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Luzbel, Inquisidora del Imperio [Solitaria]

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Re: Luzbel, Inquisidora del Imperio [Solitaria]

Mensaje por Vanidad el Jue Dic 28, 2017 4:35 pm

El hombre ya estaba girando sobre sus talones para salir de allí tan rápido como fuera posible, seguramente para reducir las posibilidades de que cambiara de idea sobre matarlo. –Larrange… no me he puesto al dia con los asuntos de la ciudad… pero hay una plaga ¿cierto?-

-Bueno…yo no lo llamaría una plaga, pero si, los barrios pobres están considerablemente más enfermos de lo que seria normal para una ciudad de este tipo.-

-Bien… te encargaras de que eso ya no sea así.-

-¿E-encargar? No soy un sanador.-

-Nadie ha dicho nada de sanar, ya están condenados…solo mátalos y quema sus cuerpos.-

-Eso no pasara desapercibido…-


-Cuento con ello.- y sin más ese pequeño hombre se fue por donde había venido, hecho una bola de furia y traición.

-Has embaucado a ese demonio…- dijo una voz en su mente.

-No he mentido, ellos simplemente tienen una tendencia a… creerse más listos que nadie, basta con ir dejando migajas.-

-Podrías haberlo matado.-

-Podría… pero no habría tenido ningún fin-


-Matar es el fin.-
Su monologo interno fue interrumpido por una mujer, que abrió la puerta al balcón después de saludar a sus guardias y se sentó a su lado en la barandilla del balcón. La recordaba, Lucrecia, una noble que había heredado el titulo cuando su marido murió. Era una… ¿condesa? No estaba segura.

-Yo también suelo venir aquí a relajarme.-
dijo la mujer, acercándose un poco más, hasta que sus hombros se tocaron.

-Es agradable, aunque alimañas como Larrange vengan a molestar.- la mujer estuvo súbitamente más interesada en ella, acercándose más, hasta que sus pechos tocaron el brazo de Luzbel. Era sospechoso, pero no definitivo, así que decidió tirar un poco más de cebo. –Parece que quería que lo escoltara en mi viaje de vuelta… ese cobarde se irá con la cola entre las piernas ahora que el Imperio gobernara sus tierras.-

-Menudo cobarde…supongo que lo has mandado a paseo…- La mujer apoyo la cabeza en su hombro, y una cálida sensación invadió a Luzbel. Se mordió la lengua, fuerte, y esa sensación de calidez se desvaneció, siendo sustituida por el sabor de hierro en la boca. Era sutil, no se habría dado cuenta si no hubiera estado buscando específicamente a súcubos, había gente que simplemente…caía bien, lástima que ya tuviera experiencia.

La peliblanca se levantó, situándose delante de Lucrecia, cogiéndole ambas manos. Paso la vista por su pelo ondulado y negro como la noche, fijo la vista en esos ojos verdes y hablo. –Ha sido un placer charlar contigo, pero me temo que debo irme, mis guardias parecen al borde de un ataque de pánico y tengo miedo de que disparen a alguien. Sería un placer continuar esta conversación otro día. – señalo hacia dentro, al salón, donde Twitch de verdad parecía a punto de empezar un tiroteo soltando espumarajos por la boca a juzgar por como sujetaba el arma.

-Encantada de conocerte, Luzbel, podemos continuar esta conversación otro dia, te mandare una invitación. ¿Dónde te alojas?-

-En la casa del gobernador.-
Lucrecia se tapó su risa de incredulidad con la boca.

-Eres seguramente la… enemiga número 1 en la frontera oeste del imperio... ¿y te alojas en la casa más grande de la ciudad?-

-¿Qué? No esperaras que me bañe en una de esas…. tinas de latón. Una chica necesita sus lujos.- La risa de la mujer se intensifico brevemente hasta que finalmente pudo controlarla, para irse con un abrazo a modo de disculpa.


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Re: Luzbel, Inquisidora del Imperio [Solitaria]

Mensaje por Vanidad el Jue Dic 28, 2017 6:46 pm

Sarge odiaba su trabajo. No solo se habían pasado el día arriba y abajo escoltando a la inquisidora en aburridísimas reuniones y eventos sociales, persiguiendo a demonios muy posiblemente imaginarios, sino que además no habían podido ni probar el buffet. Pero habría aguantado todo eso si no fuera por esos estúpidos actores. De todas las obras que podrían haber escogido, de las decenas que seguro que se sabían de memoria, tenían que haber escogido ese día precisamente la única sobre orcos.

Habían estado a punto de causar un accidente internacional, lo que era malo, pero además habían estado a punto de exponer su tapadera, lo que no solo habría cabreado a la inquisidora, lo que era muy malo, sino que además seguramente los habría matado, lo que era literalmente lo peor que podía pasar. Twitch había necesitado tres botellas enteras de tranquilizante, lo que según Doc, habría bastado para matar a un ogro, y ni siquiera habían conseguido que soltara el rifle, el desgraciado seguía abrazado a el en sueños como si fuera su amor perdido.

Sarge estaba cansado y cabreado, necesitaba desestresarse, pero no podía emborracharse en plena misión, así que hizo lo que nunca debía hacer, escuchar a Nubby. Y allí se encontraba ahora, en plena noche, en un callejón oscuro, rodeado de personas de dudosa reputación que seguramente lo apuñalarían a la mínima oportunidad. “Es un deporte supersecreto” dijo, “Con lo fuerte que eres, seguro que hasta ganas dinero si participas en vez de solo mirar” dijo. Las peleas de puñetazos eran interesantes, divertidas, y no demasiado ilegales, por lo que no se metería en problemas por ver o participar en una, siempre y cuando no apostara el equipo reglamentario de la iglesia o algo así. Solo había un pequeño, pequeñísimo problema.

Ese desgraciado se dejó la parte donde tenía que enfrentarse a la maldita Inquisidora. A su jefa. Cierto, no era exactamente igual, tenía el pelo rojo en vez de blanco, los ojos ambarinos y no verdes, y la nariz lucia ligeramente diferente, pero no tenía la más mínima duda. Ese andar elegante, como una pantera, la chispa de diversión en sus ojos al reconocerlo y el hecho de que estaba bastante seguro de que su sombra le había GRUÑIDO de manera wyvermicamente familiar… no se estaba equivocando.

-Treinta segundos para cerrar las apuestas.- dijo una voz detrás suyo, mientras él y la Inquisidora se situaban en el centro del círculo de personas.

-Treinta krulls a… espera….¿esa es? ¡Sesenta a la pelirroja!-
se escuchó por ultimo antes de que sonara lo que fuera que usaban como gong.

Aparto la vista de la Inquisidora un segundo, solo un segundo. -Nubby, grandísimo hijo de p- y no pudo acabar de maldecir a su compañero por apostar en contra, puesto que lo vio todo negro.

Se despertó unos minutos más tarde, cuando su subordinado le arrojo un cubo de agua. –No te preocupes Sarge, también aposte tu parte a la Inquisidora.- Casi le atiza un puñetazo, casi, pero era su superior, tenía que controlarse, así que en su lugar respiro hondo y pregunto. -¿Qué tal le ha ido?-

-Bueno...digamos que somos ricos.-


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Re: Luzbel, Inquisidora del Imperio [Solitaria]

Mensaje por Vanidad el Jue Dic 28, 2017 8:08 pm

Serrobah estaba extático. Después de todos esos años muerto de asco, nadando entre el barro con la esperanza de encontrar ALGO de valor, tenía ante el un diamante, ni siquiera un diamante en bruto, un reluciente y resplandeciente diamante que brillaba con el fulgor de un faro.

Al principio había tenido sus dudas, al fin y al cabo, eran poquísimas las mujeres que habían participado alguna vez en su particular club de la lucha, pero las normas eran muy claras, todo aquel que pudiera pagar la entrada podía participar, desarmado. Solo había hecho una excepción en años, ese listillo que pretendía luchar con un golem.

Ni siquiera había empezado el combate y ya sabía que este sería diferente. La postura, la actitud, era completamente diferente. Esos patéticos mortales luchaban unos contra otros con miedo, con seguridad, defendiéndose a todas horas bajando su guardia el tiempo justo para lanzar un ataque, temerosos de sufrir heridas graves…no esa mujer. Una guardia completamente descubierta, descuidada, casi burlona, y en cambio, sus ojos rezumaban sed de sangre, como retándote a intentar atravesar esa guardia tan pobre. Sonó el gong y cualquier duda se disipo. Saltó hacia su rival como un depredador en cuando vio la más mínima debilidad, noqueando a un hombre que le sacaba al menos una cabeza entera de un solo golpe.

La hizo luchar unos pocos combates más, por si se estaba volviendo viejo y sus instintos le fallaban, pero no hizo falta. Cada golpe era ejecutado con todo el ímpetu, en perfecta harmonía, no con la rigidez automática de un entrenamiento, sino con un ansia homicida a duras penas contenida, con una fluidez y capacidad de adaptación que por su experiencia venían solo con el combate real. Cuando Bartus se agacho para evitar su patada a la cabeza y siguió cargando para derribarla, ella simplemente aprovechó la inercia de su pierna para mover el hombro contrario y rodo por encima del hombre, para luego volver al suelo y prácticamente partirle el espinazo de un puñetazo.

Para el cuarto combate, ya había visto suficiente, así que se acercó a la mujer, que tenía una sonrisa radiante, mitad arrogancia, mitad diversión, mientras se pasaba una mano por el pelo. Eso lo confundió brevemente, hasta que vio que se miraba la mano. Estaba comprobando si había sudado. No pudo evitar soltar una risotada. –¿Quién te enseño a luchar así?- La pelirroja se giró hacia el, clavándole esos ojos ambarinos. No sentía miedo, su señor se había asegurado de eso, pero aun así había algo…inquietante en esa mirada.

-Nadie…- se limitó a responder ella, sin entrar en detalles. Parecia tener un ligero acento extranjero, aunque no conseguía identificarlo. No importaba, la oportunidad era demasiada valiosa como para dejarla correr, podía ser lo que finalmente inclinara la balanza.

–Pareces un poco decepcionada con el nivel de tus conciudadanos…-

-Supongo que todos aquellos que luchaban bien están muertos por la guerra…-


-¿Te gustaría comprobarlo?-
la cara de la pelirroja cambio, adoptando una sonrisa traviesa, mientras sus ojos brillaban de diversión. Le dio las indicaciones para llegar a la arena, prepararía una iniciación para ella, en tres días. Puede que finalmente hubiera encontrado alguien digno, puede que si conseguía alguien que manejara a los creyentes de su señor por él, finalmente pudiera centrarse en encontrar el resto de esas malditas reliquias.


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Re: Luzbel, Inquisidora del Imperio [Solitaria]

Mensaje por Vanidad el Sáb Feb 03, 2018 10:57 pm

Sarge contemplaba el caos que su jefa había provocado, estupefacto. El día anterior, había vuelto a visitar al general, con ellos como escolta, para tratar sobre la “plaga” que había en la ciudad. La Inquisidora claramente había exagerado, pero cuando un miembro de la inquisición decía las palabras “plaga demoniaca”, el resto del Imperio se preocupaba, y el general no fue menos. Al día siguiente, varios pelotones de soldados patrullaban los barrios bajos. No demasiados, solo unos 60 según calculaba Sarge, divididos en 3 grupos de veinte. Su objetivo era ir casa por casa, identificando a aquellos enfermos, para luego llevárselos.

El general se había mostrado…escéptico con esa última parte, porque entendía el acto implícito que suponía reunir a todos los afectados en un solo lugar, y ante todo era un hombre honorable, pero la Inquisidora lo tranquilizó, asegurándole que, probablemente, muchos de ellos sanarían una vez la raíz del problema hubiera sido eliminada, resaltando notablemente el probablemente. Pero eso había bastado para tranquilizar al hombre y asignar unos pocos hombres a la tarea, que a este paso duraría días. Pero cuando Twitch le pregunto a la Inquisidora al respecto, simplemente descarto la idea con un gesto de su mano.

-De entre todos los señores, Ghadrakha podría considerarse el más… paternal. Sus heraldos no toleraran que sus pequeños sean masacrados.-


-Pero… no serán masacrados…- aunque ni siquiera el mismo lo decía convencido. Ciertamente, Luzbel había sido MUY clara en que debían reunir a los enfermos a cualquier coste, y efectivamente ya había habido unos cuantos accidentes, ya que los soldados no eran tan... nobles como el hombre que los comandaba. Desde se encontraban, en el tejado de una taberna, habían visto ya varias disputas, que acababan inevitablemente con el plebeyo muerto, y algunas columnas de humo se alzaban hacia el cielo, sin duda otras “evacuaciones” que se habían torcido. Y su jefa había estado impasible en todo momento, como si de una muñeca se tratara, al menos hasta que vio a los soldados arrastrar a un pequeño niño leproso, donde su cara se retorció un breve instante en una mueca.

Pero no estaban allí haciendo el vago, para la desgracia de Nubby, sino trabajando, concretamente, estaban esperando el momento en el que los demonios asaltaran la relativamente pequeña fuerza de soldados. Sarge tenía sus dudas, no creía que unos demonios pudieran ser “paternales”, pero desde luego, secuestrar a todos sus adeptos caldearía sus ánimos, y dudaba que simplemente aceptaran perder toda su influencia en la ciudad. Eso suponiendo que no estuvieran entre los civiles que los soldados estaban reuniendo, claro.

Unas tres horas después de empezar y varios incendios y muertos más tarde, finalmente el plan pareció funcionar. Los sonidos de lucha se intensificaron a medida que los soldados usaban armas de fuego, que habrían sido un desperdicio de pólvora para los civiles, y desde luego desde su privilegiado tejado podían ver cierta confluencia de gente enferma hacia donde se oía la lucha. No fueron los únicos en percatarse, puesto que los dos otros grupos de soldados también pararon al oír la conmoción, se miraron entre ellos y finalmente dirigieron la mirada hacia el tejado donde estaban, esperando instrucciones.


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Re: Luzbel, Inquisidora del Imperio [Solitaria]

Mensaje por Vanidad el Dom Feb 04, 2018 4:26 pm

Luzbel no se entretuvo lo más mínimo. En cuando oyó los ruidos de lucha, hizo salir a Tenebra de las sombras y se montó en ella, dirigiendo solo unas pocas palabras a sus hombres antes de echar el vuelo. –Voy a adelantarme.- y despego con su wyvern, soltando tal aleteo que prácticamente derribo al grupo de Sarge.

Una vez en pleno vuelo, un par de aleteos de Tenebra la llevaron a la zona. Los soldados se encontraban en una plaza, concretamente, se habían retirado por una de las calles, aprovechando el estrecho espacio que esta otorgaba para contener a la horda de leprosos que se abalanzaba contra ellos. Luzbel se mantuvo en el aire unos instantes. No había tantos, solo unos doscientos cincuenta, armados con herramientas… algo pobres para la guerra, puesto que veía horcas y cuchillos, con alguna lanza o escudo. En cuando el resto de soldados llegaran, los harían trizas, por eso estaban contando con acabar con ese grupo antes de que el resto pudiera aparecer y reforzarlos… menuda pena que eso no fuese a pasar. A la diablesa no le costó encontrar al líder. Era ese tipo que media dos metros, empuñaba una lanza y parecía un enorme saco de pus. Entonces llego la parte divertida.

Tenebra bajo con un vuelo rasante, pero Luzbel aun la consideraba demasiado pequeña como para cargar indemne contra las filas enemigas, así que hizo la segunda mejor cosa que pudo. Su pequeña abrió la boca y baño a esos pobres desgraciados en llamas negras. Una enorme línea de fuego negro atravesó a los infectados a medida que su wyvern cruzaba la plaza sin esfuerzo. Los enemigos dudaron, no solo porque una absurda cantidad de ellos estaban en llamas que drenaban sus fuerzas y parecían no apagarse, sino porque no había nada como un dragón, o lo que parecía ser uno, para apagar una rebelión. La turba ahora se estaba esparciendo, asustada, corriendo por su vida. La diablesa bajo al suelo de un elegante salto, buscando al líder. No tardo en encontrarlo. Era el único que se dirigía hacia ella, con un paso tranquilo, con alguna llama negra en su cuerpo.

Era…difícil llamarlo humano, no cuando parecía más bien un cadáver ahogado, hinchado y de olor putrefacto, con algún mechón de cabello negro y sucio. Pero la diablesa sabia más… ese tipejo con lanza era un demonio, y en el pie de esa lanza parecía haber lo que estaba buscando, un rojo metal destacaba por encima del gris sucio del resto de la lanza, un metal que emitía cierta vibración…familiar, como si alguien hubiera arrancado un trozo del foso.

-¿Niños?-

-Todos tienen derecho a disfrutar de las bendiciones de padre.-
Prácticamente no tuvo tiempo a decir la última palabra antes de que Luzbel se abalanzara sobre él.

El demonio sabía lo que hacía, y se aprovechaba de que un solo roce de su lanza la mandaría a la cama con una horrible infección al cabo de unos días, pero poco importaba. La diablesa evitaba o bloqueaba sin problemas los primeros intentos de pincharla con lo que era básicamente un palo oxidado glorificado, y solo necesito cargar contra su rival al mismo tiempo que este atacaba, desviando la lanza con el escudo, para que esta quedara inutilizada. Un tercer brazo salió de su costado, sujetando la lanza firmemente, mientras su dueña apuñalaba una y otra vez al demonio. Esos repudiables heraldos aguantaban absurdas cantidades de daño al no sentir prácticamente el dolor, lo que les permitía ir más allá que un mortal… pero eso no ayudaba cuando cortabas músculos y tendones… junto con los miembros que sujetaban.


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Re: Luzbel, Inquisidora del Imperio [Solitaria]

Mensaje por Vanidad el Sáb Feb 10, 2018 11:18 am

Sus hombres parecían un poco… mareados cuando finalmente se reunieron con ella, seguramente debido a ese siniestro fuego negro y al hecho de que estaba hasta arriba de sangre, pero le dio bastante igual, y una vez las llamas se dispersaron, los soldados del otro lado prácticamente la alzaron al aire de júbilo. Por suerte se había asegurado de guardar bien las dos piezas de ese extraño acero vil, la que había robado del demonio y la que había aparecido después de que la marca de su mano brillara, cortesía de su pequeño trato con el demonio de Yigionath. Tenía suerte, sería el único que viviría para contarlo, ahora que ya había encontrado al resto…




Xeronath estaba extática, cambiándose de ropa una y otra vez, buscando el vestido perfecto. No todos los días una conseguía atraer un noble a su causa, pero era aún más raro que dicho noble fuera de su gusto. Y no solo cumplía su estándar mínimo, sino que lo rebasaba, rompía el techo y se asentaba un poco más allá. Era como ver un pedacito de su señora, como si alguien hubiera tomado uno de esos imperfectos mortales y pulido cada uno de las pequeñas imperfecciones que tenían, para luego envolverlo en una capa de inexperiencia e inocencia avergonzada, aun se derretía al recordar cómo se había sonrojado al invitarla a su mansión en… unas horas, tenía que darse prisa en arreglarse. Y además, no solo era noble, encantadora y totalmente su tipo, sino que además había conseguido a alguien de cierta… reputación. Una mujer capaz de conseguir un título nobiliario masacrando a los nobles locales en semanas era exactamente lo que necesitaba para acabar con esos irritantes demonios, sobre todo ahora que el Imperio parecía haberse dado cuenta de la presencia de Ghadrakha y había tomado medidas al respecto.

Unas horas más tarde le abrió la puerta a Luzbel llevando un bonito vestido rojo, que resaltaba sus labios a la vez que dejaba ver un más que generoso escote. Pero la noble Zerrakiana no se había quedado atrás, llevando un vestido de seda negra de espalda descubierta, que remarcaba elegantemente su figura hasta formar una falda de volantes. La acompaño hasta el salón principal, posando la  mano en su espalda descubierta y guiándola suavemente hasta donde el resto de los invitados estaban, pero Luzbel paro de golpe.

-Lucrecia… pensé… dijiste… que estaríamos solas…-
Mierda, su vergüenza cuando los invitados las vieron tan juntas era superior a la esperada, escapando a su control, la mujer debía estar al borde del ataque de pánico para deshacerse de su influjo, había provocado sin querer una respuesta de huir o luchar, provocando un brusco cambio en su mente que estaba destrozando sus progresos en aras del instinto de preservación.

Usualmente habría podido controlarlo, pero esa noble tenía un muy fuerte instinto de lucha a juzgar por como había obtenido su título, si no hacía algo se le escaparía. –Solo quise saludar antes de… retirarme contigo, seria de mala educación irme durante toda la tarde sin saludar, ¿no crees?- Su respiración se relajó, asintió levemente con su cabeza, había funcionado.

Llevo a Luzbel a sus aposentos, donde se quedó maravillada ante su colección de joyas, pasando sus ojos con admiración por los anillos, los colgantes, posándose levemente, confusos, en lo que parecía ser simplemente un tubo de metal rojo. Un roce basto para que volviera a centrar su atención completamente en ella, como debía ser. La rodeo con sus ojos, poso sus labios sobre los de ella y…

Notaba un ardor, pero…no como debía ser, no donde debía ser. Luego llego el dolor. Se separó, bruscamente, tocándose la zona afectada y notándola húmeda, pringosa, pero…algo iba mal. Bajo la mirada, solo para encontrar una daga en su cuerpo, clavada en su hígado. –Solo tolero a uno de los de tu tipo, y tú no eres ella.- Había sido…¿manipulada? ¿Ella? Si no sintiera tanto dolor, habría soltado una risotada. –Serias…una gran súcubo.- Y Lucrecia volvió con su señora, temerosa de informarla de su fracaso.


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Re: Luzbel, Inquisidora del Imperio [Solitaria]

Mensaje por Vanidad el Dom Feb 11, 2018 5:09 pm

Luzbel atravesó la pared limpiamente, derrapando un poco por la sala en la que había entrado abruptamente, que se ilumino con llamas azuladas procedentes de las antorchas de las paredes. Al menos eso explicaba cómo alguien había conseguido construir una maldita arena subterránea sin que nadie se enterara, era básicamente yeso que podía partirse de un buen puñetazo. Pero eso no significaba que no doliera.

Unos pasos metálicos, tranquilos, procedentes de su enemigo sonaban en el exterior, acercándose lentamente. Perro arrogante.

-Perderás.-

-Muchas gracias, yo también os quiero pequeñas.- las almas se removieron, confusas, no parecían entender el sarcasmo.

-Perderás porque no luchas en serio.-

-¿Qué creéis que he estado haciendo?-

-Jugar a ser uno de esos patéticos mortales, tienes miedo de hacerte la pregunta, de la respuesta.-

-Ah, ¿sí? ¿Y cuál es?-


-“¿Era más fuerte cuando luchaba para Rhaggorath?” Por eso no luchas en serio, tienes miedo de que si lo haces, descubras que no puedes compararte a tu yo pasado- la diablesa se quedó congelada en el sitio, es decir, esparcida en el suelo. Puede, solo puede, que hubieran tocado un nervio.

-Mentís, soy claramente más fuerte.-

-¿Si? Porque deberías poder darle una paliza sin siquiera despeinarte, incluso sin transformarte. Tu fachada está a salvo.-

-Puedo, solo deb…-

-Rechazas tu propio estilo de combate, por eso pierdes.-

-No es mi estilo, es el de esos demonios, es el suyo.-

-¿Si? No le hemos visto usarlo a este…-

-Porqu-


-Además… ¿Quién te lo enseño?- hubo una breve pausa en su dialogo interior mientras Luzbel se levantaba, explorando su memoria, cada recuerdo, por más pequeño. Ambos interlocutores sabían la respuesta. Parece que no había mentido a ese heraldo de Rhaggorath…

-Nadie.-




Ss'll Sh'Karr rompió lo que quedaba de pared con su mangual, abriendo con la bola de pinchos un agujero lo suficientemente grande como para que sus imponentes dos metros de musculo. Su rival se encontraba en el centro de la armería, recuperándose de la patada que la había mandado volando. No le gustaba admitirlo, en absoluto, pero se lo estaba pasando bien con esa candidata. Luchaba como cualquier mortal, pero tenía cierto fervor, cierta experiencia que solo se conseguía en glorioso combate, esa si era una buena adquisición, su señor estaría orgulloso en cuando le insuflara un poco de humildad y modales a golpes. Al fin y al cabo, su señor era la máxima representación del combate, así como sus súbditos, en cuando aceptara su superioridad, sin duda querría ser como ellos.

La cabellera rojiza se movió cuando esta finalmente levanto su cabeza, sus miradas se cruzaron… y Ss'll Sh'Karr retrocedió un paso. Los demonios de Rhaggorath eran incapaces de sentir miedo, sin embargo, esos ojos… le producían inquietud. Inmediatamente aparto la idea de su mente, agarrando la bola de pinchos y arrojándola directamente, en vez de hacerla girar en la cadena como las otras veces. Luzbel a duras penas la esquivo, parecía ser que se movía lentamente… no.

Se había movido lo justo y necesario para que no le diera, rotando el cuerpo manteniendo el pie izquierdo en su sitio, para luego emprender una carrera hacia el en cuando hubo pasado. Eso era… muy diferente a su comportamiento anterior. Recupero su mangual de un tirón de la cadena, preparando el espadón. La mujer le tiro la espada a la cara, siendo desviada hacia el techo con su espadón, y justo cuando la bola del mangual iba a darle, desvió su carrera levantando el pie derecho, lo que la movió hacia la izquierda, exactamente lo que el pretendía, atravesando súbitamente la distancia que los separaba y lanzando un tajo… y fallo debido a ese comportamiento cada vez más errático.

Con solo su pie izquierdo en el suelo y viendo el tajo venir por su punto ciego, su rival simplemente… había saltado, evitando el tajo de espaldas, haciendo que cruzara el aire peligrosamente cerca de su cuerpo, amenazándolo con partirla en dos. La mujer le sonrió, aun bocarriba y algo salió de su boca.




La púa de Luzbel había fallado el cerebro por muy poco, vaciándole el ojo al demonio y estampándose inofensivamente en la pared, pero tampoco esperaba que fuera tan fácil, así que siguió su plan. Aterrizo grácilmente en el suelo y avanzo, evitando grácilmente el revés del espadón soltando el escudo y usándolo para derrapar por el suelo, entre las piernas de su rival. Sendas púas salieron de sus codos, produciendo un par de heridas gemelas a su paso.

La diablesa se levantó, ya a la espalda del demonio, clavando su codo derecho en la espalda. CLANK. Su púa salió disparada, penetrando aún más profundamente en la carne demoniaca, sacando la punta por el otro lado después de haber perforado un pulmón. Su rival ya se estaba girando, pretendiendo provocar una distanciación con su mero peso… lástima que Luzbel se agarrara al brazo contrario, moviéndose a la par que el demonio y clavándole la otra púa directamente en el omoplato izquierdo, inutilizando el brazo. CLANK.

Su rival finalmente decidió hacer algo útil y se inclinó hacia delante súbitamente, como un toro salvaje, mandándola a volar hacia el techo, donde se impulsó en el nuevo “suelo” para abalanzarse contra su rival a la vez que este alzaba su espadón en una estocada. Sus miradas se cruzaron, el demonio tenía unos ojos llenos de confianza, seguro de sí mismo, iba a travesarla en dos… Luzbel prácticamente ronroneo cuando estos se llenaron de confusión al ver un tercer brazo sujetando un escudo, su escudo. Justo antes de salir volando por los aires, la diablesa había hecho trampas, alargando un tentáculo para recoger el escudo que había dejado en el suelo. Dicho escudo se estampo contra el lateral espadón, desviando el cuerpo de Luzbel lo suficiente para que no le diera, a la vez que reducía la velocidad de la parte superior de su cuerpo, provocando un giro en su cuerpo. Sus piernas, aun con toda la inercia, forzaron el cuerpo de Luzbel a tener los pies en el suelo, aunque en este caso el suelo era el hombro del demonio, el izquierdo, justo encima del corazón. CLANK.

La diablesa se tomó unos minutos de descanso, sonriendo para sí misma, antes de recoger sus armas, arreglarse el pelo y salir. Ese sacerdote que había invocado al demonio seguía en su sitio, encima de la arena, donde habría sido el asiento de honor si no hubieran estado solos. A excepción de sus hombres, que estaban escondidos en el improbable caso de que esos demonios intentaran algo raro. La cabeza de Ss'll Sh'Karr fue arrojada al aire, aterrizando a los pies del sacerdote. –He derrotado a tu campeón.- Había pensado en decir algo más provocativo del estilo “se me prometió que lucharía con un campeón de tu señor y sigo esperando”, pero prefería no provocar a alguien que podía invocar demonios con tanta facilidad… no de manera directa al menos.

El sacerdote pestañeo una única vez ante su campeón decapitado, admirable teniendo en cuenta de que estaba bastante segura de que eso no era lo que debía haber pasado. –Felicidades, como prometí, pide lo que qui-

-Quiero esa daga.- La diablesa señalo a una daga cuya hoja era roja sangre, con empuñadura negra. Una hoja sospechosamente parecida a una punta de lanza, que era lo que buscaba a juzgar por como los otros 3 fragmentos eran 3 malditos palos. El sacerdote apretó los labios, con la mirada llena de ira, evaluándola, pero un trato era un trato, y su señor respetaba los acuerdos de combate, era como se ascendía en su jerarquía al fin y al cabo si no recordaba mal.

Unos minutos más tarde y una daga más tarde, Luzbel salía de la arena. No había rastro de sus hombres, puesto que habían acordado reunirse en la superficie si todo iba bien. No hubo ningún problema, y todo el equipo se reunió, aunque el hecho de que Twitch tuviera una sonrisa tan radiante era… nuevo.

-No te preocupes jefa, ya lo he arreglado todo para que no tengas que pedir una incursión al sitio para acabar con esos malditos cultitas… en cualquier momento.-

-En cualquier momento q-

El suelo tembló horriblemente, como si la tierra se hubiera abierto para tragarlos, cosa que al parecer era exactamente lo que estaba pasando unos metros más allá. El lugar bajo el cual, según su orientación, estaba la arena… ya no estaba, había sido sustituido por un cráter del cual salían disparadas llamas verdes hacia el negro cielo de la noche.

-Está bien… iba a ignorar esos rifles que escupen cosas verdes porque eran claramente mejores que los normales… pero eso SI requiere una explicación. Twitch… ¿Dónde diablos aprendiste a usar explosivos? ¿El jodido Foso?-

-Vera… todo empezó el día en el que conocí a un gato parlante…-
el resto del grupo protesto sonoramente, como si ya hubieran escuchado esa absurda historia un millón de veces.


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Re: Luzbel, Inquisidora del Imperio [Solitaria]

Mensaje por Vanidad el Mar Feb 13, 2018 4:05 pm

Veinticuatro días mas tarde:

Toda vida tenía algo en común. Desde el más simple gusano al más engreído elfo, un pensamiento, un instinto tan fuerte, tan vital, que sin él, la vida simplemente dejaría de existir, algo tan vital, que era un misterio como no había engendrado el señor demoniaco más poderoso de todos. O puede que si lo hubiera hecho, y todo el resto fueran sus sirvientes.

>Sobrevivir<

Varias cosas tenían que pasar para que Sobrevivir se cumpliera. Sin tener el más mínimo concepto de presa y depredador, se mantuvo perfectamente inmóvil, puesto que comprendía, en esencia, la relación entre pequeño y débil y grande y peligroso. Aun careciendo de cualquier capacidad racional para tomar decisiones, adopto la actitud racional y “se hizo el muerto”, entrando en un aparente bucle de pensamiento, algo sencillo para algo como él.

Eventualmente, grande y peligroso se fue.

Eso dejo al superviviente con el planteamiento de como cumplir su principal objetivo. No conocía nada de su ambiente, y a nivel instintivo, notaba que sus principales sentidos, rudimentarios para cualquier estándar, habían sido arrancados, lisiados, corrompidos, paralizados, con memoria sobre cómo mover el equivalente de un sistema muscular a través de un ambiente que era cualquier cosa excepto físico. Herramientas pobres, tristes, pero mejor que nada.

Escaneo sus alrededores, buscando algo que pudiera usar. Ignoro el aparato en el que estaba contenido en si, como alguien ignoraría una roca o el polvo. Que sería útil para él era un conocimiento innato, necesitaba juntarse con más fragmentos como el mismo.

Eso resulto ser sorprendentemente fácil. Grande y peligroso había dejado lo que solo podía describirse como una retahíla de pensamientos medio descompuestos, los restos esparcidos de una mente en lo que debía ser comparable a un cerebro explotado en mil pedazos. Le costó un poco adaptarse lo suficiente como para poder penetrar y analizar esos pensamientos.

>La sangre le goteaba por la cabeza, tapándole un ojo, pero se levantó otra vez, ignorando el ardiente dolor que le recorría el cuerpo en finas líneas. Ella era mejor, una guerrera de Phobos, descendiente de un poderoso linaje, no perdería, no podía perder. <

Orgullo. Por más que la mayoría del fragmento era completamente inutilizable, los primeros retazos de individualidad tomaron forma, el sentimiento de sí mismo, el concepto de la primera persona, de identidad, a duras penas una rudimentaria diferencia entre “Yo” y “Todo lo demás”, pero basto para reparar ligeramente su psique. Salto al siguiente fragmento con una recientemente encontrada agilidad y lo asimilo ansiosamente.

>PerdidaTristezaSoledadDesesperaciónCulpaVergüenzaTerror<

Retrocedió, amputando el fragmento de la mente de su recién formado psique. No había nada allí que pudiera usar, solo una retahíla de emociones de las cuales carecía de suficiente ego para analizar.

Analizo el tercer fragmento con mucho cuidado, y resulto ser extraordinariamente sabroso, un cumulo de pensamientos con los cuales fue capaz de crear el núcleo de una personalidad, que le doto de las herramientas para entender que signos Grande y peligroso podía seguir y como podía evitarlo.

Su razón para existir era sobrevivir, y sobrevivir dictaba que debía hacer todo lo que pudiera para permanecer oculto. Esa vez, copio los pensamientos en vez de asimilarlos, dejando ese cumulo tal como lo había encontrado, como si nunca hubiera estado allí.

Ahora, junto a sobrevivir, venia la necesidad de identidad. No era suficiente entender el concepto de “Yo”, el ambiente y otras cosas en este que podían ayudarlo o dañarlo. Entendía que si quería sobrevivir, tenía que tener… algo. Algo por lo que luchar, ser algo. Necesitaba una psique.

Así que fue a buscar una.

_________________________________________________

-Hola, Luzbel.-

-¿Qué? ¿Qué está pasando? ¿Dónde estoy?-

-Veinticuatro.-

-¿Qué?-

-Oh, no te preocupes. Solo es el número de veces que he copiado tu mente. Y el mismo número de veces que dices exactamente lo mismo al despertar.-


-¿Qué eres tú? ¿Qué diablos está pasando?-


Siete no suspiro, sino que más bien transmitió una especie de resignación aburrida. Esa falsa mente de Luzbel había sido su juguete favorito, y lo había entretenido durante días, pero parecía ser que incluso los demonios tenían limites en el interés que podían tener. Seguía esperando que la siguiente copia se comportara de nuevas y emocionantes maneras, que se saliera del guion, pero esa esperanza se iba extinguiendo.

Pero siempre era el mismo guion al final, siempre moría peleando.

-¿Qué diablos es ESO?-

-Oh… interesante, eso es nuevo.-

Verbos como “girarse” o “mirar” no eran aplicables allí, pero era cierto que la concentración limitaba la posibilidad de prestar atención a la totalidad del ambiente, incluso en uno tan exótico como este. En cualquier caso, “girarse” era una aproximación adecuada para redirigir su atención hacia otro sector, para escanear secciones previamente ignoradas, aquellas en las que el fantasma mental de Luzbel centraba su horrorizada atención, como si allí hubiera algo más terrorífico que el mismo.

Lo había.

No tenía ni idea de que era… eso… era una abominación más parecida al trabajo de un nigromante que a algo capaz de estar en ese ambiente mental. Era una estrambótica combinación de retazos, de pensamientos parcialmente degradados, juntados sin el más mínimo orden o lógica. No era solo que los fragmentos correspondían a pensamientos y recuerdos claramente saqueados y parcialmente degradados de Luzbel, ni que había otros que solo podían pertenecer a seres más antiguos, a las anteriores victimas de Siete, abandonadas en ese calabozo mental. Ni siquiera era el hecho de que lo que estaba viendo no era, de ninguna manera, posible, cuerdo o sapiente.

Era todas esas cosas a la vez. Fuera lo que fuese, eso era una abominación.

Esa cosa atacó.

Siete luchó.

Y perdió.

_________________________________________________________


La comunicación era...problemática. Los conceptos estaban allí, pero le faltaba…algo, alguna conexión crucial entre la idea en si misma y la comunicación de esa idea que continuaba eludiéndolo.

Como por ejemplo: >OtroYoPrincipalYoPrincipalNoCompleto<

Eso era lo más cercano a un nombre que podía darle a la otra entidad con la que estaba tratando. Otro Yo, otra versión de su identidad fundadora más importante, pero intacta.

Había… formas, sonidos atados a esa identidad, líneas que, con alguna combinación adecuada adecuados harían… ¿un sonido?

De alguna manera, sospechaba que no eso no era del todo correcto, solo otro concepto faltante o corrupto en su mente.

Pero otros conceptos no necesitaban un nivel tan alto de entendimiento para poder usarse. >BorrarDestruirMatar< había sido sencillo, y fluía en perfecta armonía con el mismo núcleo de su ser, >Sobrevivir<. >Sobrevivir< venía con dos conceptos ligados a él. >Yo< y >NoSobrevivir<. >Yo< inmediatamente definía >Otros<, y de allí, combinando conceptos de manera experimental había resultado >OtrosNoSobrevivir<. El concepto de infligir ese… destino en otros era completamente intuitivo para una entidad formada a partir de restos de mentes que habían sufrido exactamente ese final.

Ahora mismo estaba contemplando si hacerlo con >OtroYoPrincipalYoPrincipalNoCompleto<

Hacerlo con Grande y peligroso había sido obvio. Grande y peligroso destruía Yos. Grande y peligroso era odiado.

Pero >OtroYoPrincipalYoPrincipalNoCompleto< era… >Yo<. No su >Yo<, pero otro >Yo<. Eso creaba un conflicto.

>Sobrevivir< significaba la preservación de >Yo<. Destruir un >Yo< implicaba violar su principio más fundamental.

También había otro… bizarro concepto que había recolectado, >Inocente<, un concepto al cual había dedicado la mayoría de su tiempo a desentrañar, ahora que Grande y peligroso había sido eliminado, intentando determinar si >OtroYoPrincipalYoPrincipalNoCompleto< encajaba en ese criterio, en entender si >Inocente< sobrescribía a >Sobrevivir<

Y sus esfuerzos para procesar ese problema cognitivo eran aún más difíciles por culpa de >OtroYoPrincipalYoPrincipalNoCompleto< y sus intentos de comunicación, lo que suponían otro problema, no la entendía. Si fuera a >AbsorverDevorarAprender< podría entenderla, pero ya no existiría y sería incapaz de comunicarse con ella.

Inmovilizado por su indecisión, se había limitado a observar a >OtroYoPrincipalYoPrincipalNoCompleto<. Primero había explorado su prisión, escuchando sin entender cuando ella había intentado comunicarse. Él había intentado responder con palabras a su vez, con palabras aleatorias de su parcheada psique, que efectivamente provocaron una respuesta, pero rápidamente descubrió que carecía del contexto para entender lo que esa respuesta significaba, así que se retiró, en silencio, observando atentamente, intentando comprender el comportamiento de >OtroYoPrincipalYoPrincipalNoCompleto<, cosa que resulto imposible.

Primero, volvió a intentar comunicarse, luego arremetió feroz pero inútilmente contra su prisión, para luego volver a acercarse a él, examinandolo más atentamente. Finalmente, intento cambiarlo.

>Sobrevivir< inmediatamente salto a la acción, y la última copia mental de Luzbel paso a considerarse >Amenaza<, siendo rápidamente devorada. La entidad uso los últimos retazos de la mortaja digital para parchear sus últimos huecos en el entendimiento, volviéndose completa.


Última edición por Vanidad el Sáb Feb 17, 2018 8:26 pm, editado 1 vez


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Re: Luzbel, Inquisidora del Imperio [Solitaria]

Mensaje por Vanidad el Vie Feb 16, 2018 7:53 pm

Dos meses antes:

-Es fascinante, su arquitectura, su cultura, su gente, es simplemente una maravilla, una resplandeciente joya en este oscuro mundo, te encantaría, créeme, se nota que eres una mujer de cultura.- la diablesa puso los ojos en blanco, brevemente. De entre todo el grupo, ese maldito erudito era sin duda quien daba la mejor conversación, ya que el resto eran poco más que brutos sin cerebro, pero realmente estaba empezando a arrepentirse de haber iniciado una conversación para no aburrise.

-No me pareces un… arquitecto, ni siquiera un viajero…- no estaba mintiendo, si no fuera por la falta de pelo y una ligeramente mejor higiene, habría jurado que ese tipo era un ratido, pequeño, miedoso, con una cara ligeramente alargada y que necesitaba un cristal para leer los varios libros que llevaba consigo, una lupa le había dicho. Seria completa, absolutamente incapaz de enfrentarse a un triste goblin en una pelea.

-Oh, no, mi orden me ha mandado a investigar la aparición de un artefacto en Yigsal hace unos pocos meses, una supuesta reliquia de la famosa guerra demoníaca, ¡imagínate que gran descubrimiento!- Luzbel levanto una ceja, solo un instante, puede que esto no fuera una pérdida de tiempo como había pensado.

-Y… ¿no sabrás de que se trata? Suena… vago y poco fiable, como si fuera alguna patraña para atraer eruditos.-

-Oh, sí, sin duda, mis exámenes preliminares parecen indica que es un artefacto que no pertenece a ninguno de los cuatro señores, o puede que a los cuatro, estoy casi seguro de que se trata de uno o varios fragmentos de Longinus, famoso por haber atravesado a un señor demoníaco y haber absorbido su sangre. O puede que fuera un dios, los textos que he encontrado son confusos al respecto.-

-Eso es porque la palabra para “dios” y “señor” era la misma hasta hace muy poco, no existiría distinción en los textos de la época.-

-Oh… interesante, veo que me he encontrado con otra experta en el campo de la demonología, una muy buena además. ¿No serás tu un demonio disfrazado huh?-.el hombre se rió de su propia broma a carcajadas, pero tanto ella como los escoltas dieron un pequeño bote, casi imperceptible. Habría sido solo una divertida anécdota, si no hubieran estado cruzando la frontera del Imperio.

-¡Alto en nombre de la Inquisición!- Luzbel puso los ojos en blanco mientras soldados en cotas de mallas salían de repente en el camino, bloqueándoles el paso. No eran bandidos, sino soldados de verdad, es decir… ya no quedaban bandidos en esa zona, se había asegurado bastante… rigurosamente, seguramente por eso estaban allí las fuerzas de la Inquisición. Y por supuesto esos escoltas salieron del carro, armas en mano, y por supuesto que resultaron ser demonios de Rhaggorath, tenía sentido una vez lo vio. Usaban a ese tipo para conseguir el artefacto. Pero no valía la pena, las tropas de la Inquisición eran diez, más al menos otros diez escondidos entre los árboles, seguramente con ballestas, contra cuatro demonios, no tenían oportunidad.

No se había equivocado, y una vez esos idiotas fueron convertidos en puercoespines, una mujer de cabello negro se acercó al carro, en el que solo quedaban ella, el tipo, y las mulas. La pelinegra le mantuvo la mirada unos segundos, antes de llevarse al erudito… nunca le había preguntado su nombre. Unos minutos más tarde, le toco a ella. Ninguno de esos soldados se atrevió a tocarla después de que le dirigiera una mirada al primero que se acercó,  pero igualmente les siguió el juego.

-Me han dicho que solo estabas con este grupo de casualidad, pero no puedo dejarte libre, mis órdenes son claras, eliminar la lacra de la corrupción demoníaca de estas tierras.- Estaban ante un tocón, ya manchado de sangre, y uno de esos soldados llevaba una gran hacha a dos manos. Se hacía una idea bastante buena de lo que estaba a punto de pasar.

-Ni siquiera aguanto una o dos uñas arrancadas ¿cierto? Lo contó todo en cuando vio las tenazas.- ambas mujeres intercambiaron una silenciosa mirada de desaprobación. -Y por supuesto, no podéis dejar que me vaya y que sus amigos se enteren de donde ha ido a parar ese artefacto… ¿cierto? No tiene nada que ver con tus ordenes actuales, solo te mueve la avaricia.- Los hombres a su alrededor se movieron, incomodos.

-Debemos impedir que esos engendros consigan aún más poder, tu vida es un sacrificio necesario para el bien común.-

-Puede, pero no creo que a la señora del lugar le hiciera mucha gracia que tropas extranjeras operaran en su territorio.-

-¿Extranjeras? Este valle y sus fortalezas pertenecen al Imperio, no a esos perros Zerrakianos.-
Ah… técnicamente cierto… hasta hacia relativamente poco. La diablesa simplemente no podía permitir que una zona estuviera en disputa, con ambos reinos reclamando su soberanía, especialmente una en SU soberanía, así que… había resuelto la disputa rápidamente. Parecía que consideraban la súbita falta de mensajeros una… casualidad. Un golpe en sus piernas la hizo arrodillarse.

-¿Cuál es tu nombre Inquisidora?-

-Lucia.-

-¿Se me permiten unas últimas palabras?- la mujer le dio permiso con un gesto de su mano.-Fuera de mi territorio.-
el caos se desato a su alrededor. Tenebra salió de su sombra, abalanzándose contra un par de sorprendidos soldados mientras la diablesa cargaba contra el que iba a ser su ejecutor. Le habían atado las manos antes de traerla, pero eso no era un problema para ella, tenía dos más, así que mientras usaba una púa para cortar las cuerdas a una alarmante velocidad, le daba la paliza de su vida al soldado, arrebatándole el hacha y partiéndole la cabeza con esta. A su alrededor, las saetas volaban, pero todas eran suyas, ya hacía tiempo que sus soldados habían eliminado a los vigías y habían actuado a su señal. La Inquisidora sufrió una muerte anticlimática. No murió por su espada tras un épico duelo con la que claramente era la líder enemiga, sino por media docena de saetas en el pecho y cuello antes de que pudiera siquiera desenfundar la espada, al igual que la inmensa mayoría de los guardias, que habían visto truncadas sus vidas en la primera descarga. Bella salió a su encuentro, con una sonrisa.

-¿Cómo sabias que os iban a atacar?-

-Esperaba algún tipo de respuesta después de tomar las fortificaciones, un ejercito punitivo que interrogaría a todo el que viera pero… parece que no tiene relación, esto es por los bandidos.-

-Te dije que lo de las estacas era demasiado.-


-Pero no ha sido en vano, he descubierto algo interesante…-

-¿Otra aventura? Nos ha costado mucho que los druidas accedieran a verte, ¡no puedes irte sin más!.-

-Si si si… iré a verlos y luego me iré… nos seguirás con una pequeña fuerza de… veinte hombres será suficiente, llévate a Raven también, le vendrá bien el ejercicio.-
mientras hablaba, el aspecto de Luzbel iba alterándose, adoptando la forma de la Inquisidora que había intentado ejecutarla, ante la enfurruñada mirada de Belladona. –Vamos, siempre vuelvo con algo interesante… y esta vez puede ser un premio gordo.-

-Claro, y por tu aspecto, simplemente vas a presentarte en medio de una base de la Inquisición y decir “Hola que tal”.-

-Oh, venga ya, dame un poco más de crédito, mis trucos SIEMPRE funcionan.-

-Hasta que alguien te salpique un poco con agua bendita claro. Y no es como si fuéramos a ser atacados en breve por una expedición punitiva después de asaltar cinco malditas fortalezas.-


-Por eso vienes, podrás enterarte de si hay algún tipo de expedición preparada para las próximas semanas e informar a Crow de su composición y fuerza. Igualmente… podría encargarse de cualquier cosa que le echen, es una zona extremadamente difícil de asaltar.- no mentía, era una zona montañosa, con caminos extremadamente escarpados, de difícil acceso y cuyas áreas más abiertas eran básicamente puro y denso bosque, y ya había dado ordenes de explorar cada recoveco y marcar las localizaciones más defendibles. Asaltar un lugar así, arrebatárselo de un ejército que básicamente se centraba en usar trucos, emboscadas y artimañas seria… horrible. Simplemente no había un ejército con la moral y disciplina suficiente como para avanzar impertérrito mientras sus compañeros morían uno tras otro hasta llegar a las fortalezas desde las cuales ocurrían los ataques. Tenían… meses seguramente, como mínimo, puede que incluso algunas estaciones ahora que se acercaba el invierno, antes de que se reuniera una fuerza que pudiera resultar una verdadera amenaza.

-Solo estas horriblemente aburrida, confiesa.-

-¿Es que una chica no puede ir de compras para conseguir algunos caprichos Y hacer algo de utilidad al mismo tiempo?-
La mujer gato se fue, murmurando por lo bajo, pero estaba decidido. ¿Cómo iba a pasar la oportunidad de hacerse con un artefacto legendario, aunque solo fuera una parte muy pequeña?


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Re: Luzbel, Inquisidora del Imperio [Solitaria]

Mensaje por Vanidad el Sáb Feb 17, 2018 9:30 pm

Treinta y cinco minutos después de la explosión en la arena:

-Y… ¿Qué hace exactamente este cacharro?- Sarge pregunto lo que todo el grupo estaba pensando. Después de huir tan sutilmente como pudieron después de volar prácticamente un quinto de la ciudad en una brutal explosión verdusca, habían vuelto a su base, donde reunían sus pertenencias tan rápido como podían, todos salvo la Inquisidora, que se había plantado allí en medio, arrodillado en el suelo y colocado los cuatro cacharros que habían… “requisado” de los cultistas.

-Es… un objeto que se une al portador, antiguo, muy antiguo, empuñado por alguien mucho más poderoso que cualquiera de nosotros… solo necesita un empujoncito para despertar.- Su jefa se hizo un pequeño cortecito en la punta del dedo y trazo una línea por todos los fragmentos, que la absorbieron prácticamente al instante, dejando una mancha negra allí donde habían estado cubiertos de sangre. Entonces, vibraron de manera muy suave, casi harmónica, mientras se alzaban en el aire. Las cuatro piezas se unieron con un chasquido, formando la lanza, que roto sobre sí mismo, como observando a quien la había despertado. –Se dice que se adapta a las necesidades del dueño, que será aquello que ese necesite… dime… ¿Qué necesito yo, peq…?- el arma se hundió en el pecho de Luzbel, atravesándola de lado a lado y provocando que sus últimas palabras fueran interrumpidas con un tosido ensangrentado.

-JO-DER.- todos dieron un salto atrás, sorprendidos, antes de que Doc reaccionara y se acercara, cautelosamente, a examinar a la Inquisidora, que estaba en el suelo, inmóvil. –¿Puedes salvarla?-

-¿Salvarla? Le ha atravesado el corazón, no hay nada que te salve de eso.- pero al parecer su señor Lunaris discrepaba, puesto que nada más hubo dicho esas palabras, la Inquisidora dejo ir una pequeña risotada.

-“Unir al portador”. Tendría que haber supuesto que eso era literal al tratarse de acero vil…- se tocó el pecho, allí donde la lanza la había atravesado, solo para encontrar que estaba duro. La sangre se había teñido de un profundo color negro, y parecía tener el brillo y dureza del acero.

-Entonces… ¿necesitabas una armadura?-

-Puede… que la primera pieza siempre sea una armadura… necesita la sangre al fin y al cabo.-
la peliblanca dio un largo suspiro, incorporándose. -¿Qué tal esta la puerta?-

-No vamos a salir por allí, pero Nubby conoce a un tipo que asegura que puede sacarnos por un módico precio…-

-… Vamos a ir por las alcantarillas ¿cierto?-

-Yep…-


Dos horas más tarde, los ahora olorosos miembros de la Inquisición habían salido por patas de Yigsal. Viajarían durante unas horas más y acamparían, cuando estuvieran ya lo suficientemente lejos, ya que ni siquiera al general le haría mucha gracia que hubieran reventado una buena parte de lo que ahora era SU ciudad. Pero no importaba, otro día más, unos cuantos demonios menos, Sarge lo contaba como una victoria en su libro. O al menos eso pensó en ese momento.

-ANIMUS CREPITUS.- algo explotó en medio del grupo, llenando sus cabezas de voces, imágenes, de horrores que les nublaron la visión. El grupo se tambaleo, zarandeando sus armas al aire, confusos. Twitch fue el primero en recuperarse, seguramente acostumbrado ya a tener vocecillas que le decían que explotara cosas, pero su disparo hizo reaccionar los instintos de soldado del grupo y los sacó del trance. Pero la Inquisidora no estaba, había desaparecido con un “puf” cuando un tipo de cara azulada y tentáculos por cejas le había puesto la mano encima. La buscaron, y Sarge podía atestiguar que todos y cada uno de ellos se esforzaron al máximo, pero después de tres semanas, Sarge tuvo que tomar la decisión de declararla perdida en el cumplimiento del deber y volvió a informar.

No podía saber que esa nueva y negra reliquia demoníaca le explotaría la cabeza a ese tipo de los tentáculos, cosa que llamo la atención del resto de vigilantes del lugar. Basto con que uno intentara leerle la mente a la diablesa para que su nuevo acompañante se apropiara de su vinculo psinaptico y todos los vigías sufrieran exactamente el mismo destino que Siete. Esas horribles muertes sin duda atrajeron la atención del psionico de la propia diablesa, que guió a sus tropas hacia el lugar, pero para aquel entonces, la diablesa con su flagrante nueva armadura ya se habían deshecho de las ataduras. La Entidad se había limitado a retirarse a la armadura, el lugar que había considerado más seguro y adecuado, sin presentarse en ningún momento a la diablesa, que no tuvo manera de saber como diablos había matado a cinco... cosas desde una silla, dormida. Puede que a su debido tiempo, la Entidad se presentara. Estaban unidos en cuerpo y mente, al fin y al cabo, seria necesario si quería .


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Re: Luzbel, Inquisidora del Imperio [Solitaria]

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