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La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

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Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

Mensaje por Croatoan el Sáb Jul 21, 2018 5:32 pm

La ya nada pequeña slime avanzaba, de manera aún menos sutil, hacia ese dragón, la fuente de las mayores vibraciones del suelo con una pasmosa diferencia, y por lo tanto un banquete de pleno derecho. Nyami se había vuelto grande, muy grande, no solo por el constante aguacero, sino por todas las víctimas, concluyo en un acto de sapiencia sin precedentes, mientras alargaba un tentáculo y recogía otro snack. Era raro para ella acercarse a una tan clara fuente de peligro, pero a su vez, ignorar las señales de peligro en pos de una recompensa, real o imaginaria, demostraba una inteligencia superior a la que jamás había tenido.

O puede que realmente quisiera saber a qué sabia un dragón, la glotonería era un sentimiento muy muy fuerte.

Pero había aprendido unas cuantas cosas en su viaje de autodescubrimiento, y multitud de armas y armaduras habitaban ahora su cuerpo, siendo manejadas con mejor o peor destreza por la slime, mientras esta pensaba en la mejor manera de encarar el potencialmente delicioso problema, que ahora mismo parecía desbocado cortesía de un supositorio, aunque Nyami no habría entendido ninguno de los dos conceptos. Lo que si entendió fue que su presa intentaba escaparse volando. Multitud de deliciosos pájaros habían escapado de ella batiendo las alas, por lo que su presa intentando huir no hizo más que fortalecer su resolución. Que al final cayera de bruces era irrelevante, aunque que se sepultara, un poco, por toda esa universidad sí que era un poco preocupante. La slime retrajo su forma, evaluando la mejor opción. La pseudoesfera media, según las estimaciones de su propio cuerpo, aproximadamente una cuarta parte de su rival, aunque dicho tamaño se iba incrementando por momentos gracias al aguacero, pero un cuarto ya era suficiente para su cada vez más inteligente criatura. Nyami se aplanó, como si se fundiera en un acalorado día de verano, y luego salió disparada hacia el cielo como una todopoderosa serpiente, para estrellarse allí donde ella creía que estaría la cabeza del dragón como un dios vengador particularmente pegajoso.

Por más que ahora estuviera grogui, sabia por experiencia la mayoría de las cosas despertaban cuando te las comías, y el fuego seguía siendo un enorme peligro por la casi sapiente slime, así que lógicamente decidió empezar primero por la cabeza e ir bajando. Sin cabeza, no había fuego. Su gelatina se filtró por los resquicios entre las piedras, llevándose algunas con ella, que vibraron de manera extraña. No tardó demasiado, con su tamaño y tacto sobrenatural propio de los de su tipo, en encontrar su a su presa, aun respirando entre los escombros. No por mucho tiempo, lamentablemente, puesto que la cabeza fue lo primero que Nyami devoró, quedándose con una bonita calavera en su interior. Su cuerpo ahora serpentil siguió entrando, a medida que devoraba de arriba abajo, guiándose por la espina dorsal, hasta llegar al pecho, momento en el que empezó a extenderse por todo el cuerpo. Huesos, músculos y ramas rotas fueron cubiertas de gelatina, digiriéndose hasta que ese pobre, enorme y condimentado wyverno no fue nada más que un esqueleto gelatinoso, como si de una grotesca construcción nigromántica se tratara. Y allí, enterrada, saboreando ese nuevo y delicioso sabor mentolado, la ya no tan pequeña slime alcanzó un nivel de sapiencia sin precedentes. Al menos para una especia tan tonta como una caja de zapatos. Reevaluó sus acciones, sus fallos y sus aciertos, abrazando esta recién descubierta sapiencia como el mayor tesoro posible. Y allí mismo, enterrada, entendió que dicha inteligencia era debida a su tamaño, y que la perdería cuando se encogiera.

Eso despertó el pánico en Nyami, que abrazó, metafóricamente, a esos nuevos pensamientos y emociones tan fuerte como pudo, mientras pensaba en cómo arreglar ese problema. La inteligencia se volvió una necesidad, ligeramente por debajo de la comida, pero una necesidad al fin y al cabo, integrándose en su ser, un mantra que su pequeña y más simple forma repetiría una y otra vez, aunque no entendiera el motivo, al menos hasta que comiera lo suficiente.

Pero eso no bastaba, puesto que solo reducía la duración del problema, sin aliviar ni anular el problema en sí, así que el ahora necro-draco-gelatinoso examinó su cuerpo, intentando comprender de donde salía dicha inteligencia, ¿puede que si se encogía de cierta manera, no perdiera esos pensamientos? No fue muy difícil encontrar de donde procedía su chispa de inteligencia, la verdad, una vez descartadas las cosas que había comido, como los huesos y piedras. Lo único que quedaba era la gelatina y sus núcleos. Así que la slime se centró en estos, estudiando cómo funcionaban, como se conectaban, transmitiendo sus pensamientos y emociones por la red de nervios. La clave estaba en el número, entendió, así que si se volvía pequeña, pero conservaba todos esos núcleos, no perdería sus pensamientos… pero hasta ella se daba cuenta que todos esos núcleos ocupaban mucho espacio, y ahora, con el tamaño de ese gigantesco dragón, tenía muchos más núcleos de los que cabrían en su forma habitual.

El primer paso lógico fue hacerlos más pequeños, lo que la llevo a un pequeño proceso de experimentación; que podía sacar y que podía encoger sin que el núcleo dejara de funcionar. Resulto ser que dichos núcleos podían ser pequeños, mucho más pequeños, sin que sus pensamientos se comprometieran demasiado, observo la sapiente slime, fue entonces cuando se dio cuenta de que lo que parecía importar era la conexión entre ellos, no el numero o tamaño, así que observo a sus nuevos núcleos, del tamaño de canicas, y los agrupó en uno, un único núcleo de tamaño estañar, relleno de más pequeños, ronroneando de placer cuando funcionó. Inconscientemente, acababa de crear un cerebro, usando los simples núcleos como neuronas para realizar sinapsis, a la vez que reducía el peligro que suponía tener miles de núcleos flotando libres. Cierto, así tenía unos pocos puntos débiles en vez de unos miles, lo que la hacía, teóricamente, más vulnerable, pero una docena de núcleos eran más fáciles de proteger que dos mil, o al menos eso consideraba ella con su recién hallada e incuestionable inteligencia.

Con sus núcleos agrupados en cómodos y compactos…núcleos, Nyami estuvo por fin satisfecha, y el miedo a volver a ser tan… simple, se desvaneció un poco. Con tal problema solucionado, la slime se centró en otros, menos inmediatos problemas, como que estaba pasando exactamente allí fuera. Un tentáculo con un ojo salió de entre la maraña de escombros, observando tímidamente a su alrededor como si de un periscopio se tratara.

Comida-quieta, no quieta, eso no solo era nuevo, sino que incomodaba enormemente a Nyami, su concepción del mundo se había agitado, al nivel de ver un cerdo volando. Y no solo había comida-quieta-no-quieta, sino que esta estaba luchando contra comida-que-se-mueve, y algunos de ellos le daban muy malas vibraciones.

Así que tomó la decisión más lógica, huir por tentáculos. Removió un poco los escombros a un lado y empezó a estrujarse por el agujero, lenta y discretamente, dejando la mayoría de las cosas que había recolectado detrás. Al fin y al cabo, no tenía uso para la mayoría de cachivaches, así que escudos, armas, armaduras y huesos fueron dejados atrás, pero no todos. Se llevó con ella una armadura completa, junto a su espada y escudo, así como la calavera de esa deliciosa y enorme cosa que, juraría, había empezado a encogerse, y finalmente, esas piedras que vibraban raro en su interior. Piedras cuya procedencia desconocía, puesto que había llegado tarde al banquete, pero que habían salido disparadas de cierta universidad flotante y alteradora de esencia en cuando el dragón vegetal la había destrozado.

Nyami dedico una última mirada a ese caótico pandemónium, burbujeo un ronroneo que podría haberse interpretado como un “gracias por la comida” y empezó a reptar lentamente hacia el horizonte, hacia una nueva aventura y lejos de todos esos problemas. Aunque podía considerarse que había cogido las piedras por curiosidad y la calavera como recuerdo, las armas y armadura estaban allí por un motivo más práctico, un plan magistral para participar en muchas más sabrosas aventuras, un plan que sin duda hizo a cierto caballero tortuga retorcerse de incomodidad, estuviese donde estuviese.

Había tanto que explorar, tantas cosas que catar...
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Croatoan

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Nyami Nyami

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