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Redención

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Redención

Mensaje por Turion el Mar Jun 06, 2017 2:41 pm

Hmmm… Esta es una historia que pocas veces me piden que cuente, y que poca gente merece escucharla, pero supongo que por esta vez haré una excepción, así que no te acostumbres, ¿eh?
Por donde empezar… Supongo que diciendo que en aquel momento era un centauro joven, no tendría ni veinte años cuando la guerra azotó nuestras tierras, y ni siquiera estaba preparado para todo aquello. ¿Acaso alguien lo está? Jé, lo dudo mucho. El caso es que tras la… prematura muerte de mi familia, yo estaba perdido, y a diferencia de ahora, no tenía ni la madurez ni la fortaleza mental para soportar algo así.

Salí al galope hacia el poblado de aquellos que habían matado a los míos, cobré venganza, y volví a galopar de nuevo, huyendo de mi hogar. Ese es el gran centauro que era… ¿Pero qué habríais hecho vosotros? Toda vuestra vida tirada a la basura en menos de un día, todo por el egoismo y el ansia de poder de una persona. Lo había perdido todo, y lo único que deseaba en ese momento era… ¿Qué deseaba realmente? ¿Morir? No, no era algo que me hubieran inculcado. Seguramente lo acertado sería decir que quería pagar mi deuda.

Supongo que no mucha gente sabe esto, pero en mi clan yo era un Guardián, uno de los centauros encargados de proteger al pueblo… librando las batallas. Y si no puedes proteger a los tuyos, hacer aquello para lo que has entrenado, ¿entonces para qué vales? Eso era lo que recorría mi mente en todo momento. Supongo que lo que realmente buscaba era mi redención.

Pasé varios días corriendo de acá para allá, apenas sin descanso. Las leyes del asentamiento decían que una vez se desafiaba a otro centauro a un duelo, este debía aceptarlo, y que el combate sería a muerte. También decían que se debían cumplir las condiciones propuestas… Pero yo sólo especifiqué que quería salir de allí con vida, y eso no implicaba que no pudieran perseguirme después.
El tiempo que tenía para descansar lo utilizaba casi en su totalidad para ocultar mi rastro, y no era para menos. Sabía que era de los mejores rastreadores de mi clan, pero eso no significa que en otros clanes no hubiera gente igual.

Mis pasos me llevaron cerca de un campamento Minotauro… de hecho, me resultaba familiar. Probablemente habría ido allí en algún momento en una de las múltiples batidas de exploración, pero no terminaba de recordarlo. El caso es que algo malo estaba pasando allí… Pero muy malo. ¿Recordais como os dije anteriormente que los centauros de mi asentamiento no solían mostrar sus rencillas internas al exterior y demás? Pues por lo visto unos pocos se habían tomado esa “norma” de conducta a su manera, pues estaban atacando el campamento.

Aaah, recuerdo bien la sensación de aquel momento. Por un lado, algo dentro de mi me decía que corriera. No estaba en condiciones para luchar, al menos, no para luchar bien, y eso lo sabía perfectamente. Además, los minotauros nunca habían sido precisamente muy amigos de mi clan, así que… ¿por qué meterme en un lugar así?

Y aún a pesar de que aquella era la opción lógica, huir, sobrevivir un día más, y buscar mi destino en otro lugar, otra parte de mi no me permitía irme. ¿Sería mi propio honor? Recuerdo que, mientras me debatía sobre qué hacer, miraba de un lado y otro del campamento. Los centauros que atacaban eran salvajes, pero eso era lo malo para ellos: dejaban puntos débiles a la vista, no habían preparado un lugar de escape, y maldita sea, ni siquiera estaban atacando de manera organizada… Sólo estaban ganando porque les habían pillado desprevenidos…

Me sorprendí a mi mismo una vez más cuando, en lugar de tomar el camino que llevaba a… qué demonios, a cualquier otro lugar que no fuera esa batalla, me moví hacia la retaguardia. Mi sangre ardía en mis venas, y algo que no había sentido antes me poseyó: las ganas de combatir.
Ellos no me esperaban, a fin de cuentas estaban absortos en lo suyo… Los minotauros tal vez me vieran, pero no dijeron nada… El campo de batalla ahora era mío.

Tomé carrerilla, mientras me ajustaba el yelmo. Por aquel entonces ya medía lo mismo que un centauro adulto, y tenía un físico que no envidiaba a ningún otro. Tenía menos cicatrices, sin duda, pero… eso es lo de menos. Desenvainé el hacha de mi padre, Warmog, que solía cargar a mi espalda, y tras sujetarlo con fuerza empecé a correr.

El aire acariciaba mi cuerpo, mientras mi velocidad aumentaba. Mis cascos levantaban la tierra del suelo, y pulverizaban las pequeñas rocas que se ponían en su camino, y el sonido del filo de mi hacha rozando el suelo cada vez sonaba más fuerte.

En ocasiones lamento mucho que aquel pobre centauro fuera el primero que me vio de aquel modo… Si es que puede decirse así. Nada más llegar al combate, uno de ellos se giró hacia mi, el que tenía delante. Lo último que sus ojos vieron fue como mi hacha se elevaba, y le cortaba la cabeza… Por suerte no vio cómo su cuerpo salió empujado hacia adelante tras chocar contra el mío.

En aquel momento mi mente estaba en blanco, y sólo había un pensamiento que se cruzara fugazmente: recuperar mi honor, demostrarle a los caidos, y a mi mismo, que no había fracasado del todo en la vida. Tal vez fuera aquello lo que me dio fuerzas para luchar, para seguir como estaba.
Poco a poco los centauros se percataron de mi presencia, ya fuera por su compañero sin cabeza, o por mi grito de rabia… ¿no os lo he contado? Nada más atacar, de mi salió un potente “¡VAMOS, VENID A POR MI! ¡LA FURIA DE TYRANDOR SERÁ RECORDADA!
¿El qué intentaba con eso? Creo que nada, pero lo que conseguí fue que aquellos que me rodearan vinieran a atacarme.

En ese momento, aquello no me importaba en absoluto. Tal vez ahora me doy cuenta de que lo habría hecho de un modo algo distinto, pero a fin de cuentas conseguí lo que quería: con los centauros fijos en mi, los minotauros pudieron reagruparse y comenzar un contraataque.
Yo me defendí como pude, luchando contra ellos como nunca antes había hecho, pues por primera vez (como dije antes) estaba buscando el combate.

La cosa avanzó de una manera que no me esperaba… Realmente pensé que moriría en aquel lugar, pero por lo visto los minotauros no eran tan malos combatientes como yo creía en un principio. Sólo les habían tomado por sorpresa.
Cuando comenzaron a atacar lo hicieron de una manera mucho más organizada que los otros centauros, y atacaban sin piedad, clavando sus armas y sus propios cuernos en los cuerpos de los adversarios.
En cuanto a mi… Blandía mi hacha de un lado a otro, daba coces, y en general, trataba de defenderme lo mejor que podía. Yo estaba entre los otros centauros y su única escapatoria, así que mi tarea, mi redención, consistiría en aguantar. Me daba igual morir, sólo quería recuperar aquello que había perdido. Mientras pudiera aguantar, moriría tranquilo.

En realidad no recuerdo nada más de aquel momento. Desperté varios días después, en aquel poblado, vendado hasta arriba, y apenas sin poder moverme. Uno de los minotauros me contó que había sobrevivido de milagro, pues los cortes y el resto de heridas habían sido demasiados, y que tuve suerte de que pudieran curarme a tiempo.
Ellos decían que había tenido suerte de seguir vivo, pues otra persona en la misma situación había muerto, pero yo sabía lo que en realidad había pasado… Mi familia me había perdonado, había recuperado mi honor… era merecedor de seguir vivo.

Tardé meses en recuperarme, y algo de tiempo más aún hasta que pude moverme con comodidad, pero fue algo que mereció la pena… Al fin supe que tenía un lugar en este mundo, y tenía cicatrices que lo demostraban.

Y esa fue la historia, compañero. Espero que sea la última vez que tenga que contarla, pues ya se sabe lo que pasa con las historias… cuantas más veces se cuentan, más veces cambian.



off:
Dado que la historia de este Hijra ocurre en el pasado de mi pj, justo después de que le atacaran, lo he escrito de tal manera que sea Turion quien la cuenta, espero que no sea molestia. Un saludo!
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Turion

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Link a Ficha y Cronología : Turion, el Centauro
Mi historia en Noreth

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