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Necross Belmont. Final alternativo

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Necross Belmont. Final alternativo

Mensaje por Khiryn el Jue Jun 01, 2017 7:44 pm

(Con cariño. -aunque parezca que no.-)

Necross Belmont.

Final alternativo.

El hombre despertó al medio día. Tenía hambre y la cabeza le daba vueltas. Hubiera vomitado si hubiera tenido algo en el estómago. Hacía tres días que no probaba carne y tenía resaca.  Se levantó del lecho de paja mullida con pesadez y caminó lentamente con la ayuda de la muleta hasta la alacena. La abrió con un gesto deformado en irritante conformidad. En toda la estantería sólo había botellas vacías y platos sucios con restos de comida podrida. Cerró las puertas de los estantes, se puso la capa sobre los hombros y salió de casa.

En el pueblo lo miraban con rencor. La gente le temía. Lo tachaban de loco, de enfermo, de matón. Su aspecto descuidado con la barba sin recortar y el cabello enmarañado y sucio le brindaban un escudo contra la gente. Él tampoco los quería cerca. Ya no quería a nadie cerca nunca. Los niños corrían de él y lanzaban frutos podridos y maldiciones.  Las mujeres blasfemaban en su nombre y los hombres se erguían a su paso en forma retadora. Y todo rebotaba en su capa y todo se le escurría pesadamente del cuerpo; a todos los ignoraba. Nadie era capaz de hacerle más daño ya.

Torpemente dejó caer unas monadas en la barra y cogió una botella de ron. Salió de la taberna renqueando lentamente bajo la mirada furibunda de todos. Nadie lo quería cerca, pero temían ponerse en su camino, a pesar de no tener una pierna, a pesar de que no tenía uno de sus brazos.
Llegó a su casa. Antes, había sido una granja generosa. La tierra había sido buena y había cosechado cuanto hubo necesitado. Vivió ahí con sus lobos y su hija. De eso hace muchos años ya. Ahora ahí, vivían sólo los recuerdos en forma de fantasmas oscuros que rondaban los sueños del hombre, apuñalándole cruelmente sin matarlo.

Se tiró al suelo y destapó la botella con los dientes. Para éste hombre nada ya tenía sentido en la vida y la dulce perdición del licor era el único tormento que quería aguantar. El hombre se engañaba. Se decía que ebrio no recordaba. Pero estaba equivocado. Bebía para recordar. Aferrándose con frágiles uñas y huesos a su pasado. A los buenos tiempos, a su familia, a sus amigos.

La nevada comenzó a pintar de blanco los árboles y el suelo. El tejado crujía bajo el peso de la nieve densa; y el hombre hinchaba su pecho con el fuego del alcohol. Su cuerpo se sentía caliente a pesar de la nieve fuera. El hombre estaba molesto. Iracundo de su vida, se arrancó los ropajes y se tendió desnudo contra el suelo. Quizás esta vez sí… quizás ahora sí… el frío lo merme y lo lleve al tan anhelado descanso que sus años le merecen.

Nada. Y se levantó y dio buena cuenta del ron directo de la botella. Una gota resbaló por su barba. ¡Y en un arranque frenético, tomo la espada por la empuñadura y la apuntó contra su cuerpo! ¡Así! ¡Quizás ahora sí tomaría al demonio por sorpresa y acabaría con él de una vez y por todas!

Pero su violencia se frenó. Su brazo quedó paralizado y la punta de su hoja apenas lamió su carne. El hombre se dejó caer de frente quedando sólo apoyado en su codo y rodilla contra el suelo. Hubiera llorado si es que sus lágrimas no se hubieran secado ya hace tiempo. El hombre volvió a sentarse, desnudo contra el suelo. Dejó la espada a un lado y bebió de nuevo; pensando para sí, “No me dejarás matarte, verdad… maldito…”

-//-

El hombre despertó con el sonido irregular de los golpes en la puerta y ventana. Un silbido agudo cortando el aire que acababa en un sonido sordo contra la madera. “Otra vez, pensó.” La cabeza le daba vueltas, le dolía y cada latido de su cansado corazón era una como una estocada en la sien. Todavía tenía la botella de ron en la mano y aun dormido, se las había arreglado para no regar una gota. La soltó medianamente complacido; esta, quizás, sería la única victoria de la que podría disfrutar ese día.

Intentó levantarse torpemente, pero la resaca lo hizo trastabillar, perdió el mínimo equilibrio que podía sacar de una sola pierna y cayó de costado. El muñón de su brazo faltante recibió el golpe. El hombre rió de su desgracia. “No puedo ni ponerme en pie,” pensó; eso le parecía divertido. La risa se convirtió en tos y tuvo que escupir hiel amarga para calmarla al menos un momento. Se puso de pie ahora, con mucho cuidado y pesadamente para no perder el equilibrio. Finalmente, si alguien llamaba a su puerta, lo menos que podía hacer era ver quién era. Aunque él lo sabía bien.

Cogió la espada y se apoyó en la muleta. Se tomó su tiempo para caminar hasta la puerta. “Vamos malditos que esperan… vengan por mí… es que quieren una invitación…” Todos eran cobardes.
Necross abrió la puerta en par. Seguía desnudo, pero eso no le importaba. La luz del día le dio de lleno contra el rostro y tardó un momento para acostumbrarse. A lo lejos veía las siluetas de todos ellos. Habían venido a matarlo y llevarlo como trofeo. Ora vez. Su cabeza aun tenía precio.

El hombre odiaba su vida y su maldición. Habría querido morir hacía muchos años pero no podía. El demonio dentro se aferraba a su vida con tanta fuerza y con tal voluntad que había dotado al hombre de una vida ridículamente larga. En los ojos cansados y secos del hombre desfilaban todos los años, todas las vivencias, todas las personas que él alguna vez amó.

Siempre venía ella primero. Su mujer, su amor, su amada y su amante. Su alada de cabellos platinados. La hermosa mujer que le dio más vida a su vida y que aun desaparecida le brindó la mayor de las dichas. Era imborrable el olor de su cabello y el imperante tono de su voz. La gracia de sus movimientos y su mirada firme. Él podía verla en todas sus facetas y cada gesto era cada vez más hermoso y más real que el anterior. Él, podía aun sentir el olor de su cuerpo, y el calor de su abrazo. Y se desvanecía…

Luego, venían los demás. Aquellos que fueron compañeros de armas, amigos y leales al hombre. ¿Cómo no recordarlos? Podía ver a Jones riendo frente a la fogata mientras compartía con él el recuerdo de un dragón al que mataron de risa. Podía ver a Arthur, el duelista exhibiendo con orgullo las enormes plumas de su sombrero. Podía ver a Legato, protegiendo su espalda y verse a si mismo discutiendo con la dama de hierro. Podía recordar la historia que Khiryn inventara al calor de una fogata y recordar que había pasado la noche en un convento al lado de una elfa bardo. Podía recordar a sus compañeros cuchillas y los rostros de cada soldado que había entrenado. Podía ver la cara de aquellos que lo traicionaron y de todos los que una vez salvó…

Y al final venía ella. El amor de su vida. Su preciosa hija Nadine. La recordaba de niña, extrovertida, inteligente y juguetona; la recordaba pasando largo tiempo tumbada de bruces en ensoñaciones extraídas de sus libros. La veía durmiendo, con la cabeza recargada sobre su pecho mientras él pasaba sus dedos por su cabello. La veía lanzando una llamarada. La veía emocionada como cuando hizo su primer vuelo alto, y como el viento le despeinaba y como sonreía. La veía comer y ensuciarse las ropas; las veía tímida y apenada…. Y la veía crecer.

La recordaba de adulta como una mujer con el carácter de su madre. Capaz de la más determinada mirada. De convicciones firmes. Fuerte y leal. La recordaba firme en las penas y generosa con los desfavorecidos.

La recordó el día de su boda, y recordó que odiaba al imbécil que ella amaba. La recordó de vieja y que la había visto envejecer mientras los años apenas y se notaban en él. Y la vio morir, y al menos él estuvo con ella, acompañándola en el lecho mientras que el invierno se llevaba su vida. Y en su lecho de muerte le dijo: “Vater; ¿otra vez vas a salir?

Y el hombre se recordó a si mismo llorando, con el corazón pequeño en el pecho y hecho pedazos que astillaban su cuerpo y le hacían doblegarse. “¡Nadine. Te dejé sola tantas veces!”  

¡Y él sabe que esto no está bien! ¡Qué esto no debería ser así! ¡Que un padre no debe enterrar a un hijo! Ese… ese no es el orden de las cosas. Y el hombre culpa al demonio y su maldición. ¡Lo odia con todo lo que queda de su ser! ¡Lo odia con el resto de su fuerza! Y el demonio lo ignora. El espejo sólo el muestra un reflejo y es el suyo. El demonio no ríe, no se burla ni se apena. Fríamente le vuelve la espalda; protegiendo su propia vida, dentro del hombre.

Y al hombre ahora le duele el pecho, de odio, pero le duele más de pena, y al menos puede sentir eso, y eso es una prueba irrefutable de que el hombre sigue vivo. Pero no puede llorar. Ya ha llorado demasiado.




Y aquí está otra vez. Su oportunidad de morir y ser libre. De reunirse en un muntdo eterno con todos cuantos quiso y amó.  El hombre dibuja una sonrisa en el rostro al ver a tantos fuera. No puede sino recibir con alegría esta oportunidad; y esperar que el demonio no venga esta vez.
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Re: Necross Belmont. Final alternativo

Mensaje por Necross Belmont el Jue Jun 01, 2017 8:33 pm

Esto es por los mil post no? O sea, este es el premio...

Sé que el dibujo era lo principal, pero casi me hace llorar el relato. Ahora no puedo dejar de leerlo e imaginar como todo va, lo veo muy claro.

Gracias Khi, de todo corazón.



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Necross Belmont
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