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A Grimm Tale

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A Grimm Tale

Mensaje por Isarika Endier el Mar Abr 04, 2017 8:08 pm

Durante dos meses, mi mundo se había vuelto normal y monótono. Mi trabajo como institutriz de la familia Comwell había terminado bien y claramente había satisfecho a los padres, quienes parecían decididos a darme una recomendación extremadamente buena para que encontrase trabajo en casa de unos conocidos suyos, tras que hiciera que su hijo de 2 años recitara con brío y de seguido las estrofas del poema anónimo "Tres soldados malheridos y 100 muertos de gravedad". Habían estado eufóricos de darme tal recomendación, estando lord Comwell absurdamente sudoroso al comentarme la noticia y lady Comwell especialmente rauda al introducir mis cosas en un baúl de viaje. Tras eso había acabado trabajando para otra familia, cuyos hijos, según decían las lenguas vivas del barrio, eran unos salvajes. Sinceramente, no era nada extraordinario...comida tirada por el suelo, el bebe a punto de ser freído en una olla y la cocinera atada de pies y manos. Bueno...pero eso es otra historia.

La cuestión es que durante dos meses, no había tenido noticias de mi señora, ninguna misión, ni siquiera una charla filosófica tras alguno de sus trabajos más agotadores...Supuse que se habría tomado unas vacaciones, hasta que, de repente, sin previo aviso, mi amuleto brillo suavemente, inundando mis oídos con la dulce y melodiosa voz de mi señora. Sus ordenes fueron claras, esperar en un punto de un bosque apartado de la ciudad, y pronto tuve a Blanki en la puerta de casa para que me llevase, con la guadaña reposando en su montura.

Pronto llegue al sitio indicado, un punto anónimo en medio del bosque. La ciudad estaba extremadamente lejos y los caminos también, siendo la única estructura cerca una enorme casa de nobles a varias millas de ahí. Sin embargo, no me extrañe. Los caminos de mi señora eran inescrutables. En ocasiones debía esperar en un desierto a la muerte de un ser oruga monstruoso, escuchando sus gemidos de lamento y el posterior banquete de carroñeros o ascender hasta una montaña para presenciar el fin de un sabio monje con problemas de cuello, incapaz de elevar la cara más allá de mi pecho. Todas esas misiones habían sido preparadas por mi señora y todas y cada una habían tenido su función. Blanki se retiró nada más dejarme en el suelo y yo me senté, con mi túnica como único abrigo a la espera de que algo sucediese. La mañana paso con premura, alejando el paisaje de cuento de hadas y sustituyéndolo por la escena de un sueño de un poeta al atardecer, con las hojas cayendo gracilmente por la brisa, y , tras muchas horas más, llego la noche. Era una noche despejada y oscura, como debe de haberse supuesto al decir noche, en el que el manto celestial se lleno de constelaciones, creando un mapa que memoricé hace años. Era un momento perfecto para el inició de una nueva historia...El olor a hierba mojada por la lluvia del otro día llenaba el ambiente, el mundo regalaba una hermosa vista de la luna y .de este modo, todo empezó. Erase una vez...

(https://www.youtube.com/watch?v=WCbsByp3pZo)

"Rex ¿donde estas? ¡Reeex!" escucho decir a una voz infantil y especialmente aguda, la cual delataba a su dueña como una niña de 7 años, invocando a algún monarca.

Sinceramente, la aparición repentina de un rey y su acompañamiento, caminando en puntillas para despistar a una niña de poca edad me habría sorprendido. Después de todo, pocas veces ve a uno una comitiva real huyendo empavorecida de un infante...a no ser que trabajes como niñera para algún rey, que entonces suele ocurrir.

Finalmente, la propietaria de esa voz, que apuñalaba el ambiente como un cuchillo de mantequilla, apareció ante mis ojos. No se dio cuenta de mi presencia, pues me encontraba oculta entre el mar de sombras que desprendían los árboles, aunque la niña no paraba de mirar a su alrededor. Era la típica niña noble que uno se solía encontrar en el bosque; pelo dorado como el sol, piel blanca como la nieve, labios rosas como los cerezos...y como toda princesa en el bosque iba a llevar un horrible final, pues mi presencia así lo determinaba. Tras varios alaridos más, la niña se giró, con lágrimas en los ojos, preparada para marcharse hasta el destino, como bastardo cobarde que es, ataco por la espalda. Un árbol, como si fuese una opera mala, cayó sin motivo aparente sobre la joven muchacha, atrapando su parte inferior bajo ella. En ese mismo momento, el sonido de varios crack resonó por el bosque, chasquido de hueso rotos por varios rotos, seguidos por el grito de la niña. Suspiré...Realmente a mi señora le gustaba ponerme aprietos...

Me levanté de las sombras, moviéndome alrededor del árbol, hasta que la niña me pilló en su campo de visión. En sus ojos brillaba el dolor y el miedo, como los de un animal a punto de ser asesinado, sin embargo yo no hice nada. Volví a sentarme en una roca, mirando fijamente a la niña a los ojos, quien empezaba a sustituir sus sentimientos de miedo por los de una profunda desesperación.

Ayu...” Sin embargo, antes de que su lloró fuera desperdiciado, la corte. “Lo siento joven, pero no vengo a ayudarla...” Los ojos de la joven se llenaron de lágrimas ante mi respuesta, las cuales pronto se deslizaron por sus violetas mejillas, en las que se empezaba a gangrenar la sangre. “Simplemente vengo a acompañarla en sus posibles últimos momentos...” Replique sin apartar la mirada, siendo lo mínimo que podía hacer en mi situación. Era la mano de mi señora, el último rostro que muchos veían en su vida...lo mínimo era devolverles una mirada honesta.

Pronto, el silencio se instauró, solamente interrumpidos por los llantos de la niña, quien, aparentemente, solamente podía esperar la muerte. Ahh...por cosas como estas no me gustaba leerles cuentos de hadas a los niños a mi cargo. Los volvía débiles y las niñas pensaban que lo único que podía hacer era esperar a su príncipe. Aun se podía mover, aun tenía fuerzas...podía sobrevivir...Me mordí el labio y cerré los ojos durante unos momentos.

El suelo esta blando...ciertamente llovió mucho ayer” digo, soltando las palabras como una limosna soltada contra el frio cuenco de un mendigo. En mis manos, reposando con tranquilidad, estaba mi guadaña y, como acto inconsciente que era, moví un poco de la tierra con la punta de madera del mismo, creando una raya de tierra a mis pies, la cual cautivó la mirada de la niña. Esto me trajo una sonrisa.

Los niños no son tontos...los hacemos tontos. Los jóvenes suelen ver el mundo sin mentiras ni engaños, con las ilusiones creadas por la vida y la experiencia fuera de su mente. Eso los hace inocentes, si, pero no estúpidos. Pronto, las manos libres de la niña se pusieron a trabajar. Sus dedos, antes limpios, se llenaron de barro, el cual iba retirando de su pecho y la zona de sus piernas, llorando levemente al rozar la carne hinchada y sangrienta con sus dedos. Su gesto era repetitivo, pero la mente de un niño cuando se concentra es maravillosa. Una y otra vez, sin malgastar energía, saco todo el barro bajo ella, creando una pequeña zanja en el que su cuerpo se hundía. Ahí termino la parte sencilla, los dedos de la joven se aferraron a la tierra alrededor suya y empujaron de si misma. Los fragmentos de hueso y carne que eran sus piernas y cadera se deslizaron hacia abajo, consiguiendo deslizarse bajo el árbol, hundiéndose en el hoyo y después saliendo de allí mediante el esfuerzo de sus brazos. La niña era libre, a pesar del estado de su parte inferior.

¿Sabes regresar?” preguntó, mirándole a los ojos, los cuales me devolvieron dolor, ira y furia por partes iguales. “Bien, entonces, empieza...” Dije, volviéndome a quedar en silencio, mientras las niñas volvía a ponerse en movimiento. Sus manos se aferraban a piedras y barro, propulsando el resto de su cuerpo en dirección de regreso. Cuando llevaba una distancia apropiada, me levanté, siguiéndola y adelantándola, mirando como dejaba un rastro en la hierba y tierra.

La niña estaba determinada, pero, ciertamente, no podría aguantar así. Sus brazo se movían con cansancio, aun inexorables, hacia lo que suponía sería su hogar, pero su rostro empezaba a tornarse incluso más blanquecino y violeta que antes. Probablemente, la pérdida de sangre y el dolor estaban dificultando las cosas a la pobre joven, quien soltaba fuertes gruñidos de dolor y sollozos, junto al nombre de “Rex”. Mi mirada se alzó en medio de la noche y observé con tranquilidad los alrededores. Ah...pensé al ver un matojo creciendo cerca de la joven.

¿Sabías que la planta que hay a tu lado se llama “Lágrimas de Pontífice”?” Digo, tomando mi voz de profesora en medio de una lección, señalando al arbusto ante los ojos de la joven. “Se dice que es una hierba que Dios le regaló a uno de sus emisarios en un momento de necesidad...es especialmente eficaz contra el dolor durante varias horas

La muchacha se paró y cambio de rumbo, ligeramente, hacia el arbusto. Cuando llego a alcanzarlo con sus manos, ni corta ni perezosa, le arrancó varias ramas y se metió varias hojas dentro de la boca, mordiéndolas efusivamente, mientras se metía las ramas donde podía en los jirones de su ropa. Al poco, continuó con la marcha.

Fue un camino arduo y complicado, en el que la joven tuvo que parar a beber agua de charcos y masticar mas hierbas, hasta que llegó a la casa. Gracias a mi señora, no existía ningún tipo de barrera o verja que la alejase de la casa, solamente marcando la diferencia con el bosque en lo cuidado del jardín.

Yo me quedé en el límite del bosque, entre las sombras, observando como la figura continuaba su camino hasta la puerta. Ciertamente, era un milagro que llegase hasta allí, un milagro dado por mi señora, sin duda. Al momento, note como la cabeza de Blanki golpeaba mi espalda, habiendo regresado a por mi. Le sonreí y monté...sin embargo, esto no era el final....

(https://www.youtube.com/watch?v=-X52k0MbV7U)

Una semana después, mi amuleto volvió a llenar mi cabeza con murmullos de mi señora, alentándome a volver a la casa entre los bosques. Seguí su orden y Blanki me dejó en el límite con la casa, justo donde me había recogido la última vez. Me baje, pero Blanki no se retiro.

Mi mirada se fijo en cinco figuras que se movían por el jardín. Dos eran niños, un chico y una chica, y los otros dos eran adultos, un hombre y una mujer, quienes tomaban el té, acompañando a la muchacha, que era la quinta figura. La muchacha parecía haber recibido tratamiento, pues sus piernas se encontraban cubiertas de vendas y con varios trozos de madera apretando la carne para rectificar su forma, aunque las probabilidades de que volviera a caminar eran pocas. Su rostro era blanquecino, con sus labios exhibiendo un tono violeta malsano, hasta que el suave y cálido líquido del té que le servía la mujer los calentaron. Una auténtica escena familiar...

Pronto, lo noté. Me gire y un torrente de colores castaños me pasó a gran velocidad, saltando sobre el césped. Era un perro, aunque si debemos especificar, un Border Collie. Sus patas volaban, literalmente, sobre el césped, lanzándose hacia la muchacha que se había arrastrado hasta su destino. La niña vio al perro y sin poder evitarlo saltó, milagrosamente, corriendo a toda velocidad hacia el can, gritando “¡Rex!” en una voz extasiada y efusiva...Sin embargo, yo solo podía pensar...

Que triste...

El perro y la niña se encontraron, entre las risas y lametones que ambos proferían para el otro, mientras los demás se lanzaban en la dirección contraria. Habría sido tan bonito...una escena perfecta para acabar el cuento...si no fuese por la figura de una niña, que como una muñeca rota, estaba desperdigada en su silla, mientras los adultos la intentaban reanimar.

Las dos figuras semitransparentes jugaban, tumbados en el césped, ajenas a los momentos finales, hasta que me acerque. El perro y la niña me miraron, ambos entendiendo, en el fondo de sus miradas, quien era...Algo destinados a quienes estaban en sus últimos momentos. Ambos asintieron y sonreí, viendo como la niña se levantaba, junto al perro, manteniendo siempre el contacto entre el pelaje y la piel.

¿Nos vamos?” Pregunté con sencillez, sonriendo muy suavemente, ante lo que la niña asintió, ante la mirada del perro.

Fue rápido. Mi guadaña cortó sus figuras, deshaciéndoles en pequeñas llamas azules, quienes jugaban por última vez en mi filo. Sonreí, acariciando las llamas, hasta que fueron absorbidas por la oscuridad del metal.

Fin.



(https://www.youtube.com/watch?v=4LWv1Bht51M)

Tras acabar el trabajo, me giré. Había sido una historia bonita. Con inicio, final y desenlace. Una niña que busca a su perro, es herida, regresa a casa y muere entre sus seres queridos...pero ¿quien la dejo salir en plena noche, conociendo los peligros del lugar? ¿Por que se había perdido el perro? Y ¿de que había muerto la niña si estaba en pleno tratamiento?...Mi mirada se centró en dos figuras, en el de la niña y en el de la mujer, memorizándolas, mientras una media y fría sonrisa se dibujaba en mi cara.

"Ah...es verdad...." pensé mientras miraba como, aprovechando el pánico del hombre y de los niños, la mujer exhibia una delicada y suave sonrisa, llena de malicia y gloria por su triunfo.

"No puede ser un cuento de hadas, sin una madrastra malvada."
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Isarika Endier

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Re: A Grimm Tale

Mensaje por Señorita X el Miér Abr 05, 2017 2:02 pm

Lo primero que pensé cuando llegué a la mitad de la historia es que el hijra había sido muy cruel. Y combinando la música con los momentos puntuales donde las coloca, han creado una atmósfera que da una sensación de nostalgia. Una historia triste, pero bonita. Me alegra mucho ver que hay hijras de estas calidades. Mis elogios por mi parte.

Un saludo
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Señorita X

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