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Un error a la vez [Libre]

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Re: Un error a la vez [Libre]

Mensaje por Jan Egiz el Sáb Feb 17, 2018 6:49 am

Jan miró a Mak. No tenían más opción que quedarse la noche. No cargaba arma más que su daga (que no estaba especialmente afilada) y a Mak, que era triste pensar en él como un arma, con lo inocente que se veía. El elfo dudaba que el ungüento que le ofrecía la silvana le serviría de mucho. Lo negó amablemente.

No lo gastes en mí. —Dijo, esperando no sonar demasiado dramático.

y parece que no lo hizo, porque la respuesta de la elfa lo dejó ligeramente perplejo. Se limitó a encogerse de hombros

Más para mí. —sentenció y se guardó la pomada. Y él que pensaba ser el elfo más descortés que conocía.

Como fuere, la herida escocía como el mismísimo infierno (Irónico,¿eh?). Con dolor, más por la prenda que por sí mismo, arrancó un largo trozo de su capa y le dio un par de vueltas en su pecho, vendando la herida que aún sangraba y rápidamente tiñendo la tela de rojo. Luego de vendarse, le salpicó la curiosidad.

¿Cazabas al Thanator o él te cazaba a ti? —soltó de la nada mientras mantenía una ceja arqueada que casi insinuaría una burla. La elfa frunció el ceño y soltó un resoplido. Jan temió haberla ofendido «¡Por Änthäk-La —que ya se había acordado del nombre del dios-sol-envía-criaturas—, que no me la puedo echar de enemiga tan rápido» pensó. Estaba seguro de que si Mak pudiera arquear una ceja, lo hubiese hecho ante el pensamiento.

Tenía un tiro limpio.... A veinte metros.... El mejor tiro de mi puta vida, y de repente a un imbécil se le ocurre incendiar el bosque. ¿Qué retrasado mental incendia Physis? Espero que haya sito la tipa esa. Y que el thanator se la haya comido. Maldita sea... El mejor tiro de mi vida...

Y ahí estaba otra vez la punzada en el corazón, la cual ocultó lo mejor que pudo, pero ahora no solo se sentía culpable con su pueblo sino también con la chica y el mejor tiro de su vida. Sinceramente, aquél no era su mejor día. Se acomodó en la rama y se sentó con cierta dificultad, aún cansado por aquella carrera.

¿Cuánto te darían por uno de esos? Tengo entendido que las ninfas no son muy amantes de los cazadores.

Suspiró y echó la cabeza hacia atrás. Genial, no había metido la pata tanto. Comenzó a sobarse justo encima de donde se había echado pomada. Vaya, también se había herido.

Veamos... Por su dentadura, 1 kull. Por su carne, alrededor de 9. Por la piel, bien tratada, 4 kull. Todo en oro. Eso sin entrar en las diferentes partes que vuelven locos a los alquimistas... Si entregara el bicho entero sacaría más de  20 malditas monedas... En fin. Como bien dices las dríades son todas unas malditas putillas quejicosas, pero no te voy a contar mis secretos de contrabando. —Comentó con una sonrisa de medio lado. Una sonrisa. «Yo no estaría sonriendo.», y sonó la risa de Mak en su mente, la cual de algún modo no se manifestó en su cuerpo. —Por cierto, ¿Qué hacías tú hablando con la pirómana de turno? ¿Asuntos escabrosos fuera de la ley élfica? —dijo subiendo y bajando las cejas, gesto que Jan quiso ignorar.

V-Veinte kulls de oro —masculló en un tartamudeo nervioso. Eso sin duda era bastante dinero. Alzó la ceja.—Me he topado con aquella huy... saliendo de Erínimar, y por Khussu que tenía pinta de asesina o algo. —Khussu. De aquél dios si se sabía el nombre, y es que lo había escuchado tantas veces en la biblioteca que ya se le había pegado la muletilla, aunque no estaba del todo seguro de qué dios era ni de qué pito tocaba en la historia.

Erinimar, ¿huh? —Miró a Jan con mayor atención, pero luego fijó la mirada en Canwn Mak- Sí que tenía pinta de psicópata... ¿Y aquí tu pequeño amigo te ha acompañado todo el rato? ¿Quién es? O quizá qué es.

Jan también miró a Mak ante la pregunta que ya se había hecho. Se molestó en hacerla una vez más.

Erhm... Sí, es mi... Erhm... ¿Compañero? .. Aunque no estamos seguros de qué es exactamente... Mak, ¿Qué rayos eres? —Una vez más, la criatura verdosa se limitó a encogerse de hombros -de los cuatro hombros-, causando risa a la elfa. La luz comenzó a menguar y Jan comenzaba a preocuparse de que cayera la noche antes de que ellos estuviesen preparados.

Así que viajas por ahí con un junco gris a tu lado que es capaz de transformar sus manos en cosas azules afiladas. Y no sabes lo que es. No sé si eres tonto o muy descuidado, chico. —suspiró.— En fin, me da igual siempre y cuando ninguno de los dos trate de cortarme el gaznate mientras duermo.

Lo mismo digo, supongo. ¿Tienes yesca? En poco va a anochecer... —en aquél momento se sentía bastante inútil. Solo tenía a Mak para ayudarlo, y bueno, no estaba seguro de qué tanta capacidad tendría.

¿Serás capaz de encender un fuego sin quemarnos a todos? Últimamente dudo de la capacidad de la gente en general para manejar el fuego. —Rebuscó en su bolsa y le lanzó una pequeña caja de yesquera. Para su fortuna, contenía lo necesario para encender la fogata, y era también una fortuna que había aprendido a encender fogatas gracias a Lashrael.

Lashrael. Otra punzada ahí.

Ya que has tomado la iniciativa mira a ver si encuentras algo rico para comer. Llevo un día entero sin probar bocado. —y ahora le tocaba cazar la cena. Sin su arco. Vale, que tenía puntería con la daga y todo, pero cazar sin su arco era algo que le resultaba incómodo. Por supuesto, se limitó a cerrar el pico e intentar encender la hoguera.

Y lo intentó bien. Tomó un par de ramas secas y una piedra, y con el filo de su daga hizo chispa sobre la yesquera, justo lo necesario para que se encendiera tanto la yesca como las ramas y, en pocos segundos, un fuego bastante estable.

Se alzó a medias dentro del refugio improvisado y se propuso a cazar algo e intentar pasar desapercibido a las dríades del lugar. Mak le siguió sin decir (o pensar) una sola palabra. Sus manos ya no eran garras, y se preguntó cuánto tiempo podría mantenerlas así y en qué momento había aprendido eso. Se adentró en el bosque. A su alrededor solo había espesura. Espesura y hongos.

De pronto, el olor del romero azotó su nariz. Genial, tenía el condimento. Ahora faltaba la comida —casi nada—. No le emocionaba demasiado la idea de tener que pasar la noche comiendo insectos, así que se propuso cuando menos conseguir un conejo. Un par de pasos más allá pudo avistar todos los ingredientes necesarios para su próxima ensalada; hojas de achicoria, nueces de macadamia, bellotas y dandeliones. Y aún luego de recogerlos y envolverlos en su bolsa, se negaba a regresar sin un conejo. Estuvo a punto de pedirle a Mak que prestara atención a su alrededor, luego cayó en cuenta de que prácticamente no tenía ojos, y sería bastante tonto hacerlo. Rodeó un Abedul en el camino y a un par de metros estaba su presa perfecta. Un pequeño ciervo lo suficientemente tierno como para brindar una carne exquisita, y lo suficientemente grande para rendir para ambos. Una vez más lamentó no tener su arco a la mano, pero se hacía lo que se podía con lo que se tenía.

Preparó la daga con cuidado de no hacer ruido. La balanceó sobre sus dedos, midiendo su peso cautelosamente, acostumbrándose a su dimensión. En una ocasión ideal, un puñal en el corazón bastaría, pero la daga no estaba lo suficientemente afilada, ni era lo suficientemente larga, ni era una flecha, por Khussu. Apuntó a su cuello; una variable más dolorosa, ruidosa y poco estética, pero era lo único que podía hacer. Contuvo la respiración por un segundo, tomó impulso y dejó ir aquél proyectil, que giraba en el aire casi cortando el viento por donde pasaba. Un segundo pasó desde su posición hasta el ciervo y cortó limpiamente su garganta, quedándose clavado en su tráquea y matando al animal con un desagradable sonido de quejido seguido por un gorgoteo y el cuerpecillo desbaratándose al suelo, el cual se movía intentando luchar contra su muerte inminente. Se acercó a paso acelerado, quitó la daga del cuello y la enterró en su corazón, que desde su pecho era mucho más accesible. El animal dejó de moverse. Jan miró a Mak.

Fortachón, ¿Podrías... Cargarlo? —dijo en voz alta, aún sin acostumbrarse a que realmente no tenía que hacerlo. La criatura asintió y se montó al ciervo en el hombro, tomándolo como si de una baraja se tratase. Jan casi pudo sentir cómo la herida en su pecho se iba cerrando, lo cual era bastante curioso. Caminaron de regreso; tomó el romero que antes había dejado y se colocó una rama en la boca. Al llegar a su refugio, lanzó el bolso adentro (el cual sólo contenía las plantas de antes, otra daga, un odre a medio llenar y una soga, todo en compartimientos separados) y le hizo un gesto a Mak que introdujera al ciervo. Casi pudo sentir la incomodidad de Mak con el lugar, así que una vez dejó a la presa junto al fuego, y mientras Jan entraba, comenzó a desaparecer; su cuerpo se distorsionó a la vista y se fusionó lentamente con el de Jan casi como si estuviesen derramando miel sobre agua.  El elfo se sacudió cuando Mak desapareció por completo. — Ciervo y ensalada a la orden. —dijo con una sonrisa.


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Re: Un error a la vez [Libre]

Mensaje por Balka el Vie Mar 02, 2018 1:16 am

____La mujer observaba al chico con más atención de la que era evidente. Medía todos sus movimientos, examinaba su vestimenta, escuchaba sus sonidos y trataba de completar el rostro tras el paño. Deformación profesional de la que a esas alturas de su vida ya no podía librarse. Cuando vio sus intenciones de prender la fogata dentro del hueco de las raíces examinó con rapidez el entorno y se alegró de comprobar que los musgos y líquenes que lo cubrían todo estaban suficientemente húmedos como para que nada ardiese, pero entrecerró los ojos. Qué descuidado, pensó.

____En cuanto el joven se marchó suspiró largamente, frotándose el puente de la nariz. Agarró su bolsa, la manoseó hasta que le dio la forma adecuada y se tumbó cuan larga era usándola de almohada, dando gracias al amplio espacio bajo aquel árbol. Cerró los ojos dispuesta a descansar un rato, sumiéndose en una ligera y reparadora duermevela acompañada por el suave crepitar de la pequeña hoguera. Le gustaba Physis. En general le gustaban las arboledas espesas y ricas, pero Physis resultaba más... pleno. Quizá fuera por la magia latente que corría intangible, o porque hacía demasiado tiempo que no pisaba un bosque en condiciones después de varios años de vagar por el camino de los humanos, pero Balka sentía en algún punto muy dentro de ella como si la Naturaleza completara su naturaleza. Como si su función en la vida fuese correr desnuda entre las raíces de los árboles, beber agua de lluvia y obtener de la tierra lo necesario para vivir. Sin preocupaciones ni problemas. La mujer soltó un pequeño bufido ante sus propias sensaciones y las apartó lejos, a algún sitio de su conciencia donde no fueran molestas.

____Las silenciosas pisadas del muchacho y los firmes pasos de su extraño acompañante la despertaron. Abrió los ojos y bostezó, incorporándose en el mismo instante en el que ambos entraban por el hueco grande entre las raíces.

____Apenas si debieron pasar dos horas a juzgar por la luz, pero se las habían ingeniado para conseguir un ciervo. Asintió de manera muda a modo de aprobación, aunque ella hubiese ido a por presas de menor tamaño que fueran más... sencillas de manejar. No es como si uno pudiese engañar a las dríades en su propia casa, pero sí se podía ralentizar sus acciones. Tampoco es como si fuesen a matarlos por alimentarse, pero las cosas estaban sensibles y siempre era mejor no forzar la situación. El junco gris dejó en el suelo la presa que cargaba y de repente, como si su contorno se desdibujara... se fusionó con el elfo. Balka abrió los ojos con genuina sorpresa, alzando mucho las cejas.

____-Ciervo y ensalada a la orden. -dijo con una sonrisa, lanzando una bolsa al suelo. La mujer abrió la boca para decir algo, pero se lo pensó mejor y se encogió de hombros. Sentía curiosidad, pero quizá no fuese el momento de preguntar.

____Arrancó un trozo de musgo y con él quitó el sobrante de la pomada roja de la rodilla, que había hecho su efecto reduciendo el corte de manera considerable, cerrándolo y dejando en su lugar una línea rosa y gorda como una oruga fea.

____ -Perfecto. -comentó, acercándose hacia el animal. Tenía un feo corte en el cuello y apenas asomaban las puntas de unos cuernos que ya no crecerían. Era un ejemplar joven.- Yo me ocupo de la carne y tú de lo que te dé la gana.

____Arrastró al animal fuera del refugio, alejándose del lugar pero sin perderlo de vista. Buscó un árbol de ramas gruesas, y cortando la piel que cubría el tendón de Aquiles pasó la cuerda por el agujero y elevó el cuerpo del bicho a una altura cómoda, dejándolo colgado. Hizo girar al cervatillo mientras se quitaba los brazales de cuero. Con un movimiento ágil se sacó la camisa por la cabeza y quedó desnuda de torso para arriba; la presa era muy reciente y la sangre iba a salpicar, no le apetecía manchar la tela e ir por ahí pareciendo una asesina en serie. Lo que no le importaba en absoluto era quedarse en cueros si era necesario, carecía de "vergüenza" en ese sentido. Se recogió el rubio cabello en un moño improvisado que no le diese problemas en mitad del trabajo y con la bota barrió de hojarasca el trozo de suelo sobre el que iba a trabajar.

____Con uno de los cuchillos arrojadizos procedió a hacer un corte vertical descendente, desde el esfínter hasta la garganta con cuidado de no profundizar mucho para no agujerear las tripas, pero lo suficiente como para abrir la carne. Olía a hierro y a tripas húmedas. Metió las manos hasta los codos, palpando entre las vísceras las membranas que las unían a la cavidad torácica y cortándolas, con muchísimo cuidado. Agujerear un solo órgano estropearía toda la pieza y dejaría inservible la carne. La sangre que quedaba, sin pulso que la hiciera circular, se había estancado y salía disparada en cuanto topaba con alguna vena principal, salpicándola si no conseguía apartarse a tiempo; se derramaba dócil en suaves oleadas a través de la boca y la nariz del animal, estampándose sin sonido sobre la tierra blanda. Lentamente fue estirando, hasta que el resbaladizo interior de todo el ciervo colgó entre sus antebrazos. Arrugó la nariz con desagrado y lanzó las entrañas entre unos arbustos. Más pronto que tarde aquellos que vivían de la carroña aparecerían para dar cuenta de todas las sobras.

____Un rítmico sonido extraño captó la atención de su fino oído, y buscó con la mirada la procedencia. A los pies del árbol, enroscado entre un puñado de hongos y asomando la cabeza, un qindharyn chasqueaba sus mandíbulas hacia ella con enfado. La elfa sonrió. Aquellas criaturas se daban un aire a dragones en miniatura, aunque sólo en aspecto: de cuerpo muy alargado y de colores variados dependiendo de los hongos de los que se alimentasen, estos diminutos animales eran más como benévolos espíritus de la tierra, delicados y bonitos. Resultaban un fiable indicador de la salud en entornos mágicos. El animalillo movió la cabeza y se enroscó en el hongo más grande, reclamándolo como suyo. Balka dejó escapar una risilla y volvió al trabajo. En el mercado, un qindharyn vivo podía llegar a alcanzar 100 kull de oro, pero había cosas que ella nunca tocaba. Era lo más cercano a la moral que podía mostrar.

____Cortó la piel del animal por el interior de las patas y alrededor del cuello para poder sacarla de manera limpia. Empezó a despegarla con estirones bruscos hasta comprobar que no se llevaba grandes trozos de grasa o músculo con ella. Si el cervatillo hubiese sido para otros propósitos la elfa se esmeraría mucho más, pero como sólo iban a comérselo no hacía falta tener el mismo cuidado. Siguió estirando con tesón, constante, hasta desnudar al animal por completo. Se secó el sudor de la frente y estiró los dedos. Tenía las manos manchadas hasta los mismos codos, y así como parte del torso. Colgó la piel de una rama baja y pasó al siguiente asunto. Vació dos cuartos de su cantimplora lavando los lugares del cuerpo que se habían ensuciado. Su hubiese estado cerca de un río le habría vaciado varias palanganas encima a la carne, pero se apañaba con lo que podía. Bastaba con que no quedase nada que alterase el sabor de la carne o la echara a perder.

____Suspirando, Balka puso los brazos en jarras y contempló la cena ahí colgada. Era un trabajo apresurado pero bien hecho, y sonrió para sí. Anochecía rápido, apenas si le quedaba media hora limpia de luz. Desenfundó el pugio a falta de una herramienta mejor para el despiece y se dispuso a trocear al cervatillo con pulso firme y cortes certeros, gruñendo al dislocar las articulaciones o partir el esternón. Llamó al elfo solar y le dio uno de los cuartos traseros tan grandes como el de un gorrino, confiándoselo mientras ella terminaba con el resto del cuerpo. Extendió la piel del animal en el suelo y sobre ésta puso las piezas de carne. Hizo un hatillo improvisado atándola con cuerda, que dejó colgando a gran altura en una de las ramas más altas del árbol. Podría simplemente haber eviscerado y desvestido el animal para asarlo entero, pero eso habría requerido un fuego mayor del que ya tenían y en consecuencia una mayor exposición ante los guardianes de Physis.

____Y ahora que sabía que el junco era una invocación del chaval no estaba segura de que consumiese alimentos "terrenales". Volvió a darle vueltas a la situación. Apostaría su arco a que él era de la zona (más que nada porque no tenía aspecto de foráneo ni de cazador ni de nada que no fuese un elfo solar habitante de alguna colonia en Physis), y a que estaba huyendo, o escondiéndose. Pero, ¿de qué o quién? ¿La humana del pelo de fuego tenía algo que ver? Se preguntó si los problemas de él la traerían problemas a ella, y si el junco gris supondría un problema a la hora de librarse del chico si hiciese falta. Se encogió de hombros. No iba a preocuparse de eso ahora.

____De momento la pierna del venado debería bastar para la cena. Alzó la cabeza para ver cómo se balanceaban los restos del cervatillo, asintiendo satisfecha. Agarró las tripas que había abandonado adentrándose un poco más en la espesura; cuanto más lejos mucho mejor. Volvió a acomodar la hojarasca en el lugar del cual la había barrido, ocultando el charco embarrado de sangre mientras volvía a ponerse la camisa. Recogió sus cosas, se lavó los brazos con un poco de agua y regresó junto al elfo, dentro de las raíces. Por el camino identificó un roble, del cual arrancó una rama del grosor adecuado para atravesar con ella la pata del ciervo que el joven elfo dorado había especiado. Enterró firmemente un extremo en el suelo, dejando la carne inclinada sobre el fuego.

____Se dejó caer con un suspiro, cruzando las piernas. Bostezó, sintiendo cómo su estómago empezaba a quejarse ante el olorcillo que empezaba a salir de la carne. Fijó sus ojos moteados en los del chico, mirándole fijamente por encima de las llamas anaranjadas.

____ -Bueno, no sé cuál es tu... ¿vuestro...? Da igual, no sé cuál será tu plan de viaje, pero antes que nada yo necesito buscar agua en cuanto me ponga en movimiento mañana. Me quedan apenas dos sorbos en el odre, y viendo que tú tampoco vas muy... equipado, quizá quieras suplir tus necesidades. Ahora mismo no se muy bien en qué parte del bosque estamos... -alzó la mirada y contempló el techo de raíces.- necesito ubicarme para poder salir de aquí.

____Balka volvió a bostezar, apoyando el mentón en la mano y el codo sobre su pierna. Era perfectamente capaz de sobrevivir por sí misma en el bosque, pero cometió el error de adentrarse demasiado al emprender una huida loca. Lo sabía por la presencia de qindharyns. En los cinturones exteriores de Physis, los más expuestos, no los había, y lo último que deseaba era seguir profundizando en la dirección equivocada. Pero ya resolvería eso mañana por la mañana, cuando hubiese descansado lo suficiente.


{ - sin perder la ronrisa... }
¿Qué está bien y qué está mal? Dime.
¿Qué ética tiene la llave de lo moralmente aceptable?

{ ...pero perdida en ella - }

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Re: Un error a la vez [Libre]

Mensaje por Jan Egiz el Sáb Mar 10, 2018 12:55 am

Jan se sintió tentado a soltar una risilla por lo bajo cuando se percató de la sorpresa de la elfa al ver a Mak desaparecer así sin más. Se tragó su risa y terminó de adentrarse en su refugio improvisado.

— Perfecto. Yo me ocupo de la carne y tú de lo que te dé la gana.

Jan arqueó una ceja mientras la elfa salía del lugar arrastrando al ciervo. «Gracias, Jan, por cazar un ciervo» pensó en una imitación burlona de la voz de la elfa. «Iré a despiezarlo». Pudo oír la risa de Mak cosquilleando en su nuca. Se limitó a abrir su bolso para hacer recuento de lo que tenía y de cuánto iba a sufrir el resto del viaje si no conseguía una fuente rápida de dinero. Estaba dispuesto a alejarse de Erínimar lo más que pudiese, y consigo solo cargaba sus dagas, soga... y bueno, un odre de agua medio vacío (que vaciaría en poco tiempo).

Apartó el romero del resto de las verduras, y sin poder evitar comerse un par de dandeliones en el proceso, con la daga que no estaba ensangrentada se dirigió a la raíz más seca del árbol y apartó dos trozos de corteza, no demasiado grandes, lo justo para sostener un poco de comida. Utilizó un poco de agua para lavar los restos de tierra de las achicorias y comenzó a separar delicadamente las hojas del corazón, y cortar las raíces que serían sumamente útiles más tarde. Se asomó por un segundo para asegurarse de que la elfa estuviese concentrada en su tarea y se despojó de la bufanda, que ya le escocía en la cara.

Definitivamente necesito una máscara. —dijo para sí mismo, y para Mak, que no tenía más elección que hablar con él.

No hubo respuesta de su parte. Jan comenzó a mezclar las hierbas, troceó las nueces con la daga que estaba en su bolso y pronto escuchó la voz de la elfa, a lo que se encaramó su tela en el rostro y salió de debajo del árbol. No fue hasta que estuvo suficientemente cerca —y gracias a la incomodidad de la bufanda— que se percató que la elfa estaba desnuda. No del todo, claro, sólo se había despojado de su ropaje superior, pero fue suficiente para que Jan se pusiera como un tomate. La sangre hervía en sus mejillas como pidiendo salir a borbotones, y a Mak estaba a punto de darle una especie de infarto. Apartó la mirada tan pronto como pudo y estiró el brazo para recibir la pieza del ciervo, y se regresó a su lugar sin decir una palabra. «¿Acaso esta criatura no sabe de modales? ¡Por Änthäk-La!» «Al menos ya te vas acostumbrando a Änthäk-La», respondió Mak en su mente, quien si su piel funcionara como la de la mayoría de los mortales, también estaría sonrojado. Allí Jan había caído en cuenta de que la herida en su pecho en algún momento se había cerrado por completo, pues ya no le dolía en lo absoluto. Se metió bajo el árbol y se despojó de su capa ahora raída para apoyar la pierna del cervatillo. Retomó su trabajo con las nueces; limpió su daga ensangrentada con una esquina de la capa y la dispuso, junto a la otra, con forma de V en el suelo, justo donde comenzaban las llamas de la hoguera. Lugar perfecto para hacer que las nueces se tostaran un poco y liberaran todo su sabor. Las dejó allí un par de minutos y luego las incorporó en las cortezas, mezclándolas con el resto de las hierbas. Luego de separar ambos platos se encargó de la pierna; no tenía demasiado para aderezar, pero un masaje con romero sería suficiente. Hizo pequeños cortes en la carne, con cuidado de no ir demasiado profundo, y separó cada hoja del tallo y se mojó las manos un poco. Tomó un puñado de la hierba y lo restregó entre ambas palmas hasta que estuviesen ligeramente teñidas de verde; con las manos —y el resto del refugio— impregnadas con el olor del romero, comenzó a masajear la carne por dos motivos casi vitales; la carne así se ablandaría un poco más y quedaría completamente bañada del peculiar sabor del romero. Metió pequeños ramilletes de hojas en los cortes que previamente había hecho en la carne.  Con aquello podía darse por terminado; y justo a tiempo, porque la elfa había entrado, y por la gracia del Sol, esta vez con ropa.

Sin decir nada, tomó la pieza y la atravesó con una rama para dejarla colgando sobre el fuego. En poco tiempo el olor a carne asada hizo que las tripas le rugieran. Sintió el peso de la mirada de la elfa sobre sus ojos. Se sintió incómodo; desvió la mirada e intentó con todas sus fuerzas no husmear si aún le seguían viendo.

—  Bueno, no sé cuál es tu... ¿vuestro...? Da igual, no sé cuál será tu plan de viaje, pero antes que nada yo necesito buscar agua en cuanto me ponga en movimiento mañana. Me quedan apenas dos sorbos en el odre, y viendo que tú tampoco vas muy... equipado, quizá quieras suplir tus necesidades. Ahora mismo no se muy bien en qué parte del bosque estamos... necesito ubicarme para poder salir de aquí.

Jan titubeó antes de responder. Tenía razón; le quedaba menos de un cuarto del odre y un largo camino qué recorrer. Por no mencionar que sus únicas herramientas eran dos armas melladas y una soga. Suspiró profundamente; por algún motivo, Mak aún no había hecho acto de presencia. Decirle a la elfa que no tenía un plan de viaje quizá no sería la mejor idea; aquello le haría sonar sospechoso —más—, por no mencionar que sonaría muy, muy tonto. Se armó una excusa tan rápida que tendría que darse un premio a sí mismo.

Tirian le Rain, estoy, estamos de camino a Tirian le Rain. —«Qué rápido» «¿A que sí?» Jan conocía el mapa de Physis con tal precisión que casi podría recorrerla con los ojos vendados, por no mencionar que también había memorizado gran parte de Efrinder y Geanostrum. Sabía, de pasada, que había un lago no demasiado lejos.— Sí, también necesito abastecerme. —Comenzó a dibujar en el suelo una versión simple del mapa que conocían, con puntos repartidos por todo el dibujo que no correspondían a las localizaciones en la tierra, sino a las estrellas que lo guiaban.— Si seguimos en la misma dirección, nos toparemos de cara en Phusis, y eso es mala idea.—Colocó la punta de la daga en el mapa— Estamos por aquí, —hizo un trazo corto que subía hasta casi llegar a Keyback— y por aquí hay un pequeño lago donde podremos abastecernos. —arrimó una de las ensaladas hacia la elfa, advirtiendo que en poco tiempo la carne estaría lista, pero no dijo nada al respecto. Sentiría que sería irrespetuoso opinar.

«¿Me dejarías comer?» Preguntó Mak en su mente. Jan titubeó. Era un análisis sencillo; Mak utilizaría su cuerpo para probar la comida, y el cuerpo de Jan quedaría satisfecho, aunque él no tendría el placer de comer. No era como si tuviese elección.

«Tan pronto esté listo» pensó, y luego alzó la voz para la elfa nuevamente.

Me disculpo si no me comporto adecuadamente durante la cena. —escuchó a Mak gruñir en su mente. Aún él no estaba seguro de cuál sería el comportamiento de la criatura, así que era mejor prevenir.


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Re: Un error a la vez [Libre]

Mensaje por Balka el Jue Jun 28, 2018 8:51 pm

____La elfa arqueó las cejas ante la mención de La Aguja. Recuerdos de wyverns-árbol y múltiples brujas en escoba siempre le venían a la mente cuando alguien mencionaba el lugar. Fortaleza de uso exclusivo humano, en el que entrenaban tropas humanas, y de la que salían caballeros humanos a defender los reinos humanos. ¿Qué hacía un elfo allí? No dijo nada mientras asentía en silencio. ¿Quién era ella para juzgar? Tanto da que hubiese dicho el Foso mientras la colaboración mutua la sacara del bosque.

____Observó detenidamente el mapa casero del chico, tratando de memorizarlo. Al parecer subiendo un poco hacia Keyback había un lago, lo cual a ella le venía de perlas, y desde allí podrían perfectamente bordear Phusis y salir en dirección noreste hacia Geanostrum. Era una buena ruta. No estaba muy segura de la exactitud de las localizaciones en aquel mapa de tierra, pero era capaz de hacerse una idea general.

____Con una inclinación de cabeza a modo de gracias aceptó la ensalada; esperó a que el otro sacase la pata del espetón improvisado, pero cuando vio que no tenía intención ella misma lo apartó del fuego. Extendió una pequeña alfombra de hojas limpias y verdes y dejó allí la carne a falta de un lugar mejor, casi entre los dos para que ambos pudieran servirse a placer.

____-Me disculpo si no me comporto adecuadamente durante la cena. -dijo. Lo miró preguntándose si bromeaba.

____-Tranquilo, su majestad Pata de Ciervo es permisivo con los modales. -contestó riendo un poco.

____La grasilla chorreaba por la carne churruscada, y el olor de las hierbas junto al de la rama de roble conformaban un delicioso aroma que hubiese levantado de la tumba al más muerto. Sacó su pequeño cuenco de latón y con un cuchillo arrojadizo cortó para ella una gran, gruesa lámina de carne roja y jugosa que se salía por los bordes. Entonces reparó en la mirada aturullada del joven elfo. La miraba a ella, miraba su cuenco, miraba la carne, se miraba las manos. Parecía bastante confuso. Con los dedos comenzó Balka a comerse la ensalada, asintiendo en silencio porque estaba bastante rica.

____El chico asintió igual que ella, imitando sus movimientos de manera tosca y desgarbada, masticando con la boca abierta y haciendo bastante ruido. Se le cayó una nuez a medio masticar. Fíjate, que el chico parecía normal y resulta que le faltan algunos tornillos. Las apariencias engañan... Torció la cabeza frunciendo el ceño. Le dio un mordisco a su filete, pensando, y ahí estaba de nuevo la confusión de él. Se miraba las manos y luego miraba a su alrededor con el ceño fruncido también, buscándose algo en los costados, mirando la pata de ciervo. Trató torpemente de cortarse él un trozo con aquel cuchillo espantoso y acabó desgarrando la carne en míseros pedazos. La miraba intensamente, imitando sus movimientos. Si ella comía carne, él comía. Si ella se comía un dandelion por separado, él también.

____-¿Necesitas... ayuda?

____El elfo no contestó. Balka soltó un hondo suspiro, agarró varias de las hojas de achicoria de la ensalada de él, y poniéndoselas en la mano a modo de plato le cortó una generosa rodaja de la pata, que luego le tendió. Por alguna razón pareció feliz, a juzgar por los grandes bocados que dio, que no por el rostro extrañamente estático.

____ -¿Comer te produce algún tipo de degeneración mental? -preguntó con sarcasmo.- ¿Una regresión en la edad? Parece que tienes tres años...

____No recibió respuesta. Siguió observándolo mientras daba cuenta de su propia comida, tratando de encajar la pieza que se le escapaba. Un segundo antes parecía una persona normal y al segundo después se comportaba... así. El elfo, con las manos ocupadas sujetando la carne, hizo un gesto extraño posando los ojos en su ensalada. Y volvió a mirarse los costados. Y cayó en la cuenta.

____ -Eh, junco gris, recuerda que sólo tienes dos manos. -rió, sujetando en una su ciervo y en otra la ensalada. Oh dioses, lo que daría por una guindilla ahora mismo, pensó. Aquel juego de la imitación podía ser muy, muy divertido. Tenía que buscar la oportunidad adecuada...

____Una vez despejada la incógnita de tan extraño comportamiento la mujer se dedicó a disfrutar lo que tenía entre manos ignorando al elfo. A pensar en el viaje de mañana, y a hacer inventario tanto de lo que llevaba encima como de lo que podría obtener del bosque en su viaje hacia la salida. Más tarde tendría que revisar su alijo de hierbas. Divagó sobre si sería rentable tratar de sacar algunas plantas, o de cazar algún pajarillo, y si podría hacer una jaula de mimbre resistente. ¿Había mimbre por ahí?

____La elfa era una mujer con una alta capacidad de adaptación que no comprendía por qué la gente lloraba sobre lo perdido. Siempre hay un plan B. Siempre hay otra manera diferente de sacar beneficio de las situaciones que se han torcido. ¿No había thanator? Pues en su lugar se haría con un trozo o rama de peral sabio. O con plantas endémicas. Las posibilidades eran tantas como ella quisiera en un entorno tan absurdamente rico en recursos como era Physis.

____Después de servirse dos generosos trozos más de ciervo y terminarse la verdura, se recostó con gesto placentero contra las nudosas paredes del refugio. Bostezó. Con la barriga llena le entraba el sueño. Dormiría a pierna suelta, estaba segura. No sentía que el muchacho fuese una amenaza inmediata, y aunque el junco gris se adivinaba mucho más peligroso que un thanator, verle poseer el cuerpo de su invocador con tanta torpeza le provocaba más diversión que cautela. Y la tranquilizaba, porque indicaba que ellos tampoco la veían como una amenaza. ¿Quién le deja su cuerpo a otro si no lo sabe manejar bien frente a un enemigo?

____ -Oye chico, voy a adelantarme y a dormir. Si nos estuviesen persiguiendo especialmente a nosotros ya nos habrían encontrado... así que creo que por esta noche estamos cubiertos; con suerte la humana aquella fue cebo suficiente. Si decides hacer guardia avísame a mitad, y te relevo. A parte de eso, por lo que más quieras, no interrumpas mi sueño salvo que se avecine una muerte inminente. No reacciono bien cuando me despiertan de repente. -bostezó de nuevo, rascándose la cicatriz de la cara.

____Acomodó la bolsa de nuevo como almmohada, tumbándose cuan larga era. Pasada media noche el elfo la despertó, y con pereza fue a sentarse a la entrada de aquella peculiar madriguera. A Balka le gustaba dormir, no lo iba a negar. Pero el trabajo era el trabajo, y una no siempre podía remolonear en la cama. Hasta que amaneció se pasó el rato fantaseando con la cama de Lady Vanaquelle, una antigua amante de noble cuna que jamás escatimaba en caprichos. Su enorme cama con dosel y colchón relleno de las más finas plumas de oca era lo más cerca que la mujer había estado de un paraíso. Incluyendo los hábiles dedos de la antojadiza cuarentona.

____En cuanto despuntó el sol, que a pesar de estar oculto por el follaje seguía cambiando los colores del mundo a su paso, despertó al otro y ambos prepararon sus cosas. Como frugal desayuno tomó algo del ciervo, que estaba bueno incluso frío, era una pieza excelente. Guardó unas lonchas en el papel encerado de los caramelos, y estos los dejó en un bolsillo yo de la bolsa. Se dispusieron entonces a emprender el camino al mencionado lago. Un baño no la vendría nada mal.


{ - sin perder la ronrisa... }
¿Qué está bien y qué está mal? Dime.
¿Qué ética tiene la llave de lo moralmente aceptable?

{ ...pero perdida en ella - }

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