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Y les vendieron sus almas al diablo. [Priv. Kaila]

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Re: Y les vendieron sus almas al diablo. [Priv. Kaila]

Mensaje por Jan Egiz el Jue Ago 03, 2017 9:45 am

Sonrió. Jan comenzó a sentir que ella ya no lo sentía una amenaza, y eso, de algún modo, le hacía feliz. El contacto humano era, con frecuencia, muchísimo más reconfortante que el de Mak, el cual a veces incluso llegaba a ser tedioso. O sería porque aún no terminaba de acostumbrarse a la voz de la criatura en su mente.  Aunque, en ese momento, se sentía como él. Ignorante del mundo que lo rodea, ignorante de sus capacidades y motivos de existir. ¿De qué estaba hablando ella? ¿Invocadores antiguos? ¿Papiros? ¿Una tal quién? ¿De qué iba todo esto?

¿Acaso ese era el conocimiento que con tanto recelo custodiaba Lashrael? ¿Lo estaría protegiendo de... algo? No le quitó la mirada de encima mientras estaba sumido en sus pensamientos. Quizá la chica no era peligrosa, pero traía peligro. Algo en su voz dubitativa causaba comezón en la curiosidad de Jan, y la irritante voz de Mak insinuándole que estaba loca no ayudaba en lo absoluto.

Lashrael. Una punzada de dolor cruzó su corazón, y esto no era a causa del pacto. El pacto no hacía estas cosas, se resumía a un dolor físico, y esto iba más allá.

Ella pronto había borrado la sonrisa y parecía estar ansiosa. Demonios. La chica también estaba sumida en sus propios pensamientos, y no la podía culpar. A él le asechaba la culpabilidad, y había aprendido que aquello era algo común, pero la inestabilidad de ella parecía ir más allá. ¿Alguien la estaba persiguiendo?

Si era así, Jan la protegería. Por caballerosidad o por interés, aún no lo sabía, pero lo haría.

Suspiró con alivio, sonrió y se acercó. ¿Acaso estaba hablando otra vez con lo que sea que fuere, y se había calmado por ello?

Me llamo Kaila. —Le tendió la mano, la cual tomó sin dilación, y de la manera más delicada que se podría. Como si estuviera tomando el pétalo de una flor sin intención alguna de dañarlo.- Y también soy invocadora.

Vaya que eso respondía la pregunta. Hablaba con su invocación. Eso era claro ahora. El elfo asintió para dejar que siguiera hablando. Ya luego se presentaría y, como no podría ser de otra forma, presentaría a su impetuoso amigo.

Necesito encontrar invocadores porque...hmmm... cómo explicarlo.... Verás... hay...hmmm ¿seres? ¿personas? No estoy muy segura de lo que son, pero mataron a un viejo amigo que era invocador y a su mujer...hmmm... ¡Liliam!. Liliam era una antigua invocadora, muy poderosa por lo que he podido leer, pero lo que sé no es suficiente. Ese grupo de seres parece estar dándome... ¿caza?. El caso es que necesito saber por qué los mataron y... parece ser que eso ocurrió aquí... ¿me he explicado?

No. —dijo Mak con recelo en la mente del chico

Para nada. —respondió él, aunque de seguro no sería la respuesta que le daría a ella.

No estaba alejado de la realidad. ¡La perseguían! Y no solo eso, los estaba investigando. Tenía un propósito. Un propósito al cual Jan estaba dispuesto a ayudar a cumplir, porque, ¿Por qué no?

Ni se te ocurra.

No demasiado. —no mintió para no ganarse una marca. — Pero luego me podrás explicar con más calma.

Jan...

Soy Jan.

Preséntate

Ni hablar.

¡Vamos, Mak!

No.

Definitivamente, Mak era un niño. No se presentaría a menos que Jan lo invocase a la fuerza, y no estaba del todo seguro de querer hacer eso en una ciudad con tanta gente. Él no era precisamente... Normal.

Y mi invocación es demasiado malcriada como para presentarse.

¡No lo soy! —dijo en voz alta con un tono grave, sepulcral, y a la vez amistoso. Como si un niño tuviese la voz de un adulto. Provenía de detrás de la máscara, y fueron los mismos labios de Jan quienes pronunciaron aquellas palabras.

Él es Mak —afirmó, satisfecho consigo mismo.— ¿En qué podemos ayudarte?

Puedes. —dijo una vez más la criatura para sus adentros.


♦️  ♦️  ♦️
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Re: Y les vendieron sus almas al diablo. [Priv. Kaila]

Mensaje por Kaila el Sáb Ago 05, 2017 1:35 pm

No pude evitar dar un salto hacia atrás de pura sorpresa cuando la voz de Jan cambió tan drásticamente para dejar paso a la voz de su invocación, Mak.

Sin poderlo evitar, sonrío asombrada. Hay tantas cosas en el mundo de la invocación que se me escapan que no puedo evitar sentirme como una niña pequeña que tontea con magia oscura. ¿Por qué Kabus no me había contado que las invocaciones podían...hmmm... tomar el control de su invocador?

- Sería tan maravilloso poder hacer eso contigo.- replicó Kabus, enfadado.
- Tienes tanto que enseñarme y te niegas a ello....- digo en voz baja, apenada y, para que mentir, algo decepcionada.

Miro a Jan sonriendo, aunque no es a él a quien quiero sonreír, no exactamente. Probablemente, su invocación esté desconfiando tanto de mí como Kabus de ellos. Es normal, conozco la impresión que doy. Parece que estoy loca y, para mas inri, me estoy metiendo en la boca del lobo intentando seguirle la pista a la maldita Hermandad Roja.

- No creo que tu invocación sea malcriada.- sonrío intentando escudriñar tras las rendijas de los ojos.- Simplemente no termina de fiarse de mí, ¿me equivoco, Mak?.

Empiezo a caminar por la calle, esta vez más tranquila, más que nada para no quedarnos demasiado tiempo parados en el mismo sitio. Quizás molestáramos a los vecinos o Tristán nos encontrara o simplemente alguien intentara atracarnos. Había demasiada gente en aquella maldita ciudad como para quedarse hablando tranquilamente en una de sus calles. Por muy estrecha, sucia y solitaria que pareciera.

- Mi hmm... invocación principal se llama Kabus. Lo invocaría si no estuviéramos tan... enemistados últimamente. Y creedme, él si que es un malcriado.- me río un poco, por lo bajo, y sonrío satisfecha cuando escucho bufar a Kabus.- Pero él no puede hablar por mis labios, solo yo lo oigo.

De repente, me acuerdo de mi huargo. Podía invocarlo a él. Vale que tenía un pequeño afán por devorar, pero quizás, con práctica, pudiera convertirlo en algo más que una máquina de descuartizar. Sé que su fondo no es malo, pero se deja llevar demasiado por sus instintos.

Sonriendo y mientras camino, clavo mis uñas en la palma de la mano, dejando que el leve rasguño ensangrentado manche la marca del huargo.

- Pero puedo presentarte a mi amigo de cuatro patas. No os lo toméis a mal, le encanta descuartizar, pero no os hará daño.

En ese momento, frente a nosotros, a unos 7 metros, aparece un gran lobo de pelaje blanco, con el pelo erizado y gruñendo, haciendo chasquear sus grandes mandíbulas. En cuestión de un segundo, tensa sus músculos y se lanza a por nosotros, decidido a acabar con Jan.

Con tranquilidad, me coloco frente a Jan en el momento en el que el huargo salta para caer sobre él, con las mandíbulas abiertas y, con una sonrisa de disculpa, lo hago desaparecer, dejando tras él una tenue cortina de humo blanco y casi brillante. Sin poderlo evitar, sonrío ante la reacción de Jan. Quizás esta no fuera la forma más adecuada de ganarme la confianza de su invocación.

- No me parece bien pediros demasiada ayuda, no creo que en lo que me estoy metiendo sea lo más seguro del mundo, pero tampoco puedo obviar que necesito ayuda.- saco el libro que le robé a Dorm de mi bolsa y lo levanto hasta la altura de mi cara.- Aquí está mejor explicado aquello que busco, y prometo explicártelo mejor con algo de comida por delante. Puedes leerlo mientras yo actúo en aquella taberna de antes.- suspiro algo abatida, no puedo evitar pensar que todo esto me supera, y no contar con la ayuda de Kabus me entristece más de lo que dejo ver.- Solo necesito información, no quiero enfrentarme a nadie, al menos no por ahora.

Fijo la mirada en mis pies, algo pensativa, dejando que mi mente divague entre los pocos recuerdos que tengo, enlazando las historias con los recuerdos reales y, sin darme cuenta, buscando a Rhyddid en algún recoveco de mi mente, sin llegar a encontrarlo. Entonces caigo en algo que minutos antes me había tenido preocupada. Las marcas de Jan. ¿Dónde las tendría?

- Oye... quizás no debería preguntarlo, pero... ¿y tus marcas?.- lo miro con el ceño fruncido, claramente curiosa por la respuesta. Si su invocación parecía tan distinta a Kabus, quizás las marcas también fueran distintas a las mías.


Kabus habla  
Pensamiento Kabus audible para Kaila


Kaila habla
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Re: Y les vendieron sus almas al diablo. [Priv. Kaila]

Mensaje por Jan Egiz el Jue Ago 17, 2017 12:20 am

Jan contuvo la risa al ver el brinco de la chica, Kaila. Esbozó una sonrisa mientras intentaba ver tras la máscara. ¡No se daba por vencida! 

¿Es más extraño tener dos voces a hablar sola?

No creo que tu invocación sea malcriada. Simplemente no termina de fiarse de mí, ¿me equivoco, Mak?.

¿Fiarse? —Esta vez no se contuvo, dejó salir una carcajada mientras su invocación gruñía en su mente, y era una suerte que la máscara estuviera bien sujetada, porque de seguro se caería cuando él se dobló de la risa— Mak se fiaría del bandido más buscado si le hiciera ojitos. Solo cree que eres rara.

Casi pudo ver a Mak cruzando sus cuatro brazos y poniendo cara (más o menos) de desaprobación. Kaila comenzó a andar y Jan la siguió al mismo paso. No sabía si estaba siguiendo una dirección en particular, pero a él tampoco le parecía buena idea quedarse en un mismo sitio si alguien la perseguía.

Mi hmm... invocación principal se llama Kabus. Lo invocaría si no estuviéramos tan... enemistados últimamente. Y creedme, él si que es un malcriado. Pero él no puede hablar por mis labios, solo yo lo oigo.

¡Pobresillo!

Vaya que eso es una suerte.

Dijeron al unísono, remontando la voz sepulcral de Mak sobre la suave voz de Jan, haciendo las palabras a penas entendibles. Era muy contraproducente no saber cuándo Mak tomaría control de su boca para comunicarse, aunque por fortuna, no lo hacía muy a menudo.

Pero puedo presentarte a mi amigo de cuatro patas. No os lo toméis a mal, le encanta descuartizar, pero no os hará daño.

¡No os hará daño! Aquella bestia había salido corriendo con tal ferocidad que Jan no tuvo otra reacción que dar un salto hacia atrás, e incluso las marcas de Mak le habían comenzado a molestar en señal de que pronto saldría. Pero no fue necesario; cuando el lobo estuvo suficientemente cerca, Kaila se atravesó en su trayecto y lo hizo desaparecer. ¡¿Qué demonios estaba mal con ella?! Jan consideró por un momento invocar la parvada solo para molestarla, pero descartó la idea. Él era un caballero, y no aún no se quitaba de la mente que debía aprender a controlar mejor las polillas, con lo monas que eran.

No me parece bien pediros demasiada ayuda, no creo que en lo que me estoy metiendo sea lo más seguro del mundo, pero tampoco puedo obviar que necesito ayuda.—Le mostró un libro, que Jan vio con una ceja arqueada.— Aquí está mejor explicado aquello que busco, y prometo explicártelo mejor con algo de comida por delante. Puedes leerlo mientras yo actúo en aquella taberna de antes. Solo necesito información, no quiero enfrentarme a nadie, al menos no por ahora.

La sola expresión de la chica le causaba pesar. Debía ayudarla, incluso a pesar de Mak rechistando en su mente. Ya se acostumbraría. Jan asintió para confirmarle que la ayudaría, aunque aún tenía en mente eso de no morir de hambre. Desde luego no permitiría que ella le pagase lo que sea. Jan a pesar de estar acostumbrado a vivir entre comodidades, también podía valerse por sí mismo. O eso creía. Quizá podía sugerirle a la chica hacer un dueto y presentar la clásica canción de Deoth y Stand como Müsenïe mandaba, así al menos se ganaría su plato de comida.

 Oye... quizás no debería preguntarlo, pero... ¿y tus marcas?

Aquella pregunta lo sorprendió un poco. ¿Por qué preguntaba por ello? ¿Acaso no era obvio? Luego reparó en las marcas de ella. Eran diferentes. Muy diferentes. Le causaba curiosidad. Se desató el chaleco y apartó  el lado derecho para mostrar los numerosos puntos blancos que iban desde su brazo y desaparecían en el cinturón. Los señaló. De cierto parecían marcas de nacimiento; eran poco más que lunares escasos en pigmentación, los cuales ni siquiera poseían un relieve que los remarcara sobre la piel del elfo.

Son diferentes a las tuyas, pero supongo que tienen el mismo fin práctico. —Se volvió a amarrar el chaleco. En su mente rebotó algo en lo que no había reparado antes— ¿Enemistados? —dijo de la nada— ¿Qué podría enemistarte con tu invocación?

Confiar gente extraña.—Soltó Mak en voz alta, probablemente sin querer.

Oh, sí. Enemístate conmigo.

Quizá considere hacerlo.

¿No tienen hambre? —preguntó, ignorando la voz de la criatura en su cabeza— Si te portas bien, te dejaré tomar la mitad del desayuno. —Aquello fue para Mak, quien de un momento a otro borró todo rastro de desagrado en su mente.

¡Yay! —celebró en una extraña mezcla de voz aguda y de ultratumba con alguna clase de alegría.

Yo invito —Sonrió y guiñó el ojo en dirección a Kaila, aunque en vano, pues bajo la máscara, su galantería innata se perdía. Giró bruscamente y entrecerró los ojos en busca de algún sitio que tuviera buena pinta para desayunar. Agudizó su olfato y notó el inconfundible olor de los pastelillos de miel que solía comer en Erínimar. Vale, quizá no iguales, pero tenía la esperanza de que valieran la pena. Le hizo señas a la chica.— Por acá.


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Re: Y les vendieron sus almas al diablo. [Priv. Kaila]

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