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Lluvia para esperar

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Lluvia para esperar

Mensaje por Lirio el Mar Jul 18, 2017 9:27 am

- Es hermoso ¿Cierto? - Nuvoria había percibido a su pequeña amiga desde la comodidad de su sillón, una verdadera obra de arte convertida en mueble, con la madera finamente tallada en infinidad de surcos que semejaban a enredaderas, y una cubierta roja carmesí que había sido causante de muchas siestas reales. – Tiene tantos años que no vengo a palacio que me había olvidado de cómo es - la princesa tenía entre sus manos un bello trozo de tela, el cual estaba bordando para dar forma a un arreglo con muchas flores de color púrpura. Tenía al parecer una gran destreza con ello, y parecía gustarle porque en los días lluviosos como ese no dejaba de mover sus delgados dedos, tomando la aguja una y otra vez con el esmero que presenta una madre que quiere vestir correctamente a sus hijos. – En fin, supongo que habrás visto cosas mejores que mi jardín, aunque debes aceptar que es de lo mejor – una vuelta más a la aguja, y un par de ojos cerúleos mirando fijamente.

Pero Lirio solo miraba a través de la ventana, lo suficientemente lejos para no tener “accidentes innecesarios” con los brazos a modo de almohada en una repisa y su rostro acomodado encima de ellos. Envidiaba a sus hermanas de agua por poder salir y bailar y chapotear en esos días, no es que Lirio no pudiera hacer eso, pero la idea de no volar y de terminar echando humo por toda la casa no eran de su gracia. Así que se quedaba en casa, mirando por una ventana que salpicaba gotitas de lluvia y escuchando a su amiga decir un sinfín de palabras que no entendía, como ya era costumbre.

Lirio suspiro, moviendo sus piernas un poco para evitar que se adormecieran y continuaba mirando la lluvia que no cesaba de caer, Nuvoria seguía diciendo algunas cosas, pero si bien en algún momento Lirio la escuchó, eso dejó de ser hace un tiempo. Ahora solo veía una gota caer, y otra seguida de ella, y una más ¿Es que nunca iba a parar?
Se levantó sumamente molesta, echando humo (literalmente) mientras agitaba las alas por el tedio. Nuvoria la vio divertida y de hecho soltó una pequeña risilla al saber que su amiga estaba más aburrida que ella.

- ¡Prefiero mil veces que me devore un gato a tener que soportar tanta agua! – chilló con fuerza, y en una llamarada sus alas tomaron forma y la expulsaron hacia donde estaba Nuvoria, posándose cual mariposa enojada encima de la tela con que se entretenía su amiga, cruzándose de brazos y arrojándole una mirada acusadora al tiempo que su pie se movía hacía arriba y hacia abajo. Nuvoria acerco un dedo a la cabeza de Lirio, acariciándola no sin cierta precaución

– No es tan malo. La lluvia trae vida, mañana habrán muchas flores en todo el lugar, y las recolectaran y todo se llenara de color

– Estoy aburrida - sentenció Lirio, quien no entendía en absoluto lo que decía su amiga. Nuvoria tomó con cuidado a Lirio, cargándola lo suficiente para que ella misma se pudiera levantar.

- ¡Esa es la actitud! Un poco de lluvia no le hace daño a nadie, bueno… a casi nadie ¿Verdad?

– ¡Estoy aburrida! - repitió con un tono más severo y, soltándose de la mano de Nuvoria, echó a volar cual ráfaga de fuego hasta salir de la habitación.

– ¡Ersia! - gritó Nuvoria, pero ya era demasiado tarde, esa mujer era más testaruda que los comerciantes del mercado.

– Nunca puede entenderme, ¿Es tan difícil acaso? - una estela de fuego iba cruzando los pasillo del palacio, y los tintineos de su voz encontraban su eco por doquier. Sucedía que Lirio no podía entender nada de lo que le decían en ese lugar, y al parecer ellos no habían puesto el empeño suficiente para entenderla a ella ¿Quién si no tenía que esforzarse? Desde luego que Lirio no estaba dispuesta a aprender un idioma tan vulgar y mundano como ese que usan los seres humanos, así que era trabajo de Nuvoria hacer el esfuerzo, y debía sentirse orgullosa por tener la oportunidad de hablar su idioma, pero era una niña holgazana que se la pasaba leyendo libros, bordando telas y en general perdiendo el tiempo en cosas sin sentido, no como Lirio por supuesto, que asumía responsabilidades sumamente importantes para el mundo. La gente no parecía apreciarlo, pero cuando se la pasaba dormida todo el día evitaba incendios, y salir a pasear tenía un significado muy íntimo con la naturaleza, porque un hada siempre debía estar en contacto con ella para que las flores y los árboles y los animales no se sintieran tristes. Era definitivamente una ardua labor la que ella hacía, y gracias a esas risas la vida continuaba ¿Libros? ¿Lecciones? Qué manera de perder el tiempo cuando puedes atravesar nubes cual saeta.

Y así, en medio de ese escape, fue que se dio cuenta que estaba completamente perdida. Claro, la gran Lirio no podía perderse realmente, solo había provocado una nueva aventura dentro de un inmenso palacio repleto de piedras enormes, y curiosamente con poca gente alrededor, lo cual en definitiva era algo extraño.

- ¿Hola? -  El eco sonó cual trueno en el vacío. A lo lejos se podían escuchar ligeros pasos apresurados, siempre tomando distancia del corredor donde Lirio revoloteaba cual luciérnaga. - ¿Han visto a mi amiga? Es… bueno, es más alta que yo – – siguió avanzando, entendiendo rápidamente que no encontraría a nadie allí, solo un largo y oscuro corredor que descendía hacía un corredor aún más tenebroso.

Bajó por las escaleras, y una vez que continuó su camino logró divisar al fin algo de luz que se escapaba del otro lado de una pesada puerta de madera. Desde donde estaba podía sentir el crepitar de las llamas, lo cual la emocionó lo suficiente para avanzar con más seguridad, buscando el calor como las polillas a la luz.

La puerta resultó ser un obstáculo sumamente incómodo, pero fácil de librar. Solo un poco de movimiento a través de la cerradura fue suficiente para cruzar al otro lado.

– Ouch – – su pierna sufrió un pequeño altercado al enterrarse una esquina metálica que la hizo sangrar un poco, cosa que no importó porque estaba del otro lado.
Había un par de antorchas crepitando, bien afianzadas a los muros de la pequeña estancia que solo constaba de una mesa, una enorme espada, un escudo y un hombre que dormía plácidamente con las botas encima de la mesa, los brazos cruzados y la silla balanceándose como una apuesta del inminente accidente que se provocaría tarde o temprano. Lirio se sentó con las piernas cruzadas en la mesa, mirando al hombretón roncar. Un momento hacía delante, un momento hacía atrás, y la silla rechinando al unísono. Se le ocurrió prenderle el bigote, solo para ver qué pasaba, pero Nuvoria se había enojado mucho con ella la última vez que hizo algo así, y duraron un par de semanas sin hablarse… mejor sería dejar al soñador soñando, y había algo más que llamó su atención.

Detrás de ella había un único pasillo, mucho más tenebroso que todos los anteriores, y con cierta gelidez en el ambiente, una pesadumbre que invadía cada poro en la piel de Lirio. La muchacha dio un par de pasos hasta que sus pies desnudos tocaron el filo de la mesa. Esa sensación era única, una opresión en el pecho que le hacía querer salir huyendo de ahí, pero al mismo tiempo la fuerza con la que esperaba que lo increíble sucediera la hacía avanzar. Movió las alas una vez más, con la delicadeza suficiente como para volar y no crear más que unas cuantas ascuas en el aire.
Comenzó a avanzar mirando por las reducidas habitaciones en el pasillo, todas con puertas de grueso metal en forma de barrotes, entrelazados con la idea de no permitir que lo que fuese que estuviera del otro lado pudiera salir. Pero no había nadie, al menos no al principio.

Encontró a un hombre anciano tapándose con una manta harapienta, arrinconado en la esquina de su habitación murmurando algo “que no las arañe más, hagan que pare” decía. Lirio lo miró, y el la miró a ella. Si bien la joven estaba acostumbrada a que la gente a su alrededor se excitara solo de verla, este no fue el caso, el anciano abrió los ojos sorprendidos, y se tapó aún más con la manta, meneando la cabeza con… con miedo, definitivamente era miedo. Pero Lirio continuó, ella era valiente, ella estaba de aventura en un maldito día lluvioso ¿Qué podía ser peor que el agua?

Así, en lo que pareció una eternidad, llegó al final del corredor, había una habitación más, grande, con los barrotes mucho más gruesos y repletos de rasguños. Parecía que alguien había querido salir de ahí, o entrar, era difícil saber ese tipo de cosas en realidad. Lirio se deslizó en el viento hasta tomar con sus pequeñas manos un barrote maltratado, y sus pies se posaron justo en otro metal que iba horizontalmente de pared a pared
– ¿Hay alguien? – podía sentirlo sin duda, pero no sabía que era. La excitación, la emoción contenida dispuesta a explotar en un instante, cierta locura y depravación, el corazón del hada comenzó a palpitar con fuerza, y la urgencia de salir huyendo de ahí fue casi irresistible.

Casi.

Dio un paso más al frente, atravesando el umbral solo por un par de centímetros. Nada.
Solo una cama en el suelo con la pinta de no haber sido usada en mucho tiempo, solo el muro desgarrado y el suelo lleno de polvo. Solo la sensación de que algo iba terriblemente mal, y ya no pudo aguantar más.

– Yo… bueno, creo que me marcho por ahora – dio media vuelta y se encontró con un par de esferas amarillas en la penumbra, dos esferas clavadas en ella, atravesándola y eliminando toda valentía que alguna vez creyó tener. Se sentía indefensa, desesperanzada y su cuerpo comenzó a temblar.
Un paso hacia atrás, pequeño, luego otro, y el pequeño estallido de una llama a su espalda mientras usaba toda su fuerza para salir de ahí. Llegó hasta los barrotes en un instante y cruzó el umbral, sintiéndose segura por un momento, hasta que la luz se apagó.

Jamás había sentido tanto frío en su vida. Respiraba agitadamente, su cuerpo estaba atrapado y por más que intentaba soltarse, la fría mano solo presionaba más. A su costado sentía delgadas agujas perforando su piel, la sangre cálida recorría sus muslos, y los ojos seguían clavados en ella, la habían encadenado de alguna manera y eso fue su perdición, estaba segura de eso.
Intentó hablar, pero no había palabras, y el único aire era el cálido aliento de la bestia, cada vez más cercano. Lirio no reaccionó hasta ver las enormes fauces de lo que fuera que tuvieran allí encerrado. Estas se abrieron, y la garra presionó más, y eso lo agradeció.
- ¡NO! – chilló, y todo su cuerpo se encendió en una llama que quemó inmediatamente la mano del animal, y parte de su hocico. Lirio intentó aprovechar la oportunidad para salir de ahí, pero sus alas no respondieron, y tras un par de aleteos cayó de bruces contra el suelo, dando un par de volteretas antes de detenerse. El animal aullaba furioso y a golpes contra el muro apagó las llamas. Lirio se arrastró por el suelo intentando escapar, sabiendo que no habría suerte en el segundo ataque.
Lo escuchó gruñir, y se obligó a dar la media vuelta para enfrentarlo una vez más. La criatura media más de dos metros, tenía unas garras inmensas pisando el suelo y gracias a las antorchas logró ver su rostro lleno de fauces, y la sed de sangre en su mirada. Lirio le miró aterrada, y la bestia se acercó aún más, tirando saliva.
– No tenemos que hacer… esto – se encendió una vez más, una pequeña llama debilitada con solo mucha fuerza de voluntad de por medio. Le dolía todo el cuerpo, le sangraba la mitad, y las alas las sentía destrozadas pero ¿Qué más podía hacer? No… no la tendría fácil.

El licántropo atacó.

Lo único que pudo hacer ella fue cerrar los ojos y encoger su cuerpo con la esperanza de que se la bestia no quisiera quemarse una vez más, o quizás fallara el golpe… al menos que no le doliera la muerte.

– Atrás maldito! – Lirio se apagó de inmediato, completamente desconcertada de lo que había escuchado. Había lanzas cruzando por el umbral, como inmensos aguijones que le salvaran la vida, y en ese instante una mano la aferró, sacándola de la celda.

– Alabados sean los dioses ¡Aquí estás! – la voz de su amiga la tranquilizó, sus manitas cargándola, e incluso los gritos de auxilio. Pero no pudo saber más, cuando sus ojos se cerraron, no supo más, y cuando los volvió a abrir estaba tendida en una pequeña cama improvisada con plumas, con su amiga bordando como siempre y la lluvia asediando el exterior. Si alguna vez Nuvoria dijo algo al respecto, Lirio jamás se enteró. Pero en sus ojos se relataba toda la historia.
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Re: Lluvia para esperar

Mensaje por Señorita X el Jue Jul 20, 2017 9:48 am

Un hijra precioso, Lirio. Me siento en fortuna al leerlo, pues me ha gustado mucho el punto de vista infantil que tiene el personaje. Te voy dando color.

Un saludo
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