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El amor... ¿perdido? ¿O reencontrado? [Isla de Sade] (priv. Atlas y Axis)

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El amor... ¿perdido? ¿O reencontrado? [Isla de Sade] (priv. Atlas y Axis)

Mensaje por Celeste Shaw el Dom Jun 18, 2017 12:16 pm

No sabía cómo, Celeste había tenido noticias de Zelycan, su antiguo compañero y amor. Se había enterado de que estaba en una isla, prisionero, como un esclavo gladiador. Apretó los puños, rabiosa, y contuvo las lágrimas. Sabía que si no mantenía la cabeza fría no haría nada, por lo que respiró hondo y se calmó. Ya sacaría la rabia, se dijo. Ya la sacaría cuando tuviera frente a si el hombre que había esclavizado a Zelycan. A su Zelycan.

No entendía cómo había ocurrido eso. ¿No había muerto en esa contienda? Ella lo había dado por muerto, pero realmente no sabía cómo había acabado todo, por lo que era toalmente posible que se hubiera escapado de ahí, o bien que lo hubieran cogido, como había llegado a sus oídos. Pero pensaba ir a ver qué podía hacer para sacarlo, no podía dejarlo en ese lugar de mala muerte. Para empezar, odiaba la esclavitud, y si era la persona a la que había amado la que estaba presa en ese sitio, esclava, aún iba peor todo.

Se informó sobre esa isla, sobre cómo podría entrar al coliseo, y se dispuso a ir hacia allí. Sin embargo, no sabía qué hacer con Adrien. El niño ya era bastante mayor como para quedarse unos días con alguien que no fuera ella, ¿pero con quién lo dejaba? No sabía dónde estaba Gerarld, y no sabía con quién más. Y no se fiaba de llevarlo a esa isla. ¿Quién le decía que iban a dejarlo en paz? ¿Que no lo harían esclavo también? No sabía mucho sobre el funcionamiento de ese lugar, y prefería no arriesgarse. Pensó en la posada donde había estado durante su embarazo y el primer año de vida de Adrien. ¿Se acordaría de ella el hombre? ¿Accedería a cuidarlo por unos días? ¿Cuánto le costaría a ella? Decidió hacerlo, dejárselo a él. Mejor que a un desconocido, eso era seguro.

Voló hacia esa posada y entró. Todo estaba igual, lo único que había cambiado eran las personas que había. Más jóvenes con ganas de aventura, y los adultos que seguían yendo allí a dormir habían envejecido. Diez años habían pasado, más o menos, y eso se notaba. Celeste seguía teniendo el cabello rojo como el fuego, pero pequeñas arrugas se habían hecho alrededor de sus ojos y su boca. Eran muy pequeñas, apenas perceptibles, pero eran una señal del paso del tiempo. Entró en la posada cogiendo la mano de Adrien.

—Buenas tardes.

—Buenas tardes. ¿Qué desea, señorita?

—Me preguntaba si podría dejar unas noches a mi hijo. No causará problemas, y puedo pagarle ahora mismo todos los gastos. Si hay algún extra se lo doy cuando llegue, o si son más noches de las previstas. Con cinco noches será suficiente.

—Pero… Ah, espera, ¿no estuviste aquí dos años, casi?

—Sí, estuve todo mi embarazo y el primer año de vida de mi hijo. Por eso he venido… No lo hubiera hecho si no hubiera estado tanto tiempo aquí.

—Eso cambia un poco las cosas. Sí, puedo hacerme cargo. Cinco días y no más.

—Adrien, escucha —se volvió hacia su hijo, que la miró—. Te vas a quedar unos días aquí, ¿sí? Volveré lo antes que pueda, debo hacer algo.

—¿Vas a trabajar otra vez? —preguntó el niño—. ¿De nuevo tienes que trabajar y dejarme solo? ¿Cuánto tiempo esta vez, mamá?

—No más de cinco días. Lo prometo.

—La última vez prometiste que no sería más de una semana y estuviste tres fuera.

—La última vez se me complicó mucho, Adrien. Esta vez no será fácil, pero si no vuelvo en cinco días… —se estremeció.

—¿Qué pasará si no vuelves en cinco días, mamá? ¡Dime que volverás!

—Nada. No pasará nada, porque voy a volver, ¿sí? Te prometo que volveré.

—Vale… ¡Si no vuelves me voy a enfadar! —le dijo el niño con cara de malas pulgas—. ¡Y no jugaré contigo!

—Voy a volver en cinco días, Adrien. No más. No sé si sola, pero en cinco días estaré aquí —le sonrió y lo hizo mirarla a los ojos—. Y sonríe, ¿vale?

—¿Por qué tienes que irte?

—Yo… voy a salvar a alguien de un sitio muy feo. Quédate aquí, por favor, Adrien. Y compórtate bien con el señor que te dará la comida y la habitación, ¿sí? —le revolvió el pelo—. Y recuerda que te quiero.

—Yo también te quiero, mamá —la abrazó muy fuerte—. ¡No te vayas!

—Adrien… —suspiró, se soltó y le dio un beso en la mejilla—. Volveré.

Dejó al posadero unas monedas, que deberían bastar para cubrir la estancia y la comida de Adrien durante esos días, y emprendió el vuelo hacia la isla de Sade. Agarraba con firmeza una bolsa con algo de comida. No sabía exactamente a qué distancia estaba esa isla, por lo que había decidido ir prevenida por si tenía que hacer una pausa en el camino. La hizo, justo en la costa, antes de adentrarse, volando, en el mar. Comió sentada en la orilla, después de un buen baño, y se levantó. Miró el océano, respiró hondo y volvió a emprender el vuelo. No supo cuánto tiempo estuvo volando, sólo que tenía las alas agarrotadas por tanto tiempo que había estado en el aire. Llegó a la isla al anochecer, y se apresuró a buscar un lugar donde dormir.

Buscó rápidamente una posada donde dormir, y no puso reparos en entrar a la primera que pilló. Cenó en un rincón, apartada del bullicio, cubierta con una capa negra que escondía su cuerpo, y subió enseguida a su habitación, intentando que nadie se fijara en ella. Cosa difícil, viendo la envergadura de sus alas, que despertaron cierto interés, pero no se entretuvo en ese salón. Sabía que no le convenía que se fijaran en ella, por lo que fue tan discreta como pudo y subió con rapidez a su dormitorio.
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Re: El amor... ¿perdido? ¿O reencontrado? [Isla de Sade] (priv. Atlas y Axis)

Mensaje por Atlas y Axis el Dom Jun 18, 2017 7:53 pm


___Apuntaba ya el sol hacia el mediodía, caldeando el ambiente con la suave temperatura del otoño. La luz se colaba a raudales en la habitación, lamiendo los faldones de las sabanas de una gran cama con dosel sobre la que descansaban tres cuerpos entrelazados y desnudos, sumidos en un sueño abandonando.

___Alguien tocó tres veces en la puerta de doble hoja, pero nadie se levantó a abrir. Los golpes insistieron hasta hacerse molestos, y Aldrin Gherseb rodó sobre sí mismo en la gran cama, abriendo los ojos soñolientos con el ceño fruncido. A su lado, abrazados todavía, los gemelos respiraban al compás como dos bellezas pálidas y tranquilas, sin rastro alguno de la lujuria exhibida la noche anterior. Parecían incluso inocentes. El hombre sonrió satisfecho ante el recuerdo, que se vio empañado por la irritante insistencia de quien quiera que estuviese llamando.

___-¡Adelante! -gritó, su voz chasqueando en el aire como un látigo de tres cabezas.

___Las puertas se abrieron, dejando pasar a una mujer espigada y morena a la que le faltaba un ojo y la mitad de la mano derecha. Sin inmutarse por la escena ni por nada rodeó el lecho hasta situarse delante del hombre, sosteniendo frente a él un fajo de papeles gruesos.

___-Señor, es menester que decidáis ya sobre las especificaciones del evento. Si se retrasa más estaremos en problemas.

___Aldrin suspiró largamente, frotándose los ojos. El evento. Se le había olvidado. Todos los años por estas fechas solía lanzar un reto a toda la isla y a los rincones del continente al que llegaran sus misivas, conminando a los guerreros a venir y probar su suerte en su coliseo. Se colgaban carteles en los tablones de noticias con todas las especificaciones pertinentes. El asunto había ganado tal popularidad que se decretaban días de fiesta en la propia isla, para que todo aquel que quisiera acudir pudiera hacerlo, tanto a la arena como a las gradas, y así disfrutar del deporte estrella del lugar. El de este año en concreto empezaba dentro de dos días, aunque los carteles llevaban en la calle desde hacía semanas. Se sentó en la cama y miró a Ulna, su secretaria, una mestiza cambiaformas que había heredado de su naturaleza animal poco más que los instintos, las orejas de lince y una piel moteada. Hubo un tiempo en el que fue muy buena con la lanza y el del escudo.

___-¿Qué me traes entonces?

___-El esquema del evento, la petición popular para armas de fuego, el número de gladiadores a participar y sus niveles, las pruebas de nivel para los participantes exteriores, y la autorización para venenos, magia y bestias de batalla. Y necesito que confirme definitivamente los premios.

___El hombre se levantó de la cama. Era aún joven y estaba en buena forma, rozando los 27 años, con el pelo rizado y rubio, de encantadora sonrisa y ojos caídos y extraños de color castaño. Se dirigió hacia el escritorio al lado del balcón, hacía unas semanas lo había mandado instalar allí. Ahora eran frecuentes las noches que compartía con los gemelos y él necesitaba un rincón donde poder sentarse y atender sus negocios sin tener que ir de un lado a otro de la casa. Ulna dejó las hojas sobre la superficie y se quedó esperando tras la silla, con las manos a la espalda y aquel gesto serio que la caracterizaba.

___En la cama los gemelos se estiraron con pereza, despertando ante la charla y el movimiento. Uno de ellos se alzó apoyándose en las manos y buscó a su amo con la mirada.

___-Amo. -llamó; al cuello llevaba un colgante de plata con la forma de la vértebra Atlas.

___Su hermano se asomó entre los brazos del primero, recostado en el lecho y observándolo todo.

___-Amo. -llamó; de su cuello colgaba otra pieza de plata con la forma de la vértebra Axis.

___-Buenos días Amo. -dijeron ambos al unísono, sonriendo risueños sin reparos por mostrar su dentadura afilada.- Oh, Ulna está aquí.

___-Atlas, ¿tienes una pluma por aquí? - preguntó distraído.

___El aludido se puso de pie de inmediato, saltando al suelo con agilidad y corriendo hacia su baúl. Axis se acercó al escritorio y se inclinó hacia delante para ver en qué estaba tan centrado el hombre.

___-¿Qué es eso, Ulna?

___-Papeles sobre el evento del coliseo.

___-¡Oh, ya toca! ¡Atlas, los combates van a comenzar! ¿Cuándo, cuándo? -exclamó con entusiasmo.

___-Dentro de dos días.

___Atlas regresó con una plumilla de cristal verde en las manos, era una de sus preferidas. Se la tendió a su amo y se quedó al lado de la mujer, mirando con atención. El hombre comenzó a firmar y escribir con rapidez, mojando la pluma en el tintero sin molestarse en escurrirla primero, dejando caer gotas de tinta roja por todos lados.

___-Aquí tienes. El esquema está bien. Sí a las armas de fuego, a ver cómo funciona eso éste año, y quiero diez bestias de batalla. Limita el uso de los venenos a sustancias fulminantes, y haz algo con la magia... hace dos años se nos presentó un piromante que nos quemó hasta las cejas, que no vuelva a pasar. Respecto a los gladiadores, escoge de nuestra casa a quince del bloque D, incluye a Zelycan y su grupo de sparrings, hay que darles salida; ocho del bloque B con Mustis y sus chicas locas; y cinco del bloque A, dile a Costae que participará le guste o no. El hecho de que haya entrado en el bloque de élite no significa que pueda hacer lo que le venga en gana. Habrá dos premios, primer y segundo puesto; para los combatientes exteriores 250kulls de oro al primero y 100 al segundo. Para los gladiadores el primer puesto garantizará su liberación y el segundo una ascensión al bloque A. El evento durará cuarto días en total. -le tendió los papeles a la mujer, que los cogió y los revisó rápidamente.- No te olvides de confirmar la participación de gladiadores de los otros lanistas y escoge un número igual de combatientes, ya sabes. ¿Algo más?

___-Todo en orden, señor. Por favor, recuerde que esta noche tiene una reunión con Madame.

___-Sí, sí, ya lo se, vete ya. Y manda algo de comer, ya que estás.

___Aldrin se recostó contra el respaldo de la silla, pensativo. Iba a librarse de un montón de esclavos del bloque D, los que usualmente usaba como sparrings, como carne de entrenamiento para otros más talentosos y bestiales. Estaba seguro de que todos morirían, así que necesitaría sustituirlos... Atlas se acercó por detrás y lo abrazó, dándole un par de besos en el cuello. Axis rodeó la mesa y fue a sentársele en el regazo, con una expresión traviesa en el rostro. Sonrió con satisfacción.

___Bueno, ese tema podía retrasarse un par de horas.
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Re: El amor... ¿perdido? ¿O reencontrado? [Isla de Sade] (priv. Atlas y Axis)

Mensaje por Celeste Shaw el Sáb Jun 24, 2017 9:42 pm

Al día siguiente, Celeste se levantó y fue a dar una vuelta por el lugar. Frunció el ceño y prestó atención a las calles por donde iba. Al principio mantuvo las alas pegadas a su cuerpo, deseando que nadie se fijara en ella, pero si no eran sus alas lo que llamaba la atención era su cabello, o bien su figura. Aunque, según veía, no era la única que tenía un aspecto más bien chillón, en ese lugar.

Había visto alguna de las misivas que se habían mandado, y pensaba participar en ese evento. Sabía que era probable que no volviera, y la sola posibilidad la horrorizaba, pero saber que Zelycan estaba allí preso le revolvía el estómago y la empujaba a actuar, por lo que estaba totalmente dispuesta a arriesgar su vida por él. Aún así, no estaba del todo decidida, y no fue ella la que terminó de decidirse.

—Vamos, niña. Yo también sentí eso por él. Ve allí —y, por una vez, no se resistió, sino que sencillamente asintió a lo que le decía Lilith.

Y sí, después de esos catorce años que hacía que él la había tomado por muerta, seguía amándolo como si fuera el primer día. No lo culpaba, seguramente ella también habría pensado que estaba muerto si lo hubiera visto sin moverse, sólo tendido en el suelo, con un gran corte sangrante en la espalda. Llevó la mano a la pequeña porción de piel entre las alas, y se estremeció.

Se sorprendió a si misma parada en medio de la calle, conteniendo las lágrimas, cuando recibió un empellón que casi la echó por el suelo. Pero, en lugar de buscar pelea como habría hecho en cualquier otra situación, simplemente sacudió la cabeza y volvió a caminar, un paso tras otro, de forma automática. Pensó que debería prepararse para el evento, y buscó un rincón alejado de la ciudad, de cualquier mirada indiscreta.

Se ejercitó y practicó casi hasta la extenuación, buscando olvidar todos sus pensamientos negativos y sumir su cuerpo en tal cansancio que su mente quedara en blanco, totalmente en blanco, nublada por el esfuerzo continuado y algo más grande de lo que solía hacer. Respiró hondo y se fue a la posada, donde cayó en un profundo sopor.

El día siguiente lo dedicó a descansar y comer bien, ya que debía conseguir fuerzas para el evento. Por la tarde paseó de nuevo, vigilando para estar en las zonas más transitadas de la ciudad y no quedarse sola, aunque confiaba en que sabría defenderse pasara lo que pasara. Y más con Lilith, que, por sanguinaria que le pudiera parecer y por mucho que dijera odiarla, estaba segura de que saldría en momentos de peligro y actuaría de forma mucho más decidida que ella.

Por suerte, no ocurrió nada malo durante ese rato que estuvo caminando. Aún así, el lugar le pareció lúgubre y oscuro, demasiado para ella. Se había tomado su tiempo para inspeccionarlo, y no terminaba de gustarle. Por eso estaba aún más decidida a sacar a Zelycan de allí. Él no merecía estar allí, y estaba dispuesta a lo que fuera para huir junto con él y no volver a poner los pies en la isla de Sade.

Cuando, a la siguiente mañana, se presentó en el coliseo, echó una ojeada a los demás participantes, que debían ser sus contrincantes.

[***]

Se estremeció. Al fin estaba allí, en las puertas del coliseo. La adrenalina le recorría el cuerpo y hacía que las puntas de sus dedos cosquillearan. Esbozó una sonrisa pérfida y miró a los demás combatientes, que eran más altos y corpulentos que ella. Se fijó en que todos, absolutamente todos, iban armados, por lo que supuso que no había usuarios de magia.

Tragó saliva y alzó la cabeza. Aunque fuera más pequeña físicamente, sabía que tenía ventajas con las que los demás no contaban, como poder volar y, aún mejor, saber cómo hacerlo. Sonrió y repasó que todas sus armas estaban en perfecto estado. Esperó a que se abriera la puerta.
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Re: El amor... ¿perdido? ¿O reencontrado? [Isla de Sade] (priv. Atlas y Axis)

Mensaje por Atlas y Axis el Sáb Jul 01, 2017 7:32 pm


____Sentado en su palco, Aldrin observaba el gigantesco coliseo con satisfacción. No cabía una sola alma más. El sonido de miles de voces veces entusiasmadas por el espectáculo ensordecía, retumbaba en el pecho; la concentración era tal que podría tocarse la emoción en el ambiente.

____Los gemelos se inclinaban peligrosamente sobre el antepecho, gritando, uniéndose a la algarabía como los chiquillos de catorce años que eran. Al lado del hombre, en otros asientos, charlaban con desenfado varias personas de importancia en la isla, invitadas al palco para obsequiarlos o para tratar se ganarse un favor. Dos sirvientas esperaban con la vista al frente y las manos a la espalda, prestas a cumplir cualquier petición de los presentes. Una tercera servía vino en labradas copas de cristal.

____Atlas se aupó aún más, sujetado con firmeza por su hermano. Una mujer ricamente ataviada se inclinó sobre el reposabrazos de Aldrin, sonriendo de manera calculadora. Hablaron durante un rato sobre banalidades, insinuando promesas y planes. Ella era una lanista en auge cuyos luchadores se jugarían hoy la vida en aquel coliseo, alguien hábil con los mercados y los precios que sabía anticiparse a la demandada. A Aldrin le gustaba eso, admiraba a las personas con un don para el negocio. Por eso no le pasó desapercibida la mirada golosa que de vez en cuando le dirigía a los gemelos. Los llamó, los presentó, y dejó que ellos obraran su magia con aquel encanto particular que desprendían, iluminando la mirada de ella con el ansia de la anticipación. Axis acarició la mano de la lanista en una reverencia elegante, posando en ella sus labios rosas más tiempo del debido y lanzando miradas bastante indecentes.

____Era sabido que Aldrin Gherseb obsequiaba a sus gemelos durante una noche a aquellas pocas personas que consideraba dignas de trato frecuente, y que nadie amanecía insatisfecho. Lo que nadie sabía era que aquellos dos también ejercían la profesión de espías.

____Un clamor lo sacó de sus ensoñaciones. El espectáculo empezaba. Todos en el palco se pusieron en pie, observando con orgullo cómo entraban en escena sus gladiadores más expertos. Por el lado contrario fueron apareciendo todos aquellos valientes (o insensatos) que habían acudido a la llamada del reto, que buscaban la fama, la gloria o sólo el oro. Las apuestas empezaron a correr en el mismo instante en el que se alzaron las puertas y todos los contrincantes pisaron la arena. La turba gritó enfervorecida cuando las bestias hicieron su aparición, atadas aún con gruesas cadenas, rugientes, desafiantes, hambrientas, esperando el momento en el que las ataduras desaparecieran y recuperasen su libertad.

____El coliseo entero vibraba, se estremecían sus cimientos ante el entusiasmo y la promesa de sangre. Los encargados del armamento recorrieron el perímetro sembrando el suelo con todo tipo de armas, desde mazas y lanzas hasta redes y látigos, incluyendo la novedad de las armas de fuego.

____Aldrin alzó los brazos y los abrió, sintiéndose rey y soberano, aclamado y vitoreado hasta que le dolieron los oídos. Nada de aquello era por él en concreto sino por la inercia de la propia emoción desbocada, lo sabía, pero disfrutaba igualmente con ello. El griterío siguió subiendo de intensidad como una ola, esperó a que llegara al punto máximo... y rompió con un gesto brusco al bajar los brazos, dando por iniciadas las batallas.

____A partir de ahora quedaban tres días de sangre, gritos, muerte y vana gloria.
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Re: El amor... ¿perdido? ¿O reencontrado? [Isla de Sade] (priv. Atlas y Axis)

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