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Demonología: Adulterium [+18]

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Demonología: Adulterium [+18]

Mensaje por Lujuria el Jue Oct 26, 2017 3:16 am

Era raro, Asmodea había perdido mucho tiempo buscando a su compañero, aquel demonio con el que penso que podria desatar el caos por toda la eternidad y satisfacer sus deseos carnales al mismo tiempo, pero ahora ya no era igual, él no la recordaba y parecía no volver a hacerlo, solo el tiempo diría si aquella unión que tiempo atrás detuvo a Amon se sellaría nuevamente.

-Estas distraida…- Nelchael detuvo su larga y ya tediosa cátedra para llamarle la atención a la demonesa.

-¿Te atreves a regañarme?- preguntó retóricamente la hija del caos muy sorprendida y algo divertida. -Valla que tienes valor- refunfuño.

-...La necrofilia no es algo complicado de aprender.- El viejo humano ignoro aquel comentario y prosiguió con su curso. -De hecho no es algo que se aprenda, nuestro señor del caos simplemente me pidió que te encaminara, dijo que tu sola podrías hacer uso de ella, solo es capricho de Lluughua que tu te enteraras de lo que es, para mi la necrofilia es mi vida, es un arte, lo que para un pintor es su lienzo para mi es un cadáver, o lo que para él es su pincel para mí es mi cuerpo, así como en el arte lo único que te limita eres tú mismo en la necrofilia también, solo debes dejarte llevar por el deseo- Nelchael estaba de pie en la entrada de su cabaña, la noche estaba por caer, Asmodea que ya estaba completamente recuperada de sus heridas y con una nueva perversión en mente se alejó así sin más, ninguna palabra de agradecimiento, ningún gesto, ni el más mínimo cruce de miradas, así era ella, solo se fue de ahí, Nelchael al igual que ella no dijo mas, entro a su cabaña y cerró la puerta, en el fondo ambos estaban agradecidos el uno con el otro.

“Es increible la maldad que puede crecer en los humanos, yo como demonio es comprensible que sea como soy, pero en él no es natural, todos son muy diferentes en este plano, todos te pueden sorprender en cualquier momento, y todo gracias a su moral, sin ella todos serian mas sinceros consigo mismos, es por eso que me encanta este plano…Hare que todos pierdan su preciada moral...” Asmodea soltó una leve sonrisa y siguió su camino.

Asmodea camino sola pensando mas y mas en lo divertido y excitante que seria descarrilar un pueblo entero, hacer orgías todas las noches, que los humanos se volviesen antropofagos, llenar de putas y violadores todo el pueblo, hacer que todos perdieran el pudor, que se comportáran como animales, que vivieran desnudos y fornicando con aquel que tuvieran en frente, dejarán atrás su idea de la monogamia, en fin, todo aquello que los hacía humanos, era su deseo que tenía desde que había llegado al plano de noreth, solo le faltaba encontrar el pueblo adecuado.

Un Par de Lunas Después

Ya habían pasado tres días desde que Asmodea se quedó en la ciudad costera de Vinissya, un puerto de paso que muchos tomaban como parada para llegar a las grandes urbes de occidente, muy conocido por los mercaderes y viajeros, era grande, pero no por eso muy importante, tenía una gran cantidad de posadas, y cual más del pueblo tenía un cuarto o dos para rentar a los viajeros, la gente del pueblo no era mala, al contrario todos eran muy amables con los visitantes, incluso algunas familias los trataban como miembros más de su casa, era por esos detalles que muchos preferían pagar una buena noche de descanso en el pueblo que dormir en los bosques acampando.

Obviamente la demonesa no llegó siendo lo que es pues habría sido un gran problema, no como en los últimos pueblos pero aun así era peligroso mostrar su verdadera forma a la primera, así que los días anteriores se había encargado de encontrar a una pareja de enamorados que viajarán a la ciudad, no fue difícil pues muchas caravanas pasaban por el lugar y terminaban acampando juntos, solo tenía que esperar a ver cuales empezaban a besarse para poder tomar la forma de alguna persona, la mayoría de las veces funcionaba más fácil con los hombres, y aquella ocasión no sería la excepción, Asmodea que había elegido como objetivo al varón pronto comenzó a cambiar de aspecto, la piel grisácea se limpio dándole paso a una blanquecina y joven, su cuerpo voluptuoso adelgazó disimulando más sus pechos, su rostro notoriamente atractivo y joven eliminó todas las arrugas del viejo cuerpo robado de la demonesa, consiguió una nariz afilada, cejas pobladas muy delgadas y expresivas, labios delgados muy en contra de lo que asmodea hubiese preferido y por último los ojos, el blanco sin vida pasó a ser un azul claro, uno muy inusual en todas sus apariencias, “Yo muestro los verdaderos deseos de la carne” pensó Asmodea mientras robaba la ropa que el pelirrojo y la mujer se quitaban sin pensarlo.
Spoiler:


Cuando llegó a Vinissya la noche ya había caído pero la ciudad estaba más viva de lo esperado, más de la mitad de las viviendas tenían las luces encendidas, las ventanas abiertas y en muchas el ruido era fuerte, la demonesa intento ver desde lejos el interior del lugar, no sabia que pensar, el ambiente dentro de las ventanas era agradable, la gente sonreía, tanto hombres como mujeres, primero pensó que era un burdel, en esos lugares vaya que sonreían, pero no podía serlo pues los infantes también reían y brincaban y jugaban como si el sol estuviese en su punto más alto, era la primera vez que el demonio de la lujuria veía una escena como esa y es que no era una ciudad como cualquier otra, era una muy peculiar, Asmodea no lo sabía y mucho menos lo había notado, las calles pedregosas y llenas de tierra no estaban, en su lugar había agua, desafortunadamente Asmodea lo noto hasta que fue muy tarde, sin darse cuenta pasó de espiar desde la orilla de un canal a ver la oscuridad de los canales de la ciudad de Vinissya.
Spoiler:


El ruido del clavado y el forcejeo de asmodea por librarse de la capa que tenía encima hizo que los citadinos salieran de sus casas muy alarmados, muchos ya habían visto la misma escena una y otra vez, tanto que algunos ya salían con garrochas y sogas para ayudar al viajero infortunado que caía al agua por accidente.

-Es el segundo en esta semana…- dijo una mujer anciana muy enojada mientras empujaba a los congregados cerca de Asmodea que estaba empapada y tosiendo agua en el pórtico de una de las casas. -Cuántas veces tengo que repetirlo, los malditos magos deberían usar su magia para mejorar la ciudad, que tan dificil seria para ellos hechizar unas antorchas para iluminar el camino…- todos los presentes discutían entre ellos mientras abrían paso a la anciana que al llegar a donde estaba Asmodea la sujeto del antebrazo que para su sorpresa tenia mas fuerza de lo aparente pues la levantó fácilmente y la mangoneo hasta el interior del edificio.

-Vamos niña solo es agua, espera aquí, te traeré algo de ropa seca- la anciana no dejo que Asmodea mencionara siquiera una sola palabra, la dejó de pie sola en medio del patio, mientras todos los demás ingresaban a la casa para seguir conviviendo.

La demonesa miro con detenimiento el edificio, era difícil imaginar cómo era posible que todo estuviese construido sobre agua, la casa era de piedra sólida y seguramente el resto de la ciudad también lo era.







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Re: Demonología: Adulterium [+18]

Mensaje por Envidia el Jue Nov 09, 2017 11:14 am

Había pasado por pueblos, ciénagas y bosques buscando a los demás pecados capitales, pero todavía no era capaz de encontrarlos. Por el momento se había abstenido de hacer nada para no delatarse… pero estaba cansada de recorrer lugares y no llevar a cabo alguna que otra travesura. Llevaba tiempo volando, caminando y nadando… quería alimento, y lo quería ya. Se fijaba en su alrededor, había estado varias lunas sin hacer de las suyas. Y eso se notaba.

Aterrizó en un bosque cercano a una ciudad llamada Vinissya, famosa por tener canales de agua en lugar de calles. Canales de agua… eso le gustaba mucho. Tenía donde esconderse… sería perfecto para ella. Aún así, antes de entrar en acción, estuvo varios días vigilando el pueblo. La ciudad, mejor dicho. Era demasiado grande como para ser un pueblo.

A su lado, una caravana lujosa. Mucho, demasiado. Mantuvo la vista en ellos, vigilando, viendo exactamente cómo era. Oro, joyas, todo aquello que envidiaba estaba allí. El brillo de las piedras preciosas y de los metales valiosos, todo aquello a lo que la gente prestaba atención. Deseó que aquellos objetos estuvieran en su posesión, no en la de esos humanos que obviamente no les darían tan buen uso como ella misma. Estúpidos humanos, pensaba. Sin darse cuenta de que esos “estúpidos humanos” habían sabido adaptarse a prácticamente todos los medios, por lo que tan idiotas no podían ser.

Sin embargo, si había algo que la enervaba más que el hecho de que los demás tuvieran objetos que ella no, era que los demás sintieran algo positivo que ella no. Y en aquel pueblo grande, o ciudad pequeña, a las afueras del cual habían acampado, se veía perfectamente. Eran todos felices. Los hombres y las mujeres trabajaban con alegría, los niños jugaban jubilosos con el balón, o a esconderse, o a distintos juegos, en cada plaza, en cada bocacalle, en cada lugar donde podían. Esa felicidad era la que la enervaba mucho. No le gustaba. Prefería el caos, la envidia, la discordia por culpa de objetos tan vanos como fuera posible. Eso quería hacer. Eso haría. Aquel pueblo se convertiría en un campo de batalla, hasta que no quedara absolutamente nada en él. Ni personas, ni objetos, ni casas. Nada. Excepto… Leviathan.

Sonrió de forma desquiciada, pero pronto regresó a la realidad y compuso una expresión más normal. No le convenía llamar la atención, para su objetivo. Por lo que, en forma no demoníaca, se dedicó a esconderse y observar. Sencillamente eso. Estuvo varios días observando, mirando, viendo las costumbres de aquella gente, mientras su envidia crecía más y más, el sentimiento que respresentaba se acrecentaba de forma desmedida.

Llegó la noche, mientras salía del callejón en el que había estado las últimas horas, escondida, observando. Sonrió. Ese era su momento. Llegó al borde del agua, se lanzó a ella. El chapoteo fue fuerte y llamó la atención de la gente, pero no le importó. Enseguida que rozó el agua se hubo transformado y adquirido su forma demoníaca, la de serpiente marina. Era cuestión de tiempo que pudiera empezar a hacer de las suyas. Sabía que la buscaban, que escudriñaban ese agua verdosa para ver si había algún cuerpo. Ilusos. No van a encontrarme. ¿Cómo van a sospechar que su paz se verá perturbada por mí? Si ni siquiera conocen mi existencia. Ni lo harán… sus sentimientos harán raíz en ellos, impulsados por mí, pero no sabrán que estoy ahí, haciendo que la semilla de la envidia crezca y crezca.

Se hizo el día. Pronto los niños volvieron a jugar, y fue cuestión de tiempo que un balón se cayera al agua. Empezaron a llorar, desesperados porque el canal se llevaba su juguete y no se lo devolvería jamás. Sin embargo, Envidia intervino. Sacó la cola, devolvió el balón. Pero con ello rozó la mano de uno de ellos. Pronto el roce tuvo el efecto deseado.

—¿Por qué tienes que marcar tú todos los goles? ¡No es justo! ¡Yo también quiero chutar! —la demonesa rió para sus adentros. El juego empezaba.
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Re: Demonología: Adulterium [+18]

Mensaje por Lujuria el Dom Nov 12, 2017 12:00 am

Asmodea había pasado toda la noche en compañía de la gente que le había ayudado y su presencia no había pasado desapercibida, sus influencias habían repercutido en los pensamientos y deseos de los habitantes de la casa en la que la demonesa se había hospedado. Durante la noche, la señora que le dio asilo la había mandado a dormir junto con otras mujeres lo cual no disgustó en absoluto a la demonesa, todo lo contrario, eran presa fácil para ella. Solo basto una platica nocturna con la más joven de todas para alborotar todo el ganado. No se preocupo por saber nada en absoluto de aquella familia, no sabía qué parentesco tenían entre ellos o si estaban relacionados de alguna otra forma, solo se alimentó de sus perversiones sin importarle nada más.

En menos de una hora en una sola habitación y todo a escondidas, asmodea dirigía una orgía bien orquestada, todos y cada uno de los presentes estaban desnudos.

Nadie hablaba, solo los gemidos de las mujeres y las respiraciones agitadas de los hombres rompían el silencio. Asmodea apesar de todo ese espectáculo permanecía sentada en un sofá bastante elegante y de una tela aparentemente fina, miraba como uno de los machos penetraba sin parar el ya sangrante ano de la chica más joven. La demonesa tenía la mirada perdida, se sentía vacía por dentro, no tenía ninguna expresión a pesar de tener las piernas abiertas y estar recibiendo las lenguas de lo que parecía ser un matrimonio, no le provocaba ninguna sensación de placer todo lo que estaba pasando.

Era raro que ella no se sintiera satisfecha, miro con pena a sus esclavos del momento y los apartó de una patada en la cara, el par no parecía importarle el golpe, solo ignoraron a la chica que divagaba y continuaron fornicando solo entre ellos. Asmodea se puso de pie y camino abriéndose paso entre las parejitas que sudaban sobre el suelo hasta poder derrumbarse sobre la cama y clavar la mirada en el techo, el resto de la noche fue tranquila, la demonesa sólo se tiro durante horas viendo el techo y escuchando los sonidos de las perversiones.

Cuando el sol comenzó a salir Asmodea se paro de la cama, no necesitaba dormir así que no lo había hecho, aún permanecía desnuda y era obvio que su apariencia seguía siendo la misma con la que se presentó en la ciudad. Miró con un poco de diversión los cuerpos cansados y mutilados de sus acompañantes, todos habian caido de cansancio, nadie estaba muerto pero hiban a tardar días en reponerse de aquella noche, y algunas heridas no solo se convertirían en una simple cicatriz. La demones robo las ropas de una de las mujeres de la casa, le quedaban un poco justas pero eran lo indicado, el clima en el exterior parecía agradable, justo en el momento en que salió de la habitación se topó de frente con la anciana, la saludo cínicamente dándole un beso en la mejilla y dedicándole una sonrisa de agradecimiento, no menciono palabra alguna solo hizo un ademán de despedida con la mano y se dirigió a la salida.

La anciana no tardó mucho en llegar al cuarto donde se había llevado a cabo la orgía, Asmodea alcanzó a escuchar el grito de espanto de su anfitriona, la noche había sido aburrida pero la despedida había cumplido las expectativas, sintió como el poco e insignificante caos que se producía le recorría cada parte de su corrupto cuerpo.

Cuando salió a las callejuelas de la ciudad el sol ya estaba terminando de salir, miro de reojo el lugar y se burló de sí misma al no haber notado los canales durante la noche anterior, a lo lejos se escuchó un grito de socorro, Asmodea reconoció la voz de la anciana así que apretó el paso hasta donde estaba un pequeño embarcadero y trepó en una de las góndolas.

-Buen dia madame, ¿a dónde vamos?- preguntó el gondolero, era un muchacho humano no mayor a 15 años, era guapo, tanto que la demonesa ya tenía planes para el.

-Buena pregunta chico…- Asmodea no tenía ni la más remota idea de que responder, no conocía para nada la ciudad.

-¿Es la primera vez que visita la ciudad verdad?- preguntó el muchacho sin dejar de ver a la cara a su clienta

-¿Tan obvia soy?- preguntó la demonesa muy coqueta

-Es algo normal en la ciudad, no se preocupe, le puedo dar un tour y cuando quiera bajar me dice- el muchacho tomó su remo y con mucha maestría alejo la pequeña góndola de la orilla del embarcadero.

Asmodea volteo de reojo a la calle de donde venía, la anciana de la casa miraba en todas las direcciones tratando de encontrar a la chica forastera, la demonesa se acurruco en un par de cojines que servían de asiento y oculto su cuerpo de la vista de los demás.
-Oye… pero no tengo dinero para pagar…- advirtió la muchacha.

-Eso también se ha vuelto normal, pero podemos dejar la paga para otro día- respondió algo triste el joven gondolero. Asmodea soltó una risita tonta de satisfacción y se relajó más en los cojines y mientras lo hacia solo por un segundo su vista atrapó un momento muy inusual, peces en el canal quizá, pensó la demonesa, que en ese momento no le dio mucha importancia a la criatura que gentilmente había ayudado a regresar un juguete a su dueño.

-Oye chico, la verdad estoy aquí para visitar la tumba de un viejo amigo, hace poco que me enteré de su deceso y me informaron que sus restos estaban en esta ciudad- preguntó la chica mientras miraba con lujuria al joven.

-Cementerios en Vinissya no lo creo, todos son entregados al mar en cajas de madera rellenas con piedras y coral, si quiere una tumba tendrá que nadar unos 3 km mar adentro y después sumergirse hasta tocar el fondo- contesto el chico muy seguro de su respuesta.

La expresión de Asmodea se puso muy seria, como mierdas iba a conseguir el cadáver. -Entiendo…- respondió la demonesa con un tono de voz pensativo. -¿Existe algun lugar donde las mujeres ganen dinero vendiendo sus cuerpo?- preguntó la hija del caos sin ninguna señal de incomodidad y discreción.

El muchacho se sonrojo por aquella pregunta.
-¡Es-es-es-esta a unos pocos minutos de aquí!- respondió muy nervioso el chico. -¡Pero no tiene que pagarme, no es necesario, si necesita dinero yo le daré!- añadió el chico tratando de no ofender a la señorita.

-No te preocupes por mi corazón, he salido de peores situaciones…-

El resto del viaje fue callado, el chico solo siguió remando hasta que llego a otro embarcadero donde los edificios eran más altos, ninguno tenía menos de cinco pisos, y la luz del sol solo llegaba hasta los pisos de arriba, las calles tenían apenas un par de metros de ancho y eran muy serpenteantes.

-Cuidese señorita, si necesita transporte solo pregunte por Gavryel, este barrio es muy oscuro no solo por la poca iluminación el ambiente también lo es- mencionó el muchacho mientras volvía a demostrar su maestría para dirigir la góndola y alejarse de la orilla.

-Descuida, nada que no pueda manejar…- respondió Asmodea mientras le dedicaba un beso que hacía sonrojar a Gabryel.

Cuando el demonio se volteo para continuar su viaje no tardó en identificar el edificio… un par de estatuas talladas en madera adornaba la puerta, eran estatuas de su padre. «Esas estatuas no pueden estar más equivocadas, si pudieran ver el verdadero aspecto de mi amo…» pensó Asmodea que contemplaba las figuras esbeltas y voluptuosas de un ser andrógino que representaba a Lluuhgua en muchas partes de Noreth, para después atravesar aquella puerta con paso firme y audaz.









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Re: Demonología: Adulterium [+18]

Mensaje por Envidia el Dom Nov 12, 2017 6:58 pm

Había permanecido bajo el agua, escuchando a los niños. Un simple roce había bastado para que uno de ellos empezara a pelearse con los demás, sintiendo envidia por prácticamente todo lo que hacían. ¿Uno chutaba el balón? Ah, eso no podía pasar. Debía ser él quién lo chutara. Lo mismo pasaba con todo.

—¡Para ya de quitarme los goles! —chillaba ese niño, mientras empujaba a otro más corpulento—. ¡Quiero chutar yo!

Ver eso le causaba satisfacción, pero de un momento a otro los chillidos de los niños pasaron a molestarle. Había captado una conversación un tanto extraña, pero no pudo entenderla del todo. Aún así, no dudó en seguir a esa góndola sin dejarse ver. No sacó la cabeza, pero oyó los pasos de la ocupante del transporte, unos pasos delicados. Volvió por donde había venido. En la plaza, los críos seguían peleando, pero eso ya no le interesaba. Y el balón volvía a estar en el agua. Chasqueó la mandíbula, molesta, y de un coletazo lo envió al extremo opuesto de la plaza. Luego se sumergió y siguió nadando de nuevo.

No tardó en salir del agua, retomando su forma no demoníaca, y caminó por las calles principales de la ciudad, mirando, simplemente observando para considerar su próximo movimiento. Había un mercado en la plaza más grande, uno bullicioso. Sonrió y entró en él. Nadie reparó en Leviathan, que estaba deambulando por ahí, observando las distintas paradas. No se acercó a ninguna… hasta que vio una a la que, curiosamente, no acudía nadie. Fue ahí adonde fue, acercándose y mirando qué había. Las joyas eran las más finas que había visto, sin embargo, los precios se elevaban un poco más que en los demás tenderetes. Pero, como había oído, la calidad se paga, y las piezas que ese hombre vendía eran sublimes. Contuvo el impulso de destrozarlo todo simplemente por envidia a su destreza, y decidió empezar sus andanzas con ese joyero que no vendía ni una pieza, a pesar de la gran calidad de éstas.

—Buenos días, señorita, ¿desea alguna pieza en especial? —él sonrió, y entonces Envidia levantó la cabeza.

—Oh, no, por ahora solamente estaba mirando. Son unas joyas magníficas, por cierto —entonces bajó el tono a poco más que un susurro—. ¿No le gustaría que su tenderete estuviera lleno como los demás?

—Sí, la verdad es que me gustaría… pero no sé qué hacer. Parece que gustan más las de los otros.

—¿Gustan más? ¿Está seguro? —negó con la cabeza—. No, no es eso. Esas joyas… son mediocres. Pero son baratas. Y ya sabe… el dinero es importante.

—¿Está diciendo que ponga el precio de MIS joyas al nivel de las de esos mediocres? —se había cabreado, pero Leviathan no se alteró.

—No. Pero a lo mejor si no hay tanta diferencia como ahora… —sonrió—. Otra opción es que no haya más joyas, pero eso… es difícil.

Al final, el hombre asintió, y bajó un poco el precio de sus joyas. Sin embargo, seguía sin vender ni una, y Leviathan negó con la cabeza. Le puso una mano en un hombro, y se acercó para susurrarle que vendería como los demás. El pronto cayó en su influencia. Pronto hubo bajado los precios y atraído clientela, y cuando Leviathan vio aquello sonrió. Era su momento de actuar. Así pues, por la noche se escabulló en la caravana de aquel comerciante y se llevó todas sus joyas. Y el pobre hombre, desconcertado y furioso, achacó el robo a algunos de los otros comerciantes, acusándolos de sentir envidia de sus joyas.

No tardó en provocar alborotos en la plaza, y aquel día el mercado se suspendió. Leviathan, satisfecha, sonrió. Sus andanzas solamente habían empezado, pero lo que no sospechaba era que ya había alguien más allí, haciendo algo parecido a lo que ella hacía. Volvió al canal y se sumergió otra vez, retomando su forma de serpiente marina y quedándose allí.
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Re: Demonología: Adulterium [+18]

Mensaje por Lujuria el Lun Nov 13, 2017 5:46 pm

El interior de la habitación era muy lúgubre, las paredes oscuras y aparentemente humedecidas hacían que el aire fuese frío, la poca luz del sol que lograba entrar no era suficiente para calentar el lugar pues había más velas encendidas que en una ceremonia religiosa, a la entrada lo primero que un cliente se topaba era la sala, un conjunto de muebles viejos y empolvados, tapizados en terciopelo morado y con hilos dorados colgando como mechones de pelo, la demonesa no se incomodó en absoluto, caminó decidida a uno de los sofás, esos para dos personas, se sentó en una orilla y se acomodo a sus anchas mientras terminaba de subir sus sucios tacones negros en el otro extremo del sofá. Estuvo callada un momento mientras miraba con curiosidad el resto de la habitación, vitrinas antiguas igualmente polveadas, vajillas incompletas y rotas detrás de las puertas de cristal sucio y grasiento, piso de madera hinchada por la humedad que rechinaba con cada paso que alguien daba sobre ella, y un enorme par de cortinas negras que caían prácticamente del techo y arrastraban sobre el piso, tapaban por completo la pared que estaba a mano derecha de la entrada, Asmodea aun miraba con detenimiento las cortinas cuando se abrieron de golpe y detrás de ellas salió un hombre, uno alto y de buen ver.

-Es muy inusual ver a una mujer que no trabaje para mi visitar estos aposentos, asumo que es la esposa de alguno de mis clientes, por lo que la respuesta que doy siempre es la misma… no me importa su matrimonio…- el tono de voz del hombre era muy monótono, parecía haber ensayado esas líneas más de lo suficiente para que siguiera siendo divertido decirlas.

-Y yo asumo que las mujeres no acuden a ti en busca de trabajo…- la voz de asmodea sonó muy tajante al interrumpir al hombre.

-Si… veras… eso no sucede muy a menudo, de hecho no sucede nunca.- rio incredulo el proxeneta.

-Pues estás de suerte-

-Esto es tan raro que debo preguntarme si hay algún truco en esto.-

-Todo tiene un motivo oculto al final, pero descuida, mis intenciones no te traerán problemas, de hecho es todo lo contrario, tu negocio será más próspero que nunca- Asmodea arqueo las cejas pícaramente mientras le dirigía una mirada descarada y fugaz al área genital del tipo.

-Llamadme escéptico pero dudo que puedas hacer lo que presumes mujer.-

-¿Quieres apostar?-

-Perfecto… hagamos un trato… tienes 3 noches para llenar esta bolsa de oro, podrás usar la casa como cualquier otra de mis esclavas, si necesitas un mejor atuendo…- Claude que era el nombre del proxeneta miraba con pena y burla las vestimentas de Asmodea - ...puedes tomarlo de cualquiera de mis esclavas.- Claude apenas había terminado de hablar cuando un grupo amplio de mujeres bajo por las escaleras, había una gran variedad de razas, desde mhare delicadas, hasta narahi musculosas, pasando por vikhars pelirrojas y pecosas y huntas morenas, pero no era todo, detrás de las humanas había otras que para Asmodea eran algo nuevo,  mujeres que tenían orejas, colas, extremidades, ojos, de más de un tipo de animal, y al final perdidas entre las demás un trio de enanas de rostro gordo, rellenitas y con cejas muy pobladas, además de algunas elfas solares que terminaban de bajar las escaleras.

-Pero… si en tres días, no logras llenar la bolsa jamas te podras ir de esta ciudad... - El hombre se acercó dominantemente a Asmodea mientras estiraba su mano derecha esperando estrechar la de la mujer para cerrar el trato como la mayoría de los humanos.

-¿Y si logro llenar tu patética bolsa que gano yo? Pregunto Asmodea mientras ignoraba la mano de Claude y tomaba con asco un saco viejo de tela.

Claude puso lo ojos en blanco  mostrando su enojo e impaciencia. -Habla mujer, a estas alturas no se que es lo que puedas desear.-

-Al finalizar la tercera noche, sabrás que es lo que tendrás que pagarme, cuando tengas tu oro.- Asmodea que había arrojado el saco a un sofá se paró de su asiento y estrechó la mano de Claude, lo hizo tan fuerte que la sonrisa del hombre se borro y en su lugar una mueca de dolor y sorpresa invadieron su cara. -Por cierto, quiero su ropa- añadió mientras señalaba a una vikhars que vestía de color morado.

-Ya la oiste Eyra… dale la ropa- la chica así sin dudarlo se quitó el vestido y lo arrojó sin respeto alguno a Asmodea que lo atrapó con una mano y parte de su cara. -Tendrás que ganarte el respeto de las chicas…-

La demonesa miro con enojo a la mujer que estaba desnuda y sin dudarlo y enfrente de todas se quitó sus harapos y dejo al descubierto sus atributos que no eran los mejores que había tenido pero hubieran provocado las erecciones de más de un hombre, se puso el vestido que aun estaba cálido, y arrojó sus ropas viejas a la chica que estaba desnuda.

-Iré a deambular por la ciudad, regresare antes del anochecer- indicó la demonesa y salió sin pedir permiso.

Cuando la demonesa salió del edificio todas regresaron a sus habitaciones, excepto una de las elfas que se paro enfrente de Claude, no le miraba a la cara, tenía las manos cerradas acomodadas sobre sus piernas y agachaba la cabeza viendo sus pies.


-Puedes ir con ella- respondió Claude que no le dio importancia a la elfa tímida.

La elfa no pierde el tiempo y salio a toda prisa detrás de la demonesa que ya le llevaba ventaja.
Asmodea ya tenía unos minutos deambulando por el barrio, si en algo tenía razón el chico de la góndola era que el ambiente era oscuro, muchos cerraban sus ventanas al verla pasar, otros le miraban con desprecio pero ninguno se atrevía a agredirla. Detrás de ella la elfa caminaba con miedo pero decidida a seguirle el paso, mantenía la distancia tratando de que la demonesa no se diera cuenta pero era inútil, su hedor a excitación la delataba desde el lupanar de Claude.


-Si vas a seguirme hazlo más de cerca, es menos incómodo.- ordenó Asmodea a la elfa que parecía sorprendida por haber sido descubierta.

La elfa camino hasta donde estaba asmodea, no emitio ningún sonido excepto el ruido de los zapatos que cesó cuando se detuvo frente a la demonesa, asmodea la ignoró y siguió caminando. El resto del día ambas señoritas caminaron una detrás de la otra, deambulando por la ciudad entera.









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Re: Demonología: Adulterium [+18]

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