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Atravesando Valashia

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Atravesando Valashia

Mensaje por Aulenor el Sáb Jul 01, 2017 3:17 am

__Estaba nublado. El sol parecía brillar en alguna parte por encima de la niebla, pero allí, a las faldas de la cordillera de Daulin, las nubes parecían chocar contra las montañas y caer hacía el suelo, formando un tupido velo que el astro no conseguía atravesar. Así, hacía frio a pesar de que estaba ya entrada la primavera, y el olor a hierba mojada dominaba el ambiente incluso por encima del del humo de la hoguera que el joven escamado había usado para desayunar y ahora trataba de apagar echándole tierra encima.
__Hacía ya más de una semana que había partido de su hogar en el profundo valle de Rukyn para explorar el mundo, y tras la primera toma de contacto en Baruk Grud, días atrás, (una toma que cabría decir no resultó muy gratificante) ahora se dirigía hacia el Este, hacía el exterior del macizo montañoso. El camino por las montañas había venido siendo bastante tranquilo, solo se había cruzado con un par de mercaderes enanos, un cazador con el que compartió cena dos noches atrás y un tipo en armadura a caballo con mucha prisa que casi le tira de un barranco por no frenar.

__Cómo todas las mañanas de los últimos días, el nagar se puso en marcha nada más acabó de desayunar y a partir de ahí fue lo de siempre, avanzar por un camino tan serpenteante y estrecho que si no era lo suficientemente peligroso de por sí, hoy contaba con una espesa niebla. Dos horas más tarde de solitaria y fría caminata bordeando montañas la bruma finalmente se disipó; y tras completar la curva que bordeaba la montaña sobre la que se encontraba el camino, Aulenor pudo ver como los rayos del sol conseguían atravesar las ramas de algunos pinos. Eran los primeros que veían en días debía a los valles tan pronunciados de aquella zona y tras sentir un último escalofrió se salió del camino para tratar de calentarse con ellos. Fue entonces cuando lo vio.
__Tras las ramas de los árboles, no solo aguardaba el sol, sino también un paisaje nunca antes visto por el escamado. Una inmensidad plana y verde que parecía extenderse infinitamente. Nada bloqueaba la vista, ninguna montaña. Era como aquel lago infinito que había visto en Baruk Grud pero con tierra y plantas. Se quedó allí un buen rato, entre los pinos, calentándose con los rayos del sol mientras observaba el paisaje. Podía ver como el camino que seguía descendía sinuosamente hacia la inmensidad verde y plana, lo que le alegró inmensamente. Por aquellas cosas había comenzado su viaje y dejado atrás a su hermano y su hogar, para ver aquellas maravillas que escondía el mundo exterior.
¿Qué aventuras le depararía aquella tierra? ¿Cómo sería caminar siempre por llano? Estaba deseando experimentarlo y descubrirlo.


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Re: Atravesando Valashia

Mensaje por Balka el Dom Jul 02, 2017 1:20 pm

____Amanecía, y el frío de la noche se disipaba con lentitud. Balka seguía contemplando las estrellas, observaba cómo, muy despacio, dejaban de brillar sobre el amplio firmamento, fundiéndose con los colores de un nuevo día.

____Meneó con el pie una rama que sobresalía de la pequeña hoguera, arrebujándose en la manta. No había dormido mucho, pero a pesar de todo no se sentía cansada. Le pasaba cada vez que viajaba por la zona de Maletta, los recuerdos acudían en cuanto dejaba de tener cosas en las que ocuparse, sumiéndola en una nostalgia no exenta de cierto grado de arrepentimiento. Después de tanto tiempo y aquella mujer aún seguía presente en su corazón.

____Recostada sobre la silla de montar de Carbonilla en la suave hierba de la pradera, y bien resguardada tras una serie de rocas solitarias que se alzaban de la nada sobre la ondulante amplitud de la tierra, volvió a comprobar que el caballo no se había alejado demasiado. Pronto sería hora de partir. Aquel era un buen animal, un hermoso tordo castrado excelentemente entrenado que, una vez asumió que la elfa era su nueva dueña, procuraba rondar junto a ella, pero sin prestarla mucha atención. Para ser un caballo, resultaba sorprendentemente independiente. Bueno, había pagado bastante por él, no esperaba menos. Aguzó la vista y sonrió cuando vio que Pumpernickel acompañaba al corcel encaramado sobre la grupa, observando el amplio panorama con aquellos ojillos negros que parecían atravesarlo todo con su silencio. Aquella también era una criatura extraña, que por alguna razón la venía acompañando desde el día que se la encontró robándole pan de la bolsa en la jungla de Uzuri. La seguía a todas partes, incomodaba a la gente con su impasibilidad, se llevaba todo el pan de centeno y se pasaba las horas muertas observándola a ella. Rió con ligereza y volvió a recostar la cabeza sobre la silla. Había cosas en el mundo que pasaban porque sí, y ella no solía cuestionarlas. No tenía sentido hacerlo.

____Esperó un rato más, perezosa, pero se puso en marcha en cuanto el sol asomó la mitad de su brillante y orondo cuerpo por el horizonte lejano. Apagó la hoguera, enrolló la manta, recogió sus cosas, ensilló al caballo. Puso la bolsa en la grupa de Carbonilla y montó sobre él con un salto ágil pulido por la costumbre y la práctica. Suspiró, porque en realidad le apetecía ir andando. A veces, cuando no tenía nada que hacer ni prisa por llegar a ningún sitio, a la mujer le gustaba caminar hacia donde quiera que se dirigiera. Se podía contemplar el paisaje a un ritmo diferente, y uno se fijaba en cosas que le hubieran pasado desapercibidas.

____Pero no era momento de fantasear como un vagabundo, su bolsa del dinero comenzaba a pesar demasiado poco. Decidió que había que poner rumbo a otro país. Dalkia. O Haltesse. Ambos estaban en guerra, ambos podrían tener gente que precisara los servicios de un mercenario en tiempos tan revueltos. Sonrió de manera sesgada y desagradable, últimamente le apetecía menos que nunca juntarse con los humanos y sus asuntos. Quizá hubiese por el camino alguna bestia de la que necesitaran deshacerse y así poder ganarse algunas monedas sin necesidad de enrolarse como mercenaria, pensó. O quizá sólo hubiese desolación y campos de batalla llenos de cuervos, buitres y cadáveres hinchados, se rebatió a sí misma. Se encogió de hombros. O podrías ir directa al norte y asomarte por Dhuneden. Soltó un bufido ante aquel tercero pensamiento y lo apartó de su mente con rapidez. Se encontraba ahora mismo en las fronteras de Maletta, muy cercana al Tarangini. Y detrás de Maletta, Dalkia. Antes tenían allí un hidromiel excelente, pero dudaba volver a encontrarlo en cualquier taberna dada la situación del país. Una pena.

____Con Carbonilla a un trote ligero y Nickel resguardado en la capucha de su capa, la mujer emprendió la marcha en dirección este, disfrutando del sol sobre la piel y los colores verdes de la pradera.


Última edición por Balka el Lun Jul 17, 2017 1:21 am, editado 3 veces


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Re: Atravesando Valashia

Mensaje por Aulenor el Dom Jul 09, 2017 1:00 am

__El camino pasó de ser uno sinuoso cuesta abajo a uno más o menos recto y plano. Sin embargo, el escamado no pudo notar realmente diferencia de paisaje, ya que el sendero avanzaba por el mismo bosque de cipreses que había empezado dos montañas más atrás y parecía extenderse por un buen trecho aun.
__Como todos los días, a medida que el sol se alzaba y el mediodía se acercaba cada paso costaba más y más, las horas de caminata se hacían notar. Aulenor estaba acostumbrado, llevaba viajando varias jornadas y cazando toda su vida antes que eso; no iba a dejar de andar solo por un poco de cansancio pasajero. No, desde luego que no, le quedaba mucho mundo aún por ver, muchas aventuras de esas como los libros que vivir como para descansar al mediodía. Sin embargo, hoy había algo diferente, hoy la fatiga se sentía más.
__Así pues, siguió andando con la cabeza gacha y las manos en las correas del macuto. Sin pensar realmente en nada más que en avanzar y esperando salir de ese bosque de una vez. Fue entonces que se dio cuenta de qué tenía de diferente ese día y los anteriores; en ese bosque plano todo parecía lo mismo, cada curva, cada árbol, eran tan similares al resto que no había nada que se pudiera usar de referencia; nada que le hiciera sentir que había avanzado algo como las montañas y las subidas y bajadas de Daulin. Allí todo era igual. ¿Cuándo saldría de aquel bosque?

__Tras otro rato de pesada caminata en aquel tupido bosque, Aulenor acabó de bordean un peñón de granito que obligaba al camino a realizar una pronunciada curva y al fin descubrió algo nuevo en el paisaje. Bajó la sombra de un árbol a un lado del camino había un hombre sentado en un tronco al lado de una carreta llena de objetos y artilugios. Cerca, tras los árboles, un burro pastaba tranquilamente bajo la atenta mirada del humano.
__Al acercarse, el escamado pudo fijarse mejor en aquél hombre: estaría por la treintena, su piel era morena y rojiza; su cabello negro y largo, adornado con coletas, pero sin barba en el rostro; su rostro era redondeado, con una ancha pero rechoncha nariz que parecía querer ocultar sus ojos oscuros. Era la primera vez que Aulenor veía a un hunta. El hombre parecía cansado y su mirada era melancólica y desanimada, pero en cuanto vió acercarse al nagar, se levantó mirándole con reticencia. Parecía estar tan dispuesto a hablar como a pelear, y los intentos de Aulenor por gesticular sus intenciones no agresivas no parecieron ser siquiera apreciadas. Había que decir que las "personas civilizadas" eran bastante más ineptas en ese sentido que los animales; aunque por desgracia, Aulenor era aun más inepto en el sentido contrario.
__-¡Ho'a!-saludo el escamado, levantando exageradamente su brazo.
__-Saludos-le respondió él, sin cambiar demasiado su dura mirada.
__-¿Eres de po' aquí?-preguntó Aulenor tratando de ser todo lo amigable que podía-Me preguntaba cuánto queda' hasta que el fin del bosque.
__-No, no soy de por aquí.-respondió él. Hizó una pausa, miró hacia el suelo dió y resoplido y al levantar la mirada ya no miraba al nagar de forma tan dura.-Pero no te queda mucho, una milla a lo más.-le indicó indicando con el brazo.
__-Ya veo.-respondió Aulenor mirando en aquella dirección, parecía que al fin se acabaría ese tramo aburrido. Volvió a mirar al hombre-¿Y qué haces aquí?
__La pregunta hizó que una sonrisa irónica se dibujará en la cara del hunta.
__-Este maldito camino. Pisé sobre una roca y se me ha roto una rueda. Estoy atrapado aquí hasta que encuentre algún tipo de ayuda.-le explicó, señalando con la cabeza hacía el carro.
__-¿Qu'eres ayuda?-se ofreció el nagar.
__-Je. A no ser que sepas arreglar ruedas y lleves encima el equipo necesario, cosa que dudo, no creo que me sirvas mucho. Pero gracias de todas formas.
__Aulenor se quedó mirando a la carreta, desde luego que no sabía cómo arreglar una rueda rota, pero se sentía mal no poder hacer nada.
__-Podría avisar a alguien-dijó al poco.
__-La aldea más cercana queda a más de un día de camino.-respondió el hombre, mientras meditaba la propuesta-Aunque supongo que podrías hacerme el favor de decírselos a los del puesto fronterizo. No creo que vengan, pero acabo de pagar mi peaje, es lo menos que podrían hacer.
__-¿Peaje?
__-Si, un poco más adelante cobran peaje, siento decirte que no creo que te libres.
__-¿Pero qué es?-aclaró el escamado. El hunta levantó una ceja sorprendido.
__-¿No sabes qué son los impuestos? ¿De qué maravillosa parte del mundo vienes?
__-De un valle llamado Rukyn.-respondió con total sinceridad el escamado, señalando a las montañas con el pulgar.
__-El pegar es dinero que se cobra por dejar pasar a alguien por algún lado. Más adelante te vas a encontrar con unos guardias, ellos te pedirán unos cuantos kulls si quieres seguir adelante.-le explico el hunta. El tono y la mirada que dirigía ahora a Aulenor había cambiado, ahora era como si mirasé a un niño pequeño.
__-Ya veo. Mucha' gracia'. Avisaré de que estas aquí.-se despidió el escamado reemprendiendo el camino.


OFF: (Red, en realidad quería seguir, pero me faltaría una escena entera, así que prefiero dejarte entre medias a ti. Trataré de empezar a escribirla para postearte más parido la próxima.)


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Re: Atravesando Valashia

Mensaje por Balka el Lun Jul 17, 2017 12:38 pm


____Llevaba escuchando el tumulto desde hacía al menos un kilómetro. Ni siquiera el trote acelerado del caballo conseguía acallarlo. Gente armando escándalo, animales armando escándalo, el río armando escándalo. Hoy sería un día ruidoso. Suspiró.

____Pumpernickel, enroscado en su cuello, le tocó suavemente el rostro para llamar su atención, señalando el cielo despejado con su otra manita. Buitres volando en círculos. Oh, añadamos aves armando escándalo a la lista, pensó. Carbonilla relinchó y saltó por su cuenta un bache en el camino. Cada vez le gustaba más aquel caballo, pero trataba de no encariñarse mucho. Balka solía perder a sus monturas con preocupante facilidad y cuando se muriera lo lamentaría bastante.

____El camino comenzó a aplanarse según se acercaba al vado del río. Eran visibles los surcos de las carretas, las huellas de los animales de carga así como el abono que dispersaban de manera gratuita por doquier. Se fijó más en el polvo y la tierra. Las huellas de pies humanos abundaban, y casi todas iban en la dirección contraria a la que ella estaba tomando. Sonrió. Huían de la guerra, buscando refugio, una vida, una manera de sustentarse lejos de la sangre y los gritos de dolor. Los árboles a los lados del camino se espesaron un poco pero no lo suficiente como para impedir la visión. La guardia del vado se encargaba de mantener la zona despejada ya que era un área de paso y comercio medianamente importante. Aunque, últimamente, el único tráfico comercial activo era el de los refugiados.

____Cuando llegó se mantuvo algo alejada de la pequeña multitud reunida, sin descabalgar, las orejas bien atentas y a buen resguardo bajo la capucha. Apenas comenzaba la primavera y seguía haciendo algo de frío, algo que la beneficiaba bastante porque no le apetecía nada esconder sus orejas con el método habitual y así podía usar la capucha de la capa. El grupo de personas presionaba con su volumen, apiñándose frente al amarradero, reclamando con voces enfadadas ante unos cuantos soldados. A un lado podían verse tres carromatos aparcados con sus respectivos bichos de tiro, a otro lado descansaban aquellos que estaban hartos de la negativa. Alrededor de treinta personas. Y plantándoles cara con firmeza, un pequeño destacamento de diez guardias, bien armados, bien entrenados, bien enterados de cuán jugosa era la situación. Pumpernickel desenroscó su largo cuello en aquella dirección, de repente muy interesado. La mujer no necesitaba los ojos del kaoras para saber que se sentía fascinado por el aura de avaricia y furia que flotaba en el ambiente. Era palpable.

____Los gritos y quejas de la gente eran variados, pero todos se referían al precio desorbitado y a la injusticia de no poder usar libremente el vado. Balka se preguntó si debía quitarse la capucha, poner actitud digna y despreciativa, y hacerse pasar por lo que era, un elfo. Por alguna razón los humanos tendían a pensar que todos y cada uno de aquellos longevos pertenecían a la realeza o la nobleza y, en consecuencia, había que tratarlos con deferencia. Desechó la idea de inmediato. Aquella zona del mapa no era la mejor para no ser un ser humano. Nickel trató de bajarse de su cuello y ella se lo impidió, diciéndole que permaneciera al fondo de la gran capucha de la capa, tras su cuello. Las criaturas extrañas serían perseguidas.

____Suspiró de nuevo. Guió al caballo hacia el amarradero, visualizando la otra orilla del Tarangini, a unos cuatrocientos metros de distancia. Más allá la concentración de gente era muchísimo mayor y armaban el triple de alboroto. La barcaza avanzaba lenta en dirección hacia la orilla de la mujer, llena hasta los topes, arrastrada por tres hombres sudorosos que, soltando cortos gritos para mantener el ritmo, tomaban impulso con una cuerda que iba de un lado a otro de las orillas. Definitivamente Carbonilla no podría vadear las aguas. No le apetecía nada pagar a nadie por caminar sobre el mundo, pero la zona era complicada y el río corría grueso durante demasiados kilómetros como para ponerse a buscar un sitio poco profundo.

____Aún sin descabalgar, usando la gran presencia del animal para hacerse hueco entre los demás, se acercó a uno de los soldados que esperaba sentado sobre la tarima de embarque, apoyado en su alabarda y mesándose la barba, observándolos a todos como si fueran bichos. Cuando llegó ante él la mujer le regaló una de sus mejores sonrisas y decidió ser cortés.

____-Buen día caballero.

____-No soy un caballero, pero diablos que me gusta que me lo digan. -dijo, dejando entrever la expresión que pondría una comadreja si tuviese rostro de persona.

____-Me alegra escuchar eso. Me gustaría pasar al otro lado del río.

____-¡Como todos los de aquí! - dijo el guardia mientras reía alto.

____-¡Eh a la cola! ¡Mi carro va primero! -exclamó un hombre con toda la pinta de ser un mercader.

____Varias voces se alzaron con la misma queja. Carbonilla relinchó inquieto cuando sintió la presión de unas manos empujándolo. Estuvo a punto de encabritarse, y la elfa se giró buscando al culpable con la mirada más fiera.

____-La verdad es que tengo cierta prisa...

____-Dos piezas, guapa.

____El murmullo descontento de la gente subió de tono.

____-¿Dos piezas?

____¿Te refieres a las dos piezas dentales que te voy a saltar de una patada? Respiró hondo.

____-Y de oro. Si quieres saltarte la cola, apoquina. -dijo, extendiendo la mano.

____Cielo santo, dos kulls de oro por cruzar el maldito río. Aquello era un atraco. Miró con enfado al guarda, que no se inmutó. La gente volvió a apilarse frente al amarradero obligando al caballo a retroceder. Balka lo dejó maniobrar y se quedó observando la escena en segundo plano, a un par de metros. Estaba preocupada. La barcaza cada vez se acercaba más, así como el destacamento militar al que había dejado atrás hacía medio día, mandado por Maletta a controlar todos los vados del Tarangini que tocaran su país. Necesitaba pasar antes de que el asunto se complicara. Se mordió el labio, pensando rápido.


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Re: Atravesando Valashia

Mensaje por Aulenor el Sáb Jul 22, 2017 3:03 am



__Tal y como le había indicado el buen señor, el inmenso bosque de coníferas fue reduciendo progresivamente su espesura según el nagar avanzaba por el camino hasta dar paso a una rubia explanada que se extendía hasta dónde alcanzaba la vista, que era mucho en comparación con las montañas.
__De nuevo, Aulenor detuvo su marcha, sobrecogido por las vistas. Dejó incluso su macuto a un lado del camino y escaló uno de los árboles finales del bosque, quedando sentando en la última de sus ramas capaz de soportar su peso para observar.
__El camino parecía serpentear por aquella llanura hasta el horizonte, jugando a encontrarse y alejarse de una rivera que bajaba también de las montañas y parecía dirigirse en la misma dirección hacia el Este.
__A lo lejos, se podía ver alguna torre cercana al camino, así como aldeas y poblaciones dispersas tan lejanas de la posición del escamado que hasta un buen rato después, cuando agudizo la vista, no se dio cuenta de su presencia.
__El viento mecía las hierbas formando olas doradas, y en el cielo unos buitres planeaban en el sur sobre lo que seguramente fuera su siguiente comida del día; mientras que en el norte, una bandada de pájaros parecía estar reemprendiendo su migración de vuelta a las zonas frías. También se veía un carro avanzar por el camino, casi en el horizonte, como si fuera solo un punto negro.

__Aulenor se quedó allí, en la copa de aquel ciprés, un rato bastante más largo de lo que había planeado en un principio. El refrescante viento que viajaba hacia las montañas chocaba contra las escamas de su pecho y cara, peinando su sucio y algo sudoroso flequillo hacia atrás; acariciando y meciendo su cola, mientras refrescaba su ya bastante cansado cuerpo.
__Para cuando descendió del árbol, sus piernas ya se habían relajado y no estaban muy por la labor de volver a andar. Tardó un buen rato en poder volver a caminar a un ritmo aceptable.

__Siguió avanzando. El mediodía se había pasado mientras cruzaba el bosque y el sol ya comenzaba a descender, las peores horas ya habían pasado y, en cuanto la sangre volvió a circularle con normalidad por los pies, pudo seguir a buen ritmo sin cansarse demasiado.
__Fue a unas decenas de millas tras dejar el bosque, cuando cruzaba por segunda vez el arroyo que se encontró con una cabaña junto al agua. Un molino abandonado hace ya algunos años que servía a los habitantes de una aldea borrada ya del mapa debido a la guerra. Y aunque los campos que abastecían de trabajo a aquel molino hacía ya tiempo que habían sido reclamados por la maleza y las ruinas del pueblo eran ya casi imperceptibles en la llanura, el edificio se mantenía en pie; siendo el único refugio en las cercanías. Y los refugios no suelen quedarse desiertos.

__Un grupo de bandidos lo había tomado como base de operaciones, y cómo tal no estaba tan mal: no había demasiada vigilancia por la zona, y por consiguiente tampoco pasaba mucha gente, sin embargo, la poca que pasaba solía estar bien aprovisionada, y por tanto el negocio iba bien. Cabe aclarar que en Valashia el termino bandido viene a ser sinónimo de desertor y que por tanto, suelen ser más organizados, cautelosos y, en algunos casos, hasta más corteses que en otros sitios.
__En realidad, y de forma extraordinario, para cuando el joven escamado apareció por el camino  para atravesar el arrolló junto al molino, lo bandidos acababan de volver después de todo un día sin pisar su guarida, sin dejar guardia siquiera, ya que necesitaban a sus cinco integrantes para dar el golpe que habían planeado para hoy. Así pues, cuando volvieron triunfantes y se encontraron con el nagar, les pareció que sería un buen postre para las conquistas del día.

__-¡Señores! Parece que tenemos un cliente más antes de acabar el día.-exclamó uno de ellos dirigiendo la atención de los demás hacia Aulenor. El hombre, un tipo joven de piel casi gris con el cabello y la barba completamente negros y con los ojos rasgados, se digirió hacia el escamado seguido de sus compañeros, sonriendo, mostrando un brillante diente de oro.

__-¿Estás seguro de que es un cliente y no un animal salvaje, Paraq? Ten cuidado no sea que te muerda.-dijo otro a su espalda, un arquero muy delgado, de piel oscura y cabello largo y negro. Sus compañeros soltaron alguna carcajada.

__-¡Bienvenido viajero!-saludo el primero.

__-¡Ho'a!-le respondió el nagar, volviendo a levantar exageradamente el brazo.

__-¡Por los dioses muchacho! ¿De qué extraña región del mundo es ese acento?-uno de sus compañeros le toco el brazo, llamándole la atención sobre la espada que portaba el chico-Como sea... Hoy nos sentimos bastante generosos: con unas diez monedas de plata podrás pasar libremente.

__-¡Oh!-exclamó Aulenor levantando las cejas al comprender-¡So's los del peaje!

__-¡Pues claro! ¡Para el mantenimiento de los caminos reales!-respondió el bandido con picardía, uno de sus compañero no pudo contener las risas-Están hechos un desastre, ¿no crees?

__-Bue'o... No he v'ido demasia'os caminos, pero a mí me parece que éste está bien.-respondió Aulenor sin percatarse de las mofas, buscando en su mochila el saquillo de kulls. Al encontrarla, la abrió y se la enseño al tipo del diente de oro, ya que él no sabía contar.-¿Diez de plata dijo, verda'? Esto es lo que tengo.

__-Déjame ver-el jefe desertor recibió la bolsilla y comprobó su contenido: tres kulls de plata y trescientos veintinueve de bronce. Lo vació en su mano y se lo guardo-Con esto no llega ni a la mitad, chico. Me temo que tendrás que darnos algún "donativo" para pagar el resto.

__-¿Qué es un donativo?

__-Un regalo de buena voluntad. ¿Qué llevas en la bolsa?

__-Pues no mucho, y nada que pue'a dar como regalo.-respondió con algo más de osadía Aulenor, comenzando a percibir a los bandidos como una posible amenaza, pero sin llegar a comprenderla verdaderamente.

__-¿¡Acaso estas diciendo que no vas a pagar el peaje tras haber usado el camino!?-respondió envalentonado el tipo del diente de oro al percibir el cambio en la expresión del nagar-¡Nosotros nos aseguramos de que el camino este en buen estado, de que sea seguro para los viajeros! ¿Cómo te atreves a atravesarlo si no estás dispuesto a pagar el precio por ello?

__-¡Pero a mí nadie me dijo de que había que pagar!-replico.

__-Y a la mosca nadie le avisa de que morirá si toca la telaraña, pero no por eso se salva.

__El primer impulso de Aulenor fue llevarse la mano a la empuñadura de Lanula, pero esto provoco que los demás bandidos se pusieron en posición de ataque ruidosamente. Estaba claro que no era una situación de la que pudiera salir bien parado.
__-'Ta bien-soltó la espada, y se agachó de nuevo para rebuscar en su macuto, buscando que pudiera darles.
__Tenía su odre de agua, una piedra de afilar, su flauta de pan, la tienda de campaña de Leif, el martillo y el yunque en miniatura del enano. Ninguna de las opciones le parecía viable, todas eran cosas necesarias o que tenían valor sentimental. ¿De qué podría desprenderse?
__-¿Os sirve esta piedra de afilar?

__-No es un mal comienzo, pero hará falta más.-respondió el líder quitándosela de las manos.-¿Qué es eso de que tienes ahí al fondo?
__-Un yunque. Pero no es un regalo.
__-¿Un yunque?-volvió a intervenir el arquero sorprendido.
__Aulenor sacó momentáneamente el pesado objeto para enseñarlo. Todos parecieron extrañados y más de la mitad se rieron al verlo.
__-¿Qué clase de persona lleva un yunque a la espalda?-se carcajeó otro, un tipo con el pelo castaño y los ojos rasgados que portaba una espada y un escudo.

__Aulenor no respondió, volvió a guardarlo en el fondo de su bolsa y siguió buscando. Al parecer no bastante con eso para pagar el dichoso peaje.
__-'Pongo que podría pasar sin t'enda...
__-¿Una tienda de campaña?-preguntó el del diente de oro recibiéndola y comprobando la tela descolorida-Parece que no tiene agujero. ¡Está bien! Está en buen estado y es útil, nos la quedaremos.-comenzó a pasar la lona y las varillas a sus compañeros y uno de ellos se dirigió hacia el molino para guardarla.
__-¿Ya está?

__-Solo faltaría la espada-sugirió otro tipo, uno muy ancho, con barba negra y un casco que le cubría la tez. Llevaba una armadura pesada y estaba apoyado en su alabarda.
__Aulenor, se alzó rápidamente y volvió a llevarse la mano a la espada. El grupo de matones volvió a ponerse en guardia.
__-¡No pienso daros a Lanula!
__-¡Vamos Deq!-intervino el jefe con noto risueño-El chico ha cooperado muy bien, podemos dejar que se quede su hoja de juguete.-al un gesto de su brazo, los hombre dejaron la arma y abrieron el camino para Aulenor.-Puedes marchar, chico. Tranquilo. Ha sido un placer hacer negocios contigo. Que tengas un buen viaje

__-Gracias.-recogió su macuto, volviendoselo a llevar a la espalda, y sin alejar mucho la mano de la espada, avanzo por el pasillo que le hacían los bandidos. Una vez, lo pasó se dio la vuelta y añadió-¡Otra cosa! En el bo'que, siguiendo el camino, un señor me pidió que os dec'era que se la había roto el carro, necesita ayuda.
__-¿Un carro? ¿Y estaba muy lleno?
__-Si mucho. Arreglar la rueda, me dijo.
__-De acuerdo. Puedes ir tranquilo. Iremos a hacerle una visita inmediatamente.-respondió el tipo del diente de oro mientras su sonrisa se volvía a ensanchar.

__Aulenor se despidió levantando la mano exageradamente y luego siguió su camino. En cuanto estuvo a la distancia suficiente para que el molino ya no fuera visible, se salió del camino y siguió caminando a un lado, a cierta distancia de éste. Desde luego, no le habían gustado nada de nada el cómo eran los peajes y que tuviera que dar sus cosas en ellos. Si de verdad ese era el precio por poder usar un triste camino de tierra no volvería a pisar uno en lo que le restaba de aventura. Ni qué el los necesitase: en su valle no había ninguna calzada. No, desde luego que no iba a volver a donar nada nunca jamás.


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Re: Atravesando Valashia

Mensaje por Balka el Lun Jul 31, 2017 3:10 am


____Carbonilla relinchó, moviéndose con inquietud. La gabarra casi tocaba tierra, y el estruendo de la gente y los animales casi ahogaba el propio ruido del río. Con sus ojos moteados la elfa no perdía detalle alguno, a cierta distancia, hasta que algo se movió en su vista periférica.

____Giró la cabeza con discreción para encontrarse con un pueblerino. O la burda imitación de uno que, como ella, no apartaba la vista de la situación. Los pueblerinos normales no estaban tan bien alimentados, ni exhibían ese porte recto y seguro, ni tenían los ojos fieros de quien ha entrado en batalla. Y, ni por asomo, solían portar armas escondidas bajo los jubones acolchados. No mudó su semblante mientras sentía cómo Pumpernickel se deslizaba de nuevo fuera de la capucha, trepando por el cuello del caballo y usando su cabeza como atalaya. Aquel hombre era un explorador, la avanzadilla del destacamento que había dejado atrás hacía medio día... y que ya se cernía sobre el lugar. Aquello terminó por decidirla. Por experiencia propia sabía que las autoridades humanas tendían a sembrar caos antes que orden, y por otro lado no deseaba ser retenida de manera preventiva, dar explicaciones de su presencia en el lugar y pasarse las siguientes horas tratando de razonar con alguien que no quería hacerlo.

____De modo que con un gesto seco de las riendas puso el caballo en marcha, era hora de salir de allí. Giró hacia la derecha saliendo del camino y se metió entre los árboles, siguiendo la línea del río hacia arriba. Buscando un camino adecuado, preferiblemente tranquilo, donde poder vadear sin problemas.

____Por suerte para su marcha la vegetación colindante al río era espaciada, un bosquecillos de árboles altos que permitían pasar la luz con arbustos y plantas no muy espesos pero de hoja ancha, que se extendía siguiendo la línea del agua. Los bosques planifolios de aquel tipo eran habituales en Ujesh-Varsha, aunque casi siempre de pequeño tamaño y muy dispersos por el territorio; dependiendo de su ubicación, y de cómo de frío fuera el invierno en determinada zona de la llanura, se los podía encontrar de hoja caduca. Mantuvo un trote rápido mientras se reía por la actitud del kaoras que, molesto, se agarraba a las crines con sus manitas blancas para no caer con el movimiento. Balka observaba el entorno, tratando de acordarse de aquel mapa detallado que le enseñaron una vez, y que ilustraba con precisión un gran trecho del Tarangini. Si la cosa no había cambiado mucho desde la última vez que viajó por la zona, treinta años atrás, debería haber un estrechamiento a unos noventa o cien kilómetros del vado que acababa de dejar... aproximadamente más de medio día de viaje. Llegaría después de la caída del sol, una hora excelente para cambiar de país a escondidas.

____Reculando, Pumpernickel consiguió bajar del cuello del animal y se refugió en el hueco de la silla de montar, entre lad piernas de la mujer piernas y el pomo, sin mirarla ni una sola vez. Estaba enfadado con ella por haberle impedido explorar lo que le interesaba, y Balka apostaría lo que fuera a que desaparecería durante un rato en cuanto hicieran una pausa en el camino. Le acarició el pelaje espeso y áspero. Aquel bicho era inquietante, no se prestaba a mimos y siempre permanecía en silencio, pero a Balka le gustaba. A la elfa rara le gustaban las cosas raras. Hurgó con la mano libre en su bolsa, rebuscando hasta encontrar el paquete de papel con las tiras de cecina. Agarró una y se la ofreció al animal tratando de hacer las paces, que la cogió con cuidado y, después de contemplarla, la lanzó por encima de su hombro antes de acurrucarse en el regazo otra vez. Soltó una carcajada.

____-Sí, tienes razón. Llevamos demasiado tiempo a carne seca y pan, es hora de hacerse con algo más jugoso.

____Le echó un ojo al río. Si bien disfrutaba del pescado, y según tenía entendido el Tarangini era hogar de piezas bastante grandes y sabrosas, a ella le faltaba la paciencia necesaria y ahora mismo no deseaba perder todo un día por un pez. El bosque pasaba rápido frente a sus ojos, pero desde el inicio sabía que la presa más grande que podría encontrar allí sería un urogallo. Nickel era capaz de tragarse dos él solo. Pero, una vez superados los árboles, se abriría ante ella la amplia y suave llanura. Comenzaba la primavera, y con ella, la estación migratoria para muchos animales. Estiró y soltó la cuerda del arco cruzado sobre su pecho, calculando ya flechas y estrategias.

____Carbonilla aguantó orgullosamente una hora de medio galope antes de acusar cansancio. Fue suficiente para sacarlos del bosque planifolio, que dejaron atrás. Balka palmeó el cuello del tordo y lo puso al paso, observando el terreno ante ella: la amplitud de la pradera dorada y verde, el viento suave y frío que mecía los parches de hierba alta, nuevos brotes primaverales que atraerían el hambre de una gran variedad de herbívoros en cuanto avanzase la estación. Sobre ella, atravesando el cielo como un ataque certero, una bandada de pájaros bailaba sin chocarse, ascendiendo y descendiendo como un único organismo sincronizado. La tierra se extendía en toda su maravillosa amplitud, el ondulante horizonte roto de vez en cuando por la silueta de algún árbol solitario; no se apreciaban construcciones humanas pero sí presencia animal... Al cabo de un rato de marcha tranquila la elfa divisó un rebaño de pequeño tamaño, a unos ochocientos metros de ella. Soltó las riendas del caballo y lo dejó avanzar a su propio paso, siempre con el río a la derecha y en dirección contraria a la corriente. Se quitó despacio la capa, sacó el arco, preparó el carcaj, y se quedó ahí sentada esperando tranquilamente, en absoluto silencio.

____El rebaño, a pesar de estar disperso, se movía como los pájaros sobre el cielo, con sincronía. Se trataba de un grupo de ciervillos de tres cuernos, uno de los mamíferos de migración más pronta, pero también uno de los de menor tamaño, pues apenas si alcanzaban el metro de altura a la cruz. En realidad se acercaban más a las gacelas que a los ciervos, y comenzaban a moverse a finales de invierno siendo los primeros en pisar los pastos de las llanuras, descendiendo de las frías faldas de Daulin donde solían compartir casa con las cabras monteses. Carbonilla pastaba mientras avanzaba a su paso, acercándose a la orilla para beber un poco. Balka observó a los ciervillos, que parecían observarla a su vez desde la distancia. No dudaba que muchos de los herbívoros de la zona hubieran sufrido el acoso y caza de las gentes que vivieran allí, y en consecuencia, que ya estuviesen sobre aviso y supiesen reconocer el olor de un cazador. Pero la elfa llevaba viajando sola durante más de una semana en contacto constante con la naturaleza, y confiaba además que el sudor de su propio caballo camuflase momentáneamente el de su presencia. Así que su estrategia se basaba en dejar que el rebaño confiara en que la figura extraña a lo lejos era sólo un caballo, y que se acercara por sí mismo hasta que ella tuviese un tiro claro que le asegurara la comida del día. Alzó la vista hacia el cielo, comprobando que el sol comenzaba su camino hacia el cénit.

____El viento cambió de dirección varias veces sin alertar en apariencia el comportamiento de los animales, que primero con recelo, y luego más relajados, fueron moviéndose según pastaban, acercándose a aquella sección del río donde el margen se suavizaba lo suficiente para beber con tranquilidad. Era como un baile lento, al que uno debía de acudir con paciencia. Carbonilla, libre de hacer lo que le viniera en gana, se movía de manera natural como cualquier caballo libre de preocupaciones haría. La elfa, con movimientos muy lentos y seguros, puso una flecha en posición en cuanto los ciervillos estuvieron apenas a noventa metros. El viento mecía las hierbas altas con un suave sonido. Aspiró y contuvo el aire en sus pulmones, muy concentrada, la cuerda del arco tensa y la flecha presta. El caballo movió la cola y soltó un suave relincho. Un par de ciervillos alzaron sus cabecitas triangulares de tres cuernos, vigilando una amenaza que no intuían y que se cernía sobre ellos, inexorable.

____Soltó la saeta. Curvándose por la propia fuerza del impulso, rasgó el aire con un ruido silbante e impactó con potencia en la carne, unos centímetros más arriba de lo que ella esperaba. Una repentina ráfaga de viento la había desviado lo suficiente como para evitar el corazón de la hembra a la que estaba apuntando, alojándose en el hombro en vez de atravesar el costillar. El rebaño se asustó y emprendió la huída con rapidez, a grandes saltos. Hincando los talones en los flancos de Carbonilla se inclinó hacia delante para indicarle al caballo que emprendiera el galope. En una rápida sucesión de movimientos, la elfa cargó y disparó dos flechas más que derribaron al animal escogido.

____Descendió de la montura, cobró su presa y buscó una zona despejada donde poder trabajar con rapidez, cerca de la vera del río. Pumpernickel, sobre la cabeza del caballo, no perdía detalle. Le encantaba observarla siempre que cazaba, la concentración y la excitación del acto coloreaban de manera extraordinaria su aura.

____Arremangándose las mangas de la camisa, sacó uno de los cuchillos arrojadizos de la caña de la bota izquierda. No era la herramienta más adecuada para desollar a un animal, pero tampoco tenía nada mejor a mano. Cortó desde el pecho hasta el esfínter, se abrió paso entre huesos, grasa, piel y músculo, seleccionando la carne que se llevaría, la que prepararía allí mismo, y la que dejaría a merced de los carroñeros. Nickel saltó al suelo y de acercó lentamente, con esa actitud que Balka conocía tan bien, entre remolona y evasiva, que indicaba que quería algo y que lo iba a conseguir en cuanto ella dejara de mirar. Sonriendo, desencajó uno de los cuartos traseros y lo lanzó en su dirección. El kaoras se subió sobre el trozo sangrante y una enorme raja se dibujó justo debajo de su cara de máscara, mostrando una horrible boca llena de dientes en forma de triángulo, voraz y peligrosa, anormalmente grande para un cuello y una cabeza de tal tamaño. Comenzó a arrancar trozo tras trozo, engullendo.

____Cuando hubo limpiado y separado todo, se lavó las manos en el río así como el cuchillo. Aprovechó que encontró unas cintas de río, una planta larga y fibrosa de hoja plana, con la que tejió un tupido recipiente en el que meter la carne... tal y como le había enseñado Mau tiempo atrás. Tenía cierta prisa por ponerse en marcha, de modo que ya la ahumaría o algo más tarde. Por el momento, encendió una diminuta hoguera y en menos de quince minutos ya había cocinado un par de brochetas de ciervillo, ensartadas en dos palos que encontró y sazonadas con algo de romero de pradera, una especia más dulce y de sabor menos fuerte que el romero común. Metió el paquete en las alforjas del caballo, y volvió a subir sobre él. El sol pasaba ya de su cénit.

____Balka llamó a Nickel, que, muy entretenido, chupaba la médula del hueso pelado del cuarto trasero. Era impresionante la velocidad a la que daba cuenta de la comida. Inclinándose sobre él, lo agarró y lo sentó en la grupa del caballo.

____Emprendió el camino de nuevo, a buena marcha y deteniéndose sólo para lo justo. El día se escurrió hacia una noche fresca, sin incidentes ni encuentros más allá de un ocasional pastor que silbando arreaba a sus ovejas. La cercanía del río enfriaba el aire más de lo que la mujer imaginara, de modo que para cuando comenzó a anochecer tenía algo de frío.

____En un momento dado divisó a lo lejos unas luces titilantes. Frunció el ceño. Hacía rato que se había dado cuenta de cómo se estrechaba el cauce, y vigilaba las orillas con atención buscando un vado, pero nunca pensó que dicho vado podría estar siendo usado por alguien más. No redujo el trote de Carbonilla, pues con la luz menguante era más sensato dejar que quien quiera que estuviese trajinando bajo las antorchas escuchase que alguien se aproximaba. En este tramo no había árboles, pero sí crecía una abundante vegetación a la vera del agua, con altos juncos y cintas de río. Frenó en seco cuando alguien le saltó al camino a apenas veinte metros de las antorchas, amparado por el crepúsculo y las plantas.

____-Quién va.

____No era una pregunta, y la exigencia no estaba formulada en un tono amable. Balka distinguió con claridad un arco corto y una flecha en él, en las manos firmes de una mujer decidida. Alzó los brazos en señal amistosa.

____-Alguien que ésta noche desea lo mismo que tú: cruzar la frontera.

____-Si, claro, y yo nací ayer. ¡Durkas tenemos un vigía! ¡Durkas!

____En un gesto que nadie vio la mujer puso los ojos en blanco, exasperada. Se escuchó un revuelo algo más allá, y de entre la vegetación salieron dos personas más. A veces era muy complicado tratar con humanos.

____-Baja del caballo. Ahora. Las manos donde pueda verlas y como se te ocurra hacer sonar un cuerno yo te corto el cuello.

____Varias personas acudieron a la llamada de la mujer del arco, con antorchas y armas. Vestían de manera sencilla y común, se trataba de gente normal, quizá labriegos o artesanos de algún tipo. En sus rostros se veía el cansancio y la desesperación de quien protege su esperanza. Balka descendió con calma y de quitó la capucha de la capa, dejando al descubierto sus puntiagudas orejas llenas de aretes y cadenillas, junto a su rostro fino y la fea cicatriz que lo surcaba. Se revelaba ante ellos como elfo y como persona fuerte capaz de pelear en caso de ser necesario.

____-Claro que sí, Selem. Ahora el ejército llama a filas a los elfos, no te jode... me gustas de centinela pero no de paranoica joder, cálmate. -dijo un hombre muy bajito, que después de mirarla de arriba a abajo y decidir que no era peligrosa, le sonrió.- Hola. Mi nombre es Durkas. Supongo bien si digo que has venido a cruzar el río, ¿verdad?

____-Eso es lo primero que he dicho.

____-Bien, perfecto, pareces alguien que sepa manejarse sola, y cuantos más sepamos defendernos, mejor para todos. Ven, estamos preparando la gabarra. Puedes cruzar con nosotros si quieres, pero vas a tener que ayudar y montar guardia como todos los demás.

____-Me parece justo. -comentó, caminando a la par que el hombre y llevando al caballo por las riendas. Pumpernickel debía de haberse metido en el bolso porque no lo veía por ningún lado, lo cual era un alivio.

____-¿Te vas a fiar de un elfo, Durk? Todos ellos son egoístas y pretenciosos meapilas, siempre con esos aires de señoritos... y a saber lo que hará aquí, sola...-dijo un joven, que la miraba con desconfianza.

____-Aún te ganas la ostia de tu vida, pedo de orco. -respondió ella torciendo el gesto en una mueca muy poco agradable.

____-Basta Wolden. Seguro que a ésta mujer la han perseguido tanto como a cualquiera sólo por esas orejas, qué culpa tendrá. No podemos perder el tiempo en esto, porque si de eso se tratara a ti ni siquiera te habría dejado acercarte, gañán ladronzuelo. Esta noche cruzaremos ese maldito río, por mi estampa lo juro. Así que todos a lo suyo, venga. Tú vente a la hoguera, deja que piense dónde te voy a poner.

____La mujer siguió al hombrecillo, diligente. El resto de personas que se habían congregado se dispersó, alrededor de siete u ocho. Cerca de la hoguera descansaba otro grupo de personas, un total de doce contando tres niños, dos ancianos, y dos mujeres embarazadas. A la derecha, casi metida en el río, descansaba una gabarra chata y desigual, de factura casera, sobre la que trabajaban un par de hombres. Un caballo, cuatro mulas y un buey miraban la escena, aburridos, al lado de una pila enorme de pertenencias. Rechazó la invitación de sentarse a tomar un té de hierbas y se quedó de pie, expectante.






{ - sin perder la ronrisa... }
¿Qué está bien y qué está mal? Dime.
¿Qué ética tiene la llave de lo moralmente aceptable?

{ ...pero perdida en ella - }

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