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La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

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Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

Mensaje por Croatoan el Sáb Jul 21, 2018 5:32 pm

La ya nada pequeña slime avanzaba, de manera aún menos sutil, hacia ese dragón, la fuente de las mayores vibraciones del suelo con una pasmosa diferencia, y por lo tanto un banquete de pleno derecho. Nyami se había vuelto grande, muy grande, no solo por el constante aguacero, sino por todas las víctimas, concluyo en un acto de sapiencia sin precedentes, mientras alargaba un tentáculo y recogía otro snack. Era raro para ella acercarse a una tan clara fuente de peligro, pero a su vez, ignorar las señales de peligro en pos de una recompensa, real o imaginaria, demostraba una inteligencia superior a la que jamás había tenido.

O puede que realmente quisiera saber a qué sabia un dragón, la glotonería era un sentimiento muy muy fuerte.

Pero había aprendido unas cuantas cosas en su viaje de autodescubrimiento, y multitud de armas y armaduras habitaban ahora su cuerpo, siendo manejadas con mejor o peor destreza por la slime, mientras esta pensaba en la mejor manera de encarar el potencialmente delicioso problema, que ahora mismo parecía desbocado cortesía de un supositorio, aunque Nyami no habría entendido ninguno de los dos conceptos. Lo que si entendió fue que su presa intentaba escaparse volando. Multitud de deliciosos pájaros habían escapado de ella batiendo las alas, por lo que su presa intentando huir no hizo más que fortalecer su resolución. Que al final cayera de bruces era irrelevante, aunque que se sepultara, un poco, por toda esa universidad sí que era un poco preocupante. La slime retrajo su forma, evaluando la mejor opción. La pseudoesfera media, según las estimaciones de su propio cuerpo, aproximadamente una cuarta parte de su rival, aunque dicho tamaño se iba incrementando por momentos gracias al aguacero, pero un cuarto ya era suficiente para su cada vez más inteligente criatura. Nyami se aplanó, como si se fundiera en un acalorado día de verano, y luego salió disparada hacia el cielo como una todopoderosa serpiente, para estrellarse allí donde ella creía que estaría la cabeza del dragón como un dios vengador particularmente pegajoso.

Por más que ahora estuviera grogui, sabia por experiencia la mayoría de las cosas despertaban cuando te las comías, y el fuego seguía siendo un enorme peligro por la casi sapiente slime, así que lógicamente decidió empezar primero por la cabeza e ir bajando. Sin cabeza, no había fuego. Su gelatina se filtró por los resquicios entre las piedras, llevándose algunas con ella, que vibraron de manera extraña. No tardó demasiado, con su tamaño y tacto sobrenatural propio de los de su tipo, en encontrar su a su presa, aun respirando entre los escombros. No por mucho tiempo, lamentablemente, puesto que la cabeza fue lo primero que Nyami devoró, quedándose con una bonita calavera en su interior. Su cuerpo ahora serpentil siguió entrando, a medida que devoraba de arriba abajo, guiándose por la espina dorsal, hasta llegar al pecho, momento en el que empezó a extenderse por todo el cuerpo. Huesos, músculos y ramas rotas fueron cubiertas de gelatina, digiriéndose hasta que ese pobre, enorme y condimentado wyverno no fue nada más que un esqueleto gelatinoso, como si de una grotesca construcción nigromántica se tratara. Y allí, enterrada, saboreando ese nuevo y delicioso sabor mentolado, la ya no tan pequeña slime alcanzó un nivel de sapiencia sin precedentes. Al menos para una especia tan tonta como una caja de zapatos. Reevaluó sus acciones, sus fallos y sus aciertos, abrazando esta recién descubierta sapiencia como el mayor tesoro posible. Y allí mismo, enterrada, entendió que dicha inteligencia era debida a su tamaño, y que la perdería cuando se encogiera.

Eso despertó el pánico en Nyami, que abrazó, metafóricamente, a esos nuevos pensamientos y emociones tan fuerte como pudo, mientras pensaba en cómo arreglar ese problema. La inteligencia se volvió una necesidad, ligeramente por debajo de la comida, pero una necesidad al fin y al cabo, integrándose en su ser, un mantra que su pequeña y más simple forma repetiría una y otra vez, aunque no entendiera el motivo, al menos hasta que comiera lo suficiente.

Pero eso no bastaba, puesto que solo reducía la duración del problema, sin aliviar ni anular el problema en sí, así que el ahora necro-draco-gelatinoso examinó su cuerpo, intentando comprender de donde salía dicha inteligencia, ¿puede que si se encogía de cierta manera, no perdiera esos pensamientos? No fue muy difícil encontrar de donde procedía su chispa de inteligencia, la verdad, una vez descartadas las cosas que había comido, como los huesos y piedras. Lo único que quedaba era la gelatina y sus núcleos. Así que la slime se centró en estos, estudiando cómo funcionaban, como se conectaban, transmitiendo sus pensamientos y emociones por la red de nervios. La clave estaba en el número, entendió, así que si se volvía pequeña, pero conservaba todos esos núcleos, no perdería sus pensamientos… pero hasta ella se daba cuenta que todos esos núcleos ocupaban mucho espacio, y ahora, con el tamaño de ese gigantesco dragón, tenía muchos más núcleos de los que cabrían en su forma habitual.

El primer paso lógico fue hacerlos más pequeños, lo que la llevo a un pequeño proceso de experimentación; que podía sacar y que podía encoger sin que el núcleo dejara de funcionar. Resulto ser que dichos núcleos podían ser pequeños, mucho más pequeños, sin que sus pensamientos se comprometieran demasiado, observo la sapiente slime, fue entonces cuando se dio cuenta de que lo que parecía importar era la conexión entre ellos, no el numero o tamaño, así que observo a sus nuevos núcleos, del tamaño de canicas, y los agrupó en uno, un único núcleo de tamaño estañar, relleno de más pequeños, ronroneando de placer cuando funcionó. Inconscientemente, acababa de crear un cerebro, usando los simples núcleos como neuronas para realizar sinapsis, a la vez que reducía el peligro que suponía tener miles de núcleos flotando libres. Cierto, así tenía unos pocos puntos débiles en vez de unos miles, lo que la hacía, teóricamente, más vulnerable, pero una docena de núcleos eran más fáciles de proteger que dos mil, o al menos eso consideraba ella con su recién hallada e incuestionable inteligencia.

Con sus núcleos agrupados en cómodos y compactos…núcleos, Nyami estuvo por fin satisfecha, y el miedo a volver a ser tan… simple, se desvaneció un poco. Con tal problema solucionado, la slime se centró en otros, menos inmediatos problemas, como que estaba pasando exactamente allí fuera. Un tentáculo con un ojo salió de entre la maraña de escombros, observando tímidamente a su alrededor como si de un periscopio se tratara.

Comida-quieta, no quieta, eso no solo era nuevo, sino que incomodaba enormemente a Nyami, su concepción del mundo se había agitado, al nivel de ver un cerdo volando. Y no solo había comida-quieta-no-quieta, sino que esta estaba luchando contra comida-que-se-mueve, y algunos de ellos le daban muy malas vibraciones.

Así que tomó la decisión más lógica, huir por tentáculos. Removió un poco los escombros a un lado y empezó a estrujarse por el agujero, lenta y discretamente, dejando la mayoría de las cosas que había recolectado detrás. Al fin y al cabo, no tenía uso para la mayoría de cachivaches, así que escudos, armas, armaduras y huesos fueron dejados atrás, pero no todos. Se llevó con ella una armadura completa, junto a su espada y escudo, así como la calavera de esa deliciosa y enorme cosa que, juraría, había empezado a encogerse, y finalmente, esas piedras que vibraban raro en su interior. Piedras cuya procedencia desconocía, puesto que había llegado tarde al banquete, pero que habían salido disparadas de cierta universidad flotante y alteradora de esencia en cuando el dragón vegetal la había destrozado.

Nyami dedico una última mirada a ese caótico pandemónium, burbujeo un ronroneo que podría haberse interpretado como un “gracias por la comida” y empezó a reptar lentamente hacia el horizonte, hacia una nueva aventura y lejos de todos esos problemas. Aunque podía considerarse que había cogido las piedras por curiosidad y la calavera como recuerdo, las armas y armadura estaban allí por un motivo más práctico, un plan magistral para participar en muchas más sabrosas aventuras, un plan que sin duda hizo a cierto caballero tortuga retorcerse de incomodidad, estuviese donde estuviese.

Había tanto que explorar, tantas cosas que catar...
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Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

Mensaje por Frank Morgan. el Dom Ago 19, 2018 1:19 am

No fue muy difícil para mí abrirle paso al grupo por entre las mareas de soldados. Desde luego, todo el crédito va para mis pistolas. Esos mercenarios eran hábiles, muy hábiles, pero no demasiado astutos. Yo, por mi parte, no tengo miedo de explotar una clara ventaja. Si alguien quiere tacharme de “poco honorable” pues que lo haga; no busco una medalla, solo salir vivo de esa puta pelea. Ellos no tienen miedo de explotar su increíblemente amplia ventaja numérica para lanzarse de a varios contra nosotros ¿Por qué yo debería entonces desaprovechar el factor sorpresa y la superioridad armamentística? La clara respuesta es que no debería, por eso descargue el primer tiro que pude contra el rostro del primer pobre diablo que se me apareció. No voy a mentir, me daba pena aquello. No estaba peleando contra el típico bastardo que se ganaba su foto en un cartel de “Se Busca”, eran mercenarios de buena fama que tal vez ni sabían porque estaban peleando. Las fuerzas invasoras éramos nosotros, hasta donde yo tenía entendido al menos. Ellos solo defendían su castillo. Tristemente, no era una situación para ponernos a charlar, y no tenía ganas de morir. El dragón solo había empeorado las cosas. Miraba a los ojos a la mayoría de los presentes que tenia de frente, retándolos a avanzar, pidiéndoles que tuviesen más cerebro que sentido del honor. Por suerte la gran mayoría hicieron caso, y nos abrimos camino con facilidad.

Uno de mis “compañeros de grupo” tuvo el valor (o la falta de sensatez) como para acercarse a la cabeza de ese monstruo e intentar tranquilizarlo, y por un momento pareció que lo había logrado…y entonces salió volando. Casi pareciera que el dragón se había quedado quieto solo para darle falsas esperanzas y luego patearlo cuando estuviese en la nube más alta. Ese dragón era una perra. Una perra adolorida, al menos. El grito de sufrimiento que pego (grito, aullido, estruendo, cualquier palabra sirve) debe haberse escuchado en varios kilómetros a la redonda, como mínimo. No me sorprendería si escuchase a mi propia madre hablar de un gran estruendo cuando volviese a casa. Durante ese momento, no envidie para nada a aquellos individuos que tenían oídos agudizados, teniendo en cuenta que yo con mi simple oído humano casi me quede sordo ¿Lo peor de todo? Tener ambas manos ocupadas con pistolas, de modo que no puedes taparte los oídos. Por suerte muchos otros sufrieron el mismo problema, de modo que nadie pudo aprovechar esa enorme distracción. Lo que sí, me surgió la duda en la cabeza ¿Qué demonios podría dañar a semejante monstruo al punto de hacerlo gritar de dolor? ¿Realmente quería saberlo? Aparentemente eran las ramas. No, no es broma, tampoco estoy alcoholizado. El dragón volvo hacia los cielos, cubierto de raíces, lianas, hojas y ramas. A poco más de la mitad del camino se detuvo. Creo que pesaba demasiado, o los músculos de sus alas se habían vuelto raíces. Fuera como fuese, la gran bestia colapso. Y tan mala era nuestra suerte que colapso directo sobre la Universidad. –Me vienen a la mente mínimo 20 magos a los cuales eso no les gustara.- Creo que a esas alturas no era muy equivocado suponer que cualquier pobre alma que hubiese buscado refugio dentro de ese enorme edificio acababa de sufrir una muerte atroz.

Bueno, había cumplido mi tarea, al menos, los había llevado tan cerca cómo era posible sin sufrir demasiados daños (que el dragón me hubiese ayudado un poco no tenía nada que ver). Tampoco pude evitar notar como uno de los magos, previamente herido, compartía el funesto destino del reptil alado.- ¿Qué demonios acaba de pasar? –Fue la única cosa que me vino a la mente. La carne no se convierte en plantas por que sí. Mas magia, fantástico; cada vez la odio más. Al menos ya nos habíamos librado de la mayor amenaza del campo de batalla. Podíamos volver tranquilos a masacrarnos contra los soldados mientras Falqued hacia sus locuras mágicas. Y entonces alguien dijo una de las frases más idiotas y suicidas que he escuchado en toda mi vida “Que podría salir peor”. Y, como siempre, porque le Universo funciona de este modo, algo salió mal. Otra amenaza apareció en el campo de batalla. Muchos de los pobres supervivientes del derrumbe de la universidad se vieron emboscados por…gelatina. Bueno, claramente no era gelatina, pero dado mi enorme desconocimiento del tema me limitare a describirlo utilizando palabras conocidas por el común de los mortales. Esta gelatina básicamente derretía todo lo que tocaba. Primero los pies de los soldados, luego el resto del cuerpo. Definitivamente era una muerte agónica y lenta, casi hacia parecer la incineración o morir aplastado como una manera tentadora de irte de este mundo. Sobra decir que avance exactamente en la dirección contraria.

Pero subestime el poder del “Que podría salir mal”, demasiado: no había contemplado la posibilidad de que un ejército de muertos vivientes se nos lanzara encima. Bueno, no un ejército per se, solo cinco personas. Pero cuando vez al “cadáver” de un joven al que le volaste la cara ni cinco minutos antes lanzándose sobre ti con espada en mano como si nada hubiese pasado…bueno, en esas situaciones los números no son precisamente lo que más importa. De un movimiento desenvaine mi bastarda, desviando con un golpe de costado el corte del no- muerto. Estaba rodeado. No había duda en sus ojos. Se iban a abalanzar contra mí, aplastarme por mera superioridad numérica. Mis ojos descendieron levemente hacia mi cinturón, donde una de mis granadas se encontraba. Si tenía que morir…podría llevármelos conmigo…

Entonces los no muertos se detuvieron. Literalmente, se pararon en seco y se voltearon todos hacia el mismo lado. No pude evitar hacer lo mismo, siquiera por mera curiosidad. Allí, una joven de piel bastante pálida se adentraba en el campo de batalla, atrayendo la atención de literalmente cada zombie que se encontraba en la zona. Era imposible no sentirse perturbado ante esa escena; ninguno de los cadáveres la ataco, solo se le quedaron viendo. Cuando llevo sus manos a su pecho, asumo que iba a lanzar un hechizo o algo así. Y hasta cierto punto tuve razón: lo que hizo fue mágico. No fue el fuego que salió de sus manos sino la canción de su boca la cual nos hechizo a todos. Dado que ningún cadáver me ataco durante ese lapso de inconsciencia, calculo que a ellos también les habrá afectado. Fue una melodía, más que una canción, y a veces hasta dudo que haya sido eso. Era un sonido que se repetía, difícil de describir. Todo lo que se a “ciencia” cierta

es que de un segundo a otro todo cambio para mí. Cuando esa mujer entro al campo de batalla, aun podía sentir la adrenalina corriendo por mis venas, el sudor mezclado con sangre ajena goteando de mis ropas, y los trozos de ceso goteándome del pecho. En el segundo que escuche su voz, todo cambio. Juro que sentí un calor en mi interior que hace mucho no era capaz de experimentar, casi como si dos brazos espectrales hubiesen rodeado mi pecho desde atrás, en una forma tanto protectora como cariñosa. Creo que hasta escuche alguien susurrando algo a mi oído. Era completamente ilógico: me encontraba rodeado de cadáveres (muchos de ellos todavía hostiles), envuelto en una masacre de proporciones espantosas, en un grupo lleno de seres mágicos. Nada de todo eso gritaba “seguridad” precisamente. Pero así me sentía yo. Durante unos preciosos segundos, que bien podrían haber sido horas desde mi perspectiva, me sentía a salvo. Me sentí como cuando era niño y me asustaba: mi madre se acercaba a mí y me abrazaba con fuerza, susurrando algo a mi oído que hacía que mi miedo desapareciese. Fue lindo mientras duro.

Entonces recordé que mi madre está en cama recuperándose de lesiones graves y necesitaba dinero para pagar los gastos médicos. En esas condiciones ella no puede abrazarme así.

La pistola fue a su funda, liberando una mano que salió disparada hacia la granada de mi cinturón. Digamos que después de tener esa alucinación, la idea de resignarme a morir ya no estaba presente en mi mente. Salí disparado hacia uno de los cinco cadáveres. Este reacciono rápido, intentado rebanarme la cabeza con un corte horizontal, pero logre agacharme justo a tiempo para esquivarlo. Sin perder el impulso, estire mi brazo hacia adelante, como si fuese a pegarle un golpe en la nariz. Metí la granada en su boca con tanta fuerza que le partí varios dientes. Al mismo tiempo que retire la mano, lo tome por el peto de su armadura y lo lance hacia atrás, directo a lo que venía a ser el centro del grupo, junto a sus camaradas. Tome una de las pistolas de cañón largo; todo ocurrió demasiado rápido, pero para mí cada segundo se sintió como una hora. Solo tenía un tiro, debía hacerlo valer. La bala salió disparada del cañón, impactando directo contra la nuca del soldado: había elegido a uno de los que no tenían casco. El proyectil atravesó su carne, alcanzando mi explosivo. A la hora de activarlas, las balas tienen el mismo efecto que encender una mecha. No fue ni de lejos una explosión épica, pero hizo el trabajo. Los cuatro muertos restantes se habían intentado abalanzar contra mí, por lo cual recibieron de frente a su compañero cuando lo lance hacia ellos. La explosión basto para volarlos en pedazos a casi todos, y para dejar al resto demasiado demacrados como para representar una amenaza, por más que no hubiese podido detenerlos. Era jodido, la verdad. Primero, mueres de manera espantosa en una masacre sin sentido, y ni siquiera puedes tener el lujo de una muerte digna y pacífica.

Luego, quedaba la chica mágica. Eso sí que fue brutal. No me malentiendan: si ella estaba detrás de loa pandemia zombie se lo merecía, pero aun así fue brutal. Primero, la mujer cantante la partió literalmente a la mitad; y se tomó su tiempo para hacerlo. Todo lo que pude ver a la distancia fue un artefacto extraño que se estaba llevando, y peces saliendo de su herida. Creo que eran peces, no lo sé, estaba demasiado lejos. Lo que si vi, fue esa extraña criatura (que llamare dragón, en un vano intento por mantener lo que queda de mi cordura intacta) descendiendo sobre ella, aplastando su cabeza y extrayendo de cuajo su corazón. Para luego devorarlo. Por qué claro ¿Cuál es el chiste de sacarle el corazón a alguien si no puedes comértelo? Pero bueno, a juzgar por la mirada de los presentes, creo que estaba de nuestra parte, y la otra chica no. Así que, bueno, un objetivo menos, supongo. Ahora solo quedaba el dragón…

Ah, no, olvídenlo. La gelatina negruzca de antes se lo estaba comiendo…

…y luego se escurrió por un agujero. Está bien, eso era bueno.

Aprovechando la momentánea paz para recargar mi arcabuz, me dirigí a toda velocidad hacia el grupo de personas que antes había escoltado hacia el dragón. –Por favor, díganme a que tengo que dispararle ahora. Parece haber una repentina ausencia de enemigos importante ahora mismo, si no contamos a los muertos vivientes. –Esa era otra duda ¿Si la chica de antes había levantado a esos cadáveres, estos volverían a la tumba ahora que estaba muerta? Porque si no, todavía me quedaba otra granada.


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Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

Mensaje por Balka el Dom Sep 09, 2018 9:01 pm

____ -Oh, venga ya. -siseó con fuerza la elfa, el ceño fruncido.

____A Balka le gustaban las cosas ordenadas y bien hechas. Y sobre todo le gustaba que, cuando apuntaba a un enemigo, el enemigo recibiese la flecha que ella lanzara y no que éstas se rebelasen y buscasen por sus propios medios un lugar particular donde hundirse. Aunque todos los tiros habían acertado y todos los tiros generaron daño. Maldijo en voz baja aquella locura sin nombre, pero se conformó con el hilillo de sangre que colgaba de la comisura de la boca de la rechicero.

____Presentía que ya había hecho todo lo que podía hacer en lo que a ese asunto correspondía, así que dejó la situación en manos de la albina, o del demonio de la caja, o incluso de Falqued. Una flecha en el costillar y sangre en la boca indicaban una perforación de pulmón que no tardaría en inundarse, entorpeciendo los gestos y el tiempo de actuación de aquella cría siniestra. Esperó que fuese suficiente pues su atención ya estaba puesta en otros asuntos. Tales como preguntarse qué rayos hacer ahora.

____Las escenas en el patio de entrenamiento de La Aguja se sucedían a toda velocidad, como un carrusel vertiginoso bajo el difuso panorama que ofrecía el aguacero. El dragón trató de echar a volar y se derrumbó estrepitosamente sobre la universidad, aplastándola como un niño que pisa una hoja seca en otoño. La guarrería aquella gigante que invocara Aulenor se escurría por entre los escombros llevándose gente medio derretida con ella, desapareciendo de repente para no volver jamás mientras el pistolero seguía a la suya reventando cabezas a base de balas. Y la bruja... la bruja hacía sus cosas raras de bruja rara. A ras de suelo la gente en general corría de un lado a otro. Supuso que tratando de averiguar el propósito de su existencia a través de la violencia, porque la alternativa a ojos de a elfa era que estuviesen ensayando cómo comportarse como un corral de pollos.  

____Balka parpadeó. Estaba perpleja. Jamás se las había visto en un campo de batalla en el que sucediesen tantas cosas extraordinariamente extrañas a la vez. Se giró buscando a Nickel, que estaba encaramado a las medias troneras y observaba el panorama con la boca medio abierta. A saber qué estaría viendo de verdad.

____Entonces, en un momento concreto pero indefinible, sucedió. Fue como si alguien escondido activase un interruptor invisible y de repente todo se precipitara, inexorable, hacia un único camino posible.

____Otra persona que parecía completamente ajena a la escena hizo su entrada como por arte de magia. Una mujer pálida de actitud inquietante que comenzó a cantar como quien se pasea por el patio de su casa, caminando entre los cadáveres y las peleas sin inmutarse por nada. ¿Aquel a su lado era Falqued?

____ -¡Oh, venga ya! -exclamó. Debía de haber barra libre por algún lado y ella no se había enterado, seguro.

____Entonces la mente de la elfa se nubló. Se le encogió el pecho y sintió en él la ansiosa quemazón de la soledad, de todos los tipos de soledad. Pero sobre todo el de la línea de la sangre. Sintió una presencia que se partía en mil, y todas ellas extendieron los brazos en bienvenida. La extraña melodía se tornó en suaves y agradables risas, como las que había escuchado en boca de otros elfos. El sonido se tornó en un eco de recuerdos de la infancia, enterrados en las capas más recónditas de su memoria a las que jamás se permitía acceso. Bajo ninguna circunstancia. Porque todavía no estaba preparada para afrontar la realidad de sus propios y más profundos problemas.

____Sacudió la cabeza con brusquedad para encontrarse acuclillada en el suelo, pegada a la fría y mojada piedra de las troneras como una niña desesperada que busca apoyo. Entrecerró los ojos con mucha irritación y soltó un gruñido mientras se le pasaba el aturdimiento. Alzándose con rapidez en busca del autor de la canción volvió a quedarse perpleja ante la nueva escena que se estaba desarrollando frente a sus ojos: por un lado la albina, que había desplegado unas monstruosas alas, había dado cuenta de la rechicero; por otro, los muertos comenzaban a alzarse de entre los charcos de lluvia y sus propias tripas. ¿¡Qué era todo aquello, así de repente!?

____Se asomó presta sobre las medias troneras. La recibió el hedor de una magia siniestra acompañado por decenas de cuerpos que se apilaban unos sobre otros. No por cooperación general, sino por mera inercia, algo de casualidad y un objetivo común.

____ -¡OH VENGA YA! -gritó con indignación a la masa inmutable de no-muertos.- ¿EN SERIO? ¿ZOMBIES? ¡¡QUE OS PARTA UN RAYO A TODOS, MAMONEEEEEESSS!!

____Durante una milésima de segundo esperó sinceramente que un rayo apareciera desde los cielos castigadores. Pero sólo caía lluvia. ¿No pararía nunca? Acto seguido se apartó de allí, se colgó el arco al bies y compró que lo tenía todo. Dio varias vueltas buscando a Nickel, peligrosamente inclinado sobre el abismo de cadáveres trepadores. Lo agarró y lo metió directamente en la bolsa, pensando frenéticamente en una salida. Resistir en una posición defensiva quedaba totalmente descartado frente a un enemigo que no se fatiga y al que sólo se le mata dándole en la cabeza. Balka iba bien de puntería, pero consideraba una pérdida de tiempo volver a matar cosas que ya había matado.

____Un cuerpo, perteneciente a un joven que en su otra vida no fue muy agraciado, pero que con una flecha saliéndole de la cuenca izquierda no le mejoraba en nada su podrida existencia actual, conquistó entre estertores las medias troneras. Se abalanzó sobre la mujer de manera torpe pero con mucha fuerza. Balka desenfundó el pugio y con un poderoso golpe de su brazo izquierdo le rompió el cráneo con la empuñadura.

____ -Estamos jodidos, Nick... bien jodidos, compañero. -comentó en un tono monocorde al ver saltar al segundo y tercer no-muerto. El kaoras asomó su cara de máscara con discreción.

____Una sombra oscura llegó a la posición como una ventisca brusca y breve. Un wyvern del tamaño de un maldito caballo apareció de la nada, brillando negro por efecto del agua y despeñando en su aterrizaje varios zombies; algo que la elfa agradeció enormemente. Era un maravilloso exponente de su raza, al que en otras circunstancias Balka habría asaeteado de haberse acercado tanto. Por precaución. Y porque ejemplares así se vendían muy bien en el mercado. Con una actitud altiva desplegó un ala de membranosa mientras su cabeza giraba en dirección contraria, como si no quisiera ver a la elfa más que lo necesario.

____¿Era aquello una invitación? Tenía toda la pinta de ser la mascota de alguien, si no, ¿por qué se comportaría así? ¿Pero, de quién? No importaba ahora. Aceptó de inmediato el hecho de que alguien la estaba ayudando y no perdió el tiempo. Con la agilidad característica de cualquier elfo se encaramó sin mucho esfuerzo a aquel lejano y hermoso pariente de los dragones, que de inmediato batió las poderosas alas y despegó. Le vino a la mente la palabra uber, que en el idioma de los gnomos venía a ser algo así como "a domicilio".

____¿Qué haría ahora? ¿Tenía que decirle algo? ¿Tendría el bicho sus propias órdenes? El wyvern ascendió en círculos y la elfa respiró profundamente. No podía evitar disfrutar del viaje, jamás había volado a lomos de nada vivo, exceptuando a la vieja Mags (y ella la dejó caer cual saco de patatas). Esperó que el animal tuviese más decoro. Desde luego, si a esas alturas no había pillado un trauma con las alturas y el vuelo, jamás lo haría.

____Lagarto y jinete improvisado sobrevolaron el lugar, esperando el momento adecuado para actuar.


{ - sin perder la ronrisa... }
¿Qué está bien y qué está mal? Dime.
¿Qué ética tiene la llave de lo moralmente aceptable?

{ ...pero perdida en ella - }

Diálogo - #d65151
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Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

Mensaje por Strindgaard el Mar Oct 16, 2018 11:20 pm

Atrapaalmas había muerto, pero aun así, Strindgaard no estaba satisfecho.
El demonio observó como la arcana mujer había sido apuñalada ferozmente por la aguda hoja del pálido y blanco esqueleto en que se había transformado Isarika, para luego ser despojada de toda su sangre en un ritual para extraer las almas que por tantas décadas había robado. Se bañó en los gritos agónicos de la muchacha, se sintió maravillado con el morbo, al ver caer a borbotones el líquido rojo, y aquellos peces de luz. Pero aun así, a pesar de todo, Strindgaard no estaba satisfecho.
Exangüe, Atrapaalmas había dado su último suspiro. Ya en el sucio suelo de piedra, entre sangre y despojos, en un remate digno de una fábula zhalmiana, fue decapitada de manera cruenta por aquella quimera alada en que se había transformado Luzbel, quien finalmente, le abrió el pecho con sus zarpas y le devoró el corazón a dentelladas.
Una mente desperdiciada, una madeja de recuerdos y sensaciones, de esperanzas banas y sueños olvidados. El demonio pensó por un momento en lo agradable que hubiera sido volver a tocar la superficie de aquel lago de memorias que alguna vez traspasó cuando entró en la mente de Atrapaalmas, pero ya era tarde, estaba muerta. Se merecía terminar así, es la verdad, de la manera más cruel posible. Pero aun así, a pesar de todo, Strindgaard no estaba satisfecho.
¿Tanta ira puede guardar un demonio en su alma? ¿O acaso era su orgullo por no haber dado él el golpe final? Ser un espectador no era ni mucho menos parecido a sostener el arma. Miró sus manos, guardó la daga que colgaba inútil entre sus dedos.

Las nubes negras se fueron diluyendo dejando un cielo templado y gris, mientras una brisa fría llegaba desde las montañas. No había ningún ave en el cielo, ni siquiera insectos que zumbaran cerca de la fortaleza, exceptuando la negra criatura de alas anchas que sobrevolaba con la elfa en el lomo. Más abajo, desde lo alto del adarve y envuelto en un silencio artificial, el demonio y el mago contemplaron el escalofriante espectáculo que ofrecían los muertos deambulando por todo el patio en busca de terminar con los pocos vivos que restaban.

Los cuerpos carbonizados del puñado Orden Mayor de Tirian se acercó lentamente hacia las dos figuras que observaban el caos.
Si fue Atrapaalmas quien los alzó, ¿Por qué siguen estando de pie?
Qué más da eso, en algún momento terminarán de moverse. O no. El hecho es que ella está muerta; hemos terminado aquí.
El demonio se volteó y notó la cercanía de los muertos.
Pero, algo hay que hacer con todos estos alzados, por ahí andan quienes respondieron a las cartas, los magos que se quedaron en la Universidad, además de algunos civiles que no sé cómo llegaron aquí. —El mago también notó los soldados muertos acercarse, se movió con precaución hasta la escalera—. Strindgaard, es gente que necesita nuestra ayuda.
Me gusta la gente que sabe ayudarse a sí misma. Por lo demás, tu grupo se las ha estado apañando de excelente manera. Ha sabido hacer una carnicería de este lugar.
Ambos retrocedieron unos pasos a medida que los cuerpos quemados se acercaban gruñendo y moviendo sus espadas. El demonio dejó salir su Equipaje, el cual se acercó alegre a la desmadejada panda de cuerpos, con sus filas de dientes y su larga lengua listos para destrozar.
Me gustaría que las cosas se hubieran dado de manera diferente. Pero estos son los designios que Eilian me mostró. Yo solo fui un instrumento en sus manos. —El mago se encogió de hombros—. Más o menos. La oniromancia es un asunto delicado, ya no suelo interpretar los sueños como antes.
A unos metros de ellos se podía escuchar el resonar metálico y los mordiscos del Equipaje.
No puedo perder más tiempo, Strindgaard. —Falqued comenzó a bajar la escalera—, debo ayudar a los sobrevivientes. Si decides irte no te guardaré rencor, pero será una lástima que ese grimorio que tanto me costó robar de la universidad regrese a su lugar sin haber sido leído del todo.

Un grueso del ejército de Tirian-Le-Rain regresaba a casa. Con sus armaduras blancas pulidas hasta reflejar los pocos haces de luz que traspasaban las nubes. Era un destacamento de tantos, que había sido entregado a una de las ciudades que se encontraba en constante conflicto en Thonomer. Se trataba del primero de los ejércitos que compondrían la legión de Atrapaalmas, una vez que llegaran a la fortaleza serían reasignados, si las cosas se hubieran dado según el plan de la rechicero.
El teniente a cargo, extrañado por completo por el regadío de sangre que había vuelto el camino en un barrizal color borgoña, y el término de súbito de aquella extraña tormenta, envió tres jinetes a que se adelantaran a la columna principal para saber qué estaba sucediendo en lo alto de Le-Rain.

Te odio Falqued, te odio con toda mi alma. —Theminis, junto al grupo de magos que había sobrevivido, llegó entre espadazos, hechizos y disparos hasta el costado derrumbado de la universidad. La pieza de arquitectura, dueña de un alma barroca, con sus gárgolas y arcos en punta, se había vuelto un montón de bloques de piedra informe, sus muros se habían caído hacia dentro y el techo se había hundido hasta tocar el suelo. Allí, entre el polvo y el humo, algunos pocos magos que en un principio se habían quedado a resguardo junto con el cuerpo rígido de Tarot, rechazaron los soldados que avanzaban de manera extraña, pero rápida. Theminis, quien maldecía con la voz aflautada por el pánico, iba trazando una serie de paradas en forma circular contra los ataques múltiples que iba recibiendo el grupo—. Como te odio, so cabrón de mierda.
¡¿Qué diantres está sucediendo, van Luthar?! —Preguntó el Archimaestre cuando éste entró en su campo de visión. El grupo de Theminis se unió a duras penas con los demás magos. Al parecer éstos habían notado que sus hechizos estaban de vuelta, por la cantidad y eficacia con la que hacían uso de ellos contra los muertos—. ¡¿Qué pasó allá?!
¡¿Y por qué mejor no le pregunta a este atajo de cabrones que lo acompaña?! —Chilló apuntando con su espada a los cuatro Falqueds que habían estado resguardando el grupo de viejos magos usando pergaminos con runas escritas que repelían flechas y espadas—. Apareció finalmente un último Falqued de la nada junto a una demente con una guadaña del tamaño de un pony. Mataron a la mocosa loca, y para más remate apareció una bestia, que si me lo preguntas, se parece bastante a la noble albina que nos acompañaba, y terminó de profanar el cuerpo de la niña. —El cansado noble, luego de realizar una rápida finta de ataque y fuga, pasó de largo entre sus atacantes y se metió dentro del cercado muro defensivo que sostenían los magos.
Me parece que la rechicero está bien muerta, Falqued. ¡¿Cómo es que nada ha vuelto a la normalidad?!
Si la rechicero ha muerto —dijo uno de ellos—, el que nada haya vuelto a la normalidad solo podría significar que
—…Debemos entrar a la universidad… —Terminó de decir otro.
...A los restos de la universidad querrán decir.
¿A qué? ¿Qué hay en la universidad?
Mi pobre edificio. ¡Te juro que lo primero que haré luego de esta locura será expulsarte para siempre Falqued! Profanaste el Grimorio, creaste homúnculos, te multiplicaste como una enfermedad sexual en una taberna de puerto.
Luego Rhondan. Ahora debemos terminar con todo esto.
¡Archimaestre Rhondan!
No se puede entrar allí —Banquo ya estaba por terminar las docenas de pociones que había fabricado junto a su compañero—. Hemos visto con nuestros propios ojos como una gelatina rosada se ha comido a la mitad de los magos y los ciudadanos que habían llegado aquí con nosotros. Una masa come-hombres, se encaramó a los restos de la universidad una vez el dragón verde hubo caído sobre ella.
El guiverno, ahora que lo pienso ya no lo hemos vuelto a escuchar.
Hay que probar suerte.
¡Falqued, ¿qué hay en la universidad y de qué manera nos ayudará?!
Los Falqued se miraron entre ellos. Uno habló.
Es una piedra, un talismán poderoso que usé para protegernos de la rechicero. Posiblemente quedó impregnado con su esencia, por eso después de ida, su magia sigue en pie de guerra contra nosotros.
Calla, viejo loco. Quizá haya suficientes tú como para alimentar esa cosa, pero es mejor mantener nuestra defensa que arriesgarnos a ir hasta allá.
Mientras hablaban, los ancianos magos seguían repeliendo a los muertos, mientras el puñado de Falqued que quedaba en pie impedía su avance. Pero a las docenas de muertos se les iban sumando más y más.
Me parece que es momento de usar tu alfombra, suban a los magos y huyan. Yo y los Falqued que queden iremos a los restos de la universidad a por esa piedra.

Así lo hicieron. Los pocos ancianos que quedaban en pie se subieron a la alfombra junto con uno de los Falqued que se encargaba de defender. Se elevaron con premura y se alejaron de la fortaleza a toda velocidad.
Volveré por ustedes. —dijo antes de perderse en el cielo el Falqued que maniobraba el trozo de tela.
Debió ir con ellos, Archimaestre.
Pamplinas. Es mi universidad, si vamos a romper un tal talismán en ella quiero saber todo al respecto.
Bien, Frank. Es momento de que subir. —Junto al noble van Luthar no quedó nadie más que Straw, Banquo y Frank Morgan, además del Archimaestre. Ya solo quedaban tres Falqued, que como escudos humanos, protegían con un largo pergamino, el avance de las buenas dos docenas de muertos que se alzaban unos sobre otro para llegar hasta delante, y lanzar espadazos inútiles contra ellos—. Ustedes tres, quedaos en la retaguardia y subid lentamente tras nosotros.
Será mejor proteger vuestras espaldas desde aquí mientras suben.
Los pergaminos no soportarán hasta llegar arriba.
Adelante. Padre ha de llegar pronto.
Theminis miró a los demás sin entender las palabras de éste.
Anda, suban pronto.
¡Apuraos!

El grupo subió por un muro inclinado lo suficiente para caminar sin problemas, evitaron los boquetes y las ventanas reventadas y se elevaron varios metros sobre el nivel del patio, mientras a su alrededor, a medida que su vista se hacía más amplia, pudieron notar el gran tumulto de muertos. Húmedos de sangre y de agua, moviéndose como marionetas con algunas cuerdas menos, caminaban, corrían y se arrastraban. Sus movimientos eran espasmódicos, como de insectos. Los novatos de Tirian pululaban de aquí para allá buscando a los compañeros que todavía respiraban. La piel se les había vuelto de un viscoso color crema y sus ojos observaban sin mirar, con las pupilas y el iris nublado.

Arrodillaos ante vuestra nueva señora. —Las palabras de la demonesa se las llevó el viento.
Luzbel. ¿Aún estas ahí? —Preguntó el tal Belmont a la quimérica demonio, pues estaba bastante cambiada desde la última vez que la vio—. No tengo a mano mi alfombra, y necesito transporte.

Dentro de los restos de la universidad derrumbada, Polvoso había logrado ponerse a salvo de la pandilla de muertos que lo seguía. Cargando todavía en su espalda al nagar inconsciente, se encaminó por entre pasillos oscuros, pisando trozos de roca, mampostería y muebles que habían sido destrozados luego de la caída del guiverno. Llegó hasta el final de su camino, en completa oscuridad. Al parecer no había nada más que piedra, ninguna puerta por la cual seguir o pasillo por el cual encaminarse.
Entonces, algo tocó su brazo.

La universidad había perdido su forma. El gran hall en el cual hace poco los aventureros, llamados por las cartas de Falqued, habían entrado, ahora era un gran resumidero de tablones y vigas de roble rotas y astilladas. Los muros exteriores se habían combado hacia el interior hasta que lo alto de sus estructuras se tocó, formando un triángulo inestable. Las habitaciones se perdieron por completo y el contenido de éstas estaba disperso por todos lados, junto con los bloques de piedra cincelados de sus muros.
Las escaleras habían desaparecido, los pasillos se perdieron bajo la roca y nuevos pasillos se formaron a raíz del derrumbe. Theminis van Luthar, caminó por el inestable lugar delante del grupo, mirando impresionado el edificio. O lo que quedaba de él.
Será imposible encontrar esa cosa.
Mi universidad, mi pobre universidad.
Anda Rhondan, la universidad la hacen los alumnos, lo un vetusto edificio.
Pues, ya no queda ni universidad ni alumnos.
Al menos no está el guiverno.
Ni la masa come-hombres.
Una pena. Ya estoy deseando que se los hubieran comido.
No hay que perder tiempo, los muertos pronto van a terminar encaramándose por los muros y entrarán.
¿Por dónde comenzar?
Mientras hablaban sintieron un aleteo sobre ellos. Desde una de las ventanas entró un hombre entrado en edad y la demonio.
¿Falqued?
El hombre se limpió el polvo de la túnica luego de bajar por entre los escombros hasta donde se encontraban los demás. Al notar que producto de la lluvia su ropa mojada no haría más que impregnarse de tierra y suciedad, se cruzó de brazos y observó al grupo.
Hola Theminis. Tiempo sin vernos.
El Archimaestre se adelantó al noble y miró de cerca al mago.
Falqued, estás mucho más viejo de lo que estabas hace algunos momentos.
Los homúnculos si bien son representaciones mías, son mucho más jóvenes que yo. Los años no los golpean de la misma manera que a mí.
Entonces estamos frente al Falqued original. —Se atrevió a decir van Luthar.
El mismo que viste y calza. —Miró a su alrededor—. Frank, mi estimado pistolero. Gusto de verte. ¿Sólo tú y Luzbel llegaron al parecer?
También anda por acá una elfa, un elfo y un centauro, aunque a los dos últimos no los veo desde que aterrizó el edificio. También un tal Tarot y un nagar. Ah, y una mujerona bien espabilada que salió volando en una escoba. Bueno, muchas de ellas de hecho.

Antes de que Falqued alcanzara a decir algo más, el Archimaestre le ofreció una sonrisa amarga mientras se acercaba a él hasta quedarse a unos pocos centímetros de su rostro.
Ah, menuda coincidencia, justo con quien quería toparme. ¡Falqued! ¡Qué más podía esperar de ti! ¡Has quebrado esta institución, como siempre los Maestres me alertaron! ¡Considérate expulsado, desterrado y condenado!
Rhondan, deja eso para después, estamos cortos de tiempo. Los muertos.
El mago pasó por el lado del Archimaestre y siguió adelante por el desbaratado hall principal.
¡Archimaestre Rhondan! ¡Que no os olvide que sigo a cargo de la Universidad... Lo que queda de ella.
Falqued, ¿qué demonios estamos buscando?
¡Creo que no te estás dando cuenta de tus actos, aprendiz de mago! ¡No tan solo has destruido patrimonio histórico de Phonterek, también has destrozado la fortaleza de estos mercenarios! Por tu culpa, Falqued, han muerto muchos magos.
Strawberry se ha vuelto una mata de helechos.
Falqued. ¿A qué talismán se referían tus otros yo? —Inquirió el noble.
Y no tan solo magos, también civiles y soldados de esta noble institución. —Guardó silencio un segundo y observó la aberración a las espaldas del mago, Luzbel—. Y esta gente que te ha venido a ayudar, ¡Por Siegmund y su corte! ¿Con qué clase de seres has estado haciendo pactos?
El camino que debían seguir estaba derrumbado por completo y en cambio, tres pasadizos recién formados por el derrumbe se abrían paso por tres direcciones diferentes. Falqued se detuvo y se puso a masajear las sienes. Los demás le clavaron los ojos esperando respuestas.
He hecho lo que tenía que hacerse. Si no hubiera montado todo este espectáculo hubieran muerto ciudades enteras. Esa mujer, Atrapaalmas, tenía la capacidad de controlar mentes a voluntad, además de poseer una capacidad innata para la magia. Con las huestes de los Armaduras Blancas, bien hubiera podido asolar medio Geanostrum, destruyendo ejércitos para luego sumarlos a sus filas como no-muertos. Hice lo correcto, Rhondan. Lo sé, lo soñé.
En el patio, hace un rato, dijiste que había sido tu culpa. Que tú la habías despertado. ¿Eso también lo soñaste?
El mago miró a los presentes, el orgullo que despedían sus ojos se quebró por un momento.
Eilian trabaja de maneras extrañas. Quizá era necesario liberarla, más tarde hubiera sido diferente. Quizá esta era la única manera de matarla. No lo sé. Eilian no es conocido por dar mensajes concretos.
Pamplinas — El Archimaestre lo apuntó con un dedo acusador—. Eso te lo dices para no cargar con la culpa. Has hecho de todo esto un gran caos, pues es lo único que sabes hacer bien.
Theminis sopesó la mirada desapasionada de su amigo, pero sabía que él no era así. O al menos eso quería creer.
Falqued. No puedo avalar lo que hiciste, pero ya está hecho. Si no hubiéramos actuado Phonterek se hubiera sumido en el caos de la magia de aquella mujer. Ahora, es necesario que terminemos lo que hemos comenzado. Ese talismán que comentaste hace un momento, ¿cómo es, qué hace?
El mago se meció la barba y miró al noble a los ojos. La fisura en su orgullo se volvió a sellar, dejándolo con voz seca y ausente.
Es una piedra capaz de amplificar los hechizos. La usé para que la magia de Atrapaalmas se volviera irascible y caótica, de esa manera no moriría de un solo golpe una vez la tuviera al frente.
Theminis y el Archimaestre lo miraron azorados. Por un momento se quedaron sin habla. Monty fue quien se acercó a él y lo agarró de la sucia túnica.
Tú. Tú fuiste quien descolocó la magia en Phonterek —La voz de Monty estaba cargada de pena y rabia—. La gente nos lanzó piedras, la guardia nos encerró en la universidad. Padecimos de hambre y sed, Falqued. Strawberry murió, se hizo hojas y ramas. ¿Por qué? ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué no le dijiste a nadie?
Falqued se quitó la mano de Monty de encima. Sobre ellos se podía escuchar el resonar de los muertos escalando las paredes.
Ninguno de ustedes lo hubiera entendido. Era necesario hacerlo así.
Nadie tiene un solo camino por escoger —El Archimaestre habló con voz solemne—. Si le hubieras hablado a los decanos te hubiéramos escuchado.
Eso lo dices ahora, pero sabes que no es así. Nadie me hubiera tomado en cuenta. Me hubieran tomado por loco, como siempre lo han hecho.
Date por condenado, Falqued. Una vez salgamos de aquí tendrás que pagar por este crimen.
El mago endureció su mirada. Miró a sus amigos y compañeros. Retrocedió.
Huyan de aquí. Haré esto solo.
Acto seguido, se metió por el pasadizo que se encontraba al centro.

De los tres pasadizos, el de la derecha era el más grande y amplio. Su serpenteante camino expelía un olor acre y desagradable. El de la izquierda parecía ser el más pequeño, pues pare entrar en él era necesario ir encorvado. Era también el más oscuro de todos. El de en medio, por donde había ido Falqued, era el más recto, ya que se pudo ver al mago avanzar por él hasta que su figura se perdió en las sombras.



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Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

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