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El amor... ¿perdido? ¿O reencontrado? [Isla de Sade] (priv. Atlas y Axis)

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El amor... ¿perdido? ¿O reencontrado? [Isla de Sade] (priv. Atlas y Axis)

Mensaje por Celeste Shaw el Dom Jun 18, 2017 12:16 pm

No sabía cómo, Celeste había tenido noticias de Zelycan, su antiguo compañero y amor. Se había enterado de que estaba en una isla, prisionero, como un esclavo gladiador. Apretó los puños, rabiosa, y contuvo las lágrimas. Sabía que si no mantenía la cabeza fría no haría nada, por lo que respiró hondo y se calmó. Ya sacaría la rabia, se dijo. Ya la sacaría cuando tuviera frente a si el hombre que había esclavizado a Zelycan. A su Zelycan.

No entendía cómo había ocurrido eso. ¿No había muerto en esa contienda? Ella lo había dado por muerto, pero realmente no sabía cómo había acabado todo, por lo que era toalmente posible que se hubiera escapado de ahí, o bien que lo hubieran cogido, como había llegado a sus oídos. Pero pensaba ir a ver qué podía hacer para sacarlo, no podía dejarlo en ese lugar de mala muerte. Para empezar, odiaba la esclavitud, y si era la persona a la que había amado la que estaba presa en ese sitio, esclava, aún iba peor todo.

Se informó sobre esa isla, sobre cómo podría entrar al coliseo, y se dispuso a ir hacia allí. Sin embargo, no sabía qué hacer con Adrien. El niño ya era bastante mayor como para quedarse unos días con alguien que no fuera ella, ¿pero con quién lo dejaba? No sabía dónde estaba Gerarld, y no sabía con quién más. Y no se fiaba de llevarlo a esa isla. ¿Quién le decía que iban a dejarlo en paz? ¿Que no lo harían esclavo también? No sabía mucho sobre el funcionamiento de ese lugar, y prefería no arriesgarse. Pensó en la posada donde había estado durante su embarazo y el primer año de vida de Adrien. ¿Se acordaría de ella el hombre? ¿Accedería a cuidarlo por unos días? ¿Cuánto le costaría a ella? Decidió hacerlo, dejárselo a él. Mejor que a un desconocido, eso era seguro.

Voló hacia esa posada y entró. Todo estaba igual, lo único que había cambiado eran las personas que había. Más jóvenes con ganas de aventura, y los adultos que seguían yendo allí a dormir habían envejecido. Diez años habían pasado, más o menos, y eso se notaba. Celeste seguía teniendo el cabello rojo como el fuego, pero pequeñas arrugas se habían hecho alrededor de sus ojos y su boca. Eran muy pequeñas, apenas perceptibles, pero eran una señal del paso del tiempo. Entró en la posada cogiendo la mano de Adrien.

—Buenas tardes.

—Buenas tardes. ¿Qué desea, señorita?

—Me preguntaba si podría dejar unas noches a mi hijo. No causará problemas, y puedo pagarle ahora mismo todos los gastos. Si hay algún extra se lo doy cuando llegue, o si son más noches de las previstas. Con cinco noches será suficiente.

—Pero… Ah, espera, ¿no estuviste aquí dos años, casi?

—Sí, estuve todo mi embarazo y el primer año de vida de mi hijo. Por eso he venido… No lo hubiera hecho si no hubiera estado tanto tiempo aquí.

—Eso cambia un poco las cosas. Sí, puedo hacerme cargo. Cinco días y no más.

—Adrien, escucha —se volvió hacia su hijo, que la miró—. Te vas a quedar unos días aquí, ¿sí? Volveré lo antes que pueda, debo hacer algo.

—¿Vas a trabajar otra vez? —preguntó el niño—. ¿De nuevo tienes que trabajar y dejarme solo? ¿Cuánto tiempo esta vez, mamá?

—No más de cinco días. Lo prometo.

—La última vez prometiste que no sería más de una semana y estuviste tres fuera.

—La última vez se me complicó mucho, Adrien. Esta vez no será fácil, pero si no vuelvo en cinco días… —se estremeció.

—¿Qué pasará si no vuelves en cinco días, mamá? ¡Dime que volverás!

—Nada. No pasará nada, porque voy a volver, ¿sí? Te prometo que volveré.

—Vale… ¡Si no vuelves me voy a enfadar! —le dijo el niño con cara de malas pulgas—. ¡Y no jugaré contigo!

—Voy a volver en cinco días, Adrien. No más. No sé si sola, pero en cinco días estaré aquí —le sonrió y lo hizo mirarla a los ojos—. Y sonríe, ¿vale?

—¿Por qué tienes que irte?

—Yo… voy a salvar a alguien de un sitio muy feo. Quédate aquí, por favor, Adrien. Y compórtate bien con el señor que te dará la comida y la habitación, ¿sí? —le revolvió el pelo—. Y recuerda que te quiero.

—Yo también te quiero, mamá —la abrazó muy fuerte—. ¡No te vayas!

—Adrien… —suspiró, se soltó y le dio un beso en la mejilla—. Volveré.

Dejó al posadero unas monedas, que deberían bastar para cubrir la estancia y la comida de Adrien durante esos días, y emprendió el vuelo hacia la isla de Sade. Agarraba con firmeza una bolsa con algo de comida. No sabía exactamente a qué distancia estaba esa isla, por lo que había decidido ir prevenida por si tenía que hacer una pausa en el camino. La hizo, justo en la costa, antes de adentrarse, volando, en el mar. Comió sentada en la orilla, después de un buen baño, y se levantó. Miró el océano, respiró hondo y volvió a emprender el vuelo. No supo cuánto tiempo estuvo volando, sólo que tenía las alas agarrotadas por tanto tiempo que había estado en el aire. Llegó a la isla al anochecer, y se apresuró a buscar un lugar donde dormir.

Buscó rápidamente una posada donde dormir, y no puso reparos en entrar a la primera que pilló. Cenó en un rincón, apartada del bullicio, cubierta con una capa negra que escondía su cuerpo, y subió enseguida a su habitación, intentando que nadie se fijara en ella. Cosa difícil, viendo la envergadura de sus alas, que despertaron cierto interés, pero no se entretuvo en ese salón. Sabía que no le convenía que se fijaran en ella, por lo que fue tan discreta como pudo y subió con rapidez a su dormitorio.
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Re: El amor... ¿perdido? ¿O reencontrado? [Isla de Sade] (priv. Atlas y Axis)

Mensaje por Atlas y Axis el Dom Jun 18, 2017 7:53 pm


___Apuntaba ya el sol hacia el mediodía, caldeando el ambiente con la suave temperatura del otoño. La luz se colaba a raudales en la habitación, lamiendo los faldones de las sabanas de una gran cama con dosel sobre la que descansaban tres cuerpos entrelazados y desnudos, sumidos en un sueño abandonando.

___Alguien tocó tres veces en la puerta de doble hoja, pero nadie se levantó a abrir. Los golpes insistieron hasta hacerse molestos, y Aldrin Gherseb rodó sobre sí mismo en la gran cama, abriendo los ojos soñolientos con el ceño fruncido. A su lado, abrazados todavía, los gemelos respiraban al compás como dos bellezas pálidas y tranquilas, sin rastro alguno de la lujuria exhibida la noche anterior. Parecían incluso inocentes. El hombre sonrió satisfecho ante el recuerdo, que se vio empañado por la irritante insistencia de quien quiera que estuviese llamando.

___-¡Adelante! -gritó, su voz chasqueando en el aire como un látigo de tres cabezas.

___Las puertas se abrieron, dejando pasar a una mujer espigada y morena a la que le faltaba un ojo y la mitad de la mano derecha. Sin inmutarse por la escena ni por nada rodeó el lecho hasta situarse delante del hombre, sosteniendo frente a él un fajo de papeles gruesos.

___-Señor, es menester que decidáis ya sobre las especificaciones del evento. Si se retrasa más estaremos en problemas.

___Aldrin suspiró largamente, frotándose los ojos. El evento. Se le había olvidado. Todos los años por estas fechas solía lanzar un reto a toda la isla y a los rincones del continente al que llegaran sus misivas, conminando a los guerreros a venir y probar su suerte en su coliseo. Se colgaban carteles en los tablones de noticias con todas las especificaciones pertinentes. El asunto había ganado tal popularidad que se decretaban días de fiesta en la propia isla, para que todo aquel que quisiera acudir pudiera hacerlo, tanto a la arena como a las gradas, y así disfrutar del deporte estrella del lugar. El de este año en concreto empezaba dentro de dos días, aunque los carteles llevaban en la calle desde hacía semanas. Se sentó en la cama y miró a Ulna, su secretaria, una mestiza cambiaformas que había heredado de su naturaleza animal poco más que los instintos, las orejas de lince y una piel moteada. Hubo un tiempo en el que fue muy buena con la lanza y el del escudo.

___-¿Qué me traes entonces?

___-El esquema del evento, la petición popular para armas de fuego, el número de gladiadores a participar y sus niveles, las pruebas de nivel para los participantes exteriores, y la autorización para venenos, magia y bestias de batalla. Y necesito que confirme definitivamente los premios.

___El hombre se levantó de la cama. Era aún joven y estaba en buena forma, rozando los 27 años, con el pelo rizado y rubio, de encantadora sonrisa y ojos caídos y extraños de color castaño. Se dirigió hacia el escritorio al lado del balcón, hacía unas semanas lo había mandado instalar allí. Ahora eran frecuentes las noches que compartía con los gemelos y él necesitaba un rincón donde poder sentarse y atender sus negocios sin tener que ir de un lado a otro de la casa. Ulna dejó las hojas sobre la superficie y se quedó esperando tras la silla, con las manos a la espalda y aquel gesto serio que la caracterizaba.

___En la cama los gemelos se estiraron con pereza, despertando ante la charla y el movimiento. Uno de ellos se alzó apoyándose en las manos y buscó a su amo con la mirada.

___-Amo. -llamó; al cuello llevaba un colgante de plata con la forma de la vértebra Atlas.

___Su hermano se asomó entre los brazos del primero, recostado en el lecho y observándolo todo.

___-Amo. -llamó; de su cuello colgaba otra pieza de plata con la forma de la vértebra Axis.

___-Buenos días Amo. -dijeron ambos al unísono, sonriendo risueños sin reparos por mostrar su dentadura afilada.- Oh, Ulna está aquí.

___-Atlas, ¿tienes una pluma por aquí? - preguntó distraído.

___El aludido se puso de pie de inmediato, saltando al suelo con agilidad y corriendo hacia su baúl. Axis se acercó al escritorio y se inclinó hacia delante para ver en qué estaba tan centrado el hombre.

___-¿Qué es eso, Ulna?

___-Papeles sobre el evento del coliseo.

___-¡Oh, ya toca! ¡Atlas, los combates van a comenzar! ¿Cuándo, cuándo? -exclamó con entusiasmo.

___-Dentro de dos días.

___Atlas regresó con una plumilla de cristal verde en las manos, era una de sus preferidas. Se la tendió a su amo y se quedó al lado de la mujer, mirando con atención. El hombre comenzó a firmar y escribir con rapidez, mojando la pluma en el tintero sin molestarse en escurrirla primero, dejando caer gotas de tinta roja por todos lados.

___-Aquí tienes. El esquema está bien. Sí a las armas de fuego, a ver cómo funciona eso éste año, y quiero diez bestias de batalla. Limita el uso de los venenos a sustancias fulminantes, y haz algo con la magia... hace dos años se nos presentó un piromante que nos quemó hasta las cejas, que no vuelva a pasar. Respecto a los gladiadores, escoge de nuestra casa a quince del bloque D, incluye a Zelycan y su grupo de sparrings, hay que darles salida; ocho del bloque B con Mustis y sus chicas locas; y cinco del bloque A, dile a Costae que participará le guste o no. El hecho de que haya entrado en el bloque de élite no significa que pueda hacer lo que le venga en gana. Habrá dos premios, primer y segundo puesto; para los combatientes exteriores 250kulls de oro al primero y 100 al segundo. Para los gladiadores el primer puesto garantizará su liberación y el segundo una ascensión al bloque A. El evento durará cuarto días en total. -le tendió los papeles a la mujer, que los cogió y los revisó rápidamente.- No te olvides de confirmar la participación de gladiadores de los otros lanistas y escoge un número igual de combatientes, ya sabes. ¿Algo más?

___-Todo en orden, señor. Por favor, recuerde que esta noche tiene una reunión con Madame.

___-Sí, sí, ya lo se, vete ya. Y manda algo de comer, ya que estás.

___Aldrin se recostó contra el respaldo de la silla, pensativo. Iba a librarse de un montón de esclavos del bloque D, los que usualmente usaba como sparrings, como carne de entrenamiento para otros más talentosos y bestiales. Estaba seguro de que todos morirían, así que necesitaría sustituirlos... Atlas se acercó por detrás y lo abrazó, dándole un par de besos en el cuello. Axis rodeó la mesa y fue a sentársele en el regazo, con una expresión traviesa en el rostro. Sonrió con satisfacción.

___Bueno, ese tema podía retrasarse un par de horas.


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Re: El amor... ¿perdido? ¿O reencontrado? [Isla de Sade] (priv. Atlas y Axis)

Mensaje por Celeste Shaw el Sáb Jun 24, 2017 9:42 pm

Al día siguiente, Celeste se levantó y fue a dar una vuelta por el lugar. Frunció el ceño y prestó atención a las calles por donde iba. Al principio mantuvo las alas pegadas a su cuerpo, deseando que nadie se fijara en ella, pero si no eran sus alas lo que llamaba la atención era su cabello, o bien su figura. Aunque, según veía, no era la única que tenía un aspecto más bien chillón, en ese lugar.

Había visto alguna de las misivas que se habían mandado, y pensaba participar en ese evento. Sabía que era probable que no volviera, y la sola posibilidad la horrorizaba, pero saber que Zelycan estaba allí preso le revolvía el estómago y la empujaba a actuar, por lo que estaba totalmente dispuesta a arriesgar su vida por él. Aún así, no estaba del todo decidida, y no fue ella la que terminó de decidirse.

—Vamos, niña. Yo también sentí eso por él. Ve allí —y, por una vez, no se resistió, sino que sencillamente asintió a lo que le decía Lilith.

Y sí, después de esos catorce años que hacía que él la había tomado por muerta, seguía amándolo como si fuera el primer día. No lo culpaba, seguramente ella también habría pensado que estaba muerto si lo hubiera visto sin moverse, sólo tendido en el suelo, con un gran corte sangrante en la espalda. Llevó la mano a la pequeña porción de piel entre las alas, y se estremeció.

Se sorprendió a si misma parada en medio de la calle, conteniendo las lágrimas, cuando recibió un empellón que casi la echó por el suelo. Pero, en lugar de buscar pelea como habría hecho en cualquier otra situación, simplemente sacudió la cabeza y volvió a caminar, un paso tras otro, de forma automática. Pensó que debería prepararse para el evento, y buscó un rincón alejado de la ciudad, de cualquier mirada indiscreta.

Se ejercitó y practicó casi hasta la extenuación, buscando olvidar todos sus pensamientos negativos y sumir su cuerpo en tal cansancio que su mente quedara en blanco, totalmente en blanco, nublada por el esfuerzo continuado y algo más grande de lo que solía hacer. Respiró hondo y se fue a la posada, donde cayó en un profundo sopor.

El día siguiente lo dedicó a descansar y comer bien, ya que debía conseguir fuerzas para el evento. Por la tarde paseó de nuevo, vigilando para estar en las zonas más transitadas de la ciudad y no quedarse sola, aunque confiaba en que sabría defenderse pasara lo que pasara. Y más con Lilith, que, por sanguinaria que le pudiera parecer y por mucho que dijera odiarla, estaba segura de que saldría en momentos de peligro y actuaría de forma mucho más decidida que ella.

Por suerte, no ocurrió nada malo durante ese rato que estuvo caminando. Aún así, el lugar le pareció lúgubre y oscuro, demasiado para ella. Se había tomado su tiempo para inspeccionarlo, y no terminaba de gustarle. Por eso estaba aún más decidida a sacar a Zelycan de allí. Él no merecía estar allí, y estaba dispuesta a lo que fuera para huir junto con él y no volver a poner los pies en la isla de Sade.

Cuando, a la siguiente mañana, se presentó en el coliseo, echó una ojeada a los demás participantes, que debían ser sus contrincantes.

[***]

Se estremeció. Al fin estaba allí, en las puertas del coliseo. La adrenalina le recorría el cuerpo y hacía que las puntas de sus dedos cosquillearan. Esbozó una sonrisa pérfida y miró a los demás combatientes, que eran más altos y corpulentos que ella. Se fijó en que todos, absolutamente todos, iban armados, por lo que supuso que no había usuarios de magia.

Tragó saliva y alzó la cabeza. Aunque fuera más pequeña físicamente, sabía que tenía ventajas con las que los demás no contaban, como poder volar y, aún mejor, saber cómo hacerlo. Sonrió y repasó que todas sus armas estaban en perfecto estado. Esperó a que se abriera la puerta.
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Re: El amor... ¿perdido? ¿O reencontrado? [Isla de Sade] (priv. Atlas y Axis)

Mensaje por Atlas y Axis el Sáb Jul 01, 2017 7:32 pm


____Sentado en su palco, Aldrin observaba el gigantesco coliseo con satisfacción. No cabía una sola alma más. El sonido de miles de voces veces entusiasmadas por el espectáculo ensordecía, retumbaba en el pecho; la concentración era tal que podría tocarse la emoción en el ambiente.

____Los gemelos se inclinaban peligrosamente sobre el antepecho, gritando, uniéndose a la algarabía como los chiquillos de catorce años que eran. Al lado del hombre, en otros asientos, charlaban con desenfado varias personas de importancia en la isla, invitadas al palco para obsequiarlos o para tratar se ganarse un favor. Dos sirvientas esperaban con la vista al frente y las manos a la espalda, prestas a cumplir cualquier petición de los presentes. Una tercera servía vino en labradas copas de cristal.

____Atlas se aupó aún más, sujetado con firmeza por su hermano. Una mujer ricamente ataviada se inclinó sobre el reposabrazos de Aldrin, sonriendo de manera calculadora. Hablaron durante un rato sobre banalidades, insinuando promesas y planes. Ella era una lanista en auge cuyos luchadores se jugarían hoy la vida en aquel coliseo, alguien hábil con los mercados y los precios que sabía anticiparse a la demandada. A Aldrin le gustaba eso, admiraba a las personas con un don para el negocio. Por eso no le pasó desapercibida la mirada golosa que de vez en cuando le dirigía a los gemelos. Los llamó, los presentó, y dejó que ellos obraran su magia con aquel encanto particular que desprendían, iluminando la mirada de ella con el ansia de la anticipación. Axis acarició la mano de la lanista en una reverencia elegante, posando en ella sus labios rosas más tiempo del debido y lanzando miradas bastante indecentes.

____Era sabido que Aldrin Gherseb obsequiaba a sus gemelos durante una noche a aquellas pocas personas que consideraba dignas de trato frecuente, y que nadie amanecía insatisfecho. Lo que nadie sabía era que aquellos dos también ejercían la profesión de espías.

____Un clamor lo sacó de sus ensoñaciones. El espectáculo empezaba. Todos en el palco se pusieron en pie, observando con orgullo cómo entraban en escena sus gladiadores más expertos. Por el lado contrario fueron apareciendo todos aquellos valientes (o insensatos) que habían acudido a la llamada del reto, que buscaban la fama, la gloria o sólo el oro. Las apuestas empezaron a correr en el mismo instante en el que se alzaron las puertas y todos los contrincantes pisaron la arena. La turba gritó enfervorecida cuando las bestias hicieron su aparición, atadas aún con gruesas cadenas, rugientes, desafiantes, hambrientas, esperando el momento en el que las ataduras desaparecieran y recuperasen su libertad.

____El coliseo entero vibraba, se estremecían sus cimientos ante el entusiasmo y la promesa de sangre. Los encargados del armamento recorrieron el perímetro sembrando el suelo con todo tipo de armas, desde mazas y lanzas hasta redes y látigos, incluyendo la novedad de las armas de fuego.

____Aldrin alzó los brazos y los abrió, sintiéndose rey y soberano, aclamado y vitoreado hasta que le dolieron los oídos. Nada de aquello era por él en concreto sino por la inercia de la propia emoción desbocada, lo sabía, pero disfrutaba igualmente con ello. El griterío siguió subiendo de intensidad como una ola, esperó a que llegara al punto máximo... y rompió con un gesto brusco al bajar los brazos, dando por iniciadas las batallas.

____A partir de ahora quedaban tres días de sangre, gritos, muerte y vana gloria.


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Re: El amor... ¿perdido? ¿O reencontrado? [Isla de Sade] (priv. Atlas y Axis)

Mensaje por Celeste Shaw el Dom Sep 10, 2017 7:34 pm

Las puertas estaban abiertas. Con la cabeza bien alta, Lilith entró al coliseo. Miró a los miles de personas allí congregadas para ver los combates. Para ver sangre. Reprimió una mueca de odio hacia ellos, los que habían retenido durante tantos años a Zelycan, al chico que no sólo había amado a Celeste, sino también a Lilith, a pesar del carácter huraño de ésta. Aunque en ese momento no fueran dos personalidades totalmente separadas, ya se empezaba a notar lo que iba a ocurrir.

Miró al hombre que se había levantado, que actuaba cual rey, en aquel lugar. Se engrandecía con los vítores, con los brazos abiertos parecía reclamarlos. Sacó la espada y estiró las alas, movimiento que provocó que algunos tuvieran que alejarse para no ser cortados con las cuchillas, no antes de tiempo. Volvió a recogerlas, con una sonrisa que no auguraba nada bueno y, en cuanto se dio inicio a los combates buscó con la mirada al que iba a ser su rival principal. Hasta que no lo matara no se enfrentaría a los demás.

Él tampoco tardó en encontrarla, y la evaluó. Vio que una sonrisa cruzaba su rostro, seguramente el hombre, que medía cerca de dos metros, pensaba que sería una rival fácil. Se equivocaba. Y mucho.

Empezó a atacarla con un golpe descendiente, seguramente destinado a partirla por la mitad a la primera. No tuvo dificultades en apartarse y devolver el golpe con su espada, que fue parada por el mandoble de su rival. Frunció el ceño. Ninguno de los dos lo tendría fácil, pero estaba dispuesta a lo que fuera para sobrevivir y volver a estar junto a Zelycan. De nuevo esquivó un golpe, dos, y se elevó en el aire con una media sonrisa de superioridad. Él la miró con el ceño fruncido, y la mujer se lanzó como una flecha hacia sus piernas, para intentar hacerle cortes en el lateral de las rodillas. Se los hizo, pero superficiales, y pronto volvió a estar en pie, con un aleteo.

En ese momento, el hombre empezó a tomarla en serio. Adoptó una actitud cauta y más defensiva, buscando saber las debilidades de la divium. Lilith hizo lo mismo y empezó a analizarlo. En ese momento el combate sería solamente una demostración de técnica y agudeza mental: el que supiera antes las debilidades de su oponente ganaría.

Él lanzó otro mandoblazo, esta vez lateral, que Lilith esquivó con facilidad aleteando hacia arriba. Se fue directa hacia él, buscando cortarlo con las cuchillas de las alas, pero no fue lo suficientemente rápida y tuvo que esquivar otro golpe. Entonces sonrió. Descansó unos segundos en el aire, sonriéndole burlonamente, cuando volvió a acometerlo directamente, pasando como una flecha a su lado. Él trató de alcanzarla con el arma, que al ser pesada necesitaba unos segundos luego para que pudiera recuperar el control, y Lilith los aprovechó. Frenó, viró y lo cortó con su espada.

El hombre cayó al suelo, desangrándose. Era una de las primeras muertes del evento, y la había provocado Lilith, esa sanguinaria pelirroja cuya espada ya goteaba sangre. Buscó al siguiente oponente, sonriendo y reponiéndose, cuando vio a una mujer pequeña, con un estilo similar al suyo, pero no tenía alas, cosa que, según Lilith, le supondría una desventaja frente a la divium. Y así fue cuando, tras diez minutos de aguerrido combate, las cuchillas que tenía en las alas la atravesaron y la cortaron por la mitad.

Cuando se giró, a un lado, aún sin poder combatir… Ahí estaba él. Le dirigió una mirada, y el hombre la reconoció. Lilith sintió que se llenaba de energía, también de furia, y dirigió la vista a su alrededor, en busca de más oponentes. La mayoría se estaban enfrentando entre ellos ya, y no reparaban en la pelirroja que en ese momento no tenía un combatiente con el que enfrentarse. Cerró los puños alrededor de las empuñaduras de sus armas, buscando a un rival que se atreviera, o fuera lo suficientemente estúpido para ello, a medirse con ella.
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Re: El amor... ¿perdido? ¿O reencontrado? [Isla de Sade] (priv. Atlas y Axis)

Mensaje por Atlas y Axis el Mar Oct 17, 2017 12:05 am

____Los gemelos vitoreaban y abucheaban de manera indiscriminada, embebidos por la vibrante energía contenida en el coliseo. La primera ronda del primer día siempre era así: una deliciosa vorágine de entusiasmo homicida. Y ellos siempre trataban de disfrutarla.

____Sentados sobre el antepecho de piedra del balcón, olvidados por un momento la lanista, su amo y cualquier otro asunto que no fuera el acero y la sangre, prestaban la mayor atención a los combates sobre la arena. Sus ojos iban de un lado a otro tratando de decidir qué pelea seguir, exclamando cada vez que una cabeza salía volando o un géiser carmesí surgía de algún cuerpo. Ambos niños se cogieron de la mano, estrechándolas con fuerza. De repente un movimiento en el aire captó su esquiva atención. Abrieron la boca con mucha sorpresa, dejando escapar gemidos de emoción... no era habitual ver un divium en Sade que se dedicase a la violencia gratuita que constituía aquel mundo de coliseos; era más fácil verlos colgando de los faldones del Príncipe Loco entre las casas de placer. Se trataba de una exuberante pelirroja que despachó con movimientos calculados a su rival, y que enseguida buscó otra criatura sobre la que hacer presa. Atlas dejó escapar un suspiro de decepción por la rapidez, le hubiese gustado ver cómo aplastaban sus huesos de pajarito.

____En ese momento Axis se puso en pie sobre el antepecho, señalando con el dedo un punto concreto dentro del círculo perfecto que constituía la arena. Su gemelo siguió la dirección hasta dar con un combate en concreto: dos hombres y un horige cánido de pelaje blanco... que comenzaba a teñirse de rojo. Sonrió con amplitud de una manera horrenda y comenzó a aullar, haciendo bocina con las manos. El hermano rió con entusiasmo e hizo lo mismo, imitando los horribles gritos que una vez consiguieron sacarle a aquel hombre. Aquel individuo era un sparring, alguien que no era capaz de exceder en sus habilidades con tiempo y práctica pero que tampoco era necesariamente malo combatiendo y que además contaba con una gran resistencia. Por ello a los sparrings se los usaba para entrenar: su única función era no morir mientras recibían todo el daño posible de otros que llegarían más lejos que ellos. Los gemelos, como cualquier otro gladiador bajo el cuidado de Aldrin, también habían entrenado con estos individuos... y habían matado a un par de ellos. Sin embargo Zelycan jamás mostró ante ellos el miedo instintivo que otros dejaban reflejar con tanta facilidad; para ser medio bestia, el hombre de rehusó a reconocerlos como fuerza superior. Incluso cuando le usaron para practicar sus técnicas de tortura.

____Aquel horige llevaba consigo demasiadas cicatrices. No era de extrañar que Aldrin quisiera quitárselo de encima... se estaba volviendo lento e inútil, como acababa de demostrar ahora mismo. Uno de los hombres consiguió hundir su espada en el hombro de la criatura, arrancándole un grito que quedó mudo entre el rugiente batallar. Los chiquillos aplaudieron con entusiasmo.

____Aldrin observaba, con una copa de su mejor vino en la mano. Se acercó al antepecho y se apoyó ahí, sus invitados dispersos en pequeños grupitos, cada uno hablando de sus cosas o simplemente comentando el espectáculo mientras comían y reían. Entonces se giró hacia Ulna, que permanecía silenciosa en un rincón, y le hizo un discreto gesto con la cabeza. Después de un par de horas de conflicto tocaba subir las apuestas... Era hora de soltar a las bestias. Cuatro, en concreto. Y quedaban todavía seis. Sonrió.

Spoiler:







Última edición por Atlas y Axis el Dom Oct 22, 2017 9:57 pm, editado 1 vez


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Atlas y Axis

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Re: El amor... ¿perdido? ¿O reencontrado? [Isla de Sade] (priv. Atlas y Axis)

Mensaje por Celeste Shaw el Miér Oct 18, 2017 10:12 am

No encontraba a nadie dispuesto a batirse con ella, de momento, y Lilith empezaba a aburrirse. Sin embargo, pronto salió de ese trance, sobre todo cuando lo vio. Zelycan. Su pelaje blanco, ese pelaje tan suave que ella recordaba, tiñéndose de rojo. Rojo sangre. Una espada clavada en su hombro. Su mente se nubló, y sus alas batieron de nuevo. No pensaba dejar que le hicieran más daño del que ya le habían hecho.

Voló rápidamente, y su espada se clavó entre los omóplatos de la mujer que le había hecho esa herida al hombre. Lo miró, preocupada, pero decidió no ser ella la que se encargara de él, ni la que lo defendiera desde ese momento. Así que se retiró, dejándole paso a Celeste, que al verlo soltó un aullido de rabia. Miró a su alrededor, furiosa, intentando ver quién lo había herido.

—Eh, niña, calma. ya maté a esa zorra. Ahora céntrate en no morir, y en que él no muera.

—Sí… eso voy a hacer.


Le sonrió a Zelycan, y no pudo evitar besarlo en medio de la escena de sangre y muerte que había a su alrededor. El hombre, sorprendido, correspondió y la rodeó con esos brazos cubiertos de pelaje blanco, esos brazos tan cálidos y que cuando la envolvían la hacían sentir muy reconfortada. Sin embargo, no se distrajo y pronto volvió a estar en guardia, a su lado.

—Zelycan… no te separes de mí —le susurró. Entonces vio todas esas cicatrices y su cara cambió a una expresión de espanto—. ¿Pero qué te han hecho?

—Ya te contaré, Celeste… ha pasado mucho tiempo, luego nos ponemos al día.

Ella asintió. Quedaban cerca de veinte personas en la arena, y había seis bestias. Las acababan de soltar. Una de ellas se dirigió directamente hacia la divium y el cánido, y la mujer aferró tanto su espada como su daga. Extendió de nuevo las alas, que con sus cuchillas brillantes parecían advertir de peligro, y las preparó por si debía cortar a uno de los bichos por la mitad.

Cuando el animal se abalanzó sobre ella, Celeste saltó a un lado para esquivar. Veía las fauces que tenía, llenas de dientes afilados, y lo acometió por la espalda. Sin embargo, era rápido. La mujer no pudo completar su ataque, sino que rápidamente se vio en el suelo debido a un contraataque. Zelycan no se estuvo quieto, y le propinó un golpe que mandó al bicho volando por los aires y lo hizo caer al suelo. Entonces ella se levantó. Se había doblado un ala, solamente la parte de la membrana, pero lo había hecho. Y dolía un poco. Movió el ala para ver si ese dolor se le pasaba, pero no lo hacía, al menos por el momento. Gruñó.

—Buff, gracias, Zelycan. Creo que me has salvado de una buena.
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Celeste Shaw

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Re: El amor... ¿perdido? ¿O reencontrado? [Isla de Sade] (priv. Atlas y Axis)

Mensaje por Atlas y Axis el Dom Oct 22, 2017 9:53 pm

____Sonaron las cadenas, como un anuncio lúgubre de lo que estaba por venir. Cuatro grupos de tres personas se movilizaron por los bordes de la arena como una unidad, casi al unísono, pasando desapercibidos entre las tripas, la sangre, la violencia. Tantearon el terreno. Tomaron posiciones. Y cuando recibieron la señal, soltaron a las bestias.

____Nadie se dio cuenta de inmediato. Incluso las criaturas dudaron un par de segundos, no muy seguras sobre no que estaba ocurriendo. Pero en cuanto dejaron de notar la tirantez de las cadenas, cuerdas y sellos, se lanzaron con impetuosidad. Libres para correr. Para jugar. Para saciar su hambre. Quedaban treinta y un guerreros de los sesenta que habían entrado hoy por la puerta grande, entre gladiadores y combatientes.

____La quimera de babosa y ciempiés del pantano fue la primera en lanzarse al ataque, buscando con ansia algo que llevarse a la boca, dejando tras de sí un rastro de baba tóxica capaz de derretir la carne en menos de cinco minutos. Se revolvió contra los mismos que le habían otorgado la libertad, aprisionándolos entre los altos muros de piedra y su cuerpo blando y viscoso. Aquellos tres hombres comenzaron a gritar con horror pero de nada les sirvió. La quimera le arrancó la cabeza a uno de ellos y le dio vueltas, buscando sin duda la parte más sabrosa para empezar a comer. Los tentáculos de su espalda se movían constantemente, agitados, tanteando el ambiente y midiéndolo como una lengua ávida. La multitud enloqueció, lanzándole objetos a la criatura con un entusiasmo rayano en la locura, regado por el alcohol y la falsa certidumbre de que el bicho se quedaría allí donde lo habían confinado, sin alcanzarlos.

____El merodeador fue más reacio a moverse, encogiéndose ante el apabullante sonido y la cegadora luz del sol. Era una criatura que pertenecía al atardecer y la noche, pero sólo hizo falta que lo pincharan con una lanza para que se revolviese furioso. Soltó un alarido que se abrió paso entre el ruido y partió la mañana de manera asonante. Curvó las garras, se inclinó hacia delante y, con las fauces abiertas, emprendió una embestida impactando de lleno contra un gladiador. Con furia se hundió en sus entrañas a través de pecho, haciendo crujir esternón y costillas según los separaba por pura fuerza bruta. El contenido del cuerpo se derramó con un sonido mojado y pesado que salpicó de sangre a la bestia, levantando una leve nubecilla de polvo al esparcirse por el suelo. El merodeador dejó de prestarle atención en cuanto murió y buscó otra presa que desgarrar.

____Los gorros rojos eran cuatro, y se dedicaron a esparcir el caos y cortar tendones de aquiles a todo aquel que se interpusiese en su camino. Corrían muy, muy rápido, levantando tras ellos arena y sangre si pisaban un charco. Con los dientecillos afilados mordían las piernas de todos. Eran  delgados y pequeños, apenas si medían un metro, capaces de moverse a grandes velocidades, dueños de una voracidad que había inspirado no pocas historias de miedo. Reían de manera aguda mientras trazaban círculos alrededor de sus presas y un grupo de combatientes cerraban filas, preparándose para enfrentar un enemigo común que los ponía a todos en peligro. Un hombre alzó su hacha y, calculando el ritmo, la hizo descender brutalmente, partiendo por la mitad a uno de los gorros. Dos pararon en seco y se lanzaron al ataque, saltando sobre el hombre, mientras un tercero hacía presa sobre una gladiadora, desgarrándole el hombro hasta el hueso en una fea herida. Estas criaturas no tenían grandes mandíbulas, pero sus bocas eran hogar de infecciones y bacterias capaces de generar gran variedad de enfermedades.

____La ultima bestia quedó momentáneamente inalcanzable a cualquiera. Batió las alas y sobrevoló el estadio. En un momento dado trató de salir huyendo hacia el cielo despejado, pero la runa grabada en el caparazón queratinoso le impidió ir más allá de los límites establecidos por el coliseo. De modo que se dedicó a dar vueltas y observar las múltiples escenas que se desarrollaban allá abajo. Una jarra de barro lanzada hábilmente desde las gradas superiores alcanzó al escorpión volador, que viró y se abalanzó contra la multitud. Esgrimió el largo aguijón de su cola y con él empaló a tres espectadores, levantando una ventolera con las grandes alas cartilaginosas que lanzaron cuesta abajo a otras tantas personas. El pánico cundió. La gente salió corriendo tratando de alejarse de la zona, aplastando a quien quiera que se pusiese por delante. Un tenebri armado con una lanza y un peto con el símbolo de Aldrin aguijoneó al escorpión, incitándole para que lo siguiese y se alejara del graderío. Redirigió a la criatura hasta que ésta se centró en el combate de gladiadores, el verdadero espectáculo, fijando como objetivo una mancha blanca que no paraba de moverse tratando de evitar a los gorros rojos: el horige sparring. Se cernió sobre el campo de batalla como una sombra anunciando muerte, y atravesó limpiamente el cuerpo del hombre. Levantó el vuelo con el cuerpo colgando del aguijón, que se escurrió por su propio peso e impactó en el suelo. Confundió al tenebri de la lanza con la tenebri de las espadas, y se lanzó sobre la chica con su aguijón otra vez en ristre, dispuesto a atacar, furioso y desconcertado.

____En el palco de Aldrin todos prestaban atención, deleitándose en el caos producido. Los gemelos sonreían sin importarles mostrar sus dientes afilados, eufóricos.


❝ No hay nadie que ame el dolor mismo, que lo busque, lo encuentre y lo quiera,
simplemente porque es dolor ❞


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Re: El amor... ¿perdido? ¿O reencontrado? [Isla de Sade] (priv. Atlas y Axis)

Mensaje por Celeste Shaw el Jue Oct 26, 2017 2:56 pm

El sonido de las cadenas fue un augurio de lo que se les echaba encima, ya que pocos segundos después se soltaron las bestias. Respiró hondo. Aferraba la espada y la daga, con fuerza, con miedo incluso. Cuatro gorros rojos, un escorpión volador, una quimera de babosa y ciempiés del pantano y un merodeador. Cada una distinta, todas ellas letales, y desde luego temibles. La tenebri y el horige estaban juntos, uno al lado del otro, respirando hondo y tratando de ver la situación con cierta frialdad, sin dejarse llevar por el terror.

Los gorros rojos enseguida fueron a por todos los combatientes que podían. Mordían y desgarraban. Causaban dolor e infecciones y, aunque las heridas no eran letales, en ese sitio sí podían serlo, ya que los luchadores sanos se aprovechaban de ello y mataban a los que habían sido heridos sin demasiada dificultad. Así pues, las bestias mermaron considerablemente el número de personas que había en la arena. O, si no los mataron directamente, contribuyeron a su muerte.

Esos bichos pequeños, los gorros rojos, pronto se fijaron en Zelycan, cuyo pelaje blanco ya estaba manchado de rojo. Fueron a por él, rodeándolo, mientras Celeste, desde el aire, los acometía sin éxito. Eran demasiado rápidos, se movían mucho, y el cánido hacía lo que podía para esquivarlos una y otra vez, a cada momento más cansado. Sin embargo, lo que ninguno de los dos esperaba fue el aguijón del escorpión atravesándolo. Él murió al instante, sin siquiera poder dirigirle una última mirada. Ella soltó un grito herido, roto, y apretó todavía más las manos en la empuñadura de las armas. No se lo podía creer. Cuando ya lo había encontrado… muerto. Lo mataban.

—¡Nooooo! ¡Zelycan! —su voz sonó rota y temblorosa, y retumbó por todo el anfiteatro.

Y no había podido hacer nada por evitarlo. Nada. Se encontraban, luchaban juntos, prometían ponerse al día y en un segundo… ¡zas! Una bestia lo atravesaba con su aguijón. No podía ni siquiera llorar por la impresión de ese momento. Parecía congelada, prácticamente, y su mirada estaba clavada en el cuerpo del horige… ese cuerpo que había sido maltratado, pero que seguía siendo tan cálido como antes. Si solamente se hubiera fijado un poco más, habría visto la débil respiración que el hombre todavía conservaba. Pero no lo había hecho. Creía que estaba muerto, y así lo hacía Lilith también.

—Eh, niña, reacciona. El animal nos va a matar si no te mueves.

—Hazlo tú mejor, Lilith
—incluso dentro de su cabeza, parecía derrotada.

Lilith no se hizo esperar. Enseguida tomó el control, y en poco más de un segundo era ella la que, con su mirada fría, miraba a la bestia.

[***]

A ella también le había dolido la muerte del cánido, pero lo expresaba de forma distinta. Si Celeste podía llegar a derrumbarse en ese mismo momento, Lilith usaba la rabia que ese hecho le había producido para matar a ese escorpión volador. Empuñaba la espada y la daga, mientras mantenía los ojos puestos en el escorpión. No le costó esquivar uno, dos aguijonazos, mientras estudiaba cómo podría matarlo. Y, al fin, se lanzó. Había estado cerca de dos minutos quieta, simplemente esquivando, mientras localizaba los puntos débiles.

Y, cuando se lanzó, lo hizo hacia un sitio concreto: el lugar donde una de las alas del bicho se juntaba con su cuerpo. Su objetivo al cortarla era separarla del escorpión, de modo que éste no pudiera volar de nuevo, pero calculó mal la trayectoria y, aunque le hizo un corte, éste sólo sirvió para enfurecerlo y hacer que se lanzara sobre ella, chasqueando las mandíbulas y preparando el aguijón. Volvió a esquivar y bajó para volar casi a ras del suelo. Sabía que el bicho era rápido, pero que el corte le dolería a cada aleteo. Sólo faltaba ver quién de los dos aguantaba más.
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Re: El amor... ¿perdido? ¿O reencontrado? [Isla de Sade] (priv. Atlas y Axis)

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