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Y les vendieron sus almas al diablo. [Priv. Kaila]

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Y les vendieron sus almas al diablo. [Priv. Kaila]

Mensaje por Jan Egiz el Miér Jul 26, 2017 4:26 am


Los puertos de Thonomer no eran particularmente conocidos por tener gente amable, y Jan había comprobado eso aquella noche. Le habían tratado como carga de viaje y se estaba absteniendo de insultar al capitán solo para no ganarse una marca de gratis. Decían que valdría la pena el viaje, y ojalá así fuera. Unos cuantos kulls de plata le habían asegurado al menos un camarote lo suficientemente cómodo para que nadie (además de Mak) le molestara. Los vientes norteños tambaleaban las cuerdas de la majestuosa embarcación que le aguardaba, y en su paso, hacía que él también temblara, no acostumbrado al clima gélido de la zona. Se había permitido, de paso, comprarse un abrigo para la ocasión. Una vez estuvo en su habitación, se quitó el saco, lo colgó en el perchero. Luego se tumbó en la cama y sacó su diario de viaje. Había garabatos escritos en élfico que apenas era legible incluso para alguien que conocía el idioma; a pesar de que sus manuscritos eran impecables y hermosos, definitivamente escribir en su idioma madre no se le daba en absoluto. Comenzó una nueva entrada.

"سرد طوفان بوٹ نے کوڑوں، لیکن میری قسمت محفوظ ہے. چیری کے شہر افق پر جلد طلوع ہو گا، اور زمین پہنچ چکے ہوں گے."


Luego de unos segundos, Jan escuchó la risa ahogada de Mak en su mente, lo que lo hizo cerrar el diario de golpe.

¿Ahora eres poeta? —resonó entre carcajadas.

Calla, Mak.

Vamos, no seas cascarrabias, tenemos que entretenernos en algo, serán un par de horas de viaje.

Podría cenar —Volteó hacia su mochila, donde guardaba algo de comida del viaje.

Podrías ser un poco menos elfo y cenar en el comedor.

¿Acabas de utilizar mi raza como insulto?

Si el saco te queda.

Estás progresando —añadió con orgullo disfrazado de desdén.

Los de tu mundo tienen conceptos lingüísticos extraños —puntualizó Mak sin acabar de comprender por completo los conceptos Norethianos.

Vaya que sí. —Hizo una pausa mientras se paraba a tomar su abrigo— Vamos, te dejaré probar la cena.

No necesitó escuchar a Mak para saber su respuesta, pero se daba el placer de hacerlo.

¿De verdad? —preguntó con ilusión. Mak no podía comer ni oler nada, excepto cuando estaba en posesión del cuerpo de Jan, y disfrutaba esos momentos como nadie.

Andando.

Se puso su abrigo y abrió la puerta del camarote. Al salir, los músculos de Jan espasmaron por unos segundos mientras Mak tomaba control de su cuerpo. La criatura tomó un respiro profundo para acostumbrarse a los pulmones, y se sacudió para detectar conscientemente la ausencia de dos brazos y de un par de pulgadas de estatura. Continuó caminando, con mucha más torpeza que Jan, hacia el comedor. Inhaló con fuerza cuando estuvo cerca para sentir los olores de la comida; carne, estofado, vegetales, pan.  La noche comenzó a caer y el frío aumentaba. Un estofado caliente vendría bien. A pesar de estar rodeado de gente, Mak no habló más que para saludar a algún extraño.

Es demasiada gente —pensó, a modo de que Jan lo oyera.

¿Se te está pegando lo elfo? —respondió en su mente con ironía.

Mak, con el cuerpo del inmortal, rodó los ojos y se zampó un bocado de estofado, sobre el cual se deleitó. Jan sabía por el aspecto que de seguro su sabor sería bastante desagradable, pero parecía que a Mak le agradaban todos los sabores de esta existencia, en tanto fueran comestibles. Tuvo que detenerlo de ordenar un par de platos más, puesto que el dinero comenzaba a acabársele. Cuando terminó de comer, se levantó y se dirigió hacia su camarote. Ya venía siendo hora de dormir. Al menos hasta que llegaran a la ciudad. No había prisa, por ello mismo había pagado un servicio lento. Arribarían al amanecer.

Y así fue; tan pronto como el sol salió detrás del horizonte, el barco había atracado en el puerto de Thaimoshi Ki Nao. El lugar era conocido por el calor que brindaban los árboles de cerezo, pero aquello aún no le constaba; en el puerto hacía un frío que helaba el cerebro. En algún punto de la noche, Mak había vuelto a su plano y había dejado el cuerpo de Jan. Él, ahora en posesión de su propio cuerpo, tomó sus pertenencias y se bajó del barco a toda prisa. No se perdería de una buena mañana para hacer de turista. La ciudad, aún de día, era un espectáculo; la arquitectura parecía arte, y el cielo y suelo estaban teñidos de rosa  gracias a las hojas de cerezo. Tan pronto como estuvo en calor, se despojó de su abrigo y lo llevó a cuestas. Paró en la primera tienda que vio; había pequeños reptiles de porcelana, oro y rubí moviéndose por el mostrador como si estuvieran haciendo un espectáculo. Jan se preguntó qué tipo de magia sería aquella, y la respuesta a aquella pregunta no formulada no tardó en hacerse presente.

Son animaterios —afirmó una señora de avanzada edad y ojos almendrados que no dejaba de sonreír—. Tres kulls de oro la unidad.

Jan sonrió y negó con la cabeza. ¿¡Tres kulls de oro!? ¿¡Acaso había perdido la cabeza!? Ya conseguiría baratijas igual de bonitas y más baratas un par de calles más allá, estaba seguro. Se sujetó su mochila y puso su mejor mirada de turista mientras hurgaba con los ojos su próxima parada.





Última edición por Jan Egiz el Dom Jul 30, 2017 10:29 pm, editado 7 veces


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Re: Y les vendieron sus almas al diablo. [Priv. Kaila]

Mensaje por Kaila el Miér Jul 26, 2017 6:55 pm

Tenía que darme prisa, solo disponía de 24 horas exactas para llegar a Thaimoshi Ki Nao, sin olvidar por el camino lo que quería buscar allí.
Antes de que amaneciera, me levantó sin hacer ruido e ignoré las preguntas secas de Kabus. Una hora hasta el amanecer. Anoche hubo jaleo en la base, no habría nadie despierto. Una hora.

- ¿Qué haces despierta Kaila? No deberías estarlo, aún no te quité los recuerdos de ayer, y créeme, no será agradable si estás despierta.

Apreté los dientes y caminé hasta mi escritorio, dejando la cama hecha antes. Sobre él, estaba mi mochila de viaje preparada y junto a ella, mi flauta y mis sais. Repasé mentalmente lo que debía llevar, no podía dejarme nada atrás ya que no pensaba volver, al menos no en un tiempo.

Cogí una de las incontables hojas que había en la mesa y le escribí una nota a Darion. Él tenía derecho a saber lo que planeaba hacer, de hecho, no lo estaría haciendo si no fuera por él.

- Kaila, ya discutimos esto anoche. No te puedes marchar así, no puedes ir allí.

Suspiré e ignoré de nuevo a Kabus. Esta era mí decisión, ya era hora de que empezara a tomar las riendas de mi vida.

"Darion, siento irme así, pero tengo que hacerlo. Tú tienes demasiadas responsabilidades aquí como para venir conmigo y pienso que quizás te podrías oponer a que fuera a buscar a Tristán yo sola. Kabus lo está haciendo y creo que en esto coincidiríais.

No puedo arrastrarte a resolver problemas de mi pasado, de un pasado que ni siquiera yo conozco, estaríamos más que perdidos.

Pero estate tranquilo, no pretendo enfrentarme sola a Tristán, no soy idiota, se que podría conmigo, pero necesito respuestas y estoy segura de que las encontraré allá donde voy.

Vale, sí, tampoco te preocupes por eso, planeo volver, pero solo te diré donde estoy si me encuentro en peligro. Estoy segura de que Rhyddid se pondrá en contacto contigo si mi vida corriera peligro, de hecho, quizás lo sientas en tu marca. Ya se que apenas te he podido enseñar nada sobre las marcas que dejan las invocaciones, pero prometo enseñarte cuando vuelva.

Sí, volveré, pero no se cuando. Volveré. "

- ¡No volverás porque te van a matar!.- grita Kabus en mi cabeza, claramente enfadado y frustrado.

"Hasta pronto,
Kaila."

Conteniendo las lágrimas, me levanto de mi asiento y salgo de la habitación, dirigiéndome a la de Darion. Vale, quizás esto no estuviera bien, pero necesitaba recordar mis intenciones. Con cuidado y sin hacer ruido, me cuelo en la habitación de Darion y me quedo junto a la puerta, inmóvil.

Respira pausadamente, con la expresión completamente relajada y sin moverse. Sonrío al verlo dormir.

- ¡Kaila!.- grita de nuevo Kabus.

Al escuchar la voz enfadada de Kabus, me asusto y doy un pequeño respingo. Eso podría haber despertado a Darion, pero sigue profundamente dormido. Soltando el aire despacio, releo la carta que he escrito segundos antes, aunque esta vez no puedo evitar que se me escapen un par de lágrimas.

- Voy a Thaimoshi Ki Nao. Dorm me ayudó a buscar información sobre antiguos invocadores, sobre el dios de Kabus, sobre aquella marca. Parece estar relacionado con la Hermandad Roja. Ellos nos cazan, o eso parece.- suspiro y continuo hablando de forma apresurada y en susurros.- En uno de los libros que me dejó Dorm encontré referencias a Sick. Mi libro es de Sick, él me enseñó a invocar antes que Kabus. Por lo que he leído, la Hermandad Roja mató a la mujer de Sick, ella era una gran invocadora, la mataron en Thaimoshi Ki Nao, por eso voy allí.- sonrío con tristeza mientras miro por última vez a Darion.- Le he robado el libro a Dorm.

En cuanto termino de hablar, salgo de la habitación de forma apresurada, con los ojos anegados en lágrimas. Recorro los pasillos laberínticos de la base de forma apresurada hasta que llego a la salida. Una vez afuera, cojo aire y comienzo a correr, saliendo de Phonterek.

10 minutos hasta el amanecer.

Phonterek ya está a mi espalda, cada vez más alejado mientras me interno en el camino, dirección al puerto más cercano.

- ¡Kaila para! ¡Vuelve a la maldita base!

Sonrío entre jadeos. Tengo que alejarme más antes de que amanezca, solo un poco más.

- ¿Primero me pides que abandone Phonterek y ahora quieres que vuelva?.- le pregunto a Kabus enfadada, sin dejar de correr.
- ¡Pero no que vayas allí! La maldita Hermandad mató a toda tu familia en cuestión de segundos, mientras tu recogías la maldita flauta de la caravana de tus padres.

Sus palabras casi hacen que me detenga. Casi.

- Lo siento, esto te va a doler.

Y mientras el sol se alza a mis espaldas, por detrás de Phonterek y despuntando con sus primeros rayos, el dolor me ciega, arquea mi espalda y me hace caer de rodillas al tiempo que pierdo la consciencia.

--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Cierro los ojos con fuerza.
Una multitud de recuerdos se agolpan tras mis ojos y un único nombre resuena en mi mente. Thaimoshi Ki Nao.

Abro los ojos con brusquedad y me incorporo con demasiada rapidez, tanta que tropiezo y vuelvo a caer al suelo. Aprieto los dientes y me levanto, sacudiéndome las palmas magulladas y sin poder evitar fijarme en la marca del huargo. En el estado en el que esta, puedo volver a usarla.

Sonrío de forma casi inconsciente.

El sol todavía sigue bajo, no hace demasiado que ha amanecido. Desconozco la razón por la que me he desmayado, pero no tengo tiempo de ponerme a pensar en ello. Tengo que llegar hasta el puerto. Tengo menos de 24 horas para hacer todo lo que le dije a Darion que haría.

No se con exactitud el tiempo que paso corriendo ni cuanto tiempo se pasa Kabus martilleándome la cabeza hasta que, por fin, la suerte parece sonreírme un poco y me cruzo con un grupo de comerciantes que también se dirigen al puerto.

- Los caminos son peligrosos para una muchachita que va sola. ¿A dónde vas, niña?.- me pregunta un señor mayor desde su asiento en el carro, con las riendas en una mano, mientras que usa la otra de visera.

Dejo de correr y miro al señor sonriendo y jadeando. No podía más.

- Voy al puerto. Necesito llegar a Thaimoshi Ki Nao cuanto antes.
- ¿Y a que se debe tanta prisa? Ese sitio no se va a esfumar de la noche a la mañana.

Pero mi memoria sí.

- Mi madre, está enferma. Muy enferma.

El hombre me mira dubitativo unos segundos, inspeccionándome con la mirada mientras sus compañeros le increpan.

- Sube, estos jamelgos pueden correr hasta el puerto, a mediodía estaremos allí.

Sonriendo e ignorando las constantes advertencias y amenazas de Kabus, subo. El hombre me ofrece su obre de agua, el cual agradezco antes de beber, y casi al instante, pone a sus caballos a trotar. Sus compañeros vuelven a quejarse, pero esta vez sonríen y siguen a su compañero, el cual para mí luce como su jefe. O al menos el que goza de mayor autoridad.


Tal como dijo el hombre, a medio día llegamos al puerto. Durante el camino y a modo de agradecimiento, toqué mi flauta para ellos. Cada una de las canciones que me pedían, e incluso canté. Hacía demasiado que no cantaban. Cuando nos despedimos, el hombre me aconsejó que buscara a un hombre que se hacía llamar Perro. Me aseguró que con él estaría segura.

No tardé demasiado en encontrar el barco de Perro y al mismísimo Perro. Se trataba de un hombre corpulento y fuerte, de unos cincuenta años, con el pelo rubio descolorido a causa del sol y la piel tostada; sus ojos eran del mismo color azul del mar y su barba recordaba a las olas que rompen de forma revuelta contra un acantilado. Tenía más pinta de pirata que de comerciante.

- Kaila, estás llegando demasiado lejos. ¿De verdad te vas a fiar de un tipo con estas pintas?

No sabía muy bien por qué, pero estaba enfadada con Kabus. No recordaba cual era el motivo actual de mi enfado con él, pero si recordaba las recientes discusiones y las cosas que me había estado ocultando. No me apetecía hablar con él, y mucho menos me apetecía tenerlo gritando en mi cabeza por lo que me disponía a hacer, pero le necesitaba.

- Con que la jovencita quiere viajar hasta Thaimoshi Ki Nao y pretende llegar en menos de 24 horas.- me dice Perro mientras me observa desde toda su altura, con una jarra de cerveza espumosa en la mano mientras la otra descansa sobre la barra de la taberna.
- Menos de 12 para ser exactos.
- Estás suponiendo que quiero ir hasta Thaimoshi Ki Nao ahora mismo, porque deberíamos zarpar ya si la intención es llegar antes de que amanezca un nuevo día.
- Sí, señor.- le respondí mirándole a los ojos.

No podía negar que ese hombre me asustara, pero el comerciante me aseguró que no correría peligro con él y durante todo el camino me habían tratado como a una más.

El hombre me miró sonriendo y se giró hacia la barra, ofreciéndome antes sentarme junto a él. Lo hice sin hablar, conteniendo el aliento ante el temor de su próxima respuesta.

- ¡Matilde!.- le gritó a la tabernera pelirroja que había al otro lado de la barra.- Ponle a la niña una jarra de tu mejor cerveza

No pude evitar que los ojos se me abrieran como platos. ¿Una jarra? Jamás podría beber tanto, y menos aún con el estómago vacío.

- Y trae algo de pan y queso.- añadió antes de mirarme directamente a los ojos. Matilde tardó menos de un segundo en traer todo lo que Perro pidió.- ¿Tienes dinero para pagar el viaje?

Decidida, saqué la bolsa del dinero de mi mochila. En ella estaba todo el dinero del que disponía, el que llevaba tanto tiempo ahorrando y el que había conseguido hacía un par de noches tocando en una taberna de Phonterek.

- Esto es todo lo que tengo, pero deme una hora y tendré el doble.- dije mientras soltaba la bolsa delante de sus narices.

El hombre estalló en carcajadas y aporreó la barra con su mano abierta, provocando que mi jarra temblase y se derramase parte del contenido.

- ¡Malditos Shikes!.- exclamó divertido antes de pegarle un trago a su jarra. Hice lo propio con la mía.- Tienes agallas, niña, pero no tenemos una hora para que recaudes todo el dinero que te hará falta. Dime, ¿que hace una Shike sola? ¿Dónde está tu familia?
- Muerta.
- Vaya, ¿y que te lleva a Thaimoshi Ki Nao?.- dijo con el rostro ensombrecido. Algo en su tono había cambiado
- Necesito respuestas.
- ¿Y las encontrarás en ese lugar rosa y apestoso?
- Eso espero, señor.- dije antes de darle otro trago a la cerveza.

Notaba la mirada del hombre posada en mi, examinándome. Volví a beber, con la vista fija al frente, al otro lado de la barra, sin atreverme a mover ni un solo músculo.

- Kaila, aún estás a tiempo de volver a Phonterek. Darion no se enfadará, es demasiado estúpido como para enfadarse contigo. Vuelve.

- Burry me dijo que con usted viajaría segura. Si se niega lo entenderé. Buscaré otro comerciante que vaya hacia Thaimoshi Ki Nao hoy mismo.
- Maldito viejo, sabía que él estaba metido en esto.- suspiró y dejó de un golpe la jarra vacía en la barra, al tiempo que encargaba otra y empujaba el plato de queso frente a mi.- Come, y que sea rápido, zarpamos en media hora.

Sin poderlo evitar, sonrió mientras cojo un trozo de queso y me lo llevo a la boca, acallando a mis tripas.

- Y guarda esa maldita bolsa de dinero antes de que te la roben, te hará falta en esa maldita isla.


--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------


La noche cayó sobre el Hueso Errante, el barco viejo y sucio de Perro. A pesar de no ser el barco más bonito que alguien pudiera imaginar, era fuerte y rápido, y el capitán lo dirigía con seguridad.

La cena había sido divertida y agradable, y Kaila había vuelto a tocar para los que trabajaban junto a Perro. Era un barco de comerciante, aunque en su bodega había mercancía poco legal de la que Kaila no quiso saber nada y de la que, por supuesto, Perro no habló.

La temperatura bajaba según se acercaban a Thaimoshi Ki Nao y cada vez tiritaba de forma más descontrolada. Kabus había dejado de hablarme desde que subí al barco, pero notaba la marca arder con insistencia. Cuando iba a bajar a dormir a mi camarote, Kabus volvió a hablarme.

- Toca.- me exigió con enfado.- Toca aquí fuera.
- Pero Kabus...
- Toca hasta que yo te ordene que pare.

Resignada, suspiré y comencé a tocar. En no demasiado tiempo, el temblor que agitaba todo mi cuerpo hizo que mi flauta sonara como un orco al que le hubieran machacado los bajos con un carro cargado hasta los topes.

- Vas a caer mala, niña.- me dijo Perro sentándose a mi lado, con una manta en sus manos.- Debería ir a dormir.
- No puedo, tengo que tocar.

Me miró extrañado, y como buenamente pude, le señalé mis marcas.

- Tengo promesas que cumplir.
- En ese caso....- dijo mientras me echaba la gruesa manta por los hombros. En seguida note el calor, y sonreí aliviada.- Que te sea leve la noche.

Y toqué. Toqué toda la noche, hasta que el sol volvió a salir y caí rendida, presa del cansancio y el dolor.


--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Me desperté en el camarote de un barco, tapada hasta la nariz con multitud de mantas y con mis cosas a los pies de la cama. Junto a mi había un hombre con aspecto de pirata que me miraba con preocupación.

- Niña, no se cual es el trato que has hecho, pero no vuelvas a pasarte toda la noche tocando. Te desmayaste gritando en cuanto salió el sol, hay cosas que no son asunto mio, pero no quiero que nadie muera en mi barco.

Miro extrañada al hombre. No tengo ni la menor idea de quién es, pero por suerte si recuerdo mis intenciones. Tengo que llegar hasta Thaimoshi Ki Nao.

- De..de acuerdo, lo siento, señor.- le respondo bajando la mirada e intentando salir de mi presa de mantas.
- Ya hemos llegado al puerto de Thaimoshi Ki Nao. Ten, ponte esto.- dice tendiéndome un gran abrigo, probablemente suyo.- Hasta que llegues a la ciudad hará frío, más del que puedas imaginar, pero una vez allí podrás volver a pasearte ligera de ropa.- dice riendo ante su propio chiste.- Venga, mis hombres te acompañaran hasta la ciudad, yo debo quedarme en el puerto.


Por fin estaba en Thaimoshi Ki Nao, con los sentidos desbordados ante tanto bullicio, movimiento, color, vida y magia. Con un sinfín de rincones que investigar y sin tener ni idea de por donde empezar.

Suspirando, me dirigí hacia donde siempre lo hacía cuando llegaba a un nuevo lugar. Una taberna. Quizás pudiera tocar y conseguir algo de dinero, leer el libro que le robé a Dorm y empezar a investigar a esos malditos cazadores. No pedía demasiado, ¿no?


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Re: Y les vendieron sus almas al diablo. [Priv. Kaila]

Mensaje por Jan Egiz el Jue Jul 27, 2017 12:17 am


No estaba del todo equivocado. Jan sabía que era una regla simple; mientras más cerca de los puertos, más costosas serían las baratijas. Se aprovechaban de los turistas. Pero él ya había aprendido un par de días atrás en Tirian, donde luego del incidente con sus cuchillos. Vale, aquello le había sucedido por apresurado. Esta vez había sido más inteligente; en una de las callejuelas de la hermosa ciudad rosa, había conseguido un animaterio de zafiro que encajaba mucho más con él, y este, según le había dicho el vendedor con cara de búho, costaba unos nueve kulls de plata. Mucho más asequible. Pero su capital no le permitía más que un par de noches en la taberna local. Tenía unos cuatro Kulls de plata y otros dos de bronce. Miró de reojo la calle que conducía a uno de los templos. Reconocía el símbolo; era un templo a Müsenïe. Había leído sobre él en sus libros; el dios del arte y la voluntad. Sus acólitos tenían mala fama en algunas partes del mundo por ser demasiado... persuasivos. Estaba bastante seguro de que si los nativos se habían tomado la molestia de construir un templo a él, habría, cuando menos, uno a Lümenïrïe, a Anthäk-La, y había escuchado de sacerdotes malignos, por lo que no le extrañaba que también hubiese uno de Töt-dëlrïe.

Era la primera vez en al menos un siglo que Jan se había tomado la molestia de viajar, y esta vez no estaba con Lashrael para protegerlo y sustentarlo. No tenía miedo, el miedo de seguro le haría ganar una marca en su pecho. Aquél era un sentimiento indigno de Anthäk-La.  Pero sí estaba preocupado. Había salido de Erinimar con suficiente dinero para sobrevivir a Thonomer, Phontorek y Tirian Le Rain sin trabajar, pero ahora le tocaba apañárselas de algún modo. ¿Qué iba a hacer? Estaba en una ciudad casi dedicada al arte y a sus dioses. Aquí no podía tumbar una rama de algún árbol y tallar una chuchería élfica que le asegurara un par de kulls. Quizá, y con suerte, podría tocar su lira por algo de dinero. La voz de Mak retumbó en su mente.

Te estás quedando sin dinero.

Como si no se habría dado cuenta por sí solo.

No me digas —Ironizó.

Ya te lo dije —respondió con inocencia y frustración

Rió, aunque la máscara evitó que pareciera un loco en medio de la calle riendo de la nada. Mak era inocente. Era demasiado inocente.  Aún no era capaz de entender la ironía o el sarcasmo a la primera, y aquello le causaba genuina gracia al elfo.  No era burla; no, había desarrollado cariño hacia la criatura, y en ocasiones como esta, era casi como un hijo al que debía enseñar.  Jan guardó silencio por un momento para dejar que Canwn procesara lo que había dicho.

Fue sarcasmo, ¿Cierto?

El elfo no pudo evitar sonreír de nuevo. «Estúpido mortal», pensó Mak.

Eh, escuché eso.

Yo no dije nada.

Ambos sabemos que eres tan mortal com... —su pensamiento se interrumpió tan pronto vio la entrada de una taberna. Había un letrero inscrito en oro que ponía en letras grandes "El Cazador Ebrio". A pesar del nombre, no tenía mala pinta. Se decidió a entrar para comprobar su teoría.

No estaba del todo equivocado. Era un lugar acogedor; había mesas de madera con bancos amplios en los que sentarse. La barra estaba decorada con láminas de oro en forma de hojas de cerezo, y las copas sobre ella eran de cristal y tenían los mismos motivos. Había barriles de aguamiel y sidra, y botellas de cristal con un líquido rojizo. Aquella mañana había decidido utilizar su máscara de marfil, que al menos tenía un aspecto costoso y menos tétrica que la de acero. El tabernero (de alguna extraña manera) intuyó la curiosidad de Jan por las botellas de vidrio.

Es vino de cereza. La especialidad local. —Su voz era más aguda de la media, dándole un tono carismático y amable que hacía juego con su aspecto; medía poco más de metro sesenta y tenía grandes ojos celestes. En lugar de cabello, tenía púas que bajaban en cresta hasta su espalda baja y se extendían a forma de una pequeña cola.

Jan dudó por un momento si probarlo, pero dada su escasez monetaria, se resignó a que tal vez podría hacerlo más tarde. Negó con la cabeza mientras su sonrisa se reflejaba sólo en sus ojos entrecerrados por las mejillas. Había avistado a una hermosa chica de cabello negro entrar a la taberna. No reparó mucho en ella; sacudió la cabeza y volteó hacia el tabernero.

Necesito trabajo. Traigo una lira conmigo, quizá pueda tocar algo.

Vamos, niño, la Ciudad de los Cerezos está llena de artistas. Si quisiera música en mi taberna, contrataría a alguien conocido... y que no oculte su rostro —El caballero arqueó su ceja mientras miraba la máscara de Jan, la cual parecía ser una calavera de jabalí adaptada a un rostro más o menos humano.

No respondió. Se limitó a gruñir para sus adentros y sentarse en el primer banco que vio mientras algo se le ocurría. No había demasiado apuro, todavía le quedaba algo de dinero para pasar la noche.




Última edición por Jan Egiz el Dom Jul 30, 2017 10:30 pm, editado 1 vez


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Re: Y les vendieron sus almas al diablo. [Priv. Kaila]

Mensaje por Kaila el Sáb Jul 29, 2017 4:00 pm

La marca de Kabus ardió con renovadas energías en cuanto puse un pie en la extraña taberna. Nunca antes había estado en una taberna tan lujosa, al menos que yo recordara, lo cual tampoco me decía mucho. ¿Me habría hablado Kabus de tabernas así de espectaculares si hubiera estado antes en alguna?.

Suspirando e ignorando la quemazón que siento en la marca del pecho, cruzo el umbral a la par que mis ojos topan con un hombre cuya cara estaba tapada por una máscara que me pone los pelos de punta. Una nueva punzada de dolor hace que mi cara dibuje una mueca de dolor fugaz.

- Solo es un tipo extraño.- susurro a Kabus, intentando que se relaje para que mi marca deje de arder como si la estuvieran grabando a fuego.

Un gruñido de enfado es la única respuesta que obtengo de Kabus. El por qué él está enfadado conmigo está casi tan difuso como las razones por las que yo estoy enfadada con él. Recordar ciertos recuerdos es confuso. Además, él llevaba días sin contarme ninguna historia.

Me acerco a la asombrosa barra donde están el hombre enmascarado y el tabernero. Sin poderlo evitar, sonrío al ver su aspecto. Haber pasado tanto tiempo entre los miembros de la red había hecho que me sintiera más cómoda entre ellos que entre los humanos.
Me siento en uno de los bancos que hay junto a la barra y, sin quererlo, pero sin esforzarme por evitarlo, escucho la conversación que los dos hombres están manteniendo.

- Vamos, niño, la Ciudad de los Cerezos está llena de artistas. Si quisiera música en mi taberna, contrataría a alguien conocido... y que no oculte su rostro.

¡Mierda! Eso me dificultaba las cosas. Estaba claro que la ciudad de los cerezos era la cuna del arte, mirara donde mirase solo podía ver arte. ¡Hasta en la maldita barra de una taberna había arte! Aunque, siendo una ciudad a rebosar de artistas, era bastante raro que no hubiera música en esa taberna.

Quizás los músicos de aquí eran demasiado caros.
Aun así, no puedo evitar pensar que tocar a cambio de comida y cama me va a costar mucho más trabajo de lo que me costó en Phonterek. Tengo que impresionar al tabernero.

Cuando el hombre enmascarado se aleja refunfuñando, aprovecho para sacar mi flauta y sonriendo la llevo hasta mis labios. Tenía que impresionar a ese hombre, y yo había nacido para crear espectáculo. Si no conseguía impresionarlo, acabaría echándome por montar un numerito en su lujosa taberna.

Suspirando, dejo que el aire pase por la boquilla de la flauta y suene la primera nota de la canción. Un Re grave que parece hacerse eterno y llenar el silencio metódico que hasta hacía unos pocos segundos inundaba la taberna.

¿Quién no conocía la pelea entre Deoth y Stand? Era una de las mejores canciones que podías tocar si querías animar una taberna sin importar los destrozos que se causaran en ella. Normalmente, cuando la gente escuchaba esa canción, tendía a asumir los papeles de Deoth y Stand y, tarde o temprano, las sillas, vasos y platos de la taberna comenzaban a volar de aquí para allá.

Por suerte, la taberna estaba casi vacía, solo había un par de mesas con gente, el chico enmascarado y el tabernero. No hay mejor momento para tocar esta canción. Además, cualquiera que supiera un poco de música sabría la locura que es tocar esta canción con un solo instrumento, ya que en ella suenan dos voces completamente distintas y muy sincronizadas. Nada que no hubiera hecho antes.

Sonrío cuando veo que los ojos del tabernero se posan en mí, entrecerrados y, acto seguido, me meto en el papel de Deoth y comienzo la discusión, llevando la flauta hasta notas más agudas, dejando que por debajo suenen los gruñidos graves de Stand. No tardo mucho tiempo en levantarme, procurando que el taburete en el que estaba sentada se separe de la barra de forma ruidosa, pero sin llegar a caerse.

Pronto, me veo enzarzada en una pelea contra mi misma, moviéndome de un lado a otro según fuera Deoth o Stand, haciendo a la flauta gritar desde los más agudos a los más graves y viceversa, con energía desenfrenada. Salto hacia atrás, esquivando una patada que segundos antes un invisible Stand me había lanzado. Retrocedo, corro huyendo mientras llamo a la voz de la razón de Stand con la flauta. Corro y salto sobre una mesa vacía, camino de espaldas, hago el amago de caer por el borde y dejo que sea Stand el que esta vez toma la voz principal de mi flauta.

Doy un giro en la mesa, lanzando una patada con la elegancia de una bailarina hacia el invisible Deoth que hasta hacía poco huía de mi misma. Sonriendo, salto de la mesa al suelo, cayendo como si bajo mis pies estuviera la cabeza de Deoth. Pateo el aire avanzando hacia la puerta, echando al maldito Deoth del local.

Abro la puerta de una patada, giro sobre mi misma, salgo de la taberna, llevándome la música y al propio Deoth conmigo y, segundos después, entro haciendo sonar a un victorioso Stand, que camina hacia la barra con aires de superioridad, para pedir una nueva copa mientras la música llega a su final.

Respiro de forma agitada y con cierta dificultad. De hecho, noto la nariz algo atorada... ¿Me habría resfriado?

- No soy conocida.- le digo al hombre mirándole directamente a los ojos.- Pero le aseguro que soy la mejor artista que podrá encontrar. Además, no llevo la cara tapada.- añado con una sonrisa.

El hombre me mira durante unos segundos, a lo que yo respondo devolviéndole la mirada. Me esta evaluando, o al menos eso parece. Quizás esa canción no fuera la más indicada para tocar aquí, quizás debería haber escuchado antes a otros artistas, empaparme de lo que gusta en esta ciudad.

- No, pero sí manchada de hollín.- me responde de forma seria mientras sus manos trabajan en algo bajo la barra.

Como si me hubiera dado una bofetada, retrocedo un paso sorprendida mientras me llevo las manos a la cara, intentando limpiarla. Oír la risa de Kabus resonando en mi cabeza no hace más que ponerme nerviosa.

- No te esfuerces niña, te da cierto atractivo. ¿Eres extranjera?.- me pregunta, a lo cual asiento algo extrañada.- Se nota. En fin, siempre se llega a mejores acuerdos cuando hay bebida de por medio.

Y, justo cuando termina de hablar, planta frente a mi un vaso de cristal ornamentado lleno de un líquido rojo. Sin poderlo evitar, vuelvo a acercarme a la barra con una sonrisa dibujada en mis labios. Lo había conseguido, era lo suficientemente buena como para sorprender a alguien en una ciudad como esa.

- ¿Dudabas de tu capacidad, Kaila?.- me pregunta Kabus. Su voz ya no parece estar cargada de odio, pero si me habla con cierta contención.
- Solo quiero un sitio donde dormir y un plato de comida, me conformo con los restos.- le digo llevándome el vaso a la boca.

Nunca había probado algo así. Llevaba alcohol, pero estaba muchísimo mejor que cualquier otra bebida alcohólica que hubiera probado, de hecho, quizás fuera la mejor bebida que hubiera probado.

El hombre se ríe divertido.

- Una shike que no sabe negociar, pero que lleva con ella toda la energía de su troupe.- dice sonriendo y agitando la cabeza hacia los lados.- Puedes quedarte el tiempo que quieras, siempre y cuando toques a diario, todas las noches. A cambio de tres comidas y cama.
- ¿Tr...tres comidas?.- le pregunto sorprendida. No esperaba tanto.
- ¿Aceptas?

Asiento con la cabeza, casi sin poder creerme la suerte que he tenido. ¿Cuanto ganaría un artista normalmente aquí? Muchísimo más, eso estaba seguro, sino no me habría ofrecido tanto. Prácticamente viviría gratis y, tocar todas las noches no sería un problema.

- Ahora termínate el vino y descansa.

Me senté y terminé el vaso que el tabernero me ofreció con una enorme sonrisa en los labios, más que satisfecha con lo que había conseguido. El tabernero, Grett, me explicó a que hora debía estar allí y que clase de música solían preferir los que frecuentaban su taberna. También me preguntó si sabía cantar a lo que, obviamente, respondí que sí.

- Hmm... no quiero abusar de su hospitalidad, pero... ¿podría ponerme otro vaso de esto?

El hombre asintió riendo y en seguida me sirvió otro vaso hasta arriba del delicioso líquido rojo.

- No abusas de mi hospitalidad, de hecho, le rezo a los dioses para que no conozcas a ningún otro músico.

Entendiendo lo que quiere decir, asiento sonriendo, tomo el vaso y voy hacia la mesa donde estaba el chico enmascarado. Sí, tengo que admitirlo, me siento mal por lo que he hecho, le he pisado el trabajo que minutos antes él había intentado conseguir. De hecho, lo había conseguido gracias a lo que había escuchado de su conversación.

- Lo siento.- dijo poniendo con rapidez y sin mirarlo el vaso frente a él, para luego salir de la taberna casi corriendo.
- No tienes remedio, Kaila.- dice Kabus, desesperado, mientras la marca vuelve a arder con fuerza y cruzo la puerta que da a la bulliciosa calle.


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Re: Y les vendieron sus almas al diablo. [Priv. Kaila]

Mensaje por Jan Egiz el Dom Jul 30, 2017 1:21 am


Estaba tan ensimismado en qué haría luego que no se percató en qué momento la chica había convencido al tabernero de contratarla, pero vaya que sí escuchó lo que vino después; un alargado Re había dado comienzo a la clásica pelea entre Deoth y Stand, la cual si no mal recordaba, se interpretaba con dos personas. La chica comenzó a dar golpes, a bailar y a tocar por toda la taberna en una interpretación perfecta de la canción. Suficientemente perfecta como para hacer que Jan olvidara que incluso tenía una letra que cantar. Pero no era necesaria; la historia se estaba contando sola con el ritmo de su flauta. El elfo comenzó a tararear la canción, y estaba tan inmerso en la música que había olvidado qué debía hacer.

Tiene mucho más talento que tú.

Lo sé.


La humana se montó en la mesa, se bajó, continuó peleando consigo misma y terminó, como es costumbre, sacando a Deoth (a sí misma) a patadas por la puerta de la taberna. Vaya talento. Jan estaba seguro de que ni en una centuria lograría interpreta él solo a Stand y Deoth, si a penas podía interpretarlos por separado.

Porque sí, conocía las notas.

No soy conocida. Pero le aseguro que soy la mejor artista que podrá encontrar. Además, no llevo la cara tapada.

Como si tuviera elección. —Refunfuñó en un tono que se perdió dentro del marfil. ¡Qué osadía de esa chiquilla! No solo presume de sus habilidades frente a alguien que quería el mismo trabajo, sino que además le echa tierra encima. Muy mal, muy, muy mal.

No, pero sí manchada de hollín.¡JÁ!

No es cortés andar husmeando en conversaciones ajenas —dijo Mak en su mente


No es cortés pisar el trabajo que otro procuraba.


No hubieses dado la talla.


A ver, señor sabelotodo, ¿Cómo conseguiré el dinero entonces? El tiempo está corriendo.


Podrías amenazar de muerte a algún artista. Con esa cosa das miedo.


No seas tonto, no me voy a ganar otra marca de gratis.


Cobarde.


Veamos quién es cobarde cuando te invoque en un precipicio.


Veamos quién es cobarde cuando la chica te invite una copa.


¿Cuando qué?

Lo siento

Y había un vaso de vino de cereza frente a él. En seguida se sintió culpable por haber pensado mal de la humana. No le dio tiempo de dar las gracias, cuando volteó, la chica estaba saliendo por la puerta. Volteó a ver al erizo, pero este solo se encogió de hombros. Se llevó el vaso a los labios y dejó que el embriagante sabor del vino endulzara su paladar. Era sin duda lo más exquisito que había probado en su vida, y eso ya era mucho decir. Tenía una perfecta fermentación que no lo hacía demasiado fuerte. Vaya que merecía ser la especialidad del lugar. Jan sentía que podría dejarse llevar por el licor y embriagarse, y no le importaría en absoluto recibir una marca en el cuello por hacerlo. Pero no tenía tiempo ni dinero para eso. Tenía que disculparse con la chica y darle las gracias. Dio un trago suficientemente grande como para terminarse el vino, se alzó del banco y dejó el vaso en la barra antes de salir corriendo hasta la puerta.

Si la persigues, la asustarás.


Calla, Canwn.

A Jan no le gustaba nada ese nombre, Mak lo sabía, y sabía perfectamente que solo lo utilizaría cuando estaba ligeramente molesto, por lo que la criatura se mantuvo en silencio. Al salir, la multitud estaba a punto de engullir a la chica. No le dio demasiado tiempo de pensar; pedir ayuda a Anthäk-La para lo que iba a hacer de seguro le garantizaría una marca en el pecho, pero no le importaba en ese momento. Alzó la voz.

Ayudame a verla. —recitó antes de perderla de vista.

Justo cuando una persona se atravesó en el camino, ella desprendía un halo de luz para la vista del elfo, haciéndola localizable entre el rebullicio. Echó un vistazo alrededor y se fascinó con la variedad de personas que había; antropomorfos, diviums, humanos, elfos. Había personas con pinta de asesinos en las que Jan no se fijó demasiado. No le apetecía que se fijaran en él tampoco. Aceleró el paso para alcanzarla, y cuando estuvo suficientemente cerca, le tocó el hombro para llamar su atención.

No me diste tiempo de agradecerte.

El hechizo desapareció y dejó a Jan con una sensación de duda. No había dolor. No había una herida sangrante en su pecho que le recordara lo que había hecho y no estaba Mak advirtiéndoselo. Algo era bastante extraño, pero no se permitió reparar mucho en eso; realmente le interesaba mantener conversación con la chica.

Marca de Caza:
►Nombre de la habilidad: Marca de Caza
● Nivel: 1
● Puntos de evolución invertidos: 0
● Derivada de: Magia Divina
● Clasificación de habilidad: Activa Apoyo Normal
● Cooldown: 2 turnos (3 horas On-Rol)
● Duración: 3 turnos o hasta que el objetivo salga del área.
● Efecto: Jan recitará una oración a Änthäk-La mientras se enfoca en un objetivo. De esta manera, tanto en su mente como en la de Mak, el objetivo comenzará a resplandecer con la luz de Änthäk-La, haciéndolo visible para el invocador incluso si éste se esconde.

Este hechizo funcionará sobre un único objetivo, que es cualquiera que esté al alcance de la vista de Jan, dentro de un radio de 10m. A partir del punto donde es casteado, Jan podrá seguir el rastro en un radio de 60m



Última edición por Jan Egiz el Dom Jul 30, 2017 10:31 pm, editado 1 vez


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Re: Y les vendieron sus almas al diablo. [Priv. Kaila]

Mensaje por Kaila el Dom Jul 30, 2017 1:45 pm

Había demasiada gente. Gente por todos lados, cortándome el camino cada dos pasos. Era demasiado agobiante, y muchísimo más difícil moverse por aquí que por Phonterek, a donde ya me había acostumbrado. Casi podía recordar al completo el plano de la ciudad, y eso era más de lo que podría esperar.

- Kabus, necesito tu ayuda, no puedo hacer esto sola.- le digo mientras empujo a un señor robusto que viste con prendas negras y grises. Una mirada de odio hace que se me hiele la sangre.- Ese tenía pinta de asesino, ¿verdad?.- sonrío nerviosa mientras lucho por abrirme paso entre la gente.- Si no me ayudas me acabará matando cualquier otro ajeno a esa maldita hermandad.

La gente empezaba a mirarme, a ojos de ellos estaba hablando sola.

- Kabus, por favor

No hay respuesta.

- ¡De acuerdo!.- le grito enfadada.- Haré esto yo so..

De repente, la marca empieza a arder, a pesar del silencio de Kabus, que no me advierte de algo que claramente él ya ha visto venir. Al tiempo que alguien me toca el hombro, me giro sobresaltada.
Es el chico de la máscara.

Sin poderlo evitar, retrocedo un paso, asustada, esperando una mala reacción por parte de aquel extraño. Se de sobra que lo que he hecho para conseguir el trabajo está mal, y no me extrañaría nada que él viniera decidido a mostrarme cuan enfadado se sentía por mi actitud.

- No me diste tiempo de agradecerte.
- ¿Cómo?.- lo miro extrañada, sus palabras me pillan completamente por sorpresa.
- Aléjate de él.- me exige Kabus con la voz tensa.
- Oh, con que ahora sí quieres ayudarme ¿no?.- le pregunto enfadada cruzándome de brazos.
- No, pero eres tan estúpida que no eres capaz de reconocer a alguien que podría hacerte daño. ¿Has visto sus pintas?
- Solo lleva la cara tapada, eso no quiere decir nada....- digo intentando parecer segura de mis palabras, pero sin llegar a conseguirlo del todo
- Oh, claro, que despiste el mio, seguro que solo quiere darte un abrazo y ser tu amigo, sobre todo después de haberlo dejado en ridículo.
- ¡Yo no lo he dejado en ridículo!.- le grito a Kabus.- Además, me he disculpado....- añado bajando la mirada hasta mis pies.
- Oh, que gran disculpa, una vaso de asqueroso vino.

Abro la boca para responder a Kabus cuando, por primera vez desde que el enmascarado está frente a mi, me percato de que me está viendo hablar "sola". Mierda.

- Esto...quiero decir.. No, no tienes que agradecerme nada...yo...hice mal, solo quería disculparme.- digo intentando aparentar normalidad, como si hasta hiciera unos segundos no hubiera estado hablando con una voz que suena en mi cabeza.

Llevo una de mis manos a mi cabeza, enredándola entre mis mechones de pelo suelto y mis trenzas, claramente nerviosa. La otra, de forma automática, va hacia la marca del pecho, en una búsqueda desesperada de algo de seguridad. Mis ojos se mueven huidizos entre la gente. ¿Cómo había conseguido localizarme entre tantas personas? No es que yo fuera especialmente alta ni llamativa.

Es entonces, cuando perdida en mis rápidos pensamientos, mis ojos son atraídos por unas marcas que sobresalen del cuello de un hombre. Unas marcas que me resultan tremendamente familiares, pero que no logro situar.

Mierda, se va a alejar.

Casi al instante, Kabus se percata de lo mismo que yo. A lo lejos, moviéndose entre la multitud, un hombre marcado se aleja cada vez más de donde estamos nosotros. ¿Sería Tristán?

- Si fuera Tristán ya estarías muerta.- sisea con odio Kabus.
- Gracias por confiar en mi.- le respondo enfadada, casi en un susurro.
- Tienes que alejarte, no puedes permitir que te vea.
- No puedo dejar que se aleje...

Y, casi impulsada por una fuerza extraña, mi cuerpo se mueve en busca del hombre marcado. Casi me he olvidado por completo del enmascarado que está frente a mi, escuchando como hablo sola y como miro con ojos de loca a un montón de personas. Y digo casi porque, al avanzar en busca del hombre de las marcas, choco de lleno con él, tropezando y poniendo a prueba mi equilibrio.

No lo había visto, estaba tan inmersa en mis pensamientos y en aquel hombre marcado que no había visto al hombre alto y enmascarado que estaba frente a mi, del cual todavía desconocía sus intenciones. Bien podría ser rebanarme el cuello por descarada y malintencionada, pero... si fuera así, ¿por qué habría venido a agradecerme una copa?

Por primera vez desde que he visto a este tipo, me siento intimidada. Es bastante más alto que yo, aunque eso no sea muy difícil, va visiblemente armado y su máscara le otorga un aspecto de lo más amenazador. Empiezo a arrepentirme de no llevar mis armas más a mano.

Por suerte, soy rápida invocando.
¡Mierda! ¡El hombre marcado!

Gruñendo con algo de rabia, me maldigo por ser tan torpe y miro al hombre de la máscara, intentando ver a través de las rendijas de sus ojos y esperando su respuesta.


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Re: Y les vendieron sus almas al diablo. [Priv. Kaila]

Mensaje por Jan Egiz el Lun Jul 31, 2017 12:42 am

Te lo dije —dijo Mak en su mente con tono burlón cuando la chica se dio un paso atrás con cara de susto. Vale, tenía razón.

¿Cómo? —respondió ella, extrañada—. Oh, con que ahora sí quieres ayudarme ¿no?.— y se cruzó de brazos. Jan no había terminado de entender.

¿Eh?

Solo lleva la cara tapada, eso no quiere decir nada.... —El elfo intentó ver a los alrededores, pero nadie más estaba prestando atención a la chica. Definitivamente estaba hablando sola.

Y yo creía que tú estabas demente.


Ella no está loca.

¡Yo no lo he dejado en ridículo! —gritó, enzarzada en su propia discusión extraña. — Además, me he disculpado....

Yo, de hecho...

—  Esto... quiero decir.. No, no tienes que agradecerme nada...yo...hice mal, solo quería disculparme. —dijo como si pudiese ignorar que estaba discutiendo consigo misma hace medio segundo. Se veía nerviosa, extrañamente nerviosa. Claro, la máscara.

Pero algo más captaba su atención; había desviado su mirada hacia la multitud. El joven elfo iba a comenzar a hablar nuevamente para captar su atención, pero ella tomó delantera.

Gracias por confiar en mí.

¿Y esta qué se trae?

¿Disculpa?

No puedo dejar que se aleje...

Pero ella no pareció notar su existencia, porque arrancó a caminar como si nadie más estuviera en la calle, y se lo llevó de frente por completo. Ambos tambalearon por un momento hasta recobrar el equilibrio. Jan dio un paso atrás para no verse intimidante, y miró a la chica con curiosidad. Si estaba en lo correcto, él no era el único que cargaba a cuestas a alguien más en su mente (¿alma?). Gruñó, y Jan se preguntó por qué, si en primer lugar ella lo había atropellado así sin más. Luego, intentó verlo a los ojos. Eso era más creíble (y mucho menos demente). Definitivamente se compraría una máscara más amigable antes de salir de la isla. La chica se quedó a la expectativa, no dejando más opción a Jan que hablar.

Que me has salvado de meter la pata y además me has¿invitado a una copa?dejado un vaso de vino de gratis. —Aquél no era el tema que realmente le interesaba en aquél momento. Ya se tomaría el tiempo de pagarle.— ¿Estás bien? —preguntó con auténtica curiosidad, y por algún motivo, no, no se refería a su salud mental—. ¿Buscas a alguien? Puedo ayudarte. —ofreció, aunque estaba seguro de que si utilizaba el mismo truco, esta vez sí se ganaría una marca.

¿Te estás preocupando por ella?


¿Qué más me queda?


No tiene pinta de estar bien.


Por eso mismo he preguntado, tonto.

Luego le despertó una curiosidad un poco más común.

¿Con quién hablabas?


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Re: Y les vendieron sus almas al diablo. [Priv. Kaila]

Mensaje por Kaila el Lun Jul 31, 2017 4:36 pm

¿Que lo he salvado de qué?
No puedo evitar mirarlo extrañada, frunciendo el ceño e inclinando ligeramente la cabeza hacia la derecha, como si no entendiera su idioma. Aunque claro, sí que lo entendía, pero no sabía a que se refería.

Al seguir hablando, mi cabeza pierde el hilo de lo que estaba pensando con su primera afirmación.

- Yo... sí, sí, estoy bien.- intento sonreír, aunque no me sale del todo bien. Tenía que dejar de hablar con Kabus en voz alta o cualquier día acabaría metida en una casa para maníacos.
- A este paso acabarás metida en un ataúd.- me responde Kabus con mordacidad.

He de morderme el labio para no responderle y respirar profundamente para calmar mis nervios recién alterados. Si pudiera invocarlo ahora mismo lo haría para golpearle su bonita cara.

- ¡Já! Como si pudieras pegarme.

Tengo que esforzarme para oír lo que dice el chico y no sumirme en mis conversaciones internas. ¿Ayudarme? Yo no necesitaba ayuda. De hecho, el hombre marcado se me había escapado por su culpa, si él no hubiese estado en medio ya habría cogido al otro y podría...podría... ¿Podría qué? ¿Interrogarle sobre la hermandad? ¿Cómo podía ser tan estúpida?

- Sí, eso es algo que yo también me pregunto.
- Imbécil.

La estruendosa risa de Kabus me hace ver que he hablado en voz alta, y justo cuando el enmascarado me pregunta que con quién hablaba.

- ¿Por qué llevas la cara tapada?.- le pregunto a modo de respuesta para su pregunta.- ¿Y por qué con una mascara tan...siniestra?

Miro a mi alrededor nerviosa. Empieza a agobiarme la cantidad de gente que hay. ¿Eso era normal en mí? No lo sabía y tampoco me iba a quedar ahí para terminar de averiguarlo.

Miro al chico con cara de "ey, sígueme y continuemos hablando, porque verdaderamente sí, necesito ayuda", o al menos intento que mi mirada transmita eso, aunque no sé si logro conseguirlo. Espero que sí, porque me giro y empiezo a andar entre la gente en busca de un sitio más apartado y tranquilo, al menos donde no me sienta observada y acorralada a partes iguales.

Estar en la ciudad donde hacía años Sick había sido atacado por los mismos que años más tarde mataron a mi familia y que, hacía relativamente poco, me habían atacado a mi, era algo que estaba empezando a desquiciarme. Me preocupaba parecer desquiciada.

Se de sobra que puede parecer que esté un poco loca, pero no lo estoy. Solo tengo a una invocación viviendo dentro de mi  cabeza y robándome los recuerdos, pero eso no quiere decir que esté loca, ¿verdad?

- No, lo de estar loca lo traías de fábrica.- me dice Kabus.- ¿De verdad estás pensando en aceptar la ayuda de un completo desconocido para encontrar a los que probablemente te torturarán antes de matarte?
- Necesito ayuda, y si tu te niegas a ayudarme....- le respondo mientras camino entre la gente, sin comprobar si me sigue o no.
- ¡No puedo ayudarte a buscar a tus asesinos, Kaila!
- ¡¿Y cómo sabes que me asesinarán?!.- le pregunto claramente enfadada.- Llevas toda la vida impidiéndome saber lo que pasó aquella noche y por qué, y ahora que estoy algo más cerca de descubrirlo te niegas a ayudarme. ¡Pues genial! Por lo que a mi respecta, puedes largarte.

Ahora sí miro hacia atrás, pero solo para ver cuanta gente se gira a mirar como la niña loca discute con seres invisibles. Suspiro frustrada. ¿Por qué había tanta gente en esta maldita ciudad?

Al fin logro salir de la marabunta de personas y llegar a unas callejuelas de casa mucho más despejadas, casi desiertas. Por las casas y la escasez de gente, parece un barrio de clase media baja, sin comercios ni tabernas ni posadas, solo casas feas que se ocultan del glamour de la ciudad.

Desde la calle principal llega el sonido ahogado de las conversaciones, las risas, los gritos y la música. Esa ciudad hervía al son de su propia canción.

Sin girarme para ver si el chico enmascarado está conmigo y sin detenerme, empiezo a hablar, ignorando las amenazas y gritos de Kabus, el cual no deja de ordenarme que vuelva a Phonterek. Por una milésima de segundo, se me pasa por la cabeza la idea de que quizás invocar a Kabus estando en esta ciudad no fuera la mejor idea de todas.

Podría dejarme inconsciente el tiempo suficiente y enviarme de vuelta a Phonterek. Al día siguiente no recordaría nada y él me aseguraría que no habíamos encontrado nada en esta ciudad y que lo mejor era volver. Ese pensamiento sume en el más profundo silencio a Kabus. ¿Había acertado?

- Necesito encontrar invocadores. Antes, cuando choqué contigo, creí haber visto a uno. Necesito invocadores, templos antiguos, textos, libros o papiros, cualquier cosa que esté relacionada con invocadores antiguos, en especial con una tal...hmmm... mierda, no recuerdo el nombre...

Maldigo para mis adentros. Tendría que releer el libro que le robé a Dorm. También debería hacerme con un cuaderno donde apuntar las cosas que descubriera y los datos importantes que no debía olvidar, como lo eran el nombre de esa invocadora. De hecho, ni siquiera recordaba porqué era importante. Quizás estuviera relacionada con Sick...

Suspirando, dejo de hablar y me detengo, girándome para acabar de frente al chico enmascarado. Definitivamente, esto era una locura.

- Dioses, probablemente ni siquiera sepas lo que es un invocador...- me llevo las manos a la cabeza despeinándome.- Ni siquiera debería estar aquí contigo, bien podrías ser un asesino.- luego lo miro frunciendo el ceño, intentando parecer amenazadora.- Aunque voy bien armada, mejor de lo que pueda parecer.

¿Pero qué diantres estaba haciendo?


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Re: Y les vendieron sus almas al diablo. [Priv. Kaila]

Mensaje por Jan Egiz el Mar Ago 01, 2017 3:33 am

Cualquiera habría pensado que el elfo era un asesino en serie, o alguna especie de violador intentando simpatizar con su víctima antes de... bueno, ya saben. Nada más alejado de la realidad, y aunque Jan no era particularmente alguien de fiarse de la gente, no podía evitar sentir preocupación por la chica.

Yo... sí, sí, estoy bien —Aquello no sonó del todo honesto, y estaba haciendo un intento de sonrisa. Se mordió el labio. El elfo estaba casi seguro de que lo hizo para no seguir hablando sola.

Había comenzado a desarrollarse la idea de que ella, a diferencia de él, sí estaba instruída en las artes arcanas o algo así. ¿Quizá podía hablar con espíritus? Era curioso. Se reusaba a creer que estaba loca.

Lo está.

Eso aún no lo sabes.

Discute sola.

Solo mírala, Mak, se ve demasiado sana para estar loca. Además, si estuviera hablando en voz alta ahora mismo, yo también discutiría solo.

Punto para el orejas puntiagudas.

Imbécil.

Ahora te insulta.

Eso no fue conmigo.

¿Por qué llevas la cara tapada? ¿Y por qué con una máscara tan...siniestra? —preguntó a la defensiva.

Ahora estaban hablando realmente. Bueno, algo así. Esa era una pregunta completamente justa. Ella andaba hablando sola y él llevaba una máscara rara. No parecía una reunión de personas precisamente normales.

Es... un pacto.

Ella seguía estando nerviosa. Miraba a los lados con alteración, parecía un pajarito en tierra buscando un gusano. Lo invitó con su mirada a seguirla. 

Estás demente si le harás caso.

Hizo caso omiso a Mak y la siguió entre el rebullicio. De cerca era muchísimo más sencillo no perderla de vista (y, por la gracia de Anthäk-La, no necesitaba un hechizo para eso). Lo guió hasta un callejón que no era el más agraciado de la zona. No había gente, no había comercios, ni posadas. Alguna que otra casa parecía estar fabricada de bahareque. Definitivamente no era una zona de gente pudiente. Ella solo comenzó a hablar como si se estuviese desahogando de algo.

Necesito encontrar invocadores. Antes, cuando choqué contigo, creí haber visto a uno. Necesito invocadores, templos antiguos, textos, libros o papiros, cualquier cosa que esté relacionada con invocadores antiguos, en especial con una tal...hmmm... mierda, no recuerdo el nombre... 

Jan abrió los ojos como platos, aunque bajo la máscara no es como si hubiese mucha diferencia. Se detuvo, giró para darle la cara y volvió a hablar.

Dioses, probablemente ni siquiera sepas lo que es un invocador... Ni siquiera debería estar aquí contigo, bien podrías ser un asesino.- Lo miró con cara de amenaza. Jan no pudo evitar sonreír.- Aunque voy bien armada, mejor de lo que pueda parecer. 

¡Está armada! ¡Te he dicho que está loca!

Yo también voy armado.

Estás haciendo un mal intento de asustarme.

¿¡Acaso estás loco!?

No sé quiénes son los invocadores antiguos... —comenzó mientras alzaba las manos a la altura de su estómago y las cerraba una junto a la otra, como si estuviera sosteniendo algo entre ellas. Se concentró en traer una invocación básica, y cuando abrió las manos, había una pequeña polilla que resplandecía como una antorcha.— Pero conozco a uno de los nuevos.

¿La polilla?

Es más rápido que invocarte a ti, mastodonte verde.

¡No soy un mastodonte!

Criatura verde —se corrigió para no tener que explicarle la comparación.

¿Para qué... buscas invocadores? —preguntó, y ahora se debatía si aquella había sido una buena idea.




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Re: Y les vendieron sus almas al diablo. [Priv. Kaila]

Mensaje por Kaila el Miér Ago 02, 2017 11:43 pm

Sonrío asombrada al ver aparecer a la pequeña polilla, la cual parece más una antorcha en miniatura que una insecto. No puedo creerme la suerte que tengo al haberme topado con un invocador así de rápido. Seguro que esto agilizaba mi búsqueda, y no me hará falta la ayuda de Kabus para encontrar lo que necesito.

Aunque.... ¿Dónde estaban sus marcas?

- Kaila, aléjate.- dice con voz tensa Kabus.

¿Y si era Tristán? ¿Y si había conseguido dar con ella? ¿Y si era otro invocador que perteneciera a la Hermandad Roja? Tristán ya nos había ocultado sus marcas, bien podría estar haciéndolo de nuevo.

Pero ese extraño chico no sabía quienes eran los invocadores antiguos, de hecho, no parecía saber nada de lo que le había dicho. Aunque con la cara completamente cubierta era difícil leer sus expresiones. Bueno, más bien era imposible. Sin poderlo evitar, lo miro algo confusa.

No he podido ocultar que su invocación me ha asombrado, pero al verla la imagen de una Kaila de 12 años, invocando a la desesperada a una bandada de cuervos que le dieron apenas unos minutos para huir. Nunca me vi marcada por esa invocación y, quizás, esa extraña polilla fuera como los cuervos. Invocaciones tan efímeras que ni siquiera dejaban marcas en sus invocadores.

Sin poderlo evitar, me cojo la mano que lleva la marca de mi huargo y la llevo al pecho. ¿Cuantas veces había llevado al borde de la muerte a esa pobre invocación? Jamás forzaría así a Kabus, jamás arriesgaría tanto su vida, pero sí lo hacía con mi invocación menor, sabiendo que si él moría, otro lo sustituiría.

Casi de forma dolorosa, un pellizco de culpabilidad me atenaza la boca del estómago. He de respirar varias veces para calmarme y ser capaz de controlar mi creciente ansiedad.

Vale, tengo que relajarme y empezar a aclarar mis ideas:
El chico que estaba frente a mi era un invocador. Bien, éramos pocos, pero seguíamos existiendo.
El chico que estaba frente a mi parecía desconocer lo que era la hermandad. Bien, no parecía ser peligroso si desconocía de su existencia.
El chico que estaba frente a mi podría ser Tristán, pero su voz no era igual. Aunque quizás algún tipo de magia podría modificarla..

No, ya estoy divagando. Esto tengo que solucionarlo.

Puede que quizás pudiera cambiar su voz, pero no sus marcas. No podía ocultar sus marcas. Ese muchacho no tenía marcas, no de forma visible, y las de Tristán eran muy similares a las mías. ¡No era Tristán!

Suspiro completamente aliviada y sin poderlo evitar, sonrío abiertamente mientras me acerco al chico.  En ese momento, oigo a Kabus gruñir en mi cabeza. Esta claro que la situación no le gusta, pero si fuera peligrosa la marca estaría ardiendo de forma dolorosa, y si mi vida corriera peligro, Kabus se habría presentado frente a mi por su cuenta. Incluso Rhyddid me habría avisado.

Posiblemente Kabus tampoco conociera a los miembros de la hermandad, pero por ahora estoy casi segura de que el enmascarado no supone ninguna amenaza.

- Me llamo Kaila.- le digo tendiéndole la mano con una sonrisa.- Y también soy invocadora.

Es entonces cuando reparo en unos diminutos lunares blancos que se extienden por el brazo del chico, suben por su cuello y se pierden bajo la máscara. Eran extraños, quizás fuera algún tipo de enfermedad o algún rasgo racial. Parecía humano, pero... posiblemente no lo fuera.

- Necesito encontrar invocadores porque...hmmm... como explicarlo....- de forma pensativa, me llevo la mano al labio y tiro de forma distraída de él, buscando las palabras adecuadas para explicar porqué necesitaba invocadores.- Veras... hay...hmmm ¿seres? ¿personas? No estoy muy segura de lo que son, pero mataron a un viejo amigo que era invocador y a su mujer...hmmm... ¡Liliam!.- grito orgullosa cuando logro recordar el nombre. Últimamente mis recuerdos funcionaban de forma extraña, casi incomprensible tanto para Kabus como para mi.- Liliam era una antigua invocadora, muy poderosa por lo que he podido leer, pero lo que se no es suficiente. Ese grupo de seres parece estar dándome... ¿caza?.- doy una vuelta en redondo, frustrada conmigo misma y mirando hacia el cielo.- El caso es que necesito saber por qué los mataron y... parece ser que eso ocurrió aquí... ¿me he explicado?


Miro con una sonrisa de disculpa al invocador, algo decepcionada conmigo misma por no ser capaz de explicarme bien. Ojalá hubiera una canción que explicara todo lo que yo quería, entonces sería capaz de cantarla sin problemas. Con un suspiro y nerviosa, miro al chico esperando su reacción.


Kabus habla  
Pensamiento Kabus audible para Kaila


Kaila habla
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Re: Y les vendieron sus almas al diablo. [Priv. Kaila]

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