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La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

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La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

Mensaje por Strindgaard el Miér Jun 28, 2017 7:14 am



El viejo mago tomó de un sorbo el contenido de su copa para luego dejarla con un golpe sobre la mesa. Sus dedos amarillentos por la nicotina tomaron una negra pluma de cisne y metió la punta en el tintero. Con la otra mano cogió la copa, que se arrancaba dando saltitos por la mesa, y le dio una mirada larga y pesarosa.
Vamos, te dije que sería hasta que se termine el vino. Luego te dejaría libre.
La copa le lanzó una mirada de cristal. Se quedó quieta.
Los ojos arcanos del mago se fueron a la hoja en blanco sobre su mesa. Comenzó a escribir...

____
__Tarot, viejo amigo.

_-'_El tiempo es cruel, pero el destino lo es aún más. Desde que compré este viejo reloj mecánico a ese enano chiflado de los Montes Keyback comemcé a darme cuenta del poco tiempo que tememos (por cierto, ¿aún deambulas por esos lugares? Espero que sí porque esta carta se va para allá). Y ahora mi tiempo se acaba.
¿Sueno dramático? Lo siento, es por el vino. De hecho, he tenido que emborracharme porque si no, no tendría el valor para pedirte venir… Algo malo está a pumto de pasar.
De hecho, ya comenzó. Ayer. No creía lo que el Dios Eilian me había enviado en los sueños hasta que vi las señales. Y vaya si las vi.

_-'_Lo soñé todo, amigo. Mi destino está sellado. Pero Thonomer y su gente tienen esperanza. Por esto mismo pido tu ayuda.
Supongo que en el mejor de los casos estarás en pocos días aquí. Te llevaré umos días de ventaja (debo partir cuanto antes) pero lo bueno es que te reunirás con unos amigos que te ayudarán a encontrarme, y finalmente ayudarme con este embrollo.

_-'_Prepárate. No te daré mayores detalles (temo que vaya a caer en malas manos esta carta), pero sólo te digo: prepárate para algo gordo.

PD: Trae de ese buen tabaco enano que probamos una vez (no ese que hace alucinar, el otro).
PD2: Perdón por las faltas de ortografía. Con el vino suelo confundir las 'n' con las 'm'.
PD3: Rodrik+

Falqued


_
__

No quedó nada mal.
La copa no dijo nada. El mago la llenó de vino.
Veamos si continúa la racha.

____
__Mi estimada demonesa. (¿Se dice demonesa? Creo que leí un grimorio con ese adjetivo, pero suena como mayonesa).
_-'_Mi estimada Señora Tenebri (perdón por el borrón anterior, el vino me nubló un poco la mente, y no me quedan más folios para comenzar otra carta).

_-'_Supongo que recordarás a cierto aprendiz nivel cuatro que estaba a punto de graduarse. Bueno, me tomó un par de años más la graduación (De hecho, aún no me he graduado). Pero lo importante es que logré conseguir lo que me pediste aquella vez a cambio de esos materiales específicos que tan solo cierta persona de otra dimensión podría conseguir.
_-'_¿Aún lo quieres?

_-'_Estoy viviendo en Phonterek, en la misma Universidad de Magia… Tu recompensa la tengo guardada bajo siete llaves (literalmente, porque casi se escaba ayer). El problema es que algo ha sucedido con la ciudad. Un poco de magia descontrolada y esas cosas. Nada grave, todavía.
_-'_El punto es que necesito de tu ayuda nuevamente. Y esta vez sí que tendrás que usar la espada. No puedo darte mayores detalles, temo porque esta carta caiga en malas manos. Sólo te puedo advertir que me tengo que marchar de la Universidad, no tengo mucho tiempo de sobra, y que te deberás aliar con algunas buenas gentes para poder encontrarme. ¿Crees que podrías mantener sus almas dentro de sus cuerpos mientras tanto las ayudas?

Si aceptas, prometo darte mi alma (Cuando muera).
PD: (Esta oferta queda nula si me matas tú, o alguien enviado por ti).
PD: +es el rey+


Falqued


_
__

Para cuando terminó la segunda carta ya se había terminado la segunda copa. Quedaba media botella. La copa era alta.
Bien, bien. Hay maneras y maneras de conseguir que alguien haga lo que quieres. Algunos se los consigue con dinero, otros con amistad, viejas deudas. —El mago se encogió de hombros—. Bueno, tú sabes. O quizá no. ¿Las copas tienen amigos, o deudas?

____
__Mi querida Balka.

_-'_Muchacha siempre joven. Qué más quisiera yo tener la juventud de los longevos. Pero en lo único que me parezco a ellos es que, entre más viejo, más loco.
El vino y el tabaco siguen corriendo por mis venas. Y ahora también un poco de magia. En la Universidad de Phonterek no me ha ido mal (gracias a ti y a nuestros buenos negocios).
Pero ahora mi casa de estudios, jumto con mi vida, y la vida de todos quienes vivimos en Phonterek corre peligro. ¿Sigues en eso de la caza? Espero que sí, porque necesito a una buena muchacha con ojos de lince que ponga una flecha justo donde se necesita.

_-'_Necesitaré una vez más de tus habilidades. No te puedo dar muchos más detalles, pues temo que esta carta caiga en malas manos. Una vez llegues a la Universidad te informarán más. Sí, te informarán. No estaré ahí en persona, pues tengo poco tiempo y debo partir cuanto antes. ¿Recuerdas esos sueños raros que te contaba en la taberna? Eilian me ha dado uno bastante interesante, y tú estabas en él.

Ven a Phonterek. Será beneficioso para ambos.
PD: Trae el arco, y muuuchas flechas.
PD2:Espero que puedas trabajar en equipo. Le he pedido a algunos amigos que te ayuden en esto.
PD2: +más viejo+


Falqued


_
__

Hace tiempo que no escribo sin usar un Hechizo de Escriba. —Se acarició la mano izquierda masajeando el músculo—. He perdido la práctica.

____
__Aethas Atracasol. Gran Mago. Maestre del Shan'dor Rommath.
Presente.

_-'_Mi estimado Aethas, espero que recuerde a un joven mortal que alguna vez visitó una temporada el reino de Quel'Thalas. En mi memoria aún vive el recuerdo de las bibliotecas del palacio, y su magnífica compañía y enseñanzas.
Me dirijo a usted porque no puedo concebir a ningún otro sabio capaz de mediar ayuda en lo que sucede en la ciudad de Phonterek. Quizá los rumores ya han llegado a sus oídos, pues nos aqueja un tormento a gran escala. Es la magia, que se ha salido de control, la mismísima esencia de las cosas ha abandona su estado de paz, para moldearse a sí misma. Sé que no me lo creerá, yo también necesité verlo con mis propios ojos. Phonterek es un caos, y sólo yo conozco la causa. Por lo mismo no debo perder el tiempo. Están poniendo en cuarentena a todos los magos, y debo escapar.

_-'_Pronto le haré llegar más información, por el momento, solo le pido que se dirija a la Universidad de la Magia, en Phonterek.

PD: Le dejaré algunos ayudantes a su disposición. Algunos humanos, en su mayoría. Espero pueda lidiar con ellos de la mejor manera posible.
PD2: +que ha vivido+


Falqued


_
__

Con los elfos hay que ser un poco lameculos, en especial con los de la realeza. —La copa estaba llena y expectante. Ya solo quedaba un cuarto de la botella—. Ahora vamos con el grandote.

____
__Turion. Joven Minotauro.

_-'_¿O ya no tan joven, ¿verdad? No te preocupes, muchacho, yo también estoy viejo. Aunque ahora me pregunto, ¿los centauros envejecerán de igual manera que los humanos? Quizá solo su mitad de arriba, quién sabe.

_-'_Muchacho, un día me dijiste que tu deuda para conmigo era de vida. Pues, este es un buen momento para cobráosla, pues quizá moriré.

_-'_Tengo una gran misión por cumplir, mi dios y mi clan me necesitan. Y ahora yo te necesito. ¿Oirás mi llamado?

_-'_Búscame en un gran asentamiento humano llamado Phonterek, pregunta por la Universidad de Magia. Yo ya me habré ido, pero te dejaré en buena compañía, deberás ayudarlos a ellos para que nos encontremos, y podamos vencer lo que ha llevado a mi clan al caos.

¿Cuento contigo?

PD: Rezo porque sepas leer.
PD2: +sobre la Colina+


Falqued


_
__


Ya sólo falta una. Aguanta copa. —El mago apuró el vino, dejando caer algunas gotitas sobre las cartas.

____
__Margaret Orgaafia, bruja.

_-'_Oh, Marga. Oh, Marga. No son pocas las noches en la que me emborracho pensando en que contigo la botella me hubiera durado menos de la mitad. Pero el vino es poco consuelo sabiendo que tu rubicunda faz está tan lejos. ¿Aún no encuentras un tiempo para visitarme? Pues espero que lo hagas, porque se está liando parda en Phonterek.

_-'_Hace una semana expulsaron a un joven hechicero. Era demasiado bueno, estaba escalando muy rápido, nivel tras nivel. Ya era cuatro cuando lo expulsaron, y eso solo le tomó un mes. ¡Un mes! Tú sabes que no hay mayor peligro para un mago que ver a otro mago alcanzarlo.
El problema es que El Concilio no se lo tomó muy a la ligera, lo acusó de hacer trampa y lo puso patitas en la calle. Hace una semana. Y ayer todo se puso de cabeza. Casi literal.
No me creerás todo lo que pasa en la ciudad, parece una de esas fiestas que armabas para los solsticios de verano, pero peor. Emserio, peor.

_-'_Mañana cerrarán la Universidad, y nos dejarán acá dentro hasta que las cosas se solucionen, lo soñé. Pero también soñé la manera de solucionarlo. Ven a Phonterek, a la Universidad. Yo ya no estaré aquí, pero estarán algunos otros amigos esperando, acompáñalos. Yo debo partir cuanto antes. Debo buscar a ese joven mago y detenerlo.

PD: Saluda a Roberto de mi parte.
PD2: +de Hierro.


Falqued


_
__

Y esa fue la última. —Se terminó de beber el vino y abrió la ventana de su habitación—. Gracias por hacerme compañía vieja copa. Puedes irte ahora mismo, pero no te lo recomiendo. Al cristal no se le da bien las alturas.
La copa comenzó a dar saltitos hasta el marco de la ventana junto al escritorio. Asomó su cabeza hacia el vacío. Estaban en un segundo piso.
O bien puedes esperarme aquí unos minutos —añadió el viejo mago—, sólo debo terminar algunas tareas y guardar mis cosas.

El mago guardó todas las cartas en sus respectivos sobres, escribió con letra lo más pulcra posible luego de una botella entera de vino, y las selló.
Hmmm. Espero que no noten las manchas moradas.
Fue hasta su pajarera y sacó sus cuervos. Eran unos cuervos magníficos, y últimamente se habían puesto un tanto más parlanchines.
¿Es volar un acuerdo mutuo entre las alas y el viento, o sólo el desperdicio de un canto impostergable?
Piénsalo, y me lo comentas de vuelta.
Les enfundó las cartas y los echó a volar.

En la habitación había un sinnúmero de objetos raros, desde un cocodrilo disecado colgando del techo, hasta una casita hecha de conchas, recuerdo de algún viaje a la playa. El mago llenó su morral con todo lo que necesitaría para el viaje. Se vistió como era debido para un hombre de su edad que sale a horas poco adecuadas, y finalmente se fue hasta la cama. Sobre ella había un libro grueso y ancho envuelto en una fina cadena que lo envolvía para que no se fuera abrir.
Lo metió dentro del morral también.
Bien copa. Hora de partir. —El viejo mago se subió al escritorio y miró la ciudad—. Y pensa que anteayer todo iba normal. Así es la incertidumbre de la magia.
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Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

Mensaje por Turion el Jue Jun 29, 2017 12:54 pm

El bosque de Silvide… Una enorme extensión de terreno en la zona norte del continente en la que podían encontrarse gran cantidad de plantas y remedios que necesitaba para mis pociones. Grandes extensiones verdes en las que no había ningún peligro aparente, nada más que los comerciantes te dieran algo de cambio de menos, o productos de peor calidad… Algo que no solía pasar si eras un centauro que blandía un hacha que, por lo general, solía ser más grande que ellos.

Por lo demás era un lugar perfecto, y con el tiempo, había llegado incluso a llamarlo “mi hogar”. Y si, sabía que aquello no podría ser así. Sabía que no tendría otro hogar a parte del asentamiento centauro de Foso Negro. Sabía que, por mucho que lo intentara, nunca dejaría de recordar todo aquello que pasé allí, los años, la felicidad, e incluso la tristeza y el dolor. Sabía que tarde o temprano volvería a aquel lugar clamando venganza… Pero hasta entonces, debería hacerme más fuerte. Debería luchar, y conseguir que mis debilidades desaparecieran.

Y diría que lo estaba consiguiendo, pero realmente lo único que había hecho en los últimos tiempos era recorrer los bosques de arriba a abajo, buscando plantas y materiales para mejorar mis pociones, entrenando en combate y… aceptando algún que otro trabajo de los humanos que por allí habitaban.

Y es que a diferencia de otros tantos que había conocido, los distintos asentamientos que se habían alzado y mantenido en el interior del bosque estaban regidos por humanos extrovertidos y amables, que intentaban atraer a cuanta más gente mejor. Seguramente fuera porque necesitaran del comercio o de la ayuda que pudieran obtener, pero eso siempre era de agradecer.

Recientemente, o al menos, todo lo reciente que puede ser para un centauro, había decidido trabajar como “guardaespaldas”. Era un término humano que implicaba ser protector de algo, o en este caso, de alguien. Aunque en muchos casos no viajaras a la espalda de la persona a cuidar… Los humanos eran extraños.
El caso es que debía cuidar de un comerciante que iba de asentamiento en asentamiento, llevando mercancías y algún que otro producto a cambio de algo de dinero o comida. Mi función era bastante cómoda, pues rara vez había gente que atacara a un carro custodiado por un centauro… menos si ese centauro era alguien como yo.

Bruce, que era el nombre del comerciante, era un hombre de mediana edad (para los humanos), de barbas pobladas y algo canosas, y el cabello corto, igual de canoso. Era un hombre simpático para los estándares humanos, y por lo que parecía, todo un genio a la hora de tratar con otros de los suyos: siempre tenía una palabra, una acción o un gesto para sacar una sonrisa de un cliente, y vender un poco más.

Como tal, era alguien a quien admiraba en cierto sentido. Además, en estos meses que viajaba con él, y al enterarse de que no sabía ni leer ni escribir, se había empeñado en enseñarme. Según él, siendo el líder (y único miembro) de mi clan, debería saber tratar con humanos para que, llegado el momento en que mi clan se recompusiera, si es que lo hacía, pudiera forjar alianzas y pactos sin que me engañaran con los escritos.

Ciertamente, ahí tenía algo de razón, pues aprender el lenguaje de los Tyrandor iba a ser mucho más complicado para ellos… Y desde luego, no es algo que se enseñaría tan fácilmente a alguien cualquiera.
Por eso, cada día, cuando nos sentábamos a descansar, Bruce sacaba un libro y me obligaba a leerlo. Ahora no me… qué demonios, me seguía costando como nunca, pero al menos ahora ya sabía leer por mi cuenta. Si, puede que tardara minutos en leer algo que cualquier otra persona tardaría unos instantes, pero al menos era “independiente”.
A fin de cuentas, el Tyrandor no era tan distinto al lenguaje común, algo bueno tendría que sacar de aquello.

Uno de los días, cuando Bruce y yo estábamos llegando al asentamiento de destino de aquella vez, escuchamos un graznido en el cielo. Aunque miramos, no le dimos más importancia, y continuamos el camino tranquilos.

-¿Sabes, hijo? Ya no se encuentran mozos como tú en estas tierras… Los nuestros se han asilvestrado, no muestran respeto, y no se esfuerzan debidamente en sus trabajos… En mis tiempos, un joven debía ganarse la vida, y trabajar duramente en el campo, como se ha hecho toda la vida, y el que tenía suerte, conseguía mudarse a un pueblo algo mayor… y otra vez a empezar, hasta que acumulaba riquezas para vivir en la ciudad, o simplemente vivía su vida feliz… Pero ahora no, ahora…-

Y una vez más, el humano empezaba con sus charlas sobre tiempos mejores, sobre cómo los jovenes humanos cada vez eran peores y… mil cosas más que sinceramente me importaban bien poco.
Solía trabajar por viajes, y ya le había indicado que aquel sería mi último. Debía partir, no sabía hacia donde, pero estaba convencido de que la manera de recomponer mi clan de centauros, no era mantenerme trabajando en asentamientos humanos… ni entre ellos.
Por su parte, aunque no era especialmente de su agrado, Bruce había accedido a que así fuera, claro que tampoco es que pudiera hacer gran cosa al respecto.

El graznido cada vez se escuchaba más cerca, hasta que un cuervo empezó a volar junto a nosotros… Fijandome bien en él, llevaba una carta, por lo que me detuve. El pajarraco se acercó, soltando la carta, y comencé a leerla. Los centauros no teníamos ese sentido del pudor que tenían los humanos: si no me pertenecía, ya lo leería otro.

-T...Tu...Turion. Jo...Jov...Joven…-
Comencé a leer la carta, cuando estábamos entrando en el asentamiento… Y terminé de leerla al anochecer, acomodado en los establos. Puede que mi capacidad de lectura no fuera la mejor, pero al menos iba haciendo progresos… Había conseguido leer la carta… ¡y yo solo!
Para que luego los humanos dijeran que no sabemos hacer cosas…

No obstante, parecía que el tiempo apremiaba, y si algo estaba claro, era que un Tyrandor siempre cumplía aquello que prometía, y más si era una deuda de vida. Por tanto, y a diferencia de lo que había hecho los últimos meses, me coloqué el yelmo en la cabeza, los guanteletes, y coloqué bien mi hacha en la espalda, y guardé aquella carta a buen recaudo.
El asentamiento de Phonterek estaba a dos o tres días de viaje, si me daba prisa y paraba lo menos posible… Y en una deuda de vida, eso es lo que había que hacer.

Comprobé que llevaba mis pociones: tres pequeños viales con un líquido azul cielo, y otros tres viales con un líquido similar al agua revuelta. Con aquello seguramente sería capaz de aguantar durante varios meses. Sin embargo, también llevaba gran cantidad de hojas secas en las pequeñas bolsas colocadas en el mismo cinturón, junto a las pociones. Con ellas, podría preparar más de aquellos líquidos de ser necesario.

Y así fue como partí, al galope, y sin siquiera despedirme de Bruce. A fin de cuentas, era un humano, no tenía por qué darle explicaciones, y mi trabajo con él había terminado. Volvía a ser un centauro libre para llevar mis pasos a donde me necesitaran.

El viaje no tuvo grandes complicaciones: me detuve algunas veces a comer… y mucho, de hecho. Las plantas y hierbas de aquel bosque eran bastante buenas en cuanto a calidad y nutrición. También cacé algún animalillo por el camino, para no comer sólo plantas… Pero sobre todo, me mantuve pensando en Falqued.

Algo que hay que saber de los centauros, al menos de los Tyrandor, es que siempre, sin importar la causa, recordamos el momento de sellado de una deuda de vida. En mi caso, fue con aquel mozo llamado Falqued, que por entonces me ayudó a recuperarme de mis heridas, tras la catástrofe de mi clan. Además, fue quien me ayudó a ganar algo de confianza en los humanos, a quienes consideraba seres viles y sin honor… claro, que tampoco me equivocaba mucho.


Cuando llegué a Phonterek hubo varias cosas que me sorprendieron, en realidad. La primera fueron las murallas que la rodeaban. Era como un fuerte inexpugnable en comparación con todos los pequeños asentamientos (llamados “pueblos”, por los humanos) que me había encontrado hasta ahora… Y no solo eso, parecía extenderse por cientos y cientos de metros… claro que yo tampoco es que supiera contar muy bien en cuanto a metros se refería.

Además de aquello, la guardia en aquel lugar parecía estar bien entrenada, no como en los otros lugares… formaban turnos, iban bien armados… Eran gente de apariencia confiable en cuanto a la parte de cumplir su trabajo se refería.

Me acerqué a uno de los guardias, que evidentemente me paró. Por mucho que veía elfos, humanos, y otras razas por allí, lo cierto es que no había visto muchos centauros ni similares… seguramente para ellos sería tan raro que yo estuviera allí, como para mi el tener que ir.
No obstante, era necesario, puesto que no sabía moverme por aquella ciudad.

La conversación fue… aburrida. Si bien por un lado se tomaba demasiado en serio su actitud respecto a ser un guardia y hacía muchas preguntas, todas con sentido; por el otro… se tomaba demasiado en serio su actitud respecto a ser un guardia y hacía muchas preguntas, algunas de ellas molestas.

¿Qué más le importaba a aquel hombre lo que yo hubiera ido a hacer?...

-Mi nombre es Turion, guardia. Y he sido convocado aquí para visitar la Universidad de Magia. Los motivos son desconocidos, incluso para mi. ¿Podría indicarme donde está?-

No sabría decir si fue mi voz, mi actitud cada vez más impaciente, que aquella persona se diera cuenta que tenía prisa, o… en realidad, no sabía si existían más motivos para que los humanos revelaran información. El caso es que una cola de gente cada vez más impaciente se formaba tras de mi, y el guardia me reveló a donde debía marchar, aunque avisandome que habían disturbios en el lugar.  


Mis cascos se escucharon resonando por las calles, mientras galopaba hacia el lugar que me habían indicado. ¿Habría llegado tarde? No había tardado mucho… una semana como muchísimo desde que partí de Silvide. Si aquello hubiera pasado, no me lo perdonaría nunca… Pero ahora no era momento de pensar en aquello.

Conforme me acercaba a la plaza de la Universidad, la cosa cambiaba. Cada vez se escuchaban más ruidos, más protestas, más gente quejándose. Unos gritaban a favor de que liberaran a los magos, otros a favor de encerrarlos… otros simplemente gritaban que quemaran aquel lugar.
En cualquiera de los casos, lo cierto es que se estaba formando una cuarentena alrededor de la universidad, y era algo que no me hacía gracia. ¿Había escapado Falqued? Y lo que es más, ¿quienes serían aquellos ayudantes que había dicho?

Mi clan había desaparecido hacía años por culpa de que no estuve allí para ayudarles… Y aunque fuera lo último que hiciera, con el de Falqued no pasaría lo mismo. Les ayudaría a salvarles, o moriría en el proceso.
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Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

Mensaje por Kael'Thas Sunstrider el Vie Jun 30, 2017 2:40 am

La luz se filtraba a través de un pequeño tragaluz en el centro del techo de la habitación, formando un haz de luz que iluminaba aquello que a su paso con el movimiento del astro rey alcanzaba. De pronto, en cierto momento del día, el rayo solar se posó sobre un metal precioso hecho de oro puro que reflectó la luz e iluminó casi por completo la habitación.

La intensa luz me hizo despertar de mi sueño a los pies de los tres pedestales del poder en el reino. El primer pedestal estaba adornado con un alto relieve con una silueta de un hombre de rasgos bien definidos de cabellera lisa, adornada con todo tipo de ornamentos, sobre él reposaba una Corona de Oro puro con incrustaciones de rubíes, esmeraldas y diamantes con picos con terminaciones en espadas de cartas. El segundo pedestal se asemejaba al primero con la diferencia de que la silueta era femenina y con rasgos mucho más delineados, sobre ella reposaba una corona más estilizada con elaborados intrincados entre el metal y el mismo espectáculo de piedras preciosas.

El último pedestal se encontraba a medio esculpir, no tenía ningún tipo de adornos sino algunos básicos en su base y la silueta estaba a medio terminar, con sólo el torso y parte del cabello realizado, sobre él descansaba la última  corona que esta vez era mucho más simple pero no por eso dejaba de ser majestuosa, no tenía tantas joyas como las primeras pero de igual manera tenía alguna que otra.

Mis ojos me ardían, había pasado gran parte de la noche meditando en la sala de los reyes, donde reposaban las coronas de la dinastía Caminante Del Sol. Estar tan cerca figurativamente de aquello que representaba a mis padres me hacía esclarecer mi pensamiento pero me había sentado tan relajante que me quedé dormido a los pies del pedestal que en teoría debía esculpir durante mi vida.

Me levanté un poco tambaleante y me dirigí a mi habitación a terminar aquella sesión de sueño que había perdido durante la madrugada. Más tarde ese mismo día me levanté con las fuerzas renovadas, me sentía poderoso mentalmente. Después de vestirme y comer con mis lugartenientes procedí a realizar la tediosa visita semanal a los diferentes distritos del reino. Sin embargo había algo que me impulsaba a realizarla, siempre en Quel’Alshar, la Universidad de magia de Quel’Thalas, habían casos interesantes y cuando al menos podía quedarme como oyente en cualquier lección que tenían, era sin duda fascinante.

Luego de salir de atender gustosamente las necesidades de los comerciantes en el distrito comercial, observé el cielo y pude ver la silueta de un ave sobrevolando la torre más alta del palacio.

Supongo que cuando digo “Hay alguien allí arriba que nos cuida” No solo me refiero a mi padre – Dije mirando al cielo- Al’ar también está allí.

Continuamos nuestra marcha al corazón del distrito de estudiantes que se había instaurado hacía unos años en el reino con los conocimientos del Magister Rommath, ahora nombrado Shan’dor. Sus conocimientos eran lo suficientemente bastos como para fundar nuestra propio instituto de educación mágica, aunque poco o nada servía un mago instruyendo a otro sin que éste no tuviera iniciativa propia.

Cuando llegamos me reuní con mi mejor amigo y charlamos un rato hasta que llegó uno de los guardias de distrito que a menudo los generales los usaban como mensajeros.

Príncipe, Magister… Lamento interrumpir vuestra conversación –Dijo con una pequeña reverencia- El capitán Halduron requiere su presencia en la sala de mensajería.

De inmediato emprendimos marcha de nuevo al palacio, casi nunca tenía que inmiscuirme con la mensajería del palacio puesto que era algo que fácilmente podía manejar Lor’Themar o cualquier otro designado por él, pero si pedía mi presencia seguro era importante.

Luego de un rato llegamos al lugar indicado y pude observar que me esperaban el jefe de correos y Halduron detrás del escritorio con una mirada acusatoria. Sentía como si llevara miles de piedras de gran tamaño bajo mis hombros.

Calmen esas miradas lacerantes –Dije frunciendo el ceño- Siento como si me estuvieran disparando.

Ha llegado esta carta en un cuervo –Dijo Halduron extendiéndome la mano con la carta.

¿Anotaron la identificación del cuervo? –Respondí mientras la tomaba.

Un silencio se hizo en la habitación como si hubiese ofendido a la madre de alguien. El jefe de correos parecía que le había hecho gracia puesto que su expresión había cambiado, pero la de Halduron aún continuaba siendo seria y acusadora.

Joder, fue un chiste… Al menos pueden reír o algo… -Dije mientras comenzaba a leer la escritura en una tosca caligrafía común.
Spoiler:

____
__Aethas Atracasol. Gran Mago. Maestre del Shan'dor Rommath.
Presente.

_-'_Mi estimado Aethas, espero que recuerde a un joven mortal que alguna vez visitó una temporada el reino de Quel'Thalas. En mi memoria aún vive el recuerdo de las bibliotecas del palacio, y su magnífica compañía y enseñanzas.
Me dirijo a usted porque no puedo concebir a ningún otro sabio capaz de mediar ayuda en lo que sucede en la ciudad de Phonterek. Quizá los rumores ya han llegado a sus oídos, pues nos aqueja un tormento a gran escala. Es la magia, que se ha salido de control, la mismísima esencia de las cosas ha abandona su estado de paz, para moldearse a sí misma.  Sé que no me lo creerá, yo también necesité verlo con mis propios ojos. Phonterek es un caos, y sólo yo conozco la causa. Por lo mismo no debo perder el tiempo. Están poniendo en cuarentena a todos los magos, y debo escapar.

_-'_Pronto le haré llegar más información, por el momento, solo le pido que se dirija a la Universidad de la Magia, en Phonterek.

PD: Le dejaré algunos ayudantes a su disposición. Algunos humanos, en su mayoría. Espero pueda lidiar con ellos de la mejor manera posible.
PD2: +que ha vivido+



Falqued



_
__

Lo primero es… ¿Si la carta es para Aethas por qué la abrieron? Y lo segundo es: ¿Quién es Falqued?

No te hagas el humano, Kael… Sabes muy bien quién es Falqued. Te lo dije muchas veces que mostrar tanta empatía por el humano ese no haría más que hacer que se sintiera a gusto entre las paredes elficas. Ahora vendrá pidiendo cada cosa.

Cálmate Hal. Sólo está pidiendo ayuda, es todo… Tampoco es como si estuviera pidiendo medio palacio – Hice una pausa para tomar aliento- Aethas no está, como siempre… Y realmente dudo mucho que él pueda ayudar en una situación como dicen los rumores.

Enviémosle un batallón si quiere ayuda –Dijo atentamente Halduron mientras comenzaba a susurrar- Quizás tenemos suerte y se equivoquen y lo empalen.

Está bien,  es suficiente por hoy. Pensaré más tarde qué hacer con esto.

Abandoné la sala para dirigirme a mi habitación, tenía mucho que pensar. Es cierto que llegaban rumores acerca de irregularidades con la magia en Phonterek, pero también era cierto lo que decía Halduron, no nos debía interesar lo que pasara con un reino especialmente humano, después de todo éramos elfos.

Pero a pesar de todo esto, Falqued había demostrado ser un buen amigo en aquellos tiempos que pasó en Quel’Thalas, lo más lógico era enviar a alguien correspondiendo la amistad que mostró al ingresar dentro de las murallas del reino. Ya comenzaba a anochecer y quizás el sueño pudiera mostrarme una premonición de lo que debía hacer.

La mañana llegó con un fuerte sol que llenaba todo mi ser, ya me había levantado, vestido y tomado mis armas, bueno, mi arma… Hacía mucho que no utilizaba mi bastón desde que Perik había mejorado a Felo’melorn y quizás aún continuaría así. Me encontraba en el establo con el Caballerango real, mientras un caballo estaba siendo preparado para partir.

Llévalo a las puertas del Palacio cuando termines, por favor –Dije al elfo mientras me retiraba en dirección a la oficina de Lor’Themar.

Al llegar a aquel recinto estaban reunidos los tres lugartenientes. Lor’Themar Theron, Halduron Alasol y el Magister Rommath, estaban sentados alrededor de una mesa en la que compartían distintos papeles y manuscritos.

Excelente, están todos aquí. Eh decidido salir del palacio, hace tiempo que no dejo estas magnas paredes y me estoy empezando a sentir encerrado. Lor’themar, como siempre te quedas a cargo –Hice una pausa mientras veía como Halduron se proponía  a levantar y hablar- –Continué interrumpiéndolo- Responderé personalmente a la Petición del humano Falqued, visitaré Phonterek. Cuiden el reino por favor.

Me retiré de la habitación mientras todos quedaban en silencio y aprobaban mi decisión con una inclinación de cabeza.

Ah, casi se me olvida –Dije devolviéndome- Cualquiera de los tres, por favor asegúrense que Al’ar  tenga comida suficiente, y quien sea que lo alimente tenga mucho cuidado con sus dedos… Le gusta… digamos jugar con ellos.

Ya en la puerta del palacio con mi caballo y provisiones cargadas, me dirigí a las puertas de las murallas del reino donde se abrieron y sonaron campanadas anunciando mi salida del reino.

Phonterek quedaba bastante cerca de Silvide, sin embargo me  tomaría al menos un día llegar allí debido a que debía atravesar el bosque solo y debía hacerlo con cuidado. Los prados y parte del bosque que pertenecía a mi reino tenía centinelas apostados en los árboles y demás cuidándolo, pero lejos de las murallas estaba solo. Había tomado mi indumentaria secundaria que usaba para viajes concurridos en los que no me interesaba que me reconocieran como Rey, príncipe o como noble. Mi ropa era en su mayoría blanca con rojo aún, teniendo los colores del reino y una capucha me cubría la mitad del rostro y ocultaba mis puntiagudas orejas.

Pasadas varias horas en las que me detuve sólo para que el caballo descansara un poco y para comer algo y tener fuerzas en el camino que aún tenía por delante, llegué a la parte exterior de Phonterek una de las grandes ciudades de Noreth, en la que vivían humanos en su mayoría. Siempre que visitaba otras ciudades entendía por qué las demás razas que vivían en el distrito residencial del reino se sentían algo incómodas con la abundante presencia élfica.

Preguntando a un ocasional guardia de la ciudad que me atendió especialmente amable, me encaminé a la Universidad de magia de la ciudad. Durante el camino mi aguda vista pudo captar un solo hecho extraño que me hizo creer un poco en los rumores que se habían formado los últimos días en torno a la ciudad. Una caja de un puñado de ellas amontonados en la esquina de un edificio comenzó a levitar y después cayó al suelo nuevamente. Me pareció especialmente extraño porque no estaba siendo influenciada por ninguna esencia mágica externa. En el palacio se encantaban las escobas y plumones para que realizaran el aseo por ellos mismos,  pero incluso así alguien los controlaba, aquí parecía que el propio objeto inanimado tuviera libre albedrío mágico.

Mientras me acercaba a la casa de estudios podía ver el alboroto de las personas y más allá veía otro jinete a caballo. Ya comenzaba a sentirme extraño entre tantas personas a pie y yo el único a mi vista a caballo, aun siendo de la realeza no me sentía cómodo.
Cuando estuve más cerca me extrañé un poco, parecía que el jinete estuviera montado sobre la cabeza del caballo, como colgado de su cuello, de pronto me di cuenta que no era un jinete, bueno, al menos la mitad de él no. Se trataba de un centauro… Un centauro en la ciudad. La verdad que esta sería una aventura bastante interesante, de cualquier manera, el humano merecía la ayuda. Soportaría cualquier raza, o eso esperaba.

Avancé un poco más hasta las puertas de la Universidad y observé que había guardias resguardándola. Me coloqué a un lado y desmonté. Quizás echar un vistazo antes a los presentes y analizar la situación sería más prudente que simplemente preguntar por el humano.
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Kael'Thas Sunstrider

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Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

Mensaje por Balka el Sáb Jul 01, 2017 12:00 am

____La luz del mediodía incidía de manera molesta sobre el rostro de la elfa, que, absolutamente inmóvil, mantuvo su posición con el arco alzado y presto, rodilla en tierra, posición tensa. Parpadeó rápido, las motas rojas resaltando sobre el dorado en el iris de sus ojos. El bosque había engullido su presencia, su olor, su respiración, estaba completamente integrada entre los arbustos y enredaderas que poblaban el suelo y se enrollaban en los gruesos troncos de los árboles.

____El faisán del paraíso movió su hermoso plumaje coloreado de arcoiris, alzando la cabeza y torciéndola, buscando más lombrices. Estaba apenas a diez metros de distancia y el disparo podría ser el más fácil de su vida si no se tratara de aquel animal en concreto. Este tipo de criaturas, quizá imbuidos por la magia que rezumaba el bosque de Physis, resultaban endiabladamente rápidos y esquivos. Cazar uno se convertía en toda una proeza, pero Balka no estaba allí para probar sus habilidades, sino porque tenía hambre... y porque las plumas de esta ave se pagaban caras en las tiendas de magia y escribanía. Tanto, que podría permitirse no hacer nada durante una semana entera. Ya que vamos a cazar, que sea por algo de doble provecho, pensó. Con una mirada rápida comprobó que la posición de Pumpernickel era la misma, encaramado sobre un árbol y sin perderla de vista, absorto en la elfa y en su gama de emociones.

____A veces la inquietaba esa máscara impasible, pero con el tiempo se había acostumbrado a la presencia de la criatura y a sus extraños hábitos. Era como si Nickel la hubiese adoptado. Y ella le dejaba hacer, porque tampoco es que tuviera nada en contra; no solía interferir en sus asuntos. Sólo miraba.

____Sus orejas registraron un revoloteo lejano, pero siguió centrada en la gorda ave que, ignorando su futuro destino, seguía buscando alimento. Aspiró profundamente una gran bocanada de aire. Contuvo la respiración. Los músculos cosquilleaban por la tensión. Soltaría la flecha en tres segundos. El faisán alzó su cabeza irisada. Dos segundos. Los revoloteos se acercaban cada vez más. Un segundo. Un enorme cuervo negro entró en escena armando un escándalo imposible, cual borracho de taberna que clama a gritos la última ronda. La flecha salió disparada e impactó con un sonido sordo en la corteza del árbol. Desnuda. Vacía. Sin presa. El faisán había huido. Balka gritó con frustración y se dispuso a atravesar a aquel maldito animal; daba igual qué se metiera en la olla si al final sabía a pollo.

____Pero detuvo en seco la segunda flecha porque el ave rondaba en círculos a su alrededor, de rama en rama, mirándola con ojillos negros y brillantes, graznando. Llevaba una carta prendida a la pata. Extendió el brazo en alto para que se posara y coger el mensaje.

____Pumpernickel descendió con agilidad de su árbol y se encaramó con la misma rapidez al hombro de la elfa, curioso. La mujer sobeteó el sobre doblado hasta que encontró su propio nombre escrito en él, algo torcido. Le sonaba la letra... ¿pero de qué? Rompió el sello y sacó la hoja, mirando primero quién la firmaba. ¿Falqued? Abrió los ojos con sorpresa. ¿De qué iba todo esto? El ave echó a volar casi de inmediato sin esperar respuesta, perdiéndose entre el follaje del bosque.

____-Esto es raaaaro. -canturreó la mujer con el ceño fruncido.

____Jamás había recibido "una carta" de Falqued... porque tampoco necesitaban decirse cosas interesantes que requiriesen una carta entera. Su comunicación escrita solía reducirse a notas en trozos rasgados de papel o pergamino, entregados por recaderos aleatorios que siempre los citaban en ésta o aquella taberna, casa o habitación de posada, en reuniones clandestinas por la propia naturaleza delictiva de su contenido (aunque no siempre), espontáneas y habitualmente regadas con alcohol y demasiadas anécdotas hasta el amanecer. La mujer conoció a aquel eterno aprendiz de mago treinta años atrás, cuando una ley medioambiental prohibió el uso de la rata voladora de doble cola como ingrediente para pociones, ya que quedaban poquísimos ejemplares y debían conservarse. Lo escuchó quejarse con vehemencia ante tal medida porque jamás podría acabar la receta que tenía entre manos, y entonces ella le sugirió que usase otros ingredientes. Hacía menos de veinticuatro horas que la elfa estaba en Phonterek, recién llegada de una cacería de monstruos que le había reportado varias partes de un animal grotesco llamado "comeflautas" del cual no sabía cómo deshacerse. Casualmente se cotizaba alto en el mercado porque era relativamente difícil de ver, y algo más de obtener. Ahí empezó todo, con la picaresca del oportunista.

____Añadir el comeflautas a la receta quizá fue la peor idea que Falqued tuvo en su vida. Pero se presentó al día siguiente ante Balka, sin cejas, la piel manchada de púrpura y azul, con un entusiasmo juvenil que a ella le hizo mucha gracia e insistiendo en que ambos podían tener una pequeña relación comercial. Relación que, con el tiempo, fue derivando en una amistad forjada entre confidencias, complicidad y muchas, muchas pintas de cerveza. La elfa negó con la cabeza sonriendo ante el recuerdo, pensando que hacía ya varios años que no le veía. Pero en cuanto lo tuviera delante le obligaría a pagar por todas las plumas de faisán del paraíso que acababa de perder por su culpa. Rió para sí cuando imaginó al mago mandándola a la mierda. Buscó un rayo de luz clara, y leyó con rapidez el contenido del sobre.

____-En qué te has metido, viejo borrachín. -suspiró, bastante preocupada; la palabra de los dioses a menudo provocaba más caos en el mundo de los mortales del que pretendía evitar.

____Volvió a repasar cada línea, asegurándose de no saltarse nada, pero por mucho que buscaba en el texto, no encontró relación alguna entre el contenido y la segunda posdata. ¿Más viejo? ¿Quién? ¿Él? Ya lo había mencionado al principio... y no se trataba de una corrección. ¿Le estaba dando muchas vueltas? Varias gotas moradas que olían a vino manchaban una esquina. Quizá el hombre estaba más borracho de lo que su torcida letra dejaba entrever. ¿A quién más habría reunido para aquella pequeña empresa? Se encogió de hombros con un gesto ligero, pronto lo descubriría. Dobló la carta y la metió en su bolsa del dinero, colgada del cinturón, y se dispuso a regresar rauda al campamento en las lindes del propio bosque. No se había internado mucho de todas maneras... no era recomendable enfurecer a los guardianes de Physis.

____Carbonilla, su caballo tordo, seguía en el mismo lugar donde lo había dejado hacía unas horas, moviendo la cola y pastando un poco aquí y allí. Se acercó a la diminuta hoguera que encendió aquella mañana, avivando las ascuas y vigilando las sombras de la espesura por si alguna criatura decidía que el fuego estaba demasiado cerca del verde. Tiró todas sus cosas sobre la hierba blanda y de dispuso a hacer inventario. Phonterek estaba relativamente cerca de donde se hallaba, a unos cuatro días de viaje. Tenía suficiente, y si necesitaba cualquier cosa podría conseguirla en la ciudad. Acto seguido se puso con las flechas. Sacó las puntas de la bolsa de cuero sin curtir, así como las fibras de tendón y el cuenco de latón que llenó de agua. Lo puso a calentar, remojando las fibras en el agua cálida para que se reblandeciesen. La carta decía que necesitaría munición en grandes cantidades, de modo que se puso a ello. Ató y aseguró las cabezas de las flechas a los astiles que ya tenía emplumados, apretando al máximo el hilo; en cuanto la fibra se secara, encogería y apretaría de tal manera la espiga que ésta quedaría atrapada en la madera de la saeta. Reunió un total de 45 flechas. El carcaj estaba totalmente lleno.

____Recogió todo y se puso en marcha. Pumpernickel se resguardó en la capucha de la capa de la mujer, en silencio. Siempre en silencio, nunca lo había escuchado emitir sonido alguno... pero sospechaba que la criatura no era muda. Era otra de las cosas raras que tenia el kaoras. Sinceramente, aún no sabía por qué rayos se le había pegado como una sombra.

____Cabalgó a buen ritmo, preocupada por Falqued, por averiguar cómo estaba, preguntándose muchas cosas y haciendo las paradas justas para que Carbonilla no reventara por el esfuerzo.

____Cuatro días después llegaba ante la elegante muralla de Phonterek, tan imperturbable ante el tiempo como siempre. Escogió la Puerta Sur con la esperanza de poder encontrar a un viejo conocido, un guarda que llevaba años viéndola entrar y salir de la ciudad. La gente que encontró por el camino parecía inquieta y nerviosa, pero los ignoró, tenía prisa. Llegó por fin ante los grandes portones esquivando la larga fila de aquellos que deseaban entrar, parando frente a uno de los guardas que, a voz en grito, pedía a los viajeros y comerciantes que trataran de mantenerse en la fila.

____-Buen día. ¿Sigue Hagrid...?

____-¡Que he dicho que o examinamos la carga o el carro no entra! -exclamó el hombre a grito pelado, agitando los brazos por encima de su cabeza en dirección a un carromato e ignorando a la elfa.- ¡Abre esas malditas cajas ahora mismo!

____Balka alzó las cejas, Carbonilla moviéndose inquieto. El carro era enorme, tirado por cuatro bueyes. Un hombre gigantesco sentado en el escabel soltaba burradas por su boca mellada, exigiendo que de le dejara pasar porque él no tenía por qué ser tratado como un delincuente.

____-¡Da media vuelta, tú no pasas! ¡Media vuelta! -exclamó, su voz subiendo media octava.

____-Oye, tengo prisa, sólo quiero localizar a un amigo...

____-¡Qué quieres, estoy ocupado!

____-¡Busco a Hagrid, joder! -exclamó de mal talante.

____-¡Pues ve a buscarle, a mi qué me cuentas! ¡Pero antes de pasar me dices a qué has venido!

____-¡A romperte esa puta cara de culo de troll que tienes, imbécil!

____-¿¡Balka!?

____Un muchacho asomó la cabeza rubia por una de las estrechas troneras de la muralla, sonriendo ampliamente.

____-¡Sabía que eras tú! Eres el único elfo que he visto con la boca igual de sucia que la de un enano cabreado.

____-¿Rubeus? Dioses, ¿cuánto tiempo ha pasado?

____-¡Demasiado, demasiado! ¡Duthus, déjala pasar!

____La elfa ni siquiera esperó a que el guardia dijese algo, encaminó a su caballo y pasó bajo el arco del portón mientras escuchaba un montón de voces protestando. Se detuvo frente a la pequeña torre anexa por la cual se subía a la muralls mediante unas escaleras, y que permitía a la soldadesca subir a patrullar el esbelto muro. Asomado a una pequeña ventana a la altura del caballo estaba Rubeus, el sobrino de Hagrid. La primera vez que lo conoció apenas debía tener doce años... Ahora aparentaba veinticinco.

____-Muchacho, deberías dejar de crecer tan rápido. Antes de que me de cuenta me dirás que ya tienes nietos.

____El joven rió, sujetándose a la alabarda que cargaba y que asomaba junto a él por la ventanita. Atrás se escuchaba un gran jaleo y el mugido de un par de bueyes; al parecer la pelea por pasar estaba en pleno apogeo.

____-Deberías saber que tu sol y mi sol recorren el cielo a diferente ritmo. Antes de que me dé cuenta volverán a pasar diez años sin que se vean por aquí tus orejas puntiagudas.

____-¿Sabes dónde está Hagrid?

____-Se retiró hace un par de años, ¿por qué?

____-Hmmm. He venido a resolver unos asuntos, y esperaba que él pudiese darme información extra. -el chiquillo alzó las cejas y sonrió con toda la intención del mundo; Balka le sonrió con diversión.- Esperaba poder sacar provecho a su faceta de verdulera y que me contara algunos rumores.

____-Bueno, puedes apelar a mi faceta de tendera a ver qué sacas.

____La mujer rió y aceptó la oferta. Resultó que tanto el tío como el sobrino tenían un don para la recopilación de rumores e información fraccionada. Se enteró de que algo realmente raro estaba ocurriendo en la ciudad con la magia, y de que se estaba culpando a los magos de ello. Frunció el ceño.

____-No se mucho más, amiga mía. Ya sabes, los magos siempre tan herméticos, y luego la cúpula de los Nueve que trata de que la gente no entre en pánico y abandone sus casas. Si me preguntaras sobre quién trata de meter contrabando te podría hacer un informe entero...

____-No te preocupes, chico. Muchas gracias. He de partir, envíale mis saludos a Hagrid.

____Puso rumbo hacia la universidad, rápido, sin importarle quién estuviese en el camino. Casi atropelló a una panda de niños que se dispersaron en todas direcciones, corriendo y riendo alocadamente. Los cascos de Carbonilla repicaban en el pavimento de piedra, y Pumpernickel asomó por fin su cara de máscara por encima del hombro de la mujer, refugiado en la capucha. Llevaba tres días enteros durmiendo, desde que empezó el viaje. Se preguntó si debería llevarlo consigo en esta particular empresa, pero luego recordó que aquel bicho era tozudo como él solo y que haría lo que le viniese en gana, desapareciendo de escena si se veía en peligro.

____Enfiló una calle conocida que sabía desembocaría en la plaza frente a la Universidad de Magia de Phonterek, y no le gustó el cariz que estaba tomando el ambiente. En aquella zona la gente parecía más tensa y alerta, como si esperasen que algo ocurriera de repente. Todos miraban a todos como si fuesen sospechosos. Usando la ventaja de estar sobre un caballo oteó el panorama, buscando, analizando el entorno. El edificio de la universidad era grande y alto, esbelto, con una fachada rica en decoraciones de criaturas mágicas e inscripciones antiguas. Casi a sus puertas, en la base de la gran escalinata, había dos figuras que parecían estar a parte del resto de la gente de la plaza. ¿Serían esas las personas con las que debía formar equipo?

____Cabalgó hasta ellos, y la sorpresa la dejó sin palabras durante un breve instante. Una de las figuras, la que parecía montar a caballo, resultó que era un centauro. Hacía muchos años que no se cruzaba con uno; esto podría llegar a ser muy interesante. La otra figura... llevaba una capa de viaje con la capucha puesta, pero se trataba de un hombre muy alto, algo musculoso, de facciones angulosas y atractivas... como las de cualquier elfo. Hacía mucho que no se relacionaba con uno. Si bien Balka era en sí una elfa pura, había crecido desarraigada en todos los sentidos de la cultura y costumbres de su raza original, lo cual la convertía en una extraña entre sus propios semejantes. Y eso era algo que detestaba. Sinceramente, como aquel hombre resultara ser un pedante irritante probablemente acabaría dándole un puñetazo.

____Desmontó, saludando a ambos con una seria inclinación de cabeza. Nickel los observó a su vez por encima del hombro derecho de Balka, con aquella mirada estática tan inquietante que era capaz de ver con claridad las emociones de la gente.
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Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

Mensaje por Vanidad el Sáb Jul 01, 2017 10:30 pm

-Ya tenemos cena…- dijo Bella recogiendo una piedra del suelo y tomando posiciones delante del pajarraco que se acercaba.

-Espera.- Luzbel se encontraba sentada sobre un tocón, manchada de sangre aquí y allá, pero no era suya, sino del reguero de cadáveres que habían dejado las Garras Níveas a su paso. Veinte bandidos, que no habían tomado la elección inteligente.

-Oh, un cuervo, he oído que son un manjar.- Crow acababa de llegar e, irónicamente, se disponía a hacer lo mismo que Bella.

-Dejad el maldito cuervo…- Fue todo lo que dijo, irritada, al menos hasta que ese se posó en su brazo. -¿Qué tienes para mi pequeñín?- Una carta, tenía una carta, así que se la desenvolvió de la pata con mucho cuidado y empezó a leerla. Mientras tanto, el pajarraco parecía entretenido dando saltitos entre los cadáveres.

-¿Podemos comérnoslo ahora?-

-¿Es que no os pago suficiente? Parecéis muertos de hambre.-

-No nos pagas…-

-Cierto…pero os lleváis casi todo el botín, no podéis quejaros.- Remolonearon un poco, pero dejaron al pobre pajarraco en paz. Belladona se sentó detrás suyo, mirando la carta por encima del hombro.

-¿Lo conoces?-

-Vagamente, fue uno de mis primeros contratos, uno sencillo.-

-¿Matar a un goblin o algo así?-

-Esencia de súcubo, sangre de demonio puro, cierto vino especial que mejoraba y recuperaba las capacidades mágicas, un poco de acero vil…-

-Sencillo para ti, no para el resto de mortales.- Hubo una pausa. –Espera, esencia de s-

-No preguntes.- Ya había acabado de leer la carta y se la dejo a la mujer gato, mientras se desperezaba.

-Espera… ¿no te pago? Pensaba que…-

-Lo sé, fue la primera y última vez, pero parece que al final sí que va a pagarme.-

-Si… ¿con que exactamente?-


-No tengo ni idea la verdad… recuerdo que me prometió algo “bueno y espectacular”, pero nunca llego a concretar.- Bella ya había acabado con la carta, así que se la devolvió y la diablesa la guardo dentro de su armadura de cuero negro. Ni siquiera había sudado en el combate anterior, así que no se ensuciaría.

-¿Entonces vas a ir?- había cierto tono de molestia. La diablesa lo ignoro y le revolvió el pelo.

-No te preocupes, está cerca, y no me pasara nada.-

-¡Asegúrate de cobrarle esta vez!- dijo la gata mordazmente mientras su jefa se alejaba.

Muchas cosas habían cambiado desde que había conocido a ese tipo hacia….  seguramente décadas, el tiempo perdía valor a los ojos de un inmortal, así que realmente no se molestaba en contarlo. Ya le preguntaría al tipo cuando lo viera, además de aprender cómo diablos la había encontrado ese cuervo, y pediría algo más que “es mágico” como respuesta. No se molestó demasiado con la ruta, ando parte del camino hasta encontrar una caravana que se dirigía cerca y se incluyó. Por supuesto el mercader la miró un poco mal, sobre todo cuando le dijo que lo haría gratis, pero no se atrevió a echarla, al igual que no se le negó la entrada en la ciudad. Tenía ese aire noble que la mayoría de humanos obedecían sin rechistar, el aire que decía que tenía todo el derecho a estar allí y hacer eso, y que sería más fácil limitarse a asentir y obedecer a discutir y arriesgarse a ser empalado. Una vez entró en la ciudad, se agenció uno de esos niños-ratas callejeras, que le enseño encantado la ciudad por la promesa de un pago, y esa vez ni siquiera sufrió una sola emboscada, cosa que era una lástima, puesto que tenía hambre, pero tuvo que recompensar la honestidad de su pequeño ayudante cuando le señalo la Universidad, después de que la quinta taberna que le había enseñado cumpliera sus gustos y expectativas. Una moneda de plata salió de sus dedos, describiendo un arco hacia las manos expectantes del niño, solo para ser súbitamente succionada en medio de su trayectoria y quedar pegada en la pared derecha del callejón.

-¿Huh?-

-No se preocupe señorita, últimamente pasa.- el niño dio un salto y quitó la moneda de la pared como si fuese la cosa más normal del mundo. –Son esos magos y sus conjuros raros.- en retrospectiva, puede que el wyvern negro como la noche que le colgaba del hombro como una armadura exótica fuese el motivo por el cual no se habían atrevido a atacarla...
pero ya daba igual.

Con su acompañante ido, la diablesa estaba planteándose la manera más adecuada de meterse dentro, ignorando el toque de queda que aprecian sufrir los magos y, con ellos según creía, su contratador/deudor. La opción de simplemente sacar sus alas y entrar por el tejado era atractiva, pero tendría que esperar a la noche para eso… ¿transformarse en gato quizás? O incluso echarle morro y entrar por la puerta principal, solo necesitaría un uniforme de oficial, la confianza ya la tenía. O, ahora que lo miraba, podía unirse al trio que también parecían estar observando las puertas de manera vagamente conspiratoria.
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Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

Mensaje por Margaret Orgaafia el Sáb Jul 08, 2017 9:31 pm

Erase una vez una casita en el bosque. Era una casita encantadora, levemente alejada del pueblo, pero a la suficiente distancia como para que la propietaria supiera sin duda alguna que había alguien horneando un pastel. Cubierta por los árboles y por un jardín semi exuberante, por que una mitad era una serie de cultivos, ordenados y preparados, y la otra mitad era una guerra salvaje, en que se demostraba que las plantas eran puras invasoras en naturaleza.

En esa pequeña y adorable casa vivía una adorable, pero no tan pequeña anciana. Una señora que era pura alegría, ilusión y encanto. El tipo de persona que al pasar por una calle la gente bajaba, con rodillas temblorosas para darle pasteles, ropa y regalos exóticos, los cuales la adorable mujer guardaba con un mero "No debería haberse molestado, pero si piensa hacerlo otra vez, mi talla es una 103 de pecho". El tipo de mujer que todo hombre querría desposar. El tipo de mujer que...


¡ARGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!

...que acababa de caer, cual saco de patatas, sobre el hombro de otro anciano, apuntando con certeza    con su codo. El hombre, pobre alma desgraciada, había ido a llevarle a la bruja del pueblo un saco con comida hecha por su señora esposa, la cual le había dicho que fuese rápidamente a entregarla, por que a una bruja nunca se la deja esperando. Una lección que muchos de los maridos de Margaret tardaron varias noches y kilos en aprender.

El hombre había tardado varios minutos de más en ascender por la colina hasta esa casa perdida donde los demonios del foso perdieron los calzones, sobretodo debido a las punzadas de dolor que ascendían por su espalda. Pero, cuando había llegado, se había encontrado a la señora en la puerta, preparada para ayudarlo a cargar la carga dentro. Unas palabras amables y una palmada en la parte inferior de la espalda habían desembocado en que el hombre sufriera un latigazo de dolor, tirando el saco y desequilibrando a la anciana. Finalmente, el golpe resonó contra los musculosos hombros.

-Oh, querido, lo siento mucho...-dijo la señora, aunque el hombre podía jurar sobre la tumba de su difunto perro que al intentarse levantarse la mujer le había dado tres palmadas justo en el punto en el que le dolía. Además, su tono era demasiado meloso y azucarado.- Que desastre..¿se encuentra bien?

El hombre se levanto, asintiendo, esperando otro tormento al elevarse, pero encontrándose con una sensación extraña en la espalda, ajena a dolores. El hombre pestañeo y miro a la mujer, que ya llevaba el saco en su hombro, como si no pesara nada, y se estaba adentrando en la pequeña casita.- Dile a tu mujer que no se preocupe, que ya me he encargado del problema...-dice, levantando la mano y despidiéndose, completamente ajena al tono y a la forma con las que le había hablado antes.

Nada más el hombre se marcha, la anciana cerró con un portazo su puerta, dejando la bolsa encima de una pequeña mesa de madera, revisando el contenido. Pensativamente, empezó a hacer una lista de lo que había en el saco, disfrutando del pago que la joven esposa le había hecho. Si es que...los hombres son testarudas bestias, tres meses con latigazos de dolor y el muy imbécil no quería hacerle una visita al médico del pueblo, soberano imbécil, pero que habría sido de algo de utilidad en este caso, o a una de las brujas locales. Así que habían tenido que usar una estratagema femenina para sacarle el dolor, pero haciéndolo sin que se diese cuenta. Divina fisioterapia.

Mientras tenía sus pensamientos dispersos en la pequeña trama de engaños que habían hechos, sus manos sacaban los contenidos del saco- Tres botes de mermelada, un jamón ahumado, un pastel de carne recién hecho...-susurraba por lo bajo. El botín de hoy había sido bastante generoso, aunque claramente era predecible, considerando que era una mujer joven, amable y que la pareja no había pasado ni un años de casados, por lo que aun estaban como dos tortolitos.- Un pan de grano, un queso...-Sin embargo, un graznido rompió el ambiente tranquilo dentro de la casita.- ¡Me cago en la madre que te pario!- dijo la anciana, llevándose una mano al pecho, mirando al cuervo que se sentaba plácidamente en la ventana. Mientras tanto, entre las sombras de uno de los sillones, algo se movía con pereza, con un orbe brillando con sed de sangre.

Margaret observó como, en la pata de la criatura, colgaba un pequeño mensaje. La anciana había conocido a muchos personajes a lo largo de la vida, pero pocos se comunicaban por cuervos, prefiriendo la mayoría mensajes más baratos, como palomas, o directamente mandando a alguien con la carta a los caminos y esperar que llegase a salvo. La anciana llevó la mano a la pata del cuervo, el cual le dejo coger el mensaje. Mientras lo desdoblaba, se dirigió y se sentó en uno de sus sillones, sacando de las profundidades de su vestido un enorme habano. Tras encenderlo y aspirar con delicia el relajante humo, se puso a leer con tranquilidad el mensaje.

Mientras la mujer devoraba la carta, el cuervo comía unas migajas de pan que le había dado la mujer, dando pequeños saltitos. Estaba  intranquilo, notaba algo oscuro y diabólico mirando. Finalmente, la mujer acabó de leer la carta y el cuervo de tomar su premio. Y, en el mismo momento, que el cuervo alzaba el vuelo para marcharse, la mujer dijo en voz alta.

-Roberto, Falqued te manda saludos...-dice, mientras una bola de pelos caía desde el techo sobre el cuervo, evitando que se marchase. Pocos segundos después, pequeños gritos de dolor fueron amortiguados por un rugido felino. Al poco tiempo, el silencio.

La mujer estaba pensativa, apoyando su mentón en la palma, mirando el mensaje, con curiosidad y analizando con cuidadoso detalle el mensaje. Falqued era un mago. Claramente era algo que se leía en el mensaje, pero con esa frase se podía decir algo mas. Los magos son usuarios de magia muy diferentes a las brujas. Ellos tienen una jerarquía, unos niveles y un ambiente horriblemente académico, mientras que las brujas se labran con experiencia, todas son iguales (aunque ninguna te lo confirmará) y respecto a diferentes niveles de poder te dirían que eso se siente, no se cuantifica en una nota. Por ello, mientras las brujas eran relajadas y podían hacer lo que les daba la gana, siguiendo o no las normas, los magos eran unos cabrones paranoicos que harían cualquier cosa para mantenerse en el nivel en el que estaban. Falqued tiraba más para el bando de las brujas, pero seguía siendo un mago...por lo que estaba segura de que no le estaba contando algo que debía de saber. Algo importante y crucial...y probablemente que alguien habría podido interceptar y leer.

Finalmente, la anciana se levanto, con un suspiro profundo de alguien que se tenía que poner a trabajar en una tarea muy laboriosa. Del armario sacó su baúl, llenándola con varias mudas de ropa, cinco viales de pociones que tenía preparadas en caso de que algo como esto sucediese, algo de comida para el viaje y un hueco en el que meter a Roberto para que viajase con ella. Una señora nunca se va sin su niñito del alma...

Tras preparar la maleta, se cambio de atuendo, poniendose sobre su vestido negro un casco y varias rodilleras y coderas que tenía de una noche loca en una isla del sur. El tiempo apremiaba y no podía ir en carro a la ciudad, sobretodo con la premura que destilaba la carta. Con determinación, marchó al jardín, abriendo sin temor alguno la puerta de su cobertizo- Cabrona...tenemos cosas que hacer...-susurro al polvoriento y oscuro interior, mirando entre las sombras.


Varias horas después...

Una columna de patos recorrían el cielo con absoluta tranquilidad. El mundo era su ostra y el viaje hacia los trópicos más cálidos iba a ser agotadora, con algunos de ellos perdiéndose o muriendo en el camino. Sin embargo, sus diminutas mentes animales estaba concentradas con potencia en su misión vital...hasta que una anciana cayó sobre ellos.

- ¡ARRIBA, MALDITA ESCOBA! -dijo la descendente mujer, llevándose por delante a tres patos, que no pudieron luchar con la combinación de peso y gravedad- ¡POR EL OLMO QUE ES TU MADRE, ARRIBAAAAA!

Margaret se encontraba en una diatriba. Ella quería ascender en el aire, pero su escoba estaba yendo en dirección contraria. Era una discusión que en otras circunstancias habría sido leve, si no fuese por estar a varios de miles de metros sobre el suelo. Finalmente, como un petardazo, la escoba volvió a alzar el vuelo...para volver a descender en el cielo a los pocos segundos. Lentamente, en esa continuación de alzamientos y descensos de Marga, dignos de cualquier mercado de valores, la anciana se estrelló de manera inevitable contra un granero, cerca de la ciudad.

Cuando se despertó, una niña con coletas con un perro pequeño, que le estaban intentando robar las botas, y un tremendo dolor de cabeza le saludaron. Tras un par de cachetes y una discusión muy serie de que antes de robar las botas tienes que ver si tienen un monedero o dinero en efectivo, la anciana salió, llegando a las puertas de la ciudad tras varias caminatas. Sin embargo, al llegar a la plaza donde estaba la puerta de la universidad, noto como dos grandes objetos le tapaban la vista. Sus pechos se elevaban en el aire, misteriosamente...La anciana supuso que cosas así eran ocurrencias en una ciudad de magos, que se aprovechaban para hacer guarradas a señoras de cierta edad extremadamente atractivas, hasta que vió como diversas cosas sufrían el mismo destino...Cajas que se elevaban, mujeres pelirojas que tenían el trasero pegado a una pared y cuatro criaturas no humanas que observaban fijamente el edificio de la universidad.

Uno de ellos era un elfo masculinos, de esos a los que te imaginas bailando alrededor de un ídolo, sin demasiada ropa y demostrando sus “afilada flecha”, en un baile nativo. La siguiente era...no sabia lo que era, pero no tenía buena pinta. Parecía la típica niña con la nariz pegada al escaparate de una tienda de dulces...con una piedra en la mano y una expresión clara como el agua. Otra era una elfa, más normal y con el aspecto de haber vivido como una persona normal, con un aura que indicaba que no aceptaba tonterías de nadie. A la anciana le agradaba. Finalmente, quedaba el ser extraño que estaba a los lados de ambos elfos...Además de tener un abdomen en el que una podía rallar queso, el hombre no tenía la vergüenza de tapar sus varoniles y exhuberantes vergüenzas. Solo por eso, Margaret había decidido que el joven le agradaba...y mucho...

-Eso si que son unas nalgas y no lo que tenía mi tercer marido...-dice, a las espaldas del grupo, mientras se sacaba de entre sus pechos voladores una carta- ¿Sois los compañeros de los que me habló ese viejo mago chochó?-pregunto al fin, mientras sus melones caían con el peso de la gravedad, con el hechizo desapareciendo.

Si estos eran los compañeros que el viejo había reunido...oh, Jimmy, esto iba a ser divertido.
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Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

Mensaje por Aulenor el Miér Jul 12, 2017 6:23 am

__El mensajero más célebre de toda Keyback volaba radiantemente hacía el oeste impulsado por los vientos contralisios de aquella época del año. Esos eran los mejores momentos, cuando estaba el solo volando entre aquellas nubes iluminadas por los primeros rayos de luz del día, sintiendo la velocidad y cómo el viento le impulsaba, oyendo solo él sonido de esté rozando sus oídos mientras el extremo de su bufanda se estremecía y agitaba amenazando con salir volando en cualquier momento. Si, desde luego esos momentos de vuelo solitaria eran los mejores.
*CRAW*
__De pronto un cuervo completamente negro descendió desde la nube que sobrevolaba al divium y se puso a volar a su lado. Nunty le miró con altanería. Si aquel animalucho se atrevía a desafiarle a una carrera, vería lo que es bueno. Quedaban tres leguas hasta la próxima aldea, ¡a ver si podía vencer al divium más rápido de toda Keyback!



__A unas tres leguas de allí, en la costera aldea de Ryssan, el herrero del pueblo, un hombre fornido entrado en años y con el pelo y la barba canosa llamado Reginn, Acababa de encender la forja mientras meditaba sobre si debería o no despertar a su aprendiz y a su invitado. Cualquier otro día no hubiera dudado un solo momento en ello, pero no hacía ni tres días desde que aquel mago trajo a su desaparecido aprendiz a casa y el chico estaba muy tocado desde entonces, no parecía el mismo. El no saber cómo ayudar ni animar al chico turbaba profundamente al herrero.
__Como si de un mal augurio se tratase, un cuervo completamente negro se posó sobre el letrero del taller, mejorando la escenografía de aquel cuadro sobre un hombre turbado. No tardó mucho en hacerse presente un fuerte aleteó que distrajo al anciano de dilema interno; el correó había llegado.

__-Buenos días señor Solberg-exclamó el divium de forma un tanto distraída mirando al cuervo; no podía creer que le hubiera ganado aquel animal-¿Qué tal le ha ido?

__El herrero tardó un poco en reaccionar, probablemente si el mensajero no le hubiera hablado, no hubiera reparado siquiera en su presencia.

__-¡Oh! Nunty... Disculpa, estaba... ¿Qué tal todo?-exclamó de forma distraída, volviéndose hacia el divium.

__-¿Un día duro eh?

__-Algo así

__-Tranquilo, todos tenemos alguno-Nundy acabó de rebuscar en su cartera y sacó una pocas hojas y cartas-Te traía un par de mensajes de tus socios, y también hay uno de esas cartas para tu aprendiz.

__-Mira, eso son buenas noticias-contestó el hombre recibiendo los papeles-Quizá eso le anime un poco.

__-¿Anda mal el chaval? ¿Desamores o algo?

__-Algo así...
*CRAW* *CRAW*
__Con un par de graznidos, el cuervo se acercó volando hasta los brazos extendidos de ambas personas y se posó en el del divium, para disgusto de éste.

__-¿Compañero nuevo?

__-¡Ni en un millar de años! Me viene siguiendo desde hace horas y no se ha desviado un pelo del camino hacía Ryssan, creo que es un cuervo mensajero.-el divium levantó su brazo para observar al ave, descubriendo el mensaje enganchado en la pata de este-Y efectivamente, aquí tenemos un mensaje.-extrajo el pergamino y desplegando lo justo y necesario leyó-"Tarot, viejo amigo." ¿Te suena de algo?

__-Si, para bien o para mal si...-respondió el herrero con recelo, en su rostro se dibujó una fugaz mueca de fastidio al oír el nombre del destinatario.-Creo que tu cuervo ha cumplido con su cometido, el susodicho Tarot esta de huésped en mi casa.

__-Mira que conveniente, un problema menos.-exclamó risueño el joven divium-Bueno Reginn, te dejó. Tengo que llegar hasta Nos antes de que sea mediodía.

__-¿Cuándo volverás a pasar por aquí?

__-Una semana, dos a lo mucho.

__-Formidable. Hasta la vista Nunty, cuídate.

__-Que sea leve, señor Solberg.

__Con un fuerte aleteó, Nuntius salió volando, despidiéndose con un gesto del brazo y el cuervo le siguió poco después. Reginn se giró de nuevo hacia su humilde choza de madera y la turbación volvió a él. Pero el anciano sabía que no es bueno postergar las cosas, y tenía que trabajar. Tampoco le gustaba demasiado mostrar que tenía un lado sensible, y ya llevaba perdonando al escamado varios días. Así pues, dio un fuerte resoplido y se dirigió al interior de la casa con intención de despertar a sus ocupantes.
__Se disponía a levantar el brazo para agarrar el picaporte de la puerta de entrada cuando de pronto ésta se abrió por sí sola, y detrás de ella apareció el pardo y escamado semblante de Aulenor, su aprendiz. Una pequeña muestra se sorpresa se dibujó en los amarillentos ojos de aquel mono escamado; pero en unos ojos tan afligidos y desensibilizados como los que tenía el nagar desde su regreso, aquel signo de desconcierto apenas era notorio.

__-¡Oh! Maestro.-exclamó con un tono demasiado neutro, demasiado apático.-Buenos días.-sus labios esbozaron una pequeña sonrisa, que, sin pasar de cordial, no consiguieron a los ojos del muchacho, que bajaron la vista rehuyendo el contacto visual más allá de estrictamente necesario, luego añadir-Siento llegar tarde, me pondré a trabajar ahora mismo.

__-Buenos días, Abe.-respondió el herrero tratando de ocultar en su tono su sorpresa y preocupación-Justo me disponía a llamarte para eso.

__El nagar asintió como respuesta, dejando baja la cabeza; y viendo que el herrero se retiraba a un lado para dejarle pasar avanzó hacía el taller. No dio más de dos pasos antes de que las palabras de éste le detuvieran de nuevo.

__-¡Abe!

__-¿Si, Maestro?

__-¿Estas bien?

__El aprendiz de herrero soltó un pequeño bufido, casi inaudible, luego se dio la vuelta y alzó de nuevo la mirada hacía los grises ojos de anciano, tratando de dibujar con sus labios una sonrisa algo más convincente que la anterior, pero sin conseguir más que preocupar más al anciano respondió:

__-Si, Maestro. No se preocupe. Me pondré con las armaduras del encargo de Mirrizback.

__-For-formidable-respondió sin convicción el herrero-Eso es simplemente... formidable.

__Ante aquellos ojos y aquella respuesta, Reginn no pudo hacer más que observar con desazón como sin volver a levantar de nuevo la mirada, su aprendiz avanzaba por el taller hasta su mesa de trabajo con la misma viveza que uno de aquellos zombies zhalmienses que mueven trenes.

__Reginn no se había movido aun de la puerta cuando oyó como en el interior de la casa, unos pasos comenzaron a avanzar en su dirección y al poco, se les unió un largo y exagerado bostezo que no hizo más que irritar al maestro herrero.

__-Buenos días señor Solberg, ¿Qué tal ha amanecido?-exclamó la profunda voz de Tarot.

__Tratando de ocultar la molestia en su mirada, el anciano se volvió hacia el umbral de la casa y vio la perezosa cara del mago en el interior de ésta, bostezando mientras se rascaba con ambas manos, con una su recortada pero espesa barba marrón y con la otra el trasero. Probablemente no haría ni dos minutos que se había despertado,  y aun así ya vestía su peculiar y distintivo ropaje oscuro con brillos naranjas de una sola manga acompañadas de aquellas grebas color café acolchadas que tan pesadas parecían.

__-Podría haberlo hecho mejor-respondió el Reginn, con cierto tono elocuente.

__Ambos sabían que al herrero no le hacía demasiada gracia la magia, y aunque trataba de ser amable con el geomante por respeto a lo que había hecho por el muchacho, en lo profundo sentía que todas aquellas cosas eran culpa de éste, que estaba descarriando al joven escamado hacía un camino oscuro y apartándole de la respetable vida de herrero en la que el anciano le veía trabajar tan laboriosamente desde que le acogió como aprendiz.
__Por ello, ambos humanos, no hablaban demasiado entre sí más que el mínimo de cortesía entre dos conocidos o entre un anfitrión y su huésped. El chico era lo único que los unía; nada más.

__-Pues a mí me han despertado unos graznidos, ¿Te lo puedes creer?-dijo el mago mientras trataba de desperezarse--¿Acaso hay un sonido más lúgubre para despertarse? Ni siquiera creía que fueran comunes los cuervos por aquí.

__-No, desde luego no los son-respondió el herrero, mientras se le iluminaban los ojos. Casi se le habían olvidado los cartas-En realidad el cuervo era un mensajero, y traía una carta para ti.

__Le entregó el mensaje al mago, quién le recibió confuso y desenrollándolo comenzó a leer con curiosidad. Luego, Reginn se acercó hacia su aprendiz con renovadas esperanzas.

__-¡Abe! Casi se me olvida...

__-¿Si, Maestro?

__-Ha llegado una carta-le indicó con noto sugerente mientras alargaba el brazo para entregárselo al escamado.

__El semblante de Aulenor efectivamente cambió al visualizar el sobre, pero no como había esperado el anciano. Al verla, sus ojos se abrieron como platos horrorizados, un ligero tembleque se apoderó de sus brazos y si su piel no estuviera recubierta de escamas, probablemente su rostro hubiera palidecido.
__Tragó saliva, intranquilo, y alargando una temblorosa mano, recibió la carta de su maestro como si estuviera sosteniendo una vela encima de un montón de pólvora.

__-Gra-gracias, maestro-respondió, guardándose la carta tan rápido como pudo, más por quitársela de la vista que otra cosa.

__El desaliento se apoderó del rostro de Reginn mientras esté exclamó un "de nada" y se retiraba alicaído hacía la forja. Que aquellas cartas que tan contentó ponían a su aprendiz cada vez que recibía una, que tan esmeradamente se apresuraba a contestar, fueran recibidas con tal temor... Que el que consideraba el último recurso para alegrarse fallará de esa forma... Le destrozaba el alma.

__-¡Reginn!-le llamó Tarot desde la entrada al taller, haciéndole un gesto con la cabeza-Un momento.

__El anciano asintió, dirigiéndose hacía el interior y una vez dentro, ambos se alejaron todo lo posible del taller antes de pronunciar una sola palabra.

__-¿Lo has visto?-preguntó con un susurro solemne el mago.

__-Si.-respondió el herrero con el mismo tono-Está destrozado. La verdad es que no sé qué hacer al respecto.

__-Si te soy sincero, yo tampoco estoy seguro. Pero no creo que deba quedarse aquí y basar su recuperación en aislarse del mundo. Debe recuperar la confianza en sí mismo.

__-¿Alguna sugerencia al respecto?

__-La carta que he recibido. Un amigo me pide que viaje Phonterek para ayudarle en un asunto. Creo que Aulenor debería venir conmigo.

__-¿Qué salga otra vez de viaje? ¿Tan pronto? ¿Y encima a Phonterek? Pocos lugares hay peores para un antropomorfo.-el tono de voz del anciano se fue enfureciendo y subiendo de tono; Tarot tuvo que hacerle gestos con las manos para que se calmara.

__-Tiene que sobreponerse al miedo que ha adquirido, volver a ilusionarse con algo,
Recuperar la confianza en sí mismo. Eso no lo puede hacer aquí. No le quitaré el ojo de encima, cuidaré bien de él, te lo prometo Reginn. Pero está claro que esta situación te supera y yo no puedo eludir este compromiso. De verdad creo que es mejor que venga conmigo.


__-Puede que esto me supere; y que lo que dices suene razonable... Pero la idea no me gusta nada. Además, ¿cómo quieres convencerle de que vuelva a salir de viaje?

__-Se está concentrando en el trabajo. Mándalo a la ciudad diciéndole que va a comprar algún material y lo hará sin rechistar. Seguro que no te es difícil encontrar algo que te venga bien tener y que pueda tener al chico ocupado.

__-No acaba de convencerme-gruño el herrero-Pero más te vale tener siempre un ojo encima de él.





__Cinco días de viaje habían pasado desde que Aulenor salió junto con Tarot de Ryssan en dirección hacía Thonomer, hacía Phonterek. Reginn le había mandado a comprar un pequeño cargamento de valioso zafiacero para un misterioso encargo especial que acababa de recibir; le había dado la dirección de un conocido en la ciudad así como una recomendación a la hora de presentarse ante éste y el saco de dinero necesario para comprar el material y pagar por el viaje.
__La casualidad había quería que un conocido de Tarot le hubiera pedido ayuda para tratar un asunto en la misma ciudad, y así ambos habían partido juntos. Sin embargo, y a pesar de los intentos de Tarot por dar conversación y animar al chico, Aulenor no mostraba demasiado entusiasmo y se limitaba a responder de forma escuetas y a conducir la carreta.
__Habían cruzado la frontera tres días atrás y no debía de quedarles mucho hasta llegar a la ciudad. El clima era agradable, no hacía tanto frío como cabría esperar de tan al norte, solo una pequeña brisa que hacía que las nubes se movieran tapando de vez en cuando al sol; esos momento eran los únicos dónde hacía algo de frio, pero en seguida la nube pasaba y el sol volvía a calentar. Aulenor llevaba un humilde jubón marrón de manga larga y un pantalón de trabajo algo viejo y usado pero que por lo menos era de su talla, y que tenía un agujero en la parte trasera sospechosamente bien ajustado al grosor y la altura de su cola. No pasaría mucho frio con ello.

__-¿De verdad que no te interesa el qué tengo que hacer en Phonterek?-preguntó Tarot, tratando de sacar conversación una vez más.

__-Realmente, no demasiado, no.-respondió Aulenor, sus palabras eran demasiado sinceras y demasiado desganadas.

__-Si tiene que ver con asuntos mágicos, pensaba que esas cosas te gustaban.-replicó el mago.

__-Y me gustan, pero...-el escamado no supo terminar la frase.

__-Falqued, un viejo conocido, me ha mandado esta carta-comenzó a explicar el mago ofreciéndole la carta al nagar, quién le echo un vistazo sin demasiados ánimos-La universidad de Phonterek es un sito bastante reconocido para aprender magia formalmente, de los más seguros también. Pero por desgracia, las visiones de Falqued suelen ser acertadas.-hizo una pausa, dándose cuenta de que el tema puede que fuera algo más lúgubre de lo que pensó en un primer lugar-Pero si le miras el lado bueno, puede que veas algunos hechizos que no volverás a ver en toda tu vida.

__-¿Quién es este Rodrick del final de la carta?-preguntó Aulenor una vez acabó de leerla, devolviéndosela al mago. Más por aparentar algo de interés en el asunto por educación que por verdadera curiosidad.

__-Francamente, no lo sé. Conozco a por lo menos cinco Rodricks en Thonomer, tres de ellos en Phonterek pero en principio ninguno relacionado con Falqued. Supongo que lo descubriremos a su debido tiempo.

__La conversación volvió a apagarse y el traqueteo de las ruedas en el camino, el andar de los bueyes y el viento volvieron a reinar como únicos sonidos. Mirando por el rabillo del ojo para asegurarse de que Tarot no miraba, Aulenor se llevó una mano hasta el mango de Krabato, su espada, respirando profundamente, tratando de tranquilizarse y apartar el fugaz pensamiento que había invadido su mente sobre la posibilidad de que aquello tan malo que iba a pasar involucrase demonios.



__Unas pocas horas más de viaje y por fin vieron en el horizonte la imponente murallas de la gigantesca Phonterek. De las ciudades que había visto Aulenor en su corta vida, solo Esmeralda se acercaba ligeramente a lo grande de la urbe que se extendían ante ellos ahora.

__-¡Al fin llegamos! Muy bien ¿recuerdas el plan que hemos hablado?-exclamó el mago.

__-Si, actuaré como si fuera tu esclavo en todo momento menos cuando vayamos a comprar el zafiacero.-respondió Aulenor de forma casia automática.

__-Si te molesta aún estamos a tiempo de actuar de otra forma.-le propuso Tarot.

__-No, comprendo perfectamente el porqué, ya he estado en varias ciudades así. Cuanta más gente peor tratan a los que somos distintos. Además prefiero que tú hables.--le contestó el escamado. No levantó siquiera la vista de los animales que tiraban del carro, al hacerlo.

__-Esta bien.-dijo el mago, mirando al chico con preocupación-Casi que mejor dame la espada, al menos hasta que crucemos la muralla, se ve sospechoso que la lleves tú.

__Al oír aquello, el brazo de Aulenor se lanzó hacia Krabato, agarrándola con fuerza; a la vez que la cabeza de éste giraba para lanzar una mirada de desconfianza hacía el mago, quién reacciono tratando de calmarlo con un gesto con las manos.

__-¡Tranquilo! Solo lo decía porque no es normal que los esclavos vayan armados y...
Bueno, supongo que podremos apañar algo si no te sientes seguro. Quedatela.


__Aulenor volvió a bajar la mirada avergonzado y apenado. Sin embargo, solo acercó la espada aún más a él.

__-Perdona, Tarot, pero...-el tono del nagar amenazaba con dar paso a un llanto en cualquier momento, pero no llegó hasta tal extremo.-No puedo. De verdad que no puedo.

__-Tranquilo, no pasa nada. Ya te lo he dicho, apañaremos algo.

__-¡Tarot! Una cosa más.-exclamó Aulenor, mirando de vez en vez la cada vez más cercana muralla y regresando la vista hacia los animales.

__-¿Si?

__-Tratemos de evitar muchedumbres, por favor. Y mu...-fue a decir algo más, pero se frenó-Bueno, da igual.

__-Muy bien, evitaremos las masas de gente. A mí tampoco me gustan, demasiados olores y demasiado poco espacio. ¿Es que acaso creen que somos ganados? Hay una cosa que se llama espacio vital y que la gente no sabe respetar.



__No tardaron mucho en encontrarse en una cola de carromatos que avanzaban lentamente hacia el interior de la ciudad, parando cada pocos metros antes de volver a ponerse en marcha. Al conseguir avanzar hasta las murallas, un guardia le paró a las puertas de esta, mirándoles de arriba a abajo a ambos, reparando bastante en el carro vació, el cuerpo de Aulenor, su espada y el brazo desnudo de Tarot.

__-¿Algún problema?-preguntó Tarot cuando considero que el soldado les estaba reteniendo más de lo debido.

__-¿Quieres sois? ¿Qué os trae a Phonterek?-respondió el guardia con tono de muy pocos amigos.

__-Puedes llamarme Yogan, soy comerciante y vengo a aprovisionarme de materiales.
¿Algo más?
-el tono de Tarot tenía un repimpineo de autoridad y confianza dignos de un autentico comerciante creído.

__-¿Y el engendro?-replicó el guardia haciendo un gesto con la cabeza hacía Aulenor, este no se atrevió siquiera a levantar la mirada.

__-Mi sirviente. ¿Precisa acaso de que le enseñemos algún documento? ¿Que concertemos cita? A los demás no he visto que les parasen de esta forma.

__-¿Y siendo su esclavo lleva espada?

__-Ayudante y guardaespaldas. Si los entrenas bien, no hay peligro ninguno con ellos.

__El guardia, aun receloso, siguió tanteando a Aulenor con la mirada, consiguiendo al final que éste levantará un instante la mirada, solo un instante. Seguía estando tan afligida e insensible como lo llevaba estando desde hace mucho tiempo; como probablemente tenían la mirada la mayoría de esclavos que aquel guardia pudiera haber visto en su vida. Pareció ser suficiente para acabar de convencer al soldado, quién se apartó a un lado dejándoles pasar con un gesto del pulgar.
__Aulenor espolear a los bueyes y la carreta se adentró en las pulcras y ordenadas calles de Phonterek. Tarot esperó un poco a alejarse de la muralla antes de indicarle al nagar que tomasé un desvió y luego comenzó a hablar.

__-Te juro que si por mi fuera le hubiera derretido la muralla entera encima a ese gilipollas. Y lo peor es que ya sabíamos que nos encontraríamos a alguien como él. No puedo imaginarme lo que es estar en tu pellejo,
Aulenor, de verdad.
-exclamó lleno de rabia el mago.

__-No pasa nada, al final todo ha salido bien.-respondió el escamado, sin levantar los ojos de los bueyes.

__-¡Claro que pasa! Eh... Sigue por esa calle, al final hay un establo bastante rentable. Es lo mismo que la primera vez que te conocí, tú estabas dispuesto a que pasaran por encima de ti como si nada. ¿De verdad no te das cuenta de que te tratan como si fueras un animal?

__-No pertenezco a este lugar, no puedo echarles en cara sus costumbres.

__-Costumbres... je... Claro que puedes Aulenor, claro que puedes. Más cuando son tan asquerosas como estas. Anda baja a pagar por dejar el aquí carro y luego directos a la universidad.

__-¿Y el encargo de zafiacero?

__-Eso lo ultimo, Aulenor. Si lo cargamos ahora, lo único que conseguiremos es que nos roben y con razón. Que por cierto, casi que mejor dame a mí la bolsa, que no es plan de que te roben.



__Tras dejar el carro y los bueyes a buen recaudo en aquel establo, no tardaron demasiado en llegar hasta la Universidad; Tarot se conocía el camino, al fin y al cabo. Por el camino, a Aulenor le llamó bastante la atención lo limpias que estaban las calles respecto por ejemplo, a las ciudades de Keyback; pero sobre todo, lo tranquilas que estaban. No había casi gente por la calle, al menos no hasta llegar a la susodicha universidad.
__Delante de aquel imponente edificio decorado con estatuas que daba comienzo y entrada al recinto universitario, había una gran plaza que en aquellos momentos se encontraba abarrotada de gente gritando y protestando. Tarot y Aulenor se quedaron a una distancia prudencial de la muchedumbre, respetando la palabra que el mago le había dado al escamado, quién nervioso, llevaba apretaba la empuñadura de su espada cada vez más.

__-Yo diría...-comenzó a decir el mago mientras miraba al cielo. De pronto, y sin bajar la vista de las nubes, apuntó con la mano a un grupo variopinto grupo de personas algo apartado del resto-Que mis contactos son aquellos.

__Aulenor levantó la vista un instante para ver al grupo que señalaba Tarot. Eran cinco, un centauro con aspecto de bruto, un elfo con aspecto de rico, una elfa algo mundana, una humana con aspecto de noble y pelo blanco, y una anciana que... hacía algo con el trasero del centauro. Bajó la mirada de nuevo.

__-¡Vamos!-le animó Tarot, iniciando la marcha mientras hacia un gesto con el brazo para que el nagar le siguiera.-¡Buenas!-exclamó al acercarse lo suficiente al grupo-Vosotros debéis de ser los contactos de Falqued, me imagino.
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Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

Mensaje por Strindgaard el Jue Jul 27, 2017 7:50 am

Theminis se levantó de la cama sin saber muy bien porqué. Últimamente, con esto de la destrucción total de los cánones mágicos, le había dado por salir de casa a primera hora del día, con el ambiguo crepúsculo entre la oscuridad y el amanecer, y caminar sin rumbo fijo por las calles hasta llegar agotado hasta algún punto de la ciudad con las piernas temblorosas y el corazón martillándole en el pecho. En su cabeza siempre había tenido mucho sentido la frase “Los Dioses no juegan a los dados”, pero luego de ver cómo su mesa de centro salió cabalgando por el comedor, un pensamiento comenzó a llenar el espacio entre sus orejas: “Los Dioses sí juegan, y mucho.”

Es cierto. Los dioses de Noreth, cuando no se encuentran ensartados en guerras y no están siendo borrados del Panteón, suelen jugar un rato al rol en sus tiempos de ocio. Y en este preciso momento uno de ellos estaba lanzando un par de dados, y por lo visto había escogido un peón bastante particular.

Theminis van Luthar esta vez salió de su hogar con rumbo a la Universidad. A medida que se acercaba sentía las voces guturales y apagadas de la multitud que siempre desde la última semana se iba a parar fuera del portón de la casona para pedir que hicieran algo al respecto con los magos, los cuales a pesar de estar en cuarentena, al parecer seguían causando estragos con su magia.
El problema no son los magos —había dicho una y otra vez Luthar, molesto por las autoridades quienes habían decidido encerrar a los magos, incluyendo algunos amigos—, es la magia. La magia se ha vuelto irascible y espontánea. No servirá de nada que los encierren.
Pero nadie lo había escuchado, y eso estaba bien, porque como se estaba poniendo la cosa frente al portón, hubiera sido mejor que él no tuviera nada que ver con ello.

Para cuando llegó a la Universidad se quedó de pie mirando todo el alboroto. Se estremeció de frío y pensó, o más bien tuvo la corazonada de mirar hacia la puerta. Pero nada nuevo había allí. Sólo los cuatro soldados que siempre se colocaban a vigilar que nadie entrase o saliese de la Universidad. Se rascó la barba de bajo del mentón, ahí donde una vieja cicatriz en forma de media luna evitaba que le creciera vello. Una daga drow, solía contar a todos, pero se lo había hecho su gato.
Se fue a sentar al otro lado de la plaza, y desayunó en un pequeño local con aire despreocupado.

Parecía otro día de extraña quietud en la ciudad. Pero no podía evitar mirar cada cierto tiempo hacia el portón, hasta que a eso del mediodía vio llegar un enorme centauro, y a los minutos un elfo. Su curiosidad a medida que llegaban otras figuras a acompañar las primeras dos comenzó a arder de una manera insana. Finalmente, algo le dijo que debía ponerse de pie cuando llegaron los dos últimos hombres.
Con extrañeza se vio de pie y avanzando hacia ellos. Vaciló un instante, y tomó aliento. Él era un aventurero innato, un explorador de esos que llegan hasta la médula del asunto, pero poco a poco, últimamente, se sentía fuera de él.

La inquietud se apoderó de él en cuanto llegó hasta el grupo. Sabía de alguna extraña manera que todos esos días los había estado esperando.
Buenos días —dijo en cuanto llegó hasta ellos—. Si son tan amables.
Hizo un gesto con la cabeza en dirección hacia la esquina occidental de la Universidad, esperando a que el grupo lo siguiera. Supongo que vienen a liberar a los magos. Ya era hora, Pensó.
Cuando llegó a la esquina se rascó la barbilla, conocía una que otra manera de entrar por otro sitio que no fuera la puerta, pero debía de pensarlo bien, sino la historia de su próxima cicatriz sería un poco más real.
Mi nombre es Theminis van Luthar, señores. Y señoritas. Si no estoy muy equivocado, me parece que ustedes están aquí, y yo estoy aquí por lo mismo. —Una extraña alegría surgió de su pecho al notar que su voz no había transmitido el miedo y nerviosismo que sentía en ese preciso instante, pues nunca jamás antes había tenido ni medio kilómetro cerca a tantos elfos juntos, ni mucho menos un centauro—. Conozco tres maneras de entrar en la Universidad. La primera es por el portón, pero creo que deberíamos descartar de lleno esa opción. La segunda es por la parte de atrás, donde se puede pasar por sobre los muros saltando de la techumbre de un lupanar cercano hacia el invernadero de mandragoras —miró al grupo para ver qué
decían—. Y la tercera sería por debajo. Hay algunas celdas en el subterráneo de la casona que se conectan con un viejo burdel que ahora funciona como una taberna de mala muerte. Ustedes eligen.
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Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

Mensaje por Strindgaard el Jue Ago 03, 2017 5:55 am

Theminis van Luthar esperaba que el grupo de siete personajes debatiera entre ellos por cuál sería la mejor opción a seguir para poder colarse en la Universidad sin que nadie lo notara. Pero en vez de eso vio como cada uno de ellos escogía la mejor opción.
El centauro (por el cual el noble sentía una profunda adoración por ser el primero de su especie en conocer) dijo que prefería entrar por la puerta principal luego de argumentar lo problemático que sería para él tener que cruzar por arriba o por abajo el muro de la casona.
Qué imponente bestia. Ya quisiera yo tener esos abdominales.

La elfa meditó un instante para luego decir que el lupanar sería su opción a seguir, pues el túnel no le llamaba la atención en lo absoluto. Theminis analizó la voz de la mujer, que parecía no llevarse bien con los túneles.
De seguro no quiere ensuciarse la ropa. Pensó.

La oronda mujer (que parecía igualar la panza de van Luthar así como su sentido de la aventura) decidió que la puerta principal sería sin duda por donde ella debería entrar, pues ella no se iba con rodeos. Luthar asintió y sonrió ante la resolución de la humana.
Necesito una mujer así. Pensó.

La albina se encogió de hombros. Para ella cualquier opción era válida. Theminis esperó a que dijera algo más, pero al parecer ella tenía ya planes propios.
El elfo no dijo nada. Por el rostro ido que tenía, al noble le pareció que estaba pensando en algún asunto élfico de gran complejidad.
Por último el tipo que tenía más cara de mago opinó. Theminis oyó las importantes razones por las que finalmente el hombre decantaba ir por el túnel.
Theminis asintió. Y luego miró al muchacho que estaba a su lado.
Este muchacho tiene pinta de ser su mascota, ¿le pregunto a él también o quedaré como idiota si lo hago?
Decidió preguntarle. Al menos el chico le contesto.
Por lo menos sabe hablar el común. Bien.

Contó mentalmente los votos. Había ganado la puerta principal. Suspiró. Esto sería más complicado de lo que pensó.
No sé si lo notaron, pero hay una porción no despreciable de residentes de Phonterek que no está muy a gusto con lo que sucede en la Universidad. Creen que los magos tienen algo que ver con todo esto que sucede con la magia.
»Si estas personas notan que tenemos algo que ver con todo esto, no será muy difícil para ellos ponernos las manos encima, pues no hay una buena cantidad de ladrillos entre ellos y nosotros para resguardarnos como a los magos.
El noble se cruzó de brazos y habló más seriamente.
Y también está el asunto de los guardias. Son guerreros pagados por las arcas de los mercaderes de la ciudad. No tengo ni el dinero ni el apellido para hacer que nos dejen entrar. Y como pueden ver, tampoco la contextura física. Aunque lo mejor no sería hacerlos enojar —miró al centauro cuando dijo esto—, pues meterse con ellos es meterse con los mercaderes.
El noble miró por sobre su hombro hacia la entrada principal de la Universidad, había una veintena de personas reclamando, y los cuatro soldados parecían estar hechos de piedra frente a ellos.
En fin. Esa es mi advertencia. Haceos lo que mejor os parezca.

Dicho esto se ajustó el cinturón y trató de poner su rostro más serio.
Seguidme. Hacia la puerta principal.

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Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

Mensaje por Aulenor el Sáb Ago 12, 2017 2:38 am

__Aulenor siguió a Tarot hasta aquel variopinto grupo, sin embargo, no se presentó a si mismo. Tampoco le introdujo Tarot, cómo que  el escamado agradeció. Simplemente, se quede detrás del mago, tratando de que la silueta de éste le ocultase y echando una mirada muy de vez en cuando a los presentes, sobre todo al centauro, pero nunca mirado a ninguno de ellos los ojos.
__No tardó demasiado (no tuvieron siquiera tiempo de acabar las presentaciones) en unírseles otro señor, un humano entrado en años y algo barrigón, cuya voz era la más grave y profunda de todos los presentes, incluyendo al centauro. No tardó encaminar la conversación hacía hallar y debatir la forma mas conveniente de entrar en aquél monumental edificio ante el que estaban reunidos, y la discusión no tardó en hacer demostrar el fuerte carácter de los tertulianos, así como la diversidad de opiniones.

__Sin embargo, Aulenor no tardó en perder el interes en lo que quiera que tratara aquella conversación o en su resultado. En su lugar, la pequeña criatura negra y blanca que observaba con interés a todos los miembros del cuerpo despues los pies de éstos le llamó la atención. El escamado se agachó hacía ella, ajeno a lo que pasaba alrededor.
__-¿Nickel?-le llamó.
__Como respondiendo al llamado y confirmando que se habían reconocido, la criatura se acercó hasta él, saltando de pronto sobre su cabeza y, una vez sobre ella, alargó su cuello para mirarle fijamente con sus imperturbables ojos negros. Frente a frente. Aunque con la cabeza boca abajo.
__Aquella criatura era Pumpernickel, el kaoras compañero de aquella elfa con la que había viajado por Valashia hacía dos años, junto recién salia de Rukyn y no conocía nada del mundo exterior. Trató de acariciarlo, mientras aun estaba posado en su cabeza, observandole. Pero tál y como habia esperado, la reacción de la criatura fue abandonarlo al menor roce, y regresar junto a las piernas de la elfa, quién ahora conversaba acaloradamente sobre la posibilidad de incendiar algo como distracción.
__Por si fijarse en su ahora apreciable y familiar voz no era suficiente, el nagar consiguió reunir el suficiente valor como para alzar la vista un instante, tan solo un instante, hasta los almendrados ojos de la fémina. Era Balka.
__Sin levantar de nuevo la vista, Aulenor aparto su rostro de la elfa, tratando de ocultarlo, y se zafó aun más detrás de Tarot. En aquel momento realmente lamentó no tener una capa o alguna prenda con capucha para poder ocultar su rostro y sus escamas. No quería que le reconociera, estaba seguro de que no sería capaz de dirigirle la palabra, no a una mujer, no aun siendo Balka. Lo único que pudo hacer fue recoger su cola alrededor de la cintura, tratando de imitar un cinturón, y rezar para pasar desapercibido el suficiente tiempo como para que Tarot y él se separasen de la elfa.

__Mientras tanto, la conversación había seguido y cómo el escamado no habia estado atenta a ella, no estuvo preparado para cuando Tarot se separó del grupo, harto de oir hablar sobre pretender ser juglares, o un comité de investigación, o sobre pociones, o sobre incendios distractorios. ¿Cuanto tiempo pretendian seguir discutiendo sobre cómo entrar? Allí tenían encerrados a los magos.
__El geomante, atravesó la multitud como hoja llevada por el viento y se presentó ante los dos guardias armados que custodiaban la entrada.
__-¡Hey, hola! Tengo un problema, me preguntaba si podríais ayudarme.-comenzó a explicar. El guardia más cercano a él hizo ademan de empujarle para echarle de allí, pero Tarot se volteó señalando al resto del grupo y esquivando el empujón el proceso.-Mis colegas y yo hemos oído que todos los magos de la ciudad deben estar dentro de la universidad, y nosotros, que llevamos de juerga un par de días, no nos habíamos enterado de que estábamos incumpliendo el orden. Así pues, venimos a que nos reúnan con el resto de eruditos. Todos y cada uno de nosotros somos magos, no lo dudeis. Si necesitais una prueba.
__Dirigió una mano hacía el suelo, con la intención de levantar una losa de la calzada sobre su cabeza. Sin embargo, cuando ésta se encontraba a la altura de su pecho, dejó de ascender y de pronto comenzó a emitir un sonido agudo y atronador. Para ser más exactos, el llanto de un bebé recién nacido.
__Reduciendo su sorpresa una profunda pero rápida aspiración, el mago extendió los brazos teatralmente hacía la piedra llorona.
__-¿Qué decís jeh? Impresionante ¿verdad? ¡No me iréis a decir que no!
__-Como quieras.-respondió el guardia tras un fuerte suspiro de resignación, abriendo el portón con un ademán.
__-¡Y no os olvidéis de mis amigos!-indicó Tarot señalando al resto del grupo.
__-Robb, trate a todo ese circo aquí y que se metan dentro.-ordenó el guardia a su compañero, con un tono de hastío en la voz.

__Tarot esperó junto al guardia y a la piedra llorona a que todo el grupo atravesará el umbral. Aulenor no tardó en alcanzarle y situarse detrás tuyo.
__-¿Cómo has hecho que la piedra cobre vida?-le susurró.
__-Si te soy sincero, Aulenor, estoy tan asombrado cómo tú. Más incluso. Algo extraño pasa con la esencia en este lugar, y estoy bastante seguro de que por eso estamos aquí.-le respondió el en un tono aun más bajo y escondido de lo que el escamado le habria preguntado. Las personas fueron pasando y cuando llegó su turno de atravesar el portón, añadió-Trata de no lanzar ningún hechizo en lo que estemos aquí.
__-¡Pade're!-exclamó de pronto entre llanto y llanto la piedra animada a la espalda de los dos geomantes, comenzando a seguir al mayor, flotando y llorando desconsoladamente.-¡No me abandones, Pade're!
__-Lo que faltaba...

__Al entrar al edificio, el grupo se encontró en una gran y amplia ala principal, revestida en mármol y adornada con estatuas y estanterías. Frente a ellos, se encontraban quince ancianos ataviados con coloridas túnicas y puntiagudos sombreros, tipicos de los magos de cuento. Pero a diferencia de estos, se les veía a todos decrépitos y desnutridos. ¿Cuanto tiempo llevarían allí encerrados?
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