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Una mala decisión

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Una mala decisión

Mensaje por Calígula el Sáb Dic 09, 2017 1:10 am

Rumbo al norte, hacía ya tres días que había dejado atrás las tierras del Foso Negro. No sabía exactamente donde me encontraba, pues mi conocimiento cartográfico estaba limitado únicamente a los mares del norte... y tampoco es que fuese un conocimiento muy preciso. En cualquier caso, debía ir al norte. Nunca me gustó demasiado caminar, pero aun habiéndome cruzado un río navegable, no tenía un barco. Dejar atrás las yermas tierras del Foso y un paso rocoso de piedras afiladas, para dar paso a una extensa pradera salpicada por colinas, partida por el río y con un horizonte marcado por montes verdes, me dio la información necesaria para saber que esas tierras en las que estaba entrando yo no sería bienvenido. No iba muy desencaminado, pues aunque no lo sabía, estaba entrando en Erínimar, el reino de los elfos dorados.

De haber sido hoy, hubiese tenido cautela a la hora de cruzar aquellas tierras, pero entonces yo era alguien confiado en mis renovadas fuerzas y mis poderes demoníacos. Con el primero con el que me crucé ya tuve un problema. Era un elfo casi de mi estatura, con los rasgos propios de su dorada estirpe, con esa actitud tan propia de los elfos, como si fuesen tu superior jerárquico en todo momento, desde que me vio por el camino no me quitó ojo de encima.

Al cruzarme con él y con el hacha apoyada al hombro, la balanceé para incrustársela en el pecho. Sin mediar palabra. Del suelo brotó una enorme roca que se interpuso entre el filo de mi hacha y él, con la mala suerte de que se quedó incrustada. Mientras intentaba recuperar mi arma, el suelo comenzó a temblar y perdí el equilibrio, lo que hizo imposible que esquivase una pedrada directa hacia mi. Impactó en el pecho y no pude respirar durante unos instantes, además había sido impulsado casi dos metros hacia atrás cayendo de espaldas. ¡Un geomante! Había oído hablar de gente capaz de manipular la tierra a su voluntad pero nunca había visto uno, y mucho menos sentido en mis carnes, ese poder. Hoy me habría preocupado, sin embargo, en aquel momento no pude contener mi emoción ante tal desafío.

Tumbado en el suelo, la ira se apoderó de mi y noté como se incrementaba mi fuerza y el dolor del pecho remitía, mi respiración se aceleró y no pude concentrarme en otra cosa que no fuese recuperar mi hacha para partir en dos al elfo. Me levanté del suelo y eché a correr hacia mi hacha, pero antes de alcanzarla algo golpeó mi cabeza. A día de hoy todavía no se que fue, imagino que otra pedrada. Debió de ser un golpe fuerte pues perdí el conocimiento a pesar de llevar puesto el yelmo, y todavía lleva una marca allí donde recibió el impacto. Seguro.

Cuando me desperté estaba solo, y únicamente se veía la enorme roca que había brotado de la tierra durante el combate con el geomante. Aunque el hacha ya no estaba allí, en su lugar había un pergamino y a pesar de que no sabía leer, no hizo falta. El pergamino estaba hechizado, sólo tuve que tocarlo para comprender, por arte de magia, el mensaje.

Básicamente era una invitación a irme por donde había venido, que se cobraba mi hacha y que si no estaba de acuerdo con él, me invitaba a su casa para discutirlo de nuevo. Además me hizo saber donde de se hallaba la cueva en la que vivía. Una lujosa caverna tapiada por una enorme losa de piedra, situada al pie de uno de los montes del horizonte. Y allí me dirigí como una flecha, y a pesar de estar desarmado, no dudé en mi capacidad para matarlo.

Aquel elfo estaba seguro de que me había intimidado y que no iba a volver a tener noticias de mi. Que equivocado estaba. Agazapado sobre la puerta de su casa, salté sobre él nada más verlo, cogiéndolo por sorpresa. Agarrándolo por el cuello lo arrastré hasta dentro de casa y de un puñetazo lo tumbé en el suelo. Tuvo la perspicacia de cerrar la puerta antes de que le pudiese volver a echar la mano encima. Mientras lo estrangulaba me avisó: "si me matas, no podrás salir de aquí jamás". En ningún momento vacilé y seguí apretando su cuello mientras le dije: "si consigues abrir la puerta antes de que te estrangule, te perdonaré la vida, pero has de saber que no podrás hacerme chantaje, ya he muerto una vez, vengo del infierno y no tengo miedo de volver allí pues mi señor me está esperando". En ese momento escuché la losa de piedra caer al suelo, y noté la tierra temblar bajo mis pies debido a la caída. Aflojé mis manos a regañadientes a la vez que a modo de desquite le propinaba un cabezazo en la nariz al elfo, que cayó inconsciente.  Tras atarlo registré su casa pero no había rastro del hacha.

Cuando despertó me confesó que no estaba dispuesto a morir por detenerme, que no la tomase con él y que tan sólo quería evitar que me cobrase alguna vida de sus iguales, pero que su solidaridad no era ni tan extensa ni tan altruista como para dar la vida. Ciertamente estaba aterrorizado, con el labio partido y la nariz rota, temblaba como un flan. Desde ese momento se que los elfos tienen un extremo apego a su larga vida. Maniatado e indefenso no tuvo más remedio que confesarme donde había escondido mi hacha, en un agujero entre las rocas no muy lejos de su casa. Lo arrastré hasta allí para asegurarme de que no intentaba huir de mi arresto.

Tras recuperar mi arma, el elfo comprendió su error. Él ya estaba muerto desde el momento en el que me abanlancé sobre él, su error fue pensar que iba a tener algún tipo de compasión. Su error fue motivado por el miedo a la muerte, mucho más convincente que cualquier charlatán profesional. Su juício y razón turbadas por el miedo no pudieron ya pasar por alto lo evidente, iba a morir. El giro de mi hacha y el impacto contra su cráneo fue precedido de sollozos, lágrimas mezcladas con sangre y súplicas. Pero nada podía ya remediarlo, ni siquiera yo mismo, pues estaba poseído por mis emociones.

Llevé de nuevo el hacha al hombro y seguí mi camino, rumbo al norte.

Fuera de rol:
He cambiado un pelín las condiciones de la prueba*, adaptándolas a la historia de mi personaje. Pero he respetado el espíritu de la prueba: el dilema de la losa.
*no me he pasado días en el mar, y el objeto perdido no ha sido perdido con motivo del viaje en el mar, básicamente por que este hecho no motivaría jamás a mi personaje a perseguir al mago.
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Calígula

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Calígula, el demonio del mar

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Re: Una mala decisión

Mensaje por Bizcocho el Sáb Dic 09, 2017 1:56 pm

Buen hijra. No se ha hecho en absoluto pesado leerlo, y ha respetado la parte principal del hijra, que era la losa. Procedo a darle color.
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Bizcocho

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