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La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

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Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

Mensaje por Balka el Miér Nov 22, 2017 4:11 pm


____Balka recostó la cabeza contra la fría pared de piedra, suspirando. A su lado la puerta hacia las catacumbas seguía abierta y la miró con desagrado, apartándose como si ésta fuera a engullirla sin previo viso. Se frotó los ojos conteniendo un gruñido de frustración, con el pulso aún acelerado. Sentirse decepcionada consigo misma era irritante y comenzaba a pensar que haber venido a rescatar el mugroso culo de Falqued quizá no merecía los conflictos internos que estaba desatando.

____-¿Pasa algo, elfa? ¿Le sucedió algo a los demás? - le preguntó el Archimaestre al verla allí sentada, en solitario.

____La mujer torció el gesto de mala manera, no estaba de humor para lidiar con ningún mago y consigo misma en ese preciso instante.

____-Alguien se tiró un enorme pedo y tuve que correr para salvar la vida. -comentó con sarcasmo.- Sospecho de la pija en armadura, pero no descartes al otro elfo. Los snobs son siempre los peores.

____El mago frunció el ceño y se alejó de ella con un resoplido. Balka rebuscó en la bolsa de su cinturón y alzó el colgante de la golondrina a la altura de sus ojos, sosteniéndolo en el aire. Centrarse en otra cosa le iría bien. Como antes, el redondo medallón parecía moverse en leves círculos más allá del propio pulso de la elfa, lo cual la tenía intrigada desde hacía rato. Pensó en el acertijo que acompañaba la nota. "En círculos vuela la golondrina, buscando lo que quiere hallar..." ¿Era así? Hmmm. Pero tiene que saber lo que quiere buscar. Hm hmm... Le dio la vuelta para observar las runas inscritas: eran delicadas pero de trazo firme, inesperadamente bonitas. Y de repente le vino una idea a la cabeza. Sostuvo el colgante desde la cadenilla de cobre y lo hizo girar en amplios círculos como siempre parecía querer hacer la golondrina, a un palmo del suelo. La reacción no tardó en mostrarse: con un movimiento brusco la cadena se tensó como un palo y se alzó a su derecha estirando de los dedos, apuntando firme en aquella dirección. La elfa parpadeó y se puso de pie de inmediato con una leve sonrisa en el rostro, interesada.

____Pronto se dio cuenta de que el medallón era una especie de brújula que apuntaba en una dirección concreta por muchos giros o regiros que ella hiciese, sin perder "su objetivo". Y cuando Balka acabó en la propia entrada de la universidad, justo por donde había venido con toda aquella panda de frikis, se dio cuenta de qué clase de "brújula" era aquella. Contempló los grandes portalones cerrados y los estrechos ventanales que prometían un cielo amplio y un exterior sin estrecheces. La tensión de la cadena cada vez se hacía más suave según la claustrofobia de la mujer se iba calmando. Miró el objeto, fascinada, sin saber muy bien si quería que algo fuese capaz de leer sus emociones más profundas y exteriorizar "soluciones". Es más fácil ignorar las cosas que afrontarlas. Soltó la cadena antes de que ésta perdiese toda su tensión para ver qué es lo que pasaba, pero el colgante cayó al suelo con un golpecillo metálico, quieto. Al parecer sólo funcionaba si tenía un portador.

____Lo recogió y se lo colgó al cuello, bajo la camisa. Fue entonces cuando se dio cuenta de que algo estaba sucediendo: los magos parecían enfrentados entre sí. Dos de ellos habían aparecido con los cinturones repletos de frascos que amenazaban con deslizarse hasta sus tobillos, llenos de líquidos de diferentes colores y masas que no auguraban buenas noticias. La mujer los observó discutir en segundo plano con los brazos cruzados, analizando la situación y dándose cuenta de la algarabía del exterior. Aguzó el oído. Oh, sí. El sonido amalgamado de la turba furiosa que, con razón o sin ella, desea pasar a cuchillo aquello que la importuna. Un leve estremecimiento le recorrió la espalda, ya que una de las especialidades de los humanos estaba por suceder.

____Los magos de los cinturones empezaron a acalorarse mientras discutían con el Archimaestre, querían emprender su propia huida abriéndose paso a base de pociones sin darse cuenta de que no tendrían suficiente para toda la turba afuera congregada. Que sin poder usar la magia, eran igual de útiles que la piedra llorona invocada por el mago que acompañaba a Aulenor.

____-¡Les prohíbo que salgan de aquí! -vociferó el Archimaestre con un deje desesperado, alzando las manos con intención de usar algún hechizo.

____Balka soltó un enorme suspiro y puso los ojos en blanco. Esta gente era imbécil. La discusión subió de intensidad y comenzaron a gritarse un poco. Dio dos sonoras palmadas para atraer la atención de los presentes y distraerlos de empezar a usar la magia en un espacio cerrado con ella presente. No tenía intención de mediar en el asunto por arreglar las cosas, sino porque había tenido suficiente magia defectuosa para un par de siglos de vida y no deseaba ser transvaporizada otra vez.

____-Muy bien, señores, vamos a calmarnos  y...

____Pero no le dio tiempo de decir nada más, porque el suelo comenzó a temblar. No de manera brusca al principio, pero sí lo suficiente como para que permanecer de pie se tornara un poco complicado. Los magos aprovecharon el momento para escurrirse tras el Archimaestre con una sorprendente agilidad. El temblor inició un crescendo gradual. Los disidentes abrieron los portones de la universidad y se lanzaron al exterior armados con sus frascos y matraces y parafernalia de cristal diversa. Los magos, el Archimaestre y la elfa se asomaron al exterior para observar su huida y cómo, por el camino, daban uso a la alquimia lanzando las pociones sobre un pequeño grupo de ciudadanos cabreados que en vano quisieron detenerles, dejando algunos cuerpos tirados sobre la suave hierva de la entrada.

____Al principio fue imperceptible, pero llegó un momento en que la tierra ya no pudo aguantar más y, con un terrible sonido desgarrado, comenzó a agrietarse. Grandes hendiduras, como bocas hambrientas, se abrieron rodeando todo el perímetro de la universidad, separándola del suelo, de la ciudad... alzándola lenta, pero inexorablemente hacia los cielos azules. Balka abrió mucho sus ojos moteados y se aventuró hacia el exterior, guardando el equilibrio como buenamente pudo, cayendo al suelo y arrastrándose por los bruscos movimientos que hacía el edificio al volar. Sí. Estaban volando. La Universidad de Phonterek volaba hacia rumbo desconocido como un pájaro liberado.

____La mujer rió, divertida, sorprendida, preocupada y estupefacta, sentada sobre la hierva y observando cómo se alejaba la ciudad allá abajo a una velocidad cada vez mayor. Estaba cerca del borde, pero no lo suficiente como para que un trozo de tierra se desprendiese y la despeñara. Todo aquello era fascinante y terrible a la vez. A su alrededor trocitos de tierra y rocas flotaban a unos palmos del suelo. Ella misma se sentía un poco más ligera.  El terruño flotante tardó un poco en estabilizarse a la altura adecuada, pero en cuanto lo consiguió emprendió camino en una dirección concreta. Balka se puso en pie, sacudiéndose los pantalones y respirando profundamente el frío aire que golpeaba sin piedad, tambaleándose un poco y caminando con cuidado. Tenía el pulso acelerado, la adrenalina disparada y una enorme e inquietante sonrisa en sus labios eternamente rojos. Para bien o para mal, las cosas empezaban a ponerse interesantes.

____-¡Archimaestre! -gritó para hacerse oír, volviendo hacia la entrada del edificio con algo de dificultad.- ¡¿Qué hay en esa dirección?!

____Señaló con el dedo la dirección hacia la que se dirigían, tomando de referencia por dónde había quedado la ya invisible Phonterek. El viento azotaba con cierta furia por la velocidad adquirida. El aludido se agarró las barbas de una manera bastante cómica. Tras él apenas si se asomaban tres magos, el resto habían desaparecido. Probablemente buscando algún lugar seguro que no encontrarían.

____-¡¿Yo diría que La Aguja?! -exclamó.- ¡¿La Aguja de Rain?!

____-¿¡Tirian-Le-Rain?!

____El hombre asintió vigorosamente, con los ojos muy abiertos y totalmente perplejo, tratando de decidir qué era más importante: agarrar su sombrero o agarrarse al dintel. La mujer fijó su vista en el horizonte que empezaba a combarse, aún quedaba un rato de trayecto; suspiró. En un gesto noble, los magos salieron en rescate de los cuerpos desperdigados sobre la hierva por culpa de sus compañeros de profesión, después de haber anudado debidamente bajo la barbilla sus volátiles sombreros puntiagudos.

____Tirian-Le-Rain. Un bastión militar humano que entrenaba entre sus inexpugnables rocas a guerreros capaces de enfrentarse a tres veteranos a la vez. O al menos eso es lo que había escuchado. ¿Estaba alguien haciendo volar la Universidad o se trataba de otro fenómeno extraño...? Sin embargo el rumbo no presentaba la conducta errática de los errores de la magia... ¿Con qué motivo se dirigían hacia allí...? ¿Quién dirigía aquel peñasco arrancado como un capitán un barco? El rostro lleno de arruguitas de Falqued apareció en la mente de la elfa. ¿En serio? Nah. ¿Era capaz de organizar semejante destrozo pero luego no de graduarse..? Se agarró a una enorme gárgola destrozada que había caído de la fachada, sacudida sin duda por el temblor inicial; algunos mechones de su rubio cabello revoloteando por culpa del fuerte aire. Y siguió riéndose para sus adentros, porque tanta incertidumbre se estaba volviendo inesperadamente entretenida.


{ - sin perder la ronrisa... }
¿Qué está bien y qué está mal? Dime.
¿Qué ética tiene la llave de lo moralmente aceptable?

{ ...pero perdida en ella - }

Diálogo - #d65151
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Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

Mensaje por Aulenor el Sáb Nov 25, 2017 6:14 pm

__-Mis leales amigos, gracias por haber venido en mi ayuda.
__Todo el edificio temblaba según tomaba altura, alguna de las piedras que conformaban las paredes de las catacumbas comenzaron a amenazar con no aguantar, tomando una posición que debía de resultarles mucho más cómoda. Al fondo, de la sala, no muy lejos de uno de los Falqued, el suelo no aguanto y se desmoronó, dejando ver a los presentes el gran hoyo que había dejado la universidad en el centro de la ciudad, allí donde antes se alzaban sus muros. Poco a poco, la ciudad quedaba más lejos.
__-¿Ese es tú amigo?-le pregunto Aulenor a Tarot, éste pareció ignorarle.
__-Nos espera un gran peligro en La Aguja de Rain (y creo que acabamos de perder el factor sorpresa) pero no desesperen, tenemos algo mucho mejor.-continuó Falqued mostrando una piedra.
__-¿Has hecho volar una jodida universidad entera con runas?-exclamó sorprendida la peliblanca.
__-Eso son minucias-cortó Tarot, avanzando hasta el frente del grupo-, Falqued ¿Qué es lo que está pasando? Explícanoslo de una vez.
__-No hay tiempo de dar mayores detalles.-respondió el Falqued más cercano a la puerta-Pronto vamos a caer sobre el techo de la fortaleza de Le Rain, deberán dar todo de sí, todo. ¡Joder! Tendremos que enfrentarnos a un mago, y no uno cualquiera… El séptimo hijo de un séptimo hijo...
__-Un mago sombrerero...-intervino entonces la anciana, sus palabras parecian ser una burla, pero su tono y semblante era completamente serio.Oh, bueno...eso es malo también.
__Dos de los Falqued comenzaron a reírse ante esta última afirmación.
__-¡Viejo desgraciado!-una nueva voz se alzó desde el fondo del grupo, al girarse el grupo descubrió que un humano, cubierto con un sombrero y con una barba marrón, demasiado joven para ser uno de los magos, se les había unido en algún momento-….emm… ¿Vengo en paz?-exclamó el recien llegado, alzando las manos al ver cómo le miraba el resto.
__-¿Oye…vas a estrellar el castillo?-dijo la peliblanca, dirigiéndose de nuevo a Falqued.
__-No me vengas con "No hay tiempo" compañero. ¿Quién es ese mago y por qué nos enfrentaremos a él?-la siguió Tarot.
__-Ha contratado a los mercenarios de Le Rain, y usa su fortaleza como bastión. Desde allí usa alguna especie de conjuro que vuelve caótica la magia.
__-¿Cómo lo amplifica por toda la zona? Debe tener una manera de que no lo afecte a él. ¿Seguro que la magia no funcionara allí?-pregunto de nuevo la chica.
__-¿Cómo puede hacer caótica la magia sin volver su propio hechizo caótico?-pregunto la anciana casi al mismo tiempo.
__-Supongo que ha de ser un hechizo más poderoso, o bien, otro tipo de magia…
__-Un hechizo que controla la propia esencia...-murmuro Tarot para sí mismo.
__-No sé si la magia profana se ha vuelto caótica. O la Sagrada.-Siguió Falqued.
__-Frank Morgan. Un gusto conocerlos.-exclamó mientras tanto el recién llegado a la espalda del grupo, los que estaban al frente no le hicieron mucho caso.
__-Ho-hola-respondió Aulenor al ver que era el unico que le seguía mirando.
__-No se por qué hayan venido ustedes aquí, asumo que no será por el paisaje; pero yo solo necesito que el viejo termine de construir un objeto que le había comisionado, y por el cual le pague…
__-Eh... pu-pues más o menos, a todos les llamo Falqued pero...el hombre comenzó a moverse en dirección a al Falqued más cercano, parecía que no había oído el balbuceo del escamado-Supongo que da igual...
__-¿Y qué es esa piedra?-Se oyó decir a Tarot de nuevo en el frente. Nadie le hizó caso tampoco.
__-Oye oye, en serio, escúchame, ¿vas a estrellar el castillo?-insistió de nuevo la peliblanca.
__-No me preguntes a mí, decidle al Falqued que conduce.
__La gente comenzó a aferrarse a las paredes, y sobretodo a alejarse de aquel agujero, que se había agrandado ya dos veces en lo que llevaban de charla.
__-Si, lo va a hacer-afirmó la anciana, poniéndose una escoba entre las piernas-Al menos si las lecciones de escoba que le di son precedente.
__Aulenor se acercó a su compañero.
__-Tarot...
__-Ahora no es el momento Aulenor-le respondió, cortante el mago, señalando con la cabeza el boquete.
__Aulenor se acercó levemente, pegado a la pared hacia el hueco, se podía ver cómo se acercaban de nuevo hacia un suelo rocoso, o mucho más concretamente montañoso.


Fin del comunicado
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Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

Mensaje por Margaret Orgaafia el Dom Nov 26, 2017 9:08 pm

El viaje por las catacumbas fue aburrido...no para Margaret, pero para los demás. Ella se entretenía modificando de vez en cuando los cadáveres que veía, moviendo sus tiesos miembros -y me refiero a los brazos, malditos pervertidos- y caras, modificando sus posiciones y toda su escenografía.

De esta manera, dos monjes  esqueletos en pie  y con espadas en sus manos acabaron con uno metiendo la mano bajo la túnica del otro y con el susodicho mirando al otro con la boca -¿o es la mandíbula?- semiabierta, en un shock de sorpresa. Del mismo modo, un esqueleto que estaba sentado, con un farol en sus manos, acabo con un cigarrillo entre sus dientes que le otorgaba una forma de portero descarado.

-¿Que? Son señales en caso de que nos perdamos...-replico, bajandole los pantalones a otro esqueleto, con otros tres apuntandoles, con cara de estar riendose.

De repente, apareció entre las sombras un hombre. Este suceso no extrañaba para nada a la anciana, cuya historia de su vida tendía usar en muchas ocasiones esa misma frase. Pero muchas. Tantas veces que algunas novelas detectivescas estaban por pagar patente a la mujer por ese tipo de escenografía*.

-Oh...El gusto es enteramente mio, querido...-dijo Margaret, moviendo suavemente las cejas y las pestañas, en una acción que años atrás habría sido seductora, pero que ahora podría levantar tormentas eléctricas. Sin embargo, esa expresión desapareció momentáneamente ante la mención sobre el viejo mago- ¿No serás el amante de...

Sin embargo, la expresión desapareció cuando leyo el manuscrito.- Oh...-dijo, entrecerrando los ojos para verlo bien, como hacen todas las ancianas, a pesar de tener una vista y oídos especialmente buenos.- Entonces esta enteramente bien...-replica, con una risa que llena de calidez el lugar, como si fuese un pasillo de una taberna y no una concentración fantasmagórica de muertos y posibles experimentos mutantes. Finalmente, le dio una nalgada al especialmente duro trasero del joven recién llegado y continuó la marcha, terminando su frase- Y muy firme...

Finalmente, llegaron al punto en el que el bastón paro de tirar de la cintura de avispa (gigante) de Margaret, cayendo al suelo ante su...sus dueños. La anciana suspiró, mirando a los tres hombres, simplemente hablando con cansancio.- Falqued...se que siempre quisistes probar el sexo en grupo, pero esto es ridículo...Mas que cuando lo intentaste con esa pobre marinera borracha...

Sin embargo, la anciana no podía estar más errada y pronto la magia que se despertó a causa del viejo loco empezó a elevar la construcción. El tirón suave habría hecho a la anciana caerse de culo si no fuese por que la masa de su cuerpo estaba duramente agarrada por la fuerza gravitatoria que la misma producía hacia abajo. En otras palabras, un pequeño temblor no iba a hacer caer a una anciana que podría corresponder al 20% de la masa muscular de todo el profesorado de la universidad en la que estaba.  Lo que si inauguro la tragedia fue cuando un hueco se abrió en el suelo. Margaret dio un salto para atrás, pero....fue inevitable...

Una corriente de aire traicionera recorrió todo el cuarto, en dirección vertical, alzando las gruesas capas de tela que cubrían a Margaret. Lo que ocurrió es un misterio, envuelto en un enigma, rebozado en el aceite de las incógnitas. Algunos dicen que misteriosamente no paso nada. Otros dicen que un agujero de oscuridad absorbió la luz existente en el cuarto, cegando a los presentes. Margaret solo añade que se le subió un poco la falda. El narrador desea que solamente se vieran unas bragas color carne muy arrugadas...

La versión de Marga:

Cuando todo se estabilizó, comenzaron las preguntas. Todos se lanzaron al cuello del viejo loco hechicero. Muchos respecto a la situación, otros por la locura que estaba haciendo...Finalmente, cuando el idiota barbudo acabó, pudieron escuchar la respuesta.

-No hay tiempo de dar mayores detalles.-respondió uno de los Falqued, con prisas y a lo loco-Pronto vamos a caer sobre el techo de la fortaleza de Le Rain, deberán dar todo de sí, todo. ¡Joder! Tendremos que enfrentarnos a un mago, y no uno cualquiera…

-Un mago sombrerero...-Esos hijos de puta eran los peores. Te dicen que una pamela morada te combina perfectamente bien con ese traje que conseguiste rob...quit...arrebatar a una mujer en las rebajas, y ni mencionar que pareces una berengena rellena. Además, se acuestan con tu marido cuando no te das cuenta.

-El séptimo hijo de un séptimo hijo...-dijo, dedicandome una mirada que parecía decir que no abriese más la boca.

-Oh, bueno...eso es malo también.-Respondo, haciendo caso omiso a lo que el caballero decía. Si hubiera hecho caso cuando los hombres me dijeran que cerrase la boca, Margaret no estaría donde estaba**...

Las preguntas se volvieron a disparar como las avispas en un colmenero atacada por un adolescente***. Finalmente, la mujer se digno a preguntar otra cosa.

-¿Cómo puede hacer caótica la magia sin volver su propio hechizo caótico?-pregunto la señora, intrépita y preguntándose si había alguna manera de defender sus habilidades de los locos que estaban haciendo los hechizos. O replicarlo, por que, joder...para una fiesta esto era perfecto.

-Supongo que ha de ser un hechizo más poderoso, o bien, otro tipo de magia… -replico el viejales a medias, conociendo que la mujer tenia malas intenciones.

Sin embargo, el turno de preguntas paró cuando el edificio empezó a descender en dirección a otro edificio, con nosotros dentros. La peliblanca, la cual podía ser una prostituta habilidosa o una demonio con un gusto muy de burdel respecto a la ropa, gritó a Falqued que si nos iba a estrellar.

-Si, lo va a hacer-afirmó la anciana, poniéndose su escoba entre las piernas, flotando levemente en medio del cuarto para evitar cualquier tipo de temblor. Solamente tenía que seguir estática y el movimiento del lugar no le afecterían- Al menos si las lecciones de escoba que le di son precedente...-Añade, recordando las últimas veces que el mago se coloco sobre su escoba. Para ser un hombre, tenia un manejo pésimo de un palo entre sus piernas.****

Aun asi, mientras el edificio caía, la mujer se deslizo hasta donde el atractivo recién llegado se agarraba por su vida y pregunto.- Oye, chato ¿después de esto quieres tomarte una birra?

*Algo que muchos novelistas eróticos ya estaban haciendo. Sinceramente, no se podía escribir un párrafo en ese género sin tener que pagarle dos centavos a Margaret por palabra.
*En un castillo volador conducido por un mago ligeramente(bastante) incompetente.
***El como es ya asunto del tipo de imaginación de cada uno.
****Probablemente fuese por que era una escoba y no estaba acostumbrado a usar una como mago/hombre/nini.
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Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

Mensaje por Strindgaard el Sáb Ene 20, 2018 4:16 am

Tirian-Le-Rain


El general gruñó. El capitán hubiera hecho lo mismo de no haber estado la rechicero a su lado. El viento del oeste golpeaba a las tres figuras que se apostaban en el balcón de la inconfundible torre albarrana de Tirian-Le-Rain, única por encontrarse fuera de la fortaleza, anexada por un arco de piedra del que cualquier divium tendría vértigo de mirar hacia abajo.
Es efectivamente... una gran edificación, quizá un castillo, lo que avanza entre las nubes, directo hacia nosotros —El general entregó el catalejos al capitán y miró interrogante a la rechicero—. ¿Tiene idea de qué estamos próximos a enfrentar, mi señora? —Aquello sonó extraño. El general no acostumbraba llamar señor a nadie.
La joven muchacha, de piel lechosa, cabello como alas de cuervo y ojos muertos, giró en redondo y entró a la torre, dando la espalda al militar. Avanzó hasta la gran mesa donde el consejo de mercenarios que se hacían llamar “Armaduras Blancas” se había reunido para tramar la defensa, alzó la copa de vino que reposaba sobre un mapa de la región y bebió con total tranquilidad.
Afortunadamente, sí —el vino en la copa de ella era diferente al del resto, de un preocupante tono púrpura, una cepa extraña, un vino producido por brujos y hechiceros: color del ocaso—. Sólo conozco a una persona capaz de esto —la voz melosa de la joven rechicero parecía acariciar los oídos de los mercenarios, quienes la observaban con el mismo ahínco con el cual se observa el fuego en una noche helada—. Y no por su capacidad mágica, sino porque posee la locura suficiente para ello. Un castillo —dijo casi para sí—, ese demonio cree que podrá asaltar Tirian-Le-Rain desde arriba.
¿Un Demonio? —Murmuraron los hombres reunidos alrededor de la mesa.
¿Es algo de lo que nos deberíamos preocupar, mi señora? Nuestra defensa aérea es baja —apostilló el capitán desde el balcón.
A mi no me parece una locura —agregó el general—. En toda la historia de nuestra fortaleza nunca se ha escuchado de un ataque aéreo de tal cualidad. Sólo contamos con un pelotón de wyverns para tales efectos. Un bien demasiado preciado para lanzarlo contra lo desconocido —El consejo asintió unánime, como bestias amaestradas dieron apoyo a las palabras del militar, mientras murmuraban sobre la inexistencia de tal precedente.
La rechicero —se le dice rechicero y no rechicera porque éstas últimas son una especie tan rara que ni siquiera tienen un nombre propio como tal— sonrió restando importancia al asunto, le dio otro sorbo al vino que hacía tiempo le había teñido de púrpura los labios y se volteó para mirar a los ojos al soldado.
La demencia y la insensatez van de la mano, general. No se preocupe. Acercarse de esa manerani siquiera esperó la noche para al menos tener algo de ventaja. Es como pedir a gritos que les haga daño.
La última palabra tuvo un tono violento y carmesí que le erizó los vellos de la nuca a todos los presentes.
La rechicero se acercó de nuevo al balcón.
¿Qué pretende hacer? —Preguntó el capitán, con palpable consternación.
Cuando nos conocimos me preguntó qué clase de bruja era, general —la voz de la rechicero había cambiado, ya no era la voz de una bajita y menuda muchacha, sino la de un hombre, una rasposa voz que rayaba en la vejez—. Yo le dije que eso era como preguntar la edad a una doncella, y eludí la respuesta.
El cayado de la rechicero daba golpes sordos mientras ella miraba un cielo azul salpicado de nubes blancas.
General—su voz cambió nuevamente, volvía a ser la voz de una niña, pero había algo espectral en ella. Sonaba lenta y suave, casi ahogada, como si llegara a través de una delgada pared—. Ahora le mostraré qué clase de bruja soy.


Los cientos de mercenarios de Tirian-Le-Rain detuvieron sus quehaceres, llamados por el peculiar cambio en la presión del aire. Apostaron en los patios de entrenamiento, en las afueras del observatorio, del comedor, por las ventanas de la biblioteca, miraron con curiosidad al cielo, atentos a lo que estaba pronto a suceder.
Las pocas nubes blancas que cubrían un cielo semi despejado comenzaron a dispersarse a medida que nubes más gruesas y oscuras las reemplazaron.  La universidad, que se acercaba implacable hacia la gran fortaleza pronto quedó cubierta por los primeros nubarrones, indicios de una tormenta que prometía ser feroz. De un momento a otro, un viento proveniente de las implacables montañas trajo consigo un gélido y cacareante viento, que se coló por todas los rincones de la edificación.
La ventisca inesperada, silbante, aguda y filosa, cobró fuerza y dejó caer sobre toda la región una lluvia pesada como monzón, fuerte como un ariete, desfiló por entre los pasillos y los patios, barriendo a los mercenarios por la piedra mojada, obligándoles a buscar refugio a rastras. Los truenos no se hicieron esperar, retumbando como el martillo sobre el yunque de Kharzum.
Me recuerda a las tormentas invernales de Yagorjakaff. —La armadura del general repiqueteaba como un cazo viejo mientras los grandes goterones caían sobre él, delante, la rechicero movía su cayado frente a ella, mientras la calavera que colgaba de la punta del madero ondulaba formando un círculo invisible.
El frío comenzaba a morder la piel, y la lluvia se transformó pronto en granizo.
¡Siento el sabor del trueno y el rayo bajo la lengua! —la helada arreciaba sobre la rechicero, golpeando suavemente su piel, empapando su oscuro cabello, su terso rostro—.  ¡Sólo debo pronunciar su nombre! ¡Sólo debo posar mi mirada sobre ti! ¡Acércate, sólo un poco más…!


La tormenta estallaba alrededor de la universidad, formando ciclones entre las puntiagudas torres y amenazando con cerrar su puño sobre la roca. El edificio se mecía como un pájaro atrapado entre los vientos. El agua entraba como si alguien hubiera dejado abierta una ventana hacia el mar, y los magos y pobladores que se encontraban en el salón principal se sentían cada vez más en un barco a punto de naufragar.
¡Busquen refugio en las habitaciones! ¡Rápido, al segundo piso!
El archimaestre se arrastraba a duras penas contra la creciente marea que entraba a raudales por la puerta principal. Los ciudadanos de Phonterek, que en un momento habían entrado para linchar a quienes habían destruido la paz en su ciudad, obviaron sus diferencias y se guardaron su odio, y ahora ayudaban a los cuatro guardias a subir los viejos magos por las escaleras para evitar que fueran arrastrados por la corriente hacia los bordes del terreno.

¡Falqued, ¿Qué haremos?! —gritó a todo pulmón Theminis van Luthar.
Abajo, en el fondo de la universidad el viento entraba como un animal salvaje por el forado en el suelo, empapando a todos los por igual con granizo y lluvia.
¡Debemos aguantar! —Ladró Falqued, el aprendiz de mago, para hacerse escuchar por sobre la tormenta.
¡No podré resistir mucho más! —Gruñó el grueso troll mientras apuntalaba la puerta de la cueva. Al otro lado se podían oír por sobre la tormenta los fuertes rugidos y gritos de lo que parecía ser bestias, y por debajo de la puerta el agua salía a chorros.
¡¿Qué es Wacken?!
¡Los Homúnculos! ¡Se han despertado!

Las antorchas que iluminaban la cueva rápidamente se comenzaron a apagar con el soplo incesante del viento. El techo crujió y grietas aparecieron como telarañas. El agua comenzó a fluir por ellas, creando una lluvia artificial sobre los aventureros. En un parpadeo el forado en el piso se agrandó mucho más, amenazando con hacer desaparecer el suelo por completo, haciendo entrar granizo, mucho más grande y pesado del que caía cientos de metros más abajo. Todo comenzó a colapsar en las penumbras.
¡Faaaalqued! ¡Sácanos de la tormenta! ¡El Edificio se vendrá abajo!
¡Sólo un poco más…!


¡Los veo, general! —El capitán estiró su mano al firmamento, a lo lejos se podía apreciar la universidad como una mole del tamaño de un barril, una pieza de piedra cincelada cubierta de nieve que se acercaba derrapando, dejando atrás las negras nubes y cogiendo velocidad gracias al viento que los empujaba como si se tratara de un velero—. ¡Nos impactarán!
La rechicero sonrió.
Observen, pequeños humanos. —La joven estiró su mano hacia el edificio, pronunció el nombre del trueno y el rayo…
Entonces…


...Nada sucedió.
El rostro de la rechicero se convirtió en una máscara de incredulidad.
¡¿Qué…?!
Arriba, desconociendo totalmente en el peligro que se encontraban, los aventureros no notaron cómo el ambiente dentro de la cueva se tornaba denso, mientras un regusto eléctrico se podía oler en el aire. Las nubes a su alrededor se tornaron púrpuras y rojas, y la lluvia se transformó en sangre.
¡Están a menos de un kilómetro y acercándose a gran velocidad! ¡¿Ordenes, general?!
¡¿Mi señora?!
Con la respiración entrecortada, la rechicero volvió a pronunciar el nombre del trueno y el rayo, con la vista fija en la masa de piedra sangrante que se acercaba a ellos como una flecha.
La fortaleza y el pueblo alrededor se bañó de rojo, mientras el cielo volvía a cambiar. Esta vez el granizo se volvió afilado y multicolor.

¡¿Falqued, qué está sucediendo?!
Una de las saetas, con el arcoiris apresado en su interior se clavó en el cuello del Falqued que flotaba en el centro de la sala. El mago no alcanzó a notar que había sido herido, y cayó muerto sobre la tarima, justo al mismo tiempo la universidad perdió el control, dejó de flotar y comenzó un rápido descenso.
La joven golpeó furiosa con su cayado el barandal del balcón.
¡La magia! ¡¿Qué le sucede a la magia?!
¡El castillo! ¡Observen!
¡¿General?!
La rechicero se miró las manos, incrédula. En la mesa, la copa de cristal llena de vino del ocaso comenzó a dar tumbos por toda la mesa, regando el púrpura por todo el mapa. De las manchas comenzaron a crecer gordos duendes de plata que se pusieron a berrear apenas y les creció la boca. Las sillas se comenzaron a revelar en contra de sus dueños, cabalgando en todas direcciones mientras piafaban y coceaban, y en el techo, el fuego de las velas se desperezó, se bajó de la mecha y se echó a volar.
¡Despejad el área, preparaos para el impacto! —Atinó a decir el general—. ¡Quiero a todos listos para cuando lleguen!
¡Señor, están a menos de quinientos metros! ¡No hay tiempo!


¡Faaaaalqued! ¡VAMOS A MORIR!
El suelo lleno de grietas comenzó a desmoronarse a tiempo que la universidad entera descendía en diagonal hacia el interior de la fortaleza, directo sobre Tirian-Le-Rain. Falqued miró sus manos manchadas de sangre proveniente de las nubes.
Esto es obra de una magia poderosa. Poderosa, pero caótica —dijo con solemnidad—. Ha funcionado.
¿De qué hablas, viejo chiflado? —Theminis lo agarró por el borde de la túnica y lo zamarreó—. ¡Has algo! ¡Tú nos pusiste en este predicamento!
El aprendiz de mago observó a su alrededor, lo había logrado. Su plan estaba a punto de llevarlo a la parte más difícil. Tragó saliva. Observó a quienes habían oído su llamado.
Amigos, es momento de salir de aquí.
Se adentró en la oscuridad de la cueva para luego aparecer con sus petates. Desenrrolló por el suelo una gran alfombra llena de runas cosidas en pan de oro por sus costados.
¡No pierdan el tiempo! —Chilló, haciendo señas para que todos se subieran al trozo de tela tendido.
¡¿Qué diantres haremos sobre esto?!  —Exigió saber van Luthar justo cuando posó su orondo cuerpo sobre la alfombra.
Volar. ¿Acaso no es obvio?
Todos corrieron a la alfombra.
Tarot. ¿tú no vienes?
El geomante era el único que no se había subido todavía. Tenía ambas manos posadas en un costado de su vientre, su rostro estaba pálido.
Falqued corrió hasta donde se encontraba su viejo amigo, le tomó las manos.
¡Por los dioses!
El geomante tenía una saeta de arcoiris clavada profundo en su piel. El aprendiz de mago le abrió la ropa buscando la herida. Pero el vientre no sangraba, desde dónde tenía enterrada la flecha el frío y la escarcha se extendía por su cuerpo.
No temas. Te salvaré.
Falqued —Theminis le cogió por el hombro—. Caemos.
Ayudadme a subirlo a la alfombra.
Cuando faltaban unos pocos metros para besar el suelo, el aprendiz de mago activó las runas grabadas en los costados. La alfombra se elevó.
¡Falta el troll!
Él sabe qué hacer. No te preocupes.


La alfombra se deslizó por el suelo cuando éste terminaba de desmoronarse.
El grupo de aventureros descendió hacia el suelo de piedra del patio de entrenamiento y tras de ellos, una lluvia de escombros cayó de la parte inferior de la universidad, regando el suelo teñido de sangre.
El gran trozo de tierra y piedra que alguna vez fue la universidad terminó su viaje de cientos de kilómetros cayendo como un meteoro justo entre las salas de entrenamiento, el estudio y los baños, enterrándose en la piedra, fundiéndose en la estructura de la fortaleza, como si siempre hubiera estado allí.
El segundo piso de los restos de la universidad quedaron a ras de piso, de una ventana asomó una tímida cabeza.
¿Hemos sobrevivido, o así es el cielo?
El archimaestre sacó su redondo cuerpo por la ventana contigua, tras de él salió el corro de magos a duras penas junto a los guardias, y el puñado de pobladores que había osado entrar a la universidad. A unos metros de distancia estaba la alfombra con todos los aventureros a bordo. Incluyendo varios Falqued.
Este no es el cielo. ¡Es el infierno!
Hola Rhondan.
¡¿Dónde está el grimorio, bufón, idiota, maníaco aprendiz de mago?!
Ayúdame Rhondan, debemos salvarlo.
El aprendiz le mostró la gélida herida del geomante.
Podría —dijo el archimaestre—. Pero la magia... es muy arriesgado.
Tarot —Falqued le tomó la mano a su amigo—. No temas, arreglaré la magia y te sanaré. Resiste.
¿Y si dejamos el melodrama para después? —Atinó a decir Theminis mientras observaba a su alrededor.
Aunque bajo la universidad reposaban varias decenas de mercenarios, aún quedaban varios cientos alrededor de la fortaleza, empapados en sangre, cansados y atemorizados. Observaban la escena en el centro de la fortaleza como se observa un horrible cuadro, a la distancia, con total asombro. Y miedo.

¡Armaduras Blancas! —Gritó a viva voz el general desde lo alto de la muralla—. ¡Es momento de defender su fortaleza del temible invasor! ¡A las armas! ¡Sin prisioneros!
Los mercenarios se miraron entre ellos, habían sido tomados por sorpresa, la mayoría sin armadura, ni espada ni escudo. Pero el llamado de su general los despertó del sueño, y como hormigas comenzaron a moverse por todos lados.
Quiero a los jinetes wyverns, a los soldados de elite. Hazlos subir a todos. —Ordenó la rechicero con voz de barítono. El general miró a la muchacha, no solía recibir ordenes. Pero no rechistó.
El rechicero. —Bramó Falqued.
¿Dónde? —Preguntó Theminis.
Falqued apuntó a la muralla, a más de diez metros sobre ellos, al lado del general.
La pequeña niña vestida de blanco. Atrapaalmas.
¿Esa nena es la que ha ocasionado todo este embrollo con la magia?
Hay que matarla. No hay otra manera de que la magia vuelva a la normalidad.
Estás loco, Falqued. Has sacado de cuajo la universidad y la has traído a un nido de lobos. Yo sólo quería ayudarte a ti y a tus amigos a salir de la cuarentena que te habían dado los pobladores. ¡Ahora no sé si moriré por las espadas de las armaduras blancas o por la magia caótica de una pálida niña!
Debemos abrirnos paso por los soldados. Nuestro real objetivo es la rechicero. Debe estar controlando al general de Le-Rain para que luche en su nombre. ¿No lo entiendes? Si no la detenemos caerá con su magia sobre todo Thonomer, luego controlará Geanostrum. O peor aún: despertará a sus compañeros.
Me asustas Falqued. Creo que es momento de que nos digas a quién enfrentamos.
Cuatro fueron los invocadores que torpemente abrieron un portal entre nuestro mundo y el de los demonios. Cuatro fueron los que se separaron del grupo y obraron por su cuenta, desatando el Caos. Pero originalmente eran diez. Diez grandes hechiceros, guerreros, héroes y bestias que se unieron para rendir culto al Caos. Eran más que hombres, y menos que dioses, avatares de demonios que buscaron crear su propio culto, acumulando poder por cientos de años en el total anonimato. Pocos los conocían. Eran los Diez que Fueron Tomados. Cuatro de ellos abrieron la brecha en busca de más poder, alcanzando la fuerza para contender a los dioses. Pero los seis que restan, son apenas una sombra de lo que pueden llegar a obrar los Señores del Foso, y sin embargo, nunca oses subestimar su poder. Atrapaalmas es una de ellos, dentro de ella viven millares de almas de fieles que fueron engañados y seducidos. Controla todas las ramas mágicas excepto la divina, y cuando se de cuenta que la Magia Profana se ha potenciado cuando todas las demás se han vuelto caóticas, estaremos en problemas.

Theminis soltó el aliento de golpe, luego miró a lo alto del muro.
Mierda, Falqued. ¿A qué destino nos has condenado?
Sea como fuere —intervino con voz menos seria el aprendiz—, tenemos problemas más inmediatos que esos.
Decenas de soldados habían rodeado la universidad y el grupo.
¿Alguno tiene algún plan?



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Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

Mensaje por Margaret Orgaafia el Mar Ene 23, 2018 1:16 am

Margaret había sido espectadora de múltiples desastres a lo largo de su vida; sobrevivió al hundimiento del Tittys de Anic*, el estallido de tres torres de magos y múltiples catástrofes naturales**. Sin embargo, lo que estaba ocurriendo ante su mirada era algo nuevo. La habitación daba tumbos sin que ella hubiese tomado una copa de alcohol…ah y un edificio de varias toneladas parecía descender de manera rápida en dirección al suelo. Y ella estaba dentro. No su mejor tarde…

Por supuesto, la gravedad no es una ley establecida cuando eres una señora que vuela sobre lo que debería de ser un instrumento de limpieza. Siguiendo al grupo de claramente extraños individuos que ascendían en el aire sobre lo que debería ser una mopa decorativa, Margaret tuvo una epifanía.

Lo que fuera que los atacabas estaba usando un hechizo de distancia larga, pero estaba concentrado en la universidad y en los ocupantes. Si conseguía una posición privilegiada podría ver el curso de la batalla y tirar de las partes pudendas al enemigo. En ese momento, Margaret se aferró el sombrero, apretó las nalgas y con dos chasquidos de botas -algo muy brujeril- salió despedida directamente al torrente de cristales. Y, honestamente, se puede decir cualquier cosa de la señora, pero que no tiene reflejos no es una de ellas. Su cuerpo capaz de detener avalanchas y a mujeres celosas se movía con agilidad entre los espacios de los cristales, aunque también había que dar mérito de esto a una escoba que, claramente, no deseaba volverse cuatro trozos de paja al viento.

Finalmente, la señora logró la suficiente altitud para descifrar sin problemas las partes del castillo y ver a sus ocupantes moviéndose como adolescentes ante un atractivo y bien dotado pretendiente, nerviosas por lo que se les avecinaba. La mente analítica de Marga y los años de experiencia limpiando letrinas, ropa interior y sangre de las cortinas le permitió aclarar como la batalla iba a enzarzarse y, claramente, ella no se encontraba en el bando ganador. Los dedos de la señora rozaron su papada, pensando con profundidad. Había pocas maniobras posibles. ¿Una escapada rápida? ¿Lanzar botas desde el cielo?... La primera opción era tentadora y para la segunda solo tenía dos proyectiles. La mente de Margaret pronto regreso a la idea de una distracción, pero… ¿Qué tipo de distracción podía armar ella en medio de tal pandemónium?

-Bueno, que por intentarlo no quede…-dijo, remangándose las mangas de su vestido color berenjena e ignorando el racional monologo del narrador que designa sus acciones. Pronto, la mujer alzó las manos. Podía crear un clon con facilidad…y hacer que revolotease por el castillo, llamando la atención de los guardias.

Pero, como según la frase más repetida en la vida de la anciana, nada fue como lo esperado. En frente de la mujer, la energía empezó a vibrar, formando la misma silueta ancha de huesos y adorable que todo el mundo ama*** . Sin embargo, cuando el color estaba conformándose sobre la silueta, añadiendo los últimos toques de realismo terrorífico a la figura…algo salió mal. La figura empezó a distorsionarse, perdiendo su silueta humanoide y encerrando a la usuaria dentro de lo que parecía ser una burbuja semitransparente, del mismo color que el granizo multicolorido y orgulloso de sus alrededores.

-Vale…Esto no me gusta…-dijo, intentando moverse con la escoba y salir de su prisión jabonosa y con olor a ropa limpia. Sin embargo, por primera vez, la escoba no se movio.- Se que eres una maldita escoba, pero no hace falta tener simpatía por las pompas de jabon… -Dijo la mujer, meneando su parte trasera sobre la escoba, intentando moverla de su posición, pero sin lograrlo. EL único movimiento fue el de ascenso que hacía la burbuja con la señora dentro, introduciéndose dentro del cúmulo de nubes.

Cuando la anciana llegó al punto álgido de la tormenta, rodeada de truenos y relámpagos más propios de ciertos barrios alegres, se quedo quieta. Su conciencia empezaba a desvanecerse y la mujer empezaba a cabecear, intentando luchar contra la extraña presencia que cobraba fuerza en su mente. Mientras tanto, la superficie de la burbuja empezaba a temblar y a formar en su superficie pequeñas burbujas anexas a la misma, creciendo con rapidez sobre la misma.

-Esto….va a ser…muy bueno…-dijo Margaret, dando las ultimas cabezadas, incapaz de resistirse a la presión somnífera que invadia su mente- O va a salir terriblemente mal…-susurro, sosteniéndose sobre esta de una manera que la física aun no puede explicar.

En ese momento, ocurrieron varias cosas.

Yigionath alzó lo que debía de ser su rostro. Un libro de cuero, de dudosa procedencia, se abrió en su presencia y en sus páginas, también de dudoso material, palabras empezaron a escribirse. No era la primera vez que el nombre de Margaret Orgaafia aparecía entre los documentos del diabólico ser por realizar un acto mágico terrorífico y la criatura esperaba con ansias el nuevo hechizo que aparecería para plagar de pesadillas a los humanos.

Lluuhgua levanto la boca de cierta parte anatómica mal colocada, formada y claramente demasiado potente de una entidad cuyo género, como marcan múltiples clases universitarias, no debía ser asumido. Acababa de sentir la necesidad de ordenar a los súcubos que redoblasen los esfuerzos…

Mairsil se encontraba bastante nervioso. Múltiples musas le habían mandado mensajes de que sus artistas habían empezado a llorar y a romper múltiples obras de arte, afirmando que sentían una presencia horrenda descender sobre ellos.

Kiara notó un grito en la oscuridad del cosmos, un grito desesperado creado por las almas de múltiples hombres, y en específico catorce, que descansaban en su seno.

Eilian observaba. Sin embargo, puesto que era un dios sin forma antropomórfica, sus pensamientos no eran discernibles. Ni sus ganas de golpear la cabeza, o lo que debía de ser su cabeza, contra la mesa…ni sus dudas si reir o llorar.

Las nubes se volvieron más grande y todos aquellos que observaron ese sutil crecimiento fueron obsequiados con las primeras visiones del horror. Como tentáculo, misteriosas formas parecieron salir de la nube. Halitos oscuros con sincronizadas formas que se alzaban de entre los cúmulos, rasgando el viento a gran velocidad, extendiendo susurros potentes a su alrededor, empezaron a deslizarse por las torres mas altas y la superficie de la universidad.

Los soldados miraron atemorizado esa visión del averno, esa distorsionada visión, pero el general no era la clase de hombre que se quedaba parado ante la adversidad. Tenia hombres que dirigir y un ataque que rechazar.

-¡No os quedéis mirando, bastardos! -grito, alzando la espada- ¡¿Acaso os da miedo un truco de magia de mierda?! ¡Hemos luchado trolls, hemos luchado gigantes…-El soldado notó entonces una brisa rápida que le pasaba por los frontales y el reconocible dolor de un impacto sobre sus nalgas****. Sin embargo, eso no es lo que detuvo el discurso del capitán. Fue el miedo.

El miedo que no sintió cuando se enfrentó a la araña bicefála de Risghen. El miedo que no sintió cuando vio las llamas en el hogar que tanto había costado construir. El miedo que no sufrió ante las embestidas enemigas en la fortaleza de Singueard.

El miedo que no pudo evitar al escuchar, en sus dos orejas, dos voces diciendo de manera sincronizada.

Esas si que son unas nalgas duras como dos melones…

Pronto todo el mundo podía ver con claridad el verdadero horror de la monstruosidad que descendía desde el cielo. Las sincronizadas figuras se fueron dispersando, como abejas sobre un campo de flores, y ahora eran apreciables.

Miles de señoras de una destacable edad y atractivo descendían en el aire, como delicadas musas, trayendo palabras de confort, amor y esperanza.*****

Si me vas a clavar esa lanza espero que me invites a cenar antes…

Su numero era inmenso, rodeando rápidamente a los soldados de manera eficiente, moviéndose como sombras sobre ellos, dando la sensación de una bandada de urracas que habían encontrado algo dorado.

"Eso si que es rellenar un pantalón y no lo que hago yo con los canelones de mis sobrinos"

El mar de violeta parecía casi invulnerable a los ataques físicos, por mucho que se empeñasen las presas vestidas de soldados.

Ey, el buenorro con brazos para exprimir naranjas, ¿te tomas un coñac luego?

Y lo peor de todo era que los ataques a distancia tampoco funcionaban, sobretodo cuando iban en escobas ágiles, que las desviaban de los ataques nada más venían. Solamente un hombre guardaba la esperanza de salvar a sus compañeros, un soldado que había salido directo a las caballerizas, en pos de liberar a los gwyvern y darles cierta capacidad aérea.

Sin embargo, la esperanza se borró de sus ojos en cuanto entró en el lugar.

-¿Quién es un dragon fuerte y bueno? ¿Quién? -susurraba una de las Margarets, acariciando el escamado hocico de uno de los gwyvern. Este soltaba pequeñas nubes de humo con cada suave caricia, mientras sus patas golpeaban la madera del gusto.

En las otras estaciones, Margarets alimentaban a los dragones o les rascaban el cuello con suaves palabras, dignas de una encantadora de animales profesional, de esas que salen en las leyendas. Ante esa visión, el hombre estuvo a punto de desvainar la espada y retroceder hacia atrás, sin embargo…pudo escuchar con claridad como dos pares de pies interceptaban su salida. Dos soplos de humo, proveniente de lo que solo podían ser puros, rozó sus metálicas hombreras. Olían igual a como debía de oler el infierno...

-Hola, chato…

La puerta se cerró discretamente.

Mientras tanto, un grupo de Margaret descendió junto con sus compañeros. Un total de 15 señoras mayores, montadas en escoba, los rodearon. Falqued se había cubierto la cara en la mitad del acontecimiento y claramente estaba riéndose de manera impropia.

-Callate, viejo chivo…-dijo una de las Margarets, mientras descendían al suelo y le daba un sopapo con la mano de los anillos.- Tengo localizado el epicentro de toda esta locura, puedo llevaros…Sin embargo, solo puedo mantener a los soldados ocupados un rato…-dice, pasando la voz entre las Margarets de manera casi siniestra- Estas mierdas se deshacen al mínimo golpe…




*En el cual tuvo que tirar a cierta golfa que acaparaba de manera estúpida un armario flotante para poner a un joven al borde de la congelación. El hecho de que el caballero fuese un rubio despampanante es irrelevante.
**De los cuales, la amplia mayoría habían sido causados por alguna herejía a algún dios/archidemonio/profeta loco.
***Nos gustaría recordar desde la Asociación de Narradores anónimos que esta mal amenazar, chantajear e intentar sobornar con favores sexuales a los narradores. Aunque los dos primeros sean efectivos…
****Pues, no importa lo duro que es un soldado en el presente, siempre hay un pasado en el que un flacucho y raquítico chico recibe nalgadas durante su entrenamiento detrás.
****De nuevo, desde la Asociación de Narradores, pedimos que se deje de amenazar de manera masiva a los narradores, sobretodo ejércitos sexagenarios.
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Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

Mensaje por Aulenor el Jue Ene 25, 2018 3:44 am

__El viento aullaba mientras al atravesar el agujero mientras cobraba cada vez más y mas fuerza. La lluvia que traía con él se aseguraría de que los nuevos peinados con los que estaba dotando a todos los presentes se mantuviera al menos durante el resto de la aventura venidera.
__Pronto, la tormenta arreció aun más, aquel agua pasó a granizo mientras el viento tomaba la fuerza de un tifón. Estaba claro que el edificio no aguantaría mucho más, y el techo se debió de dar cuenta, porque comenzó a restallar, las piedras que formaban la estructura de la sala cada vez se sentían más distantes unas de otras. Y fue entonces una de las que bordeaban el agujero decidió que ya había soportado bastante y cedió, convenciendo con su decisión a varias de sus vecinas que en un momento organizaron un complejo efecto domino para agrandarlo.
__Aulenor, quién se encontraba justo al lado mirando el paisaje, tuvo que deshacerse del libro carnívoro que aun sostenía entre las manos y encaramarse rápidamente a una pared para sobrevivir, y una vez que las piedras dejaron de caer, saltar de nuevo para llegar a suelo seguro, o al menos, suelo que parecía algo mas estable.

__Puede que fuera por el hecho de haber visto al nagar tan cerca de la muerte; puede que fuera porque libro que éste había lanzado le había mordido una pierna, o puede que fuera porque la anciana con cara de arenque ahumado se acercaba peligrosamente hacia su posición con intención de asomarse a la brecha, la cuestión es que Tarot retiró agresivamente a su protegido de la zona.

__-¿Pero quieres tener más cuidado? ¿Es que acaso quieres morir? En verdad, da igual. Le prometí al viejo que cuidaría de ti, así que aléjate del maldito agujero y ve dónde están los demás.-le reprochó empujándole hacia el interior de la sala, cerca de donde el troll trataba de defender la puerta.

__De pronto, la luz cambio. Aquel tono apagado de la tormenta tomo colores de atardecer, y para cuando el maestro geomante se giró, pudo ver como las nubes se habían tornado rojas y ahora traían consigo sangre, la cual inundo la sala con su olor metálico. Lo siguiente fue una ráfaga helada que trago consigo un nuevo granizo más acorde a la paleta actual del cielo, así como un fuerte dolor en el costado.

__-Amigos, es momento de salir de aquí-anunció uno de los Falqued, quien se retiró para reaparecer al instante con una gran alfombra y comenzar a hacer señas par auqe la gente se acercará-¡No pierdan el tiempo!

__-¡¿Qué diantres haremos sobre esto?!-exigió saber el noble phonterekés.

__-Volar. ¿Acaso no es obvio?

__La respuesta de Falqued pareció convencer a los presentes, ya que todos se apresuraron a obtener un sitió sobre la alfombra. Incluso Aulenor se junto con los demás sin rechistar, no después de ver la caída tan cercana. Solo tres personas no acudieron a la tela: la anciana quién había echado a volar por cuenta de su escoba, el troll, que seguía conteniendo la puerta, y Tarot, que no se había movido desde que apartará al escamado.

__-Tarot. ¿tú no vienes?-se interesó Falqued.

__-Me temo que quién debia tener cuidado era yo.-masculló el geomante tratando de formar una sonrisa mientras se giraba para revelar la esquirla de hielo multicolor que tenía clavada en el vientre.

__Falqued y Aulenor salieron corriendo en su ayuda, poco después se les unió Van Luthar persiguiendo al primero. Al abrirle la túnica descubrieron como el hielo mágico se extendía desde la herida, congelandole medio vientre, la cintura, el muslo izquierdo e incluso la mano con la que se había tratado de cubrir.

__-¡Por los dioses!

__-Tarot...

__-No pinta bien no. Lo siento, me temo que no seré de mucha ayuda esta vez, compañero.

__-No temas. Te salvaré.

__-Falqued. Caemos.

__-¡Ayudadme a subirlo a la alfombra!

__Entre los tres, levantaron al doliente y lo llevaron junto al resto, sobre la tela. Entonces Falqued tomó el control. La alfombra, repleta de pasajeros, se deslizó gracilmente por el boquete mientras este acababa de sustituir por completo al suelo, y luego apretó la marcha para llegar al patio del castillo antes que la universidad, aterrizando bastante mejor que esta, que no puedo evitar dejar los escombros de dos pisos enteros por la fortaleza.
__Sin embargo, por espectacular que fuera la escena, eso no hizo aminorar el avance del hielo multicolor por el cuerpo del mago.

__-Tarot...-masculló el nagar con pesar.

__-Aulenor, escuchame...

__-¡Salvale!-le suplico el escamado a Falqued-¡Has dicho que podías salvarle! ¿¡No!?

__-Ayúdame Rhondan, debemos salvarlo.-pidió el aprendiz dirigiendose a un anciano que salia de una ventana.

__-Podría. Pero la magia...-respondió éste-es muy arriesgado.

__-Tarot. No temas, arreglaré la magia y te sanaré, resiste.-prometío el mago agarrando de la mano a su amigo.

__-Confió en que lo harás, compañero. Nos veremos cuando esto acabe.

__-¿Y si dejamos el melodrama para después?-intervinó entonces Van Luthar de nuevo, alejando con la frase la atención por completo del convaleciente y haciendo que Falqued se retirará para unirse a sus clones en la vanguardia del grupo, la cual estaba bastante ocupada con la antelación al combate.

__-Aulenor, escúchame.-exclamó de nuevo Tarot, agarrando a su discípulo-¡Escúchame porque esto es importante!

__-Si, te escucho.-confirmó el nagar, tratando de limpiarse las lagrimas que se deslizaban entre las escamas de la cara.

__-No voy a poder seguir. Estoy seguro de que Falqued puede salvarme, no moriré hoy,
eso lo tengo claro, ¡así que deja de llorar estúpido!
-hizo una pausa, hasta que Aulenor bajo las manos de la cara-No voy a morir hoy, pero tampoco voy a poder seguir adelante. Necesito que tú sigas por mí.

__-Per...

__-¡Déjame acabar! Falqued me pidió ayuda por un motivo. A reunido a este circo andante del que formamos parte por el mismo motivo y confió en él. De verdad necesita nuestra ayuda, así qué toma mi lugar y ayúdale. ¡Y me refiero a ayudarle de verdad, no a seguir a los demás y quedarte en una esquina sin levantar siquiera la cabeza! No eres de utilidad si ni siquiera puedes hablar con una tus compañeras.
_>> Sé que por lo que has pasado no es bonito, pero no puedes dejar que eso te detenga, decías que querías vivir aventuras como las de los libros, ¡mira a tu alredor! ¡Estas en una! Y la vas dejar pasar solo por no levantar la cabeza. Así que...-hizó una pausa, trago saliva y trató de mirar el avance del hechizo, pero descubrió que ya no podía mover bien el cuello-Así que, deja el trauma atrás por un rato y sustituyeme debidamente. Cuento contig...

__La masa irisada acabó por tomar su boca. Aulenor, aun con expresión pesadumbrosa, respondió al mago asintiendo, y éste le guiño un ojo como último signo de apoyo. Antes de perder la vista ante el hechizo, pudo ver como el nagar se alzaba tembloroso pero con determinación, observando el campo de batalla.

__El patio de practicas de los Armaduras Blancas se tornado en una escena surrealista, inundado por ancianas con ictericia atormentando a los soldados, que en sus brigantinas blancas huían y defendían la fortaleza por igual, aun con armas de entrenamiento. Un grupo lo suficientemente coordinado se apresuraba a tratar de abrir camino entre los escombros en dirección a una de las salas bloqueadas. Otro pequeño cuadrilla con aspecto más veterano, parecía estar entablando combate con varios miembros del grupo, con la mercenario peliblanca a la cabeza.
__Aulenor, observaba el panorama apretando cada vez más fuerte el mango de su espada. Nunca había estado en una batalla, menos en una tan caótica. ¿Qué podía hacer? Fuera lo que fuera tenía que hacerlo rápido, tenía que demostrar a Tarot que cumpliría su promesa mientras aún podía verle. Pero él solo era un herrero, no sabía nada de batallas entre caballeros, como mucho con que armamento iban a ellas.
__Y entonces le llegó una idea. Repasó de nuevo el patio rápidamente, fijándose en las paredes, en los movimientos de los soldados blancos, hacia dónde dirigían sus miradas. Vio a la elfa asomada con su arco en una ventana a su espalda, vio a un trío de soldados bajando unas escaleras en el lado izquierdo del patio, vio a la gente huyendo de las ancianas, vio la destrucción de mercenaria peliblanca, vio las miradas frustradas que los soldados desarmados dirigían hacia los que despejaban los escombros, y vio a estos últimos apunto de retirar el trozo de muro que bloqueaba la entrada a una puerta doble de madera.

__-¡Balka!-grito de pronto, apretando los ojos, sin dirigir la mirada hacia la elfa pero confiando plenamente en que le oiría, y apuntando con su espada hacia aquellos soldados-¡Van hacia el arsenal!

__Y acto seguido, salió corriendo hacia ellos. Tenía que detenerlos, el efecto de las ancianas se estaba desvaneciendo y en cuanto cesase volverían a estar en desventaja, no podia dejar que consiguieran armas. Vio como una flecha volaba por encima de su cabeza y se clavaba en la espalda de los de los zapadores, Balka le estaba ayudando, puede que lo consiguiera.
__Sin embargo, de pronto se encontró con una hoja de madera frente a su cabeza, y al tratar de esquivarla acabó dando tres vueltas por la tierra, para cuando se levantó tenía a dos caballeros impidiéndole avanzar. No había forma de derrotarlos a tiempo si es que podía derrotarlos, (nunca había luchado contra guerreros entrenados). La única solución era usar magia, pero ¿sería prudente? Ya había visto como habían resultado todos los hechizos de los demás, pero ahí estaba esa puerta, a escasos veinte pasos, si les lanzara unas rocas...
__Los dos guerreros se lanzaron contra él con sus espadas de maderas, era ahora o nunca, si seguida dudando acabaría en un combate y perdería la oportunidad. Concentró la esencia en su estomago, la dirigió hacia su brazo izquierdo, con él apunto hacía los escombros... _____ ...y de pronto notó como la energía cambiaba según salia de su palma.

__El muro de piedra que había intentado lanzar contra los zapadores fue engullido por si mismo hasta desaparecer, y en su lugar apareció una masa gelatinosa y violeta que parecía moverse por su cuenta. ¿Qué acababa de hacer?


Fin del comunicado
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Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

Mensaje por Vanidad el Jue Ene 25, 2018 2:02 pm

Estaba empapada. Bueno, no empapada empapada porque, por suerte, el cuero era impermeable, pero su pelo chorreaba y tenía agua en las botas, y eso ya bastaba para cabrearla. La sangre le traía sin cuidado, ya estaba acostumbrada a mancharse, así como esas saetas de granizo, ya que podía ignorarlas de manera relativamente cómoda refugiándose detrás de su escudo. Pero aunque la tormenta arreciara, aunque ese mago de pacotilla les hiciera volar en alfombra voladora para que no se estrellaran (cayo en la cuenta unos minutos más tarde, a veces se preguntaba como esos mortales tan frágiles sobrevivían siquiera sin alas), su humor ya se había agriado. Cierto que estrellar un maldito castillo contra otro ayudo un poco a mejorar su humor, pero no había sido ella, así que solo ayudo un poquito… además, ella lo habría estrellado mejor, seguro.

Necesitaba matar algo, y mira tú por donde, ese lugar le venía de perlas, puede que incluso demasiado, puesto que  por lo que recordaba de la aguja, el número de combatientes giraba más alrededor de miles o cientos que decenas… Luzbel salió de la alfombra, andando por el suelo, analizando la situación. Se habían estrellado en medio de todo, claramente en inferioridad numérica, aunque muchos de los soldados que veía…ni siquiera iban armados. ¿No se habían dado cuenta de que un ENORME CASTILLO VOLANTE se dirigía hacia ellos? O no esperaban que lo estrellaran… En cualquier caso, estaban desarmados, tenían que priorizar esos, podía llamarse selección por pringado… Miro a sus compañeros, incluyendo los pocos magos que estaban saliendo de lo que suponía que había sido una ventana. Faltaba la elfa, pero no tardaría en aparecer…si no había muerto por traumatismo cerebral al estrellarse el castillo… Nunca iba a olvidar eso aparentemente. También se fijó en el mago moribundo y chasqueo la lengua, molesta. Al menos tendrían una motivación para acabar rápido, aunque estaba bastante segura de que no moriría… muy rápido.

-¡Armaduras Blancas! ¡Es momento de defender su fortaleza del temible invasor! ¡A las armas! ¡Sin prisioneros!- su trabajo se volvía mucho más fácil cuando el líder empezaba a dar gritos, especialmente si además llevaba algún penacho ridículo… pero estaba encima de la muralla,  realmente no quería arriesgarse a sacar sus alas y que pasara…algo horrible. Aunque debía admitir que ese hombre los tenia bien puestos. No ocurría todos los días que un mago te estrellara un castillo flotante en la cara como un absoluto lunático, y allí estaba, razonablemente tranquilo ladrando órdenes. En otras circunstancias le habría dado trabajo…posiblemente, pero en ese momento, solo era un estorbo, un estorbo de apariencia irritantemente competente. Chasqueo la lengua, molesta, escuchando solo a medias las palabras de Falqued… hasta cierto punto.

Así que el tipo aseguraba que esa niñita era una bruja de la misma calaña que los avatares de los señores… es decir… Podía creérselo, no que fueran tan poderosos como los cuerpos de los señores, deliraba, pero estaba bastante segura nadie se volvía tan poderoso sin tener al menos aprendices… y se llamaba Atrapaalmas… un título que tenía ciertas implicaciones…sabrosas, pero hubo un pequeño problema en su explicación que nada tenía que ver con la niñita de cabello negro.

-“Cuando se dé cuenta”-clavo la mirada en el hechicero. Esa chiquilla que supuestamente había generado todo ese embrollo… ¿no sabía que la magia estaba descontrolada? Un soldado aturdido se removió en el suelo, cerca de ella, y lo volvió a noquear de una patada. –Ya hablaremos luego…- tendría una laaaarga charla con Falqued cuando todo eso acabara. Es decir, al hombre le habría bastado con decir “una chiquilla a reventar de almas” y señalar una dirección con el dedo para convencerla, pero no le gustaba ni lo más mínimo que la hubieran traído allí con falsos pretextos. Y al final lo que sospechaba era cierto y ese mago palmaba porque Falqued se negaba a desactivar…lo que fuera que era eso… bueno, ese aprendiz escamado no iba a estar muy contento ¿cierto? Y estaba bastante segura de que el mago había dilapidado su presupuesto de baratijas mágicas en conseguir traerlos aquí y en… el despegue, así que iba a tener que salvarle el culo otro.

La diablesa se desperezó como un gato, buscando algo que matar, a la vez que varias… señoras descendían en escobas. Unos segundos más tarde, se dio cuenta de que en realidad conocía a esas señoras, era la tipeja esa del bastón y las pociones, pero eso no lo hizo menos raro… Había visto antes algo así, en Padre, aunque dudaba seriamente de que la aleatoriedad de la magia hubiera provocado que se manifestara ESE horrible conjuro en concreto, debían ser solo ilusiones, aunque esa autoafirmación no evito que se le pusieran todos los pelos de punta… Aunque puede que fuera solo la imagen en sí y no los recuerdos que despertaba a juzgar por los gritos de horror de los soldados. En cualquier caso, el plan no cambiaba, tenían que reducir el número de enemigos, preferiblemente acabando con el general, y luego ella se encargaría de la bruja. Y no porque tuviera ganas de incarle el diente a todas esas almas…no, en absoluto, sino porque ella era… la más versada en la eliminación de hechiceros profanos…si, eso, exactamente. Eso y que su profana funcionaba mejor que nunca, aunque la verdad era que tampoco la usaba para demasiadas cosas.

No iba a traer a su pequeña a este plano, volver del plano de sombras en el que vagueaba con esa magia tan inestable podía implicar que su wyvern perdiera un brazo, un ala, o la maldita cabeza, y no iba a permitirlo… pero conocía otro ser que corría absolutamente cero riesgo si no podía materializarse correctamente en ese plano. La diablesa se sacó el guantelete izquierdo y lo extendió a su lado, diciendo una sola palabra –¡Freki!- el olor a tormenta se intensifico, brevemente, para después dar paso a una preciosa y esponjosa figura negra rozando su mano. Se distrajo unos instantes, acariciando el huargo, nunca se cansaba de esa suavidad, era adorable. Aunque seguramente era menos adorable y más terrorífico para los “valientes” soldados de la aguja, sobretodo para aquel pobre desgraciado cuya cabeza explotó como un melón entre las fauces del lobo huargo. Entonces, lenta y premeditadamente, la diablesa alzó su espada hacia el general, en un gesto de desafío, y empezó a masacrar a sus hombres.

¿Cómo hacer bajar a un orgulloso general de su muralla? Había que quebrar la moral hasta tal punto que solo una intervención directa fuera a salvar la situación, y ahora que los soldados estaban….sufriendo a manos de esa mujer de su grupo y sus clones, matarlos no sería demasiado difícil, casi le daba pena hacerlo, con énfasis en el casi. Se dirigió al grupo, seguramente por última vez en un rato. –Apuntad a los desarmados antes de que lleguen a la armería.- Ella se encargaría de los que si pudieran defenderse, aunque solo fuese para ver como de buenos eran en realidad… Y una vez matara al general, nadie se metería en su camino y podría com… derrotar a esa malvada hechicera.

Se volvió a colocar el guantelete y desenfundo sus armas, dirigiéndose lentamente hacia la muralla encima de la cual estaba el general, con su esponjoso lobo negro pisándole los talones. El primero en salir a su encuentro fue un lancero dentro de una armadura de escamas que debía haber perdido su escudo cuando la universidad se estrelló, a juzgar por como empuñaba el arma con una única mano en vez de con ambas. Con el escudo habría aguantado más, puesto que Luzbel se limitó a recortar la distancia que los separaba, desviando el asta con el escudo, volviendo el arma de su rival inservible debido a la poca distancia, donde prácticamente podía besarlo. Pero en vez de eso, le guiño el ojo y aprovecho para clavar su espada en una estocada ascendente que se coló entre las escamas de acero, perforando el hígado, luego movió la espada un poco, retorció y la saco. Apartó el hombre con el escudo. Seguía vivo, técnicamente, pero no por mucho tiempo, y por más bien entrenado que estuvieras, cuando la vida se escapaba entre tus dedos, intentabas retenerla, aunque fuera inútil, no atacar a la mujer que te había asesinado en un único y fluido movimiento, no corría peligro.

Pero Freki pareció discrepar a juzgar por cómo le arrancó la mitad del cuello de un mordisco. Su dueña le dedico una única mirada, con la ceja alzada. *Por si acaso* resonó en su mente, con un tono burlón. Realmente se aburría cuando no lo llamaba…


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Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

Mensaje por Balka el Dom Ene 28, 2018 8:38 pm

____Todo aquello estaba desmadrándose más rápido de lo que nadie podía procesar. Un momento atrás tan sólo volaban montados en un edificio y al momento siguiente atravesaban una lluvia de sangre. Porque sí. Y preguntar el por qué de las cosas iba a ser tan fructífero como esperar que un enano fuese razonable.

____La elfa, maldiciendo sonoramente, se retiró enseguida de la ventana y se parapetó contra el muro de piedra de la habitación, que temblaba violentamente. Igual que toda la estructura. Se giró y se limpió el rostro manchado con la túnica de uno de los magos a su lado, desoyendo las quejas lastimeras. Era de verdad... y fresca, sabía a metal y a óxido. Arrugó la nariz con desagrado mientras contemplaba la escena: todos los que se habían quedado en la Universidad (y los que irrumpieron en ella) se habían refugiado en el segundo piso, y adoptando al Archimaestre como mamá pato, lo seguían allá a donde éste iba poniendo a prueba su paciencia. Que debía de estar llegando al límite por la manera en la que le temblaba la punta de la larga barba.

____Acuclillándose, Balka volvió a palpar su bolsa para asegurarse de que Pumpernickel seguía ahí. No sabía dónde había estado, pero la alegraba que la criatura hubiese vuelto a esconderse ahí. Con todo lo que estaba ocurriendo pasaba desapercibido a todos, y como era igual de silencioso que la caída de una hoja, Nickel solía ser bueno escabulléndose de las situaciones. Se colgó la bolsa al bies y suspiró.

____De repente el sonido de lluvia dejó de sonar a lluvia para empezar a parecerse al repiqueteo constante de un ariete pequeño. Varias piedras de hielo rojo se colaron por la ventana sin cristales. Granizo del tamaño de un huevo. La mujer miró al Archimestre, que se encontraba justo al otro lado de la ventana, con la espalda pegada a la pared. Fue a decir algo y se vio interrumpido por un silbido. Y otro. Y otro. Alguien gimió y se desplomó, con una brillante esquirla multicolor clavada profunda en el ojo, que comenzaba a cristalizar. Había muerto casi al instante. Primero tomó la cabeza y luego siguió avanzando hasta convertir el cuerpo en una curiosa estatua de hielo. Genial. Ahora llovían dagas de colores.

____-Pues se está quedando un día bastante agradable... -comentó la mujer con acidez, sonriendo, preguntándose si sería buena idea quedarse con algunas de las esquirlas. Nunca estaba de más tener objetos afilados extra...

____Metió la mano en el bolso, apartando el cálido cuerpo de Nickel hasta dar con un trozo de piel mal curtida que siempre llevaba encima, como una especie de trapo para todo. Fue un experimento fallido que en su día no pudo vender, pero resultaba muy útil en situaciones como aquella: con la punta de las botas se aseguró de que las esquirlas no congelaban al tacto, reunió un puñado y las envolvió con cuidado. A lo mejor no las necesitaba para nada, pero quién sabía... el kaoras decidió que la bolsa ya no le gustaba así que trepó por el brazo de la mujer y se escondió en la capucha de su capa. Los temblores del edificio pasaron de ser violentos a convertirse en una pesadilla que casi hizo que se mordiese la lengua. La lluvia de arcoiris punzante parecía haber cesado de la misma manera que empezó, de inmediato y de la nada, dejando en su lugar una preocupante sensación de aceleración... Balka se asomó de nuevo a la ventana y dejó escapar un grito.

____-¡¡Que nos estrellados!!

____-¿¡Qué!? -gritó el archimaestre chocando contra ella por asomarse trambién, ambos apretujados en el marco de la ventana.

____-¡¡Que nos vamos a estrellar, desgraciado!! -se desgañitó, señalando el edificio de Tirian-Le-Rain.

____Tirian-Le-Rain. La hermosa y adusta fortaleza que había sido tallada en la misma roca, un edificio austero que alzaba sus puntiagudos torreones hacia el cielo y que se acercaba con vertiginosa rapidez hacia ellos... en realidad eran ellos los que se estaban lanzando contra ella. El mago se desencajó de la ventana y comenzó a gritarle a todo el mundo mientras todo el mundo le gritaba a él, cediendo al histerismo y a la siniestra certeza de que tarde o temprano serían una empanada de carne aplastada contra el suelo. La elfa inspiró hondo tratando de tranquilizarse, sin conseguir que su corazón dejase de latir más despacio. En alguna parte de su mente se alegró de no tener miedo a las alturas ni a volar y esperó sinceramente no generar un nuevo trauma. Sin soltarse del borde de la ventana se acuclilló, guardando la cabeza entre los brazos y se preparó para un impacto de fuerza desconocida.

____Fue como si resonara en sus huesos. Las brutales vibraciones, el estruendo de la roca chocando contra roca y tierra, los gritos afónicos de aquellos que no habían tomado medidas y salieron despedidos en cualquier dirección. La agresión sensorial fue tal que la mujer se mareó un poco mientras todo parecía desmoronarse como un orco borracho.

____Por suerte todos le habían concedido al edificio menos crédito del que se merecía. Cuando la nube de polvo y gravilla se dispersó quedó claro el evidente destrozo en la parte inferior, pero el piso superior salió bastante bien parado conservando algunos muros y casi todos sus techos y quedando casi a ras de suelo. Balka sintió un placer infantil al saber que las catacumbas (o la parte que hubiese salido volando con ellos) habían quedado definitivamente aplastadas. Luego ese mismo hecho la preocupó, preguntándose si el resto de la partida seguiría allí... Tenía los dedos agarrotados y los nudillos blancos de hacer tanta fuerza por agarrarse. Se sentía magullada y apaleada, pero entera, con Nickel aferrándose a su coleta.

____El Archimaestre fue el primero en calzarse las botas de explorador y salir por la ventana hacia el exterior, ya que la salida natural delimitada por la puerta yacía bajo los escombros. Las orejas puntiagudas de la mujer captaron una conversación y se apresuró a asomarse ella también... para descubrir que habían aterrizado en un espacioso patio ahora sembrado de piedras y restos de catástrofe. Sus instintos se pusieron a trabajar de inmediato en cuanto vislumbró a los hombres, supuso caballeros, aún sin armar y tan perplejos como todos los presentes, pero que tardarían medio latido en salir corriendo y organizarse como laboriosas hormiguitas. Sus agudos ojos moteados detuvieron el barrido en cuanto localizaron a Falqued entre los integrantes de aquel grupo estrafalario que él mismo había convocado.

____-¡Túúú! ¡Maníaco senil! ¡Maldito desgraciado! ¡Falqueeeeed...! - exclamó empujando hacia atrás a un hombre para salir ella antes por la ventana.- Quita, joder. ¡Falqued, me vas a exp-...!

____Se paró en seco porque varios aprendiz de mago se giraron hacia ella y la sonrieron de manera idéntica, con esa expresión que siempre ponía cuando sabía que se había pasado con algo y le daba absolutamente igual. Tremendo hijo de puta, pensó, no sin cierta diversión. Los contó en silencio temiendo que su cordura estuviera escapándose sin oportunidad de recuperarla, y entonces decidió dejar de cuestionarse las cosas. Al menos por hoy. Había menesteres de mayor importancia que atender primero.

____Se acercó con rapidez al grupo, recolocando arco y carcaj de manera cómoda. El mago que acompañaba a Aulenor yacía en el suelo, con una de esas saetas multicolor clavada en el costado; la inestabilidad de la magia impedía que pudieran curarle. Todos parecían alterados y expectantes por algo de información a la que poder agarrarse y la mujer escuchó con atención mientras se preparaba. Los caballeros de la Aguja habían empezado a moverse, la batalla era inminente y el tiempo escaso. Mientras atendía a todas y cada una de las palabras de aquel mago loco, preocupándose por el cariz que estaba tomado el asunto, descorchó en un rincón uno de sus venenos, agarró el manojo de flechas y vertió sobre las puntas una gran parte del contenido del pequeño frasco. Mantuvo las puntas hacia abajo para que se escurriese el exceso y terminara de secarse, y frunció el ceño cuando el relato empezó a parecerse más a un cuento de bardos que a la situación que estaban viviendo ahora mismo. Señores del Foso, avatares a la par de los propios dioses, magias profanas y caos, almas encerradas... Y la promesa implícita de una muerte horrible. La madre que me parió, dónde me he metido... si lo llego a saber mato el cuervo y tiro la carta.

____Las explicaciones no dieron para más. Si bien que se les hubiese estrellado un edificio entero en el patio había dejado a los hombres de La Aguja patidifusos,  éstos estaban entrenados para la guerra y para luchar contra los imprevistos que la misma trajese. Antes de que Falqued terminase de hablar ya habían salido todos corriendo y algunos volvían ya, con espada y armadura y los calzones sobresaliendo un poco entre las juntas de lata, dispuestos a combatir al enemigo invasor.

____-¡Balka! -escuchó. Giró la cabeza inmediatamente en la dirección de aquella voz familiar mientras el tintineo de sus pendientes se perdía entre el creciente ruido. El muchacho apuntaba con su espada hacia una dirección en concreto. Sin mirarla, pero confiando en ella.- ¡Van hacia el arsenal!

____Con todas las flechas de nuevo en el carcaj y una suave sonrisa en sus labios eternamente rojos, Balka se dispuso a entrar en batalla cubriendo la carrera alocada de Aulenor. La alegraba verle tan enérgico pero no le gustaba nada no saber qué pretendía hacer él sólo con su espadita frente a hombres que le doblaban en altura y peso. Por mucho que algunas de sus espadas fueran de madera (el impacto del edifico debió haberles pillado en mitad de un entrenamiento), un golpe bien dado podía desgraciar a cualquiera. Soltó el aire con rapidez al mismo tiempo que la flecha que tenía preparada, y se cobró su primera presa en aquel caos fantasioso. Siguió frustrando el camino de aquellos que se interponían en el de Aulenor, sin darse cuenta que había cientos de brujas viejas montadas en escoba volando y riendo y persiguiendo los culos prietos de los hombres.

____Entonces el muchacho, arrinconado, hizo lo que todos venían haciendo a su alrededor desde que aquella aventura había empezado: usar la magia. La elfa apretó los dientes con irritación mientras observaba cómo, con suma rapidez, el muro que él pretendía alzar frente a la puerta de la armería se convertía en... en... En una masa amorfa e infecta a todas luces peligrosa y predadora. Claro, porque una horda de caballeros entrenados no es suficiente, ¿verdad? hay que añadirle vidilla al asunto con bichos raros salidos de quién sabe dónde, ¿no? ¡Que abran las puertas del Foso, barra libre! Ahora Aulenor quedaba detrás de aquella cosa, fuera del rango de acción de Balka. La mujer esperó que el chico se encontrase bien porque ahora dependía de su propia suerte.

____Una Margaret en escoba voló rauda a su lado, riendo y llevando colgando del palo a un hombre aterrado. Alzó la vista y descubrió que el cielo estaba plagado de ellas, y sonrió ampliamente ante la visión. Echó una ojeada y comprobó que los miembros del grupo emprendían cada uno sus propias acciones. Como arquera de larga distancia Balka necesitaba un lugar estratégico en el que poder desplegar sus habilidades y a ras de suelo rodeada de enemigos no resultaba todo lo útil que podría. Además, dudaba que una fortaleza como aquella careciese de escuadrón aéreo y alguien tendría que ocuparse de eso. Manualmente clavó la punta de una flecha en la cara de un enemigo, propinándole una patada en el brazo que sostenía el arma mientras buscaba con celeridad algún lugar elevado de fácil acceso... justo en el preciso momento en el que se cernía sobre ellos uno de los clones de la bruja.

____-¡Mags! -gritó saltando sobre un enorme escombro. La oronda mujer viró con brusquedad y pasó a su lado. La elfa subió con agilidad al palo de escoba tras ella, guardando el equilibrio apoyándose en los amplios hombros de la mujer.- Mags, dime que tienes un mapa de la situación... de momento eres la única que sobrevuela esta escombrera.

____-Sí... -replica, alzando el vuelo sobre las torres y mostrándole una perspectiva aérea de la batalla- ¿Necesitas más altura o te basta para entenderlo? -pregunta haciendo círculos sobre la ciudadela.

Bastaba, desde luego. Desde allí arriba se veía la situación claramente, y no se presentaba favorable para el grupo de Falqued desde el punto de vista numérico. Nickel, que seguía escondido en la capucha y aferrado a su coleta en el más absoluto de los silencios, le palmeó con suavidad la mejilla como siempre que quería llamar su atención, y señaló una sección de la fortaleza, allá abajo, que le llamaba la atención. Se trataba de la niña, la rechicero. Balka no podía apreciar nada especial en ella, pero en el mundo de auras en el que vivía Pumpernickel, la chiquilla relucía como una gigantesca hoguera en una noche sin luna y estrellas; resultaba fascinante, hermoso y aterrador a partes iguales. De una manera diferente a aquella mujer de pelo blanco, pero con la misma intensidad y grandeza. Era sin duda una criatura peligrosa.

____-¿Has visto el nido de algún tipo de unidad voladora? ¿Hipogrifos? ¿Wyverns? ¿O te has librado de todos ellos para quedarte con el cielo? -preguntó con sorna.

____-La mayoría de ellos están siendo bien tratados en sus cuartos... -replica con una media sonrisa, mientras el viento las golpeaba sin estabilizarla- Y no digas eso de quedarte con el cielo a una señora de mi edad... Mi generación eso lo entiende como estar a dos pasos de tu creador.

____-Me pregunto quién se apiadará de los dioses cuando llegues allá arriba, mujer. -sonrió la elfa notando el viento salvaje jugando con su ropa.- ¿Tenemos algún plan a seguir o el propio plan es no morirnos? ¿Falqued dijo algo allá abajo en las catacumbas?

____-Tengo la esperanza que cualquier plan que sigamos siga esa doctrina de no morirnos... He estado demasiado tiempo con la vida, le he cogido cariño y eso... -añadió, bajando a toda velocidad- Dijo que detengamos a la niña loca...la cosa es cómo...

____-Pues espero sinceramente que alguien dé con una solución, y pronto, porque yo de seres profanos y avatares de dioses voy fatal. -comentó con sarcasmo mientras se aferraba a la mujer con preocupación; no paraba de hacer virajes esquivando ataques y corrientes de aire, y por alguna razón parecía pasarse la mitad del tiempo bregando con la propia escoba como si ésta quisiese escapar.- Consuélame y dime que tienes una idea...

____-Mi idea consistiría en sacarnos de la manga a un chico de la misma edad, atractivo e igual de perturbado... -replica, esquivando un par de flechas y dejándose caer en el aire.- Mi experiencia dicta que así el problema se solucionaría solo...o se reproduciría.

____-Sinceramente, Mags, si el problema se reproduce por culpa de ese plan serás la primera a la que lance a la boca de la desgracia -dijo riendo.

____-A pesar de lo que pueda aparentar, no me va ese rollo de que me coman, gracias... -añadió, parando en seco y dejando caer a la elfa en una pequeña azotea plana del segundo piso de la fortaleza cual fardo de cebollas.- Disfruta... -dice, riéndose y desapareciendo entre la miríada de ancianas voladoras.

____Balka maldijo en voz alta sin dejar de reír un poco, lo cual restó todo impacto a sus palabras. Maldita vieja... y aún así me dan ganas de invitarla a una cerveza enana... Se tomó unos segundos para acompasar la respiración después de semejante viajecito en escoba, comprobó que estaba sola en aquella azotea y que sería fácil descender por los aleros y los sillares de necesitarlo. No quedaba lejos de la universidad, había aterrizado en el edificio de las barracas, en la esquina exterior. Asegurada una vía de escape, atrancada la pequeña portezuela de madera que había en una esquina, tomó posiciones y amó en secreto el adarve de troneras descubiertas que poseía. Aquello la protegería un poco. Puede que la elfa no supiese nada sobre profanas y rechiceros, pero matar humanos seguía siendo el mecanismo más sencillo del mundo. Eso era algo que de momento sí podía hacer.

____Puso una flecha envenenada de punta de punzón en su arco de madera de árbol trueno, apuntó con precisión y un reluciente caballero en su hermosa y blanca armadura cayó fulminado al suelo, muchos metros más allá. Las plumas rojas de la saeta brillaron como un macabro anuncio de la lluvia que estaba por venir mientras la elfa sonreía, tranquila, con suavidad.


{ - sin perder la ronrisa... }
¿Qué está bien y qué está mal? Dime.
¿Qué ética tiene la llave de lo moralmente aceptable?

{ ...pero perdida en ella - }

Diálogo - #d65151
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Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

Mensaje por Croatoan el Dom Ene 28, 2018 9:06 pm

-Quack quack- el ruido distrajo a la mama pato, que se acercó a la zona moviendo sus pequeñas patitas, seguida de sus polluelos. ¿Puede que uno de los suyos se hubiera perdido y pidiera ayuda? Ciertamente había urgencia en el tono, pero no era capaz de ver nada. –Quack quack.- Allí estaba el grito de ayuda otra vez. La madre se acercó aún más. Procedía de ese charco, ¿puede que alguno se hubiera caído dentro? Pero no lucia muy profundo, y sus pequeños sabían nadar… puede que si se acercaba un poco más…

La slime tenía hambre, mucha hambre, tanta hambre que su color se había vuelto casi transparente, pero por desgracia, justo cuando había conseguido que la comida viniera hacia ella en su debilitado estado, una nueva sensación la asalto, una sensación nada sabrosa, para nada. ¿Era eso lo que se sentía al morir de hambre? No quería sentirlo, sabía mal. Se abalanzo sobre la comida, que salió volando asustada emitiendo los mismos sonidos que había emitido para atraerla. Pero volaba demasiado lento, se la comería…

Excepto que esa nueva sensación la envolvió antes.

Los corazones que imitaban esas cosas de la comida que se mueve no captaban nada, eso significaba… que estaba oscuro, concluyo tras unos segundos, orgullosa. Luego saboreo el aire, y lo encontró particularmente sabroso, aunque no era consciente de que era su magia profana hablando. Finalmente, empujo, para ver si estaba atrapada, y noto su cuerpo fluir sin problemas por las aperturas de su prisión. Luego hizo otra cosa más, seguía hambrienta, y había funcionado las otras veces…

-Quack-

-¿Qué cojo…?-
Uno de los guardias de la aguja se giró, sorprendido por la pared graznante, sin apreciar que estaba chorreando liquido entre toda el agua de la tormenta, pero no importaba, porque para girarse movió las piernas, que volvieron a posarse en el suelo, enviando una leve vibración por el suelo.

La pared explotó en una lluvia de baba semitransparente que se abalanzó contra ese pobre desgraciado, envolviéndolo. Usualmente lo habría dejado aquí, y podía hacerlo, ya que esta comida que huye parecía estar disolviéndose particularmente rápido, pero tenía mucha hambre, y aunque no acababa de entender lo que había pasado, no quería volver a perder una presa, así que la slime giro sobre sí misma, pegándose a su presa de manera que esta giro de manera completamente antinatural, dejando de agitarse en cuando se partió en dos, llenando su interior de un color rojo. Luego soltó ese sonido que había visto hacer a aquellas pequeña-comida-que-siempre-huía cuando estaban con la tripa llena.

Sí que una slime hubiera salido de la pared de su armería, se hubiera tragado a un compañero y luego lo hubiera partido en dos no había atraído la atención del resto de soldados, que ese monstruo RONRONEARA mientras digería a su compañero desde luego sirvió para superar cualquier atisbo de miedo y encontrar la motivación de enviarla al más allá. Lástima que Nyami ni siquiera entendiera el concepto de muerte, solo había comida-quieta y comida-que-huye. Aunque desde luego la nueva incorporación a su repertorio de conocimientos, la comida-que-viene era una sabrosa novedad.
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Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

Mensaje por Frank Morgan. el Dom Feb 04, 2018 8:02 am

Entre la naturaleza...bizarra de nuestro transporte volador, y el comportamiento...demasiado amistoso, de la señora mayor que tan amablemente vino a recibirme, estaba seguro de que la opción de saltar al vacío se estaba haciendo cada vez más tentadora. Tampoco es como que fuese demasiado útil en esa charla...o esa situación, a decir verdad. Magia esto, magia aquello, hechizos, caos, etc. Palabras muy bonitas de seguro, pero no lograba alinearlas en mi cabeza como para formar una oración coherente que me explicara que carajos estaba pasando, o que teníamos que hacer. Yo nada mas había venido con las esperanzas de que el viejo Falqued me diese lo que me debía para luego poder partir (en retrospectiva, fue muy ingenuo de mi parte pensar que cualquier clase de trato con ese viejo sería tan sencilla). Sin embargo si había algunas palabras y expresiones que podía captar, claramente ninguna relacionadas a la magia de forma directa.  Tirian-Le-Rain, mercenarios, fortaleza; esas palabras sí que las entendía. Y, por una cruel ironía de la vida, desearía no haberlo hecho. Si, conozco el lugar, es más o menos famoso. Una fortaleza impenetrable donde se entrenan guerreros de primera calidad, llamados los Armaduras Blancas, que se dice que valen por tres veteranos cada uno, o algo así. Nunca he podido comprobar de primera mano  su habilidad a decir verdad, y bien podría ser pura propaganda; sin embargo, tampoco estaba dispuesto a arriesgarme el cuello por subestimar a mi enemigo. Y si, ahora eran mis enemigos, esa era la OTRA parte que me arrepentí de entender bien. Porque la universidad voladora que el loco de Falqued estaba conduciendo tenía esa famosa fortaleza como punto de aterrizaje, o mejor dicho choque. Claramente los mercenarios no se iban a tomar de buena gana que destruyéramos sus cuarteles, y aparentemente había algo adentro de la susodicha fortaleza que era importante que consiguiéramos, que podría solucionar un problema presente con el caos y la magia y...no entendí demasiado.

De nuevo, me hubiese gustado llegar antes, al menos lo suficiente como para que me contaran el objetivo de nuestro viaje y tuviese tiempo de ponderar mis opciones, en vez de llegar de último justo en el peor momento para que me tiraran de cabeza hacia una aventura de cuyo propósito y justificación no tenía ni idea. No sería la primera vez que me pasa aceptar un trabajo sin nada de información para llegar arrepentirme, pero es algo que siempre me aseguro de evitar lo más posible. Por otra parte, tampoco iba a estar lloriqueando todo el viaje, y ya no tenía caso quejarme porque era demasiado tarde para retroceder (al menos no sin un par de alas que estaba seguro de no tener). Aun así, no pude evitar ver a Falqued (o los Falqueds, mejor dicho),  y que mi mano se acercase tentadoramente al mango de mi pistola. "...No...No...Necesitas que conduzca esta mierda...ya tendrás tu oportunidad cuando acabe esto". Mis ganas de volarle la tapa de los sesos (y estaba seguro de no ser el único que estaba experimentando esa sensación) no superaban mis ganas de permanecer con vida; el viejo era un mal necesario. Ellos (los entendidos) seguían hablando de su magia y yo me aferraba con cada vez más fuerza a la columna mientras me preguntaba a quién mierda le importaba que tal persona fuese el séptimo hijo de un séptimo hijo... ¿Tan malo es el número siete en términos mágicos?  Casi me apetecía tener alguien con quien quejarme...entonces ella hablo, la señora de la mano larga.- Emm...te prometo que si salimos vivos de esta...me lo pienso.- Y de pronto ya extrañaba ser el ignorando aferrado en la esquina mientras todos los demás hablaban de magia. Si, estaba bien estar solo a veces.

Pero sin lugar a dudas lo peor fue el viaje. Si recorrer tanta distancia en un edificio volador que se caía a pedazos cada vez un poco mas no hubiese sido lo suficientemente malo, el clima definitivamente empeoro la experiencia. El resonar de los truenos afuera de las paredes y el agua que cada vez se colaba con más fuerza entre las grietas de las paredes era solo la punta del iceberg. Aparentemente cual fuera el dios del clima al que habíamos ofendido, el muy desgraciado aún tenía un último truco bajo la manga…en forma de granizo con colores de arcoíris. Y sé que cuando lo describo así suena hasta gracioso, pero díganle eso a uno de los Falqueds; ese cuya vida fue terminada por un trozo de arcoíris atravesándole el cuello. Sobra decir que la idea de saltar al vacío era cada vez más tentadora.

“Yo y mi bocota
”Fue lo que termine pensando unos minutos después, cuando llego la hora de bajarnos. El lado bueno era que no saltaría al vacío. El lado malo era que teníamos que utilizar una alfombra voladora (estoy seguro de haberlo leído en un cuento infantil alguna vez) para salir de ese edificio antes de que este se destruyera contra la fortaleza, como el proyectil que era. No todos llegamos a la alfombra voladora. Un hombre fue herido por uno de los proyectiles multicolor, aunque lograron arrastrarlo hacia el transporte antes de salir de la universidad. Por primera vez el mal estado en el que se encontraba el suelo nos vino de perlas, ya que pudimos salir por allí mientras el resto del edificio se desplomaba contra Tirian-Le-Rain. Molestias a parte, debo admitir, fue un bonito espectáculo ver el reguero de destrucción que dejaba ese proyectil. Escuche a alguien preguntar si ya nos encontrábamos en el cielo. Pfff, que tontería; había demasiados Falqued como para que fuese el cielo. Poco después se escuchó el grito de batalla de las Armaduras Blancas, cimentando mi idea original de que claramente aun no entrabamos al Paraíso. Al menos ya tenía claro a quien había que asesinar para solucionar este aparente problema tan grave cuya existencia desconocía hasta hace menos de una hora: una puta niña. Supongo que el hecho de que fuese una niña-mágica-maligna me facilito hacerme a la idea de que tendría que acabar con ella. Después de todo lo que me había pasado en tan poco tiempo, nada más quería encontrarme un mago al que pudiese acribillar sin sentir que había cometido un error.

Claro que no iba a ser tan fácil, en especial con todos los soldados cargando contra nosotros en grupos de a decenas, con ventaja de local. Aunque debo decir que me sorprendió mucho ver a tantos de ellos sin sus armaduras ni equipo, como si hubiesen sido atacados por sorpresa y no hubiesen tenido tiempo de prepararse “¿En serio les pillamos desprevenidos? ¡Usamos una Universidad como proyectil!”. Quizás su fama era exagerada, pero seguían siendo amplia mayoría, y para hacer todo más bonito, tenían ciertos…animalitos voladores de aspecto nada amigable que resultaban mucho más amenazantes. Necesitábamos actuar rápido, antes de darles la oportunidad de lanzarse como una horda contra nosotros y aplastarnos contra el suelo valiéndose únicamente de sus números. Por fortuna uno de nosotros lo hizo, posiblemente una de las personas que menos me esperaba…aunque debo decir que me perturbo un poquito su método “….Esto definitivamente es el Infierno”. Montones de señoras robustas y calenturientas comenzaron a surcar los cielos, “distrayendo” (o mejor dicho, acosando sexualmente) a los soldados. Definitivamente no podía culparlos por correr aterrados o intentar acabar con ellas, aunque si que era un espectáculo de lo mas entretenido. Hay que reconocérselo a la vieja, los tenia bien puestos. De no haber sido por su primer avance en la Universidad, le hubiese invitado esa cerveza (aunque teniendo en cuenta lo que había visto hasta ahora seguro hubiese encontrado otra forma de perturbarme).

Necesitábamos atacar rápido, antes de que tuviesen la oportunidad de reponerse de la sorpresa. La mujer de pelo blanco fue a quien vi dar el primer paso, para que luego el resto le siguiera en esa línea de pensamiento, ya fuera porque habían pensado lo mismo o, como en mi caso, porque realmente no teníamos una idea mucho mejor. Y dado que ya se había decidido a tomar el frente del asalto, la seguí por detrás, optando por cubrirle las espaldas. El primero de nosotros en llegar fue un joven de cabello castaño, quien se dispuso a lanzar lo que, calculo, habría sido un muro de piedra contra un par de soldados que intentaban entrar a la armería. Y digo calculo porque ese muro acabo convirtiéndose (a decía de hoy no sé cómo, pero creo que por arte de magia) en una…babosa negra…que hacia sonidos de pato…y creo que se comió a uno de los Armaduras Blancas…

Casi que agradecí que uno de los mercenarios cambiase su rumbo y viniese corriendo en mi dirección. En esos momentos me arrepentía profundamente de no haber traído el mortero de mano (para aniquilar a grupos grandes de enemigos con facilidad) o el mosquete (para eliminar desde lejos a la niña-mágica-maligna y ahorrarnos mucho tiempo). Pero claro, justo cuando decidía no traerlos era cuando más falta me hacía, típico. Mi oponente vino corriendo hacia mí, con la mitad de la armadura puesta, blandiendo una bastarda de buen tamaño. Tenía un buen agarre en su arma, y avanzaba veloz hacia mí; estaba bien entrenado. Era un profesional altamente entrenado y talentoso, podría haberme dado bastantes problemas. Lamentablemente para él, decidió proferir un grito de batalla mientras se abalanzaba contra mí, creando un hueco en sus defensas que rápidamente aproveche. Desenfunde con un veloz movimiento; el cañón de la pistola llego a la altura de sus dientes en un segundo. Jale el gatillo, la bala entro por su boca abierta y atravesó su cráneo. El guerrero cayó al suelo poco después. Me hice a un lado para que esquivar al cadáver y que no me cayera encima, justo encima para desenfundar a mí otra pistola y disparar contra un segundo enemigo, que había comenzado a cargar contra mí pensando que su compañero haría un mejor trabajo entreteniéndome. Para el momento en que se dio cuenta de su error, ya era demasiado tarde; estaba demasiado cerca, y él, a diferencia de su difunto aliado, no tenía el caso puesto, así que la bala entro en su frente. Es lo bello y lo feo de las armas de fuego. Habilidad, talento, fuerza, destreza; no valen nada contra ellas, por un solo disparo ya puede matar al más diestro de los hombres, y todo lo que necesita es conectar. Tu puedes ser el mejor espadachín de la fortaleza, y aun así matarte me será tan fácil como desenfundar otra pistola y meterte una bala apenas acortes distancia (cosa que estás obligado a hacer, si quieres pegarme) antes de que puedas llegar a tocarme un pelo. En cierta forma, creo que hacen iguales a todos los hombres; no dependen de la fuerza ni la agilidad, ni siquiera la inteligencia de su usuario y cualquiera las puede aprender a manejar. Solo necesitas una mano firme y una bala en el cañón de tu arma; ella se encarga del resto.

Guarde las pistolas, que ya después tendría tiempo de recargarlas cuando no estuviese en plena batalla. Podría haber tirado una de mis granadas contra la puerta de la armería, eso de seguro hubiese bajado a unos cuantos soldados. Pero por otra parte, no quería arriesgarme a que los trozos de metal y el rango de la explosión dañasen a mis compañeros (y no estaba seguro de si sería conveniente dañar por accidente a esa gelatina oscura). De momento, me limite a sacar el arcabuz y descargar la bala que tenía adentro contra la rodilla de uno de los soldados que intentaba abrirse paso hacia la armería. El pobre desgraciado iba adelante de un pequeño grupo cuando la bala destrozo el hueso de su pierna, de modo que cuando cayó, varios se tropezaron con su cuerpo.”….Si alguien pregunta, eso era exactamente lo que tenía pensado hacer”. El arcabuz volvió a su funda, y saque la espada bastarda. Las mujeres voladoras estaban desapareciendo, y cada segundo que pasaba cada vez más soldados salían. Incluso aquellos que no llegaban a la armería tenían espadas de madera, piedras, trozos de metal y seguro estaban como mínimo entrenados en alguna forma de combate cuerpo a cuerpo, por no mencionar que varios tenían armas de verdad. De momento todo lo que podía hacer, dado mi poco entendimiento de la situación, era seguir matando a los que llegaran hasta que alguien me diese una mejor idea. Solo esperaba que eso ocurriese rápido.
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Frank Morgan.

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Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

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