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Cuentos de Noreth
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Deseo reprimido.

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Deseo reprimido.

Mensaje por Runesha el Sáb Sep 09, 2017 1:30 am

Ya estaba lejos de aquella ciudad tan repugnante, pero a la vez estaba lejos de su amado pueblo, se preguntaba si lo habrían hecho arder. Suspiró, sabía que lo habían hecho, así eran los humanos, aquello que les molestaba, lo destruían. No le quedaba más remedio que buscarse la vida, Terkian le había dicho en más de una ocasión que ella iba a tener que ser una mercenaria, algo que ella no quería, pues significaba que debía obedecer, cometer asesinatos o cualquier otra cosa que se le ocurriese al que la contratase.

Aunque le gustaba más la idea de volverse una herrera, eso de seguro que le gustaría a Terkian, sería una forma noble de ganarse la vida, aunque pocos le pedirían armas, sabe de sobra que la fama de herrería la tienen los enanos no una drow con un ojo que tiene menos vista.

Perdida en sus pensamientos se percató de movimiento relativamente cercano, era un grupo, por lo que hizo lo propio, se agazapó y se escondió, se acercó sigilosamente a ver que eran, le empezó a hervir la sangre, los odiaba, los iba a matar. Sacó sus dagas y las envenenó con Doal, y se preparó para lanzarlas, observó al grupo donde se percató de una anciana, una mujer y un hombre, iba a lanzar las dagas, pero vio dos niños, de repente le apareció un recuerdo.

Frente a ella estaba Terkian dejando que le abrazase entre sollozos, mientras calmaba a su grupo de caza. El aviso que recibió por Terkian antes de acogerla.

Se le cayó la daga al suelo y una lágrima recorrió su mejilla, el grupo se había parado por el ruido del metal cayendo sobre las hojas. La vieron allí, llevándose una mano a la cara, entonces la anciana se acercó acompañada del hombre. La anciana se agachó a coger la daga, y se la ofreció.

-Toma niña, creo que se te ha caído esto.- Dijo la anciana mientras le sonreía amable. Runesha cogió la daga mientras se secaba la cara.

-Madre, esta mujer es una guerrera, no una niña, deberías saberlo de antemano.- Dijo el hombre con una voz tranquila, luego miró a Runesha.- Oye, vienes al pelo, necesitamos a alguien que nos escolte, te pagaremos claro, igual que a un mercenario normal.

Runesha los miró desconcertada, era una oferta que no podía rechazar en su situación actual, de todos modos aun necesitaba un lugar a donde ir. Además no podía dejar que esos niños estuviesen en peligro, a los adultos los iba a matar a todos.

-Supongo que puedo acompañaros, pero también deberíais portar armas, por mucho que sepa combatir, también sangro.- Dijo Runesha con algo de repugnancia, luego los miró bien a todos.

Eran una familia, quien sabe si eran nómadas, igual se lo decían en el camino, suspiró, iba a dejar a unos niños huérfanos. Se quedó mirando el suelo por un momento, por una parte su sangre estaba ardiendo, pidiendo venganza. Por la otra en cambio le preocupaban esos niños que también le hacían hervir la sangre. Una mano en su hombro la devolvió de nuevo a la realidad, no quedaba otro remedio, esos niños tendrían que aprender a buscarse la vida. Les sonrió lo mejor que pudo y se unió al resto de la familia donde no se le miró mal, lo cual le extrañó bastante, sabía mejor que nadie el rechazo que había hacia su raza.

Le dijeron que se dirigían a Tirian le rain, por lo que iba a ser un viaje largo, lo cual hizo que le entrase algo de repulsa, iba a tener que viajar con esos asquerosos humanos quien sabe cuánto, pues iban con una anciana por lo que no iban a ir a un ritmo muy rápido. Runesha antes de seguir, les preguntó si iban armados, a lo que le respondieron que solo el varón adulto tenía una espada corta en la mochila, pero que con ella allí no iba a hacer falta. Eso esperaba Runesha, no quería entrar en combate, pues si era mayor en números no iba a poder protegerles a la par que luchar.

Runesha por el camino iba enseñando a los niños algo de combate a modo de juego, quería prepararles para cuando les dejase sin padres, y si se volvían a ver cuando tuvieran una edad decente, se entablasen en una batalla donde la venganza contra su raza o la venganza por la muerte de sus padres decidiese quien vivía.

Tras unos días de camino, tranquilos Runesha se percató de que les perseguían, pero solo había detectado a dos individuos, por precaución le dijo al hombre que esperaba que sacase a relucir su espada corta pronto.

-Señorita, si usted dice que saque mi espada corta, la sacaré.- dijo el hombre algo curioso.- Aunque no sé por qué realmente, está usted aquí para defendernos.

-Claro, como soy una drow, mi piel es de acero y no sangro.- dijo Runesha con burla y entre suspiros.- Mire, puede que haya problemas, usted decide que hacer.- terminó diciendo cortante.

El hombre la miró sorprendido, no obstante le hizo caso, ya estaba siendo tarde y Runesha pidió la primera guardia de la noche en cuanto se estableciera el campamento esa noche.

Aunque iban despacio, no estaban siendo muy sigilosos, por lo que Runesha agarró ambas tonfas y los miró a todos, eran cinco. Ante su descubrimiento Runesha dio un grito que despertó a los durmientes humanos, el que parecía el jefe le pegó un grito de vuelta y su grupo cogió sus armas rodeando el campamento.

-Señorita, por favor, no queríamos despertar a la familia, de hecho primero queríamos hablar con usted.- dijo el humano, mostrando una sonrisa en la que se le veían unos dientes sucios y algunos huecos. No eran precisamente viajeros, Runesha entrecerró los ojos para verle mejor.

-Verá, es usted la única armada aquí por lo que podemos ver, además de seguramente tener un riguroso entrenamiento de combate, ¿qué le parece si nos repartimos el lote? Esta familia tiene pinta de tener suficiente para los seis.- dijo el bandido sin quitar su sonrisa pícara de la cara.- lo único que tienes que hacer es matar a esos niñatos para que confirmemos tu colaboración y no nos tenemos que matar.

Runesha miró a la anciana que no parecía sorprendida, por lo que supuso que ya habían pasado por eso antes, luego miro a los adultos que parecían estar bastante tensos, y el hombre ya había echado mano dentro de la mochila esperando la reacción de Runesha. Acto seguido miró a los niños, indefensos, le repugnaba verles a la par que le parecían tiernos, no podía.

Suspiró, ella no iba a matar a los niños, no mientras sean niños. Miró al jefe de los bandidos y le expresó una cálida sonrisa, no iba a poder evitar el combate, guardó una tonfa y puso la mano en sus dagas, sentía las miradas sobre ella preguntando que iba a hacer.

Lanzo dos dagas, una al lado de cada niño y en un grito de guerra se abalanzó sobre el bandido, que había reído cuando vio las dagas en el aire, oyó también al hombre gritando mientras sacaba su espada corta y se incorporaba.

Runesha golpeó con la parte larga al bandido en la cabeza acallando su risa de un elegante movimiento, por lo que el resto de bandidos se abalanzaron sobre ellos. Los niños cogieron las dagas entendiendo lo que había hecho ella. El hombre se encaró con uno de los bandidos y otro de ellos fue a por la anciana que esperaba con ansias su final. Los otros dos fueron a por Runesha aprovechando que podían atacarla por la espalda.

Aprovechando que había dejado aturdido al jefe de los bandidos por un momento, se giró cogiendo su otra tonfa en un ágil movimiento, parando las espadas de los dos bandidos que venían por su espalda con cada tonfa, pudo notar que el jefe se echaba hacia atrás, echando mano de su arco, si no hacía algo iban a matarla allí. Con un movimiento bruto golpeó a uno de sus atacantes en la cara con la tonfa, posteriormente bloqueó un golpe que iba a darle del otro bandido, acto seguido le golpeó la cabeza con la tonfa cortándolo en la mejilla y derribando al sujeto. Echó una sonora carcajada, cuando vio la sangre que había causado.

El otro tras ver la sangre de su compañero se abalanzó sobre ella con un fiero golpe que Runesha bloqueó con ambas tonfas, entonces escuchó un grito, el jefe de los bandidos que iba a dispararle tenía un corte en el costado y a los dos niños a su lado, ella sonrió y golpeó al otro atacante con sus dos armas, la primera le golpeó la cabeza y la segunda cortó su cuello, manchando parte de su cuerpo con sangre.

Al que había derribado se estaba levantando por lo que en un movimiento rápido le lanzó una daga que se clavó en el pecho, y fue corriendo a salvar a los niños que estaban siendo golpeados por el bandido, pudo ver que había otro bandido muerto en el suelo junto a la anciana, que también yacía sin vida en un charco de sangre que se mezclaba con el del bandido. El hombre estaba peleando con el otro bandido.

Runesha golpeó al jefe bandido con un cabezazo, atrayendo así su atención de los golpeados niños, éste la miró y llevó su mano a su cintura de la cual sacó un cuchillo que clavó en el hombro de ella en un movimiento desesperado, mientras ella sonreía soltando alguna carcajada, la sangre salía de su hombro y ella solo le miró a los ojos, le golpeó otra vez, pero esta vez con la tonfa y lo tiró al suelo. Escuchó el grito del otro bandido, que peleaba con él humano, mientras caía al suelo al igual que su jefe.

Echó a reír mientras se tiraba encima del bandido, que le miraba aterrado fijándose en la sangre de su hombro, empezó a golpearle la cara con las tonfas con la parte corta repetidamente, causando que los niños la mirasen aterrados también, cuando el bandido ya no soltaba gritos de dolor le clavó la daga en el pecho, acabando así su sufrimiento.

-Oye, eso no era necesario, solo tenías que matarlo en vez de… torturarlo.- dijo el hombre sangrando y cansado aún con la espada en la mano.

Runesha le soltó una mirada asesina mientras se levantaba, quería matarlo a él también, de hecho iría más rápido si le mataba ahora, quería hacerlo, por lo que no se contuvo y se abalanzó contra el clavándole una daga en su pecho descubierto, provocando los gritos de los niños y la mujer. Les miró a los tres, se podía ver la sed de sangre en sus ojos, pero guardó sus tonfas, era suficiente, hasta para ella. Recogió sus pertenencias y se quitó el cuchillo del hombro. La familia restante le miraba sin decir palabra, pues temían que acabasen como el hombre.

-Quiero mataros, a vosotros tres también, odio vuestra asquerosa raza, estáis todos mejor devueltos a la naturaleza.- declaró Runesha de un grito y con señales de repugnancia.- Quedaos vuestro sucio dinero, aprended a sobrevivir por vosotros mismos, y cuando sepáis pelear, si queréis lo solucionamos. –Dijo Runesha mientras se acomodaba su armadura.

Runesha les miró una última vez, miró en los cadáveres de los bandidos por algo de provecho, cogió lo útil y se marchó, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas mirando sus manos ensangrentadas, se daba asco a sí misma. Esa no era la vida que ella quería, pese a que los quería muertos, entonces pensó en amasar una pequeña fortuna, así podría crear su propia herrería. Suspiró, amasar esa fortuna le iba a costar muchas vidas odiosas como inocentes.
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Re: Deseo reprimido.

Mensaje por La Aberración el Sáb Sep 09, 2017 10:44 pm

Procedo a dar color.


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