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El lío de los caldazos. [Skurk]

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El lío de los caldazos. [Skurk]

Mensaje por Fildraghir el Jue Mayo 04, 2017 10:12 pm



El lío de los caldasos.
Mi viaje a Kvote, por Fildraghir.


El cielo que me recibió al llegar a la isla anunciaba tempestad. Las nubes, aglomeradas y grises, bloqueaban la luz del sol. Podía gotas de lluvia virtuales, gordas y cargadas, golpeando y mojando mi piel escamosa, pero aún así, no caía ninguna gota. Y yo estaba seco .
      Los marineros recorrían la embarcación de proa a popa. Cabe decir que el barco no era muy grande, quizás apenas el tamaño de una fragata mercante pequeña. Algunos cargaban sogas y redes, otros ajustaban las velas, subían y bajan los mástiles. Pero se centraban en la mercancía más que nada, el barco llevaba una carga bastante valiosa para las gentes de esta isla llamada Kvote: esclavos.
      Personalmente, no estaba en contra de la esclavitud, pero tampoco estaba a favor de ella. Este viaje era solo con propósitos de recopilar información y documentación para mi obra. Otro día podría discutir conjeturas y posturas con los mercaderes del Caldaso.
      El capitán, un hombre robusto con una barba envidiable, bajó a la "bodega" del barco con un par de sus marineros. Uno de ellos, joven, sin el menor indicio de cabello en el pecho no hombría, llevaba una porra pequeña y gastada. Si de algo podía opinar, es que la violencia innecesaria me repugna. Puede que sonara hipócrita debido a que llevaba un arma hecha para matar. Pero los tiempos los exigían, aunque esto no es una justificación.
     Los pájaros habían empezado a sobrevolar la embarcación, los cantos de las gaviotas llenaban el ambiente, acompañados por el romper de las olas. Y por el llanto de los desdichados.
     Porque incluso el puerto de la isla era un monumento a la esclavitud. Grandes estatuas, de lo que parecía ser oro macizo, se erguían sobre islotes de escolleras mohosas, y gigantescas cadenas las unían con los muros de la ciudad marcados por el hollín y las cenizas que emanaban los edificios desde el interior de los muros.
     Todo se sentía como si un maestro oscuro estuviera dirigiendo una filarmónica siniestra, inundando el ambiente con música ominosa y tétrica. Sin duda, la primera impresión no era para los débiles de corazón. Y los cielos saben que en este barco había varios; algunos marineros trataban de controlar el temblor de sus piernas, mientras que otros se aferraban a las sogas al mástil principal. No parecían ser comerciantes de esclavos, quizás era un negocio de una sola oportunidad. Personalmente, les recomendaría que se quedaran en aguas menos turbulentas.
     El barco atracó en el puerto sin ninguna dificultad. Pero en el segundo exacto que los marineros terminaron de desplegar los abordajes, hombres armados y acorazados subieron a bordo, encabezados por un hombrecillo poco robusto , calvo y de bigotillo dibujado con un lápiz fino. Como era de esperarse, repararon automáticamente en mi. Algunos se precipitaron a sacar sus espadas, oxidadas y sin brillo. El líder de los hombres también tenía una expresión de ignorancia, mezclada con sorpresa.
      El capitán intercedió por mí:
      —¡Vamos, amigos! Cálmense, este caballero es mi pasajero personal, mi invitado.
      —Eso solo significa que te harás responsable de él si causa problemas, mercader. Este... bicho me da muy mala espina.
      —¡De ninguna manera! Este caballero no causará problema alguno. De hecho, es un intelectual. ¡Si, así es! Está escribiendo un libro y desea... documentar este hermoso lugar. ¿No es así, señor?
      Asentí, sugiéndole la corriente al capitán. Mis movimientos estaban cargados de sinceridad, pues ese era mi objetivo. El hombrecillo desvió la mirada, me analizó, y luego volvió con el capitán.
     —Está en tu cuello, mercader. Mis hombres no le quitarán el ojo de encima. Ahora, descarga tu mercancía y vete de mi puerto.
      Los hombres se retiraron y el capitán suspiró aliviado. Me acerqué al capitán y posé mi mano sobre su hombro.
      —Gracias, Pathrik.
      —Por favor, ten cuidado, Fildraghir.
     Asentí. Antes de poder acercarme a los abordajes, los esclavos empezaron a desfilar ante mi y el capitán, haciendo evidente su desgracia; cabizbajos, mugrientos y machacados. Me pregunté que sería de ellos una vez dejaran el barco. En cualquier caso, abandoné el barco y el abordaje chilló cuando pasé por encima de él, la madera crujió como si la estuviera torturando. Cuando puse un pie en el frío suelo del muelle, sentí como si fuera transportado a otro lugar.Sin duda el aura del lugar era mucho más oscura de lo que aparentaba. Los muros de la ciudad se alzaban ante mi y proyectaban una sombra que amenazaba con engullirme sin un ápice de piedad o misericordia.  
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Re: El lío de los caldazos. [Skurk]

Mensaje por Skurk Äsping el Vie Mayo 05, 2017 2:20 am

Aquella tarde, las Cordilleras de Daulin se me hacían más cálida que de costumbre. Estaba en una tribu acogedora que parecía carecer de guerreros o defensas, estaban allí a las buenas de los dioses. Los conocía de antes, era antropomorfos y cambiaformas que, como yo, habían sido liberados o escapado de la esclavitud y ahora llevaban vidas tranquilas. Esa noche sería plácida, sin guerra, sin pelea, sin huir por mi vida. Entré en una tienda que hacía las veces de taberna, era impresionante cómo, para ser una tribu, se manejaba a lo aldea. El cielo estaba de un naranja tintando a morado, y el sol ya había desaparecido entre las montañas.

Dhak, ¿Tendrás una cama para mí? —Pregunté a la tabernera, una dama gacela de largas patas marrones y altos cuernos estilizados. Era bastante bonita, debía admitir.

Claro, Skurk. —Me sonrió. Sus rostro era humano, pero sus ojos eran de gacela. Me deslizó un tarro de sidra, a lo que dejé unas cuantas monedas en la barra— Escuché que hay un cargamento de esclavos que partirá a Kvote en la mañana.

¿De dónde partirán?

Se limitó a encogerse de hombros. Esta gente no solía dar respuestas concisas o completas, pero con saber que llegarían a Kvote, me bastaba. Di un largo trago a la sidra, tomando más de la mitad.

¿Ya has comido? —indagó con dulzura.

Sí, he cazado en el camino y tendré para un par de días. Gracias, Dhak.  

No hay por qué. —mantuvo una sonrisa con los ojos cerrados y luego volteó hacia su izquierda, donde un hombre rana de ojos peculiares la miraba expectante.— Qur, ¿Podrías indicarle a Skurk dónde queda su tienda?

El hombre asintió y se acercó a mí; tenía la piel de un color negro notablemente más oscuro que el mío, era completamente lisa y se veía húmeda, tenía franjas rojas por todo el cuerpo. Pensé que sería inteligente no tocarlo. Di otro trago a la sidra, el cual acabó con su contenido, y me dispuse a seguirlo.

Gracias, Dhak. —dije una vez más antes de desaparecer por el umbral de la cortina que hacía las veces de puerta.

Qur me condujo hacia una carpa bastante bonita, pero la cama era lo único que me interesaba. Agradecí la escolta con una sonrisa y me adentré, echándome en la cama sin pensarlo. Caí dormido al instante, estaba cansado y mañana sería, según yo, un día victorioso.

Desperté, como de costumbre, antes del amanecer, la hora perfecta para que los pescadores atracaran en el puerto con nuevas mercancías para el día. Me levanté a toda marcha y llegué al puerto. Conocía al encargado de las embarcaciones, pero no recordaba su nombre, por lo que titubeé un poco al acercarme a él.

Buenos días. Necesito llegar a....

¿Kvote? —terminó el hombre. Ya sabría de mi historia. Sonrió y señaló hacia un barco pequeño, poco más amplio que uno de pesca, pero perfecto para el viaje.— Va por la casa.

Oh, gracias, Muchas gracias.

Debía aprender a navegar, eso era seguro, pero esta vez, habíamos no más de cinco pasajeros, de los cuales uno era un chico gato que estaba aferrado a la madera del bote como si su vida dependiera de ello. Evité reírme. Zarpamos en seguida, como si me estuvieran esperando. Hissa se amarró a mi tobillo y casi podía sentir mi circulación trancarse. A ella tampoco le gustaba el mar.

Llegamos pronto; un par de horas luego del amanecer y ya estábamos atracando en el puerto de Kvote, y el cielo amenazaba con despedazar la pequeña embarcación. El capitán debió darse cuenta, porque lo amarró con fuerza al puerto y pasó por debajo de manga algunos kull al tipo que parecía el encargado del puerto. Bajamos con velocidad, y allí estaba ya la otra embarcación. Podía oler a los esclavos, las cadenas, el hierro. No era momento de actuar, la mañana y la luz no me brindaban protección, y sería presa fácil. Además, ningún esclavo estaba apresurado a ser liberado, y estaba seguro de que a ninguno lo sacrificarían. Una de las personas que se bajó del barco llamó mi atención; un hombre rechoncho de piel naranja y rasgos de reptil que no encajaba por ninguna parte con los piratas y mercenarios de la embarcación. Vi al que parecía el capitán disculparse con el encargado y responsabilizarse por el antropomorfo, quien tomó su propio rumbo. Éste sería una alianza útil, de seguro. Ordené a Hissa subir hasta mi mano y esperé a que se apartara un poco del resto para acercarme casi sin prudencia. Allí me di cuenta de lo colosalmente grande que era aquella criatura. Me superaba con creces, y sentía que con un golpe de su mano desnuda podría destrozarme el cráneo. Me envalentoné y le hablé.

No hueles a lagarto, ¿Qué tipo de reptil eres? —dije sin pudor y siseando mientras esbozaba una sonrisa amplia y paseaba a Hissa por mi cara. Mis ojos habían comenzado a despedir ese particular brillo de las serpientes, uno en dorado y el otro en esmeralda, como era costumbre.


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