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Camino al sol.

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Camino al sol.

Mensaje por Gula el Mar Abr 04, 2017 4:47 am



Loc Lac, una ciudad bastante movida y activa, como los extranjeros la denominan “El peaje al desierto”. A pesar de tener una economía activa y un mercado en el cual puedes encontrar casi cualquier cosa… Lo que no encuentres ahí lo puedes buscar en los vendedores apostados en las afueras de sus murallas puedes encontrar de todo con ellos, incluso la muerte. Dentro de la ciudad se puede encontrar entretenimiento a toda hora, la estación de deslizadores está abierta a toda hora para viajes, diurnos como nocturnos los aeromantes empujaran las velas de estos barcos de las arenas con toda su energía y transportaran cualquier paquete siempre y cuando pagues por adelantado; al igual que el mercado de la ciudad trabaja corrido, posadas, tabernas, casas de placer para todos los gustos y estafadores artistas callejeros en cada esquina, llenando los callejones color rojo  los callejones.

Entre todas los sitios de esta ciudad no podemos dejar de nombrar la bien conocida taberna del gremio Laochra na Fear -Héroes del Miedo- llena de cazadores de bestias, aventuras y tesoros de todos los tipos administrada por el buen Tulio. Dueño de la taberna líder en las sombras del gremio. Aunque durante el día está vacía pues estos héroes -O la mayoría de ellos- prefieren llevar a cabo sus cacería mientras el Sol aún está en el firmamento ya que por las noches nada divierta más que beber y contar las historias de aquellos que arriesgan sus vidas a diario para poder pagar un poco de cerveza, sabiendo que otros -destinan su dinero a placeres o vicios más oscuro- disfrutan a su manera todos se reúnen en las noches pues es el único momento donde se ven las caras y organizan equipos para las misiones que el desierto depara.

Pitch estaba como siempre en la barra bebiendo un poco de Cocuy con jugo de naranja. Tulio, poniendo siempre uno de sus ojos en él notando el aburrimiento decide comunicar la misión importante del día de mañana.

-Bueno señores. ¿Quien quiere ir a buscar el sol mañana? -Exclama el viejo con voz fuerte mientras en todos en la barra levantan sus tarros y salpican el licor de un lado a otro y gritan para ser elegidos. -Pues entonces más les vale colocarse sus turbantes para la arena pues… -De pronto, un extraño antropomorfo abre la puerta con fuerza silenciando la taberna captando la atención de todos en esta pues, su notoria apariencia de reptil y sus ropas de etiqueta burguesa no es algo que se vea todos los días entrando a un bar a esas horas.



-Tulio, veo que te me has adelantado… Bueno, de todas formas como decía el caballero pagaré 150 kulls de oro y alguna otra cosa a quien escolte una caravana durante 5 día hacia Prados de Fuego en perfectas condiciones. -Dijo el acaudalado hombre-reptil gordo y dorado. A pesar de que la paga era buena la multitud seguía en silencio y se bufaban por el coste.

-Yo puedo hacer eso en un día, lagartija. -Decía alguien en una esquina.

-Yo mientras voy al baño. -Dijo otros y todos empezaron a reírse a carcajadas y seguir la celebración. El noble con su cara sin alterar y mirando con indignación a las personas esperaba sus nuevos escoltas. A los 5 minutos el reptil dió media vuelta para retirarse pero unas voces valientes -O muy estúpidas- lo detuvieron.

-Yo puedo ser un buen guardaespaldas. -Dijo la boca de Pitch con voz demoníaca. El humano se maldijo por no poder controlar su boca.
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Re: Camino al sol.

Mensaje por Elycan Velldrack el Miér Abr 05, 2017 8:40 pm

"Pronto estarás en Zheroker, por el momento descansa, joven viajero", me dijo aquel hombre, enjuto de rostro y con ropas que le colgaban como si de harapos se trataran. Supongo que sucedería eventualmente; no todas las personas son de fiar en este mundo. Me había despertado el intenso calor del sol, ya no estaba en una carreta con un cómodo saco de dormir; ahora estaba encerrado dentro de una gran jaula, unida a una carreta, que era a su vez conducida por un gordo calvo que tiraba de las correas pertenecientes a su caballo. "¿En qué clase de lío me metió el otro tipo?", pensaba en mi mente confundida mientras buscaba la forma de salir de aquella jaula. Pero hey, no me había dado cuenta del extenso territorio arenoso por el que pasábamos.

─Así que despertaste ─mencionó el calvo al momento que daba un sorbo de agua a su odre de cuero─. Comenzaba a pensar que habías muerto.
─¿Qué estoy haciendo aquí? ─interrogué, acercándome al calvo y pegándome a los barrotes de la jaula─. Se supone que debería estar en Zheroker.

El hombre lanzó una carcajada al escuchar mis palabras, entonces guardó su odre y se agachó hacia la izquierda; permitiéndome observar mis posesiones: Mis espadas y el collar que mi padre me regaló. Las espadas no tenían mucha importancia, era el collar lo que en verdad me llenó de frustración. Estiré mi mano derecha fuera de los barrotes, intentando llegar al collar; pero fue un intento inútil. Llevé mi vista hacia las esquinas de la jaula, dándome cuenta de que el uno de los tornillos de la esquina inferior derecha, estaba desajustado, y gracias a los movimientos de la carreta, terminó por salirse de su lugar. "Bien, bien, aquí vamos".

─Oye, se te salió un tornillo.
─¿Qué dem... ─la interrogante del calvo fue interrumpida por mis brazos, los cuales empezaron a aplastar su cuello contra uno de los barrotes de la jaula.

Después de una serie de forcejeo y peticiones, logré obtener la llave que me sacaría de la jaula. El hombre cayó a la arena mientras intentaba recuperar su aliento perdido. Para suerte mía, logre abrir la jaula a una velocidad apropiada para tener tiempo de escapar con mis pertenencias. Aquel hombre soltó las cuerdas de su caballo y lo montó, empezando así con su deseo de quererme de regreso en la jaula. Corrí lo más rápido que mis pies me permitían. Pero mi vida está acostumbrada al bosque, no al desierto. La pesada arena hizo que me cansara casi al instante, y aquel hombre liberó de su cinturón una filosa daga que brilló al reflejar la luz del sol en su acero. Desenvainé mis espadas y repelí el primer ataque. El calvo dejó su estómago desprotegido, y yo al ver la oportunidad, lancé una estocada hacia aquel punto, manchando así el lomo del caballo con la sangre de su jinete muerto. Me alejé del caballo por unos momentos para tomar aire y limpiar la sangre de la espada ensangrentada. De repente, una sombra me cubrió; se trataba de un gran globo a motor. "Debe dirigirse hacia algún punto donde haya gente".

Me vi entonces, después de mucho caminar con un caballo que raramente me seguía, en la ciudad de Loc-Lac, sonreí feliz de saber que no moriría solo en un desierto con nada más que un caballo. Recorrí entonces los diversos puntos de la ciudad, buscando a alguien que me ayudé a salir del desierto para así emprender el camino a Zheroker. Pero todos pedían una gran cantidad de dinero que yo no poseía. "Quizá deba descansar un poco", pensé dirigiéndome a la famosa taberna de Laochra na Fear, en donde vi a todos esos fuertes héroes bebiendo y contando historias. Fui sin mirar a nadie hacia el segundo piso, en donde pedí una habitación con los pocos kulls que tenía. Saqué de mi mochila los ingredientes necesarios para hacer una poción de adrenalina debido a mi extremo cansancio. Después de beber unos sorbos y descansar, bajé al primer piso, y antes de terminar de bajar las escaleras, observé a un antropomorfo que pedía un recado por una muy buena recompensa. No pensé muchos segundos, y al terminar de bajar las escaleras, levanté mi mano diciendo:

─Yo me ofrezco.
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Re: Camino al sol.

Mensaje por Cynertryth D. Mosshart el Jue Abr 06, 2017 12:39 am

Tan pronto llego a Loc Lac anticipo el martirio que significará el sacarme y luego volver a enfundarme en estos entallados pantalones de cuero. Siento como si las piernas se me cocinaran dentro, pero no eso evita que recorra con la mirada asombrada el paisaje extrañamente urbano. Con una mano me tapo el sol mientras con la otra aprieto mis cristales contra los ojos para que su opacidad me proteja del inclemente Sol. Me afirmo luego el sombrero y despliego las alas para liberar calor. Rápido, el viento cálido del desierto me invita a inmolarme.

Loc Lac es todo y más de lo que había imaginado y ciertamente las historias sobre el lugar se quedan cortas. Es un lugar cosmopolita. Sede de todas las razas y cada una tiene su lugar en esta ciudad. No están divididos pero tampoco juntos. Es una distribución improvisada pero inteligente. La ciudad no parecía haber sido pensada para tanta grandeza y parecía que fue la necesidad la que obligo a Loc Lac a crecer de tal forma; y sin embargo, todo parecpia en orden y hermoso. Si algo tenía de bueno la gente de las arenas era que hacían excelentes y hermosas construcciones, llenas de arcadas y adornos, y dinteles decorados. Cada marco de puerta era una obra de arte. Sus cúpulas doradas brillando como el Sol y sus torres cilíndricas y blancas adornadas con vaporosas sedas y estandartes.

Un mercader humano con delgada barba estiraba las alfombras haciéndolas girar en el aire, como si estas volaran. Si algo más tenía de bueno la gente de las arenas, es que sus telas y sedas eran las más exquisitas. Ligeras para andar, abrigadoras en las frías noches del desierto y frescas en el día. Las mujeres bailarinas encantaban a los espectadores con sus hipnóticos ojos, el movimiento de sus caderas y el suave vuelo de sus sensuales ropas, que como pluma en el viento se mecía con la suavidad de una caricia.

Si una cosa sabían hacer bien los hombres de las arenas era a los hombres. ¡Qué hombres! Debo decir que a juicio propio, no los hay tan hermosos como éstos. Su piel de cobre, con sus barbas tupidas y cerradas; esas cejas gruesas y fuertes que se cierran como alas de águila sobre la firme nariz, recta y cuadrada. Y esos ojos, ojos de vitral que parece estallar en colores imposibles.

Pero lo mejor, sin duda que tenía la gente de las arenas, y en particular la gente de Loc Lac, era el hashish.

Había llegado hacía unos 30 días a la ciudad y lo primero que hice fue asegurarme de pasar por el martirio de esta ropa. Así que recorrí los mercados hasta llegar al puesto de una divium. Como he mencionado con anterioridad, la multiracialidad de la ciudad se veía reflejada perfectamente en los mercados, donde era posible encontrar tanto elfos como humanos o diviums vendiendo mercancía apropiada para cada raza, entre ropa, comida y hasta armas y artículos religiosos. Si bien no estaba totalmente convencida de cambiar mi ajustado estilo por uno más holgado, la comidad y practicidad de la ropa era simplemente irresistible.

Habiendo solucionado ese primer problema, busqué una posada. No tenía intenciones de quedarme en una sucia posada de mercenarios; así que me instalé sin problemas en una elegante posada. Era una construcción de piedras blancas con hermosos arcos en el zaguán; y un opulento jardín interior. Las habitaciones rodeaban el jardín que parecía desperdeciar agua en sus fuentes y verde en sus plantas. Y sin embargo, todo estaba justamente medido y ese derroche en realidad, era una manera inteligente de aprovechar los limitados recursos potables con los que contaba la ciudad.

Si bien había venido a Loc Lac por que había oído rumores sobre su vasta biblioteca, no fue ese mi primer destino importante. Sino que fue por casualidad que recorriendo la ciudad a pie, me encontrara con un grupo de músicos callejeros. Música, otra cosa que por demás está decir que es algo que también sabe hacer la gente de las arenas. Eran un hombre tocando un extraño laud, otro haciendo el ritmo con un par de tambores estilizados de tal forma como un reloj de arena y una mujer danzante, con una serpiente enrollada en su brazo y haciendo sonar un par de discos de bronce que luego sabría, eran llamados “crótalos.”

Toda la sensación resultaba embriagadora. El ritmo armonioso y cálido de los músicos en conjunto con el hipnotizante y sensual baile de la mujer hacían del espectáculo algo imposible de dejar de ver. Pronto, comencé a registrar las notas del laúd y mi mirada se perdió en el movimiento vertiginoso de los dedos del músico. Al final la gente se había marchado luego de arrojar algunos Kulls sobre un pañuelo tendido en el suelo, pero yo permanecí. Los músicos me invitaron a cooperar con monedas, pero yo no estaba interesada en darles dinero, sino en su música. Aposté con el hombre del laúd que si era capaz de tocar la misma melodía, yo me llevaría el dinero, y si no, les daría la misma cantidad de monedas que tenían en total.
El hombre del laúd sonrió y me tendió el instrumento. Luego un par de minutos para memorizar el sonido individual de cada cuerda, comencé a repetir el ritmo y los tonos de la melodía. Los hombres se quedaron boquiabiertos ante la demostración, y aunque fallé algunas notas, parecían complacidos que un extranjero pudiera tocar aquella curiosa melodía. No pagué mi deuda como había sido acordado, sino que invité la primer ronda de licor.

Era un licor destilado de dátiles, con un sabor dulce y con frutas, y mientras los vasos se iban vaciando la plática fluía agradable. Fue pues, que me invitaron a probar de hashish

Ciertamente no había perdido mi capacidad para meterme en problemas y situaciones autodestructivas. Llevaba 30días en Loc Lac y había ido a la biblioteca en al menos 10 y el resto… el resto lo había pasado en la taberna de “El Loco” competiendo la Shisha con poetas, cronistas y músicos. Tenía unos 5 días que no me cambiaba la ropa y el dinero se me estaba escurriendo como arena en las manos.

Afortunadamente un asqueroso panzón llegó ofreciendo a la taberna una pequeña fortuna por acompañar una caravana.
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Re: Camino al sol.

Mensaje por Vanidad el Vie Abr 07, 2017 4:12 pm

Loc Lac, era una ciudad curiosa, con características que la hacían destacar, muchísimo, por encima del resto de ciudades que la diablesa había visitado, salvo, puede, por Zalmia. Incluso sus habitantes eran ligeramente diferentes, con una cantidad de aventureros inusualmente alto, cortesía de los gremios locales. Puede que un clima duro criara a gente dura, o que estaban lo suficientemente aislados como para que nadie se molestara en arrasar ese peligroso nido de criminales y mercenarios. Fuese cual fuese el caso, la diablesa estaba encantada. Había llegado hacia unos pocos meses, momento en el que había ido cogiendo trabajos esporádicos aquí y allá, defender caravanas, exterminar arañas, devorar bandidos… bueno, puede que algunos hubieran sido solo un hobby, en cualquier caso, la ciudad ofrecía suficiente trabajo, tranquilidad y comida razonablemente exótica como para entretener a Luzbel al menos unas semanas más.

En estos momentos se encontraba en Laochra na Fear, nombre que pronunciaba sorprendentemente bien para ser una extranjera, cortesía de su plurilingüismo. Tenía una habitación encima, pero estaba en el piso de abajo, con toda la sarta de cazadores de bestias, aventureros, agua y lo que fuera, todos y cada uno de ellos hacia lo que fuera por dinero, no tenía la más mínima duda, ella incluida. Pero la diablesa se consideraba diferente a ese atajo de brutos. Ella no necesitaba el dinero, solo disfrutaba la emoción, la excusa para matar a algo y coleccionar algún alma más. Con su vestimenta negra como la noche y su capa blanca inmaculada (había dejado su capa roja y su manto blanco en la habitación y se había decidido por una única capa blanca, mucho más práctico para evitar ir cubierta de capas como una cebolla) destacaba claramente por encima de la gama de grises y marrones que predominaban en ese ambiente desértico.

Estaba sentada, tranquilamente, comiendo un estofado mientras le daba de vez en cuando un pedazo a su wyvern, Tenebra, que soltaba cada vez un gruñidito extasiada entre los pliegues de su capa, donde se había escondido al ver a tanta gente. Compartía la mesa, pero no les prestaba el más mínimo caso a los otros mercenarios, había desconectado en cuando habían empezado a hablar de batallitas, la mayoría de las cuales habían sido inventadas, sin duda. Solo levanto la vista cuando una jarra de cerveza cayo pesadamente ante ella, como si alguien la invitara a una copa. A veces pasaba, alguien que pensaba que podía tener suerte contando alguna batallita inventada de como había matado a un dragón, pero que salía corriendo al ver a su pequeña compañera escamada, pero ese no era el caso.

-Este es mi sitio.- Un hombre que debía medir al menos dos metros, musculado a juzgar por sus brazos al descubierto, lo miraba con cara de pocos amigos.

-Suena un montón a tu problema…- Y siguió comiendo como si nada. Ese hombre cometió el error de agarrarle el brazo, para intentar sacarla por la fuerza. Muy mala idea.

Saco la mano como si se hubiera electrocutado de inmediato, en cuando la diablesa poso los ojos en él. Unos ojos que, de manera muy similar a como los de un súcubo prometían una noche de diversión, prometían una eternidad de sufrimiento. –Buen chico, ahora ve a pedirme una botella de leche, invitas tu.- Se había perdido la atracción del momento, un lagarto, un woe técnicamente, que quería mercenarios para escoltar una caravana… podía hacer eso, y no tenía trabajo en ese mismo momento, de manera que cogió la botella que el hombre acobardado le ofrecía y se levantó, con el plato de estofado limpio para apuntarse a su nueva aventura.
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Re: Camino al sol.

Mensaje por El Cazador el Dom Abr 09, 2017 2:24 am

El sol era como un hierro al rojo. El cielo, una manta celeste inmaculada. Un punto negro lo surcaba como una flecha en la lejanía, parecía ser una gran águila, o quizá un grifo.
__Abajo, dunas y dunas, como lomos de dromedarios. Un mar de arena forjada por el viento infinito. Un mundo árido, sin compasión ni remordimientos. Con sus propias reglas y sentencias.
__A lo lejos, un carro avanzaba a buena velocidad por la espalda del desierto.
__Madera vieja y dura, cubierta con toldo de tela raída, tirada por un camello tan acostumbrado a trayecto que ni siquiera necesitaba que sujetaran sus riendas. Sentados en su interior había tres hombres.
__Uno de ellos, de grasiento cabello negro, se aferró a un laúd gastado, excitado, miró con ojos lujuriosos a los otros dos. El segundo llevaba un sombrero de piel de liebre, un poncho verde de lana del Storgronne. Sus alas eran negras, excepto en donde nacía la izquierda, donde una mancha blanca predominaba. Un mestizo, mitad divium, mitad hombre. Por completo asesino. Sus ojos eran desapasionados, taciturnos y lejanos. Tenía las manos en el cuello del tercero.
__El tercer hombre trataba de zafarse, pero se encontraba atado de pies y manos. Sus ojos verdes se apagaban poco a poco. Reflejados en ellos, El Cazador se reconoció. Apretó más fuerte. El tercer hombre abrió la boca en una mueca horrible y sacó la lengua. Tenía un diente de oro, el cual brillaba gracias a un haz de luz que se colaba por el toldo y llegaba justo en su rostro.

Ser asesino a sueldo es un trabajo que deshumaniza. Más temprano que tarde comienza a importar poco ver cómo se apaga la vida en los ojos de un hombre. Más temprano que tarde el «Vivo o muerto» se transforma en simplemente «Muerto».
__El mestizo retiró las manos. En su rostro apenas se reflejó alguna emoción. El cuerpo sin vida del tercer hombre cayó hacia un lado, su boca quedó abierta. Parecía burlarse de los otros dos con aquella mueca, como si hubiera oído a la muerte tararear una broma.
__El hombre del laúd se pasó la lengua por los labios. Sonreía. Dejó de abrazar el laúd, se pasó las manos por su ropa gastada y remendada, le sudaban las palmas.
__Me gusta tu actitud, divium. —Dijo de pronto—. Contigo no hay medias tintas. No das una tercera oportunidad.
__El hombre no le aclaró que de hecho era mestizo. Su metro setenta parecía ser suficiente explicación. Sacó un cigarrillo de su camisa y comenzó a buscar fuego.
__Sabes —dijo el hombre del laúd. Se echó el cabello suelto hacia atrás y comenzó a afinar su instrumento. Las uñas de su mano izquierda eran largas. Era un músico a todas luces, uno de los malos—, eres lo segundo más raro que he visto el día de hoy. Antes de...
__El hombre encontró su encendedor, un pequeño aparato metálico que abrió por la mitad. El hombre del laúd se quedó en silencio cuando vio una pequeña llama elevarse y desaparecer. El cigarro estaba encendido. El mestizo le dio una calada y soltó el humo. El hombre del laúd se aclaró la garganta, su sonrisa se había esfumado, pero volvió a florecer. Rió por lo bajo y apuntó con su dedo al asesino mientras asentía.
__—... Definitivamente te has ganado el primer lugar. —Dejó de afinar y se recostó sobre el asiento, levantó una pierna y buscó la mejor posición para comenzar a tocar—. El segundo lugar se lo llevó nada menos que un par de antropomorfos que hallé antes de que me encontraras. Eran dos enormes hormigas, amigo. ¡Unos malditos insectos casi de mi tamaño! —El músico estaba emocionado, pero al mestizo parecía no importarle—. Buscaban un Trosk. ¿Sabes qué demonios es un Trosk? —Añadió. El Cazador negó con la cabeza, aspiró el cigarrillo y soltó el humo—. Yo tampoco tengo idea. Pero aquí entre nos, su acento era horrible, el peor intento de lengua común que he escuchado.
__El mestizo se comenzó a relajar, apoyó su espalda contra la tela raída, sus alas se encontraban bien recogidas.
__El hombre del laúd soltó un acorde, se encogió de hombros.
__Quizá no les entendí bien. —Dijo casi para sí—. En fin. Me has recordado una canción.
__Soltó otro acorde, un re menor. El mestizo recordó el lejano sonido de un piano, el re menor siempre le sonaba a tristeza.
__¿Puedo...?
__El Cazador asintió.
Play.


__La canción no llevaba voz, era una melodía árida y rasposa como el desierto. El desierto que lo había criado y visto crecer. El mestizo se dejó llevar por la música. Recordó momentos de su niñez, de su madre y hermana. De su padre. De pronto abrió los ojos y miró a su lado. Se sintió mal por haber matado al tipo. Había intentado huir dos veces, la tercera, como le había advertido, iba a ser la última.
__Un hombre debe ser fiel a su palabra.
__La música dejó de sonar. El Cazador se recompuso. Sus ojos estaban tristes. Extrañaba a su perro.

La ciudad no ofrecía nada nuevo. Adoquines llenos de polvo y arena, palmeras bailando al son del viento, edificios erosionados. El carro se introdujo por sus calles, indolente ante las miradas. Se detuvo frente a una taberna amplia y bien dispuesta en la avenida.
__Gracias por el viaje. —El músico se bajó de un salto. Hizo de visera con la mano y miró la taberna detenidamente—. Bonito lugar. ¿Sabes si tienen músico de planta? —El mestizo no respondió—. Oye, déjame invitarte una copa. Como compensación por el haberme rescatado. ¿Qué te gusta beber?
__Con dos movimientos, el mestizo sacó al muerto del carro envuelto en una alfombra. Se lo cargó al hombro.
__¿Vino de pintatani? ¿Atrapanieblas? —Invitó el músico.
__Pensé que eras pobre. —Le respondió el mestizo con los ojos entrecerrados.
__Tengo Dominio Avanzado en Labia. —Respondió el hombre del laúd. Sonería con aplomo—. No importa la taberna, puedo conseguir el cincuenta por ciento de las copas que invite la clientela, más propinas. ¿Qué dices?
__El Cazador lo sopesó un segundo.
__Regreso enseguida.
__En vez de entrar por la puerta principal se dirigió a las escaleras que descendían. Cinco minutos más tarde estaba en el primer piso, con dinero en el bolsillo, y el músico a su lado.
__El hombre del cabello negro y aceitoso pasó por entre las mesas y habló con el tipo tras la barra. El Laochra na Fear era un sitio sórdido, de vez en cuando llegaba un músico a tocar, pero siempre duraba poco. Los mercenarios suelen ser unos tacaños hijos de puta a menos que estén borrachos, pero la posibilidad de recibir una moneda o una puñalada es casi siempre la misma.
__El mestizo barrió la taberna con la mirada, una persona desentonaba. Un woe orondo y bien vestido. El Cazador se acercó a una mesa y le preguntó a un enano quién era ese.
__Un reptil haciéndose el chistoso. Ofrece ciento cincuenta monedas doradas por cinco jornadas hacia Prado de Fuego.
__Nadie se mofa de los mercenarios del Laochra na Fear, pensó El Cazador. O está loco, o está terriblemente desesperado. Sacó un cigarro de su chaqueta y lo encendió.
__El enano le dijo que ya habían aceptado el trato cuatro personas y las apuntó con su nudoso dedo. Carne de cañón. El hombre era un blando. El muchacho de las escaleras era apenas un crío. La divium una grogui. La albina… hermosa. Pero el Prado no estaba hecho para mujeres hermosas.
__El músico hizo una seña desde la barra. El Cazador avanzó hasta allá, con sus grandes alas bien recogidas para no estorbar. Al pasar al lado del lagarto le habló con un tono bajo, pero serio.
__Cincuenta monedas antes de partir. El resto al terminar el viaje.
__Al llegar a la barra le sirvieron un Atrapanieblas en vaso de piedra. El músico le guiñó un ojo y se dirigió a una silla al oeste de la sala, se acomodó y comenzó a tocar el laúd.
__El hombre tras la barra analizó con ojo crítico una pepita de oro. Parecía un diente. Lo mordió y se lo echó en el bolsillo.
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Camino al sol.

Mensaje por Suwan Edhri el Lun Abr 10, 2017 3:21 pm

OFF: He vuelto a pasarme un poco de extensión.
LEYENDA:
Suwan
Ruymah
Jaskier
Posadero
Cursiva: Dialecto drow entre Suwan y Ryumah


ON:


El entretiempo se había presentado sin que apenas lo presintiera. Los nuevos brotes cubrían las ramas y arbustos y las flores comenzaban a desperezarse con el albor de la mañana. A la drow le sentaba bien la temporada estival, la caza era abundante y le llenaba de energía como para aventurarse fuera del pantano.


En esta época soleada, era algo decepcionante el paisaje decrépito y oscuro del bosque de nenúfares en las zonas más profundas, es decir, las que frecuentaba Suwan. Al amanecer, en pleno auge y esplendor de la naturaleza boscosa, decidió partir hacia Maletta. Le gustaba aquella ciudad, pues en ciertos momentos del año el bullicio alegre de los mercaderes y las personas ajetreadas y felices con sus vidas le hacían recuperar la fe en su aspiración vital. Observaba a los niños corretear por las calles, libres de obligaciones mayores, exultantes de alegría y gozo, y disfrutaba viendo la tierna niñez, con la añoranza de haber vivido algo así, aunque solo fuera una burda mentira.



De camino a la ciudad, paró en un par de puestos, siempre oculta tras su máscara y su capa aunque esta vez se echó a los hombros la capa ligera y dejó en las alforjas la armadura. Si la necesitaba, no creía que fuera de un momento a otro así que podría pasar unas horas libre del cuero que le oprimía e incomodaba con el calor. La camisa amplia y las calzas anchas le hacían sentirse más ligera, sentía que podía respirar con tranquilidad aunque la máscara le acalorara e hiciera sudar.
Sin prisa, pero sin pausa, continuó su camino durante la jornada, sintiéndose en armonía con el mundo, por irónico que pareciera. Se encontró en el camino con numerosos viandantes, mercaderes, caravanas y alguna que otra troupe, quienes pasaban cerca suyo sin apenas percibirla. Una vez en Haltesse, dejó a Sardinilla y continuó a pie, dio un par de vueltas por el mercado, buscando puestos de comida fresca, como verduras y frutas jugosas. Hacía tiempo que no probaba ese tipo de comida, y le apetecía bastante. Cuando acabó las compras, se dirigió hasta la taberna más cercana y se acercó al posadero.



- Buenas, ¿Quedan habitaciones para esta noche? – El posadero, a pesar de las buenas formas con las que preguntó, le miró reticente. Señaló hacia la máscara y respondió con un gruñido. – No puedo quitármela. Es por seguridad.



- Pues entonces no hay habitaciones libres, no damos cobijo a fugitivos. – Sin más discusiones decidió ir a otra taberna cercana.



Después de cuatro tabernas en las que le habían negado la habitación, con más o menos educación llegó al local “Siete Cascos”. Era un antro de mala muerte, aunque parecía más acogedor por dentro de lo que uno esperaría encontrar al ver la entrada cochambrosa. Esperó para hablar con un tabernero, que tardó en atenderle lagos minutos. Realmente, la ocupación del  hombre consistía en refrotar un trapo mugriento en el interior de una jarra de cerveza, como si esperara limpiar algo con él. El fuerte olor del local le daba escalofríos aunque no era tan repulsivo como el de la posada anterior. Se contuvo para no gruñirle, le costó, pero al final lo consiguió, y amablemente trató de llamar su atención. Se percató de la incomodidad del hombre y volteó la cabeza en busca de gente en el salón principal. Sólo vió a un tipo extraño, encapuchado, que bebía de uno de los vasos traslucidos previamente “lavados” con uno de los trapos grasientos del regente.


Pudo ver un mechón de pelo blanco sobresaliendo entre los pliegues de la capucha cenicienta y le sorprendió. Sigilosamente se acercó al individuo y habló en voz profunda y grave. Tenía una corazonada y quería comprobarlo.


- “Bienaventurado, viajero de la noche.” – El sujeto dejó su brazo en suspensión cuando el borde del vidrio rozó sus labios. Con mucho esmero en sus movimientos, apoyó de nuevo el tercio en la madera engrasada de la barra y se giró. Unas pocas vendas cubrían la cara del desconocido, pero un brillo rojizo se atisbaba en la penumbra.


- “Ven conmigo, hija de las sombras” – Hasta había reconocido su sexo. No cabía duda, tenía razón. Caminó detrás del otro encapuchado, y ambos, en hilera, salieron por la puerta trasera. Una vez en el callejón trasero, se volvió hacia ella y descubrió su faz. Era un extraño drow, no reconocía ciertos rasgos en su raza y comenzó a analizarle mientras le miraba fijamente. Los ojos eran más rasgados de lo habitual y su tez estaba tiznada de un tono rojizo. Era un mestizo interesante, algo impropio y seguramente su existencia era dura. Las largas orejas eran de un tono carbón muy interesante, pues los degradados de su piel, compuesta por grandes manchas desiguales hacían parecer que su piel ébano de drow ardía. En el hueco del cuello ubicado entre la clavícula, una pequeña llama comenzó fugazmente. Maravillada por el extraño mestizo que se acababa de encontrar, prestó atención a todos los rasgos de drow que se marcaban por encima de los de la exina. El pelo blanquecino y las orejas eran los más predominantes, además de los ojos rojos y los rasgos élficos, al margen de la deformación de los mismos, al mezclarse con los de la ninfa del fuego. – “Sorprendida por mi aspecto, ¿Verdad”


- “Ciertamente” – El hombre le miraba, ambos evaluando las posibles acciones del contrario. – “Jamás había visto tal mezcla de sangre”.


- “Eres una pura, pero no te muestras ante mí.” – Suwan se retiró entonces la máscara, pues no se había percatado de su ocultación, ya que el reconocimiento del individuo le había descubierto sin siquiera ver su rostro. – “Ya veo, eres una rechazada, normal con tu aspecto” – El apunte que hizo le dolió, pero no mostró sus sentimientos. – “No tenemos por qué avergonzarnos, la ocultación de nuestra identidad es clara para sobrevivir en estas tierras inhóspitas, no quiere decir que seamos unos malditos como el resto.” – Quedó clara su rabia contra la raza drow, parecía que tampoco había sido aceptado entre los “nuestros”. – “Acompáñame… Seas quien seas, creo que te estaba esperando.”



Sin entender muy bien qué quiso decir, cubrieron los rostros y recorrieron media ciudad a través de callejones y avenidas poco transitadas. Después de escasos minutos se encontraban en la parte trasera de una casona ostentosa en el centro de la urbe. La impresionante construcción estaba compuesta por una nave central y dos alas en cruz. En una primera instancia, vio los jardines de setos ornamentados y paseos de grava blanca, con fuentes de las que fluía agua clara y un gran portón trasero. Reconoció el edificio como el de un mercader o un noble, algún cortesano bien posicionado, pues las columnas salomónicas que sostenían en pequeño porche, de fuste helicoidal de seis vueltas y basa adornada con vegetales, terminaban con capiteles compuestos, presidiendo de una forma no poco humilde la parte menos vistosa del lugar. Estas columnas precedían a una portada de arquivoltas contenidas en un arco de medio punto. La puerta de madera maciza, simple y oscura, se abrió con un ruido sordo por el uso continuado. Un humano, vestido con gran pompa y acicalado hasta las botas apareció bajo el umbral de la puerta. Sonriente, recibió al cruzado estrechándolo entre sus brazos y se colocó frente a Suwan. Daba la impresión de ser un tanto presuntuoso y su olor le molestaba, pero le agradó la forma en la que le estaba observando.


- Oh, Ryu, no me digas que me has traído otra proeza de la naturaleza. – “Proeza de la naturaleza… ¿Quién?¿Yo?. – Venga, mostraos, ahora vendrá Cale a servirnos un frugal almuerzo, no podemos descuidar la figura ¿verdad? – Que hombre más extraño, pensaba Suwan para sus adentros.


- Jas, ¿No crees que nuestra invitada estaría más cómoda en un sitio más… discreto? – Le había puesto nerviosa al mencionar que tenía que mostrarse. No tenía idea de cuál era la finalidad al estar allí, pero tenía curiosidad y eso era un de los móviles más poderosos para ella


- Qué poco considerado soy, discúlpeme… señorita. – Con un saltito jovial y una palmadita infantil se dio la vuelta y penetró en la casa. Era un hombre extraño de verdad, extravagante en cierta medida y algo estrambótico. El jubón rosa del tal Jas desapareció en la oscuridad de la puerta y les llamó.


- “No le tengas estas cosas en cuenta, es buen hombre aunque lo que mejor se le da es meterse en apuros. Confía un poco, lo que te propondrá quizás te interese.” – Como no tenía qué perder, entró tras ellos en la opulenta casa.


- “Espero que vuestras intenciones sean justas y limpias, “Ryu”, no soy muy condescendiente con los estafadores” – Mencionó el nombre del individuo con un cierto deje de desdén, estaba molesta por no haber hecho unas presentaciones más correctas.


- “Hm, no temas por eso, no somos estafadores, pero tampoco nos gustan las amenazas” – Había querido oír una amenaza, estaba claro, pero no lo era. Ella no amenazaba a nadie.


- “No es una amenaza, es una advertencia, no quiero problemas, hoy hace un día magnífico y quería disfrutarlo” – Una risita húmeda salió del pecho de Ryu cuando llegaron ante “Jas”.


- ¿Así está a su gusto? – Asintieron con la cabeza. – Bien pues, poneos cómodos. Tenéis encima de la mesa todo lo que gustéis comer, las mejores y más cotizadas delicias de esta parte del mundo. – “Pedante”.


Ryu mostró su cuerpo sin reparos, y ahora, totalmente descubierto, se dio cuenta de la maravilla de mezcla que había surgido. Era realmente intimidante, de sangre compuesta por dos de las razas más temidas por los humanos, y ciertamente de otras especies, unidos en su genética. Sus músculos se veían bien definidos, hinchados por el ejercicio y la actividad física, y su cara, hermosa y angulada, denotaba la belleza de uno de los progenitores. Vestía bajo la capa con unas calzas de tiro caído sujetas con un fajín en la cintura baja directamente sobre la piel. En el torso sólo llevaba un chaleco de cuero abierto, dejando ver sus evidentes abdominales trabajados con esfuerzo durante años. Estaba a gusto sin la capa, se le veía cómodo con el hombre extraño, quien tampoco le miraba con odio… sino con admiración. Se había sentado en una ostentosa silla tapizada en telas rojas y sólo observaba con una extraña mueca en la cara, quizás de deseo, o de absoluto embelesamiento ante el drow exina.


Suwan se quitó la capa y la máscara de espaldas a “Jas”, las acomodó en un perchero de pie junto con las prendas de Ryu y se giró con una sensación de libertad única. El cortesano contuvo la respiración y se levantó como un resorte. Suspiró y soltó una carcajada de incredulidad. Se frotó  la cara con las manos y dio vueltas a zancadas con aspavientos extraños. Suwan arqueó las cejas y trató de ignorarle. Se dirigió hacia la mesa mientras esperaba que la exagerada reacción del payaso de turno terminara. Su malestar iba en aumento y no quería soltar su ira en un lugar desconocido. Con un pequeño gritito, “Jas” se acercó, titubeó y alzó las manos hacia ella. Con un respingo se puso en guardia y se apartó levemente.


- No, no… Tranquila… - Le brillaban los ojos. – Eres excepcional. – Girándose hacia Ryu alzó las manos y giró como si estuvieran loco. – Es increíble Ryu, ahora ya podemos irnos, me encanta tu elección.


- Vale Jaskier, espera un segundo, hay que presentarse primero. No sabe nada. – “No sabe nada… ¿De qué va todo esto?


- “Tranquila, no es malo, es un excéntrico al que le gustan las cosas únicas” – Mientras hablaban en el dialecto de los drows, el hombre alternaba las miradas entre ambos. Parecía que no comprendía porque continuaba con la sonrisa de tonto en la boca.


- “Ya veo, pero no soy una mercancía, me gustaría saber más y que no me mintáis”- Esperaba su respuesta intrigada.


- “Soy Ryumah Naha, de los Baenre, y de los Ferru.” – Sorprendida por la presentación se sintió intrigada.


- “Yo ser Jaskier estoy en Lano.” – Estaba tranquilo esperando una respuesta, aunque Suwan no supo cómo reaccionar demás de riéndose de la mala pronunciación en el vano intento por presentarse en el idioma. No lo entendía al parecer, sólo palabras sueltas y poco más.


- Buen intento, pero ya lo practicaremos más. Éste es Jaskier Lano, un comerciante de poca monta y mucho dinero al que le gusta gastar en gente como nosotros. – Había complicidad entre ellos.


- Yo soy Sombra, o así me llaman en algunos lugares. – Ryumah parecía haber reconocido el nombre. – Suwan, Suwan Edhri, de los Do’Aria. – Tanto ella como él tenían en su primer nombre legal la señal de repudiado, él era Naha, como denominaban los Baenre a sus desleales, y ella Edhir, traidora.


- Que bien, que bien. Eres tan rara. Y esa cicatriz… impondría más si cruzara la cara en vez de torcerse en la mejilla, pero no se puede tener todo… al menos los ojos… esos ojos… ¿Has visto Ryu? Espléndida. – Suwan volteó los ojos, dejándolos en blanco. Se estaba empezando a cansar del tipo ese. – Si me escoltas hasta Loc-Lac te pagaré bien y mientras, por el camino, me cuentas tu historia. Ese será tu trabajo. – Le pareció una tontería de misión, demasiado simple. – Sólo es llegar hasta allí y que me cedas los derechos de autor sobre tu historia.
- ¿Los derechos de… qué? – Cansada, se dejó caer en la silla más cercana y los otros dos se acomodaron enfrente, rodeando la pequeña mesa redonda repleta de alimentos.


- Oh, querida, los derechos de autor, yo lo llamo así porque quiero que me reconozcan como su escritor. Cuando escribo una historia la firmo y la convierto en algo… mío. – Así que se trataba de un mercador aficionado a la literatura. – por eso quiero gente como vosotros, tenéis historias vibrantes, la gente se volverá loca cuando cuente lo de la cicatriz de la Sombra. – No, no, no podía revelar la identidad de Sombra, había conseguido hacerse un hueco en el exterior con la capa y la máscara… aunque bueno, ya lo hablarían y en realidad tenía ganas de visitar Loc-Lac.



En tan solo cinco jornadas llegaron los tres encapuchados. Antes de salir tomaron medidas, llenaron un carromato ligero para llevar provisiones y agua y evitar el largo desierto, aunque no le habían comentado que irían en un barco de arena. Se sintió como uno de los niños humanos que corrían y jugaban felices, ya que jamás se había montado en un vehículo como ese. Sardinilla no parecía cómoda con su establo y el movimiento bamboleante de la fragata, pero Suwan estaba encantada. Jaskier no puso reparos en cambiar los nombres reales y así pasaron juntos los cinco días, relatando sus casi doscientos años de vida a un escriba algo lento. No hubo ningún incidente de importancia que requiriera la protección de Ryu y Suwan, por lo que estuvieron tranquilos.

Una vez allí quedó impactada por el bullicio de la ciudad, por las gentes de vestimenta extraña y por la presencia ocasional de algún que otro elfo lunar. Jamás habría imaginado encontrar tanta variedad de razas en este lugar, y aun viendo al descubierto cazadores de las razas más temidas y repudiadas, decidió ocultarse igualmente. Caminó durante un rato largo y llegó a una taberna. Le chocó el cartel y escuchó conversaciones animadas en su interior. Entró y  nadie se volvió con su intrusión. Le gustó el lugar y se sentó en un taburete alto, junto a la esquina más oscura en la barra. Pidió una bebida que nunca había probado y resultó que le gustó el brebaje aquel. Observaba las situaciones que se desarrollaban hasta que escuchó una voz por encima de todas hablando sobre un trabajo. Le interesó, por lo que prestó atención. Le llamó la atención un hombre lagarto, pues para su gusto era bastante peculiar y chocante, pero decidió presentarse para llevar a cabo el trabajo. Una escolta más, después de haber tenido un viaje tan agradable no le pareció para tanto.
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Re: Camino al sol.

Mensaje por Gula el Lun Abr 10, 2017 3:25 pm

Cuando la navaja de algún Dios corta la luz del día y da paso a la oscuridad…

Siempre he pensado que él alma de las personas consideradas héroes se convierten en estrellas, pues hicieron una labor tan noble en vida que después de que la dama fría y solitaria los recogiera, esta les permite seguir guiando a las personas por los incontables caminos del mundo con su luz.

Loc Lac, ya me había vuelto parte de la ciudad o ella parte de mi… Trabajos de recolección y búsqueda, una que otra cacería menor o acompañando a alguien con experiencia. Mis momentos de crisis han sido más seguidos de lo normal, las alucinaciones de día y las pesadillas por las noches me tiene fatigado de tanto sudar mientras que la realidad se me vuelve tan subjetiva con cada paso y experiencia que vivo. Esta ciudad es la madre de las sensaciones todo tipo de comidas, hierbas, pociones, olores, sabores... Es una dura cruzada para mantener la cordura y evitar ser devorado por el demonio que vive en mi estómago, o para evitar devorar todo este enorme sitio lleno de las más exquisitas carnes.

A pesar de que mi relación con Zarifa es cada vez más estrecha gracias al hecho de que soy demasiado paciente con sus berrinches. puedo decir que es mi única amiga en todo este maldito mundo asqueroso lleno de pestilentes bolsas de carne que buscan cada vez más la individualización. Ella al contrario, no es un alma pura pues la corrupción atentó contra su integridad en el pasado, y las marcas de sus manos y tobillos como tatuajes hechos con el carimbo ardiente para marcar a los sacrificios que usan los de la Z roja, pero las heridas son más profundas y más fuertes dentro de su mente. La pobre no toca esos recuerdos y cada vez que vé un esclavo estalla en furia y busca venganza. Así como cuando algún episodio se adueña de mis pensamientos y me torturan al punto de desear la muerte. Ella se ha convertido en mi bálsamo, y yo en la compresa fría para sus arranques de ira que le hacen hervir la sangre al ver la opresión de un sistema de mórbidos aristócratas y caprichosos cerdos vomitivos.

Es duro salir a las calles, ver el puesto de gemas preciosos de un lado cuando, sin siquiera dar dos pasos entre puesto y puesto, observas a un niño o alguna especie de ser, adefesio o mal formación impuesta por un dios cruel que llena su copa con las lágrimas que nunca sueltan estas personas torturadas y malditas con las deformaciones físicas. Este dios al morir de sed y no tener el preciado líquido lacrimal viene maldiciendo a todo cuanto puede ser viviente a la vida del desprecio, humillación o esclavismo. Esta ciudad refleja tanto las bellezas como la decadencia que oculta el mundo, es la verdad tras el telón.

-Pitch, quiero un zafiro o una esmeralda. -Me decía la hermosa elfa que tenía brillantes hilos de oro en vez de cabellos y piel bañada en leche con miel. Su melodiosa voz, singular forma de erguirse y caminar de entre la multitud que había en el mercado era increíble. Si los elfos tratarán de actuar como un mendigo humilde y pobre quedarían como bufones, tienen la realeza, el porte y las tradiciones muy marcadas en todos sus patrones de conductas cual actor que le interpreta a un personaje mostrando extrema soltura. Es algo con lo que nace, esa supremacía que muestra junto con la delicadeza de gestos… Me encantan cual serpiente obedeciendo la melodía de una flauta.

-¡Te estoy hablando maldita sea! -Esa expresión exigente que me gritaba siempre que me perdía admirando su belleza y sus explicaciones o más bien justificaciones que tenían pequeñas motas de risas, sonrisas dentro de  una que otra mirada tierna llena de compasión y amor. ¿Estoy amarrado acaso? ¿Por qué no estoy luchando para conquistarla? Entiendo que Lucía generó una marca profunda en mi pero eso no es impedimento para yo poder ser feliz. Si me genera bien y puedo hacerla feliz me es más que suficiente para vivir en esta ciudad rodeado de todas estas… Tentaciones que impulsan a la abstinencia punzante, que mueve la sangre en mi cabeza a velocidades de incalculables, dando rienda suelta al apetito del demonio que llevo por dentro, recordandome: “Si ella se entera lo que eres en realidad y lo que haz hecho en esta ciudad... Ahí verás si realmente te ama.” Pero yo sabía que ella conocía mi secreto de una u otra forma. ¡JA! Estúpida demonio que pecas de incrédula.

-Tu solo quieres probar a algún antropomorfo… Pero paciencia mi querida glotona, la mesa aún no está servida. -Repetía constantemente para apaciguar esas ansias de sangre que podían sentir las personas a mi alrededor junto con Zarifa, que movía las orejas como si hubiera escuchado mis pensamientos más internos.


Ya era mediodía, el sol estaba en lo más alto y radiante de su trono castigando a todo aquel que osara permanecer ocioso frente a sus ojos. Plantee a Zarifa la idea de ir a tomarnos alguna bebida o cóctel, aunque ella prefiere comer antes que beber, siempre disfrutaré de un buen licor junto a agradable compañía.

-¿Y a dónde piensas ir? No voy a ir al gremio, ya aborrezco la comida de Tulio. -Exclamaba la elfa con delirios de grandeza dominantes pero un tono de voz bastante pasivo. Ella era la maestra del chantaje pasivo, casi te podría hacer sentir culpable de todo lo que pasa en el mundo.

-Tampoco tengo mucho dinero, podemos ir al mercado para comprar un poco de fruta y sentarnos en la plaza. He oído que la fuente está abierta y funcionando. -Mi plan original era una cena romántica patrocinada por el gremio pero aquí entre nos la comida de Tulio me recuerda a la comida para los caballos y con estos “antojos” no cualquier cosa era aceptada por la demonio.

-Mmmm, primera vez que tienes una buena idea. -Como si ella fuera más inteligente que yo, estupida niña. Solo porque apenas ha vivido 145 años y se ve 28.

-Pues me parece increible tu inteligencia y razonamiento, capaz de entender propuestas tan complejas como esas. -El sarcasmo era y es mi mejor arma contra ella.

-Pues más te vale no compra algo inmaduro pues como sea así te lo rompo en la cabeza y que las moscas coman de ahí. -Me respondió buscando irritarme como siempre, pues le encantaba hacer molestar a la gente, pero en eso saque su punto débil a relucir.

-Y si está maduro más te vale aprender a decir “Gracias, eres el mejor”. Y esta vez en humano, aún dudo que lo hayas dicho la otra vez así que mejor ponte a estudiar. -Su orgullo en una apuesta, elfo al fin, ella jamás huiría y menos con la cabeza abajo. Ya se disculpó una vez pero en élfico, era hora de enseñarle quien manda.

-Hecho. -Era todo lo que necesitaba.

El mercado estaba atestado así que decidimos rápidamente comprar dos Usbus. (Uvas más grandes que la cabeza de un hombre a las cuales se les hace un agujero y tienes la facilidad de beber directamente su pulpa dulce pero empalagosa o mezclarla con algún líquido pues estas uvas estaban un tanto… Añejadas como un buen vino. El dueño de la tienda le puso unas hojas de hierbabuena y a la mía agregué algunos toques de Cocuy para mejorar sus sabor).

Nos sentamos al borde del estanque pues la fuente del medio era pequeña, hecha de una piedra amarilla con un pequeño chorro de agua que alcanzaba poco más la altura de una persona. Conversamos una rato sobre las diferente formas del arte, explicaba en especial mi punto de vista y ella escuchaba con bastante atención.

-Entonces… ¿Está madura? -le pregunté pero lo que obtuve fue la misma respuesta en elfíco, otra vez.

-Zarifa… ¿Que diablos me dijiste? -Coloque lentamente mi Usbus en el suelo.

-Que eres un grandisimo idiota, ¿Quien te dijo a tí que me gusta la hierbabuena? -Acto seguido me paré y no me quedó de otra que empujarla al estanque, si no aprenden por la buenas será con agua. Salio del agua con una expresión de furia similar a un dragón, sus cabellos mojados y chorreantes le cubrían parte de la cara junto sus ropas totalmente empapadas me dió a entender lo indignada que estaba.

Se levantó como pudo y se puso en marcha a la taberna goteando, pasando entre la multitud que se reía de su aspecto pues rara vez se vé a un elfo humillado de esa forma. Se dirigió a la taberna y obviamente la seguí. Al llegar atravesó como una flecha la barra y subió las escaleras sin siquiera mirar a Tulio.

-Bueno, espero se hayan disculpado apropiadamente de la persona que molestaron. -Dijo Tulio sentado sobre la barra.

-No creo que una disculpa arregle eso. -Le respondí después de cerra la puerta y sentarme en un taburete. -Pues he sido yo quien la mojo.

-Mmmm, esa esa no es la forma de conquistar una chica Pitch. -Baje la cabeza pues el viejo tenía razón… No soy un niño y ella tampoco, ademas de que su raza es muy orgullosa y esa clase de bromas solo la alejaría de mi. -Fuera de eso, tengo un trabajo para ti. Y por castigo iras solo y sin avisarle a ella. Luego de eso verás cómo disculparte. -En eso entró un un antropomorfo reptil bastante gordo y con ropas ostentosas.

-Tulio, que bueno verte amigo mío. Lo de siempre por favor. -Dijo el woe sonriendo. Tulio como siempre movió su mano y ya estaba sirviendo una especie de líquido verde que soltaba un humo y olor bastante fuerte. -Aaaaaah, solo aquí puedo beber algo delicioso y ese aroma lo confirma. Pero bueno, no he venido para beber. Necesito a las personas para el trabajo que te comenté, ¿Las tienes? -Preguntó mientras se sentaba en una mesa de frente a Tulio.

-Siempre es bueno escucharte señor del trueno. Espero que nuestro Shimaksi casero sea de tu agrado. -Respondió Tulio, luego hizo levitar el vaso humeante hasta el llegar a la mesa. Espero que el Lagarto terminara de beber para luego responder. -No las tengo. Bueno si, tengo una justo a mi lado pero no será suficiente. Te propongo algo, ven por la noche cuando la taberna esté llena y pronuncia tu petición a ver qué valiente se atreve.

El lagarto comenzó a exhalar humo verde cuando terminó de vaciar su copa.

-Bueno, no quedará de otra vengo en la noche. Así aprovecho y los pongo a prueba. -Se levantó de la silla, inclinó su cabeza agradeciendo la bebida y depositó una moneda de oro dentro del vaso. Justo cuando se encontraba en el marco de la puerta agregó. -Espero que este gremio no se haya infravalorado, Tulio. De fallar esta misión vendré personalmente a destruir esta taberna. -Salió y cerró la puerta, voltee rápidamente a ver la mirada del viejo y efectivamente tenía el ceño fruncido. El vaso lo hizo levitar hasta colocarlo en la barra justa a un lado de donde estaba. El olor que emanaba de este era lo suficientemente fuerte como para que Bhaks dijera ¡¿Pero qué mierda tan pestilente y asquerosa es esta?! Pues el humo verde aún seguía saliendo del vaso, juraría que vi al lagarto tomarse todo.

-Mira la copa con cuidado Pitch. -Me dijo, me acerqué tomando un poco de distancia, apenas pude posar la mirada cuando mis ojos empezaron a arder y sentir que algo los irritaba. A los pocos segundo de disiparse el humo vi como la moneda de oro que había depositado el gordo antropomorfo en el vaso se estaba desintegrando, corroiendos y oxidándose a una velocidad impresionante. -Ten cuidado cuando te vaya mi querido hijo, ese hombre no es alguien a quien puedas enfrentar. Quédate aquí hasta que sea de noche.

Tulio tiró el vaso en una cubeta de basura lejos. Por horas permanecí sentado, conversaba con Tulio, a veces con algún extraño o conocido que llegara pues al caer la noche el diablo vendería mi alma a quien sabe que horror porque la cubeta aún emitía humo verde y podía escuchar aún el burbujeo dentro de ella.

Llegada la noche, la taberna llena y varios desconocidos en ella -incluyendo dos asqueroso Diviums, bastante llamativos los desgraciados esos- apareció el lagarto nuevamente ofreciendo un trabajo como escolta de 5 días hasta Prados de Fuego. Todos se reían y yo tenía que ir por orden de Tulio, pero el lagarto no se recordaba de mi. Cuando pude quedarme bajo perfil lejos de su mirada y a instantes de que se marchara la maldita de Bhaks tuvo que cometer un estupidez, como si no le bastara ser un demonio.

-Yo puedo ser un buen guardaespaldas. -Dijo con su voz demoníaca, al compás 6 extraños más se ofrecieron y uno se acercó al reptil, me imagino que para negociar.

---/-/---

El silencio reinó la taberna luego de que la voz demoniaca surgiera de este hombre tranquila y que se encontraba bajo perfil. Incluso para los presente era un extraño, aunque más curioso fue ver a variopintos personajes que aceptaran ir con el lagarto.

-Yo me ofrezco -Dijo un joven con armadura que bajaba del segundo, que tenía aspecto de fatiga caminaba con dificultad, le dijo a Tulio que le pagaría con lo que ganara de ese trabajo y este aceptó el trato. Una chica albina que estaba a punto de crear problemas se levantó junto con una divium de aspecto rebelde, cabello y cara sucia de ropas notablemente desgastadas y manchadas de alcohol que disfrutaba de un licor de dátiles junto a unos músicos.

Otro divium se le acercó a susurrarle que aceptaba el trabajo si le deba 50 monedas ahora y el resto al terminar el trabajo.  

-Te daré los 50 al iniciar el viaje. -Le respondió primero con tono burlesco pero luego le advirtió como una flecha asesina en una noche sin luna. -Pero como vea que vayas a salir huyendo cual perro cobarde, me encargaré de vender tus alas a un buen precio en el mercado negro. Te diré incluso el vendedor por si las quisieras recuperar. -Miraba al Divium con ojos verdes llenos de brillo y avaricia profunda.

Las otras dos personas eran un Drow y una elfa que se pusieron de pié por razones desconocidas

-Bueno caballeros. Un servidor les agradece su colaboración en esta encrucijada. Por favor, ¿Quisieran acompañarme afuera para hablar de la expedición? -Acto seguido los presentes se quedaron perplejos y un poco dudosos con respecto a la cantidad -y calidad- de personas que habían accedido al trabajo pues no eran precisamente la mejor representación -estereotípica- de cada raza. ¿Y que haya aceptado ser escoltado solo por 7 personas? La gente murmuraba, comentaba y hacían críticas con respecto a ellos mientras que nuestros personajes seguían al antropomorfo que sostuvo la puerta mientras salían y se aseguró de dar una mirada intimidadora a los que adentro quedaban para asegurar su presencia en el sitio.

-Muy bien caballeros. -apoyando su manos sobre la bola azul celeste de su bastón. -Pero qué tenemos aquí… Una divium, una elfa, un drow, un joven soldado y dos curiosos mestizos… Bueno señores mi nombre es Birághul Komadarus, soy el dueño de las caravanas y líder de la expedición. Ahora bien, agradezco la participación de todos ustedes en esta cruzada. Quisiera ver que tan capaces son de defender.

Los presentes se miraron confundidos buscando, pensando alguna que otra solución o respuesta pero no pasó un minuto cuando Birághul volvió a hablar.

-Mis estimados, tengo una idea. Como pueden ver no soy cualquier persona y por lo que veo los “escoltas” que tenía se fueron sin cumplir su trabajo… Bueno de seguro alguien les hará justicia. ¿Serían tan amables de escoltarme a mi posada? De ahí podríamos hacer planes para las caravanas, hablar del trabajo y todo eso. -Algunos de los presentes tuvieron ciertas quejas y discordancias. -Mercenarios… Les daré 50 monedas de oro extras. -Inmediatamente todos aceptaron pues, si estaban ahí por dinero un poco más no haría daño.


La noche era oscura y fría. Por las calles de entre las casas corrían en libertad las alimañas, ratas, cucarachas y serpientes iban por las sombras, por las esquinas por los pies de aquellos que estuvieran cerca de sus madrigueras. El joven soldados pudo ver en un callejón como un hombre era estrangulado y asfixiado por una serpiente verde esmeralda con dos pequeños cuernos con puntas rojas mientras una mujer de belleza mortal fumaba a la espera que su mascota terminara el trabajo. Los sentidos de la elfa y el drow estaban alertas sintiendo que por los techos alguien rondaba. El hombre con alas puso sus manos sobre sus pistolas. Las dagas y espadas fueron desenfundadas y los arcos levementes tensados.

Justo cuando pudieron salir de los callejones se encuentran a solo 100mts de un estanque con una fuente. Obviamente el grupo seguía en una columna al lagarto que los guiaba a una literal prueba. Justo al llegar un cruce de calles el lagarto se detiene.

-Señores, espero salir ileso de esto. Porque sino… Bueno, ya veremos un resultado. -Inmediatamente de las calles a la izquierda y derecha, surgidos de las sombras 2 hombres de vestimenta oscura. recubrimiento negro y plateado con una Soliferreum de punta de sierra con filo y precisión suficiente para matar a un hombre de una estocada en el cuello, uno en cada calle.

Asesinos de las calles laterales, 1 en cada una:

En las calles trasera y delantera saltaron del techo 2 asesinos en cada una. Por sus ropas y su extremada precaución al acercarse eran menos experimentados. Portaban un una daga menguante como la luna que estaba sobre ellos y sus rostros cubiertos con máscaras.

2 en las calles frontal y 2 en la trasera:

La compañía se preparó pues una herida que tuviera el lagarto supondría una probabilidad menor de cumplir con el trabajo. Todos armados y listos tomaron su decisiones, esa noche las ratas tendrían un festín.


---/-/---


Luego de la pelea

-Vaya vaya, al parecer eran menos experimentados que ustedes, y eso que fueron más caros. Pues señores dirijamonos a la posada, allí descansaremos, atenderemos sus heridas en caso de que haya alguien muy débil y nos prepararemos para salir mañana por la mañana.

Luego de caminar un rato por las calles y dejar que la ciudad se encargara de los cuerpos la compañía arribó a una mansión amurallada custodiada por perro de orejas puntiagudas y hombre morenos, altos musculosos con enormes cimitarras y tatuajes diferentes por todo el cuerpo.

-Bienvenido amo Bira. -Dijeron 2 de los casi 20 guerreros que vigilaban los muros de la mansión. Atravesaron el umbral hacia un patio oscuro junto con los dos de la entrada.

-Su habitación está por la derecha, planeen escoltar 3 carretas para mañana conmigo en una de ellas. Por la mañana hablaremos de sus dudas. La comida, bebida y demás gustos llegarán dentro de poco a la habitación, gracias por haber aprobado la prueba. Buenas noches. -Indicó el antropomorfo para posteriormente retirarse a lado contrario junto con los dos guardías.

La habitacion, amoblada y equipada muy lujosamente con sirvientas llevando charolas de frutos y carnes de diferentes tipos, depositando nargis en las pipas para fumar además de ofrecer masajes de todo tipo para los mercenarios. En ella planificaron y descansaron hasta el día siguiente.

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Re: Camino al sol.

Mensaje por Vanidad el Miér Abr 12, 2017 11:16 pm

La diablesa se limitó a alzar una ceja cuando la voz gutural interrumpió prácticamente todas las charlas de la taberna. Ella era, de todos los presentes, puede que incluso de toda la ciudad, la que más indiferencia sentía al respeto. La diablesa se quedó allí, esperando instrucciones de la lagartija mientras el resto se recuperaban del susto, por suerte no tardaron demasiado. Eran bastantes, pero tirando a pocos para escoltar a una caravana. Aunque no era como si fuera a necesitar a mucha gente para escoltar a ese tipo igualmente, los números eran simplemente para hacer bulto y evitar que los bandidos los atacaran.

-En seguida os alcanzo.- se limitó a decir en cuando el lagarto sugirió salir fuera a charlar. La diablesa desando sus pasos y subió a su habitación, de donde saco un cuenco de madera, donde vertió la leche. Luego lo dejo en el suelo y abrió la ventana, lo que permitió la entrada inmediata de una gata negra como la noche, que miró a su alrededor, le lanzó un maullido y empezó a beber la leche. -¿Qué tal pequeña?- la diablesa le acaricio el lomo y escuchó un ronroneo. –Voy a irme unos días… y seguramente no vuelva, así que te he dejado bastante comida por aquí.- Señaló una caja entera de carne seca. –Y la habitación esta alquilada durante casi un mes, debería tener tiempo de sobras de criar a los pequeños.- La gata estaba al borde del parto, y aunque no tenía ni idea, la diablesa suponía que cuatro semanas en un lugar tranquilo y con alimento bastarían para crías a los gatitos. –Considéralo… un pago por la transformación.- La acaricio un par de veces más, pero la gata seguía centrada en el plato de leche. Estaría bien, seguro… pero no era como si le importara, ella era una diablesa purasangre, el terror de cualquier raza mortal, gatos incluidos, no había manera de que alguien de prácticamente la realeza demoniaca se preocupara por un simple felino, un suave, esponjoso y ronroneante gato.

Luzbel le dedicó una última mirada a la gata antes de cerrar la puerta con llave, dejando la ventana abierta como única entrada y salida hasta que el tabernero despejara su habitación al cabo de un mes. Luego salió de la taberna y apretó el paso hasta situarse a la retaguardia del grupo. No tenía ni idea del porque se habían alejado tanto, ni porque seguían haciéndolo en vez de ponerse a hablar, pero simplemente supuso que se dirigirían a algún punto en concreto para charlar y no allí en medio de la calle como había supuesto.

-Huh…- la diablesa también se había percatado de los enemigos que se aproximaban, pero sin siquiera fijarse en lo que hacían el resto, se lanzó contra uno, uno de los que se acercaban en solitario por el lateral. Lo mataría y volvería con el resto a defender al tipo, ahora con un enemigo menos. Claro que cabía la posibilidad de que entonces se lanzaran todos a por ella, pero ella volaba y los asesinos no, casi seguro, al menos no tan bien como ella.

La diablesa sacó el escudo y la espada y se dirigió hacia el tipo a toda velocidad. Tenía una lanza, ella una espada, solo tenía que recortar las distancias para que su arma dejara de ser útil y apuñalarlo, chupado. El momento de máximo peligro era el primer golpe, evitar la primera puñalada, luego todo saldría bien. Entonces el tipo empezó a correr por la pared. –Nunca voy a tener suerte, ¿cierto?- la diablesa prácticamente se dobló hacia atrás a media carrera, derrapando por el no demasiado limpio suelo de rodillas, pero con la cabeza a salvo de la lanza. No se había esperado eso, pero daba igual. La diablesa se levantó y se giró para encarar a su rival, que realizó una estocada dirigida a sus piernas. Luzbel ni siquiera intentó bloquearlo, en su lugar se limitó a saltar, escudo por delante. Quería pensar que era por mera chulería, pero en realidad a duras penas había tenido tiempo de reaccionar y había improvisado, dejando que su memoria muscular tomara el control. En cualquier caso, se vio otra vez por los suelos cuando ese hombre se hizo a un lado, pero no sin antes llevarse un rasguño de su espada, rasguño que…humeaba. -¿Tienes alma siquiera?- con ese humo, parecía ser más bien un elemental de sombra o algún demonio o invocación que no había visto nunca. Daba igual, no se lo comería, por si acaso, seguro que sabía mal o se le indigestaba, puede que ambas. Ambos contrincantes andaban en círculos, midiéndose, la diablesa maldecía lo mucho que le estaba costando matar a esa cosa, y el hombre seguramente se preguntaba qué diablos le pasaba por la cabeza a esa mujer. Debió concluir que no demasiado, porque renovó su ataque con una serie de lanzazos cortos, para probarla, sin arriesgarse demasiado en un ataque abierto. Odiaba que un rival jugara sobre seguro, sobre todo cuando sabía lo que se hacía, así que era hora de forzar un poco las cosas. Lanzó un tajo vertical con la espada. El escudo cubría la más que obvia apertura en su defensa, pero alguien con una lanza podía hacer algo al respeto, cosa que efectivamente hizo. La lanza giro sobre sí misma. Desviando su espada hacia la izquierda. Eso la dejaba en una postura muy vulnerable, con todo el flanco expuesto y su escudo bloqueado por su otro brazo. Entonces ese hombre se movió fluidamente hacia ese lado para ensartarla como una brocheta.

Siempre picaban.

Su brazo izquierdo se movió de manera completamente antinatural, bajando hasta la rodilla y luego más allá, hasta la otra punta del cuerpo, estampando el escudo que portaba contra el arma de su rival, que prácticamente revotó contra el duro acero de su escudo. La última expresión del hombre, aunque ella no podía verla, fue sin duda de sorpresa, lástima que nunca llegase a ver la lengua de Luzbel, que se extendió como un arpón contra su cara, perforando mascara, ojo, hueso y finalmente cerebro. No iba a devorar alguien que soltaba un humo negro tan sospechoso en vez de sangre, no había manera de que eso fuese sano, así que lo dejaría allí, aguantando las voces un poco más. Se giró y alejó sin más, esperando que nadie hubiera visto el poco ortodoxo final del combate.

Cuando el combate hubo finalizado, la diablesa volvió rápidamente con el grupo, que parecía haberse encargado ya del resto de asaltantes con mayor o menor éxito, pero el lagarto estaba bien, que era lo que importaba. Luzbel únicamente levantó la ceja ante el comentario del antropomorfo. ¿Se había molestado en contratar a otro grupo para probarlos? Menudo desperdicio, conseguías lo mismo enseñando monedas en el barrio equivocado e insultando a alguna que otra persona, sabia por experiencia propia que así se conseguían muchos más asaltantes, y gratis. En cualquier caso, la diablesa no se molestó por el bautizo de fuego. Es decir, estaba molesta, pero ella habría hecho lo mismo, así que desde luego no iba a expresar su descontento, simplemente no podía. No se molestaron en ocultar los cadáveres, ¿para qué? Seguro que había escogido expresamente un mal barrio, que ya estaría acostumbrado a encontrarse algún cadáver aquí y allá. La diablesa desde luego no iba a hacer el más mínimo esfuerzo para ocultarlos, no era su ciudad, no le debía el burdo intento de mantener las apariencias que eso habría supuesto, y nadie iba a culpar al grupo por matar a unos pocos mercenarios, eso ocurría cada dos por tres, al menos a su alrededor.

Pero la indiferencia que había tenido la diablesa de cara al resto del grupo se desvaneció con el silbido que soltó al ver la casa en la que iban a entrar. Una mansión, amurallada, con chuchos guardianes, feos en su opinión, pero a ella el único canino que le gustaba era el lobo y sus variantes gigantescas, así que realmente no era una opinión muy fiable. Luego estaban los guardias, altos, con cimitarras, y tatuajes sobre los músculos que debían significar algo, una afiliación tribal o de clan si tenía que adivinar. “Bira”, amo Bira, no solo ya sabía el nombre del lagarto, por lo que ya podía dirigirse a el de manera no ofensiva, si es que decidía hacerlo siquiera, sino que había confirmado que ese hombre era el propietario de la mansión y que, por lo tanto, podía pagarles mucho mejor de lo que les estaba pagando, sobre todo si esa escolta se truncaba, cosa muy probable con todo ese secretismo, el grupo reducido y su horrible suerte. –Tres carretas, mañana, sin problema…- iría en o con la primera, le gustaba contemplar el paisaje. Y se fue a su habitación, a esperar la comida. Había cenado ya, pero daba igual, era comida, buena comida a juzgar por el aspecto de la mansión, porque si ese lagarto era tan rico y no tenía un excelente cocinero, iba a perder absolutamente todo el respeto que pudiera tenerle. Tardó un poco en darse cuenta de que era LA habitación, en singular, y no una habitación para cada uno. La peliblanca suspiró y pidió darse un baño para librarse del sudor del combate, puesto que seguramente sería la última vez que se lavaría en días si tenía que cruzar el desierto. Una vez ese asunto estuvo solucionado, la diablesa pasó a continuación a disfrutar de la supuestamente sabrosa carne, que en realidad le sabio a ceniza, recuperando fuerzas. Solo quedaba el masaje, para el cual tuvo que quitarse la camisa de cuero, pero le traía bastante sin cuidado. Allí, tumbada bocabajo en su cama, en la esquina, podía hacer poco más que ronronear como un gatito. Además, el pudor con un cuerpo que no era el suyo de verdad no solo era muy relativo, sino muy ajeno a la diablesa. Si no sentía vergüenza con su pelaje gatuno… ¿Por qué debería en un cuerpo que imitaba esos patéticos cascarones mortales? Además… los sentimientos de los presentes solo la hacían más fuerte, alimentándola, no era como si fuese a haber una desventaja a todo eso. Luego del masaje, se limitó a levantarse de espaldas al resto, vestirse e irse a dormir. Mañana empezarían el trabajo y por fin se enteraría de porque le daba tan mala espina ese trabajo.


Última edición por Vanidad el Jue Abr 20, 2017 5:26 pm, editado 1 vez
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Re: Camino al sol.

Mensaje por Balka el Jue Abr 13, 2017 7:10 pm


__Estaba aburrida. Mucho. Con los pies sobre la mesa y la cabeza hacia atrás recostada en el respaldo de la silla, en un rincón, Balka observaba el techo de madera como si fuera la cosa más interesante jamás vista. El bullicio en la taberna era sonoro, pero no ofrecía nada nuevo que escuchar. Se rascó el cuello y estiró un poco del peto que llevaba bajo las ropas holgadas de color claro. Meció en su regazo una jarra de vino especiado que no le apetecía nada. Con gusto hubiera pedido a Tulio la especialidad de la casa, copa tras copa hasta sentir el esófago en carne viva, pero por experiencia propia sabía que el desierto y las resacas no eran buenas amigas.

__Llevaba en aquel oasis una semana, y en todo ese tiempo no había visto ni una sola oferta que la sedujera en los tablones de Laochra na Fear. Por eso hoy estaba bebiendo allí, con la pequeña esperanza de que alguien o algo trajera consigo una misión que atender, una cacería a la que acudir... Suspiró. Era la segunda vez que pasaba por Loc-Lac, pero poco o nada había cambiado en el lugar, en sus gentes variopintas o en la perenne canícula que todo lo arrasaba. La recordaba más emocionante.

__Dio otro largo trago a su bebida, sin ganas, y por poco no se atragantó de la sorpresa cuando abrieron las puertas de la taberna con brusquedad. En en el umbral apareció un antropomorfo con aspecto de reptil. Era una criatura oronda y ricamente vestida, que destacaba con su actitud aburguesada en aquel agujero lleno de sudor, arena y licor. Balka agudizó el oído, preguntándose si algo interesante por fin iba a pasar; bajó los pies al suelo y se inclinó sobre la mesa con atención.

__Aquel reptil, de nombre Birághul Komadaru, ofrecía 150 kulls por escoltar su caravana hasta Prados de Fuego. En cinco días. Bajó la vista y observó flotar las especias en su vino, pensativa, meneando la jarra. Se armó un barullo, la gente se burlaba de la oferta. Sonrió. Nadie entra en Laochra na Fear buscando sólo guardias caravaneros, sino gente capaz que sepa enfrentarse a otro tipo de peligros más allá de los simples bandidos y salteadores. El trabajo parecía fácil, pero es probvable que se torciera en algún momento. Y la paga era buena. A Balka no le hizo falta más, así que se puso en pie y siguió al lagarto, junto a seis aventureros más.

__El antropomorfo pidió que se le escoltara hasta sus alojamientos, y aunque la petición sonó extraña, todos se pusieron en movimiento. La noche era oscura en las calles de Loc-Lac, y bullía con la vida de los que se rehusaban a tratar sus asuntos bajo la agobiante presencia del sol. Las frías brisas del desierto barrían la arena de las esquinas, llevándose los susurros de los asesinados, difuminando las conversaciones clandestinas. Las lunas, aunque lejanas, aportaban la luz suficiente como para que uno pudiera caminar con soltura. Pero, más allá de la actividad furtiva entre callejones, Balka pudo sentir algo. Los observaban. Desde los tejados y las callejuelas, alguien, algo, esperaba paciente hacer presa en ellos. Desenfundó el pugio con un movimiento ágil y dejó que sus ojos moteados barrieran la escena, atenta a los sonidos que poblaban la oscuridad.

__-Señores, espero salir ileso de esto. Porque sino… Bueno, ya veremos un resultado.- dijo el lagarto, mientras aparecían unos hombres enmascarados, armados, con la clara intención de complicarles el asunto.

__Balka, una de las últimas en la comitiva, observó cómo desde un callejón trasero salía uno de estos hombres, sin duda un mercenario contratado por el mercader para probar las habilidades del grupo. El mercenario, que portaba una daga curva, tenía el rostro tapado y de sus ropas negras y holgadas no se distinguía gran cosa. Giró la cabeza en su dirección y se dirigió hacia ella, presto para el ataque. Balka sonrió. Flexionó las rodillas, adelantando el pie y el brazo derecho, y colocándose en diagonal a la vez que su mano izquierda, retraída hacia la cadera, aferraba el puñal con firmeza. El hombre se lanzó hacia ella con una serie de golpes rápidos apelando a su menor estatura, creyendo que eso sería una ventaja. Pero la elfa, que casi rozaba el metro noventa, estaba más que acostumbrada a combatir con gente más baja que ella.

__Esquivó la sucesión de estocadas con una actitud defensiva, pivotando sobre la pierna derecha y haciendo giros bruscos con la cadera para evitar que la hoja alcanzara su torso. Y entonces pasó al ataque. De la misma manera que el mercenario quiso usar la estatura como punto a favor, Balka sabía que ser zurda era una ventaja en la mayoría de las peleas, ya que todos los diestros daban por sentado que el resto del mundo también lo era. Así, desconcertó al hombre con una serie de cuatro ataques veloces que vinieron desde la dirección opuesta a la que él esperaba, y que tuvo serios apuros para bloquear. La elfa sintió cómo su última estocada se hundía en el brazo de aquel humano, pero no a la profundidad ni en el lugar que ella quería.

__El hombre dio un salto hacia atrás con un gruñido de dolor, sin soltar la daga. Volvió a la carga casi de inmediato lanzando una fuerte patada en diagonal que alcanzó a la mujer en la cadera. Balka maldijo de manera soez, doblándose un poco por el dolor repentino, y con un movimiento relámpago agarró la pierna  del mercenario impidiéndole la huída o el retroceso. Lo atrajo hacia sí con brusquedad, provocando que perdiera apoyo y resbalara, quedando casi colgado. Balka sonrió con suavidad. Y con un gesto ascendente hundió en el vientre desprotegido el pugio, hasta la empuñadura.

__El humano gorgoteó mientras sus ojos iban perdiendo brillo bajo la luz impasible de las lunas. La elfa respiró hondo y se tanteó la cadera, evaluando los daños. No parecía que fuera a quedar nada más serio que un moratón. Limpió su arma con las ropas del muerto, pero no se entretuvo a rebuscar entre ellas por si hubiera algo de valor. Dudaba que llevara algo encima.

__Birághul felicitó a la comitiva por su excelente acción, y con gesto satisfecho los dirigió hacia la posada, en la que dijo que podrían descansar, alimentarse y hacer acopio para enfrentarse a las largas jornadas que los esperaban. El lugar estaba fuertemente custodiado por bestias y hombres de musculatura notable, que despertaron en la elfa las ganas de escabullirse entre la guardia y explorar las riquezas del mercader en busca de algo delicioso que robar.

__La habitación en la que iban a descansar se componía de una sola estancia, amplia, ricamente decorada al más puro estilo del desierto: alfombras tupidas en el suelo, con grandes cojines sobre ellas en los que recostarse junto a pequeñas mesitas bajas; tapices en las paredes que narraban relatos entre las dunas, y bajo ellos las pareces brillaban con azulejos dispuestos en motivos geométricos, al igual que los suelos; esbeltas y finas columnas unidas entre sí por delicados arcos ojivales llenos de filigranas cruzaban la sala con gracia, de los cuales colgaban vaporosas cortinas de tul y gasa que la brisa fría movía cual fantasmas. En el centro, en una mesa baja y larga, se extendía todo un banquete con algunos de los mejores platos de la zona, bebidas y dulces.

__Balka escogió el primer sitio que vio, cerca de uno de los arcos que comunicaba con un balcón, dejó allí sus pertenencias y pidió un baño a pesar de que lo que quería era comer. Pero las cosas tienen un orden, así que prefirió quitarse primero el sudor de encima, o estaría rascándose la piel hasta quedar en carne viva. Al entrar al baño se cruzó con una mujer de pelo blanco que salía. Las aguas la recibieron con un tono tibio, y la elfa se entretuvo un rato relajándose y examinando su cadera para asegurarse de que todo estaba en orden.

__Al salir rechazó la sonrisa amable y los ojos tristes de una de las chicas, que le ofrecía un masaje para relajarla del largo día y sus complicaciones. Con apenas poco más que su camisa holgada encima y el pelo mojado mojando las alfombras, se dirigió sin demora hacia la larga mesa baja, se sentó con las piernas cruzadas y lo primero que hizo fue apoderarse de las dos bandejas de dulces, poniéndolas ante sí con satisfacción. Vertió agua en una elegante copa de cristal rojo, y haciendo a un lado algunos hojaldres con miel puso en uno de aquellos finos platos labrados en plata un par de tajadas de carne, con algunas verduras encima. Y aquella fue su cena.

__Mientras se chupaba la miel y el azúcar de los dedos, Balka escuchaba atentamente los planes que se discutían en la sala. A ella le daba igual en qué sección la pusieran, pero sugirió que su vista era aguda, y que podría resultar útil como vigía.
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Re: Camino al sol.

Mensaje por El Cazador el Sáb Abr 15, 2017 5:48 am

El orondo lagarto le había dado la respuesta que esperaba. El tipo no se había amilanado ante tal apuesta, mucho menos visto tacaño. Su respuesta fue rotunda y ácida. Amenaza incluida. Se notaba que aquella cabeza espinada sabía tratar con mercenarios. Eso era bueno, estar bajo las órdenes de un insulso o un cobarde hubiera sido todo un problema.
__Una vez estuvo seguro de que el trabajo iba en serio, se unió al grupo de mercenarios que habían aceptado el trato y se dirigió hacia la salida.

__La noche en la Ciudad de la Arena siempre le dejaba un regusto amargo en la boca al alado. Era demasiado oscura, secreta y problemática. Los borrachos, las prostitutas, los ladrones y asesinos se multiplicaban cuando las estrellas golpeaban esas viejas paredes.
__El Cazador siguió el grupo, caminando en último lugar, pensando en que no había nada como el silencio y la honestidad del desierto.
__Cuando llegaron a la encrucijada, no le pareció raro ver a los dos hombres salir desde la calle principal, pero de desconcertó al ver acercarse a los lanceros de las calles laterales. Aquello era claramente una emboscada.
__Sin perder el tiempo, fue girando sobre sí para obtener una panorámica de las cuatro calles, y se quedó en medio, sin hacer nada.
__Si de algo un hombre debe estar seguro, es de conocer con quienes va a trabajar.
__Con solo mirar al muchacho, la divium y la elfa, uno podía tener una bastante correcta noción de a qué se dedicaban. Pero tanto del hombre de cabello negro, como de la mujer enmascarada y la albina, no sabía qué esperar. Por eso no podía dejar pasar tan buena ocasión para ver actuar a la peliblanca.
__La mujer de la capa blanca, comenzó a bailar con un lancero, con movimientos que dejaban en claro que el uso de la espada y el escudo eran lo suyo. ¿La había juzgado mal? Parecía toda una paladina, pero ese tipo de caballeros no solían terminar de carniceros a cambio de dinero. Quizá su Dios la había abandonado, o bien, se había cambiado de bando…
__El mestizo continuó mirando a su alrededor, a ver si los demás habían desplegado ya sus fuerzas, y notó que el otro lancero estaba demasiado cerca del grupo para su gusto.

Una soliferreum bien lanzada alcanza fácilmente los treinta metros, y por supuesto, atraviesa de buena manera escudos y corazas. La pregunta era, si ellos eran seis, ¿por qué solo cargaba una? El Cazador desenfundó sus armas. Esperó a tenerlo más cerca.
__A medida que se acercaba el lancero, pudo notar que el astil de su lanza era una belleza hecha para desgarrar la carne. Una sola pieza de acero reluciente que en las manos indicadas podría inutilizar un hombre, incluso matarlo.
__El mestizo observó a sus otros compañeros. Ahí estaba de nuevo, la pérdida de humanidad.
__Se preguntó en silencio si los demás pensaron siquiera un segundo en dejar con vida a sus oponentes. ¿Por qué matarlos? ¿Para qué? Ni siquiera monetariamente era beneficioso, un esclavo con buena salud se vende en unas doce monedas de oro. Si es mujer, y bonita, veinte. Los luchadores se podían vender hasta por el doble para los pozos de pelea. Un muerto no te beneficia en nada. Solo aporta un ligero peso más a tu consciencia.
__A fin de cuentas, hasta los asesinos a sueldo tienen corazón.

¿A la pierna o al corazón? Apuntó sus pistolas, una en cada mano. Visualizó la pierna derecha.
¿O a su corazón?
__Miró un instante a sus compañeros, ellos ya habían decidido. A su corazón.
__Un disparo en medio de la noche. Erró. El Cazador se molestó al ver cómo el lancero había esquivado el disparo moviéndose con agilidad por la pared. El segundo disparo dio directo en su corazón. El tipo parecía no sentirlo. Ya lo tenía encima. Soltó sus pistolas.
__La lanza entró con un vigor increíble por su costado izquierdo. El mestizo se había movido lo suficiente para lograr que el arma de su oponente entrase por entre su brazo y su pecho en vez de su corazón.
__Sujetó la lanza con su mano izquierda, y con la derecha depositó un puñetazo en el rostro metálico del asesino. Con un movimiento fluido el hombre sacó una tercera pistola de su funda, disparó. Estaban tan el uno del otro que resultó imposible esquivar el limpio disparo en la frente de la pistola de doble cañón.

A su alrededor los demás estaban terminando. Gustoso logró ver cómo trabajaban. Al menos no estaba entre novatos.
__La posada que había prometido el lagarto resultó ser un pequeño bastión, con un pequeño ejército y un pequeño harén. Nada desdeñable. Al parecer le había dado al clavo, el dinero prometido era dinero real.
__Luego de darse un baño, limpiar sus alas de las inclemencias de la arena, se vistió abrigado y voló desde la mansión de su nuevo cliente, dando pequeños descansos en las viejas techumbres, hasta su hogar. Allí cargó a su camello con lo que consideró más apropiado para el viaje que se venía, y desanduvo el camino montado en su dromedario hasta los acomodados aposentos.
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