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El principio del fin. [Solitaria]

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El principio del fin. [Solitaria]

Mensaje por Vendric el Mar Jul 04, 2017 8:14 pm

Info:
En esta solitaria sucederán eventos que se alternarán entre justo antes, y justo después de la Hijra del personaje. Para aclarar, la Hijra está escrita desde un punto de vista ligeramente distinto a lo que suceda en esta secundaria, como si fueran "recuerdos distorsionados" de lo que pasó. En esta solitaria, se relatarán los mismos hechos, tal vez cambiando algún que otro punto o detalle, pues con esta solitaria pretendo dar algo de profundidad al personaje. Espero que se entienda.
PD: este spoiler está colocado para cuando se deba corregir la partida, que aquella persona que lo haga esté informado (o por si alguien quiere leerla).
PD2: En esta partida se hará uso de una habilidad que Vendric aún no posee en la ficha. Lo hago de esta manera para tener una explicación de porqué aparecerá más adelante en la misma, y solo tendrá validez aquí, a modo de explicación.

Durante unos segundos, las luces parecían haberse ido para mi… Si, seguía estando ahí, y seguía estando despierto, pero había algo distinto, algo que no me esperaba, algo que me resultaba raro y que desde luego, no me agradaba en absoluto.
Me recordaba a uno de esos momentos desagradables en los que, mientras duermes, de repente te despiertas y eres consciente de todo a tu alrededor, pero tu cuerpo aún sigue dormido y por tanto no sigue tus ordenes… Bueno, había una pequeña diferencia. En esos casos, tu cuerpo solía mantenerse quieto, y en este momento el mío se movía y reía como un desquiciado… ¿Cómo era eso posible?


Pero esa sensación no duró mucho, pronto me desperté de aquella pesadilla, y tuve control de mi cuerpo. Porque todo había sido un sueño, ¿verdad? Todo lo que había visto… Mis padres gritando, y retorciéndose de dolor, sin poder moverse… Mi cuerpo moviéndose y colocando las manos en el pecho de cada uno de ellos… La sensación de sus corazones palpitando cada vez más despacio, mientras sus caras se tornaban en una mueca cada vez más horrible y sus gritos se apagaban… Cómo, en el espacio en el que mis manos tocaban, la piel se iba tornando negra, sin vida… Cómo la tormenta que caía fuera acallaba cualquier ruido que saliera de la casa, como si el mundo estuviera presagiando aquello que sucedía en este lugar… Pero sobre todo, cómo mi cuerpo se estremecía de placer al notar todas aquellas sensaciones.

No era posible que todo aquello no hubiera sido un sueño… Yo nunca haría daño a mis padres, ni mucho menos los torturaría, y ante todo, nunca disfrutaría con ello. Además, aquello se había sentido demasiado ajeno como para haberlo hecho yo, ¿no? Pero por otro lado, era demasiado real, y en mi pecho crecía la sensación de culpabilidad, de haber hecho algo malo, y eso era algo que no solía darse.

Podía escuchar la lluvia, cada vez más fuerte, golpeando contra las paredes de nuestra casa, pero además de eso, no se escuchaba nada… y eso era raro. Mis padres siempre solían hacer ruido, y…


-Vamos, pequeño, mira hacia abajo… Tengo una sorpresa para ti…-

Dijo una voz, que me hizo salir de mis propios pensamientos. Sin embargo, en lugar de mirar hacia abajo como él decía, miré a mi alrededor, buscando al responsable de aquella voz… Pero nada. Era como si un fantasma me hubiera hablado… Uno especialmente cruel, que se divertía viendo cómo yo sufría…


Fue entonces cuando, de la nada, lo noté… Noté todo a mi alrededor, como si mi cuerpo hubiera despertado por completo. Podía notar como la corriente de aire generada por la tormenta entraba por las ventanas y recorría la casa… como ese mismo aire me acariciaba, con fuerza, como si tratara de despertarme más aún.
Notaba el sudor nacer en mi frente y mi cuerpo, resbalando por mi piel, notaba mis brazos entumecidos, como si hubiera estado haciendo mucha fuerza con ellos, o luchando contra algo… noté el suelo en las rodillas, pero en mis manos no… En mis manos había otra cosa, mucho más blanda, e irregular… no era liso, sino que tenía sus formas, y estaba caliente, aunque comenzaba a enfriarse…

Fue entonces cuando lo comprendí, y una solitaria lágrima surgió de mi ojo izquierdo. Mi cuerpo comenzó a temblar, como si sintiera miedo, y poco a poco bajé la vista. Iba lo más despacio que podía, pues no quería mirar aquello que sabía que me esperaba allí… Y sin embargo, fue inevitable hacerlo.

Mi madre y mi padre se encontraban allí, él colocado a mi derecha y ella a mi izquierda, aunque ambos en una posición retorcida, como si su cuerpo hubiera sido colocado así después de un gran sufrimiento… Y mis manos, colocadas en sus respectivos pechos, en los que la zona había empezado a necrosarse… Seguramente por eso habrían muerto. El dolor les habría inducido algún tipo de ataque al corazón, o algo similar…

Al ver aquello, un grito de impotencia, tristeza, ira, miedo, culpabilidad, y un montón de sensaciones más que ni siquiera sabía que existían salió de mi cuerpo, mientras me desplomaba entre mis padres, con lágrimas saliendo de mis ojos.


-Mira qué espectáculo tan maravilloso has creado, Vendric… Casi diría que mereció la pena toda la espera. Ahora tu cuerpo servirá a mis propósitos, y tú… bueno, pronto te reunirás con tus queridos papis.-

Dijo de nuevo aquella voz, proveniente de quién sabe dónde. Al escucharla, me levanté amenazante, buscando al culpable, para hacerle pagar por todo aquello. Le haría sufrir con todo lo que pudiera, aun aunque eso fuera en contra de todo lo que mi educación como Sephiri me enseñó.  

Volví a escuchar una risa, la risa de aquella persona, pero no veía de dónde venía… ¿Por qué estaba pasando aquello? ¿Por qué no podía verle, pero si oirle?

-¿Aún no lo has adivinado, chico?... Eres más estúpido de lo que pensaba, entonces… Hasta tus padres lo sospecharon desde un principio… ¿No te resulta raro que los demás Diviums no se juntaran contigo? ¿Que una sociedad como la tuya, siempre dispuestos a ayudar y a iniciar relaciones con cualquiera, te dejara de lado?-

Seguía hablando, y no podía verle… Y eso cada vez me molestaba más. Necesitaba a alguien para pagar mi enfado… y nadie mejor que la persona causante de todo… ¿Por qué no podía encontrarle?

-¿QUIÉN ERES? ¿DÓNDE DEMONIOS ESTÁS?-

Grité en mi estado, mientras aún seguía girando de un lado a otro, buscando a alguien… Y una vez más, volví a escuchar aquella risa cruel, pero sin ver a nadie. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué no podía ver a nadie, pero si escucharlo?

-Y que aún no te hayas dado cuenta… ¿Por qué te habré elegido?... Seguro que había mejores opciones… O no. Un chico como tú es más… especial de lo que él mismo piensa. Pero seré bueno contigo por una vez, y me presentaré… Soy Kylar, y tengo bastante más tiempo del que seguramente tú vivirás… Y deja de girarte, chico, no me vas a ver… Porque estoy dentro de ti. Compartimos tu cuerpo… Metí mi alma en él cuando naciste…-

Mis ojos se abrieron al escuchar aquellas palabras… No podía ser cierto lo que decía… Simplemente, no podía ser cierto. ¿Había alguien más en mi cuerpo?... Y lo que es más, ¿un cuerpo podía tener más de un alma?... O más aún, ¿existía el alma? Era algo que nunca me había planteado… Tal vez otros de los míos sí, pero yo nunca me interesé por ello.

-Así que tranquilo… puedo escucharte aunque no grites… Ventajas de estar aquí dentro, supongo.-  Su voz sonaba algo más tranquila, sin el tono amenazante de antes… Aunque aún así, seguía siendo fría, algo que no se escuchaba mucho en la Ciudad de las Nubes. Una vez más volvió a resonar, y esta vez yo sabía que era en mi cabeza.
-Ahora tienes dos opciones, chico… La primera, es quedarte aquí, que esos estúpidos diviums a los que llamas vecinos descubran lo que ha sucedido aquí, y te maten… Si, conozco vuestras normas y leyes. Por otro lado, puedes hacerme caso, y vivir un día más, aunque sea como un renegado. Quién sabe, algún día puede que incluso puedas traer de vuelta a tus papis con mis poderes…-

Mis ojos se abrieron al escuchar aquello, mientras apretaba mis puños… Para bien o para mal, aquel hombre tenía razón. Si me descubrían, me matarían… Y ahora no era momento para morir. No hasta que me vengara de la persona que mató a mis padres.

-¿Qué ganaré yo a cambio? ¿Abandonarás mi cuerpo? Aunque no sé para qué pregunto, me dirás que si con tal de que haga lo que quieres, ¿verdad, demonio?-

Dije esta vez en mi mente. Si era cierto lo que había dicho, cuanto menos hablara mejor, y él podía comunicarse conmigo de esa manera… aunque no me gustara la idea.

-Tú ganarás el poder seguir vivo… Y en cuanto complete lo que debo hacer, no necesitaré más tu cuerpo… Oh, y no te equivoques, chico, yo no soy un demonio… por desgracia para ti.-

Una nueva risa volvió a sonar en mi mente, mientras yo miraba a mi alrededor, esta vez pensando en las cosas que debería llevar. No me gustaba la idea, pero no quería morir allí… no ese día, y mucho menos, por culpa de aquella persona. Por mucho que me molestara, era momento de empezar una nueva vida… la vida de un paria. Lo único que esperaba es que se olvidaran pronto de mi y no me persiguieran.



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Re: El principio del fin. [Solitaria]

Mensaje por Vendric el Mar Jul 04, 2017 8:46 pm

No habían pasado ni cinco minutos desde que el tal Kylar me hizo su “oferta” y yo ya estaba corriendo por toda la habitación, como si no hubiera otra cosa en este mundo que me corriera más prisa. Llevaba plegadas las alas, pues nunca había sido muy partidario de usarlas… Si, sabía volar, y si, las utilizaba cuando estaba cansado, pero salvo en momentos clave, solía ir andando. ¿Aquello también era influencia de Kylar?

Primero recogí mi mochila… Era algo necesario y esencial, a fin de cuentas, sino no podría cargar nada. E iniciar un viaje en el que no volaría más de lo necesario, sin llevar nada para almacenar, no era buena idea.
La mochila estaba en mi habitación, colgada junto a la entrada, y en ella ya tenía guardada una muda de ropa, y algo de comida… ¿Por qué?... Oh, claro, mañana se supone que saldría de excursión con Reinor y sus hermanos… Pero me parece que no será así, al menos, ya no.

Cargando con la mochila, me coloqué la capa de viaje que mi padre me regaló. Sabía que no me gustaba mucho volar, y que tampoco me gustaban mucho mis alas, así que me regaló una especialmente grande, que cubría mi cuerpo y mis alas (si las replegaba sobre mi cuerpo, claro), aunque eso distorsionaba mi figura… me hacía parecer alguien distinto, más corpulento, y amenazante.

Recogí también mi bastón. Fue un regalo de mi padre también, me dijo que lo había encontrado, y que me ayudaría a controlarme. Y realmente nunca supe a qué se refería, hasta hoy. Supongo que no era a controlarme a mi a lo que se refería… Debería haber estado más atento a sus palabras, y haberme esforzado más durante mi vida… Si hubiera estudiado magia, o cualquier cosa, seguro que ahora esto no habría pasado… Pero no, me conformé con la promesa de “tener un gran potencial”...

Como fuera, seguí recogiendo cosas, y algo extraño pasó. Noté como un mareo, y a mi alrededor las cosas cambiaron… Todo cuanto me rodeaba se difuminó, como si no existiera en este mundo… Los colores se apagaron, como si no fueran importantes y por un momento me sentí fuera del mundo.
Me miré las manos, tratando de “traerme de vuelta”, pero algo extraño pasó… No veía mi cuerpo… o bueno, si, pero no como tal. Era como si todo cuanto formaba parte de mi cuerpo brillara. Pero no era un brillo bonito, del estilo luz celestial y demás… al menos, no todo. Una parte brillaba con ligera oscuridad, y ambas partes se entrelazaban… ¿Qué significaba aquello? No lo sabía.

-¿Qué te pasa, chico? ¿Te has quedado de piedra? Los que te persiguen no esperarán todo el día solo porque tú tengas miedo ahora…-

Aquellas palabras me resultaron extrañas… ¿Es que él no veía aquello? ¿O estaba acostumbrado ya?
Sin embargo, mientras pensaba aquello, todo volvió a la normalidad. Yo dejé de brillar, los muebles y demás objetos volvieron a tomar su forma y color pertinentes, y… me vi obligado a correr más aún de lo que debería, para no perder el tiempo.

Empaqueté también algunas vendas, y en general cualquier cosa que me pudiera servir para el viaje, ya que para bien o para mal, tardaría mucho en volver a pisar mi hogar…
Había cometido un crimen, o al menos, así sería a ojos de todos cuantos llegaran a aquella escena y le vieran… o simplemente escucharan de otros. ¿Quién iba a pensar que el raro de Vendric no habría hecho aquello por si mismo?  ¿Quién iba a creerle cuando dijera que había sido “alguien dentro de él”?...

Debía huir, pero antes de eso… debía despedirme de sus padres. Debía disculparme, debía hacerles saber lo que sentía… Debía pagar mi primera deuda, y lo menos que podía hacer era aquello.

Desde mi habitación, y habiendo recogido todo, comencé a caminar lentamente hacia la sala de estar, donde todo había pasado. No quería volver a encontrarme con ellos, pero tampoco quería irme así… al menos me despediría de ellos.

Cuando estaba llegando a la puerta, aquello volvió a pasar… Esa sensación de mareo, todo perdiendo color, difuminándose, haciendo que sus formas fueran algo más abstractas de lo normal… Y una vez más, podía verme… brillando con una mezcla de luz y oscuridad que parecían entrelazarse.
Tras unos segundos en que aquello no cambió, decidí avanzar hacia el salón, apoyándome en la pared…
Aunque ya no parecía formar parte del mundo, todo seguía manteniéndose como era… las paredes eran sólidas, igual que el suelo, y todo cuanto me cruzaba… pero yo no los veía igual… ¿Qué estaría pasando?

El ruido de mis pasos cada vez podía oirse mejor, pues la tormenta fuera estaba amainando. Ya no se escuchaba la lluvia golpear furiosa contra las paredes, sino que era más bien como si simplemente las acariciaran… El viento había dejado de gritar, para pasar a susurrarme cosas al oido…

Así fue como, cuando entré a la sala de estar, los vi. Mi padre y mi madre estaban allí, de pie uno junto al otro, agarrándose de la mano, sonriendo… Sonriendome… Pero no estaban como siempre, ya que al igual que yo, ellos también parecían brillar, como si fueran de luz.
Una sonrisa se formó en mi cara hasta que, bajando un poco la vista, me di cuenta.
Sus cuerpos estaban en el suelo… Ellos estaban muertos… entonces, ¿Qué estaba viendo?

Como si ellos pudieran escuchar mis pensamientos, se acercaron a mi, sin siquiera rozar el suelo, y mi madre colocó su mano sobre mi mejilla. No sentía su calidez, pero sin embargo, era como si algo me tranquilizara.

-Mi pequeño Vendric… Debimos haberte avisado de lo que tenías dentro. Desde un principio supimos que algo iba mal, pero… No quisimos preocuparte. Queríamos protegerte, y en lugar de eso hemos sellado tu destino…-

Podía escuchar la voz de mi madre, pero sin embargo, no me reconfortaba tanto como yo pensaba… más bien lo contrario, sentía una profunda tristeza en mi interior… Todo mi ser sentía su pérdida, y sin embargo, ellos parecían estar allí, ni siquiera molestos por lo que acababa de hacer… Lo que es más, ¡sabían lo que tenía en mi! ¡Sabían de mi maldición, y no me dijeron nada!

Bajé la mirada al suelo, algo enfadado, cuando escuché la voz de mi padre. Su voz grave, autoritaria, pero sin embargo, con ese ligero toque de cariño que la caracterizaba cada vez que se dirigía a mi madre o a mi.

-Vendric… No te culpamos por lo que ha pasado… No debes juzgarte, pues tú eres bueno. La vida será dura para ti, pero…-

No le dejé terminar. Con los ojos llenos de lágrimas, negué con la cabeza, mientras me acercaba a la ventana.

-¡CALLATE! NO QUIERO SABER MÁS DE VOSOTROS. Mi existencia será un infierno por vuestra culpa…-

Conforme hablaba, mi voz se iba rompiendo, no podía mantenerla… hasta que finalmente se ahogó en mi garganta… No podía enfrentarles, no podía escuchar a mis padres, no podía perdonarles… Así que huí. Salí corriendo y salté por la ventana.

Aunque la lluvia estaba cesando, aún quedaban algunas nubes que querían acompañarme… Era como si la propia ciudad me diera la despedida, como si ella también me rechazara. A fin de cuentas, era Vendric, el desdichado que mató a sus propios padres. La persona que cometió un crimen atroz hacia su familia y su linaje…

Hoy empezaría mi nueva vida, y ni siquiera estaba seguro de que supiera vivirla… ¿Qué digo? Estaba completamente seguro de que no estaba preparado. Una cosa era vivir en las comodidades de tu familia, en la Ciudad de las Nubes, y otra muy distinta era bajar a lo que mis padres siempre llamaron “el mundo humano”.

No conocía sus normas, no conocía sus gentes… ni siquiera sabía una manera de sobrevivir… ¿qué esperanza tenía?

-Vamos, vamos, Vendric, no necesitas ponerte tan nervioso… Puede que hayas perdido a tus padres, pero yo no te abandonaré…-

Escuché la voz de… ¿cómo era? ¿Kylar? en mi cerebro, y eso me enfadó más aún. Quería gritarle, pero eso sería contraproducente si mi intención era evitar que todos se dieran cuenta de mi huida, y de lo que había hecho… bastante tendría que preocuparme más adelante.

Casi como si me hubiera leído los pensamientos, su voz volvió a sonar en mi cabeza, fría, como si se divirtiera con todo aquello.

-Oh, vamos, ¿qué puede ser tan malo como para que estés así? Ahora tendrás libertad, la posibilidad de conocer gente nueva, y aprenderás a vivir por tu cuenta…  O me apropiaré de tu cuerpo.-

Tras unos segundos de pausa, escuché su risa, y siguió hablando.

-Claro, que eso tengo pensado hacerlo de todos modos. De hecho, es la única razón por la que sigues vivo…-

Esta vez no pude evitarlo, y salté. No gritando, como pensé que lo haría, sino en mi mente, como él me estaba hablando.

-¡Callate! No tienes derecho a estar aquí. No tienes derecho a meterte en mi cabeza, ni a matar a mis padres, ni a controlar mi cuerpo…-

Solo escuché una risa ante aquello, y mientras emprendía mi viaje hacia tierra firme, una nueva respuesta.

-Y aún así, lo estoy haciendo… ¿Qué vas a hacer al respecto, Vendric?...-



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Re: El principio del fin. [Solitaria]

Mensaje por Vendric el Miér Jul 05, 2017 1:58 pm

La vida era efímera… Y mis padres lo habían descubierto de la peor manera por mi culpa… Ahora debía cargar con las consecuencias de mis actos, con miedo a aquello que había hecho… Pero, ¿había sido yo quien lo había hecho? Tenía recuerdos de todo, pero no podía mover mi propio cuerpo… ¿Por qué iba a matar a mis padres? Les adoraba y…

-¿Qué más da lo que pienses, chico?... Lo único que estos seres tendrán en cuenta cuando te condenen a muerte será que tú mataste a tus padres… Ni siquiera se pararán a pensar si realmente lo hiciste tú. Nadie ha entrado ni salido de esta casa… no con esta tormenta… Huye, huye y no vuelvas, si quieres vivir…-

Dijo una voz en mi cabeza… Esas son las últimas cosas que recuerdo ahora mismo con seguridad… No han pasado ni dos días, y seguro que me están buscando. Los divium no suelen dejar nada al azar, a fin de cuentas… Me buscarán, me perseguirán, y me llevarán ante la justicia… O me darán por muerto en cuanto toque el suelo… Total, ¿qué les importa? La mayoría de ellos ni siquiera sale de la Ciudad de las Nubes.

Debí hacer caso a los signos… Debí darme cuenta de que estaba maldito… ¿Cómo sino iba a ser tan especial? ¿Cómo sino mis alas iban a ser oscuras, cuando las de mis padres eran claras? ¿Por qué sino me habían apartado de los demás niños cuando crecía?...
Pero no es momento de pensar en eso… Tengo hambre, mucha… Apenas llevo algo de dinero conmigo, y puedo considerarme agraciado si digo que llevo mi capa de viaje, y el bastón…
¿Y lo más gracioso de todo? Ni siquiera sé cazar… En realidad, puedo entender si los diviums no me persiguieran… El salir de mi tierra, metafóricamente hablando, ya es una condena de muerte para mi.

-Oh, ¿a qué vienen esos pensamientos tan lúgubres, pequeño?... ¿Piensas que he hecho todo eso para dejarte morir?... No, aunque tenga que apoderarme de tu cuerpo, y desterrarte hasta el lugar más profundo de tu existencia, no morirás… No hasta que yo cumpla mi objetivo…-

Aquella voz, aquella fría y terrorífica voz, volvía a sonar en mi cabeza. ¿La maldición me estaba haciendo volverme loco? ¿O aquella era mi propia voz?... No… yo no sonaba así, ¿verdad?
Me acurruqué un poco, sentandome en el suelo sobre el que había aterrizado… Habían pasado dos días desde aquel momento, y no había sido capaz de moverme de allí. No tenía fuerzas, no quería vivir, y ni siquiera había comido durante dos días… ¿Qué posibilidades había de que sobreviviera?

Escuché de fondo unas voces, que se acercaban… Bueno, seguramente no podría decir eso. De hecho… era yo quien se movía hacia ellos, y… no entendía por qué. Intentaba detenerme, pero mi cuerpo no me respondía. Intenté hablar, pero la voz no salía de mi cuerpo. Lo único que pude hacer fue escuchar otra vez aquella voz, fría y cortante, en mi cabeza.

-Si tú no quieres seguir adelante, que así sea… yo tomaré el control de tu cuerpo, y me encargaré de sobrevivir hasta que sea el momento… Pero recuerda una cosa… Ni siquiera la muerte puede librarte de mi.-

[...]

Una vez más, había tomado el control del cuerpo… Era increíble lo fácil que era hacerlo ahora. Desde que conseguí romper la barrera y liberar mis poderes, la brecha entre el alma de Vendric y la mía se había vuelto mucho más débil, así que podía apropiarme del cuerpo sin esfuerzo.

Sin embargo, también sabía que eso a la larga era malo. El haber liberado mis poderes, implicaba que también había dejado libres los de Vendric… Y eso a la larga sería malo para mi. Esperaba que muy a la larga.
El motivo por el que le había elegido a él era por algo muy simple: su conexión espiritual era mucho más fuerte que la del resto… ergo podría desarrollar mejor el espiritismo… Esa rama de la magia que no consideré en su día. Si… esa maldita rama sin la que, tras muchos años de estudio descubrí, no podría resucitar a Asla…

En cualquier caso, todo sería un mal menor con tal de poder verla de nuevo…
El chico trataba de hablar, pero aún estaba confuso, no sabía lo que le sucedía, por qué él había matado a sus propios padres, y porqué ahora no podía controlar su cuerpo.
En realidad no le culpo, él no es más que otro peón más que sacrificar en busca de mi objetivo, como también lo fueron sus padres… Tenía que comprobar que mi magia seguía funcionando, y por desgracia, eso no era así… Maldita sea, hasta me costaba reanimar un simple cadáver… O espera, ¿podía hacerlo? Ni siquiera lo he intentado aún… Pero creo que es hora de intentarlo.

Sonreí un poco cuando vi que, a lo lejos, una pequeña procesión caminaba hacia lo que yo entendía sería un cementerio… Total, había muchas cosas parecidas a tumbas, y una especie de mausoleo, todo ello rodeado de una bonita verja de metal. Por lo visto, no querían que nadie se escapara, o algo así… Pero eso no fue lo que me alegró… Sino la propia procesión.

En ella, un grupo de… ¿Cuantos serían? ¿diez? ¿tal vez veinte? personas transportaban un ataud… y tras ellos caminaba la que yo intuía sería la mujer y familia… ¿Por qué? Mujer de mediana edad, rodeada de niños, siguiendo un ataud. Blanco y en botella…

Era hora de jugar. Gracias, Vendric, por tener este cuerpo de niño bueno, sino todo sería mucho más complicado.
Aún estaba lejos, y aquellas personas parecían humanas, así que seguramente no me habrían visto aún. Así que alcé algo el vuelo, y con todo el sigilo que podía, me coloqué a varios metros por detrás de ellos. Entre los llantos, aquellas extrañas oraciones, y demás… Nadie se dio cuenta de que estaba allí.

Bien, era hora de empezar a jugar… Concentré mi magia, y rezando por que hubiera un cadaver en ese ataud, le ordené mentalmente que se alzara… Y él respondió a mi llamado, golpeando la tapa de la caja que le contenía.
Contuve una sonrisa, mirando aquella escena: aquellos que portaban el ataud, lo habían dejado en el suelo, asustados, y lo miraban con recelo. La mujer y los niños se habían echado al suelo, llorando, pues pensaban que un ente maligno estaba poseyendo a su difunto familiar… Y yo, me regodeaba viendo como todo aquello pasaba.
Mis poderes seguían existiendo… aunque muy débiles.

-Mira bien, Vendric… así es como se obtiene comida.-

El cadáver rompió la tapa del ataúd, y salió de él, profiriendo una especie de grito. Para ellos seguramente significara que estaba poseído, pero yo sabía lo que significaba: quería librarse de mi control, quería descansar en paz… Pero pronto lo harás, tranquilo… Aún debes cumplir mi propósito.

Tan pronto como ellos se descolocaron, aparecí detrás, alzando mi báculo, y gritando.
-¡Detente, ser infernal! Deja de esclavizar a este ser, y permite que sus familiares le den el descanso que se merece…-

Los demás, aunque un tanto absortos por la situación, no se movieron… pensaban que era un exorcismo real. Si ellos supieran que todo cuanto estaba haciendo, por lo que estaba esforzándome, era por seguir manteniendo en pie aquel cuerpo…
Pero la cara de niño bueno de Vendric, su voz, su aspecto… todo me ayudaba a cumplir aquel papel. Era perfecto.

-Soy un servidor del gran Rathma, y te obligo a salir de ese cuerpo... -

Al decir aquello, mentalmente obligué al cadáver a acercarse a mi, como si tratara de atacarme… Pero le detuve en el último momento. Golpeando con mi báculo en su pecho, grité de nuevo.

-Tus artes oscuras no te permitirán seguir en este cuerpo… ¡YO TE EXPULSO!-

Aprovechando ese momento, en que casi me quedaba sin fuerzas para mantenerlo, culminé mi actuación. El cuerpo cayó inerte al suelo, y yo me dejé caer sobre las rodillas, como si sufriera un gran dolor.
La mujer, preocupada, se acercó a mi. Pero yo sabía que no estaba preocupada por mi, sino por su marido.
Aprovechandome de aquella situación, le dediqué una cordial sonrisa, una de esas que tantas veces había observado a Vendric hacer, y asentí con la cabeza.

-No temas, mujer… el alma y cuerpo de tu marido descansarán en paz… ningún espíritu maligno volverá a perturbarle… Pues la gloria del gran Rathma le protege… Solo le pido un favor… Le agradecería algo de comer, cualquier cosa… por favor...-

Los ojos de la mujer se iluminaron al escuchar que Rathma protegía a su marido… Seguro que no estaría tan contenta si supiera que Rathma no existía… o que yo era el responsable de todo aquello… Pero me dio lo que necesitaba, comida, agua… incluso algunas provisiones para mi camino, pues como le dije, “Los servidores de Rathma debemos viajar por todo el mundo para ayudar a quienes lo necesitaban”...
Era increíble lo estúpidos y crédulos que podían resultar los humanos en ocasiones… Pero ¿qué más me daba? Mi objetivo seguía adelante.

Antes de partir, me despedí de aquella procesión como haría Vendric, con una cordial sonrisa, y deseandoles la mejor de las suertes, y fuerzas para poder sobreponerse a aquello. Sin embargo, cuando me di la vuelta, mi sonrisa cambió a una mucho más fría, y verdadera.

Me alejé volando del lugar, no sin antes decir unas palabras en mi mente.

-¿Ahora lo entiendes, Vendric?... Ni siquiera la muerte puede librarte de mi…-



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