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El honor de ser tu Hermano.

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El honor de ser tu Hermano.

Mensaje por Gula el Mar Jun 06, 2017 8:53 pm



El constante tintineo de las gotas de agua cayendo sobre el metal, la visión monótona de los árboles y los cascos que sonaban al mismo trote, mientras se escuchaba un rezo a las diosas de la luna. 5 jinetes huían de lo que era un mar de tinieblas que destrozaba todo a su paso y los perseguía sin descanso, la oscuridad serpenteaba entre la madera o bien derribaba alguno que otro sauce. Por donde pasaba la hierba se marchitaba y toda vida era pisada, maltratada y sin esperanza de crecer nuevamente. La caballería iba en formación a la misma velocidad, nadie se adelantaba y tampoco retrocedía pues cargaban poderosas reliquias que no podían caer en manos de aquellos que acechan en la oscuridad, sería demasiado poder para las hordas de la maldad que alguno de ellos fuera corrompido por esta miasma de decadencia pues, serían usados junto con su tesoro para sembrar caos y destrucción donde alguna vez trataron de hacer el bien.

El paso acelerado comenzó a disminuir y el rezo también se detuvo, a no más de 20 metros terminaba el bosque y una abertura entre los troncos mostraba la llanura, las tinieblas sabían que ahí serían más vulnerables pues también corrían a la lejanía por los costados para emboscar en ambos flancos. Uno de los jinetes desenfundo su cimitarra, brillante y con luz blanca y propia semejante a la luna llena. Era mejor morir en sacrificio que ser atrapados… Al llegar al claro, el caballero blanco junto a su unicornio disminuyó el paso, no haría un gran movimiento, no daría el golpe final a su lucha de casi 15 años, no sería el héroe que todos desean, sino que salvaría a sus hermanos de armas pues al igual que ellos sabía que es mejor que uno muera por 4 que todos caigan en las garras de la oscuridad. Pronunció sus últimas palabras a su compañero de armadura naranja y al llegar a la llanura, 40 metros después de salir del bosque el caballero de toga blanca se detuvo y dio media vuelta para enfrentar la mórbida corrupción.


-MAAARIUUUUS! -Grito uno de sus hermanos con desesperación al notar como se alejaba lentamente y una ola de oscuridad se cernía sobre su compañero.

-!TENEBRI NUNQUAM DOMINAREM…-Conjuró el caballero blanco con una voz firme pero profunda.

-NOOOOOOOOO. -Exclamó con la misma intensidad de madre mientras le arrebatan a su hijo recién nacido de su pecho.

-...IL PODERIO DE LA LUUUUUZ!- Y una luz blanca disipó las nubes de lluvia y un pilar de blanco alcanzó el cielo durante unos segundo para luego liberarse en forma de barrera que las tinieblas no pudieron atravesar.

La luz acarició los yelmos suavemente e hizo brillar las lágrimas de sus hermanos como las estrellas en el firmamento. La lluvia había cesado y ellos seguían huyendo de las tinieblas pues, el muro de luz solo las contuvo unos pocos minutos ya que una mano negra llena de sombras y malícia la rasgó como el ataque de zarpa de un animal sobre la seda de una princesa.

La llanura lentamente se fue inclinando dando a paso pequeñas colinas llenas de rocas, vestigios de la lucha de gigantes de piedras, su paso era veloz pero sus persecutores impulsados y atraídos por el poder lo eran más. El caballero de armadura naranja se dirigió a su hermano más cercano.

-Alex, pase lo que pase, vive siendo un alma libre, hermano. -Dijo y una sonrisa se dibujaba debajo de su yelmo. Se detuvo mientras ondas de calor empezaron a emanar de las marcas de fuego talladas en su armadura, bajó de su caballo, lo acarició un momento y este desapareció volviéndose llamas que rodeaban el puño del caballero hasta mostrar una mandoble flamante, al rojo vivo como el magma mismo.


-¡Las llamas del Fénix arden en mi corazón y con ellas purificaré esta tierra de todo mal!

A la lejanía Alex notó como la tierra se abrío y una enorme explosión de fuego se elevó al cielo para luego convertirse en una ave que salió disparada cual cometa hacia el este.
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Re: El honor de ser tu Hermano.

Mensaje por Eudes el Dom Jun 18, 2017 12:21 am

¿Cuantas veces había sentido eso?

El sol, padre sol, rasgando con sus puñales de luz las nubes mas oscuras, y rozando con etéreas columnas doradas la planicie humedecida por la tormenta. Frío y calor, juntos sin mezclarse, conviviendo en ese efímero mundo de sombras y luces que se formaba luego de que los últimos coletazos y ventarrones lluviosos habían amainado sus fuerzas. Desde siempre había disfrutado de este milagro, de este estado milagroso, y en los tiempos que corrían, con ese yugo de hierro plateado sobre su espalda, parecía que estos breves instantes eran lo único que le brindaba algún segundo de paz.

Paz...paz...Mil agujas clavadas en la carne que ascendían por su espalda, como un arácnido metálico y frenético descosiendo y volviendo a coser los jirones de carne que iba arrancando...

No...no...no debía pensar en eso. No era real al final y al cabo. Este instante, este segundo lo debía ser todo para ella. Desde aquellos mozos años, las cosas habían sido así...

El silencio y el viento reinaban entre las ruinas, como desde hacía varios años. Las piedras derruidas y marrones, apenas emitían sonido cuando alguna corriente errante las atravesaba, veloz y apresurada. Se reconocían, entre esta reliquia de tiempos mejores, la conformación de lo que alguna vez fue un castillo, una fortaleza, cuyo piso inferior, amplio y intrincado, todavía conservaba las bases de los pasillos y habitaciones, reconocibles (mas a duras penas) por las hileras de roca en el suelo. Lo que parecía ser un balcón o mirador amplio y semi-circular pendiendo del borde del abismo era, como cosa curiosa, la única parte de la estructura original que no parecía haber sido deformada hasta el borde de lo casi irreconocible. Paredes altas semiderruidas y apenas en pié todavía señalaban el vulgar y patético fantasma de pisos superiores.

...Algunas veces viajeros, mercaderes y peregrinos se habían topado con estas ruinas perdidas. Las habían llamado de muchos nombres, demasiados para ella como para recordarlos en ese instante, y habían otorgado toda suerte de orígenes a las rocas en destrucción. El consenso, por supuesto, parecía asentir unánime a una antigüedad casi legendaria y, juzgando por los restos e indicios, era fácil incluso datárle quizá de algunas centenas, siendo lo más lógico ante tal nivel de destrucción por una causa aún desconocida. Lamentablemente, como muchas mas cosas que Licia se había topado a lo largo de su todavía corta vida, el consenso general y el sentido común se encontraba lejos de la realidad.

La fortaleza en cuestión no llevaba mas de 6 años en dicho estado, y en llegar a esa condición, no más de unos meses le habían bastado. El evento en cuestión había sido devastador. Las perdidas...las perdidas...demasiado...

Silencio: El viento cayó sus susurros por un momento. Los ojos de la caballero recorrieron cada recoveco, cada rincón, cada ranura y cada fantasmal atisbo de gloria pasada que desparramada yacía sobre el risco de piedra. Las lineas en el suelo asemejaban al camino borroso e indefinible de la memoria, que le guiaba en un viaje hacía aquellos días de camaradería y adoración en que este lugar se alzaba como una corona de gloria sobre las estériles y malditas arenas y peñas de este lugar seco. Por supuesto, al final, cerca del borde, el recuerdo dulce se transtornaba en esa visión horrorosa en indefinible que todavía le azotaba en sus pesadillas, al menos en los tiempos cuando todavía estaba dispuesta a dejarse llevar en el sueño. Oscuridad...sombras...gritos...corrupción...su figura consumida.

Antes había llorado. Ahora solo contemplaba con un puñal en su alma, un dolor incapaz de descargarse a través de manifestaciones físicas o palabras. El peso sumado de "la otra espada", que en su burlona existencia gustaba de traer en los momentos de castigo las imágenes de la masacre, no hacía mas que añadir el toque de la desesperación a aquel dolor fantasma.

Padre sol, padre mío, ¿Por que me abandonas? ¿Por que nos abandonas? ¿Por que desde tu trono ahora pareces darnos la espalda, lanzarnos a este mundo perdido sin destino o cubierta, quemándonos con esos rayos tan hermosos que alguna vez nos dieron poder? ¿En que te he ofendido? ¿En que te he fallado? ¿Que hizo que tu, tu rey de la luz, ahora te vuelvas en contra mía, y me obligues a seguir en esta condena eterna, en esta espiral en donde tras cada nivel se oculta un demonio mas grande? ¿Es acaso justa tu indiferencia? ¿Es si quiera un poco justificable tu silencio? Mi espada se vuelve pesada, difícil de cargar entre estas manos escuálidas...

...

Miraba al sol, pero nadie respondió. Sentía la humedad, pero nada alivio su dolor. Estaba sola.

...

El viento sopló de nuevo.

...

¿O quizá no?

...

Aquella presencia conocida, arrastrola de entre el mar de los recuerdos hacia el frío y el calor, hacia estos instantes breves en los cuales posada sobre una roca derruida miraba al Padre Sol. Bajando la mirada a tierra, abiertos los ojos, como un espasmo viró hacia un lado la cabeza, su mandíbula titiritando, para buscar con la mirada aquello que sentía tan cercano. Mirando en toda dirección, se levantó de la piedra y agudizo los sentidos, direccionando hacia todas partes, buscando, intentando distinguir eso, intentando distinguirlo a él.

Si, si, estaba aquí, no podía engañarle, estaba aquí después de tanto tiempo. ¿Cuanto había sido? ¿Dos, tres, cuatro años? No importaba ya, ahora lo realmente determinante era encontrarle, era pedirle explicación, era poder hacer o decir algo para...

Apareció como una bruma blanca, ese espectro de caminos mil y ojos que habían visto los más profundos secretos del mundo. Materializándose...no, mas bien distinguiéndose, tomando brazos, y piernas, y ropas y apariencia de hombre en la alteración de su propio humo, que se revolvía y mutaba según la necesidad de la figura. Un capa larga y eterea, que se disolvía en la misma bruma que le había visto nacer se abría como un par de alas a sus espaldas, mientras camina erguido y firme, avanzando hacia la mujer. Ese yelmo inhumano, esos ojos como estrellas que brillaban a través de la indistiguible y ondulante visera, esa regia espada fantasma, mas sólida que el resto de su cuerpo, que se ceñía sobre sus lomos. Era el, después de tanto tiempo, y aunque muerto, era el.

Silenciosa, una lagrima corrió por su mejilla, y una sonrisa suave pero sincera se manifestó en su boca.

Estaba aquí, como aquella vez hacía tanto tiempo, aunque, entonces lucía un poco más...sólido. Pesadilla, pesadilla las imágenes que venían a su cabeza de el día trágico, como lo vio consumirse, cuando lo vio...cuando lo vio morir...

No importa, ya no importaba. Tal y como las profecías lo habían dicho, el mensajero que después de la muerte retorna para seguir con su misión. Eso significaba, eso significaba que...Si, sí, por los dioses, por el Padre Sol, sí...

Tenías ganas de correr, de abrazar a la bruma, de dejar correr las lágrimas mientras estaba junto al que alguna vez fue su hermano, su compañero de luchas, la mano en la que confiaba cuando la oscuridad intentaba con otra escaramuza. Pero...no. Algo frío, algo extraño, un miedo primigenio e instintivo que se retorcía como un gusano en el fondo de su alma se lo impedía, como el impulso natural de un animal asustado. Estaba allí, oculto tras aquella amalgama de alegría, nostalgia y simple tristeza, impidiéndole avanzar hacia el fantasma que a paso lento se le acercaba, cada vez mas reconocible, cada vez mas familia en cada uno de sus regios movimientos. Se quedo allí, entonces, mientras sus rodillas flaqueaban, y el hombre detenía su avance a dos metros de su posición.

Silencio por segundos, frío silencio, como si el sol hubiese dejado de brillar. Los ojos estelares posados sobre ella, escrutándola, examinando el fondo de su alma como dos faroles en medio de la mas recalcitrante sombra. Podía sentirlo, la recordaba aún en su espíritu, quizá como un eco lejano, quizá como algo que había pasado por su vida tan solo el día de ayer. Lucía regio, con la armadura completa formándose en la bruma y cubriendo un cuerpo fornido y alto, tal y como había sido en vida. Era impresionante lo poco que este aspecto tan inmaterial le cambiaba, como si lo único que observase fuese su reflejo a través de un espejo ligeramente opaco.

Alzó una mano, señaló hacia el horizonte, hacia mas allá del éste.

La mujer viró hacia aquella dirección, esforzándose con la vista en ver algo más que nubes, y las luces ligeramente mas brillantes del sol naciente que rompían la negrura.

No había nada.

- N-no entiendo...-Susurró, para si misma mientras alguna luces bañaban su faz bronceada.

El espirito permaneció inmóvil, sin decir palabra, quizá por no querer, quizá por no poder. Simplemente bajo su brazo, y posando nuevamente los ojos estrellados en la mujer, quedose inmovil mirándola.

¿En que pensaría? ¿Que quería decir aquel gesto? Preguntas que llegaban a su mente pero que su garganta se negaba a articular, enroscada como un nudo, incapaz ya de lidiar con el miedo primigenio que había superado a la dicha o a la desdicha. B-bueno, no importaba, su misión era clara, siempre lo había sido en vida, y ahora lo sería aún mas en su muerte. Los Solaris...el renacimiento, el fin de la tortura..si...era eso...no podía ser otra cosa.

Entonces el espíritu comenzó a disolverse, la bruma a difuminarse y absorber las humanas facciones y rasgos.

No...no tan rápido, no ta pronto, no todavía hermano, no por favor.

Sabía lo que iba a hacer, siempre lo había sabido, pero si tan solo aquello pudiese durar más tiempo, solo una vez, solo un momento.

Corrió hacia el, mientras poco a poco la luz del sol dominaba sobre las sombras y el frío iba reduciendo su dominio. Ya no importo el miedo, ya no importo el terror a lo desconocido. Solo quería tocarlo, así fuese imposible, solo una vez...Pero fue imposible. El espíritu se disolvió en el aire, y sus dedos solo alcanzaron a sentir el frío de la bruma que lentamente moría al calor del sol. Pronto, demasiado pronto, demasiado rápido, la visión se esfumo de sus ojos y todo lo que quedó a su alrededor fue el sol radiante que nacía y la inmensa soledad de las ruinas, ahora mas radiantes y brillantes, bendecidas por el Padre Sol.

Padre Sol...Padre Sol...

Resignada, retirose hacia el balcón, hacia aquella estructura pendiente que miraba hacia el lugar del nacimiento celeste. Las marcas de las espadas se hallaban repartidas en el suelo, formando un círculo perfecto de emblemas que fungían como una apropiada decoración para la antigua plataforma, una decoración que a pesar de los años seguía brillando como si el día anterior aquellas gemas moldeadas hubiesen sido puestas allí. Las bendiciones mágicas, tal parece, no solían fallar por gracias del desgaste o el correr del tiempo.

En el borde, de pié, mirando a su Padre surgir como un titan radiante cada vez mas alto en su reino, el cielo. Se quitó el yelmo, dejando que su cabeza de cabellos recortados se refrescara con las brisas de tormenta que todavía restaban.

- ¿Este es tu plan, Padre?- Susurro al astro, pensativa mientras su cabello corto se movía muy ligeramente- ¿Darnos una...nueva oportunidad?

El sol emergió radiante ese día, como pocos que había visto antes. Quizá porque, como decían las leyendas, padre brillaba más cuando traía una promesa consigo...
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