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Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth
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Sueños compartidos

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Sueños compartidos

Mensaje por Darion el Lun Abr 17, 2017 2:04 pm

Una leve brisa recorría las vacías calles de Phonterek. Era tarde, la luna brillaba y la gente descansaba,o debería estar haciéndolo. El silencio y la luz de luna inundaban la ciudad, mas ninguno de estos dos elementos llegaban a la sede de La red negra, la cual estaba bulliciosa e iluminada por lámparas de aceite y no por la luna.
Cuatro horiges se alzan en una pequeña tarima sobre los demás, aquella escena recordaba a una ceremonia de bienvenida y, de hecho, así era. Los cuatro horiges daban la mano y "firmaban" un pacto con los recién llegados. La ceremonia parecía tosca y seria, de no ser porque un joven rubio trataba de animar el ambiente sin dejar de cumplir con su deber. Tras un par de horas todos los nuevos se fueron a sus respectivos dormitorios y los cuatro horiges de la tarima, de los cuales tres eran mujeres, quedaron solos.

-Estoy orgulloso del avance de la red últimamente, parece que nos ganamos un nombre.- Dijo Darion apoyándose en la pared, exhausto. Las otras tres horiges lo miraron, entre sonrisas.

-Sin ti esto no sería posible, Soleil.- Dijo Edelweiss moviendo vagamente su blanca cola de zorro. -Estaríamos probablemente muertas.- Replicó Kira al instante. Darion empezó a caminar por la sala, enfurruñado. -Muerto estaría yo si no llegáis a salvarme aquel día, o peor, seguiría esclavizado, así que dejaos de gilipolleces, chicas- Siguió dando vueltas por la habitación y sermoneando a sus tres madres. Rhuna no habló, simplemente sonreía ante la actitud de Darion. -Bueno, es tarde, deberíamos descansar todos. Buenas noches chicas. Dijo Darion abandonando la estancia.

Darion se dirigió a su habitación, la cual se encontraba en la zona más profunda de la sede, pues disfrutaba esa soledad. Cuando llegó se la encontró como siempre, su cama hecha de paja, su bastón reposando sobre ella, los dibujos en las paredes...todo era normal salvo aquella carta en la cama. ¿Quién la habría dejado allí? A Darion no le molestaba aquello, no le molestaba que alguien hubiese entrado sin permiso en su pequeño templo, al contrario, le generaba mucha curiosidad aquella carta.
Con un pequeño cuchillo abrió la carta, la leyó y se acostó con una leve sonrisa en el rostro.

Al día siguiente, por la noche, fue al punto de encuentro. Aquella persona lo había citado en una taberna conocida por ser una gran sala de reuniones para acuerdos un tanto ilegales o de dudosa moralidad.
En cuanto entró el olor a alcohol lo golpeó como si del puño de un orco se tratase.- Huele como Rhuna en año nuevo.- Susurró el joven. Barrió la taberna con la mirada hasta que sus ojos se detuvieron en una Horige ,extrañamente respetada por los babosos de la taberna, sin embargo Darion se acercó como si nada y se sentó frente a ella, sonriendo como solo hace con las mujeres.

-Kiyoko...me equivoco? La joven apartó la mirada, como si le hubiese dado vergüenza  aquel acercamiento. -S...Si, soy yo la que te dejó la carta anoche. Bueno no yo exactamente.- Dijo poniéndose roja. - Vaya, encima con contactos...interesante...espero que tu compañero no fuese un topo y que lo que quieras es ayuda o ayudar y no colarte en mi base para robarnos información. El rubor se borró de la cara de Kiyoko, quien se puso mucho más seria. -He venido para pedir ayuda...quiero que ataquemos una propiedad, aquí en Phonterek...me he enterado de que allí se reúnen los cabecillas de una red que comercia con antropomorfos y cambiaformas. El clan Toyogawa y la red negra compartimos el mismo objetivo, liberación de antropomorfos. - Horiges, principalmente, pero si- Interrumpió Darion. La joven suspiró y prosiguió- Quería actuar en conjunto para atacar a esos cabecillas. Si mis cálculos no fallan...en dos horas estarán en el punto que te he dicho. Es ahora o nunca. Yo estaré allí en hora y media, me da igual que tu no.- Kiyoko le da un papel con la dirección. Darion la miró con curiosidad e interés.- Veo que te gusta meter presión...me gusta. Estaré allí a esa hora, voy a por mis cosas.

A la hora prevista en el lugar previsto se encontraron Kiyoko y Darion. La joven Kiyoko estaba sola, pero Darion no, pues había ido con Shinitai, una joven horige con rasgos de roedor y grandes aptitudes para el asesinato. Sin hablar demasiado  fueron avanzando por los tejados de la zona, acercándose cada vez más al punto donde los comerciantes iban a encontrarse. El silencio era sepulcral, lo cual angustiaba bastante a Darion, aunque la compañía le hacía no perder demasiado la cordura y mantenerse en sigilo.
Tras varios minutos, los tres horiges se colocan en el tejado de la casa que iban a atacar y entran por una de las ventanas del segundo piso.

-Los huelo, están abajo. ¿Queréis sigilo o brutalidad? .- Darion buscaba cualquier excusa para abandonar aquel incómodo silencio. En ese momento Kiyoko susurró: Son seis, como me informaron. No son grandes guerreros, solo maltratadores y mercaderes. Si somos rápidos no debería darles tiempo a llamar a los guardias y aunque los llamen no llegarán a tiempo. Vamos.
Los tres bajaron sigilosamente por las escaleras y cuando llegaron abajo, Darion se apoyó en el marco de la puerta, exponiéndose del todo mientras sus dos compañeras se preparaban para atacar por sorpresa. - Bueno muchachos, creo que lo que estáis haciendo es un poco ilegal ¿no? Creía que el comercio de este tipo estaba penado por ley en Phonterek...llamaría a los guardias pero para semejantes bazofias humanas no vale la pena despertar a las fuerzas del orden.- Darion comenzó a reirse a carcajada limpia. En ese momento uno de ellos, un adulto con el pelo canoso y lleno de cicatrices, se levantó desenvainando una espada.- Tu eres su lider ¿no? De la red negra...tu eres el bastardo que nos jode el nego...!- El hombre no pudo acabar su frase, pues Darion le había hundido el cráneo de un golpe con el bastón antes de que terminase de hablar.- ¿Alguna queja mas?. Los otros 5 mercaderes se levantaron desenvainando sus armas, corriendo en dirección a Darion, quien se limitó a hacer una señal a Shinitai y Kiyoko a la vez que lanzaba algunas canicas de hierro al suelo.

De la puerta surgieron las jóvenes horiges, que se lanzaron en dirección a los mercaderes. Uno de ellos cayó fulminado por un shuriken de Kiyoko, quien parecía dominar las artes del ninjutsu y, otro de ellos fue atravesado por las dagas de Shin. Dos de los otros tres se tambalearon al resbalar con las canicas de hierro que Darion había lanzado. Uno de ellos perdió el equilibrio y se partió la nuca, muriendo en el acto, mientras que el otro logró mantenerse en equilibrio y se lanzó a por Shin, la cual no pudo parar la embestida y fue herida en la pierna. Aquel que hirió a Shin fue a golpearla de nuevo pero su sable fue parado por el bastón de Darion, quien con una pirueta desarmó al mercader y le golpeó en el estómago cargando su puño con Ki. El último mercader cayó a manos de Kiyoko, aunque no sin ser herida levemente.

Tras aquella matanza los tres horiges vuelven a los tejados de la ciudad, desde donde Darion manda de nuevo a la sede a una herida Shin a través de uno de los pasadizos secretos de la ciudad.- Shin, despierta a Velvet, dile que te mando yo. ¿Podrás llegar bien?- La joven asintió. -Muchas gracias por tu ayuda, te recompensaré.- Shinitai le sonríe antes de desaparecer entre las sombras de Phonterek.
-Y gracias a ti por informarme de esto y contar conmigo. Dijo Darion aun sudoroso por la batalla anterior.- Si necesitas alguna vez algo mas, avisa.- El joven emprendió su vuelta a casa pero lo paró la voz de la joven.
-¡Espera! Aun tengo que comentarte algo...Estás interesado en colaborar con los Toyogawa de manera más...¿estrecha? Ambos luchamos por lo mismo...podríamos apoyarnos mutuamente.
Darion se quedó pensativo unos minutos, pero finalmente decidió lo que haría. -Colaboraremos...siempre que sea mutuo apoyo y no intercedáis en nuestros planes, por mi parte prometo que no nos meteremos en los asuntos de tu clan si no se nos pide lo contrario. Ya sabes donde vivo, cuando necesites algo, lo que quieras, ven a buscarme.- El joven hizo un amago de irse, pero volvió la vista.- Y cuando digo "lo que quieras" es "lo que quieras".- Dijo entre risas mientras guiñaba el ojo a Kiyoko antes de desaparecer en la noche.
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Re: Sueños compartidos

Mensaje por Señorita X el Lun Abr 17, 2017 10:07 pm

Con algunas licencias sobre Kiyoko, ha efectuado correctamente su hijra.

Me alegra que haya tomado el toro por los cuernos. Le daré color. Un saludo
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