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Mensaje por Celeste Shaw el Lun Mayo 07, 2018 10:24 pm

Era difícil, bastante difícil, matar al escorpión. Lilith revoloteaba a su alrededor, y lo hacía cansarse, aunque ella también se estaba fatigando, así que estaban más o menos igualados. Se posó en el suelo, con la respiración agitada, y miró de reojo a Zelycan, que en ese momento estaba en el suelo. La muerte del cánido la había enfurecido, y concentró esa rabia en el escorpión volador, en el bicho que había matado a su amor de adolescencia, y al que quizá habría sido el amor de su vida si no fuera porque lo habían hecho prisionero. Y con amor de su vida no se refería solamente a si misma, sino también a Celeste, que había sido la primera en confiar en él y en enamorarse de ese hombre, entonces muchacho, que con una sonrisa en el rostro les había tendido la mano sin saber nada de ellas y sin saber de qué eran capaces, sin pedir nada a cambio, nada más que la misma confianza que él daba, algo que obtuvo desde el primer momento por parte de Celeste, y al cabo de un tiempo por parte de la misma Lilith.

—Lilith… ¿me oyes? —aquello la sorprendió mucho. Celeste no solía hablar cuando no tenía el control del cuerpo.

—Sí, niña, te oigo. ¿Qué quieres?

—El vientre. Atácalo al vientre. Es su parte blanda.


Lilith asintió con la cabeza, haciendo caso por una vez a la otra persona que habitaba aquel cuerpo, y empezó a volar otra vez. Voló hacia arriba, asegurándose de que el animal volaba tras ella, y se paró en el aire. Lo esquivó cuando quiso darle un aguijonazo, y con un picado se puso debajo de él. Le atravesó el vientre con la espada y voló para rajarlo totalmente, de un lado al otro. Se apartó para que no le cayera encima, y después de eso aterrizó, bajando la cabeza y mirando a Zelycan. Estaba muerto. Y no se podía hacer nada ya.

—Zelycan… al menos hemos matado al bicho que te ha hecho esto —susurró antes de ceder de nuevo el control del cuerpo. Celeste merecía darle un último adiós como ella había hecho.
[***]

Celeste recuperó el control de su cuerpo justo cuando el cuerno de guerra sonaba. Suspiró, y vio al escorpión muerto. Entonces sonrió suavemente, porque al fin el asesino (al menos el causante directo de la muerte) de su antiguo amor estaba muerto. Sin embargo, aquello no era todo. Con matar al escorpión no era, ni mucho menos, suficiente. Para nada. Tragó saliva, y se agachó justo al lado del cuerpo de Zelycan. Le acarició suavemente el rostro, y le dio un último beso, aunque ya estuviera muerto. Aún así… le pareció sentir cómo los labios del cánido se movían y exhalaban un último aliento, y aquello la hizo sonreír con felicidad por haber podido besarlo por última vez.

Después de eso miró hacia las gradas, y vio claramente al dueño de ese coliseo. Al dueño de los gladiadores. Al artífice de la muerte de su amor de juventud. Cerró los puños y se levantó, y se decidió a no dejarse vencer por aquello. No, él no merecía que Celeste se derrumbara: todo lo contrario. Merecía que ella se rehiciera y luchara por vengar su muerte, por matar al que la había provocado. O quizá no matarlo, pero sí asegurarse de que no volviera a hacer nada similar a lo que había estado haciendo durante años.

—Eh, ve para dentro, anda.

—Voy, Lilith… voy
—que Celeste no cuestionara sus órdenes era raro. Estaba más afectada de lo que quería dejar ver.

—Niña, sé que te ha dolido, pero arriba, ¿vale? No te dejes hundir, que tú eres más fuerte que esto. ¿Hace falta que te recuerde todas las crisis que has superado? Vamos… Mata a ese hombre y hazlo sufrir.

—Claro que lo haré, Lilith. Claro que lo haré.


Se levantó y se dirigió hacia el interior del coliseo. Bajó la cabeza y suspiró. La muerte de Zelycan la había afectado mucho, pero por una vez se secó las lágrimas y se dijo que no iba a llorar. Que no iba a dejarse llevar por la rabia y la tristeza, y que iba a echar mano de toda su entereza para salir de esa situación. Y que, sobre todo, mataría a ese hombre, al dueño del coliseo. O, al menos, impediría que siguiera destrozando familias y personas de ese modo.
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Mensaje por Atlas y Axis el Vie Jun 22, 2018 9:33 pm

____ -¡Ay! ¡Me has pinchado!

____ -¡Mentira! ¡Estate quieto!

____ -¡Es que tardas demasiado!

____ Atlas se removió inquieto sobre el pequeño pedestal. Axis trataba de coser una costura del pantalón de su hermano y suspiró sonoramente, con fastidio.

____ -¡Quítate el pantalón o lo mancharás!

____ -¡Ves! Sí que me has pinchado. Sale sangre y todo.

____ Estaban en su habitación, preparándose para el banquete que se celebraría en el salón principal de la mansión en menos de dos horas. La noche caía suave sobre la isla de Sade, con la brisa moviendo los visillos de tul. Los orbes de luz mágica apostados en las paredes como si fuesen candiles comunes arrojaban un brillo amarillento como de sol dormido. Había ropa tirada por todos lados, lazos y sombreritos, botines de cabritilla, pantalones, chalecos y camisas... y en medio del caos, ellos dos.

____ Atlas se inclinó sobre su pierna derecha, observando el diminuto punto rojo que se formaba sobre la pálida piel. Axis, de rodillas todo el rato para poder coser mejor, imitó el movimiento.

____ -¿Y por esto te quejas? Melindroso.

____ Se acercó y besó el punto rojo, lamiéndolo con lentitud mientras acariciaba el muslo de Atlas. Su hermano suspiró. Axis abrió la boca y mordió la carne, con suficiente fuerza como para que los dientes serrados dejasen una marca, pero no tanto como para desgarrar la piel. Atlas acarició el cuello de su mitad mientras el hermano trepaba con las manos por su cuerpo, tocándole el trasero, acariciándole las piernas.

____ El chiquillo bajó del pequeño pedestal al mismo tiempo que tiraba hacia arriba del hermano. Atrapó voraz la boca y se besaron. Descendió por el cuello mordiendo allí de la misma manera en la que él había sido mordido, arrancando un leve gemido de Axis que hundió los dedos en su pelo y fue dirigiéndolo, cada vez más abajo. Hacia la diversión de verdad. Cuando Aldrin fue a buscarlos se los encontró retozando en la cama, exhaustos y felices. Se enfadó con ellos y los azotó, medida que resultó contraproducente y que derivó en un trío a menos de veinte minutos del banquete. La ventaja fue que usaron la bañera, y eso que se ahorraron.

____ Los gemelos se vistieron cada uno con la ropa que eligió el otro. Atlas, vestido con un pantalón muy corto y una camisa de manga corta con mangas abombadas, colocó en el cuello de su hermano una cinta de tul verde oscuro rematada en un lazo. Axis, vestido con camisa de escote abierto, chaleco y pantalón recto largo, colocó en el muslo de su hermano una cinta de tul verde oscuro rematada en un lazo. Bajaron por la gran escalinata hacia el comedor cogidos de la mano, detrás de su amo.

____El salón era amplio, y para sorpresa de muchos carecía de decoraciones castrenses. De hecho, seguía una línea muy limpia con frisos de motivos naturales y esculturas de criaturas míticas. El suelo era de mármol color crema, perfectamente pulido. Estaba abierto al jardín principal por dos de los cuatro lados, de modo que delicadas cortinas de gasa ondeaban de vez en cuando entre las columnas, trayendo consigo el olor de las flores. Podría acoger holgadamente a ciento cincuenta personas, y ése era más o menos el número aproximado de invitados contando con los gladiadores supervivientes, que aparecerían un poco más tarde.

____Cuando entraron, los esclavos ya habían retirado las mesitas de cóctel y se afanaban ahora en poner los últimos platos en las largas mesas, para que empezasen a traer las principales viandas. Con una disposición de U cuadrada, Aldrin Gherseb ocupó el centro de la base. A su derecha se sentó la Madame, a su izquierda Cuatro, y a ambos lados se sucedieron toda una serie de comerciantes, inversores y personalidades varias de la isla y fuera de ella, entre las que se encontraban por supuesto los lanistas que aportaron sus gladiadores al evento. Incuso el tasador zhalmiano y su acompañante tenían un huequecillo al final de la mesa.

____A los gemelos nunca se les asignaba un hueco específico. Eran demasiado traviesos y se aburrían muy pronto de las formalidades sociales pese a que el hombre los instruyera en etiqueta social. Solían levantarse para buscar una persona a la que molestar, o hacer pasar un mal rato, o seducir. A veces por propia voluntad, a veces por órdenes del amo. Aldrin pronto comprendió que era más sencillo dejarles hacer, tratarlos como una atracción más que amenizara el evento: había invitados que disfrutaban viéndoles ser malos. De modo que ellos observaban, elegían, y se sentaban donde creían que tendrían mayor diversión.

____En la cena de este año eligieron como víctima a un atractivo comerciante, sentado en una posición indeterminada justo en medio de una de las secciones de la U. En parte porque al amo le interesaba establecer contactos mercantiles libres de la presencia de Cuatro y deseaba tantear el terreno. En parte porque a los gemelos les apetecía llevárselo a la cama, atarlo al cabecero y cabalgarlo hasta que rogase piedad.

____En cuanto la comida estuvo dispuesta sobre los blancos manteles, bandejas y bandejas de deliciosos asados, pasteles de carne, frutas en cuencos de cristal y purés, y ya se había dado cuenta de al menos un cuarto de lo servido, se anunció la entrada de los gladiadores que lucharon esa misma mañana en la apertura de los juegos anuales. Para ellos se montó una pequeña mesa a parte, sin mantel ni ceremonia, con platos simples de madera y alimentos poco elaborados, pero de buen sabor y nutritivos pues necesitaban reponer fuerzas. Todos los cubiertos eran de palo. Quedaban justo en frente de Aldrin, separados por largos metros de suelo desnudo e invitados. Como medida de seguridad parte de la guardia de élite de Aldrin se apostaba disimuladamente muy cerca de ellos. Para actuar rápido de ser necesario pero sin molestar demasiado la vista de los comensales.

____Debidamente curados para no desfallecer ahí en medio, y aseados lo suficiente como para no apestar la sala a sudor y sangre, pero no tanto como para parecer limpios, sentaron a los gladiadores a comer. Formaba parte del espectáculo. A la gente la excitaba tener tan cerca la brutalidad y la muerte. Poder observar en vivo las personas por las que habían apostado, incluso dirigirles algunas palabras de sentirse suficientemente valientes o magnánimos. Sin embargo lo habitual era ignorar su naturaleza de personas dotadas de razón, tratándolos como meros objetos de los que disponer a placer. Frivolizaban alegremente y comentaban con entusiasmo sobre la muerte y las infinitas formas de llegar a ella.

____Era notable que a los guerreros no les hacía gracia formar parte del circo. Estaban cansados. Anímicamente destrozados algunos, pues los horrores de la arena muchas veces van más allá de lo que los dioses debieran permitir. Pero la comida y la bebida era muy buenas, y en el fondo no tenían elección. Uno sólo recuperaba el libre albedrío una vez saliese de los muros del coliseo. Ésa era la norma no escrita. Mientras tanto, si aquel hombre que presidía la mesa pedía que saltasen, ellos preguntaban que cómo de alto.


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Mensaje por Celeste Shaw el Mar Ago 14, 2018 7:32 pm

Salir de la arena fue un alivio, pero no pudo evitar mirar atrás, al cuerpo del que había sido su primer amor. El primero y, por el momento, el único. No lloraba, pero sus ojos expresaban todo el dolor que sentía por esa pérdida, una que ya había experimentado muchos años atrás, pero sin la certeza de haber visto su cuerpo. No. Simplemente no había visto nada que le confirmara que seguía vivo… pero nada que le dijera que estaba muerto. Y, en cambio, ella había pensado que lo estaba. Pero cuando se reencontraban, cuando podían pasar tiempo juntos al salir de aquel coliseo… cuando hubieran podido hacer aquello, se habían cargado la posibilidad. Se dejó conducir hacia dentro del coliseo, con el rostro inexpresivo y los ojos, más que nunca, pareciendo dos témpanos de hielo. ¿Lograría deshacerse alguna vez de aquella frialdad que acababa de invadirlos? Lo dudaba mucho. Al menos, si nadie la ayudaba a deshacerse de ella. Y era algo que, francamente, consideraba casi imposible.

La condujeron a una pequeña estancia donde pudo asearse lo justo para no oler a sangre y sudor. Aún así, distaba mucho de estar limpia. Muchísimo. Se dejaba llevar y hacer, con la cabeza gacha, apática, así que no puso ninguna objeción a que no la lavaran completamente, o a que la revisaran en busca de heridas serias. Solamente mantenía la mirada clavada en el suelo, con esos ojos azules pareciendo mucho más fríos de lo normal. Tal vez era ese el efecto de la tristeza en ella si no se dejaba llevar, no lloraba y no la sacaba. O quizá aquello fuera en parte por Lilith, que la instaba a no echarse a llorar como habría hecho normalmente. En todo caso, la cuestión era que tenía dos témpanos de hielo por ojos.

—Niña, ¿me oyes?

—Sí. ¿Qué pasa, Lilith?
—hasta dentro de su cabeza sonaba desanimada, sin motivación por nada.

—Tenemos que vengarnos de él. De ellos. Tenemos que darles una lección a esos hijos de perra.

—Claro. Los haré sufrir hasta que supliquen que me detengan. Y entonces… entonces pararé, pero…

—Oh, ¿vas a concederles ese deseo? Blanda
—le espetó Lilith con sarcasmo.

—Déjame acabar… Yo me voy a detener, pero tú los rematarás. Te daré el control cuando estén ya destrozados y les darás la puntilla final.

—Esto me gusta más… vas aprendiendo, ¿eh? Pero no voy a hacer eso. Te vas a encargar tú. Quiero ver cómo usas tu rabia para hacer sufrir a esos mierdas.

—¿Yo? B-bueno… Lo haré. Ellos mataron a Zelycan y van a pagarlo.

—Así se habla.


En sus ojos apareció un brillo distinto a esa inexpresividad que antes los había colmado. Seguían sin ser cálidos, pero ya no parecían muertos. Aunque fuera la sed de venganza, ya tenía un motivo para vivir. Aún así, esa furia se transmitía no sólo a sus ojos, sino a todo su cuerpo, que se tensó. Sus puños se apretaban y su mandíbula casi le dolía de la fuerza que ejercía sobre ella. Se obligó a relajarse y al menos a parecer algo natural, si podía hacerlo, por supuesto.

Tuvo que esperar un rato antes de que la hicieran pasar al comedor. Era un lugar rico, aunque ornamentado de forma bastante sencilla. Se sentó en la mesa que tenía asignada, y vio que su comida y su vajilla, igual que la de todos los demás gladiadores, no tenían nada que ver con las que tenían los que estaban sentados en la mesa en forma de U. Ellos los estaban viendo, hablando de lo ocurrido en la arena, hablando de ello como si no estuvieran presentes. Tragó saliva, conteniéndose para no saltar de rabia.

Suspiró y clavó sus ojos en el plato, sin mirar en ningún momento a los que estaban en la otra mesa, enfrente de ellos. No, no lo hizo. Si lo hacía nada le evitaría saltar de furia, y no podía permitirlo. Tenía allí mismo a los guardias, si era ese el momento en el que la rabia la consumía nada le aseguraba salir viva de aquel lugar. Cerró los ojos por un momento y las lágrimas salieron de ellos, incapaces de estar contenidas por más tiempo. Resopló y empezó a comer para recobrar fuerzas, aunque realmente no quería. No quería hacer nada más que tomar venganza y marcharse de una vez por todas, para no volver jamás allí.

—Hijos de puta… cómo se regodean con la desesperanza y la muerte… —decía entre dientes, algo sólo audible probablemente para los gladiadores de al lado suyo.
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Mensaje por Atlas y Axis el Mar Dic 04, 2018 7:29 pm

____Axis dejó que su brazo tocase el del joven comerciante, recostándose levemente contra él. Atlas tenía una mano sobre el muslo del hombre. Ninguno de los dos establecía contacto visual con él, y éste, lejos de sentirse incluido en el juego o remotamente interesado en el mismo, comenzaba a asustarse. Su instinto le gritaba que estaba a punto de ser jodido.

____Haciendo un terrible esfuerzo por ignorarlos cortó un trozo de su filete, fingiendo naturalidad. Con admirable fuerza de voluntad controló su pulso, para que acto seguido se le cayese el alma a los pies. ¿Qué iba a hacer? ¿Rechazarlos y arriesgarse a que le mataran porque sí? ¿Cómo le decía a Aldrin Gersheb, una de las personas más poderosas de la isla, que no deseaba tener nada que ver con sus... sus... mascotas sin que se lo tomase de manera personal? Nadie rechazaba a Aldrin Gersheb si éste tenía suficiente interés en el asunto.

____El comerciante quería pensar que aquella situación era cosa del lanista, porque la alternativa era que los niños le hubiesen elegido al azar aquel año para jugar, como había visto en celebraciones anteriores. Lo cual era infinitamente más inquietante.

____Con mucha gentileza, Axis agarró la mano del joven hombre antes de que éste pudiese tomar el bocado. Sin mirarle directamente se metió el tenedor en la boca con gesto sugerente, inclinándose más sobre él, mientras su gemelo acariciaba la pierna explorando hacia arriba, tentando. Se quedó muy tieso, paralizado. Entonces el chiquillo alzó la vista, y el comerciante no vio nada en aquellos ojos salvo maldad. Axis le sonrió, los dientes serrados quedando al descubierto.

____Atlas tomó aquello como una señal, y se escabulló bajo la mesa rápido como un pez, sin que nadie se diese cuenta. Entre las piernas del hombre comenzó a trabajar en los nudos que mantenían en su sitio el pantalón, sonriendo también aunque nadie le viera. La mano de su hermano descansaba sobre la pierna del comerciante, como esperándole, y entrelazó sus dedos con los de él en el mismo momento en el que encontraba lo que buscaba entre las capas de ropa.

____La sala se llenó de murmullos excitados en cuanto entraron los gladiadores. La guardia los sentó en aquella mesa pobre, y un servicio que en su mirada tenía más odio que miedo, sirvió a los vencedores del día la sencilla comida dispuesta para ellos.

____Axis no quería apartar la mirada del rostro del joven hombre, deleitándose en el brillo de sus ojos. Por el pequeño respingo que dio supo que Atlas le había pinchado con el afrodisíaco. Con pericia, deslizó la mano bajo la camisa de él acariciando la baja espalda. Se preguntaba cuánto tardarían en perder la compostura, si se pondría violento e intentaría matarlos, o si echaría la cabeza hacia atrás y se abandonaría. Pensar aquello lo excitó un poco. Un repentino sentimiento de envidia homicida le nubló la mente durante fracción de segundo, cuando cayó en la cuenta de que su hermano estaba ocupado con un don nadie y no podía escabullirse con él para saciarse. Aunque fuese un don nadie tan atractivo.

____Alguien aplaudió estruendosamente, coreado por risas estridentes. Un hombre muy gordo acababa de dejar caer la mitad de un faisán mordido en medio de la mesa de los gladiadores, armando un estropicio de salpicaduras de grasa y carne por doquier. El chiquillo rió divertido mientras repasaba los rostros de los combatientes. Furia, cansancio, confusión. Una delicia de expresiones.

____ -Atlas.

____ -¡Toma, toma! -gritaba el hombre gordo.- ¡Coge fuerzas, eres mi caballo ganador! ¡Apostaré por ti la próxima vez!

____ -Atlas, te lo estás perdiendo.

____La cabeza de su mitad se asomó por la entrepierna del hombre, mirándole, los labios brillantes. Se retorció hasta salir de debajo de la mesa, quedando sentado sobre el regazo del comerciante, y dirigió los ojos hacia donde señalaba su gemelo. Ambos se pusieron en movimiento a la vez, en perfecta sincronía.

____ -Prometo que volveremos a buscarte. No vayas muy lejos, ¿eh?

____El joven comerciante se preguntó a dónde cojones podría ir él ahora, con una erección de caballo y ninguna manera de disimularla. Mira que le advirtió su madre, que si no estaba preparado para lidiar con depravados y locos con acceso a armas que no saliera de casa. Y él ni caso.

____Los niños corretearon con la jovialidad propia de su edad, dirigiéndose hacia la diversión. Una mujer retuvo a Axis por el brazo cuando pasaron junto a ella, y riendo le dio un beso en la boca. Secundando la risa Atlas estiró de su hermano para recuperarlo. El ambiente se había vuelto más festivo si cabe. Todos los comensales les conocían, ya fuese dentro o fuera de la cama. Todos los comensales esperaban que los gemelos hiciesen algo que les deleitase.

____A Atlas y Axis no podría importarles menos lo que esperasen de ellos. Actuaban en función de sus propios deseos y lo que querían ahora era pasearse frente a los gladiadores, medirles con una mirada, irritarlos o minar su moral. Fastidiar, en pocas palabras. Tampoco mucho, o el amo se enfadaría si provocaban una revuelta.

____Axis, con Atlas de la mano a la zaga, acarició la basta mesa de madera mientras caminaba su longitud, por el lado opuesto a los míseros comensales. Ambos se detuvieron a la vez frente a un hombre de tez oscura y terribles escarificaciones, que acababa de añadir a la maltratada piel una horrenda cicatriz sobre su pecho desnudo. Un destello de fuego les distrajo al mismo tiempo.

____Tres sillas más allá una voluptuosa mujer comía, la vista fija en su plato, los hombros tensos. De su espalda salían dos impresionantes alas de murciélago. Los chiquillos la reconocieron de inmediato, era la divium que se negaba a jugar y acababa con los monstruos sin demasiados rodeos. Axis extendió la mano pero no tocó el cabello rojo, fascinado por el hermoso color. Su mente creativa divagaba ya pensando sobre pelucas.

____Al mismo tiempo Atlas enganchó el plato de la joven con un dedo y, primorosamente, con deliberada lentitud, lo fue arrastrando hasta que cayó por el borde de la mesa.


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Mensaje por Celeste Shaw el Jue Mar 07, 2019 12:55 pm

Se mantenía en silencio. Ignoraba a propósito a los demás gladiadores, a la guardia e incluso a aquellos que habían estado viendo el espectáculo. ¿Qué más daba todo? Él estaba muerto. Lo mataron. Estaba segura de que su expresión revelaba más de lo debido, de que tenía en el rostro la ira y la tristeza. De que estaban pintadas como si siempre hubieran estado allí. No quería saber qué estaba pasando en la otra mesa, al menos hasta que el medio faisán aterrizó en la suya y los salpicó de grasa. Resopló, fastidiada. Se quitó la grasa con una mano y miró al hombre gordo que parecía haber tirado aquello. Sus iris estaban tan fríos en ese momento que se asemejaban más al acero que a dos ojos humanos. O Divium, en ese caso. Prácticamente lo mismo cuando se trataba de ojos, vaya. ¿Eso era divertido para ellos? ¿Hacer sufrir a los demás les resultaba divertido? Resopló con bastante fuerza, de forma audible, y miró el faisán con una expresión glotona que auguraba sus intenciones, pero aún no hizo movimiento alguno más que seguir con su propia comida.

Continuó comiendo lo que tenía en su propio plato. Lo que le habían puesto al principio, se entendía. Esa comida sencilla más propia de pobres que de ricos, y que para más inri ni siquiera estaba rica. Compuso una media sonrisa astuta, viendo a los comensales y después mirando de reojo a los demás combatientes. Ni siquiera se fijó en los chicos que estaban fastidiando, a los que probablemente habría visto en las gradas, pero no se habría entretenido en detallarlos. Al menos no se fijó hasta que uno de ellos, no le importaba cuál, enganchó el dedo en su plato y lo arrastró hasta tirarlo al suelo. Entonces se dijo que, si esos chicos podían jugar con ella, ella también tenía derecho a jugar.

—Dales una lección, niña.

—Descuida, es lo que pretendo hacer. Sólo déjame a mí.


Se tardó bastante en alzar la vista del lugar donde antes estaba su plato, y simplemente la clavó en los ojos negros de quien lo había tirado al suelo. Por suerte se había comido el muslo de faisán antes, así que con hambre no se había quedado. Se giró, aún sentada, para quedar de frente a él, y le esbozó una sonrisa que habría sido dulce de no ser por su mirada, que seguía pareciendo acero, en lugar de ojos de verdad.

—¿Te has perdido? —preguntó—. Porque me temo que has ido a parar al lugar equivocado, ¿sabes? —entonces fingió darse cuenta de que eran dos, y no uno—. Oh, perdón… no te había visto —le dijo con una sonrisa socarrona.

—¿A qué juegas?

—A lo mismo que ellos. Si quieren minarme la moral, yo haré lo mismo.

—Me gusta, me gusta.


Después de eso, como desafío tanto a toda la audiencia como a esos niños, se levantó y se estiró sobre la mesa para alcanzar el faisán, al que previamente había mirado con glotonería. Arrancó uno de los muslos y empezó a comer, dando a entender que, por mucho que hubieran tirado su plato al suelo, no iba a quedarse sin comer. Limpió el hueso con rapidez y compuso una nueva sonrisa socarrona a esos dos chicos que estaban allí.

—Oh, vaya, olvidé preguntar si queríais… Bueno, siempre podéis volver a la otra mesa a comer, ¿no? Por cierto, estaba bastante rico, aunque los he probado mejores —dijo para provocar también a la mesa de enfrente.

—Me gusta tu estilo, niña.

—Pues toma nota, no vaya a ser que en algún momento tengas que hacerlo tú.


Sabía que probablemente aquel desafío tendría consecuencias, pero no le importaba en lo más mínimo. Saldría viva y volvería en la fecha que le había prometido a Adrien, por supuesto que lo haría. Era algo que no podía incumplir. Por un momento, al pensar en el crío su mirada dejó de ser tan fría, pero luego recuperó la compostura. Allí no podía hacer más que ser fría y capaz de cualquier cosa.
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Mensaje por Atlas y Axis el Lun Abr 15, 2019 11:41 am

Contenido +18: Violencia explícita.


____Atlas vio la sonrisa de la mujer. Observó el movimiento de sus labios con mucha, mucha atención, y luego le devolvió el gesto con mucha, mucha amplitud. La sonrisa del niño se extendió amplia revelando los dientes serrados. Lo terrible no fue la horrenda mueca en aquella cara casi infantil. Lo terrible fue que la diversión llegara a sus ojos de la manera en la que un chiquillo recibe un dulce: con la pureza del entusiasmo pueril.

____-¿Te has perdido? Porque me temo que has ido a parar al lugar equivocado, ¿sabes? -comentó la mujer en un tono terso, desafiante. Sus asombrosos ojos azules eran fríos como el hielo más puro y Atlas sintió la repentina urgencia de arrancárselos. ¿No era aquel un color extraordinario?- Oh, perdón... no te había visto.

____Axis observaba tranquilamente en segundo plano, contento de momento con sostenerle la mano a su hermano. Y cuando ella se dirigió a él con esa sonrisa irónica torció un poco la cabeza y sonrió de vuelta. De manera idéntica a su gemelo. Sin duda alguna la mujer se estaba burlando de ellos, eso lo comprendía. Pero lo hacía en vano, pues ni Atlas ni Axis entendieron la motivación ni la intención tras las palabras de la divium. ¿Quién era ella? Nadie. Un trozo de carne dispuesto para su disfrute en el palco del coliseo. Lo único que veían era el desafío generado por la inquietud del enemigo incierto, y eso los excitaba.

____Entonces la pelirroja decidió dar un paso más en su empeño por establecer que ella no iba a ser doblegada, y le arrancó un trozo de carne al faisán desparramado sobre la mesa, sonriéndoles de vuelta. Se lo comió tan tranquila bajo la atenta e idéntica mirada de los niños frente ella, al otro lado de la mesa.

____La sala se llenó de murmullos. Los guardias, tranquilamente, posaron sus manos sobre los pomos de las espadas. Nadie se movió. Todos los invitados conocían a las mascotas de su anfitrión, los gladiadores nativos de Sade conocían a las mascotas del lanista. En general los gemelos tenían cierto renombre en la isla por diversas y terribles razones; por eso los presentes sabían que lo que se estaba desarrollando en la sala comenzaba a rozar lo peligroso, en términos físicos de la palabra. Flotaba en el ambiente ese tipo de tensión contenida que podía convertirse en sangre o en risas con el simple sonido de un tenedor golpeando un plato. Tensión que rondaba expectante, festiva y ominosa al mismo tiempo, esperando que algo, lo que fuera, diese la orden para descargarse.

____Sin embargo para los extranjeros o aquellos ajenos a las historias y anécdotas de la sociedad de la isla, Atlas y Axis eran dos niños mimados y siniestros. Pero niños, al fin y al cabo.

____En el universo que concernía sólo a los gemelos la escena estaba alcanzando proporciones muy molestas, en varios sentidos y a varios niveles. No recordaban haber tenido nunca a un rebelde en la mesa, todos desfilaban en silencio y con cautela, como debía ser. ¿Quién se creía que era aquella estúpida sólo porque la hubiesen invitado a comer en presencia del Amo? Desafiando su hospitalidad y amabilidad. ¡Ella estaba allí para proporcionar un espectáculo entretenido, y aquello no lo estaba siendo!

____La disciplina era muy importante para un gladiador, así como saber jugar al Juego. Y todo lo que venía haciendo la pelirroja era estropear las cosas. Primero matando los bichos de la arena tan rápido que apenas dio espectáculo, y ahora creyéndose con el derecho de tener orgullo frente al Amo. Esa altanería absurda al dirigirse a ellos... Los juguetes no tenían orgullo. Ni alma. Ni derechos.

____-Por cierto, estaba bastante rico, aunque los he probado mejores.

____Ambos alzaron las cejas en fingida sorpresa. Y entonces comenzaron a hablar en turnos sucesivos.


____-Aww, ¿no te ha gustado la comida?

____-Estoy seguro de que podemos prepararte algo más rico.

____-Más especiado, a lo mejor.

____-¿Has probado alguna vez haggis?

____-Es un plato común entre campesinos.

____-Sencillo, humilde.

____-Como lo que tú necesitas.

____-¿Quieres la receta?

____-Funciona así:

____-Te atamos a la silla,

____-Te lanzamos algunos conjuros para que prestes atención y no te mueras,

____-Te rajamos el vientre y sacamos todo lo que tengas dentro,

____-Lo metemos al puchero con unas cebollas,

____-Te contamos un cuento mientras se cocina, para que no te aburras.

____-No aburrirse es importante.

____-Y luego te lo servimos y vemos cómo lo disfrutas.

____-Habrá que conseguir un conjuro de obediencia. -dijo, volviéndose hacia su hermano.

____-Cierto, nadie quiere nunca comerse sus haggis. -comentó pesaroso.

____-Porque nadie tiene modales.

____-A lo mejor es porque le ponemos demasiada cebolla.

____-¿Tú crees?

____-¿Te gustan las cebollas?

____Los gemelos se volvieron hacia ella al unísono, expectantes. Sin darse cuenta de todo lo que estaba mal en ellos. De que su completa existencia era un error catastrófico y absolutamente terrible.

____El desagradable sonido de alguien vaciando su estómago entre espasmos rompió el tenso silencio de la sala.


❝ No hay nadie que ame el dolor mismo, que lo busque, lo encuentre y lo quiera,
simplemente porque es dolor ❞


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