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Que no quede pecado sin castigo.

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Que no quede pecado sin castigo.

Mensaje por Jan Egiz el Miér Jul 12, 2017 1:29 am

La incómoda conversación entre el invocado y su invocador fue cortada súbitamente por un olor  extraño y un grito desesperado del exterior.

¡La biblioteca!

Se escuchó, seguido de carrerillas y murmullos. Jan se encontraba tosiendo, y fue cuando se dio cuenta de que el olor era a papel y madera quemándose. El calor había subido por su cuerpo y en su alrededor no había nada más que fuego. Estanterías siendo abrasadas por lenguas rojas y libros siendo consumidos. Alguno que otro parecía ser ignífugo, pues el fuego los tocaba sin dañarlos. En el centro de  la sala, una mesa de té se desplomaba y comenzaba a oler a azúcar quemada. El crepitar de la biblioteca comenzaba a desesperar al elfo. Observó a su alrededor; la estantería que bloqueaba la puerta estaba cediendo con el calor y el humo cubría las paredes, no había rastro de alguna salida. Se giró para ver la puerta abrirse y avivar el fuego, mientras las cenizas irritaban sus ojos y quemaban su piel allí donde tocaban. Lo primero que reveló la luz fue una figura alta y delgada utilizando una larga túnica.

A tu izquierda, Elfo, rápido.

Jan giró por instinto más que por obediencia, y allí estaba su salida. Una ventana abierta del tamaño preciso como para que él saltara. ¿Qué era? ¿Un piso de altura? No moriría por una caída así. Por un momento, sintió el tiempo ralentizarse. El acólito en la puerta recitó alguna clase de oración y el humo desapareció. El joven corrió con la cabeza gacha hacia la ventana. Dio un último vistazo al libro que antes intentó leer y que lo trajo a esta situación y saltó por la ventana. En definitiva aquella caída no correspondía a un primer piso, y había saltado demasiado lejos como para sostenerse de los salientes de la arquitectura élfica. Cerró los ojos para esperar el impacto. Sintió todo el lado derecho de su cuerpo arder y pensó que se estaba quemando. Moriría quemado mientras caía, o caería antes de quemarse. Pero el impacto contra el suelo jamás llegó. Abrió los ojos por un instante y solo pudo ver una silueta huesuda dejarlo en el suelo y desaparecer como si se estuviera fundiendo con su propio cuerpo. No se veía como lo que le habían vendido momentos atrás, pero aquello no importaba demasiado, pues los locales le estaban viendo mal. Murmuraban.

«¿Fue él?» «¡Ha quemado la biblioteca local!» «¡Agárrenlo!» «Es un niño.» «Él no pudo haber sido.» «¿Por qué?» «¡Llamen a los guardias!» «Todos esos libros...» «¿Dónde están los sacerdotes?» «¿Estarán muertos?»

Jan cubrió su rostro con su bufanda antes de que le reconocieran y comenzó a correr con todas sus energías. Era una suerte que la biblioteca no quedara lejos de las afueras de Erinimar. Apareció una barrera mágica en su camino y se estampó con tal fuerza contra ella que perdió el equilibrio. Volteó aún mareado y su mirada se cruzó con la de aquella figura alta en túnica, esta vez lo reconoció como uno de los sacerdotes. No podía dejar que lo atraparan y lo inculparan de un crimen que no había cometido (Porque ya había pagado el que sí cometió). Recobró la compostura y rodeó la pared para desaparecer entre la espesura del bosque. Se detuvo cuando no sintió a nadie más persiguiéndolo. Respiró profundo y se sentó contra un árbol abrazándose las piernas.

Nunca me dejarán volver —sollozó contra sus rodillas.
No los necesitas —mascullaron sus labios con otra voz. La de Mak.
Mi familia. Mis amigos.
Comprenderán.
Quiero silencio.

Y no quedó más que el cantar de las aves.

AZÚCAR


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Piensa  
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Re: Que no quede pecado sin castigo.

Mensaje por La Aberración el Sáb Jul 15, 2017 4:41 am

Perfecto, muy bien. Esperaba algo más con respecto a la biblioteca, pero me agrada que fuera concisa.

En breve se le dará un lindo color verde.

Saludos y gracias por ser paciente.


Invitado... prepárate para ser violado por miles de millones de tentáculos, asqueroso mortal.


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La Aberración

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