de aspecto más marcial que se dedicaba a preparar las armas. Estaba a punto de ordenar el ataque de inmediato, para evitar que el cambio de guardia los pillara en medio cuando escucho los cuernos, que mandaron un escalofrió entre sus humanos, aunque sus archidiablos se mantuvieron impasibles. ¿Habían oído peores? TENIAN peores. Pero eso ahora mismo daba igual ¿Los habían pillado? No, no a ellos al menos, tomaría eso como una señal. Sus demonios se agazaparon, expectantes ante la orden que sabría que vendría, pero ya que tenía allí los ballesteros, alteraría un poco el plan. Susurro, muy flojo, de manera que solo el capitán de los ballesteros la oyera. –Crea grupos de diez ballesteros, atacad a los trasgos cercanos, especialmente a esos…- señalo a los únicos trasgos que en vez de estar corriendo de un lado a otro como gallinas sin cabeza, o estar corriendo hacia los trolls como los orcos, sino que se estaban equipando y señalando a los huargos unos cinco acabaron dirigiéndose hacia los chuchos sobrevalorados, momento en el que decidió lanzar su ataque.

Había esperado tanto como había podido para que los enemigos estuvieran lo más alejados posibles, y las oleadas de virotes se encargaron fácilmente de esos pobres desgraciados que intentaban montar a los huargos, momento en el que decidieron apuntar al resto de trasgos, que ya se estaban girando hacia ellos, sino por las saetas, por las gigantescas moles acorazadas que se estaban levantando por encima del campamento, cargando las ánforas de aceite. Solo ella y el piromante estaban en tierra, a salvo, esperando por si algo surgía. Había decidido ocultarlo en vez de protegerlo, puesto que el tipo le había asegurado después de una breve charla que un piromante demoniaco tan bueno como él podía incendiar el aceite desde allí, y lo había creído, por supuesto, porque si no la cabeza del mago acabaría en una pica, y el demonio lo sabía, las mentiras y la inutilidad se pagaban bastante caras en su ejército.

Sus archidemonios sabían lo que hacían, y no dudaron en derramar el aceite en cuando estuvieron en posición, impasibles ante el sonido de cuernos que los delataba y los arcos que empezaban a disparar. La diablesa soplo un cuerno, llamando a la retirada y sus aberraciones aladas particulares corrieron por su vida. La armadura pesada protegía de las flechas, pero las alas estaban expuestas, y Luzbel no quería arriesgarse a que perdieran su capacidad de volar… al menos no demasiados de ellos. –Incéndialos… soltad las flechas que tengáis cargadas.- dijo al piromante y ballesteros respectivamente. Ahora era hora de correr entre el olor a huargo a la parrilla.


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Re: ¡GUERRA!

Mensaje por Niris el Vie Abr 07, 2017 10:42 am

Una vez expulsados del pueblo, los dirigentes nos reunimos en pequeña tienda de campaña para hablar de la estrategia que tomaríamos, se había decidido el iniciar un ataque por nuestra cuenta para que este se diera en nuestros términos, una pequeña ventaja que probablemente no sería suficiente para ganar pero que con suerte podría causar desorden en sus filas, al menos por un momento. Al parecer el señor Necross y sus hombres habían realizado una exploración área de las fuerzas enemigas, pronto él y la señorita Khyrin empezaron a dibujar y hablar de lo que conocían de los orcos, trasgos y su experiencia enfrentándoles antes. Con la rápida salida de la ciudad no teníamos todos los materiales que pudiéramos necesitar pero mande que cada persona bajo mi cargo donara un botón, trozo de madera, vidrio o tela para hacer función de miniaturas de nuestras fuerzas y las enemigas, era curioso que el escenario de combate estuviera representado por baratijas, pero igualmente éramos fuerzas bastante improvisadas.

Se acordaron los movimientos que realizaríamos, aunque no todos estaban del todo convencidos, al no ofrecer otra mejor idea no les quedo más que aceptar. Yo que había crecido con humanos estaba acostumbrada a estar despierta de día y dormir de noche, pero la mayoría de mis compañeros eran más activos tanto cercas del atardecer como del anochecer. A pesar de que todos estábamos peleando contra el mismo enemigos, lo único que unía a todos éramos sus líderes, mi gente no confiaba en los humanos ni enanos, muchos miraban "instintivamente" con recelo a los felinos aun que eran de cierta manera similares a nosotros y algunos temían que los demonios fueran peores que los orcos. Por mi parte veía a los demonios con algo de admiración más que incomodidad, algo que no entendían del todo mis compañeros actuales a quien les decía que les trataran de forma respetuosa, después de todo sabía que son naturalmente impulsivos y crueles por lo que no deberían tener la guarda baja en su presencia, por otro mi experiencia me decía que estaban más que dispuestos vernos como personas en lugar de animales que muchas razas "civilizadas".

Aldeanos:

La noche antes de comenzar el ataque todos empezaron a prepararse, los médicos herbalistas preparaban relajantes para ayudar en la precisión de las guerreras de Inle así como preparar vendajes, agua y otras cosas para atender a los heridos que vendrían. Los aldeanos por su parte trabajando arduamente preparando el terreno donde los médicos atenderían a los heridos, cocinando sopa de verduras, ofrendas para los espíritus, tocando música, bailando y en general elevando la moral. Por ultimo discutía los últimos detalles del plan con las guerras del clan sobre salían con control y uso del miedo propio para mantenerlas alerta y eliminar cualquier peligro sobre sus familias como sanguinarios humanos.

Cercas del amanecer se le ordeno a algunos de los aldeanos que ayudaran a los humanos ballesteros del señor Necross mientras que los otros procurarían ofrecer su ayuda a quien la necesitara con cualquier desperfecto que sus oficios permitieran ayudar. Los médicos descansaban a la expectativa y las guerreras salieron en dirección del sur del campamento enemigo para buscar a los entrenadores de los trolls así como enfadar a aquellos brutos para que causaran desorden en sus propias filas. Mientras los espíritus estarían esperando su regreso para retrasar un posible contra ataque y alentarles con zarzas, muros de piedra (Que las conejas podrían saltar sin dificultad).

Asesinas y tiradoras:


Las 20 guerreras conejas con ballestas acompañadas de algunas guerreras felinas aprovechan la obscuridad que aún quedaba para avanzar con sigilo para no ser notadas, sus orejas les permitían comunicarse con apenas susurros y notar un cambio en el comportamiento de su presa o descubrir algún enemigo oculto. Antes de llegar a su destino alguien detecta un extraño bulto a varios metros de distancia, le observan por un momento curioso de lo que pudiera ser para luego lanzar un virote en su dirección.

El virote vuela hasta la extraña figura para luego emitir un sonido carnoso seguido de un chillido sordo, lentamente la figura se va levantando mostrando la silueta de un trasgo, se ve como empieza a levantar una especie de cuerno a la boca cuando más virotes vuelan en su dirección tumbándolo al suelo muerto. Nerviosas tratan de avanzar rápido hacia el campamento enemigo que se encontraba a escasos ochenta metros de distancia, pero otra figura rápidamente se levanta para luego escuchar a una flecha lanzada al aire casi impactarles. Otra figura cercana se levanta y dispara al aire acertando en el brazo de una de las conejas, aún no habían sonado la alarma y parecían no notarles con claridad, si continuaban podrían provocar que sonaran la alarma sin lograr nada. Era momento de una retirada estratégica.

Regresan al campamento llevando a la herida así como informándome que a los alrededores de la sección del campamento donde se encuentran los trolls y seguramente también en el  resto del perímetro enemigo se estaba escondidos en la obscuridad trasgos. En la hora siguiente les informo a los otros capitanes la situación, en especial a la diablesa para que modifique su estrategia considerando los enemigos del camino, la hermana herida es llevada con los curanderos para que revisen sus heridas y envió de refuerzos a diez de las asesinas, expertas en combate furtivo cuerpo a cuerpo, como avanzada para localizar y silenciar a los guardias que pudieran evitar que las arqueras. Solo quedaba conmigo Pensamientos, una de las hijas de Inle (Que había tomado su nombre de su flor favorita) que me servía de escolta personal mientras otras dos, Ave y Urtica, debían de haberse infiltrado en la ciudad ya, o al menos eso esperaba.

Vuelven a recorrer el camino al campamento enemigo avanzando lentamente mientras buscan con el oído respiraciones o cualquier señal de enemigos ocultos, con las asesinas al frente esperando para saltar y matar en un instante. En el recorrido encuentran uno de los trasgos que parece escuchar algo y dispara una virote mortal hacia una de las felinas, una de las asesinas entonces salta y en un limpio movimiento le abre el cuello. Toman a la caída para regresar su cuerpo con los suyos mientras se dirigen a la retaguardia mientras las tiradoras observan he identifican a sus blancos.

En el campamento ven a enormes trolls que cubren buena parte del lugar, pero después de moverse, escuchar y buscar ángulos adecuados logran ver a cinco orcos fornidos de aspecto salvaje, si los informes eran correctos aquellas criaturas vestidas de pieles animales debían ser los domadores. Sin duda no parecían esperar problema ya que cuatro de ellos duermen plácidamente en el suelo como las bestias que doman mientras el otro parecía moverse de un lado para otro con cadenas, baldes, látigos entre otras cosas. Una de las conejas sonrió conteniendo un poco la risa imaginándose que aquel era un novato que le tocaba hacer todas las tareas.

Las hijas de Inle hacen señas para ponerse de acuerdo a quien disparara cada quien. Toman distancia y buscan ángulos y posición para buscar puntos letales de los desprevenidos, su especialidad, una vez de acuerdo levantan sus orejas para tratar de sentir la brisa y tomarlo en cuenta en su tiro, entonces al líder de las arqueras, Ocaso, dio una silenciosa señal que rápidamente fue respondida con cuatro virotes al pobre orco despierto al cual un virote le pega directo en el corazón matándole al instante así como entre tres y cuatro virotes  a aquellos orcos que ya no despertarían más. Todo fue tan rápido que no hubo oportunidad de alertar a nadie y los trolls seguían durmiendo perezosamente entre su inmundicia. Recargan las ballestas mientras rápidamente buscan a más domadores y pronto encuentran  a tres más mientras uno de los trolls cercanos a los orcos muertos se gira al sentir el agua derramado por una cubeta.

No tenían mucho tiempo para coordinarse antes de ser descubiertas por lo que los pequeños grupos de tres a cuatro conejas se coordinan para disparar a los dos entrenadores más cercanos. Dos de los domadores cae muerto sin reaccionar pero otro de ellos se levanta gritando con dos virotes en el estómago y uno en el pecho para rugir lleno de ira despertando a todos los cercanos para luego caer sordamente por un virote en la sien. Tres domadores más llegan y comienzan a gruñir para luego patear y pinchar a los trolls que empiezan a levantarse enojados por ser despertados seguido del fuerte sonido de un cuerno que anuncia combate a todo aquel trasgo y orco que pueda escucharle. Las hijas de Inle terminan de recargar las ballestas y disparan en dirección a los domadores sin ningún tipo de coordinación para luego emprender la huida con toda la velocidad que puedan proporcionar sus fuertes piernas.

Las flechas son contenidas por los trolls que muriendo uno de ellos mientras que el sonido del cuerno se replica en distintas áreas del campamento enemigo. Las felinas hacen su movimiento y un par de sus guerreras se abalanzan contra dos de los trolls más cercanos para dar oportunidad a las conejas de hacer distancia. Las conejas corren en momentos mucho más veloz que cualquier humano, pero no pueden mantener demasiado tiempo la velocidad y la distancia entre los orcos poco a poco se va acortando más. Una lanza sale volando con una fuerza tremenda hacia una de las arqueras, los agudos oídos de las hijas escuchan claramente como los huesos se fracturan en un instante mientras ven a su hermana caer muerta, dos de los felinos son alcanzados y se lanzan con un grito desesperado hacia los orcos.
Ents:


Me encontraba junto a los Ents detrás del campo de abrojos esperando que alguien regresara, me sentía culpable de que probablemente muchas de ellas no volvieran pero aquel pensamiento fue interrumpido por rugidos, pisadas, trompetas y gritos que se acercaban a través del campo. -¡Espíritus del bosque! Escuchen mi plegaria y formen un camino para que nosotros tus servidores tengan paso seguro.- Toque con mi mano a uno de ellos quien respondió con un extraño crujido seguido de otros Ents quienes golpearon con fuerza el suelo para enterrarse en él y lanzar sus brazos que se unían en uno solo en un puente de ramas, mientras los otros Ents hacían crecer enredaderas espinosas frente a los orcos.

Era momento de retirarnos, habíamos realizado nuestra parte del plan y nuestra tarea no era pelear de frente con esas criaturas. -Volvamos al campamento antes de que las cosas se pongan feas, hemos terminado por ahora.- Solo faltaba que los demás cumplieran su parte del plan y que este funcionara. Los Ents solo buscarían retrasar el alcance de nuestros enemigos para asegurar nuestra huida y dar tiempo de actuar a los demás, sabía que eran más fuertes que lo que había mostrado hasta ahora, aunque no sabía que tanto, una parte de mi temía que si los espíritus se enojaban y desataban toda su furia barrerían tanto con aliados como enemigos, me preguntaba si ellos sentirán aquel miedo en mí.
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Re: ¡GUERRA!

Mensaje por Khiryn el Vie Abr 07, 2017 9:29 pm

Aunque Khiryn estaba renuente a la retirada estratégica propuesta por las horiges que se hacían llamar “las Hijas de Inle” tuvo que aceptar, al final, que ese movimiento había sido favorable en muchos aspectos para el desarrollo de la misión. Sin duda, había sido una decisión inteligente, puesto que le había permitido poner sobre aviso a la demonesa y a sus hombres sobre la presencia de centinelas apostados en el campo, ocultos entre la hierba. En adelante, todo había salido mejor de lo que ella, y quizás la mayoría había esperado.

Junto con las “Inleinas” –Hijas de Inle- Khiryn y algunos de sus soldados atacaron el campamento de los trolls; y efectivamente las priemeras descargas de virotes habían sido precisas. Habían matado a al menos 6 de los domadores e incluso, en la retirada, habían tirado a uno de los temibles trolls. Fue durante esta retirada que un pequeño grupo de felinos vio su oportunidad y atacaron, como leones salvajes a un par de trolls, haciéndolos caer muertos.

Pero no todo le había salido sin problemas al grupo que se encargaba de la distracción principal; sino que en la huida, estos mismos felinos, que habían tan valerosamente dado caza y muerte a los trolls, se encontraron alcanzados por los orcos de élite. Los orcos más fuertes y grandes con lo que jamás se habían encontrado. Eranenemigos formidables, y ni la velocidad ni la precisión de los horiges fue rival para estos orcos, quienes, sin grandes complicaciones, abatieron a tres de los horiges.

Mientras las Inleinas y el resto de los horiges estaban cerca de pasar el campo de abrojos, Luzbel, la demonesa, con una estrategia que rayaba en lo ridículo, se había hecho cargo de 3 centinelas y se proponía incendiar el campamento de los huargos.

Las llamas bailaron y crecieron para el placer y regocijo de Luzbel; que en su distancia era capaz de oír los chillidos aterradores y los gritos y rugidos desesperados tanto de bestias como de jinetes. Era tal parece, una visión embriagadora, y la luz del fuego se vio hasta el otro campamento, y el calor de las llamas calentó el aire.

En conjunto, el plan había salido bien. El fuego se hizo cargo no sólo de los huargos, sino de algunos jinetes y arqueros también, pues este se había extendido y los intentos de apagarlo, sin grandes cantidades de agua resultaba más inefectivo y cobraba más vidas que las que salvaba.

Un cuerno final anunció el repliegue y reordenamiento del campamento del caudillo orco.

Era prioridad para el jefe de tal incursión hacer la cuenta del daño y organizar a sus tropas para saber con cuantas era capaz de contar ahora. Además, debían alejarse del fuego. Este orco era sin duda cauteloso y al final se sorprendería de ver que si bien había sufrido bajas importantes, su ejercito seguía siendo una fuerza más que terrible.

Pero no todos acudieron al llamado de retirada del señor orco. Y la ausencia de la caballería del señor Magnusson, que se encargaría de proteger la retirada y barrer desde el flanco a las tropas que fueran en persecución de la avanzada metieron en serio problema a los aliados.

Un grupo de alrededor de cien soldados trolls, con hachas en mano y algunos incluso sin armas, avanzaron impunemente por el campo que separaba el terreno de abrojos y el campamento orco. Los gritos y los cuernos sonaron, pero de los enanos no hubo respuesta. Un pequeño grupo de horiges felinos de Khiryn fue alcanzado y abatido con poca resistencia ante la pesada carga de los orcos, los cuales avanzaron hacía los ents.

Pero la defensa no terminaría ahí; Afortunadamente Khiryn había tenido la precaución de apostar a sus ballesteros humanos con los ents, y los demoios de Vanidad regresaban surcando el cielo para el apoyo. Los orcos entraron en el campo de abrojos y fueron medianamente retrasados por esta estrategia, para luego, ser abrazados por la llamas que se encendieron a sus pies por los virotes incandescentes disparados desde las ballestas humanas.

Pero la avanzada orca no daría la retirada ante tales decepciones, y con más furia, y desbocados en un estado de brutalidad sin paragón embistieron la malla tejida en ramas que los ents fueron capaces de realizar en el último momento.

Los virotes de los humanos volaban desde la retaguardia, pero la embestida orca era potente y pronto, capaz de romper la delgada defensa que prestaban los ents. Khiryn Agrupó a los soldados que aun la acompañaban y tomaron una formación defensiva entre los ents y sus raíces.

Para Luzbel, que quizás había disfrutado mucho del devastador paisaje que había provocado, se quedó retrasada en la huida y rezagada de su grupo; lo que le dio oportunidad a un enorme jefe trasgo el poder alcanzarla; con armadura y lanza en mano, Luzbel se mediría cara a cara con un formidable oponente…
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Re: ¡GUERRA!

Mensaje por Vanidad el Lun Abr 17, 2017 8:03 pm

La diablesa ronroneo de placer en cuando vio la bola de fuego descender formando un arco, entrando en el cubil y desatando un infierno llameante. Los gritos, chillidos y rugidos consumidos por las llamas solo eran la guinda en el pastel, una ofrenda al caos que le daba un poquito más de notoriedad y poder. Pero lo más importante era que no quedaba ninguno de esos irritantes chuchos, se habían quedado sin caballería, ahora los orcos era una fuerza lenta, alrededor de la cual se podía maniobrar. Habría sido ideal si no tuvieran que defender esa maldita ciudad, porque podrían ir retrocediendo y atacando los puntos débiles allí donde surgían. Pero bueno, nadie había dicho que fuese a ser fácil. Luzbel estaba retrocediendo poco a poco, andando de espaldas extasiada ante la visión de la destrucción que había provocado, ante la fogata que se veía, sin duda, en su campamento y puede que incluso en la ciudad. Se quedó un poco más, retrocediendo poco a poco, mientras miraba como unos pocos trasgos intentaban desesperadamente apagar el fuego… ya era demasiado tarde para los chuchos, así que debían estar intentando evitar que el fuego se esparciera. Ese era el problema de la mala organización, un desastre como un incendio o una plaga se esparcía raudo y veloz… una pequeña ventaja de enfrentarse a una raza tan indisciplinada. –No podéis apagar aceite con agua, idiotas…- Pero escucho un cuerno más, que pedía el reagrupamiento, exactamente lo que debía hacerse, no le gustaba en lo más mínimo que el tipo al mando fuese competente.

Casi no vio al trasgo hasta que prácticamente lo tuvo encima, aunque por suerte para ella, lo vio con suficiente antelación como para no morir horriblemente por lanzazo sorpresa. El trasgo estaba a unos veinte metros de ella, mirándola con cara de pocos amigos, su primitiva mente empezaba a comprender lo que Luzbel estaba a punto de decirle, ahorrándole el dolor de cabeza a esa patética criatura. –Sí, soy yo la que los ha vuelto chuletas de huargo…- La peliblanca salto hacia atrás cuando ese ser se lanzó hacia ella hecha una furia. –Oh, venga ya, ¿Cuándo cariño le tenías a zarpitas?- Había guardado el escudo y la espada y ahora solo llevaba sus guanteletes de adamantio, con esas preciosas garras cristalinas montadas en ellos, y así iba a quedarse, era peligroso confiar en un escudo contra una lanza, tenía que acercarse, reducir su margen de maniobra. Y eso hizo, en estos momentos era humana, no se esperaría su truco. La peliblanca se abalanzó contra el trasgo, esperando una puñalada con la lanza, pero la criatura intento golpearla con un golpe horizontal de izquierda a derecha, y cuando la diablesa se agachó para evitar el tajo, solo entonces, lanzó la estocada.

Pero le traía sin cuidado todos los truquitos que ese engendro pudiera tener, ella se limitó a desviar la lanza con su mano derecha, el guantelete de adamantio raspo el metal, se dañaría más la lanza que el guantelete en realidad. Entonces, agarro con ambas manos el arma y se transformó. Su recién formado cuerpo demoniaco no solo sorprendió al trago, sino que su cola impacto contra la parte posterior de las rodillas, lo que lo tiro contra el suelo a la vez que ella le arrancaba el arma de las manos. La antigua lanza del trasgo se abalanzó contra su dueño en manos de la diablesa, dispuesta a dejarlo clavado en el suelo. Pero el movimiento no había sido lo suficientemente fluido, y el maldito engendro rodo hacia el lado contrario, haciendo que la lanza se clavara en el suelo, sin conseguir cumplir el cometido por el cual había sido diseñada. Con una mueca de hastió, Luzbel puso el pie junto a la hoja de la lanza y tiro con la mano hacia ella, haciendo palanca y rompiendo el arma de manera inutilizable. Ahora tenía un palo en las manos, que también rompió en dos y arrojó a los lados. Ambos rivales intercambiaron miradas y el trasgo desenvaino el arma. Por supuesto que tenía otra arma, nunca tenia suerte en esas cosas. Bork, así se llamaba el trasgo ahora, porque a ella le daba la gana, dudaba, un pequeño efecto secundario de su aterradora forma demoniaca. No lo suficiente como para girar en redondo, echar a correr y darle a la diablesa la cacería de su vida, pero si para que no la atacara de inmediato, “cautela” podría decirse.

Así que ataco ella, recorto raudamente la distancia que los separaba y realizo dos tajos horizontales con las garras, como si fuera a abrazarlo. Usualmente, habría bastado con dar un paso atrás y poner la espada en medio para bloquear el ataque, para luego deslizar el arma entre sus garras y hacerle una herida muy fea en la mano o incluso en la cara, pero esta vez era diferente. Si esa espada enclenque era siquiera rozada por sus garras de Fyerristalum, seria partida en dos, y lo mismo iba para esa armadura de huesos que tintineaba con cada movimiento del trasgo hasta el punto de irritar de sobremanera a Luzbel. Al parecer el trasgo se había dado cuenta a tiempo. –Nada mal huesitos, nada mal.- pero ahora eso los colocaba en una situación muy interesante: ese trasgo no tenía absolutamente ninguna manera de bloquear un golpe directo de sus garras sin perder la espada o la vida, por lo que lo que siguió fue una serie de tajos, cortes y estocadas por parte de Luzbel ante un trasgo que retrocedía poco a poco, intentando dar algún golpe con la espada, pero sin intentarlo demasiado por si ella decidía rebanársela de cuajo. Ninguno de los dos se imponía lo suficiente al otro, hasta que Luzbel tropezó, tambaleándose sin llegar a caer al suelo. Desequilibrada y con la cabeza baja, sin mirar directamente al trasgo, era el momento ideal para matarla. El trasgo alzó el arma bien alto para partirle la cabeza en dos. Fue entonces cuando la diablesa alzó la cabeza, lo miro a los ojos y sonrió. No hubo tiempo para que esa pobre criatura se retirara, una extremidad con lo que equivaldría al puño cubierto de púas partió la armadura de huesos, clavándose en su estómago, y una serpiente dentada mordió la empuñadura de la espada y, con ello, los dedos que la sujetaban. Nunca volvería a sujetar un arma, o un lápiz o… nada en absoluto en realidad, porque estaba segura al 90% de que necesitabas dedos para aguantar algo. -¿Qué pensabas que pasaría?- la diablesa se acercó, hasta tocar el pecho del trasgo. Una de sus garras cortó las correas de cuero que sujetaban los huesos, exponiéndole el pecho. –Estuve más tiempo peleando por mi vida en la arena del que llevas vivo, ¿Qué pensabas que iba a pasar aquí?- esas fueron las últimas palabras de la diablesa dirigidas a su bastante digno rival antes de que sus garras perforaran la carne y le arrancaran el corazón de cuajo. –Vamos a ver… ¿Dónde diablos están mis ballesteros?- La diablesa le pego un mordisco al corazón, devorando el alma que contenía y desplego las alas. Seguro que la batalla seguía en algún lado, y siempre había algún enemigo al que asaetar…


Mientras tanto, sus archidemonios habían adelantado de mucho a los ballesteros en su retirada. Por supuesto se giraban de vez en cuando para comprobar que no fueran horriblemente masacrados, pero curiosamente tampoco habían llamado tanto la atención. Sus archidemonios no eran soldados novatos, ni siquiera mercenarios comunes. Eran tropas del señor del terror, veteranos en siglos de batallas, con su estructura de mando redundante, no necesitaban a una diablesa con menos experiencia que ellos para que los guiara. Cuando veían una buena oportunidad, la aprovechaban, y ese era el caso con los orcos, aislados de la fuerza principal y de espaldas a ellos. Lo primero que notarían los ents era que sus fuerzas volvían, con energía profana reforzando sus cuerpos, eso les permitiría aguantar un poco más. Luego, una pequeña bola de fuego en la mano del piromante ilumino brevemente a la funesta comitiva de archidemonios acorazados, para avisar a los ballesteros y evitar el fuego amigo. La última preparación fue un muro de fuego, que lejos de separar a las tropas orcas entre adelante y atrás, como habría sido lógico, las separó en izquierda y derecha. Finalmente, dejaron de aletear y cayeron en diagonal, pesadamente como bolas de cañón. Guerreros acorazados cayeron del cielo contra la sección izquierda, izquierda según las tropas aliadas barricadas. Si la carga aérea no los mataba, lo harían las espadas, garras y dientes de los archidemonios, mientras el muro de fuego los ocultaba y separaba de la otra mitad de las fuerzas enemigas. Y si la cosa se torcía… bueno, solo necesitaban retirarse de manera organizada, dejando el suficiente espacio como para poder arrancar el vuelo. Había funcionado con mejores enemigos, dudaban que fuese a fallar ahora.


Spoiler:


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