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¡GUERRA!

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Re: ¡GUERRA!

Mensaje por Niris el Lun Abr 17, 2017 8:04 pm

Estaba tensa por la situación, podía escuchar el sonido de combate mientras nos alejábamos, las hijas de Inle se veían realmente agotadas por el esfuerzo físico y mental realizado en aquella incursión. -¿Que paso, todo como estaba planeado?- Les veía algo relajadas a pesar de lo que estaba pasando, a veces me sorprendía lo temerarias que eran. La líder de arqueras Ocaso procedió a informarme. -La mayoría de los entrenadores fueron eliminados, lamentablemente Hyzenthlay no logro volver al campamento y los enanos nunca llegaron para cubrirnos, pero por gracia de Frith los felinos nos apoyaron.- Me entristecía la muerte de una de las hijas, pero me molestaba más la idea de que no llegaran los refuerzos, trate de buscar aquella emoción que sentía en ellas pero ninguna se veía afectada, tarde un momento en entender lo que sucedía... nunca habían esperado apoyo o quizás ni si quiera volver.

Sentí una mano posarse en mi hombro, al voltear vi la mirada de Pensamientos con impaciencia, tenía razón y debía de actuar en consecuencia de lo que ahora sabia. -Estén a la expectativa por si llegan al campamento, si el contra-ataque enemigo es repelido concéntrense en descansar, pediré por apoyo.- Salí de la tienda acompañada de mi guardaespaldas para buscar a los ballesteros que nos habían dado de refuerzo, había estado tan concentrada en mi propia gente que no les había tomado en cuenta. De hecho creo que nadie aparte de mi les había hablado del campamento aun que como gesto de buena voluntad les habíamos compartido de la comida que habíamos preparado para nosotros, probablemente debido a las historias de humanos esclavistas. -Una oleada de orcos se acerca, parece ser solo una parte pequeña de las fuerzas enemigas pero necesitamos de su apoyo.- No parecían del todo convencidos pero a eso habían venido,  corrí buscando algunos aldeanos desocupados y los envié a asistir a los ballesteros a recargar virotes.

Los ents habían puesto una palizada de enredaderas, madera y rocas que había detenido por el momento la avanzada de los orcos y permitiendo que los demás se reorganizaran para combarlos, pero el detener tan violento enviste de forma sostenida. La barrera estaba a punto de caer cuando una nueva y agresiva energía les golpeo revitalizando sus fuerzas, antes se habían mantenido de forma defensiva por los deseos de Niris, pero sin su guía y llenos de tal energía antinatural sentían la necesidad de usarla y liberarse de ella.

Los demonios de la diablesa dividieron el campo de batalla con otro muro de flamas mientras descendían como pesadas rocas para pelear contra uno de los flancos de las fuerzas enemigas, por su parte los ents aprovecharon la oportunidad para llamar a la tierra hacia ellos creando depresiones circulares a su alrededor mientras la tierra se acumulaba y endurecía mientras cubría sus cuerpos dándoles la apariencia de gigantescos golems de tierra y rocas. El terreno que estaba lleno de enredaderas espinosas y rodeado de llamas vio como una parte de la palizada caía.

Los ents se abalanzaron a donde la palizada había caído arrollando y golpeando con sus pesadísimos puños a todo ser que se les pusiera enfrente, varios orcos salieron volando ante golpe de tan pesadas criaturas, mientras que los que eran derribados al suelo en el trayecto de los ents eran pisoteados hasta la muerte por lo que es más fácil describir como una avalancha. Una vez que terminaron su embestida se encontraban a mitad de las fuerzas enemigas que se encontraban en el flanco derecho de la palizada, las enredaderas verdes que había por todo el lugar poco a poco estaban a quemarse aunque despedían mas humo que flamas a causa de la humedad, probablemente algunos de los orcos pudieran atravesar la palizada ya que buena parte de las defensas ahora estaban en modo de ataque, aunque tendrían que atravesar el difícil terreno que no parecía impedir a los ents.

Las criaturas estaban rodeadas por los orcos, muchos de los cuales se abalanzaron contra las criaturas que tenían reacciones lentas. Casi todos los hachazos impactaron directamente en el cuerpo de los gigantes de tierra, algo de savia empezó a gotear de las hachas, pero gran parte de impacto había sido detenido por la armadura de tierra y roca. Los ents en respuesta usaron lo que les quedaba de energía para hacer un gran despliegue de poder. Cinco de ellos dieron un fuerte pisotón que hacia retumbar la tierra para que perdieran el equilibrio, varios habían logrado mantenerse de pie otro grupo cinco pisotones creo grandes espinas largas como estalactitas que sin problemas atravesaban a los que estaban suficientemente desorientados para esquivar aquel ataque, por ultimo otros cinco de ellos procedieron abalanzarse y aplastar con sus puños la resistencia que quedara.
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Re: ¡GUERRA!

Mensaje por Héredor Magnusson el Miér Abr 19, 2017 2:11 pm

EL plan que fue improvisado parecía bueno, al menos en principio. Héredor tuvo una pequeña reunión con sus hombres, en principio era necesario guardar la mayor parte de su fuerza para el día siguiente, así que dio las ordenes correspondientes, 2 batallones irían a dormir. Medio batallón se dirigiría al flanco, y la otra mitad estarían descansando en la base pero despiertos por si hacían falta los refuerzos.

El herrero reviso los equipamientos de los 21 jinetes que marcharían al flanco. Todos equipados con lanzas y runas para prender fuego a dichas lanzas. Y una espada al cinto. Dejo al cargo al líder de escuadrón para que llevara a sus 20 hombres y esperó que todo saliera bien.

Después de eso se retiró a su tienda de campaña. También debía descansar lo que pudiera, aunque fuera difícil en esas condiciones.

///

Tiempo más tarde, los 20 jinetes y su jefe de escuadrón avanzaban primero montados en sus cabras hacia el sur, rodeaban el terreno y finalmente desmontaron y siguieron a pie. No necesitaban antorchas, ni fuego. La visión de los enanos era tal que podían avanzar con paso seguro en la noche. Tardaron un poco en llegar a una zona en la que tenían visibilidad. Debido a la inseguridad de hasta donde llegaba la visión del enemigo el rodeo fue demasiado grande. Pero finalmente estaban en posición.

Gredror, quien tenía el mando en ese momento. Escrudiñaba en la distancia, en primer momento parecía que aún no había comenzado el plan, no podía ver por ningún lado movimiento. Así que fue colocando a sus soldados en forma de cuña, aun desmontados para que no fueran demasiado altos y así pasar desapercibidos.

Entonces el horrible y lejano sonido de un cuerno. Gredror rápidamente volvió a primera fila para ver horrorizado que ya la pelea había comenzado, justo en ese momento un fuego se encendía a lo lejos en el campamento enemigo. La demonio había comenzado, eso quería decir que los hörigues ya estaban terminado, o ya habían terminado.

Sin perder más tiempo, mando a montar a los jinetes, fue poco tiempo para estar listo y en formación, los cuernos sonaban a lo lejos pidiendo refuerzos, y ellos aún no habían salido. Cuando estuvieron en formación y avanzaron al trote, analizaron la situación. Resulta que los perseguidores fueron demasiado rápidos. No serviría de nada barrer tan cerca de los aliados, no podrían asegurar de esa forma a sus compañeros, por lo que tenían que hacerlo un poco más detrás. Y el plan era ese, pero en ese momento un muro de fuego se creó en el campo de batalla. Si bien era buena idea dada la situación, esto provoco que ahora la táctica de barrer desde el flanco fuera mala idea. Ya no tenían que ocuparse de las líneas traseras del enemigo y ya no podían ocuparse de los que estaban entre el fuego y la barricada ent. El enano dio la orden de parar la carrera, y tras un vistazo al campo de batalla se lamentó de cómo había sucedido todo y ordenó retirada.

Pero en la retirada no daría un rodeo tan grande. Las cabras estaban frescas, y el terreno no era tan difícil, utilizaron su velocidad para llegar rápidamente a las líneas defensivas. Y solo rodearon lo justo para poder pasar atra vez de la barricada. Los enanos llegaron tarde, pero llegaron. A priori parecía que las barricadas caían en varios puntos. En un lado estaban los demonios luchando y separados por una columna de fuego del otro. Este otro lado parecía era él que más cedía ante el enemigo, pues los Ents estaban en combate cuerpo a cuerpo.

Gredror ordeno soltar las lanzas, y desenfundar espadas. Unos temblores entonces azotaron el área, las cabras se asustaron por un momento, pero resistieron el temblor y los temblores siguientes. Después de eso fueron rápido al encuentro de la línea defensiva.

-Defender a nuestros compañeros, que ningún Ent caiga. Y eliminar a esos malditos orcos!-
Bramó el líder de escuadrón mientras llegaban al combate.

EL enano encargado cruzo miradas con algunos en su camino. Estaba avergonzado por no haber podido ayudar en su papel. Pero si bien eso no podía evitarse errores así por falta de organización sí que podía defender detrás de la empalizada y matar a los orcos que atravesaran la línea defensiva. Después de todo seguían teniendo movilidad y podían cubrir bastante rango.
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Re: ¡GUERRA!

Mensaje por Khiryn el Jue Abr 20, 2017 5:07 pm

IV

-¡DISPAREN!
-Gritó Khiryn al momento que apuntaba con violencia al objetivo. Una descarga de virotes de parte de los aliados humanos que había recibida atravesó por los huecos de la palizada de los ents. El vuelo silbante chocó con un sonido sordo en la carne de los orcos que arremetían con fuerza contra las raíces entrelazadas. No cayó ni uno solo.

-¡Recarguen y disparen! ¡NO HAY TIEMPO QUE PERDER!

Apresurados los humanos, sudorosos de nervios ponían de inmediato las ballestas contra el suelo y usaban ambas manos para tirar de la cuerda hacía atrás y ponerla en posición. Aun tenía con ella una veintena de horiges felinos y a los veinte ballesteros, pero la situación era más tensa de lo que había podido esperar. La moral de sus hombres se desvanecía ante la brutal pérdida ocurrida apenas unos minutos atrás. Así mismo podía sentir como su liderazgo se desvanecía entre la sangre de los muertos. Si no fuera por los ents que a bien tuvo la capitana Niris colocar en la defensa, esta pelea habría termino muy rápido y desastrosamente.

La barrera sedió frente a ellos justo al momento que los ballesteros levantaban sus armas. Descargaron de inmediato, sin orden y apresuradamente, aun así, al menos un cinco orcos cayeron abatidos por los virotes. Las ballestas cayeron al suelo, los humanos unieron sus espadas con los horiges y se lanzaron cuerpo a cuerpo.

-//-

Luzbel fue detenida en su regreso por el aullido solitario de un sobreviviente inesperado. Cuando la demonesa volvió la mirada hacia atrás, no pudo sino sorprenderse de la figura majestuosa que humildemente se posaba hacía ella y la llamaba. Sin duda el jefe de  los jinetes trasgos debía ser al menos formidable para ser digno de tal montura. Un hermoso lobo huargo. Enorme, casi como caballo, con una densa cabellera blanca. Piernas largas rematadas en enormes garras y una larga y densa cola. Compartía más los rasgos de los lobos del norte que los de los huargos pues su hocico era largo y afilado. Tenía un semblante sereno y de suficiencia majestuosa que no resultaba menos digna al verlo reverenciar a aquella que lo librara de su cruel amo. Era una visión sobrecogedora y resultaría atemorizante si no resultara obvio que, él mismo, reconocía como señora a la demonesa.

El lobo se acercó cautelosamente con la cabeza gacha y el rabo encogido y apenas estuvo a un par de metros de Luzbel, repitió con gracia la sutil reverencia.

-//-

Los ents de Niris desplegaban la potencia renovada que los demonios les brindaban. Una situación ciertamente contrastante, genuinos espíritus guardianes del bosque siendo apoyados, respaldados por demonios. Pero no por ser espíritus guardianes estaban libres de violencia, sino que por el contrario, eran capaces de tal despliegue de poder que hasta los orcos que los encaraban resultaron amedrentados ante tal capacidad combativa. Mazas y hachas rebotaban contra sus renovadas pieles de piedra y tierra, y los huesos de los orcos se crujían bajo el peso de semejante poder

Y no menos violento y magnifico era el despliegue de los archidemonios, que cual balas de cañón habían caído del cielo provocando incluso el terror entre las filas orcas. Ciertamente el ataque no era lo que los orcos hubieran esperado. Jamás hubieran esperado las llamas, los virotes, los demonios enormes y los ents de piedra. Incluso, la moral de los felinos se vio incrementada al momento en que los jinetes enanos aparecieron en la escena. Una verdadera coalición de razas peleando hombro a hombro. Era una verdadera guerra.

Gredor embistió con los cuernos de su montura al tiempo que empuñando su arma destrozaba la cabeza de un segundo orco que hostigaba a un ent. Su caballería había dividido el ataque de los pocos orcos que aun quedaban.
Uno de los ents particularmente violento se ensañó golpeando con sus puños de roca el cuerpo y cabeza de un orco tirado en el suelo. Uno más se lanzó en embestida, como una mole de piedra rodante contra un orco desarmado y uno más servía a Khiryn como trampolín para saltar sobre la cabeza de un enemigo y acuchillarle desde arriba la cabeza.
El piromante abrasó en llamas un grupo de tres orcos mientras era protegido de la embestida de un orco desbocado por un demonio acorazado. El acorazado contuvo con sus propias manos al orco derribándolo con un golpe volado. Un archidemonio más tomaba por los hombros a un orco y luego de elavarlo por los aires lo lanzó contra el suelo. El orco tronó en todo el cuerpo al caer sobre la cabeza de otro de los suyos.
Los horiges felinos peleaban en grupos, acosando a los orcos por los flancos al tiempo que se retiraban.  Los jinetes iban y venían embistiendo con sorpresa contundente a los orcos que aun pensaban que podrían hacer valer su vida.

El humo y la sangre reinaron al final de la noche. El olor a piel quemada y sangre hervida se dispersaba por el aire en todas direcciones, y el frío de la noche que quedaba detrás había sido violado por el furor ardiente de la batalla.


En el campamento, Niris ordenaba los refuerzos y preparaba a los médicos para recibir a los heridos. Había mandado refuerzos al frente y aunque oportunos, los civiles no se animaron a entrar a la refriega y los ballesteros se vieron inútiles en combate cuerpo a cuerpo. Se apostaron detrás, y salvo alguno que se animó a descargar sus virotes, no entablaron combate.

La joven capitana horige se encontraba cansada, cada fibra de su cuerpo ardía con la sensación aterradora de la muerte que la acechaba. Los gritos y gemidos de los caídos llegaban hasta sus finos oídos como campanas tétricas y fúnebres. La columna de humo rompía la bóveda celeste que comenzaba a teñirse de violeta y rojo. Y con el amanecer, un luz brillante voló hacía ella; como una estrella que desciende y permanece inerte, flotando junto a su pecho. Una extraña sensación de calidez sobrecogedora. Cálida tristeza. Lacrimosa. El destello fue perdiendo su brillo y dentro de una burbuja, una semilla; símbolo de vida, esperanza, nacimiento y reencarnación. Y la semilla se cobijó en su pecho, y su pecho ardiente se fundió con la semilla hasta que la luz desapareció. El espíritu caído de un ent la encontraba digna, afín. Niris sería la tierra fértil que cobijara su herencia hasta que su madurez le permitiera regresar al mundo. Un regalo triste. Y Niris supo en su ser que uno más de los suyos había caído, pero que este, renacería en ella, y que ella había sido escogida por él para brindarle en este amarga situación, su fuerza y vitalidad.

-//-

Heredor se vio imponente; vestido en una armadura blanca, con el hacha emanando un fulgor sangriento en su diestra. Iba ataviado como un campeón, con guirnalda sobre su cabeza y la barba trenzada con hilos de oro y plata. Un brazalete de nobleza en su brazo y en la mano izquierda la runa de Karzun, el poderoso Dios enano. Iba montado en un brioso borrego de montaña no menos maravilloso que él mismo y juntos, dominaban la blanca montaña. El viento helado de la cima le rozo el rostro, y por un momento se hizo ventisca, y frente a él, el Dios mismo personificado. Lo miraba a los ojos, y sus ojos estaban secos. Permaneció erguido frente a él y detrás del Dios el cielo se rompía, era destrizado por flamazos relampagueantes y los truenos eran los sonidos del martillo y el yunque. Y el Dios le dio la espalda por un momento, y Heredor vio que el Dios se había ido, y que él mismo era el Dios. Miró su mano y en ella el sello de Karzun refulgía con violencia relampagueante, y su corazón era el martillo que golpeaba su tosco pecho provocando el fuerte lamento del cielo en forma de truenos…

…y despertó desconcertado. Casi avergonzado por haberse quedado dormido en tal situación. Notó de inmediato que el pecho le ardía y recordó que el sueño, los rayos eran soldados, y que la tierra que soportaba el golpe de los de rayos estaba llena de orcos. Miró su mano y comprobó que su palma mostraba la runa de Karzun, y la vio desvanecerse y fundirse en piel sin él poder hacer nada.

Salió de la tienda cuando los hombres en el frente sonaban el cuerno de la victoria. Las Inleinas ya estaban de regreso. La mañana casi se había desplazado a la noche. Un jinete a lomos de una cabra lo interceptó.

-¡El plan a salido bien! ¡Hemos destrozado la caballería de los trasgos y acabamos con la avanzada de los orcos!

Un estallido de vítores no se hizo esperar entre los presentes que escucharon el anuncio. Sólo los más experimentados se mostraban renuentes al festejo anticipado. Sí, los aliados habían ejecutado bien el plan, pero esto era una pequeña victoria y la batalla real aun estaba por librarse. Los orcos se reagrupaban en su campamento y los combatientes del frente regresaban fatigados. Los civiles que Niris mandara al frente traían heridos con los curanderos. También traían con ellos los cuerpos inertes de los caídos. Algunos eran humanos ballesteros, los cuales, serían llevados hasta la puerta de la ciudad para que sus familiares sobrevivientes se hicieran cargo de ellos y les rindieran duelo. Los demás, serían quemados o enterrados ahí mismo, según se prefiriera. Los orcos no habían sido del todo inútiles en su ataque, pues habían causado bajas, y aunque no fueran tan numerosas, cada uno de aquellos soldados contaba.  

Khiryn preparó una gran hoguera para los suyos, según el ritual de la reina muerte que había aprendido en los cuchillas y que era común en las órdenes tribales. Los cuerpos se quemaban para que el espíritu se elevara con el humo mientras se realizaban cantos y oraciones.
Niris recibió el enorme cuerpo del ent caído; ya ella se encargaría de él y de la Inleina caída.
Heredor y Luzbel no tendrían que preocuparse por esas desgracias ahora; pero respetuosamente daban libertad a aquellos que ofrecían tributo mortuorio.

En el campo, los soldados sobrevivientes revolvían a los muertos del bando opuesto para buscar cualquier cosa de utilidad, desde armas hasta armaduras y ropa. Algunos, siguiendo tradiciones más primitivas, tomaban como prenda mechones,  cabello dientes y hasta la cabeza completa de los enemigos, caídos, Luego, abandonarían los cadáveres orcos para que la horda hiciera con ellos según dispusieran.

-//-

Los capitanes se reunieron por fin en el campamento. Había entre ellos varias situaciones aconteciendo. Algunas, mermaban, otras eran alentadoras. Khiryn estallaba de ira. Culpaba a los enanos de la muerte de la cuarta parte de sus soldados a pie. Heredor no era en ese momento su persona favorita, y muchos menos Gredor. Ciertamente el apoyo al final de la contienda los reivindicaba un poco; pero la confianza que la horige tendría en los enanos de ahora en adelante sería mínima. Y mientras la figura del enano perdía esa confianza, la figura de Khiryn como capitán se disolvía. Había sufrido en el ataque demasiadas bajas, y sus hombres comenzaban a cuestionar sus habilidades para dirigirlos. La moral en general en el campamento era elevada, sobre todo por el éxito del plan, pero entre los horiges felinos había algunos abatidos y confusos.

Niris lentamente consolidaba su posición. Sus tropas estaban satisfechas con ella. No sólo sabía tratar con los humanos y en general ser diplomática con otras razas, sino que además, había tomado buenas decisiones. El resto de los capitanes también tenía que agradecerle. Sus tropas, tanto las Inleinas en el ataque, como los ents en la defensa había llevado el mayor peso de la misión y lo habían resuelto de una manera brillante y casi sin bajas. Los humanos comenzaban a admirar a aquel pequeño ejército y ciertamente todos ellos se habían ganado el respeto de Khiryn y de Heredor. Incluso, una demonesa de corte noble debería reconocer que las tropas de la horige con orejas de coneja eran efectivas y letales.

Pero era Luzbel quien ocupaba ahora la cabecera. Había consolidado su posición con solidez. Ella había, en principio, diseñado y propuesto tal ataque, y el ataque había resultado. A los ojos de los capitanes empezaba a parecer una gran estratega. Pero no solo eso. La  msima, había acudido al frente y había peleado cuerpo a cuerpo sola contra un jefe trasgo, y le había vencido.  Había apoyado con los demonios tanto en el frente con en la defensa, ambas en momentos oportunos y había revitalizado las tropas de NIris de tal manera que pudieron no sólo contener la avanzada de los orcos; sino destrozarla. Por supuesto, la demonesa se regocijaba de tales atenciones y solo caminar por el campamento podía sentir hervir su sangre por la creciente admiración que comenzaban a sentir unos y otros hacía ella.

–Fue un plan. La avanzada de orcos que nos ataco en la retirada era un señuelo. El caudillo los sacrifico para asegurarse que no avanzáramos contra sus tropas mientras se reorganizaban. Fue un sacrificio, y le resultó.
El resto parecía estar de acuerdo. Por un memento, llegaron a pensar que de haber llevado más tropas, podrían haber dado cacería a los orcos mientras trataban de organizarse, pero eso ya no importaba ahora. Ahora lo importante era pensar en el siguiente movimiento, que consistía en la formación más adecuada para soportar el ataque de los orcos, y con la mañana ya encima, tenían que pensarlo rápido.

-//-



Por fin la mañana llegó con el sol rojo. El celeste del cielo era rasgado por jirones de sangre. El ejército aliado estaba formado; muchos estandartes ondeaban al viento los símbolos de los humanos, horiges, Inleinas, caballería enana, caballería humana, demonios…muchos aun exhaustos,  con sus armas y armaduras todavía manchadas de sangre, refulgiendo al alba.

El sol arrojó sus brazos sobre su hombro izquierdo. La mañana era cálida y el cielo despejado. El olor a humo y carne quemada y sangre aun reinaba en la punta del olfato de cada uno. El césped, antes verde y brillantes ahora estaba cubierto de hollín y sangre. Todavía una pequeñas llamas bailarinas se resistían a morir, lamiendo con violencia el pasto húmedo.

Necross Belmont, a lomos de su wyvern, esperaba con sus hombres la marcha de los orcos. Había tenido escaza actividad, pero esperaba poder combatir pronto en el frente y mostrar su valía. El resto de los capitanes permanecía en su lugar en la formación. Un cuerno sonó, pero la horda no vino. En su lugar, un jinete solitario despojada de su montura se acercaba humillado a pie.

El mensaje era simple, los orcos se encargarían de sus muertos.

-//-

En la ciudad, los humanos muertos eran presentados tendidos en una sala del castillo y entregados sus familiares. El conde con semblante serio comenzaba a pensar que los aliados serían capaces de contener el ataque de los orcos.

En el campo, los capitanes rompieron filas y se reunieron nuevamente. Para algunos, este atraso era una oportunidad  de respirar, pero sabían que la demora no estaba de parte suya. Mientras más se tardaran en reanudar el ataque, el brío y la moral elevada por la reciente victoria se enfriaría al tiempo que le darían oportunidad al caudillo de reorganizar su ataque de un modo má efectivo y violento. Los capitanes llegaron a pensar que esta prórroga se trataba más bien de una estrategia del caudillo, puesto que aun no no había sido capaz de contar sus daños y consolidar una nueva formación.
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Re: ¡GUERRA!

Mensaje por Niris el Dom Abr 30, 2017 11:25 am

Cuando volví con los ballesteros la escena que presencie era desoladora, el sonido a muerte, sufrimiento, ira y dolor llenaban todo el ambiente. Los gritos penetraban mis oídos como recordatorio de que todo este conflicto solo podía terminar en una masacre para alguno de los bandos... o para todos. Sentía que todo esto era demasiado para mí por lo que me aleje del frente de la batalla tratando de que aquellos sonidos no me dieran un colapso nervioso. Un profundo miedo empezó a acosar mis Pensamientos, el solo pensar en Hyzenthlay me llenaba de culpa, el Pensamiento de que decepcionaría, de que les fallaría a los demás era una presión cada vez más grande en mi pecho. Quería gritar, quería llorar, quería salir de ese lugar ¡Pero no quería decepcionar a nadie!

Asesina Melee - Pensamientos:


Entonces sentí las manos de Pensamiento en mi espalda, me gire para ver en su rostro una mirada de preocupación pero también enojo. -Sé que es difícil, pero tienes que calmarte.- No sabía que responderle, ¿Había algo que pudiera decirle cuando era obvio que ella tenía razón? Aun así no era como si sus palabras pudieran negar todo lo que estaba sintiendo, ambas lo sabíamos. Entonces una luz verde salió dispara desde el cielo hasta posarse frente a mi pecho y ver una pequeña semilla, no entendía lo que sucedía hasta que lentamente aquello se introdujo a mi pecho, borrosas visiones de un bosque cambiando con el paso de las estaciones incontables veces me hizo entender. Empecé a llorar en silencio poniendo mis manos donde la semilla había desaparecido, pero me sentía extrañamente más tranquila a pesar del fuerte sentimiento de nostalgia que sentía.

Pensamiento puso sus manos en mis hombros y me atrajo a ella para tratar de calmarme con un abrazo bastante maternal. -No debes temer a Innle, sé que la muerte y la enfermedad pueden ser aterradoras, pero así es como deben ser las cosas. Nosotras peleamos y nos ofrecemos a Innle para asegurar que nuestros hijos vivan mejor, aunque Frith haya creado al Innle para controlarnos, también nos ha colmado de bendiciones para sobrevivir y lo que te hace diferente es por lo que te necesitamos.- El abrazo término y había logrado recobrar buena parte de la compostura. -Gracias.- Pensamiento puso una expresión más relajada para luego reírse un poco. -Yo no me calmaría tan pronto, que si muero tendrás que cuidar a mis seis crías, eso si da miedo.- Reí un poco nerviosa por sus palabras y el cuerno de la primera victoria resonó en el aire, me limpie las lágrimas, respire profundo y me dirigí a buscar a los otros capitanes.

Durante la reunión no pasó nada que pudiera considerar importante, algunas fricciones se sentían por como habían sucedido las cosas, hablaron algo de ir personalmente al campamento enemigo para dar su respuesta al mensaje, pero les conteste medio en broma que si les acompañaba podríamos parecer más débiles de lo que somos y que atacaran antes, yo me quedaría y tenía muchas cosas que hacer. Al salir me encontré con Ocaso quien me informo que la gente que había traído ayudaron a recoger a los caídos, los médicos habían empezado a tratar a los heridos, las otras hijas de Innle al escuchar el cuerno se habían enviado a dormir a sus tiendas de campaña y los espíritus del bosque reposaban. Me entrego tanto a mi como a Pensamientos un vaso de madera con un extraño liquido color obscuro y olor amargo familiar. -Uno de los chicos de la enfermería preparo esto con unas semillas que tenía, pensó que nos ayudaría un poco.- Probé el líquido que estaba caliente y recordé a mi antiguo dueño que a veces solía beber café negro, aun que sentía otros sabores más que no identificaba, pero antes de decir cualquier cosa vi a Pensamiento hacer arracadas. -¡Qué asco!, esos tipos y sus brebajes raros, no sé cómo pueden tomar esa basura.- Sin decir nada simplemente continúe bebiendo y Pensamiento lo bebió de golpe para luego tratar de quitarse el sabor con agua y pasto del suelo mientras Ocaso ponía una mirada burlona y de complicidad conmigo.

Asesina Rango - Ocaso:


Terminando me dirigí con los voluntarios quienes estaban terminando de cavar la tumba de Hyzenthlay, me informaban que uno de los espíritus su cuerpo se había hecho pedazos y los restos se habían descompuesto, puse la mano sobre mi pecho para sentir una especie de calor y supe que era el cuerpo de quien ahora estaba en mí. Me puse de rodillas sobre el montón de tierra que era aquella improvisada tumba para pedirle perdón, donde mis manos tocaron la tumba un leve calor se sintió en mi pecho mientras que aquel montículo de tierra se llenaba de flores. Varios de los presentes incluyéndome estaban sorprendidos, pero no había tiempo que perder. -Necesito que me acompañen a la entrada de la ciudad, los humanos recogen a sus muertos y es nuestra oportunidad de probar que tan de nuestro lado está la ciudad, pediremos provisiones, piensen en ollas, agua y cualquier otra cosa que podamos pedir además de comida.

Mientras tanto los médicos tenían sus propios problemas, Musgo que era de los herbolarios más experimentados se enfrentaba con un reto bastante inusual para su experiencia. -¡¿Que truenos hago con los arboles estos?!- Sabia algo de cultivar hiervas pero estaba más acostumbrado a simplemente cruzar el bosque donde sabía que ya crecían, cortarlas de manera que siguiera creciendo, secarlas y tratarlas. El y su equipo sabían hacer cosas realmente diversas, pócimas para ayudar a mantenerse despiertos, brebajes para hacer más llevadera la gripe, menjurjes que podían incrementar el lívido, mezclas que permitirían a las hijas de Innle divertirse por las noches sin riesgo de dejar de proteger el pueblo por cuestiones de maternidad entre otras cosas. -¡Digan algo!- Estaba tan acostumbrado de con solo la mirada reconocer que necesitaba alguien que le frustraba que ni si quiera podía preguntarles como estaban... por qué ¡No hablaba árbol! -Necesito un experto ¡Tráiganme a un granjero, florista o lo que sea!, tu estabas cuando se lastimaron, dime lo que sepas de estas cosas.- Daba rápidos pisotones al suelo con el rabo elevado y las orejas alzadas mostrando su enojo e impaciencia, pero en ningún momento interrumpió al aldeano que le contaba que habían hecho poderosas proezas mágicas antes de cansarse, además de recibir fuertes ataques con hachas de los orcos.

Herborista - Musgo:


Después de escuchar la historia llamo a algunos de los otros herbalistas para hablar sobre posibles opciones para tratar un posible agotamiento mágico, no estaban muy seguros de que esa clase de cosas funcionaran con algo como ellos, pero sabían bien que para un experto hay un poco de magia en cada planta, aunque más en algunas que otras. Termino llegando alguien que sabía un poco más de cuidado de plantas, un hombre que se dedicaba a preparar licor, gran parte de su trabajo era el cuidado de árboles con frutos que usaba para su oficio, quien pacientemente explico lo que sabía. Se ataron con vendajes las partes rotas de forma delicada como si se trabajara con injertos y se aplicó el brebaje para acelerar la recuperación de esencia en los "pies" de los espíritus, los cuales a su vez sacaron pequeñas raíces para poder absorber aquello que les ofrecían.

Me reuní frente a las puertas de la ciudad con una numerosa comitiva de voluntarios para solicitar provisiones, la mayoría de las personas que me acompañaban se veían claramente incomodos de tratar con humanos, no podía culparles ya que aquel miedo era también parte de mí, pero también había aprendido a saber cuándo no debía temerles y en estos momentos eran nuestros aliados. Mucha gente al vernos se acercaron a la muralla con curiosidad y un poco de miedo, no sabía exactamente qué les habían contado sus compañeros, pero su mirada era de alguna forma diferente ante nosotros -Gente de puerta del cielo, sé que no desean más problemas, pero por favor les pido que ablanden un poco su corazón y al menos nos dejen comprar comida y agua para la gente hambrienta.- Varios de los soldados nos cerraron el paso para detener nuestro avance, pero para mi sorpresa la gente de la muralla empezó a traer pan, verduras, carne entre otras cosas. Casi lloro de emoción al ver aquello y la gente que me había seguido silenciosa empezó a preguntar por ollas, palas, madera, azúcar entre otras cosas. Los soldados no parecían demasiado contentos con la idea pero dejaron que las donaciones llegaran hasta nosotros.

Regresamos al campamento con las manos llenas, de cierta manera al escuchar a mi gente, muchos de los habitantes de aquel lugar parecían sentirse identificados, no solo los soldados ganan guerras, incluso un botón, un zapato o una olla llena de comida puede hacer una gran diferencia. -Bueno, la orden es sencilla, hay que preparar comida para todos, que las carnes se preparen por separado para nuestros compañeros, búsquenme en mi tienda cuando esté lista la comida para invitar a los otros a unirse y dejen la porción de las hijas de Innle en su tienda sin despertarlas.- Fui a mi tienda junto con Ocaso y Pensamientos, las tres estábamos cansadas así que casi al momento de tocar la improvisada cama compuesta por unas cuantas mantas caímos dormidas. Nos despertaron al poco después, me dolían los ojos, mi ropa estaba arrugada y mi cabello alborotado pero nos levantamos igualmente, aun tenía bastante sueño pero creo que me sentía un poco mejor, Pensamiento saco un cepillo y empezó a peinarme mientras lanzaba gruñidos de molestia. -No seas infantil.- Ocaso rio un poco y agrego lo suyo. -Recuerde que nos representa.- Procedió entonces a arreglar un poco mis ropas, quizás me veían con respeto, pero para ellas dos seguía siendo una niña.

Me dirigí primero al campamento de los felinos buscando a Khiryn, pero sabía que de alguna manera u otra se enteraría de mis planes. -Ha sido una dura noche para todos, por favor si gustan pasen a nuestro campamento donde hemos preparado comida casera, esperando alegrar sus estómagos y corazones.- Varios parecían sorprendidos, quizás un poco confusos, no me quede para averiguar la respuesta ya que invitaría también a los otros grupos y la tregua no duraría demasiado. En mi campamento los voluntarios hacían el ambiente un poco más festivos, algunos tocaban música, otros dormían la siesta después de estar activos gran parte de la noche, mientras otros servían a los visitantes que habían decidido aceptar la invitación. Probablemente los demás tengan raciones o algo más práctico, pero esperaba que una buena comida caliente pudiera ayudar a unir a los demás. Comí un platón con verduras, Pensamiento comió una ensalada de flores y Ocaso comió guisado con carne, aquello me sorprendió un poco, pero supongo que hay Höriges más humanos en ciertos aspectos que otros.
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Re: ¡GUERRA!

Mensaje por Vanidad el Dom Abr 30, 2017 1:22 pm

Siempre, independientemente del momento o su estado de ánimo, odiaba con todas sus fuerzas el tiempo pasado en la arena. Pero en momentos como ese, con el corazón desbocándosele del pecho, no podía negar que realmente le gustaba el combate, la sangre recorriendo sus manos, calentándolas, el subidón que suponía derrotar a alguien que se creía tu igual, la condena eterna que sufría su alma al cruzar su garganta, cubriéndola en oleadas de placer, la hacía sentirse…viva. Los trasgos con huargos habían sido destrozados, había diezmado al enemigo, hoy era un buen día, un muy buen día…noche, lo que fuese. La diablesa abrió las alas al frio de la noche, aleteo una vez… y paro, escuchando más atentamente el sonido que creía haber percibido.

No se había equivocado, se giró y allí estaba, solitario, imponente, majestuosa, con una elegancia natural, un único huargo blanco. ¿Venía a vengar a su jinete? ¿Era precisamente ese trasgo crecidito que tenía delante? Entonces la criatura hizo una reverencia, simple, elegante, cargada de significado. La diablesa se acercó al animal, que volvió a hacer una segunda referencia ante su cercanía. –Basta.- dijo en un tono amable y dulce que ni siquiera sabía que tenía. Le puso la mano delante, para que la oliera, y luego se la paso por el pelaje, suavemente. Fue entonces cuando lo miro bien, grande como un caballo, con un denso, esponjoso y suave pelaje. Grandes dientes, poderosas garras, y un hocico alargado como los lobos norteños, los blancos. –Algo tan elegante no debería arrodillarse ante nadie.- no estaba hablándole al lobo, no solo a él al menos. -¿Tienes nombre?- daba un poco igual, no era como si fuese a decírselo el huargo, y cualquiera que lo supiera había padecido una muerte horrible a manos de sus hombres o ella misma. –Sif, es un buen nombre, ¿no crees?-  el animal arrimo la cabeza contra su cuerpo, y ella le acarició la frente. –Tengo a algunos de mis hombres… por algún lado, vamos a buscarlos.- no lo montó, no aun, quería saborear el momento, por no hablar de que montar sin silla no era demasiado cómodo, le conseguiría una de esos humanos que habían traído caballería, con unos pocos ajustes iría de perlas, aunque tendría que acostumbrarse a la nueva montura, completamente diferente a prácticamente todo lo que había montado. Un caballo huía del peligro, por eso al darle con los estribos, corría en la dirección contraria. Pero por lo que había comprobado en lagartos y era de esperar que con huargos, los animales carnívoros, depredadores, respondían a la amenaza, por lo que corrían en la dirección que golpeaba el estibo.

No necesito mucho tiempo para localizar a los ballesteros, retirándose ordenadamente hacia su campamento, pero evitando los abrojos por razones obvias, y aún menos le costó encontrar a sus demonios, solo tuvo que seguir el fuego y los gritos. No le hacía demasiada gracia que actuaran por su cuenta, pero apreciaba cierto grado de independencia, así que mientras les saliera bien, no se quejaría. Y a juzgar por los gritos, estaba saliendo bien, muy bien. Para cuando llego con los refuerzos, ya había acabado todo.

La diablesa se paseó por el aun llameante campo de batalla, entre los aun moribundos orcos, sonriendo de oreja a oreja. La diablesa contempló la madera chamuscada procedente del puente, la disposición curiosa de los cadáveres, en un círculo muy similar a como seria en un impacto de bala de cañón, luego estaban heridas que no reconoció, destrozos de pura fuerza bruta que asocio a los elementales…o eran espíritus, la verdad era que no se había molestado en averiguarlo, ya preguntaría. Y para rematar, también estaban los enanos y los felinos. Prácticamente la totalidad de los grupos estaban presentes, siendo testigos del éxito del plan, SU plan. La diablesa estaba extasiada, rebosando una satisfacción que solo fue brevemente interrumpida cuando uno de sus demonios aterrizo a su lado. “Sin bajas” se limitó a decir, y luego se retiró respetuosamente, como si temiera una represalia por haber actuado por su cuenta. No iba a haberla. Giro la cabeza ligeramente hacia los ballesteros. Los había contado antes, no había bajas tampoco, perfecto. Por supuesto si habían sufrido, como conjunto de las fuerzas aliadas, alguna baja, y por ello se aseguró de borrar esa sonrisa de absoluta satisfacción cuando pasaba por delante de un cadáver de un aliado, como mera forma de cortesía, para no parecer... no, para que no se notara que le traían sin cuidado. Sus archidemonios estaban cansados, eran tipos duros y no decían nada, ni siquiera se notaba, pero ella sabía que lo estaban, así que los mando al campamento de inmediato, a dormir las pocas horas de noche que quedaban. Los necesitaba frescos. Los ballesteros habían peleado considerablemente menos, pero tampoco habían dormido, así que también los envió de vuelta, acompañándolos personalmente junto a su nueva montura.

Ver a la comandante de las fuerzas demoniacas con un precioso huargo después de exterminarlos despertaba curiosidad, sin duda, especialmente cuando lucia perfectamente humana. Podía oír los engranajes de sus mentes rodando, pensando “¿Qué secreto oculta?”, muchos simplemente asumían que era un demonio camuflado, alguna poderosa ilusionista y técnicamente, no se equivocaban de mucho, pero nada era seguro, y esa suposición más o menos acertada no impedía que los rumores se dispararan. Por un momento, maldijo no haberse esforzado un poco más en mejorar su magia pagana, la visión de los heridos y moribundos alzándose restaurados tal como habría hecho su padre habría sido sobrecogedora… Aun le quedaba un largo camino.

Era para ese momento, la llegada al campamento junto a sus ballesteros desde el campo de batalla, que se había guardado las ganas de cabalgar a su huargo. La diablesa paró, lo acarició y lo montó, aunque tuvo que saltar más de lo que calculaba para compensar la falta de estribos que iba a tener que tomar prestados de los humanos. Habría poca gente despierta en el campamento, sus demonios ya estarían durmiendo o a punto de hacerlo, pero no lo hacía por los pocos hombres que montaban guardia, sino para las tropas que volvían con ella, en especial las que no eran suyas. La diablesa se alzó, alta, victoriosa, montando una preciosa bestia. La atención que la bañaba, las miradas de admiración que la cubrían, eran simplemente extasiantes, y aun lo serían más en cuando todos en el campamento supieran todo lo que había hecho, matar a los jinetes, a los huargos, el duelo contra el líder trasgo, la obtención de su montura, la defensa de las tropas de la coneja… Podría haberse ido de allí en este mismo instante, satisfecha, si no fuese porque la habrían tachado de cobarde.

Había sido una estratagema orca, lo sabía, pero de puertas para afuera le traía sin cuidado. El plan había sido masacrar a los huargos y retirarse, cualquier muerte extra era una guinda en el pastel, sobre todo contra un ejército en el que una única de las secciones bastaba para enfrentarse a prácticamente la mitad de sus fuerzas, no creía que pudiesen haberse aprovechado del caos de manera eficiente. De puertas para adentro, SABÍA que no podrían haberse aprovechado, habría bastado con que uno de los líderes de las cuadrillas de oros hubiera sido competente para causar abundantes bajas, y ahora que sabía que el líder había sido más que competente… la verdad era que pintaba mal. Pero claro, eso jamás se lo diría a las tropas, la moral era muy importante.

Además… quedaba mal, muy mal, que su heroína estuviese rebosante de alegría ante la posibilidad de que tuviese un auténtico desafío delante.

La mañana llegó y sus tropas a duras penas habían dormido. Según sus cálculos, los ballesteros deberían estar casi recuperados, pero dejaría a sus demonios descansar tanto como pudieran, que a juzgar por la figura que se acercaba, solitaria, iba a ser bastante. La diablesa se acercó al mensajero espoleando a su nueva y elegante montura, para escuchar el mensaje.

-Tenéis hasta el mediodía.- dijo secamente. ¿Iba a atacar? No necesariamente, necesitaría la aprobación de los otros capitanes para ello, pero desde luego no iba a permitir que los orcos retrasaran la pelea hasta la noche, cuando tenían ventaja, así que los obligaría a darse prisa, a usar a más hombres que ya no estarían frescos, a presionar la aceleración de sus planes y formaciones de batalla. Además si los otros capitanes decidían no atacar… seguro que los orcos lo harían en su lugar, furiosos por la falsa amenaza.

Luzbel sonrió para sus adentros mientras se aseguraba que algunos hombres fueran a vigilar la actividad orca, por si acaso estaban haciendo algo más que honrar a sus muertos, como alguna aberración necromantica, no habría sido la primera vez. Luego mando a sus hombres a descansar. Algunos dormirían, otros limpiarían sus armaduras, le daba igual mientras estuvieran frescos. Luzbel, en cambio, acepto la invitación de las conejas, lo que indirectamente era visto como una señal de permiso para el resto de sus tropas. Algunos vendrían, otros no, le daba igual, no iba a obligarlos, pero tomo buena cuenta de cuantos de los suyos iban (de los demonios, no los ballesteros, puesto que aún no tenía ni idea de quienes eran exactamente y jamás los habría distinguido de los ballesteros del resto de campamentos), además de la botella de vino que se había agenciado unos días antes y regalo a la capitana de los conejos como señal de cortesía, tendría que mandar un numero de provisiones acorde a la cantidad de los suyos que habían ido, especialmente si tenía en cuenta lo que comía un archidemonio tan grande como un troll, agotado por una noche de batalla.
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Re: ¡GUERRA!

Mensaje por Héredor Magnusson el Jue Mayo 04, 2017 7:34 pm

Héredor Magnusson dormía en sus aposentos improvisados cuando llego la noticia por la mañana, el asalto nocturno había sido un éxito parcial, una pequeña victoria. Pero el enano no lo celebró, no después de enterarse del informe completo.

Magnusson convocó a Gredror a su tienda y escuchó de su boca lo que había ocurrido. Después del reporte inicial, el herrero rabioso dio un golpe a una mesa de cajas de madera que tenía improvisada a un lado, donde había un pequeño mapa pintado de la zona, que tenía para recordarse de las características del terreno. Tirando así una jarra vacía de cerveza de la noche anterior.

-Somos enanos maldita sea, fallos así no se toleran- mascullaba Héredor, pero en el fondo sabía que tampoco había nada que hacer, era normal en esta situación un fallo de coordinación, ellos llegaron tarde, y los otros terminaron temprano.

Los enanos son conocidos por su orgulloso y fiero carácter, a veces incluso llegado a la cabezonería sin remedio. Y Héredor estaba ahora enfocado en cambiar las cosas a su favor, los enanos son una raza guerrera, son los enemigos naturales de los orcos, ellos no debían de fallar de nuevo.

-No te preocupes Gredror… Karzún nos está viendo, y en la batalla estas cosas pasan, lo importante es cómo nos tomamos los obstáculos, la piedra por muy dura que sea, siempre puede romperse, los enanos siempre podemos crear túneles en cualquier montaña- Gredror lo veía con un semblante neutral, intentaba disimular su rabia interna, él mismo se culpaba también de ese fallo. Él mismo quería remediarlo.

-Tienes razón Magnusson, no dejaré que esos orcos se salgan con la suya- dijo el guerrero enano golpeando el peto de su armadura con el puño –Acabaremos con ellos, pero por ahora, no quiero tomar más su tiempo, me encargaré de poner a punto los batallones, usted diríjase al mando central, están reuniéndose los capitanes-

Finalmente Héredor se coloca su casco, su arma le pone la mano encima del hombro a su capitán de escuadrón y le dice -Al menos tomaste una buena decisión al final Gredror, así que no te castigues tampoco… fue un resultado bastante favorable-

Finalmente el enano herrero, sale y respira el aire, huele a batalla, aun no se ha acercado al campo de batalla pero en el aire se notaba el olor de las cenizas. Ya había comenzado, y si bien no era la primera batalla de Héredor, de seguro sería una batalla importante.

El enano, se sentía bien, se sentía descansado, se sentía determinado. Observo el frente de batalla desde lejos y se acercó para ver más de cerca, no estaba presente pero podía leer un poco lo ocurrido la noche anterior. El enano observa desde la distancia como un enemigo solitario se acerca para hablar, eso seguramente quería decir que aún no empezaría la batalla, eso estaba bien así no tendría que movilizar entre el caos a su grupo. La demoneza fue a su encuentro, y al rato parecen haber llegado a un acuerdo. El enano en un principio no podía dejar de ver al wargo que la acompañaba, imponente ejemplar.

Cuando la mujer de pelo blanco llego, informó, había tiempo hasta el mediodía, mientras ellos recogerían a los muertos. Eso estaba bien para el grupo defensor también. Pues podrían organizarse como es debido, pero además podrían volver a preparar el terreno de batalla a su favor.

Hubo una pequeña reunión de cómo proceder y Héredor, que ya había estado en más de una batalla con orcos, sabía que una simple empalizada no sería suficiente. Así que les informo de una idea. Manejar el campo de batalla por medio de pequeñas empalizadas de madera y hierro, que dificultaran al enemigo el paso.

El plan era sencillo, crear varias cruces a lo largo del campo de batalla, con afiladas partes sobresalientes, estas pequeñas empalizadas, al estar aisladas y ser pequeñas, no supondrían un bloqueo de las fuerzas enemigas, por lo que no se tomarían su tiempo en destruirlas, sin embargo, al ser un enemigo muy numeroso, provocarían empujones, y agrupamientos, ralentizando la marcha, y posiblemente teniendo alguna que otra víctima empalada accidentalmente. Esto era útil a medio y largo plazo, y además podríamos dirigir cierta parte del enemigo a una zona específica, provocando un cuello de botella.
Además por último, al final de la batalla eran objetivos de madera que estarían por detrás de la línea enemiga que podían prenderse fuego.

A los demás capitanes les pareció buena idea, y
Héredor se encargó de los preparativos. Reunió a varios enanos, varios aldeanos, y varios humanos, y cualquiera que se prestara voluntario, supervisó la tala de árboles por el tamaño y el filo optimo, había sogas, aunque mando a pedir más por si faltaban, la primera media hora fue toda para preparación del material. Entonces el herrero reunió a la gente y explico al tiempo que hacia una demostración la forma más fácil y estable de hacer la miniempalizada. Haciendo siempre énfasis en apuntar las partes sobresalientes, y afiladas, hacia la dirección de donde vienen y hacia los lados.

Después de eso, todos se adentraron en el campo para colocar las trampas, humanos, enanos, y quien se apuntará a ayudar. Habían ya hablado con el mapa donde pondrían las empalizadas, y mientras unos colocaban unas cruces, otros arrastraban el material al campo de batalla para las siguientes, estuvieron así una hora. Colocando sin parar, el mediodía se acercaba y justo antes de la hora se avisó con señales visuales, para que terminaran rápido y volvieran. Ahora debían prepararse para la batalla.
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Re: ¡GUERRA!

Mensaje por Khiryn el Vie Mayo 12, 2017 11:57 pm

V


El sol recorrió el firmamento implacable cerrando la delgada brecha entre la paz y la guerra. Anunció con firmeza el medio día ciñéndose en el punto más alto del cielo. Y el tiempo pareció detenerse. Un horrible redoble de tambor, tan estridente estremeció la tierra. El cuerno de batalla anunció la inminente carnicería.

El día era caluroso, aun si las hogueras humeantes ardiendo y abrasando los cuerpos putrefactos a ambos lados del campo. El humo, se arremolinaba, como una maza espectral, ahogaba sus aullidos y lamentos contra el escaso viento que de vez en vez, barría su negro y denso cuerpo de un lado a otro. La humareda brindaba un ambiente siniestro y nublaba parcialmente el campo; ya rojo de sangre entre ambos bandos.

El ejercito del caudillo orco, perfectamente organizado se plantaba, fiero, orgulloso e inamovible. Sus tambores resonaban amedrentando las fuerzas de los aliados.

Los aliados, mucho menos organizados, se habían formado de la mejor manera que se les ocurrió. No era fácil ordenar milicia de razas distintas, de señores distintos y con distintas maneras de ver la guerra. Por su parte, aquellos que portaban escudos, hicieron sonar sus metales golpeándolos con el cuerpo de sus armas. Los enanos, inflaron sus pechos y descargaron su espíritu en sus galantes cuernos enroscados de bronce. El sonido fue tan potente, que por un momento fueron los orcos quienes quedaron en silencio.

Por un costado, apareció una biga (Carro de guerra romano, tirado normalmente por dos caballos.), sus costados eran de oro reluciente, tallado de tal forma que parecía una elegante trenza de raíces fuertes. Hojas de olivo de plata adornaban el trenzado; sus ruedas, enormes vestían violentas ojas afiladas como navajas, tan largas como un machete y tan ruines como el que gobernaba el carro.
Sobre el carro, dos orcos, un auriga, vestido con armadura completa y elegante casco con penacho controlando dos soberbios y excelentes ejemplares de huargos, quienes tiraban del carro. El segundo, el caudillo. Alto entre los orcos; imponente, con una armadura que a pesar del material, era lujosa y brillante.

La biga avanzó sin prisa por el campo, hacía la formación de los aliados. Se detuvo justo en el medio. El caudillo miró con desdén las cruces de madera que habían colocado los aliados en el campo.

-//-

Los aliados supieron interpretar esta cortesía y caballerosidad del orco. Los capitanes, ciertamente sorprendidos por la aparente intención de negociación del caudillo descendieron que era hora de conocer al enemigo, de cerca.

Luzbel, subió a su nueva y poderosa montura, que ahora, vestía no sólo una perfecta silla de montar; sino que había conseguido una mascará testera; una pechera y cañas especiales para proteger las patas. Todo en metal. La capa de la demonesa sobre la grupa de la bestia la hacía lucir aun más elegante. Como si un rey hiciera presencia en el campo.

Heredor no resultaba menos imponente que la demonesa montado sobre su soberbio y brioso borrego. La montura, vestía una armadura completa de oro y plata, resaltando las hábiles manos de los enanos que hubieran trabajado en ella; pero nada en la armadura de este carnero resultaba más impresionante que su cornamenta desnuda, alta y poderosa.

Niris, quien entre los capitanes no disponía de una montura a su altura, fue invitada a subir al elefante acorazado que acompañaba a Khiryn. –Vamos, un capitán no puede ir a pie en una situación como esta. –Dijo la felina tendiéndole la mano a la coneja. Niris trepó ágilemnete por el cuerpo del elefante y se situó detrás de Khiryn.

Así, avanzaron los cuatro capitanes lentamente hacía el caudillo.

Necross espero un momento antes de subir a su propia montura. Hasta el momento, sus hombres habían permanecido en silencio; pero fue al batir de las alas del Wyvern cuando arrancaron en vítores para su capitán, y es que ciertamente; ni la poderosa cornamenta del carnero, ni la elegante forma del lobo blanco, ni la imbatible potencia del elefante hacían sombra a la majestuosidad de su dragón.

El wyvern se posó a la izquierda de Luzbel, el flanco, al centro el elefante y del otro lado, Heredor. El caudillo repasó con la mirada a los capitanes con indiferencia. – Dos mujeres, una niña, un enano y un humano… ¿Es todo? ¡¿Es todo lo que el señor de Puerta del Cielo puede conjurar?!

Luzbel hizo una mueca, desdeñando las palabras del orco; aun tenía en mente la victoria acontecida pocas horas antes. Nadie se atrevió a hablar.

–No admiro su sucia treta de atacar por la noche. Esperaba más de los caballeros. Sin embargo, les respeto por dejarme honrar a mis caídos. Sólo por eso; les permitiré que se retiren del campo sin atacarlos, si lo hacen ahora mismo.

Las palabras de orco no carecían de seguridad y fiereza. Para quienes habían enfrentado orcos antes, resultaba sorprendente la marcialidad con la que se manejaba aquel caudillo; mucho más civilizado que cualquier otro que hubieran conocido; y sin embargo, sus palabras no podían ocultar la amenaza; no, la advertencia de una muerte inminente. Fue Khiryn quien habló.

–Dime, caudillo, Cuál es tu nombre. Por qué peleas…
Soy simplemente un caudillo cuyo nombre no tiene importancia, mujer, y tu, ¿Por qué defiendes la ciudad?
–Por qué es lo que debo hacer. Pero no has respondido mi pregunta. ¿Por qué peleas?
–Peleo por lo que es mío y me ha sido arrebatado. Pero eso ya lo sabrás tu antes de que mueras. ¡Pues créanme ahora, si no es por mí, aun así morirás aquí, hoy!
Así que cual es su respuesta; están listos para rendirse y abandonar.

Esta vez fue Necross quien respondió. –Viniste buscando guerra; vas a tener una guerra.

El ordo sonrió mientras afirmaba con la cabeza. Dirigiendose hacía el hombre del parche dijo. –mantente vivo, te buscaré en el campo de batalla…
–¡Te estaré esperando!
–Le hablaba al Wyvern…

El auriga atosigó los huargos y viró redondo el carro mientras el caudillo miraba a los capitanes con una sonrisa infernal.

-//-

Cuernos y tambores estremecían el campo a ambos lados. Los gritos de guerra y muerte llegaban hasta la ciudad. Las almenas de su muralla estaban apelmazadas de soldados y civiles que miraban lejos, como quien disfruta de un espectáculo horrido.

Los aliados, apostados. Los orcos, marchando.
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Re: ¡GUERRA!

Mensaje por Vanidad el Sáb Jun 03, 2017 4:30 pm

El día iba avanzando, lentamente, sin que sus tropas ni las de sus acompañantes atacaran. Había mandado a sus hombres descansar en la medida de lo posible hasta el mediodía, y ese mediodía ya había llegado. Cuanto oyó los tambores, estremeciendo la tierra, no pudo evitar regodearse pensando en la cara del líder orco, irritado por ser engañado. Cuanto más lo pensaba, más divertido lo encontraba, algunos de sus demonios la miraron, a su líder, sonriendo como una sociópata ante el avance del ejercito orco, perfectamente organizado. Eso sería bueno para la moral, un líder que no se acobardaba siempre inspiraba a las tropas, especialmente uno que acababa de lucirse la noche anterior.

La diablesa acarició a su nueva montura, Sif, a su lado, disfrutando de su suave pelaje mientras ordenaba que sus archidemonios golpearan los escudos para igualar el ruido. Lo consideraba burdo, pero ayudaba con la moral, y desde luego necesitaba toda la moral que pudiera reunir para que esas razas mortales no se amedrentaran cuando los orcos cargasen contra ellos, puesto que ella no estaba en primera línea de combate.

Pero desde su posición pudo ver perfectamente a ese orco chulito, el líder, montado en un carro de huargos. Sabía que un orco normal no podría liderar un ejército tan gigantesco, así que si mataba al líder, a ese chulo y sorprendentemente capaz líder, su ejército se descompondría y consumiría a si mismo, o al menos se desorganizaría lo suficiente como para que fuese mucho más sencillo matarlos. Así que si conseguía aplastarle esa estúpida cara y llevarse su cabeza… todos sus problemas se acabarían.

Pero hasta entonces, ese tipo quería hablar, y no iba a matarlo en una negociación, era de mal gusto, impropio de alguien con tanta clase como ella, por más que quisiera con toda su alma. La diablesa montó en Sif, al que habían dotado de una silla y una preciosa armadura, que no hacía sino resaltar la elegancia de su montura y de su dueña.

-Acabas de decir que somos dos mujeres, una niña, un enano y un humano, aquí no hay caballeros…- Murmuró por lo bajo la diablesa, divertida, seguramente lo suficientemente fuerte como para que el orco pudiera oírla, pero le daba igual, que atacara, que cometiera errores, preferiblemente allí mismo, donde pudiera ensartarle su sucia cabeza en segundos. Pero no hubo suerte, lastima, solo hubo un intercambio de frases mordaces y una promesa al wyvern.

Y en cuando volvieron, todo empezó, los orcos cargaron. La primera carga eran los lanceros, esos pobres jinetes de huargo sin huargos, no podía evitar sonreír al pensarlo. Eran simplemente carne de cañón, para probar la efectividad de sus tropas, así como las cruces que habían estado haciendo para redirigir las tropas enemigas. Ella no sería la que recibiría la embestida, sino las tropas delanteras, los enanos o los humanos, y esas propias cruces evitarían que una carga de caballería fuese efectiva contra una pequeña fuerza que maniobrara por entre el mar de cruces, así que lo único que podía hacer era esperar, al menos hasta que se aburriera, alzara el vuelo e hiciera cargar a sus hombres en una carga aérea. Pero no llegarían a eso, con los ballesteros habría suficiente seguramente.
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Re: ¡GUERRA!

Mensaje por Niris el Mar Jun 06, 2017 6:35 am

La diablesa acepto la invitación y algunos de sus soldados asistieron a disfrutar de los la comida, eso intimidaba un poco a mis compañeros pero yo me sentía algo orgullosa de que haya tomado en serio lo que hacía he incluso el regalo de aquella botella de vino. Por su parte los enanos no asistieron, parecían estar demasiado ocupados construyendo algo contra los orcos, quizás tenía que ver su orgullo y la verdad por su causa habíamos sufrido más bajas. Muchos de los ballesteros asistieron, las gentes de Necross no hicieron presencia y no muchos felinos asistieron tampoco. Mi idea de darle integración a nuestras fuerzas había fracasado.

Llego la tarde, seguía sin tener respuesta de mis enviadas a la ciudad de los humanos y aquello estaba empezando a preocuparme y temía que la gente de la ciudad las hubiera capturado. Los tambores empezaron a retumbar en el aire con tal fuerza que tuve que tapar mis oídos para evitar el dolor y un cuerno anunciaba el final de la tregua. Un vehículo se empezó a aproximar solo a nosotros al parecer sus líderes hacían acto de presencia, no entendía exactamente qué estaba pasando pero aun que no quería hacer acto de presencia también, Khiryn me hizo acompañarle en su elefante para al menos saber a qué yo supiera a que nos enfrentábamos.

Los otros parecían transmitir una gran voluntad y determinación que era ampliada por sus imponentes monturas que de cierta manera transmitían la forma de ser de cada uno, mientras que yo luchaba por no esconderme detrás de Khiryn en un burdo intento de no ser notada por los orcos. Incluso el orco al empezar a hablar de nosotros ni si quiera me consideraba un adulto, no sabía cómo tomarme eso pero la verdad hasta para mí misma era difícil considerarme seriamente, aunque una sonrisa pícara se asomó por un instante al imaginarme al orco el saber lo que las hijas de Inle habían logrado anoche.

Por un momento pensé en que los otros aprovecharían para atacarle, si el dirigía, era obvio que al detenerlo sus fuerzas se desorganizarían. Pero las palabras del orco me dejaron intrigada ¿Que le han arrebatado? Esperaría que hubiera dicho tomar lo que es mío, que significaría todo lo que el deseara, pero ¿Arrebatado? Me preguntaba si eso tenía que ver con el secretismo que guardaba la Ciudad del Cielo. Un secreto tal que ni el poblador más humilde había dicho ni una palabra. Había pensado en decirle a Khiryn que atacáramos en ese instante, pero la duda me había dejado pensando en silencio mientras los demás hablaban.

Regresamos a nuestras posiciones a esperar la embestida de los orcos. Ahora nosotros nos encontrábamos en desventaja, sin cercanía o sorpresa no podíamos trabajar, por lo que nuestro trabajo seria estar junto con los ballesteros para disparar a su lado siendo asistidos por los aldeanos recargando los virlotes, con la orden de correr a la primera señal de problema, los Ents aún se encontraban algo cansados, por lo que solo les pedí que crearan un obstáculo y enredaderas espinosas surgieron del suelo para al menos arañar a los enemigos y evitar que su carga llegue con toda su fuerza. Por último los médicos estarían al fondo esperando que no sucediera lo peor.
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Niris

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Saltos de Coneja

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Re: ¡GUERRA!

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