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La cacería de Penshaw [Eudes] Empty La cacería de Penshaw [Eudes]

Mensaje por Hemlock el Dom Mar 12, 2017 6:56 pm

La cacería de Penshaw [Eudes] 4a8d7949e6147ab9a9d151c54d06d288

Es increíble lo rápido que viajan los rumores y cuánto cambian en el proceso. El reciente hallazgo de uno de los granjeros de la aldea de Penshaw totalmente mutilado en el bosque que rodeaba el asentamiento  disparó las habladurías de los campesinos y comerciantes. No era el primero que encontraban con tales características, y todos los rumores quisieron ponerse de acuerdo en algo:

Se hablaba de una Bestia en el Bosque de Silvide. Una criatura maligna que se alimentaba de los viajeros perdidos. Algunos de los viajeros que llegaban a Penshaw, o los propios habitantes de la aldea, juraban haberla visto o incluso haber tenido un encuentro con ella. Algunos no querían hablar de los detalles, otros contaban que les engañó para internarse más y más en sus dominios y robarles el alma, y otros decían que el solo hecho de ver la luz de su lámpara podía hacer que un hombre perdiera totalmente la cabeza.

Fuera como fuese, el miedo y la paranoia reinaban sobre Penshaw. Aquella tarde, los hombres del pueblo y algunos jóvenes se reunían en torno a la fuente de la plaza principal en un evento que había sido anunciado incluso en aldeas cercanas y había atraído a un par de mercenarios y aventureros dispuestos a hacerse con la recompensa por la cabeza de la bestia. Juntos apenas sumaban una veintena, pero la turba estaba ciertamente motivada.

Un hombre de entrada edad, el alcalde del pueblo, hacía sonar una campana para reclamar la atención de los presentes.

-¡Gracias a todos por uniros a ésta cacería! Recordad, no nos enfrentamos a un animal cualquiera, esta criatura es inteligente y no sabemos de lo que es capaz. No obstante...


El alcalde le hizo un gesto al hombre oculto tras una pesada y exagerada armadura que aguardaba a sus espaldas, invitándole a situarse junto a él de cara a la turba.

-Éste hombre afirma ser un caballero, y pone a nuestro servicio sus amplios conocimientos para dar con la bestia y traer paz a nuestra aldea. Estará al mando de la cacería.

Nadie sabe cómo Eudes fue capaz de convencer al alcalde de Penshaw para que acabara reuniendo una batida de caza en busca de la Bestia de Silvide (nombre por el cual se había bautizado a la criatura en el lugar). En cualquier caso, el Caballero Tortuga estaba al mando de la turba. Los hombres, impacientes, esperaban sus órdenes.

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La cacería de Penshaw [Eudes] Empty Re: La cacería de Penshaw [Eudes]

Mensaje por Eudes el Mar Mar 14, 2017 9:35 pm

-Unas horas antes.

El buen alcalde Tricus entró en la habitación; apenas consiguió evitar por pocos centímetros que su buen sombrero de copa, al chocar con el marco de la puerta. se ensuciara con la sangre en el suelo. Miradas rápidas, acertadas, pragmáticas. Sin mucha dilatación, observó el cuerpo acostado en la mesa,  y rápidamente su rostro transmutó en el mas estereotípico gesto de fastidio e incredulidad.

¿Que acaso no puede un hombre descansar en paz una ntarde? ¿Que acaso no puede un alcalde limitarse a inaugurar puentes y chillar como nena cada vez que el hechicero ese de la montaña intenta hacerse con el control del mundo? ¿Porque carajos no puede uno dormir una siesta en paz? Bueno, que más se va a hacer, que luego  vienen los sindicatos con eso de los derechos civiles, de las responsabilidades, de los bebes besucones y lo peor de todo...las elecciones.

Sin dilatarse mucho, que el tiempo es corto y el estilista esta loco por trabajar con su peluca blanca. El hombre se acercó al menudo cadáver y observó las horribles heridas en su cuerpo; Bah, algún oso quizá, o lobo, o troll, o alguna de esas cosas raras que aparecen cada vez que el niño del establo se pone a decir que escuchó un rumor que afirma que los monstruos han vuelto; nada complejo, ni tampoco justificante de su presencia en aquella habitación. Tricus cada vez tenía mas ganas de agarrar apatadas justificadas al guardia inútil que le había ido a despertar, pero no, todavía no; en la plaza, con las piernas en un lodazal y manzanas podridas en la boca del pobre sería mil veces mas entretenido.

Guardia...guardia...Cierto, los guardias que le encontraron. Tricus miró a los hombres, que estaban firmes en su puesto a un lado de la mesa ensangrentada. Nada que destacar demasiado; uno demasiado corpulento, o rechoncho quizá, el otro un encorvado treintañero con una mandibula inferior demasiado prominente; quizá un simio. Rápido, que estaba cansado.

-Nombre y puestos- Dijo Tricus, bastante fastidiado.

-Bienvenido a Penshaw viajero. Cuidado, los monstruos han regre-Dijeron ambos, deteniéndose de repente al gesto asesino del anciano.

-Digo- Continuó uno, el de mandíbula prominente- Pratulla, Agrám Íticus.

-Patrulla también- Dijo el fortachon, que gustaba de una apropiada voz similar al canto de una gallina que sufre bajo el peso de un hacha oxidada- Thomas Karsác.

-Bien, bien- Dijo el alcalde- ¿Podrían decirme, Agrám Íticus y Thomas Karsác, donde y como encontraron este cuerpo?

Ambos titubearon en empezar, intimidades, tal parece, por esa mirada tan amenazante de parte del buen alcade, aunque un apropiado codazo del mandibulado al fortachón, basto para hacer que este empezara a cantar.

-E-escuchamos un grito temprano, en la mañana, mientras estábamos en la entrada junto con los de la guardia de carretas. Cuando acabó el turno, fuí-

-Espera espera espera- Interrumpió Tricus- ¿Escucharon un grito en el bosque, y no fueron inmediatamente a ver?


Los dos guardias se miraron. El fortachon decidió responder.

-Señor...usted nos prohibió terminante mente movernos de las puertas; dijo que necesitaba gente que diera la bienvenida cuando un guerrero de 15 años acompañado por un grupo de pintorescos miembros de minorías raciales entrara al pueblo y pidiera indicaciones...

-S-sí- Dijo el mandibulón-Dijo también que si nos movíamos, iba a bañarnos de miel y dejar que los mapaches se comieran nuestros-

-Ya, ya, ya entendí. Prosigan.

-Pues...bueno, fuimos a ver y eso, y bueno...pues...ya sabe, lo encontramos tirado cerca del río con estas cosas en el cuerpo; lucía terrible. Como deber oficial hicimos la correspondiente inspección corporal y-

-¿Qué le robaron?

-Una bolsa de oro, una resortera y una espada mágica elfica que repele el mal, o algo así.

-Entiendo, entiendo; que vaya al tesoro público el oro y la espada, y ustedes quédense con la resortera-El mandibulón cantó victoria- Continúa por favor.

-Pues nada después de eso. Lo trajimos, lo pusimos en la mesa, le quitamos las botas esas que están en la esquina y lo mandamos a llamar...

-Ya veo...ya veo. Pues nada, díganle al héroe de 15 años de turno que se encargue, ya saben, ese de la profecía que ese viejo loco de la cueva menciono y al que le regaló una espada.

-El hijo de...

-Sí, el hijo de Grupina.

-Sí...pues...va a haber un problema.

-¿Qué?

-Señor...este es el hijo de Grupina.

-Oh...oh vaya...ya veo...por eso la espada mágica elfica...pues...supongo que tendremos que encargarnos de la bestia...digo...la guardia...

-No podemos señor; no tenemos armas reales desde hace años. Usted se las dio al niño como recompensa, recuerde.

-¿Y con que patrullan?

-No lo hacemos señor; solo nos paramos en la puerta y esperamos.

-¿Y por que les pago?

-No lo hace señor; mi esposa y mi hijo murieron de hambre ayer señor.

-Jejeje, cierto- El alcalde pensó por momentos, tanto en la situación del chico, como en lo buena que había estado la esposa del guardia en vida- Pues bien, tendremos que improvisar un nuevo héroe supongo.

-¿C-como señor? ¿No son profecías o algo así?

-Bah, tonterías-Dijo, haciendo un gesto de desdén- Miren, tengo una idea, y solo necesiton que me sigan a la prisión.

Ambos guardias se encogieron de hombros. Con vago interés, se dispusieron a seguir al hombre, curiosos.

-O no- Les retuvo el Alcalde- Primero entierren al muerto, luego me siguen- Ordenó- Hasta luego señores.

Y mientras el anciano se retiraba, con resignación ambos hombres se disponían a tomar el cuerpo por brazos y piernas. Vaya chiquero que dejaron sus intestinos en el suelo, cuando apenas lo levantaron y a duras penas lograron sacarle por la puerta.

-0-

La prisión, la horrible prisión del pueblo. Ratas que corretean por los pasillos, mugre, hongos, paredes de piedra sin tapices y horribles elecciones en el campo del diseño que harían llorar a cualquier otra prisión en Zhalmia. Los tres hombres, alcalde, guardia 1 y guardia 2, caminaron prestos por aquellos pasillos, escuchando los gritos, sintiendo las miradas, intentando esquivar las manos de los reos que intentaban atrapar a los libres como si de llaves para sus celdas se tratasen. Impasible, Tricus no parecía mirar o si quiera notar a los hombres; los guardias, en cambio, apenas evitaban salir por patas del lugar y dejarle al pobre alcade la compañía de las cucarachas y las moscas.

Gritos mas fuertes que los anteriores, y también un poco mas coherentes, o al menos, disfrutando de contexto. Otro guardia parado frente a una celda, nervioso, con la lanza de cartón al hombro, mirando de reojo el interior de la celda; parece que algo no le gusta nada, y apenas nota al alcalde que se acerca.

Tricus se acercó al hombre, confiado, con un rostro afable poco común en él. Le miró, y haciendo un gesto con la mano, le ordeno retirarse. El pobre guardia obedeció la orden sin chistar y con un ánimo que sin duda sería capaz de derribar puertas; mugre y polvo se levantó tras su carrera.

-Bien, a este lo atrapamos ayer, intentando matar al barbero por...por un asunto de honor o algo así-Dijo, tomando un par de llaves colgadas a un lado de la reja- Pensaba soltarlo, pero, creo buenos amigos, nos será útil esta vez.

Y entonces abrió aquella puerta de metal, dejando que la luz entrase en la estancia oscura y mugrosa.

Era difícil describirlo; era como un infierno hecho de mugre, raspaduras y sustancias negras de esas que nadie sabe que son pero siempre están pegadas al piso y a las paredes de las prisiones. Un torbellino, una pintura fresca de grabados, inscripciones y profecías, una hermosa obra infernal que se deformaba entre las paredes y el piso, entre cada esquina y rincón oscuro de la mazmorra. Bestias y palabras, figuras y poemas; un combinado ambiguo y continuo de estilos y representaciones demenciales que crecían en espiral hacia todas partes, formando caminos y trincheras que llevaban hasta su terrible centro, del cual emergían, como engendrados, cientos de figuras oscuras e indefinibles que parecían estar prestas a volcarse en el mundo mortal, desesperadas por salir de la pared en la que estaban confinadas. Aquello, envolvía la figura encorvada que yacía en la esquina, ocupada, según parecía, en una pelea acalorada con algo pequeño e indefinido que yacía delante de él, tan menudo que era imposible verlo desde cualquier perspectiva.

Eudes volteó, dejando que la luz tiñera de brillo su yelmo oscuro por la mugre. Sus ojos casi parecieron relucir tras la oscuridad de la visera.

-¡Aaaah!-Grito, emocionado, levantándose rápidamente y dirigiéndose al anciano-¡Buen alcalde de Penshaw! Espero que haya reconsiderado mi condena, puesto que ha de saber que en el haber del héroe estaba destruir a ese señor oscuro cortador de cráneos al que ustedes llaman barbero, jajajaja.

-Pues de hecho, no-

-¡Pero que me pasa!- Interrumpió, tomando al alcalde por una mano y llevándolo al interior de la celda. El hombre, sorprendentemente, no opuso resistencia- Mire usted la necesidad en que este caballero se haya, que he aquí, el conflicto entre esta mantis religiosa y las hormigas no puede ser resuelto por medios convencionales- Dijo, señalando a una mantis que, tranquilamente, devoraba hormigas en una esquina- Vea, villana ella, devora inocentes y yo que no puedo pararlo, porque este carcelero bribón me ha despojado de mis armas. Intentando he pararla, pero imposible mediante palabras ha sido cualquier intento de detenerle con mi voz.

-Caballero, por favor-

-¿Y usar las manos yo para cumplir mi sagrado deber? ¡Nunca! He aquí que he de necesitar yo mis armas para cumplir me deber, y por consiguiente, solicito a vuestra merced mi espada, para dar ejecución justa a la mantis religiosa que devora hormigas inocentes.


-¡Caballero por favor!- Gritó Tricus, estremeciendo incluso a los guardias, que miraban incrédulos al loco caballero tortuga- Escúcheme que tengo algo que decirle.

Eudes calló, y poniendo rodilla en el suelo, hizo gesto cortes al hombre.

-Diga, oh alcalde, y vuestro siervo, fiel, obedecerá.

-Bien- dijo el alcalde con mueca de satisfacción, mientras hacía señas a los estupefactos guardias para que escucharan y vieran, que todavía no comprendían aquella escena- Sabrá usted que hoy hemos encontrado algo interesante...

-Actualmente.

Eudes miró a la multitud de hombres, algunos mercenarios, otros voluntarios, a sus pies. Alzó su mano izquierda en señal de silencio, puesto que con la otra sostenía apoyada sobre su hombro la gran mandoble. Un aire tenso inundó a la multitud, que miraba curiosa a la gran figura armada, que se alzaba sobre el podio como la caricatura de un miembro de infantería pesada. El caballero tortuga, solemne, alzó su voz, y con breves palabras, se dispuso a dar inicio a la caza.

-Habitantes de Penshaw- Dijo, mientras alza la voz y una ardilla intentaba abrir una nuez chocándola contra su pié- Puesto que hoy se me ha encargado la misión de guiarles en la misión de cazar a esta bestia, que con ferocidad y maldad pura a asesinado a vuestro héroe, sepan ustedes que no descansaré hasta derrotárle, puesto que el honor y la justicia lo ameritan. Así que no temáis, ni tampoco tembléis, porque hoy, esta noche oscura, en donde clara mente la feroz ánima tiene ventaja entre este monte, hoy, y no mañana en la luz, le venceremos luego de darle heroica caza, por el amor, por la victoria, por las hormigas y los gnomos unicornio que viven entre las hiervas inocentes y quieren vivir en paz. ¡Vamos, por la bestia!.

Y así se lanzaron todos al bosque, en desorden y turba, con antorchas, horquillas, espadas, palos, piedras y trozos de un carro que habían desarmado en el frenesí de la cólera (y que mas tarde el alcalde descubriría le pertenecía), con pura sed de sangre, y ganas de empalar a la bestia en medio de la plaza central.

Eudes corrió tras ellos, mandoble entre las manos, en la patética marcha que era para él correr con la armadura puesta. Podría decirse, entonces, que prácticamente eran pobres víctimas que directas se lanzaban a la boca del lobo...


Última edición por Eudes el Miér Mar 15, 2017 5:25 pm, editado 1 vez
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La cacería de Penshaw [Eudes] Empty Re: La cacería de Penshaw [Eudes]

Mensaje por Hemlock el Mar Mar 14, 2017 10:54 pm

A unos tres o cuatro kilómetros de Penshaw, una sombra caminaba sin rumbo fijo. Casi parecía que la luz de su lámpara de aceite intentaba luchar contra la oscuridad... una batalla que, de extenderse, perdería sin remedio.

Hemlock luchaba contra la niebla que el hambre escupía en su mente, sin permitirle pensar con claridad y entregándole a sus instintos más oscuros. El paso del demonio se aceleraba por momentos, su cabeza astada mirando a un lado y a otro, escudriñando en la oscuridad y aguzando sus sentidos. Una esencia familiar le hizo detenerse en seco, quedando totalmente inmóvil. Había detectado la esencia de un secreto pero, mientras intentaba discernir su fuente, se sumaron otros rastros de distinta intensidad. Un número considerable de gente se había internado en el bosque no muy lejos de donde se encontraba, y eso significaba dos cosas: peligro y alimento.

Alzó su lámpara, observando su llama con sus ojos vacíos. Ésta ardía con la mitad de fuerza, por eso todavía podía oponer resistencia a su instinto depredador y hacer uso de la lógica. No sabía cuándo tendría otra oportunidad así, pues con las recientes muertes y los rumores sobre su existencia los que habitaban en las cercanías de Silvide se habían vuelto más precavidos y eran más difíciles de engañar. Se decidió pues a echar un vistazo y evaluar la situación. No podía negar tampoco que sentía curiosidad por conocer el motivo de tanta gente internándose en el bosque a una hora tan poco inteligente.
La cacería de Penshaw [Eudes] Tumblr_o4y3a2amYK1v299iyo1_1280

El cuerpo de Hemlock pareció deshacerse en un humo negro, desplazándose a gran velocidad entre la espesura de Silvide. El creciente olor que percibía de los secretos excitaba el instinto depredador del Demonio, no solo su curiosidad, hecho que intentaba controlar con relativo éxito. Pronto divisó las luces de las antorchas en la oscuridad y las voces de una turba encolerizada. El Demonio tomó forma a una distancia segura, oculto entre los árboles. La multitud parecía seguir a un hombre, aunque era difícil asumir que en efecto se trataba de uno por la exagerada armadura que vestía. Los gritos clamando la sangre de una bestia le respondió la pregunta de por qué se habían adentrado los habitantes de Penshaw en el bosque. No se le pasó por la cabeza que le buscaran a él, hacía varias semanas que no rondaba la aldea ni caía alguno de sus habitantes en sus redes. Eran demasiados, sabía que era peligroso, y aun así no podía marcharse.

El hombre con la armadura... podía sentirlo... su carga más grande no era la del metal, sino la proveniente de sus más profundos secretos. Como un tiburón enloquecido por el olor de la sangre fresca, Hemlock no era capaz de apartar su atención de él. Necesitaba esos secretos, su llama ardería días enteros a su máxima fuerza y su hambre quedaría más que saciada.

¿Pero cómo podría separarle de la multitud? Apenas había formulado esa pregunta en su cabeza cuando la respuesta vino por sí sola. El peso de su armadura no le permitía seguir el paso de la multitud, cada vez más acelerado por la excitación de la caza.

* * *

-¿Hacia dónde nos dirigimos?

-¿Alguien ha visto algún rastro?

-¿Vamos a tardar mucho más? Mi mujer solo me deja unirme a la multitud enfurecida hasta las doce y media.


A pesar de que los ánimos no minaban, los hombres estaban cada vez más impacientes al no encontrar rasgo alguno de la malvada bestia que habían salido a cazar. Las preguntas seguían, causando un desagradable alboroto, y lo peor era que la mayoría iban dirigidas a Eudes.

-¡Ssssh! ¡Callad! ¿Escucháis eso?

Con el toque de atención de uno de los campesinos, las voces fueron muriendo hasta que solo una se escuchaba en el bosque. Oscura y profunda como la propia espesura, hizo que la sangre de los hombres se helara y los ojos, casi fuera de las órbitas, buscaran nerviosos entre las sombras tratando de distinguir su fuente.

Parecía venir de todas partes. Primero del frente, luego detrás de ellos, a los lados, incluso por encima de sus cabezas, entre las ramas de los altos y ancianos árboles. Cuando la voz calló, un hombre señaló al frente con un agudo grito de terror.

La cacería de Penshaw [Eudes] NZz41gd

Una luz se veía entre la densa oscuridad, a unos diez metros del grupo. De súbito, la luz se desvaneció y una nube de sombras se abalanzó sobre la multitud, pasando en rápidas ráfagas entre los asustados hombres.
-¡QUIERE NUESTRAS ALMAS! ¡HUID, HUID MIENTRAS PODÁIS!
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La cacería de Penshaw [Eudes] Empty Re: La cacería de Penshaw [Eudes]

Mensaje por Eudes el Dom Mar 19, 2017 11:38 pm

La canción todavía resonaba en los oídos de aquellos hombres cuando la sombra etérea y demoníaca de la bestia saltó hacia el grupo. Toda valentía, toda determinación, todo rastro de vulgar y simple sentido de la venganza desapareció cuando esos pobres individuos observaron a la criatura de la caza, y se dieron cuenta, para su infortunio, que era más grande que un conejo (estándar aproximado de las “fieras criaturas” que se suelen cazar por estos lugares, ajusticiándolas por el grave crimen de robar zanahorias y sometiéndoselas al peor de los destinos; la sopa del fin de semana).  

Y huyeron, huyeron tan bien como un grupo asustado en medio de la noche podía hacerlo, o si quiera intentarlo, dando trompicones aquí y allá conforme a la curiosa y matemáticamente inexplicable composición que las raíces toman cuando rodean a un grupo que escapa de un monstruo feo. Algunos cayeron, otros rasgaron sus ropas, otros se engancharon a las ramas y gritaron tal cual mujeres pensando que la bestia había estirado su mano y asido a ellos por los cuellos de sus camisas. El punto que nos concierne es que, salvando a aquellos curiosos desafortunados incapaces de moverse por el miedo (pero gritando con su mirada) Eudes fue el único que permaneció en el centro de la turba, mas maravillado que aterrado por la visión que delante de sí representaba el espectro.

Demonio, salvaje, troll de la noche o quizá solamente duende travieso y caótico que se arrastra entre las raíces, rey de la soberbia. Aquella visión de la bestia era la poética imagen de una sombra cornuda, oscura, rápida, extendiendo los quizá imaginarios tentáculos de sombra a su alrededor. Luces pocas, antorcha tiradas en el suelo por la inexperiencia de los cazadores; todo confería al monstruo el aspecto de una extensión de la oscuridad, como un brazo o personificación sublime, venida del tiempo en el que el cuento de hadas era nada más que la crónica semanal en algún pueblecillo de la montaña, en donde los árboles crecen con rostro y las damas se enamoran de anfibios. No fue extraño que aquella imagen del bosque tenebroso hiciese correr a los hombres, lo extraño es que dentro del caballero tortuga ello fue nada más causa de emoción; él sonreía bajo la visera.

-Vamos, bestia- Gritó, en una euforia que era incapaz de disimular al hablar con un timbre grueso claramente fingido- Acércate a mi espada y hablemos de justicia.

Y extendiendo su mandoble hacia el monstruo, esperó llamar la atención del ser.
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