Conectarse

Recuperar mi contraseña

Últimos temas
» A Hope's Tail
Ayer a las 8:32 pm por Gar'Shur

» El deber de un jefe
Ayer a las 3:44 pm por Varok

» Strindgaard
Ayer a las 2:29 pm por Strindgaard

» Ficha Varok del Clan Martillo de Trueno
Ayer a las 1:19 pm por Bizcocho

» Pero sin presiones eeh!
Ayer a las 12:37 pm por Lujuria

» *dances the seaweed dance* (〜 ̄△ ̄)〜
Vie Nov 17, 2017 2:01 pm por Balka

» Aracnofobia [Campaña]
Jue Nov 16, 2017 9:56 pm por Almena

» - Apocalipsis now -
Jue Nov 16, 2017 7:42 pm por Abdel Azim

» 5 días bajo la nieve [Grupo 1][Campaña][Kasumi, Arete, Pereza, Eudes, Niris, Suwan]
Jue Nov 16, 2017 7:07 pm por Arete

» El cordero
Jue Nov 16, 2017 9:46 am por Bizcocho

» Apocalipsis now
Miér Nov 15, 2017 10:39 am por Abdel Azim

» Varok viene a saludaros
Miér Nov 15, 2017 9:14 am por Bizcocho

» Maleficarum [Solitaria +18]
Miér Nov 15, 2017 6:36 am por Lujuria

» Cassandra vs Aulenor
Mar Nov 14, 2017 3:09 am por Aulenor

» Demonología: Adulterium [+18]
Lun Nov 13, 2017 5:46 pm por Lujuria




Cuentos de Noreth
Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth

Las afiliaciones hermanas se hacen por invitacion de nuestros administradores hacia otros Admins de los foros que decidamos, o por invitaciones de ellos hacia nosotros, sin embargo nos reservamos el derecho de admision de estas mismas pues seran solo una limitada cantidad y minima. Para mayor informacion acuda a la sección de Afiliaciones


Nada dura para siempre (priv. Vendric)

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Nada dura para siempre (priv. Vendric)

Mensaje por Celeste Shaw el Miér Jul 05, 2017 11:54 am

Hacía dos días que Lilith no pronunciaba una palabra, ni tomaba el control de Celeste que, por alguna extraña razón, a pesar de que odiara que la otra matara, la echaba de menos. Ya se había acostumbrado a sus respuestas impertinentes, incluso a veces notaba que la hacían sentir un poco mejor.

Sabía que la muerte de Zelycan había sido un golpe duro. No sólo para ella, sino también para Lilith. Ambas le habían querido, cada una a su modo, y él las había querido a ambas. Claro que, en ese momento, no estaban tan separadas la una de la otra. No sabía realmente qué estaba pensando su alter, pero no la iba a llamar, no por el momento. Sin embargo, no hizo falta. Fue ella la que apareció.

—Eh, niña. ¿Piensas en él?

—¿Tú qué crees? ¿Que en dos días voy a olvidarlo?


—No. Pero adelante, ¿sí? Tú sigue el camino, no te dejes caer. También ha sido duro para mí que muriera, y no voy a dejar que te hundas como la otra vez.

—Vamos, Lilith. Sabes que no puedes hacer nada por evitar que eso pase.


Celeste suspiró, y siguió caminando. Abrió las alas por un momento, las cuchillas relucieron a la luz del sol, y las volvió a cerrar. Bajó la cabeza, y su vista topó con la daga. Se preguntó si podría hacerlo. Si sería capaz. Con un movimiento rápido, su mano agarró el mango del arma, y miró el filo. No podría suicidarse, claro estaba. Ni podía ni quería. Pero su mirada siguió clavada en la cuchilla, que se acercó a su antebrazo derecho.

—Detente, Celeste —ordenó Lilith, imperiosa.

—No. No voy a matarme, no te preocupes.

El contacto del frío metal con su antebrazo hizo que se estremeciera, Sin embargo, no dudó. A pesar de las órdenes de Lilith exigiéndole que se detuviera, no lo hizo. La punta empezó a clavarse en su piel y en su carne, traspasándolas y haciendo que unas gotas de sangre se deslizaran hasta su muñeca y su mano. Contuvo un quejido y se mordió fuerte el labio, mientras clavava un poco más el arma, y…

[***]

...no le dio tiempo a hacer más. Lilith, con cara de mala leche, apartó la daga de su antebrazo, y usó una tira de tela negra para vendar la pequeña herida. No creía que Celeste fuera capaz de llegar a ese extremo, pero debía evitar que volviera a hacerlo. Si debía mantener el control durante semanas, lo haría. Pero no estaba dispuesta a tolerar que se cortara ni nada semejante, ya que eso les dolía a ambas.

Echó a volar, después de guardar el arma, buscando algún lugar en el que alojarse. Tenía hambre, por lo que buscaría también comer en ese sitio. Vio una posada, y bajó. Entró con su habitual cara de pocos amigos y, al ver que estaba concurrida y que sería una tontería que Celeste intentara hacerse daño allí, le dejó el control.


[***]

Pidió algo para comer, pero no mucho, ya que no tenía un hambre excesiva, y terminó rápido. Lo concurrido de la posada la agobiaba, y no tardó en salir de allí. Suspiró, bajando la mirada, y voló hasta un claro del bosque, por el que pasaba un riachuelo. Se sentó en una roca, mirando hacia el agua, con las alas caídas y la cabeza bajada. Sin embargo, no parecía triste, esa no era la palabra exacta: tenía un aire derrotado, como si todo a su alrededor pesara demasiado para ella.

Le habían pasado muchas cosas desde ese día en el que perdió al que fue su amor. Demasiadas quizá. Algunas buenas, otras no tanto. Otras desastrosas, para qué engañarnos. Y, aunque odiara las lagunas con las que la dejaba Lilith, el no recordar qué hacía durante esos ratos, o quizá días, esa voz en su cabeza la hacía sentir más acompañada. Aún así, era plenamente consciente de que no se trataba de alguien en quién podía apoyarse.

Después de volver había ido a recoger a Adrien. Estaba muy poco con él, se preguntó si estaría siendo para el niño lo mismo que su maestro para ella. Pero recordar sus ojos iluminados de alegría, su sonrisa genuina, sus fuertes abrazos, la convenció de que no era así, de que lo estaba haciendo bien. O tan bien como sabía. Esbozó una media sonrisa, acordarse de él le había refrescado la idea de que no podía dejarse derrotar por las adversidades. Tenía a alguien que esperaba estar con ella.
avatar
Celeste Shaw

Mensajes : 309
Edad : 19
Link a Ficha y Cronología : Ficha
Cronología

Nivel : 2
Experiencia : 310 / 1000

Volver arriba Ir abajo

Re: Nada dura para siempre (priv. Vendric)

Mensaje por Vendric el Miér Jul 05, 2017 12:16 pm

Aún podía escuchar los gritos en mi cabeza de la gente del último pueblo. Habían pasado dos años ya… dos años en los que comencé este exilio, y aún así, todavía no me acostumbraba a todo esto…
Si, durante los últimos años me había encargado de practicar unas habilidades que ni siquiera sabía que tenía, había llorado a mi manera la muerte de mis padres, e incluso había terminado haciendo algún que otro pacto con aquel ser que tenía dentro… Kylar, sobre el control del cuerpo y qué cosas hacer… Y sin embargo, seguía sin estar conforme con todo ello.

Cada vez que Kylar tomaba el control del cuerpo realizaba actos que para mi eran imperdonables… Mataba y torturaba a gente únicamente por expandir su habilidad, y forzar a mi cuerpo a que la aceptara… Y lo peor de todo es que no podía hacer nada para evitar ver, y sentir todo aquello.

Me había informado, ¿sabéis? En algunos pueblos a los que fui, o zonas en las que aparentemente la magia no era algo tan extraño, busqué todos los datos relevantes que podía sobre casos parecidos al mío… Posesiones, personalidad múltiple… Pero todas aquellas cosas tenían algo en común… Algo que en mi no se cumplía: cuando una personalidad tomaba el control, la otra dormía, y no recordaba nada de cuanto había pasado.
¿En mi caso?... No podía decirse que Kylar o yo durmiéramos cuando el otro controlaba el cuerpo… Era más bien como sentirse atado, y no precisamente en una manera entretenida.

No podías moverte, no podías hablar… pero veías y sentías todo aquello que la persona que controlaba el cuerpo hacía… Era horrible. En solo dos años he visto más crímenes que en los anteriores dieciséis de mi vida. ¿Pero qué podía hacer? Ahora solo me quedaba sobrevivir… por desgracia.

En estos dos años había adquirido muchas costumbres que serían extrañas para un divium, pero supongo que para mi no tanto, teniendo en cuenta que tenía el alma de alguien intentando expulsarme de mi propio cuerpo para hacerse con el control de él…
Por ejemplo, trataba de no volar más de lo necesario. Por lo general, solía hacer todos los viajes a pie, utilizando el bastón como ayuda. Tampoco hay que entenderlo mal, sí que volaba, muchas veces hasta cansarme, pero lo hacía únicamente para que mis alas no se entumecieran, y en lugares donde, si podía evitarlo, nadie me veía.

No estaba seguro de hasta qué punto los seres alados eran algo común en el mundo de los humanos, pero seguramente no mucho… Eso llamaría la atención, y podría implicar gente persiguiendome… Luego no era buena idea.

Por otro lado, casi siempre que andaba, lo hacía con mis alas bajo la capa de viaje. Fue confeccionada por orden de mi padre para que pudiera tapar mis alas, pues desde pequeño siempre me acomplejé de ellas… ¿Por qué? Por su color grisaceo oscuro… yo quería unas alas blancas, como las de mis padres… Hasta que más tarde descubrí por qué era.

Con la capa de viaje, que apenas si dejaba ver mi cuerpo, y el bastón adornado con una calavera, era lo más parecido a gritar “soy un nigromante, venid a saludarme” que podía ver en mucho tiempo… Así que vagaba por el mundo bajo una excusa que, por mucho que me moleste admitirlo, se inventó Kylar: Era un seguidor de Rathma, una persona dedicada a dar descanso a los muertos.

Por supuesto, Rathma no existía, pero eso no parecía importar mucho a las familias que lo daban todo, basándose en la esperanza de que sus seres queridos pudieran descansar en paz…

En mi defensa diré que la gran mayoría de las veces si ayudaba a esos fallecidos… Transmitía sus últimos mensajes a las familias, o les ayudaba a terminar aquello que les ataba al mundo aún… Ventajas de ser espiritista, supongo.

Aún con esas, la mayor parte de la gente se apartaba de mi, como si tuviera algún tipo de enfermedad, o trajera la mala suerte… Claro que teniendo en cuenta el aspecto con el que viajaba, y que me dedicaba a contactar con muertos… supongo que tenían razón.

-¿Sabes una cosa, chico? No me gusta cuando estás tan callado… ¿Qué te ronda por la mente? ¿alguna nueva idea para echarme de tu cuerpo?-

Dijo la voz fría de Kylar en mi cabeza. A pesar de lo mucho que me molestaba al principio, ahora no era más que una voz de fondo… como una ligera compañía, no del todo deseada.
Negué con la cabeza, suspirando, y miré a mi alrededor.

Estaba oscureciendo, y yo me encontraba a las afueras de un lugar no muy grande, por lo que veía, que apenas si tenía una posada y algunos lugares en los que pasar la noche… Sería un puesto para viajeros, sin duda.
Me detuve, observandolo todo desde lejos, y me digné a contestar a mi “compañero de celda”, de nuevo en mi cabeza.

-Sabes tan bien como yo que no podré echarte… ¿No fue eso lo que nos dijeron? Además, tienes las de perder, ¿por qué iba a preocuparme ya? Tú desaparecerás, yo seguiré vivo, y todos tus esfuerzos habrán sido en vano… Todos contentos.-

Aquella era mi manera de… bromear con él, si es que se le podía llamar así. Sin embargo, toda broma tiene parte de verdad, y en este caso lo cierto es que seguramente, como dije, no podría echarle de mi cuerpo, de algún modo, lo sentía así.

Me camuflaba en la oscuridad, sin moverme, cuando a lo lejos vi la puerta de la taberna abrirse y cerrarse varias veces… Ahora mismo había demasiada gente, no sería buena idea entrar… Por tanto, me senté junto a un árbol, apoyando mi espalda en el tronco, y me comí una de las escasas raciones de viaje que me quedaban ya… Debía reponer pronto… Pero mañana sería otro día.

Desperté al día siguiente… o más bien por la tarde, y miré a mi alrededor, algo perdido y extrañado. Por un lado, y la parte buena, es que estaba intacto, en el mismo lugar que había pasado la noche… Por otro, me había dormido durante casi un día entero… ¿Por qué?

-Es lo que tiene no descansar tras el cambio de ciclo, Vendric. Tu cuerpo termina obligándote. Da gracias a que no nos hayan hecho nada…-

Vale, ahí tenía algo de razón, lo admito… Decidí emprender el camino de nuevo, pero por razones obvias de tránsito de gente, tanto el camino, como la propia taberna estaban prohibidas para mi, así que decidí internarme un poco en el bosque… Hasta que la vi.

Delante de mi había una mujer, una… ¿tenebri? ¿Me estaban buscando?... Seguramente me habría escuchado llegar, así que sería estúpido disimular… Pero escondería mi posición lo mejor que pudiera.

Até bien los extremos de mi capa de viaje, para que cubrieran mis alas, y me decidí a saludarle. ¿Por qué? Porque soy imbécil.

-Oh, hola… ¿te encuentras bien?-



Vendric/Kylar
#9c9497 /#9e083d

Sobre Vendric:
avatar
Vendric

Mensajes : 16
Link a Ficha y Cronología :
Ficha/Cronología

Nivel : 1
Experiencia : 200 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Nada dura para siempre (priv. Vendric)

Mensaje por Celeste Shaw el Miér Jul 05, 2017 4:33 pm

No sabía cuánto rato estuvo con la mirada perdida en el riachuelo, viendo cómo los renacuajos nadaban de un lado a otro del agua. Concentrarse en alguna tontería como esa la ayudaba a no pensar en sucesos tristes o malos, que eran muchos los que le habían ocurrido. No tenía suerte, no la había tenido, excepto con Adrien. Él era su fuente de alegría y de ganas de vivir. Su único apoyo.

El chasquido de una rama al ser pisada la sobresaltó. Dio un pequeño bote y miró en esa dirección. Entonces vio esa figura de forma extraña, cubierta con una capa de viaje que, a su espalda, se abultaba como si hubiera algo ahí, como si no fuera solamente la espalda. Porque, desde luego, una chepa eso no parecía. Lo evaluó con la mirada, aún sin levantarse, y vio que no parecía hostil. No por el momento. Lo que no se esperaba era que preguntara por ella. ¿Desde cuando alguien, sobre todo un desconocido, se interesaba por su estado?

—Oh, hola… ¿te encuentras bien? —esa voz le pareció cálida, más de lo que en un principio esperaba.

—Sí, no es nada —respondió, levantándose. Su tono no sonaba muy convencido—. No te preocupes, estoy bien —sus alas, normalmente erguidas y ahora totalmente caídas, demostraban lo contrario.

El chico la observó desde su posición, alzando una ceja al notar cómo sus palabras no coincidían en absoluto con su modo de actuar.

—Cualquiera diría que no es así… ¿Estás segura de que estás bien?

Comentó antes de señalar en el brazo de la divium aquella tela negra.

Miró la tela, y frunció el ceño. Como siempre que estaba nerviosa, palpó su cinturón para ver que estaba todo en su sitio, y entonces le sostuvo la mirada al chico.

—No es asunto tuyo —respondió de forma hosca.

El chico dio un pequeño paso atrás al escuchar aquella contestación, y luego suspiró un poco. Una risa calmada y tranquila surgió de él, a modo de respuesta.

—En realidad… tienes toda la razón, siento si te he molestado… Sólo pensé que necesitabas ayuda…

—Sólo estoy un poco desanimada —dijo en el mismo tono que antes—. Se me pasará pronto.

—Sabes que no es así —dijo Lilith en su cabeza—. Anda, déjate ayudar un poco. Pero no hagas lo de siempre y termines confiando demasiado en él.

Suspiró y rodó los ojos, un poco fastidiada por Lilith. Le sostuvo la mirada al chico, y pensó que si se había parado a preguntar qué le ocurría era que tan mala persona no podía ser.

—Hace dos días murió alguien a quién quería —acabó diciendo a regañadientes.

El chico sonrió un poco bajo su capucha, aunque seguramente la divium no lo viera. Extendió una mano hacia ella, antes de preguntar.

—¿Te importa si me aproximo? No me gustaría invadir tu espacio personal… Sin embargo, eso que dices es algo triste. Aunque suene un poco extraño viniendo de un desconocido, si necesitas desahogarte, puedes contar conmigo.

Lo miró, alzando las cejas, poco acostumbrada a que le hablaran así. Y menos vinendo de gente a la que veía por primera vez. Le esbozó una pequeña sonrisa, y no lo invitó a acercarse, sino que fue ella la que dio un paso acercándose a él.

—Es que no sé qué más decir sobre ello —dijo con franqueza—. No quiero pensar en los detalles.

Cuando vio aquella pequeña sonrisa en el rostro de la mujer, el chico se relajó… o al menos, eso parecía en la figura que se veía de él. La imitó dando un paso hacia adelante, y tendió la mano que tenía adelantada hacia el brazo vendado de la mujer.

—Es normal no querer pensar en esos detalles… especialmente cuando la pérdida es reciente… Siento haber sido tan descortés, sólo quería ayudarte.

—No te preocupes —la sonrisa se disipó, pero no para dar paso a la expresión triste de antes, sino a una serena.

Lo vio alargar la mano hacia su brazo vendado, e hizo el amago de apartarlo y alejarlo. Sin embargo, terminó por ponérselo, dubitativa, en la mano, mientras lo miraba a los ojos.

El cambio de expresión hizo que el encapuchado se detuviera, aunque una vez más, volvió a recomponerse, manteniendo el ofrecimiento.

Cuando la mujer le cedió su mano, se a arremangó un poco, y sujetó el brazo, firmemente, pero sin apretar. Era evidente que el chico no tenía intención de hacerle daño. Ahora que estaban cerca, Celeste podría ver las facciones del chico… y sus extraños ojos de un color plateado.

Con mucha delicadeza, retiró el vendaje, y observó la herida. Suspiró un poco y, de debajo de su capa, sacó un vendaje nuevo.

—Es algo profunda, pero no parece grave… Podría curarla bien, si quieres. Sería una pena que se infectara y te diera problemas…

Se acercó un poco más cuando le sujetó el brazo, y lo miró a los ojos, de un extraño color plateado. Asintió con la cabeza, mostrando su conformidad, y bajó la vista hacia la herida, de nuevo.

—Claro, adelante.

El encapuchado soltó su mano, y caminó alrededor del claro, como si buscara algo. Se agachó, y recogió algo del suelo, y después se acercó a ella. Cuando volvió a estar a su vera, parecía mascar algo.

—Espero que no seas escrupulosa…

Susurró sacandose una especie de pasta verdosa de la boca, colocándola sobre la pequeña herida, para después comenzar a vendarla, casi con delicadeza.

—Puede que escueza un poco…

—No, tranquilo que no soy escrupulosa.

Lo miró mientras caminaba por el claro, y extendió de nuevo el brazo cuando se acercó. El chico la intrigaba bastante. No sabía ni siquiera por qué la había ayudado, cuando muchos otros la habrían ignorado. Pero agradecía que alguien se hubiera preocupado. Se quejó un poco por el escozor, pero cuando tuvo el brazo vendado lo dejó caer de nuevo al lado de su cuerpo, y lo miró a los ojos, de nuevo con una pequeña sonrisa.

—Gracias —dijo sinceramente—. ¿Por qué lo has hecho? Quiero decir… no tenías ninguna obligación de ayudarme, y sin embargo te has quedado. ¿Por qué?

El joven se detuvo unos segundos, y se encogió de hombros. Una suave risa volvió a escucharse venir de bajo la capucha.

—Hmm… Necesitabas ayuda, ¿no? Es una razón más que necesaria para quedarme… En el mundo de los humanos rara vez se ayuda a nadie sin que se tenga una segunda intención… supongo que lo dices por eso.

Tras una breve pausa, el chico volvió a hablar.

—Es por eso que todo el mundo es desconfiado… La única respuesta válida y verdadera que puedo darte al “por qué” es simple y llanamente… Porque parecías necesitarlo.

Lo miró a los ojos, frunciendo un poco los labios, y luego bajó la mirada. No era un gesto propio de la mayoría de humanos, lo que había hecho el chico. Y menos aún el motivo que llevaba.

—Ya veo. No es lo que un humano, generalmente, haría, ¿sabes? Hay casos particulares, claro, pero no es lo habitual. Esto… me hace preguntarme algo: ¿eres humano?

El chico siguió con la mirada los movimientos de la de Celeste, sin moverse del sitio, ni decir nada.

—Esa es una pregunta extraña… Pero no, no soy humano. ¿Puedo preguntar por qué quieres saberlo?

Se notaba que en la voz del chico no había desconfianza, ni miedo… solo pura curiosidad.

—Curiosidad. No actúas como un humano, o no del todo, por lo que pensé que era muy probable que no lo fueras. Y no me equivoqué —esbozó una media sonrisa—. Y ya es fijarse mucho, pero la capa te queda de una forma parecida a como me queda a mí cuando me pongo una capa.

En ese momento, el chico dio un paso atrás. Ahora sí que parecía algo preocupado.

—¿Vienes de la Ciudad de las Nubes?...

Lo miró, extrañada por su comportamiento. Por lo que podía ver, él tenía algún problema con alguien de allí. Frunció un poco el ceño.

—No… Te sonará extraño, pero nunca he estado allí. ¿Por qué lo dices?

Tras unos segundos, volvió a colocarse de manera más calmada, mirando a la mujer a los ojos.

—Me buscan, por un crimen que se cometió con mi cuerpo. Pensé que habían enviado a los tenebri a por mi… Hasta ahora nunca me había encontrado con un divium en mis viajes…

—¿Qué ocurrió? —preguntó, más por curiosidad que por otra cosa—. Y la verdad es que es extraño ver a un Divium fuera de la Ciudad de las Nubes, así que no me resulta raro ser la primera que encuentras en tus viajes.

De nuevo un silencio precedió a las palabras del chico.

—Alguien mató a mis padres usando mi cuerpo… Como verás, no es algo fácil demostrar que no he sido yo, ¿eh?...

Se hizo el silencio mientras Celeste inentaba asimilar lo que le decía, y lo miró a los ojos al cabo de unos minutos.

—Así que alguien controló tu cuerpo para matar a tus padres… Es raro. Y difícil de probar que no has sido tú. Demasiado difícil como para que nadie te crea.

El chico soltó una pequeña risa, en la que se notaba la tristeza a pesar de todo.

—¿Verdad que si?... Bienvenida a mi vida…
avatar
Celeste Shaw

Mensajes : 309
Edad : 19
Link a Ficha y Cronología : Ficha
Cronología

Nivel : 2
Experiencia : 310 / 1000

Volver arriba Ir abajo

Re: Nada dura para siempre (priv. Vendric)

Mensaje por Vendric el Mar Jul 11, 2017 2:02 pm

Estaba en uno de esos extraños momentos en los que Kylar no parecía estar especialmente molestón… al menos, no le escuchaba en exceso, y eso siempre era bueno, ¿no?...
En realidad, hubo algunos momentos en los que si que me habló más de una vez. ¿que para qué lo hizo? Para llamarme idiota como siempre, por estar confiando en aquella divium, que podría matarme en cualquier momento, y muchas otras cosas que tenían que ver con aquello mismo. Como si yo fuera idiota… Cosa que no le negaría, en muchos casos.

Pero era la primera vez que encontraba a un divium… una divium, mejor dicho. Y no sólo eso, sino que encima no venía de la Ciudad de las Nubes… No podía evitar curiosidad por ella. Y si a todo eso se le añade que había aceptado mi ayuda, e incluso me hablaba, mientras que todos los demás huían de mi, o si me hablaban era a regañadientes… ¿no era normal que quisiera hablar?

-Claro que es normal, idiota. ¿No recuerdas el papel de los tenebri en tu ciudad natal? Dime que no me lo sé yo mejor que tú… Son quienes luchan las guerras, quienes buscan y capturan a la gente que incumple las normas que los sephiri como tú imponéis… ¿Y tú te fías de una?-

La voz de Kylar sonaba extraña… No sólo tenía la frialdad de siempre, también había un tono de ligera preocupación en ella. Pero no por mi, eso lo tenía claro. Temía por que aquella divium me matara, porque él no pudiera cumplir su objetivo por mi culpa.
Ante ello, solté una risa en mi mente, similar a lo que él solía hacer.

-¿Qué te pasa, Kylar? ¿Ahora te preocupas por mi? No sabía que me querías tanto… Aunque claro, con todo lo que hemos pasado, es normal…-

Evidentemente, era una broma, y lo decía únicamente para hacerle rabiar… aunque no sabía si era del todo una buena idea.

-No juegues conmigo, chico… ¿Te recuerdo que por menos maté a tus padres? Un solo gesto que indique peligro, y la chica formará parte de mis experimentos. Quedas avisado… Por cierto, genio, si fuera tú, miraría sus alas, ya que ella las ha mencionado.-

Aquellas palabras de Kylar en mi cabeza hicieron que mis “pensamientos” hacia él se callaran. Tenía razón… en muchos sentidos. Tanto por lo que había dicho de mis padres, como por la parte de que ni siquiera me había fijado mucho en ella.
Al hacerlo, pude comprobar dos brillos, uno en cada una de sus alas. Al fijarme más, me di cuenta de que eran cuchillas… ¿La habrían enviado de verdad a buscarme? ¿Sería todo lo que me estaría contando una mentira?

Me llevé las manos a la zona del pecho, y desabroché la capa de viaje, para poder extender las alas. Al hacerlo, la prenda quedó colocada en mi espalda. Las plumas de un color plateado oscuro, similar a mis ojos, se dejaron ver de esa manera, mientras daba unos suaves aleteos, para desentumecerlas.

-¿De verdad te parece inteligente plantearte el huir volando de un tenebri?... Chico, eres más idiota de lo que pensaba... -

Por muy insultantes que fueran las palabras de Kylar, sabía que tenía razón. No tenía sentido que hiciera eso. De todos modos, mis movimientos no habían sido amenazantes, así que seguramente ella no esperaría ninguna acción rara de mi parte.

-Bueno, ya que has descubierto que no soy humano, supongo que no tiene mucho sentido ocultarlas, ¿no?...-

Dije mientras guardaba la capa en la mochila, tras doblarla. Al hacer aquello, dejé a la vista mi cabello, también plateado… Y la gente luego se preguntaba por qué odiaba tanto aquel color… Todo era una muestra de mi maldición… Si no tuviera a Kylar en mi, no sería tan… raro.

Como no tenía sentido disimular mucho más, dediqué a la mujer una amable sonrisa, mientras la miraba a los ojos. En realidad, me preparaba por si tuviera que utilizar mis poderes… bueno, los poderes de Kylar.

-Mi nombre es Vendric… ¿Puedo preguntar cual es tu nombre, señorita?-

Ella me miró a los ojos, un poco seria, y asintió con la cabeza, ya sonriendo.

-Celeste. Encantada de conocerte.

Asentí con la cabeza, al escuchar su nombre, y me quedé pensativo. Era curioso para mi que una divium se llamara Celeste… aunque claro, teniendo en cuenta que en teoría vivíamos en los cielos, tampoco lo debería ver tan raro, ¿no?

En cualquiera de los casos, quería pensar que ella no sería ningún problema, así que relajé un poco mi actitud, y miré a mi alrededor. Si realmente la chica estaba aquí es porque querría estar sola, no tendría mucho sentido que me estuviera esperando, ¿no? A fin de cuentas, que yo estuviera allí era algo completamente aleatorio.

-Y dime… ¿es la primera vez que vienes por estas tierras?-

Nada más terminaba de decir aquellas palabras, la voz de Kylar resurgió en mi mente, como enfadado. ¿Sabéis ese momento en que veis a un padre “regañar” a su hijo? Pues esto era algo parecido, salvo que en lugar de padre, era un espíritu invasor.

-Dime por lo que más quieras que no le vas a pedir que te acompañe en su viaje… Vendric, hicimos un pacto, pero esto ya es jugársela mucho en los vacíos legales del mismo… Prácticamente estás poniendo en peligro tu vida solo por mantenerte cerca de ella.-

Aunque sabía que en parte tenía razón, no quería escucharle. Ya era hora de que tuviera mi propia vida, a fin de cuentas. Por su culpa no había podido crecer como una persona normal… ahora aprovecharía cualquier oportunidad.

-No, no es la primera vez. Vengo a menudo, de hecho. Este sitio me gusta, tiene algo que me relaja. ¿Qué hay de ti? ¿Es la primera vez que vienes?-

Al escucharla hablar, giré un poco mi cabeza, de una manera algo similar a lo que hacían algunos perrillos. Luego, volví a enderezarla, y asentí con una gran sonrisa.


-Así es. Digamos que estoy de viaje, y… no suelo pararme mucho tiempo en algún lugar… Y por lo general, tiendo a no volver atrás. Cualquier cosa con tal de que los que me persiguen, si es que lo hacen, tengan más difícil el poder atraparme.-

-¿Te persiguen?- Preguntó, extrañada, y frunció el ceño. - ¿Por qué?-

Al ver su reacción, no pude evitar reir un poco, antes de negar con la cabeza. Sin embargo, contesté a su pregunta con la misma tranquilidad de antes.

-Así es… me persiguen los tenebri de la Ciudad de las Nubes… o al menos deberían. Por haber “matado a mis padres”.-

Dije aquellas palabras cambiando mi entonación, y haciendo el gesto de las comillas con las manos, acompañandolo con un suspiro de pesadez.

-Sé que es difícil de creer, pero a nosotros los sephiri nos enseñan a no mentir… al menos a mi me lo enseñaron mis padres. Nos enseñan el valor de la justicia, y a ser buenos… ¿Por qué demonios iba a buscar el evitar mi pena tras haber realizado un crimen, si lo hubiera hecho?...-

Aquello último, a pesar de decirlo en alto, fue más para tratar de convencerme a mi mismo, que un mensaje para la mujer.

-Entonces, si no lo hiciste tú… ¿quién lo hizo? ¿Por qué te acusan de ello? Es bastante extraño. No dudo de tu palabra, no tengo nada que diga lo contrario, pero no voy a dejar de extrañarme por esto. Es… No sé, muy raro, ¿no?-

Me quedé pensativo durante unos instantes, llevando la mano izquierda a mi barbilla, y colocando la mano derecha bajo el codo izquierdo, como sosteniendolo. Tras unos segundos, encontré, o creí encontrar una explicación adecuada para aquello.

-Digamos que alguien toma el control de tu cuerpo… Y ese alguien hace algo con tu cuerpo, en este caso, cometer un crimen. Sin embargo, no ven a nadie controlar tu cuerpo, pues ese “alguien” está dentro de ti. Por otro lado, ese… inquilino tuyo, como bien he dicho, comete un crímen. Lo que la gente verá será tu cuerpo… a ti… cometiendo ese crímen, y por tanto te acusarán de ello… Aunque no lo hayas cometido tú.-

-Ya lo entiendo. Sigue siendo extraño. Pero te entiendo, sí. Creo que sé a qué te refieres, he… visto algún caso muy de cerca. Entonces… aunque no te creyeran, no lo hiciste tú. Pero me gustaría saber algo… ¿recuerdas ese rato en el que no fuiste dueño de tu cuerpo?-

Las preguntas que hacía la mujer, cada vez eran más concretas, pero sin embargo, no parecía estar juzgandome… no al menos como lo hacían todos los demás. Realmente parecía que ella quisiera creerme. Tal vez era por eso por lo que me estaba costando algo menos el abrirme a ella.

-Si… Lo recuerdo todo. ¿Alguna vez te ha sucedido que tu cerebro despierta, pero tu cuerpo no? Tú eres perfectamente consciente de todo, como si estuvieras despierto… sin embargo, tu cuerpo no reacciona, no obedece a tus ordenes… Cada vez que… El otro toma el control, me pasa algo parecido… solo que el cuerpo obedece a sus ordenes.-



Vendric/Kylar
#9c9497 /#9e083d

Sobre Vendric:
avatar
Vendric

Mensajes : 16
Link a Ficha y Cronología :
Ficha/Cronología

Nivel : 1
Experiencia : 200 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Nada dura para siempre (priv. Vendric)

Mensaje por Celeste Shaw el Mar Jul 11, 2017 8:51 pm

No pensaba que fuera a mantener una conversación más o menos larga con nadie, y menos sobre ese tema. Podía notar la incomodidad de Lilith, no le gustaba nada hablar sobre eso, pero no podía hacer nada. Celeste quería saber más sobre Vendric, y no iba a ceder a las exigencias de su otra cara a costa de quedarse con la curiosidad insatisfecha. Poco a poco entendía qué le había pasado al Divium, y vio las diferencias con lo que le ocurría a si misma. Parecía que, en su caso, eran dos entes totalmente distintos habitando un solo cuerpo. No como en el caso de la mujer, en el que eran dos personalidades, pero se habían separado hacía relativamente poco.

—No —respondió sinceramente a su pregunta—. Eso nunca me ha pasado. Yo… bueno, es algo distinto. Hay… algo dentro de mí que tiene la capacidad para controlar mi cuerpo, pero es… es como si fuera una mente distinta. Cuando toma el control yo… desaparezco, se puede decir, o me duermo, y cuando lo retomo… no recuerdo nada de lo que ha pasado mientras ella tenía el control. Es… distinto.

El divium asintió con la cabeza, y volvió a tomar esa pose pensativa.

—Es algo… sorprendente. Es como si en tu caso, cada uno tomara el relevo. En el mío, cuando uno manda, es como si atara al otro, para que no pueda moverse… pero sin irse. Qué curioso…

—No sé por qué es distinto un caso de otro. Pero en el mío esto no empezó hasta hace relativamente poco. Bueno… fue gradual. Cada vez tenía dos personalidades más separadas… hasta que se han ido relevando.

—Bien, niña, cuéntale más, anda. Que sepa tus debilidades.

—Cállate, Lilith.


En los ojos del hombre brillaba una chispa de curiosidad, mientras escuchaba todo lo que ella le contaba.

—En mi caso… hasta hace un par de años, él estuvo esperando el momento, por lo visto… Pero desde un principio, tuvo constancia de todo. En el momento en que decidió mostrarse, yo pude verlo todo también… Tal vez sean dos casos distintos de algo muy similar…

—Puede ser, no estoy segura. A lo mejor es algo distinto, quién sabe —frunció un poco los labios, y entrelazó los dedos de ambas manos—. No sé si podríamos distinguir si se trata de algo similar o no.

—Tal vez pudiera distinguirse… pero ahora mismo parece complicado… no termino de entender del todo cual es la situación.

—¿Cómo? —frunció el ceño, con curiosidad, y ladeó un poco la cabeza—. ¿Y a qué te refieres con eso? ¿A lo que me ocurre?

—Si se pudiera ver dentro de alguien… y no me refiero a su interior literal, sino más metafórico… —Hizo una breve pausa escénica—. Podría distinguirse cual es la diferencia. O eso creo... —Una vez más, el chico se calló, pero esta vez miró a la mujer a los ojos, sonriendo—. Ni siquiera termino de comprender lo que me ocurre a mi… Por lo que son dos cosas que no termino de comprender del todo, tu situación, y la mía.

Asintió suavemente con la cabeza, entendiendo qué quería decirle, y le sonrió. Se echó el cabello atrás y agitó las alas para desentumecerlas.

—Ya te entiendo. Pero la verdad es que ahora no se puede, así que… no sé, creo que habrá que esperar un poco para saberlo, ¿no? En fin, es algo que me gustaría saber, pero no lo considero una necesidad apremiante.

Cuando Celeste agitó las alas, la vista del otro divium se clavó en ellas, para después de unos segundos, volver a sus ojos.

—Eso parece, la verdad. Yo… tampoco tengo mucha prisa por saberlo. Llevo unos cuantos años tratando de averiguarlo, por un par más que tarde, tampoco es que me vaya a pasar nada, creo yo.

Sonrió, asintiendo con la cabeza, y se desperezó.

—Ya se descubrirá. No creo que pase tanto tiempo antes de que los sepamos —miró hacia el cielo, donde ya no se veía el sol—. Está anocheciendo. ¿Tienes donde pasar la noche?

Cuando la divium preguntó aquello, el joven miró al cielo, y luego a su alrededor, para finalmente señalar el tronco de uno de los árboles.

—Ese sitio me bastará. La gente no suele acogerme mucho, por eso no pude parar en la taberna que había más atrás en el camino. Consideran que tengo conexión con la muerte, y que traigo mala suerte… —Suspiró unos segundos, antes de terminar su frase—. Todo gracias al… otro.

Suspiró, y lo miró a los ojos. No aguantó mucho la mirada, y enseguida la apartó.

—Hmm… yo tengo una habitación en esa taberna… si quieres puedes entrar por la ventana, sin que te vean. Nadie entra en mi habitación una vez estoy ahí, así que nos dejarían tranquilos. ¿Te parece bien?

—¿Vas a meter a un desconocido en tu habitación, Celeste? ¿Desde cuando te fías de la gente a la que te encuentras por el camino? Oh, espera, que dejaste a tu hijo con un horigue del que no sabías nada.

—No vuelvas a mencionar eso —el gesto de Celeste se volvió algo más huraño, estaba molesta por las palabras de Lilith—. Y le irá bien saber ser independiente. No tiene que estar todo el rato dependiendo de mí. Así que Lilith, más vale que no vuelvas a mencionar este tema.

Volvió a sonreírle a Vendric, pero esta vez su sonrisa fue algo más apagada, como si no fuera del todo sincera y no se sintiera tan bien como quería aparentar.

Cuando Celeste mencionó la habitación, el chico se quedó quieto durante unos segundos, como si se hubiera quedado congelado. Poco a poco, un ligero rubor comenzó a surgir en sus mejillas, y bajó la vista al suelo.

—B.bueno… Si no es problema, por mi no estaría mal… P.pero no quiero molestar...

Pasaron otros pocos segundos más, hasta que el divium fue capaz de alzar la vista, algo menos ruborizado, y vio la sonrisa de la mujer. Como si entendiera la situación, le mostró una sonrisa cómplice.

—¿Tú también puedes escuchar su voz, o has recordado algo desagradable?...

—No molestas —aseguró, y empezó a caminar—. Vayamos tirando. Subiré la cena para ambos, así no tienes que preocuparte porque te vean —alzó las cejas, mirándolo, cuando oyó su pregunta, y suspiró—. Puedo oírla, sí. Es… bastante más antipática que yo, a decir verdad.

Cuando la divium comenzó a caminar, el chico volvió a cubrirse en su capa, adquiriendo de nuevo aquella forma “chepuda” y extraña que tenía cuando se encontraron. No obstante, siguió a la mujer sin decir nada, esperando a que terminara de hablar.

—Eso me suena de algo… En algún momento, me gustaría conocerla.

Siguió caminando en dirección a la taberna, y esbozó una sonrisa irónica al oír su petición. Negó suavemente con la cabeza.

—No sabes lo que haces. Prácticamente todas las veces que ha tomado el control ha matado a quién se le pusiera por delante.

—Vamos, Celeste, déjame jugar con el chiquillo.

—No. No vas a hacerle nada.

—Como si me pudieras controlar…


—Ya no queda mucho para que lleguemos, Vendric.

Cuando escuchó su primera frase, fue él quien negó con la cabeza, algo “triste”. Luego le dedicó una tranquila mirada a la chica, suspirando.

—Si ella toma el control, reza por que no decida atacarme… o él controlará el cuerpo… Y en ese caso, serás tú la que sufra las consecuencias, por desgracia…

Tras decir aquello, el chico miró el suelo mientras caminaba, como si sintiera haber dicho aquellas palabras.

—¿Sigues queriendo compartir tu habitación conmigo?...

Bajó un poco la vista, asintiendo con la cabeza.

—No sé qué va a hacer. Seguramente te ataque, si no encuentra a nadie más para matar. Es… no sé, sencillamente ataca, sin pararse a pensar en quién es esa persona. Espero que no tome el control, pero… No sé cuando lo hará —alzó la vista y se giró, mirándolo—. Claro que sigo queriendo.

Sin embargo, su voz tenía un matiz más grave y más frío. Celeste lo notó, no sabía si Vendric también lo había oído, pero sabía que significaba eso. Cerró los puños y alzó el vuelo de golpe, intentando alejarse lo suficiente para que Lilith no lo viera, pero ya era demasiado tarde.

[***]

Había tomado el control. Giró rápidamente y se dirigió como una flecha hacia Vendric. Aterrizó y le sonrió, pero no era una sonrisa cálida como las de Celeste, sino una más fría, más espeluznante incluso. Sacó las armas, pero simplemente lo evaluaba, viendo qué hacía.

El chico no había respondido a lo que Celeste había dicho… No le había dado tiempo, antes de que ella alzara el vuelo, y volviera. Sin embargo, cuando Lilith volvió y le dedicó aquella sonrisa a Kylar, no fueron los ojos cálidos del chico con los que se encontraron, sino unos ojos fríos, como el hielo. No obstante, la persona no se movió ni un solo palmo, como si esperara él también la reacción de la divium.

Le sostuvo la mirada sin inmutarse, una tan fría como la de él, y esbozó una media sonrisa. Estaba a unos cinco metros de él, espacio más que suficiente para hacer lo que quería, y empezó a correr, como si quisiera lanzarse contra Kylar. Sin embargo, no era eso lo que buscaba, y pronto, con un aleteo, voló más o menos a la altura de su cintura, y se lanzó contra él, buscando cortarlo con las cuchillas. Una risa despiadada emergió de sus labios.

Ante aquel movimiento, se escuchó un suspiro pesado bajo la capucha del divium, acompañado de una voz. A diferencia de la de Vendric, era algo más grave y fría… sin la inocencia de un niño, pero con la experiencia que da la edad… Como si fuera un anciano sabio hablando a través del cuerpo del chico.

—Es una pena cuando la gente no hace caso…

Cuando ella alzó el vuelo, acercandose al cuerpo de Kylar, este levantó una mano, apuntándola con ella.

—Parece que vas a aprender por las malas…

Frunció el ceño al oír esa voz, pero continuó con el ataque. Sin embargo, no esperaba ese tipo de contraataque, y soltó un respingo de sorpresa al notar las ataduras aprisionar su cuerpo. Cayó al suelo, ya que no podía mover las alas, y lo miró con el ceño fruncido y los dientes apretados, sin decirle nada con palabras, pero diciéndoselo todo con la mirada.

—Voy a ser bueno… Sólo porque Vendric tiene una extraña conexión contigo… Por eso, únicamente te retendré, sin llegar a hacerte daño…

Se colocó en cuclillas junto a ella, mirándola fijamente a los ojos. Eran los ojos de alguien acostumbrado a tener el control, no porque le gustara o quisiera, sino porque es como si no pudieran negárselo. Colocó su mano bajo la barbilla de la mujer, obligándola a mirarla a los ojos.

—¿Sabes lo gracioso? Ahora mismo Vendric está luchando… tratando de quitarme el control para que no te haga daño… A ti, la persona que ha intentado matarlo…

Le devolvió la mirada, frunciendo el ceño. Sus ojos brillaban con rabia, y forcejeó varias veces con las ataduras, intentando liberarse. Al notar su mano, su expresión se ensombreció aún más. Lilith era alguien acostumbrado a hacer lo que le viniera en gana, y no podía soportar estar inmobilizada de ese modo.

—¿Bueno? ¿Y hasta cuando durará esto? Porque si es un juego de desgaste puedo aguantar… —resopló—. Y conmigo no es con quién tiene una conexión. Es con Celeste, con esa atontada. No conmigo —el desprecio teñía su voz ya de por si brusca y cortante.

Una fugaz sonrisa, como de diversión, recorrió el rostro de Kylar, que no apartó la mirada de ella. Aquellas “ataduras” se formaban al tensar en exceso los tendones, nervios y articulaciones del objetivo. Si bien de manera controlada podía casi no hacer daño… tras un suave gesto de la mano con que sostenía la barbilla de Lilith, aquella sensación aumentó, con objetivo de que le doliera.

—Durará hasta que yo sepa que Vendric estará a salvo contigo. ¿Quieres quitarle el cuerpo a Celeste? Hazlo… pero Vendric se mantendrá a salvo. ¿Entendido? Ya maté a los padres de este chico, simplemente por probar mis poderes, no creas que me importará mataros para asegurarme de que él cumpla su parte del trato.

Tras una pequeña sonrisa, la intensidad volvió a bajar.

—Y fíjate que lo que me está pidiendo es que no te haga daño a ti… Qué curioso, ¿eh?...

Cerró los ojos con fuerza, buscando no emitir ni un solo sonido, pero no pudo evitar que un quejido ahogado emergiera de sus labios. Miró a Kylar con el ceño fruncido, y se quedó con la respiración acelerada cuando la intensidad bajó. Abrió mucho los ojos, sorprendida.

—¿A mí? ¿Por qué a mí? —cerró los puños con fuerza—. Es extraño —luego añadió una última frase, en un murmullo que le costaría distinguir—. Nadie se había preocupado por mí.

Ver aquella reacción de la mujer parecía divertir al hombre, que la soltó de la barbilla, y se levantó, alejándose un par de pasos.

—Eso es algo que deberías preguntarle a él cuando llegue el momento. Seguramente se sienta identificado con vosotras. O simplemente ese chico es demasiado “divium” para este mundo —Tras haberse colocado en una posición cómoda, retiró las ataduras de ella, mirándola fijamente—. No hace falta que jures que es extraño. Esto ha sido una advertencia… ni siquiera era mi turno de mantener el control, así que seguramente Vendric lo pagará conmigo… Pero espero que te quede clara una cosa: como intentes hacerle daño, me encargaré de que sufráis las consecuencias.

Lo miró con el ceño fruncido, sintiéndose algo humillada, y se levantó al notar que había retirado las ataduras. Lo miró con rabia y cerró los puños con mucha fuerza, era evidente que intentaba contener el impulso de lanzarse sobre él otra vez. Sin embargo, le costaba mucho contener la rabia que sentía.

—Ya se lo preguntaré —dijo con brusquedad, más que de costumbre. Resopló—. Y no hará falta otro aviso, tranquilo.

Abrió las alas, y por un momento pareció que se iba a lanzar sobre Kylar. Sin embargo, no lo hizo. Se lanzó, sí, pero lo sobrevoló y, al aterrizar, hundió su daga en el lomo de un jabalí que pasaba por allí. Era absolutamente incapaz de contenerse.

El hombre no se movió un solo centímetro en todo aquel momento, ni siquiera cuando ella pasó volando sobre él, con intenciones no precisamente buenas. Se giró, mirándola de reojo, y suspiró un poco.

—Si no hace falta otro aviso, entonces dejaré a Vendric… Y que no te engañe ese chico, no es tan majo como parece. Mi alma está afectando a la suya.

Cuando dijo aquello, el hombre sufrió algo parecido a un mareo, y su mirada volvió a ser algo más tranquila, como antes… aunque seguían quedando ligeros toques de frialdad, como si fuera una señal de Kylar.

Le parecía que él ya había predecido que no se iba a lanzar sobre él, que no se iba a arriesgar, y lo miró. Asintió con la cabeza. Lilith no era alguien que se dejara engañar fácilmente. Al notar el cambio, esbozó una media sonrisa que no era precisamente un buen augurio, pero no lo atacó, sino que se puso a despellejar al jabalí.

—Vaya, volviste. Muy majo el otro —dijo con sorna—. ¿Como que te preocupas también por mí? Nadie lo había hecho desde hace mucho.

Vendric podía observar cómo la mujer estaba despellejando al jabalí, pero se mantuvo quieto, tenso.

—Si… el alma de las fiestas… —Dijo en un tono evidentemente molesto—. ¿Puedo conocer tu nombre? Y… No sé, me preocupo por ti. Por mucho que Celeste me haya advertido sobre ti, y demás, no veo razones para no confiar en ti.

Le lanzó una mirada burlona, y lo miró a los ojos. Despedazó al jabalí con la pericia de un carnicero, y empezó a hacer tiras de carne, atándolas a una cuerda.

—Encima que preparo provisiones… Soy Lilith.
avatar
Celeste Shaw

Mensajes : 309
Edad : 19
Link a Ficha y Cronología : Ficha
Cronología

Nivel : 2
Experiencia : 310 / 1000

Volver arriba Ir abajo

Re: Nada dura para siempre (priv. Vendric)

Mensaje por Vendric el Sáb Jul 15, 2017 7:52 pm

Mis ojos se abrieron un poco ante la “presentación” de la mujer. Lo cierto era que, primero, no me esperaba que me fuera a decir su nombre, y segundo, no esperaba que lo fuera a decir tras aquella demostración de habilidad.
Sé que a Kylar aquello no le había afectado, es más, ni siquiera había pestañeado al ver cómo la mujer se lanzaba contra nosotros, con intenciones no muy amables… Yo, sin embargo, estaba acojonado. Si hubiera sido la persona en control, seguramente no habría podido evitar salir corriendo… Y de ese modo, no habría podido evitar mi muerte.

En cualquier caso, asentí con la cabeza al saber el nombre, y me quedé algo pensativo. No sabía muy bien si darle la mano, correr, ponerme a salvo, o confiar en ella… Pero había escuchado las palabras de Kylar, y sabía que ella no haría nada. O eso quería pensar.
No obstante, había otro problema del mismo tamaño que ese… Los cambios de dominio del cuerpo solían tener un impacto muy fuerte en mi cuerpo, me dejaban agotado… Y eso podría utilizarse en mi contra.

-¿Quieres que vayamos ya a dormir?- Pregunté con un tono amistoso, nada que ver con el que Kylar había empleado poco tiempo atrás… -Oh, y muchas gracias por la comida… seguro que estará estupenda.-

Aquellas palabras, más que algún tipo de burla o algo por el estilo, estaban cargadas de gratitud, del mismo modo que mi mirada mostraba admiración por aquello que la mujer acababa de hacer.

Suspiró y, cuando terminó de salar las tiras, alzó la cabeza.

-Te dejo mejor con Celeste. Parece que os entendéis más -su voz estaba cargada de burla  y desprecio.

Cuando escuché aquellas palabras, una mueca de tristeza pudo verse en mi rostro. A pesar de aquello, le dediqué una amplia sonrisa, y antes de que se fuera, me despedí con la mano.

-Espero verte de nuevo, Lilith. Me gustaría conocerte algo más, aunque no hayamos empezado con buen pie.-

-Sabes que para eso debo confiar en ti. Y aún no lo hago.

Dejó el control a Celeste, que de pronto se vio agachada frente a unas tiras de carne de jabalí, y con las manos y la daga manchadas de sangre del animal. Suspiró, me miró, y se levantó.

-¿Qué ha pasado?

Cuando hizo aquella pregunta, me reí un poco. Realmente no sabía muy bien por donde empezar, ya que habían pasado bastantes cosas en muy poco tiempo. Así pues, me llevé una mano a la barbilla, y comencé a hablar.

-Bueno… Cuando el otro sintió que Lilith iba a tomar posesión, o algo parecido, me quitó el control de mi cuerpo rápidamente. Tras aquello, Lilith y él se… presentaron, él os amenazó de muerte, y a modo de venganza, creo, Lilith mató a ese jabalí… Creo que eso es un resumen bastante rápido…-

Tras decir aquello, volví a escuchar la voz de Kylar en mi mente, aunque era algo más lejana, como siempre que yo retomaba el control.

-Sabes que tengo un nombre… Deja de llamarme “él”, o “el otro” todo el rato, no soy un objeto…-

A esto, yo le respondí, riéndome un poco en mi mente. -Cuando dejes de amenazar a todo lo que se mueve, y te comportes como una persona, te hablaré como tal.-

-Venganza… -murmuró-. Bueno, más o menos. Sí, se desahogó con ello… pero fíjate, también dejó provisiones para varios días. En fin… ¿nos ponemos en camino? Si qaún quieres que compartamos habitación, claro -soltó una risa seca-. Me duele todo el cuerpo. ¿Qué le hizo el otro?

-¿Venganza?...- Repetí algo extrañado al escuchar esas palabras. Sin embargo, tan pronto como ella cambió de tema, yo la acompañé en él, asintiendo con la cabeza. -Lo cierto es que si… Y a mi me vendrán bien. No estoy precisamente acostumbrado a cazar comida, y eso que me paso la vida en el camino…-

A ver, técnicamente era cierto, ¿vale? Tal vez decir que dos años es “la vida” fuera exagerar mucho, pero si las cosas no cambiaban, y no tenía pinta de que fuera a hacerlo, no tendría tiempo para descansar en muchos, muchos años.

-¡Por supuesto que quiero que compartamos habitación!- Dije con entusiasmo… Tal vez con mucho entusiasmo… Si, sin duda, con demasiado entusiasmo… Pero no pude evitarlo, ¿de acuerdo? Sé que me sonrojé un poco, y bajé la mirada, caminando tras ella. -Bueno… Le demostró su amistad… por así decirlo. Cuando estemos en la taberna, y descanse un poco, puedo enseñartelo… pero duele, no es algo que recomiende probar…-

-Vale, está bien -sonrió, era una sonrisa aún tímida, pero franca-. Por mí no hay problemas, lo decía por ti… por si después de haber conocido a Lilith cambiabas de opinión -ladeó la cabeza con curisidad, y asintió levemente-. Vale, enséñamelo. Pero flojo, si puedes.

Cuando escuché sus palabras, no pude evitar reir un poco, mirándola a los ojos.
-¿Por qué iba a cambiar de opinión? Tal vez no esté muy puesto en combate… pero si ella hubiera querido, me habría matado… Estuvo mucho tiempo esperando antes de atacar, a fin de cuentas… Con esas cuchillas no habría podido hacer nada.-
Susurré señalando las cuchillas de sus alas, con una sonrisa. Mis palabras no cargaban molestia, ni enfado… ni siquiera rencor. Tenía mucha curiosidad por alguien ajeno a mi, y tal vez mi “instinto de supervivencia” no estaba funcionando demasiado bien.
-Lo haré lo mejor que pueda, lo prometo.-

-En mis tiempos.- dijo la voz de Kylar en mi mente. - la manera de cortejar a una dama era ser honrado, un caballero, y demostrarle interés sincero… No torturarla con hechizos nigrománticos… Sin duda, me hago mayor…-

-No lo sé, realmente -se encogió de hombros, y ladeó la cabeza-. A lo mejor no quería matarte… no todavía. No lo sé, no tengo ni idea sobre qué quería hacer ella -volvió a mirarlo con curiosidad-. ¿No te ha enfadado el intento de matarte que ha hecho? Eres un poco extraño. Pero en el buen sentido de la palabra.

Asentí levemente con la cabeza al escuchar sus palabras, y no pude evitar reir a carcajadas al escuchar lo último.
-Celeste… La gran mayoría de gente quiere matarme, por uno u otro motivo… Unos por los que creen que hice, otros porque piensan que atraigo a la muerte… Ha llegado un punto en el que estoy pensando en enfadarme contigo por no haberlo intentado…-
Bromeé un poco, y luego negué con la cabeza, suspirando.
-No me molesta que me haya intentado matar, porque… de hecho, no lo ha intentado… Y aunque lo hubiera hecho, lo habría entendido. Seguro que ella a ti te ha dicho algo similar a lo que me ha dicho el otro a mi… “no confíes en él, y mátalo”... Es algo normal, supongo.-

-Oh, vamos, no te enfades por no intentar matarte -sonrió-. No entiendo por qué, por simples rumores, sacan conclusiones. En fin… ella no me dice que no confíe y que mate a la gente. Ella directamente los mata por si misma. No me agota, no más que el cansancio por la actividad física.

-Bueno… pero que no se vuelva a repetir, ¿eh?-
Me reí un poco al escuchar aquello, como quitandole la importancia que realmente tenía, y alcé una ceja.
-Hay que decir que, por mucho que se diga, Lilith es una persona responsable… se encarga de sus asuntos por si misma…- Era evidentemente una broma. Quería que la mujer se diera cuenta de que no me importaba aquella persona con la que compartía cuerpo… porque yo no era quien para juzgar, principalmente.

Rió también Celeste, mirándolo a los ojos.

-Sí, se encarga de todo menos de limpiar -se miró las manos y suspiró con pesadez-. Siempre me deja la sangre a mí… y oye, gracias por no juzgarnos.

-¿En serio? Habrá que echarle una buena reprimenda la próxima vez… Solo espero que no me mate…- Comenté bromeando de nuevo, y me encogí de hombros, sonriente. -Soy una persona que intenta defender el hecho de que alguien ha matado a mis padres con mi cuerpo… No soy quien para juzgar, ¿no crees? Además… sé que es odioso que la gente te juzgue por tu apariencia, sin llegar a conocerte.-

-Espero que no lo haga. Y mejor ríñela, sí… -dijo entre carcajadas-. En eso tienes razón, no sería muy justo que nos juzgaras. Y es francamente odioso… especialmente si sólo ven una cara bonita -vio la taberna, y sonrió-. Voy para allá. Ve a la última ventana de la derecha, arriba del todo.

Asentí levemente con la cabeza, mientras decía eso, y me reí con ella. Mentiría si dijera que no tenía miedo de que aquella persona me pudiera hacer daño o matarme… Pero también tenía miedo de quedarme solo. Mi única compañía era una persona que vivía dentro de mi e intentaba arrebatarme mi cuerpo, y sinceramente, me negaba a dejar ir a la única persona que me había hablado como si fuera algo más que un monstruo.

-Bueno… yo veo una cara bonita, pero sé que hay mucho más detrás… Y sinceramente, eso es lo que me interesa conocer.- Me encogí un poco de hombros, y asentí, colocando la capa y alzando el vuelo. -Nos veremos allí…-

No esperé a su respuesta. Cuanto antes subiera a aquel lugar, antes podría guardar las alas, y antes podría esperar pacientemente a que me invitara a entrar. Y si, aquello era únicamente por algún tipo de estúpidas normas morales que tenía en mi cabeza.

Fue rápido hasta la taberna, y no tardó en abrir la ventana, indicándome que entrara. Sus mejillas aún estaban un poco sonrosadas.

-Va, entra. Y gracias. Casi nadie piensa que hay más que una mercenaria eficaz con una cara bonita.
-
Alcé una ceja y entré cuando ella me lo indicó, quitándome la capa, y colocándola en una esquina de la habitación. En ese mismo lugar, también coloqué el bastón, la mochila, y en general la mayoría de mis cosas, haciendome un pequeño nido… por decirlo de algún modo.

-Oh, vamos, no tienes que agradecerlo… Soy yo quien debe agradecerte a ti, realmente. Me has ofrecido cobijo y comida, a pesar de ser un completo desconocido.-

-Quizá sí. Pero no te quedes en un rincón, anda. Ah, y no creas que te dejaré dormir en el suelo. -dijo alzando las cejas-. En fin, voy a buscar la cena.-

Bajó de nuevo, y regresó al poco llevando dos platos de sopa consistente y humeante. Mis ojos se quedaron fijos en ellos, pues tenía una estupenda pinta… Y siendo sinceros, yo tenía demasiada hambre, todo sea dicho.

-¡A cenar!-

No hizo falta que lo dijera dos veces, ya que apenas terminaba la frase, yo ya estaba comiendo con ímpetu de aquella sopa. Era como si no sintiera el calor que emanaba, simplemente quería comer… Las quejas ya vendrían luego.

-Por cierto…- Dije con la boca vacía justo tras tragar. -Solo hay una cama… es evidente que dormiré en el suelo.-

Rió suavemente, negando.

-Oh, vamos. Es una cama enorme. No me digas que te da reparo dormir en la misma cama que yo… -alzó las cejas.

Cuando dijo aquello, un rápido rubor se apoderó de mis mejillas, y casi instantaneamente, mi vista se perdió en el fondo del plato.
-N.no… Esto… n.no… qué va…-

-Así que te da vergüenza… No debes tenerla. -guiñó el ojo.

-N…¡No me da vergüenza!- Dije, descontrolando el tono de mi voz… Aquello había sido como confirmarle a aquella mujer lo que decía con todas las palabras… Si es que en momentos así me preguntaba qué demonios me pasaba.

-Parece que el pequeño Divium está despertando… Deberías tener cuidado, no te descontroles, chico. Hasta ahora siempre he sido yo quien ha controlado esa parte de tu naturaleza… aunque confieso que sería curioso ver lo que pasa…-

Las palabras de Kylar hicieron que alzara una ceja, algo extrañado. ¿Qué quería decir con todo aquello?

-No hay nada que temer, Vendric. Lo pasaremos bien -sonrió pícaramente-. Si quieres, claro.-

Mientras escuchaba esas palabras, mi vista iba subiendo poco a poco hacia los ojos de la mujer… Hasta que volvieron a caer al fondo del plato al escuchar lo último.
-S.si… Claro que quiero…-

Le sostuvo la mirada, con la misma sonrisa en los labios, y asintió.

-Bien. Ya verás como no será nada malo. Te gustará..-

Asentí de nuevo con la cabeza, y sonreí un poco, atreviendome por fin a levantar la mirada del plato. Tras comerme lo que quedaba, suspiré un poco, mirándola a los ojos.

-¿P.por qué harías eso por mi?-

Alzó las cejas con suavidad, manteniendo la mirada fija.

-¿Y por qué no? Yo también voy a disfrutarlo. Y… tienes que enseñarme lo que le hizo a Lilith.-

Tanta charla me había distraido un poco. Iba a apartar la vista, cuando las palabras de Celeste me hicieron caer en la cuenta de que tenía razón. Di una palmada, como si tratara de apoyar esa afirmación con un gesto, y suspiré un poco.

-Túmbate… Suele doler, y hacer caer a la gente… y aunque no duela, prefiero que estés segura, por si acaso…-

Asintió con la cabeza, pero luego dudó un poco.

-Sé caer bien y no hacerme daño… -se levantó.- Va, no temas por mí.

Me encogí un poco de hombros, al escuchar aquellas palabras, y suspiré. -Que conste que yo te avisé…- Señalandola con una mano, comencé a aplicar las ataduras nigrománticas, al mínimo efectivo posible. Con esa potencia, aunque pudiera hacerle algo de daño, y desde luego la inmovilizara, no sería TAN grave como cuando lo hacía Kylar…


Asintió suavemente, sonriendo y, al notar las ataduras, soltó un quejido ahogado. Apoyó una rodilla y ambas manos en el suelo, frunciendo los labios para no soltar más sonidos.



Vendric/Kylar
#9c9497 /#9e083d

Sobre Vendric:
avatar
Vendric

Mensajes : 16
Link a Ficha y Cronología :
Ficha/Cronología

Nivel : 1
Experiencia : 200 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Nada dura para siempre (priv. Vendric)

Mensaje por Celeste Shaw el Dom Sep 10, 2017 11:06 pm

Sentía dolor, pero se esforzó en no soltar ningún sonido más allá del quejido del principio. Cerraba los puños y tenía la rodilla apoyada en el suelo. No podía moverse, ni lo intentaba.

-¿Ves?... - Dijo el chico, suspirando un poco. -Eso es lo más flojo… Si vamos subiendo poco a poco… llegaremos hasta donde lo sufrió Lilith.-

-S-sí… Hazlo -ordenó, más que pedir, y lo miró-. Hasta que no lo aguante.

El chico asintió con la cabeza, suspirando un poco más. -Bueno… Me temo que no sabré cual es ese punto… así que desde ya me disculpo.- En ese momento, Celeste sintió como la presión en sus articulaciones y tendones y nervios aumentaba.

-Y-ya encontraré el modo de avisar…

Cerró los ojos con fuerza, mientras la presión de las ataduras hacía que se tumbara en el suelo, boca abajo, ahogando un chillido y convirtiéndolo en un quejido. El dolor le dejaba la mente en blanco, y en parte lo agradecía porque no debía oír a Lilith en su cabeza.

El chico observaba impasible cómo la mujer comenzaba a sufrir aquel dolor… Sin embargo, parecía estar atento para cuando llegara el momento de parar.

Se retorcía un poco, conteniéndose, y sus quejidos fueron en aumento. Sin embargo, no dijo que se detuviera. Quería comprobar el límite de su cuerpo, el punto en el que definitivamente no podía aguantar el dolor.

Debido a que ella no decía nada, el chico siguió manteniendo su palabra, aunque se diera cuenta de que ya había superado la intensidad que Lilith había recibido.

Cerraba con fuerza los ojos y los puños, mientras soltaba quejidos que pronto se transformaron en gritos. Atinó a coger un pañuelo y metérselo en la boca para ahogar su voz. Aún así, todavía no avisó. Aún no era demasiado.

-Deberías ceder ya… Los daños pueden ser graves… podrías estar días sin moverte sólo por lo que acabas de hacer hasta ahora, Celeste…-

Cerraba los dientes con fuerza, y al escucharlo estuvo unos segundos sin moverse, hasta que asintió con la cabeza. Lo hizo bruscamente, como a regañadientes, pero lo hizo.

Con otro movimiento de cabeza, la presión que Celeste sentía desapareció… aunque el dolor aún siguió presente durante unos instantes, hasta que el cuerpo se relajara de tanta tensión.

-Espero que se pase pronto…-

Esbozó una media sonrisa cuando el dolor desapareció, y suspiró, cerrando los ojos. Muy lentamente, empezó a mover las articulaciones.

-Seguro que sí.

El chico se sentó en la cama, y se hizo una pequeña bola, sobre si mismo, tapándose con sus propias alas. Parecía algo deprimido.

Cerró fuerte los dientes, y se levantó. Preocupada, fue hacia él y le puso una mano en un hombro, esbozando una leve sonrisa.

-¿Qué te pasa?

Al notar la mano en su hombro, el chico se sobresaltó, y negó con la cabeza, sonriendo amable, pero tristemente.

-Es solo que… No me gustan estos poderes… Fueron creados para dañar a gente… Es algo que no soporto…-

Suspiró, y alargó una mano para alzar su barbilla. Lo miró a los ojos con aparente dureza, pero en el fondo se podía distinguir un brillo de preocupación.

-Los poderes no son buenos o malos en si mismos. Lo que cuenta es el uso que se les da -sonrió-. Estoy segura de que los usarás bien.

El chico se asustó un poco ante aquella mirada, pero escuchó sus palabras, sin decir nada. Al terminar, se quedó pensativo, y luego asintió con la cabeza, mirándola a los ojos.

-Muchas gracias… aunque acabo de usarlos para hacerte daño, ¿recuerdas?...-

-Pero porque yo te lo pedí -dijo con suavidad-. ¿Lo habrías hecho si te hubiera dicho que no? Porque eso es lo que cuenta -sonrió y, en un repentino impulso, lo abrazó con fuerza.

-N.no… dudo que lo hubiera hecho, la verdad… Salvo que me hubieras intentado atacar…-

Cuando recibió el abrazo, el chico se quedó quieto, como congelado… aunque poco a poco movió las manos hasta corresponder al abrazo.

-Y eso hace que no seas malo, aunque tus poderes dañen. Los mantienes bajo control.

Lo estrechó en sus brazos y lo envolvió con las alas, sonriendo.

-Tú no temas -susurró.

Parecía como si el chico no llegara a escuchar las palabras de Celeste, pues se estaba acurrucando poco a poco junto a ella. Al notar cómo las alas le envolvían, se tensó un poco… aunque enseguida se relajó, al escuchar las palabras de la divium.

Le besó suavemente la coronilla, y lo estrechó con más fuerza. Suspiró, y le guió la cabeza para que la apoyara en su hombro.
Sus ojos se cerraron un poco, aunque abrazó con más fuerza a Celeste. Cuando ella colocó la cabeza en su hombro, el chico la miró a los ojos, sonriendo levemente.

Esbozó una pequeña sonrisa mientras lo abrazaba, y cerró los ojos, respirando hondo. Una de sus manos se deslizaba por el cabello de Vendric, a la vez que, mientras lo hacía, rozaba suavemente su nuca con los dedos. Movió un poco la cabeza y, apartándole el pelo plateado, deslizó con un movimiento suave los labios por su cuello, hasta que llegaron a su oído.

-Todo está bien -susurró-. No te has excedido, hasta me has dicho que mejor parara. Todo está bien, Vendric.

-A.aun así lo siento… No me gusta usar estas habilidades, ¿sabes?... He visto hacer mucho mal con ellas, no quiero caer en el mismo camino.-

Asintió con la cabeza, apenada, y volvió a besarle suavemente el cuello. Lo abrazó con más fuerza, más estrechamente, y cerró los ojos.

El chico se sonrojó mucho al recibir el beso, pero no dijo nada, como si no supiera bien como reaccionar. Sin embargo, no se separó de ella, imitándola en el gesto de abrazarla.

Lo abrazaba con fuerza, y entonces se separó un poco, mirándolo a los ojos con una suave sonrisa. Le gustaban esos ojos grises. Movió un ala para acariciarle una mejilla, con cuidado de no cortarlo, mientras que con los brazos seguía rodeándole el cuerpo.

Los ojos del divium no miraban a otro lado que no fueran a los de Celeste, como si estuviera perdido en ellos. Al recibir la caricia con las alas, dio un leve respingo, pues no se lo esperaba, pero luego le dedicó una cariñosa sonrisa. Parecía que estaba algo menos tenso que antes, al menos.

Sonrió de vuelta, y deslizó una mano por la mejilla de Vendric. Sentía su piel suave, le gustaba el tacto. Poco a poco, se acercó de nuevo a él, apegándose un poco, y le dejó un beso cerca de la comisura de los labios. Se separó y lo miró con picardía, como esperando una respuesta a ese gesto.

La respuesta no se hizo esperar, pues extrañamente, el chico se movió y dio un beso con pasión en los labios de la divium, rodeando su cintura con los brazos.

Correspondió al beso, con la misma pasión que él, situando una mano en su cabeza para sujetarla y la otra en medio de su espalda, abrazándolo, mientras sus labios acariciaban los de él y cerraba los ojos.

El muchacho se dejó llevar por aquel beso, cerrando los ojos, mientras acariciaba con suavidad la cintura de la divium. Aunque se notaba que seguía nervioso, parecía estar centrandose en ella. Volvió el beso más apasionado, mientras estrechaba su abrazo, aún sin abrir los ojos, y poco a poco separó los labios, abriendo los ojos y sonriendo.

Cuando ella separó los labios, Vendric abrió poco a poco los ojos, sonriendo levemente. En realidad, parecía no creerse que nada de aquello estuviera pasando. Celeste le acarició el rostro con las puntas de los dedos, mientras le agarraba una mano y se la estrechaba.
El chico la miró alzando una ceja, y acariciando con suavidad su cintura, y aquellos lugares donde alcanzaba a llegar con las manos, sin moverlas.

Sonrió y le acarició de nuevo la mejilla, esta vez apoyando la palma de la mano y dejándola ahí, y volvió a besarlo dulcemente, cerrando de nuevo los ojos, moviendo los labios con mucha suavidad.

Vendric trató de corresponder al beso de Celeste con cariño, aunque tal vez por cómo era, o por que aquello aún le tomaba por sorpresa, parecía no reaccionar mucho, como si no estuviera en aquel lugar. Sin embargo, un sonrojo y una sonrisa de felicidad se mostraban en su rostro.

Sonrió también, feliz, y lo miró a los ojos. No dijo nada, no consideraba que debiera decir nada, pero sí que se inclinó hacia delante y apoyó la cabeza en su hombro, abrazándolo con fuerza. Cerró los ojos y enterró el rostro en su cuello, enredando los dedos en su cabello plateado.

Un suave suspiro salió de los labios del chico al notar la respiración de la divium en su cuello, y al igual que ella, él también llevó una de sus manos al cabello de la mujer, como si estuviera admirándolo. Lo cierto es que nunca había visto una melena tan rojiza como aquella, era normal que se sorprendiera.

Se mantuvo quieta mientras él tocaba su cabello, y luego empezó a besarle suavemente el cuello, recorriéndolo en un camino que terminó, de nuevo, en sus labios. Iba con calma, con tranquilidad, mientras sus brazos seguían rodeándolo, los labios de Celeste acariciaban suavemente los del joven de melena plateada.

Cuando ese beso cesó, se miraron a los ojos, sonriendo los dos, mientras ella deslizó las manos hasta los bordes de su camiseta y se la quitó. Le acarició con las puntas de los dedos el pecho al chico, y volvió a abrazarlo. Tomando cierta iniciativa, él agarró los bordes de la camiseta de Celeste y la levantó, pasándosela por encima de la cabeza y dejándola a un lado, en la cama.

Volvieron a besarse, con pasión, casi con necesidad, con los brazos rodeando el cuerpo del otro. Sus torsos se pegaban el uno con el otro, y sus labios no se separaron en unos largos minutos, cuando ellos se miraron a los ojos, sonrieron y se acariciaron mutuamente el rostro. En ese momento, con suavidad, Celeste le cogió la mano a Vendric, y la llevó, con lentitud, a uno de sus senos. Él empezó a acariciarlo y a amasarlo, casi con miedo de hacerle daño, pero rápidamente fue cogiendo seguridad y sus caricias, firmeza.

Los movimientos del chico le arrancaban jadeos, aunque tampoco se estaba quieta. Le acariciaba el torso y la espalda, hasta llegar a su cintura y al borde del pantalón. Lo recorrió suavemente, desde atrás hasta delante, y se lo desabrochó para bajarlo, mientras volvía a besarlo.

Pronto ambos se hubieron despojado de la ropa, y yacían uno al lado del otro, mirándose de frente. Se besaron y sus cuerpos se juntaron el uno con el otro, hasta que fue Celeste quién tomó la iniciativa y se colocó encima de él, sin cesar el contacto de los labios. Lo miró a los ojos y, alejándose un poco, le guiñó de manera pícara.

Vendric la rodeó con los brazos, apegándola a si, y entonces ella colocó bien las caderas, para que, de ese modo, su miembro la penetrara al acercarse. Un jadeo se escapó de los labios de ambos, y cuando empezaron a mover las caderas, de manera sincronizada, cada vez más rápido, éstos se convirtieron en gemidos.

Se movían de forma casi frenética, pero seguían sin descoordinarse, hasta que, a la vez, ambos terminaron. Sus voces se entremezclaban, gritando de puro placer, hasta que poco a poco sus movimientos cesaron y se quedaron quietos. Ella se retiró de encima y se tumbó a su lado, con los ojos cerrados, y se acurrucó. Vendric la rodeó con los brazos, cariñosamente, y poco a poco ambos se adormilaron.
avatar
Celeste Shaw

Mensajes : 309
Edad : 19
Link a Ficha y Cronología : Ficha
Cronología

Nivel : 2
Experiencia : 310 / 1000

Volver arriba Ir abajo

Re: Nada dura para siempre (priv. Vendric)

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.