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La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

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Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

Mensaje por Croatoan el Sáb Jul 21, 2018 5:32 pm

La ya nada pequeña slime avanzaba, de manera aún menos sutil, hacia ese dragón, la fuente de las mayores vibraciones del suelo con una pasmosa diferencia, y por lo tanto un banquete de pleno derecho. Nyami se había vuelto grande, muy grande, no solo por el constante aguacero, sino por todas las víctimas, concluyo en un acto de sapiencia sin precedentes, mientras alargaba un tentáculo y recogía otro snack. Era raro para ella acercarse a una tan clara fuente de peligro, pero a su vez, ignorar las señales de peligro en pos de una recompensa, real o imaginaria, demostraba una inteligencia superior a la que jamás había tenido.

O puede que realmente quisiera saber a qué sabia un dragón, la glotonería era un sentimiento muy muy fuerte.

Pero había aprendido unas cuantas cosas en su viaje de autodescubrimiento, y multitud de armas y armaduras habitaban ahora su cuerpo, siendo manejadas con mejor o peor destreza por la slime, mientras esta pensaba en la mejor manera de encarar el potencialmente delicioso problema, que ahora mismo parecía desbocado cortesía de un supositorio, aunque Nyami no habría entendido ninguno de los dos conceptos. Lo que si entendió fue que su presa intentaba escaparse volando. Multitud de deliciosos pájaros habían escapado de ella batiendo las alas, por lo que su presa intentando huir no hizo más que fortalecer su resolución. Que al final cayera de bruces era irrelevante, aunque que se sepultara, un poco, por toda esa universidad sí que era un poco preocupante. La slime retrajo su forma, evaluando la mejor opción. La pseudoesfera media, según las estimaciones de su propio cuerpo, aproximadamente una cuarta parte de su rival, aunque dicho tamaño se iba incrementando por momentos gracias al aguacero, pero un cuarto ya era suficiente para su cada vez más inteligente criatura. Nyami se aplanó, como si se fundiera en un acalorado día de verano, y luego salió disparada hacia el cielo como una todopoderosa serpiente, para estrellarse allí donde ella creía que estaría la cabeza del dragón como un dios vengador particularmente pegajoso.

Por más que ahora estuviera grogui, sabia por experiencia la mayoría de las cosas despertaban cuando te las comías, y el fuego seguía siendo un enorme peligro por la casi sapiente slime, así que lógicamente decidió empezar primero por la cabeza e ir bajando. Sin cabeza, no había fuego. Su gelatina se filtró por los resquicios entre las piedras, llevándose algunas con ella, que vibraron de manera extraña. No tardó demasiado, con su tamaño y tacto sobrenatural propio de los de su tipo, en encontrar su a su presa, aun respirando entre los escombros. No por mucho tiempo, lamentablemente, puesto que la cabeza fue lo primero que Nyami devoró, quedándose con una bonita calavera en su interior. Su cuerpo ahora serpentil siguió entrando, a medida que devoraba de arriba abajo, guiándose por la espina dorsal, hasta llegar al pecho, momento en el que empezó a extenderse por todo el cuerpo. Huesos, músculos y ramas rotas fueron cubiertas de gelatina, digiriéndose hasta que ese pobre, enorme y condimentado wyverno no fue nada más que un esqueleto gelatinoso, como si de una grotesca construcción nigromántica se tratara. Y allí, enterrada, saboreando ese nuevo y delicioso sabor mentolado, la ya no tan pequeña slime alcanzó un nivel de sapiencia sin precedentes. Al menos para una especia tan tonta como una caja de zapatos. Reevaluó sus acciones, sus fallos y sus aciertos, abrazando esta recién descubierta sapiencia como el mayor tesoro posible. Y allí mismo, enterrada, entendió que dicha inteligencia era debida a su tamaño, y que la perdería cuando se encogiera.

Eso despertó el pánico en Nyami, que abrazó, metafóricamente, a esos nuevos pensamientos y emociones tan fuerte como pudo, mientras pensaba en cómo arreglar ese problema. La inteligencia se volvió una necesidad, ligeramente por debajo de la comida, pero una necesidad al fin y al cabo, integrándose en su ser, un mantra que su pequeña y más simple forma repetiría una y otra vez, aunque no entendiera el motivo, al menos hasta que comiera lo suficiente.

Pero eso no bastaba, puesto que solo reducía la duración del problema, sin aliviar ni anular el problema en sí, así que el ahora necro-draco-gelatinoso examinó su cuerpo, intentando comprender de donde salía dicha inteligencia, ¿puede que si se encogía de cierta manera, no perdiera esos pensamientos? No fue muy difícil encontrar de donde procedía su chispa de inteligencia, la verdad, una vez descartadas las cosas que había comido, como los huesos y piedras. Lo único que quedaba era la gelatina y sus núcleos. Así que la slime se centró en estos, estudiando cómo funcionaban, como se conectaban, transmitiendo sus pensamientos y emociones por la red de nervios. La clave estaba en el número, entendió, así que si se volvía pequeña, pero conservaba todos esos núcleos, no perdería sus pensamientos… pero hasta ella se daba cuenta que todos esos núcleos ocupaban mucho espacio, y ahora, con el tamaño de ese gigantesco dragón, tenía muchos más núcleos de los que cabrían en su forma habitual.

El primer paso lógico fue hacerlos más pequeños, lo que la llevo a un pequeño proceso de experimentación; que podía sacar y que podía encoger sin que el núcleo dejara de funcionar. Resulto ser que dichos núcleos podían ser pequeños, mucho más pequeños, sin que sus pensamientos se comprometieran demasiado, observo la sapiente slime, fue entonces cuando se dio cuenta de que lo que parecía importar era la conexión entre ellos, no el numero o tamaño, así que observo a sus nuevos núcleos, del tamaño de canicas, y los agrupó en uno, un único núcleo de tamaño estañar, relleno de más pequeños, ronroneando de placer cuando funcionó. Inconscientemente, acababa de crear un cerebro, usando los simples núcleos como neuronas para realizar sinapsis, a la vez que reducía el peligro que suponía tener miles de núcleos flotando libres. Cierto, así tenía unos pocos puntos débiles en vez de unos miles, lo que la hacía, teóricamente, más vulnerable, pero una docena de núcleos eran más fáciles de proteger que dos mil, o al menos eso consideraba ella con su recién hallada e incuestionable inteligencia.

Con sus núcleos agrupados en cómodos y compactos…núcleos, Nyami estuvo por fin satisfecha, y el miedo a volver a ser tan… simple, se desvaneció un poco. Con tal problema solucionado, la slime se centró en otros, menos inmediatos problemas, como que estaba pasando exactamente allí fuera. Un tentáculo con un ojo salió de entre la maraña de escombros, observando tímidamente a su alrededor como si de un periscopio se tratara.

Comida-quieta, no quieta, eso no solo era nuevo, sino que incomodaba enormemente a Nyami, su concepción del mundo se había agitado, al nivel de ver un cerdo volando. Y no solo había comida-quieta-no-quieta, sino que esta estaba luchando contra comida-que-se-mueve, y algunos de ellos le daban muy malas vibraciones.

Así que tomó la decisión más lógica, huir por tentáculos. Removió un poco los escombros a un lado y empezó a estrujarse por el agujero, lenta y discretamente, dejando la mayoría de las cosas que había recolectado detrás. Al fin y al cabo, no tenía uso para la mayoría de cachivaches, así que escudos, armas, armaduras y huesos fueron dejados atrás, pero no todos. Se llevó con ella una armadura completa, junto a su espada y escudo, así como la calavera de esa deliciosa y enorme cosa que, juraría, había empezado a encogerse, y finalmente, esas piedras que vibraban raro en su interior. Piedras cuya procedencia desconocía, puesto que había llegado tarde al banquete, pero que habían salido disparadas de cierta universidad flotante y alteradora de esencia en cuando el dragón vegetal la había destrozado.

Nyami dedico una última mirada a ese caótico pandemónium, burbujeo un ronroneo que podría haberse interpretado como un “gracias por la comida” y empezó a reptar lentamente hacia el horizonte, hacia una nueva aventura y lejos de todos esos problemas. Aunque podía considerarse que había cogido las piedras por curiosidad y la calavera como recuerdo, las armas y armadura estaban allí por un motivo más práctico, un plan magistral para participar en muchas más sabrosas aventuras, un plan que sin duda hizo a cierto caballero tortuga retorcerse de incomodidad, estuviese donde estuviese.

Había tanto que explorar, tantas cosas que catar...
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Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

Mensaje por Frank Morgan. el Dom Ago 19, 2018 1:19 am

No fue muy difícil para mí abrirle paso al grupo por entre las mareas de soldados. Desde luego, todo el crédito va para mis pistolas. Esos mercenarios eran hábiles, muy hábiles, pero no demasiado astutos. Yo, por mi parte, no tengo miedo de explotar una clara ventaja. Si alguien quiere tacharme de “poco honorable” pues que lo haga; no busco una medalla, solo salir vivo de esa puta pelea. Ellos no tienen miedo de explotar su increíblemente amplia ventaja numérica para lanzarse de a varios contra nosotros ¿Por qué yo debería entonces desaprovechar el factor sorpresa y la superioridad armamentística? La clara respuesta es que no debería, por eso descargue el primer tiro que pude contra el rostro del primer pobre diablo que se me apareció. No voy a mentir, me daba pena aquello. No estaba peleando contra el típico bastardo que se ganaba su foto en un cartel de “Se Busca”, eran mercenarios de buena fama que tal vez ni sabían porque estaban peleando. Las fuerzas invasoras éramos nosotros, hasta donde yo tenía entendido al menos. Ellos solo defendían su castillo. Tristemente, no era una situación para ponernos a charlar, y no tenía ganas de morir. El dragón solo había empeorado las cosas. Miraba a los ojos a la mayoría de los presentes que tenia de frente, retándolos a avanzar, pidiéndoles que tuviesen más cerebro que sentido del honor. Por suerte la gran mayoría hicieron caso, y nos abrimos camino con facilidad.

Uno de mis “compañeros de grupo” tuvo el valor (o la falta de sensatez) como para acercarse a la cabeza de ese monstruo e intentar tranquilizarlo, y por un momento pareció que lo había logrado…y entonces salió volando. Casi pareciera que el dragón se había quedado quieto solo para darle falsas esperanzas y luego patearlo cuando estuviese en la nube más alta. Ese dragón era una perra. Una perra adolorida, al menos. El grito de sufrimiento que pego (grito, aullido, estruendo, cualquier palabra sirve) debe haberse escuchado en varios kilómetros a la redonda, como mínimo. No me sorprendería si escuchase a mi propia madre hablar de un gran estruendo cuando volviese a casa. Durante ese momento, no envidie para nada a aquellos individuos que tenían oídos agudizados, teniendo en cuenta que yo con mi simple oído humano casi me quede sordo ¿Lo peor de todo? Tener ambas manos ocupadas con pistolas, de modo que no puedes taparte los oídos. Por suerte muchos otros sufrieron el mismo problema, de modo que nadie pudo aprovechar esa enorme distracción. Lo que sí, me surgió la duda en la cabeza ¿Qué demonios podría dañar a semejante monstruo al punto de hacerlo gritar de dolor? ¿Realmente quería saberlo? Aparentemente eran las ramas. No, no es broma, tampoco estoy alcoholizado. El dragón volvo hacia los cielos, cubierto de raíces, lianas, hojas y ramas. A poco más de la mitad del camino se detuvo. Creo que pesaba demasiado, o los músculos de sus alas se habían vuelto raíces. Fuera como fuese, la gran bestia colapso. Y tan mala era nuestra suerte que colapso directo sobre la Universidad. –Me vienen a la mente mínimo 20 magos a los cuales eso no les gustara.- Creo que a esas alturas no era muy equivocado suponer que cualquier pobre alma que hubiese buscado refugio dentro de ese enorme edificio acababa de sufrir una muerte atroz.

Bueno, había cumplido mi tarea, al menos, los había llevado tan cerca cómo era posible sin sufrir demasiados daños (que el dragón me hubiese ayudado un poco no tenía nada que ver). Tampoco pude evitar notar como uno de los magos, previamente herido, compartía el funesto destino del reptil alado.- ¿Qué demonios acaba de pasar? –Fue la única cosa que me vino a la mente. La carne no se convierte en plantas por que sí. Mas magia, fantástico; cada vez la odio más. Al menos ya nos habíamos librado de la mayor amenaza del campo de batalla. Podíamos volver tranquilos a masacrarnos contra los soldados mientras Falqued hacia sus locuras mágicas. Y entonces alguien dijo una de las frases más idiotas y suicidas que he escuchado en toda mi vida “Que podría salir peor”. Y, como siempre, porque le Universo funciona de este modo, algo salió mal. Otra amenaza apareció en el campo de batalla. Muchos de los pobres supervivientes del derrumbe de la universidad se vieron emboscados por…gelatina. Bueno, claramente no era gelatina, pero dado mi enorme desconocimiento del tema me limitare a describirlo utilizando palabras conocidas por el común de los mortales. Esta gelatina básicamente derretía todo lo que tocaba. Primero los pies de los soldados, luego el resto del cuerpo. Definitivamente era una muerte agónica y lenta, casi hacia parecer la incineración o morir aplastado como una manera tentadora de irte de este mundo. Sobra decir que avance exactamente en la dirección contraria.

Pero subestime el poder del “Que podría salir mal”, demasiado: no había contemplado la posibilidad de que un ejército de muertos vivientes se nos lanzara encima. Bueno, no un ejército per se, solo cinco personas. Pero cuando vez al “cadáver” de un joven al que le volaste la cara ni cinco minutos antes lanzándose sobre ti con espada en mano como si nada hubiese pasado…bueno, en esas situaciones los números no son precisamente lo que más importa. De un movimiento desenvaine mi bastarda, desviando con un golpe de costado el corte del no- muerto. Estaba rodeado. No había duda en sus ojos. Se iban a abalanzar contra mí, aplastarme por mera superioridad numérica. Mis ojos descendieron levemente hacia mi cinturón, donde una de mis granadas se encontraba. Si tenía que morir…podría llevármelos conmigo…

Entonces los no muertos se detuvieron. Literalmente, se pararon en seco y se voltearon todos hacia el mismo lado. No pude evitar hacer lo mismo, siquiera por mera curiosidad. Allí, una joven de piel bastante pálida se adentraba en el campo de batalla, atrayendo la atención de literalmente cada zombie que se encontraba en la zona. Era imposible no sentirse perturbado ante esa escena; ninguno de los cadáveres la ataco, solo se le quedaron viendo. Cuando llevo sus manos a su pecho, asumo que iba a lanzar un hechizo o algo así. Y hasta cierto punto tuve razón: lo que hizo fue mágico. No fue el fuego que salió de sus manos sino la canción de su boca la cual nos hechizo a todos. Dado que ningún cadáver me ataco durante ese lapso de inconsciencia, calculo que a ellos también les habrá afectado. Fue una melodía, más que una canción, y a veces hasta dudo que haya sido eso. Era un sonido que se repetía, difícil de describir. Todo lo que se a “ciencia” cierta

es que de un segundo a otro todo cambio para mí. Cuando esa mujer entro al campo de batalla, aun podía sentir la adrenalina corriendo por mis venas, el sudor mezclado con sangre ajena goteando de mis ropas, y los trozos de ceso goteándome del pecho. En el segundo que escuche su voz, todo cambio. Juro que sentí un calor en mi interior que hace mucho no era capaz de experimentar, casi como si dos brazos espectrales hubiesen rodeado mi pecho desde atrás, en una forma tanto protectora como cariñosa. Creo que hasta escuche alguien susurrando algo a mi oído. Era completamente ilógico: me encontraba rodeado de cadáveres (muchos de ellos todavía hostiles), envuelto en una masacre de proporciones espantosas, en un grupo lleno de seres mágicos. Nada de todo eso gritaba “seguridad” precisamente. Pero así me sentía yo. Durante unos preciosos segundos, que bien podrían haber sido horas desde mi perspectiva, me sentía a salvo. Me sentí como cuando era niño y me asustaba: mi madre se acercaba a mí y me abrazaba con fuerza, susurrando algo a mi oído que hacía que mi miedo desapareciese. Fue lindo mientras duro.

Entonces recordé que mi madre está en cama recuperándose de lesiones graves y necesitaba dinero para pagar los gastos médicos. En esas condiciones ella no puede abrazarme así.

La pistola fue a su funda, liberando una mano que salió disparada hacia la granada de mi cinturón. Digamos que después de tener esa alucinación, la idea de resignarme a morir ya no estaba presente en mi mente. Salí disparado hacia uno de los cinco cadáveres. Este reacciono rápido, intentado rebanarme la cabeza con un corte horizontal, pero logre agacharme justo a tiempo para esquivarlo. Sin perder el impulso, estire mi brazo hacia adelante, como si fuese a pegarle un golpe en la nariz. Metí la granada en su boca con tanta fuerza que le partí varios dientes. Al mismo tiempo que retire la mano, lo tome por el peto de su armadura y lo lance hacia atrás, directo a lo que venía a ser el centro del grupo, junto a sus camaradas. Tome una de las pistolas de cañón largo; todo ocurrió demasiado rápido, pero para mí cada segundo se sintió como una hora. Solo tenía un tiro, debía hacerlo valer. La bala salió disparada del cañón, impactando directo contra la nuca del soldado: había elegido a uno de los que no tenían casco. El proyectil atravesó su carne, alcanzando mi explosivo. A la hora de activarlas, las balas tienen el mismo efecto que encender una mecha. No fue ni de lejos una explosión épica, pero hizo el trabajo. Los cuatro muertos restantes se habían intentado abalanzar contra mí, por lo cual recibieron de frente a su compañero cuando lo lance hacia ellos. La explosión basto para volarlos en pedazos a casi todos, y para dejar al resto demasiado demacrados como para representar una amenaza, por más que no hubiese podido detenerlos. Era jodido, la verdad. Primero, mueres de manera espantosa en una masacre sin sentido, y ni siquiera puedes tener el lujo de una muerte digna y pacífica.

Luego, quedaba la chica mágica. Eso sí que fue brutal. No me malentiendan: si ella estaba detrás de loa pandemia zombie se lo merecía, pero aun así fue brutal. Primero, la mujer cantante la partió literalmente a la mitad; y se tomó su tiempo para hacerlo. Todo lo que pude ver a la distancia fue un artefacto extraño que se estaba llevando, y peces saliendo de su herida. Creo que eran peces, no lo sé, estaba demasiado lejos. Lo que si vi, fue esa extraña criatura (que llamare dragón, en un vano intento por mantener lo que queda de mi cordura intacta) descendiendo sobre ella, aplastando su cabeza y extrayendo de cuajo su corazón. Para luego devorarlo. Por qué claro ¿Cuál es el chiste de sacarle el corazón a alguien si no puedes comértelo? Pero bueno, a juzgar por la mirada de los presentes, creo que estaba de nuestra parte, y la otra chica no. Así que, bueno, un objetivo menos, supongo. Ahora solo quedaba el dragón…

Ah, no, olvídenlo. La gelatina negruzca de antes se lo estaba comiendo…

…y luego se escurrió por un agujero. Está bien, eso era bueno.

Aprovechando la momentánea paz para recargar mi arcabuz, me dirigí a toda velocidad hacia el grupo de personas que antes había escoltado hacia el dragón. –Por favor, díganme a que tengo que dispararle ahora. Parece haber una repentina ausencia de enemigos importante ahora mismo, si no contamos a los muertos vivientes. –Esa era otra duda ¿Si la chica de antes había levantado a esos cadáveres, estos volverían a la tumba ahora que estaba muerta? Porque si no, todavía me quedaba otra granada.


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Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

Mensaje por Balka el Dom Sep 09, 2018 9:01 pm

____ -Oh, venga ya. -siseó con fuerza la elfa, el ceño fruncido.

____A Balka le gustaban las cosas ordenadas y bien hechas. Y sobre todo le gustaba que, cuando apuntaba a un enemigo, el enemigo recibiese la flecha que ella lanzara y no que éstas se rebelasen y buscasen por sus propios medios un lugar particular donde hundirse. Aunque todos los tiros habían acertado y todos los tiros generaron daño. Maldijo en voz baja aquella locura sin nombre, pero se conformó con el hilillo de sangre que colgaba de la comisura de la boca de la rechicero.

____Presentía que ya había hecho todo lo que podía hacer en lo que a ese asunto correspondía, así que dejó la situación en manos de la albina, o del demonio de la caja, o incluso de Falqued. Una flecha en el costillar y sangre en la boca indicaban una perforación de pulmón que no tardaría en inundarse, entorpeciendo los gestos y el tiempo de actuación de aquella cría siniestra. Esperó que fuese suficiente pues su atención ya estaba puesta en otros asuntos. Tales como preguntarse qué rayos hacer ahora.

____Las escenas en el patio de entrenamiento de La Aguja se sucedían a toda velocidad, como un carrusel vertiginoso bajo el difuso panorama que ofrecía el aguacero. El dragón trató de echar a volar y se derrumbó estrepitosamente sobre la universidad, aplastándola como un niño que pisa una hoja seca en otoño. La guarrería aquella gigante que invocara Aulenor se escurría por entre los escombros llevándose gente medio derretida con ella, desapareciendo de repente para no volver jamás mientras el pistolero seguía a la suya reventando cabezas a base de balas. Y la bruja... la bruja hacía sus cosas raras de bruja rara. A ras de suelo la gente en general corría de un lado a otro. Supuso que tratando de averiguar el propósito de su existencia a través de la violencia, porque la alternativa a ojos de a elfa era que estuviesen ensayando cómo comportarse como un corral de pollos.  

____Balka parpadeó. Estaba perpleja. Jamás se las había visto en un campo de batalla en el que sucediesen tantas cosas extraordinariamente extrañas a la vez. Se giró buscando a Nickel, que estaba encaramado a las medias troneras y observaba el panorama con la boca medio abierta. A saber qué estaría viendo de verdad.

____Entonces, en un momento concreto pero indefinible, sucedió. Fue como si alguien escondido activase un interruptor invisible y de repente todo se precipitara, inexorable, hacia un único camino posible.

____Otra persona que parecía completamente ajena a la escena hizo su entrada como por arte de magia. Una mujer pálida de actitud inquietante que comenzó a cantar como quien se pasea por el patio de su casa, caminando entre los cadáveres y las peleas sin inmutarse por nada. ¿Aquel a su lado era Falqued?

____ -¡Oh, venga ya! -exclamó. Debía de haber barra libre por algún lado y ella no se había enterado, seguro.

____Entonces la mente de la elfa se nubló. Se le encogió el pecho y sintió en él la ansiosa quemazón de la soledad, de todos los tipos de soledad. Pero sobre todo el de la línea de la sangre. Sintió una presencia que se partía en mil, y todas ellas extendieron los brazos en bienvenida. La extraña melodía se tornó en suaves y agradables risas, como las que había escuchado en boca de otros elfos. El sonido se tornó en un eco de recuerdos de la infancia, enterrados en las capas más recónditas de su memoria a las que jamás se permitía acceso. Bajo ninguna circunstancia. Porque todavía no estaba preparada para afrontar la realidad de sus propios y más profundos problemas.

____Sacudió la cabeza con brusquedad para encontrarse acuclillada en el suelo, pegada a la fría y mojada piedra de las troneras como una niña desesperada que busca apoyo. Entrecerró los ojos con mucha irritación y soltó un gruñido mientras se le pasaba el aturdimiento. Alzándose con rapidez en busca del autor de la canción volvió a quedarse perpleja ante la nueva escena que se estaba desarrollando frente a sus ojos: por un lado la albina, que había desplegado unas monstruosas alas, había dado cuenta de la rechicero; por otro, los muertos comenzaban a alzarse de entre los charcos de lluvia y sus propias tripas. ¿¡Qué era todo aquello, así de repente!?

____Se asomó presta sobre las medias troneras. La recibió el hedor de una magia siniestra acompañado por decenas de cuerpos que se apilaban unos sobre otros. No por cooperación general, sino por mera inercia, algo de casualidad y un objetivo común.

____ -¡OH VENGA YA! -gritó con indignación a la masa inmutable de no-muertos.- ¿EN SERIO? ¿ZOMBIES? ¡¡QUE OS PARTA UN RAYO A TODOS, MAMONEEEEEESSS!!

____Durante una milésima de segundo esperó sinceramente que un rayo apareciera desde los cielos castigadores. Pero sólo caía lluvia. ¿No pararía nunca? Acto seguido se apartó de allí, se colgó el arco al bies y compró que lo tenía todo. Dio varias vueltas buscando a Nickel, peligrosamente inclinado sobre el abismo de cadáveres trepadores. Lo agarró y lo metió directamente en la bolsa, pensando frenéticamente en una salida. Resistir en una posición defensiva quedaba totalmente descartado frente a un enemigo que no se fatiga y al que sólo se le mata dándole en la cabeza. Balka iba bien de puntería, pero consideraba una pérdida de tiempo volver a matar cosas que ya había matado.

____Un cuerpo, perteneciente a un joven que en su otra vida no fue muy agraciado, pero que con una flecha saliéndole de la cuenca izquierda no le mejoraba en nada su podrida existencia actual, conquistó entre estertores las medias troneras. Se abalanzó sobre la mujer de manera torpe pero con mucha fuerza. Balka desenfundó el pugio y con un poderoso golpe de su brazo izquierdo le rompió el cráneo con la empuñadura.

____ -Estamos jodidos, Nick... bien jodidos, compañero. -comentó en un tono monocorde al ver saltar al segundo y tercer no-muerto. El kaoras asomó su cara de máscara con discreción.

____Una sombra oscura llegó a la posición como una ventisca brusca y breve. Un wyvern del tamaño de un maldito caballo apareció de la nada, brillando negro por efecto del agua y despeñando en su aterrizaje varios zombies; algo que la elfa agradeció enormemente. Era un maravilloso exponente de su raza, al que en otras circunstancias Balka habría asaeteado de haberse acercado tanto. Por precaución. Y porque ejemplares así se vendían muy bien en el mercado. Con una actitud altiva desplegó un ala de membranosa mientras su cabeza giraba en dirección contraria, como si no quisiera ver a la elfa más que lo necesario.

____¿Era aquello una invitación? Tenía toda la pinta de ser la mascota de alguien, si no, ¿por qué se comportaría así? ¿Pero, de quién? No importaba ahora. Aceptó de inmediato el hecho de que alguien la estaba ayudando y no perdió el tiempo. Con la agilidad característica de cualquier elfo se encaramó sin mucho esfuerzo a aquel lejano y hermoso pariente de los dragones, que de inmediato batió las poderosas alas y despegó. Le vino a la mente la palabra uber, que en el idioma de los gnomos venía a ser algo así como "a domicilio".

____¿Qué haría ahora? ¿Tenía que decirle algo? ¿Tendría el bicho sus propias órdenes? El wyvern ascendió en círculos y la elfa respiró profundamente. No podía evitar disfrutar del viaje, jamás había volado a lomos de nada vivo, exceptuando a la vieja Mags (y ella la dejó caer cual saco de patatas). Esperó que el animal tuviese más decoro. Desde luego, si a esas alturas no había pillado un trauma con las alturas y el vuelo, jamás lo haría.

____Lagarto y jinete improvisado sobrevolaron el lugar, esperando el momento adecuado para actuar.


{ - sin perder la ronrisa... }
¿Qué está bien y qué está mal? Dime.
¿Qué ética tiene la llave de lo moralmente aceptable?

{ ...pero perdida en ella - }

Diálogo - #d65151
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Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

Mensaje por Strindgaard el Mar Oct 16, 2018 11:20 pm

Atrapaalmas había muerto, pero aun así, Strindgaard no estaba satisfecho.
El demonio observó como la arcana mujer había sido apuñalada ferozmente por la aguda hoja del pálido y blanco esqueleto en que se había transformado Isarika, para luego ser despojada de toda su sangre en un ritual para extraer las almas que por tantas décadas había robado. Se bañó en los gritos agónicos de la muchacha, se sintió maravillado con el morbo, al ver caer a borbotones el líquido rojo, y aquellos peces de luz. Pero aun así, a pesar de todo, Strindgaard no estaba satisfecho.
Exangüe, Atrapaalmas había dado su último suspiro. Ya en el sucio suelo de piedra, entre sangre y despojos, en un remate digno de una fábula zhalmiana, fue decapitada de manera cruenta por aquella quimera alada en que se había transformado Luzbel, quien finalmente, le abrió el pecho con sus zarpas y le devoró el corazón a dentelladas.
Una mente desperdiciada, una madeja de recuerdos y sensaciones, de esperanzas banas y sueños olvidados. El demonio pensó por un momento en lo agradable que hubiera sido volver a tocar la superficie de aquel lago de memorias que alguna vez traspasó cuando entró en la mente de Atrapaalmas, pero ya era tarde, estaba muerta. Se merecía terminar así, es la verdad, de la manera más cruel posible. Pero aun así, a pesar de todo, Strindgaard no estaba satisfecho.
¿Tanta ira puede guardar un demonio en su alma? ¿O acaso era su orgullo por no haber dado él el golpe final? Ser un espectador no era ni mucho menos parecido a sostener el arma. Miró sus manos, guardó la daga que colgaba inútil entre sus dedos.

Las nubes negras se fueron diluyendo dejando un cielo templado y gris, mientras una brisa fría llegaba desde las montañas. No había ningún ave en el cielo, ni siquiera insectos que zumbaran cerca de la fortaleza, exceptuando la negra criatura de alas anchas que sobrevolaba con la elfa en el lomo. Más abajo, desde lo alto del adarve y envuelto en un silencio artificial, el demonio y el mago contemplaron el escalofriante espectáculo que ofrecían los muertos deambulando por todo el patio en busca de terminar con los pocos vivos que restaban.

Los cuerpos carbonizados del puñado Orden Mayor de Tirian se acercó lentamente hacia las dos figuras que observaban el caos.
Si fue Atrapaalmas quien los alzó, ¿Por qué siguen estando de pie?
Qué más da eso, en algún momento terminarán de moverse. O no. El hecho es que ella está muerta; hemos terminado aquí.
El demonio se volteó y notó la cercanía de los muertos.
Pero, algo hay que hacer con todos estos alzados, por ahí andan quienes respondieron a las cartas, los magos que se quedaron en la Universidad, además de algunos civiles que no sé cómo llegaron aquí. —El mago también notó los soldados muertos acercarse, se movió con precaución hasta la escalera—. Strindgaard, es gente que necesita nuestra ayuda.
Me gusta la gente que sabe ayudarse a sí misma. Por lo demás, tu grupo se las ha estado apañando de excelente manera. Ha sabido hacer una carnicería de este lugar.
Ambos retrocedieron unos pasos a medida que los cuerpos quemados se acercaban gruñendo y moviendo sus espadas. El demonio dejó salir su Equipaje, el cual se acercó alegre a la desmadejada panda de cuerpos, con sus filas de dientes y su larga lengua listos para destrozar.
Me gustaría que las cosas se hubieran dado de manera diferente. Pero estos son los designios que Eilian me mostró. Yo solo fui un instrumento en sus manos. —El mago se encogió de hombros—. Más o menos. La oniromancia es un asunto delicado, ya no suelo interpretar los sueños como antes.
A unos metros de ellos se podía escuchar el resonar metálico y los mordiscos del Equipaje.
No puedo perder más tiempo, Strindgaard. —Falqued comenzó a bajar la escalera—, debo ayudar a los sobrevivientes. Si decides irte no te guardaré rencor, pero será una lástima que ese grimorio que tanto me costó robar de la universidad regrese a su lugar sin haber sido leído del todo.

Un grueso del ejército de Tirian-Le-Rain regresaba a casa. Con sus armaduras blancas pulidas hasta reflejar los pocos haces de luz que traspasaban las nubes. Era un destacamento de tantos, que había sido entregado a una de las ciudades que se encontraba en constante conflicto en Thonomer. Se trataba del primero de los ejércitos que compondrían la legión de Atrapaalmas, una vez que llegaran a la fortaleza serían reasignados, si las cosas se hubieran dado según el plan de la rechicero.
El teniente a cargo, extrañado por completo por el regadío de sangre que había vuelto el camino en un barrizal color borgoña, y el término de súbito de aquella extraña tormenta, envió tres jinetes a que se adelantaran a la columna principal para saber qué estaba sucediendo en lo alto de Le-Rain.

Te odio Falqued, te odio con toda mi alma. —Theminis, junto al grupo de magos que había sobrevivido, llegó entre espadazos, hechizos y disparos hasta el costado derrumbado de la universidad. La pieza de arquitectura, dueña de un alma barroca, con sus gárgolas y arcos en punta, se había vuelto un montón de bloques de piedra informe, sus muros se habían caído hacia dentro y el techo se había hundido hasta tocar el suelo. Allí, entre el polvo y el humo, algunos pocos magos que en un principio se habían quedado a resguardo junto con el cuerpo rígido de Tarot, rechazaron los soldados que avanzaban de manera extraña, pero rápida. Theminis, quien maldecía con la voz aflautada por el pánico, iba trazando una serie de paradas en forma circular contra los ataques múltiples que iba recibiendo el grupo—. Como te odio, so cabrón de mierda.
¡¿Qué diantres está sucediendo, van Luthar?! —Preguntó el Archimaestre cuando éste entró en su campo de visión. El grupo de Theminis se unió a duras penas con los demás magos. Al parecer éstos habían notado que sus hechizos estaban de vuelta, por la cantidad y eficacia con la que hacían uso de ellos contra los muertos—. ¡¿Qué pasó allá?!
¡¿Y por qué mejor no le pregunta a este atajo de cabrones que lo acompaña?! —Chilló apuntando con su espada a los cuatro Falqueds que habían estado resguardando el grupo de viejos magos usando pergaminos con runas escritas que repelían flechas y espadas—. Apareció finalmente un último Falqued de la nada junto a una demente con una guadaña del tamaño de un pony. Mataron a la mocosa loca, y para más remate apareció una bestia, que si me lo preguntas, se parece bastante a la noble albina que nos acompañaba, y terminó de profanar el cuerpo de la niña. —El cansado noble, luego de realizar una rápida finta de ataque y fuga, pasó de largo entre sus atacantes y se metió dentro del cercado muro defensivo que sostenían los magos.
Me parece que la rechicero está bien muerta, Falqued. ¡¿Cómo es que nada ha vuelto a la normalidad?!
Si la rechicero ha muerto —dijo uno de ellos—, el que nada haya vuelto a la normalidad solo podría significar que
—…Debemos entrar a la universidad… —Terminó de decir otro.
...A los restos de la universidad querrán decir.
¿A qué? ¿Qué hay en la universidad?
Mi pobre edificio. ¡Te juro que lo primero que haré luego de esta locura será expulsarte para siempre Falqued! Profanaste el Grimorio, creaste homúnculos, te multiplicaste como una enfermedad sexual en una taberna de puerto.
Luego Rhondan. Ahora debemos terminar con todo esto.
¡Archimaestre Rhondan!
No se puede entrar allí —Banquo ya estaba por terminar las docenas de pociones que había fabricado junto a su compañero—. Hemos visto con nuestros propios ojos como una gelatina rosada se ha comido a la mitad de los magos y los ciudadanos que habían llegado aquí con nosotros. Una masa come-hombres, se encaramó a los restos de la universidad una vez el dragón verde hubo caído sobre ella.
El guiverno, ahora que lo pienso ya no lo hemos vuelto a escuchar.
Hay que probar suerte.
¡Falqued, ¿qué hay en la universidad y de qué manera nos ayudará?!
Los Falqued se miraron entre ellos. Uno habló.
Es una piedra, un talismán poderoso que usé para protegernos de la rechicero. Posiblemente quedó impregnado con su esencia, por eso después de ida, su magia sigue en pie de guerra contra nosotros.
Calla, viejo loco. Quizá haya suficientes tú como para alimentar esa cosa, pero es mejor mantener nuestra defensa que arriesgarnos a ir hasta allá.
Mientras hablaban, los ancianos magos seguían repeliendo a los muertos, mientras el puñado de Falqued que quedaba en pie impedía su avance. Pero a las docenas de muertos se les iban sumando más y más.
Me parece que es momento de usar tu alfombra, suban a los magos y huyan. Yo y los Falqued que queden iremos a los restos de la universidad a por esa piedra.

Así lo hicieron. Los pocos ancianos que quedaban en pie se subieron a la alfombra junto con uno de los Falqued que se encargaba de defender. Se elevaron con premura y se alejaron de la fortaleza a toda velocidad.
Volveré por ustedes. —dijo antes de perderse en el cielo el Falqued que maniobraba el trozo de tela.
Debió ir con ellos, Archimaestre.
Pamplinas. Es mi universidad, si vamos a romper un tal talismán en ella quiero saber todo al respecto.
Bien, Frank. Es momento de que subir. —Junto al noble van Luthar no quedó nadie más que Straw, Banquo y Frank Morgan, además del Archimaestre. Ya solo quedaban tres Falqued, que como escudos humanos, protegían con un largo pergamino, el avance de las buenas dos docenas de muertos que se alzaban unos sobre otro para llegar hasta delante, y lanzar espadazos inútiles contra ellos—. Ustedes tres, quedaos en la retaguardia y subid lentamente tras nosotros.
Será mejor proteger vuestras espaldas desde aquí mientras suben.
Los pergaminos no soportarán hasta llegar arriba.
Adelante. Padre ha de llegar pronto.
Theminis miró a los demás sin entender las palabras de éste.
Anda, suban pronto.
¡Apuraos!

El grupo subió por un muro inclinado lo suficiente para caminar sin problemas, evitaron los boquetes y las ventanas reventadas y se elevaron varios metros sobre el nivel del patio, mientras a su alrededor, a medida que su vista se hacía más amplia, pudieron notar el gran tumulto de muertos. Húmedos de sangre y de agua, moviéndose como marionetas con algunas cuerdas menos, caminaban, corrían y se arrastraban. Sus movimientos eran espasmódicos, como de insectos. Los novatos de Tirian pululaban de aquí para allá buscando a los compañeros que todavía respiraban. La piel se les había vuelto de un viscoso color crema y sus ojos observaban sin mirar, con las pupilas y el iris nublado.

Arrodillaos ante vuestra nueva señora. —Las palabras de la demonesa se las llevó el viento.
Luzbel. ¿Aún estas ahí? —Preguntó el tal Belmont a la quimérica demonio, pues estaba bastante cambiada desde la última vez que la vio—. No tengo a mano mi alfombra, y necesito transporte.

Dentro de los restos de la universidad derrumbada, Polvoso había logrado ponerse a salvo de la pandilla de muertos que lo seguía. Cargando todavía en su espalda al nagar inconsciente, se encaminó por entre pasillos oscuros, pisando trozos de roca, mampostería y muebles que habían sido destrozados luego de la caída del guiverno. Llegó hasta el final de su camino, en completa oscuridad. Al parecer no había nada más que piedra, ninguna puerta por la cual seguir o pasillo por el cual encaminarse.
Entonces, algo tocó su brazo.

La universidad había perdido su forma. El gran hall en el cual hace poco los aventureros, llamados por las cartas de Falqued, habían entrado, ahora era un gran resumidero de tablones y vigas de roble rotas y astilladas. Los muros exteriores se habían combado hacia el interior hasta que lo alto de sus estructuras se tocó, formando un triángulo inestable. Las habitaciones se perdieron por completo y el contenido de éstas estaba disperso por todos lados, junto con los bloques de piedra cincelados de sus muros.
Las escaleras habían desaparecido, los pasillos se perdieron bajo la roca y nuevos pasillos se formaron a raíz del derrumbe. Theminis van Luthar, caminó por el inestable lugar delante del grupo, mirando impresionado el edificio. O lo que quedaba de él.
Será imposible encontrar esa cosa.
Mi universidad, mi pobre universidad.
Anda Rhondan, la universidad la hacen los alumnos, lo un vetusto edificio.
Pues, ya no queda ni universidad ni alumnos.
Al menos no está el guiverno.
Ni la masa come-hombres.
Una pena. Ya estoy deseando que se los hubieran comido.
No hay que perder tiempo, los muertos pronto van a terminar encaramándose por los muros y entrarán.
¿Por dónde comenzar?
Mientras hablaban sintieron un aleteo sobre ellos. Desde una de las ventanas entró un hombre entrado en edad y la demonio.
¿Falqued?
El hombre se limpió el polvo de la túnica luego de bajar por entre los escombros hasta donde se encontraban los demás. Al notar que producto de la lluvia su ropa mojada no haría más que impregnarse de tierra y suciedad, se cruzó de brazos y observó al grupo.
Hola Theminis. Tiempo sin vernos.
El Archimaestre se adelantó al noble y miró de cerca al mago.
Falqued, estás mucho más viejo de lo que estabas hace algunos momentos.
Los homúnculos si bien son representaciones mías, son mucho más jóvenes que yo. Los años no los golpean de la misma manera que a mí.
Entonces estamos frente al Falqued original. —Se atrevió a decir van Luthar.
El mismo que viste y calza. —Miró a su alrededor—. Frank, mi estimado pistolero. Gusto de verte. ¿Sólo tú y Luzbel llegaron al parecer?
También anda por acá una elfa, un elfo y un centauro, aunque a los dos últimos no los veo desde que aterrizó el edificio. También un tal Tarot y un nagar. Ah, y una mujerona bien espabilada que salió volando en una escoba. Bueno, muchas de ellas de hecho.

Antes de que Falqued alcanzara a decir algo más, el Archimaestre le ofreció una sonrisa amarga mientras se acercaba a él hasta quedarse a unos pocos centímetros de su rostro.
Ah, menuda coincidencia, justo con quien quería toparme. ¡Falqued! ¡Qué más podía esperar de ti! ¡Has quebrado esta institución, como siempre los Maestres me alertaron! ¡Considérate expulsado, desterrado y condenado!
Rhondan, deja eso para después, estamos cortos de tiempo. Los muertos.
El mago pasó por el lado del Archimaestre y siguió adelante por el desbaratado hall principal.
¡Archimaestre Rhondan! ¡Que no os olvide que sigo a cargo de la Universidad... Lo que queda de ella.
Falqued, ¿qué demonios estamos buscando?
¡Creo que no te estás dando cuenta de tus actos, aprendiz de mago! ¡No tan solo has destruido patrimonio histórico de Phonterek, también has destrozado la fortaleza de estos mercenarios! Por tu culpa, Falqued, han muerto muchos magos.
Strawberry se ha vuelto una mata de helechos.
Falqued. ¿A qué talismán se referían tus otros yo? —Inquirió el noble.
Y no tan solo magos, también civiles y soldados de esta noble institución. —Guardó silencio un segundo y observó la aberración a las espaldas del mago, Luzbel—. Y esta gente que te ha venido a ayudar, ¡Por Siegmund y su corte! ¿Con qué clase de seres has estado haciendo pactos?
El camino que debían seguir estaba derrumbado por completo y en cambio, tres pasadizos recién formados por el derrumbe se abrían paso por tres direcciones diferentes. Falqued se detuvo y se puso a masajear las sienes. Los demás le clavaron los ojos esperando respuestas.
He hecho lo que tenía que hacerse. Si no hubiera montado todo este espectáculo hubieran muerto ciudades enteras. Esa mujer, Atrapaalmas, tenía la capacidad de controlar mentes a voluntad, además de poseer una capacidad innata para la magia. Con las huestes de los Armaduras Blancas, bien hubiera podido asolar medio Geanostrum, destruyendo ejércitos para luego sumarlos a sus filas como no-muertos. Hice lo correcto, Rhondan. Lo sé, lo soñé.
En el patio, hace un rato, dijiste que había sido tu culpa. Que tú la habías despertado. ¿Eso también lo soñaste?
El mago miró a los presentes, el orgullo que despedían sus ojos se quebró por un momento.
Eilian trabaja de maneras extrañas. Quizá era necesario liberarla, más tarde hubiera sido diferente. Quizá esta era la única manera de matarla. No lo sé. Eilian no es conocido por dar mensajes concretos.
Pamplinas — El Archimaestre lo apuntó con un dedo acusador—. Eso te lo dices para no cargar con la culpa. Has hecho de todo esto un gran caos, pues es lo único que sabes hacer bien.
Theminis sopesó la mirada desapasionada de su amigo, pero sabía que él no era así. O al menos eso quería creer.
Falqued. No puedo avalar lo que hiciste, pero ya está hecho. Si no hubiéramos actuado Phonterek se hubiera sumido en el caos de la magia de aquella mujer. Ahora, es necesario que terminemos lo que hemos comenzado. Ese talismán que comentaste hace un momento, ¿cómo es, qué hace?
El mago se meció la barba y miró al noble a los ojos. La fisura en su orgullo se volvió a sellar, dejándolo con voz seca y ausente.
Es una piedra capaz de amplificar los hechizos. La usé para que la magia de Atrapaalmas se volviera irascible y caótica, de esa manera no moriría de un solo golpe una vez la tuviera al frente.
Theminis y el Archimaestre lo miraron azorados. Por un momento se quedaron sin habla. Monty fue quien se acercó a él y lo agarró de la sucia túnica.
Tú. Tú fuiste quien descolocó la magia en Phonterek —La voz de Monty estaba cargada de pena y rabia—. La gente nos lanzó piedras, la guardia nos encerró en la universidad. Padecimos de hambre y sed, Falqued. Strawberry murió, se hizo hojas y ramas. ¿Por qué? ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué no le dijiste a nadie?
Falqued se quitó la mano de Monty de encima. Sobre ellos se podía escuchar el resonar de los muertos escalando las paredes.
Ninguno de ustedes lo hubiera entendido. Era necesario hacerlo así.
Nadie tiene un solo camino por escoger —El Archimaestre habló con voz solemne—. Si le hubieras hablado a los decanos te hubiéramos escuchado.
Eso lo dices ahora, pero sabes que no es así. Nadie me hubiera tomado en cuenta. Me hubieran tomado por loco, como siempre lo han hecho.
Date por condenado, Falqued. Una vez salgamos de aquí tendrás que pagar por este crimen.
El mago endureció su mirada. Miró a sus amigos y compañeros. Retrocedió.
Huyan de aquí. Haré esto solo.
Acto seguido, se metió por el pasadizo que se encontraba al centro.

De los tres pasadizos, el de la derecha era el más grande y amplio. Su serpenteante camino expelía un olor acre y desagradable. El de la izquierda parecía ser el más pequeño, pues pare entrar en él era necesario ir encorvado. Era también el más oscuro de todos. El de en medio, por donde había ido Falqued, era el más recto, ya que se pudo ver al mago avanzar por él hasta que su figura se perdió en las sombras.



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Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

Mensaje por Vanidad el Mar Nov 06, 2018 8:47 pm

Era… anticlimático que no obedecieran sus órdenes. Completamente esperado, pero anticlimático. Se planteó por un momento si valía la pena improvisar alguna forma nigromántica, repasando su enciclopédico conocimiento de bestias en busca de alguna naturalmente afín con la nigromancia, por más que la idea de usar cadáveres le pareciera…mal. Pero Belmont interrumpió su búsqueda.

-¿Dónde voy a estar sino?- pregunto ella, inclinando un poco la cabeza a un lado, con una sonrisa burlona. Oh, lo decía por su forma… ni siquiera se había fijado, emocionada con la idea de un buen combate, que le había sido denegado. Aún estaba irritada, con picores en los músculos que prácticamente gritaban para ser usados a su máximo potencial. –No soy un transportista ¿sabes?- Pero lo llevo igual, aunque solo fuera por la posibilidad que hubiera algo más a lo que enfrentarse.

La diablesa dejo al tipo sin demasiados miramientos algo más allá, dentro de la universidad por un hueco en el techo, ante unos tipos que, juraría, ya había visto antes, pero la verdad era que las caras en su memoria eran borrosas después de matar a tanta gente tan rápido. Uno no podía esperar que recordaras a todo aquel que te encontrabas no? Y todo ese polvo y sangre no ayudaba a evocar los recuerdos precisamente.

Pero la mención de la elfa le hizo recordar a Tenebra y su paquete, allí sobrevolando los cielos y, esperaba, no vomitando por el mareo. Y su pequeña lo notó, parando sus círculos de buitre y dirigiéndose hacia ella. Bien, un asunto solucionado. Justo a tiempo de oír como la mencionaban, indirectamente. –Valientes palabras dirigidas a alguien que es capaz de reunir más poder con un gesto del que tu conseguirías en un día entero.- se limitó a decir la diablesa, clavando sus ojos rasgados en el supuesto líder de la universidad, dejando que su aura de terror transpirara todos sus poros. Eso le enseñaría a tratar con respeto a seres superiores, cosa que creía, era sentido común en absolutamente cualquier mago, “no cabrear a la todopoderosa invocación 101”.

Así que Atrapaalmas controlaba mentes… que poder más desagradable y problemático. Como también lo era eso de caotizar la magia. Le dio un sopapo a Falqued. –Podrías habernos avisado.- dependiendo del tipo de hechizo, podría haber hecho excepciones. Vincular almas a un conjuro para que actuaran como excepción era conseguible con magia profana. Pero ¿sinceramente? Seguramente no lo habría hecho, solo lo decía porque estaba cabreada por no haber sido informada.

-Eh, magos mediocres.- dijo a los hombres que se retiraban. –Este ser- prácticamente escupió la palabra, mostrando su descontento. –Esa esbirro de Kiara solo se llevo las almas de la bruja. Puede resucitar la mayoría de los muertos, si reunís los cadáveres…por un precio.- quedaba bastante claro por su tono, que su actitud había disparado dicho precio. No les dijo nada más, marcando con una de sus uñas el camino que había seguido Falqued con una flecha y un “Fal”. Ella cogió otro camino, habiéndose asegurado de que alguien seguiría ese camino y el mago no moriría por alguna gilipollez. Escogió el pasadizo pequeño y estrecho, el izquierdo, por el simple hecho de que hasta donde sabia, era la única que podía atravesarlo cómodamente. Sin el más mínimo pudor, su cuerpo se encogió, adoptando una adorable y esponjosa forma felina, revirtiendo los cambios a su cuerpo, a niveles no visibles al menos, mejor que lo que fuera que hubiera allí debajo no supiera que podía carbonizarlos con un soplido.
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Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

Mensaje por Balka el Lun Nov 26, 2018 6:46 pm

____El mundo se veía diferente desde las alturas. Todo se hacía más pequeño, más remoto. Todo parecía nimio y sin importancia frente a la vastedad del horizonte.

____Resultaba fácil desconectar de la realidad y pensar en otras cosas, como poner rumbo hacia cualquier dirección y alejarse de aquella pequeña catástrofe. Pero por muy seductora que fuese la idea, la realidad seguía siendo una ramera despiadada.

____El wyvern viró de manera brusca, y Balka soltó un gruñido de fastidio.

____La elegante bestia escogió una repentina corriente de aire que la ayudara a planear mejor, en círculos sobre los escombros de la batalla. La elfa luchó para no escurrirse sobre las suaves escamas y miró por encima de una de las inmensas alas. Por suerte la lluvia había remitido ya, dejando paso a un sol que tardaría todavía un rato en calentar la escena. Un poco a lo lejos la luz del astro rey arrancó destellos blancos a lo que parecía ser una larga cinta metálica. ¿Eran armaduras blancas?

____Miró a tierra, muchos metros hacia abajo, y con una sonrisa ladina pensó que llegaban tarde para nada. Los fallecidos caminaban, los vivos se arrastraban como podían fuera de sus garras, y los heridos se preguntaban cómo de efectivo sería fingir la muerte sin que nadie se cerniese sobre ellos, por hambre o prevención.

____La criatura batió las alas y pareció tomar una dirección concreta. Hacia el suelo. Como si hubiese recibido una orden silenciosa se deslizó graciosamente por el cielo, plegando las alas mientras la mujer se planteaba con seriedad hacerse con un bicho de aquellos. Su recientemente descubierto entusiasmo por el  vuelo empañaba la validez de la idea. La empapada capa de la elfa comenzó a aletear con un mojado flap flap tras ella según la bestia tomaba velocidad en su descenso, directa hacia los restos de la universidad. A quince metros escasos del suelo el wyvern abrió las alas con un gesto brusco que paró el descenso, y que casi propulsó a Balka contra una torre a medio derrumbar.

____La mujer dejó escapar una carcajada corta y seca. Pese al frío que la ropa mojada y el viento le habían metido en el cuerpo tenía las mejillas sonrosadas, los ojos muy abiertos, los labios rojos en una sonrisa de oreja a oreja. El gesto fue inquietante porque reflejaba su diversión. Y porque nadie en su sano juicio sonreiría así  después de haber sido descabalgado por un wyvern en pleno vuelo, quedando colgando de su cuello a quince metros del suelo. Pero todos los que conocieran a Balka sabían que no tenía juicio, ni sano ni de ningún otro tipo. Al menos no uno que nadie pudiese explicar.

____El animal levantó un montón de agua de charco y barro con su movimiento, aún en suspensión, y descendió sobre las ruinas con un objetivo claro. La mujer se dejó caer antes de que el wyvern, en picado, desapareciera en la nebulosa sombra de lo que antes fue una elegante mujer de pelo blanco. Ahora era una amalgama extraña con alas propias y todo.

____Sentada de culo sobre la piedra mojada y rota del antiguo edificio, Balka observó aquello y se entusiasmó todavía más. Nickel asomó por el borde de la bolsa, observando alternativamente la sombra de la peliblanca y a la elfa.

____ -Tenemos que hacernos con uno, Nick... -murmuró. El animalillo balanceó la cabeza sobre su largo cuello, y cualquiera pudiera haber dicho que de forma preocupada.

____Se puso en pie y prestó atención a la escena en la que acababa de aterrizar. Frunció el ceño. Había tres pasillos de diferentes aspectos y dimensiones frente al grupo de personas. Como quien se detiene frente a una encrucijada, allí se encontraba casi la totalidad del grupo que el eterno aprendiz de mago había reclutado, mas algunos magos con cara de agrios, pero eso ya lo traían de casa.

____El primer pensamiento de Balka fue preguntarse cómo diablos quedaban pasillos intactos en aquellas ruinas. Su segundo pensamiento fue toda una admirable retahíla de insultos al darse cuenta de que no eran pasillos.

____ -Huyan de aquí. Haré esto solo. -dijo el mago.

____ -Vete a la reverenda mierda Fal. ¡Para hacerlo sólo no haberme llamado, coño! -exclamó, escurriéndose el pelo de agua y volviendo a hacerse un moño. Se alzaron varias protestas más.

____Pero el enjuto hombre no dijo nada, se giró y se perdió por uno de los pasillos.

____ -Ya hablaremos tú y yo cuando todo esto termine, ya... -dijo, viéndole marchar con el ceño fruncido.

____La mujer del pelo blanco siguió el ejemplo del mago, no sin antes comentar que por un módico precio ella podría volver a meter las almas de la gente dentro de sus cuerpos. Presentaba un aspecto grotesco, una mezcla casi indefinida de varias formas... muy siniestro todo. ¿Aquello era un bigote...? ¿Sería acaso un demonio? Tenía toda la pinta, y no resultaba tranquilizador. La criatura se dio la vuelta con altivez y, convirtiéndose en un gato, se escabulló por la obertura más pequeña.

____Balka se quitó la capa y trató de escurrirla lo mejor que pudo, formando un pequeño charco en el suelo. Iba a pillar un buen resfriado, seguro.

____-En fin, ¿alguien me puede explicar qué cojones está pasando? En pocas palabras, por favor. No tengo el día para cosas complicadas.

____Presentes quedaban el pistolero, el noble, un puñado de magos cabreados y mojados. En realidad todos estaban mojados. Suspiró, preguntándose dónde andarían la bruja, el elfo o el centauro.

____El resumen del asunto era que Falqued se había clonado a sí mismo, había robado un libro importante y prohibido y había despertado de su sueño a la niñata siniestra. Volvió la magia del revés y, básicamente, orquestó él solito toda la posterior batería de desastres que acontecieron hasta la mujer cantora siniestra. Y ahora, había que encontrar un talismán. Que era esencial para nosequé asunto, y que, casualidades de la vida, se encontraba en alguna parte del interior de la universidad, o de lo que quedara de ella. Que no era mucho.

____Con media sonrisa la elfa llegó a la conclusión de que había demasiados elementos siniestros en la historia. Y que mezclarse con magos siempre era garantía de situaciones insólitas.

____Suspiró largamente, agarró del suelo una piedra del tamaño de una manzana pequeña y, con buen tino, despachó la cabeza de un soldado muerto. Había que hacer algo, había que decidir, ponerse en marcha. En una dirección o en otra, pero rápido. Desconectó del grupo presente, los dejó charlotear mientras ella se centraba en otros asuntos. Escogió un trozo de suelo nivelado y, rodilla en tierra, se puso a revisar su inventario. Tres cuartos del carcaj se habían esfumado, y se encontraba totalmente empapada. La madera del arco no presentaba daño alguno así como la cuerda, aunque le preocupaba la humedad.

____La mente de Balka no paraba de dar vueltas a asuntos pequeños que tenía totalmente controlados y en los que no necesitaba pensar, retrasando lo inevitable. Alzó sus ojos moteados y miró fijamente los túneles. Un temblor le recorrió la espalda, y no por el frío del agua. Sus labios se cerraron en una línea fina y severa.

____Era una mujer fuerte, atrevida, con pocos miedos que la acechasen. Había cazado bestias terribles en las que la gente pensaba sólo por el día y en compañía. Había realizado encargos temerarios y resuelto asuntos escabrosos para todo tipo de personajes, de los que la gente no hablaba ni de día ni en compañía. Había salido por su propio pie de situaciones extremadamente adversas con la vida pendiendo de un hilo. Su lista de hazañas y cuerpos era larga, sangrienta y salvaje.

____Y un lugar oscuro y estrecho la bloqueaba de tal manera que la reducía a un simple manojo de nervios y ansiedad.

____Sí, no se sentía orgullosa de ello ni de su incapacidad para resolverlo.

____Empacó sus cosas de nuevo, se arregló como pudo sintiendo cómo la ropa le pesaba demasiado, y se dirigió hacia la encrucijada de las tres posibilidades. Observó los pasadizos con un odio primitivo anclado en un miedo irracional, quedándose quieta como una estatua frente a ellos. A su derecha discurría el más amplio y grande, oliendo acre. Frente a ella se abría el camino más recto, que era el que había tomado Falqued. A su izquierda serpenteaba el camino de la gata-mujer-posible-demonio-de-pelo-blanco, el más pequeño de todos.

____Se acababa el tiempo. El sonido de los guerreros, tanto muertos como vivos, así como el de los pocos que aún les enfrentaban, cada vez resonaba más ominoso. El chocar del metal, los estallidos de la magia, los gritos y maldiciones, los gruñidos y gemidos, formaban una cacofonía que se acercaba lenta e imparable hacia donde ellos se encontraban. ¿Intuición? ¿Casualidad? Al parecer encontrar el talismán de los cojones era un asunto muy serio.

____Balka pensó en Falqued. No eran amigos del alma. ¿O sí lo eran? Él la había llamado en busca de ayuda y ella había acudido sin pensárselo. No es como si la mujer fuese a hacerlo gratis, ambos sabían que siempre había un precio para todo en su relación, pero el sentimiento estaba ahí. Recordó de repente el colgante de la golondrina y su curioso funcionamiento, y aquello la tranquilizó un poco. En el momento en que se sintiese demasiado angustiada podría usarlo para volver atrás sin temor de equivocarse. Además, el pasillo a la derecha era lo suficientemente grande como para no tocar los extremos con las manos, y muy alto. No daba una sensación demasiado agobiante, se presentaba sorprendentemente sólido.

____En el fondo Balka sabía que sólo estaba contándose mentiras. Pero si podía mentirse muy bien a sí misma, quizá esta vez consiguiese algo de provecho que no fuese material. Quizá pudiese sobreponerse a su maldición particular, aunque fuese un poco.

____¿Qué iba a hacer, si no? ¿Quedarse sentadita y dejar que los demás se ocupasen? Una parte de su cerebro casi saltó del entusiasmo ante la idea. Sacudió la cabeza. Eso ya lo había hecho antes, y provocó que tuviese que ir a remolque de otros, preguntando por los sucesos como una vieja de pueblo para poder reaccionar adecuadamente. No. Asuntos graves estaban sobre la mesa, y había que resolverlos.

____Un rayo púrpura chamuscó al dueño de una armadura blanca, que se despeñó por los escombros de la universidad. Miró por encima de su hombro con nerviosismo, la mano al pecho manoseando el colgante. Nickel, que había trepado por el torso de la mujer hasta su hombro mientras ésta se encontraba abstraída, posó en la mejilla su manita blanca y siniestra. Como una caricia inquietante. ¿Trataba de consolarla? La elfa jamás lo sabría.

____Respiró hondo varias veces, obligándose a ir despacio para no hiperventilar. Había que hacerlo. Tras ella el murmullo del grupo empezaba a subir de tono, empezaban a movilizarse. Frunció el ceño a la oscuridad del pasadizo de la derecha y allá se encaminó. Aguantando el aire en los pulmones como quien se zambulle de cabeza en un río de invierno.


Última edición por Balka el Lun Dic 17, 2018 11:25 am, editado 1 vez


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¿Qué está bien y qué está mal? Dime.
¿Qué ética tiene la llave de lo moralmente aceptable?

{ ...pero perdida en ella - }

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Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

Mensaje por Aulenor el Vie Nov 30, 2018 10:43 pm

__No estaba nada seguro de cómo había acabado allí; se acabada de despertar en la más completa oscuridad, no veía nada. El aire estaba lleno de polvo, no podía oler, tenía ganas de estornudar aunque no lo conseguía y sentía una capa de suciedad sobre todo su cuerpo. Se oía un jaleo distante y, de vez en cuando, algún crujido o el rebotar de pequeñas piedras cayendo y resbalando. La boca le sabía a tierra, polvo, sangre y algo ácido que no sabía reconocer. Sentía el frio tacto de la piedra sobre su espalda y piernas, estaba colgando de algo. Tanteó su entorno y acabó por discernir que colgaba de una estatua, parecía tenerle sujeto en brazos. El cómo había acabado así le resultaba ahora el doble de misterioso.
__Alargando la cola, comprobó que había suelo bajo aquellos brazos y descendió. El movimiento le hizo ver el maltratado estado en el que se encontraba; acabaría antes de enumerar las pocas partes del cuerpo que no le dolían que las que lo hacían, pero aun así, los cortes que parecía tener tanto en el brazo derecho como en la cintura, así como una herida en la espalda destacaban sobre el resto de dolores y parecían acallarlos.
__Algo retumbo en alguna parte, por encima de él, la vibración le hizo darse cuenta de lo cerca que tenía el techo, probablemente la estatua estuviera ejerciendo de pilar. Se agachó soltando un quejido y avanzó a cuatro patas, tanteando el suelo.  Parecía estar formado por escombros; piedras, polvo, madera, astillas, arena... No avanzó mucho antes de cambiar por completo de rumbo, había alcanzado una pared. Al poco se encontró con otra y al cambiar el rumbo se llevó un cabezazo contra la mano de la estatua que de haber podido ver algo, le hubiera dejado viendo estrellas.
__Procedió entonces a tratar de delimitar los límites de aquella cavidad en la que se encontraba, tratando de seguir pegado a estas paredes y por suerte no tardo en encontrar una que parecía de madera, justo antes de que se uniera al techo distinguió el tacto del acero en forma de picaporte, aquella era una puerta, completamente bloqueada por los escombros del techo, pero una puerta.
__Tras tratar de buscar las hendiduras entre tablones con sus uñas y comprobar que dar patadas con aquellas heridas no era buena idea, se hizo con una buena piedra y trató de derribar aquellos maderos a golpes, convencido de que tras aquella puerta habría una salida. Y por suerte tenía razón.

__De pronto, una rama atravesó los maderos de la puerta, como respondiendo a los golpes del nagar, y dejo que una luz amarillenta penetrará en la estancia y cegara al escamado.
__-¿Hay alguien ahí?-lo que a Aulenor le había parecido la retorcida rama de un árbol recién salido de un pantano movió sus cuatro dedos y se retiró por el agujero que había creado, el ojo del dueño de aquel brazo, un ojo completamente amarillo salvo por la negra pupila, apareció en su lugar-¡Oh! ¡Ahí estás! ¿Te encuentras bien? ¡Sal, por favor, sal!
__El nagar se arrastró fuera, hacía la luz de lo que resultó ser un pequeño farol que colgaba del brazo de aquella criatura que tenía delante. Con el doble de altura que él, piel verde apagada y llena de un largo y mugriento pelo naranja, lo que de verdad se había quedado en la memoria del escamado y le hizo reconocerlo fueron los dos largos cuernos que coronaban su cabeza, chocando contra el techo. Eso y su monumental nariz. Se trataba de aquel troll que les había guiado al llegar a las catacumbas de la universidad.
__-¡Oh! A ti te recuerdo-exclamó la criatura-, viniste ayudar a Falqued. ¿Cómo resultó todo?
__-No... no lo sé. Apenas recuerdo cómo he acabado aquí. Recuerdo a Tarot petrificado, luchar contra gente de blanco y luego... un wyvern. ¿Qué... qué es lo que ha pasado? ¿Dónde estoy?
__-No ha pasado mucho. Al menos aquí dentro. Bueno, ahora que lo pienso, todo el edificio colapsó. Vaya problema para quienes están atrapados en el espacio-tiempo. Estás en la Universidad por cierto, en lo que queda de ella. Lo que no sé es cómo has acabado ahí dentro.
__-A mí también me gustaría descubrirlo. Debe de habérseme caído a mí encima, porque lo único que sé es que me duele todo.
__-Mejor acompáñame. Aquí no hacemos nada y yo debo seguir vigilando.

__El troll se dio la vuelta y avanzó por un largo pasillo, llevándose con él la luz, sin esperar a Aulenor, quién no tuvo mucho más remedio que seguirle a marchar forzadas. El pasillo era estrecho y oscuro, con muchas esquinas y recovecos. En uno de estos, un recodo casi imperceptible aun a la aurea luz del farol, su guía abrió una pesada y oxidada puerta metálica de la que al instante escaparon unos fuertes olores desconocidos para el joven nagar.
__Al internarse en la estancia descubrió que esta se encontraba iluminada por una tenue luz rojiza que manaba de brillantes figuras del tamaño de manzanas de las que también emanaba calor. Al acercarse dedujo que debía tratarse de algún tipo de escoria de acero, por cómo era la porosidad de su superficie y por ese brillo que tan bien conocida de haber trabajado en la fragua. Aquello estaba al rojo vivo.
__-Cuidado-le advirtió su compañero- no vayas a tocarlas. A menos, claro, que quieras asarte la piel.
__Aulenor se apartó de las paredes y volvió a la cola de la criatura. Este se sentó en un gigantesco sillón de piedra que debía de haber sido su lugar de reposo por mucho tiempo, parecía tener la marca de su cuerpo grabada encima. El troll dejó el farol al pie de este asiento y luego, viendo la desorientada mirada del escamado, le hizo un gesto que le dirigía hacia el fondo de la sala. Allí, sobre una repisa de roca, se encontraba un enigmático y cautivar talismán blanco surcando de extrañas hendiduras azules que formaban figuras y formas geométricas a cada cuál más extraña.


Fin del comunicado
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Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

Mensaje por Margaret Orgaafia el Miér Dic 12, 2018 10:06 pm

El problema de la magia es que pude ser caótica y puede tener consecuencias inesperadas. Lo que se conoce como magia, una manipulación de las leyes naturales, supone, como si de una pistola se tratase, una consecuencia para el hechicero. En la mayoría de las ocasiones es un gasto de estamina, un cansancio antinatural al forzar a la realidad a seguir los caminos de la imaginación, en otras es un sacrificio, arrancar algo al mundo para que otra cosa ocupe su lugar…Sin embargo, en excepciones, en situaciones donde el hechizo supone una carga tal en el mundo…el sacrificio necesario supone más de lo que un hechicero puede dar.

Margaret Orgaafia abrió los ojos y no vio un campo de batalla.

Vio un salón. Una pequeña estancia, pequeña pero cálida, en la que el olor a estofado y un constante chasquido se escuchaba. Era una imagen nostálgica…un recuerdo enterrado en los años más jóvenes de la anciana que había resucitado. Era un hogar desaparecido entre las garras del tiempo.

-Finalmente te has despertado, cariño…-dijo una voz, perteneciente a una anciana, pero bañado en cariño y amor maternal. Un tono de voz que Margaret llevaba años sin oir, no desde la fatídica noche en la que su madre expiró su último hálito de vida. La anciana giró su rostro, encarándose con la propietaria de esa voz que no debía de existir.

El cuerpo que lo había producido estaba enterrada en una butaca, cubierta por mantas y una especie de crochet blanco, que recorría la silueta como si de redes de araña se tratasen. La mujer era la viva imagen de Margaret, si Margaret perdiera toda su grasa y músculo, una esquelética reconfiguración. Sus ojos brillaban cálidos y una pequeña sonrisa decoraba, afable, su rostro, mientras sus finos y largos dedos continuaban moviendo sin cesar dos enormes agujas, extendiendo la longitud de esa extraña red con cada movimiento.

-Esto es una mala…-Margaret se llevó la mano a su garganta, notando varias irregularidades que no debían de pasar. Primero, la voz que había pronunciado esas palabras no era su voz o, al menos, no lo había sido desde hace mucho…La profundidad y el cansancio que permeaba su garganta, dotado por la edad, había muerto, recuperando su tono juvenil. La piel bajo sus dedos no se notaba arrugada e hinchada, ni siquiera el peso de su papada se mantenía bajo su mentón, y sus dedos…Dios, sus dedos estaban igual de suaves y finos que lo habían estado antes de que hubiese tomado el uniforme de sirvienta.

-¿Pasa algo cariño? -preguntó la anciana, con un tono preocupado y dulce, pero, como si de una medicina endulzada se tratase, Margaret notaba el rechazo al verdadero tono de su voz.- ¿Te encuentras bien? -continuó, pero sin levantarse de su asiento, sabiendo cual era la respuesta y sin necesidad de elevarse de su cómoda situación.

-No me trates con condescendencia…-gruñó al fin, mirando a la figura con ira en sus ojos y su voz ligeramente recuperada. Los años parecían regresar a su garganta y marcaba cada uno con la fuerza de cada acto cometido en estos.- Si esperas que me comporte como lo hacía entonces, no eres ni la mitad de lista de lo que te crees…-continuo, lanzando cada palabra como una daga.- ¿Qué quieres de mi?

La mujer simplemente observó en silencio con una expresión sorprendida, que pronto se volvió una retorcida sonrisa- Oh, niña, no quiero nada de ti…-replico, abandonando por completo la fachada de madre encantadora.- ¿Y por ello te disfrazas como mi madre, puta bastarda? -respondió airada, su pecho ascendiendo y subiendo, mientras su rostro enrojecía con una furia que no había sentido en décadas. Solamente el hecho de que era lo suficientemente lista para saber que estaba a su merced había evitado que Margaret le golpeara directamente en la cara. El suave sonido de las agujas seguía resonando en la estancia.

-Meramente pensé que una cara conocida te ayudaría a calmarte, pero parece que mi deducción fue errónea…-replico, sin esconder su sonrisa divertida. Claramente no había sido un error y la criatura estaba disfrutando con el enfado de la anciana.- ¿Y esta falsa? -dice, elevando su mano, apuntando a su rostro y cuerpo, rejuvenecidos- ¿Un plus? -añade, con sarcasmo mal disimulado al rostro del ser, quien simplemente rió.

-Son cosas de este lugar, no mías…Uno es como se siente, al fin y al cabo…-Replico, mientras abandonaba su cruel expresión, recobrando una calmada y pacífica. Margaret se sintió extraña, observando el rostro de su madre en una calma que nunca le había llegado en vida…hasta que el peso de las palabras le golpeó como un torrente de agua helada. Sus piernas temblaron y no tuvo más remedio que sentarse. Su pecho se sentía frío y toda su ardiente furia había sido sustituida por una mezcolanza de amargura, miedo y lamentos.

-Ah…conque morir se siente asi…-dijo en un pequeño y endeble hálito saliendo de entre sus labios. La ironía de morir es que es fácil en teoría, pero los años tienden a pesar en el más allá...El ser o lo que fuera simplemente suspiró- Morir es la única cosa que haces solo…y, por lo tanto, cada ser muere a su manera. Si fueras un caballo estarías recorriendo eternos valles llenos de vida, si fueras un elfo disfrutarías de un ilimitado bosque con tus antepasado, si fueses un hombre…

-¿Ya me estaría tirando a un harem? -dijo, admitiendo el hilo del argumento y sacándole un pequeño gesto de malestar al ser. Oh, esa si era una expresión propia de su madre…

-Bueno…el asunto es…Bienvenida…-termino, con una sonrisa tranquila, haciéndole un gesto hacia la puerta. Margaret se levantó con un gesto triste y le agradeció con una sonrisa. Sus piernas le pesaban mientras iba hacia la puerta, la luz que entraba por las ventanas iluminando con tal fuerza que no se podía discernir el exterior. Hasta que lo escucho.

Dos risas. Dos melodiosas voces, que incentivaban recuerdos en el alma de la mujer. Recuerdos de tardes en el que dos niñas jugaban en el bosque, recuerdos de noches de romance y caricias inocentes. Recuerdos que le hacían ansiar esa puerta.

-No -susurro finalmente la mujer, girándose hacia la anciana, quien la miraba seria y habiendo parado de hilar con sus dos enormes agujas.

-¿No? -dijo, con su voz deformándose. La voz pueblerina y calmada dejaba traslucir bajo su cubierta, durante un momento, la oscuridad que realmente reinaba sobre esa marioneta de recuerdos.- No tienes poder de decisión en esto, mortal…-gruño al fin, elevando de entre sus cobijas un reloj de arena. Pequeñas chispas de arena, paralizadas en su movimiento, atisbando como la arena de la parte superior se habían casi agotado- Tu tiempo se esta acabando…y tampoco tienes motivos para negarte…

La voz de la mujer se había vuelto altiva y cruel. Su cuerpo se alzó levemente entre las cobijas y, extrañamente, parecía enorme en ese reducido espacio. Como si Margaret fuese algo muy pequeño que había atrapado la mirada de algo con lo que no se debía de enfrentar.

Se como sueñas cada noche con volver a ver a aquellos que has pedido, como con cada funeral que pasa deseas mi presencia con más ardor. Como los brazos fantasmales de aquellos a los que amas te invocan aquí, como miras a las sombras y te enfrentas a demonios para acelerar el paso del tiempo. Has desafiado al reloj en busca de la muerte…y has ganado batallas contra mi en muchas ocasiones, pero este es el final…

La presencia crecia. El que había sido el hogar de Margaret, donde sus primeros pasos y palabras se habían dado parecía una cámara mortuoria, fría y llena de sombras. Oscuridad crepitaba de cada esquina, rincón y grieta.

Pero Margaret dio otro paso. Y otro, hasta que estuvo a menos de un metro de la mujer. En ese momento, una figura apareció entre la líquida oscuridad, como un depredador acechando, detrás de Margaret. La hoz de una guadaña, bañada en fuego fatuo, se alzo a pocos centímetros del cuello ajeno. Por el rabillo del ojo vio como una joven mantenía el arma cerca de su cuello.

-Digo que no porque si que es mi elección…-dijo, mirando directamente a los ojos del ser, quien la miraba con el rostro enfadado.- Si hubiera muerto no me indicarías que debo ir allí…ya estaría. Estas escondiendo el hecho de que aun tengo voluntad para decidir…-Con cada palabra, su cuerpo juvenil se desvanecía y los años caían sobre ella, no como un castigo, sino como medallas que había ganado. Cada año viva tras la muerte de sus seres queridos, sufriendo las lamentaciones del camino y del resto de personas, cada aspiración…Ella se negaba a definirlos como un castigo. Una sonrisa divertida y enloquecida se alzó entre las arrugas, con los ojos de la anciana brillando con la malicia y la condescendencia que solamente la vejez otorga- Y si piensas llevarme, serán en mis términos o tendrás que arrastrarme con lo mejor que tengas…-A eso, alzo una ceja- Y, honestamente, no has traído buenos efectivos…

Entonces, Margaret cayó hacia atrás…durante unos segundos. Al momento, impulsó su cuerpo para impactar contra el de la atacante que tenía detrás, dándole un buen golpe en el costillar con el codo, del tipo que deja moraton a ambos. La guadaña acabó en sus arrugadas manos. Chispas multicolor salieron de la madera y el metal brillaba con el hálito de la madrugada, con la promesa de un día nuevo. La criatura se elevó, pero era demasiado tarde. Margaret había nacido campesina y una guadaña no era nuevo en sus manos. El golpe fue rápido y potente…

Y el reloj de arena salto en el aire. La arena chasqueaba y se movía en su interior, temblorosa, saltando en el pequeño espacio que unía los dos extremos. Cuando cayó…había mas arena en el lado que caía, no una gran cantidad…pero lo suficiente.

-Mejor suerte la próxima, chicas -dijo, guiñando un ojo, antes de que su figura se desvaneciese del lugar.

Solamente silencio quedo entre las dos figuras, hasta que el ente se rio a carcajadas y la doncella se cayó en una de las sillas de madera gruñiendo.

-Mi señora…la próxima vez que quiera hacer una pantomima, pídaselo a otro…-dijo Isarika se agarraba el estómago, notando aun el dolor. El dios solamente reía.


Margaret Orgaafia abrió los ojos y vio un campo de batalla. Un campo de batalla al revés.

Su figura descendía rápidamente desde el cielo, directamente hacía las ruinas donde sus compañeros luchaban. El viento le había arrancado el sombrero y su escoba caía junto con ella, a varios metros de distancia. Apretando los dientes, la mujer se giro en el aire, moviéndose en dirección a la escoba. Su cuerpo macizo imitaba el movimiento de las aves, ganando metros en el aire y perdiendo altitud. Hasta que, al fin, asió el borde de la escoba con sus puños. La magia no se activó, sin embargo...

-Mierdamierdamierda…-susurraba la señora, intentando convocar esencia mientras los segundos la hacían la misma invitación que la extraña anciana, pero con menos educación y más suelo. Chispas se deslizaban por la superficie de la escoba y la magia lentamente la inflaba de vida…

Y, en un estallido de fuego y humo violeta seguido por un estallido estomacal que dejaría a los más flatulentos impresionados, la escoba se alzó. Un enorme arco de humo se alzó, llevando a la anciana hacia el interior de la universidad, entrando directamente en los cuartos. Cuando el humo se disperso por fin, una escoba chamuscada descansaba al lado de una anciana cubierta en potinges alquímicos, sabanas y revistas mágicas no propias para menores.
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Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

Mensaje por Frank Morgan. el Miér Ene 16, 2019 5:15 am

La batalla había terminado. Bueno, eso creo, al menos la batalla más importante…creo. La Atrapa-almas había muerto, eso era bueno. Los muertos vivientes seguían levantados, eso era malo. Falqued seguía vivo….bueno….malo…aun no tengo mi arma, entonces malo. Me hubiese puesto a gritarle, pero parecía que todo el mundo me había ganado de antemano. En serio, me estaban dando dolor de cabeza, y eso es mucho decir teniendo en cuenta la cantidad de veces que escucho explosiones de pólvora al día. Usualmente lo hubiese disfrutado más, asumo que no lo hice porque estaba demasiado ocupado contando balas y prestando atención a absolutamente TODOS lados para asegurarme de que no llegase un zombie de la nada y me mordiera. Admito que se me estaba haciendo cada vez más difícil soportar la tentación de lanzar un tiro al cielo para pedir amablemente que cierren la puta boca, pero en esa situación no podía darme lujo de gastar balas. Que si los nuevos Falqued, que si la situación actual, que si esto o aquello, y encima de todo escuchar al viejo director lloriqueando por su edificio (aunque siendo justos, era un lindo edificio, una pena verlo destruido). Trate de hacer un filtro de importancia, concentrándome únicamente en las palabras que parecían tener alguna relevancia; casi todo lo que decía Falqued, en realidad.

Entonces pronunciaron mi nombre. -¿Eh?- Admito que no fue mi mejor momento. – Ah sí, ahí voy.- La mayoría de los magos ya se habían ido, creo que en una alfombra mágica (ahora traten de pronunciar eso sin que la gente se ría de ustedes). Éramos menos personas, pero todos sabíamos defendernos bien (creo, nunca vi al archimaestre hacer mucho pero asumo que uno no llega a ser director de una academia de magia solo por tener una barba larga).

Subimos por un muro inclinado, algunos con más dificultad que otros (intenta hacer alpinismo libre llevando tanto equipo como yo, sin sogas ni ganchos de ninguna clase). Estaba deseando que tuviesen más de una alfombra voladora, la verdad, seria más eficiente. Cuando llegamos nos encontramos con…novatos de Tirian. Bueno, creo que lo habían sido al menos, a juzgar por lo que llevaban puesto. En realidad, no eran más que muertos vivientes; su color de piel y sus ojos claramente no podían pertenecer a ningún ser vivo. No sé qué estaban haciendo pero no parecían ser una amenaza grave para nosotros, pero aunque lo hubiesen sido, ya habían demostrado no ser un problema demasiado grave para nosotros, teniendo en cuenta cuántos de ellos habíamos logrado derribar por nuestra cuenta y sin la ayuda de los ahora presentes Falqued.

La Universidad estaba hecha una ruina, para que mentirnos. También había una criatura extraña merodeando por ahí, una que antes no estaba, pero al ver que no nos era hostil deje de prestarle atención, no parecía ser demasiado importante para cumplir nuestro objetivo. Bueno, tampoco importaban mucho las quejas del viejo pero por algún motivo seguíamos escuchándolas, ahora peor que antes. Supongo que no puedo culparlo demasiado. Como dije antes, era su universidad, y era bonita; quizás no podía esperar que lo superase tan rápido. Yo personalmente hubiese matado a Falqued por mucho menos, estoy seguro de eso. Y hablando del rey de los locos…otro Falqued entro volando en alfombra por la ventana. Sin embargo, este tenía algo de diferente: era mucho más anciano que los demás. Una migraña amenazaba cada vez más con asomarse por mi cabeza.

Casi ni atino a saludarle. Levante la mano y la agite, y eso fue todo. Homúnculos, dijo el viejo, creaciones suyas aparentemente. Seguramente a eso se refería uno de los Falqued cuando hablo de un “padre”; antes no le lleve el apunte, pero ahora entiendo a qué venia esa frase. Bueno, al menos ahora sabia a que Falqued dirigirme para hablar. Desgraciadamente, el archimaestre también lo sabía, y ahora sus quejas resonaban más que nunca.

Supongo que hasta el propio Falqued se cansó llegado un punto, porque se puso a responderle, dando explicaciones de su desquiciado plan. Aparentemente la Atrapaalmas era cosa seria, capaz de destruir ciudades enteras; el tiempo pasado es la palabra clave, porque ahora estaba muerta. No tuve mucho que ver en eso. Aparentemente era una nigromante muy poderosa, si estaban usando expresiones como “ejercito de no-muertos”. Las huestes de las Armaduras Blancas también jugaban su papel en este caso, aparentemente sirviendo como su ejército personal. Con razón habían sido eliminados, en eso estuve un poco más involucrado. También estaba el detalle de que Falqued lo había “soñado”… ¿Qué dice de mí el hecho de que he aceptado contratos por peores razones? No muchas cosas buenas, supongo, pero evita que pierda la cabeza en situaciones como esta.

Entonces el viejo dijo que también era responsable de la locura que estaban experimentando los magos, todo gracias a un talismán…y todo se fue a la mierda. Bueno, no tanto como decir que se fue a la mierda, porque nadie se tiro a estrangular a Falqued allí mismo (que era lo que tenía pensado que ocurriría), de modo que no tuve que interferir para proteger al mago. Pero…era difícil justificar eso, incluso para él. Mis compañeros quizás no lo entenderían. No, borra eso, nadie lo entendía. Por qué el bien mayor y no sé qué, pero las vidas perdidas son vidas perdidas. Hay gente que dice que unas cuantas vidas no se comparan a miles de ellas, a una ciudad entera; palabrería cínica de cuarta, las vidas son vidas. Y todo el desastre que Falqued había ocasionado con el talismán…más de uno se lo tomaría ligero, pero entendía perfectamente a todos los que no. Quizás el viejo había salvado el día, o quizás solo había tenido suerte, pero el daño ya estaba hecho. Las tranquilas vidas de los magos se vieron sacudidas de forma tremenda. Sufrieron mucho, todos los involucrados, y ahora tenían a quien culpar por cada una de sus desdichas. En papel, en números, cien muertos con mejores que diez mil. Pero las personas son más que números. Es complicado de explicar, lo resumo en que entiendo a los magos…hasta los justifico un poco (aunque no soy la persona más imparcial para opinar).

Una de sus compañeras cambio de forma (aun no puedo creer que haya llegado un punto en que pueda referirme a esto como una ocurrencia normal) y se metió por el pasadizo más pequeño de todos los que habíamos visto. La elfa se quedó practicando un poco su puntería con algunas armaduras blancas (o quizás desquitando tensiones que tenía, a saber; en ambos casos no puedo culparla). Luego se fue por otro pasadizo, el más grande posible. Eso solo significaba una cosa: que me voy a morir. Bueno, siendo técnicos, significa que tenía que acompañar a Falqued para asegurarme de que nada saliese mal….que es básicamente lo mismo que sellar mi condena de muerte.- Bueno, a todos nos llega la hora.- Y sin decir más (no es que estuviese hablando con nadie, solo maldecía mi suerte) Salí e dirección al pasillo que Falqued había tomado. Mis manos estaban presionando con fuerza el mango de mis pistolas; admito que estaba bastante nervioso, listo para disparar contra cualquier cosa que apareciera. Por lo general no soy así, todo lo contrario, tengo nervios de hierro. Pero con este viejo desgraciado…nunca se sabe.

-Entonces viejo ¿Qué estamos buscando exactamente?- Pregunte, la duda claramente palpable en mi voz. Gracias por venir, Frankie. —La voz del mago sonaba ahora mucho más cansada, supongo que uso todas las energías que le quedaban para discutir contra el archimaestre y los demás, pero ahora que estábamos solos podía darse el lujo de mostrar algo de debilidad. —. Buscamos un talismán, a simple vista parece tallado por orfebres enanos: es blanco, cilíndrico y lo surcan líneas azules, hendiduras en la piedra, que forman letras que es mejor olvidar.- Fantástico, otro puto talismán, como si esas piedras de mierda no nos hubiesen causado ya bastantes problemas. Supongo que es justo, del mismo modo que nos jodieron tanto ahora nos iban a sacar de este aprieto. -Es más menos de este tamaño —Abrió sus manos, a juzgar por la forma en que lo hizo esa piedra era de un buen tamaño; buen, seria más fácil encontrarla. —. Espero que Wacken y mis demás yoes, continúen cuidando la sala. Y que ésta no se haya venido abajo.- Ya éramos dos, lo último que quiero es volver con la puta piedra para darme cuenta de que todos murieron, o peor, el túnel colapso y nos quedamos atrapados. Eso solo contribuyo a que acelerara más la marcha.

....valió la pena?- Ese comentario vino de la nada, pero en realidad llevaba un tiempo pensándolo. Supongo que era mi forma de distraer mi mente de lo que me tenía preocupado. -Todo esto, todo lo que va a pasar...valió la pena? -La chica ha muerto. ¿No es así? —El mago se encogió de hombros—. Ya todo está hecho. No puedo mirar atrás. – En eso estamos de acuerdo, las cosas ya están demasiado idas a la mierda como para pretender que aún se puede hacer otra cosa más que seguir adelante. -Y no sientes curiosidad por saber qué pasará...cuando todo termine?- Uhmm. La verdad es que no lo había pensado.- ¿Es mucho pedir que la gente tenga un poco de pensamiento a futuro?- Además de tener que asumir la culpa —dijo con tono afligido—. O bien huir. —Agregó con una media sonrisa. No sé hasta qué punto eso sería un castigo para el viejo desgraciado; tengo entendido que se la pasa más de taberna en taberna que adentro de la Academia. Un exilio a sus ojos bien podían ser vacaciones forzadas. Es escurridizo, y muy astuto, eso me agrada de él; se que escapara de cualquier cosa. -Lo siento por ti viejo. - Respondí, con un tono neutro.- ¿Pero después de esto me darás lo que me prometiste no? Esa condenada arma de la que me hablaste.- Había un solo motivo por el cual estaba arriesgando mi cuello con todo esto sin tener ni puta idea de en qué me estaba metiendo, y era lo que me debía ese viejo, quería dejar eso claro. - No lo sientas, Frankie. Sabes que no soy amigo de la lástima. – En eso coincidimos.- Hay veces en que se deben hacer las cosas por un bien mayor, sin importar si uno queda como héroe o criminal. Sé que a todos quienes invité hasta aquí serían capaces de entender esto. – No estaba equivocado. Se quedó en silencio un momento. Avanzamos hasta lo que parecía ser una grieta en una pared. Más allá se notaban marcas rojas en las paredes—. Es por allí. Vamos. Y ah, claro, el arma. Si bien es un prototipo, ten por seguro que hará bien su trabajo por mucho tiempo si la sabes tratar bien. Se la confié a una señora, su nombre es Bethy. Regenta el Cazo de Oro, una bonita posada en el sector sur de Phonterek. Dile que vas de parte mía, si le muestras la llave ella te entregará la caja con la cerradura que la abre. -El mago me entregó una llave larga y oscura. Estaba hecha de un material extraño, pero luego me pondría analizar eso; parecía simple hierro, pero mi instinto me decía que no arrepentiría de echarle un segundo vistazo.

De momento, cruzo los dedos y rezo por que todo acabe de una puta vez.
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Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

Mensaje por Strindgaard el Miér Feb 13, 2019 7:32 am



Las nubes grises se fueron desmadejando con los fríos vientos que galopaban por sobre la fortaleza, dejando un plácido cielo color topacio que se iba tiñendo de rojo a medida que el sol comenzaba a caer por la orilla del mundo. Sólo un par de jirones quedaban en lo alto, como testigos mudos de lo que había acontecido momentos atrás.

Abajo, en lo profundo de los restos de la Universidad, Balka avanzaba por los restos de mampostería, piedra, madera y escayola. El pasillo pronto se fue ampliando y llegó a un lugar deteriorado por varios derrumbes que dejaban poco sitio al cual avanzar. Al continuar por el único lugar posible, el suelo se fue llenando de vidrios rotos que crujían bajo sus pies, mientras esquivaba cuadros caídos y restos de muebles. El patente olor acre y desagradable que se asentaba a lo largo del camino fue mezclándose con un olor dulzón y metálico, hasta que finalmente la elfa se halló entre los restos de lo que parecía ser una sala donde se practicaba la química.
Un fabuloso Espejo del Desierto disecado colgaba todavía del techo, justo al lado de una enorme brecha entre las tejas, por la cual se podía ver una porción del cielo. De los cuatro muros que componían la amplia cámara, uno de ellos había desaparecido, para dar a lugar a un boquete del cual provenía una luz verde jade deslumbrante, que parecía beberse la oscuridad de alrededor. El resto de los muros estaba medianamente intacto, aunque la mayoría de los ingredientes de uno de ellos se habían caído y ahora yacían desparramados en el suelo, fundidos en un único líquido de un color prismático y misterioso que invitaba a ser observado.
Al parecer había llegado a un callejón sin salida, no había ni rastro de Falqued ni de ninguna otra alma en aquel lugar desierto. Al decidir retirarse de la cámara surgió un problema: donde había estado anteriormente la puerta se encontró con un muro sólido.
Tras echar una rápida mirada por el lugar resultaba claro que faltaba la única puerta de entrada y salida, y ahora tampoco estaba el Espejo del Desierto que colgaba de las vigas.
Estás en un predicamento. —Oyó decir desde su derecha.
Al voltearse no había más que el muro de los estantes de ingredientes, nadie ni nada parecía haber dicho eso. Aunque pudo notar que varios de los viales y frascos que seguían intactos en sus lugares de pronto habían adquirido más de cuatro veces su tamaño, como si se trataran de grandes cazos de vidrio.
Son los vapores —Ahora la voz provenía de la izquierda. Al girarse, no halló más que una mesa llena de tejas rotas, y debajo de ellas, un montón de probetas y matraces hechos añicos—. No te preocupes, al menos no te matarán —El sonido provenía de arriba—. O ya lo habrían hecho.
Era el Espejo del Desierto, que ahora la observaba.
Es una suerte que el techo tenga un agujero, sino yo también estaría sufriendo los efectos —dio una larga inspiración y luego la soltó—, pero acá arriba el aire es fresco.

Algo mojó la punta de la bota de la elfa, al mirar abajo notó que la mancha en el piso había crecido desmesuradamente y casi abarcaba todo el suelo. La centena de ingredientes que habían ido a parar a la mezcla comenzaron a zumbar, silbar, hablar y cantar, ligeramente, a medida que se movían en el suelo como si hubieran adquirido vida propia. Los colores serpenteaban mientras los oídos de la elfa se llenaban de ese coro mestizo, y si cerraba los ojos para esquivar aquel baile vertiginoso, en la penumbra de sus párpados vería figuras tenebrosas rondar tras ellos.
Tranquila. Me parece que el efecto está pasando.
Al abrir los ojos, sobre la mesa, la elfa reconoció al Espejo del Desierto, que sentado de patas cruzadas, jugaba con un mortero de piedra pulida y su macilla, moliendo algo negro que sonaba como bayas al reventar.
Uhm. —El Espejo molió un tanto más. Alrededor, la cámara parecía estar regresando a su forma normal. Al menos los frascos en los estantes habían regresado a su tamaño y el charco iba remitiendo en su canto—. Me parece que está listo. Acércate. Mira —dijo con una sonrisa en tanto que alzaba levemente el mortero.
A su espalda la puerta todavía estaba ausente, y teniendo en cuenta que se encontraba derechamente drogada, la elfa avanzó sin poder sentirse dueña de sus actos.
Al llegar a la mesa, Balka echó una mirada al mortero en el regazo del Espejo, en su interior había unos anteojos, o al menos una versión de esos aparatosos objetos que solían usar algunos inventores y excéntricos en Noreth, pero éste era completamente negro, incluso las lentillas.
Los llamo Ray-Ban. Son bastante útiles en Prado de Fuego, si alguien los inventara. Sirven para no achicharrarse la vista cuando se mira directamente al sol, o básicamente cualquier cosa sumamente brillante. ¿Te apetece usarlos?
Pumpernickel se sacudió, quizá tratando de advertir algo, o bien acomodándose en la capucha de la elfa, pero los efectos de la alquimia eran todavía fuertes, y como seguía a disposición del master de la droga, Balka estiró la mano y tomó los Ray-Ban.
Anda, ¡te ves geniiaaaal con ellos! —Le alentó a la elfa el Espejo, y haciendo uso de una de sus alas le mostró su reflejo: El cabello rubio caía apaciblemente sobre sus hombros, formando un marco que hacia relucir la tez tostada de la elfa, y en medio de ello, los anteojos negros le daban un aura de nobleza, como si en vez de Ray-Ban usara una corona, pero diferente. No se trataba de la ostentación del oro, sino de la elegancia y sofisticación del negro. Además hacían un perfecto juego con sus labios rojos, que ahora irradiaban sensualidad. Una sonrisa de suficiencia de pronto afloró de ellos—. ¿Ahora qué te apetece mirar? —Le preguntó el ave disecada.



Los magos observaron con suspicacia a Vanidad cuando comentó lo de resucitar a los muertos. No tanto por el hecho en sí, entre sus filas había uno que otro necromante —aunque seguro que para ese momento ya debían estar muertos (las ironías de la vida)
— sino porque la demonesa había usado un tono bastante críptico cuando dijo que la oferta implicaba un precio.
Por suerte ninguno tuvo la valentía de decir o hacer algo, y la ahora gata, se deslizó por el camino más pequeño.
A algunas brazadas de profundidad, el camino diminuto se volvió negro como boca de lobo, aunque nada que no pudiera sortear los ojos de un gato. Algunas ratas huyeron fugazmente al ver la sombra de aquel demonio, literalmente fugaz, ya que algún hechizo perdido les había conferido supervelocidad.
Señora del Terror. ¿Por qué vagabundeas por estos escombros? ¿Buscas alimentarte de esas almas que te rodean? —Una voz espectral cayó sobre la peluda felina. No parecía provenir de nadie. Al menos no había nadie a su alrededor.

Luego de haber avanzado unos cincuenta metros, la demonesa notó que se estaba alejando del lugar al que debería haber ido, ya que el camino llegó hasta una abertura que salía de la Universidad.
Algunos muertos la miraron, extrañados, mientras subían con dificultad por el derrumbe.
Has dado una vuelta equivocada. Regresa, antes de torcer a la izquierda, allí donde había un tipo muerto, debes tomar la derecha. —La voz llegó de ningún lugar y de todos. Sonaba como una brisa. Y ya que no tenía más nada que perder, la gata le hizo caso.
Al llegar a los restos de un mago que había quedado aplastado por un montón de ladrillos, Vanidad torció a la derecha y se halló con una abertura que había pasado por alto la vez anterior.
¡Ah! Terriblis —Era de nuevo la voz, pero ahora parecía sonar más cerca—. Tu aura rezuma odio y venganza. Veo en ti mucha más hambre de la que este mundo está dispuesto a saciar.
El irregular pasillo se fue abriendo, y poco a poco se podía sentir un calor artificial bañar las paredes.
Hija de Vaermina, yo podría alimentar tu alma.



Hubo un día, hace muchísimos años cuando mi cuerpo era joven y mi mente estaba sana, en el cual una elfa me instó a huir con ella a su reino. Ven conmigo, me dijo, olvida tus ambiciones, tu orgullo y tus deseos, que no son más que sombras de este mundo roto que conoces. Ven conmigo, me volvió a pedir, de mi mano descubrirás los esplendores de ensueño de los reinos sempiternos de mi gente, en donde la dicha es pan de cada día y los años parecen horas flotando en el viento.
Un Falqued gastado, húmedo y sucio llegó con Frank a una estancia oscura y por suerte, no tan dañada, considerando todo lo que había sufrido la Universidad hasta el momento. Seis largos pilares sostenían un techo oculto bajo una densa oscuridad. Las runas rojas grabadas en los muros derruidos mantenían un calor agradable en el lugar, pero que poco a poco se iría volviendo asfixiante a medida que más gente llegara.
¿Quién anda allí? —A pesar de que las runas expedían una rojiza luz, ésta no era suficiente para iluminar el ancho espacio, haciendo que las sombras le jugaran malas pasadas a su vieja vista. El mago sacudió su báculo, y al no suceder nada lo golpeó contra un pilar, y acto seguido, una luz brillante y plateada salida directo de la punta del instrumento, iluminó el sitio con su aura—. ¿Y tú quién eres? ¿Qué haces aquí?
No era raro que Falqued no conociera a Aulenor. Tarot y él habían perdido el contacto hace algún tiempo y las pocas cartas que se enviaban no eran más que para informar sobre cambios y noticias sobre la región.
So-soy Aulenor, yo... vine con Tarot.
Tarot no es de tener sirvientes. ¿Eres algún familiar acaso? —Lo inspeccionó un momento y luego de alzar ligeramente una ceja agregó—: Aprendiz.
El joven se quedó en silencio por un momento, titubeante.
Estás bastante magullado. ¿Y Tarot? —Preguntó con cierto rastro de miedo en la voz.
Él... —se quedó bloqueado, luego tremendamente sorprendido y algo asustado—. Pe-pero si dijiste... Tú dijiste que... —Su semblante cambió y habló de pronto enfadado—. Tarot sigue congelado. Ahí fuera. Por una de esas bolas de granizo. Tú dijiste que le salvarías. ¿Cómo has podido olvidarlo? ¡Él era tú amigo, confiaba en ti!
Falqued abrió los ojos, sorprendido, luego miró al muchacho con cierta culpa. Su semblante se relajó y ya volvió a ser el mismo de siempre. Le tendió una sonrisa al aprendiz.
Aulenor. Tarot se recuperará, no te preocupes. Pero ahora necesitaré de tu ayuda. ¿Puedo contar contigo? —Acercó su mano para tocarle el hombro.
¡No! —Se apartó varios pasos, bastante alterado—. ¡Dije que te ayudaría pero no pienso hacer nada más si no me dices ahora mismo cómo vas a ayudar a Tarot! —Se quedó un momento sin aire—. Exactamente. Cómo le vas a salvar. —Exigió saber, con lágrimas en los ojos—. No... la magia, los soldados, el wyvern... Esto se... No voy a seguir... No voy a... —se llevó una mano a la cabeza mientras con la otra buscó desesperadamente su espada, sin éxito—. Krabato... No... —se detuvo un momento, respirando profundamente, tratando de tranquilizarse—. Necesito saber que no estoy en el lado malo. Tarot confiaba en ti. Dime que vas a hacer.
Con la ayuda de los magos de esta Universidad revertiremos cualquier hechizo que haya caído sobre Tarot. —Abrió un tanto las manos y alzó la cabeza para que Aulenor apreciara la inmensidad del lugar—. Este sitio abarca a las mejores mentes del continente, incluso, del mundo. —Bajó la vista y observó al aprendiz—. Tarot volverá a la normalidad. No lo dudes.
»Lo que haré ahora será terminar con todo esto. Ahora ya no queda más que destruir aquello que se forjó para detener a Atrapaalmas. —Falqued apuntó hacia más allá del troll, al fondo de la sala—. Aquella piedra, aprendiz de geomante, necesito destruir aquel talismán.
¡He dicho exactamente! —Se movió hasta colocarse entre la piedra y Falqued—. ¿Cómo? ¿Cuál es el hechizo? Quiero saberlo exactamente.
¿Debo decirte cuántos gramos de cada ingrediente y recitar también el conjuro? —Respondió, ya perdiendo la calma—. ¿Crees que no quiero salvarlo? ¡Tarot es mi amigo desde hace más años de los que tienes tú, muchacho! No dejaré que muera. No conozco el hechizo para deshelarlo, ni siquiera sé de qué manera le ocurrió eso. Te estás confundiendo si crees que soy el único con este rostro y este cuerpo. —Su pecho se hinchó y habló con todo la autoridad que su edad y experiencia la habían conferido—. Pero ten por seguro que lograré revertir el hechizo que le ha hecho eso. Este mundo aún no ha logrado impedir que logre lo que me alguna vez me he propuesto.
Mientras Falqued hablaba, Aulenor cerró los ojos y apartó un tanto la vista. Luego, cuando el mago terminó su discurso, le miró otra vez, aún enfadado, pero resignado. A regañadientes, respiró hondo otra vez y preguntó:
¿En qué necesitas que te ayude?
El mago se sintió más tranquilo. Suspiró para luego cerrar la distancia entre ambos.


Los magos, esos animales soñadores, buscadores de lo imposible, esos creadores de fantasía, estaban acostumbrados a los hechos inesperados, a distintos cánones de existencia. Fue por eso, quizá, que no se impresionaron al oír y ver aquel estallido de llamas violetas que agasajaron por un momento el firmamento, para luego desaparecer para siempre.
Margaret había hecho un gran trabajo regresando al suelo en una sola pieza, el problema era que había errado por unas decenas de metros del lugar en donde la necesitaban y había terminado en un cuarto aledaño que parecía haber sobrevivido al accidente del wyvern… De las cosas terribles que sucedieron en la Universidad, puede que la peor de todas haya sido ver a la bruja con el vestido arriba hasta la cintura por culpa de la caída, pero por suerte ningún alma fue relampagueada con tal visión. Ahora aquello sólo quedará en mi memoria, pues soy un narrador omnisciente, y aunque soy consciente de un centenar de limitaciones impuestas por la cordura, por suerte me encuentro exento de ellas, y puedo continuar mi relato como si aquello no hubiera sucedido jamás.

Al abrir la puerta del cuarto, Marga se halló en un amplio pasillo que conectaba las demás habitaciones, aunque la mayoría de las puertas estaban abiertas o salidas de sus goznes, y desde el exterior era perfectamente visible que se encontraban destruidas o totalmente aniquiladas, dando paso al cielo abierto. El único camino hacia el interior era seguir adelante, o bien hacia atrás, pero algo llamó la atención de la bruja, una voz femenina.
Los llamo Ray-Ban. Son bastante útiles en Prado de Fuego, si alguien los inventara
Se trataba de la voz de la elfa.

Al final del pasillo había algunos muros caídos y un gran boquete en el suelo que impedía seguir su camino sin tener que bajar unos cuantos pisos. Pero para Marga no fue difícil sortear el problema haciendo uso de una de las puertas salidas para hacer de puente.
Anda, ¡te ves geniiaaal con ellos! —Pudo oír claramente a unos tres metros, justo tras una puerta—. ¿Ahora qué te apetece mirar?
Al avanzar y abrir la puerta una bocanada de olor acre le dio una trompada que la dejó mareada por unos segundos. Al volver a mirar al interior halló a la elfa, con un mortero en mano lleno de carbón molido en su interior y la cara, o más bien alrededor de los ojos, completamente negros por el hollín, como si intentara emular un mapache. Por el tamaño de sus pupilas, no le fue difícil discernir que estaba completamente drogada.



Es agradable saber que sigues con vida, Wacken. —Con una sonrisa Falqued se acercó al troll para darle un apretón de manos.
Parece una ironía, tomando en cuenta los esfuerzos que se han tomado tus muchachos en matarme con todo su barullo. —El troll tenía su rostro tallado en piedra. Su larga barba dejó entrever una ligera sonrisa que se fue ensanchando—. Yo también estoy contento de verte Falq.
Luego del saludo, el mago se acercó y alzó su báculo para que la luz bañara el talismán.
La piedra parecía indiferente a todo estática en su sitio, pero su piel en constante cambio parecía advertir lo que sucedía a su alrededor, cambiando al son de las emociones de quienes la rodeaban. Los signos, como líneas gruesas y azuladas, eran escritos de otros tiempos, de otras lenguas, ya muertas y olvidadas, que giraban y cambiaban al percibir el miedo, el odio, la tristeza y la incertidumbre.
Todo ha terminado Wacken. Pero esta piedra sigue funcionando. ¿Por qué?
El troll se acercó al mago, llamado por el tono de voz críptico y a la vez inquietante. Frente a ellos el talismán se encontraba frío e inofensivo, pero a medida que mantenían la mirada en él acontecía algo improbable y a la vez, ya que nos encontramos en Noreth, posible.

De la misma manera en que una gota de tinta se diluye al caer en el agua, la realidad se diluyó alrededor de la piedra. Todos quienes miraron en ese momento el talismán pudieron percibir lo mismo: En un instante, se encontraban juntos alrededor de una gran cámara, después, como si luego de un parpadeo no hubieran podido volver abrir los ojos, los espectadores fueron liberados de los lazos de la objetividad, y se hallaron de pronto en un mar negro de sueños y visiones que descansan en lo profundo de sus mentes. Hundidos hasta los tobillos por un agua negra y fría, que parecía ondear bajo la fuerza de una brisa invisible, cada uno de quienes se encontraban en el lugar observaba a su alrededor, además de sus compañeros, a otras criaturas, algunas semi-humanas, otras derechamente monstruosas, que al parecer los observaban desde la distancia, formando un corro a varios metros alrededor. Los pilares habían desaparecido, al igual que los muros, pero el calor de éstos no se había esfumado. De alguna manera sabían que seguían en el mismo lugar, pero la fuerza que les oprimía en ese momento les volcaba a ver aquella escena como si no pudieran asir las apolilladas alas de la realidad sin desgarrarlas.
Mortales. —La voz aterciopelada y a la vez pesada y potente, recorrió todo el lugar al no encontrar más que silencio—. Me regocijo al ver los deseos ocultos en vuestras almas.
La blanquecina luz del báculo de Falqued, reveló poco a poco, como si de pronto atravesara una cortina de seda negra, un cuerpo alto y esbelto, una figura humanoide, de rostro andrógino, bello y amenazador, que observaba con una sonrisa de suficiencia tallada en el mármol de su tez blanca.
Así que Atrapaalmas se dejó algo en el camino hacia los reinos de Kiara. Supongo que tú debes ser el demonio que la gobernaba, o las reminiscencias de éste.
La figura rio alegremente, echando la cabeza hacia atrás levemente, como si las palabras de Falqued hubieran sido un chiste.
Suenas bastante confiado en que solo sea una reminiscencia, viejo mago. —El cabello albo del demonio se alborotó cuando fijó su mirada en Falqued—. Será un gusto demostrarte lo contrario.
Cuando salió por completo de la oscuridad que lo envolvía, todos pudieron notar que iba ricamente vestido, con entallados ropajes engalanados con puños de oro, por joyas no traía más que un collar y su apariencia no distaba mucho de un joven noble si no hubiera sido por unas alas de divum tenebri que surgían de su espalda.
Los demás —dijo barriendo la mirada, clavando sus ojos en cada uno de los presentes—, espero que estén aquí para algo de más relevancia. No estoy interesado en hacerme con sus fútiles cuerpos, ni para guardar sus almas en mi bolsillo. Si están dispuestos a escucharme, me podría describir como alguien generoso —Comentó, encogiéndose de hombros—. No deseo más que brindarles mi apoyo, mi sutil apoyo para que completen sus deseos, ¿quién no querría un poco de ayuda en ello? Algo más de poder entre sus manos, un soplo de fuerza, de conocimiento, de inspiración.
»Sus deseos, sus más recónditos deseos; eso, es lo que quiero que aflore de ustedes. Yo soy alguien dispuesto a entregarles eso que más quieren. Este bello mundo está hecho para que ustedes lo disfruten. Y yo estoy aquí para darles lo que merecen, lo que necesitan para lograr lo que más desean.



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Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

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