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En el camino

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En el camino

Mensaje por Abdel Azim el Jue Jul 13, 2017 6:32 am

Azim caminaba perezosamente, casi arrastrando los pies a unos buenos 100 metros del camino principal, era más lento, cansado y sucio, pero a la larga le ahorraría un montón de problemas, además aun si tomaba el camino no había manera de que llegara a una posada a tiempo, el poblado más cercano estaba a dos días de distancia y eso a caballo, él no tenía un caballo ni prisa en llegar a ningún lado en particular.

Desde que su maestro le había echado de su lado como a un perro que al crecer ya no tiene sitio en la casa, él no tenía interés por llegar a ningún lado; no es como si alguien estuviera esperándolo o tuviera un lugar específico a donde llegar, de hecho, casi le gustaba más dormir en el campo que entrar a algún pueblo.

Ciertamente no todos veían a los orcos con recelo, siempre había algún grupo de mercenarios interesados en contratar un poco de musculo extra, - “ni siquiera tienes que hacer nada” le dijo una vez un tipo con los dientes amarillos e irregulares, “solo tienes que pararte ahí y verte malvado”- o algún mercader interesado en alguien que pudiera cargar fardos y a la vez evitar que alguien más lo haga. Pero aun así él no era ni ciego, ni sordo, sabía que cuando pasaba junto a la gente en el pueblo las madres tomaban de la mano a sus hijas pequeñas y los granjeros apretaban sus monederos junto a su cuerpo un poco más fuerte.

“Pórtate como un orco”, se recordó a sí mismo y en su mente su voz sonó más grave, como dicha por alguien más, alguien anciano, de ojos inyectados de sangre y sonrisa burlona; una voz de su pasado. Pero él no estaba muy seguro de cómo se portaba un orco, había sido un cachorro cuando lo sacaron de su clan y tenía la impresión de que ya entonces no hacía muy buen papel. Tal vez ahora era un buen momento para averiguarlo.

El cielo comenzaba a enrojecer, lo cual era señal de que había pasado demasiado tiempo soñando despierto y debía darse prisa en procurarse un lugar para pasar la noche, comenzó a buscar un terreno un poco más elevado, oteo el aire y levantó la mano para sentir el viento, no había señal de que fuera a llover pronto, ayer el cielo debió haberse vaciado, todo se sentía tranquilo, ¿o no?

Aguzo el oído, había algo extraño, algo fuera de lugar a su alrededor, frunció el ceño y expuso los dientes, un gesto poco usual en él, mientras sentía como el vello de la nuca se le erizaba, su cuerpo le indicaba algo que su mente no alcanzaba a descifrar y eso lo ponía… de mal humor, finalmente pegó el oído al suelo y lo entendió, no había acabado de razonar que tal vez la decisión más sensata fuera alejarse de los problemas en vez de correr hacia ellos cuando ya estaba corriendo hacia la pelea.

Solo fue capaz de decirle a sus piernas que pararan unos 200 metros antes de llegar a la zona donde se desarrollaba el combate, cuando estuvo a pocos centímetros de pisar el cadáver de un enano tirado en el suelo, los ojos estaban abiertos pero ya vidriosos, de la parte posterior de su cabeza salía sangre, roja y espesa, manaba de la herida haciendo un charco en el suelo, directo hacia sus botas, el olor picante le inundó la nariz, casi pudo saborear el cobre en su boca por un instante, el enano no llevaba casco, así que probablemente murió antes de darse cuenta de que pasaba, sus compañeros en cambio sí que sabían en qué lío estaban.

Y a mí me dicen estúpido, murmuro con rencor, el mismo había evadido el camino para evitar a los salteadores que en esta época del año aparecían como hongos. Pero la antigua raza, no, ellos habían tenido que viajar, no con una, sino con tres carretas cargadas; por el camino principal a finales de la cosecha. Al parecer la necesidad de hacerse de unas monedas había podido más que el sentido común. Bueno ahora sus ganancias se encontraban una atascada en el fango de la carretera la otra se estaba a punto de caer por los riscos que separaban el camino del rio crecido por las aguas de la lluvia de ayer y la tercera sirviendo de barricada improvisada entre los enanos sobrevivientes. Aparentemente los ponys habían sido los únicos con suficiente sentido común de salir corriendo.

Un pequeño grupo de orcos estaba atacandolos y por lo visto ganando, no debían ser más de ocho, pero los enanos eran apenas cuatro, más su compañero caído, la pelea parecía decidida, los enanos se habían pertrechado tras una carreta volcada a pocos pasos de los peñascos una posición defensiva, pero de poco les serviría ante un grupo que casi los duplicaba en número.. Mis hermanos, pensó un segundo, antes de sacudir la cabeza de un lado a otro, ellos no son mis hermanos como tampoco lo son los enanos, no conozco a nadie aquí y Esta no es mi pelea, lo ultimo lo dijo en voz alta, casi como tratando de convencerse a sí mismo.

Un gruñido cortó el aire, un orco dirigió las manos a su cuello, una flecha había entrado por su nuca y salido por garganta, ¡No! trato de gritar Azim pero era tarde, el orco en un ataque de impulsividad o quizá sintiendo que se ahogaba había arrancado la flecha de un tirón. Unos segundos después estaba en el suelo.

Unos segundos, tiempo suficiente para que incuso una criatura con su corta inteligencia se diera cuenta que una flecha que atraviesa a un enemigo desde atrás no pudo haber sido disparada desde el frente, giró la cabeza hacia el punto del que debió salir el disparo y lo vio ahí, justo encima del carromato que se balanceaba sobre los riscos estaba un enano más.

Era viejo, justo como lo había sido su anterior maestro, con la barba blanca peinada en dos trenzas y decorada con pequeñas anillas de oro un hilillo de sangre salía de su nariz, grande y ganchuda, una marca roja y morada resaltaba en su frente amplia, el cabello en franca retirada y una capa de sudor le daba un aspecto liso y brillante que le recordó la vez que se había ganado una tunda por preguntar si se podía ver el futuro en la cabeza de uno de los hijos de su señor, él no se había reído con la boca como los demás, pero sus ojos, esos ojos brillantes se reían por el rabillo a carcajadas.

No es el. Se dijo Azim a si mismo mientras sacudía la cabeza, pero de todas maneras se vio avanzando hacia el carro que se balanceaba peligrosamente al borde del barranco. El disparo del anciano parecía haberla desbalanceado y estaba seguro que caería de un momento a otro.

Un par de orcos notaron su presencia y sin muchas ganas de compartir lo que parecía un botín seguro uno de ellos se dirigió hacia el, las armas en ristre y una expresión de ferocidad en sus rostros, Azim apenas pudo esquivar el primer espadazo, paso zumbado a unos centímetros de su oreja y acaricio su hombro permitiéndole sentir el frio del metal, mientras el saltaba a un costado y desenfundaba su propia arma, una maza de guerra, no era la herramienta más fina pero él era bueno con ella, o al menos eso le habían dicho.

El peso se sentía cómodo en sus manos y ante la emoción del momento lanzo un golpe, rápido y potente, afianzando bien las piernas al suelo y moviendo el cuerpo desde la cintura, su oponente retrocedió un par de pasos mostrándole los dientes. Un nuevo espadazo cruzo el espacio entre ambos, pero esta vez Azim estaba preparado, al momento que la espada se dirigió hacia él, levanto su propia arma en un veloz arco desviando el golpe, el otro orco debía ser un par de palmos más alto pero sus masas musculares eran muy similares por lo que ambas armas desviaron sus trayectorias sin tocar al otro. Su oponente volvió a atacar esta vez con un golpe descendente y ahí fue donde Azim encontró su apertura, mantuvo su arma baja y giro la cintura para evitar el golpe, cuando este fallo,  la elevo a gran velocidad impactando en un arco que golpeo primero en el pecho de su oponente y luego fue a dar a su barbilla, se escuchó un sonido una especie de crack y el orco fue a dar al suelo murmurando lo que seguramente serian maldiciones, si se llegaran a entender.

Pero Azim no tenía tiempo para preocuparse por que una descendencia imaginaria muriera por enfermedades venéreas, se movió a grandes zancadas ante la oscilante carreta abalanzándose a tomarla por el extremo y estabilizar su peligroso balanceo. El enano agazapado en la esquina más alejada ya tenía otra fecha en el arco tenso a tal grado que pensó que si tiraba un poco más lo rompería, cuando vio al joven orco aproximarse emano un chillido tomo puntería y soltó la flecha.

A Azim le pareció que el tiempo se alentaba, sus ojos se abrieron en toda su extensión, la flecha iba en su dirección y no había tiempo ni espacio para hacer un buen esquive; aun así su brazo inconscientemente se aferró al extremo de la carreta con fuerza, jalándolo hacia sí, sintió un dolor punzante en la sien, pero siguió jalando, una sensación de quemadura y luego humedad. Finalmente escucho un grito desgarrador, sin embargo, sus dientes estaban fuertemente apretados. Un sonido metálico a su espalda le hizo mirar de reojo, ahí a escasos centímetros de él, caía un hacha y justo al lado un segundo Orco yacía con una flecha clavada en el ojo.

Ni siquiera hubo tiempo para exhalar de alivio cuando se escuchó el sonido de una explosión, el aire se electrizó erizandole las vellos de los brazos y la imagen de un garabato flasheo en su mente -runas- recordó Azim, estos enanos llevaban runas y solo estaban haciendo tiempo para completar su carga, su mano seguía aferrada a un extremo de la carreta, pero la caída del enano había puesto el peso en el extremo opuesto, si no la estuviera sujetando con toda su fuerza hacía rato que hubiera caído y aun así sentía que su agarre se aflojaba por segundos.

Sal de ahí gritó el orco, su voz sonó un poco más imperiosa de lo que hubiera deseado, por respuesta el enano le lanzo una mirada furiosa buscando a tientas otra flecha. Por su parte Azim se debatía entre guardar el arma o soltar la carreta- Deja de moverte anciano,- grito, su mano estaba perdiendo el agarre, a su espalda se escuchaban los ruidos de una batalla que había dado vuelta y sin embargo otro de los orcos iba en su dirección

¡Lord Garrim resista! alcanzó a escuchar

Unos metros atrás un enano fornido con brazos casi tan gruesos como su propia cabeza y una barba tan negra como el plumaje de un cuervo, saltó sobre el carromato que hasta hace unos minutos hacía de barricada, con un hacha en cada mano brinco por encima de dos orcos, aún aturdidos por la descarga eléctrica que cimbró el lugar hacía un par de segundos y clavó una en la cara de uno de los orcos con todo el impulso de su descenso, apenas alcanzó a tocar el suelo cuando de un segundo movimiento encajó su otra hacha en el vientre del otro orco. Inspirados por su valor otros dos enanos salieron de detrás del carro profiriendo gritos de batalla.

Junto a rio, la carreta había decidido espolear un poco más la situación la madera empezó a crujir inequívocamente,  no pudo postergar más la decisión y enfundó el arma al momento que la carreta se partía en dos, alcanzó a dar una larga zancada para sujetar con ambas manos la mitad que contenía al enano mientras la otra caía dando tumbos a las aguas oscuras, Azim clavó los talones en el suelo mientras tiraba con fuerza sus propios pies a escasos centímetros del borde del barranco.

¡Salta! gritó ahora casi con desesperación, el enano volvió a mirarlo, en sus ojos furiosos esta vez había una chispa de entendimiento, apretó los labios y dio dos rápidas zancadas hacia él, casi sorprendentes para un enano de su edad, brinco casi a su lado y luego dio un par de pasos más hacia terreno firme, sin embargo cuando por fin lo alcanzo no hubo alivio en su mirada. El otro orco había llegado hasta ellos, el anciano se había dejado el arco en los restos del carro que ahora navegaban río abajo y Azzim no alcaria a desenfundar a tiempo, lo único que tenía en sus manos era un pedazo de madera.

Pues un pedazo de madera tendría que servir, pensó, mientras veía a su  oponente acometer, su arma una maza mucho más tosca que la del propio Azzim, quien tomó el tablón con ambas manos en un intento de desviar el golpe, lo logró, apenas pero el heroico tablón había quedado hecho astillas en el encontronazo, Azzim sintió que perdía el equilibrio uno de sus pies resbaló y solo toco el vacío, pero logró equilibrarse a duras penas en un último momento sólo para ver como su oponente volvía a levantar el arma.

La maza subió rápida y poderosa, pero bajo sin apenas fuerza, un hacha bien acomodada entre los omoplatos había sido lanzada por el enano de barba negra, Azzim aun no soltaba la respiraciòn cuando la segunda hacha impacto en su pecho, para su fortuna impactando sobre el peto, sin embargo el aire salió de sus pulmones, dio un paso atrás buscando equilibrarse solo para sentir el vacío y luego rocas, dio tres o cuatro vueltas sobre ellas antes de caer de cara al agua, donde el peso del peto que hacía unos segundos le había salvado la vida ahora amenazaba con ahogarlo, pataleo con fuerza y manoteo desesperado hasta que sus manos se encontraron con algo firme, uno de los pedazos de lo que había sido la carreta, se aferró a ella con toda su fuerza por segunda vez en el dia esperando con pasiòn que fuera capaz de sostenerse hasta llegar a aguas más tranquilas.

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Sobre las rocas un corpulento enano de barbanegra ayudaba a otro de barba blanca a ponerse en pie.
Gracias al cielo que se encuentra bien mi lord cuando vi a esos asquerosos orcos tan cerca de usted temí lo peor

Garrim le palmeó el hombro agradecido y luego lanzó una breve mirada a las aguas oscuras, si pensó algo sobre el pobre diablo que había caído, no dijo nada.

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Azzim llegó a aguas someras varias horas después, para entonces apenas sentía los brazos y las piernas le pesaban y se sentían rígidas como si estuvieran hechas de metal, pero ante todo le dolía el pecho, debo tener un moretón del tamaño de un melón por ahí, razonó mientras caminaba con el agua hasta los muslos buscando un lugar donde tenderse, ya no le importaba si tenía fuego o una tienda sobre la cabeza, cuando por fin llego un sitio donde el fango solo le cubría hasta los tobillos se dio por satisfecho y se dejó caer ahí preguntándose cómo había acabado en esta situaciòn

Por que eres un estúpido, se dijo a sí mismo y en su mente su voz sonó más suave, como como dicha por alguien más, alguien anciano de gesto serio y mirada divertida.

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Re: En el camino

Mensaje por Señorita X el Sáb Jul 15, 2017 11:22 am

Hijra aceptado. Por lo que veo ya tiene experiencia en el rol, y se deja entrever por la forma que tiene usted de escribir.

Sea bienvenido al foro.
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