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No todo está perdido... algunas cosas solo están escondidas.

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No todo está perdido... algunas cosas solo están escondidas.

Mensaje por Hemlock el Dom Mar 12, 2017 4:26 pm

hijra:
Avanzando hacia el oeste, se interna en una zona del bosque que nota extraña. Sabe que no es un bosque normal, pues hay esencia en el ambiente. Pero su hambre le lleva hasta allí, y prosigue en busca de alguien que tenga algo que ofrecer, y sabe bien que lo habrá.

Encuentra la entrada a una gruta, que parece oscura y húmeda, como si nadie entrara allí desde hace tiempo, pero también nota la esencia. Allí se concentra más, y no duda en seguir adelante.

Una tenue luz fría, azulada, se iba intensificando a medida que se acercaba, y se podían oír unos murmullos al fondo.

Murmullos que eran propiedad de una figura que estaba de espaldas, con una toga negra, y con la cabeza afeitada, de una piel tan blanca que parecía mezclarse con un violeta azulado.

Había más seres como él, al lado de aquel, rodeando algo que hubiera en el centro, pero cuando se giraron al notar su presencia, se desmaterializaron en el aire de repente, quedando sólo el que estaba de espaldas a la entrada de la cueva.

Este ser se gira, mostrando unos ojos de un tono grisáceo claro, con la piel blanca-violeta-azulada. Su cabeza estaba completamente afeitada, y debido a ello era difícil decir de qué sexo es, además de la toga ancha que llevaba.

Su voz sonaba en parte femenina, pero, por otra parte, no sonaba. Su boca no se movía. Era como si la voz sonara directamente en su cabeza.

Le pregunta qué hace ahí. Y cuál es su recompensa por haberle dado el secreto que acababa de encontrar.

Notas. Este ser es hermafrodita, más mujer que hombre. Es un humano, pero se corrompió con la magia del bosque. Es psiónica, maneja el psionismo.




-¿Qué haces aquí?

La pregunta de la persona no resonó en las paredes de la cueva, sino en la mente de la sombra que la observaba, impasible, a unos metros de distancia.

-¿Cuál es mi recompensa por entregarte el secreto de lo que acabas de contemplar?

La sombra ladeó la cabeza ante la nueva pregunta. El farolillo que portaba profirió un suave chirrió al balancearse levemente con el sutil movimiento. Varias piedrecillas temblaron en el suelo de la cueva, comenzando a levitar alrededor del humano corrupto por la magia del bosque. La voz que proyectó a su mente parecía contener una ira abismal.

-Eres el Devorador de Secretos, y acabo de entregarte uno muy valioso para mi. Quiero una recompensa justa.

El demonio volvió a mirar a los pies del humano corrupto. Sus inexpresivos ojos blancos siguieron el contorno de las pálidas piernas del mortal, manchadas por la sangre de su útero, hasta llegar al recién nacido en el suelo, sobre un manto de hojas, sin vida y con mutaciones visibles en su pequeño cuerpo inerte.

-No ha existido ningún intercambio. Tu secreto ya ha sido devorado y nada recibirás en pago.

Los ojos de la joven corrupta se humedecían mientras el demonio hablaba. La esencia que comenzaba a canalizar hacía temblar las propias paredes de la cueva. Sin embargo, cuando la profunda voz del demonio resonó de nuevo, la joven se detuvo en su propósito de atacar.

-No obstante...-la sombra levantó su linterna, haciendo que su inquietante luz acariciara el rostro andrógino del humano.- Todavía podemos hacer un trato.

La mortal pareció relajarse parcialmente, conteniendo las lágrimas en sus ojos. Sus piernas temblaban, no del miedo o del frío, sino del cansancio del reciente parto y el uso excesivo de la magia.

-Dime, ¿qué secreto deseas que te revele?

-Uno que me permita devolverlo a la vida.-explicó, intentando no mirar a su primogénito fallecido.- Sé que hay fuerzas en este bosque que pueden conseguirlo.

El demonio asintió con la cabeza, bajando su linterna a la altura de donde se situaría su pecho. La luz proveniente de ésta no era capaz de atravesar las sombras de su cuerpo, proyectando formas en constante movimiento en las paredes rugosas de la cueva.

-A cambio, deberás entregarme tu historia.

-Mi historia está llena de secretos. Elige uno.

-No es suficiente.

Las rocas que antes flotaban a su alrededor se proyectaron con fuerza y velocidad contra el demonio. Las piedras lo atravesaban y chocaban contra las paredes de la cueva sin dañarle lo más mínimo, pero la sombra se resguardó sin perder tiempo tras una de las columnas naturales de la cueva, temiendo que las piedras rompieran su preciada lámpara. La mortal corrupta, por su parte, notó la cálida sangre brotando de su nariz, símbolo de haber sobrepasado con creces sus capacidades.

Hemlock podría haberse marchado ya, y lo habría hecho de no ser por el gran secreto que era la historia de aquella desafortunada criatura. Si se hacía con él, podría mantener su lámpara encendida durante días.

-¡Mentiroso!

-Puedes tener esa opinión de mi si es lo que deseas, pero no puedo entregarte un secreto más valioso del que me ofreces. Es tu decisión, criatura: entrégame tu secreto, o resígnate a una vida en soledad en las sombras.

Por supuesto, el demonio mentía. El hambre extremo era lo que le había llevado hasta allí, pero todavía no estaba saciado. Sabía que el humano no estaba en condiciones de regatear, que aceptaría el precio fuera cual fuera porque era su única esperanza de devolver la vida a su retoño. El valor del secreto que pedía el mortal era mucho, pero no mayor que el de la desafortunada historia de cómo llegó hasta allí.

-Trato hecho, demonio.

Un sombrío orbe de tinieblas salio de su escondite, desplazándose velozmente hasta la criatura corrupta. Los ojos de Hemlock se clavaron en los de ella cuando el demonio se formó ante su víctima, dejando apenas espacio de separación entre ellos. El humano no se movió, manteniendo su postura.

-¿Es lo que deseas?

-Es lo único que deseo.

Las sombras rodeaban a la criatura corrupta por momentos, dejando solo el fantasmal brillo de los ojos de Hemlock visible. En cuanto ambas miradas se cruzaron de nuevo, la mortal se percataría de que no podía apartar su mirada... no porque estuviera demasiado cansada como para resistirse al poder del demonio, sino porque sentía cómo sus sombrías manos recorrían su mismísima alma. Fue una situación extraña al comienzo, pero cada roce era como una caricia que arrancaba cuidadosamente la esencia que contenía su trágica historia. La mortal no pudo evitar dejar escapar un placentero suspiro, fruto tanto de la sensación de compartir la carga de su más preciado secreto como de las caricias que el demonio le proporcionaba a su alma para llegar hasta él.

La lámpara cada vez brillaba con más fuerza, y Hemlock veía por sí mismo la vida del ser que tenía ante él. El rechazo que sufrió de joven por ser diferente a los demás, los horribles abusos y humillantes odiseas por los que pasó para seguir con vida. Contempló la revelación de sus habilidades, su huida al bosque después de la masacre de cuantos la habían maltratado, su corrupción por la potente magia que encerraban sus partes más recónditas y su cópula con las criaturas oscuras que la habían aceptado en sus dominios. Compartió con él sus sentimientos cuando descubrió su embarazo, su miedo y al mismo tiempo su inhumana alegría al pensar en criar a su propio hijo... y el dolor y profunda ira y tristeza al perderlo durante el parto, demasiado mutado por las energías del bosque como para siquiera respirar.

Contempló cómo le dieron la espalda las criaturas que érroneamente pensó que la aceptaron. Cómo intentó emplear sus habilidades en aquella cueva para devolver la vida a su semilla sin vida... y cómo la esperanza renacía en su interior al ver al Devorador de Secretos observando desde la oscuridad.

Sus piernas fallaron y no pudieron sostener más su peso. El demonio pareció arrodillarse ante ella, hecha un ovillo en el suelo, y su mano libre se aproximó a su hombro como si intentase consolarla. Sus dedos recorrieron su piel sin siquiera tocarla, rompiéndose y transformándose como el humo de una hoguera contra las manos que buscan su calor.

-Tu parte del trato.-murmuró ella con voz temblorosa, mezcla del cansancio y del placentero hormigueo que todavía permanecía en su interior.- Dame el secreto.

El demonio levantó su linterna. La luz de ésta, más radiante que cuando la sombra entró en la cueva, le obligó a la mortal a entrecerrar los ojos en un autorreflejo, pero pronto descubrió que no le hacía ningún daño. Se trataba de una luz distinta, y sin casi darse cuenta, pronto se perdió en su calidez, como si viajara a través de un túnel luminoso. En su mente se formaron imágenes de tres bellas mujeres semidesnudas. Se trataba de un tapiz. Uno que tejían unas manos grises y  ásperas.

Spoiler:


Una cabaña se ocultaba en los confines del bosque. Un cadáver reposaba en una camilla improvisada con ramas y heno. Seis manos de terribles garras recorrieron su pálido torso.

El cadáver abrió los ojos.

* * *

La mortal despertó. Había caído inconsciente y le costó unos momentos ubicarse. Recordó al Devorador de Secretos, su trato...

Y el camino a una cabaña perdida en el bosque...
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Re: No todo está perdido... algunas cosas solo están escondidas.

Mensaje por Señorita X el Dom Mar 12, 2017 4:42 pm

Sin lugar a dudas, de los mejores hijras que he leído cuando he dado tanta libertad para hacerlo. Mis elogios
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Señorita X

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