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La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

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La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA] - Página 7 Empty Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

Mensaje por Aulenor el Mar Feb 19, 2019 5:07 am



__- ¿En qué necesitas que te ayude?
__Falqued trató de recortó la distancia con el joven escamado, pero éste, tan alterado como estaba y a pesar de haber superado en apariencia la desconfianza inicial, no pudo evitar apartarse, lo que detuvo los pasos del hechicero. Las manos de Aulenor temblaban, mientras ejercía cada vez más y más fuerza en sus puños ante la impotencia que sentía tras haberse separado de su espada. No podía arriesgarse a que alguien le tocase, eso era lo único que tenía claro. Ante la aptitud del joven, Falqued no pudo sino suspirar irascible de nuevo, y, reuniendo toda amabilidad y el tacto que le quedaba, comenzó su explicación.
__-Tarot es un excelente geomante, y espero que te haya enseñado bien. Esa piedra delante nuestro, contiene algo que no dejó este mundo junto con Saoire, algo maligno. ¿Entiendes?-No lo hacía, Aulenor apenas se había enterado de qué había pasado aquella tarde. El nombre Saoire no le decía nada, pero la pregunta del hechicero no pareció requerir respuesta, ya que éste se giró hacia aquel artefacto blanco con hendiduras azules sobre las que se movían sus partes, y bajando la voz, continuó-. El demonio que la poseyó, esa fuerza primordial que cruzó del Otro Lado hasta acá, no se ha ido. Se aferró a lo que pudo, como un animal moribundo. Necesito desterrarlo de este plano, si no, volverá a  encontrar un huésped.
__»Tarot hubiera sabido como romper esa piedra, supongo que ahora me las tendré que apañar contigo. ¿Crees que puedas?
__-¿Romperlo?-Aulenor observo la figura. Lo único que tenía claro sobre ella con un solo vistazo es que era magia, casi irradiaba esencia, y aunque sí que podía ver que se asemejaba más a una roca de lo que en un primer momento le había parecido, su conocimiento sobre la magia era muy bien escaso, apenas conseguía dominar dos hechizos, ambos, tenía entendido, de lo más básico en su campo. Él tenía mucha más conocimiento sobre herrería que sobre geomancia y probablemente, pensó, tendría más éxito si lo enfocase de esa forma, podía visualizar perfectamente a Leif destrozando aquella cosa de un solo martillazo-¿No bastaría con que el troll la aplastase? No sé si... la magia ahora no funciona exactamente bien...
__-Ojalá fuera tan fácil... Como geomante esperaba que notaras que no es como cualquier otro trozo de roca que hayas visto antes. Esa cosa está viva, y no lo dudes, sabrá defenderse-Falqued se volvió de nuevo hacía él para mirarle directamente a los ojos. Aulenor no los apartó, no había nada en la mirada de aquel hombre que le inspirará desconfianza. Había miedo, había cansancio y había, sobre todo, esperanza-. Mira, crearemos una distracción, devolveré la magia a la normalidad. Debes estar atento, no sé si podamos tener más de una posibilidad.

__El Hechicero se volvió entonces hacia el troll, al que saludo amigablemente antes de ponerse a discutir con él sobre el artefacto. Y no había pasado un minuto cuando de pronto toda la sala cambió, como si estuvieran en un mar de oscuridad a través de la cual parecía poder verse. Una voz demasiado agradable aunque potente surgió de ninguna parte, y Falqued alumbró con bastón para revelar la figura a la que pertenecía la voz. A Aulenor le hizo falta verlo o entenderlo para saberlo, aquel era un demonio, su aura inundaba la estancia.
__-Los demás, espero que estén aquí para algo de más relevancia-exclamó en cierto punto tras intercambiar amenazas con Falqued, dirigiéndose hacia el joven escamado, el pistolero y el troll; clavando sus miradas en éstos y haciendo retroceder y encogerse al nagar-. No estoy interesado en hacerme con sus fútiles cuerpos, ni para guardar sus almas en mi bolsillo. Si están dispuestos a escucharme, me podría describir como alguien generoso. No deseo más que brindarles mi apoyo, mi sutil apoyo para que completen sus deseos, ¿quién no querría un poco de ayuda en ello? Algo más de poder entre sus manos, un soplo de fuerza, de conocimiento, de inspiración.
__»Sus deseos, sus más recónditos deseos; eso, es lo que quiero que aflore de ustedes. Yo soy alguien dispuesto a entregarles eso que más quieren. Este bello mundo está hecho para que ustedes lo disfruten. Y yo estoy aquí para darles lo que merecen, lo que necesitan para lograr lo que más desean.
__Aulenor apenas había atendido a las palabras de aquella criatura así como apenas la había mirado. Su cabeza parecía haberse aislado nada más notar la presencia demoníaca, obviando por completo las palabras de éste y concentrándose por completo en cualquier signo de amenaza, en encontrar una vía de escape, en razonar una forma de acabar con aquella situación. Así descubrió que a pesar de que el agua a sus pies era real y de la aparente inmensidad, los muros seguían allí; la luz que emitía el báculo del mago parecía reflejarse levemente en dónde antes se encontraban, había una separación entre ellos y las criaturas de más allá.
__-No esperaba que hiciera esto-susurró Falqued, y dirigiéndose hacia el geomante, agrego-. No  hagas nada todavía, hay que esperar a que la magia vuelva a la normalidad.
__El nagar asintió. Por el momento solo esperaría junto a la piedra hasta que le dieran la señal. La magia seguía turbada, podía sentirlo. Inconscientemente se había concentrado para sentir la esencia, podía notar la suya propia bombeando por su cuerpo, podía sentir las toneladas de roca que tenía, podía adivinar esa disonancia en el ambiente que había sentido agigantada cuando trató de levantar una piedra durante la batalla, y podía sentir, para su propia sorpresa, como aura que expedía aquella criatura, parecía proceder del artefacto.


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Mensaje por Frank Morgan. el Mar Feb 26, 2019 5:32 am

Todo era tétrico, todo. Al menos para mí, el simple humano sin poderes mágicos ni cachivaches raros. Mis confiables pistolas parecían cada vez más insignificantes en comparación. Ya iban como siete veces que me juraba a mí mismo que investigaría tanto sobre la magia como me fuese humanamente posible en el primer segundo que tuviese libre, solo para descubrir una forma más efectiva de contrarrestarla (ergo, matar más eficientemente a sus usuarios). Hablando de lo cual, el primero era el viejo loco y parlanchín que tenía enfrente y a quien, muy a mi pesar, tenía que cuidar. No me malentiendan, no carezco de alma; no tengo un odio particular hacia los viejos. Solo que ESTE en particular parece tener la mala costumbre de atraer el peligro y la desgraciada como la mierda a las moscas. Desgraciadamente para mí, me encontraba rodeado de mierda, por así decirlo. He ahí el motivo por el cual, por muy insignificantes que fuesen mis armas de fuego en comparación con el poder de controlar los elementos y alterar todas las putas leyes naturales que muchos magos parecen tener la mala costumbre de tener, no me despegue de ellas ni por un segundo. Si bien me las arregle para mantener mis nervios de acero durante todo el recorrido, eso no significo que no me comportase de forma particularmente precavida mientras caminaba con Falqued por el pasillo. No se me había ocurrido en su momento, pero al ir con el viejo básicamente me había unido voluntariamente a quien sin dudas seria el objetivo principal de cualquier cosa a la que nos enfrentásemos…y tenía serias dudas sobre estar al nivel de esa amenaza. Pero bueno, si todo se iba a la mierda, confiaría en mi cerebro, mis armas, y el hecho de que la diosa fortuna que parece favorecerme bastante cuando se trata de evitar la muerte por un delito.

-¿Y por qué demonios no aceptaste su oferta, viejo?- Por mucho que no se notase, si había estado escuchando su historia durante el viaje. Cuando llevas tanto tiempo en el ejército como yo aprendes a prestar atención a todo lo que te rodea, a recolectar datos incluso de las fuentes más inesperadas mientras no pierdes de vista lo que tienes enfrente; “prestar atención sin prestar atención” por así decirlo. – ¿No crees que la hubieses pasado mejor en ese supuesto Paraíso que aquí?- Un poco de humor, por más oscuro que fuese, siempre viene bien para aplacar los ánimos.- ¿Fue por qué no había alcohol? ¿Tenías una cita? No me digas que fue porque realmente sospechaste que ninguna oferta puede ser tan buena.- Todo era broma, desde luego. Con total seguridad puedo decir que ese viejo era el más inteligente de todos los allí reunidos. O tal vez no el más inteligente, pero si el más sabio; al menos el que más cosas sabia entre todos los magos allí presentes (que componían una parte demasiado mayoritaria de nuestro grupo, a mi parecer).

Y de pronto, Falqued dice las palabras que menos quería escuchar “¿Quién anda ahí?”. Lo peor es que yo personalmente había visto aquello de lo que se refería Falqued, pero el viejo me gano de mano y yo estaba deseando estar equivocado. Estaba allí antes que nosotros, desde luego. Al principio me preocupe. Estaba en el exacto mismo lugar al cual nosotros nos dirigíamos, de modo que o era un aliado que nos estaba esperando o habría que derribarlo. La charla que empezó a tener con Falqued no me tranquilizo para nada, pero al menos me convenció de que no debía dispararle a primera vista. Y qué bueno que no lo hice, porque luego lo reconocí. Una vez más, las escamas no son demasiado sutiles (hablando de lo cual, aun no tuve tiempo de hacer una investigación sobre él). Su piel es su mayor atributo distinguible, pero en una segunda inspección sus ojos penetrantes son también algo a destacar, igual que su cola. Desde luego, dado que todavía no sabía mucho de él en ese momento, mantuve una mano en mi pistola; el tono tenso de la conversación que estaba sosteniendo con Falqued no era un buen detrimento de mi postura paranoica.

El chico hablaba de un tal Tarot; ni idea quien es pero con un nombre como ese no es muy difícil adivinar. Se le notaba compungido por algo que había pasado, y una vez más no había que ser un genio para saber quién era el culpable. Su conversación no progreso a mayores (por fortuna). El chico quejándose (no sin razón) de su maestro congelado, y Falqued intentando convencerlo de que todo mejoraría porque de alguna forma (el viejo zorro fue astuto en no aclarar cuál) revertirían su estado. En retrospectiva, tenía sentido que Falqued no conociera a Aleanor, al menos no ese Falqued. Al fin y al cabo, había más de uno y no sé si alguna vez tuvieron capacidad de compartir información. Bueno, al menos el chico termino creyéndose el posible cuento, eso era bueno, no más conflicto. Solo entonces pude darme el lujo de tranquilizarme un poco. Habíamos encontrado el maldito talismán, el guardián de la habitación seguía vivo y nuestro único enemigo en el lugar ya era nuestro aliado de nuevo. Las cosas estaban saliendo bien.

Debí saber que no duraría.

Describir lo que ocurrió en ese momento sería complicado. Visiones dignas de la más drogada fabula de ficción que jamás habría leído en mi vida. Monstruos por todos lados, agua fría, la misma realidad distorsionándose…es complicado. No puedo evitar pensar que, de haber sabido más de magia, hubiese podido entenderlo mejor. Pero, por cómo estaban las cosas en ese momento, solo sabía lo suficiente como poder identificar una situación de mierda cuando la veía. Desde luego, las palabras de Falqued, como de costumbre, no me ayudan a vislumbrar un carajo de nada. Y el propio “demonio” o lo que fuese…daba escalofríos. Quiero decir, vestía como un aristócrata con un acento que encajaba perfecto con su personalidad. Claramente tenía el don de la palabra. Sobra decir que si algo he aprendido en este punto de mi vida es desconfiar de todos los aristócratas amables que visten así; el hecho de que sea un literal demonio no ayudaba. Y encima el hijo de puta se puso a hablar sobre como quería ayudarnos a cumplir nuestros deseos y demás mierda criptica que sonaba demasiado buena para ser verdad, todo mientras la puta realidad seguía distorsionada a nuestro alrededor. Si, sobra decirlo, completo hijo de puta.

Aun así, Falqued no había actuado. Algo estaba esperando. Por lo que escuche, su magia seguía alborotada, y aparentemente el escamoso tampoco sería de mucha ayuda sin ella, lo cual me resultaba curioso. Pensé que los de su raza no podían usar magia, pero bueno, como no es un carajo de eso mejor no opino. Lo que si sabía era que yo no necesitaba magia para atacar (chúpense esa, magos). Falqued lo sabía, pero no me había dicho nada todavía, ni siquiera una señal. Tal vez dudase de mi capacidad para desenvolverme bien en esa situación, ya fuese porque estaría luchando solo (siendo sincero yo estaba de acuerdo con eso) o porque aquel ser era tan poderoso que solo podía ser dañado con magia. En cualquier caso, mi atención estaba dividida entre los dos: el demonio, para ver que hacía, y Falqued, esperando alguna clase de señal. No le hablaria por que temia ser escuchado por nuestro anfitrion, pero esperaba que el viejo pudiese discernir el hecho de que estaba esperando una señal para atacar.

Si antes la cosa estaba tensa, en esos momentos el aire podría haberse cortado con un cuchillo.
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La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA] - Página 7 Empty Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

Mensaje por Balka el Vie Mar 01, 2019 11:08 am

Maldita mi estampa. Maldita fuera tresmil veces. De nada me servía que el estúpido pasillo que había escogido fuera igual de grande que medio edificio si los jodidos cascotes ocupaban todo el puto espacio. ¡Es como si hubiese ido por el más pequeño!

Me froté los ojos con cansancio, apoyándome en la pared y tratando de no acuclillarme y gritar con la cabeza entre las piernas. Lidiar con la fobia estaba resultando más agotador que presentar batalla, algo que ya esperaba, pero... Nunca es fácil enfrentarse a instintos primordiales retorcidos por severos traumas infantiles, aunque tampoco es que yo le hubiese puesto interés. Pero, bueno, una hacía lo que podía cuando la forzaban. Suspiré, mucho, sintiendo que me temblaba el pulso.

La calidez de Pumpernickel en la espalda resultaba un reconfortante contraste frente a la ropa mojada; su carita de máscara se apoyó en mi hombro como un perro a la espera. Sí, no quedaba tiempo para hacer el tonto. Así que me impulsé hacia delante y navegué entre la basura y las piedras y los trozos de mampostería y una cantidad de mobiliario de sorprendentemente buena calidad. Al parecer las universidades eran cosa rentable.
Si es que seguía dentro de la Universidad.

Preferí no pensar en eso y me centré en otras cosas igual de alarmantes pero más inmediatas, como el cambio de olores del pasillo, que de acre pasó a dulzón, y los crujientes trozos de cristal bajo mis botas. Sólo me faltaba un agujero en la suela y lo iba a mandar todo a la mierda, directito a la mierda.

Fui a dar a... una sala rara. El agujero de algún alquimista, sin duda, y ahora ya sabía de dónde salían tantos cristales. El lugar era amplio, y aunque acusaba destrozo, no parecía tan catastrófico como el pasillo. Del techo colgaba un estupendo espécimen de un espejo del desierto, y no sé cómo me contuve para no hacerme un collar con sus escamas. Qué bonitas.

¿La buena noticia? El boquete del techo por el cual podía ver el cielo, una salida al exterior que... ah, pero el cielo lucía muy lindo, con sus nubes de algodón y todo. La mala noticia era que aquí se acababa el asunto, callejón sin salida.

Una de las paredes había desaparecido por completo y brillaba muy verde. Me dieron ganas de mirarla mucho, pero algo me dijo que no, por si acaso. Por el suelo se desparramaba una sustancia rara, de tono indefinido, como de muchos colores a la vez. Torcí la cabeza. Yo me sabía la historia de un hombre de blanco que tenía una capa de ningún color y todos. Hmm. Este lugar estaba lleno de cosas sospechosas. Mejor marcharse ya que aquí no estaba Falqued.

Claro que sí, había que ser cautos. Silbando alegremente, me di la vuelta con ganas de regresar al exterior, a tumbarme bajo el cielo, y a lo mejor al tío de las pistolas le apetecía jugar a descubrir formas de animales en las nubes. Tenía pinta de amigable, el señor.

Pero. Ya no había puerta. Por ningún lado. Fruncí el ceño, mirando a todas partes. Vaya. ¿Entonces cómo había entrado yo? Oh, a lo mejor podía atravesar las paredes. Eso estaría súper bien. Podría colarme en las casas de baños de los hombres sin que nadie me dijera nada. Reí traviesa, era una estupenda idea...

-Estás en un predicamento.

Alguien habló, a mi derecha. ¿Lo qué? Me giré en aquella dirección, pero tampoco había nada. Por no haber, no estaba ni el espejo del desierto. Qué pena, con la cara de majo que tenía. ¿Dónde estaría?

-Son los vapores. -¿Qué vapores? Yo no escuchaba vapores. Me giré a la izquierda, pero sólo vi una mesa llena de mierda, por arriba y por abajo.- No te preocupes, al menos no te matarán.  O ya lo habrían hecho.

Ah, pues eso me dejaba más tranquila. Le sonreí al espejo del desierto (¡así que ahí estaba!) y le saludé con la mano. De verdad que me apetecía mucho hacerme un collar con sus dientes. ¿Se lo tomaría a mal?

Un sonido viscoso llamó mi atención, y cuando bajé la vista descubrí que el suelo estaaaaba encharcado. Vaya, aquella cosa de todo color y ninguno se me había acercado. Aww, pero qué encanto. Iba a acariciarlo cuando empezó a zumbar, charlotear, sisear y, en general, hacer el tonto. Debe ser que no lo había domesticado aún, porque se volvió algo loco brillando y ruidoseando y patata.

Cerré los ojos armándome de paciencia, viendo chiribitas tras mis propios párpados. Oh, qué interesante. ¿Formas geométricas? ¿Pero eso se puede hacer?

-Tranquila. -escuché. Pero si yo estaba de maravilla de tranquila.- Me parece que el efecto está pasando.

Este espejo decía cosas muy raras. Pero no se lo comenté, no sea que se enfadara conmigo aún más que cuando le dije que quería hacerme un collar con sus cuernos. Una criatura delicada, ésta. Pero ahí estaba, moliendo algo en su mortero, dale que dale y que dale. Ojalá estuviese haciendo una tarta. Pero no de zanahoria.
Las tartas de zanahoria no son tartas omg.

-Me parece que está listo. Acércate, mira. -Y yo con alegría que fui a mirar. Si me lo pedían tan amablemente ¿cómo me iba a negar?

Además, quería hacer las paces con el espejo después de tratar de hacerme un collar con sus hesitos, eso no estuvo bien. Torcí el gesto con desilusión al ver que dentro del mortero no había tarta, sino unas... unos... ahm. De esto que se pone uno en la cara, donde la nariz. Para los ojos. Uhmmm...

-Los llamo Ray-Ban. Son bastante útiles en Prado de Fuego, si alguien los inventara. Sirven para no achicharrarse la vista cuando se mira directamente al sol, o básicamente cualquier cosa sumamente brillante. ¿Te apetece usarlos? -¡Claro que sí! ¡Un regalo debía significar que no me guardaba rencor por tratar de hacerme un collar con sus garras! ¡Qué bien, éramos amiwis de nuevo!- Anda, ¡te ves geniiaaaal con ellos! -por supuesto, yo me veía divina con todo. Mi nuevo más mejor amigo el espejo del desierto abrió un ala para que pudiera ver mi reflejo en ella, y, oh, quise meterme en la cama conmigo misma. ¿Cómo podía ser una tan guapa y elegante y sexy y guapa y sofisticada y guapa?- ¿Ahora qué te apetece mirar?

¿Más de mi? ¿No? Aw, pero era tan chulo mirarme a mi misma... Está bien, está bien. Busqué el charco de todo color y ninguno, llamando
missi missi missi, pero parecía haberse marchado a algún lugar. Vaya. Hmm. Entonces. Hmm. Desde el agujero en el techo no se veía el sol. Entonces entonces. ¿Qué quedaba brillante por mirar? Qué emoción, giré por toda la estancia hasta que casi me mareé.

Pero encontré algo brillaaaante que mirar. La pared que no era pared que deslumbraba verde. Y allí que me acerqué dando pequeños saltitos, tarareando. Qué divertido. Todo estaba resultando tan,
tan divertido, que tendría que decirle a Falqued que me invitara más a menudo a sus fiestas.

Cuando me acerqué lo suficiente descubrí con alegría que la no pared no era la que brillaba, sino una pequeña caja roja. Muy bonita. Muy, muuuy bonita. La acaricié, era muuuy suave. ¿Podría hacerme un collar con ella? Nickel quiso agarrarla con aquellas manitas que daban tanto mal yuyu, pero la alejé de él. Era mía.

Ah, pero tenía algo escrito en un costado. Uhm. Las letras me daban vueltas en la cabeza. ¿Aquello era siquiera un idioma? Etto... "Pilhospoher Tones". No. Así no. "Hilosphoper Noste". Así tampoco. Céntrate, céntrate... uuuhhhmmm...... "Philosopher Stone". No no, eso tampoco es. ¡Ahg que le den por saco, yo abro la caja y ya!

Con frustración la abrí, y dejé escapar un grito de emoción. Agarré la piedra entre mis manos y la abracé, sintiendo que hacía mucho tiempo que no la veía y sintiéndome feliz por saber de ella de nuevo. ¡Con lo amigas que éramos! ¡Inseparables!


{ - sin perder la ronrisa... }
¿Qué está bien y qué está mal? Dime.
¿Qué ética tiene la llave de lo moralmente aceptable?

{ ...pero perdida en ella - }

Diálogo - #d65151
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Mensaje por Vanidad el Vie Mar 01, 2019 9:34 pm

Para ser una universidad mágica, sus pasillos estaban oscuros de la ostia. Aunque puede que eso fuera culpa del derrumbe…o que un ser humano tuviera que arrastrarse para llegar allí… pero seguro que ALGUNO de esos malditos magos era capaz de hacer algún pequeño golem y colocar unas pocas lámparas.

No era como si no pudiera ver, pero aun así le irritaba un poco. Al menos con luz podría haber observado mejor a esas ratas que se movían a la velocidad del rayo. Las habría perseguido, si no tuviera mejores cosas que hacer…posiblemente.

—Señora del Terror. ¿Por qué vagabundeas por estos escombros? ¿Buscas alimentarte de esas almas que te rodean? —
Huh, y ahora las piedras hablaran…puede que si que hubiera golems. Aunque el mensaje era extrañamente concreto… ¿puede que le hubiera caído algún hechizo perdido durante el combate? Se habría dado cuenta… ¿no? Puede que fueran esos magos estirados…

—Has dado una vuelta equivocada. Regresa, antes de torcer a la izquierda, allí donde había un tipo muerto, debes tomar la derecha. — ciertamente… veía el sol, junto a unos pocos zombies que la miraron, confundidos, antes de avanzar hacia ella. Un tentáculo salió de su gloriosa forma felina, cogió un pedrusco y fue arrojado casi de manera perezosa, reventándole la cabeza al no-muerto más cercano.

-Ciertamente no eres tú, nunca me has dado direcciones.- le comentó tranquilamente a su armadura de acero vil, mientras se sentaba, usando una de sus patitas traseras para rascarse el picor del cuello, solo para encontrarse con los tallos de las rosas. Oh, cierto, aun tenia eso. Como tampoco tenía una mejor manera de encontrar el camino, excepto empezar a abrir agujeros a puñetazo limpio, hizo caso a la misteriosa voz siniestra, aunque ya empezaba a sospechar su origen, sobretodo cuando resulto que, efectivamente, la voz tenía razón.

—¡Ah! Terriblis. Tu aura rezuma odio y venganza. Veo en ti mucha más hambre de la que este mundo está dispuesto a saciar. —

-Cuidado pequeño diablillo, empiezas a sonar desesperado…-
se limitó a decir con una sonrisa, viendo ya la salida del agujero.

—Hija de Vaermina, yo podría alimentar tu alma.-

-Mmmm, yo no estaría tan segura, ya veremos…-
y allí estaba… con Falqued, el troll cuyo nombre era incapaz de recordar, Mr escamoso y la piedra… la bonita piedra de colores cambiante.

Y antes de poder saludarlos, el mundo se volvió negro, y húmedo. Ejerció un poco de su voluntad, y el mundo y las imágenes a su alrededor no titubearon. No era un sueño, ilusión entonces. –Para ser alguien que me quería aquí desesperadamente, estas esforzándote bastante en irritarme...- Pero esa cosa estaba demasiado ocupada enfrascada en una retahíla de insultos y amenazas veladas como para dignarse a responderla, o eso parecía.

—Los demás espero que estén aquí para algo de más relevancia. No estoy interesado en hacerme con sus fútiles cuerpos, ni para guardar sus almas en mi bolsillo. Si están dispuestos a escucharme, me podría describir como alguien generoso. No deseo más que brindarles mi apoyo, mi sutil apoyo para que completen sus deseos, ¿quién no querría un poco de ayuda en ello? Algo más de poder entre sus manos, un soplo de fuerza, de conocimiento, de inspiración.
—»Sus deseos, sus más recónditos deseos; eso, es lo que quiero que aflore de ustedes. Yo soy alguien dispuesto a entregarles eso que más quieren. Este bello mundo está hecho para que ustedes lo disfruten. Y yo estoy aquí para darles lo que merecen, lo que necesitan para lograr lo que más desean. —

-¿No estas interesado en nuestros cuerpos? Piensas ser un pedrusco para toda la eternidad entonces?- Miró al mago, que seguro, quería hacer pedazos la piedra, luego al demonio, que lucía elegante, guapo, humanizado…excepto las alas. Por un momento se preguntó si esa era su forma real, no, seguro que no, la pregunta correcta era si ella era la única que lo veía así, y si lucia así en un intento de apelar a sus gustos, imitando su tendencia a una forma humana alada.


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La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA] - Página 7 Empty Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

Mensaje por Margaret Orgaafia el Dom Mar 03, 2019 6:52 pm

Una a de drogarse con cabeza. Como señora experimentada en los caminos del mundo, Margaret era la primera que incitaba a tomarse un copa del licor de llamas de los beduinos o esnifar un chasquido de polvo celesital o fumarse un porrillo de Limpiasetas o…bueno, las experiencias de una señora tan anci…¡Au!¡Vale! tan conocedora de los vicios como ella son innumerables.

Por eso, la lección de que uno debía de drogarse con cabeza se repetía en el ceño de la mujer mientras veía a la delgaducha elfa moverle el pecho derecho mientras se reía por lo bajo. Mientras la mano seguía meneando lo que se podía denominar una lánguida extremidad, Margaret simplemente miraba a la nada, juzgando el castigo al que sometería a Falqued. Ciertamente, ir a ayudar a un amigo era algo bueno, pero las hostias que se había pegado para lograrlo eran terribles y nadie le había regalado nada que dignificara todo lo que le había sucedido. Con un suspiro y con la elfa introduciendo su rostro entre sus gord…magnificos pechos, Margaret buscó con la mirada algo con lo que despertar a la pobre elfa de su ensoñación. Por suerte, un enorme barril de agua, de los que usaban en caso de incendio, parecía haberse salvado…y parecía lo suficientemente grande como para lo que planeaba hacer.

Con la suavidad de una amable enfermera, la anciana guío a la elfa hacia el borde del barril, dándole palmaditas. Su sonrisa era el culmen de la amabilidad, un gesto de dulzura sin limites y en su mirada no se podía contemplar nada que el inmenso cariño de una abuela. Eso hasta que le agarró la nuca, clavándole sus gordos dedos entre los cabellos, y la inclinaba contra el agua. El frio líquido rápidamente le sacó una reacción a la elfa, quien empezó a menearse y a golpear tanto el barril como a la anciana, quien estaba completamente inmóvil. Con un suspiro, la mujer la sacó del agua, dejando que respirase.

-Aspira…-ordeno, aunque la boca abierta de la elfa buscando aire era gesto obvio del o que hacía.- Muy bien…-Y, aun con la boca abierta, volvió a meterle la cabeza en el barril de agua. Con la cabeza sumergida, la señora seguía en su mundo. ¿Debía contratar a un par de voluntariosos hombres para pegarle una paliza a Falqued? No, conociéndolo, se ataría el solo y acabaría pidiendo mas. ¿Quizás causarle una diarrea? No, con lo que comen los magos probablemente este estreñido y eso le vendría como agua en un mes árido. Lo que más se le antojaba era aprovechar y quemarle la colección de “Hombres y Mujeres y Pieles varias” que sabía que guardaba en su cuarto en alguna parte.

Finalmente, volvió a sacar a la elfa del agua, mirándole a los ojos. Por fin, algo de claridad- ¿Estas mejor o me vas a seguir agarrando los pechos? -preguntó, soltándole la cabeza y dejando que su cuerpo cayese en las frías piedras, recuperando aire. La oronda señora empezó a mirar los diferentes objetos que aun quedaban entre las estanterías, buscando con su mirada algo aprovechable. Por suerte, los hechiceros prefieren hacer magia y alquimia complicada y con elementos tan ridículos de encontrar que siempre obviaban las cosas realmente útiles. Cogiendo una caja de hierbas y flores, la señora  extendió un poco del contenido sobre su mano y lo estrujo, haciendo una bola de color verde oscuro. Cuando la elfa iba a hablar, le metió la pelota en la boca.-

-Mastica suavemente, pero no te lo tragues…solo el liquido…-replica, mirándola con un suspiro y una mirada de resignación contra la juventud- ¿A quien se le ocurre mezclar cosas que uno encuentra en un cuarto en ruinas en una universidad de magos? Si quieres cogerte un buen pedo, uno bebe agua ardiente en cualquier tugurio o pregunta a su hombre sospechoso en el callejón de cabecera…-Añadió, moviendo la cabeza decepcionada, mientras observaba por la grieta el cielo azul.

Aunque ahora el mundo estaba tranquilo…algo no parecía estar aun en el sitio correcto.
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La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA] - Página 7 Empty Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

Mensaje por Strindgaard el Miér Mar 06, 2019 7:15 am



Había algo triste en todo aquello. Hasta donde alcanzaba la vista encontraba el trazo de Yigionath, cincelado en las rocas de la consumida universidad, en los vestigios de Tirian le Rain, así como en los rostros ruinosos de los novatos muertos. El cielo se estaba despejando, pero las pocas nubes que cubrían el sol en ese momento le daban un aspecto gris y grotesco al patio de entrenamiento. El sonido de los últimos homúnculos que quedaban combatiendo la llegada de los reanimados se apagó, y ya no quedó más que un silencio asfixiante, roto por las pisadas extraviadas de los reanimados, los gritos aislados de auxilio y los estertores de dolor.
¿Por qué? ¿Por qué me castigan los dioses?
Roland había dejado de llorar y ahora se encontraba quieto, murmurando lamentos, observando desde una celda como sus compañeros fallecidos hacían lo posible por llegar hasta él. No hacía falta tener mucha imaginación para saber qué harían si lograran traspasar los barrotes. Los fallecidos observaban con ojos vacíos cada uno de sus movimientos, con la boca abierta y los dientes asomados, jadeantes, irreconocibles.
Del total de guivernos que había en las celdas, solo dos no habían quedado expuestos a los muertos, los demás agitaban las alas con ojos apagados y vidriosos, tratando de liberarse de las cadenas que los sujetaban a las paredes, mientras los dos que seguían vivos se habían replegado hasta el fondo de sus cubículos, sin comprender lo que sucedía alrededor, estoicos como pocas bestias podían hacerlo. Acostumbradas a la guerra, al odio y a los gritos, observaban en silencio. Roland dejó de sollozar y miró a las bestias, imaginó que bajo ese velo de firmeza y serenidad debían estar al borde del pánico. Al igual que él. Tampoco les echaba en cara que tuvieran miedo, de no ser porque él se lanzó dentro de una celda, como ellas, y cerró con llave el acceso, ahora estaría igual que sus compañeros. Frío y reanimado. Y de seguro que nadie quería eso.
Si tan solo pudiera llegar al lomo de uno de los lagartos.
¿Por qué no seguí mi sueño y me hice panadero?
Cuando la nube continuó con su camino y el sol volvió aparecer, el novato lanzó una mirada desde su cubículo más allá de la enorme brecha que había dejado Zmey al salir y se preguntó si allá afuera alguien estaría luchando, alguien estaría buscándolo. Pero el silencio, o más bien la ausencia de lucha, le arrebataba con cada minuto otro trozo de su desmadejada esperanza.
Se encontraba a tres celdas de distancia del guiverno más cercano.
Necesito un milagro.
Apoyó la espalda contra la húmeda pared, los gemidos se sucedían uno tras otro al otro lado de los barrotes, sin dejar de mirar a sus compañeros caídos se dejó caer. Sólo quedaba esperar a morir de sed o de hambre. Pero al menos no se volvería uno de ellos.
Necesito un trago.
Abatido, se llevó las manos a la cabeza y volvió a llorar. Y mientras sollozaba, oyó un extraño y ligero zumbido sobre él. Al levantar la vista, y azorado por la visión, se enjugó las lágrimas para aclarar los ojos.
¿Qué…?
Se trataba de un colibrí, que había entrado por el boquete y se había posado en el gancho de una antorcha apagada
Era una gota de color en medio del mato gris que lo asfixiaba, un
Magnificas criaturas. ¿No crees? —El desconcierto se dibujó en el rostro del novato, que observaba entre absorto y aterrado al ave parlante—. Los wyvern tienen fama de poseer inteligencia. Aunque dudo que obedezcan a un único amo, teniendo en cuenta que éste puede morir en batalla. ¿Cómo funciona? ¿Tienen alguna palabra clave? ¿Un gesto?
Roland seguía conmocionado. Sin habla. El colibrí soltó una especie de suspiro diminuto y acto seguido, apareció en la celda un demonio.


Una vez Falqued y sus invitados se perdieron por los oscuros pasillos, un taciturno Theminis van Luthar se rascó la barba, ahí en donde tenía una cicatriz con forma de medialuna. Observó a quienes se encontraban a su lado, Monty, Banquo y Rhondan que en ese momento se miraron entre ellos.
Ya llegamos hasta este punto —mencionó van Luthar, casi como para rellenar el silencio, los demás se encontraban en diversas fases de aceptación de la realidad—. No digo que Falqued haya hecho las cosas bien, pero, me parece que sería oportuno ayudarlo en lo que sea que le queda por hacer.
Bah, no tenemos por qué seguirlo —dijo Banquo, sin interés en continuar con aquella locura—. Estamos a punto de salir de aquí. Sólo debemos esperar a que regrese la alfombra.
Algunos sonidos desde el exterior comenzaron a invadir el silencio del hall, se trataba de los muertos, con sus raros gemidos y gruñidos
No sé ustedes, pero yo prefiero avanzar que quedarme aquí para seguir lidiando con esos pobres muchachos.
El noble desenvainó su espada y echó una mirada hacia el pasillo por donde había ido su ya no tan amigo.
Tienes razón. —El Archimaestre dio un resoplido y miró a los otros dos magos que le acompañaban. De todo el contingente de la Universidad, solo quedaban tres—. Señores, como la cabeza de esta institución les digo, es menester nuestro detener a este brujo corrupto. Estas piedras rotas siguen siendo nuestra casa, y no voy a dejar que él siga invadiendo con sus largos dedos amarillos sus rincones.
Ufff. Rhondan. —Banquo miró al Archimaestre sin quitar su mueca de desprecio—. No querrás morir tú también por culpa de ese cretino inmisericorde. Seguro que te usará de escudo si algo sale mal.
Yo. Yo no estoy muy seguro —Monty por otra parte, todavía afectado por la muerte de su amigo miró al Archimaestre con una mezcla de pena y miedo—. Quiero decir, Falqued perdió el juicio, pero sigue siendo Falqued después de todo. ¿No?
Theminis, que se había acercado al grupo, le puso una mano en el hombro a Banquo y Monty
Sea lo que sea en que se haya convertido, necesitará de toda nuestra ayuda.
El Archimaestre asintió.
Está decidido. Banquo, Monty. Andando.
En eso estaban cuando oyeron algo aproximarse desde el pasillo más amplio.



Roland había llegado a ese punto del que ya no hay marcha atrás. Esa sensación de control, esa certeza que llega con el conocimiento, de que el mundo ya está cartografiado, descrito y abierto, con sus límites, sus leyes, axiomas y teorías, de pronto se rompe ante un simple hecho: Magos. Magos bien cabrones dispuestos a torcer la realidad a su antojo. Tus barreras mentales se rompen, de pronto todo es posible, incluyendo lo peor. La incertidumbre sube, y ya puedes esperar cualquier cosa de este jodido mundo. Incluso, que los colibríes hablen, o aún mejor, que expulsen figuras humanoides de rostro blanco y ojos azules y brillantes de su pecho.
¿No eres el celador, cierto? —Preguntó el demonio.
Roland negó lentamente con un gesto con la cabeza. Su mente, que poco a poco comenzó a acomodarse a la nueva realidad instaurada, logró articular un par de palabras juntas.
¿Quién…? ¿Qué cojones eres?
Para ser justos, Strindgaard no parecía un demonio en toda regla. O al menos no parecía lo que solían dibujar en los bestiarios o como los describían en los relatos alrededor de la hoguera. Le faltaban varios tentáculos para eso. De hecho, era un demonio sin cuernos, ni cola, las alas no le pertenecían del todo y si a eso se le sumaba su pálida piel, su delgadez y altura promedio, daba como resultado un personaje que dependiera de dónde uno lo encontrara, podría clasificar como un brujo enigmático, un obtuso borracho o un ladrón con pocos redaños.
Te oí decir que necesitabas algo.
En este momento era una especie de brujo tendencioso y medio engreído.
¿Eres…? ¿Un milagro?
Algo mejor.
El encapuchado echó mano a los bolsillos de su capa hasta que halló lo que buscaba. Destapó la petaca y se la ofreció al novato.
Anda, bebe. Es un buen ron.
Roland apreció el gesto y luego de dar unos cortos sorbos se empinó la petaca.
¡Hey! ¡Hey! Despacio —El demonio le arrebató su reliquia y le puso el corcho—. Vaya, pareces un condenado a muerte en su último día.
El novato se limpió con el dorso la boca y se puso de pie.
Gracias. Necesitaba calmar los nervios. ¿Me viniste a sacar de aquí?
Algo así —Strindgaard apuntó a los dos guivernos que quedaban con vida—. ¿Qué te parece si nos largamos de aquí con estilo?



Abajo, en las entrañas de la Universidad, el grupo de héroes atraídos por Falqued, se deslizaba por el extraño momentum que había fabricado el Demonio atrapado en el talismán para ellos. El aire se había humedecido luego de que el calor de las runas gravadas en las paredes les calentara los mojados ropajes. El agua en el suelo formaba ondas a medida que cada uno de ellos daba pisadas extraviadas, buscando de un lado a otro de la sala, algún lugar al que escapar o una explicación a lo que sucedía. Más allá del borde del agua, las figuras que observaban en silencio el espectáculo, se movían lentamente por el perímetro, flotando o caminando, mientras otros solo se sentaban en el suelo. Eran espectros, que guiados por la fuerza de la magia habían llegado para alimentarse. Eran más de una docena, y sus formas eran tan variadas como vistosas.

Y en medio de todo ello, el Demonio se hallaba de pie, tras el talismán de piedra blanca, observando a quienes habían llegado a la sala. El nagar se veía perdido, con la mirada llena de culpa y miedo. El demonio consideró que necesitaba algo de valentía.
Imagina un mundo en el que la gente te respete y te vea como un igual —le susurró al oído, mientras insuflaba con su hálito un toque de valor y confianza a Aulenor—. Nadie te temerá ni observará como un inferior. Yo podría ayudarte a forjar esa imagen. Sólo debes aceptarme en tu corazón, de elevar una promesa. Tan solo debes decirlo. Yo quiero.
La voz del Demonio también tocó la mente del Troll. Para luego seguir con la del pistolero en la que insufló algo de confianza.
La raíz del miedo es la ignorancia, Frank Morgan. Imagina un mundo en el que puedas caminar con paz en tu corazón, pues todo lo que veas te será conocido. No habrá nadie que no puedas vencer, pues su punto débil se te revelará como lo hace una puerta al abrirse. Ya volverás a temer de nada ni nadie, pues poseerás la llave más preciada de todas. El conocimiento. Aceptame. Solo debes susurrar. Yo quiero.
Siguió después con el mago.
Y finalizó con la demonesa.
Al tratar entrar en la mente de Vanidad el Demonio se halló en un sitio tumultuoso y abrumador, del cual le costó despegarse. Aun así, y de la misma manera que lo hizo en un principio, se limitó a bordear los contornos de su consciencia, y sin poder conocer sus deseos y pensamientos, desde allí le habló.
Conozco las de tu clase, demonesa. Los terribli son bestias inquietas y conocedoras. Tu contingente se hace cada vez más grande, y a pesar de ello, pareces poseer una fuerza que palidece ante los verdaderos demonios que habitan Noreth. Ante ti está la respuesta que busca tu alma. Un poder inimaginable. Sólo debes doblar la rodilla, y bajo mi mando podremos cosechar tantas almas que los Cuatro temblarán en su rincón cuando escuchen hablar de nosotros.


Me preocupa un poco tu plan. —Roland tenía listas las dos monturas. No les había costado mucho atravesar las celdas llenas de hombres y guivernos muertos, solo fue cosa de meter al muchacho dentro de la caja y luego regresar al cuerpo del colibrí, volar por encima de todo el barullo y entrar en las celdas de los dos reptiles que aún servían—. Quiero decir, bueno, yo esperaba salir de este condenado sitio, no salir y luego volver a entrar.
Vamos, Rolly, yo sé que eres un tipo valiente.
De hecho, no soy más que un novato.
No veo ningún problema para que no puedas ser ambas cosas. Además, lo único que debes hacer al entrar a los restos de la Universidad es montar al guiverno hasta que nos hagamos de ese libro que mantiene a tus compañeros caminando a pesar de que
Entiendo. Es que. Ufff. Creo que necesitaré algo más de ron para ello.
Te necesito sobrio, amigo. Venga, vamos. —El demonio se afianzó de las riendas de la bestia alada y le dio un tirón—. ¡Arriba!
Luego de un par de instrucciones y de forzar algunas cerraduras, los dos guivernos se elevaron con sus jinetes y salieron volando con dirección hacia la universidad.

Desde la altura, el patio de entrenamiento parecía un manchón rojo, gris y negro. Roland, aferrado al cuello de su montura miró más allá, y en la distancia descubrió el contingente de Armaduras Blancas que se dirigía de regreso a su hogar.
¡Oye, Ruisu! ¡Mis compañeros están de regreso! —El novato frenó de pronto, obligando al demonio a acompasar su reptil y nivelarlo con el otro.
¡Entonces debemos apresurarnos!
¡¿Qué?! ¡¿Por qué?!
¡Si llegan, van a destrozar a tus compañeros, y ya no podrán regresar a la normalidad!
¡¿Qué?! ¡¿Si te haces de ese libro, podrán regresar a la normalidad?! ¡O sea, están muertos!
¡Oye, confía en mí, Rolly! ¡¿Eres un creyente?!
¡Soy un Armadura Blanca!
¡No veo ningún motivo para que no puedas ser ambas cosas, chico! ¡Escucha! ¡Yo soy tu milagro!
Roland titubeó un instante que parecieron ser minutos, para luego asentir. Su guiverno sintió el tirar de las riendas y regresó al trayecto hacia la Universidad.


Con un olor acre en el cabello, y los ojos pintarrajeados de negro, el grupo de magos y el noble vieron salir del pasillo más grande a la elfa, y tras ella, a la bonachona bruja que había trabajado con uno de sus calderos.
Enhorabuena —Banquo se alegró de ver a Margaret de vuelta—. Mi señora, espero que todavía tenga entre sus pertenencias esos brebajes que preparó hace un rato.
Me pareció que fue hace días que hizo aquello —comentó Monty—. Quizá la magia también afecto el tiempo. ¿Quién sabe?
¿Magia afectando el tiempo? —Rhondan se acercó a las recién llegadas junto a los demás, negando con la cabeza—. Pamplinas. La Cronomancia está prohibida.
Pues, dígale eso a esos rayos de colores que lanzan sus dedos, Archimaestre. —Theminis envainó su espada y se acercó también, notando lo que traía la elfa entre sus manos—. Y hablando de cosas brillantes, ¿qué ha traído, mi estimada longeva?
El rostro del Archimaestre pareció congelarse en un rictus de incredulidad, mientras Banquo, al notar la caja miró incrédulo a la muchacha y luego a la bruja.
¿Cómo han… obtenido eso?
¡Banquo! —Rhondan se limitó a dar un proferir un grito animal que dejó helado al mago— ¡¿Eso acaso te pertenece?!
Monty se acercó a los demás y al echarle una mirada se llevó una mano a la boca, asombrado.
¿Cómo han podido? ¿Banquo?
Oigan, oigan —Theminis se puso entre los magos, separándolos con las manos—. Me tendrán que explicar qué diablos sucede.
Es, bueno. La tenía en caso de emergencia. Ya sabes, Rhodan. La Universidad no paga mucho, y de vez en cuando uno se queda corto de dinero.
¡No hay excusa que valga!
Theminis seguía mirándolos, sin entender nada. Monty acusó la duda en el rostro del noble.
Esa piedra, pues, tiene varias propiedades que la hacen única, y a la vez peligrosa. Los alquimistas la suelen fabricar para transformar el plomo en oro, pero más que nada para encerrar a otros magos en ella. Es bastante útil para guardar almas, espectros u otras cosas.
¡Es terrible! Banquo. ¡Espero que no hayas osado encerrar a nadie en ella!
El mago había levantado las manos y miraba al Archimaestre como perro apaleado.
No, Rhondan, te juro que solo la usaba para generar algo de oro. Para mi jubilación, ya sabes.
Me parece que esta conversación la podemos dejar para otro momento, señores —Theminis vio que por el borde de la abertura se comenzaron a asomar algunas cabezas de cabellos mojados y pegados al cuero cabelludo—. Es necesario avanzar.


El demonio caía en picada, a su lado volaba el novato. Hubiera sido mucho más simple si el otro guiverno se hubiera podido pilotar solo, al fin y al cabo, confiar en los humanos era un error de los peores que podía realizar uno.
¡¿Rolly, y estos bichos qué pueden hacer?! ¡¿Extienden los hechizos de los portadores, como por ejemplo un lanzar rayos eléctricos de un aeromante, o lanzan fuego capaz de derretir roca, o quizá humo negro que carcome armaduras?!
Roland iba a decir algo, pero cuando estaban a tan solo unos pocos metros de la abertura de la Universidad, dio un grito, su reptil dio un giro cerrado y se alejó dando un semicírculo, para luego perderse al otro lado de los altos muros.
¡Hijo de…!
El demonio se adentró solo en el ruinoso edificio. Algunos muertos deambulaban por un hall destrozado por la caída del gran Zmey, buscando a los vivos que hace tan solo unos momentos se habían ido. Pero, ¿por dónde?
Bien, Noche —le dijo al guiverno recién bautizado de esa manera por el color de sus escamas. Algo bien poco ingenioso—. Es momento de elegir un pasillo, suponiendo que el grimorio esté en al final de uno de ellos en vez de enterrado por toneladas de escombros en cualquier sitio, como por ejemplo... bajo mis pies.
Estaba a punto de meterse con un reptil de tres metros de largo por los restos del edificio, solo para hacerse de un viejo libro que seguramente poseía algunos buenos secretos del Foso, así como de los humanos. ¿Qué lo hacía aquello? ¿Un ruin ladrón, o un loco de remate?
Encontró rápidamente la respuesta. No veía ningún motivo para que no pudiera ser ambas cosas.


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Mensaje por Aulenor el Dom Mar 17, 2019 5:00 am


__-Imagina un mundo en el que la gente te respete y te vea como un igual -Aulenor podía escuchar aquella potente pero aterciopelada voz demoníaca junto a su oreja, como si alguien le susurrará al oído. Aquella sensación, que fue precedida por con un fuerte escalofrío desde la punta de la cola hasta la nuca, paralizó al nagar. Podía distinguir el poder del demonio tratando de jugar con su cabeza, no era la primera vez que lo alguien lo hacía y, por cómo había resultado cada parada de su viaje desde aquel maldito día que decidió salir de su hogar en lo profundo de las Daulin, probablemente no fuera la última-. Nadie te temerá ni observará como un inferior -el escamado trató de calmarse, sabía lo que estaba pasando; iba a combatirlo. Solo tenía que descubrir qué sentimientos, que pensamientos eran suyos y cuáles venían del demonio. Exacto, eso es lo que tenía que hacer. ¿Qué es lo que sentía? Una estimulante oleada de confianza inundaba su mente, se sentía poderoso, se sentía capaz de todo, sentía que no necesitaba a nada ni nadie, que podría levantar montañas si quisiera.-. Yo podría ayudarte a forjar esa imagen -Se vio a su mismo como un gran herrero, como un gran geomante, todos le miraban con respeto, nadie le tenía miedo, nadie le odiaba, nadie sentía lastima por él. Aquella sensación era tan placentera, tan reconfortante, tan fácil... Pero, tenía que concentrarse; ¿Eso serán sus verdaderos pensamientos? ¿Qué es lo que sentía antes de que apareciera aquel ser? Furia, tristeza, miedo, impotencia, incertidumbre. Sí, esas eran sus verdaderas emociones, aquella confianza era demasiado apacible, no podía ser real, no era real-. Sólo debes aceptarme en tu corazón, de elevar una promesa -No, claro que no. Aquello no era nada. Nada comparado al alivio de vengar a su madre, nada comparado con la fascinación de la primera vez que vio una ciudad, nada comparado al poderío que le invadió tras conseguir levantar su primera piedra, nada comparado con sentir el orgullo que irradiaba Reginn cuando le vio forjó a Krabato, nada comparado con la voz de Garra recibiendo su carta. Esos falsos sentimientos no valían nada. Y aunque ahora estuviera asustado, aunque ahora se sintiera inútil, jamás volvería a dejar que unos falsos sentimientos le controlaran. No eran nada comparados con los reales-. Tan solo debes decirlo. Yo quiero.
__Aulenor dejó de temblar, y con una firmeza, confianza y valor renovados miró directamente a los ambarinos y brillantes de la criatura. Desafiante.
__-Hablas demasiado.


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La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA] - Página 7 Empty Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

Mensaje por Balka el Dom Mar 17, 2019 11:36 am

____Casi tiro la piedra, y mira que éramos amigas. Pero lo que acababa de aparecer ante mi era extraordinario, portentoso, maravilloso. ¡Asombroso! Casi me derretí allí mismo, y corrí hacia la despampanante mujer. Aquella imposible cintura de avista, esas caderas esplendorosas, el busto generoso... ¡y todo embutido en un espectacular vestido de noche rojo! El escote de corazón la favorecía, y qué decir de la raja de la falda, hasta la misma cadera, revelando una perfecta pierna con zapato de tacón... La sombra de ojos violeta acentuaba su mirada insinuante. Oh dioses. Oh, oh dioses...

____-¡Jessica!

____Me lancé hacia ella con entusiasmo, hundiendo la cara entre aquellos pechos de fantasía y--

El agua la golpeó con la  finura de un martillo. El shock inicial la hizo regresar en sí, pero como todavía estaba medio drogada realidad y alucinación se mezclaron, produciendo extraños espejismos y haciendo que la elfa, empapada como un patito, abriera muchos los ojos con expresión perdida. A cualquiera le hubiera dado pena, pero Margaret Orgaafia era cuarterón de enano por parte de madre y no estaba en su naturaleza ser una criatura delicada. También era una señora vivida y de mundo que había visto muchas cosas y se impresionaba por poco, y estando a punto de jubilarse su paciencia con las tonterías (que no fueran suyas) era limitada.

____Por eso volvió a meter la cabeza de la elfa en aquel barril, repetidamente, hasta que juzgó que Balka había regresado un poco en sí. Luego le embutió la boca con unas hierbas que adivine uno qué eran, meneando la cabeza con decepción mientras comentaba sobre agarrarse un colocón en una taberna y no con las sustancias de un alquimista.

____Según charloteaba la elfa iba recuperando la lucidez, frunciendo el ceño más y más. Cabreándose, en pocas palabras. Porque ella también era una mujer vivida y poco impresionable con paciencia limitada para tonterías que no fueran las suyas, y estaba llegando al límite en cuanto al maltrato hacia su persona se trataba. Había sido vaporizada, desnudada, lanzada por el aire como un saco de papas, obligada a meterse por sitios pequeños, drogada y, ahora, aleccionada sobre cómo drogarse con seguridad.

____-¡Margaret! ¡Cierra ese pozo que tienes por boca, bruja! ¡No me hables como si tuviera quince años, porque te saco cien! ¡Todo lo que hayas hecho tú yo lo hice antes y peor! -exclamó, el efecto de su vehemencia seriamente disminuido por el hecho de que, al tener la boca llena de hierbas, jugo y saliva, lo estaba escupiendo todo. Tosió, arrugando la nariz con desagrado, escupiendo hacia un lado todo lo que le quedaba dentro.- Qué guarrería, sabe a queso rancio. Puaj. -se lamentó, tirada de costado sobre el suelo de piedra con los pelos mojados tapándole un poco la cara.- Aaahhh mecagoenlaputa me duele la cabezaaaa... Quiero que se acabe este día ya... Esto no está pagado, no está pagado maldita sea mi estampa...

____El espectáculo era algo lamentable, pero a Balka poco le importaba. Divisó a un par de pasos a Pumpernickel, que trataba de atrapar cosas en el aire. Cosas invisibles, porque ella no estaba viendo nada. Parecía que al animal le iba a durar un poco más el efecto de... lo que fuera. Suspiró, el pelo rubio moviéndose por el soplido. Sin embargo, por muy miserable y vapuleada que se sintiera, no podía quedarse ahí tumbada.

____No sin cierta fuerza de voluntad se puso en pie bajo la mirada de la bruja, recogió a su drogada mascota y regresó junto a la oronda mujer. Sosteniendo al kaoras en el brazo izquierdo sopesó la piedra en su mano derecha. No tenía ni idea de dónde había salido y qué hacía si es que hacía algo; algo bastante probable teniendo en cuenta... todo.

____-Gracias por la ayuda, Mags. -la sinceridad en su tono era verdadera; si bien seguía cabreada, no era con ella, sino con la situación general. Se le pasaría pronto, mantener un enfado requería una energía que no estaba dispuesta a malgastar. Por ahora, se limitó a sonreírle, ampliamente. Demasiado ampliamente.- Todo un detalle. Me ha gustado mucho lo del barril, tenemos que repetirlo algún día. Pero no lo otro. -dijo, mirando significativamente el escote de la anciana.- Si fueras menos vieja y más lesbiana lo nuestro hubiera sido precioso. Pero no te preocupes. Siempre nos quedará Le Rain.

____Diciendo esto, le metió la piedra aquella en el canalillo con una floritura de bardo descarado. Rió, parando de inmediato para acunarse las sienes. Soltó un largo suspiro y contempló la habitación ante ella, Nickel trepando torpemente sobre sus hombros y quedándose allí como una fea boa de pelo de estropajo.

____-En fin, querida mía, ¿y ahora qué?

____Una idea repentina le vino a la mente mientras ojeaba discretamente, de nuevo, el lugar por donde había desaparecido la piedra. Quizá aquel era el puto talismán que los traía a todos de cabeza. Balka no sentía que fuese nada especial, por muy bonitas que fueran sus facetas multicolores. Sin embargo había llegado a ella de manera extravagante, y hoy, ahora, todo lo que fuera extraño tenía pinta de ser lo correcto. O lo indicado, al menos. Lo mismo era el pisapapeles del alquimista. Ella, desde luego, no lo sabía; no es que Falqued se hubiese parado a dar demasiadas descripciones. Talismán o no, estaba segura de no querer tenerlo encima sólo por si acaso.




{ - sin perder la ronrisa... }
¿Qué está bien y qué está mal? Dime.
¿Qué ética tiene la llave de lo moralmente aceptable?

{ ...pero perdida en ella - }

Diálogo - #d65151
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La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA] - Página 7 Empty Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

Mensaje por Frank Morgan. el Lun Mar 25, 2019 3:09 am

Había espectros volando a nuestro alrededor, estoy seguro de eso. No estoy seguro de por qué, ni de que sean realmente, ni de que los atrajo hacia nosotros (sospecho que es ese puto talismán). De hecho, ni siquiera estoy seguro de donde carajos salieron esas mierditas, pero de golpe había un montón de ellos rodeándonos. No tengo ni puta idea porque, quizás quieren nuestras almas, quizás quieren ver una masacre, QUIZAS VIENEN CON EL TALISMAN. Todo esto…todo…no sé nada de lo que está pasando. Odio no saber nada, me hace sentir indefenso, me preocupa. Por lo que debe haber sido la séptima vez en todo el día me pregunte por que mierda Falqued me hizo venir allí. No soy mágico, no sé nada de magia, no tengo pergaminos ni cachivaches que igualen el campo de fuego. Solo un arsenal variopinto de armas de fuego. Sé que eso es más que suficiente para matar a la inmensa mayoría de magos que, por mucho que puedan alterar las leyes de la naturaleza, sangran igual que todos nosotros. También soy consciente de que la inmensa mayoría de ellos, al centrarte tanto en el aspecto de la magia, descuidan completamente sus capacidades físicas, así que no son gente particularmente resistente a un buen golpe. Por regla general, si puedes ponerte a distancia de puñalada de un mago y tienes un arma en mano para rebanarle la garganta, este ya está prácticamente muerto.

¿Pero contra demonios? JA, suerte con eso. Dame a un enano y te diré que te aproveches de sus extremidades cortas y mantengas la distancia. Dame un elfo y la fuerza o el fuego son respuestas claras. Incluso un orco puede ser doblegado si sabes aprovecharte de su brutalidad y tienes un arma con la suficiente penetración. He estudiado a casi todas las razas que habitan Noreth, pero los demonios son otro cantar. Principalmente porque, y este es un problema similar al que ocurre con antropomorfos, pero aumentado diez veces. Algunos son estúpidos pero fuertes, otros son inteligentes pero débiles; algunos son extremo deformes, otros pueden pasar perfectamente por otra criatura hasta que eligen atacar…es imposible estar preparado para todo. Si existe alguna clase de magia divina, hechizo de luz o algo así, no importa, por que como no puedo hacer magia ese es un recurso al que simplemente no puedo acceder. Es una pesadilla, en verdad. Y para colmo el que tengo enfrente parece ser de la peor clase de todos: de la que te ofrece tratos. La norma de oro dice “nunca hagas tratos con un demonio”. Suena simple en teoría, el problema es que la gente que dice esas cosas rara vez estuvo del otro lado de una promesa demoniaca. No sé si son poderes mentales, persuasión, magia o lo que sea, pero los desgraciados son demasiado buenos haciendo tratos. Saben lo que quieres y saben cómo usarlo en tu contra; peor todavía, saben cómo parafrasear un trato de tal manera que tu propia alma parezca una ganga a cambio de lo que te están ofreciendo.
La raíz del miedo es la ignorancia, Frank Morgan. Imagina un mundo en el que puedas caminar con paz en tu corazón, pues todo lo que veas te será conocido. No habrá nadie que no puedas vencer, pues su punto débil se te revelará como lo hace una puerta al abrirse. Ya volverás a temer de nada ni nadie, pues poseerás la llave más preciada de todas. El conocimiento. Acéptame. Solo debes susurrar. Yo quiero.

¿Ven lo que digo? ¿Cómo le dices que no a una oferta como esa? El desgraciado me conocía, me conocía sin haberme conocido nunca. No sé cómo lo hizo, pero me leyó la mente. Y la oferta que hizo…pues…me hubiese gustado decir que me rehusé de inmediato, pero la verdad es que me lo estuve pensando. El compañero de fisionomía reptiliana fue el primero en responder, pero yo tuve más dudas. En ese momento de dificultad, puedo decir sin problemas que dude. Quiero decir, la oportunidad de una vida. Todo el conocimiento disponible….hay demasiadas formas de explotar eso. Conocimiento de las debilidades de todas las razas, incluidos los demonios. Con esa habilidad podría quizás hasta buscar una forma de revertir el trato, o de matarlo yo mismo. Quizás podría incluso aprender a usar magia, y ya no tendría que volver a complicarme la vida cuando tocase luchar contra sus usuarios. Y para mis experimentos…solo Dios sabe lo que podría llegar a hacer, lo lejos que podría llegar, todos los avances que lograría. Era una oferta única, excelente, demasiado buena para verdad…

"…y cuando algo es demasiado bueno para ser verdad…”- Pensé. “...casi seguro lo es”.

Bajo ninguna circunstancia el demonio me daría los medios para vencerlo; esas abominaciones no son precisamente tontas, no se le escaparía un detalle como ese. Además, saber la debilidad de una criatura no me garantiza vencerla. Yo se las debilidades de los tritones, por ejemplo, pero sin los elementos correctos jamás podría vencerlos. Saber las debilidades de todo ser vivo no me garantizaba poder explotar dicho conocimiento si no contaba con los materiales necesarios a mano; seria conocimiento inaplicable en el mejor de los casos Esa era solo una de las formas en las cuales podía cagarme mediante el uso retorico de las palabras. Como eso de no tener miedo…El miedo es la herramienta más preciada del superviviente. Es lo que te dice cuando una situación es peligrosa, cuando un enemigo es formidable; es esa pequeña voz en tu cabeza que te dice “Oye, no sé si puedas con esto. Retírate y formula un plan.” Vivir sin miedo es el equivalente al suicidio. Aquel que no le tiene a sus rivales el respeto suficiente como para poder llegar a temerles siempre acaba indefectiblemente muerto, producto de entrar a una pelea que creyó haber podido ganar fácilmente, solo para que la realidad le dé una bofetada en la cara.

Además, para que mentir: me gusta estudiar. Si ya tuviese todo el conocimiento del mundo, pues no podría saber ya más nada. Creo que esa sería una vida demasiado aburrida.

Tal vez esta última interpretación era muy rebuscada, pero si incluso yo podía estar buscándole doble sentido a su promesa, el demonio ya debía tener mínimo diez formas diferentes de asegurarse de que me toque lo peor.

-Si hubieses ofrecido la salud de mi madre…quizás hubiese aceptado.- No lo estaba diciendo en voz alta, lo estaba pensando. Estaba seguro de que ese desgraciado me podía escuchar, del mismo modo que estaba seguro de que se pudo comunicar mentalmente con los demás presentes. El escamoso ya estaba descartado, y si bien no sé qué mierda le habrá dicho a Falqued, lo cierto es que dude, en su momento, de que el viejo pudiese caer tan bajo (quiero pensar que hasta él tiene límites respecto de que tan bajo puede caer). Respecto de la mujer…pues ni idea, no la conocía de nada pero formaba parte del grupo; por algo seria.

Tu error fue prometerme algo que puedo conseguir con mi propio esfuerzo, y sin que me manoseen el alma.- Mi mano se posó sobre el mango de mi pistola de forma muy sutil. Mis ojos se movieron de un lado al otro, examinando tanto a Falqued como a la mujer, esperando a ver sus reacciones. Quizás mis balas no podían herir al demonio, pero estaba seguro de que si podrían hacerlo con nuestros compañeros. Si al final del día uno de los dos resultaba ser traidor pues, bueno, preferible perder un compañero que darle un aliado al demonio.

Aun así, estaba preparado para dar un salto hacia atrás. Si todo estallaba en una confrontación, contaba con los magos para ser la primera línea de ofensa. Yo buscaría un sitio seguro para ofrecer fuego de cobertura y así ayudar a mis compañeros mientras me mantenía lo más alejado posible. Al fin y al cabo, si no podía dañarlo, de nada me servía hacerle aún más fácil matarme.
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La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA] - Página 7 Empty Re: La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]

Mensaje por Vanidad el Mar Mar 26, 2019 9:20 pm

La diablesa ronroneo ante la propuesta. Su potencial patrón no era tan listo como pensaba o habría formulado mejor la propuesta, mucho mejor, pero era misericordiosa, capaz de perdonar un pequeño desliz ante la perspectiva de…una oportunidad. -¿Sabes…? Has metido la pata aquí y allá, y luego esta todo eso de las ilusiones, que me irrita sobremanera…pero sería capaz de dejarlo correr si la oferta merece la pena.- se limitó a decir, en voz alta, mientras el resto de sus variopintos compañeros de aventura respondían a su vez. La lagartija, que había venido con el mago, seguramente el más joven e impresionable, lo había mandado a la mierda de manera muy educada. Luego vino el hombre, el pistolero. Era… inesperado, Luzbel habría pensado que tanto magos como artificieros saltarían a la oportunidad de tener un aliado sobrenatural. Vete a saber que maravillas uno podía hacer con magia profana y un poco de experimentación… pólvora demoníaca o alguna barbaridad así, a saber, ni siquiera sabía exactamente como se hacía la pólvora normal, como para pretender adivinar que podía inventar alguien con un patrón demoníaco. Es decir, había que ser algo inútil para cagar tu propuesta a alguien así. O puede que fuera más noble e íntegro de lo que esperaba. No veía a la vieja ni a la elfa aun, de manera que quedaban el trol, Falqued y ella.

-Bueno… Dem…- ¿No les había dado un nombre cierto? No solo de muy mala educación, sino incomodo a la hora de dirigirse a él, por lo que ahora tenía un mote. –Suena interesante, y desde luego me gustaría escuchar más, ¿pero sabes cuál es el problema? Que hayas sido incapaz de convencer a un par de mortales me hace dudar sobre tu carisma… o puede que usaras los argumentos incorrectos, cosa, créeme, increíblemente difícil en mortales, lo que atenta contra tu inteligencia… pero ciertamente, puede que simplemente tus conciencia se haya…estancado, que hayas perdido habilidades sociales por culpa de estar un montón de años en un horrible pedrusco glorificado… nada de eso tiene relación con tu poder pero…bueno, tengo mis dudas sobre su veracidad… así que si quieres una alta sacerdotisa o algo así… alguien que aparentemente convenza a la gente mejor que tu… bueno… puedes empezar por encargarte de esos… Esta diablesa te pide un milagro.- Y con una sonrisa burlona dio media vuelta y empezó a alejarse, hasta encontrar un punto en esa oscuridad que parecía ser una pared y apoyarse en ella.

Alta Sacerdotisa no sonaba nada mal, la verdad, y ser la mano derecha de un Señor del Caos era… templador, así que si demostraba al menos el poder de uno, podía considerarlo, escuchar la oferta con calma. Pero si ese señor, porque a juzgar por Atrapaalmas, sin duda lo era, tenía un poder que no consideraba nada del otro mundo…

Bueno, podría coger un poco de práctica, tal vez averiguar a qué sabía un Señor del Caos. La diablesa no pudo evitar esbozar una sonrisa de oreja a oreja, con el corazón desbocado ante la posibilidad de que un mero viaje para recoger lo que ese cabeza de chorlito le debía fuera a volverse tan interesante. Y hablando de este… ¿Qué iba a hacer Falqued?


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