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Dijiste que me sacarías de aquí

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Dijiste que me sacarías de aquí

Mensaje por Envidia el Mar Ago 08, 2017 11:30 am

De nuevo se dirigía hacia el Foso. Aún no había encontrado a sus compañeros, a los demás pecados capitales, pero sabía que sería cuestión de tiempo hacerlo. Se movía entre las ramas de los árboles con facilidad, deslizándose entre ellas con las alas puestas, de nuevo, a modo de abrigo, cubriendo parte de su torso. Al principio se encontraba a gusto en ese lugar, tanto como en otros, es decir, le daba igual dónde está.

Sin embargo, a medida que se adentraba el ambiente se oscurecía y se tornaba opresivo, poco a poco. Empezó a sentirse encerrada allí dentro, a querer salir. Pero no lo hizo. Su objetivo era uno muy claro, y si para cumplirlo debía cruzar ese lugar iba a hacerlo. Por lo que, a pesar de que cada vez estaba peor en ese bosque y le parecía todo más oscuro, lo cruzaba con determinación.

Su mente estaba inmersa en planes para llegar a controlar Noreth. Sabía que los humanos eran la especie más abundante y, por suerte para ella, la más susceptible a albergar sentimientos como la envidia o el odio. No le costaría demasiado hacer que se pelearan entre ellos. Y, en medio del caos… ella sería la que lo controlaría todo. Sin embargo, una voz que se le antojó molesta pedía ayuda, y paseó perezosamente la vista por el follaje. Se fijó en una dríade de aspecto bastante poco saludable, seguramente provocado por la corrupción presente en StorGronne. Su primer pensamiento fue dejarla allí, pero vio su inhumana belleza y empezó a sentir envidia. Esbozó una sonrisa y se acercó a ella, aleteando suavemente. La liberó.

—Vamos, te llevaré hacia la salida —dijo Leviathan, en un tono que podía ser considerado amable, pero que escondía un gran veneno.

—¡Gracias! —exclamó la dríade. Ya estaba desesperada, se veía muerta—. ¿Cómo te llamas? Yo soy Meredith.

—Me llaman Dia —mintió. No podía dejar que esa dríade supiera su nombre real, ni tampoco su apodo, porque entonces sabría que era una demonio.

—Es un nombre curioso. ¿De dónde vienes? Yo soy del bosque de Physis, ¡pero me he perdido! He venido aquí por casualidad, es un sitio horrible, ¿no te parece?

—Yo soy de Loc Lac. Y sí, es horrible —Envidia no tenía ninguna gana de hablar con esa dríade, tan bella como dicharachera, y se notaba en sus respuestas.

Caminaron un rato en silencio, ya que la dríade pronto se cansó de las escuetas respuestas que le daba Envidia, enfrascada en cómo matar a esa mujer que era tan bella, más que la misma Leviathan. Eso no podía ser así. Parecía que el bosque se aclaraba a medida que caminaban, pero solamente llegaron a un claro rodeado por la misma oscuridad que el resto del lugar, una oscuridad opresiva y casi claustrofóbica. Allí, la demonio sonrió de nuevo, pero no como antes, sino de una forma despiadada y escalofriante. Meredith la miró, dando unos pasos atrás. Había confiado ciegamente en Envidia para que la sacara de allí, sin saber quién era.

—¿Dia? —preguntó, dubitativa—. ¿Estamos fuera? No, ¿verdad? ¿Por qué nos paramos aquí?

Con parsimonia, la rodeó. Ostentaba una gran sonrisa en el rostro, y es que con la caminata la dríade se había agotado, y apenas se tenía en pie, ya que el ambiente corrupto del bosque había ido minando sus energías ya antes de que Leviathan la encontrara y decidiera matarla lentamente.

—No, no estamos fuera… —su voz adquirió un tinte más grave, y extendió las alas, revelando su cuerpo bajo ellas— ni lo vas a estar nunca más, Meredith.

—P-pero Dia… —empezó a sollozar— ...me dijiste que me sacarías de aquí.

—Oh, pero si lo haré. Pero sólo saldrá tu alma, ¿sabes? No debes fiarte de extraños… cometiste un grave error.

No se entretuvo más, y agarró una liana con la que dejó bien atada a Meredith. Entonces le quitó un pequeño cuchillo que llevaba, solamente para casos de emergencia, y comprobó que estaba muy bien afilado. Se agachó al lado de la mujer y, con una mano, la sujetó por el cuello, mientras con la otra empuñaba el arma. Se le acercó al oído.

—Una pena que un ser tan bello deba extinguirse, ¿verdad? —le susurró, los labios rozando el oído de Meredith—. Pero no puedo permitir que seas más bella que yo… lo siento —dijo con voz casi risueña.

Entonces empezó a, poco a poco, hacerle heridas en el rostro y el cuerpo. Vigiló para no matarla de inmediato, y los gritos de dolor que la dríade profería inundaron el lugar. Molesta, le puso un pedazo de tela en la boca, y lo sujetó bien con una liana, para que ahogara su voz y fuera menos fastidiosa para Envidia.

Al cabo de un rato le hubo quitado ya un pedazo de nariz, además de haberle sacado los ojos y cortado los labios. La miró, el aspecto que presentaba ya no era en absoluto bello ni apetecible. Se sintió tentada de dejarla allí, pero cambió de idea. Con un pie acarició suavemente su rostro, para luego patearlo con fuerza, arrancándole un quejido que, gracias a la mordaza, no fue más que un murmullo apagado.

—¿Sabes?, antes mentí. Con mi nombre y mi procedencia… Me llaman Envidia, y vengo del Foso Negro —sonrió y le clavó el cuchillo en la garganta. A continuación siguió con su camino hacia el interior del bosque, satisfecha.

Con una liana, se ató el cuchillo al muslo. Había sido una buena forma de recordarse quién era ella: Leviathan, Envidia. La copiota, la que quiere todo lo que tienen otros. Se echó el pelo atrás, agitó las alas y continuó camino al Foso.
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Envidia

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Re: Dijiste que me sacarías de aquí

Mensaje por Señorita X el Mar Ago 08, 2017 1:38 pm

Esto representa muy bien la personalidad del personaje. Ya tiene color. Bienvenida
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Señorita X

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