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Maël desGrick: El Templo Elemental [CAMPAÑA]

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Maël desGrick: El Templo Elemental [CAMPAÑA]

Mensaje por Axelier Dragonos el Miér Mayo 17, 2017 7:14 am

Un silencio muerto…

¿Cuánto ha pasado desde que por última vez volteé mi mirada hacia el mundo?... ¿Es acaso de día, o la noche por fin me ha alcanzado en este abismo del que no puedo salir?... ¿Qué ha sido de aquellos que me seguían?... ¿El silencio permanente es en verdad tan implacable o es que simplemente he perdido la capacidad de escuchar?...

Me he vuelto loco, de eso no hay duda. Hablo en medio de la nada, con nadie en realidad. Hablo, sí, pero no escucho mi voz; y sin embargo siempre escucho una respuesta. A veces son risas. A veces oigo insultos. A veces siento que alguien me toca, pero yo nunca soy capaz de tocarme a mí mismo. Es como si la oscuridad no solo me envolviera, si no que me engulle y me hace parte de la nada. Pero, si soy nada ¿Qué es este dolor que aun así puedo sentir?

Tres meses… ¿o eran siete? No, estoy seguro que eran diez. Diez meses atrapado en la nada. Mis ojos no se abren, o quizá si lo hacen pero está tan oscuro que no logro ver nada. Intenté caminar, pero pronto descubrí que no tengo piernas. Intenté gritar pero la voz no me sale. Incluso he intentado vaciar mi vejiga en algunas ocasiones, pero si lo logré o no sería imposible para mí saberlo pues nada siento y nada puedo ver. Esto último me hace pensar en ocasiones ¿acaso he ingerido alimentos en este largo tiempo? Supongo que, de no haberlo hecho yo ya estaría muerto y esta conversación conmigo mismo sería un simple eco de una mente sin cuerpo.

Dos años más ¿o eran veinte? Ya no los cuento. Ya no me preocupo con cosas como el tiempo. Es demasiado complicado. No me preocupo por lo que como, pues ni siquiera sé si lo hago. No me preocupo por este silencio impenetrable, pues en realidad me gusta la quietud de no saber nada. Ya casi ni pienso en el ardor de mi pecho ni la risa que invade mis recuerdos. Ya no me preocupo por nada… o al menos eso pensaba, mientras contemplo frente a mí este libro desgastado, las páginas de cuero ensangrentadas y la pluma que firmemente sujeto en mi mano izquierda mientras colmo con tinta la punta para continuar escribiendo estas líneas de redención.

No, ya no me preocupaba por nada. Pero si ahora puedo ver, tocar, sentir y escuchar, entonces ¿Qué fue de toda esa oscuridad y silencio que hasta hace un momento me engullían? ¿Acaso he salido de mi abismo personal y ni siquiera me he dado cuenta? O, peor aún ¿En realidad lo he imaginado todo desde un principio?

No tengo las respuestas a ninguna de mis preguntas. Desconozco si este libro en el que escribo es mío o de la persona muerta a mis pies. Un noble por lo que parece. Mi hoja esta enrojecida, pero no tengo la certeza de haber dado yo el golpe mortal que le arrebatara la vida a tan miserable ser.

¿Acaso he perdido la razón? No… No creo que eso sea posible… Un loco no sentiría remordimientos mientras consume la carne fresca de sus víctimas… si es que en realidad este anciano es una de sus víctimas…


Páginas 106 al 108 del “Escrito sangriento” de Lord Axelier Dragonos
“Sin fecha”
Encontrado a las afueras de Uzuri, por un explorador de nombre Desmond.




~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~


Dhuneden. Tierra próspera de riquezas naturales invaluables y una sociedad creciente en cultura, comercio y dignidad. Dominada por los elfos en su mayoría, esta tierra fértil ha sido testigo de muchos eventos que marcarían el rumbo de la vida en otros reinos vecinos y distantes. Desde saqueos perpetuados por hordas nórdicas salvajes en tiempos de antaño hasta la devastación en manos de poderosos magos y hechiceros enloquecidos por el poder y engrandecidos por sus propios delirios de conquista. Más, sin embargo, la gente de Dhuneden siempre ha superado sus pesares y ha resistido el embiste del destino con la firmeza de una montaña con cada era que pasa.

El reinado de los elfos es amplio y basto. Para su gente y sus gobernantes abarca más allá del horizonte, donde nace el amanecer, y termina al otro extremo al morir el día. Salvo algunas tribus de hombres salvajes y aberraciones al interior del pantano Swash, la gente de Thonomer considera al reino de los Elfos como una de las joyas del norte más brillantes y aspira con poder asentarse en una de sus comunidades famosas por la riqueza equitativa, la seguridad y la calidad de vida que ofrece su gobierno.

Existen muchas ciudades y asentamientos prematuros a lo largo de Dhuneden. Desde Porcliff, en las costas del oeste, hasta Northcape, en lo más recóndito de los desfiladeros de Thargund. Todas ellas cuentan con algo en común en estas tierras: Caminos seguros. Pocos son los incidentes en los caminos civilizados del reino gracias a las constantes patrullas de exploradores elficas, las cuales se encargan de salvaguardar a los usuarios de los caminos de Dhuneden, entendiendo que mantener el comercio y el flujo constante de mercancías hace más próspera la tierra y más enriquecedoras las relaciones comerciales con los reinos vecinos.

Sin embargo no todos son agraciados por la agudeza de mente y las flechas mortíferas de los elfos de Dhuneden, pues aún ahora existen comunidades de gente regia que han tenido que soportar sola las embestidas de hordas malignas y de las inclemencias del propio clima tan inestable en varias partes del reino, principalmente por lo alejadas que se encuentran de las zonas de mayor tránsito. Una de estas ciudades en particular, la ciudad de Bruma, ha destacado su nombre con el pasar de los años por haber soportado la mayor cantidad de problemas a lo largo de su historia. Desde su fundación, hace apenas un poco más cien años, Bruma ha sido el principal foco de atención de un centenar de tribus aledañas cuyo único afán es hacerse con las pieles de los animales domesticados por granjeros y cazadores, o de hurtar los alimentos y pertenencias de mayor valor de los ciudadanos.
Incluso existen algunas zonas en las que habitan comunidades completas de engendros y aberraciones cuyos intereses no necesariamente conviven entre ellas, pero que tienen en común su gusto por la carne o la tierra de los habitantes de tales ciudades tan apartadas de lo que normalmente se le conoce como civilización.

Bruma ha acuñado, en este corto tiempo de existencia, el sobre nombre de “Nieblamuerte” y no en balde. Permanentemente cubierto por una espesa neblina que impide la visión más allá de los trescientos metros, en más de una ocasión han sido exitosamente defendidas sus murallas por la capacidad de repeler los saqueos de atacantes sin conocimiento militar, quienes son constantemente aniquilados por una lluvia de asedio invisible proveniente del interior de la espesa niebla. Gran parte de este éxito se le atribuye a Edvin Wyndariël, un veterano ex comandante de una compañía de mercenarios conocida como Los Capas Marrón de Malik-Thalish.

La ciudad en si no es tan impresionante como lo son sus gallardas historias. Bruma no abarca un área mayor de dos kilómetros, repleta de construcciones de madera y piedra sin una pizca de detalle ni el más mínimo gusto por la correcta arquitectura. Sin embargo cuenta con una empalizada de más de cinco metros de altura y torres de vigilancia de más de ocho, cuya separación entre sí no supera los cincuenta metros. Y no solo eso, si no que una fosa de al menos dos metros de profundidad separa la empalizada del terreno, haciendo mucho más complicado cualquier ataque coordinado en cualquier dirección. Un bastión de roca bruta y roble denso erigido en el límite más septentrional del reino de los elfos, en constante acoso por las maldades que habitan más allá de los bosques negros, los pantanos traicioneros y las oscuras ruinas de viejas  infestadas de horrores innombrables.

Extracto de ”La gran guía maestra del viajero carismático de los Reinos del Hombre”
Por Elhor Payne, el Bardo Rojo.



~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~


I
BRUMA

Spoiler:

La ciudad aun dormía cuando la quietud de la noche rompiera en un grito de dolor agonizante.

¿Que ha sido eso? – Preguntó el joven guardia de la puerta sur mientras agitaba su antorcha de un lado a otro, tratando de discernir algo entre la espesa niebla de la marisma a la que llamaba hogar – Ha debido ser por aquí cerca. No deberían de estar viajando a estas horas de la noche. Ya no es seguro. – Pensó mientras regresaba a la seguridad de su esquina, al pie del puente levadizo que separaba la muralla del resto del terreno.

Los caminos circundantes a la ciudad de Bruma han sido testigos de una enorme cantidad de asaltos y emboscadas muy bien coordinadas en las últimas semanas. Prácticamente un incidente diario es reportado, por lo que actualmente la ciudad se mantiene aislada y en estado de ley marcial hasta que los responsables de tales actos criminales hayan sido llevados ante el tribunal. Sin embargo, lo que realmente preocupa a la gente de Bruma no es el hecho de que sus caravanas están siendo atacadas y sus mercancías robadas. Si no que en el lugar de los asaltos se han encontrado marcas de batallas intensas pero ningún rastro de las víctimas que demuestre su paradero o si hayan sido asesinados o alguna cosa peor.

Con este ya son seis caravanas tan solo en esta semana Edvin – Dijo un hombre de avanzada edad pero de musculatura impresionante el cual portaba sin dificultad una armadura de placas completa y un enorme espadón atado a un cinto en su espalda – ¡No podemos seguir permitiendo que esto ocurra en nuestras narices maldita sea!

Y, según tú, deberíamos organizar un grupo de expedición y abandonar la ciudad ¿No es así Godrick? – Contestó el elfo cuya faz demostraba una serenidad y experiencia dignas de elogio.

En efecto Edvin – Confirmó Godrick mientras el rubor de su rostro pálido hacía evidente su enojo ante la quietud y el tono de burla de su líder – Es mejor salir allá afuera y morir peleando que esperar aquí sentados a que la solución entre la puerta – Terminó azotando su pesada bota metálica en el endeble piso de madera de la guarnición.

Y es por esa razón que yo lidero a estos hombres y tú solo te encargas de partir cabezas cuando se te ordena – Zanjó el tema el elfo mientras devolvía su atención al mapa extendido de la mesa en el que se apoyaba. Godrick ahogó en su garganta lo que pareció escucharse como un reclamo, pero Edvin simplemente lo dejó pasar – Los ataques han sido extrañamente bien coordinados y planeados – Con el dedo señalaba las cruces marcadas en el mapa, tratando de detectar algún patrón o indicio – Todos han ocurrido a no menos de trescientos metros apartados de nuestras murallas, justo al límite de la visión que nos permite ésta condenada niebla – Apretó el puño, claramente frustrado por la situación – … y aun así, no hemos podido encontrar rastro alguno de los viajeros asaltados a pesar de que nuestras fuerzas no demoren más de dos minutos en aparecerse. Simplemente no lo entiendo.

A su alrededor los miembros de la milicia de Bruma se rascaban la cabeza y se miraban unos a otros murmurando rumores y supersticiones que habían comenzado a abundar por la ciudad. Algunos decían que la tierra se estaba tragando a los viajeros. Otros hablaban sobre brujería y magia negra, aunque en realidad ningún mago de la zona había podido corroborar la presencia de ese tipo de energías. Había incluso algunos rumores mucho más aventurados que hablaban sobre la venganza de los Dioses antiguos, cuya ira ahora azotaba a los que no creían en su poderío.

Garrick – Continuó el capitán Edvin mientras señalaba al joven de aspecto desaliñado al fondo de la habitación - ¿Serás capaz de encontrar algún rastro? – El joven encapuchado se acercó a la mesa de comando para analizar las marcas que el capitán había colocado alrededor del área delimitada por la ciudad – Sin duda – Contestó el joven tras un breve momento de meditación – Siempre y cuando estos ataques no hayan sido orquestados por fantasmas deberá existir un rastro o una pista que nos dé información sobre el paradero de estas personas. Pero… - hizo una pausa mientras elevaba su mirada hacia el rostro del capitán, quien al parecer ya sabía sus siguientes palabras – … mi precio se ha duplicado, mi estimado “capitán” – No se tomó la molestia de ocultar un claro desdén hacia con el elfo. Los miembros de la guardia hicieron un breve amago en represalia a aquella muestra de falta de respeto, pero Edvin rápidamente intervino – Te pagaremos lo acordado ahora, y el triple cuando vuelvas con algo más que una simple migaja en el camino – Garrick examinó la propuesta, acarició el filo de la daga atada al cinto y comprobó el estado de su arco largo para después contestar a la propuesta del impasible capitán de la guardia – Trato hecho hombre.

Tres noches pasaron desde aquel último ataque a las afueras de la puerta sur de la ciudad. Tres noches desde que el capitán mandara al explorador Garrick Brown a buscar algún indicio del paradero de los desaparecidos o algún rastro de sus atacantes. Tres noches desde que la llamada de auxilio se emitiera por todo lo largo y ancho del reino, en busca de espadas adicionales y conjuros que logren brindar luz en el misterio que envuelve a la nebulosa ciudad de Bruma. El pueblo buscaba Héroes, y aunque serían muchos los que contestarían al llamado, aún tendrían mucho que probar... incluso a ellos mismos.
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Re: Maël desGrick: El Templo Elemental [CAMPAÑA]

Mensaje por Darion el Dom Mayo 21, 2017 1:11 pm

Lo primero que escuchó Darion aquel día fue cómo alguien llamaba a la puerta de su habitación para tratar de entrar. Balbuceó algo indescifrable pero quien estaba al otro lado se lo tomó como que podía entrar, por desgracia para el mono, que estaba en un estado deplorable debido a la mala noche que había pasado.

La puerta se abrió y la luz que entró cegó momentáneamente a Darion, que solo vio una silhueta que se recortaba a contraluz en la puerta. Ver aquella cola de zorro le bastó para saber que aquel que había llamado a su puerta era Tyson, uno de sus mejores compañeros de la red negra. A duras penas el joven miró el "reloj" que solo indicaba si era de noche o de día en la superficie...ya era de día.

El hombre zorro entró en la habitación y se sentó al borde de la cama de Darion. Parecía preocupado y llevaba una carta en la mano, pero aún así no metió prisas al mono para que se terminase de desperezar. Le habló suavemente, aunque se le notaba tenso.

-Tio...he recibido una carta de Natalie.

Aquel nombre hizo que Darion se sobresaltara. Natalie era un genial contacto para la red, además de una fiera luchadora y no solo eso...era la hermana de Tyson.

-¿Que le pasa?-Preguntó queriendo guardar la calma.

Tyson suspiró profundamente antes de hablar.

-Ahora está en Bruma...y está muy enferma. Además dice que está habiendo sucesos extraños por allí, que quizá sea alguna información interesante pero que ella en su estado no es capaz de moverse siquiera. Dice que la propia guardia de la ciudad está haciendo llamamientos en busca de ayuda.

-¿Es una forma sutil de invitarnos a ir?

-Sabes que si, además ni siquiera parece una petición...diría que es prácticamente una obligación...ya sabes como es ella. Yo voy a ir, no tengo duda al respecto.

Darion se levantó de la cama, solo la ropa interior cubría su cuerpo. En silencio fue recorriendo la habitación poco a poco, pensativo, mientras recogía sus diversas prendas de ropa para vestirse.

-No te puedo dejar ir solo a Dhuneden. Los caminos son peligrosos y además siendo lo que eres, eres una presa más que jugosa para más de un esclavista.

-¿Vas a venir tu?- Preguntó con cierta esperanza el zorro.

-¿Acaso hay alguien más cercano a Nat a parte de ti?

Aquella frase provocó una mirada de odio por parte de Tyson.

-Oh tío...no me refería a cercanía en ese aspecto...¿Cuantas veces tengo que decirte que aquella noche no pasó nada?

-¿Vas a venir o no?

-Pues claro que voy a ir...necesito salir de aquí y últimamente está muy tranquilo todo...además las chicas se ocuparán de Phonterek en mi ausencia.


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Lo único que se escuchaba esta vez era el golpeteo de los cascos del caballo en el camino. Sobre aquel animal, Darion y Tyson, ligeros de equipaje, por no decir carentes de él, se dirigían a Bruma. Por suerte para el mono, el chico zorro sabía montar a caballo y había "tomado prestado" uno horas antes de partir.

Ya llevaban tres días en el camino. Avanzaban de día y de noche descansaban por turnos para que el caballo descansase y, de paso, ellos también. Aprovechaban sus escasos descansos para comer, vaciando la bolsa de tela que habían traído de la base, llena de fruta y carne seca...de hecho aquello era prácticamente lo único que habían traído de la base.
Por su parte Darion lo único que llevaba era su bastón, mientras que Tyson solo llevaba sus dagas y alguna que otra hierba medicinal, por si su hermana lo fuera a necesitar.

Al mediodía del tercer día, llegaron a Bruma, no sin miedo por ser tomados como una amenaza debido a los difíciles tiempos que estaban pasando en la ciudad y debido también a su condición de Horiges .Tampoco llegaron sin dificultades, pues el bosque estaba oscuro y más que bosque parecía una marisma, lo cual hizo que bajaran del caballo. Los guardias los dejaron en paz cuando dijeron que venían a visitar a una ciudadana y a ayudar con el problema existente en la ciudad. Buscaron un establo, dejaron a aquel caballo al que habían apodado "Pepinillo" y se dirigieron a la casa de Natalie.

Tardaron bastante tiempo en encontrar la casa, pues si bien Bruma no era especialmente grande, no dejaba de ser una ciudad desconocida. Hubiesen seguido vagando por la ciudad de no ser porque desde una de las ventanas de una casa, una más que evidente débil Natalie los llamaba "a voces"
Los dos compañeros entraron en la casa de la joven por la puerta, la cual ya estaba abierta y se dirigieron a la habitación de la chica guiándose por su voz.

Cuando por fin llegaron a la habitación, Tyson se lanzó sobre su hermana a abrazarla. El estado de Natalie era un tanto triste. Su piel estaba más pálida de lo normal, tenía pronunciadísimas ojeras y el el pelo tanto de su cabeza como de sus orejas y cola de zorro, parecía caerse a mechones.

-¿Cómo estáis chicos?.- Dijo en un tono para nada correspondido con su estado físico. Parecía animada.

-Bien...supongo...¿Que te pasa?

-No lo se muy bien...el médico me ha recetado ciertas hierbas. Estoy débil físicamente pero me encuentro relativamente bien...pero no puedo hacer esfuerzo alguno y me han dicho que debería tener a alguien cuidándome...por eso te envié la carta, hermano...necesito que estés conmigo unos días hasta que mejore.- Natalie miró hacia abajo, avergonzada, como si aquello que pedía fuese un duro golpe para su honor.- Tengo miedo Tyson...

El hombre zorro abrazó con ternura a su hermana.

-Me quedaré contigo lo necesario...mientras tanto Darion podrá ayudar a saber que cojones pasa...De poco me sirve que estes sana si vives en una ciudad insegura...

Por su parte Darion no había dicho nada, solo había saludado a Nat, pero estuvo de acuerdo con el plan. Mientras Tyson cuidaba a su hermana, él se encargaría de ayudar en la ciudad para ver que estaba ocurriendo.

-Me parece genial el plan, pero necesito descansar...tantos días viajando en Pepinillo me han matado. Esta noche investigaré...parece que es cuando se dan más ataques.

-¿Viajar en pepinillo?...Tyson me prometiste que dejaríais de fumar Skagg

El mono y el zorro se miraron un tanto incrédulos y comenzaron a reír a carcajada limpia.

-Voy a dormir algo...esta noche iré a investigar. Hasta luego hermanitos.


------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------


Tras unas horas de descanso, Darion salió por la puerta, no sin antes comer algo de lo poco que quedaba en la bolsa que había traído desde Phonterek. Recorrió toda la ciudad pero no encontró nada que le pareciera extraño. Había guardias un poco por todos lados pero parecía que el peligro, más que dentro, se encontraba fuera de la ciudad...la cual hacía un total y completo honor a su nombre, Bruma, pues estaba rodeada de una espesa niebla.

Cuando se cansó de patear la ciudad se acercó a la puerta de la ciudad por donde había entrado aquella mañana. Unos guardias lo recibieron.

-¿A donde vas? No deberías estar en la calle.- Preguntó excesivamente serio.

-Vengo a ayudaros con vuestros...problemillas. Necesito explorar los alrededores de la ciudad de noche. No me alejaré mucho, pero quería que me vieseis la cara, básicamente para no relacionarme con un enemigo en caso de que haya un ataque durante mi ausencia...cosa que espero que no pase porque igual perdéis a uno de vuestros "héroes"

El guardia parecía convencido, pero no contento con el tono en el que hablaba Darion. Sin decir nada le hizo un gesto para que pasase.

Darion salió y se quedó cerca de la ciudad, pero por el exterior. Dedicaría parte de la noche a intentar descubrir algo, pero sin salirse de los límites que le había recomendado Nat, unos 300 metros, pues por lo visto a partir de esa distancia no había visibilidad y empezaban a producirse los ataques.


Última edición por Darion el Jue Mayo 25, 2017 8:58 am, editado 1 vez
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Re: Maël desGrick: El Templo Elemental [CAMPAÑA]

Mensaje por Evelyn Blake el Dom Mayo 21, 2017 2:01 pm

-Yo no pienso volver a esa casa, no es…natural.- Evelyn levanto una oreja por debajo de su capucha, para escuchar mejor. Había un hombre, de unos treinta años, discutiendo con el tabernero que se suponía que tenía que traerle su estofado. Podía verlo, allí, humeando deliciosamente en la mano del tabernero. Parecían discutir sobre una pequeña cesta de víveres que había sobre la barra.

-Venga ya, después de lo del pequeño Tim… necesita nuestra ayuda Crowley-
"¿Sabes lo que necesito yo? Mi estofado". Pero se lo guardo para ella, no parecía educado.

-¿Solo es llevar eso a una casa? Puedo hacerlo…-
se limitó a interrumpir Evelyn, con la esperanza de acelerar la llegada de su estofado, enfriándose en las manos del tabernero. El hombre la miro de arriba abajo, lo poco que se podía ver a través de su capa gris, que era básicamente sus ojos rojo sangre y su arma. Debió considerarla más capaz que el aldeano medio, puesto que la mando sin demasiados remilgos hacia la casa más alejada del pueblo, pidiéndole que le trajera comida a la mujer que vivía en ella y que “tuviera cuidado”.

Evelyn toco a la puerta, y esta se abrió sin demasiadas dificultades. La casa era razonablemente grande, de dos pisos, aunque rebosaba polvo, como si alguien no hubiera limpiado en meses. La peliblanca se paseó por el primer piso, sin demasiado éxito, así que se decidió a subir al segundo piso. Empezó a subir las escaleras, que crujían horriblemente a cada paso que hacía. Lo que parecía un nabo salió volando del segundo piso y casi le da en la cabeza. Eso fue raro, pero podía pasar…casi seguro. ¿Pero esa paella flotando ante su cara? Eso sí que no pasaba. –Déjala en paz.-

-Basta ya jovencito.- se limitó a decir la mujer zorro, con tono serio, el mismo que usaba para regañar a los niños. Un pequeño niño ligeramente translucido la esperaba cuando acabo de subir los últimos tramos de la escalera.

-Está enferma, no podéis molestarla.- era un fantasma, no había duda, y la enfermedad de la madre era, posiblemente, debido a la muerte del hijo. –Tu madre no se recuperara nunca si no come, sabes eso ¿cierto?- el niño bajo la cabeza, mirando el suelo. Su tono se suavizó. –¿Donde está tu padre?-

-Se fue a Bruma, a vender la cosecha, y comprar un poco de medicina para mama. Yo soy el hombre de la casa hasta que vuelva, debo protegerla, ¡me lo dijo!-

-Entiendo…- Alargó la mano y le acarició la cabeza, aunque técnicamente no estaba tocando el ser intangible, este lo notaba, igual que pasaba con sus espíritus. –Voy a traerle comida a tu mama, ¿espera aquí vale?-

En cuando entró en la habitación de la madre, no encontró nada sorprendente. Un fuerte olor a sudor y otros fluidos, una diminuta figura en una cama, que la miraba desde detrás de las sabanas, como si el frágil material fuera a protegerla de lo que fuera que temiese, muy posiblemente el espectro que rondaba la casa. -¿Te ha… dejado pasar?-

-Se me dan bien los niños…-

-¿Lo has visto, entonces es el de verdad?¿No estoy loca?- Un rayo de esperanza cruzo sus ojos, iluminándolos. Tenía que cortar esa esperanza de raíz.

-No te hagas ilusiones, un espectro anclado a un lugar es muy peligroso, cuanto más tiempo tarde en pasar al más allá, más violento se volverla, no importa que seas su madre, te hará daño...- Le dejó la cesta allí y se fue, sin más. El proceso era lento, lo sabía, pero la separación seria dura, muy dura si le decía “si, puedes hablar con tu niño muerto” hasta que volviera.

-Podrías haber practicado tu exorcismo, necesitas práctica y no era muy fuerte.- Undine se había materializado sobre su cabeza, agitando su cola de pescado mientras le rizaba el flequillo.

-¿Duele?-

-¿El exorcismo? Un montón.-

-Entonces lo ayudare de la manera tradicional, supongo que dejara de estar anclado cuando el padre vuelva a casa.- Undine estaba molesta, y agitaba su cola de sirena molesta, pero no dijo nada, en el fondo, entendía el razonamiento de Evelyn. Solo tenía que seguir el camino hasta Bruma, por lo que sabía, llegaría más o menos hacia la puesta del sol.

Un sollozo interrumpió su caminata por el bosque, y era un bosque porque tenía árboles, aunque fueran solo unos pocos, por más que Sylph insistiera en llamarlo marisma. Había un poco de niebla, así que le costaba localizar su fuente, pero sin duda procedía de su izquierda y parecía un niño pequeño en problemas. Casi había llegado a la salida del bosque, estaba segura, pero no podía simplemente ignorar a un niño en peligro. La mujer zorro se salió del camino, pisando con cuidado. Su pie derecho piso algo mojado, y cuando su izquierdo dio otro paso, se hundió un poco más. “Marisma”, por supuesto que habría agua, a porrones. Dio un paso más, y a través de la niebla pudo ver el lugar desde el que estaba segura que procedían los llantos, un árbol muerto, seguramente hueco, allí estaría el pobre niño, asustado y llorando.

-Azy, algo está mal…- Sylph, siempre tan jovial y alegre, tenía un tono preocupado, casi triste. Usualmente le hablaba justo ante su cara, demasiado cerca, bloqueando toda su visión con su vestidito verde, pero esta vez estaba a su lado, mirando en su misma dirección. Ella también lo notaba, algo no encajaba, pero no iba a dejar a un pobre e indefenso niño sol…

Su cuerpo lo notó antes que su mente, en segundos paso a chorrear sudor frio, con todos los pelos de su cuerpo erizados, como si de una ardilla de nueve colas se tratara. Solo entonces, su mente entendió el porqué. Ese llanto que escuchaba, que no había parado de escuchar a medida que se acercaba, estaba en bucle. Tres sollozos, un hipido, luego una breve pausa, para luego repetir exactamente lo mismo, con exactamente el mismo tono. La peliblanca retrocedió, lentamente, y cuando sus pies llegaron al firme camino, empezó a correr. Ya estaba cerca de la ciudad, y no paró hasta estar dentro, prácticamente escurriéndose entre las puertas que se estaban cerrando por el toque de queda del cual no conocía nada aún. Su entrada triunfal sobresaltó a los guardias, que la miraron a ella, a su cara de horror y finalmente a las puertas que se cerraban empuñando las armas, como si esperaran que un horrible monstruo la estuviera persiguiendo. Todos respiraron un poco más tranquilos cuando estas se cerraron al fin, con los últimos retazos del sol.

Por supuesto le preguntaron al respecto, pero poco pudo decirles aparte de que había algo allí fuera, cosa que todos en esa ciudad ya sabían, más o menos. –Hay… hay pájaros que imitan los sonidos que escuchan, puede que no fuese nada…- Pero Undine no parecía muy convencida a medida que su cuerpo azulado flotaba a su alrededor. A medida que pasaran los días, aprendería a partir de los rumores que los “monstruos” que los habitantes creían que había fuera y el suyo no encajaban, esa cosa se había esperado, había aguardado pacientemente hasta que estuviera más cerca al menos, no encajaba en absoluto, así que se fue calmando, quitándole hierro al asunto “era un pájaro, o un puma”, “la niebla trastorna los sonidos” llegarían a sonar convincentes para la tercera noche que paso en esa ciudad, aunque eso no le impediría dormir armada todas y cada una de las noches.

Después de sus preguntas, los guardias la mandaron a la taberna más cercana, avisándola de que no vagabundeara por la noche saltándose el toque de queda. La peliblanca se ajustó la capa con capucha que ocultaba sus rasgos, ligeramente desplazada por su triunfal entrada y se dirigió hacia ella sin rechistar, al menos esa noche. Esa taberna en cuestión no era especialmente bonita, pero tampoco cara, y pudo llenarse la tripa de estofado y tener una habitación razonablemente cómoda para ella sola.

Su primer “día” en la ciudad, lo paso hablando con los comerciantes. El padre de Tim, Todd, había ido allí a vender sus productos, principalmente hortalizas, así que los comerciantes de alimentos eran el paso lógico a seguir, sin embargo no hubo demasiada suerte. Si, algunos lo conocían, pero no, ninguno lo había visto últimamente, y la inmensa mayoría sugirió que posiblemente había sido atacado “fuera” o que se lo había llevado “eso” mientras venia hacia Bruma. Se le hizo el día, así que volvió a su taberna, devoró lo que parecía ser sopa de ave y durmió su segunda noche en la ciudad. El tercer día pregunto en las tabernas, aunque sin demasiado entusiasmo, porque sus esperanzas que de que hubiera llegado a la ciudad pero estuviera simplemente de parranda disminuían a cada visita que hacía. Incluso visito algún que otro burdel, por si acaso era un mal padre y peor marido, pero solo fue recibida con proposiciones indecentes y ninguna respuesta. Pero fue casi en su tercera noche que se enteró del anuncio, se buscaban espadas y hechicería para solucionar ese pequeño problema exterior, y ella tenía ambas, así que se presentaría al día siguiente, no esa noche, esa noche iba a dormir, no la abrirían por las buenas a esas horas al fin y al cabo, y desde luego no iba a colarse para obtener un trabajo, acabaría en la cárcel. Mañana ofrecería su espada, lo que le recordaba que debería comprar una segunda, más práctica, si iba a ayudar a la guardia contra lo que fuese que había allí fuera.
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Re: Maël desGrick: El Templo Elemental [CAMPAÑA]

Mensaje por Rengar Fangstromg el Miér Mayo 24, 2017 9:34 pm

Una mañana más de entrenamiento, estaba justo en los prados cercanos a la casa del Joven Rengar, algunos árboles, un pequeño lago y un amplio terrero era lo que se podía observar de la zona desde la ubicación céntrica en el sitio nombrado, era el espacio perfecto para él, ya que era un lugar solitario y tranquilo, el cual podía usar como campo de  práctica. Se podían observar varios árboles astillados y rasgados como también algunos trancos secos en el suelo, resultado de los continuos ejercicios y entrenamientos en este con el hacha y la espada, haciendo a veces usos de ambos a la vez para practicar ataques dobles.

En esta ocasión se  encontraba  Meditando sentado sobre el verde pastizal, de piernas cruzada y los ojos cerrados, las manos una con la otra entrelazada por sus dedos y en absoluto silencio, pero en momentos siguientes a esto se  vio interrumpido por su amigo mayordomo que se acercaba lentamente. Aclet. Un joven de unos 26 años, alto, de contextura delgada pero con músculos pronunciados, que en ocasiones le servía de oponente para hacer más dinámica y poco aburridas las prácticas; Muy bien vestido, de traje, con guantes blancos y una carta sobre sus manos, se aproximó hasta al lado del joven  y  sin esperar más rompió el silencio:

-Disculpe señor Rengar, sé que esta en plena práctica, pero hace unos momentos llego esta carta para usted, dice que es de la Taberna “Copa Dorada” parece ser un mensaje bastante importante.

El muchacho abrió lentamente los ojos, soltando luego sus manos usándolas de apoyo en el suelo para levantarse, se quedó en silencio por unos momentos viendo a su ayudante para luego responderle:

-no conozco de nada ese lugar, es la primera vez que escucho su nombre,  pero de igual manera este no es un lugar apropiado para atender mis asuntos,¿no te parece Aclet? Vamos a casa ahí la leeré con más calma.

De esa manera ambos se fueron alejando del colorido prado con dirección a la gran casa de Rengar, al llegar se podía ver el jardín principal un lugar lleno de grandes setos y jardineras con  rosas rojas y blancas ya que eran las favoritas de su madre, caminos de piedra que recorrían el lugar como guías, y como no, una gran fuente llena de agua cristalina en el centro que daba justo al frente de  la puerta principal, Aclet abrió la puerta dejando que su patrón pasara primero haciendo una especie de reverencia, al hacerlo cerró la puerta caminando justo detrás de rengar por el salón principal hasta su despacho,  El muchacho se sentó en su escritorio donde su ayudante coloco la carta en silencio retirándose luego dejándolo a solas:

-Muy bien veamos cual es el mensaje tan importante que tienen  para mí.


Tomo un abrecartas situado en la primera gaveta de su escritorio cortando a lo largo el sobre dejando ver luego el mensaje en ella:

                                                                               Brumas, Tarberna “Copa Dorada”

Señor luckas Fangstromg:
Quisiera decirle que me es agradable escribirle, pero me temo que en esta ocacion le escribo por algo más que un simple saludo, como sabe he administrado su negocio de la mejor manera, haciendo de Copa Dorada la taberna más prestigiosa y prospera de todo el lugar, por lo cual me vi en la penosa necesidad de solicitar su ayuda por los eventos acontecidos en los últimos días… Han llegado muchas noticias sobre mercaderes que han sido atacados y asesinados en los alrededores del lugar, dado esto expreso por esta mi preocupación por el local, ya que somos uno de los negocios más prestigiosos y concurridos del lugar, tenemos mucho dinero el cual podría ser blanco de todos presuntos rateros que mataban a los mercaderes a sangre fría.
Es por esta razón que solicito de su presencia, siendo usted el propietario del lugar debe hacerle frente a esta situación y solucionar este problema tan grande, a pesar de que tenemos a 2 hombres de seguridad dispuestos en la puerta, no son suficientes para responder a un ataque de la magnitud de los rumores dichos por la gente del pueblo.
No siendo más espero su pronta respuesta a mi petición, recordándole que el mayor perjudicado en esta situación es un establecimiento, y haciéndole mención que no fue un trabajo fácil labrar el nombre en el pueblo.
Sin más que añadir.
                     Atentamente:                                                                                    
                                                                                                                        Bills Thuriels, Administrador

Al terminar de leer Tal comunicado se puso de pie, colocando la carta sobre el escritorio mientras comenzaba a caminar hacia el salón principal en silencio, percatándose el mayordomo de la cara del chico se acercó y le preguntó:

-pasa algo grave señor?                                                                                                        

Rengar lo observó por un momento para luego responderle:

-No sé qué tan grave sea la situación, pero al menos se puede decir que es molesta, no tenía planeado hacer un viaje y menos por negocios de mi padre, al parecer este hombre no supo que el murió, pero bueno debo hacerme cargo… dime algo Aclet, ¿conoces ese lugar llamado Brumas?.

El sirviente trago un poco se saliva para luego responder:

-así es señor, es un lugar algo rudimentario, rodeado por bosques pantanosos que son los únicos caminos conocidos para llegar hasta el centro del pueblo, siendo así, es casi imposible acceder mediante un carruaje, la única manera es ir montando, o caminando… otra cosa, la visión está un poco limitada, ya que en los alrededores de esta hay una gran capa de niebla muy espesa que la cubre. Es un viaje de unos 2 días aproximadamente montando, a pie quizás pueda ser 1 semana.

El cambiaformas frunció el ceño como símbolo de una inmensa incomodidad por lo dicho antes del lugar:

- La visión no será un problema tan severo, sabes bien que mi sentido del olfato y del oído me pueden ayudar mucho, todo esto junto a los reflejos que tengo… Gracias a esta maldición. Pero ensuciar mis zapatos por llegar a un lugar así no es una idea que me emocione demasiado, aunque… Supongo que no tengo otra opción, por favor Aclet necesito que me acompañes, alista los caballos, guarda mi armadura y algo de provisiones, en unas horas saldremos.

Rengar tomo la carta subiendo luego a la habitación, colocándose como de costumbre su traje de buen vestir, con un gran sombrero, claro, no podía falta su cinturón con su espada en la parte de atrás y en su mano derecha aquella hacha que usaba como arma principal, fue hasta la caballeriza, viendo a su fiel ayudante en esta con su pedido listo, sin esperar más monto en su fiel corcel Alarick saliendo hacia el campo abierto con dirección al norte junto con Aclet.

Se podía escuchar el fuerte galope a gran velocidad de ambos caballos que iban por la pedrera abierta, al rededor se podía observar algunos pequeños árboles y un riachuelo de agua clara, donde en el fondo se podían admirar las blancas piedras, el viento chocaba en sus caras y la dirección de estos era contraria hacia donde corría aquella pequeña corriente de agua, pronto empezó a oscurecer, el joven detuvo su camino por este día, terminando así el primer día de viaje, tomaron un receso para comer, beber un poco y descansar.

El día siguiente solo se dedicaron a viajar lo más rápido que podían para llegar presto al lugar, solo deteniéndose para comer y que los caballos tomaran agua, pronto se dieron cuenta que antes de oscurecer tendrían frente a ellos un bosque, que no era muy extenso pero si muy oscuro por el tamaño de los árboles, lo que Aclet había dicho era cierto, se podía ver la humedad en todo lugar, los pantanos, el ambiente era más frio.
Rengar analizándolo por un momento le dijo a su compañero:

-Ya es de noche, lo mejor es que nos quedemos aquí afuera, ya que si pasamos estaremos en desventaja de posición para poder defendernos a un ataque.

El mayordomo respondió:

-Como usted ordene señor, tiene razón lo mejor será adentrarnos en la mañana, igual es un camino confuso, hay que cuidarnos de no perdernos.

Hicieron guardias por turnos para no ser atacados por sorpresa, pero para sorpresa de los 2 las afueras del bosque era un lugar tranquilo, se podía escuchar los sonidos nocturnos, y en el cielo, con la luna en cuarto menguante, era una suerte que no fuera noche de luna llena.

Al caer el día, tomaron un breve desayuno, con las provisiones que habían guardado y se adentraron luego en el bosque, el campo de visión era bastante limitado, pero los sentidos desarrollados de Rengar eran una gran ventaja para tratar de estar ubicados, aunque no sirvió de mucho, anduvieron varias horas en el bosque, perdidos, pero al fin pudieron llegar a las puertas del pueblo.

Al entrar 2 guardias fueron a hacer el chequeo de rutina, para asegurarse que no fueran ladrones, cosa que quedo clara unos segundos después de que el joven le mostró la carta y se dieran cuenta que este era perteneciente a la Familia Fangstromg, dueño de la taberna "Copa Dorada". Ya eran horas de la tarde cuando esto sucedió, asa que el joven le pidió a los guardias ser llevados lo más ante posible al lugar antes mencionado, para solucionar el asunto por el cual había sido convocado.


Última edición por Rengar Fangstromg el Jue Mayo 25, 2017 3:10 am, editado 2 veces
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Re: Maël desGrick: El Templo Elemental [CAMPAÑA]

Mensaje por Tyrael el Jue Mayo 25, 2017 12:34 am

La luz del sol se estaba poniendo sobre el horizonte lleno de montañas de un lado y con el poblado al que había llegado hacía poco al otro. Los designios de la justica me habían llevado a aquel poblado en busca de un valeroso guerrero que me habían encomendado a entrenar en las artes divinas, así como impartirle lecciones sobre justicia. Hacía mucho tiempo desde el momento que había decidido no tener acompañantes, desde aquel retiro de la guardia de la ciudad de Phonterek.

Me encontraba sentado sobre una roca ajustándome los brazales antes de la próxima y última tanda de entrenamiento con el joven que ahora se podía denominar mi aprendiz. El guerrero era un caballero curtido en batallas, pero que recientemente había descubierto su alineación con Adael y por lo tanto intentaba ser lo más justo posible, pero en el combate el furor de la batalla cegaba su raciocinio y nublaba su mente sobre lo correcto y lo injusto.

Levántate Nephalem, es hora del combate final –Le dije al joven.

Nephalem era un fornido joven de unos 24 años, un poco más joven que yo pero con una musculatura mucho más trabajada que la mía, lo que hacía que aparentara más años de los que ostentaba.  Su armadura era de un gris metal desgastado por miles de combates fieros. El joven se levantó y luego de empuñar su espada se colocó su casco de placas y lo ajustó a su medida, seguidamente bajó el visor y se acercó a mi posición.

Empuñé a El’druin tomándola por el mango y la alcé, luego la bajé y adopté una postura defensiva, indicándole con la mirada y con un leve movimiento de cabeza al joven para que atacara. El muchacho se comenzó a acercarse cuando una voz tosca y ronca interrumpió su avance.

El supuesto Arcángel Tyrael… ¿Qué haces por estos lugares? No sabes que están repletos de demonios –Dijo un hombre fornido acercándose a nuestra posición a las afueras de la ciudad- Oh, espera… ¡Según tú todos podríamos ser demonios! Cuidado chico, si lo hieres su aclamada justicia podría terminar con tu vida.


Rashá ¿No tienes otra tienda que robar? Oh, espera… Si lo haces mi aclamada justicia te encarcelará.

El hombre tomó uno de sus sobre guantes de metal, y lo lanzó a mis pies. De acuerdo a las reglas de caballeros significaba un reto y el retador eligía si era a muerte, mientras que el retado decidía si aceptar o no.

A muerte, si te da miedo no aceptes…

Me incliné y tomé el sobre guante y lo lancé al pecho, al tiempo que empuñaba nuevamente a El’druin para hacer la demostración a Nephalem y que tuviera otra vista que no fuera la de un luchador.

El bandido cargó contra mí de manera rabiosa y casi sin pensarlo a lo que de inmediato me preparé para salir de su visión con un ágil movimiento hacia su lado derecho mientras el bruto pasaba como un tren con carga directo hacia la nada. Rashá se devolvió oscilando su espada y al llegar a mi posición realizó un corte en el viendo directo hacia mi pecho. El’druin se interpuso a aquel ataque y se pudo escuchar el ruido de metal chocando. Durante varios segundos más choques de espadas se escucharon mientras rechazaba los ataques del forajido. Al final, luego de rechazar un ataque a mi cara interponiendo a El’druin nuevamente recibí una patada en el pecho que amortiguó bien mi armadura, pero me hizo retroceder.

Bien, primera lección no juegues sucio –Dije cargando contra él.

Llegué cerca y realicé numerosos ataques a diferentes partes de su cuerpo que fueron rechazados exitosamente por Rashá, hasta que se descuidó y recibió un golpe con el cabo de la espada directo al estómago que lo inmovilizó por un segundo.

Segunda lección, no dejes espacios descubiertos –Dije acercándome.

Recibí una patada por parte del bandido que me tumbó al suelo al sacarme de mi centro de gravedad.

Tercera lección, la segunda también aplica para quien da las lecciones –Dije levantándome.

El bruto se acercó y con todas mis fuerzas realicé una estocada lateral que impactó en un costado del bandido, en su armadura más concretamente que se rompió y lanzó al malhechor  al suelo. Apunté y toqué con la punta de mi espada el pecho descubierto del contrincante directo a su corazón preparado para quitarle la vida.

Cuarta y última lección, sé justo con quien lo merecen… Rashá es una rata inmunda, pero ha pagado sus fechorías –Dije retirando mi espada y tendiéndole una mano.

Mi mano fue correspondida por la del derrotado que se levantó y se fue de inmediato sin mediar palabras. Me descubrí al cabeza dejando mi brillante calva al aire y le informé al aprendiz que era hora de marcharnos.

Caminamos durante varios minutos hasta que llegamos a la casa donde nos hospedábamos, la casa de Nephalem. Luego de comer y pulir nuestras armaduras nos esperaba una mañana bastante movida, iríamos a comenzar a practicar la divinidad y la conexión con Adael.

¿Cuándo te diste cuenta de que tenías afinidad con Adael? –Preguntó Nephalem.

No lo sé decir… Sólo que desde pequeño las injusticias no me gustaban. Cuando crecí entendí por qué. Ahora duerme. –Dije mientras apagaba la lámpara que iluminaba la habitación.

Al siguiente día, al levantarme pude ver como Nephalem estaba sentado en la mesa, con la mirada ida al infinito. En sus manos sostenía un pedazo de papiro enrollado que abría y cerraba como si fuera un pasatiempo.

¿Pasa algo?

Es… Es mi padre –Dijo entre sollozos- está bastante mal y mi madre teme por su salud. Además en el pueblo en el que se encuentran están pasando muchas irregularidades y los médicos que viajan constantemente para surtir la casa de medicina no se atreven a ir por desapariciones.

Entiendo, ¿Qué piensas hacer?

Pienso ir, pero…

¿Cuál es el problema?

Mi entrenamiento tendrá que esperar, no puedo ser un guerrero de la luz mientras mi familia sufre, no sería justo para mí.


Lo injusto es que un ser sufra mientras tú puedas hacer algo. El entrenamiento puede llevarse acabo en cualquier lugar.

Más rápido que inmediatamente nos embarcamos en un viaje de aproximadamente un par de días mientras cabalgábamos en dirección a Bruma, el pueblo de los padres de Nephalem. El camino fue bastante ameno hasta que llegamos a las cercanías del poblado. Debíamos atravesar una espesura y una marisma para llegar a las puertas de la muralla.

Así que por esto le dicen Bruma eh… -Dije observando la espesa neblina que rodeaba el bosque a atravesar.

Ehm… Le dicen Bruma porque básicamente ese es su nombre…

Ah… Pues, vaya... Le queda.

Segundos después de haber ingresado al bosque oscureció, no había caído la noche, era que las ramas, la neblina y la espesura en general era tan densa que no dejaba pasar los rayos del sol y sólo quedaba la claridad tenue del día, sin embargo por el aura del bosque todo parecía que estuviera anocheciendo.

Las piernas de Celestial estaban enterradas en el barro de la marisma hasta las rodillas, lo que le dificultaba el paso y más aún con el peso que debía soportar aportado por mi armadura y el mío propio. Bajé del caballo y enterré mis piernas en espeso barro mientras empuñaba mi espada por numerosos ruidos extraños que había notado en el camino y aprovechando bajé de intensidad el espectro luminoso hasta volverlo casi invisible.

Por fin salimos de aquella espesura y ante nosotros apareció la ciudad amurallada y sus puertas custodiadas por guardias que al ver que nos aproximábamos con las espadas empuñadas adoptaron posiciones defensivas a lo que respondimos envainando nuestras armas. Los guardias hicieron las revisiones necesarias y luego de asegurarse que fuéramos a donde decíamos nos dejaron pasar.

Al llegar a la casa del aprendiz el joven se acercó y abrazó a sus padres, los cuales al verme se sorprendieron, al parecer me conocían de alguna vez que visitaron Phonterek y abogué por ellos en algún caso. La verdad yo no recordaba pero eso hizo más amena la situación debido a que me trataron como otro de su familia.

¿Viniste por la ayuda que solicitó la guardia? –Preguntó la madre.

¿Qué?

El cuartel de la guardia ha emitido un pedido de ayuda a todos los valientes que quieran ayudar en su pequeño problema. Los guardia ya no pueden atender todo lo que pasa en la ciudad y piden forasteros para resolver los conflictos externos y mientras ellos se dedican a cuidar la ciudad. –Dijo el padre

Interesante…

De verdad estaba considerando alistarme a ayudar, así tendrían una luz que iluminara la oscuridad y podría enseñar mejor a Nephalem, al fin y al cabo nadie aprendía de sólo teoría.

Al final del tercer día en aquel pueblo, quizás por ayuda psicológica o la simple presencia de su hijo, el padre del aprendiz había mejorado mucho y el atardecer llegaba sobre los tejados de las casas bastantes humildes. A pesar de la advertencia del toque de queda decidí salir al pórtico de la casa observando las calles y por donde quiera que se veía todo desolado.
El joven se unió conmigo en aquel momento, a observar el atardecer y una nueva noche que amenazaba la paz y tranquilidad de los pobladores de Bruma.

De verdad quiero agradecerte, Maestro.

No me llames maestro –Dije volteando a ver al chico con una sonrisa- No soy tu maestro. Ahora soy tu amigo.


Un amigo que me enseña lecciones –Dijo riendo- Creo que a eso le llaman maestros.

No tengo nada que enseñarte, tú sabemos mucho. Sólo te ayudo a darte cuenta de las cosas.


De igual manera gracias por todo.

Lo peor está por venir. Siento un presentimiento de que algo está por pasar, será mejor que nos mantengamos atentos-Dije fijando la vista en la estructura del cuartel a lo lejos.


Última edición por Tyrael el Jue Mayo 25, 2017 11:53 pm, editado 2 veces
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Re: Maël desGrick: El Templo Elemental [CAMPAÑA]

Mensaje por Tyrande Whisperwind el Jue Mayo 25, 2017 3:22 pm

Me encontraba en la sede principal de la orden selenita, este era el más importante por su ubicación, al estar tan cercano a los seres más allegados de la Diosa, los elfos lunares, era el lugar donde más seguidores había, allí radicaba realmente su importancia, no por alguna otra cosa en especial, aunque si algo había aprendido en mis viajes, como representante y heraldo de Selene, es que cada ser vivo merecía el mismo amor y buen trato lleno de bondad.

Mientras dormía, pude sentir claramente como mis sueños eran influenciados por la mano de Selene, convirtiéndolos en sueños lucidos, donde pasaban visiones y premoniciones. Aunque no lograba entenderlas del todo bien, la mayor parte de las veces solo podía ver un bosque denso y lleno de niebla, el único lugar que conocía parecido a ese era Physis el bosque donde pase muchos años en mi juventud, un bosque tan tupido que poca luz entraba realmente, aunque la niebla no era algo propio de ese lugar, lo que me creaba la incógnita del que podría significar ese elemento en aquellas visiones divinas.

Llego la mañana siguiente, aun las imágenes que me acompañaron durante gran parte de la noche seguían rondando por mi mente, mientras aliste mis pertenencias, además de prepararme para cumplir con mis labores del día se dio un comunicado de que algunas de las Suma-Sacerdotisas de más alto rango tendríamos una reunión urgente, sabía que los designios de mi Diosa a veces podían ser azarosos o al menos parecerlos, pero por alguna razón sentía que mi sueño anterior podría estar conectado con la repentina reunión.

Del modo más presuroso que pude me aliste como era debido, con mi investidura además del resto de ornamenta y me presente junto al resto en la sala de reuniones, donde una mesa ovalada junto a una silla esperaba por mí. El resto me miro entrar, cuando tome mi lugar, ocupando mi asiento, justo en ese momento sin desperdiciar ni un instante más comenzó la urgente reunión.

Habíamos sido convocadas por un mensaje que había llegado desde una cuidad llamada “Bruma”, apenas escuchar el nombre de la ciudad  pude saber entonces que aquello si estaba relacionado con mis sueños, aunque lo importante era la situación que se estaba viviendo. El templo selenita de ese lugar que más específicamente era de dónde provenía la carta, solicitaba la visita y amparo de alguna Suma-Sacerdotisa de nuestra orden, argumentando que una buena parte del pueblo confiaba en Selene y aunque no eran devotos tan allegados, solían presentar ofrendas cada tanto, así que quizás una visita de este estilo, podría traer algo de tranquilidad entre los pobladores, al menos mientras la guardia lo solventaba.

Ninguna se veía cómoda con las descripciones de los hechos, imagino que temían por su vida, después de todo era normal, pero yo aun estando escalones más abajo en la orden que muchas de ellas, había desarrollado mayor conexión con nuestra Diosa, lo que me hacía saber que arriesgar mi vida por otros, era parte de mi deber. Sin más simplemente levante la mano ofreciéndome, pude ver como mucha sintieron alivio ante mi acto, pues imagino que de algún modo eran liberadas de la presión de aquella responsabilidad.

Seguían debatiendo cosas aun mientras nos encontrábamos reunidas, pero realmente consideraba todo aquello perder el tiempo, así que pedí disculpas informe que iría a preparar mis cosas, me despedí con la cortesía adecuada y sin más salí de aquella sala con paso ligero con dirección hacia mi habitación.

Al principio dude en que vestimenta debía llevar puesta, si mis investiduras como sacerdotisa o mi armadura de guardia del bosque, aunque recuerdos de sucesos anteriores que vinieron a mi mente, respondieron la pregunta casi por si solos, definitivamente el estar preparada era algo necesario en este tipo de viaje, así que finalmente opte por guardar mi investidura en el bolso y que fuera mi armadura el traje que me acompañara en esta ocasión.

Mi bolso estaba listo, con las provisiones adecuadas, además de algunas de mis pertenecías que consideraba  no podía dejar. Acto seguido me coloque mi armadura, ajustando cada correa y tira de cuero, lo necesario para que estuviera ajustada el cuerpo y el cuero pudiera tener la tensión suficiente para proteger, pero sin excederme para evitar que la misma presión me restara movilidad.

Finalmente llene mi carcaj con su capacidad máxima de flechas, colocándolo en mi espalda y a su lado coloque mi arco, El brillo de la tormenta, esperaba que me ayudara a ser la luz que aquel pueblo iba a necesitar.

Todo estaba dispuesto para marcharme, así que me dirigí a notificar que emprendería el camino, al hacerlo recibí la noticia de que no iría sola, de que alguien de hecho ya me esperaba con un par de caballos a las afueras del templo de la orden para que tomáramos camino, asentí con la cabeza totalmente extrañada, no era una noticia que esperara aunque definitivamente me alegraba saber que alguien más iría conmigo.

-Shandris- Al verla no pude evitar sonreír, realmente no me había parado a pensar en quien sería la que iba a acompañarme, pero al verla realmente recordé que pocas más podrían querer acompañarme, al parecer el resto se había olvidado de lo que era ser una iniciada, realizar peregrinajes ayudando a pueblos o ciudades, excepto una… Esa era Shandris.

-No pareces del todo Sorprendida Tyrande- dijo riendo levemente la que sería mi compañera de viaje, mientras subía a su caballo.

-Sorprendida estoy, quizás te confundes y lo que esperabas de mi era una mala reacción, pero nada más lejos, me alegre al saber que me acompañarían y ahora mi satisfacción es mayor al saber que serás tú quien me acompaña- Mis pasos presurosos me dirigieron hacia el caballo, sobre el cual me subí con ágil y grácil movimiento, para acto seguido golpearle con la fuerza necesaria para que comenzara el galope.

Durante el viaje no cruzamos apenas palabras, realmente tampoco es como que nuestro viaje fuera demasiado largo, nos encontrábamos dentro de la misma región de Dhuneden, por lo que para nuestra suerte o desgracia, dependiendo de lo que nos esperara llegaríamos bastante pronto a Brumas o eso esperábamos.

El camino fue bastante ligero al inicio, ayudo también que hubiésemos partido en la mañana, pues aquel fervor y con las totales energías respuestas el primer trayecto se hizo corto, aunque a la mitad justo al entrar en el famoso “DuskWood” la marcha se ralentizo y de un modo bastante brusco. A nuestro favor teníamos, mi experiencia dentro de regiones boscosas, este bosque era bastante parecido a Physis, con la excepción de la niebla que lo rodeaba y  el pantanoso suelo, mas allá de esas dificultades debía admitir que el bosque no me hacía sentir para nada nerviosa, pues haberme criado en un ambiente parecido me daba la confianza del saber qué hacer si algo extraño llegase a pasar.

No sé cuánto tiempo tardamos dentro aquel bosque, que mi opinión más bien tenia tendencia a ser una ciénaga pantanosa, pero sé que fue un buen rato, puesto que no queríamos forzar demasiado a los caballos, ya que era bastante la fuerza que debían usar para avanzar en aquel terreno difícil y aun quedaría un pequeño trayecto luego de esto.

Se terminó el terreno pantanoso, lleno de árboles, sonidos de bosque y oscuridad, dando paso a una claridad de la tarde que parecía iba a morir pronto. Mientras avanzábamos una gran empalizada apareció delante de nuestros ojos, estructura que parecía compartir terreno con altísimas torres de vigilancia, señal clara de que nos acercábamos más a nuestro destino.

Metro a metro fue desapareciendo la distancia hasta que llegamos a la entrada donde guardia nos recibieron para hacer la adecuada revisión, además de preguntar hacia donde nos dirigíamos. Por alguna razón al mencionarle que éramos sacerdotisas de Selene se mofaron de nosotros, puesto que ellos se decían “creyentes” y afirmaban nunca haber visto sacerdotisas que llevasen armaduras puestas, de cierto modo tenían un punto, al final de cuentas la investidura era uno de los elementos más representativos que podía portar una selenita

Nos hicieron esperar en la entrada, mientras enviaron un mensajero al templo para corroborar si realmente nos esperaban. Para mi sorpresa, como también lo fue para los guardias, una de las iniciadas del templo había decidido venir a buscarnos personalmente y esta vez luego de estar dentro fui yo quien aproveche el momento para mofarme del guardia, en una pequeña vendetta que fue hecha sin ninguna mala intención, más que devolver la broma que él nos hiciera antes

Habíamos bajado de los caballos al entrar, así que nuestro andar era más lento, momento que la joven iniciada aprovecho para agradecernos por atender al llamado, además de profundizar un poco más en la situación de la ciudad, además de mencionar un llamado que se había hecho de parte de la guardia hacia dos días, junto con las ultimas desapariciones.

Fuimos recibidas en el templo y se nos asignó una habitación conjunta. Tanto Shandris como yo, nos centramos en acomodar nuestras cosas, poco más podríamos hacer, ya estaba cayendo la noche, descansaríamos hoy  y ya mañana haríamos alguna ceremonia religiosa para calmar un poco a los habitantes.

Paso la noche sin más contratiempos para nosotras, al dia siguiente nuevamente nos levantamos temprano como era costumbre para una buena selenita, nos preparamos, nos aseamos, nos colocamos nuestras investiduras e hicimos un llamado para que se acercaran al templo, que hoy habría un culto especial. La gente se fue reuniendo y con un numero nada despreciable de personas, llevamos a cabo el acto solemne, donde con discursos y demases alentamos a los presentes a mantener la calma, la confianza y la fe en Selene, nuestra diosa la que nunca nos abandonaría, la cual ahora más que nunca nos ayudaría, para así lograr solventar esta situación.

El acto termino al medio día, algunos volvieron a sus casas, otros a sus deberes, pero el hecho es que la concentración se dispersó, esperaba yo que llenos de fe y energías renovadas. Nosotras en el templo, que no era una estructura demasiado llamativa, aunque era medianamente grande, como el resto de los edificios estaba hecho principalmente de piedra, con algunas bases y refuerzos en madera, tuvimos que recoger todo lo que fue necesario para aquello, esto también nos lluevo un buen tajo de tiempo.

Comimos algo para reponer las energías gastadas, solo organizando aquello se nos había ido casi todo el día, comenzaba a anochecer y más allá de  aquellas palabras de aliento a la gente no había podido hacer nada más, así que esta vez tendría que usar la noche, no me parecía para nada oportuno seguir dejando correr el tiempo de manera inútil.

Comente a Shandris mis planes, pero al mismo tiempo le pedí que se quedara, después de todo habían pedido solo a una de nosotros para el templo, así que yo podría tomarme la “libertad” de hacer alguna otra cosa, igualmente le pide que estuviese preparada ante cualquier eventualidad, pues contaba con ella en caso de que fuese necesario que nosotras nos presentáramos en batalla. Sabía que ella no sería buena para luchar, pero muy diferente era el tema cuando se trataba de dar apoyo, así que de necesitarla la llamaría sin dudarlo.

Cambiando mi investidura por mi armadura, además de salir con todas mis cosas preparadas, comencé a rondar por la ciudad, se veía vacía, casi desolada, apenas pocas personas cruzaban por las calles y lo hacían además de modo apresurado, como queriendo evitar que los viesen, entendía que la ley marcial restringía un poco algunas actividades, pero nunca lo había vivido así que no sabía que tan estricta podía llegar a ser, aunque al parecer o al menos en este pueblo era bastante severa.

Casi terminando mi recorrido mi oído elfico comenzó a percibir un fuerte bullicio, sonaban como a botas de metal marchando con paso acompasado, manteniendo todos el mismo ritmo, por lo que supuse que sería una guarnición militar o algún destacamento alistándome, por lo que sin conocer muy bien los caminos de la ciudad, me deje guiar por mi oído, para mi fortuna los caminos parecían alinearse, sin poner calles ciegas o encrucijadas permitiéndome así llegar hasta el cuartel de la ciudad, de donde estaban saliendo bastantes hombres, a simple vista preparados o preparándose para una excursión fuera de la ciudad.

Mis intenciones eran las de presentarme para ayudar, aunque no sabía demasiado bien cómo hacérselo saber a aquellos hombres, por lo que simplemente en silencio me fui acercando de a poco a aquella formación. De cualquier modo aunque no se los participara, podría quedarme observando lo que pretendían hacer, quizás podría enterarme de algo más, que al fin y al cabo había sido mi motivo para estar fuera del templo a estas horas.
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Re: Maël desGrick: El Templo Elemental [CAMPAÑA]

Mensaje por Axelier Dragonos el Mar Mayo 30, 2017 12:47 am

II
REUNIÓN


Era muy temprano por la mañana. La junta en los cuarteles había sido poco menos que provechosa y enormemente desalentadora. Habían pasado ya tres días sin noticias del explorador, lo cual solo podía indicar dos cosas en la mente del capitán: o lo había cogido lo que sea que esté atacando a las personas o simplemente había tomado el oro en adelanto que se le entregó y se fue a otra parte, cosa que además no era demasiado raro que le ocurriese con los mercenarios.

El capitán sopesaba sus posibilidades mientras revisaba el último reporte por parte del grupo de exploración de la noche anterior cuando la puerta del cuartel se abrió repentinamente, en un estrepitoso rechinar de bisagras viejas enmohecidas por la propia humedad y la salinidad en el ambiente.

¡Señor! – Anunció un joven recluta de nombre Johan, cuya edad le impedía portar un arma en nombre de la milicia pero sus pies ligeros le permitían colaborar como mensajero – Señor, las espadas que pidió ya se han reunido en la alcaldía.

Muchas gracias Johan – Agradeció el capitán mientras enrollaba el pergamino con el informe para depositarlo al interior de un bolso de cuero con algo más que simples neceseres – Ve al puesto de vigilancia oeste y coméntale al viejo oso que requiero su presencia en la alcaldía – El joven rápidamente supo que debía acudir con Godrick Bronn, apodado “el viejo oso” por su avanzada edad, su tamaño y la abundante maraña de pelo en la mayor parte de su cuerpo con excepción de su cabeza, para tortura del aguerrido peleador.

Las mañanas en Bruma eran iguales día tras día. Una densa niebla cubría todo, dejando un área de visión de al menos diez metros de distancia en cualquier dirección, ocultando por completo las techumbres, los tejados y las construcciones más altas de la ciudad. La visibilidad era pobre, pero las mañanas eran realmente una tortura para quien no supiese los caminos y las callejuelas de la ciudad. Al principio era complicado para los habitantes comenzar el día en Bruma ya que las personas no podían avanzar más de diez metros sin toparse con algún otro pasante o un muro, sin embargo hubieron algunos ingeniosos que vieron en el problema una oportunidad de negocio, volviendo popular el uso de cascabeles, sonajas y otros artilugios sonoros en el calzado, de modo que los caminantes pudiesen identificar la cercanía de cualquier otro individuo cercano. Evidentemente el ruido que esto generó fué tal que simplemente es imposible continuar dormido después del amanecer; aunque no es necesariamente malo ya que promovió una mayor productividad en la ciudad, razón por la cual el ruido sigue siendo cotidiano hasta estos días.

Por suerte en aquella mañana en particular, la niebla no era tan densa. De hecho era lo suficientemente escasa como para ver el tenue azul del cielo matutino. Los rayos de sol, aunque amortiguados por la neblina, eran lo suficientemente potentes como para transmitir algo de calor a la superficie, lo cual era agradecido por los lugareños acostumbrados a días húmedos y frescos. Edvin agradecía a los dioses por aquella situación, ya que sería mucho más sencillo encontrar rastros sin esa molesta neblina.

Henos aquí mi señor – Anunció un hombre de mediana edad, algo descuidado de apariencia pero con un físico que aseguraba cierta destreza en el combate – Las espadas por las que tanto haz estado llorando.

Robben – Dijo el capitán Edvin mientras avanzaba a través del gran salón comunitario de la alcaldía – ¿Por qué no me sorprende verte aquí sabandija? – Una sonrisa en el rostro del capitán dejo claro que su comentario distaba de ser una hostilidad y más bien se trataba de un amistoso saludo - ¿O es Reouben en estos días?... No, me parece que era ¿Roulen? – No había terminado de hablar cuando el susodicho de pronto se abalanzó sobre él para proporcionarle un abrazo como quien no hubiese visto a alguien querido por largo tiempo – Dejémoslo en “amigo” o Robben, he decidido darle uso a ese nombre por algunos meses más.

La alcaldía, en contraste con la mayoría de los edificios de la ciudad, contaba con una buena cantidad de lujos a su interior. Cortinas rojas con hijos dorados de excelente calidad. Una alfombra con los mismos colores desplegada desde la entrada y hasta el fondo de la habitación, donde una hermosa mesa de cedro decoraba con fineza la importancia de quien se sentase del otro lado. Diversas pinturas de diversos estilos y autores, recopilados a lo largo de los años probablemente como tributos, obsequios o propias adquisiciones del gobernante en turno. Con vigas gruesas de madera y cimientos de piedra caliza, la imponente construcción podría albergar fácilmente a dos centenares de personas y aun así no hundirse en el fangoso terreno pantanoso gracias a sus firmes cimientos de roca y tierra.

Les doy las gracias a todos por haber acudido en estos momentos de crisis para la ciudad – Comenzó a hablar Edvin mientras escrudiñaba a los asistentes y a los demás mercenarios y curiosos que poco a poco ingresaban en el recinto – Lamentablemente nuestro alcalde, el señor Lockwood, no podrá asistir a esta reunión debido a su condición. Sin embargo me ha dado instrucciones y privilegios especiales para poder ofrecerles a todos un pago por sus servicios prestados – Los cotilleos no se hicieron esperar, y es que ya se hablaba mucho sobre la rara enfermedad que asediaba al alcalde y que le impedía abandonar su residencia. Habían pasado ya más de tres meses sin que nadie, más que sus sirvientes, le hubiesen visto la cara. Y hasta ellos mismos aseguraban que no le habían visto en todo ese tiempo, simplemente se limitaban a asear la casa y sus aposentos sin apenas mantener contacto visual con el gobernante.

¡Bien, ya era hora de que alguien nos diga cuanto se nos va a pagar! – Interrumpió un hombre fornido quien portaba una armadura de escamas metálicas y dos hachas de mano colgadas al cinto – Mis servicios no son baratos Edvin, y lo sabes.

Me queda claro Lusk, por favor guarda silencio y escucha – El capitán cortó de tajo la queja del guerrero el cual simplemente maldijo por lo bajo para guardar silencio – Sin más preámbulos, les explicaré la situación y lo que sabemos hasta el momento.

La multitud, que ahora ascendía a una treintena de mercenarios y más mirones de lo que le hubiese gustado admitir al propio capitán, rodearon rápidamente al elfo mientras este extendía un mapa y algunos pergaminos en la amplia mesa de cedro del alcalde. En general, el mapa mostraba la localización de Bruma y al menos otras cuatro comunidades relativamente cercanas las cuales, en conjunto, formaban parte de la zona conocida como “La ciénaga fértil”, cuya extensión abarcaba poco más de cien kilómetros a la redonda e incluía a las ciudades hermanas de Nuevo Fuerte Negro, al norte, Lagos al oeste, Mildred al suroeste y Kimanrook al este. Además de los pueblos, el mapa tenía notas especiales añadidas por el propio capitán encerrando las zonas donde habían ocurrido incidentes probablemente relacionados con la desaparición de las personas y las constantes emboscadas a viajeros. El mapa destacaba tres focos de interés en específico: El pantano de los lamentos, las ruinas del antiguo fuerte negro y el infame templo de Maël desGrick. El capitán explicaba los detalles sobre los ataques registrados en las cercanías de esos tres sitios cuando tuvo que pararse a responder las preguntas de aquellos que no estaban al tanto de la historia de la zona.

El pantano es conocido así por la enorme cantidad de espíritus atormentados que deambulan en el lugar. Los espíritus pertenecieron a un millar de guerreros y seres del inframundo que pelearan y murieran en esos campos hace muchos siglos, en una guerra que involucrara a una secta fanática adoradora de demonios y los primeros pobladores. La devastación fue tal que el asentamiento de mayor importancia militar en la época, el Fuerte Negro, fue arrasado hasta sus cimientos por innumerables enemigos en menos de un día – Varios de los presentes asintieron, pues conocían a la perfección las historias y el peligro que aún hoy en día puede significar el vagar por esos sitios olvidados – Por su parte, el templo de Maël desGrick, fue en su momento un monasterio muy importante para adoradores del sol y los dioses del amanecer. Sin embargo estos monjes fueron los principales causantes de La Guerra de los Cien Días que arrasara con esta y muchas otras regiones del continente. Poco se recuerda de esos días, pero lo que sí se sabe es que un grupo de magos desconocidos lograron contener el mal de alguna manera expulsando las huestes del mal de vuelta al averno de donde salieron. – La mayor parte de los presentes ya conocían las historias. La mayoría pensaba en ellas como cuentos para mantener controlados a los infantes, sin embargo estaba claro que esos lugares estaban fuera de los límites de cualquier persona que se preocupara por su bienestar físico y hasta mental. La realidad era que hacía muchos años que nadie ha visto o escuchado nada sobre muertos o apariciones extrañas en la ciénaga donde viven. De hecho ha habido constantes redadas a grupos de bandidos lo suficientemente intrépidos como para refugiarse al interior del antiguo fuerte o las ruinas del templo, y el capitán estaba apostando su virilidad a que este caso en particular era justamente eso. Al poco rato, el elfo continuó.

El alcalde Lockwood ha autorizado un apoyo económico de cien imperiales a todo aquel que desee colaborar con esta empresa – Mostró a los presentes un manojo de notas en papel firmados con un elegante sello de cresta roja – Estos vales pueden ser utilizados en cualquiera de los establecimientos al interior de la ciudad y solo serán válidos durante las siguientes dos horas, momento en el que partiremos a los lugares que hemos tratado el día de hoy. Por lo que les sugiero se apresuren y se preparen de la mejor manera posible – Alzó la mano para señalar a un asistente al fondo de la habitación. Justo al lado de la salida – El cabo Serges anotará sus nombres y les hará entrega de sus respectivos imperiales.

Si-si, muy bonito todo pero… ¿Qué sabemos sobre los ataques? – Robben alzó la mano acompañada con un tono de voz por demás sarcástico. Si bien parecía preocuparle más el aspecto monetario de todo eso, no parecía una persona que arriesgaría el pellejo por llano dinero o promesas vanas. El resto de los mercenarios se unieron al unísono.

A eso iba colega, te recomiendo mantengas la cordialidad en este recinto – Al capitán no le había hecho mucha gracia el comentario – Lo que sabemos es muy poco, y eso es lo más preocupante – El rostro del capitán se ensombreció – En las cercanías del viejo fuerte negro han ocurrido al menos veinte emboscadas registradas y por lo menos treinta más de las que nunca nos enteramos, según los rastros encontrados en el lugar – Dos hombres con pinta de exploradores asintieron, confirmando el argumento del capitán y dejando claro que ellos habían sido los encargados de investigar el área – Por otro lado, los reportes de espíritus atormentados en el pantano han crecido a tal grado que los habitantes de Lagos han reportado avistamientos en sus propias casas. La milicia ahí es muy pequeña, por lo que su seguridad depende de nosotros – Se incorporó y con algo de cautela extrajo de su bolso de cuero el pergamino que más temprano ese mismo día había recibido. Lo puso en la mesa y continuó – Y por último tenemos este extraño pergamino, encontrado en las cercanías de la antigua vereda que lleva a Maël desGrick.

Por sí solo, el pergamino no tenía nada particularmente extraño. Los escritos y dibujos geométricos dejaban en claro que se trataba de algún artilugio inscrito por un mago, sin embargo en una inspección más cercana se podía observar como las figuras, en forma de engranaje, giraban, y las letras y palabras cambiaban de lugar.

No tengo idea de lo que signifique esto, por lo que estaré viajando a Fuerte Negro para entrevistarme con el mago Derek Flynn, un viejo colega de mil batallas el cual ha de saber más sobre este tipo de objetos de lo que yo podría sospechar – Guardó nuevamente el pergamino y buscó en sus alrededores antes de volver a hablar – Godrick, viajarás a las ruinas del viejo fuerte negro con una treintena de hombres – El viejo oso asintió sin reclamar nada, como era habitual en él – Estoy seguro que encontrarás a los responsables de estos ataques en ese lugar. Espero respuestas.
Enterado mi capitán – Concluyó Godrick mientras apretaba fuertemente la empuñadura de su mandoble.

Robben – Continuó el capitán – Te he hecho llamar porque confío en que tus habilidades no han decaído tanto como quieres hacerme creer – Escrudiñó al pícaro mientras trataba de adivinar si lo que veía en su rostro era una confianza abrumadora o una burla descarada – Te necesito con otro grupo de hombres en Lagos. Si los rumores y las noticias de espíritus son la mitad de ciertas no podemos permitir que continúen. Erradica los rumores falsos y cualquier verdad que en ellos halla.

No me dejas muchas alternativas camarada – Sin mayores reclamos, Robben cruzó sus manos tratando de averiguar si alguno de los presentes le sería de alguna ayuda - Ya veré que puedo hacer.

Bien. Tienen una semana para averiguar todo lo que puedan. Se reportarán conmigo en Fuerte Negro en siete días a partir de ahora. Se les gratificará económicamente o en especie, de acuerdo a sus avances con nuestra investigación. Nuestro objetivo es detener los ataques en los caminos, salvaguardar las comunidades circundantes y encontrar a los responsables detrás de los males que nos han traído a este punto. Eso es todo.

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Re: Maël desGrick: El Templo Elemental [CAMPAÑA]

Mensaje por Evelyn Blake el Sáb Jun 03, 2017 11:33 am

Evelyn había ido rauda y veloz a la alcaldía, en cuando hubo escuchado que tenía que reunirse allí, muy muy temprano, tan temprano que aún tenía una hogaza de pan en la boca, convirtiéndola en una figura encapuchada que tenía un trozo de pan por cara. Pero estar mordisqueando su almuerzo no le iba a impedir escuchar nada de lo que decían, todas esas espaldas, en cambio, si lo hacían, así que se escurrió, estrujo y maniobró por entre la miríada de espadas de alquiler hasta estar lo suficientemente cerca de la mesa principal como para oír lo que iba a decirse. Era un lugar lujoso, esa alcaldía, y si no estuviera aquí por asuntos más oficiales, su ladrona interior le habría dedicado mucho más tiempo a esas cortinas rojas, las alfombras y toda esa amalgama de pinturas, seguro que había también joyas por algún lado si buscaba lo suficiente… pero se estaba distrayendo y la sesión informativa ya había empezado, no donde ella había esperado, así que se recolocó otra vez. Habían dicho algo del alcalde, había oído que estaba enfermo o algo así, que no se veía en mucho tiempo. Muerto, pero sustituido desde las sombras, si se le preguntaba a ella, pero ahora no importaba.

No veía al susodicho mapa, pero se hacía una idea. Había tres grupos, uno a un pantano siniestro, con espíritus según averiguaría un poco más tarde, lo que sonaba ideal para ella, si no fuera porque un pantano donde no poder moverse era el último lugar donde quería estar cuando se enfrentara a espectros voladores. ¿Espíritus? Bueno. ¿Pantano? Malo, lo marcaria como un “puede”.  

Luego estaba el templo, donde se había adorado al sol y de donde se había sacado ese pergamino rarito. No de dentro el templo, pero lo suficientemente cerca como para que fuera del templo. Tenian que escoltar el pergamino hasta un experto que les dijera que diablos ahcia eso, pero allí no iba a acercarse, estar al lado de un artefacto mágico desconocido era una muy buena manera de morir en una horrible explosión mágica. O eso creía, no era como si hubiera muerto en una antes. Así que el plan B era ese fuerte supuestamente abandonado, con bandidos de vez en cuando. Un terreno seguro, firme, aunque con un enemigo desconocido, también sonaba a “puede”, pero sonaba mejor que el pantano, así que se apuntaría con ese tal Godrick, muchos si no todos de aquellos capaces de enfrentarse a espectros irían al pantano, así que alguien que pudiera encargarse de ellos en otro grupo iría de perlas, puede que el fuerte también estuviera encantado, quien sabia. La peliblanca hizo cola pacientemente para darle su nombre al cabo Serges y luego salió de compras, haciendo una nota mental de no tardar demasiado y reunirse con su grupo.

100 imperiales, no tenía ni idea de cuánto era eso, así que lo primero era averiguarlo. La peliblanca, aun cubierta con su capa, protegiéndose del frio de la mañana. Empezó preguntando precios pequeños, como el pan o una manzana, hasta que tuvo una idea aproximada de cuanto le podían pedir. Luego fue a por su arma. Ya tenía pensado comprarla desde el día anterior, así que realmente no había cambiado nada en absoluto, simplemente le saldría un poco más barato, puede que incluso gratis.
Pasaba por delante de los tenderetes de diversos herreros, viendo luceros del alba, espadones, lanzas, no le interesaba nada de eso, eran demasiado burdas y pesadas. Pero finalmente llegó a una última tienda, de armas más pequeñas. Veía flechas, cuchillos, espadas, y katanas, lo que había venido a buscar.

La peliblanca cogió una katana cualquiera, llamando la atención del muchacho que estaba allí, esperando aburrido. –¿Le interesa una de nuestras armas señorita?-

-Si, quiero una katana.-

-Un pequeño cuchillo parece más adecuado para una muchach…- el joven paro en seco cuando los ojos rojos de la peliblanca chispearon.

-Necesitare algo más que un cuchillo contra espectros o lo que sea que haya en ese fuerte negro.-

-¿Forma… parte de la expedición?-

-Por supuesto.-

-Puede… puede que tenga algo para usted, es un poco caprichosa, pero… puede que alguien tan fina y elegante… entre entre…- prácticamente fue arrastrada dentro de la tienda, empujada en una oscura habitación, iluminada solo por el calor de la forja. Allí había un hombre de espaldas a ella, martilleando algo.

-Maestro, esta chica forma parte de la expedición, quiere un arma, una katana.-

-Pues dásela renacuajo.- se limitó a refunfuñar el hombre, que sonaba más viejo de lo que sus músculos le hacían parecer.

-No cree que merece la pena… ¿dejarle probar?- el martilleo paró, y un hombre de barba blanca se giró a mirarla.

-No perdemos nada…- volvieron otra vez a la tienda, donde el hombre, que ahora con mejor luz estaba convencida de que tenía unos cincuenta años, dejo algo envuelto en un trapo. La desenvolvió, dejando ver una katana cubierta por una preciosa funda negra. –Es… una espada muy gruñona, no ha aceptado a ningún otro dueño desde que murió su anterior.- La abrió un poco, dejando ver un par de dedos de su precioso filo. Se llama Zeus, como el espíritu de su interior, un poderoso elemental de rayo con forma de lobo.-

-Puede que no aceptara a ningún otro porque no lo llamabais como toca…- Evelyn agarró la espada, la desenfundo completamente y la observo, más allá de lo que ese par podían observar, ella miró dentro, miró directo a los ojos del tigre blanco, igual que había hecho hacia ya mucho tiempo para saber el nombre de sus flotantes acompañantes y dijo un solo nombre firmemente. –Byakko- la espada chisporreó con energía, cubriéndose de rayos azules. Casi la dejo caer del susto, porque después de un rayo siempre venia un trueno, pero no esa vez, y las orejas que habían bajado lentamente volvieron a alzarse.

-Es un espíritu de rayo, no produce truenos Azy…- comentó Sylph, haciendo cabriolas alrededor de la espada mientras la observaba curiosa.

–Puedo hacerlos si quiero.- contestó la espada, con voz gruñona –pero no me apetece-

-¿Cuánto?- preguntó Evelyn.

-Cuarenta y cinco- dijo el anciano, con una mirada de satisfacción.

-¿No es un poco caro para una espada que nadie había podido usar?-


-Es una excelente espada, acero valyrio, relámpagos inusualmente poderosos, solo es un poco gruñona…- la peliblanca bufó, levantándose el flequillo.

-¡Pero quiero cascabeles!-

Unos minutos más tarde, Evelyn seguía recorriendo las calles, con una nueva arma a su cintura, acostumbrándose al nuevo peso, al metro de espada que colgaba junto a su rapier, preguntándose que más podía comprar con lo que le restaba.

-Buenos días, oh gran Shalah- Evelyn se giró hacia la voz que la estaba saludando, un hombre con turbante, moreno, pero con varios trazos y marcas negras en su piel, formando dibujos, tatuajes supuso ella. Solo cuando Sylph se plantó ante ella, con los brazos en jarra, orgullosa, se dio cuenta de que “Shalah” no iba referido a ella.

-¿La ves?- Undine salió también, nadando por el aire hasta plantarse junto a su compañera.

-Por supuesto, ¿Como íbamos a creer en dioses que no vemos?- y luego le hizo una leve reverencia a Undine.

-Sylph no es un dios.-

-Claro que sí, un pedacito muy pequeño de uno…-
puede… puede que adorar a un espíritu de viento si considerabas al viento un dios no era del todo erróneo, solo… raro. –¿Puedo tentarte con uno de mis artículos?- pasó la mano por un seguido de tablillas de arcilla, con diversos gravados y dibujos.

-Lo siento, pero debería gastar mi dinero en algo que me ayude en la expedición, suena muy peligrosa.-

-Oh, por fin van a hacer algo… en este caso, tengo algo muy especial para una amiga de los Shalah.- puso una tablilla en concreto ante ella, la de un hombre con diversos trazos por todo el cuerpo, no representaban ninguna forma en concreto, pero en conjunto tenían cierta simetría, cierta harmonía.

-¿Qué…que hace exactamente?-

-Es un tatuaje de lirio, se integrara en tu cuerpo, resonando con tus líneas ley, lo que te permitirá estar más en sintonía con el más allá.- Siguió explicando, al ver la cara de póker de la mujer zorro. –Lo volverá tangible para ti y tus posesiones…- eso si fue entendido. La mujer entro en la tienda, situándose ante una mesa. El hombre dejo un tarro con una pasta translucida y lo abrió, girándose hacia ella.

-Desnúdate.- Evelyn levantó una ceja, escéptica. –Puedes tener las partes vergonzosas tapadas.- El proceso fue lento, la pasta era untada en su cuerpo, siguiendo patrones muy concretos, en algunos puntos parecían ondas de mar, en otros líneas completamente rectas, pero siempre escocia a los pocos segundos, a medida que se absorbía en su piel. Cuando hubo acabado, lo probo, absorbiendo un poco del poder de Sylph. Las líneas, hasta ahora invisibles, brillaron con un precioso tono plateado. Y luego alargó el dedo y le toco la nariz a Undine, notando el frio tacto del océano en su piel, seguido del mordisco de la enfadada sirena.

-Es posible que notes picores y fiebre, si persisten más de dos semanas, ven a verme otra vez.- se limitó a decirle el hombre mientras le cobraba el absurdamente caro tatuaje. Es decir, era muy útil, sobre todo para alguien como ella, pero desde luego era muy, muy caro.

Pero estaba satisfecha con sus compras, así que dio un último paseo, comprando unos tres metros de soga y una antorcha, agotando al fin su vale por 100 imperiales. Solo tenia que reunirse con el jefe de su expedición.
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Re: Maël desGrick: El Templo Elemental [CAMPAÑA]

Mensaje por Tyrael el Mar Jun 06, 2017 4:28 am

Mis ojos se abrieron al ingreso de la tenue claridad reflejada en el techo de aquella cosa en la que me alojaba. La noche anterior me había propuesto a hacer algo, habían pasado tres días en los que prácticamente había dado tiempo al tiempo mientras esperaba que Nephalem contara anécdotas y compartiera con sus padres antes de salir al entrenamiento de nuevo.

No sabía exactamente si me había levantado muy temprano o las mañanas en aquel extraño pueblo eran así de nubladas, pero la espesa capa de gotas de agua diminutas dificultaban la visión para mi gusto, sin embargo se podía distinguir al menos algunas cosas a una distancia ciertamente prudencial.

Levanta, hora de hacer algo productivo – Le dije a Nephalem despertándolo.

¿No podías elegir otra mañana más cómoda? –Dijo el guerrero mientras se esclarecía.

Que sea difícil lo hace más interesante.

Luego de un rápido desayuno preparado por la madre del joven nos dispusimos a salir de la casa en dirección al cuartel militar a ofrecernos como voluntarios. Sorprendentemente y a pesar de lo temprano que era había mucha actividad en aquel pueblo, en especial comercial. Las personas caminaban, saludaban y dialogaban como si fuera normal aquella hora de la mañana –Supongo que esto es vivir en un pueblo trabajador- Pensé.

¿A dónde iremos? –Preguntó un poco desconcertado Nephalem.

Tu madre mencionó que la guardia de la ciudad pedía ayuda para los acontecimientos que estaban ocurriendo. ¿A dónde crees que nos dirigimos?

¿A la taberna? –Dijo con esperanza.

Prueba otra vez –Dije sonriendo.

Me detuve en una calle que intuía me llevaría al cuartel pues se veía al término de la calle el susodicho edificio, sin embargo un pequeño grupo de Mercenarios que marchaban en dirección diferente a nosotros me llamó la atención. Pasaron con un pequeño pergamino con paso presuroso en dirección a lo que yo consideraba como el segundo edificio más grande del pueblo, la alcaldía. Analizando un poco más, varias personas que yo calificaría como guerreros y hombres de armas tomar llevaban la misma dirección.

En un cambio táctico de estrategia me encaminé a la alcaldía cuya distancia no estaba a más de unas cuantas calles que sin duda llegaría en unos minutos no más. Mientras podía observar que aquel pueblo era sin duda de gente trabajadora, que su comercio era su medio de subsistencia y a menos que tuvieran una cueva secreta debajo de la ciudad donde hicieran rituales demoníacos no merecían aquello. Además por eso sufrían gente inocente.

Efectivamente luego de unos minutos caminando llegué a la edificación desde donde se dirigía la ciudad. El edificio era bastante simple por fuera sin embargo no por ello pequeño, pero desde dentro se podía notar todo el lujo que le prestaban a aquella casa. Había incontables personas de diferente sexo y raza, me quité la capucha mientras cuidaba de no dañar a nadie con las puntas filosas de mi armadura y gracias a ella contaba un poco más de espacio de los presentes que no se querían pinchar.

Poco a poco me abrí paso hasta la primera fila en una esquina, desde donde pude observar al portavoz del alcalde. En primera instancia pensé que él mismo era el alcalde pero luego mencionó que éste sufría algún padecimiento y su condición era delicada, pero que él se encargaría de todo.  

El discurso poco a poco se puso acalorado por las constantes interrupciones de los presentes, pero era obvio puesto que nadie arriesgaría su cuello por el simple interés de que los habitantes estuviera bien… Nadie excepto quizás yo y mi interés en ayudar era más que todo por la familia de Nephalem y los designios de Adael. La justicia exigía sacrificio.

El hombre cuyo nombre había escuchado era Edvin, habló sobre un poco de la historia de aquellas tierras y las batallas que se libraron así como una guerra que cobró muchas almas en el pantano y por eso tenía la fama de “encantado”. –Tantas almas torturadas y llevadas a un fin adelantado no me extraña que perturben a los vivos, necesitan el descanso eterno – Pensé.

El elfo continuó hablando e informó que el alcalde había dado la orden de acreditar cien imperiales a todo aquel mercenario que participara en la defensa de aquel asentamiento. Los ingresos de aquella alcaldía debían ser considerables para repartir así sin más dinero, aunque también estaba el asunto de que así aseguraban tener al menos a los más codiciosos como carne de cañón, era una estrategia terrible aunque ingeniosa. Desde luego yo iba a participar con dinero o sin él, mi dios me lo asignaba, casi lo podía oír exclamando por la paz de las almas y la justicia de los inocentes.

Cuando casi todo había acabado, el portavoz de nuevo alzó la voz en contestación a una pregunta de uno de los presentes. Había tres puntos fuertes en los que se requería la presencia de los voluntarios que se registraran. Como escolta de un pergamino mágico hacia lo que entendía como el nuevo fuerte Negro construido después de la destrucción del original en busca de un mago que descifrara el mensaje oculto. Un grupo iría a las ruinas del Fuerte Negro, el arrasado, para discernir los ataques y emboscadas ocurridas por aquel lugar y finalmente Protectores que fueran en ayuda de la población de Lagos, cerca del pantano.

La idea de ir a un terreno pantanoso no era de mis preferidas puesto que con el peso de mi armadura se me haría muchísimo más incómoda de lo que imaginaría, pero aquellos habitantes estaban siendo asediados por espíritus inquietos y era mi deber principal en comparación a las demás encomiendas ir a proteger a los inocentes.

Luego de la reunión y de que hacer la fila correspondiente para anotar mi nombre como participante según las instrucciones que había dado el poniente. Luego de pasar e ir por el dinero que repartían y el mapa del lugar, me dispuse a salir acompañado de Nephalem.

Compraré algunos suministros y cosas innecesarias antes de partir. Por favor ve y alista las provisiones y nuestros caballos. Iré enseguida. –Dije a Nephalem saliendo de la alcaldía.

Está bien, Tyrael. –Dijo sonriendo mientras se marchaba.

La verdad no veía la necesidad de comprar nada, pero para no desperdiciar lo que nos ofrecían y gratis decidí darme una vuelta por lo que parecía el distrito comercial del pueblo. Las tiendas estaban abarrotadas de personas, mercenarios, comprando suministros. Algunas más que otros por la variedad que ofrecían pero en general todas tenían personas.

Espadas, hachas, mandobles, escudos más grandes que muchos mercenarios mismos, alabardas, Kusarigamas… Pociones, bebidas, líquidos rejuvenecedores… El ambiente comercial de aquel pueblo aunque pequeño volaba en variedad. De pronto caminando hacia el final de aquel distrito y luego de dar una vuelta a la calle visualicé una tienda bastante deteriorada. Consistía en un puesto con telas deshilachadas y con la madera que lo soportaba veteada y rústica. Detrás del “mostrador” que no contenía casi nada estaba un hombre de edad bastante avanzada con una barba tan blanca como la nieve que en su mirada denotaba cansancio.

Creo que te has equivocado de tienda, joven. Me encantaría venderte pero mis productos en comparación con los demás son… Digamos inferiores –Dijo con una dejadez en la voz que denotaba años de cansancio- Pareces de buenas intenciones.

No busco nada en concreto, amigo. Sólo observo sus… Mercancías.

¿A quién engañas? Cualquier baratija mal hecha por el herrero más novato quedaría mejor de lo que podría hacer estas viejas manos.

Todos merecen una oportunidad de confianza. Muchas veces la edad avanzada no es debilidad sino conocimiento.

¿De verdad lo crees?

No. No lo creo, sé que es así.

Pasa, quizás estas viejas manos puedan hacer algo por ti. –Dijo mientras me invitaba a pasar al interior de su tienda.

La primera sala estaba llena de piezas da vez mejor elaboradas, con detalles y terminaciones exclusivas y de una belleza cada vez mejor. Seguí avanzando en siguiendo al anciano hasta que llegamos al cuarto de la forja donde se presentó sin un nombre y me explicó que sabía quién era y que podía ayudarme bastante.

Tyrael. Te ofrezco varias cosas que te pueden interesar y ayudar. ¿Me dejas ver tu espada?

Aquí está – Dije mientras desenvainaba a El’druin y se la entregaba al anciano que ya no parecía tan cansado.

Mediante un proceso mágico de herrería puedo dotar a tu espada de capacidades adicionales durante un tiempo largo, así te puede ayudar en tu misión.


Muy bien –Dije depositando toda mi confianza en un anciano que acababa de conocer, pero su aura me daba tranquilidad.

El anciano entonces colocó mi espada en la forja hasta que estuvo caliente casi al rojo vivo. Sacó de una caja un polvo brillante de acero y con cuidado de no aspirarlo lo llevó a mi espada y lo esparció uniformemente por los dos lados mientras el calor del fuego fundía los metales.  Cuando la hoja de la espada estuvo cubierta en su totalidad, el anciano la colocó esta vez directo al fuego y dijo unas palabras al aire que resultó un conjuro de fusión.

La espada de pronto pasó a estar de un rojo apagado a un rojo totalmente vivo en cuestión de segundos con aquel conjuro, a lo que el anciano la metió en un tanque con aceite para enfriarla y así retemplarla. Cuando estuvo fría pasó un pedazo de tela por la hoja e incluso ahora brillaba más.

Esta es El’druin. Tu espada ahora reforjada a Acero Argenteo, con la capacidad de dañar espíritus. No será para siempre, el hechizo decaerá a partir de las dos semanas y ya para cuando cumpla el mes a tu espada se le caerá la capa de metal argénteo quedando tu antigua arma.  Pero aún no está terminada.

De entre unas plantillas de metal, sacó un papel de papiro bastante delgado y envolvió la hoja recitando nuevamente otro conjuro. Entonces las runas del papiro brillaron y quedaron grabadas en la espada.

Este simple conjuro proveerá de casi el doble de daño que pueda causar la espada, ahora es extremadamente filosa, debes tener cuidado –Dijo entregándomela.

También te ofrezco esta magnífica cimitarra de acero élfico, está diseñada para cortar casi cualquier cosa pero un golpe directo podría romperla. Deberás tener cuidado… Quizás te sea útil a ti o a alguien más –Dijo sin que le pudiera agradecer picándome el ojo.

Oh… No sé cómo agradecerle…

Espera, también tengo esto… -Dijo mientras se colocó a buscar entre sus papeles.

Sacó otro papiro delgado que pegó a mi armadura y antes de conjurar me explicó que era un encantamiento elemental de tierra para la resistencia de mi armadura. Dijo el conjuro y mi armadura se volvió de un frío tal que ni siquiera acercándome a la forja se me quitó y empecé a tiritar.

Generalmente se hace con la armadura vacía, pero eres lo suficientemente fuerte como para soportarlo, el frío pasará en unos minutos. Ahora sí podrías agradecer…

¿Por qué hace esto?

Digamos que tengo mis motivos, así como tú tienes los tuyos para ayudar a los inocentes –Dijo mientras yo fruncía el ceño y continuó- Ahora sí, son setenta y cinco imperiales.

Saqué el dinero de la bolsa de viaje donde lo había metido y se lo entregué, dándole el dinero exacto y agradeciendo mil veces lo que me había dado, jamás había pensado que podría conseguir aquello en aquel frágil anciano.

Hasta luego Tyrael. Adael te desea suerte en tu misión –Dijo mientras me alejaba de su puesto.

Para el momento cuando escuché el nombre entendí por qué me había prestado un servicio tan distinguido, al parecer mi dios no me abandonaba a donde quiera que fuera y agradecía aquello. De camino a la casa de los padres de Nephalem adquirí dos pociones de regeneración vital de mediano efecto. Me quedaban cinco imperiales que gasté comprando dos sogas que guardé en mi bolsa junto con el imperial de vuelto que guardé para el recuerdo.

Cuando llegué a la casa del guerrero ya tenía los caballos preparados y todo listo para partir así que le entregué, como me había asomado quien ahora pensaba era el Heraldo de Adael, la cimitarra de acero élfico que me agradeció como nunca antes.

Agradécelo a Adael siendo justo, Nep –Dije mientras montaba en el caballo.

Mientras cabalgábamos por el pueblo reflexionaba en mi mente acerca de lo que estábamos por hacer y las complicaciones que llevaban lo que ocupó mi mente hasta que llegamos a donde todos estaban reunidos listos para partir. Me quedé a la espera de que se pronunciara aquel que se le había encomendado guiarnos a Lagos.
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Re: Maël desGrick: El Templo Elemental [CAMPAÑA]

Mensaje por Darion el Miér Jun 07, 2017 11:25 am

Las horas transcurrían y el mono seguía tratando de encontrar alguna pista por mínima que fuera, pero fue todo en vano. Estaba cabreado por aquella pérdida de tiempo y decidió volver a casa con Tyson y Nat antes de que se hiciese más tarde...o ¿Más temprano? El cielo de Bruma no dejaba ver que hora del día era exactamente, era bastante confuso pero las dudas se disiparon cuando al volver a la ciudad, la vio despierta y activa.

Darion paseó por las calles de Bruma sin saber muy bien que hacer, si volver a casa o tratar de descubrir algo más con tal de no irse con las manos vacías. Iba a abandonar su búsqueda cuando vio el cuartel y la cantidad de gente que se arremolinaba allí...era obvio que todos ellos eran los guerreros que habían acudido a la llamada de la guardia de Bruma. Discretamente se acercó, pero los enormes guerreros le impedían ver que pasaba exactamente, aunque si escuchar, pero como aquello no era suficiente decidió  colarse entre todos ellos de forma descarada pero siendo lo suficientemente listo como para que no se enfadaran...una disculpa por aquí, una mirada por allá...pronto se encontró casi en primera fila, donde lo que parecía ser el jefe de la guardia estaba explicando el plan o, mejor dicho, los planes.

Las opciones eran variadas, aunque todas ellas parecían incluir bastante peligro. La verdad es que ir a ver como descifraban un papelito no le hacía excesiva emoción y los espíritus no es que fueran demasiado de su agrado, sobre todo si hablamos de espíritus malignos. La mejor opción y, sobre todo, la más divertida, le parecieron las ruinas del fuerte negro. Allí habría algo de acción seguramente y no tendría que vérselas con espíritus...o eso esperaba. También estaba aquel vale con el que podrían comprar cosas, era interesante cuanto menos...aquello le hizo pensar que probablemente sería más peligroso de lo esperado, pero no tenía miedo.

Tan pronto como pudo, recogió el vale y se anotó al grupo de aquel hombre que según había escuchado se llamaba Godrick. En unas dos horas tenía que estar de vuelta allí por lo que tendría que darse prisa con sus compras, aunque no tenía ni idea de qué quería. Buscó varias herrerías pero ninguna parecía ofrecer lo que el mono tenía en mente...todo armas filosas ¿Nadie piensa en las armas contundentes? Decidió pasearse con su bastón fuera en un descarado intento de llamar la atención de algún herrero que quisiera sacarle los cuartos ofreciéndole algo mejor...cosa que consiguió a los escasos minutos.

Desde una esquina un chaval lo llamó como si tratase de venderle la más ilegal de las drogas. Darion se acercó sin dudarlo demasiado, ya estaba acostumbrado a ese tipo de gente en Phonterek, si quería hacerle daño, lo tendría complicado.

-Veo que llevas un bastón...tienes buen gusto por las armas ¿Eh?.- El joven, un tanto sucio y desaliñado, miraba el bastón y lo tocaba para comprobar el metal o a saber...

-¿Para que carajo me has llamado?

-Tranqui tio...no vengo a robarte. Vengo a hacer negocios contigo.

Sin vergüenza alguna, el chaval agarró de la mano a Darion y lo arrastró por una puerta que había un par de metros más allá de su esquina. Cuando pasaron la puerta, el calor de la forja le golpeó de manera contundente. El chico hizo un gesto con los brazos como si fuera el más increíble de los trucos de magia.

-Bienvenido a mi forja. ¡Mi nombre es Tulio!

A decir verdad, por sus pintas, su voz y sus gestos, parecía demasiado joven para llevar una fragua.

-¿Cuantos años tienes? Y...¿Por qué debería dejar que tu forjases mis armas y no alguien más...adulto?

-Mi edad es lo de menos. Y...no se...- El chico se quedó bloqueado momentáneamente.- ¡Por favor dame una oportunidad! Nadie se fía de mis habilidades, me creen demasiado joven. Refunfuñó.

Darion no pudo evitar reír, cosa que no pareció gustar en demasía a Tulio. No terminaba de fiarse de él. Un chiquillo con sus pintas podía perfectamente ser un bribón...y aquello Darion lo sabía por experiencia propia.

-Vale...pues hazme un bastón con adamantium, pequeño...a ver si eres tan bueno como dices.

-¿Adamantium? Pff...me siento insultado. ¡Mi padre era el mejor herrero de la zona! ¡Enseñado por enanos!

-Deja de fardar y ponte a ello.

El chiquillo tomó el bastón de Darion y se lo llevó para usarlo como referencia. Durante unos minutos estuvo tomando medidas mientras hacía fundir el metal, que sorprendentemente fundía a una velocidad fuera de lo común. Cuando tuvo las medidas comenzó a crear el bastón, proceso que duró muchísimo menos de lo que debería haber durado, cosa que Darion intuía que se debía a las palabras que susurraba constantemente Tulio. En menos de una hora, Darion tenía un bastón nuevo, el cual tuvo que recoger él mismo pues al ser de aquel material, el joven no lograba a penas levantarlo.

-Sorprendente...

-Son...- Tulio no pudo acabar su frase, pues Darion lo calló antes.

-Sabes usar magia...¿podrías encantar el bastón?

El joven miró largo y tendido el bastón, para finalmente negar con la cabeza.

-El bastón no...pero ese collar que llevas...podría. Tengo por ahí un encantamiento que iría perfecto con tu collar.

Tras aquellas palabras Tulio desapareció entre un montón de libros y pergaminos para volver unos segundos después con uno de ellos. Un pergamino con un dibujo de un sol el cual no dudó en colocar alrededor del collar...alrededor de Soleil. El collar brilló y comenzó a desprender calor constante, aunque no de forma dolorosa.

-Azote solar...ahora tu collar absorberá luz solar y la liberará cuando quieras en forma de fogonazo...es bastante efectivo...Ahora si, son 65 imperiales...bueno, digamos que 75. Volvió a desaparecer y trajo una pechera acolchada.- Necesitarás esto, créeme.

-Maldito niño...eres un genio.

-¡Aspiro a ser el mejor!

Rápidamente entregó el dinero a Tulio, joven del cual jamás se olvidaría. Tomó todas sus cosas y abandonó el lugar no sin antes prometer a su joven amigo que la gente lo conocería pronto, que trataría de hacer que fuese conocido. Le quedaban 25 imperiales, los cuales decidió gastarse en una mula de carga a la cual usaría más como almacén con patas que como montura, una poción curativa que guardaría con celo por si acaso y una bolsa de alquimista para guardar la poción y lo que fuera a conseguir más adelante, si es que conseguía algo. Con sus nuevos enseres, decidió tomar rumbo al punto de encuentro con su jefe de expedición no sin antes pasar por la casa de Tyson y Nat para avisarlos que lo que iba a hacer. Un par de abrazos y bendiciones sirvieron como despedida temporal. Tras aquello se encaminó al punto de encuentro con su jefe de expedición, no sin dificultad, pues la mula, a la cual había llamado Calcetines, no estaba por la labor. Tardó más de lo esperado pero finalmente llegó a donde le esperaba su jefe, Godrick, listo para partir.
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