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La niña que se fue (Azim)

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Re: La niña que se fue (Azim)

Mensaje por Lirio el Jue Ago 10, 2017 1:59 am

Jugueteaba con el pequeño dije de su collar, pasándolo una y otra vez entre sus dedos mientras escuchaba un millar de voces que al final resultaban ser zumbidos de moscos a sus oídos, igual de molestos y frustrantes. Levantó la mano, una fuerte y arrugada repleta de anillos que compartían de una forma bizarra el espacio con las cicatrices. Y entonces todo zumbido se silenció.

- ¿Dónde esta? – los moscos no se atrevieron a zumbar más, y entonces él alzó por primera vez la vista.  Un  par de ojos tan negros como la noche refulgían con la luz de las antorchas en la sala, y veía al congregado de oficiales de la guardia real mirándose el uno al otro.

- ¿¡DONDE ESTA!? – gritó con voz atronadora, y un fuerte golpe con su cetro en el suelo hizo tal eco que todos los valientes hombres, todos curtidos en batallas, respingaran por el miedo.

– N-no lo sabemos – logró decir uno, aclarándose la garganta para pasar el trago amargo de la vergüenza. Apenas habían pasado unas horas desde la afrenta en el mercado, y nadie sospechó que la princesa estuviese allí hasta que comenzaron a hacer preguntas sobre su paradero.

Oseas Laraunthes no era un hombre justo precisamente. Valishia no era un lugar que permitiera la justicia en realidad, pero él se las apañaba para hacer lo posible por darle una buena vida a su pueblo. Era un hombre inmisericorde, pero no tiránico, del tipo que no pensaba dos veces en sentenciar a muerte a un ladrón, y al mismo tiempo buscaba compensar a la víctima. Y en ese momento deseaba degollar a todos los que se encontraban en la habitación.

– Tengo un destacamento cuyas única función es la de procurar a la princesa, cuya única función es seguirla a donde quiera que vaya y protegerla de cualquiera que se acerqué – se tomó la sien con la mano, guardando silencio por un momento antes de enfurecer. Un largo suspiro escapó por entre sus labios, y por alguna extraña razón el sepulcral silencio logró serenarlo.

“Todos callan cuando el rey habla” se recordó, y levantóse de su asiento caminando lentamente mientras las pisadas de sus botas resonaban en las losas de su salón del trono. Una y otra vez, como recordatorio de ese día. - ¿Dónde estaba ese destacamento? ¿Dónde los hombres que debían proteger a mi hija?

– Hemos tenido muchas complicaciones para seguir a su alteza, esa hada le ha enseñado a perdernos su majestad, se ha convertido en un… – una vez la mano en el cielo, y una vez más el silencio. El rey lo pensó por un momento, era cierto que la llegada de Ersia había cambiado en muchas cosas a Nuvoria, pero él en toda su sabiduría jampas contempló que sería para mal, el hada había ayudado a su hija a superar la pérdida de su hermano, le había dado carácter, y ese espíritu de aventura que le otorgaba a él mismo una forma de escapar de la pérdida de su heredero. La reina por otro lado si la culpaba, deseaba a una mujer sumisa en la princesa, digna de un buen hombre que pudiera tomar las riendas del mundo entre sus manos. Él… bueno, el solo quería que ella reinara sola.

– Encuéntrenla – ordenó – no quiero una sola calle sin cubrir, ni una sola casa sin revisar. Quiero que hasta la piedra más lejana en el desierto sea removida hasta encontrarla, y cuando regresen, lo harán con ella, y con el hada. Llévense a todos los hombres que deban llevarse, y no se molesten en regresar hasta que la traigan con ustedes – esas últimas palabras rugieron como una amenaza de muerte, y cada una de las personas que se encontraban lo comprendió así.
Un ademán más y todos salieron del salón del trono, conteniendo las ganas de salir corriendo.

– Y Alfred – – el valiente oficial que se había atrevido a hablar se quedó helado en su lugar.

– Estoy a sus órdenes su majestad

– Quiero que traigas al destacamento responsable de mi hija, y los traigas a todos aquí cuanto antes – el hombre se fue en silencio, dejando al rey en soledad. – No voy a perder a otro hijo, no a la única heredera que me queda



- ¡Puedo caminar! – chilló haciendo lo posible por no hacer un gran escándalo en medio de la nada. Temía que él fuera quien la estuviese secuestrando ahora. Pero el orco la bajó, Nuvoria hizo lo posible en tapar la rasgadura en su pecho par ano mostrar nada e su cuerpo desnudo, y Lirio inmediatamente enfrentó al hombretón cara a cara.

- ¿Y tú quién demonios eres para tratar así a mi amiga? – se encendió como una chispa en medio del bosque, llenando todo su cuerpo en llamas - ¿Dónde están los hilos que se compró? ¿Dónde están sus flores? ¿Y dónde están mis dulces? – se acercó más a él, alumbrando lo que vio como el rostro más feo de la historia.

– Calma Ersia, calma – Nuvoria hablaba con una voz tan frágil que parecía se iba a romper en cualquier segundo. Era comprensible que estuviera aterrorizada, y el llanto era lo único que la había ayudado a recomponerse para volver a intentar comportarse con la serenidad de toda su nobleza. Sabía también que Lirio no le haría ningún caso, así que mejor se dirigió directamente a Abdel, quien parecía querer largarse de ahí cuanto antes así que tomó su mano entre sus delgados dedos, y lo jaló para que continuaran la carrera. Ya habría tiempo para explicaciones después, y contaba con que Lirio hiciera toda una serie de preguntas, y que el orco pudiera al menos entenderla porque definitivamente ella no lo haría. Al fin los orcos debían hablar idiomas raros ¿No?

El trío había perdido mucho tiempo con la carrera de Abdel cargando a Nuvoria, que si bien no pesaba gran cosa, si debía ralentizar el paso de semejante criatura, y fue gracias a eso que los gritos comenzaron a escucharse en la lejanía, y cada vez más cerca. Nuvoria había hecho todo lo posible por correr junto a su salvador, pero no era una atleta, ni una guerrera, y además lo único que no le rompieran había sido el incómodo faldón, y ella no tenía pensado hacerlo tampoco… no era una mujer muy práctica en realidad.

– ¡No pueden alcanzarnos! – suplicó entre fuertes jadeos. Si bien Abdel parecía tener la condición física de diez caballos de guerra, ella no tenía más aire que administrar, y sus piernas se movían por mera adrenalina.

– ¡Ya vinieron tus secuaces ladrón de amigas! – rugió Lirio en lo que a oídos de los demás parecía el tintineo frenético de un cascabel, o una chinchilla haciendo ruido, y desenfundó su amado estoque dispuesta a hacerles frente.

Por primera vez el cielo se estaba pintando de un colo0r distinto al negro, pero aún faltaba mucho tiempo para que amaneciera.
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Re: La niña que se fue (Azim)

Mensaje por Abdel Azim el Sáb Ago 12, 2017 8:10 pm

Puedo caminar chillo la niña, quizá en otro momento Abdel la habría ignorado de plano y la seguiría cargando sin importarle los chillidos, pero ahora mismo le preocupaba tener que cargar con una cría llorando y pataleado con sus perseguidores tan cerca, si las huellas no los delataban el sonido lo haría, dejo a la cría en el suelo, esperado con verdadera devoción que eso la calmara, ya tenía la impresión de que la había roto de alguna manera y no quería empeorar las cosas, si sigue chillando supongo que puedo simplemente taparle la boca, pensó, pero no hubo necesidad, ya que la chica recupero algo parecido a compostura casi de inmediato mientras se cerraba a camisa y solo alcanzo a sentir una mano diminuta y delicada tratando de tomar su enorme manaza jalándolo par que siguieran corriendo.

Desgraciadamente junto con ellos se había acomodado una cosa parecida a una luciérnaga, mientras revoloteaba iluminándolos peligrosamente, alcanzo a verla brevemente, tenía alas como de libélula o mariposa, pero su cuerpo tenía forma de mujer, y parecía tratar de comunicarse con una especie de tintineos frenéticos, en no entendía lo que decía, pero podía deducir el tono.

¿Como la apagas? Pregunto algo preocupado de que el sonido que producía esa cosita pudiera delatarlos, o el brillo en la oscuridad que era como enviarles señales con una lámpara. Pero al momento la cría logro calmar a su mascota y pudieron seguir avanzando. Al principio fueron un poco más rápido, el peso de la chica no era mucho, pero aunado a la mochila atascada de cosas que apenas recordaba haber metido lo alentaba un poco y hacia sus huellas más profundas. Pero la chica no tardo demasiado en agotarse y empezar a alentar el paso, Abdel se veía a menudo mirando de reojo para que no se quedara rezagada o discretamente tirando de ella para que no se quedara quieta, pero al final tuvo que detenerse.

La cosa estaba mal y parecía que iba a ponerse peor, unas voces se escuchaban a la lejanía y acercándose peligrosamente, la cosa volvió a revolotear y emitir chillidos, mientras la cría estaba a punto de volver a entrar en pánico.

¡Cállala! Dijo Abdel en un tono más seco del que pretendía, en realidad estaba algo molesto consigo mismo, no tenía muy claro como se había metido en esta situación, pero estaba a la mitad del desierto, con apenas agua, la menor idea de donde estaban o hacia donde correr y una banda de gente dándoles caza. Cuando entro a la cantina esa mañana el día parecía pintar tan bien.

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Eucarion despertó sintiendo un fuerte dolor en el costado, producto de la amable patada de su venerable líder. Abraxas parecía haberse levantado, otra vez, del lado equivocado del camastro, le pregunto por uno de sus compañeros, y él estuvo a punto de responder con un amable “Y yo que coño voy a saber” pero el tono de Abraxas y su sentido de la preservación se impusieron, su líder estaba furioso y eso quería decir que iban a rodar cabezas, si no tenía cuidado a suya sería la primera.

Enseguida voy a ver dijo en tono complaciente, mientras se dirigía al montón de arena que su líder miraba fijamente, probablemente el ultimo paradero conocido del buen Klim -quieran los dioses que él pueda calmarlo- cuando se acercó lo vio tendido en la arena -esto está bueno, el recto y santurrón de Klim se ha quedado dormido de guardia- penso Eucarion con una sonrisa burlona, ya quería ver como lidiaba Abraxas con él, pero cuando se acercó un poco más algo hizo conexión en su cabeza, la forma antinatural en que el cuerpo estaba tendido, se acercó otro poco, el charco de sangre bajo el, y finalmente a unos pasos del cuerpo, vio la daga sobresaliendo de su barbilla.

¡Klim está muerto!

Maldita sea, mascullo Abraxas entre dientes, casi podía jurar que el de la gracia había sido Athenok y si antes había llegado a la conclusión de que debía matarlo, ahora lo sentía casi una necesidad.

Quiero ver a Rashim y a Athenok, ¡ahora!, bramo Abraxas ya abiertamente furioso. Pateo a un segundo incauto, tan fuerte que su cuerpo se levantó dos palmos del suelo antes de volver a caer a la arena con un sonido seco, el infeliz no se puso en pie como había sido la intención de Abraxas, en su lugar se colocó de rodillas y empezó a vomitar sujetándose el costado.

Eucarion volteo alrededor, la noche aún estaba oscura, pero alcanzaba a distinguir entre las sombras dos bultos, uno un cuerpo adulto y otro…arena cubierta con una cobija? Rashim, murmuro, ya seguro de la identidad del cuerpo, estaba tirado, con la boca abierta en un grito que fue amortiguado por la propia arena, su cabeza sangraba, pero parecía respirar, había caído de rodillas al lado de un montículo de material que el mismo había amontonado, en el lugar donde debía estar la cría que habían atrapado ayer. Ho, demonios, Que los dioses me protejan, murmuró a sabiendas de que le tocaría a el dar la noticia, pero a la vez aliviado de tener algo que reportar.

Aquí esta Rashim. Dijo mientras sacudía a su inconsciente compañero. Parece que jugaba a los castillos de arena.
Tráemelo. Dijo secamente Abraxas mientras se volvía a meter a su tienda, él podía imaginarse a grandes rasgos que había pasado, pero estaba a punto de obtener los detalles. Rashim no parecía despertar de todo así que su compañero entendiendo que el jefe no estaba para demoras se limitó a tomarlo del cuello de la camisa y arrastrarlo hasta la tienda. Cuando llego al interior de la misma Abraxas ya tenía lista una cuerda, un pequeño cuchillo y unas pinzas. Rashim al fin empezaba a reaccionar, pero Eucarion podría jurar que en unos minutos iba a desear no haberlo hecho, o quizá incluso haber muerto, el aire en el interior de la tienda se sentía como si estuviera cargado de electricidad y el, quien había quemado viviendas y matados granjeros por apenas una comida, sentía la urgente necesidad de salir corriendo de ahí cuanto antes.

Déjalo ahí dijo su líder sin molestarse en voltear, mientras rebuscaba en la bolsa donde todo mundo sabía que guardaba los venenos pero nadie nunca se había atrevido a mirar, Eucarion obedeció agradecido de poder salir de la vista de Abraxas y de que este tuviera en quien descargar su ira; ya tenía un pie fuera cuando escucho - y encuentra a Athenok-

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Abdel puso el oído en el suelo, eran pisadas no cabía duda, pero no eran demasiadas, ¿un grupo pequeño?, ¿exploradores más que perseguidores quizá?, eso quería decir que no sabían con exactitud que rumbo habían tomado, aun así, era un número considerable, ¿cinco, seis, ocho personas? Demasiadas para que él les hiciera frente solo, más aún si tenía que proteger a una niña rota y a una cosa voladora chillona.

Miro a su alrededor, lo que daría ahora por un mapa o haberse tomado el tiempo de conocer la zona antes de emprender esta locura, solo veía dunas, arena salpicada de una que otra formación rocosa. No había donde esconderse, ni donde apertrecharse para enfrentar a sus perseguidores, estaban demasiado expuestos y en clara inferioridad numérica. Una lagartija paso por encima de una roca y al escuchar un búho ulular se enterró en la arena, que envidia, pensó Abdel, pero un segundo después tuvo una idea. Si no había donde esconderse, que tal si solo se enterraran? Bueno él no podía por supuesto, era demasiado grande y tomaría una eternidad, además de que si entierras a una persona en la eran por completo queda inmóvil era lo último que el queria en este momento, pero, la cría, el tenía una manta deslucida entre sus cosas, o al menos eso pensaba, podía ocultar a la cría bajo la manta entre rocas y arena mientras el creaba un rastro falso hacia otro lado. Rebusco en su bolsa hasta encontrar lo que quería una manta marrón, tosca y con olor a tierra mientras decía, quédate aquí, intentare desviarlos.

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Eucarion se movía de un lado a otro frenético, despertando compañeros y preguntando donde había sido la última vez que alguien había visto a ese oso apestoso, los gritos que venían de la tienda solo parecían espolear su urgencia y ayudarlo a despertar a sus colegas, finamente se topó con Ursa, quien parecía ¿acabar de llegar? No tenía mucho tiempo para pensar por que la tosca Ursa quien estuvo en el saqueo del día anterior parecía haber salido en la noche y acababa de regresar, así que solo se limitó a preguntarle por Athenok, a lo que la mujer le señalo a de las formaciones rocosas con una sonrisita sarcástica en los labios para luego dirigirse imprudente a la tienda de su furioso líder. Bien ojala la matara.

Corrió hacia el lugar que Ursa le había aconsejado solo para encontrar el destrozado cuerpo de su excompañero al cual parecía faltarle la mitad del cuello.

Ho demonios.

En ese momento su líder salió de su tienda, la expresión de furia otra vez brillaba salvaje en sus ojos, mientras los gritos del desgraciado Rashim aún se escuchaban al fondo

Ho demonios.

Quiero cuatro grupos de búsqueda, quiero que encuentren a esa mocosa y la traigan de vuelta, ¡VIVA Y AHORA!

Ho demonios.

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