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Cuentos de Noreth
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Camino al sol.

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Re: Camino al sol.

Mensaje por Gula el Sáb Jun 03, 2017 2:46 am

“Tu flameante figura nocturna
que recarga la energía de un sol,
tus besos que sobre mi piel calcina.

Si tuviera que encerrarte en algún sitio,
seria en una jaula de mariposas
Delicada, hermosa, tersa rosa

Suplicame por favor que no te olvide,
tu recuerdo fragmentado en el pasar de los años
tu mirada, vidente que adivinas cuanto te amo.
En el futuro”

Para Lucia.

La mañana empezaba con el cielo azul despejado en un tono oscuro. La sirvienta me despertó con cuidado y Bhaks le sacó la enorme lengua para asustarla. -ven un pedazo de carne enorme que cuelga y se horrorizan todas, que blandengues.- retirandose inmediatamente. Me levanté y por lo visto de último ya que el resto del equipo estaba alistando sus cosas para irse o estaban comiendo. -extrañaré la comida de esta casa-. Me acerque gateando a la mesa para comer y reponer fuerzas, cuando Bhaks pasa un tiempo sin comer nada me deja exhausto pues al ser demonio, no duerme y durante la noche lo único que hace es absorber las energías y nutrientes de mi cuerpo. Cuando a un parásito no lo alimentas, este te empieza a consumir… El resto de mi cuerpo sigue siendo humano pero mi sistema digestivo, mi principal motor de vida es el que puede acabar conmigo sino lo mantengo o no lo cuido. -Tengo hambre, apurate antes de que empiece a maldecir.-

Me acerqué a la mesa y observe lo que sería una bandeja repleta de alimentos para el desayuno. -esta mierda ya la comimos ayer… Que mas dá, zampame todo.- Frutas, carnes, cereales, pan y todo tipo de alimentos para saciar a este jodido parásito -sin mi mueres, maldito- la demonio degluta cantidades anormales de comida, como si esta al entrar en su boca se disolviera de forma inmediata después de ser masticada una o dos veces. Yo sentía como su garganta -nuestra garganta- se expandía de forma anormal y la piel alrededor de mi cuello se estiraba. A veces salpicaba lo que masticaba y para lo aburrido que es comer sin poder sentir sabor solo acercaba a mi boca todo alimento mientra miraba en otra dirección. Era un proceso casi automático que no requería de ningún tipo de esfuerzo de mi parte.

Desde que arrivé a Loc Lac comprobé que el comer para mi ya no sería algo sutil, delicado o simplemente un placer más pues por culpa de esta gula ahora como cualquier mierda sin importar gusto, color o sabor -¿De qué hablas? Como si hubiéramos probado todos los sabores del mundo. ¡Y obvio que el sabor de la carne es lo mejor! Los vegetales y demás cosas solo sirven para darle mayor gusto o variación a la carne, pero de por sí sola la fibrosa, jugosa y sangrante delicia que tienen los seres vivos de este plano es absolutamente lo mejor que he probado hasta ahora, en especial LA HUMANA . No me culpes de tu apatía maldito idiota.- En pocos minutos la primera bandeja estaba vacía y el resto de las personas ya estaban marchando al patio. La sirvienta tenía una expresión de incredulidad al ver como todo lo que me llevaba a la boca iba poco a poco desapareciendo, bajando por mi garganta; agarré la jarra de vino y luego la de agua para empezar a hidratarse pues el viaje sería largo. Luego de vaciar ambas las puse de nuevo sobre la mesa y un eructo triunfal dió fin al desayuno, aún había comida restante sobre dos charolas más y pensé “Es una lástima que todo eso se pierda…” -realmente si…- Acto seguido arranque una de las cortinas rojas, puse toda la comida con las charolas de plata en ellas y amarre las puntas para crear mi propio bulto de viaje, me lo eché a la espalda, tome algunos dátiles y frutas de tunas que depostié en mis alforjas y justo cuando dí el primer paso me tambalee al pisar una manzana con mi pie descalzo.

-Ah pero como me voy a olvidar de ti. -Dije mientras recogía un manzana que había olvidado, le dí una mordida bien sonora y voltee a guiñarle un ojo a la criada. Esta se encontraba en un estada de miedo en sus ojos, sorpresa en su boca tapada por su mano y bastante ignorancia al arrugar la frente con el ceño y las cejas. Hice una sonrisa de medio lado a manera juguetona. Me coloqué las botas sin ajustar la cordones, puse mis alforjas un poco más apretadas de lo normal y di pasos rápidos sobre el reguero de cojines que habían por todos lados.

Atravesé el umbral de columnas que daba al jardín y el grupo ya se encontraba en marcha, corrí rápidamente y conseguí alcanzarlos. Luego de varios minutos andando por las calles y ya casi llegando a la salida de la ciudad Bhaks me recordó de algo esencial.

-¿No dejas algo?

-¿Qué? Oh mierda… -Me había dejado la cantimplora con el Cocuy de Penca.


-Al fin, no probaré más ese asqueroso licor.

-¡Maldita perra! ¿¡Por qué carajos no me recordaste!? Aaaah, maldición ¡También me dejé la tinta!

-Jajajajajajaja, yo no fuí quien perdió la memoria, pedazo de animal sin cerebro.

Iba ya avanzado el recorrido, volver a la mansión sería imposible y tardaría mucho por el bulto que llevaba. Es Loc Lac, andar así por las calles solo es exponerse a un robo. Caminando por las calles vi varios sombreros, turbantes y demás cosas, debí comprar algunas cosas para el viaje pero estaba más que quebrado por andar comprandole cosas a Zarifa. -Te estas enamorando- Dijo Bhaks en mi mente mientras tonteaba y el sentimiento de emoción al recordarla me abrumaba, esto acompañado de la típica preocupación de amantes separados que se preguntan cómo estará la otra persona… “¿Que me está sucediendo?”
Una vez fuera de las murallas no encontramos con las maravillosas bestias del desierto, ya había visto un par o dos en antiguas cacerías pero solo de lejos, ante mis ojos estaban lo que parecían dos ratas gigantes echadas sobre la arena mientras las cargaban con bolsas, sacos y cofres que contenían quien sabe que delicias… Nos detuvimos un momento esperando a que el lagarto bajara de otro lagarto aún más grande… Hasta suena chistoso, un lagarto encima de un lagarto -agregar un poco de arena al gusto para darle sabor- Biraghúl bajó de su palanquín, muy bonito y adornado con un extraño símbolo en la cortinas que no pude distinguir debido a la lejanía en la que estaba -he oído que las perras de orejas puntiagudas ven mejor.- Y seguro la señorita elfa, alta cual árbol podía ver con que decoraba Biraghúl sus cortinas.

El lagarto se acercó a nosotros después de bajar de su posible suegra o esposa. Habló unas cosas con un sirviente que al momento le trajo un cofre del cual Biraghúl sacó varios sacos en las que sonaban diferentes monedas. Dijo unas palabras que obviamente no pude prestar atención debido a la preocupación que me poseía lentamente, el motivo de dicha inquietud era simple, sentía que estaba traicionando a Lucía. -pero si ella no está...- En lo profundo algo me hacía sentir que estaba haciendo mal, que me estaba enamorando de Zarifa, y que ella sería la perdición tanto para el demonio como para mi.

-...lo prometido es deuda... -El lagarto empezó a hablar, seguro era otro discurso petulante o algún juego que quería hacernos con las bolsas de monedas. -...50 monedas de oro... -Dinero, eso llamó mi atención. -...para cada uno, 50 monedas de oro hay en cada bolsa...- Oh si, esto está perfecto, tomaré un poco y enviaré el resto a Zarifa para que lo gaste como quiera. Benditos sean los dioses que me han dado tal ingenio. -...dos bolsas son para el señor divium como acordamos, 50 al empezar el viaje. Más te vale no huir...- “¿Dos bolsas? ¿Por qué le dan dos asquerosas bolsas a este maldito pollo con alas?” la ira me empezó nuevamente a poseer y lo único que pasaba por mi mente era la sangre de ese maldito bastardo y su novia pintando la arena de un lindo color rojo. Tomé mi bolsa y comencé a contar el dinero. Efectivamente tenía 50 monedas por lo que enviaría la mitad a Zarifa, con eso podría pagarle algo a Tulio también, pero eso ya sería cuando regrese.

-…preséntense entre ustedes y elijan en que parte de la caravana irán. Si necesitan… -La conversación llevaba escasos minutos y un olor -De mierda- putrefacto empezó a emanar del lagarto. -Huele al rocoso que una vez matamos.- El olor era de eminente putrefacción con algún químico que me hacía piquiña en la nariz. Una molestia bastante considerable.

Una vez ido Biraghúl se marchó todos empezaron a presentarse, era hora de usar la máscara y actuar un poco. Aunque con estos diviums, los miraba con desconfianza y bastante desagrado… Quería que mi mensaje fuera directo, -Directo como una puñalada a sus garganta.- pues no haría equipo con ninguno y había algo despertaba mi curiosidad. La persona con una máscara… En el teatro las máscaras tienen un significado especial según la obra. Esconder de demonios, fantasmas, la ley, cicatrices, misterio místico… Tanta cosas se ocultan bajo una máscara y la hora de presentarse se anunciaba.

-Damas, caballeros, elfos y lo que sobra. Pitch Bredo. -Haciendo una reverencia y volviendome a erguir.- Artista, escritor y aventurero del desierto. Espero tengamos un excelente viaje y los dioses nos permitan llegar sanos a nuestro destino. Estaré a vuestra total disposición durante el viaje.

El lagarto nos dispuso de una creaturas llamadas “camellos”, cuadrúpedos que según comentaban eran buenos para los viajes en el desierto. A mi parecer el olor, la forma y por sobre todo ese asqueroso mascar -¡Trágatelo de una puta vez maldito gruñidor!- que hacía constantemente… Obviando eso, su pelaje no era del todo rústico y por su tamaño podría llevar bastante peso, el dueño nos indicó cuánto equipaje o carga podíamos llevar en cada uno, no necesitaban mucha comida y tampoco mucha agua -pido comer lo que coman ellos-. El sirviente también nos ofreció todo tipo de bienes -Oh sí muñeco, pido de todo.- Pedí dos bestias pues el dueño me dijo que no era más difícil que manejar un caballo, una la cargue con dos barriles de agua, carne, un poco de fruta, mantas, ropas y algo que de seguro me sería útil, cerámica. Aislan bien el calor y son resistentes, por lo que llevar una o dos en caso de un combate no sería mala idea. Pedí un poco de tabaco y una pipa pues nunca había fumado, tenía cierta curiosidad al respecto de cómo era eso y descubrir si le puedo encontrar el gusto tan famoso que tiene.

Rápidamente antes de que el sirviente se fuera le indiqué mi lista.


-2 sacos de comida 2 barriles de agua. Ropas para el desierto, de esas que tu usas. 1 bulto de carne seca, sin mucha sal. 3 botellas de licor, vino o lo que sea. 1 Sombrero grande para el sol. Una bolsita de dátiles y… Ah si, leche cabra con miel, odre si es posible. Unas mantas y quiero encargarte algo.
-saqué 10 monedas de oro.- Lleva este dinero a la taberna del gremio Laochra na Fear y entregaselo al tabernero, dile que es para la elfa a la que le envié una carta. Traeme un coco, madera de palmera, palmito… Y cualquier otra cosa que se para el desierto.

Luego de unos pasos regresando al camello y hablar con el dueño sobre el como manejar estas bestias me voltié y le grité al sirviente. -¡Y TRÁEME UN BASTÓN DE MADERA BASTANTE RESISTENTE, O DE METAL NO MUY PESADOOO!- El sirviente se detuvo en seco y luego asintió con la cabeza.

Una vez que trajeron las cosas empecé a cargar dos bestias, el dueño me indico que nivelara las cargas en ambos camellos para tener pragmaticidad y pudieran ir al paso de la caravana. Dividí la carga en partes igual sobre ambas bestias, me enrollé la soga del segundo animal en mi mano y subí al principal. Inmediatamente este se levantó -Vaya, el animal es más listo que tu, Pitch.- Cuando ví la persona de la máscara también llevaba dos camellos. Es lista. Pues un viaje de 5 días sin saber a que nos enfrentaremos en el desierto, traería consecuencias, si o si…

Una vez partimos los puestos de vigilancia iban rotando y mi curiosidad por saber de Bhaks salió a flote, ya le había preguntado anteriormente sobre ella, así que trataré de hacerlo de una forma menos directa.

-Hey Bhaks.


-¿Que quieres?


-¿Sabes? Me he planteado hacer una obra sobre la creación de los demonios, pero no sé como hacerla… ¿Como la harías tu?


-Mmmmmm eso sería complicado, y largo de explicar. -En ese momento me acomodé sobre el camello echado y con el sombrero cubriendo mi rostro.

-Tenemos tiempo…

-Vale maldito, pero no me interrumpas. -Picó.


--// Off: Pueden saltarse si desean esta parte.//--

Spoiler:



Capítulo I
La llegada a Profano Suminod.

Al inicio, todo el poder y oscuridad era contenido por el padre, Kaos, el creador de este universo, una tierra grande, vasta y extensa dividida en 5 regiones. Es Él, el Señor de la dimensión profana, quién la creó, dominó y hasta hoy en día es amo de la divinidad profana que caracteriza guía a sus principales generales, heraldos únicos de cada cualidad impura que habita en lo profundo del ser de Kaos su ser. Son Rhaggorath, Yugionath, Ghadrakha y Lluughaa, sus cuatro hijos, quienes llevan en sus títulos el nombre de sus padre, los Señores del Caos.


Pero la historia comienza de otra forma. Desterrado y apartado de los Primeros Dioses. Kaos, señor de lo profano, rey de lo impuro, impartidor de la depravación, la decadencia y sobre todo Padre del Pecado Original, se alejó del plano divino de la luz y el altruismo para habitar otra parte del infinito. En su viaje por el infinito cosmos, atraído de manera inconsciente un halo de oscuridad, Kaos encontró la grieta, la conocida puerta a una dimensión de tinieblas sin dueño alguno y llena de lamentos donde las estrellas no brillaban, donde la oscuridad lo abarcaba todo como un humo infinito y espeso que te traga nublando todo bien, bondad y amor que exista. La dimensión de la grieta. Kaos, atraído por la empatía y semejanza, tomando la entrada a ese plano como una señal para el eterno hogar que lo esperaba metió sus manos en la grieta y empezó a abrirla, comenzó a mostrar al universo el nuevo demonio del tormento para todo ser, tiró con la fuerza suficiente como para rasgar la realidad de ese plano y ensanchar la grieta los suficiente como para que una parte del infinito donde habitaban estrellas, galaxias y sistemas llenos de vida fueran poco a poco sumidos en el frío y eterno manto de la tinieblas.


El divino mientras más sostenía abierta la grieta, más iba siendo corrompido por las impurezas de aquella dimensión, su corazón se volvió uno con la oscuridad, su mente fue sustituido por una niebla cargada  de millones  de lamentos que gemían cada segundo, su divina figura poco a poco fue mutando y desprendiéndose como la piel que muda un insecto, revelando una enorme y grotesca figura de proporciones titánicas.


En su rostro, sus ojos fueron sustituidos por el brillo de la Avaricia, brillantes como los de un dragón al ver oro.

Su divino ropaje se ardió de forma incontrolable adhiriéndose a su piel, haciéndola rugosa, palpitante y se podría decir que cada escama diminuta tenía la forma de un rostro, una cara que lloraba y se lamentaba pues la Envidia que poseía no se calmaría.
Sus manos, brazos, hombros, pies y rodillas se volvieron musculosas, y abundantes en cuernos, garras y púas óseas negras como el azabache. Cada segundo estos miembros palpitaban en energía y la sangre que por ellos corría se evaporaba pues deseaban desatar el instinto más básico de todos, la Ira, la venganza y el tormento.

Como ser divino, original y parte del concilio de los primigenios, no poseía miembro viril. Así que la tinieblas se encargaron de retorcer su entrepiernas y otorgarle el deseo de la lujuria. Una fuerza incontenible hecha carne en forma de miles de millones de tentáculos que penetraban y violaban bocas dentadas sin descanso para luego expulsar un líquido espeso, blanquecino que podría secar la vida de un planeta completo y abrasaría toda tierra a su paso.

Su armadura cósmica hecha de la misma energía y materia que creó el universo fue corrompida y fundida en su pecho y cuello. Se fundió abriéndole paso a la oscuridad para la creación entrañas, vísceras y órganos de formas horripilantes, asquerosas, e inclusive putrefactas llenas de millones dientes que con cada movimiento que hacían, emanaban gigantescas cantidades un liquido verdoso capaz de derretir y absorber la esencia misma, inclusive esa materia con la cual había sido creada la que era su luminosa armadura. Las tinieblas entraban en su pecho y vientre descubierto a pinchar las vísceras de aquel corrupto ente para que estuviera experimentando el deseo de el hambre que nunca sería saciado por completo. La Gula.

De su espalda surgieron dos enormes bocas que exhalaban calor y fuego como si fueran dos soles. Su columna sobresalía de su lomo con púas negras y una alas fibrosas con formas de mano llenas miles de ojos de todas las formas y colores parpadeando, mirando, girando constante para monitorear todo lo que sucediera en el universo, pues la Pereza la impedía moverse de su supremo trono a menos que algún intruso osara entrar en su profana dimensión, esto porque la grieta seguía abierta debido a su desidia y falta de actividad. Esperaba que las tinieblas fueran consumiendo todo el universo de forma lenta y tranquila sin necesidad de intervenir

Y por último como regalo y como el lujo de ser considerado el primigenio superior, el acabase de mundos y el único invencible; hizo arder su cabeza para eliminar toda rasgo o facción que lo identificara con algún dios primigenio e inferior. Pues de su frente surgió una cornamenta gigante, sus dientes se volvieron colmillos. Encima de su cabeza ardía un círculo de sufrimiento, la corona del rey del rey profano, flotando entre sus cuernos había una aureola de fuego, sangre y humo negro que lo quemaba constantemente para demostrar que la Soberbia, era superior a cualquier dolor.


Así fue pues como resurgió Kaos. Señor del mal y lo profano. El Dios Originario del Pecado. El Dador de impurezas y decadencia. El Atormentador y corruptor de toda luz y de todo mundo.

Kaos, soberano de la dimensión de la grieta se encontraba ya dentro de esta. Había dejado atrás toda divinidad de su antiguo plano. Se encontraba en un mar de tinieblas siendo corrompido durante eones hasta completar su transformación final en el Dios Profano de los Demonios. Pero todo estaba oscuro, solo su corona ardiente y sus ojos iluminaban apenas las tinieblas. Así que Kaos robó las 4 estrellas más grande del universo conocido para sí mismo. La tomó de cada rincón del cosmos en su mejor apogeo, mientras estaban aún más ardientes y rebosantes para meterlas por la grieta, una vez en sus humanos ordenó a la tinieblas corromper estas estrellas y dispersarlas por la dimensión. La estrellas murieron inmediatamente, envueltas en las tinieblas que consumieron, transformaron y renovaron la energía de las mismas renaciendo como los heraldistas del nuevo orden profano universal. Y entonces Kaos ordenó a la oscuridad, “Que se haga la luz, pues aquí están mis heraldos. Y ellos esparcieron mi terror y pecado.” E inmediatamente cada estrella comenzó a brillar con una luz propia y negra sobre aquella dimensión, no obstante las tinieblas no se retorcieron por el brillo, sino que dieron paso a la creación de un nuevo elemento, las sombras.


Poco a poco la oscuridad que se había escapado por la grieta al universo había traído su tributo al soberano. Galaxias llenas de estrellas, planetas y sistemas de vida completos. Las estrellas eran quemadas y usadas para mantener abierta la fisura hacía al otro plano, los planetas y sistemas chocaban entre sí mientras los pies de Kaos los pisaban para aplanarlos y crear una vasta superficie de tierra roja, muerta que extendía constantemente dentro de aquella umbría dimensión.


Pasado otros eones, las 4 estrellas habían tomado posiciones fijas en la dimensión de Kaos. La superficie era enorme y en el centro de la misma se encontraba un trono hecho de barro, arcilla, núcleos de planetas al rojo vivos con gigantes cadáveres sin ojos ni dientes que aullaban lamentos y lloraban sangre hirviendo para nutrir aquella tierra. Profano Sunimod, fue llamada aquella tierra dentro de la dimensión en honor a las fuerzas profanas y malignas que ahí dominaban. Las estrellas posicionadas a forma de cruz alineadas perfectamente con el trono del Padre de la corrupción empezaron a emanar esencia. Poco a poco comenzaron a liberar pequeñas partículas de cada color.


Al oeste, la estrella verde emanaba energía putrefacta, corrupta y mórbida formaba gigantescos pantanos de gusanos, lombrices y muchas otra alimañas que se alimentaban, defecaban, vomitaban uno sobre otras como una gran montaña grotesca de enfermedades, ahí nació Ghadrakha, el heraldo de la enfermedad, la pestilencia y las descomposición.


Al sur, una estrella morada fue creando un enorme bosque de hojas rojas como la sangre, de sus ramas sobresalen pequeños capullos en los cuales retorcidas criaturas humanoides con alas de insecto salían en ciertos momentos para copular sobre las ramas altas de los árboles y depositar capullos en las mismas. Si bien después de la procreación, se dirigían al trono del Señor del Pecado Original para beber el líquido blancuzco que de los tentáculos de su entrepiernas emanaban tras la constante penetración de sus bocas carnosas y dentadas que rompían los tentáculos, liberando el néctar favorito de estas “hadas” . Estas criaturas muchas veces no regresaban a sus capullos pues eran atrapas por serpientes que habitaban en los troncos huecos. Estas serpientes no poseen dientes pero succionaban con velocidad y fuerza para aplastar, triturando los cuerpos para así nutrir las hojas del árbol. Además las “hadas” que volvían a estos capullos no siempre sobrevivían hasta la siguiente ronda de copulación, ya que por estos bosque se paseaba la Madre de la Lujuria, la Duquesa Sangrienta la Eterna Insatisfecha, Lluughaa, con su comitiva de súcubos e íncubos que exprimían los capullos de reposo de las “hadas” como naranjas jugosas, bañándose en sangre, disfrutando copular entre sí, satisfaciendo todos sus deseos sexuales añorando la temporada de hongos que surgían lo más profundo del bosque y usaban como falos de todos los tamaños para penetrarse y alcanzar un éxtasis que algunas veces le producía la muerte. Sirviendo su cadáveres llenos de esporas para los hongos de la próxima temporada..


La estrella del este brillaba con un haz de color rojo intenso como la sangre, la tierra que iluminaba era árida, llena de desiertos de arena rojiza con ocasionales tormentas de ceniza volcánica. Aquí las criaturas emergieron de la sangre que chorreaba del Rey Nefasto Kaos, la sangre hirviendo de su cuerpo era tan descomunal que ser vertía en esta tierra en forma de ríos, estos a su vez se fusionan con el calor del magma creando monstruosas criaturas que emergen de forma violenta, rugiendo, golpeando y maldiciendo a la gran estrella roja pues su luz los irritaba, los volvía iracundos y al contener tanta furia y existir nada para comer, las bestias empezaron a matarse entre sí. Habían temporadas en que los caudales arrojaban exorbitantes cantidades de criaturas y aquella tierra se volvía un festival de carnicería, masacre, violencia sin control ni medida pero, hubo uno de estas criaturas que aprendió a luchar primero que los demás. Rhaggorath, el heraldo de la masacre, la matanza, el genocidio y la ira. El primer demonio de esas tierras que comenzó a matar a sus congéneres con sus propias manos para alimentarse de sus corazones y adornarse de sus cráneos.

Por último y en el norte, de espalda al gran trono de Kaos pero cuidadosamente vigilado por ojos de las alas del Padre Profano se encuentra la estrella Naranja. Pero el astro no era el único que iluminaba esta tierra, las flamas de la corona de la Soberbia...



--//-//--



En eso cuando me dí cuenta el día estaba oscureciendo y el sol había recorrido su camino hacia el oeste nuevamente, el lagarto dió instrucciones a dos personas para montar tiendas y desempacar el resto de las cosas de las bestias de Biraghúl mientras el resto montaría guardia por los alrededores, así conoceríamos mejor el terreno de los alrededores.

El cielo se volvía de un azul espeso, el crepúsculo era un hermoso cielo llameante que daba paso a la noche, no sin antes lanzar un brillo proveniente de la arena que rebotaba hacia mi cara. Al acercarme, con precaución pues los espejos del desierto son mortales con sus emboscadas y ya había tenido la experiencia con unos. Con cuidado noté que lo brillante era más pequeño e incluso tenía una forma redonda, me agaché para recogerlo e inmediatamente pude sentir mis mejillas hundirse con la sonrisa de Bhaks.

-Es un regalo del Maestro. -Dijo mi boca con voz de mujer luego de tomar la baratija.
-¿Regalo? -Pregunté.
-Luego veremos para qué sirve… Guárdalo.

Lo tomé con prisa y lo guardé en mi bolsillo sin mirar muchos los detalles. Detalle, regalo, presente o lo que fuera del “maestro” de Bhaks solo significaba que intervención divina o demoníaca estaba presente en esta aventura.
Una vez montado el campamento me acerqué al fuego con un poco de fruta que había traído en uno de los camellos. El delicioso sabor de las uvas me empalagaba, el coco era algo tan aburrido pero el sirviente tuvo la idea de meter una extraña fruta amarilla con manchas negras que en el mercado la conocían como “Mango”. Era molesto comerlo incluso para Bhaks, pero su sabor era exquisito, sus pelos amarillos se te atoran entre los dientes pero su dulce y jugoso sabor… Valía la pena la molestia, pues su pulpa era gomosa y su concha parecía un cuero débil y fácil de romper una vez ya tomabas un pedazo.

Su centro era una semilla larga semiplana de la cual provenían los pelos, pero Bhaks no tuvo problema alguno en triturarlo. Me zampé 4 de golpe, eran del tamaño de un puño cada uno así que no presentaron mayor resistencia -Como comer la cabeza de un niño.- también me comí unos dátiles y bebí un poco de licor. Me aproximé a la fogata, los demás comían raciones de viaje -Pobres come sobras.- mientras el lagarto explicaba que tendríamos que montar guardia durante la noche y que compartiremos tiendas… Esa última idea no me agrada pues todos habían “socializado”, y yo bueno, me la pasé imaginando como es el infierno que Bhaks tiene por hogar.

El tercer turno era hasta el amanecer, así que me daría tiempo para dormir un poco. Desde que tengo memoria -Parte de ella- mi sueño siempre había sido largo y pesado, nunca había tenido problemas para dormir pero desde que Bhaks está conmigo, me parece demasiado extraño el hecho de que no pueda conciliar el sueño y entregarme a los sueños -pesadillas- de la noche.

Caminando de tienda en tienda vi que varias personas estaban ya con su pareja, en las solitarias tiendas solo había para elegir la chica de la máscara y el pollo que parece humano… El menú no ofrecía mayor variedad, pero el plato más disgustante era el pollo -Vamos a conocer al próximo manjar-.



--//Mastereo//--

La noche avanzaba y las guardias a la par, se rotaban mientras la luna yacía oculta en el cielo solo las estrellas iluminaban el campamento. La fogata estaba apagada, los primero guardias dormían tranquilo mientras el último relevo hasta al amanecer tenía el control total del campamento, eran los dueños silenciosos de todo lo que allí hubiese mientras no despertaran a nadie. La drow se acercaba a la tienda de Biraghúl en sombras cual gato cazador, cual escorpión entrenado para matar a la doncella durmiente.

El poseído jugaba con su collar observando la extraña figura que este reflejaba, parecía de acero común pero la piedra en su interior le evocaba el recuerdo de la forma humana de aquella que torturaba su mente. Todos los demás se habían entregado a los brazos de un sueño profundo. Ilusos. Pobres almas que no conocen del desierto y sus peligros mortales. El desierto no dista mucho de la jungla, así como el jaguar salta de la rama sobre el capibara ignorante, la arena y todo lo que en ella se encuentra se alza sobre los descuidos de cualquier ser viviente.

Serpenteando levemente al raz de la arena reflejos plateados comenzaban su emboscada nocturna al campamento, una camada bastante grande rodeaba los bordes del campamento.

Elycan se quedó haciendo guardia con los camellos, esperando un relevo que nunca llegaría pero sí que le haría falta. Las serpenteantes figuras empezaban a salir de la arena y los primeros en notarlo fueron los camellos y los agudos oídos élficos, estos escucharon el chirrido estridente que lanzó un lagarto luego de un salto hacía el largo cuello de un camello, provocando un grave y profundo corte que desesperó al resto de las bestias; estas comenzaron a gruñir mientras el primer chirrido lanzado por una especie de lagarto comenzaba a ser respondido desde distintos sitios y un hombre gritaba.

-¡ESPEJOS DEL DESIERTO! ESPEJOS DEL DESIER-AAAAAAAAAARGH- El pobre sirviente Biraghúl que había salido de su tienda sudando frío al escuchar el primer chirrido no tuvo oportunidad de dar una segunda alerta. Su cuerpo quedó cortando, mutilado y la sangre comenzaba a pintar de rojo la arena.


Última edición por Gula el Dom Sep 24, 2017 2:37 am, editado 2 veces


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Re: Camino al sol.

Mensaje por El Cazador el Miér Jun 07, 2017 8:31 pm

Cuando despertó, Marko seguía ahí.
__Los segundos transcurrieron como un soplo, y todo su cuerpo se accionó como una trampa al activarse. Se levantó, cogió los cinturones de sus pistolas y de inmediato comenzó a concentrar su esencia para crear balas de lo que él solía llamar como éter.
__Su tienda se mantenía en penumbras, pero para él no era problema, pues sabía exactamente dónde se encontraba cada una de sus pertenencias. Por lo pronto solo le molestaba la ausencia de la fogata fuera de la tienda, y claro, el aullido horrorizado de lo que parecía ser un pobre desgraciado al que acaban de desmembrar con un par de alas afiladas.
__El grito de alerta aún pendía del aire cuando se colgó la espada, venía justo detrás de las tiendas, al oeste. Trató de calcular lo lejos que se encontraban de la ciudad, y comenzó a barajar todas las posibles situaciones. Los Espejos del Desierto eran unas bestias mañosas y bastante cabronas que siempre viajaban en manadas. Lo mejor sería mantenerse dentro de la tienda y esperar a que los otros se encargaran, a fin de cuentas, su guardia no comenzaría hasta dentro de un rato.
__Pensó en la cantidad de hombres que viajaban, y en cómo sus demás compañeros sacados de la posada habían trabajado en aquel callejón. ¿Cómo no podrían con una sarta de diablillos?

Pero lo cierto era que le tenía cierto resquemor a los Espejos del Desierto luego de verlos trabajar una vez que viajaba con otra caravana rumbo a Sahra Seheri. La imagen de cómo se cargaban a un divium en pleno vuelo años atrás se le quedó bien pegada en lo profundo de su mente. Alistó las pistolas, tenía tres tiros de plomo listos, y tres de éter.
__Miró a Kiluyu y le hizo una seña para que el can no saliera de la tienda. Masculló algo inteligible y abrió las cuerdas que mantenían las cortinas cerradas. Debía hacerlo para mantener las apariencias. A nadie le gustan los mercenarios cobardes.
__Para cuando el Cazador salió de la tienda el grito había desaparecido del campamento, posiblemente junto con el dueño de éste. Las estrellas se cargaron sobre su cabeza, observando atentamente su siguiente movimiento. El mestizo les devolvió la mirada y avanzó entre las tiendas hacia el sitio donde reposaban los camellos, pensando según su cálculo del tiempo, que seguramente Elycan estaría en ese momento de guardia.

Entre las tiendas había poco espacio para planear, y aún menos para que una de esas horrorosas criaturas se enterrara en la arena, pero dio cada paso con extremo cuidado, como si caminara sobre huevos. Los suyos.

Avanzó como los cangrejos por entre las estacas y las sogas que mantenían a las tiendas en pie hasta salir discretamente por entre dos de ellas. ¿Cuánto había tardado en llegar hasta allí? Miró la bolsita de cuero donde guardaba sus balas, para crear una bala de éter demoraba unos veinte segundos, y allí había seis. Cargó una.
__Mantuvo una de sus pistolas de doble cañón en la mano izquierda, presta a disparar, y la espada desenvainada en la derecha. Cuando llegó donde se encontraban los camellos pegó la espalda a la tienda más cercana y se armó de valor para lo que pronto comenzaría.
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Re: Camino al sol.

Mensaje por Skurk Äsping el Vie Jun 09, 2017 9:49 pm

No había pegado los ojos desde que comencé a hacer guardia, no tenía sueño, pero tampoco estaba precisamente concentrado en vigilar. Aquella noche, las estrellas y las lunas parecían seducirme a mí, cosa que era poco común. Me llamaban para contarme historias, un poco de mi pasado, un poco de fantasía. El aterciopelado cielo nocturno parecía estar haciendo un teatro con los relucientes puntos blancos que lo adornaban; formaban un cuento que ya conocía: un delgado chico batallando por su vida. Renacía como una bestia, sucumbía ante la luz de la luna, huía de un destino de muerte. Viajaba, descubría, y allí, en el ápice de la historia, una espada atravesaba su corazón salvaje con un grito ahogado. Pero aquél grito no estaba en mi mente, era real, completamente real, agonizante y tétrico. Algo andaba mal, y me di cuenta tan pronto como caí en tierra; había animales emboscando la caravana, y aquello eran malas noticias. Había oído de ataques así, de poderosas criaturas letales que se ocultaban bajo la arena y asesinaban a sus presas antes de que éstas pudieran defenderse. Mi lengua los sentía, eran reptiles, y por lo que sabía de ellos, podían volar. Olía, sin duda, a más de uno. Hissa se amarró en mi brazo, nerviosa, mientras yo me alzaba de la arena fría a toda velocidad. Era una suerte para mí que mi macuto siguiera amarrado a mi pecho, porque en el tiempo que me tomaría ir a recogerlo, seguro sería cena de una de esas bestias. Metí la mano en el desastre de cosas que había allí adentro, y mientras corría de regreso a la zona de bestias, palpé un frasco de Furikoro y lo saqué. La única luz era la de las estrellas y la luna, y me preocupaba que el resto de los mercenarios estuviesen teniendo problemas con aquello. Poco me mellaba a mí; mi vista de por sí era patética, así que el olor de las criaturas era el que me guiaba. . Descorché el frasco de vidrio y comprobé su contenido; un polvo fino que aún desde lejos me hacía picor en la lengua. Eran diez semillas, las había contado antes de machacarlas y mantuve el número en mi mente, luego necesitaría saber las medidas para hacerla funcionar. El frasco era pequeño, sin duda, pero vaya que sería efectivo con las dosis adecuadas. Diez gotas eran requeridas del veneno de mi víbora, y aquello encadenaría una pared de humo que, cuando menos, haría que esas bestias perdieran la visión por un momento. Hissa estaba suficientemente entrenada como para soltar las cantidades que necesitaba de su veneno sin excederse.

Hissa, Veneno.

Ordené, y ella obedeció al instante, escurriéndose por mi brazo hasta mi mano. Sacó sus pequeños colmillos y los posó en el borde del vidrio, sin presionar. Aquello no accionaba el veneno, pero era casi un gatillo; presionar un poco más dejaría escurrir las gotas amarillentas de su tóxica saliva y el frasco comenzaría a echar humo. Ella sólo esperaba mi orden para apretar el gatillo. Me adentré entre las bestias hasta quedar junto al reptil de Bira, el cual estaba tan alarmado como el resto. Parado, con la mano libre saqué un frasco de Genkaku, que correctamente suministrado, haría que aquellas cosas terminaran atontadas. Si bestias volaban, ayudaría que se fueran de bruces contra el suelo y comenzaran a atacar a las alucinaciones que el Genkaku producía. Cuando menos, tiempo daría.


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Re: Camino al sol.

Mensaje por Balka el Sáb Jun 10, 2017 3:14 am


__El turno de guardia pasó sin pena ni gloria. Las voces de la gente alrededor de la hoguera, la brisa cada vez mas fría que traían las entrañas secas del desierto, los ruidos de los animales descansando o durmiendo... Poco más captaron los sentidos e instintos de la mujer. Montar guardia, sobre todo en solitario, era siempre un tedioso coñazo. Y siempre daba tiempo suficiente para pensar de más.

__La cosa estaba tranquila. Y eso no la gustaba. No es que Balka quisiera que apareciesen los problemas, pero no podía dejar de pensar que algo tenía que pasar, y la tensión por la anticipación que ella misma se estaba provocando era estúpida e innecesariamente agotadora. Se frotó los ojos con un suspiro. Deja que las cosas se desarrollen a su ritmo, paranoica, no tiene por qué ocurrir nada. Pero entonces, ¿por qué contratar mercenarios muy capaces para escoltar una simple caravana cuyo contenido era tan normal y anodino como el de cualquier caravana mercante? Y luego el ese woe... Volvió a otear el horizonte, escudriñando las dunas, el cielo parpadeante y las siluetas del campamento. Por un momento de acordó de Sitre. De su dulce sonrisa, de sus manos fuertes, de su profunda sabiduría. De su boca carnosa y audaz, tan satisfactoria de besar. De todas las charlas al caer la noche, la oscuridad como único testigo de sus palabras. La elfa se sentó en la arena, apoyando la mano en el mentón, dispuesta a sumirse en la miseria que los recuerdos felices la hacían sentir.  

__Un sirviente, ataviado con dos puñales que la hicieron reír, vino a sustituirla de la guardia. Con un gran bostezo se dirigió a la zona de las tiendas, buscando una en la cual poder acurrucarse y dormir del tirón hasta nuevo aviso. Apartó la tela de la entrada de la primera que vio, juzgando con ojo crítico el espacio disponible, y se encontró de bruces con la divium que mataba cantando. Sonrió amigablemente, dispuesta a socializar un poco. Le hicieron gracia sus canciones y su descaro, le pareció una persona con la cual sería divertido beber; de modo que se sentó frente a ella cómodamente, y charlaron un rato intercambiando impresiones después de volver a presentarse mutuamente. Poco después se dispusieron a dormir, la guardia fue aburrida y el día demasiado caluroso.

__Balka pronto se dio cuenta de que la chica, con sus enormes alas emplumadas, ocupaba casi todo el espacio de la estrecha tienda. En realidad había sitio suficiente, la elfa era delgada y cabía con holgura, pero su claustrofobia era aguda y se sentía atrapada. Daba igual que las paredes fuesen de tela, que se ondulaba suave con el viento. Empezó a agobiarse en cuando Cynnerith entró en una fase de sueño profundo y se relajó completamente. Con un gruñido por lo bajo se escabulló de allí, cargando con sus cosas, buscando un lugar más adecuado. En cierto modo ya estaba acostumbrada a esto, a buscarse un sitio alternativo en el que descansar; la puta fobia era demasiado recurrente. Ya ni siquiera se molestaba en enfadarse consigo misma. Se acordó entonces de las enormes bestias de carga frente a las que había pasado varias veces haciendo la ronda. Si, puede que funcionase.

__Se acercó con suavidad a los roedores, dejando que notaran su presencia, mostrándose inofensiva. Una vez más sacó provecho de su naturaleza élfica, ciertamente afín con la naturaleza. Los animales se removieron inquietos un par de minutos, hasta que decidieron que no presentaba peligro. Estaban tumbados sobre sus panzas en la suave superficie arenosa, unos cerca de otros, con las cabezas gachas y las orejas atentas. Trepó con habilidad por las cuerdas que eran la base sobre las que se asentaban los correajes que sostenían la carga, hasta que alcanzó la espalda de uno de ellos. La luz de las lunas iluminaba un poco el panorama, y desde allí arriba obtenía una vista no aérea, pero sí elevada del campamento. Aquellos animales eran enormes.

__Se movió con ligereza por el lomo del capibara, el bicho apenas removiéndose por su presencia sobre él. La curva del cuello presentó el mejor ángulo para acomodarse, así que Balka se reclinó allí, las manos tras su cabeza, la manta tapándola bien, todas sus pertenencias con ella y su bolsa como almohada. Por eso nunca viajaba con más de lo que ella misma fuera capaz de cargar. Una nunca sabía cuándo necesitaría moverse. Aprovechó para echarle un ojo al brazalete que robó antes, a la luz tenue de la noche despejada. Torció un poco el gesto, ya que era de plata y a ella le gustaba más el oro. Pero los colores de la gema engastada eran preciosos. Decidió ponérselo en el brazo izquierdo, bajo la amplia manga de su camisa, donde nadie lo notaría y no molestaba; sólo por si acaso alguien hurgara en sus cosas. Se removió un poco hasta encontrar la posición, e inhaló profundamente. Ahí arriba, con las respiraciones de los pesados animales componiendo un lento compás, sucumbió a un sueño plagado de recuerdos sobre lo que una vez tuvo y perdió.

__Y hubiese seguido durmiendo hasta que el sol la abrasara con su mirada de no ser por el sonido. Sus largas orejas, que seguían trabajando de manera inconsciente mano a mano con la intuición y el instinto, habían captado un sonido irregular a través de los inquietos sueños de la mujer. Abrió con brusquedad sus ojos moteados, totalmente inmóvil, expectante. El sonido era suave, ondulante, como de arrastrar... Como cuando una serpiente se desliza elegante por la arena. Se irguió en el mismo instante en el que el grito agónico de un animal, quizá un camello, desgarraba cruel y átono el aire de una mañana que apenas se dibujaba en el horizonte. Lo acompañó un chirrido estridente que le costó identificar. Los animales fueron los primeros en reaccionar al ponerse nerviosos, sentimiento que se agudizó en cuanto entraron en escena los espejos del desierto.

__-¡Me cago en la puta! -masculló entre dientes la mujer, guardando el equilibrio sobre el animal del cual no pensaba bajarse. No estaba dispuesta a perder la ventaja de la altura mientras fuera capaz de mantenerse sobre la bestia y lejos de la arena.- Y al final, las cosas pasan. Paranoica mis cojones. Hah.

__-¡ESPEJOS DEL DESIERTO! ¡ESPEJOS DEL DESIER-AAAAAAAAAARGH! -gritó un sirviente como loco antes de acabar en las fauces de una de las brillantes serpientes. Balka chasqueó la lengua, preparándose con la mayor presteza.

__Se abrochó el cinturón, cargó a la espalda el carcaj y con un movimiento relámpago ya estaba lista para entrar en combate y disparar. Esperó, sin embargo, a tener una visión más clara de la situación; ella podría resultar un buen apoyo cubriendo las espaldas de otro. La prisa no resulta buena compañera. Repasó mentalmente lo que sabía sobre los espejos del desierto, que tampoco era demasiado. Si bien la mujer era una cazadora de bestias, poseyendo un conocimiento amplio sobre ellas, no había luchado nunca contra éstas en particular, y sólo sabía lo que pudo recabar en viajes anteriores al desierto. Básicamente había que alejarse de la arena, cuidar la espalda y evitar que esas malditas te rodearan... Buscó por el suelo las ondulaciones que indicarían la presencia bajo la arena de los espejos, confiando quizá en poder disparar y herir antes de que sacaran a relucir su cuerpo relumbrante. Tanteó los frascos de veneno en la caja a su espalda, puede que los necesitara más adelante. ¿¡Cómo cojones se habían colado en el puto campamento?! ¿Quién estaba haciendo guardia, una caterva de ciegos? Sin ojos se iban a quedar, se los iba a sacar con una maldita cuchara de palo. Joder.


{ - sin perder la ronrisa... }
¿Qué está bien y qué está mal? Dime.
¿Qué ética tiene la llave de lo moralmente aceptable?

{ ...pero perdida en ella - }

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Re: Camino al sol.

Mensaje por Vanidad el Miér Jun 21, 2017 2:57 pm

Se fue a dormir. No había pasado nada en su guardia, así que no había motivos para pensar que fuese a pasar nada. Dudaba que cualquier pobre coyote que hubiese por allí aprovechase el momento en que ella, claramente el demonio más poderoso en…seguramente no menos de cien kilómetros, aunque solo fuese por ser el único, se hubiese ido a dormir. No, no lo habría hecho, porque odiaba que la despertaran en medio de la noche por alguna tontería como un ataque, los coyotes serían más listos.

Se despertó en su cama, sola, excepto por Tenebra, a su lado, dormitando. No se daba cuenta de si su bicho crecía mucho o poco, al verla cada día, pero ahora que la veía, si que lucía mucho más grande, casi habría podido montarla como un caballo…con garras y dientes… como un huargo, sería más bien un huargo. Se desperezó como un gato, le acarició el lomo a su compañera de aventuras y abrió la tela que hacía de puerta de la tienda.

Lo que tenía ante ella era un paisaje devastado, ceniciento, como si un volcán hubiera entrado en erupción en mitad del desierto y ahora estuviera contemplando el basalto solidificado, aun con cenizas en el aire. -Entiendo…- estaba acostumbrada a eso, era razonablemente frecuente en su vida, así que simplemente lo aceptaba e intentaba disfrutar al máximo. Empezaría por una espada, una buena, legendaria. –Ven a mí, Excalibur.- había extendido la mano a un lado, y noto un cosquilleo…pero luego nada. Imposible, no estaba distraídas, debería poder manipular su sueño a su antoj…

-¿Madre?- una risa cantarina sonó, como si el viento se riera de ella, pero una figura empezó a materializarse ante ella. Primero ondulaba, como un espejismo, pero poco a poco fue estabilizándose, hasta revelar una figura. Una mujer de cabello blanquecino, muy parecida a ella, pero si Luzbel aparentaba una veintena de años, esa figura debía tener poco más de treinta. Pero al contrario que la diablesa, que de vez en cuando irradiaba un aura de miedo, esa mujer rebosaba una sensación de paz y tranquilidad.

-Está muy logrado…- la mujer sonrió. -¿Por qué no usas tu forma?-

-Bueno… quería comprobar porque mi pequeña le ha tomado tanto gusto a esta forma, se siente tan… frágil y blanda-

-Lo es, pero es un requisito para probar la comida que hacen, damos demasiado miedo como para poder comer sin que venga algún paladín a molestar.-

-Entre alma y alma.-

-Entre alma y alma…- pero por fin se puso seria. –Pero no creo que hayas pasado solo a ver cómo está tu hija, tu no haces eso… ¿Debo asumir que mis acompañantes están en alguna horrible pesadilla de la que no despertaran jamás?-

-Hey, suelen despertar, no soy como tu padre… pero no, ya he comido. Pero si quería hablarte sobre eso…- Un gruñidito salió de la tienda y Tenebra saco la cabeza por la tela, rozándole el brazo con la cabeza como un gato crecidito. –Tu mascota tiene una… alta estima de sí misma, es mucho más grande de lo que debería-

-No te preocupes, no muerde.-

-Quería pedirte que te desviaras ligeramente de la ruta que haréis, que pasarais por…-

-No.-


-Pero…-

-No.- No estaba entusiasmada con la idea de que su hija rechazara su oferta.

-Solo eres un poco más fuerte que cuando saliste, puedo obligarte.-

-Podrías, pero entonces no te quedaría nadie… ¿han tenido suerte tus súbditos encontrando a mi hermano y Padre?- su madre se mordió el labio, tenía que mejorar en su cara de poker humana. –Lo suponía, así que pueden pasar dos cosas si me obligas, fuerzas mi mano y me pierdes o muero y vuelvo al foso. Y no te sería nada fácil ganarme cara a cara, fuera de… todo esto.-

-Eres igual que tu Padre…- Luzbel no pudo evitar sonreír ante ese comentario.

-Si casualmente vamos a parar donde quiera que quieres que vaya…iré, pero no lo propondré a mi grupo. Si paso de largo…simplemente tendrás que esperar a que acabe el contrato actual.-

-¿Ibas a hacerlo igualmente?-

-Por supuesto, vas a pagarme.-


-Soy tu madre.-

-Eso nunca ha sido muy importante para ti ¿cierto?- hubo un breve momento de silencio, de tensión, mientras ambas se observaban.

-Luzbel, creía genuinamente que la experiencia en la arena te fortalecería, te habría sacado si hubiese considerado que era demasiado, si hubiera sabido…-

-Ya no importa, tendrás tu…ni siquiera sé que quieres.- su madre iba a seguir hablando, pero la miró, suspiro y cambio de tema.

-Un pequeño objeto, seguramente en propiedad de alguien. Si lo consigues, mis súbditos podrían encontrarlo y traerte su cabeza…-

-Quitarme el placer de matarlo es la manera más rápido que hay de que te quedes sin acólitos, Madre.- el terreno a su alrededor empezó a temblar, mientras del suelo salían grietas. -¿Eres tú?-

-No, algo te está despertando en el mundo real, y no creo que sea seguro retenerte aquí, poniendo en riesgo tu cuerpo.-

-Aún no sé qué es lo que quieres.-

-Cuando lo veas, lo sabrás.- se limitó a decir su Madre, mientras le tocaba la nariz con la punta del dedo y le transmitía un lugar a su mente. -No te olvides.- el paisaje finalmente se desmorono completamente y estuvo rodeada de absoluta negrura, solo entonces despertó.

-A ver, ¿qué diablos pasa afuera…?- Como no estuvieran bajo un horriblemente peligroso ataque, lo estarían en cuando ella empezara a zurrarles.


Spoiler:


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Re: Camino al sol.

Mensaje por Gula el Mar Ago 22, 2017 3:00 am

Es el opio la flor de la pereza,
hasta que llego a ser solo existencia.
El humo de leche muge lento
extendiendo el sabor del Universo.




Es increible como las cosas más triviales se vuelven fundamentales, empecé haciendo un trabajo normal y tranquilo de “turismo” con una serie de locos acólitos de la violencia y termine donde seguramente ellos querían, en medio de una pelea y superados en número. A veces me pregunto si es normal o común ir por el desierto de turista con todos los gastos pagos y que de repente te asalte una horda de espejos del desierto… En fin, ahí estaba yo, sentía como las heridas pasadas ocasionadas por estos bichos volvían a abrirse y quemaban, mis manos estaban frías, podía sentir como 2 de estos animales -deliciosos- me presentían por debajo de la arena.

-AAAAAAAAAAAAAAAARRGHHHHHHH. -El grito de un desgraciado me puso los pelos de punta mientras que la demonio en mi interior pedía a gritos sangre, carne, vísceras y más gritos de horror acompañados de dolor y angustia. La sed de sangre del demonio mantenía su boca seca y con bastante impaciencia. Pero… ¿Qué podía hacer? Tenía solo mi cuchillo y el colgante que había encontrado; las alas de aquellos reptiles representaban la muerte misma, delgadas pero capaces de cortar la piedra, sus chillidos aterradores y lo mejor… Su verde sangre espesa cargada de esencia, beberla solo hacía que te sintieras mejor, similar a un energizante pero el costo para obtenerla podría ser tu propia sangre.

Así que sin más me dispuse, no necesito un cuchillo, no necesito armas, solo convicción, valor y no voltear para saber de donde era el grito. Aunque la curiosidad de saber qué desgraciado había salido herido -o muerto que es mejor, más carne para el viaje- por enfrentar a estos bichos me llamaba, tenía que concentrarme porque mi objetivo era matar a todo lo que se pusiera en mi camino -al fin piensa como yo, que lindo idiota- y no morir en el intento -Ay Pitch, cada vez eres más agradable-.

Acerqué el cuchillo a mi boca para comenzar a masticar y tragar hasta que no quedara nada, dejando que la demonio me otorgara el poder que su amo le había concedido. Sentí como mi cuerpo, mi cabeza, mis brazos y pecho junto con mi espalda se volvían de esa extraña pero familiar textura metalizada, lisa y brillante. La demonio había sido lista pues cubrió las partes donde anteriormente habían atacado los reptiles que una vez enfrentamos. Mi maquillaje estaba listo para empezar aquella obra maravillosa de danza de espadas bajo la luz de las estrellas.

Pensé un momento el qué hacer. por donde empezar y recordé que al no tener algún arma lo ideal sería conseguir una, y qué mejor forma de obtenerla que quitársela a tu enemigo, así que lo primordial era arrancar, usar las navajas de aquellas bestias como lo guerreros del desierto que empuñaban cimitarras curvas prestas para la matanza. Miré con cuidado la arena, un espejo se acercaba a lo lejos pero la distancia era suficiente para lanzarse encima de mi, a mi derecha estaba otro que se aproximaba lentamente como una serpiente que repta lentamente para pasar desapercibida por su presa.

Lanzarme sobre cualquiera de las dos implicaba abrir un flanco para la otra pero la cercanía de una y de la otra ofrecía dos posibilidades: Si iba de frente con la alejada me podría asaltar por la espalda la de mi derecha. Saltando sobre la de mi derecha sería más fácil pero tendría que ser un movimiento rápido para luego evitar la segunda. Era obvio, iría por la de mi derecha, era lo mejor que podía hacer, prefiero me ataquen por un costado que a un punto ciego que sería mi espalda.

La arena ondeaba notoriamente esta vez, estaban acercándose rápidamente y yo ya no tenía tiempo de pensar en las consecuencias. Justo un segundo antes de lanzarme a la criatura Bhaks por su cuenta dio un rugido, era lo suficientemente fuerte como para aturdir a un hombre que estuviera cerca y de seguro lograría evitar el avance de los espejos. Una bestia que es superior a otra siempre evitará la pelea mostrando su superioridad, rugiendo, mirando o chillando. A veces Bhaks parece más un animal que un demonio.




Agudo, atemorizante y gutural pero efectivo, pues aprovechaba el efecto sorpresa que buscaba y paralizó al reptil lo suficiente como para lanzarme encima de esta. El brillo de sus alas las delataba y eran mi principal objetivo así que en un salto hacia mi derecha traté de que mis manos cayeran encima de estas para conseguir detenerlas y así el bicho no pudiera escapar, evitando el contraataque y una herida más.

Efectivo el asalto, pude caer sobre una de sus alas pero una de las hojas se partió pues la caída y el peso no estaban dentro de mis cálculos. Además levanté  arena que me cayó en la cara, me golpeé fuertemente la rodilla me la podría haber partido si no fuera porque la arena no es tan densa. Traté rápidamente de agarrar la otra extremidad pero inmediatamente salió la cabeza y el cuerpo del reptil en un ataque bastante rápido, pude sentir como su pequeños pero afilados dientes mordían mi barbilla y mientras chispas salían, sus dientes eran del mismo material que sus alas. De forma instintiva respondí de la misma manera, mi boca se abrió de manera sobrenatural a un tamaño para nada humano y en el pasar de una estrella fugaz cercenó el cuello junto con parte de la cabeza del animal, rápido movimiento que hizo al reptil caer la cabeza del reptil al suelo.

En mi boca se movía la carne y la espesa sangre del reptil como un barco que se bambolea a la deriva de la lengua demoníaca, encallando en sus diente trituradores que no se cansaban de aquella textura dura, chiclosa y hasta gelatinosa que ofrecía aquel manjar. Pude notar que Bhaks disfrutaba aquella cena pues masticó varias veces antes de tragar, sorprendentemente el sabor no me desagradó aunque la textura me era un poco desagradable pues no distaba a comer grasa pura. La sangre verde del reptil, particularmente era como picosa atreviendome a decir que se sentía como si hirviera o burbujeaba en mi boca pues el placer y sabor de esta era similar a la de pequeñas burbujas ácidas que conseguían un efecto extraño efervescente, incluso cuando bajaba por mi garganta era un efecto electrificante, estimulante al nivel de sentir como la energía fluía dentro de mi cuerpo acelerando mis sentidos, provocándome ansias de comer más, de exprimir cada gota de este maravilloso líquido del cadáver inútil del reptil sin desperdiciar ni una sola partícula.

Sentí que mis pensamientos era difusos, no me podía concentrar en una sola cosa y todo estímulo llamaba mi atención. Me sentí un animal con sus sentido alertas, la noche era oscura pero aún así conseguí ver claramente, de una extraña forma, donde estaba mi próxima presa. Sin hacer mucho alarde y actuando cual depredador me moví sobre la punta de mis pies y mis manos encorvando mi espalda, actuando similar a como lo haría un animal, moviéndome como un animal, acechando como un animal… ¿Por qué hacer esto? Era una pregunta que no llegó en ese momento a mi cabeza, solo el instinto de matar y disfrutar de aquella sangre me atraía más que la razón de sobrevivir, ya no era seguir los objetivos -que olvidaste, pues un animal como nosotros no piensa, solo mata, come y busca la próxima presa que, en mi gusto particular tiene que ser mejor que la anterior. Sea en dificultad o sabor, aunque muchas veces esto va de la mano...- ahora se trataba de vivir el momento, disfrutar de esta cacería. Ahora se trataba de comer a quien te busca devorar, y esa tensión amigos, es excitante a morir.

El espejo estaba quieto, no se movía y apena se veía el brillo de su ala que me daba incertidumbre, sentía que si me lanzaba saldría hacia otro lado y eso me frustraría. Salté hacia donde estaba y cayendo con la gracia de un animal levanté la arena un poco, alertando a mi enemigo que salió de esta para posicionarse de frente a mí, chillando y lanzando mordidas al aire. Mi sonrisa era mórbida, como la de un ratón que juega con su presa, me movía de forma lateral y me daba cuenta que no me seguía el movimiento, al final de cuentas era ciego y su ecolocación era su forma de ubicarse en el ambiente. Arrojé arena a él y no la pudo esquivar pero si se movió a donde estaba yo… Comencé a arrojar arena constantemente mientras me movía hasta que se notó su frustración y se precipitó a donde yo estaba a penas hace unos segundos, dándome la espalda y la oportunidad perfecta para un ataque.

Mi ansiedad era notable, mi humanidad dudable, mi hambre… era mi motivación. Salté apenas pude hacía la criatura, esta vez no tuve reparo en caer sobre las alas filosas, mi objetivo era matar a mi enemigo con un único y potente mordisco. Mi enemigo se había percatado y la chispas de sus alas golpeando mi pecho iluminaban lo suficiente como para llamar la atención de cualquier persona que estuviera cerca u observara desde la lejanía aquella puesta en escena. Una herida en mi pecho comenzó levemente a sangrar, lo supe al ver los ojos del animal de color rojo y gruñendo con mayor fiereza, no me di cuenta que la arena y camisa se manchaban de mi carmesí elixir. Solo sabía que la rabia de no poder terminar con mi presa en un primer instante me estaba consumiendo lentamente… Enervando la sangre de mis venas, nublando mi razón y volviéndome un desesperado depredador. Me estaba hartando de intentar atrapar a mi presa una y otra vez.

En el último intento ésta se movió con mayor lentitud, seguramente cansada. La atrape como pude con mi manos sobre su cuello y arranqué su cabeza solo para dar un grito grueso de victoria, como el fin de la cacería. La cola del animal aún se movía, se meneaba ocasionalmente. Me encontraba cansado, fatigado de aquella faena, tragué la cabeza del animal de forma inmediata sin siquiera mascarla. Arranqué las alas a mordiscos, elevé el cuerpo de mi trofeo y dejé que la sangre verde bañara mi rostro y mi boca como el vampiro que se deleita con la sangre virgen. Devoré todo sin perder tiempo y poco a poco sentía como el efecto de la sangre y la carne sana mis heridas, la maldición metálica del demonio ya había terminado, mi piel volvía a tener su color original y vi las heridas pintando mi camisa como un lienzo macabro. Tomé el otro cuerpo y lo devoré de forma presta, cuando terminé me di cuenta que de mis manos estaban sucias, llenas de arena, sangre y la sensación sucia de estar convirtiéndome en lo que no quiero… Me daba cuenta de que el demonio me había controlado de forma increíble… Noté las manchas de sangre dispersas, pude saber por el color de la mía donde y como había esta actuando…

Caí sobre mis rodillas mientras un vacío increíble en mi pecho me devoraba totalmente, sentí como la oscuridad de mi mente se adueñaba lentamente de mi, ya no me distinguía, ¿Quien soy? ¿Soy Pitch o soy Bhaks? ¿Por qué no puedo recordar nada con respecto a Lucia? ¿Por qué… POR QUÉ? Estaba cansado de todo, la fatiga de mi cuerpo y mente me hicieron desmayarme y de ahí en adelante, no pude recordar nada.

Spoiler:


--//-//--

Era una noche sin luna pero la luz de las estrellas era suficiente para iluminar el desértico escenario, la obra empezaba su desarrollo y distinto seres expectantes presenciaban silenciosamente aquel acto lleno de sangre, muerte y misterio. El poseído yacía sobre la arena no poco más de 25 metros lejos del campamento, desmayado y confundido rodeado de hojas de batalla rotas.

En el campamento el grito de terror producido por poseído había activado las alertas de todos los presentes, la tensión en el ambiente era un telón de incertidumbre que todos presenciaban de forma ansiosa. El joven cambiaformas al sentir el olor de aquellos reptiles tomó previsiones y preparó sus pociones rápidamente dentro del campamento, estaba esperando a que los invidentes réptiles se acercaran un poco para lanzar su tóxica bomba. La drow estaba desaparecida dentro de la tienda Birághul donde cosas extrañas están sucediendo. La elfa que dormía encima del capibara se puso a la alerta con flecha y arco en mano atenta a movimientos en la arena o señales de su enemigo.

La divium al escuchar los gritos se despertó de forma súbita pero torpe, pues extendió las alas estando aún dentro de la tienda y se auto proclamaba estúpida por la forma que lo hizo, ya que terminó quedando atrapada entre cuerdas y telas de la tienda que la cubría completamente. Frustrada se quedó mirando el cielo estrellado sin moverse, volvió a forcejear contra la tienda/trampa en la que estaba maldijo su propia estupidez “Aunque esto no hubiera pasado si ningún estúpido hubiera gritado… ¿Que no se pueden morir en silencio?” Tuvo miró a sus lados tratando de buscar liberase pero sin éxito. Palpando bajo la tela pudo encontrar su carcaj, se cortó el dedo pero agarró la flecha y comenzó a rasgar la tela. Se liberó de forma rápida y se puso de pie con el ceño fruncido mirando a su alrededor, Skurk y el mestizo observaron la escena y no decidieron ayudarla, estaban tratando de mantenerse alerta y no consumirse en la risa con aquella escena.

-Gracias por nada, luego les cobraré por mirar, babosos. -Cyner tomó el arco del suelo y agarró su carcaj. Con varios movimiento de alas comenzó a elevarse no sin antes sacudir arena hacia el rostro del mestizo y el cambio formas. En la altura podía ver claramente todos los enemigos, podía matarlos ella misma pero dejó este trabajo a los demás, a ver si pagaban un poco de sangre por reírse en su cara, extrañada notó que el poseído se encontraba tirado sobre la arena con sus ropas ensangrentadas pero sin enemigos a su alrededor. El joven Elycan, uno de los sirvientes y dos camellos estaban siendo el banquete de 5 bestias, consumían de forma alegre y peleaban por trozos de carne como una linda familia disfuncional. Los demás camellos habían huido y sólo estaba uno que el mestizo usaba de barricada, pues había dejado su espada en la arena y sujetaba su correa para que no huyera.

La joven de pelo blanco salió de la tienda tras el alboroto y el levantamiento de la arena. Con espada y escudo en mano se acercó a donde se encontraba el mestizo, estos dieron un vistazo rápido por encima de la joroba con el cual lograron observar a 9 de estas bestias consumiendo, salpicando sangre y carne  de los pobres desgraciados, víctimas de las mortales cuchillas. Los reptiles no tenían esencia, la habían gastado en vencer a Elycan, el camello y el sirviente de Biraghul, por lo tanto sus saltos o impulsos psiónicos serían menos fuertes y veloces. Los voraces reptiles a pesar de tener el doble del tamaño de una gallina, comían rápidamente sus trofeos de caza, pues sabían que la noche era joven y llena de alimento. Sus cuerpos eran suaves como su piel gelatinosa y su anatomía era como la de un wyvern pequeño con alas de cuchillas, lo que facilitaba su peculiar forma de asalto. Reptando bajo la arena. Eran ciegos y se valían de su ecolocación y agudo olfato.  No poseían una mayor defensa pero sus cuchillas si que eran de temer. Si 1 podría generar problemas 9 seguramente ocasionarían un desastre.

La joven elfa detectó a la distancia 3 enemigos, tensó su arco y de un disparo certero empaló a un espejo fijándolo en la arena, este salió de su capa dorada chillando y retorciéndose hasta caer silenciado por la dama fría y solitaria, la muerte. El resto de los animales salieron inmediatamente de su cobertura arenosa y dieron un asalto hacia la elfa. Uno iba directo hacia ella y el otro se desmayó a mitad de vuelo y chocó contra la arena. El hombre serpiente arrojó su frasco con veneno a su antigua posición. La divium se elevó al cielo y con arco en mano apuntando hacia el área donde había un mayor número de espejos.


 Humano(color=#ff9900) - Pensamiento en cursiva

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Re: Camino al sol.

Mensaje por Vanidad el Lun Sep 11, 2017 11:44 pm

-Huh… me pregunto si podre montarlos…- la pregunta retórica de la diablesa fue interrumpida por un gruñidito de protesta de Tenebra, escondida en su sombra. –Ea ea, no me he olvidado de ti pequeña. ¿Crees que saben bien?- Un gruñido alegre y seco, como un ladrido, fue toda la respuesta que recibió. Lo que tenía delante era una extraña mezcla de dragón y esos peces planos que había comido alguna vez, pero a juzgar por el grito lejano que origino todo ese alboroto, se parecían más a los dragones que a los inofensivos peces.

Nada más salir de la tienda, evaluó la situación, que para su ojo experto, estaba muy, muy cerca de completo F.U.B.A.R.1, de hecho lo estaría en minutos si no hacía algo, así que a eso se puso encima de la joroba de un camello, había uno de los integrantes del grupo, pero le dio un poco igual, tendría que cuidarse él solito, no podía encargarse de ayudar a nadie si quería salvar en la medida posible esa situación.  Salto elegantemente a un lado del camello, habiendo localizado al mayor número de esos bichos, solo tenía que matar a un monto, chupado.

Y entonces uno de esos bichos le saltó encima, pero aunque no había desenfundado la espada aún, su escudo reposaba en su mano. Con un fluido y único movimiento, el pobre bicho pasó por encima de su escudo, con su cabeza envuelta en su capa carmesí, cayendo al suelo no muy lejos de donde había intentado atacarla. Luzbel coloco un pie sobre el espejo del desierto, tentativamente, valorando espada en mano la posibilidad de una montura exótica, aunque fuera solo en su forma gatuna, mientras la criatura se revolvía intentando liberarse de la capa y emitiendo unos lastimosos gruñidos que desde luego no iban a salvarlo.

O puede que sí, porque papa/mama/hermano espejo se abalanzó al rescate, derribándola con una de esas enormes, afiladas e irritantes alas que no la partió en dos solo gracias a su fiel escudo. Y allí se encontraba, tumbada en el suelo, con una ardilla voladora glorificada encima, que intentaba morderle la cabeza. La diablesa coloco de inmediato el brazo entre su cuello y la boca, cosa que en retrospectiva, no fue su mejor idea, pero cuando el dolor y la sangre caliente le recorrió el brazo, su cuerpo reaccionó y la adrenalina tomó el control. Soltó el escudo, le hundió los dedos de su mano izquierda en las cuencas de los ojos, que cedieron y explotaron con un horrible “pop”, soltando un líquido de un nauseabundo olor. Luego basto un único movimiento para apuñalar a la lagartija en el corazón, abrir un poco más la herida y arrancárselo de cuajo ante sus iguales. Le dolía el brazo, y eso la cabreaba, y esos bichos lo notaban, no había manera que no notaran a esa mujer emanando puro terror. Solo paro un breve momento para disfrutar el sabor ácido y… burbujeante, como algunas fuentes naturales, pero acentuado, exhilarante…. No necesitaba ningún motivo extra para masacrar a las lagartijas que la habían despertado, atacado su campamento y mordisqueado el brazo, pero… quería un poco más de esa sangre. –Se me de uno al que le encantaría esa sangre… estúpido pez gato- Podía…podía transformarse y partirlos en dos con las manos desnudas, pero la posibilidad de ser convertida en un alfiletero por la divium y la elfa crecería enormemente si lo hacía.

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Re: Camino al sol.

Mensaje por El Cazador el Sáb Sep 23, 2017 4:31 am

Respiró profundo, cerró los ojos. Necesitaba concentrarse. El viento llenaba de arena su rostro y se mezclaba con su barba hirsuta, el suelo vibró bajo sus pies y una de las tiendas se derrumbó para luego dejar salir entre sus telas a la pequeña Cyner, en algún sitio oyó debatirse a Luzbel contra algún enemigo. Pensó en su compañero Pitch y su odio abierto a los de su raza. Apartó esos pensamientos. Dejó de pensar en sus compañeros dispares con sus diferencias, y en los espejos con sus filosas alas. Se concentró en la forma de la culata de la pistola en su mano, en la delicada sensación de la esencia que fluía por su cuerpo.
El sonido del campamento se hizo lejano.

Sin quererlo, el rostro de Nisa apareció de pronto en su mente. Su esposa sonrió al verlo, se acercó a él y estiró una mano, le acarició el cabello bajo el sombrero, movió los labios y dijo una frase, una que él nunca alcanzó a escuchar.

Abrió los ojos lentamente, con la serenidad de un cazador a punto de abalanzarse sobre su presa. La luz de las lunas jugaba con las siluetas de los espejos del desierto que se alimentaban en la arena, reflejando brillos plateados en sus lomos y alas. Sus hocicos, manchados de sangre negra se alzaron al unísono, como si el viento hubiera traído algún aroma particular hasta sus narices. Pero el mestizo también lo sintió. El suelo volvía vibrar, esta vez con más fuerza.
¿Acaso puede ser?

Las dunas rugieron con estrépito, los espejos asustados aletearon sin energías, con las panzas llenas de carne, queriendo elevarse para evitar lo que se acercaba.
El mestizo se estremeció, estaba a punto de ver algo único.

El espejo más cercano a él huyó en su dirección, moviendo las alas frenéticamente mientras lanzaba los graznidos que le ayudaban a localizar su camino. El mestizo soltó las riendas del camello, el cual salió de la trayectoria del espejo justo a tiempo para dejar a la bestia y al mestizo frente a frente.

El sonido del disparo se perdió bajo el bramar de algo que algunas tribus de la Tierra Muerta consideraban como mítico.
De las profundidades del desierto surgió como un trueno, escupiendo arena alrededor como olas negras, un tifón hecho carne, alzándose en giros concéntricos hacía la oscura noche.
Su cuerpo era como el de una serpiente titánica, y su boca de tal porte que en un barrido alcanzó a engullir un puñado de espejos, uno de los camellos del cual se alimentaban y los restos de lo que fue alguna vez Elycan.

Llamado por el olor de la sangre, el Viejo del Desierto había aparecido para darse un festín. El Cazador apretó con fuerza su pistola, retrocediendo lentamente mientras el gusano de arena volvía arremeter contra los restos del otro camello muerto. Pronto se tragaría el resto de espejos, a sus compañeros, a él y al campamento entero. No había manera de escapar.

El Viejo del Desierto dio otro bramido intenso, era como una risa, un quejido entrecortado que auspiciaba la muerte. Alzó su cabeza hacia el cielo y abrió sus fauces para luego rugir con todas sus fuerzas. Sintió un sudor frío en la espalda.
Lleno de odio, o placer, el Viejo del Desierto volvió a rugir y retorcerse. El Cazador aprovechó para poner distancia entre él y la bestia, desplegó sus alas y se alejó todo lo que pudo. Ya en el aire, notó que algo iba mal. O que quizá había una esperanza. El gusano de arena se volvía a retorcer sobre el suelo con fuerza, pasando por encima de una tienda, haciéndola añicos.
Entonces, a pocos metros de su cabeza, brillantes espadas surgieron por el borde de su piel. Abriéndose paso, las alas ya sin vida de los espejos jugaron su última carta, haciendo un corte en canal del tamaño de una persona adulta, dejando caer con el impulso de la gravedad todo lo que había recién digerido.

Litros y litros de sangre surgieron del cuerpo del gusano de arena, formando una piscina negra que se extendió rápidamente por los grandes surcos que había dejado la bestia en la arena, formando un río oscuro y turbio que poco a poco fue absorbiendo la arena,  salpicando los dos o tres espejos del desierto que aún vivos, trataban de huir de las vísceras y el fuerte olor a carne que se esparció por el campamento.

El Viejo del Desierto dio un último respiro, cayendo sobre la arena pesadamente mientras de su herida abierta aún surgía a borbotones su cálida sangre.
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Re: Camino al sol.

Mensaje por Balka el Dom Sep 24, 2017 12:52 pm


____La elfa guardó el equilibrio como pudo sobre una bestia que cada vez estaba más nerviosa. Los espejos del desierto eran como las pirañas: pequeños, pero voraces e imparables. Uno podía resultar una anécdota emocionante, pero un grupo representaba un serio peligro.

____Se agarró con fuerza al pelaje del mamífero, escudriñando acuclillada las siluetas del campamento y dando gracias a un cielo despejado que permitía expandir la clara luz de las estrellas. Escuchó unos sonidos horribles a unos veinte o treinta metros de donde ella de encontraba, una mezcla entre una pelea y algo que rasgaba carne, como si una bestia estuviese arrancando músculos de cuajo. Fuera lo que fuere alguien o algo estaba ganando esa pelea, el destino en aquella dirección estaba sellado por lo que ignoró la posición. Se colocó justo en el centro de la espalda del animal, el punto más estable, y afianzó la rodilla sobre la blanda superficie en el preciso instante en el que detectó movimiento bajo la arena en tres puntos diferentes: dos a su derecha y uno frente a ella, apenas a cinco metros de distancia, a tres de altura. ¿Tendría margen suficiente? Habían sido atraídos por el revuelo de los grandes roedores. Los espejos, al igual que las pirañas, tampoco medían el tamaño de su oponente, sólo les importaba hundir los dientes en la presa. No destacaban por su inteligencia. A Balka le sorprendía que fueran capaces siquiera de organizarse en grupos.

____Examinó la situación con rapidez y en un instante tensó el arco, actuando sin pensar en nada. Dejar la mente en blanco era importante al entrar en batalla, permitía que a esa parte de tu persona, la parte primaria que bebía del instinto y se afianzaba en las rutinas grabadas en tus músculos, tomara el control sin una mente emocional que trazara planes y entorpeciera el asunto por pensar demasiado. Inspiró profundamente, serena. Demasiado. Fijó un objetivo a su derecha. Observó las ondulaciones en la arena gris bajo las estrellas. Contuvo el aliento. Un chasquido y la flecha cortó el aire impactando de lleno sobre el bulto serpenteante, que dejó escuchar un molesto chillido. El espejo murió entre la lluvia de arena que él mismo levantó tratando de negar su final.

____Las dos criaturas restantes que acechaban bajo la arena salieron de un salto inmediatamente después, localizándola con aquellos chirridos estridentes tan desagradables. Uno en frente y otro a su derecha. Sin cambiar el semblante del rostro la mujer preparó una segunda flecha dispuesta a sacar de en medio al espejo de su derecha. Con lo rápidos que eran, y habiéndose descubierto como enemigo, estaba claro que no podría cargárselos a los dos, uno de ellos acabaría por alcanzarla y siendo zurda prefería que fuera el que venía de frente. Volvió a contener el aliento y, apenas medio segundo después de soltar la cuerda, el lagarto del tamaño de dos gallinas se desplomó a mitad del vuelo, la flecha pasando de largo y enterrándose en la arena con un susurro vacío. Yacía en el suelo y parecía pelear contra algo invisible que le arrancaba gruñidos desesperados. La mujer ni siquiera se molestó en preguntarse qué había pasado, lo remató con un tercer proyectil y se preparó para recibir al último espejo a su vista, que ya alzaba el vuelo muy decidido.

____Volvió a colgarse el arco a la espalda y sacó el pugio, expectante, notando cómo los grandes capibaras se revolvían muy nerviosos. Los tres animales de carga se juntaron y se chocaron entre si, desconcertados, a punto de sucumbir al pánico instintivo movido por la histeria colectiva en el campamento. Con la rodilla aún hincada sobre la espalda volvió a agarrarse para evitar caer. Su vista periférica registró el movimiento de algo grande en el cielo que ignoró, debía de ser alguno de los diviums.

____El espejo se cernió sobre ella como un ave de presa que se sabe triunfante, abriendo la boca afilada y dejando escapar un horroroso chirrido que resonó en los oídos de la elfa y que no tenía otro motivo que el de localizarla. Si tuviese aunque fuera otro cuchillo a mano para entrechocarlos y confundir aquella molesta ecolocación... El capibara llegó a su límite de valentía en cuanto las hojas afiladas del lagarto se clavaron en su gruesa piel cuando éste aterrizó. Con un berrido asustado echó a trotar en dirección contraria a todo aquel barullo, obligando a la mujer a agarrarse lo más fuerte posible al pelaje. El lagarto aprovechó aquella distracción para lanzarse sobre su presa. Apuntó al muslo abriendo las fauces en su máxima extensión, pero todo lo que alcanzaron fue una bota de cuero.

____-Te vas a comer a tu puta madre, mamón. -gruñó la elfa, casi tumbada sobre la espalda del mamífero, empujando al espejo con todas sus fuerzas. Un viraje brusco terminó por desestabilizarla, lanzándola por los aires.

____Salió despedida como un fardo, cayendo y rodando sobre una arena engañosa que no amortiguó el golpe. Dejó escapar un gemido ahogado con el cual se le fue todo el aire de los pulmones. El impacto contra el suelo resonó en todo su esqueleto atontándola durante un par de segundos, tiempo que el espejo usó para volver a lanzarse sobre ella. Alzando el antebrazo para proteger su cuello, el animal mordió con la fuerza de un perro de caza el protector de cuero reforzado de Balka, abriendo muescas en la fina lámina interior y hundiendo las rebabas en la carne. La elfa sonrió.

____-Que te aproveche, maldito.

____Y con un movimiento rápido empuñó el pugio que no había soltado para atravesar la garganta del espejo al descubierto, aprovechando que estaba masticándole el brazo. Sin embargo algo iba mal. El inicio del gesto dolía, se sentía extraño, y de pronto algo sonó en su hombro con un chasquido blando. Cloc. El arma cayó en la arena sin alcanzar a su objetivo: el brazo estaba dislocado. El dolor punzante la atravesó como un latigazo al mismo tiempo que el espejo apretaba aún más el cepo de su mandíbula, comenzando a menear la cabeza de un lado a otro como un verdadero perro de caza, moviendo las alas y levantando polvo con ellas. Afianzó las garras en la arena y extendió aquellas mortíferas alas llenas de cuchillas, dispuesto a darse un festín de carne picada. ¡¡Joder joder joder puta sea joder jodeeeerr!! La mujer dejó escapar un gruñido apurado, hundiendo la cabeza en su pecho en el preciso instante en el que aquel bicho emprendía un movimiento cortante con las cuchillas. Empezó a hacer fuerza con el brazo útil que le quedaba, haciendo tope con las botas en el pecho del bicho. Respiró rápidamente buscando una salida a aquel embrollo, notando que su mente estaba más clara de lo que debería en una situación que se había desmandado de tal manera. El espejo comenzó a estirar con una serie de movimientos cortos y secos, muy fuertes, que amenazaban con rompérselo. Vamos. Venga. Sé que puedes exprimir alguna ocurrencia. Piensa piensa PIENSA. Oh.

____Estiró hacia sí, provocando la respuesta contraria en el animal. Ignoró el dolor en sus músculos y la sensación de que iban a partirse como si fuese una muñeca de paja, y con un gesto brusco y ágil pasó una pierna sobre el cuello del lagarto, quedando éste detrás de su rodilla. Hizo pinza con ella y se sentó sobre la garganta del espejo, dejando caer todo su peso y esperando que fuera suficiente como para matarlo o romperle alguna vértebra. Era una posición complicada porque dejaba la espalda a merced de las alas, pero confiaba en la dureza del peto de cuero bajo las holgadas ropas del desierto y en el ángulo extraño de las cuchillas para que ni acertasen demasiado. Por primera vez desde que pisó Ahkdar agradeció llevarlo puesto. Sus muslos sin embargo recibieron algunos cortes que tiñeron de rojo la blanca tela. El brazo izquierdo colgaba inútil y pulsante a su lado, cosquilleando y ardiendo de dolor. Sentía como cada segundo que pasaba el hombro se hinchaba más y más, tenía que acabar con aquel asunto cuanto antes o no podría volver a colocarlo bien. Goterones de sudor caían de la frente de la mujer, que respiraba de manera entrecortada observando cómo boqueaba el bicho, tratando de herirla con los espolones y espadas de las alas en un vano intento por zafarse. Pero oh no, ella no pensaba levantarse.

____Cuando se aseguró de que estaba más que muerto (después de apuñalarlo torpemente con la derecha en el cráneo sólo para asegurarse), se puso en pie. Estaba sola. Tras ella quedaba la silueta del campamento, a unos cincuenta metros. A unos doscientos se veía a los capibaras, juntos. Echó el cuerpo hacia delante de manera que el brazo izquierdo colgara. Inspiró rápidamente varias veces. Aguantó la respiración, apretó los dientes y estiró con el derecho en un gesto repentino y potente. Cloc. La recorrió un ardor insoportable. Gimió. El hombro volvía a estar en su sitio, pero la articulación estaba hinchada y le dolía horrores... no podría hacer uso inmediato de él.

____Recogió con lentitud sus cosas desperdigadas por la arena, pateando el cadáver del maldito espejo. Esperó sinceramente que a los demás les hubiese ido mejor. Suspiró, quedarse sobre el capibara fue una mala idea. Muy mala. Pescó entre la arena las ultimas flechas perdidas, se arregló lo mejor que pudo y echó a andar hacia el campamento, en silencio y con cuidado, con uno de los cuchillos lanzables en la mano derecha. Era más manejable que el puñal, al menos. Todavía se escuchaban ruidos de pelea, chirridos y gritos de aviso. La elfa chasqueó con la lengua, irritada. Odiaba los trabajos mal hechos, y odiaba aún más que éstos la salpicaran; a nadie le gustaban las guardias pero uno las hacía precisamente por esto. Flexionó la mano izquierda para tantear su capacidad y un latigazo de dolor le repercutió hasta el omóplato. Maldición. Ni de coña cojo el arco..., pensaba. Sus orejas captaron al fondo un berrido familiar, y se giró. Los capibaras trataban de dispersarse, pero seguían atados y eso sólo los ponía más histéricos. La elfa entrecerró los ojos, la luz de las estrellas no era suficiente como para identificar... ¿qué era eso? La arena parecía ondular, como si hubiese cobrado vida. El movimiento se acercaba a un ritmo vertiginoso... algo se arrastraba bajo la suave capa dorada, algo mucho más grande que un espejo. Algo que Balka no tenía vanas de averiguar pero que intuía acabaría conociendo. Se quedó muy quieta donde estaba, a unos quince metros de la tienda más cercana, los ojos abiertos de par en par y la respiración alterada. Sólo se le ocurría una bestia a la cual asociar la escena, y no... en los cuentos nadie nunca salía bien parado.

____Lo que se arrastraba pasó de largo junto a ella, ignorándola como había hecho con los capibaras: tenía cosas más interesantes a las que prestar atención. Onduló bajo el campamento, perdiéndose de pronto entre las sombras engañosas de la noche. ¿Dónde...? La mujer echó a correr en aquella dirección... Y un bramido atronador retumbó en la sequedad del desierto, sacudiendo a todo ser viviente en kilómetros a la redonda, implantando con su sonido un terror primigenio que urgía alejarse de allí. Vio salir volando a un par de espejos, huyendo despavoridos. Dobló la esquina de una tienda, y allí estaba. Justo en el centro del campamento. La leyenda. El terror nocturno. Un leviatán de arena.

____-Yyyy ahí se va la otra mitad que nunca cobraremos de nuestro sueldo. -susurró escudándose en el sarcasmo, sintiéndose por vez primera en mucho tiempo como una chiquilla inútil e impotente.

____Retrocedió, agarrándose el brazo izquierdo, evaluando la situación... aunque no podía desviar la mirada de aquella bestia que desplegó el poder de toda su mole como un rey bárbaro. Aplastó con su cuerpo de gusano todo lo que estaba a su alrededor. Se llevó por delante espejos, camellos, sirvientes, paladas de arena. Tragaba, rugía, destrozaba, volvía a engullir. Los diviums volaban sobre él, espectadores mudos, los terrestres se las apañaban como podían para salir de su camino. La escena, sin embargo, acabó tan pronto como inició y la batalla quedó entre bestias: los espejos, en los estertores de la muerte, consiguieron cortar la gruesa piel y las capas de queratina que protegían al leviatán, desparramando sus tripas y todo su reciente contenido por la arena que, sedienta, absorbió todo líquido que se vertió sobre ella. El titánico gusano, muerto ya antes de caer, aplastó dos espejos más. Quizá como ultima e irónica venganza.

____El ultimo bicho del grupo, solo y herido, emprendió la retirada bajo el fresco amparo de una noche agitada que pronto dejaría paso a un día que no se avecinaba amistoso en ningún sentido.


{ - sin perder la ronrisa... }
¿Qué está bien y qué está mal? Dime.
¿Qué ética tiene la llave de lo moralmente aceptable?

{ ...pero perdida en ella - }

Diálogo - #d65151
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