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Hijra de Ayanne

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Hijra de Ayanne

Mensaje por Ayanne el Miér Jul 26, 2017 7:39 pm

Átira era una drow y se encontraba en un viaje de aprendizaje con sus hermanos. Su madre les había mandado a entrenar fuera de la aldea, para que aprendieran a sobrevivir, no les debería pasar nada ya que estaban con el cazador más apto que conocían.

A uno de sus hermanos se le ocurrió coger su bolso, esconderlo algo lejos de su pequeño campamento mientras ella no miraba y luego molestarla. Ella molesta le atizó y fue a buscarlo sola, sin avisar al cazador y murmurando maldiciones para su hermano. Tras caminar un rato, vio su bolso colgado de una rama de roble, al acercarse pudo ver unas hierbas que desconocía. Recogió su bolso y hundió su mano dentro de él, sabía que en su libro aparecería, no tardó en sentarse y examinar la hierba comparándola con las que habían en su tomo.

Estaba absorta en sus estudios cuando escuchó unas voces desconocidas, miró a los lados y no vio a nadie. Debía volver al campamento lo más rápido posible o podría encontrarse en problemas.
Arrancó unas cuantas hierbas y las metió con cuidado junto a su tomo. Acto seguido emprendió su marcha vuelta al campamento, corrió lo más rápido posible evitando hacer ruido. Al llegar estaban discutiendo sus hermanos, era costumbre en ellos.

-¿Dónde está el cazador? ¡Necesito hablar con él, es urgente!- Exclamó nerviosa Átira, mirando a todos lados.

-¿Qué pasa? ¿Te vas a chivar de que te escondí el bolso? Cría.-  dijo su hermano con un tono de burla.

-No estamos solos en el bosque imbécil, así que quita tu estúpida cara de mi camino y dime donde está.- dijo Átira poniendo la mano sobre sus armas.

Las armas de Átira se componían de varias hachas arrojadizas y un hacha de bronce, todo ello se lo había dado su madre, con esperanzas de que se hiciera con su mismo estilo de combate.

Entonces el cazador llegó y los miró a todos, Átira se dirigió a él corriendo y se dispuso a contarle que había escuchado voces desconocidas en el bosque, por lo que se dio prisa en volver. El cazador la miró de arriba abajo y ordenó a todos que recogieran sus cosas de inmediato, se iban a ir en cuanto empacaran las cosas. Fue entonces cuando oyeron gritos cerca, era demasiado tarde para irse. Átira apenas había estado en combates reales, su madre la había entrenado, por lo que cogió una de sus tres hachas arrojadizas y se la tiró al primero que vio. Sus hermanos habían hecho lo mismo con varios de los que habían aparecido. Eran elfos silvestres y habían venido a darles caza.

El cazador estaba peleando contra dos de ellos a la vez, mientras que sus hermanos estaban defendiéndose como buenamente podían. Ella encaró al silvestre que había esquivado su hacha, iba a demostrar que podía sobrevivir sin ayuda. El silvestre se le acercó corriendo, ante ello Átira le lanzó otra hacha que frenó y desvió de un espadazo el silvestre. Átira corrió hacia el silvestre aprovechando el momento con su hacha de bronce, tal y como habría hecho su madre, pero el silvestre la golpeó con la mano libre de la espada aturdiéndola brevemente.

Le miró con odio, estaba segura de que a esa distancia le daría con su última hacha arrojadiza. Por tanto, cogió con la otra mano el hacha y se la fue a lanzar, pero el silvestre le golpeó el hacha haciéndola volar lejos de ellos. Átira miró al resto, se estremeció al ver el corte en el pecho que tenía el cazador, sus hermanos habían empezado a correr y ella no pretendía ser el blanco de los siete silvestres que podía contemplar. Echó a correr sin ningún rumbo, iba a alejar a su adversario de su grupo, así no tendría que verse sola contra varios.

El silvestre la siguió como ella había planeado, cuando se hubieron alejado lo suficiente, Átira intentó golpearle con su hacha que fue bloqueada de un espadazo. Su contrincante era más fuerte que ella, aunque menos ágil.  Tras varios intentos fallidos de golpearle con el hacha, intentó propulsarse usando un árbol saltando hacia él con fuerza, cuando fue a golpearle, el silvestre se agachó y le proporcionó un tajo que le atinó en la pierna.

Átira cayó en peso al suelo rodando un par de metros, soltando un grito de dolor, el silvestre sonrió, había ganado. Se miró la pierna, sangraba y le dolía horrores, cuando miró al silvestre lo tenía a un palmo, estaba a punto de matarla, Átira echó mano de su bolso rápidamente y lo usó para golpearle, atinó a golpearle la entrepierna. El silvestre cayó al suelo y empezó a retorcerse de dolor, era su oportunidad, debía de huir mientras pudiese. Sin más demora se levantó y le clavó la espada a su contrincante, por lo menos él no iba a seguirle. Se levantó con sus cosas y empezó a irse lo más rápido que podía, sus compañeros iban a darle caza pronto igual que a sus hermanos.

Tras andar un rato, se dio cuenta que no dejaba de sangrar, se sentía exhausta, si no hacía nada con ese corte rastrearla por la sangre iba a ser un juego de niños, por lo que decidió esconderse en un matorral, quizá con ayuda de sus tomos podría hacer algo. Entonces palideció al verla. Estaba viendo a una mujer con alas, una divium tenebrii, tenía una daga en la mano y no tenía cara de buenas migas. Átira agarró su hacha mientras ella se acercaba.

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El maestro le había dado un descanso a Ayanne en su entrenamiento, al conocerse la fortaleza hasta el último cimiento decidió salir. Había un bosque frente a la fortaleza, quizá era ideal para camuflarla, sea el motivo que sea, Ayanne lo utilizaba para descansar.

Tras llevar un rato de camino por el bosque, hacia un pequeño claro que le agrada. Mientras camina, se encuentra un rastro de sangre, lo toca con sus dedos y la nota tibia y fresca. Alguien había pasado por aquí y pensaba seguir su rastro.

El camino se desviaba hacia una zona oscura del bosque, había paseado por allí unas cuantas veces, entonces se ha fijado que en unos matojos, hay una pierna estilizada ensangrentada, la cual se pierde bajo las hojas de unos matorrales.

Se trata de una drow adolescente, que tiene un corte horrible en la pierna que hace que se desangre.

Mientras piensa con orgullo en su progreso, sintiéndose cada vez más fuerte, coge una de las dos dagas que su maestro le regaló, acto seguido, se pellizca la mejilla. Sus ojos se posan sobre la drow, planteándose si prestarle más atención de la que ya le tenía puesta.
Sin poderlo evitar, una carcajada brota de lo más profundo de su pecho. ¿Qué importaba si le hacía caso o no? La drow necesitaba ayuda para parar la hemorragia y… esa situación le era tremendamente  favorable
La drow se había percatado de ella, claro, se había reído lo suficientemente fuerte como para que se le escuchase. Se miraron a los ojos y la drow empezó a hablar un idioma que Ayanne no entendía. Supuso que era élfico, del cual no tenía ni la más remota idea. Estaba claro que el sigilo no era lo suyo, así que la saludo con la mano y le señaló la daga.

La drow lucía nerviosa y cansada, incluso me atrevería a pensar que se desmayaría pronto si no detenía la hemorragia. Aun así, la drow sacó su arma, un hacha de bronce apenas sin filo y desgastada, posiblemente de la pelea que habrá tenido con quien le haya herido. Ayanne suspiró.

-Oye, espero que sepas mi idioma, porque yo no tengo ni idea del tuyo. -dijo Ayanne con intención de que ella se calmase. Haría lo que fuera para que se tranquilizase si eso me daba acceso a su sabrosa sangre. Además, así podría practicar con alguien hechizos peligrosos de la nigromancia que el maestro enseña con animales.

-Yo… hablar… sucio idioma…- dijo la drow nerviosa, alzó más su hacha y al moverse, su bolso se le cayó, desparramando por el suelo sus pertenencias. Tenía un libro con garabatos extraños para Ayanne, algo de comida y unas cuantas kulls. El resto eran papeles en el idioma de la drow. En ese momento la drow distrajo su vista a sus cosas, y entonces ambas escucharon un ruido lejano.

-Vamos a ver…. Tú me necesitas, podría parar la hemorragia de tu pierna, pero… luego  te diré que quiero a cambio, y será mejor que me des lo que quiero, estás cansada y tu arma ya está hasta sin filo, espero que seas capaz de entender todo lo que te he dicho en mi sucio idioma- dijo Ayanne mientras soltaba una carcajada.

La drow miró su hacha y luego miró a Ayanne. Acto seguido, dirigió la vista al origen del ruido que escucharon segundos antes. Suspirando, decidió guardar su arma y se agachó para recoger sus cosas. Al hacerlo se tambalea y cae en peso.

Ayanne suspira, guarda su daga y se acerca. Mientras tanto, el ruido lejano parecía estar acercándose. Al agacharse, se percata de que la drow tiene dentro de su bolso hierbas varias, algunas agujas, hilo, un odre pequeño de agua, tinta y una pluma. La miró a ella, estaba claramente cansada, había cerrado los ojos y eso alertó a Ayanne. No le quedaba tiempo.

Sin demorarse más, se puso a detener la hemorragia de su presa, la quería viva, e iba a ser suya. La acercó al árbol más próximo, un viejo roble que parecía haber estado ahí más tiempo del que ella llevaba viva posiblemente, la colocó con las piernas apoyadas al árbol, de tal forma que parecía estar sentada en él.

Acto seguido, chupó la sangre. Le gustaba mucho, demasiado, cada vez la deseaba más. A continuación, cogió la cuerda que usaba para cerrar su macuto y la puso en torno al muslo con fuerza para que la sangre dejase de circular, con eso la hemorragia debería parar hasta que la llevase a su nuevo hogar.

Iba a quebrar la regla de su maestro de no llevar gente al castillo, pero ella era diferente, lo degustaba en su sangre, ella iba a ser su mascota. Eso le hizo gracia y se le escapó una carcajada.
Un crujido de madera la devolvió a su nueva y dulce realidad. Estaba a una mirada de descubrir quien había herido a la que iba a ser su mascota.

Al girar la cabeza lo vio. Se miraron directamente a los ojos, era un elfo silvestre, parecía buscar algo y tenía una espada en la mano, algo desgastada, pero conservaba suficiente filo como para preocuparse.

Era un poco más pequeño que ella, solo media cabeza, y parecía estar preparado para todo. Tenía ropa marrón, su camisa tenía una manga manchada con sangre, lo cual le sacó una sonrisa, había encontrado al que iba a ser su víctima.

El silvestre no era tan joven como la drow, le hizo un gesto para que se apartara, con agresividad. Ayanne empezó a reírse, y el silvestre la miró extrañado. Decidida, sacó ambas dagas y se preparó para el combate, ella estaba fresca, iba a aprovechar eso.

El silvestre se puso en guardia, mientras Ayanne ojeó rápidamente a la Drow. El flujo de sangre parecía haber disminuido gracias al torniquete improvisado, no obstante, no podía demorarse. Necesitaba que su maestro la tratase urgentemente.

Miró al silvestre que no se había movido un palmo, no podía dejarle vivo, tenía que evitar una persecución hasta el castillo. Abrió las alas con brusquedad para asustarlo y se lanzó hacia su objetivo. Ayanne sonrió al ver que cayó en su truco y se asustó, retrocedió y puso su espada delante, cosa que aprovechó Ayanne para golpear desde arriba. Sonó el golpe de su acero contra la espada, había desestabilizado a su contrincante. Acto seguido le hizo un corte en el brazo con la otra daga.

El silvestre gritó y, tras estabilizarse, lanzó un tajo hacia ella, que le ocasionó un corte en la mejilla. Ayanne le agarró del brazo y sonrió, iba a recuperar lo que había perdido con algo que le había enseñado su maestro, simple, pero útil. Empezó a drenarle la sangre al silvestre.

Él le golpeó la cabeza con fuerza con su otra mano, dejando aturdida a Ayanne. Se la quitó de encima aprovechando el momento y Ayanne soltó sus dagas en un acto de torpeza. Él le gritó, parecía cansado y lo que le había hecho ella se lo iba a tener que tratar.

Empezó a andar hacia la drow, estaba decidido a acabar lo que había venido a hacer, matar a su objetivo. Ayanne le vio y en un acto de ira cogió una de sus dagas, miró al silvestre con odio. Le había golpeado mientras se daba un festín.

Fue corriendo hasta el silvestre que estaba levantando su espada para clavarla en la drow, agarró el brazo levantado del silvestre haciendo fuerza. Con la otra mano, le clavó la daga en la espalda, ya era suyo.

Ayanne empezó a darle puñaladas una tras otra, el silvestre empezó a retorcerse intentando darse la vuelta, pero Ayanne le levantó por el brazo, para que no se diese la vuelta, lo iba a matar allí mismo, estaba decidida.

Tras ver que el silvestre ya no oponía resistencia, lo tiró a un lado. Había ensuciado la cara de la drow con la sangre del silvestre, estaba empapada de rojo. Eso le gustaba, quería hacerle cosas sucias allí mismo, pero entonces recordó la pierna.
El roble estaba teñido de la sangre de su mascota y eso le recordó que tenía que llevarla inmediatamente. Se agachó y se colgó el bolso de la drow, luego la cogió en brazos y se fue camino a su hogar.

Tendría que mandar decirle a su maestro lo que ha pasado, por lo que iba a ser sincera, estaba cansada, había gastado demasiadas energías para apuñalar al indecente que iba a herir a la drow. Al llegar al portón se habían dispuesto dos de los secuaces del maestro, le caían mal, se creían buenos solo por llevar más tiempo con el maestro que la mayoría.

Usaban armaduras de huesos, el maestro siempre decía que deben aprovechar los cuerpos hasta que no quede más que polvo, por lo que los huesos de los enemigos muertos los aprovechan para hacer sus equipos o adornarlos.

Ambos usan unas guadañas del mejor acero al que pueden acceder o, en su defecto, robar. Las miraron delatando su sed de sangre, sus caras apenas reconocibles parecen más de demonios que de cualquier raza que pueda habitar en Noreth. Por primera vez, se preguntó por cuánto tiempo habrán vivido esos dos. Uno de ellos sonrió al ver a la drow y el otro cogió su guadaña con ambas manos.

Apestaban a sangre, alcohol y sudor, posiblemente estarán castigados en el portón otra vez por desobediencia al maestro, eran perros leales capaces de morder a su dueño. Suspiró y siguió su camino.

-¿Te crees que vas a meter a esa… cosa en nuestra casa? La mataré antes de que cruce el umbral.- dijo el que había agarrado su guadaña.

-Je… la nueva se creerá que al señor le hará gracia, ¿por qué en vez de matarla no vemos como el señor la destripa viva?- dijo el otro que empezó a reír.

Ayanne les ignoró, sabía que la drow podría morir ahí mismo, o por la pérdida de sangre, o por esos dos. Detrás de ella fueron ambos riendo y llamando la atención, los demás empezaron a mirar curiosos, algunos pararon sus entrenamientos y combates al ver la escena que estaban montando.

-¡Silencio! Creg y Torco, creía que os había dado una tarea- exclamó el maestro asomándose por uno de los varios balcones que había en el salón. Se distribuían a razón de dos por ambas paredes laterales, y uno en la pared frontal, donde asomaba el maestro. Era un balcón hecho de piedra, justo en el centro tenía una calavera decorándolo con una vela que estaba encendida. Según le había explicado el maestro, era la calavera del antecesor y cada balcón tendría una con el paso del tiempo. En ese momento el maestro vio el motivo del escándalo, y su cara se suavizó, al ver quién era el núcleo.

-Maestro, necesito tu ayuda, aún no me has enseñado a tratar heridas de este calibre- dijo en voz alta Ayanne mientras dejaba a la drow en el suelo.

El maestro bajó a la sala, mandando a cada uno a volver a sus tareas excepto a Creg y Torco. Miró a Ayanne fijamente los ojos. Había llegado el momento de la explicación, había entrado alguien sin invitación.

-Verá maestro, me la encontré en el bosque con esa herida, ha perdido mucha sangre y le perseguía un silvestre, que ya he matado por supuesto, así que he decidido hacerla mi mascota como premio.- Dijo Ayanne, decidida.

El maestro la miró de arriba abajo, sonrió y le señaló la cara, justo el corte. Ordenó a Torco que tratase a Ayanne y a Creg que fuese a preparar una cama extra para la habitación de Ayanne. Ambos respondieron de mala gana y enfadados. Él cogió a la drow y se la llevó.

Torco con mala gana fue a tratar la herida de Ayanne, pero ésta golpeo su mano y le miró con odio, entonces él se rió y le golpeó en la cara, del golpe la tiró al suelo. Ayanne se quedó aturdida, sintió como si le hubiesen pegado con un mazo en vez de con un puño. Torco siguió riendo, aquello lo estaba divirtiendo, y de nuevo el resto empezó a mirar interrumpiendo sus actividades.

Uno de los observadores le lanzó un escudo de hueso a Ayanne, el cual cayó cerca de ella. El chico se excusó diciéndole que le haría falta. Torco lo miró y aplaudió, luego volvió a mirar a Ayanne. Ella cogió el escudo y se levantó tambaleándose, estaba excitada, cansada, aturdida y llena de ira. No tenía intenciones de perdonar a Torco.

Torco lanzó otro de sus puñetazos. Ayanne fue capaz de bloquearlo, pero, aun así, le golpeó en un costado derribándola otra vez. Torco era un veterano que no estaba ni siquiera cansado, aquello era como un juego para él.

Entre risas, Torco levantó su brazo y el escudo que le habían dado a Ayanne se empezó a elevar rodeado de un aura azul, empezó a crujir y poco a poco se fue convirtiendo en astillas. Los espectadores se empezaron a poner nerviosos y alguno le gritó a Torco que parase.

Tolón. Tolón. Sonó y retumbó hasta en el último recoveco de la instancia.

Un silencio sepulcral se instauró entre Torco y los espectadores. Las astillas cayeron al suelo sin fuerza, dejando de estar rodeadas del aura azul. Ayanne se retorcía en el suelo del dolor, sentía como si le hubiesen dado una paliza pese a haber recibido solo dos golpes, lo cual impedía que las pisadas que se acercaban hicieran eco en las paredes, como si los gemidos de dolor luchasen con el ruido de las pisadas.

El grupo que había en la sala se puso de rodillas mirando al hombre que acababa de llegar. Torco lo miró con desprecio y se fue de la sala. El recién llegado se acercó a Ayanne y la miró, sonrió y se agachó a darle un par de caricias en la cabeza.

-Muchacha, tu cara es nueva para mi, y veo que también eres nueva en este sitio ya que te estás retorciendo de dolor…- Soltó una carcajada el hombre- bueno mientras esté aquí ese grandullón estará…-suspira- digamos que calmado. Yo soy uhm… el cazador,  solo el maestro está por encima de mí, me llamo Doy, ¿necesitas que te ayude?- Dijo Doy mientras la miraba y acariciaba.

Ayanne le miró dejando de quejarse, su dolor estaba disminuyendo, Torco parece que había usado aparte de sus puños, magia para causarle dolor. Doy estaba casi al desnudo, exceptuando por llevar unos pantalones y unas botas. Toda la piel que llevaba al descubierto estaba llena de cicatrices y le faltaba un ojo.
Doy le estaba ofreciendo la mano para ayudarla y, al hacerlo, Ayanne no pudo evitar fijarse en sus armas: un hacha y varias dagas, todas ellas atadas al cinturón.

Ignorando la amabilidad de su superior, se levantó y se marchó a sus dependencias, sintiéndose humillada delante de todos. Al llegar a su habitación Creg estaba terminando de preparar la cama nueva, la miró y siguió a lo suyo. Al acabar se fue sin mirarla y suspiró.

Estaba cansada, miró la nueva cama y se tumbó en la suya, su estancia gozaba de una chimenea, un armario con un tocador justo al lado, con una cama en una de las paredes laterales, y ahora de otra en el lateral, las paredes gozaban de calaveras, viejas y astilladas, alguna estantería con frascos vacios y libros de necromancia básica para su estudio. Se quedó mirando uno de los libros. Al poco, se dio cuenta de que el bolso de la drow seguía en su posesión, lo miró con preocupación, lo abrió y comprobó todo.

Estaba todo entero, parece que no había roto nada en su pequeña escaramuza. Miró el libro, era verde, con un dibujo de hierbas, lo ojeó. No entendía nada, no estaba en su idioma. Suspiró, guardó el libro y el bolso debajo de su cama, se tumbó y se quedó dormida.

Un gemido de dolor le despertó de su sueño, en su estancia se encontraba la drow gimiendo de dolor, estaba limpia de sangre, la habían cambiado de ropa y Creg estaba a su lado. Ayanne se levantó de un salto y cogió su daga, pero Creg la ignoró mientras le daba un mejunje a aquella mujer que estaba sudando.

La drow estaba calmándose, se quedó relajada. Ayanne se quedó mirando, Creg la miró, suspiró y se levantó. Le dio una palmadita en el hombro y se fue en silencio, cerrando la puerta con calma para no hacer ruido.

Ayanne lo entendió, guardó sus armas y salió con el hacha de la drow. Había movimiento y nadie entrenando. Doy estaba gritando ordenes y el maestro estaba en el balcón mirando divertido. Al ver a Ayanne, bajó con una sonrisa en la cara y la miró a los ojos. La gente salía y entraba con armas y armaduras, libros y materiales, parecía que recogían un cargamento.

-Tu mascota se despertó mientras la trataba, como mi aspecto es menos imponente que el tuyo, hablé un poco con ella. Se llama Átira y no quiero que deambule por mi fortaleza, no garantizo su vida si se aleja de tu lado. – Dijo el maestro tranquilo, dio media vuelta y se fue a seguir observando cómo se movían todos.

-Disculpa la paliza que te di antes novata, pagué mi castigo contigo. Además, me pasé usando magia contigo y casi que te podía haber matado, sé que te caigo mal, pero es lo que hay, te jodes y no me provoques cuando voy a ayudarte.- Dijo Torco y acto seguido se fue riendo.

Aquel sitio no era para ella en ese momento así que volvió a sus dependencias. Se encontró a Átira despierta, sentada en la cama, en su rostro se veía el miedo y cansancio, clavó su vista en Ayanne.

-Bueno, a ver cómo te lo digo chica, me debes tu vida y por ello, eres mi mascota, esos libros que tienes me vas a explicar qué son y para qué sirven, y si quieres hacer cualquier cosa tienes que estar pegada a mi o te matarán.- Dijo Ayanne mientras se acercaba a ella, que empezó a llorar.

-Yo… solo quería recoger cosas para seguir mis estudios en biomancia… - gimoteaba Átira mientras Ayanne le daba un abrazo colocándola en su pecho.

-Bueno, piensa que al menos estás viva, no morirás por aquel silvestre, porque ya le he matado yo- dijo Ayanne mientras le acariciaba el pelo.

Átira siguió llorando mientras abrazaba a Ayanne. No le quedaba otro remedio que hacer caso si no quería morir.


Última edición por Ayanne el Jue Jul 27, 2017 2:46 am, editado 2 veces
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Re: Hijra de Ayanne

Mensaje por Señorita X el Miér Jul 26, 2017 10:08 pm

Bien, la historia veo que la ha desarrollado bastante bien, y le da un toque distinto al añadir el hecho de esclavizar a la muchacha.


Sin embargo, le he de pedir que desarrolle el principio, pues cuando le expuse el hijra, contaba también añadir el trozo de historia que yo le proponía, además de continuarlo si lo deseaba. Si quiere le doy color ya mismo o espero a que haga ese trozo además.

Por otra parte, veo que está mejorando el tema de la ortografía, y se nota más por el final que por el principio. Va por el buen camino.

Un saludo
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Re: Hijra de Ayanne

Mensaje por Ayanne el Miér Jul 26, 2017 10:40 pm

¿Es decir, que ponga el trozo propuesto, o que lo propuesto lo escriba como lo haría yo además de desarrollarlo si lo deseo?
Sí es lo segundo, me gustaría hacerlo, sé de sobra que tengo que mejorar muchísimo y es un problema que arrastro desde hace tiempo, admito que he gozado de un poco de ayuda, pero espero poder ser capaz de hacerlo mejor sin ayuda Rolling Eyes
Muchas gracias de todos modos y un saludo.
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Re: Hijra de Ayanne

Mensaje por Señorita X el Miér Jul 26, 2017 11:30 pm

Decía si puede poner lo propuesto y desarrollarlo, de manera que explique cómo llega al bosque y se encuentra a la drow, o incluso, poner desde el punto de vista de la drow lo que le sucede, según cómo lo vea.

Le animo a extenderlo lo que usted guste. Tengo la certeza de que con práctica y tiempo irá puliendo y mejorando su forma de escribir, y sinceramente, le felicito, porque se ha notado desde la historia a éste.
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Re: Hijra de Ayanne

Mensaje por Ayanne el Jue Jul 27, 2017 2:47 am

¡Ala! añadida la parte de la drow (Átira) y espero haberlo hecho bien, esta vez sin ayuda para la ortografía, pero lo he leído varias veces a ver si veía cosas raras.
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Re: Hijra de Ayanne

Mensaje por Señorita X el Jue Jul 27, 2017 2:11 pm

Excelente. El hijra ha quedado muy completo, y servirá de inicio para el desarrollo de su personaje. Le felicito.

Si quiere crear una minificha de Átira (con una breve descripción de ella) mándemela por MP y se la agregaré a las pertenencias de la ficha.

Le voy dando color. Un saludo
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