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Si tres son multitud, cuatro son... (+18)

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Si tres son multitud, cuatro son... (+18)

Mensaje por Bruja Ninfómana de Bosque el Mar Ago 08, 2017 7:07 am

No hasta hace unas pocas horas, la elfa estaba alimentando a su vegetativo protector. Una brusca penetración a su deseosa boca, jugosa vagina y apretado ano, contraían el cuerpo de la elfa en un grotesco y frenético coito. Al mismo tiempo, sus enormes senos, tiernos talones y delicado cuello, eran apretados con amarres fuertes y salvajes.

La lujuriosa sacerdotisa no podía parar con los orgasmos, en especial por la mutua alimentación que ocurría. La planta entregaba una dulce salvia a todo su cuerpo, empapándola de un dulce aroma y una viscosa apariencia. Al mismo tiempo, la vegetación se alimentaba de los divinos jugos naturales que la elfa producía, corrompiéndose en el libidinoso proceso.

Sus gemidos podían ser escuchados cuando su boca era liberada y en ese pequeño instante se daba el lujo por respirar, aunque su adicción bien hacía que extrañara algo más ocupando el lugar del aire. Su guardián vegetal se encargaba de cumplir esa necesidad de inmediato, llenando su garganta con sus viciosas lianas.

Una vez la planta fue satisfecha, soltó a la empapada elfa y la reposó suavemente sobre el suelo. Parecía haber desarrollado cierto grado de preocupación por su bienestar, al mismo tiempo, demostraba no saber lo casi inmune que era a ese tipo de caídas.

La llegada del trío no fue desapercibida para su guardián y no detectó intenciones de secuestro, por lo que simplemente no le dio aviso. La elfa aún algo catatónica por el largo y brutal acto, yacía tendida sobre el charco que mezclaba los fluidos de ambos seres. Los maliciosos aventureros la encontraron relamiéndose los dedos y masajeando sus propios senos, abdomen y caderas; llevándose los restos de salvia hacia su boca... A pesar de que puede saborear los fluidos a través de su piel y absorverlos de la misma forma, su boca siempre ha sido su forma de canalizar sabores preferida.

Sus ojos se volvieron ansiosos de inmediato. Tres jugosas y gruesas vergas siempre ha sido el número ideal para ella. Su mirada se mantenía cautiva sobre ellos, seguía relamiéndose mientras sus orificios recuperaban su estado virginal.

Los valientes aventureros ya estaban discutiendo entre sí por quien iría primero. El corpulento caballero ya tenía agarrado al explorador del cuello, cuando encontraron a su obetivo tendida en el suelo.

- He visto menos patéticas en... - alcanzó a decir el de ceño fruncido, hasta que el cautivador aroma de la salvia y el aura afrodisíaca de la elfa le pateó los sentidos.

- Deme, pod favod - la elfa logró susurrar entre suaves y melodiosos jadeos, dejando sus dedos sobre sus labios y dando una mirada vacía, pero cálida al resto. Comenzó a hacer circulos con sus senos, mientras rozaba sus piernas entre sí, demostrando que necesitaba... Y necesitaba mucho.

- La necesito ahora - dijo el hombre más equipado. El caballero se comenzó a sacar la armadura rapidamente y sin decir más, mientras las otros dos se desnudaron en un tiempo y fueron sobre ella sin repudio y demostrando entusiasmo. El trío parecía haber caído directo en su encanto y su pequeño pleito se había terminado.

El hombre de apariencia hostil, cambió su mueca a una pervertida sonrisa, tomando a la elfa de su cabello y tirando de él, hasta acerca su rostro hasta su venoso pene, el cual ya había comenzado a entregar un delicioso líquido preseminal. El rostro de la sacerdotisa no pudo evitar demostrar una gran alegría y sin más, comenzó a besar la punta, chupeteando las gotas que pudieran salir. Su mirada se mantenía sobre la del macho, entregando leves gemidos, deseando que la metiera más profundo. Por la otra parte, el explorador fue hacia su entrepierna y sin ningún tipo de toques previos, insertó profundamente su miembro en la jugosa vagina de la elfa.

Eso había sido suficiente. El roce en ambos puntos fue suficiente para hacerla llegar a un orgasmo estrepitoso, su cuerpo comenzó a convulsionar suavemente y sus ojos se tornaron blancos. Su cuerpo parecía moverse inconscientemente, intentando saborear más ambas vergas, mientras liberaba sus sonoros gemidos de placer.

De repente, una lluvia cayó sobre su cuerpo. Al volver en sí misma, tras unos cuantos segundos, se vio empapada en sangre y con un cuerpo decapitado sobre el suyo y otro entre sus piernas. Al mirar más arriba, el caballero desnudo dejó caer su espada al piso y con una mueca de triunfo, apartó al sujeto que yacía sobre su premio.

- Ahora eres toda mía - aseveró confiado. La sacerdotisa acongojada por la pérdida de la posibilidad de un delicioso cuarteto, comenzó a relamer la sangre que tenía sobre sí misma, cuando derepente, el hombre la volteó, dejándola de cara hacia el piso, agarró firmemente su cabello e insertó su colosal falo en el apretado y jugoso ano de la elfa. Nuevamente, la ninfómana cayó en éxtasis, mientras aún se relamía la sangre de sus ex pretendientes, comenzó a babear lo que no alcanzó a tragar, mezclado con su propia saliva, su percepción estaba en otra parte, el goce que sentía por tan corpulento cuerpo fornicando con su culo, era una experiencia bastante salvaje para su estándar... Y le encantaba.

- ¡Oh, graciah! - lograba exclamar en fuertes jadeos, mientras era tan brutalmente sodomizada. El agarre sobre su cabello hacía que su espalda se arqueara, dándole a sus nalgas una posición más elevada y más erótica para su compañero.

- ¡Mueve esas gordas caderas, sé útil para algo, puta inmunda! - le gritana burlesco. Sonoras nalgadas comenzaron a llegar a su cachete izquierdo, las cuales . Desde el inicio, la palma de tan atlético hombre, quedó marcada en un fuerte color rojizo. Las posteriores fueron tiñiendo la herida cada vez más, hasta dejarla en un morado bastante oscuro.

Tras casi media hora de aquel poderoso e inmisericorde sexo anal, acompañado de esas fuertes nalgadas, el fuerte hombre entregó el tan preciado fluido en el recto de la sacerdotisa, acompañado de un grueso y largo gemido. El culo de la elfa comenzó a masajear la verga invitada con suaves y continuos movimientos; mientras ella suspiraba y degustaba el tan delicioso elixir, cerrando sus ojos y lamiéndose los labios.

- Me encanta su sabor señor, por favor, deme más, le necesito - le rogó con un tono seductor, intentando buscar su mirada, manteniendo la posición.

El caballero sentía que se habían cumplido sus expectativas, había sido la mejor experiencia de su vida, sus problemas parecían haberse ido y la fatiga del viaje se había ido por completo. Necesitaba más. Aparentemente, él no conocía todos los detalles del viaje.

Arrastró a su nuevo juguete, agarrándola de su larga cabellera, hasta un lugar con abundante pasto y se acostó encima.

- Lame - le ordenó con voz firme y asumiendo una posición bastante relajada, dejando sus manos tras su nuca y cerrando los ojos. La sacerdotisa gustosamente aceptó el permiso para saborear el preciado falo.

- Muchas gracias - logró decir justo antes de arremeter contra el anhelado pene, golpeando con vigor y suavidad su garganta con la punta del miembro. Delicadamente, una de sus manos masajeaba sus testículos, estimulando a que se recuperase prontamente de su orgasmo anterior, mientras su otra mano masajeaba su firme abdomen.

Los graves gemidos del hombre le encantaban, manteniendo la sonrisa pervertida en su rostro, mientras succionaba con pasión y lamía con regocijo lo que alcanzaba de sus bolas. Su entrepierna no paraba de soltar de sus aromáticos y dulces jugos, que deslizaban por sus piernas, hasta llegar a sus rodillas y quedar sobre el piso.

Siguió violentando su propia garganta, jugando con su respiración y soltando largos suspiros de ahogo cuando salía buscando un poco de aire.

- Muchas gracias, señor - repetía en aquellas salidas, sólo para continuar mamando y engulliendo todo fluido que le era entregado. Hasta que por fin, el corpulento hombre sentía fuerza en su pene otra vez. Su líbido se había mantenido durante todo este tiempo y estaba más que listo para seguir abusando de su juguete como le plazca.

Fuerte como pocos, el hombre empujó hacia el suelo a la sacerdotisa, una de sus manos se posó rudamente sobre su cabeza y la otra apretó vilmente su cuello. Su renovado y venoso pene se introdujo en la empapadísima vagina de la elfa y nuevamente, haciendo demostración de su fuerza, comenzó a follar con tal delicado cuerpo, arremetiendo con una fuerza descomunal contra las caderas de su adquisición.

La ninfómana se desmayaba por falta de aire continuamente y se recuperaba de inmediato, sus gemidos eran frecuentemente ahogados y sus llorosos ojos en blanco, acompañados de una boca permanentemente abierta, en conjunto con una lengua salida y descontrolada, demostraban un placer inmenso en sí misma. Sus enormes senos rebotando sobre su mojado cuerpo y el fuerte golpe contra sus jugosas caderas, producían un sonido y un eco que se podía escuchar a kilómetros de distancia. A pesar de la costumbre, su compañero no aguantó mucho esta vez, llenando el hambriento útero de la elfa, gimiendi de manera grave y apretando el pequeño cuerpo con su fuerte agarre, estrangulándola con sadismo desmedido. Cuando finalmente acabó, le dio una fuerte bofetada y sin dar tiempo esta vez, se sentó sobre su abdomen y comenzó a usar sus redondas tetas para darse una jugosa masturbación con ella.

Las manos de la sacerdotisa fueron a ayudar a darle más apriete a ese erótico masaje, dejando las manos del caballero libres para cualquier otro uso. El hombre, aún sediento de dolor, comenzó a dar una serie de bofetadas, que resonaban en una lujuriosa melodía. El seco golpe acompañando el jugoso movimiento de los senos sobre el empapado pene

- ¡Ah, gracias, señor! - exclamaba la elfa por cada uno de esos golpes. El rostro de su compañero no podía sacarse la mueca de satisfacción, a pesar de soltar frecuentez y graves gemidos. El roce de las pieles le era sumamente excitante, podía sentir las venas del grueso miembro acariciarse entre su suave busto y los fluidos sobre ella cada vez iban cambiando. De la salvia en la que había sido bañada, casi no quedaba, la mayoría era sudor y fluidos genitales.

Esta vez la experiencia fue un poco más larga y menos salvaje, si es que se deja de lado el brutal acto contra las tiernas mejillas de la ninfómana. Enrojecidas casi por completo, fueron teñidas por una ráfaga de una nueva dosis de más preciado semen. La sensación del cálido fluido le causó un nuevo orgasmo, menos poderoso, pero aún así excitante. La elfa nuevamente, comenzó a relamerse de aquel exquisito obsequio, deslizando sus dedos desde sus abultados senos, hasta su deseosa boca.

El caballero se sentía plenamente renovado, podía seguir así para siempre y tenía la mente lo suficientemente clara como para seguir así y ponerse en guardia en caso de llegar otro pretendiente. Sin embargo, no sabía las consecuencias de seguir repitiéndose el plato. Si bien nunca sintió fatiga, por los efectos curativos del coito con su juguete nuevo, nunca logró sentir hambre, hasta el momento que colapsó.

Una vez ya era un cadáver, la corrompida sacerdotisa sintió la falta de fuerza del pene que estaba montando. Ella se posó sobre él, dejando sus manos sobre su torso y rompiendo el lazo entre los dos, levantándose del regazo de su amante. Terminó de succionar por unos momentos el pene del caballero, llevándose los restos de orina que no había botado en todo ese tiempo. Lo dio vuelta y tragó las fecas que quedaron tras su muerte.

Su guardián, que había se había quedado en abstinencia tanto tiempo, tenía otro bocadillo más, tras los otros dos crédulos que habían sido consumidos hace dos días ya. Ella esperó unos minutos, masturbándose con las ramas más rígidas y jugosas, mientras la planta adquiría su carroña.

Era cosa de esperar, si no venía nadie, su amante vegetal era más que capaz de contenerla tras su pérdida.
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Re: Si tres son multitud, cuatro son... (+18)

Mensaje por Señorita X el Mar Ago 08, 2017 6:08 pm

El hijra es más visceral de lo que me esperaba, aunque esperaba este resultado. Le felicito, tal y como suponía, es capaz de extenderse lo que sea necesario. Un saludo, le voy dando color.
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