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Miedo

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Miedo

Mensaje por Arete el Dom Mar 19, 2017 3:29 am

Me marché, decidí irme de mi lago, del lugar donde nací, crecí y aprendí. Pero allí ya no me retenía nada. Me dirigí hacia el mar, siguiendo la llamada del océano, juraría que era hacia el oeste. Empecé siguiendo el riachuelo que manaba del estanque donde un día fui feliz y su curso me llevó a la ladera de una montaña imponente que se alzaba ante mí.

La subida fue tediosa y larga, y como más subía, más se me tapaban los oídos y notaba un intenso zumbido dentro de mi cabeza. Al final encontré un paraje algo menos escarpado, el viento soplaba, me agitaba el pelo y me lo ponía en la cara. Me molestaba, así que decidí recogérmelo con una cinta de mi corona. Mientas me ponía bien el pelo, vi por el rabillo del ojo movimiento. Automáticamente me puse tensa, en alerta, cada uno de mis músculos se pusieron a gritar en mi mente: - ¡Cuidado! ¡Peligro! Y de la última curva del sendero apareció una mariposa revoloteando alegremente. La tensión se fue, instantáneamente, y me sentí avergonzada de haberme asustado de una mariposa. Volaba, y no me hacía ninguna gracia, pero aun así era una indefensa mariposa de colores vivos. Bajé la guardia, y hasta el momento no me di cuenta que iba acompañada.

En aquél paraje, la mariposa no era la única que volaba. Justo detrás del insecto apareció un ser que yo no había visto nunca. Parecía una muchacha, no muy alta, pero con la piel completamente verde, un verde esmeralda muy vivo, demasiado, que contrastaba perfectamente con su pelo violeta y rizado, pero solo por las puntas. Solo había un hecho que me hizo poner los pelos de punta, y no era su pelo o su piel, sino el hecho que estaba levitando. Y aún peor, esa cosa tenía alas. ¡UN SER CON ALAS Y PIERNAS AL MISMO TIEMPO!

Me quedé paralizada, notaba cada músculo de mi cuerpo entumecido por el pavor, no me di cuenta que había dejado de respirar hasta que noté que mis pulmones me llamaban a gritos una bocanada de aire. Sabía que detrás de mí tenía un paso, el cual debía cruzar. Sabía qué si me ponía a correr antes que me viese, no me seguiría. Sabía qué… Y me vio.

Su mirada se fijó en la mía. No podía moverme. Ni correr, ni gritar. Nada. Solo esperar. Sus ojos seguían posados en mí. Dejó de lado a la mariposa para centrar toda su atención en mí. Me miraba, me observaba, y yo me sentía incomoda. Estaba asustada. ¿Por qué volaba? ¿Qué quería? ¿Por qué me estaba mirando tan fijamente? Espera… ¿POR QUÉ SE ESTABA ACERCANDO A MI?

Mi cuerpo empezó a desentumecerse. Di un paso atrás, y otro, y otro más. Hasta que noté el vacío. No podía retroceder. Y ella seguía avanzando. Volando. Sin poner los pies en el suelo. Era una pesadilla hecha realidad. Como defensa decidí ponerme las manos delante de la cara, con las palmas hacia ella. Cerré los ojos para no verla más. Oía sus alas como un murmullo suave y se me pusieron los pelos de punta. Hasta ese momento no me di cuenta que había estado temblando más que una hoja en otoño.

Estaba en frente mío, la oía. Noté su calor corporal muy cerca de mis manos. Estaba acorralada, seguro que quería tirarme colina abajo. Y yo, que solo quería salir de aventuras, me veía amenazada el primer día por un ser que volaba. Veía mi fin en esa situación.

Pero entonces ocurrió una cosa inesperada. El murmullo de sus alas cesó, y noté como su dedo se posaba suavemente en una de mis palmas que tenía entre los dedos. Su tacto era cálido encima de mi fría piel. Decidí abrir los ojos lentamente y me encontré a la criatura mirándome, con curiosidad. Su dedo seguía en mi mano, pero sus pies estaban en el suelo. Podía ver sus alas detrás de ella, inmóviles, transparentes pero muy detalladas. Eran claramente de libélula. Había visto un montón de ellas merodeando por el lago, pero ninguna con un tamaño tan grande como ella.

Intenté balbucear unas palabras, pero fui incapaz. Ella, curiosa como se le podía ver en los ojos, se presentó.

- Buenos días, me llamo Erzo. Creo que te he asustado.

Me disculpé con la mirada, y al final reuní el valor de presentarme tan bien como pude.

- E… En… Encantada… Me llamo Arete. Y… sí… Me has asustado.

Ella, cordialmente, me preguntó el motivo de mi miedo, y a trompicones le dije que volaba. Se puso a reír.

El zumbido volvió, vi como sus pies dejaban de tocar el suelo, y en un acto reflejo, la empujé lejos de mí. Horrorizada, la miré. Estaba sorprendida por mi reacción. Le pregunté porque había hecho eso.

- Porque no puedo creerme que alguien tenga miedo a una Sílfide. Somos las ninfas más afables y es difícil encontrar a alguien con un terror tan irracional a nosotras.

Le contesté como pude.

- No… No te… No te tengo miedo a ti, sino… a… a que vueles.

Poco a poco volvió a dejar sus descalzos pies en el suelo, me tranquilicé un poco, pero no bajé la guardia. Podía atacarme en cualquier momento y yo lo sabía.

- Entonces te pido disculpas. Si no es de mala educación, ¿puedo preguntarte qué eres?

Le dije que era una Ondina, que ese día había decidido marcharme a buscar el mar, y que no esperaba encontrarme compañía. Ella me preguntó si me podía acompañar, que necesitaba llegar al otro lado de la montaña, y que un poco de compañía siempre iba bien. Accedí a regañadientes. Aún sentía el terror recorriendo todas las venas de mi cuerpo, mi corazón aún palpitaba desenfrenado y mi respiración aún estaba acelerada. Solo le puse una condición:

- Mientras estés a mi lado, no puedes volar.

Se echó a reír, escandalosamente, pero accedió. Me contó que, si no podía volar, necesitaba caminar despacio e ir haciendo paradas más a menudo ya que se cansaba mucho más deprisa. Las dos nos dimos la mano, en señal de pacto.

Una vez bajada la montaña, yo seguía mi camino hacia el oeste, pero ella no. Así que nos despedimos, y cuando me dio la espalda, se puso a volar otra vez. Solté un grito ahogado, ella se giró, se rió de mí, y se fue volando. Un escalofrío recorrió toda mi espinada, se me pusieron los pelos de punta y decidí apartar la mirada. Tenía la garganta seca, así que bebí un trago del agua que llevaba en mi bolsa de lino dentro del frasco de cristal, y volví a reanudar la marcha.

Ese fue el primer episodio de mi aventura, y ya os lo puedo asegurar, no fue nada agradable. Pensé por un momento que el miedo a los seres que vuelan había desaparecido, pero no estaba más que equivocada.
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Re: Miedo

Mensaje por Señorita X el Dom Mar 19, 2017 10:34 am

Un hijra sencillo, pero correcto y bonito. Veo que se le da bien el asunto. Daré por cerrado el hijra. Cuando corrijamos la ficha, le daré color.


Un saludo
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